miércoles, 19 de septiembre de 2007

VINCENT PRICE, el aristócrata decadente. Por David G. Panadero.

Se vuela el verano, se acortan los días, los bosques se tiñen de rojo y por las mañanas hace ya un frío de la rehoxtia... Y nada mejor que videar algún buen film de culto oscuro para recibir el venidero otoño en la tierra... Nuestro drugo hermano David G. Panadero, morador y guardián de criptas, nos regala esta magnífica semblanza de uno de nuestros más queridos hijos de Satanás, decadente, maldito y especializado en dar vida a personajes marginales y atormentados: el genial, polifacético, fantasmagórico e inmortal Vincent Price. A continuación, la primera de las tres entregas que en días sucesivos iremos subiendo a este blog. v.

Vincent Price, el aristócrata decadente.
Por David G. Panadero.


Se suele decir que en Nueva Inglaterra una aristocracia iletrada, no sanguínea y formada por nuevos ricos impuso el mal gusto, tratando de rodearse de un aura diletante allí donde no había más que provincianismo y una mal entendida nostalgia de la Añeja Europa.
En aquellos años, según avanzaba el Siglo XIX, las familias nobiliarias del Viejo Continente iban sucumbiendo a la miseria y las enfermedades, en un mundo que cada vez les resultaba más ajeno, feneciendo a la vez que sus milenarias moradas se cuarteaban. Y gran parte de la literatura del bostoniano Edgar Allan Poe reflejaba los estertores de ese modelo de sociedad, cuya decadencia ya se adivinaba. No resulta azaroso adivinar la llegada del capitalismo y la decadencia de un orden social basado en la sabiduría y las tradiciones en relatos tan significativos como "La máscara de la muerte roja" o "El hundimiento de la Casa Usher". Desterremos si es posible la errónea idea tan extendida de considerar a Poe como un escritor romántico, pues éste se encuentra muy lejano a las exaltaciones del sentimentalismo y a las evocaciones de lo mágico y lo sobrenatural que animaron a escritores como Walpole, Shelley o Potocki. Poe se erige antes bien como un gran conocedor de la psique humana y de los mecanismos que generan el miedo y la ansiedad, y sus relatos, por tanto, suponen monumentales retratos de personajes atormentados en un mundo que los abandona y aísla. En alguna ocasión, llega a parodiar el género gótico por la vía de la hipérbole, como en "El hundimiento de la Casa Usher"; en otras ocasiones se sirve de la afición a las Bellas Artes y los personajes hastiados para confirmar aquella vieja máxima de que el Arte está por encima de la vida, que se antoja prosaica. "El retrato oval" parece adornar esta aseveración.
Todos estos motivos, añadidos a la maestría de Poe para concebir el terror de manera adulta, analizando las reacciones de sus personajes con ojo clínico, nos permiten afirmar que, antes de considerar a Poe como un escritor gótico-romántico más, hemos de verle como el primer autor puramente decadentista en todos los sentidos, pues, como señala Lovecraft en su ensayo El horror en la literatura, en los cuentos de Poe no hay lugar a finales aleccionantes ni didácticos, rompiendo el autor con la costumbre tan arraigada entonces del final feliz, y en sus páginas, antes que exaltaciones de los sentidos o alegrías, asistimos casi indefectiblemente a procesos de decadencia.
Hablando ya en términos cinematográficos, debemos reconocer con toda justicia que si a un rostro se encuentra ligado Poe, ése es al de Vincent Price, con el que guarda no pocos puntos en común. Al igual que muchos de los personajes del autor de "Los crímenes de la calle Morgue", fue Price un caballero en el más certero sentido de la palabra. Diríase un hombre propio de otros tiempos, único gracias a su porte aristocrático, su escrupulosa dicción, unos ojos de mirada profunda y penetrante, cierta severidad cínica en el gesto y una inimitable elegancia a la hora de expresar afectación. Como el mismo actor declaró al periódico The Guardian en 1973, "Siento una gran simpatía hacia esa clase de personas solitarias y meditabundas. Me resultan muy comprensibles, y también comprendo esa indefinible cualidad sureña y de Nueva Inglaterra que hay en Poe".
Una clara muestra del talante aristocrático de Price lo supone el hecho de que numerosos estudiosos lo consideren de manera errónea británico, ya que es estadounidense, nacido en Saint Louis, Missouri, el 27 de mayo de 1911. Su padre era fabricante de golosinas de clase media alta. Ya con cinco años, el pequeño Vincent participaba en montajes teatrales del colegio pero pese a haber alcanzado la fama como actor sintió primero la llamada de las Bellas Artes. Price estudió en Yale y consiguió su primer empleo en 1933 como profesor en la Riverdale Country Day School de Yonkers, Nueva York, pero debido a sus inquietudes no tardaría en empezar a visitar a agentes teatrales en sus ratos libres, de manera que acabaría compaginando el trabajo en el teatro con el cine.
Durante un viaje por Europa se matriculó en la Universidad de Londres, donde consiguió dotar de mayor profundidad a su calado cultural. Su condición de amante de la pintura y delicado gourmet también nos informa de que el actor es un hombre de gran sensibilidad, acaso un príncipe nacido a destiempo -no olvidemos la recreación que hace del Príncipe Prospero en la excelente La Máscara de la Muerte Roja (1964, Roger Corman)-. Incluso en El Péndulo de la Muerte (The Pit and the Pendulum, 1961, Roger Corman) pudo mostrarnos su pasión por la pintura, retratando a la actriz de culto Barbara Steele.
Continuará...

1 comentario:

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