domingo, 25 de septiembre de 2022

CON LOS PIES EN LA TIERRA por JOSÉ PASTOR GONZÁLEZ



hincadas de rodillas
a cuatro patas
en pleno invierno
cogiendo aceitunas
del suelo
a mano
esas mujeres
son las que me enseñaron
la resistencia y la ternura
la dignidad y la alegría
de estar de rodillas
y estar vivas

José Pastor González, de Almanaque. Cosas que pasan en los pueblos que no veréis en las ciudades (Ediciones Fantasma, 2022).


viernes, 23 de septiembre de 2022

ONCE MILLONES DE EJEMPLARES VENDIDOS: Patxi Irurzun.



La venganza de un concursante humillado en un popular reality show televisivo; Lendakaris Tuertos, un grupo tributo a Lendakaris Muertos en el que Banksy toca la batería; un nieto que saca a pasear durante unos sanfermines en una silla de ruedas a su abuelo muerto... Son solo algunos de los personajes y situaciones que aparecen en este libro con el que, casi una década después, Patxi Irurzun regresa a su género preferido: el cuento.

Lo hace con una antología de «grandes éxitos» que incluye relatos inéditos y otros publicados en prensa, en ediciones de pequeña tirada, bajo seudónimo... Todos ellos con el denominador común del esperpento y con el inconfundible estilo tragicómico, feroz y tierno del autor, entre otras obras, de Tratado de hortografía (Una novela sobre el rock radikal vasco), Dios nunca reza o Atrapados en el paraíso.


miércoles, 21 de septiembre de 2022

TODAS LAS MADRUGADAS MUEREN DE MADRUGADA por SAMUEL BRESSÓN



Habíamos bebido mucho y acabábamos de discutir
después de hacer el amor,
dijo que había conocido a alguien
y que había sido la última vez
y mi mano partió el espejo del baño de un golpe
y mi nudillo comenzó a sangrar
y le dije que se fuera si era lo que quería
y vino hacia mí y vertió Johnnie Walker
en la herida y miré mi mano llorando sangre
y yo ya estaba lejos de allí,
lejos de mi herida, de mi mano, de ella,
de aquella habitación de hotel,
de aquella noche rasgada,
del suicidio de las horas del amor y el vino y la risa,
lejos de cualquier lugar del que ella quisiera marcharse,
estaba en un sitio en el que aún no la había conocido,
en el que merodeaba a través de madrugadas en celo
por los desiertos callejones de mi juventud
en busca de un bar,
de un trago que arañara mi alma,
de un rescoldo de piel ardiente,
reclamando mi derecho a no regresar de mi locura,
mi derecho a que me dejaran en paz,
a no habitar el mundo de los hombres,
entonces alguien aporreó la puerta
diciendo que no hiciéramos tanto ruido
y cogí la botella de Johnnie y la lancé contra la puerta
y dijo que iba a llamar a la policía
y grité que podían chupármela él y la poli
y la puta madre de todos ellos
y ella me pidió que me calmara
y cogí la botella del suelo
y volví a derramarla sobre mi mano
y bebí iniciando de nuevo la huida,
la vieja huida hacia la noche de mi tiempo
y me abrazó y la abracé y nos quedamos así,
en silencio,
y en algún lugar debía haber algo
que aún no estuviera roto,
que no llorara silenciosamente.

Samuel Bressón


martes, 20 de septiembre de 2022

EL ASESINO DE LOS CAIMANES por MANUEL COVA TENARDD



El gótico americano está plagado de personajes oximorónicos que tanto podrían pasar por héroes o monstruos dependiendo de si sus fechorías son descubiertas a tiempo. Esta circunstancia, que también incluye a varios supuestos "padres de la patria" y a un sinfín de personajes ilustres, muestra ribetes extremadamente sórdidos en casos concretos:

El de Joseph D. Ball, más conocido como EL ASESINO DE LOS CAIMANES ha pasado a la crónica negra usa como uno de los más macabros. Decía Tom Waits: "EL DIABLO NO ES MÁS QUE DIOS CUANDO ESTÁ BORRACHO", y esta frase entronca perfectamente con el carácter vesánico y furioso de Ball.

Nacido en el seno de una familia próspera, rica y dedicada a la manufactura de algodón, con miembros emergentes dentro de la sociedad de San Antonio de Texas. Sin embargo, esta ortodoxia social no arraiga en el joven Joe, que muestra aromas taciturnos y un talante refractario a las costumbres de su familia y que pronto se decantará por la practica del deporte nacional norteamericano: el uso excesivo y fanático de armas de fuego. Muchas horas de ejercicio, le convertirán en todo un experto que, más temprano que tarde, se alista como voluntario para servir a su patria en la Primera Guerra Mundial. Licenciado con honores, convertido en un "local hero" y siendo admirado por ello, no obstaste que, Joe no logre compaginar sus impulsos-potenciados con el conflicto bélico-con el costumbrismo civil de su pueblo natal.

Comienza aquí la escalada etílica de Joe que igualmente se verá rentabilizada, ya que se convierte en todo un 'outsider 'infractor de la "ley seca" que acababa de ser proclamada. Son años intensos en los cuales se reinventa como todo un aventurero buscavidas; un arriesgado -y siempre bien remunerado-contrabandista de alcohol ilegal. Pero, con la derogación de la ley seca, el negocio decae y con este la diversión que apaciguaba a Joe. Dispuesto a no desmoronarse y tras consultarlo con varias botellas, pergeña el gran plan de su vida!!!

Para ello adquirirá un terreno frente a la autopista más transitada de su entorno, y allí construirá su gran feudo. Allí erigirá una taberna tan peculiar, que pronto se convertirá en todo un fenómeno popular. El lugar fue bautizado como 'Sociable Inn', mezcla de taberna, burdel y exótico parque de atracciones. Exótico ya que este se vio reforzado por un espectáculo, ofrecido cada sábado, en el cual Joe alimentaba varios caimanes con animales vivos: perros, gatos, algún mapache, ardillas cuando las encontraba y, algo más truculento que no era advertido por los parroquianos...

El lago de saurios de Joe hacía furor y desbancaba las habituales peleas de gallos que parecían anodinas en comparación al esplendor carnívoro ofrecido por este.

El negocio iba viento en popa, pero también se estaban construyendo los cimientos de una magnifica cámara de los horrores; un teatro de variedades que parecía haber leído los postulados del teatro de la crueldad de Antonine Artaud, pero llevados a la realidad...

Allá por la mitad de los años 30s, Joe empezó a reclutar, cada vez con más frecuencia, a camareras jóvenes que, curiosamente, desaparecían de buenas a primeras en extrañas circunstancias. Eran públicos y notorios los enredos y desencuentros con dos de ellas en concreto: Minnie Gotthardt de 22 años y Dolores "Buddy" Goodein, la cual pasaba por ser novia oficial de Joe. La cosa estalla violentamente con la aparición de una tercera: Hazel "Schatzie" Brown, también de 22 años (parece que Joe tenía fijación con esta cifra). Llegados a este punto, las cosas se encabalgan en una espiral de lúgubre perversión que convierte la historia en una de las más macabras de la crónica criminal usa: extrañas amputaciones en un brazo de Dolores, embarazos interrumpidos con violencia, más desapariciones extrañas, sospechas y denuncias por parte de los familiares de las desaparecidas, alcohol y más alcohol, objetos personales que dejan pruebas notorias y, finalmente, la intervención de la policía en el asunto. La desaparición de una enésima camarera, Julia Bell (esta era una excepción para los gustos de Joe, ya que contaba 23 años) es el detonante para su investigación .Es tal la presión policial, que se clausura el 'Social Inn'. Joe, que se las veía venir, es hallado muerto tras suicidarse con arma de fuego. Cuando la policía investiga su propiedad, aquello parece un campo de exterminio nazi cocinado con receta de casquería al estilo de Texas: se encuentran restos de carne humana en los cubos de comida de los caimanes y dos cuerpos enterrados (de mala manera) en los aledaños de la piscina de estos.

Posteriores investigaciones, estimarían el asesinato de entre 25 y 30 mujeres que fueron cometidos por Joe. Sus cadáveres, fueron destinados a la alimentación de los caimanes, en directo y con público presente, siendo asistido en estos menesteres, por un adlátere, identificado posteriormente, cuya confesión fue decisiva para la resolución del caso. El destino final de los caimanes fue el zoológico de San Antonio de Texas.

En 1977, el cineasta Tobe Hooper venía de asombrar-y conmocionar-al mundo con su' The Texas Chaisaw Massacre"'-como todo el mundo sabe- inspirada en las andanzas de otro famoso serial killer, Ed Gein. Para su segunda película, no es de extrañar que se detuviese en considerar la escabrosa biografía de Joe para intentar repetir el éxito. El film se llamará Eaten ALIVE (Trampa mortal) y, por lo que he podido comprobar, está bastante denostado dentro del fandom. Yo podría estar de acuerdo, en tanto que, me parece un apresurado borrador de su primer film; un intento desesperado de ensamblaje de técnicas y recursos dramáticos que obraron un milagro en la Masacre, pero que aquí naufragan en una patina incoherente tras ser trasvasados a una atmósfera distinta .En primer lugar, el tono elegido se decanta por una suerte de humor de cadalso que podría haber fructificado en una buena comedia negra, pero que aquí me parece que desvirtúa las posibilidades de contar una historia perturbadora; ese toque cae en mi opinión en lo paródico, arruinando la inquietud que podría haber logrado siendo más fiel a la auténtica vida de Joe.

Neville Brand, el actor elegido para encarnar a su trasunto, es presentado como un paleto oligofrénico, en clara oposición al registro astuto y psicopático de este; parece más bien un tarado homicida que logra contagiar monotonía con sus asesinatos. Nada que ver con la carencia de escrúpulos y perverso talante mercantil de Joe, detalles que, en última instancia, sobrecogen y hielan la sangre cuando se piensa en él. Por otra parte, me parece que el defecto principal del film, recae en la traslación de los escenarios naturales (tan bien resueltos en la Matanza -con toda su tétrica fuerza-) a un decorado que encorseta sus posibilidades ,provocando una teatralidad forzada por lo reducido de sus dimensiones, impidiendo así, que los hallazgos de su anterior film lleguen a reproducirse. A esto añado la reducción de los caimanes a un solo cocodrilo, el cual me parece una concesión a la creciente moda de cine animal horror '(Tiburón, Piraña etc), utilizado más como recurso comercial que como elemento clave de la sórdida historia real. Con todo, destaco algunos momentos de estupor psicótico, producido más bien por combustión espontánea: fruto del delirio estrambótico y bizarro en el cual llega a convertirse la función.

Manuel Cova Tenardd


viernes, 16 de septiembre de 2022

LA DONNA DEL CLAQUÉ: MJ Romero.



Aprendices de palabras, estamos rodeados de historias, anécdotas singulares y sorprendentes, si miras hacia afuera; hacia adentro, tu propia singularidad. Y las palabras ahí, para dar forma, color, ritmo…

¿Por qué nos empeñamos en convertir lo puramente narrativo en lírico, como si el lenguaje poético fuera solo cuestión de versículos?

La voz de un poeta es la que da forma a su poética, no hay divisiones entre lo íntimo y lo no íntimo, eso es otra trampa del lenguaje.

Y esta voz se deja enmascarar consciente o inconscientemente.

Palabra instrumento. Para cualquier aprendiz, o chamán.



jueves, 15 de septiembre de 2022

HABITACIONES DE INVIERNO: Alfredo Perán Pérez.



Habitaciones de invierno
es el primer poemario publicado el poeta alicantino Alfredo Perán Pérez. En él nos adentramos en las estancias de una casa en la que habitan los poemas y las ausencias, el amor y lo que debió ser el olvido a través de las cuatro estacione del año.

«En Habitaciones de invierno podemos recrearnos en un museo de la intimidad, cuartos de espejos que fijan a las paredes lo que solo es perceptible en el interior. Cuando proclama que es un «corazón deshabitado» nos hace partícipes de la ruina y la desolación interior como quien admira la belleza del paso del tiempo que todo lo corroe. Un ejercicio de introspección que fija su bisturí en los afectos, en un amor que se derrumba y que se resiste a desaparecer, que se ancla a los cimientos de estas habitaciones.» (Del prólogo de Francisco Javier Gallego Dueñas).


miércoles, 14 de septiembre de 2022

LA CEGUERA DEL LANZADOR DE CHUCHILLOS: Jorge M. Molinero.



Jorge M. Molinero monta un circo y le crecen, primero la rabia y luego el desánimo y la desesperanza ante una sociedad abandonada al hedonismo más chabacano y a la simpleza. Con el espectáculo de Buffalo Bill como excusa, campan en este escenario de cartón-piedra sioux, cosacos, malabaristas, águilas humanas y los raros, los freaks, los incomprendidos a ojos tanto del domador como del lanzador de cuchillos, tan ciegos y estúpidos como el espectador, que solo aplaude el tartazo y el tonto resbalón del payaso.


JEAN-LUC GODARD

 

domingo, 11 de septiembre de 2022

CRÓNICA DE LOS DÍAS QUE PASAN por NURIA VIUDA



Qué tiempo tan extraño este de la calima y el sopor.
La ciudad, varada en el asfalto, es un gigante grisáceo a punto de hundirse en un pantano humeante que rezuma alquitranes a cuarenta grados. Caminar ha sido insoportable. Los pájaros huyeron hacia los aleros, escondieron su misterioso canto con afán de no caer fulminados sobre la brea, que semeja una gelatinosa e informe masa rugosa.
Estallido. Parir soledades. Parir sillas desiertas en las bifurcaciones de terrazas callejeras. Parir calor, las aceras paren fuego y precipicio. A las ventanas de las casas no se asoma nadie. Nunca fue tan difícil la tarde, ni el mediodía, ni la quietud de las ramas en la noche. Los animales permanecen agotados, estiradas sus patas en la penumbra del arbusto más próximo al río. Causa de delirio. Causa de acedía. La causa del vibrante espejismo y la presencia de un rumor extraño, como de nube antigua y mate que es talco, y es vaharada, y es polvareda, y es rugir de marabunta, y es ubicación del silencio en suspensión.

*

La ciudad se desploma al graznido del pájaro insolente. Como un caudal premonitorio de estanques vacíos, desecados por la calima que se cuela y ya es humo.
Al norte está ubicado el silencio. En el sur, el vacío de voces quebradas por la rabia, despierta a los niños que dormitan ajenos al rugido. Cabe esperar que al este puedo desprenderme del hastío de una tarde anaranjada que quema la piel. Al oeste, las olas esperan miles de piececitos ansiosos de salitre, de yodo, de puro amor que se desliza temblando en las mañanas de julio, este mes en que la luz es estrépito y deseo.

*

Escala de grises y humaredas. Viento del norte que esparce las cenizas de un verano de fuego. Deshollinando el tiempo, nos hemos convertido en mudos espectadores de lo avecinado, de lo impropio, de lo canallesco.
Se ha oscurecido el día antes de hora. Un julio desplomado, un cielo de pesadumbre y umbría, que aplasta las fachadas de esta ciudad hundida en el extraño truco de lo anti maravilloso.
Ha regresado un aroma de batalla lejana, de astilla y de maderas nobles ardiendo en el hueco de la escalera imaginaria de la mansión del bosque. La mansión que habitamos y era pulmón, y vida, y oleaje de espigas, y emoción de luz tibia en el frescor de la tarde. Paisaje y fruto universal convertido en costumbre. La solución será abrir las puertas del trueno, y dejar pasar a las colas de la lluvia, o a las bolas de la suerte, para que brote la verdadera nube en el paisaje.

Nuria Viuda,
de Crónica de los días que pasan.


ANA Y LOS LOBOS según LILIANA DÍAZ RODRÍGUEZ



Las cosas sólo se entienden si se viven, ¿Verdad?, así que debemos empezar por el principio. Por ese comienzo de los créditos de Ana y los lobos, ese inicio que nos deja fríos ante una fotografía en tono marrón, que inmortaliza a una familia donde faltan las sonrisas y donde la madre, en el centro, tiene los ojos cerrados. Hay algo de El discreto encanto de la burguesía en ese caminar entre matorrales. Hay algo de esa maleta oscura en El Viaje a ninguna parte y en ese .«¡Hay que recordar!, ¡Hay que recordar!» de Carlos Galván, Hay algo de El extraño viaje en ese descampado que atraviesa Ana para llegar a una finca aislada en una árida región de Castilla. Hay algo que nos da la bienvenida y nos ahuyenta en la fachada de ese caserón blanco anclado en el pasado, en ese otro espacio y otro mundo testigo de una grandeza pasada. Hay algo en ese día caluroso donde tres cigarras macho cantan. Hay algo jovial en la moda incipiente de la camisa estampada y ese pantalón de campana de una joven extranjera. Hay luz en su pelo, en sus ojos, en el amarillo y en el ocre. Hay algo de picardía en esas minifaldas. Hay inocencia e imprudencia en esa sonrisa. Hay curiosidad y complacencia. Hay libertad en la rayuela donde las niñas juegan, donde todo es blanco, hacia arriba y hacia los lados. Hay lujuria en Juan. Hay inquisición y autoritarismo en esos trajes militares del museo grotesco de José. Hay misticismo y debilidad en Fernando. Quizás locura. Hay algo ridículo en ese espejo donde asoman la bata y el pijama bajo el uniforme. Hay esperpento en el circo que se monta por fuera de la mansión. Hay algo de fracaso y decepción de Mi tío Jacinto. Hay dolor y rabia en el camisón blanco que ondea el viento en el tejado del caserón. Hay libertad castrada en el pájaro rojo y amarillo que vuela. Hay algo de todos en la muñeca enterrada y sucia a la que se le ha cortado el pelo. Hay una madre opresora, que amamanta, llamada Luperca, que llevan en volandas y que no usa silla de ruedas. Hay algo de Platón en la caverna que pinta de blanco Fernando. Hay dolor en ese (falso) abrupto final de esta sátira feroz y grotesca de la España franquista, donde, nada es lo que uno piensa que es.

Sigo volviendo a ese pasado que me reconcilia con la vida... y vuelvo una vez más al cine español y la voz ronca y familiar de Fernando fernán Gómez.

Liliana Diaz Rodríguez


sábado, 10 de septiembre de 2022

POTENCIAL TOTAL DE POESÍA por SUSANA BARRAGUÉS



Existe el poema que encierra la fórmula que lleva a la acción.
Magnánimo es el destino de aquel que pueda destilarlo.
El poema elegido, el designado, el predilecto
que hace levitar a los objetos, caer las máscaras,
desentumecer los huesos y hablar solo verdades.
El poema que rebasa el volumen del alma y llega a la lágrima sagrada
el que puede doblegar la aguja imantada en los círculos polares.
Si se halla la única palabra en la que converge todo el sentido
si se afina el significado hasta que sea preciso y puro como un rayo
si se encuentra la fórmula exacta que enmudece toda voz ajena a él
si se escribe el poema mágico final de los tiempos
el advenimiento de los Siete Soles será inminente.
El ciruelo girará su última ciruela hacia el haz de luz.
La aguja reposará por siglos en interior de la almohada.
El tigre se arrepentirá de no haber preguntado el nombre al cervatillo.
El orangután penetrará con la visión todo conocimiento.
Saltará la trucha en el atardecer y traspasará la gota de agua.
La inteligencia volará a través de la comprensión.
La verdad revelada no deshará el dolor de la humanidad pero ayudará a portarlo.
Una ligera desolación pesará sobre los pies del mundo.
Dos lunas reflejadas en la pupila de dos gatos brillarán con idónea luminosidad.
La poesía se habrá encontrado a sí misma en el otro lado del espejo.

Susana Barragués, de Cabeza de Cisne sobre almohada floral, Ediciones Eolas.


viernes, 9 de septiembre de 2022

ESCUCHO A UN HOMBRE HABLAR POR EL MÓVIL EN LA CAFETERÍA DE UN HOSPITAL CUALQUIERA (YO TENGO FIEBRE) por PEDRO ANDREU



-A T.O. y a la memoria de A. H.-

diles que salté desde lo alto del último caracol con vida
que tenía una cama vacía entre los dedos
un mundo roto en sustantivos de cristal
diles que la lluvia era y que el amanecer era
y que el exterminio de las arañas me pilló por sorpresa
diles que no me esperen a cenar
diles que no me esperen
diles que no
que no sabría cómo avanzar a la velocidad del mundo
diles que la ciudad era igual que la fiebre
y que nadie podía tocarse y que guardaba
uñas de voz de las personas que amé en el nervio auditivo
adentro más adentro
diles que fui un niño llorando abrazado a un perro
y el corazón mineral de una computadora enferma
y el mar sacudido por la atracción gravitatoria de la luna
y la inquieta persistencia de la tinta en un poema de Panero
tras la muerte de Panero hablo del hijo
diles que salté a la comba con mis hermanos desnudos
diles que jugué al escondite y nunca me encontraron
diles que llueve
que salté desde el lomo mojado del último caracol vivo
sobre mí
sobre este hombre de casi cincuenta años que pasaron así
sobre esta cama rota sin ti
sobre este mundo
diles que no
que no me esperen
que no me esperen despiertos
diles que le he robado a un caracol su hogar de cáscara
diles que todavía soy capaz de llorar con los ojos secos
alegre de llorar alegre alegre de doler más alegre que el vino
diles que todavía puedo
escribir un verso para ahorcarme en sus letras
llenar jaulas de peces diseccionar el centro impreciso del pasado
diles que no sé cómo abrazar a un conejo desnucado
diles que mi padre lo atropelló cuando apenas tenía siete años
yo apenas siete años
diles que el amor es solo una gallina ciega que no sabe volar
pequeña cobarde cosa fea que me besa la boca y desfallece
diles que a pesar de la sangre quiero jugar
a que estuvimos vivos y nos llamábamos por nuestros nombres
mirándonos a los ojos
fijamente
como se observa el fuego
no les digas que cambié mi corazón por una cáscara
no les digas que robé a un caracol su vida nómada
no les digas que no podré ya nunca descolgar un teléfono
no les digas que esta mañana el doctor me ha diagnosticado
cáncer
definitivo
irreversible
como mi amor por ti
tan sin remedio
háblales de la intemperie
y de cómo saltábamos juntos sobre los charcos

Pedro Andreu


jueves, 8 de septiembre de 2022

SE BORRA CON EL TIEMPO por LUIS MIGUEL RABANAL



En Olleir soñabas con el mar
y te perdías en las urces
creyéndote incansable: de ardua
materia se construyen los sueños.

Eras más joven,
casi un niño que sufre el encono
a veces de los otros y prohibía
la soledad, tan brusca y encomiable.

Con la memoria de abuelos
que se han ido y pecados a solas, hoy
escribes un poema a la deriva
de aquel engaño hermoso.

No es perecedero cuanto olvidaste.
Sabes que allí se perpetúa
un renglón largo largo largo de tu vida
entrecortado, quizá, por unas gotas
de lluvia y tristeza.

Luis Miguel Rabanal


Foto por Marlus Leon


miércoles, 7 de septiembre de 2022

ROSA DE LOS VUELOS por MÓNICA MARIQUE DE LARA



Con el cuerpo apoyado sobre un basamento estéril, se van nublando los ojos del ardor con la idea de la lluvia. Ventana adentro, dispongo el aire de la estancia al vaivén de los sentidos pretendidos, penetrando en la figura de las cosas, haciendo de sus sombras y materia una duda, una muerte, un deseo, una luz, una vida. Construyo cajas como moradas sin suelo, mientras en círculos rodea y atraviesa este sol de celulosa sobre el que me desangro. Todo se desvanece de su trazo por ser magma, salvo el silencio, que se hace múltiple y estalla hecho palabras que respiran sin haber sido dichas. Vuelvo a la eterna finitud de los comienzos, se domestica en mí la rosa de los vuelos.

Mónica Manrique de Lara


martes, 6 de septiembre de 2022

TRES POEMAS DE CASH por TOMÁS SOLER BORJA




EL PAN NUESTRO DE CADA DÍA

Fui de izquierdas, pero no comunista.
Nunca pude compartir el baño.
Woody Allen

Jesús, Karl Marx y Pablo Iglesias
sentados en la misma mesa
partiendo el pan
hablando del amor, del pueblo
                                    y de la justicia social

Os veo. Os escucho
pero tampoco puedo creer en vosotros

porque abierta la vena mi sangre es roja
tan roja como siempre
y el hambre continúa siendo la misma
yo que solo soy un hombre, como tantos otros
de barro y hueso, de lágrimas y tripas revueltas

y acabado el almuerzo
ni miguillas quedan para esta  boca
ni para el hermano de idéntica leche

Sois todo intención, nada más
cuando no
                                               quimera

HOLLYWOOD

Ese bar, el de la esquina
de más abajo
a los pies del cabezo de los locos
con su cartelazo de neones
medio fundidos

café de recuelo, anís sin mono, coñac de garrafa,
magra con demasiada historia, tortilla enferma
de sarna
y compadres como estrellas errantes
en el trago y la derrota diaria

demonios, esto es lo más cerca
que estuvimos
nunca

de los ángeles


LOS COMERCIOS DE LA CARNE

Hueso contra hueso
polillas entrechocando su oscuridad
sin más afecto que el del pellejo
esa constancia de tambores entregados
al tam-tam del sexo

produciendo una lujuria y sus músicas
abanderada por apátridas
que surcan mares de soledad

un réquiem enarbolado en los mástiles
flácidos, a media asta
entre las piernas

donde concluya la noche
                            y da comienzo

la realidad

Tomás Soler Borja, de Cash ((Versátiles, 2021)


lunes, 5 de septiembre de 2022

ALMANAQUE: Cosas que pasan en los pueblos que no veréis en las ciudades.

 


UN MES QUE NOS RECUERDA 
por Pedro Villalón

UNA LECTURA DE ALMANAQUE: COSAS QUE PASAN EN LOS PUEBLOS QUE NUNCA VEREIS EN LAS CIUDADES DE JOSÉ PASTOR (Ediciones Fantasma)

un mes que nos recuerda que todo es efímero
el invierno
la primavera
la vida

Aún recuerdo los calendarios llenos de palabras, nombres, santos, cuartos lunares, efemérides, previsiones meteorológicas, días de feria en diferentes localidades, épocas de siembra… y a la vuelta de la hoja, cuidadosamente arrancada por la línea de puntos, sucesos, anécdotas, leyendas, chistes, cuentos, estadísticas, curiosidades o informaciones prácticas.

El correo de hoy me ha traído, reunidos en un taco de hojas, los poemas situados en cada mes que José Pastor ha ido publicando en su blog. En la portada, la vieja palabra mágica: almanaque. Entre sus hojas, un calendario lleno de palabras.

EN MEDIO DE LAS COSAS

He taladrado el canto del almanaque con hilo rojo y he anudado una presilla. He recorrido la casa hasta encontrar un lugar donde colgarlo. Pensé que estas hojas no encajaban en la estantería, entre libros de elevado estilo y estudios documentados… Al final he encontrado un clavo junto a la ventana de la cocina. Se ve el campo a lo lejos y volar los pájaros sobre los tejados.

En la encimera desfilarán las frutas al hilo de los meses. Algunos días, el sol de la ventana golpeará sus hojas, otros, tal vez, se abarquillarán por la humedad de las nieblas. Pienso que aquí estará bien, en medio de las cosas.

De vez en cuando lo hojearé y comprobaré que no miente. Sabré qué he de buscar al salir de estas calles, sabré lo que pasa y desde aquí no alcanzo a ver.


CON LOS OJOS EN LA TIERRA

con los pies en la tierra
hincadas de rodillas
a cuatro patas
en pleno invierno
cogiendo aceitunas
del suelo
a mano
esas mujeres
son las que me enseñaron
la resistencia y la ternura
la dignidad y la alegría
de estar de rodillas
y estar vivas

El tiempo pasa, el año pasa y uno le ve pasar. Pero qué es lo que pasa cuando el tiempo pasa. Al final todo es cuestión de miradas. Qué es lo que pasa, qué es lo que miras, qué es lo que ves.

La de este almanaque es una mirada que habita en medio de las cosas, mira el paisaje desde dentro, vive la vida de sus habitantes. Se ve cambiar el campo, las plantas, los animales… y también a la gente.

días que dejarán tras las lluvias
un paisaje
que reverbera reverdece renace
y que dan un brillo nuevo
a los monteses y a los zorros
a la tierra y al cielo
a las calles y a los caminos
a las piedras y a la luna
a los charcos y a la oscuridad
y también
a la gente

La de este almanaque es una mirada que se delata a menudo, a la que se le escapa el afecto y el respeto por la gente que aún sigue viviendo en los pueblos, el gusto por las cosas sencillas, el placer de los momentos compartidos.

un mes para merendar al sol
con los amigos
las primeras habas
y beber vino joven
y creer que el mundo
sí, a veces esta bien hecho

La mirada de este almanaque se detiene en el detalle. El vivir esta hecho de detalles, cada tiempo y cada lugar tiene los suyos. Ellos dan a la vida su color, ellos definen cada momento. Quien no sabe verlos permanece ciego a ese trozo de vida.

todo es áspero pinchudo reseco monótono
como muerto
solo hay un respiro
en las cunetas arboladas de acacias
con su polen dorado que alfombra los caminos
o junto a las acequias
o en los borreguiles de la sierra
con el azul de la genciana y el vuelo de las águilas calzadas

La mirada de este almanaque no es imparcial, ni pretende serlo. Asume un bando, habla desde un nosotros, el bando de los perdedores. Quién sabe.

La mirada de este almanaque no es pura, se deja impregnar por la vida, asume un estado de ánimo donde belleza y decadencia se entremezclan, como en la melancolía.

trae mayo
a los hombres y a las mujeres
atareados en los campos
azufrando viñas
recogiendo prénsules o naranjas o fresas
esquilando ovejas
plantando tomates atando cañas destallando
regando huertas o liados con las hortalizas
puede ser hermoso
aunque los jornales son escasos y mal pagados
y os olvidéis de donde viene el pan
trae mayo sol y luz
cantos y colores
fiestas campesinas y carreras ciclistas
y atardeceres eternos
como si no quisieran irse
es hermoso
aunque el futuro no es nuestro
ya de noche
el cielo brilla de estrellas
es hermoso
aunque –dicen–
están muertas

La mirada de este almanaque no es pacífica, no es resignada, ama su mundo y odia lo que le amenaza. Encarna una lucha, una lucha fundada en la resistencia.

QUÉ NO VEIS O NO QUEREIS VER

Vienen en plan conquistadores, y a esa gente le importa una mierda el pueblo, le
importan una puta mierda los que aquí vivimos y nuestra cultura y nuestras historias.

En este almanaque veréis chocar dos formas de ver el mundo, ese trozo de mundo, el mayor, que no es ciudad.

El primer principio de la resistencia es defender tu forma de ver las cosas. No comprar sin más el discurso de los otros, no dejarse definir por los otros, tener voz propia.

En los almanaques, los textos que aparecían en la parte de atrás de cada hoja se caracterizaban por la libertad y variedad de tono y de temas, lo mismo sucede, fiel al género, en este Almanaque.

Si los poemas de cada mes, que forman la armazón del cuaderno, surgen al hilo del calendario, del efecto del tiempo, los textos intercalados entre estos poemas –opiniones, cuentos, desahogos, a veces meras sensaciones– surgen como reacción frente a la situación general, las ideas recibidas, las opiniones dominantes, las noticias… como en una conversación de bar, como en una sobremesa de merienda.

hacéis que todo parezca ficción
que todo sea un escenario
para vuestro protagonismo
para vuestra frustración
convirtiéndonos en extras, tramoyistas, camareros, barrenderos…
pero cuando se acabe el verano
volveréis a vuestras casas
volverá el silencio
echaremos pie a tierra
y solo seréis un borrón
en nuestras vidas
y en el paisaje

La vida se confronta. Hay un nosotros, los que están en el lugar o los que se ponen en el lugar, los que ven. Y hay un vosotros, los que ni ven ni quieren ver. No ven lo que pasa en los pueblos cuando están en las ciudades, pero tampoco lo ven cuando salen de ellas. Son impermeables al entorno, portadores de la única vida posible que, naturalmente, es la suya. No hay peor ciego que el que no quiere ver.

somos pocos y viejos
y estamos solos
además
no damos el perfil
no cumplimos la expectativas
no somos lo suficientemente ecológicos
lo suficientemente emprendedores
no somos sostenibles
hemos perdido
pero
ese mundo que existió
es de donde venís
aunque queráis olvidarlo
y aunque no tenemos futuro no tenemos miedo
y aunque no hay esperanza no desesperamos
no esperamos nada
no tenemos prisa

Y tú, ¿Lo ves o no lo ves? Como en los juegos de percepción o de habilidad de las hojas de los almanaques –descubre el error, las siete diferencias, prueba tu agudeza, comprueba lo que sabes…– este reverso de hoja te pone a prueba, sirve de test. ¿Dónde te sitúas? ¿Qué es lo que pasa, qué es lo que miras, qué es lo que ves?

Qué ves en las hojas de este almanaque. Intenta marcar la respuesta correcta, pero recuerda que son palabras.

no idealicéis la vida rural
aquí no hay nada definitivo
ni verdades ni mentiras
ni buenos ni malos
luchamos para sobrevivir
y es más importante
lo que se hace
que lo que se dice


domingo, 4 de septiembre de 2022

¿QUÉ HACER CON LA FIEREZA? por CARLOS RODRÍGUEZ VILLAFAÑE



Amanece en el último campamento y un sentimiento vacía mi fuerza. ¿Qué hacer con la fiereza con la que estos días hemos abordado cada segundo, cada mirada al horizonte, a la hoja de pino, al cielo? La fiereza con la que engullía un arándano recogido entre las piernas que sujetaban el mapa empapado. Con la que dábamos la primera palada del día hacia un rumbo lejano. Con la que pisábamos, respirábamos, nos sentábamos o incorporábamos, con la que intentábamos oír los aullidos de los colimbos en medio del vendaval y las olas. Esa fiereza que envuelve al amor profundo que irradian todas las cosas.

La hoguera ha ardido toda la noche, es el último campamento. Salgo de mi necio letargo de poeta para volver a estar aquí: hay un montón de platos que lavar en el arroyo congelado... con fiereza me pongo a ello y mientras rasco a fiera uña desnuda, cojo con la boca un arándano que una mata ofrece desafiante frente a mi cara.

Carlos Rodríguez Villafañe


viernes, 26 de agosto de 2022

MALOS RECUERDOS por JESÚS PALACIOS



Ahora que está otra vez tan de moda reivindicar el cine y, en general, el pasado quinqui en nuestra cultura popular, nos ha parecido oportuno rescatar este breve pero intenso texto, publicado originalmente en el estupendo fanzine leonés Vinalia Trippers, en su especial Spanish Quinqui, editado en 2013 con portada del siempre grande Miguel Ángel Martín, en el que tuve la fortuna de colaborar, como en otras ocasiones gracias a la amable invitación de Vicente Muñoz Álvarez, uno de sus principales responsables, escritor, poeta y figura fundamental de la contracultura en la capital leonesa. Espero que aporte una visión distinta del fenómeno, algo menos sentimental y nostálgica que la habitual en muchos de entre quienes no vivieron los “viejos buenos tiempos” de El Torete, El Vaquilla y los demás:

La mitología quinqui me produce profundos sentimientos de amor/odio. O solo de odio, no sé. Es cierto que las películas de José Antonio de la Loma y Eloy de la Iglesia, aparte de algunas otras que se apuntaron al carro, como Deprisa, deprisa de Saura, constituyen un fenómeno popular fascinante. Un genuino cine de género hispano, con profundas raíces en una coyuntura sociocultural, cuyos ecos siguen resonando en nosotros a día de hoy. Un cine comercial, del pueblo y para el pueblo, con algo de serie negra, algo de denuncia social y mucho de exploitation, que dicen los anglos. Un encuentro singular entre realidad y cine, como demuestran El Torete o El Vaquilla, antihéroes del género tan auténticos como la vida misma. El problema, de hecho, es que son demasiado auténticos para alguien como yo, que vivió su infancia y adolescencia en los 70, en el madrileño y satánico Carabanchel Bajo, junto a la Calle de la Vía, en un lugar llamado Colonias Experimentales… El problema es que yo conocí a los héroes del cine quinqui en mis propias carnes. Y no era nada divertido.

Recuerdo cuando cruzar la Calle de la Vía, hoy saneada y urbanizada como una absurda distopía residencial, era arriesgarte a perderlo todo: la bici, la paga, los chicles, el balón, la cartera (del colegio, claro), los cromos, los libros de texto. Y hasta la vergüenza (o sea, los pantalones). Recuerdo cuando pagabas un impuesto revolucionario por salir de clase, en el Colegio Nacional República del Ecuador, en mitad de un descampado, para volver a casa entero, con todos tus bienes y sin un ojo morado. Recuerdo cuando, una vez, apenas pudimos escapar ―éramos cinco o seis chavales―, de “las ruinas”, como llamábamos a otro descampado próximo coronado por un bloque de edificios sin terminar, ominosos esqueletos prehistóricos de hierro y cemento, acosados por una pandilla de quinquis que se divertía arreándonos pedradas y amenazándonos con palos y navajas. Me acuerdo de compañeros quinquis, ya en octavo de E. G. B. y en los primeros años de B. U. P., de los que me hice “amigo”, para que me protegieran de sus colegas ―esos “colegas” de Eloy de la Iglesia―, y de ellos mismos. Les compraba por veinte duros libros y cómics robados en grandes almacenes, y así les ayudaba a pagarse el caballo suyo de cada día. A veces, les sacaba anfetas de la farmacia sin receta, porque yo era payo y tenía cara de bueno.

Pero lo peor es que me acuerdo de cómo me alegré cuando empezaron a caer. Me alegré cuando uno se mató en el metro, saltando de vagón en vagón, perseguido por la poli. Me alegré cuando comenzaron a quedarse en los callejones, en las chabolas abandonadas, con la jeringuilla colgando del brazo, pálido y lleno de agujeritos. Me alegraba, cada vez que sabía de alguno que se estrellaba con la moto. Me alegré cuando supe que La Banda del Cobeta ya no tenía Cobeta, porque lo habían enchironado (y la palmó allí)… No, no me gusta demasiado el cine quinqui. Salvo los finales de las pelis, claro. Esos sí. Esos los sigo disfrutando hoy.

Jesús Palacios


miércoles, 24 de agosto de 2022

DAVID MARDARAS: dedo d.




LA SEDUCCIÓN DE LA OBLIGACIÓN

La seducción del dinero, de la
cultura, de la línea, del poder. La
seducción que te susurra tu propia
materia. La seducción de los
símbolos, de los mitos, de las formas.
La hostia puta. La seducción de los
objetivos y de la acción. La seducción
del sentido. Ya no sé de qué hablaba.
La seducción de la inteligencia. No
era eso. Lo estoy mezclando todo. Es
confuso, cultural e intelécticamente
incorrecto. Puede llegar a importarte
un huevo conocer algo de la verdad.
Pero es demasiado tarde, no puedes
dejar de pensar, pensar, rumiar,
rabiar. Tartamudeando, mascullando
monótonos divagares. Sólo un
código, un tornillo timbrado vibrando
en un tren interminable. Dormirás
eternamente en un torrente que se
queda, se hace nube y se disipa. Pero
ahora, sólo tiembla y háblate a ti
mismo: el viaje es largo. Algo tienes
que hacer.


COMANDO UN JÉRCITO DE FURCIAS…

Comando un jército de furcias
Comando un jército de perros
Limando dientes, en protesta
La parada enardece la ciudad
Flujo ardiente
Elocuente
Carnaval de máscaras masocas
Hedonismo, el aire araña
Los tinglados rezuman erección
De cuerpos macho y hembra
Danza
Rabia
Éxtasis rabioso
Más real que cien años
Más vivo, más muerto
Intense overdoseist parade
Over life, over death
Over time, space and learning


FILTRO DE AMOR…

Filtro de amor sardónico en onomatopeyas
Evolucionado desde ayer, ayer, ayer
Cardiovasculares se extienden sobre la tierra
Las pálidas alas de una mariposa femenina
En las cabezas puntiagudas de los puentes
Hay ojos viendo fluir
Espantapájaros bermellón inundados de pócimas secretas
Candelabro dormido
Danza del vientre hace el humo de sus velas apagadas
Es así. Así es de noche
No sé dónde ni por qué

David Mardaras, de dedo d (1998)


martes, 23 de agosto de 2022

PAUL BOWLES; THE SHELTERING SKY, BEATNIKS, Y VERANOS EN TÁNGER por JON ALONSO



Paul Bowles siempre fue una rara avis dentro de la literatura contemporánea norteamericana. Al igual que Frederick Buechner; mostraron un control estricto, sin ninguna de esas cualidades de efervescencia juvenil y sentimentalismo que tan a menudo impregnan el trabajo de los primeros novelistas. Pertenecen a ese grupo de jóvenes escritores que tiene la extraña cualidad para disfrazar una falta básica de energía creativa, especialmente, cuando se yuxtaponen a una imaginación tan rica y abrumadora, en el caso del exquisito John Hawkes. Ambas novelas tienen el mismo tema básico: la angustia del intelectual moderno, quien, incapaz de comunicar su necesidad de amor, el cual, está condenado al aislamiento en un mundo que solo puede analizar y soportar. Pero el significado trágico de este tema nunca se capta, ya que los seres humanos que se mueven a través de estas novelas son simplemente el sombrío telón de fondo contra el cual se ilumina el verdadero héroe, titulado quizás “El dilema moderno”. Sin embargo, desde una perspectiva literaria tan oscura y vacía como la actual, el crítico debe otorgarles los honores que correspondan a los fracasos del más alto nivel. Ciertamente, ninguna novela reciente se ha acercado tanto a la perfección técnica como A Long Day's Dying, y es asombroso presenciar tal habilidad en un joven escritor. Empero, será Paul Bowles quien se llevará la gloria del superventas, caprichos del destino o recompensa de un todoterrero de la vida. Evidentemente, Bowles le debe mucho a E. M. Forster al intentar dejar una relativa sospecha, con un alto grado de conciencia, usar el norte de África de la misma manera que Forster usó la India: un espejo curvo que distorsiona aun cuando refleja el dilema del hombre occidental. Cuando el autor Paul Bowles termina con esos personajes de The Sheltering Sky, su primera novela, sus personajes se han deslizado desde cero hacia la muerte por la fiebre tifoidea, y el punto cero se ha convertido en una soga trenzada con hebras de ninfomanía y locura. Pero a pesar de su habilidad seductora que captura los contornos brillantes de los mercados árabes, las tiendas de vinos y las prostitutas malhumoradas, la novela nunca puede elevarse por encima de un cierto nivel turístico. Los protagonistas parecen moverse en estado comatoso de una escena elíptica barroca a la siguiente, sin volver nunca a la vida ni generar tensión dramática. Bowles ha tomado a la Mujer Módem Perdida y ha abierto las llagas de su enfermedad hasta la Muerte. Hay que reconocer que Bowles no fue un joven de su generación —digámosle— estándar. Tuvo que salir —por piernas— de casa, ante la paranoia de su viejo de origen alemán y profesional de la odontología. Así como una madre muy aficionada al lanzamiento de cuchillos, cuando tus compañeros de colegio tan solo esquivaban las zapatillas de sus mamás. Un billete en barco y termina en París con la generación perdida, al lado de Ezra Pound y Djuna Barnes. Le dio por la vena poeta, y la caprichosa Gertudre Stein, no vio nada prodigioso en sus rimas. Salió a la carrera, directo a NY, y allí terminó de alumno del enorme Aarond Copland, Como lo de los viajes le tiraba mucho, terminó en Marruecos y después hizo muchas composiciones para todo tipo de obras teatrales, cinematográficas. En México conoció a Silvestre Revuelta antes de que le pegase un zamacuco de tanto beber tequila y whisky. Conoce a Jane Auer y se patearon toda Centroamérica. Le dijo que volviera a la máquina de escribir y acabó escribiendo columnas en el Herald Tribune. Ya en la década de los 40 conoció a un Wells muy zumbado, a un alcohólico Huston, a Joseph Losey y a un vanidoso genio llamado Dalí. Finalmente, se establece en Tánger, y posiblemente, se encontrará con algunas de las grandes leyendas del movimiento Beat: Allen Ginsberg, William S. Burrough, Jack Kerouac. Muchos de estos autores americanos participaron en el mito de la ciudad portuaria. La leyenda de Tánger es el adobe de muchos de esos años gloriosos, donde se juntaron escritores de una contundencia intelectual (de 1925 a 1956).

Desde los divertidos amanuenses beatniks que deambulaban por sus calles, fumando hashish en sus cafés o pasando interminables horas a la contemplación de la entrada del Atlántico en el Mediterráneo. En las pocas librerías de la ciudad se exhiben de manera destacada las gloriosas novelas de este período escritas en las pensiones de la “ciudad soñada”. Obras de Truman Capote, Alexandre Dumas, Jean Genet, Joseph Kessel, Mohamed Choukri, Antoni Gaudi, Mick Jagger: Farid Othman conoce todas las famosas sombras que acechan en Tánger y "no puedo imaginar vivir en otro lugar”. “Tánger siempre ha atraído e inspirado a artistas y escritores de todo el mundo”. Dejando a Tánger a un lado y volviendo al matrimonio Bowles. No podemos pasar por alto los detalles más significativos de The Sheltering Sky. Hay una gran parte de la crítica literaria que insiste en la proyección de la vida, del matrimonio auténtico, con la pareja de ficción que escribe PB. Observamos la decadencia de un matrimonio: la charla sin sentido y la cortesía fatigada, la dolorosa separación en el sexo, la pérdida de la capacidad de amar. El tortuoso viaje que emprende con su marido no hace más que acentuar la profunda esterilidad de sus vidas mutuas. Los alrededores son misteriosos y amenazantes, incluso cuando ofrecen la promesa secreta de una naturaleza redentora, en la que, como escribió Sir Thomas Browne: “los más grandes bálsamos yacen envueltos en los más poderosos corrosivos”. Para el esposo, el corrosivo es demasiado poderoso y la atmósfera exótica solo trae muerte. En estado de shock, la heroína se embarca en una extraña aventura, vagando por las arenas del desierto, donde finalmente es recogida por una caravana de camellos. Algunas de las escenas que siguen son como las películas de Rodolfo Valentino. Es el mismo jeque, adornado con estiércol de camello y moscas, quien la lleva a su fortaleza del desierto. Un simple hijo de la naturaleza, es capaz de satisfacer no solo a la heroína, sino también a las otras tres mujeres de su harén. Su vida sexual se distingue por un sentido de la destreza y la eficiencia que difícilmente puede ser igualada por ningún personaje de ficción reciente, a menos que sea uno de los gallardos espadachines del romance histórico. “Violada” dos veces en su primer encuentro con el poderoso nómada, la heroína es capaz de abstraerse de la experiencia y este aspecto indirecto marca el tono de todo el episodio. Antes de que sus aventuras hayan seguido su curso, se purga por completo de su sensibilidad y logra encontrar la salvación a través de la violación. Al final, nos queda la imagen de un pequeño pájaro del desierto desfilando en las plumas de la serpiente emplumada de Edward Garnett. Todo esto puede tomarse directamente como una escabrosa y supersexy historia de aventuras en el Sahara completamente colmado de caravanas de camellos, árabes guapos, oficiales franceses y un harén. No obstante, coñas a un lado, The Sheltering Sky es un trabajo de escritura notable, con una destreza que la convierte en la primera novela más interesante de un escritor estadounidense este año. El autor Bowles, de 38 años, compositor y ex crítico musical, vive desde 1947 en la casbah de Tánger. Su verso de revista pequeña y un puñado de cuentos ya le habían ganado los aplausos de los literatos que miraban el horizonte de Manhattan. The Sheltering Sky, con su mezcla de náusea emocional, desesperación intelectual y primitivismo del desierto, estará cerca de justificar sus esperanzas. Sin embargo, para un escritor tan capaz, Bowles no le da mucha importancia a su historia. Tanto Port como Kit son niños intelectuales neuróticos tan escasos de carácter y atractivo que apenas parece que valga la pena salvarlos. La muerte de uno y la locura del otro parecen fines apropiados pero en modo alguno trágicos.

Por mucho que se preocupe de Port, Kit hace el amor con su mejor amigo y compañero de viaje, Tunner, en un compartimento de tren, nuevamente en una duna de arena mientras Port agoniza. Kit y Port, con sus antecedentes y motivos indistintos, son en gran medida marionetas de novelistas, y Tunner es un peso ligero de col que se utiliza para completar el triángulo clásico. Pero Bowles puntúa limpiamente con sus personajes secundarios: proxenetas y prostitutas árabes, oficiales franceses en ciudades de guarnición, un par de turistas estúpidamente aburridos: madre e hijo. Sobre todo, The Sheltering Sky está empapado de un fino sentido del lugar, y esboza ciudades árabes y el mismo Sahara con aguda seguridad. Bowles puede haber perdido el centro del objetivo con sus personajes centrales, pero les ha dado un elenco de apoyo y un escenario emocionante que muchos novelistas experimentados honestamente pueden envidiar. Después de varias temporadas literarias entregadas, en su mayoría, a las travesuras juguetonas de los niños, precozmente astutos y singularmente encantadores, pero que no se pueden contar para esos regalos que no llegan de otra manera que la experiencia y la contemplación de una mente verdaderamente adulta, ahora es obviamente un momento perfecto para que un escritor con una mente así capte nuestra atención. Ese es precisamente el acontecimiento que se celebra con la aparición de The Sheltering Sky, la primera novela de Paul Bowles. Echamos la vista atrás y ha pasado un buen tiempo desde que las primeras novelas en Estados Unidos provienen de hombres de treinta y tantos años (Paul Bowles tenía 38, por aquel entonces). Incluso en décadas pasadas, la primera novela generalmente se escribía durante los primeros años de la universidad, cuando uno creo que sirve para este oficio y cree notarlo. Además, debido a que el éxito y la atención del público funcionan como una especie de olla a presión o congelador, ha habido una tendencia desalentadora de que el talento se cocine o cuaje en un nivel prematuro de desarrollo interior. En Estados Unidos, la carrera casi invariablemente se convierte en una obsesión. El principio de "salir adelante", llevado a tal extremo, inspira a nuestros escritores a realizar enormes esfuerzos. Cada año debe salir un nuevo libro. De lo contrario, entran en pánico, y lo primero que sabes es que pertenecen a Alcohólicos Anónimos o han abrazado la religión o se han lanzado de cabeza a alguna actividad política con nada más que un emocionalismo incipiente para aportar o derivar de ello. Creo que esto se debe a una concepción errónea de lo que significa ser escritor o cualquier tipo de artista creativo. Sienten que es algo para adoptar en el lugar de la vida real, sin comprender que el arte es un subproducto de la existencia. Paul Bowles ha rechazado deliberadamente ese tipo de profesionalismo rabioso. Más conocido como compositor que como escritor, no ha permitido que su pasión por ninguna de las dos formas de expresión interfiera con el crecimiento de su personalidad. Ahora bien, este libro ha llegado al meridiano del hombre y del artista. Y, para mí, de manera muy emocionante, lleva al lector a una comunión repentina y sorprendente con un talento de verdadera madurez y sofisticación de un tipo que había comenzado a temer que se encontraría hoy en día solo entre los novelistas insurgentes de Francia, como Jean Genet, Albert Camus y el mismísimo Jean-Paul Sartre.

Con la vacilante excepción de uno o dos libros de guerra escritos por soldados que regresaron, The Sheltering Sky es el único de los libros que he leído recientemente de autores estadounidenses que parece llevar la huella espiritual de la historia reciente en el mundo occidental. Aquí la huella no es visible sobre la superficie de la novela. Existe mucho más significativamente en una cierta aura filosófica que lo envuelve. Hay un curioso doble nivel en esta novela. La superficie es apasionante como narrativa. Es impresionante como escritura. Sin embargo, sobre esa superficie está el aura de la que hablo, intangible y poderosa, que te recuerda a una de esas nubes que has visto en verano, cerca del horizonte y de color oscuro y que de vez en cuando pulsa silenciosamente con destellos interiores de fuego. Y esa es la superficie de la novela que me ha llenado de tanta emoción. The Sheltering Sky es la crónica de tal viaje. Si no fuera por el hecho de que el principal personaje masculino, Port Moresby, sucumbe a una fiebre epidémica durante el transcurso de la historia, no sería difícil identificarlo con el propio Sr. Bowles. Al igual que el Sr. Bowles, es un miembro de la intelectualidad de Nueva York que se cansó de ser tal miembro y se dispuso a escapar de ella en lugares remotos. Escapar, ciertamente lo hace. Escapa prácticamente a todos los accesorios de la vida moderna civilizada. Hasta cree haber escapado de su sexualidad, pero ese es otro cantar. Equilibrado entre la fascinación y el temor, se adentra cada vez más en esta “lejanía” de ensueño. La historia en sí es una crónica de una aventura sorprendente en el contexto del Sáhara y las regiones pobladas por árabes del continente africano, una parte del mundo rara vez abordada por escritores de primer nivel que realmente la conocen. Paul Bowles sí lo sabe, y mucho mejor, por ejemplo, de lo que lo sabía André Gide. Probablemente lo sabe incluso mejor que Albert Camus. Porque Paul Bowles ha estado yendo a África, de vez en cuando, desde la década de los 30. Le emociona, pero por alguna razón no trastorna su equilibrio nervioso. No se queda en las ciudades costeras. A intervalos frecuentes, realiza viajes a los rincones más misteriosos del desierto y el país montañoso del norte de África, lo que implica no solo dificultades sino también peligros. Hoy qué nos queda de todo aquello y qué podrán encontrar los lectores: piedras viejas y arena. Empero, algo de Bowles en mí, cuando estoy de vacaciones y alucino con la parte superior del enorme autobús rojo —que pasa rozando las fachadas históricas—, los turistas descubren el viejo Tánger, mientras una multitud de veraneantes se agolpan en la nueva cornisa, obra del sátrapa alauita. Ya lo dijo Patti Smith: hay dos tipos de obras maestras. Están las obras clásicas monstruosas y divinas como Moby Dick, Cumbres borrascosas o Frankenstein; un moderno Prometeo. Y luego está el tipo en el que el escritor parece infundir energía viva en las palabras mientras el lector es hilado, exprimido y colgado para que se seque. Después están los libros devastadores y éste, es uno de ellos. Además, otro gran lector se enamoró de esta joya, el gran Bertolucci, ¿ven cómo el cielo nos protege? Tenemos mucho que contar, pero eso será en la próxima ocasión.


Dedicado a Nicholas Evans julio 1950/agosto 2022 In Memoriam

Jon Alonso,
del blog El inquietante Bypass


lunes, 22 de agosto de 2022

ELVIS Y MARILYN por JAVIER VAYÁ ALBERT



Ambos sabían
que les acabarían cogiendo.
Lo que importaba realmente
era la trascendencia suicida
de un acto concreto.
Como una declaración
de intenciones
En mitad del mismo
y maldito infierno.
Elvis y Marilyn
cruzando en un Cadillac rosa el desierto.
Dejando atrás el letrero
de neón estridente
Wellcome to the fabulous Las Vegas.
Y varios coches patrulla azuzándolos
como coyotes con brillantes ojos rojos girando
en mitad de la maldita noche americana.
Tal vez Jimmy Dean y el resto de la pandilla aguarden
en alguna clase de cielo.
Elvis y Marilyn
conduciendo desafiantes
surfeando vigilia y sueño
como dos dementes
en mitad del maldito tiempo.
Tal vez deberíamos dejarlos
no llegarán muy lejos.
Elvis y Marilyn
sobre sillas de ruedas
viejos y desorientados
rodeados por batas blancas
encañonados por jeringuillas.
De existir un mañana
lo intentarán de nuevo.

Javier Vayá Albert

https://www.facebook.com/javier.vayaalbert

sábado, 20 de agosto de 2022

TRES POEMAS de TOMÁS RIVERO



SILENCIO

Son las 8'52 de una mañana transparente
cuando empiezo este poema
que tiene leña seca de recuerdos,
azul y jazz, blues y gatos en celo,
agosto y jazmín con sal.
Salgo al patio a fumar un pitillo
y el horizonte sólo es horizonte.
Se ha levantado la bruma
que como una sábana blanca
cubría la playa.
Y sin querer he pensado:
“Daniela cuando folla baila.”
Daniela, aquella polaca de origen albanés,
mitad gitana, mitad noruega.
Nos conocimos en Berlín
mientras arrancábamos trozos
de un muro lastimado y hormigón,
ignominia y vergüenza.
Una golondrina hace trinos
parada en un alambre,
hay gotas de mar en la buganvilla
y la mañana trepa lenta sobre
el enrejado de madera verde;
he canturreado entre dientes
una canción de amor y soledad,
y un poco más allá el resto del paisaje
guarda todo mi silencio.
¿Qué habrá sido de Berlín y de Daniela?


PUNTO DE FUGA

Cuando fui pasto de las llamas no fui otra cosa,
ni reloj ni cuchara ni tiempo ni hambre,
fuego atizado por el viento. Fui punto de fuga,
ese secreto que los pintores dejan en los cuadros
para escapar empapado en óleo en caso de pánico,
en caso de tener esa necesidad cobarde
de huir de la escena
donde se produjo la belleza de los hechos.
Esa necesidad cobarde a la hora de reconocer
que en cierta soledad se te aparecen voces,
es decir versos con cadenas
que vadean vade retro las alcobas.
Embozados poemas de la noche
que van escribiendo con pinceles sordos
por paredes y techos el miedo de la vida.
Cuando fui pasto de las llamas
veloz corrí por el bosque,
fui punto de fuga en la enramada,
no dejé atrás jirones
ni de tiempo ni de hambre,
huí por aquella deserción o derrota
también llamada puerta, otrora arcada
que me ofrecía el futuro,
jamás parecido al horizonte.
Tan solo grité en el último instante:
la boca la boca ignorante que yo beso,
las palabras que pronuncias
para que no sea un ciego de tus labios,
para que no esté sordo. Y te nombro.
Doy un nombre a las pronunciadas palabras.
Dichas así, con un asterisco
que con su aspa dentada muerde
los irrepetibles nombres
que me acompañan en la huida.


AMORES MALDITOS

No hay amores malditos,
sólo el ir y venir de los cuerpos
sometidos a finísimas hojas de afeitar.

No hay amores malditos,
sólo un murmullo agónico
falto de oxígeno,
sólo un asfixiante malestar
que provoca un paciente débito.

No hay amores malditos,
una caricia es remanso
y condiciona a la amargura
a ser un cuerpo transparente
de tímida belleza.


Tomás Rivero


jueves, 18 de agosto de 2022

SATORI, ASALTO Y RESIDENCIA por JULIA ROIG



¿Dónde puedo hallarlo? ¿dónde el pozo?

Satori húmedo que bendiga esa mezcolanza de hembra turbia y algo inanimada que me estoy siendo.

Es el calor, dirán los eruditos en materia. Este sí es un verano invencible en el peor de los sentidos sin imperio. Me quedan dos barras rojas de vida y tantas pantallas, tan poca piel, tan pocas capas... A un tris del trash. Me voy a Formentera y sé que no hay nadie más en toda la isla leyendo el Ponche, tal vez sí, como yo, releyendo, aunque es complicado, convendremos en que es una isla pequeña, sí. Cenaré en un restaurante que se llama Macondo y me llevará a una de esas novelas animal que me visten. Digo animal porque ahora está mal visto, pero me veo bien, siendo quien quiero. Mis pieles son lo que he leído. Mis pieles son lo que he vivido. Están mal vistas tantas cosas. Será la perspectiva. Todo pasado se analiza cruelmente. Qué mal reaccioné, qué mal contesté, qué mal conquisté, qué mal escribí, qué mal amé, me traté, me toqué, me escuché, me sentí.... Aquí estamos, en nuestro presente de perfección y futuro, con todas las respuestas... Antes la Influenza era algo horrible, ahora también, necesitaremos perspectiva para verlo.

Garabatearé por la noche, palabras sobre fantasía/refugio. En una habitación con el aire a 25 y el resto, cámara acorazada de infierno. The floor is lava. Sí.

Y en mitad de la noche, Penang, la isla que no es isla, en mi mente, y mi madre, allí, con siete años, intentando entender qué significa ese no mama, no papa, no rice que cantan sus nuevos amigos. Lo dijo Loriga, la memoria es un perro tonto, le tiras un palo y te trae cualquier cosa. Yo añadiría: o no. Quizá sabe lo que trae en ocasiones. Te trae un cristal que celebra un trago único. Un tramo de calle con abrazo. La desembocadura de una mirada. La liturgia de una terraza que iluminan los Led (Zeppelin!). Una clavícula esclava. Un cabello salado. Una Alhambra bien fría. O un golpe de realidad. No mama no papa no rice. El mundo se está haciendo un selfie pero aún no lo ha visto. A lo mejor se cae por atrapar las vistas que nadie verá, que nadie está viendo.

En mi mente hay un terciopelo. yo decido cuándo lo acaricio. Soy mi dueña. Un latido honesto y ardiente, propio y eléctrico. Una vibración genuina y ver el interior de las personas. Alguien dijo: La fantasía del momento. Sí. Está aquí, la siento moverse en mis manos y la hago posible.

Julia Roig,
del blog Miss Desastres Naturales