jueves, 8 de junio de 2023

ODA AL AMOR ETERNO por VIOLETA CASTAÑO RUIZ



nos quisimos mucho, muchísimo
y nos prometimos amor eterno
como quien piensa que tal fenómeno no existe
              , y se equivoca

nos quisimos como quien se encuentra aunque ya se conociera, y aún así recoloca el sentido de todo y lo que nunca tuvo sentido deja de importar para siempre

nos quisimos como quien se perdona por el pasado, se admira por el presente y no se cuestiona por el futuro. porque sabe que siempre habrá palabras para nombrarlo juntos

nos quisimos mucho, muchísimo. a veces en la euforia y otras tantas en la tristeza. nos quisimos entre poemas, libros, ediciones de madrugada tras jornadas de trabajo eternas; domingos de vermú, veranos de playa y recados compartidos en supermercados

nos quisimos mucho, muchísimo. sin llegar a pronunciar el juramento 'hasta que la muerte nos separe'
         , y no es cierto: porque nos prometimos amor eterno
como quien piensa que tal fenómeno no existe

y se equivoca.

Violeta Castaño Ruiz


miércoles, 7 de junio de 2023

MÁS ALLÁ DE LA MUERTE por ESTEBAN GUTIÉRREZ GÓMEZ



Mi hermano David tenía claro
que su motivo de vida era ser él mismo
y que los demás,
o le seguían
o tendrían que apartarse
de su camino.

Pisó los dedos de los pies a mucha gente
con su literatura de no ficción
y su escaso éxito
para lograr tragar mierdas
fuesen del tamaño que fuesen.
 
Sulfuró a algunos poetas
(ingleses o de Cuenca, da igual)
instaurados como líderes del underground
a los que despojó del disfraz de malote
para mostrar su pleitesía.
Inflamó las narices también,
a muchos otros intelectuales
que con una mano repudiaban
lo institucional
mientras con la otra recogían las migajas
que las organizaciones públicas
les echaban.
 
El efecto urticante era tan grande
que causó su aislamiento
y provocó la indiferencia mediática
de los poderosos popes que dirigen la industria de la sangre en el papel,
porque le temían.

Su familia, sus amigos y sus chicas
también supieron de ese poder irritante,
"estás conmigo o contra mí",
ahora sí ahora no,
es amor o interés,
"se trata de sobrevivir".
Sus colegas músicos de rock,
sus editores,
escritores del otro lado de la realidad social.
Muchos tripulantes que le admiraban,
sintieron el aguijón y
dejaron de caminar
junto a él.

Sí, David no se escondía
ni disimulaba su estado de ánimo
fuese el que fuese.
En esa deriva hacia la soledad del ser único,
provocó mucho escozor.
Como buen potro salvaje al que nunca lograron domesticar,
era capaz de lo bueno
y de lo peor.

Así que, cuando nuestra común amiga Marian
me envió una fotografía del lugar donde descansaban sus cenizas,
junto a la tapia de la derruida casa familiar
de San Andrés de los Tacones,
no puede más que sonreír
y susurrar "qué cabrón"
cuando vi que esas cenizas,
níveas y puras,
estaban ahora protegidas por
inmensas y desafiantes
matas
de ortigas.

Esteban Gutiérrez Gómez

https://www.facebook.com/esteban.gutierrezgomez

Foto por Demian Ortiz


martes, 6 de junio de 2023

SALVAJE MUJER DE LUTO, ESTA CASTILLA VIEJA por PABLO OTERO




Sobre la mesa media docena de nueces

el brasero luce rojo y negro

una botella guarda cuatro dedos de vino de Serrada.

Todo parece estar en orden.

El negro y blanco del retrato de la abuela Sofía preside
todopoderosa, la estancia.

El algodón acaricia las agujas metálicas
de un jersey, a medio hacer, para el invierno.

Habrá que alimentar la gloria mañana
están frías las losetas.

En la bilbaína un pollo a fuego lento
dorado en manteca y ajo

Muchas sombras escondidas tras el ámbar
en la noche triste:
un baúl repleto de bolsas de anís
un palomar donde dormir la siesta
gallinas por doquier
paja
y un caballo viejo, muy viejo
al fondo del corral
solitario.

El poyo de piedra, al lado de la puerta
conmemora las conversaciones de ayer.

Enfrente, la bodega
profunda y fría,
dentro
patatas, vino y cebollas.

Por encima el autobús de las ocho
de Peñafiel a Cuéllar.

Y el verano, árido, seco y amarillo
grita a los cuatro vientos la desidia.

Todo es verdad y mentira,
SALVAJE MUJER DE LUTO, ESTA CASTILLA VIEJA

Pablo Otero


lunes, 5 de junio de 2023

URÓBOROS



Paradoja de la mediocridad;
continuar escribiendo
ante la incapacidad
de hallar ese gran poema
con el que dejarlo.
Como quien recibe
una paliza en un bar
y avanza trastabillando
hasta encontrar
la salida con dignidad.

Javier Vayá Albert


viernes, 2 de junio de 2023

LA QUÍMICA DEL COLOR en LEÓN



El autor del libro de relatos ‘La química del color’, 
Pepe Pereza, que este sábado presenta la publicación en la librería Tula Varona de León

"El mono de actuar fue colmado por las ganas de escribir"

Pepe Pereza acude a la librería Tula Varona este sábado para presentar su último libro de relatos, ‘La química del color’, junto a Vicente Muñoz y Carlos Salcedo

Camino Díez Llamazares. La Nueva Crónica. | 02/06/2023

Natural de Guijuelo, «el pueblo de los jamones» tomó rumbo a tierras riojanas a la temprana edad de nueve años. Desde entonces reside allí, aunque con alguna que otra mudanza entre sus experiencias, ya fuera por razones académicas, de trabajo o por cuestiones de milicia.

A los dieciséis años, su relación con el mundo del teatro comenzó a ser estrecha. Una relación que se prolongó hasta más de la treintena mientras Pepe Pereza se subía a las tablas adoptando su papel como actor. Su pulsión literaria comenzó a florecer entre bastidores. «Cuando llegué a la mili, descubrí que, para evadirme de todo ese mundo que no me gustaba nada, el escribir me venía bien y aprovechaba los turnos de guardia para escribir alguna cosilla», recuerda. Antes de publicar algún libro, el autor ya había escrito la friolera de diez guiones de cine y, aunque reconoce que «no se vendió ninguno», fue un buen punto de partida para «crear una especie de estilo», del que dicen que es «bastante cinematográfico». Y no es de extrañar, pues tiene por cuna el mundo del cine y del teatro.

Pepe Pereza escribía, pero ya no ejercía de intérprete; sustituyó su trabajo sobre el escenario por el de técnico. Eso sí, nunca lejos del teatro: «El sueldo garantizado al final de mes me daba una seguridad que durante toda mi carrera como actor no había tenido y, estando en el teatro, ese mono de actuar fue colmado por las ganas de escribir». Sus publicaciones en Internet le abrieron la puerta literaria. Enseguida, una editorial se puso en contacto y el salmantino publicó su primer libro de relatos.

Y es que el autor encuentra en el género del relato breve un atractivo que no parece atisbar en otros. De sus cinco publicaciones, sólo una es novela. «El relato es muy preciso; tienes que ajustarte muy bien a todo y eso es lo que me gusta», confiesa: «Con la novela, sabes que vas a estar dos años de tu vida -o los que tú quieras echarle- siempre vinculado al mismo tema; el relato te permite ir cambiando». Aun así, a la hora de publicar un libro, Pereza rechaza la idea de que «sea un cajón de sastre donde quepa cualquier cosa y nada tenga que ver con nada». Todas sus publicaciones tienen un tema central definido, ya sea la necesidad del fumador por hacer honor a su título y fumar, el mundo de la prostitución, el clima frío o, como ocurre en su último libro, los colores.

Las temáticas que manchan las páginas del salmantino en forma de relato, igual que su atracción por el lenguaje preciso que deja a un lado las yermas florituras, son rasgos característicos del realismo sucio. Y dentro del mismo se cataloga el autor. «Uno de los escritores que más me puede haber influenciado es Bukowski», dice efusivo y no hay mayor referente en esta corriente literaria que aquel alemán. Un poeta maldito asolado por el alcoholismo, la pobreza y la misantropía más acentuadas. «Lo descubrí con catorce años y me voló la cabeza», añade Pereza: «A partir de ahí, casi todos los autores que me han gustado vienen de ese mundo». No se olvida de hacer mención de John Fante, Hemingway, Raymond Carver ni del ‘Miedo y asco en Las Vegas’ de Hunter S. Thompson. «Es el estilo que me gusta y es el estilo que sigo», sentencia. También es el que cultiva.

Es consabido que leer obras de Bukowski como ‘Cartero’ genera en muchos casos una fuerte sensación de incomodidad. En esa sintonía, la obra del salmantino, ‘La química del color’, se define como áspera, cruda y tierna al mismo tiempo. «Mi madre tiene ochenta y nueve años», cuenta: «Se está leyendo el libro y, cuando llego a comer a su casa, me pregunta que por qué escribo esto, que por qué no escribo algo bonito, y a sus amigas hay ciertos temas que les escandalizan». Tampoco es que Pereza pretenda describir solamente lo escabroso de su derredor. El autor, como todo escritor, se limita a pulir la realidad con su belleza y su horror. «Yo no escribo relatos para escandalizar y, de hecho, intento que los personajes, por muy crudos que sean, siempre tengan ese pelín de ternura», afirma.

La escritora Ángeles Caso afirmaba en el pregón de la Feria del Libro leonesa de este año que había que recuperar la literatura que no busca complacer. Esos textos que incomodan al lector cuando se enfrenta a sus historias. El salmantino tiene claro que «ahora el cine, la literatura, la televisión y casi todo tiende a impactar más que a describir historias humanas». Y es cierto que el ser humano convive constantemente con un arma de doble filo. Con todo lo bonito que conlleva la existencia y también con todo lo feo. Con la luz y con la oscuridad. Con el nacimiento y con la muerte. «¿Qué quieres que te diga?», suelta el escritor: «Dame a los Coen más que a cualquier película de Marvel».

Del realismo sucio de Bukowski al nuevo libro de Pepe Pereza, que pone sobre el papel una «paleta de color genuinamente humana». Verde, rojo, plateado, morado, gris, blanco, azul y amarillo titulan los cuentos de ‘La química del color’. La memoria de su autor, que recuerda leyendas que le contaban los mayores de su pueblo natal, como aquellos «bastardos que se colaban en las casas de las recién paridas para beberse la leche de sus senos», es el caldo de cultivo para esta publicación. «El amarillo, que se supone que es un color alegre, en ciertos sitios está vinculado con la cobardía», continúa: «En el mundillo del teatro, es un color maldito por dos motivos; uno de ellos es porque Molière, representando el ‘Tartufo’, murió en escena y dio la casualidad de que iba vestido de amarillo; el segundo motivo, el que realmente importa, es que el amarillo es muy difícil de iluminar y tanto los técnicos de iluminación como las diseñadoras de vestuario tratan de evitarlo en escena».

Así construye Pepe Pereza su último libro de relatos, con tintes de ternura, de crudeza y con evidencias de su precisión. No lo construye solo; el artista logroñés Valle Camacho acompaña sus palabras de coloridas ilustraciones. Colores y palabras que desentrañan y describen la naturaleza humana con sus bondades y sus maldades. Y su alegría y su terror. Sólo queda leer el libro para descubrirlas y descubrirse, igual que aquel quinceañero que se adentró en la literatura de Bukowski y en el realismo sucio y ya no pudo salir nunca.

También queda la presentación de este sábado en la librería Tula Varona a las 19:30. Cita en la que el autor contará con la compañía de su amigo y escritor, Carlos Salcedo Odklas, y del que considera su mentor, Vicente Muñoz Álvarez. «Lo de las presentaciones, las entrevistas y demás no se me suele dar muy bien, me pongo muy nervioso», declara el autor: «Pero León es una ciudad especial». La amistad con sus acompañantes, igual que con el escritor Gabriel Oca Fidalgo, le traen hasta la capital provincial como guiado por el viento de la literatura. «Cuando la editora me dijo alguna ciudad para hacer la presentación, le dije que si había que hacerla tenía que ser en León», zanja el de Guijuelo.



jueves, 1 de junio de 2023

LA CASA ILUMINADA: Carmen Nuevo Fernández.




DIME AL MENOS QUIÉN FUISTE

Y si nada sucediese al extinguirse el azul,
el inusual y leve azul de los cielos
tan extrañamente despejados.
Y si la luz del estanque temblase moribunda,
una vez más al anochecer
como el más certero abrazo
de los designios líquidos.

Y si el rumor de los vientos nocturnos
apaciguase la ira de los frutos agazapados
y salvajes.
Y si la luz de las lámparas no hubiese sido tan solo
un padre discurriendo sucesivo como un código,
un rastro en una pizarra o una demolición.

Dime al menos, ocaso azabache, quién fuiste
para saber apenas quién soy.


LA MORADA VACÍA

Duele mirar con ojos de espino la morada vacía al amparo 
de la hiedra.
Recorrer las estancias con el duelo de los ángulos cortados,
intuir aún tu presencia como un mediodía de geranios luminosos
que esperan la humedad en tus manos.
Abrir los armarios buscando tu orden como un tesoro,
a pesar del rumor extinguido de la sombra y
del convencimiento de que ya nunca regresarás.
Hasta los espejos vacíos a los que me asomo
en la penumbra se interrogan por esos deseos
incapaces de devorar las distancias.
Inútil buscar tu voz de oro en el fondo de los baúles
y ahogar el grito que me quema como una llama,
porque a esta hora
las maderas crujen y sangran
como el más fatídico de todos los ponientes.


LA CASA ILUMINADA

Y si te perdieses
continúa con paso firme a través de la noche
hasta hallar
             la casa iluminada.
Juro que desde algún lugar
mi sombra se volverá rastro,
mi alma,
          piedras muy verdes.


Carmen Nuevo Fernández, de La casa iluminada (Los libros del Mississippi, 2021).


miércoles, 31 de mayo de 2023

LA QUÍMICA DEL COLOR en LEÓN



Ocho colores, ocho relatos. Pepe Pereza muestra una paleta de color genuinamente humana: cruda, áspera y, a la vez, tremendamente tierna. El estilo de Pereza, de un visual impresionante, nos sumerge en las vidas de personajes perdidos que vagan por no lugares (el bosque, la pensión o el hospital) hacia no saben muy bien dónde: ¿la felicidad, el amor, la libertad o la venganza?

Lo que sí sabemos es que Pepe Pereza es uno de los mejores narradores vivos en español, y desde Aloha celebramos tenerlo en nuestro catálogo presentando La química del color en una preciosa edición en tapa dura con ilustraciones de Valle Camacho.

Pepe Pereza es autor de los libros de relatos Relatos del humo (y hachís) (Origami, 2012), Esquinas (Lupercalia, 2013), Se ruega silencio (Lupercalia, 2015) y A pesar del frío (Canalla, 2019).

Su obra ha aparecido en multitud de antologías, revistas y fanzines como: Beatitud. Visiones de la Beat Generation (Ediciones Baladí), Narrando Contracorriente (Ediciones Escalera), en el Especial erótico de Al otro lado del espejo (La vida rima), Black Pulp Box (Aristas Martinez), Pervertidos (Ediciones Traspiés), Aquel agosto de nuestras vidas (4 de agosto), Música de ventanas rotas (Dalya), y en las publicaciones de Vinalia Trippers Plan 9 del Espacio Exterior, Helter Skelter, Duelo al sol y Trippers from the crypt.


martes, 30 de mayo de 2023

UN TIEMPO DE PAZ por TOMÁS SOLER BORJA




Casi cada noche
a la luz de la lucerna que alumbra
su memoria
le cuenta al oído las viejas historias
batallas de un tiempo de paz
la caballería de los húsares alados
por las praderas oscuras del temporal
el lomo de los montes nevados
que resoplan como ballenas jorobadas
en su regreso de Shangri-La
la filarmónica de los pingüinos de ultramar
en la santa compaña del penúltimo faro
todas esas maneras tan suyas
de seguir llenando de mar
la vieja caracola del aparador
hasta que esta canta en la niebla
guiando por fin al sueño
a puerto seguro

Tomás Soler Borja

ari Carmen Ruiz Guerrero, José Luis Martínez Clares y 12 personas m

lunes, 29 de mayo de 2023

LA QUÍMICA DEL COLOR por PEPE PEREZA




Al entrar por la puerta Roberto encuentra a su padre apuntándole con una escopeta.

-Hijo, siento que tengas que ver esto -dice volviendo el cañón hacia él y metiéndoselo en la boca.

Seguidamente aprieta el gatillo. Con la detonación, parte del techo y de la pared quedan salpicadas de rojo. Parecido a fuegos artificiales. El padre se desploma sin la parte de atrás de la cabeza. Ocurre tan rápido que Roberto apenas puede asimilar lo ocurrido. Avanza hasta la cocina en estado de shock. Antes de entrar ve a su madre agonizando en el suelo en medio de un charco de sangre. La fuente es un corte profundo que va de un lado a otro de la garganta. En ese momento Roberto se despierta sobresaltado. El vagón en el que viaja huele a sudor. Unos goterones rojos le caen sobre los muslos y se da cuenta de que está sangrando por la nariz. Por alguna razón cuando se altera es propenso a que le sangre la nariz. Inclina la cabeza hacia atrás y se limpia con un pañuelo. El pasajero que tiene al lado le mira como quién mira a un pájaro muerto. Roberto se gira hacia la ventanilla para evitar el gesto del tipo. La campiña pasa ante sus ojos a toda velocidad.

El tren se detiene delante de una pequeña estación. Roberto sabe que tiene que bajarse en una aldea llamada Peñas de Cameros, pero en el letrero pone Penas de Cameros. Desde que vio morir a sus padres, Roberto se ha negado a hablar. Ahora, cuando tiene que comunicarse con alguien, lo hace escribiendo en la libreta. Se acerca al revisor y le enseña una página donde ha escrito: ¿Cómo se llama este pueblo?

-Peñas de Cameros –dice el revisor indicando con el dedo hacia el letrero.

Roberto escribe: Ahí pone “Penas” y no “Peñas”. El revisor le saca de dudas y le aclara que, con el tiempo, el rabito de la ñ se ha ido borrando, de ahí la confusión. Confirmado el destino, Roberto se apea del vagón cargando con una maleta. Poco después, el tren continúa su ruta. Él permanece en el andén mientras espera a que alguien se acerque a darle la bienvenida. Se suponía que sus tíos iban a venir a recogerle. Unos completos desconocidos a los que no ha visto en su vida. Transcurren los minutos y no acude nadie. Harto de estar de plantón, decide ponerse en movimiento. La aldea es pequeña e imagina que no le costará demasiado dar con sus familiares. Roberto se adentra en las estrechas callejuelas observando los rostros de la gente. Todos con los que se cruza tienen apariencia triste o amargada. No ve a nadie con una sonrisa en la boca. Piensa que esa gente debería olvidarse definitivamente del rabito de la ñ, Penas de Cameros se ajusta perfectamente al ánimo de sus habitantes. Ve a una anciana que está a la puerta de su casa. Se acerca a ella y le enseña un papel donde está apuntado el nombre de sus tíos. Al verlo, la mujer se persigna y se encierra en la vivienda dando un portazo. Roberto no entiende por qué ha reaccionado así. Quiere creer que, de entre toda la gente que vive en la aldea, ha ido a dar con la más zumbada. Lo intenta con un hombre que pasa junto a él.

-Chaval, olvídate de esos malnacidos –es la respuesta que recibe.

Poco después, se cruza con una mujer que lleva un cántaro en la cabeza y le enseña el mismo papel.

-¿Por qué quieres ver a esa chusma? –pregunta la desconocida.

Roberto se encoje de hombros. La mujer hace un gesto despectivo y sigue su camino. ¿Qué clase de personas son sus tíos para que todo el mundo los desprecie? A Roberto le preocupa, y mucho, entre otras cosas, porque ha venido para quedarse a vivir con ellos. En la puerta de la iglesia, ve a un cura. Se acerca y le enseña el papel.

-¿Son tus familiares? –pregunta el cura.

Roberto asiente con la cabeza y escribe: Son mis tíos y he venido a quedarme con ellos.

-Pero, tus tíos hace años que no viven aquí. Hubo problemas con algunos vecinos y tuvieron que irse.

Roberto escribe: ¿Dónde?

-Al bosque. Allí tienen una pequeña granja.

Roberto escribe: ¿Cómo puedo llegar hasta allí?

-Pues, verás, tienes que salir del pueblo por esa dirección, bajar la colina hasta el arroyo y seguir su curso por el bosque, luego tienes que andar unos pocos kilómetros, sin dejar nunca la orilla, hasta que llegues a un claro. Allí verás la granja.

Roberto tiene una pregunta más: ¿Qué pasó para que mis tíos tuvieran que irse?

-Bueno, ya sabes que tu primo Simón es una persona… especial.

Roberto no sabía que tuviera un primo. De hecho, es la primera vez que oye hablar de él.

-El caso es que secuestró a una niña de tres años y estuvieron desaparecidos unos días, hasta que finalmente alguien los encontró. Gracias a Dios, tanto la niña como tu primo, estaban bien. Pero, a raíz del incidente, los vecinos presionaron a las autoridades para recluir a Simón en una institución mental. Para que eso no sucediera, tus tíos vendieron la propiedad que tenían aquí y compraron la parcela en el bosque.

De modo que ahora va a tener que vivir en el bosque, con unos tíos que no conoce de nada y un primo problemático. A Roberto no le atrae nada la perspectiva de futuro.

-Si vas a ir hasta allí, será mejor que te pongas en camino. Quedan pocas horas para que el sol se oculte y no conviene andar por esos parajes una vez que ha anochecido –recomienda el cura.

Roberto se despide del párroco y echa a andar cargando con la maleta.

Al salir del pueblo, una brisa gélida recorre los campos. Pronto llegará el invierno y las temperaturas han bajado considerablemente en los últimos días. Roberto se sube la cremallera de la parka y sigue caminando. Poco después, alcanza la cima de una pequeña colina desde donde se puede ver el sendero serpenteando junto al arroyo. Antes de seguir, se detiene unos segundos a contemplar el paisaje. A lo lejos se levanta una cordillera cuyos picos más altos están cubiertos de nieve. A los pies de esas montañas, el bosque se extiende hasta alcanzar el arroyo, del que fluye una neblina que se va esparciendo por el resto de la zona. Roberto desciende la colina. Una vez llega al sendero que discurre junto al arroyo, lo sigue hasta alcanzar las lindes del bosque. La neblina entre los árboles y los sonidos que salen del interior no invitan a adentrarse. Roberto tiene miedo y una voz en su interior le dice que regrese. ¿Regresar? ¿Adónde? Sus tíos son la única alternativa que le queda, no tiene a nadie más. Elige un palo con el tamaño y la consistencia necesaria para, si se diese el caso, poder defenderse. Entra en la arboleda y avanza temeroso. A cada paso, la vegetación va devorando parte del sendero, hasta el punto de reducirlo a una delgada línea apenas transitable. Le duelen los brazos de cargar con la maleta y cualquier sonido le pone el vello de punta. Él es un chico de ciudad y está fuera de su ambiente.

Andados unos kilómetros, la vegetación se abre a una zona despejada. En medio del claro está la propiedad de sus tíos, tal y como había dicho el cura. Ahí está la casa con la chimenea echando humo, también los corrales. Un poco más allá, el establo, el gallinero y el invernadero. Ese será su hogar de ahora en adelante. Roberto rodea la valla de madera que circunda la granja y entra. Llama a la puerta de la vivienda, pero no recibe contestación. Escucha voces que vienen de detrás de la casa. Deja la maleta en el porche y se dirige hacia el lugar del que provienen las voces, es decir, a la cuadra. Al asomarse, ve a una mujer que es el vivo retrato de su madre. Su tía Clara. La mujer tiene el brazo metido, hasta más arriba del codo, en el culo de una vaca. La acompaña un mozo corpulento que tiene los ojos demasiado juntos y los dientes demasiado separados. Su primo Simón.

-Ya viene –dice Clara.

Simón contesta con gruñidos y frases ilegibles. Parece nervioso; con una mano se rasca un muslo y con la palma de la otra se golpea la frente. Es evidente que sufre algún tipo de retraso. Roberto permanece en el umbral de la puerta sin atreverse a intervenir. De repente, el ternero es escupido del culo de la vaca junto con una sopa de fluidos. Cae al suelo y permanece inmóvil. Roberto queda impactado por la escena. En su vida, ha asistido a un asesinato y a un suicidio, nunca a un nacimiento. Clara se apresura a apartar la placenta, luego coge un puñado de paja y frota el cuerpo del ternero con él. El recién nacido no reacciona, Clara intenta que coja aire abriéndole la boca y presionando su pecho. Por desgracia, el animal ha nacido muerto y todo esfuerzo por traerlo a la vida es inútil. En ese momento, Clara levanta la cabeza y ve a su sobrino.

Pepe Pereza, 
extracto de La química del color 
(Aloha Ediciones, 2023)


sábado, 27 de mayo de 2023

POESÍA PARA LA GRAN FERIA DE LAS VANIDADES LIBRESCA por ENRIQUE VILLAGRASA



La crítica literaria de poesía en este país es acrítica y promocional. No existe. De ahí que a más ventas menos poesía. La tropa poética, poetas y críticos, son cada vez más anémicos cerebrales y más hemorrágicos verbales. Y esto lo sufrimos las personas lectoras. No lo podemos consentir. Por esto y por mucho más es necesario y urgente un planteamiento crítico del lenguaje poético y un planteamiento critico de la realidad nombrada. Y en esta Feria del Libro de Madrid, podemos encontrar de todo y más desde las pantallas promocionales de los grandes medios y de las grandes editoriales. Que son cuatro en este país. Y solo publican aquello que es rentable y que hay que vigilar, que igual algún día publican algo que vale la pena leer. Y aquí está la Feria del libro de Madrid, del 26 de mayo al 11 de junio. Vanidad de vanidades y todo vanidad, que decían y dicen los que siempre quieren ir bajo palio.

Pero de lo que estoy seguro es de que esta propuesta de lectura de poesía para encontrar en la feria buena poesía y que hoy hacemos en Librújula puede ser muy interesante para las personas lectoras o nuevas lectoras de poesía y para los que se animen a leer. Pero no dejen de pasear y pasear y buscar en las paradas nuevas voces y nuevos libros, también entre las (re)conocidas voces, que no todo es malo. Lo hay peor. Y uno de los libros que me ha llamado la atención para bien es este desván de la memoria, como es la buena poesía: memoria y lenguaje, es Nadar en seco (Isla Negra y Crátera) de José Luis Morante (El Bohodón, Avila, 1956), con prólogo de José Antonio Olmedo. Las personas lectoras encontrarán en este libro poesía sencilla y elegante: “Con signos de vida/ la memoria concreta los átomos dispersos del poema,/ es un germen de luz/ que ilumina la noche, en paz consigo”. Y otro de los libros extraordinarios que podemos encontrar es el del poeta Manuel López Azorín (Moratalla, Murcia, 1946), quien publica Baluartes y violines (Lastura), con prólogo de Félix Maraña. Si hay alguna poesía que puede curar el alma es esta, sin lugar a dudas: “Agua de luz, palabras, alimento”. Lo domina todo, el lenguaje, la rima, la cadencia del verso, el soneto, sin ir más lejos y ahí es nada: “Es invierno y andamos desmayados,/ pero ellos saben bien que está en su suelo/ la certeza del tiempo revivido”. Lope de Vega le tendría envidia sana.

También pueden encontrar en la feria tres poemarios de la editorial aragonesa Olifante, cuya singladura dirige la poeta y editora Trinidad Ruiz Marcellán como Aparición y otras despariciones (Olifante), de Ángel Guinda (Zaragoza, 1948–Madrid, 2022); o como La acción es el frío (Olifante) de Alfredo Saldaña (Toledo, 1962) y Rupestre (Olifante) de Celia Carrasco Gil (Tudela, 2000), que si bien este cuenta con prólogo de Alfredo Saldaña y texto de solapa de María Ángeles Pérez López, el de Alfredo Saldaña lleva prólogo de Celia Carrasco Gil. Creo que la poesía de estos poetas es don, encuentro, hallazgo, azar y necesidad: pensamiento rebelde y audaz, certero. En esta poesía, de estos tres grandes poetas aragoneses, que posiblemente sean los mejores hoy por hoy, hay preocupación e interés por explorar y horadar el lenguaje y las posibilidades de la palabra; a la vez que muestran la incapacidad de la misma palabra para expresar algunas cosas y sentimientos. Hay una sana y justa y necesaria preocupación por el lenguaje a partir de la idea de que el mundo es lo que los poetas dicen que es. Pero el mundo puede también ser otro, si es otro el lenguaje que utilizamos para nombrarlo. Y para cada persona lectora será un mundo distinto: esa realidad real: “Todo está claro:/ nosotros somos lo oscuro” (AG); “Ahí,/ aunque no estalle nada” (AS); y “en donde abreva al verbo su materia” (CC).

Otro de los poemarios más recomendables es La poesía es un arma que carga el Diablo (Literaturas Com Libros/Erres Proyectos Digitales) del reconocido poeta Vicente Muñoz Álvarez (León, 1966), con prólogo de otro de los grandes poetas aragoneses de la actualidad, Ignacio Escuín Borao y epílogo del admirado poeta Gsús Bonilla. Quienes, tanto uno como otro, apuestan por esta poesía descarnada, confesional de Muñoz Álvarez. Pienso que la poesía, entre otras cosas, es un lenguaje que tiene que velar por lo desaparecido. O sea, debe cumplir, entre otras funciones, esa, la de ser testigo de lo que ya no está. Y más en esta época, en la que hay muchos intereses. En los versos de este poemario hay también perplejidad e indignación. A la vez que desasosiego e incertidumbre. Poemas Como hojas ardiendo o A sangre y hielo y Los olvidados dan cuenta de esto, entre otros, claro: “cuál es el camino”.

También, otro de los poemarios sorprendente del momento es Lo que dicen las piedras (Páramo) del poeta Joan de la Vega (Santa Coloma de Gramenet, 1975), con bellas ilustraciones de Cuca Muro e inteligente y pedagógico prólogo de Teresa Garbí. En estos atractivos y sugerentes poemillas, tankas o haikús japoneses, hay belleza y profundidad. Versos precisos y elegantes y hablan de temas de la existencia, vida y naturaleza, con una sensibilidad única, donde plasma emociones de manera sencilla y directa: “bajo los pinos/ desfilan las falanges// de un invierno cálido”. También los poemas recogidos bajo el título de Weblog del tiempo (Corona del Sur), de la poeta Paloma Fernández Gomá (Madrid-Algeciras, década de los 50): “Hay ángeles que reposan en las yemas de los árboles/ y trasladan el óleo de la tarde hasta las orillas”, con certero prólogo del también poeta Albert Torés; quien presenta su desafiante Escala de Ensueño (Cabaret Voltaire, La Habana): “Yo sé que oiré su voz, que sus palabras/ volarán sin ruido y volverán,/ pues las olas han vuelto a mi memoria,/ sus pechos dulces, frágiles, calientes”. Y la poesía escogida de Rumí, Pequeño Gran Rumí (Cántico), en edición y traducción de José M. Carte, quien nos introduce y hace pedagogía en su sencillo e interesante prólogo explicativo. Mística sufista que busca la realización espiritual de la persona. Sin ir más lejos: “Fuiste para el mundo como dulce lluvia/ caída de la bóveda del cielo”. También en esta editorial Cántico, aparece la antología de la poeta Juana Castro (Villanueva de Córdoba, 1945), En el brocal del tiempo, en edición de la también poeta Concha García, quien se ha ocupado para Cántico de la edición de los tres últimos libros de la poeta Selva Casal (Montevideo, 1927-Solymar, 2020), bajo el título de Abro la puerta de un jardín de plata y otros poemas: “y dejamos el pan arder sobre una mesa”.

Además, están también el poemario Lo que uno quiere lo que el otro quiere (Universidad de Jaén) de Javier Vázquez Losada (Orense, 1967); Ökologie de Miguel Ángel Curiel (Korbach Valdeck, Alemania, 1966), El calor oculto de las cosas rotas de Jon Andión (Madrid, 1984) y Kabul (Crónica de un silencio) de José Manuel Lucía Megías (Ibiza), los tres poemarios editados en Huerga y Fierro, y por su parte JM Lucía Megías edita con Verbum El fin es solo un accidente, XLI Premio Internacional de Poesía ‘Juan Alcaide’; otro es Historia de la lluvia (Chamán) de la poeta Esther Peñas (Madrid, 1975); y el poeta Luis Ramos de la Torre (Zamora, 1956) publica dos libros: La serena estrategia de la luz (Lastura), con prólogo de Fermín Herrero y pinturas de José María Mezquita Gullón y Mientras pueda decir (Baile del Sol). También Encarna Lara (Cuevas de San Marcos, Málaga) publica Viento lejano (Gráficas Belda).Y de Ursula K. Le Guin (Nordica), aparece su poesía en edición bilingüe, por primera vez en castellano, bajo el título de En busca de mi elegía. Poesía 1960-2010, en traducción de Andrés Catalán, y no seré yo quien le quite la razón a Margaret Atwood cuando dice sobre Ursula que “su voz cuerda, comprometida, molesta humorística, sabia y siempre inteligente es muy necesaria ahora”. Creo que es una poesía justa y necesaria de obligada lectura: “Siempre el verso milagroso intuido a medias/ temblaba en el límite de la existencia”.

Esta es mi propuesta poética para esta feria, hay más no lo duden. Sé que el tipo de poesía que les propongo no es la tendencia del mercado, porque desde hace unas décadas hay una apuesta clara por una especie de realismo arrabalero diríase, que ha acabado convirtiéndose en algunos casos en un simple acto de inteligencia artificial, carecen de la natural, que ha respondido y responde a prejuicios más que consabidos, de falta de lecturas y de ganas de continuar bajo palio. Pero estos poetas y sus libros, los que aquí les he citado, son una oportunidad de ver el mundo de otra manera. Son poetas que contemplan y representan de otra forma, fuera del canon, desde el margen. ¡Pero benditos sean, pues nos abren los ojos!

Enrique Villagrasa, 
en Librújula


viernes, 26 de mayo de 2023

EL MUNDO FLORECE PARA SER ESCRITO: Preámbulo por Cristina Morano.



A veces, al poeta le cambia la voz. Sucede que hay textos, cosas que nacen entre los dedos, vivencias nuevas, ideas que al escribirse nos alteran la perspectiva, nos borran los adjetivos, nos desplazan las costumbres hacia el campo de lo no sabido.

(Nota 1: Conozco el caso de Joaquín Piqueras, poeta cartagenero del rockandroll y del realismo crítico, que escribe haikus con delicadeza. También Gsús Bonilla puede tener una voz de poeta bronco, que denuncia al mundo, pero cuando habla de lo vegetal muta en un autor tangente al arcano oriental.)

A veces el Tema es tan poderoso que el autor necesita escribirlo con otro tono y hasta otro vocabulario, distintos de su estilo habitual: una enredadera le ha trepado a los ojos. Un tallo de salvia, un romero florecido le dicen: "Mira eso", y "No somos como nos pintaron". Porque la botánica empezó como exposición de acuarelas, porque lo vegetal ha sido estudiado ya muerto: prensado en las páginas de un libro expuesto en un Museo, medido entre los dedos del naturalista, una vez ya arrancado. Los científicos han dicho: las plantas no sienten. Y argumentaban para ello una raíz lavada, unas corolas disecadas. Lo vegetal ha tenido que mutar al virus y al veneno para llamar la atención del poeta clásico. Por último, encasillaron al jardinero como amante surgido de lo bruto natural para casadas ociosas.

¡Cuánto hay que derruir! Cuánto mitos estúpidos seguimos calentando en nuestra poesía, como si fuéramos viejitas metódicas en el error, perezosos escribientes de costumbres inamovibles: para la belleza usar el brezo y el amanecer, para la denuncia usar el asfalto y el sindicato. Órdenes, órdenes, ¡indicaciones para el autor moderno!

Se diría que mezclar la denuncia y un tallo de hierba no está al alcance del poeta. Que toda crítica al Sistema o a nosotras mismas debe hacerse desde la perspectiva urbana, desde el residuo o desde el apartamento de clase media.

¿Es inocente la Botánica? ¿Alberga solo información? ¿No es una ciencia como las demás, sujeta al contexto de los regímenes Antiguos, donde había una jerarquía –y así han sido también jerarquizadas las especies–?

Acaso torturamos a la hierba para que produzca solo césped, o a los árboles para que crezcan sin raíces hondas. Este enunciado no es una pregunta.

Podría el lirio dejar de simbolizar la monarquía. Podría la Primavera dejar de simbolizar renacimiento para significar la ansiedad social de la competición capitalista ("invitándonos/ a salir/ de las cavernas/ para devorarnos"). Estos enunciados no son una pregunta.

Es cierta la anécdota según la cual una noche soñé con Gsús Bonilla y oí: "El mundo florece para ser escrito". Gsús ha usado este don –fruto de qué, no lo sé–, como título de este libro. He estado pensando en ello, a raíz de releer estos textos para componer un pequeño pórtico a la voz del autor. Quizás lo correcto sea "el mundo florece para ser re-escrito", es decir: para que el poeta abata los significados caducos, pode los símbolos ajados, y re-signe flores u hojas con las nuevas verdades que nos vamos descubriendo.

Establecemos que algunas de estas verdades descubiertas son:
Un roble, antiguo árbol de dinastías reales, es un silencio.
La rosa silvestre, ideal de belleza, es una revuelta contra el tiempo.
El cardo, que se bordaba en los mantos de las Vírgenes como símbolo de castidad, es un alimento delicioso.
La datura, antaño flor de alucinógenos, es adorno pequeñoburgués de vallas municipales.

Pero el libro de Gsús Bonilla no solo contiene una re-escritura del mundo, con su correspondiente crítica de lo que es "tan bello como injusto", sino que contiene dibujos, contiene sus diarios, contiene reflexiones ordenadas según las estaciones, contiene otros Cuadernos.

El libro tiene una estructura visible, se divide y se ordena en leves capítulos precedidos por una planta, a la que sigue una prosa explicativa que a veces solo describe la especie, pero a veces también linda con la poesía y establece metáforas, cuenta vivencias, declara nuevos significados de flores o tallos. A esa prosa la sigue un poema que versa sobre lo antedicho, y en algunas ocasiones, a este poema vertebral le acompaña otro poema que forma parte de otro Cuaderno, de un otro reflexionar.

Podríamos leerlo como un manual de manejo de vegetales o de maquinaria, estudiarlo hasta aprender de memoria las nuevas metáforas, abandonar ya los viejos significados, hacer poesía con esta textura del planeta vivo que no es como nos contaron.

(Nota 2: ¿Podrá ser esta nueva Enciclopaedia Vegetalis de Bonilla el manual informado de la era pandémica? ¿Están aquí las razones de la perturbación del virus que nos tumba? Si el reino animal es una granja intensiva y el reino vegetal es un laboratorio, el humano será el robótico limpiador de establos, el brutal domador de fieras que van –y en el fondo, lo sabemos– a devorarle. Este enunciado no es una pregunta.)

"He visto cómo el agua/ es impredecible/ coge atajos/ se desborda/ he visto cómo el agua/ se acomoda y se estanca/ he visto cómo el agua se recoge/ he visto cómo el agua se conduce/ he visto cómo el agua se evapora".

Voy a revisar mis libros: quiero llenarlos de hojas caídas, de florecillas tardías del otoño. Que no estén tan limpios en sus estanterías, que no tiendan a lo muerto, que no sean puros guardianes de la nada. Habrá semillas entre sus páginas. Cuando yo no esté, que esa celulosa, ya podrida, sea un lecho donde se abran y prosperen.

(Nota 3: un arqueólogo halló semillas de trigo fósiles en una tumba egipcia de 3.000 años de antigüedad. Plantó algunas en una macetita de su casa y germinaron. El arqueólogo se pregunta: "¿Qué es la muerte?".)

Cristina Morano,
Preámbulo a El mundo florece para ser escrito,
de Gsús Bonilla
(La Oveja Roja, 2023)


miércoles, 24 de mayo de 2023

ENTREVISTA A NURIA VIUDA EN EL ILC



- Vicente Muñoz: Lo primero que me ha venido a la cabeza al comenzar a leer tu Crónica de los días que pasan es la figura del flâneur, que en castellano podría traducirse como paseante o callejero, y que tanto ha cultivado la literatura francesa, entendido el término como un vagar y dejarse llevar sin rumbo en la ciudad, observando atentamente el entorno y la gente, y absorbiendo todo lo que bulle alrededor, para poder luego escribir sobre ello. ¿Te identificas con esa literatura y término?

- Nuria Viuda: Sí. Totalmente, porque soy una observadora del exterior sin poder evitarlo, y como ves necesité escribir sobre ello. Las crónicas nacieron así, aunque conscientemente no pensé en los flâneurs.

- De alguna manera, el libro es un mosaico y retrato psicológico de nuestra ciudad, León, al igual que la película que estamos proyectando, Un hombre que duerme, lo es de París. ¿Qué es lo que has pretendido hacer? ¿Un retrato humano, geográfico, sentimental?

- Un retrato casi fotográfico de lo que se ve en las calles, del pulso de la vida en la ciudad, campo o costa. Como has leído en las crónicas, hay diversidad de espacios. Espacios siempre reales a los que yo me trasladaba en tiempo real y continuaba escribiendo. En realidad es un diario de la vida cotidiana y lo que la contiene.

- A mí, al leerlo, me ha parecido que lo que básicamente has querido es captar el espíritu de la ciudad en abstracto, no de la nuestra en concreto, sino de todas las ciudades del mundo, con una vocación universal, nada localista. De hecho, los verdaderos protagonistas del libro son la ciudad y sus gentes, y sobre todo la climatología, cómo el tiempo y las estaciones influyen sobre la psicología de los ciudadanos y el paisaje urbano

- Sí. Lo que ocurre en una ciudad es extrapolable a todas las ciudades. Aunque su paisaje y cultura sean diferentes en lo fundamental, en los ires y venires de sus gentes y en sus grandezas y miserias, siempre es lo mismo. Italo Calvino recreó una fantasía maravillosa en Las ciudades invisibles. Un libro bellísimo que me ha marcado mucho, aunque no tiene nada que ver.

- En ese sentido, y esta es una de las peculiaridades que lo caracteriza y hace muy especial, es un libro muy sensitivo, lleno de colores, olores, texturas, sonidos y visiones, que componen un maravilloso mosaico urbano. Un libro, diría yo, para los cinco sentidos. ¿Estás de acuerdo?

- Sí, esa sinestesia flota en el libro al compás del cambio de las estaciones, de los frutos y flores que nos regalan y el tiempo atmosférico. También constituye un elemento lírico y es una característica de muchos diarios comenzar con un apunte sobre el tiempo atmosférico del día. Yo escribí muchos diarios en mi adolescencia, digamos que junto con el epistolar es un género que me ha marcado.

- He tenido también la sensación al leerlo de que no te ha importado demasiado el dato específico, ni personal, ni geográfico, ni monumental, ni cronológico, ni histórico, ni político, sino captar, como una especie de receptor o cámara oculta, el alma de la ciudad, de cualquier ciudad, y los cambios que va experimentando con el paso de las estaciones.

- Sí, pero si te fijas siempre existe una crítica muy solapada en algunos de los textos. A la sociedad de la indiferencia y del consumo, etc. Hablo mucho de mendigos porque he visto demasiados tirados en nuestras calles.

- Desde mi punto de vista, tu libro es prosa poética pura, uno de los géneros literarios más complicados, en cuanto que el autor debe manejar a la perfección, para que funcione, tanto la poesía como la prosa. El propio título, Crónica de los días que pasan, es ya de por sí muy poético, con un tono melancólico y crepuscular. ¿Te has sentido más poeta o prosista al escribirlo?

- La verdad es que yo quise y quiero ser prosista, pero no puedo evitar el tono poético porque me parece que le confiere más belleza al texto. No concibo una novela sin cierto lirismo. Se queda sin alma y para mí la literatura ha de contener alma, de lo contrario los textos son fríos y periodísticos, y entonces estamos hablando de redactar bien, no de literatura.

- Y luego está el asunto de en qué género literario encuadrarlo, porque a mí me parece un híbrido de todos, a caballo entre la poesía y la prosa, como decíamos, pero también el diario, la crónica, el ensayo, etc. Y ahí reside parte de su encanto. Tú lo llamas diario, y lo es, básicamente por su estructura, mediante entradas fechadas en el calendario, pero en cualquier caso es un diario atípico, porque en él no se habla apenas de ti, de tu vida y circunstancias, ni de casi nadie en concreto, no hay tampoco nombres propios ni lugares específicos de la ciudad, ni siquiera, apenas, datos históricos o políticos que lo contextualicen en el tiempo, cosas todas que suelen caracterizar a los diarios. ¿Cómo lo definirías tú?

- Es cierto, aunque sí existe algún texto que lo contextualiza, como cuando hablo de la feria del libro o de las elecciones, o de la semana santa, o de la muerte de algún personaje público. Para mí es crónica lírica, si es que puede catalogarse en algo. Aunque huyo de etiquetas. Para qué clasificar los textos. Yo te he leído a ti y también has escrito reflexiones poetizadas. Prosas líricas. Mi vida aparece encubierta y solapada en algunos fragmentos. Algunas circunstancias de mi vida las he disfrazado, pero están.

- ¿Qué autores te han influenciado más a la hora de escribirlo? Me hablaste en su día de Julio Ramón Ribeiro y sus Prosas apátridas, y del Spleen de París, de Charles Baudelaire, que sin duda están de un modo u otro presentes en tus crónicas. Aunque yo encuentro también paralelismos con Las ensoñaciones del paseante solitario de Rosseau, por ejemplo, un libro pionero en su género, con El hombre de la multitud, de Allan Poe, con El Paseante, de Robert Walser, con los ensayos de Walter Benjamin, etc. ¿Hasta qué punto la obra de un escritor, opinas, es fruto de lo que lee?

- Cuando eres lector te influye todo el bagaje que la mente acumula sin darte cuenta. Yo he intentado recrear la realidad que me rodea. Lo que cuento en las crónicas es verídico, está sacado del natural, pero poetizado. Me ha influido Pessoa con el Libro del desasosiego, Cernuda con Occnos o Juan Ramón Jiménez con Platero. También a los 11 años leí el diario de Ana Frank y fue para mí una revelación y una conmoción. Por eso el formato de diario me es tan atrayente. Yo empecé a escribir diarios en la adolescencia como tanta gente. Supongo que Ana Frank me animó a ello inconscientemente.

- Otra de las corrientes, tanto pictórica como literaria, que de algún modo me parece que está presente en tus crónicas es el impresionismo. De hecho, yo calificaría así su estilo, de técnica impresionista, porque me parece que lo que consigues es capturar el instante y plasmar la impresión, es decir, crear sensaciones y conformar tu propio paisaje emocional. De tus crónicas emanan olores, luces, sabores, colores, con pinceladas sueltas, como las perciben tus ojos con un golpe de vista. Conrad, Joyce y Henry James, escritores impresionistas, utilizaron una técnica semejante. ¿Qué opinas al respecto?

- Captar el instante como una fotografía, sí. Yo me quedo con momentos puntuales, con pinceladas cuando salgo al exterior, como un fotógrafo, sólo que transcribiéndolo después, cuando lo rememoro y me siento a escribirlo, no es instantáneo y pasa por una criba interior que supongo que lo idealiza. La realidad es más objetiva. El impresionismo sublima lo que el ojo ve, lo poetiza, los pintores impresionistas crean una atmósfera que no es real. La cubren de un velo que embellece el paisaje.

- Otra de las influencias que para mí es clara en tu libro es la de Guy Debord y los Situacionistas, y sus teorías sobre el paisaje urbano, la deriva y la psicogeografía, que a su vez influyeron mucho en el Mayo del 68 francés y en la arquitectura posterior. Según iba leyéndolo, pensé que lo habrías tenido en cuenta, y sin embargo cuando te lo pregunté me dijiste que no fue así. Es curioso, porque tu libro responde a su estética y filosofía: cómo influye la ciudad en la psicología de sus habitantes. ¿Qué opinas ahora?

- Es cierto. Uno escribe sin pensar de antemano hacerlo así o asá, ya que la voz interior de cada uno está ya interiorizada. Yo he sido una gran caminante y cuando paseas piensas y observas y después plasmas lo visionado. El ambiente y el clima influyen sin duda en el estado de ánimo y la psique. El paisaje es determinante en las patologías del individuo. Sólo tenemos que fijarnos en las ciudades industriales y con climas adversos donde las tasas de depresión y suicidio son alarmantes, o en los países nórdicos donde la luz es un factor muy peligroso para entrar en melancolía. Lo reflejan muy bien las pinturas de Louise Bourjeois: esas cabezas en forma de edificios que colonalizan al hombre y sólo muestran las piernas.

- A este respecto, te recomendé hace unas semanas ver la película que estamos proyectando, Un hombre que duerme (1974), de Bernard Quyssane, basada en una novela de Georges Perec. ¿Qué te ha parecido? ¿Encuentras, como yo, paralelismos con tus crónicas?

- Me ha parecido una obra impactante y muy crítica. Existencialismo puro. Desencanto del vivir. Un personaje que se distancia y vaga atrapado por la ciudad. Me viene a la cabeza La náusea de Sartre, y una película que me impacta mucho, El nadador, sobre un relato de John Cheever. Seguro que estás de acuerdo.

- ¿Qué hay de crítica social en tu libro? ¿Has pretendido con él denunciar o reivindicar algo?

-Mucha. Sí. Todo el libro es una crítica a la sociedad adocenada en la que estamos inmersos. A la falta de educación y de piedad. Al despilfarro, a lo que me chirría.

-Otra de las cuestiones que siempre es complicada en un libro de estas características, construido mediante fragmentos, es cómo estructurarlo. Tú lo has hecho mediante los meses del año, siguiendo un orden cronológico y haciendo una descripción poética de su clima y sus días, y has salido muy bien parada. ¿Lo escribiste por ese orden, mes tras mes y día tras día? ¿O esa estructura la decidiste luego, una vez terminado el libro?

-La estructura ha sido muy sencilla porque es un diario.

-También me ha resultado curioso, dado el orden cronológico que el libro sigue, estructurado según los meses del año, que después de agosto pases a marzo, y vuelvas luego a septiembre. ¿Por qué?

- Quise hacer un apartado con los meses de transición hacia la primavera y el otoño, donde el clima va poco a poco cambiando. Son meses de tránsito, de ahí su título. En el norte las estaciones podemos sentirlas muy definidas y apreciar casi a diario el descenso hacia el frío o el aumento hacia la claridad.

- Cierras el libro con un capítulo que no corresponde, como los demás, a ningún mes del año en concreto, Del tiempo fuera del tiempo, y dos apartados, Palabras-Luz, dedicado al mar, y Palabras-Hielo, dedicado al frío, que rompen deliberadamente la estructura cronológica de la obra. ¿Qué significado tienen?

- Son textos que tenía recopilados con una temática concreta y son un homenaje al mar y al frío. Me pareció buena idea y los incluí al final como homenaje a lo efímero y lo vital de la vida. A la decadencia y la plenitud.

.- Y respecto al proceso y modo de escribirlo, ¿cómo ha sido? Porque, según se va leyendo, parecen apuntes de campo, tomados directamente del natural, sobre la marcha según paseas. ¿Escribes en la misma calle, tomas notas, o ya en casa cuando procesas lo que has visto y oído?

- Escribo en casa después de procesarlo y rememorarlo. A diario. De otro modo sería inventar mentiras.

- Desde que empezaste a publicar los primeros fragmentos de este libro en tu muro de facebook, hasta que ha sido publicado, ha pasado mucho tiempo, tres años al menos, que yo recuerde. ¿Ha sido un libro en construcción, es decir, lo has escrito sobre la marcha, publicando en facebook cada entrada según la escribías, o ya lo tenías terminado desde un principio y fuiste poco a poco publicándolo?

- No. Este libro se fraguó como un diario. Escribo todos los días. Iba subiendo alguna crónica y empecé hace siete años.

- En cualquier caso me consta, porque me pediste hace ya bastante tiempo que te lo presentara, que han pasado muchos meses desde que lo que diste por terminado hasta que al fin se ha publicado. Coméntanos como ha sido el proceso. ¿A qué se debió tanto retraso? ¿Problemas con la editorial?

- No está dado por terminado. Lo que ocurre es que publicarlo todo es inviable. Desde que lo envié al editor y me dijo que sí, han pasado dos eternos años. Subió el precio del papel y el editor tuvo mucho trabajo con otros autores.

- De todos modos, y lo digo por mi propia experiencia, estos periodos de dejar descansar un libro cuando se ha terminado de escribir, suelen servir para pulirlo mucho, mejorando ostensiblemente la versión que al final se publica. ¿Ha sido así?

- No he dejado de escribirlo, ya que se trata de un diario infinito. He reunido los textos que más oportunos me parecieron. Otros los descarté.

- Finalmente, te ha quedado un libro bastante largo, de casi 300 páginas. ¿Has incluido en él todo lo que has escrito y publicado en facebook durante estos años? ¿Y cómo ha sido la selección?

- En facebook no está todo lo que contiene este libro. La selección ha sido larga porque he tenido que elegir. Date cuenta de que al escribir a diario se hace inviable publicar todo. Necesitaría otros dos tomos y tuve que decir: ¡hasta aquí! Y empezar a pensar en las divisiones y capítulos. También lo pasé bomba poniendo títulos, que es algo que me encanta.

- ¿Qué periodo temporal abarca el libro, es decir, entre qué fecha y qué fecha fue escrito, de cara a poder contextualizarlo?

- Contiene varios años. Comencé en 2016 y aún continúo. Aunque con algún lapso, porque ahora me he embarcado en una novela corta que no sé cuando acabaré.

- De momento, el libro está teniendo una estupenda acogida de público y lectores. Imagino que estarás contenta con el resultado.

- Agradecida, sí, por la buena acogida y apoyo de muchos escritores y amigos. En estos tiempos en los que no se lee, cada persona que compra un libro es un héroe romántico, y hay que agradecer siempre que inviertan su dinero en la obra de uno. Es un regalo y un reconocimiento, porque cuesta mucho trabajo ganarlo, y al escritor llegar a publicar.


Extracto de la presentación de 
Crónica de los días que pasan, de Nuria Viuda, 
en el Instituto Leonés de Cultura 
(23-5-2023)

Foto por Marlus Leon


martes, 23 de mayo de 2023

MOTIVOS PARA FUMAR por APE ROTOMA




LOS PERROS ESTÁN INQUIETOS

A Pedro Ojeda Escudero

Los perros están inquietos.
La tarde es más gris que nunca.
Arden mi gripe y mi ciego.
Coches fatigados, lentos,
cruzan las calles vacías.
No se ve más que humo gris.
O nubes grises tal vez.
No hay forma de precisarlo.
El paisaje se resiente
ya del primer bombardeo.


LA EXCEPCIÓN

Días,
días,
días,
uno tras otro,
plomizos, grises, intercambiables,
repletos de inconvenientes, complicaciones,
de horrores que se prolongan, de esfuerzos,
días,
días,
y de pronto un solo día
luminoso, con una
o dos buenas noticias, cosas
tontas, casualidades, soluciones o algo
que lo parece, esperanzas
fundadas. Y
no sé,
respiras,
descansas
o algo.


NO SÉ

Pasas de sentirte indefenso
ante el abismo a una suerte de
satori deslucido,
y eso en la misma
media hora. Por supuesto
que influyen las circunstancias
y no digamos la química,
pero hay como una corriente interna
que no atiende a unas ni a otra,
porque puedes sentir de pronto
que no estás ni aquí ni allí,
ni temblando de pavor frente al futuro
ni merendándote el mundo y eructándolo,
que no estás triste ni alegre
sino ahora una cosa y
luego otra pero sin moverte.
No sé si me explico, claro.
Lo cierto es que
lo que quieres es
acercarte al lado guay
y huir del chungo, es lo suyo,
pero no hay forma.
No es cuestión de un porro más
ni de un esfuerzo menos, puedes
matizar la cosa, pero es todo.
Sigues ahí, clarividente
y confuso, todo el tiempo
o casi. Y atascado, sobre todo
muy atascado.


HAY COSAS

Hay cosas que no puedo haber escrito en serio
entre todo lo mío que leo y entre lo publicado.
De verdad, no me explico qué hacen esas sentencias
arbitrarias y vanas resonando engoladas en mis páginas
ya que no creo ni una y que son, las mejores, matizables.

Si por prudencia fuera, por pudor o ahora incluso por instinto,
debería expurgar y limpiar a conciencia los dos libros,
y también, y es peor, los borradores sucios que duermen,
no del todo olvidados ni del todo al alcance,
tras hileras de libros, bajo hileras de libros, allá al fondo.

Pero son justo esas simplezas sin mácula, me temo,
lo que hace que lo mío parezca tan sincero, y más aún,
lo único que permite que se pueda archivar taxonómicamente
en el cajón de sastre agrietado y mohoso
que es esa ambigüedad de la puta poesía.


Ape Rotoma, de Motivos para fumar (Tedium Vitae, 2023)


sábado, 20 de mayo de 2023

A CIERTA EDAD por ANTONIO JAVIER FUENTES SORIA



Abrir un mapa y,
al azar, 
señalar cualquier punto
del planeta,
y asomarse después
a la ventana,
y mirar,
mudo e impasible,
el horizonte,
como quien ha perdido ya
todos los trenes.

Antonio Javier Fuentes Soria, de El outsider (Versátiles Editorial. 2021).


viernes, 19 de mayo de 2023

EL MUNDO FLORECE PARA SER ESCRITO: Gsús Bonilla.



Un operario de jardines avanza cuaderno en mano. Su desbrozadora calla, por fin, abandonada bajo un árbol. Entre sus manos: un cuaderno, algún bolígrafo, quizás un lapicero. Su actividad previa, guiada por ese humano intento de someter espacios y moldearlos a disciplinados deseos de la sociedad, poco a poco se aplaca. Despierta la observación. La empatía. La capacidad de sentir con. Lo mejor de ese humano regresa cuando comienza a secar el sudor de su frente y nuestro particular jardinero abre su sensibilidad al mundo. En ese remanso, breve, furtivo, Gsús Bonilla dibuja y escribe un cuaderno de campo, un poemario, un canto a todas esas plantas que habitan a nuestro lado, que conviven con nuestra increíble arrogancia, un canto a plantas y árboles que componen la base de nuestro mundo, el eje de mil dependencias cuyo reconocimiento limpia nuestras mentes e introduce algo de optimismo en este complicado mundo.


jueves, 18 de mayo de 2023

CRÓNICA DE LOS DÍAS QUE PASAN por NURIA VIUDA

 


Mayo y sus días

Me han atrapado mis muertos estos días de luz primera. Un gesto del aire, también en la penumbra de las primeras sombras de finales de abril, enlazando con este mayo nuevo que tanto ha de deparar y retorcerse.

Siempre en primavera se me aparecen los muertos más queridos, quizás porque sus penumbras comenzaron con la luz y a la luz regresaron algunos, no sin despedirse de la vida. Con la luz a estrenar da más pereza y constituye una crueldad sin límite.

¡Qué putada irse justo ahora! A medio florecer las margaritas y tú risa de niña que suena con el mar otra vez.

Es lento este naufragio, la despedida, el aire que me anuncia el pasado acontecer. Las mañanas de sol, ahora lamento y recordatorio de aquella sinrazón que os apartó de mí.

Los muertos que me atrapan esta primavera, apresurados y cuerdos en la despedida, fueron más valientes. En cada margarita los distingo: su mirada de niños que jamás crecieron, aferrados a mis dientes como a un misterio.


Mayo y sus días

El color del cielo a las diez y media de la noche es una referencia de esplendor. No se ausenta el día. No desea huir hacia el abismo oscuro y las tinieblas. Tampoco el paisanaje parece apresurado por guarecerse entre las cuatro paredes que le esperan, al fin y al cabo, son siempre cuatro paredes el habitáculo que a todos nos cobija. Más o menos pulcro o decorado. Más o menos ordenado u ostentoso. Cuatro paredes y unas cuantas ventanas por las que se vislumbra algo parecido a la felicidad si respiramos muy hondo.


Mayo y sus días

Cerezas en todas las esquinas, las venden en el mercado de los martes y a la entrada del parque. Parece que este año hay superproducción. Las roban a puñados y las van comiendo por las callejas. También yo me acuso del delito, no he podido evitarlo, ha sido una tentación irresistible.

Qué dulzura extraordinaria sugieren algunos atascos cuando son producidos por una cola interminable de infantes, que se dirigen en fila India a los teatros. Profesan la religión de la inocencia. Aún son felices. Algunos profesores decidieron darles a conocer el jazz y el rock and roll. Estimulante final para este mayo moribundo en el que, sin embargo, una anciana dormita y cabecea al lado de una bolsa de plástico que contiene todas sus pertenencias: dos pares de zapatos que no casan y una manguera para espantar el calor del verano.


Nuria Viuda,
de Crónica de los días que pasan 
(Dalya, 2023)


miércoles, 17 de mayo de 2023

TE CAVARÉ UNA TUMBA por PABLO CEREZAL



La poesía es un puñado de albañiles regando de cemento ebrio las arquitecturas del temblor. Un puñado de artificieros del verbo que no necesitan mirar más que hacia dentro para descubrirle esquinas sanguíneas al riego.

Imprescindible ser tigre o caballo, da igual, y levantar la mano con seguridad cuando llamen a filas quienes no desean más batalla que la que ofrece la palabra hecha de víscera y de todas las certezas que proporciona la huida de eso que llaman tantos tontos, tantas tarantas sin gracia, tantas taradas que trepanan lo hondo, tantos oficinistas del escombro, realidad.

Y un cuchillo entre tus piernas dispuesto a viviseccionar el ritmo de una respiración y un eje locomotor extraviado entre engranajes de salvia y saliva mientras ametrallas dicciones como ciclones en la cuna acústica en que brota el panteón con que mis oídos soñaran edificar la gloria y el ritmo de un dios todopoderoso que es múltiples registros de tus pliegues, dedos y facciones.

Y la palabra bien dicha. Y el reptil y la escolopendra.

Y las migajas de un sueño solidificadas sobre la arista en que afilaste tu lengua antes de proclamarme el desvelo, tal vez deseo inacabado, quizás aliento dislocado, quejumbroso, desguarnecido sin tu verbo, huérfano de la rima que evitas cuando prefieres evitarte como poema y erigirte en Poesía.

Así que yo, con las falanges jugando a la inversa, te cavaré una tumba, oh, poema. Y entre sábanas negras florecerá tu carne, como una rosa punzante de dientes y esperma, para que rimes la noche que no acaba con el tartamudo titilar que contabiliza el sol cuando no asimila que ni alcanza a ser madrugada.

Que de las tumbas que otros labran crecen mordiscos escuetos para amortiguar el daño y recorrerle senderos al tiempo. Poema que no quieres ser, te lo perdono. Pero el barro, como el óxido y el amor, no descansa, y emerge la Poesía que me quemará los labios:

como exequias de luz amordazándome los párpados.

Pablo Cerezal,
del blog Vislumbres de El Dorado.