miércoles, 21 de agosto de 2019

COSAS DEL NO SER por MARLUS LEON




Recoge las cenizas
acumuladas en el latido
de tus sienes
Insufla de aire las velas…
Hay un largo camino
hasta el principio
de las cosas
del no ser
Siente el magma
que inunda tus dedos
desde el centro de tu corazón
Ahora hay viento en tu alma
tormenta
en la sinapsis
de tus lágrimas
la levedad
de
estar vivo


Marlus Leon


lunes, 19 de agosto de 2019

PETER FONDA

ABRIL EN LOS INVIERNOS: Nicolás Corraliza.




“Nicolás Corraliza Tejeda entiende la poesía como un cristal de luz. En Abril en los inviernos los versos abren una estela en el agua para ser testigos de la soledad y la intemperie, para protagonizar una contemplación inadvertida del pasar renqueante del tiempo, pero también para dar la mano a la emoción que propagan las ascuas, esa lumbre cansada que resiste al hecho de vivir.” 

José Luis Morante

“Leer a Nicolás Corraliza es leer desde el gusto por la estética. Sus poemas son verdaderas arquitecturas de belleza breve. Y es que cuando un poemario está escrito con una estructura tan firme y con tanta elegancia, es muy complicado que te desentiendas de su esencia.” 

Beatriz Pérez Sánchez

“La poesía de Nicolás Corraliza es la constatación de un auténtico milagro, la escritura de la imposibilidad absoluta, de la respuesta vital mecánica y eléctrica de un latigazo.”

Antonio Cruz Romero

“Una poesía intimista, de gran lirismo y muy contemplativa, austera en recursos, que se sirve del mundo de ahí fuera para que atisbemos, envuelta en una cadencia musical, a ratos fluida, a ratos sincopada, por medio de imágenes hirientes, la conciencia despierta, la intuición lúcida del dolor, del paso del tiempo y el amor.” 

Javier Gallego Dueñas


martes, 13 de agosto de 2019

DIGNIDAD DE ANIMALES SIN DUEÑO




“DIGNIDAD DE ANIMALES SIN DUEÑO” 

… Con este verso terminaba un poema del último libro de José Pastor “Cuaderno de Veredas”, que hace tres años sacó a la luz Piedra Papel Libros, esa editorial entusiasta que solo aparece en sitios entusiastas. 
En esta época doméstica, hay en esos animales sin dueño, gatos callejeros capaces de aguantar el hambre, el frío y la soledad, con tal de preservar su libertad y su, extraña palabra en nuestros tiempos, dignidad, toda una forma de mirar el mundo. 

HABLAR DESDE UNO MISMO - Me alegro cuando me cuentan que este otoño verá la luz una nueva hornada de poemas bajo el título de “Cuando los trenes paraban en todas las estaciones”, de la mano de la Editorial Versátiles. Repaso algunos de esos textos que han ido apareciendo en su blog “librosyaguardientes.blogspot.com”, esas botellas con mensajes que lanza al mar desde las montañas del sur y que de vez en cuando llegan a buen puerto. 
Me dejo mojar por los poemas. A veces habla de lo que hace cualquier tarde, o de lo que ve pasar, otras reacciona con rabia frente a lo oído, o se deja jugar con las palabras. No importa que los poemas hablen o no de él, cambien de tema o paisaje, de forma o protagonista, hay siempre en ellos un tono familiar, una coherencia de fondo. La coherencia que da la mirada personal. La coherencia que da no el hablar de sí mismo sino el hablar desde uno mismo. Se ve a las claras que el que les escribe ocupa un lugar en el mundo, en este mundo, y es desde allí desde donde mira, juzga, repudia, sueña, goza o está jodido. 

“…somos los últimos
no somos nada
los olvidados
los perdedores…
somos la última bala de un revolver
con el que no sabemos a quien disparar
somos los últimos
los que no tenemos fin
los que no tenemos solución
ni la queremos” 

Y en ese lugar en el que habitan estos poemas, desde el que miran el mundo, yo me siento en casa, podría ser mi hogar, su rabia podría ser la mía, su cansancio el mío, sus sueños los míos.
Por supuesto que en esto no hay nada nuevo, al contrario, es lo más viejo del mundo, aunque a veces se olvide. En la escuela nos enseñaron que la lírica era la expresión de los sentimientos personales, hablar de lo que uno siente. Lástima que también nos fueran haciendo aprender una retahíla de ideas, sentimientos y conductas precocinados y estereotipados que fatalmente entorpecen el afluir del sentimiento libre y personal sepultado bajo la mascara de la corrección social. 

“…haz ruido y deja de vivir al pie de la letra
desmonta el metrónomo el diapasón el reloj el calendario…” 

Estos poemas se complacen en despreciar esa máscara, en hablar desde las tripas, hablar para decir algo, no para pavonearse en demostrar lo hábil que se es diciendo lo ya dicho, sino por una necesidad de comunicar. Y, al menos conmigo, esa comunicación funciona, leo y asiento viendo reflejado lo que siento en esos renglones que me cuentan lo que otro siente.
Tal vez sea esa capacidad de mezclar lo personal y lo general lo que más me atrae de los poemas de este tipo. José Pastor habla de lo suyo pero raramente es un chapas, de su particular es fácil elevarse a un nuestro compartido, y su alegría o su desazón puede ser fácilmente la del que lee… 

“…si no llevas la bolsa de Judas repleta
si no sabes reírte de los chistes de siempre
si no tienes un dios un amo una bandera
una mujer un trabajo “ 

LAS PALABRAS JUSTAS - Ese engañoso escribir como se habla. Las palabras cotidianas, las frases escuetas, funcionales, aunque a veces baje la guardia y algo como tirando a embellecido se cuele en el tono del poema, algún dulce adjetivo, alguna ensoñación, inevitables momentos en que la buena gente, el amor o su falta, el paisaje, nos hacen bajar la guardia.
Que no os engañen sus gruñidos, ese tipo es un optimista, o sea un inconformista, sediento de tragos de vida. Un buen bebedor que huye la mala bebida. 

“…porque la huida es otra forma de sobrevivir 
de resistir 
de volver al camino
de viajar
con los bolsillos vacíos” 

Lo que no encontrareis será juegos verbales, no hay metáforas, no se juega con el sonido de las palabras, ni con su orden, no aparecen palabras inusuales, ni se alude a algo no nombrado, ni se sugieren simbolismos velados. Aquí las cosas se llaman por su nombre.
No se trabaja con el sonido o la forma de las palabras, sino con lo que nombran. Con las ideas de los protagonistas, con el sentido de su vida, con comparaciones entre vidas y situaciones, con enumeraciones, con paradojas, con contraposiciones de mundos y actitudes. Con la ironía que desmonta la mascara de seriedad de comportamientos y palabras. A veces con la melancolía.

 “…la niñez, cuando todo se curaba con mercromina y un beso
la adolescencia cuando todo se curaba con unas risas y unos morreos
la juventud cuando aprendimos que no todo se cura…” 

Sí, sí, ya sé que la melancolía no es ningún recurso de escritura, que es un estado de ánimo, un tono que todo lo envuelve, pero ese tono marca el carácter de bastantes poemas de este nuevo libro.
Esos poemas breves, contundentes como un buen blues, que abundaban en sus libros anteriores han dejado sitio a textos más largos, más juguetones y discursivos. Los poemas rabiosos conviven con otros en los que ha dejado huella la resaca de vivir. 
¿Qué hemos de pensar quienes tanto gustábamos de esos breves latigazos cargados de dinamita cerebral? ¿Habrá envejecido el maquinista, abandonado la locomotora, estará soñando con viejas singladuras en el vagón de cola?
Leemos con calma, respiramos aliviados. No, el maquinista sigue empleando las palabras justas. Más palabras quizás, con un ritmo más pausado, pero colocadas en su justo lugar, justamente definidas, en su justo orden, con su ritmo justo hasta llegar al buscado final. Todo el buen hacer del maquinista Pastor se demuestra aquí. Guiar las acciones y las ideas del poema con un trayecto claro, una ruta con sentido, siguiendo las vías para decir algo, para llegar al andén deseado.
No, el maquinista sigue despierto, en su puesto, ha dejado las vías rápidas, se complace en guiar por viejas vías abandonadas, entre taludes llenos de hierba, por viejos viaductos entre aldeas. A veces gira la cabeza, ve perderse en cola la estela de los raíles sobre los prados y piensa en pasadas travesías. 

“…somos todas las batallas perdidas
y toda lucha que rehuimos
somos todas las caricias no dadas y no recibidas
"no somos nada"
tan solo agua pasada
memoria de lo que no fuimos” 

ESTACIONES ABANDONADAS - Quién no se ha sentido alguna vez una estación abandonada, esperando inútilmente un tren que no volverá a pasar.
Se asume que se habita en una vía muerta. Alguien, desde la central decidió cortar el tráfico, olvidarse de nosotros. El abandono no es sólo geográfico, es social, lugares abandonados, gente olvidada, maneras de ser dejadas al margen.

Cuando los trenes paraban en todas las estaciones” habla de algo parecido a eso, habla de la gente, de mucha gente que tenemos la sensación de habernos quedado en una eterna sala de espera olvidada. 

“…su tabernero, un viejo guardagujas anarquista,
sus viejos ferroviarios merendando escabeche y vino
su estufa de carbón
sus fotografías en blanco y negro de viejas locomotoras
su poster de camarón
y su orujo blanco y clandestino para brindar por un buen viaje
hacía años que aquella línea férrea se había abandonado
y allí el tiempo se había detenido
pero todavía era un sitio vivo
y un buen lugar para recuperar fuerzas
para todos aquellos que perdimos el último tren.” 

Una sala de espera donde uno puede encontrar la mejor gente, una sala de espera que puede ser un buen refugio.
En esa sala de espera el trabajo de José Pastor, esa tenaz labor que adivino en esos poemas de sencilla apariencia, esos poemas que nos pasa como quien pasa un cigarro o una botella en un corro de amigos, me han sido útiles para templar la mente y afinar la mirada.
No se escucha allí la música del fatalismo. Tan sólo hace balance de sus heridas, asumiéndolas, orgulloso de ellas como los viejos piratas, sin dejar de tirar para adelante o de hacer un alto en su refugio.

“…hacemos el amor
sin bandera blanca
porque rendirse no es una opción” 

Hubo un tiempo en que el tipo humano que habita en estos poemas era moneda corriente, era la sal de la tierra. ¿Qué ha pasado? Hubo un tiempo, quizás aún lo sea. Aunque aislados, fuera de las grandes rutas, en cualquier rincón, en cualquier camino, en pequeños grupos o solitarios, manteniendo encendido el fuego de la vida.

“… el fuego de la chimenea
el blues de Robert Johnson
un libro de Avelino Hernández
una botella de vino tinto de Corral de Castro
( y mañana no madrugo)
todo parece estar en equilibrio
y pienso que esto es la vida
no las grandes victorias
sino las pequeñas derrotas”


Pedro Villalón

lunes, 12 de agosto de 2019

HAIKUS, AMOR Y OTRAS MENTIRAS por JOAQUÍN PIQUERAS




HAIKUGÉNESIS

arrastra el viento
los sueños, secas hojas
sin esperanza


NADIE HABLARÁ DE ESTE HAIKU CUANDO HAYAMOS MUERTO

mueren las horas, 
ni huella de nuestro esfuerzo
por superarlas


LA SOMBRA DE ESTE HAIKU NO ES ALARGADA
(Con estrambote)

calles desiertas
de agosto, no hay refugio
en la ciudad

para las sombras


NADIE VOLÓ SOBRE EL NIDO DE ESTE HAIKU

veo gaviotas
planear más allá 
de nuestros sueños


HAIKU BIRD

la palabra es 
un pájaro que vuela
muy alto y es azul


HAIKU DE TEMPORADA

hierve la calle
bajo mis pies, se enfrían
mis pensamientos


HAIKU EN MODO SILENCIO

no es el silencio, 
es la palabra que aún
busca su espacio


HAIKU GORE

sangre en las manos
de una asesina en serie
llamada vida


QUÉ VERDE ERA MI HAIKU

la verde vida 
brota de un árbol; de ella,
brota el dolor


HAIKUS, AMOR Y OTRAS MENTIRAS

cuando de amor
se trata hasta el polígrafo
sabe mentir


Joaquín Piqueras


viernes, 9 de agosto de 2019

EL LENGUAJE DE LOS CUERVOS por PABLO MALMIERCA




Como un balbuceo que intenta abrirse paso entre palabras ya escritas, tartamudeo en pos de un lenguaje que constriñe la palabra y el aliento. Sin saber aún quién soy, nado entre miasmas de mensajes que me aturden y a la vez me impelen en busca de una nueva forma de expresar el lenguaje de los cuervos. Y si los cuervos hablan, a algunos como Johnny Cash con la palabra de dios, a otros simplemente con la palabra de los locos, de los que buscan arrancarle al lenguaje toda la cordura de la planicie, de la ausencia de referencias. Como aquella que camina entre las nubes: nefelibata. Ausencia y pertenencia a un mismo tiempo. Búsqueda incesante de las raíces de lo no dicho.


Pablo Malmierca


miércoles, 7 de agosto de 2019

1 POEMA de SAFRIKA




Ha llegado la hora de comprobar cómo se hiere a un pájaro
Y se mata a un pájaro.
Nosotros no somos los que cazan
Ni los que hieden
Aunque
Somos gemido y nos temen
En las escaleras mecánicas
En las farmacias (hay tantos colores)
En las casas de algunas personas
No en los bosques.
Volamos aquí y allá y nos disparan
Bultos, hogueras, huesos, comida, calendarios

Yo lloro y digo:
Qué será de ti o de mí,
Y entonces
Se apiadan
Se esperan
Nos dejan colarnos en el supermercado.

Nos escupen
Los niños,
Bailan los vecinos en su vorágine de cocaína
Y mientras todos duermen
Nos están disparando los dueños del
Miedo
La edad
La mala suerte
No hay amigos, mostrémonos fuertes.
Estos somos hoy.
Ya mañana veremos.
Si se apiadan
Si se esperan
Si nos dejan colarnos
Que sólo llevamos
Cuatro cosas.


Safrika


martes, 6 de agosto de 2019

LOS CUADERNOS NEGROS: Carlos Salcedo Odklas.




Los ojos relampaguean uno junto al otro con la inocencia del amor y la pasión. Se funden en un abrazo cálido y sudoroso que suplican por hacer eterno. Las manos entrelazadas como intento de anclar los cuerpos en su deriva por el éter. Un dulce asidero en mitad del caos. Entregados sin miedo y sin remedio, los alientos se mezclan y espesan. Ya no hay uno, ya no hay nada. Delirios y temblores en medio de un baile sensual, convencidos de tener en sus manos el tesoro más preciado. Surge el fuego abrasador que los consume entre gritos. La carne se derrite envuelta en llamas, y para siempre no es más que un instante. 

Juntos pero separados, sin venda en los ojos. Las imperfecciones ya no son bellas. La paranoia. La inseguridad. El hastío. Acaricia su pelo e intenta fundirse con su cuerpo. Las lágrimas empiezan a brotar de su rostro. ¿Por qué lloras amor mío? ¿Por qué lloras amor mío? La angustia de la incomprensión. Se aparta, oculta la cabeza entre las manos. En el fondo saben lo que está pasando, pero se resisten a admitir esa sombra que se perfilaba en el horizonte y que creció hasta envolverlos. 

Una distancia igual de grande que la anterior cercanía. Las dos caras de la moneda. La pesadumbre en el reflejo de aquella silueta adorada. El suspiro que marca el tempo al final de la ensoñación. El giro del reloj de arena. Y dos enormes montones de ceniza que una vez fueron cuerpos. Cuerpos que una vez se amaron.


Carlos Salcedo Odklas, 
de Los cuadernos negros
(próximamente)


domingo, 4 de agosto de 2019

ASÍ QUE VIVIR ERA ESTO por RAFAEL LÓPEZ VILAS




Imagino lo extraño
que debe resultar
despertar cada mañana
y sentir que la vida
no ha merecido la pena
La pesadumbre de que los días
son todos
un mismo fotograma
Levantarse para
ir a trabajar
y trabajar
para poder seguir
regresando a casa
y paladear
la soledad que te abraza
en cuanto la puerta
se cierra a tu espalda

Luego,
mientras cenas lo de siempre
y miras la TV en silencio
tienes la impresión
de que nada tiene
demasiado sentido
Estás agotado
tu barbilla descansa apuntalada por
el martillo que hastía tu pecho
en cada latido
mientras tu mirada oscila
entre el aburrimiento
y un silencio infinito

Hace años
que se ha marchitado
la sonrisa en tus labios
Eres un vagón de mercancías
que viaja solo
hacia una estación
a la que llegarás algún día
arropado por tu desidia
Para qué todo esto, sería
una buena pregunta
pero ambos
conocemos
la humillante
respuesta

Como cada noche
se hace tarde
El viaje continuará
por la mañana
y volverás a levantarte
y a arrastrar tu maleta
por ese sendero de desolación
que oxidó la flor de tu vida

Es una lástima, pero,
no has aprendido nada
Has dejado que escribiesen
tu camino, cordero
Renunciaste antes de empezar
porque eso es
lo que hacen
los cobardes
y los hombres rectos
Tal vez alguien te diga
que nunca es tarde,
pero,
ese cretino
se equivoca
o miente

De algún modo,
me recuerdas
a ese melocotón
que yace sobre la hierba
arrugado, reseco como las tablas
que esculpirán tu ataúd
algún día
Hasta hoy
nada te ha importado
demasiado
Llevas la renuncia
escrita en los ojos
Eres un hombre
como podrías ser
una piedra o un viejo
zapato que duerme
para la eternidad
en el lecho del río

Nunca has entendido
cómo funcionaba esto
Ni siquiera
te paraste a pensarlo
Alguien debía saberlo
Pero no tú
así que
preferiste que otros
se encargasen
y decidieran
cómo
cuándo
hacia dónde ir

Ahora,
la tienda de oportunidades
ha cerrado para siempre
El paraíso quebró
y ya no queda
lugar para nadie
como tú
La vida era esto, piensas
con desgana
Comer
Beber
Y sentarte a esperar
a que la película termine
Sin dolor
sin sufrimiento
sin agonía

Es posible
que alguna vez
sientas la tentación
de rebuscar en el armario,
donde guardaste
las cartas de tus amores imposibles
y los pequeños sueños
de un pasado olvidado
Esa fotografía donde sonreías
porque creías que todavía
tenías tiempo
para encontrar la felicidad
y convertirte
en aquel tipo que un día
quisiste ser
El hombre que desdibujó su reflejo
en el espejo
en cada amanecer
dejando atrás tus esperanzas
y la ilusión de tu juventud
que abandonaste
en un asiento del metro

Hoy miras a tu alrededor
y te consuelas pensando
que vivir
no era para tanto
Has fracasado
como tantos otros lo hacen
La mayoría
no son mejores que tú
Se levantan y van a currar
o se quedan en casa
sentados en su sofá
o echados en la cama
viendo la tele
leyendo una revista
o mirando a la pared
mientras la vida pasa
y pasan los días
los meses
y todo pierde su color
y tus huesos sienten
cómo la luz se apaga
poco a poco
y todo importa un poco menos
los amigos
las tardes de domingo
la tristeza
y cómo tu boca
va llenándose de polvo
y tierra
y el cielo
interpreta para ti
un silencio

indescriptiblemente

mortal


Rafael López Vilas


viernes, 2 de agosto de 2019

RESURRECCIÓN por BALLERINA VARGAS TINAJERO




Qué tarde tan larga esta
hecha de retales de polvo,
aire desplomado
y voces de la calle.

Hasta que la sombra crece
tras los cristales y el mundo
va quedando en silencio.

Y siento que ya queda menos.

En el aire del pasillo que se inflama
como en Bécquer cuando llegas,
oscuro y taciturno, con el peso
de otro largo día sobre tus alas.

En las hojas de papel
que crepitan y sueñan mundos
(pantalanes, campings, moteles)
de bruma y humo, bajo tu puño.

En el oleaje de las sábanas
que te aguardan impacientes,
y nos mecen o se orillan
(según toque) alborozadas.

En esta Resurrección de las cosas,
de la casa que se anima,
de la carne dormida que, al verte,
se aviva y te llama y recuerda
que tiene hambre.


Ballerina Vargas Tinajero


martes, 30 de julio de 2019

PERRA SUERTE por MAYA MUKTI




Te vengo persiguiendo como un perro
desde el día en que me puse,
embrujado, el collar que me ofreciste.
Eso cambió el sortilegio.
Y mi suerte.

Un perro encantado siguiendo
a un perro durmiente
dónde va a llegar.
Dando vueltas y vueltas,
nervioso, mordiéndose el rabo.
Ladrando y a veces mordiendo
por que el otro despierte.
Y devuelva el bocado.
Y vuelta a empezar.


Maya Mukti


lunes, 29 de julio de 2019

LA REDENCIÓN por SAÚL LOZANO BELANDO




Mamá besa vírgenes y cruces
pidiendo la salvación familiar
la redención
con el metal de la fábrica en su carne
yo beso a las muchachas como queriendo redimirme
salvarme
del hachazo continuo.

Debe haber un lugar donde corran los ciervos
los brillantes ciervos los brillantes ciervos y la pureza.

Cuántas veces hemos hundido la cabeza en la bebida y lo sintético
como queriéndonos redimirnos
salvarnos
del hachazo continuo
destrozados inmaculados

yo sé del fondo antiguo del lago antiguo
el lodo santo y el agua
el agua el agua
quiero estar ahí desnudo y puro y ligero
donde el agua donde el agua donde la carne de pez

Hace años había un loro en casa
en las antiguas broncas familiares
en la cocina
yo me quedaba junto al loro y su jaula y me sentía mejor casi
fui el primero en verlo muerto
sus alas estaban extendidas y el pico lo tenía enganchado a los barrotes
lo mató el frío la congestión la presión interior
murió intentando escapar el loro aquel.

Cuántas veces arañamos esto cada día el cemento el óxido el número
buscando la pureza cristalina buscando
cristalina desnuda.

Debe haber un lugar donde corran los ciervos
los brillantes ciervos los brillantes ciervos y la pureza.

Todos nosotros tenemos derecho a salvarnos
bien lo sé
todos nosotros tenemos derecho a salvarnos
a salvarnos
todos nosotros
bien lo sé.


Saúl Lozano Belando, de Made in: La Bestia (Boria Ediciones, 2017)

https://boriaed.com/producto/made-in-la-bestia/

martes, 23 de julio de 2019

TRES POEMAS de SIMULACRO por JULIA NAVAS MORENO




CIEN MUJERES

Desdoblada en las mujeres que soy,
imperfecta en cada una,
especialista en nada,
equilibrista en todo...

Qué abandonar
para ser una súper mamá,
una escritora no mediocre,
una mujer independiente,
una amiga disponible,
una amante a tiempo completo,
una administradora eficiente...

La sensación de fracaso
es como el cielo gris de mi ciudad:
el paisaje adjudicado
del que no puedo escapar.


ANVERSO Y REVERSO

Mi rostro es el anverso,
la coraza fraguada
a golpes de vida.
Mis pensamientos, el reverso:
la historia de cada martilleo.
Los versos son los vasos comunicantes
que dan sentido a lo que soy.


QUERER

Quise olvidar mi pasado
barriendo las esquinas,
pintando sobre paredes amarillentas
de tantas noches de risas y nicotina.

Quise odiarte, enviarte a otra dimensión,
y borrar todos los días  celebrados
en nuestro calendario.

Pero estabas en cada lunes,
cada domingo y en cada día de mi vida.
Estabas en los ojos de mis hijos
y en los surcos de mis arrugas.
Estabas en la ternura de las sábanas
y en las mantas despechadas por el ardor.
En cada lágrima vertida.
Estabas, estás y estarás
porque no hay nada de mí que no sepas.
Y tanto esfuerzo
merece otra vida.
                                              A Juanjo         


Julia Navas Moreno, de Simulacro (Canalla Ediciones, 2019)

https://www.canallaediciones.com/poes%C3%ADa/simulacro/

sábado, 20 de julio de 2019

COSAS QUE PASAN EN JULIO QUE NO VERÉIS EN LAS CIUDADES por JOSÉ PASTOR GÓMEZ




es época de brevas y de moras (de moral)
de chumbos y ciruelas
y de la huerta en todo su esplendor
hay hortalizas y hay legumbres
para dar/tomar/compartir/embotar
hay pimientos hay pepinos hay berenjenas hay judías
hay patatas y hay calabacines
hay melones y hay sandías
y los primeros tomates
y florece la flor azul de la genciana y la enigmática flor del beleño
y los oréganos y las mejoranas
y las mentas y las poleas
hay tormentas de verano y hay incendios
hay festivales y hay verbenas populares
hay cine de verano y hay piscinas
hay turistas y hay curritos
hay canciones republicanas y hay convites
hay siesta y hay noches al fresco
hay sexo
y hay poesía
hay un volver a los recuerdos de la infancia
a ese país del nunca jamás
donde hay bicicletas
y hay utopías.
y las chicharras
siempre las chicharras
incansables
y el sol inclemente
sobre el pescuezo
de hombres y mujeres
que están segando
o cogiendo tomates
o en el andamio
o en la sierra de pastores
o barriendo las calles
o repartiendo el correo
hombres y mujeres
que buscan la sombra
para no hacerse invisibles


José Pastor Gómez

Cover by José Manuel Juárez


jueves, 18 de julio de 2019

LOS BARES DEL DIABLO: Natacha G. Mendoza.




Estoy cansada de ver las mismas caras. Cada día, al abrir esta reja que separa mi bar del mundo, entra, sin mirar, la misma gente de siempre, a las mismas horas, sin nada nuevo que decir. Este lugar se ha transformado en un maldito templo de la saciedad. Prostitutas que terminan su jornada, escritores fracasados que utilizan los rincones más oscuros como oficina, hasta un cura, que por error de cercanía viene a tomar café. Da igual lo que yo sirva, da igual si no enciendo las luces, el local es una cueva húmeda, plagada de trogloditas sin estímulo alguno. Para colmo hoy es miércoles, hace gris, cala los huesos, la madera, hasta el hierro cala. La madre soltera busca otra presa. Jacinto, el viudo, regresa a por otro litro de soledad. Las historias se amontonan debajo de los manteles que, aún, no he querido cambiar. Dejo morir este antro, llevo años, suicidándolo, pero estos imbéciles regresan cada día, en silencio, a los gritos me miran, me zarandean con sus mierdas, me insultan al pagarme. Esperaré, quizá mañana, alguno, dé el primer paso. 


Natacha G. Mendoza, 
de Los bares del diablo 
(Ediciones Escondidas, 2019)

miércoles, 17 de julio de 2019

CRÓNICA DE LOS DÍAS QUE PASAN por NURIA VIUDA GARCÍA




Las noches de sopor y las verbenas amenizan este verano de contradicciones y batallas perdidas.
Nunca la mañana regaló más trino de pájaros cansados.
Sobrevivir, a lo Robinson Crusoe, entre los juncos del río o en los portales de lujo de una casa vacía. Bañándose en las fuentes públicas cuando todos duermen. Refrescar el olvido. Hundir la memoria entre cartones y farolas. Así transcurre el tiempo entre los desentrenados...
¿Quién ha dado la estúpida orden de podar los árboles en plena calima veraniega? 
Lo imperdonable: apartar la sombra y el frescor que nos regala la hoja en todo su esplendor protector, casi maternal y paradisíaco. Interrumpir el ciclo de la vida que se esconde entre las ramas condenando a las aves que habitan en ellas, y allí formaron hogar y nido ,pertenencia y arraigo, a un exilio ignominioso y desnaturalizado. Su dicha estrellada en el asfalto. Los huevecitos estallados como pequeñas bombas.
Los entrenados... Los entrenados contra natura.
Toda enfermedad engendrada a posta contra los habitantes del mundo posee sus víctimas pero también se cobrará su venganza.

*

El vuelo de las aves y su trino rescata la intensidad del verano. Está en las sombras. Permanece escondido entre ráfagas de lluvia fresca. Los pájaros lo saben. Su canto es decisivo y alegre. Sus alitas planean prometedoras y fugaces.
Verano -¿Estás ahí?-
Prométenos que la nube no nos apartará de ti pues te necesitamos más que nunca.
Lo saben las aves.
Lo sabemos.
También la persistente lluvia.

*

Noches de tormenta.
Trombas de agua que no son otra cosa que metáforas de la vida.
Septiembre en Julio.
La tarde ayer se replegó en su palco contemplativo y vi a la gente correr, saltar los charcos, escupir la rabia contenida igualándose a la furia celeste.
Pareciese un verano a punto de concluir. Como si el tiempo se hubiese adelantado y tragado por la alcantarilla los soles que nos quedan a la par que el granizo. Todo diluido en nada como el agua en un colador. Metáforas del desaparecer.
¡Madre tierra que te equivocas al parir a tus hijos a destiempo!.
Gestación subrogada que da frutos prohibidos para serte arrebatados sin conmiseración, dejándote yerta y exhausta. Ahora, para parir los hijos que te corresponden por natura: sol, calima, reverbero del agua en las marismas, olas amables, brisa marina; te costará un esfuerzo indescriptible. Dolerá, como duele a una mujer parir hijos por encargo para perderlos en las sombras del tiempo. La cicatriz de su útero como estigma y dolencia más allá de lo soportable.


Nuria Viuda García,
de Crónica de los días que pasan.


martes, 16 de julio de 2019

1 POEMA de ALBERT SIHOD




no he escrito una
palabra en los últimos dos meses.
con el inicio de este poema
rompo esa mala racha.
llegó el mes de julio, han comenzado
las lluvias, los días—y por qué no—
también las noches me son agradables.
no escribía porque no tenía tiempo
para nada, nunca me había pasado.
escribo este poema—como siempre—
sin grandes expectativas y lo hago sólo
porque extrañaba escribir un poema.
si a ti, lector, te gusta éste poema
creo que habré logrado algo.
si por el contrario lo detestas por su
sencillez y poca relevancia literaria
también lo habré conseguido

Albert Sihod

lunes, 15 de julio de 2019

CISNE NEGRO por SUSANA BARRAGUÉS SAINZ




Es imposible que lo improbable no suceda jamás.
Una probabilidad de uno entre un millón obliga a construir de nuevo el arca de Noé.
Lo potencialmente posible es sencillamente muy posible.
El beso entre la predicción y el tiempo tiene por hija la consecuencia irreversible
y yo me pinché el dedo del pie con la aguja en el pajar.
La frecuencia con que ocurren los sucesos insólitos
se ajusta como un guante a la función de Emil Julius Gumbel
que sentado en una silla de dos patas suponemos tuvo la gran revelación:
“Sólo es cuestión de esperar”. En el infinito ocurre todo.
La aparición de lo inédito, lo extraño, lo increíble,
las crisis que anunciaban los oráculos babilonios, minoicos, aztecas
-kronos frente a kairós-, los cisnes negros
nacen de los huevos que nacieron de otros huevos idénticos
pero que llevaban la posibilidad del contrario en su centro.
Conocimiento que, instintivamente, ya tenemos.
Puede ocurrir que un rayo nos entre y salga por los pies.
Que una roca se desprenda desde el acantilado, mientras tomamos el sol.
Que se produzca el encuentro con un ser remoto, que justamente,
era idéntico a ti en la curvatura y el espesor de las cejas.
Crecidas de ríos, tormentas, ráfagas de viento extremo.
Combinación de estrellas ganadora en el boleto del bolsillo.
Somos hijos de lo fortuito, llevamos la marca del uno sobre el cero en la frente.
Si no nos sucede algo increíble, en algún lugar rocambolesco,
en algún momento frenético, presentimos que el universo
se está conjurando para la siguiente carambola.
Una pieza de titanio se desprendió del avión
que precedía al Concorde 4590 París-Nueva York
y perforó un neumático de la aeronave
que hizo saltar un trozo de caucho
que golpeó el depósito de combustible
que rompió un cable eléctrico que produjo una chispa
que incendió el ala izquierda que precipitó al avión contra un hotel.
Y algo dentro de nosotros asiente, en conformidad.
Los cacahuetes de cabina eran como los de todos los días.
El blanco dental del piloto lucía igual que igual.
Pero la fortuna había desplegado su vela maestra al viento revés
y el azar estaba mareado. El azar con sus dos caras,
incluyendo la posición de canto en la moneda.

Algunos llaman Dios al caballo de la sorpresa
cabalgando sobre la pradera de la suerte.


Susana Barragués Sainz, de Poemas para mi Hermano Álvaro, 2018.


viernes, 5 de julio de 2019

EL ORGULLO DE LA SANGRE ROJA por RAFAEL LÓPEZ VILAS




No cabe duda. Me he dado cuenta nada más verte. Así que eres español. Llevas puesto el equipo completo. Tu pulserita con la bandera de la tienda de chinos o la que compras a los negros que se saltan las concertinas de la valla que vienen a quitarte el trabajo. Tu polo camisero con la bandera enroscada al pescuezo que ha fabricado un taiwanés de Taiwán. Al retrovisor del coche, junto al viejo Elvis y el rosario en tu coche alemán. En la cartera, de cuero marroquí. Te entiendo. Tienes miedo a perderte. A perder la cabeza y que la gente no sepa de dónde eres. Tu nacionalidad. Lo pone en tu carné de identidad. Hasta en tu declaración de hacienda. Pero no es suficiente. Eres español, qué cojones. Estás orgulloso, aunque si te preguntan por qué, quizás no sepas explicar muy bien el motivo de tanto orgullo. Naciste aquí, como pudiste hacerlo en Zambia o en Mongolia. Igual. Resulta interesante, no creas. Algunos te dirán que algo así no es para estar demasiado orgulloso. Otros te dirán que sí. Que mucho. Por ejemplo, esos españoles que aman las mamandurrias y el dinero que hurtan al resto de contribuyentes. Ya sabes. Los de la cesta de manzanas podridas. Los de los casos aislados y los brotes verdes que salvaron la patria del suicidio perroflauta. Los que prefieren que la sanidad pública no sea tan pública y que los colegios sean un poquito más privados, porque la educación y la salud no puede ser para todos. ¡Paga, coño! Los españoles de bien lo hacen. Españoles que prefieren pagar menos impuestos que el resto de los españoles. Les encanta el sistema tributario español, pero sólo para que se lo apliquen a los demás. Son españoles de paraíso fiscal. Que tributan en el extranjero, lejos de su amada España. Españoles que no quieren que el resto viva por encima de sus posibilidades. Para eso ya están los grandes empresarios. Los de las concesiones de las autopistas. Los constructores que hinchan la burbuja. Los comisarios de las cloacas y los jueces que los protegen. Españoles que aman España y sus puertas giratorias, que anhelan con toda el alma una España próspera y grandiosa. Así lo explicaron en 1939. Después, otros cuarenta años de explicaciones. De educación. De desaparecer españoles en las cunetas. No puedes negar que eres uno de esos que matarían por haber estado en el gran funeral de la Plaza de Oriente. El del Generalísimo, Caudillo de España, por la Gracia de Dios y de la Santa Madre Iglesia, apostólica y romana, sí, pero sobre todo, muy española. En noches claras y de luna, todavía puede escucharse a su emérita majestad ulular su juramento de fidelidad al dictador y al movimiento nacional. Está todo atado. Atado y bien atado. Eso fue lo que dijeron.

Sí. No cabe duda. Son españoles. Españoles que adoctrinan. Que mandan callar. ¡Sentarse, coño! La España del señorito se ha desmonterado y salta al ruedo ondeando sus moqueros rojigualda y sus tricornios. La transición silenciosa no les cortó la coleta. Había que amnistiar. Amnistiar y olvidar. Olvidar los crímenes. El genocidio. La lesa humanidad. Ahora, una España alza de nuevo el brazo. Como Mussolini. Como los hitlerianos de Hitler. Entretanto, la otra España supervive. Supervive y calla. Calla y se abstiene mientras el aguilucho o el charrán de la bandera ondean la sombra de la patria sobre su eterna pobreza. Pero, no te lamentes por ellos, querido español. La culpa es suya. No trabajan. No se esfuerzan. No como buenos españoles. Igual que esas mujeres que gritan igualdad. Marimachos, feminazis que no quieren parir ni cocinar o que los hombres, ¡bendito sea el señor!, no les peguen. Y no es que lo diga yo. Lo dicen en los periódicos, y los periódicos no mienten, ¿verdad? Son españoles, ¡dios santo! Llevan la patria muy adentro. Por eso hacen lo que hacen. Con la rotunda razón del porque sí, con la del porque no o con la de que los cojones de un español de pura cepa nunca se equivocan. España y verdad no son siempre lo mismo. A veces, ni siquiera se parecen. Eso lo saben bien los dueños de los medios. Son españoles, sí, pero también ricos, y les agrada la idea de preservar la salud de su riqueza. Ellos te cuentan lo que hace la ministra. El presidente. Los desaprensivos bolivarianos de la oposición. Los que quieren romper España. Esta España tuya. Esta España vuestra. Te lo dirán las veces que haga falta. Hasta convencerte de que lo que dicen es cierto ¿Cómo sabrías lo que hacen si no? Es un asunto delicado. Imagínate que se les diese por mentir. Por manipular la verdad. Es casi imposible. Ni te imaginas cuánta españolía riega las venas de toda esa gente. Españolía y sobres. Sobresueldos de contabilidad B. Pura Marca España. Capitalismo off-shore y amnistía fiscal para amigotes. Lo que no se escribe no existe. Lo que nadie ve. Lo que nadie escucha. 

No cabe duda, amigo. Eres español. Un español que nunca volvería a llamar a un fontanero o a un electricista que haya robado en Su casa, pero que, bueno, si se trata de un tipo con traje y una buena colección de estampitas, no dudarás en volver a otorgarles tu confianza porque, si algo te han dejado bien claro mientras desahuciaban cientos de miles de familias, o precarizaban tu trabajo o robaban de las arcas públicas o recortaban tus derechos, es que sí, que cuando llegue la hora y vuelva a romper el alba, sonreirán con fruición al escribir un nuevo renglón olvidado de tu Memoria Histórica con la estupidez de tu tinta roja.


El lobo está aquí
(Rafael López Vilas),
de Lobo come Lobo
(próximamente en Versátiles Editorial)


lunes, 1 de julio de 2019

BRÚJULA, PECADO & ROCK AND ROLL por NATACHA G. MENDOZA




BRÚJULA

Existe un mapa no dibujado, una especie de guía invisible. Hay gente que lo llama “destino”. Uno anda despistado, o mejor dicho, a uno le caminan las horas, así, todas tras una, y viceversa; se amontonan los días, los meses. Entonces desde el extremo opuesto del planeta, otra persona, da un paso sobre el otro, y el tiempo le cae por la cintura, o por el ceño, qué más da. De pronto, el mapa, se arruga por el norte, quizá un estruendo, un choque, dos pares de ojos que se miran; entre tanta calle, tanta bomba, y esos niños con el balón. Todo es lunes en hora punta, pero allí siguen, detenidos, con la brújula en sus pechos, latiéndole un final para ese camino.


PECADO

Mis pecados hablan de ti. Y me hice santo cuando dejé de mirarte. Fue difícil vivir en ese estado, medio ausente, medio Dios. Uno nunca termina de acostumbrarse a lo celestial, todo tan intangible, tan poco sucio. Me gusta más mi sofá, sus remiendos, el viejo televisor que aún se deja ver. En el frigo, pase lo que pase, estará ella, rubia, fría. No nací para los milagros, el vino mejor en barrica y los peces, pues que lo intenten en cualquier mar. Me dará igual si regresas algún día, abriendo esa puerta como si nada hubiera pasado... no me importará un carajo la luz que desprenderá tu cuerpo, no te miraré. Estaré donde siempre me dejas al irte; intacto, en esa especie de altar, donde de vez en cuando te arrodillas para recordar todo lo que me has adorado.


ROCK AND ROLL

La vecina del quinto, ha vuelto a insinuarme en el ascensor que pongo la música muy alta. Intenta ser sutil. Pero sé que me odia irremediablemente. A veces deseo que el ascensor se desplome cuando bajo en mi planta y las puertas se cierran con esa sonrisa forzada que me dedica. Pienso en las cadenas, en el mecanismo del maldito aparato que la está llevando al piso cinco. Mientras abro la puerta, puedo escucharla llegar sana y salva a su rellano. Siempre existe un silencio, porque ella, que es una bruja, se queda esperando a escuchar mi portazo. Hoy no pondré música. Creo que desenterraré mi viejo saxo. Aunque debería buscarme un novio y dedicarle una sinfonía extensa. Quién sabe, esas máquinas que suben y bajan durante años, pueden desplomarse algún día... en cambio mi rock nunca bajará.


Natacha G. Mendoza



domingo, 30 de junio de 2019

INTERCOSTAL Nº 1



Ya está a la venta el número 1 de la revista Intercostal. Incluye una amplia entrevista a la poeta María Ángeles Pérez López, poemas de Tomás Sánchez Santiago, Tomás Rivero, Paloma Corrales, Luis Ramos, Francisco Morán y María Ángeles Pérez López. Además de un interesante artículo de la profesora Ana Agud sobre Antonio Machado. 

El precio es el mismo que en el número anterior, 7€ sin gastos de envío. Para pedidos por privado o al correo de la revista: intercostaliteraria@mail.com

Próximamente incluiremos los distintos puntos de venta. Por el momento se podrá encontrar en Letras Corsarias (Salamanca) desde este viernes y a partir de la próxima semana en Librería Octubre (Zamora).



viernes, 28 de junio de 2019

SEDENTARISMO APLICADO: José Yebra.




EL JOVEN DESINFORMADO

julio vendía la metadona
para poder pillar caballo
no necesitaba dientes para sonreír
porque aceptaba su deterioro
como la circunstancia principal
del resto de su escasa vida

cuando aquella mañana
no pudo despertar ya más
comprendimos la paradoja
desde su inmenso "no futuro":
vivir no es obligatorio:
la avalancha de mensajes positivos
y el afán de progreso
desde el emprendimiento
son drogas mucho más duras
que la mismísima heroína

aunque bueno
reconozcámoslo:
julio fue capaz
de vencer su pavor
a las jeringuillas
porque fumar chinos
le hacía toser demasiado:
y eso si que fue para nosotros
sus amigos
un gran ejemplo de superación personal.


EL LAVAVAJILLAS Y LOS CABALLOS

el lavavajillas sufre en caliente
mientras dos caballos percherones
siguen comiendo más y más hierba
en el prado inmenso de esos vecinos
que sé que aún respiran
aunque nunca los veo por aquí;
porque las crías de serpiente
son incapaces de ascender por las pezuñas
y se quedarán ese veneno
que no poseen
otro verano más
haciendo acopio de odio
ante las puertas de desconocidos
que ya borrachos
volverán a cantar canciones conocidas
por todo el mundo saludable
como si la vida no fuese más
que un karaoke alado
que escupe desde una altura considerable
un líquido denso y de tono blanco
del que no nos atrevemos
ni a preguntar qué contiene o qué es:
tan solo abrimos bien
nuestras bocas hambrientas
mostrando al señor
nuestra espeluznante colección de caries
para alimentarnos así de su gloria eterna:
y con el gozo ya en nuestro interior
caminaremos por aquella vereda
buscando sin pasión
un nuevo hogar que nos aleje
del sufrimiento de un lavavajillas
y del súbito relincho de dos caballos percherones
que a falta de verde que pastar
se morderán violentamente el uno al otro
para decidir al final
cuál de las dos crines
es más bella
más suave de acariciar:
habrán pisado sin querer
a todas y cada una de las serpientes
y las hormigas habrán llegado aquí
para en perfecta conjunción y armonía
llevarse los restos en fila
hacia el hormiguero alquilado de sus azarosas vidas;
el horizonte refleja otro incendio:
hemos decidido arder
como brujas ante una santa inquisición agnóstica
de boquilla y siesta diaria.


TUS BALAS, MIS PIEDRAS

otra bala silba a mi lado____
será la siguiente
la que me mate:
la piedra que ya no podré
lanzar contra su odio
permanecerá en el pozo del mío propio
esperando que otras manos
la recojan y la hagan levitar;

puede que en la otra vida
recupere mis piernas
y camine sin esa necesidad
de mirar al suelo
en busca de armamento
que alimente mi hambre
de justicia y dignidad:

mírame de verdad
soy una criatura increíble, lo ves?
ahora silba bien alto
para disimular
y después
baila alegre tu danza étnica
sobre mi masacre programada.


José Yebra, de Sedentarismo aplicado (Suburbia Ediciones, 2019)


jueves, 27 de junio de 2019

EN LOS LÍMITES DEL DESIERTO por ROBERTO RUIZ ANTÚNEZ



el colapso gravitacional de las palabras. la incomunicación como vertiente y alarido ciego. cerca de la multitud me muerdo las manos y el resuello y las estrellas nacen agónicas y desprovistas. me muerden los lobos la escritura y reivindico su hambre intrínsecamente curvo. en los límites del desierto me desdigo. vuelvo a nacer del mismo árbol del principio del tiempo.

Roberto Ruiz Antúnez


sábado, 8 de junio de 2019

TRAVESÍA en INTERCOSTAL



ESCRIBIR ES QUEMARSE VIVO

En estos tiempos en los que triunfa la autoficción como género narrativo vuelve a ofrecernos una parte de sí mismo Vicente Muñoz Álvarez, en esta ocasión de la mano de la editorial albaceteña Chamán que tan bien cuida sus ediciones.

Tras una incursión en la poesía de género como fue Del fondo y su antología personal GAS, el autor vuelve a desnudarse bajo la palabra poética. Para quienes no conozcan la escritura de Vicente les podríamos decir que no deja a nadie indiferente, desde una postura existencialista, pasa revista a todo lo que le rodea y construye. La vida es a la vez belleza y lucha, amor y dolor, supervivencia y deleite. Si en algo es característica su poética es en el hábil uso de la dicotomía, de las antítesis que tan bien dibujan su escritura, su vida. Porque si algo define a Travesía es la introspección y la desnudez del autor frente al lector, verdad despojada de todo artificio, de todo intento de parecer. 

Escrito en una cuidada prosa poética, sus ciento ochenta y tres páginas constituyen una obra de madurez, temas que son constantes en su obra como los perros de lluvia (aquellos poetas marginados por el sistema); la lucha entre el yo escritor y el yo inserto en el mundo capitalista, el vendedor de zapatos; las difíciles decisiones que nos llevan por un camino y no por otro; el continuo vaivén de personas que conocemos, con las que compartimos tanto y después desparecen; el amor; el adentro y el afuera del escritor, del hombre. Aparecen tamizados en este libro por una madurez, que como el propio autor dice, quizá sea por la proximidad de la cincuentena, aunque más parece ser un posicionamiento fruto de la experiencia vital y literaria. 

Es esta experiencia literaria un punto en el que me gustaría detenerme, siendo como se trata de un autor heterodoxo, fuera del canon impuesto, sus referencias librescas le acercan a la generación Beatnik, aparecen continuos guiños a autores como Kerouac, al que tan cercano se ha sentido Vicente a lo largo de su vida literaria; pero nunca se olvida de la visión del mar de William Hope Hodgson, la playa, el faro, el océano como lugares de recogimiento, de paz, que con su carga telúrica acercan a Vicente al verdadero recogimiento; sin olvidarnos de otros muchos de sus referentes como Lovecraft.

Estamos, como decía anteriormente, ante una obra de madurez. El poeta se ha dado cuenta de que la verdad se encuentra dentro de uno mismo, de que en el afuera solo encontramos hostilidad, esa Babel como él la denomina, no es más que un elemento de disrupción, de quebrantamiento de la personalidad, de ruptura con la paz ansiada; el mundo como lugar de ruptura con la esencia del ser humano, capitalismo salvaje, engaño, máscaras y juego, donde siempre sale perdiendo el débil. Travesía se convierte así en unas memorias en las que el existencialismo y, en cierto modo, nihilismo con que se contempla el afuera tienen su corolario en el descubrimiento del uno mismo como salvaguarda, de la biblioteca como refugio, del faro como lugar donde refugiarse de los embates del mundo exterior. 

Podríamos pensar que frente a la dureza de este mundo no existe solución, pero en la obra de Vicente Muñoz Álvarez siempre existe un asidero, una Shangri La de soledad compartida, donde el amor tiene su cabida frente a la arena de una playa salvaje.

Libro rico en metáforas, referencias literarias, referencias a sus libros anteriores, pleno de vida, nos sugiere navegar por sus páginas convirtiéndonos en los capitanes de nuestros propios navíos, pues esa es la enseñanza de un libro tan pleno, tan redondo como Travesía, debemos tener la plena consciencia de ser nosotros mismos, de no perder nunca el rumbo. Y quién mejor para mostrárnoslo que un viejo lobo de mar como Vicente Muñoz Álvarez.


Pablo Malmierca, en Intercostal Nº 1





CHICHO IBÁÑEZ SERRADOR

viernes, 7 de junio de 2019

DAVID GONZÁLEZ: Lo que se puede contar.




EL REGRESO

cuando
la libertad
se convierte
en libertinaje
es hora
de regresar
a la cárcel:


REVOLUCIÓN

no un paso al frente
o no solo un paso al frente
sino los que le siguen:

los verdaderos mártires
de la revolución


EL PUENTE

se apagan las luces en su mirada
siempre que fotografía el puente de brooklyn:

el mismo que en su día cruzó
tony manero

para convertirse ya para siempre en
john travolta:



EL VIEJO MUNDO

a más de quinientos
años vista
si algo parece probado
más allá de cualquier duda
razonable o no
y te lo dice un poeta asturiano
libre por tanto de toda culpa
es esto:

             tanto en cubierta
como en sus bodegas de carga
al igual que en los camarotes
de los oficiales y de la tripulación
lo único que transportaban
aquellas tres calaveras
que venían desde el viejo mundo
era justamente eso:

un viejo mundo

con todos y cada uno
de sus naufragios:


David González, de Lo que se puede contar (Entropía Ediciones, 2019)

https://entropiaediciones.com/index.php/producto/loquesepuedecontar/

martes, 4 de junio de 2019

SIMULACRO: Julia Navas Moreno.




ALUD

Me escondo en cada pliegue de mi piel,
aspiro mis propios humores
y escucho el sonido de mi respiración.
Conformo casi una esfera
donde las extremidades se acomodan, se esconden.
No tengo principio ni fin
ni pies ni cabeza.
Me he convertido en un alud.
Me deslizo cuesta abajo.
Me deslizo hasta el valle
y arrastro todo a mi paso
creciendo.
Creciendo.
Creciendo.


ENVEJECER

Saludar a tu cuerpo.
Amarlo
y habitarlo en armonía
cuando,
en breve,
dejaras de reconocerlo.


AUTOLESIONES

Seres de espinas que apuntan al interior.
Para no ver la sangre de otros
se hieren manos, vientre, ojos
y a menudo se suicidan.


NARCISO

El amor no basta.
El amor no basta.
El amor
no
basta
si solo es amor a uno mismo.

*

Simular, disfrazar, ocultar para sobrevivir o, simplemente, para disfrutar. ¿Cuántas evacuaciones forzosas tiene una vida? ¿Qué dejaríamos, qué sería imprescindible ante una huida, ante la impostura, desesperación y el atropello por encontrar la puerta de salida? La existencia es, afortunadamente, casi siempre un juego, un simulacro. Cuando el edificio arde de verdad, urge lo imprescindible y atravesamos los pasillos sin mirarnos en los espejos.

Ser madres, hijas, inmigrantes o muertos olvidados en las cunetas; tallos verdes, cuencos restaurados con hilo de oro, ballenas, gatos… Simular con las palabras para vivir otras vidas y entender la otredad que esconden es una estrategia, por lo menos, inquietante.


Julia Navas Moreno, 
de Simulacro
(Canalla Ediciones, 2019)


Presentación: Miércoles, 5 de junio, 20 horas, 
Librería La buena Letra, Gijón.

sábado, 1 de junio de 2019

LA NOCHE ES VENENO NEGRO por JOSÉ G. CORDONIÉ




Mi nombre es Ezequiel Mengual. Pero mi nombre ya poco importa.
Recuerdo aquella noche como el inicio de una nueva existen­cia a partir de la cual mi persona, y por tanto mi nombre, dejaron de tener significado.
Todo lo que me ha ido ocurriendo desde entonces me ha traído a través de los caminos más oscuros de la existencia hasta el día de hoy, en el que sé que he llegado al punto final de mi historia.
Alguien dijo que la vida que conocemos finaliza en un punto y coma. Y que tras esa pausa, más intensa que una coma y menor que un punto, continúa y se desarrolla de una manera más plena, de modo que los sentidos crecen y se expanden hasta mezclarse con los sentimientos.
Yo no sé qué vendrá después. Y quizá sea lo que menos me importe. Solo deseo salir de aquí.
En aquellos días, en la trastienda de El figón del Almirante se abría clandestinamente un mundo lento y cautivador tras los cortinajes de damasco de seda dorada. Cuando se entraba en el local, se hacía de repente el silencio. Y el silencio era tran­quilidad y sosiego. La gente que allí se encontraba enmude­cía al dejar que las imágenes que se proyectaban en su mente, impulsadas por el opio y la absenta, los trasladara a un lugar distinto y prodigioso.
A un mundo al que solo se podía llegar escarbando en la sombra más oscura de la psique. Un mundo que muchos anhela­ban para evadirse de la realidad. Porque la guerra que vivíamos en esos días resultaba mucho más oscura que cualquier otra alterna­tiva a la que se pudiera llegar.
La ciudad vivía tiempos convulsos de miedo y destrucción.
Y la ciudad éramos todos. Y todos combatíamos cada día por seguir en pie.
En el hospital de San Jaime, donde yo trabajaba como ci­rujano, recibíamos a diario a decenas de personas heridas por la contienda. Y aunque no quedaba sitio alguno para más con­valecientes, hacinábamos a los heridos en camillas improvisadas en las habitaciones y en los pasillos. Cualquier lugar era válido para practicar una operación de urgencia, intervenir la herida de un balazo, entablillar la rotura de un hueso, realizar una am­putación o quitar esquirlas metálicas incrustadas en el cuerpo y en la cara.
En el sótano del hospital amontonábamos los cadáveres en bolsas. Y cada tres días les dábamos cristiana sepultura.
La aviación enemiga castigaba nuestra ciudad con continuos bombardeos. El silbido de las bombas se había convertido en una parte esencial de nuestras peores pesadillas, cuyo recuerdo se loca­lizaba en cada uno de los escombros y de las ruinas que se podían encontrar en las calles a cada paso.
La ciudad era un mapa de la desolación.
Y la ciudad éramos todos. Y todos buscábamos algunos mo­mentos que nos pudieran hacer olvidar la terrible realidad.
En aquellos terribles días, yo también acudía ocasionalmente a El figón del Almirante para tratar de mitigar el agotamiento y la tensión generados por la situación.
Pero aquella noche a la que me refiero fue distinta a las demás. Y me llega a la memoria como siniestra y fatal.
Una noche bien diferente a todas aquellas anteriores que allí había pasado. Y si es así, es porque tengo la seguridad de que en esa ocasión traspasé los confines de nuestra realidad. Que me adentré, aun sin desearlo, en una dimensión del todo desconoci­da, que ya no he podido abandonar jamás.
Llegué a El figón en la anochecida, en el momento en que la ciudad comienza a dormir y parece hacerse estática. Esa tarde no había habido bombardeos. Sin demora, atravesé las cortinas que me abrían el paso a la anhelada estancia de mis sueños.
El simple roce de mi cuerpo con el terciopelo verde oscuro del diván, donde me tumbé para comenzar mi viaje introspectivo, me hizo sentir de manera inmediata la pérdida de contacto con la realidad de mi existencia.
La maestresala del subrepticio lugar, llamada por todos María la China, empezó a preparar en un reservado la pipa de opio. Mientras tanto, yo fui elaborando con ansia la mezcla de absenta y agua fría, añadiéndola poco a poco sobre el azuca­rillo en una copa de cristal de una onza de medida. Después, revolví el licor con una cuchara de plata perforada, hasta que el líquido se hizo opalescente. Y lo bebí con verdadera avidez de un solo trago.
Sentí fuego sagrado en la garganta.
Me tumbé sobre el diván.
Una vez que el agua llegó a ebullición, la China colocó la piedra negra de opio en la cazoleta y me la acercó.
Me recliné para aspirar el humo frío que me llegaba a la boca tras atravesar la larga cánula de la pipa.

Afuera se escuchó la alarma de aviso de ataque aéreo.

Al poco, comenzaron a sonar los motores de los bombarderos Junkers de la Legión Cóndor. Y el caer de las bombas.
Desde el diván pude escuchar el estruendo de las explosiones y el griterío de la gente corriendo por la calle en busca de un refugio.
Se escuchaba el ajetreo tan cerca que, por un momento, pensé que una bomba había caído dentro. Pero seguí fumando de la pipa unos minutos más, hasta que el mundo de las percepciones se abrió dentro de la duermevela a la que había llegado tras pasar por un estado de somnolencia y hormigueo en la piel.
Fue un momento mágico.
Fue entrar en una nueva dimensión. Aquella en la que viven los seres que siempre deambulan a nuestro alrededor, aunque nunca vemos.
Atravesé las siguientes horas ingiriendo sueños feroces sobre la almohada de la noche, con la carne de gallina y con la frente perlada por gotas de sudor.
Escuché risas, susurros, secretos misteriosos y palabras que fueron dichas para no ser oídas por mí. Y, de pronto, aparecie­ron ante mis ojos bestias con formas muy diferentes a las que yo hasta entonces conocía. Seres tan reales como extraños, fantásti­cos e ilusorios que hasta entonces solo habían tenido cabida en el mundo de los sueños o en la mente del alienado.
Traté de levantarme del diván.
La China me detuvo poniendo su mano sobre mi pecho y me dijo con un susurro cálido muy próximo al oído:
—Evita sentir temor. ¿No ves que ellos se alimentan de tu miedo y que si tu miedo es grande jamás te abandonarán?
Desperté con el miedo impreso en el rostro y con su efluvio re­corriendo mi cuerpo a una velocidad mayor que la de mi sangre.
Desperté con una mueca que solo queda registrada si ha existi­do antes el pánico más intenso que uno pueda imaginar.
Entonces, escuché la suave melodía de una flauta dulce.
Fue esa música la que me hizo salir del sueño y regresar a la realidad. Y allí, a los pies del diván, se encontraba un chiquillo. Estaba sentado con las piernas cruzadas sobre el terciopelo verde oscuro y tocaba una pequeña flauta de madera blanca. Era un niño con una cara extremadamente insólita. Todo su rostro era blanquísimo, al igual que el color de su pelo, que le caía albo­rotado hasta los hombros. Y lo eran también sus pupilas, que apenas se diferenciaban dentro de los ojos al tener el mismo color blanquecino.
Aquel chico albino no tendría más de cinco o seis años. La melodía que interpretaba con su flauta era una canción tan lenta como triste: una variación de «Mná na hÉireann», que entraba como fuego en mi alma inflamable. Vestía una camisa blanca con un chaleco de lana azul y un pantalón corto de color gris oscuro. Parecía un colegial, aunque su insólita cara registraba la misma tristeza de aquella canción, que me llegaba en un impacto de confusión similar al que me procuraba su in­quietante presencia.
Me encontré desorientado tras el sueño oscuro que me había envuelto.
Sumergido en la nebulosa que me traspasaba como si yo fuese transparente, intuí que todavía me encontraba en el mundo de los sueños. Aunque todo parecía completamente real.
Observé la pipa de opio y la copa vacía de absenta, y luego miré al chiquillo, que seguía tocando aquella bella y tristísima melodía.
—Oye, muchacho, ¿por qué razón estás aquí? —me atreví a preguntarle—. ¿Por qué tocas esa canción que me trae tan malos recuerdos de amores pasados?
Al oírme hablar, el niño giró su cabeza hasta fijar en mí sus ojos de extraño color nacarado y dejó de soplar la flauta. Parecía como si sus ojos no tuvieran iris. Como si no tuviese siquiera ojos.
—Soy el que te trae la melancolía por recuerdos de tiempos que no volverán nunca más a existir —habló en un tono de voz grave, imposible en un niño de su edad.
—Pero ¿quién eres? —repetí elevando la voz.
—Simplemente soy una parte de ti mismo.
María la China entró en la habitación portando una bandeja, que dejó sobre la mesa alta que se encontraba junto al diván. Contenía una nueva frasca de absenta, una jarrita de agua fresca y los demás elementos necesarios para realizar la prodi­giosa mezcla.
—Dime, China —le pregunté susurrando—, ¿quién es ese niño raro que se sienta junto a mí y me dice cosas terribles con aterradora voz?
—Ahora deberás aprender a convivir con lo que se encuentra a tu alrededor y que hasta ahora no veías.
—No te entiendo, China. —La agarré del brazo.
—Estabas ciego ante una parte del mundo, que solo se percibe cuando superas los límites de la materialidad. Pero no temas nada, Ezequiel, ahora puedes ver las cosas tal y como son.
—Nada de esto es real, China. Esto es debido a esas drogas que me das.
—No, Ezequiel. Lo que ves es parte de ti, eres tú mismo. Solo eso.
—¿Dónde estoy?
—Estás en un lugar seguro. Aquí ya no pueden llegar las bombas.
Caí en el sopor del sueño.
Atravesé la tristeza en minutos de silencio.
Una vez más fui rodeado por seres extraordinariamente in­creíbles. Extrañas formas que solo tenían cabida en aquella estan­cia donde me encontraba, en la que se había abierto una nueva dimensión.
En ningún otro lugar este tipo de formas serían posibles.
Era como si hubiera bajado setecientos setenta escalones para entrar en un sueño inducido por el propio Cthulhu, porque allí había extraños especímenes y seres demoníacos a mi diestra y si­niestra que parecían haber salido del Bestiario de sus Mitos.
Aquellos seres estaban dispuestos a entrar en batalla ante mis ojos dilatados por el opio y la absenta, que ahora volvía a con­sumir reclinado sobre el diván, atendido por las blancas y yertas manos de la China.
Frente a mí estaban los ejércitos del Mundo de los Sueños mi­rándose cara a cara.
Y tras observarse con aviesa inquina, se lanzaron a lucha.
Empezando así una batalla eterna.
Una lucha que se iniciaba sin cesar, porque una vez que fina­lizaba se iniciaba de nuevo de idéntica manera. Se repetían una y mil veces los mismos golpes, las sacudidas atroces y los sangui­narios embates, en los que unos caían mortalmente heridos para seguidamente levantarse recuperados y asestar un golpe letal a su enemigo.
De esta manera, al finalizar la contienda, los ejércitos se miraban cara a cara. Y entonces, sin recordar que ya se habían enfrentado, se arrojaban de nuevo a la lucha.
Supe que se trataba de un círculo continuo que se completaba una vez tras otra. Un bucle temporal donde se sucedía lo que ya antes había ocurrido, pero como si fuera la primera vez que fuese a acontecer.
Me encontré envuelto en un espacio donde todo se repetía monótonamente, sin que nada variara ni un ápice respecto a como había transcurrido la vez anterior. Encerrado en una maldi­ción mayor aún que la de esos seres fabulosos y repugnantes que se batían ante mi asombro, ya que a mí no se me concedía, como a ellos, la preterición y el olvido de las acciones.
Desde ese momento, viví la noche repetida hasta la locura.
Una noche de veneno negro, que me fumaba en la pipa de opio y que me bebía en la copa de absenta en la trastienda de El figón del Almirante, asistido por la complaciente María la China.
Pude verme a mí mismo entrando en El figón. Fumando la pipa de opio reclinado en el diván. Despertando asombrado ante el sonido de la flauta del niño de rostro raro. Observando boquia­bierto a los diablos enfrentados en su lucha feroz, donde nunca había vencedores ni vencidos. Donde solo había espacio para la barbarie y para el combate cruento. Donde nadie recordaba la razón de la batalla.
Y estando atrapado en ese paréntesis maldito, pensé que ya no volvería a la vida y que me quedaría para siempre encerrado en este ciclo onírico continuo. Preso para siempre en las profundas Tierras del Sueño.
Poco más puedo decir: mi nombre es Ezequiel Mengual, pero mi nombre ya poco importa.
Solo deseo salir de aquí.

[Fragmento eliminado]

«Al despertar en el hospital de campaña fui consciente de que me debatía entre la vida y la muerte. Sabía, de algún modo, que aquella explosión se había llevado una parte de mí.

Nada podía recordar del bombardeo. Nada más que el sonido de la sirena de alarma. Los gritos. La confusión que, de pronto, lo envolvió todo.

Sentía un gran dolor bajo mi abdomen. Pedí ayuda con un susurro, al que nadie hizo caso. Los médicos estaban muy ocupados haciendo una maniobra de resurrección a un chi­quillo albino que se encontraba en una camilla junto a la mía.

A los pocos minutos escuché el pitido continuo de la máquina a la que estaba conectado.Pensé que un niño nunca debería morir así.

Sentí, entonces, el frío de las manos de la enfermera cuando me inyectó la morfina en el brazo. Me sentí, de pronto, caer. O entrar en un túnel, oscuro, como la entrada a un sueño eterno de donde ya no se puede salir jamás».


José G. Cordonié, 
de La negra luz del círculo oscuro 
(Caligrama, 2019).



La negra luz del círculo oscuro es una colección de relatos englobados en el subgénero weird fiction, o ficción de lo extraño, en la que podemos encontrar historias que transcurren en un insólito cotidiano, dentro de una atmósfera donde es difícil de definir, en ocasiones, si nos hallamos frente a un hecho extraordinario o ante una creación inexplicable de nuestra mente.
Un hombre que descubre en el espejo que su cara no es su cara, un niño que contacta con el más allá a través de una caracola de mar, un vampiro que se enfrenta a la pérdida de memoria o un hombre que se encuentra con su doble exacto en una difícil y confusa situación son algunos de los temas que puedes encontrar en estos relatos, escritos con una alta dosis de creatividad y originalidad para transformar momentos de la vida de los personajes en situaciones que provocan asombro y extrañeza.