sábado, 8 de junio de 2019

TRAVESÍA en INTERCOSTAL



ESCRIBIR ES QUEMARSE VIVO

En estos tiempos en los que triunfa la autoficción como género narrativo vuelve a ofrecernos una parte de sí mismo Vicente Muñoz Álvarez, en esta ocasión de la mano de la editorial albaceteña Chamán que tan bien cuida sus ediciones.

Tras una incursión en la poesía de género como fue Del fondo y su antología personal GAS, el autor vuelve a desnudarse bajo la palabra poética. Para quienes no conozcan la escritura de Vicente les podríamos decir que no deja a nadie indiferente, desde una postura existencialista, pasa revista a todo lo que le rodea y construye. La vida es a la vez belleza y lucha, amor y dolor, supervivencia y deleite. Si en algo es característica su poética es en el hábil uso de la dicotomía, de las antítesis que tan bien dibujan su escritura, su vida. Porque si algo define a Travesía es la introspección y la desnudez del autor frente al lector, verdad despojada de todo artificio, de todo intento de parecer. 

Escrito en una cuidada prosa poética, sus ciento ochenta y tres páginas constituyen una obra de madurez, temas que son constantes en su obra como los perros de lluvia (aquellos poetas marginados por el sistema); la lucha entre el yo escritor y el yo inserto en el mundo capitalista, el vendedor de zapatos; las difíciles decisiones que nos llevan por un camino y no por otro; el continuo vaivén de personas que conocemos, con las que compartimos tanto y después desparecen; el amor; el adentro y el afuera del escritor, del hombre. Aparecen tamizados en este libro por una madurez, que como el propio autor dice, quizá sea por la proximidad de la cincuentena, aunque más parece ser un posicionamiento fruto de la experiencia vital y literaria. 

Es esta experiencia literaria un punto en el que me gustaría detenerme, siendo como se trata de un autor heterodoxo, fuera del canon impuesto, sus referencias librescas le acercan a la generación Beatnik, aparecen continuos guiños a autores como Kerouac, al que tan cercano se ha sentido Vicente a lo largo de su vida literaria; pero nunca se olvida de la visión del mar de William Hope Hodgson, la playa, el faro, el océano como lugares de recogimiento, de paz, que con su carga telúrica acercan a Vicente al verdadero recogimiento; sin olvidarnos de otros muchos de sus referentes como Lovecraft.

Estamos, como decía anteriormente, ante una obra de madurez. El poeta se ha dado cuenta de que la verdad se encuentra dentro de uno mismo, de que en el afuera solo encontramos hostilidad, esa Babel como él la denomina, no es más que un elemento de disrupción, de quebrantamiento de la personalidad, de ruptura con la paz ansiada; el mundo como lugar de ruptura con la esencia del ser humano, capitalismo salvaje, engaño, máscaras y juego, donde siempre sale perdiendo el débil. Travesía se convierte así en unas memorias en las que el existencialismo y, en cierto modo, nihilismo con que se contempla el afuera tienen su corolario en el descubrimiento del uno mismo como salvaguarda, de la biblioteca como refugio, del faro como lugar donde refugiarse de los embates del mundo exterior. 

Podríamos pensar que frente a la dureza de este mundo no existe solución, pero en la obra de Vicente Muñoz Álvarez siempre existe un asidero, una Shangri La de soledad compartida, donde el amor tiene su cabida frente a la arena de una playa salvaje.

Libro rico en metáforas, referencias literarias, referencias a sus libros anteriores, pleno de vida, nos sugiere navegar por sus páginas convirtiéndonos en los capitanes de nuestros propios navíos, pues esa es la enseñanza de un libro tan pleno, tan redondo como Travesía, debemos tener la plena consciencia de ser nosotros mismos, de no perder nunca el rumbo. Y quién mejor para mostrárnoslo que un viejo lobo de mar como Vicente Muñoz Álvarez.


Pablo Malmierca, en Intercostal Nº 1





CHICHO IBÁÑEZ SERRADOR

viernes, 7 de junio de 2019

DAVID GONZÁLEZ: Lo que se puede contar.




EL REGRESO

cuando
la libertad
se convierte
en libertinaje
es hora
de regresar
a la cárcel:


REVOLUCIÓN

no un paso al frente
o no solo un paso al frente
sino los que le siguen:

los verdaderos mártires
de la revolución


EL PUENTE

se apagan las luces en su mirada
siempre que fotografía el puente de brooklyn:

el mismo que en su día cruzó
tony manero

para convertirse ya para siempre en
john travolta:



EL VIEJO MUNDO

a más de quinientos
años vista
si algo parece probado
más allá de cualquier duda
razonable o no
y te lo dice un poeta asturiano
libre por tanto de toda culpa
es esto:

             tanto en cubierta
como en sus bodegas de carga
al igual que en los camarotes
de los oficiales y de la tripulación
lo único que transportaban
aquellas tres calaveras
que venían desde el viejo mundo
era justamente eso:

un viejo mundo

con todos y cada uno
de sus naufragios:


David González, de Lo que se puede contar (Entropía Ediciones, 2019)

https://entropiaediciones.com/index.php/producto/loquesepuedecontar/

martes, 4 de junio de 2019

SIMULACRO: Julia Navas Moreno.




ALUD

Me escondo en cada pliegue de mi piel,
aspiro mis propios humores
y escucho el sonido de mi respiración.
Conformo casi una esfera
donde las extremidades se acomodan, se esconden.
No tengo principio ni fin
ni pies ni cabeza.
Me he convertido en un alud.
Me deslizo cuesta abajo.
Me deslizo hasta el valle
y arrastro todo a mi paso
creciendo.
Creciendo.
Creciendo.


ENVEJECER

Saludar a tu cuerpo.
Amarlo
y habitarlo en armonía
cuando,
en breve,
dejaras de reconocerlo.


AUTOLESIONES

Seres de espinas que apuntan al interior.
Para no ver la sangre de otros
se hieren manos, vientre, ojos
y a menudo se suicidan.


NARCISO

El amor no basta.
El amor no basta.
El amor
no
basta
si solo es amor a uno mismo.

*

Simular, disfrazar, ocultar para sobrevivir o, simplemente, para disfrutar. ¿Cuántas evacuaciones forzosas tiene una vida? ¿Qué dejaríamos, qué sería imprescindible ante una huida, ante la impostura, desesperación y el atropello por encontrar la puerta de salida? La existencia es, afortunadamente, casi siempre un juego, un simulacro. Cuando el edificio arde de verdad, urge lo imprescindible y atravesamos los pasillos sin mirarnos en los espejos.

Ser madres, hijas, inmigrantes o muertos olvidados en las cunetas; tallos verdes, cuencos restaurados con hilo de oro, ballenas, gatos… Simular con las palabras para vivir otras vidas y entender la otredad que esconden es una estrategia, por lo menos, inquietante.


Julia Navas Moreno, 
de Simulacro
(Canalla Ediciones, 2019)


Presentación: Miércoles, 5 de junio, 20 horas, 
Librería La buena Letra, Gijón.

sábado, 1 de junio de 2019

LA NOCHE ES VENENO NEGRO por JOSÉ G. CORDONIÉ




Mi nombre es Ezequiel Mengual. Pero mi nombre ya poco importa.
Recuerdo aquella noche como el inicio de una nueva existen­cia a partir de la cual mi persona, y por tanto mi nombre, dejaron de tener significado.
Todo lo que me ha ido ocurriendo desde entonces me ha traído a través de los caminos más oscuros de la existencia hasta el día de hoy, en el que sé que he llegado al punto final de mi historia.
Alguien dijo que la vida que conocemos finaliza en un punto y coma. Y que tras esa pausa, más intensa que una coma y menor que un punto, continúa y se desarrolla de una manera más plena, de modo que los sentidos crecen y se expanden hasta mezclarse con los sentimientos.
Yo no sé qué vendrá después. Y quizá sea lo que menos me importe. Solo deseo salir de aquí.
En aquellos días, en la trastienda de El figón del Almirante se abría clandestinamente un mundo lento y cautivador tras los cortinajes de damasco de seda dorada. Cuando se entraba en el local, se hacía de repente el silencio. Y el silencio era tran­quilidad y sosiego. La gente que allí se encontraba enmude­cía al dejar que las imágenes que se proyectaban en su mente, impulsadas por el opio y la absenta, los trasladara a un lugar distinto y prodigioso.
A un mundo al que solo se podía llegar escarbando en la sombra más oscura de la psique. Un mundo que muchos anhela­ban para evadirse de la realidad. Porque la guerra que vivíamos en esos días resultaba mucho más oscura que cualquier otra alterna­tiva a la que se pudiera llegar.
La ciudad vivía tiempos convulsos de miedo y destrucción.
Y la ciudad éramos todos. Y todos combatíamos cada día por seguir en pie.
En el hospital de San Jaime, donde yo trabajaba como ci­rujano, recibíamos a diario a decenas de personas heridas por la contienda. Y aunque no quedaba sitio alguno para más con­valecientes, hacinábamos a los heridos en camillas improvisadas en las habitaciones y en los pasillos. Cualquier lugar era válido para practicar una operación de urgencia, intervenir la herida de un balazo, entablillar la rotura de un hueso, realizar una am­putación o quitar esquirlas metálicas incrustadas en el cuerpo y en la cara.
En el sótano del hospital amontonábamos los cadáveres en bolsas. Y cada tres días les dábamos cristiana sepultura.
La aviación enemiga castigaba nuestra ciudad con continuos bombardeos. El silbido de las bombas se había convertido en una parte esencial de nuestras peores pesadillas, cuyo recuerdo se loca­lizaba en cada uno de los escombros y de las ruinas que se podían encontrar en las calles a cada paso.
La ciudad era un mapa de la desolación.
Y la ciudad éramos todos. Y todos buscábamos algunos mo­mentos que nos pudieran hacer olvidar la terrible realidad.
En aquellos terribles días, yo también acudía ocasionalmente a El figón del Almirante para tratar de mitigar el agotamiento y la tensión generados por la situación.
Pero aquella noche a la que me refiero fue distinta a las demás. Y me llega a la memoria como siniestra y fatal.
Una noche bien diferente a todas aquellas anteriores que allí había pasado. Y si es así, es porque tengo la seguridad de que en esa ocasión traspasé los confines de nuestra realidad. Que me adentré, aun sin desearlo, en una dimensión del todo desconoci­da, que ya no he podido abandonar jamás.
Llegué a El figón en la anochecida, en el momento en que la ciudad comienza a dormir y parece hacerse estática. Esa tarde no había habido bombardeos. Sin demora, atravesé las cortinas que me abrían el paso a la anhelada estancia de mis sueños.
El simple roce de mi cuerpo con el terciopelo verde oscuro del diván, donde me tumbé para comenzar mi viaje introspectivo, me hizo sentir de manera inmediata la pérdida de contacto con la realidad de mi existencia.
La maestresala del subrepticio lugar, llamada por todos María la China, empezó a preparar en un reservado la pipa de opio. Mientras tanto, yo fui elaborando con ansia la mezcla de absenta y agua fría, añadiéndola poco a poco sobre el azuca­rillo en una copa de cristal de una onza de medida. Después, revolví el licor con una cuchara de plata perforada, hasta que el líquido se hizo opalescente. Y lo bebí con verdadera avidez de un solo trago.
Sentí fuego sagrado en la garganta.
Me tumbé sobre el diván.
Una vez que el agua llegó a ebullición, la China colocó la piedra negra de opio en la cazoleta y me la acercó.
Me recliné para aspirar el humo frío que me llegaba a la boca tras atravesar la larga cánula de la pipa.

Afuera se escuchó la alarma de aviso de ataque aéreo.

Al poco, comenzaron a sonar los motores de los bombarderos Junkers de la Legión Cóndor. Y el caer de las bombas.
Desde el diván pude escuchar el estruendo de las explosiones y el griterío de la gente corriendo por la calle en busca de un refugio.
Se escuchaba el ajetreo tan cerca que, por un momento, pensé que una bomba había caído dentro. Pero seguí fumando de la pipa unos minutos más, hasta que el mundo de las percepciones se abrió dentro de la duermevela a la que había llegado tras pasar por un estado de somnolencia y hormigueo en la piel.
Fue un momento mágico.
Fue entrar en una nueva dimensión. Aquella en la que viven los seres que siempre deambulan a nuestro alrededor, aunque nunca vemos.
Atravesé las siguientes horas ingiriendo sueños feroces sobre la almohada de la noche, con la carne de gallina y con la frente perlada por gotas de sudor.
Escuché risas, susurros, secretos misteriosos y palabras que fueron dichas para no ser oídas por mí. Y, de pronto, aparecie­ron ante mis ojos bestias con formas muy diferentes a las que yo hasta entonces conocía. Seres tan reales como extraños, fantásti­cos e ilusorios que hasta entonces solo habían tenido cabida en el mundo de los sueños o en la mente del alienado.
Traté de levantarme del diván.
La China me detuvo poniendo su mano sobre mi pecho y me dijo con un susurro cálido muy próximo al oído:
—Evita sentir temor. ¿No ves que ellos se alimentan de tu miedo y que si tu miedo es grande jamás te abandonarán?
Desperté con el miedo impreso en el rostro y con su efluvio re­corriendo mi cuerpo a una velocidad mayor que la de mi sangre.
Desperté con una mueca que solo queda registrada si ha existi­do antes el pánico más intenso que uno pueda imaginar.
Entonces, escuché la suave melodía de una flauta dulce.
Fue esa música la que me hizo salir del sueño y regresar a la realidad. Y allí, a los pies del diván, se encontraba un chiquillo. Estaba sentado con las piernas cruzadas sobre el terciopelo verde oscuro y tocaba una pequeña flauta de madera blanca. Era un niño con una cara extremadamente insólita. Todo su rostro era blanquísimo, al igual que el color de su pelo, que le caía albo­rotado hasta los hombros. Y lo eran también sus pupilas, que apenas se diferenciaban dentro de los ojos al tener el mismo color blanquecino.
Aquel chico albino no tendría más de cinco o seis años. La melodía que interpretaba con su flauta era una canción tan lenta como triste: una variación de «Mná na hÉireann», que entraba como fuego en mi alma inflamable. Vestía una camisa blanca con un chaleco de lana azul y un pantalón corto de color gris oscuro. Parecía un colegial, aunque su insólita cara registraba la misma tristeza de aquella canción, que me llegaba en un impacto de confusión similar al que me procuraba su in­quietante presencia.
Me encontré desorientado tras el sueño oscuro que me había envuelto.
Sumergido en la nebulosa que me traspasaba como si yo fuese transparente, intuí que todavía me encontraba en el mundo de los sueños. Aunque todo parecía completamente real.
Observé la pipa de opio y la copa vacía de absenta, y luego miré al chiquillo, que seguía tocando aquella bella y tristísima melodía.
—Oye, muchacho, ¿por qué razón estás aquí? —me atreví a preguntarle—. ¿Por qué tocas esa canción que me trae tan malos recuerdos de amores pasados?
Al oírme hablar, el niño giró su cabeza hasta fijar en mí sus ojos de extraño color nacarado y dejó de soplar la flauta. Parecía como si sus ojos no tuvieran iris. Como si no tuviese siquiera ojos.
—Soy el que te trae la melancolía por recuerdos de tiempos que no volverán nunca más a existir —habló en un tono de voz grave, imposible en un niño de su edad.
—Pero ¿quién eres? —repetí elevando la voz.
—Simplemente soy una parte de ti mismo.
María la China entró en la habitación portando una bandeja, que dejó sobre la mesa alta que se encontraba junto al diván. Contenía una nueva frasca de absenta, una jarrita de agua fresca y los demás elementos necesarios para realizar la prodi­giosa mezcla.
—Dime, China —le pregunté susurrando—, ¿quién es ese niño raro que se sienta junto a mí y me dice cosas terribles con aterradora voz?
—Ahora deberás aprender a convivir con lo que se encuentra a tu alrededor y que hasta ahora no veías.
—No te entiendo, China. —La agarré del brazo.
—Estabas ciego ante una parte del mundo, que solo se percibe cuando superas los límites de la materialidad. Pero no temas nada, Ezequiel, ahora puedes ver las cosas tal y como son.
—Nada de esto es real, China. Esto es debido a esas drogas que me das.
—No, Ezequiel. Lo que ves es parte de ti, eres tú mismo. Solo eso.
—¿Dónde estoy?
—Estás en un lugar seguro. Aquí ya no pueden llegar las bombas.
Caí en el sopor del sueño.
Atravesé la tristeza en minutos de silencio.
Una vez más fui rodeado por seres extraordinariamente in­creíbles. Extrañas formas que solo tenían cabida en aquella estan­cia donde me encontraba, en la que se había abierto una nueva dimensión.
En ningún otro lugar este tipo de formas serían posibles.
Era como si hubiera bajado setecientos setenta escalones para entrar en un sueño inducido por el propio Cthulhu, porque allí había extraños especímenes y seres demoníacos a mi diestra y si­niestra que parecían haber salido del Bestiario de sus Mitos.
Aquellos seres estaban dispuestos a entrar en batalla ante mis ojos dilatados por el opio y la absenta, que ahora volvía a con­sumir reclinado sobre el diván, atendido por las blancas y yertas manos de la China.
Frente a mí estaban los ejércitos del Mundo de los Sueños mi­rándose cara a cara.
Y tras observarse con aviesa inquina, se lanzaron a lucha.
Empezando así una batalla eterna.
Una lucha que se iniciaba sin cesar, porque una vez que fina­lizaba se iniciaba de nuevo de idéntica manera. Se repetían una y mil veces los mismos golpes, las sacudidas atroces y los sangui­narios embates, en los que unos caían mortalmente heridos para seguidamente levantarse recuperados y asestar un golpe letal a su enemigo.
De esta manera, al finalizar la contienda, los ejércitos se miraban cara a cara. Y entonces, sin recordar que ya se habían enfrentado, se arrojaban de nuevo a la lucha.
Supe que se trataba de un círculo continuo que se completaba una vez tras otra. Un bucle temporal donde se sucedía lo que ya antes había ocurrido, pero como si fuera la primera vez que fuese a acontecer.
Me encontré envuelto en un espacio donde todo se repetía monótonamente, sin que nada variara ni un ápice respecto a como había transcurrido la vez anterior. Encerrado en una maldi­ción mayor aún que la de esos seres fabulosos y repugnantes que se batían ante mi asombro, ya que a mí no se me concedía, como a ellos, la preterición y el olvido de las acciones.
Desde ese momento, viví la noche repetida hasta la locura.
Una noche de veneno negro, que me fumaba en la pipa de opio y que me bebía en la copa de absenta en la trastienda de El figón del Almirante, asistido por la complaciente María la China.
Pude verme a mí mismo entrando en El figón. Fumando la pipa de opio reclinado en el diván. Despertando asombrado ante el sonido de la flauta del niño de rostro raro. Observando boquia­bierto a los diablos enfrentados en su lucha feroz, donde nunca había vencedores ni vencidos. Donde solo había espacio para la barbarie y para el combate cruento. Donde nadie recordaba la razón de la batalla.
Y estando atrapado en ese paréntesis maldito, pensé que ya no volvería a la vida y que me quedaría para siempre encerrado en este ciclo onírico continuo. Preso para siempre en las profundas Tierras del Sueño.
Poco más puedo decir: mi nombre es Ezequiel Mengual, pero mi nombre ya poco importa.
Solo deseo salir de aquí.

[Fragmento eliminado]

«Al despertar en el hospital de campaña fui consciente de que me debatía entre la vida y la muerte. Sabía, de algún modo, que aquella explosión se había llevado una parte de mí.

Nada podía recordar del bombardeo. Nada más que el sonido de la sirena de alarma. Los gritos. La confusión que, de pronto, lo envolvió todo.

Sentía un gran dolor bajo mi abdomen. Pedí ayuda con un susurro, al que nadie hizo caso. Los médicos estaban muy ocupados haciendo una maniobra de resurrección a un chi­quillo albino que se encontraba en una camilla junto a la mía.

A los pocos minutos escuché el pitido continuo de la máquina a la que estaba conectado.Pensé que un niño nunca debería morir así.

Sentí, entonces, el frío de las manos de la enfermera cuando me inyectó la morfina en el brazo. Me sentí, de pronto, caer. O entrar en un túnel, oscuro, como la entrada a un sueño eterno de donde ya no se puede salir jamás».


José G. Cordonié, 
de La negra luz del círculo oscuro 
(Caligrama, 2019).



La negra luz del círculo oscuro es una colección de relatos englobados en el subgénero weird fiction, o ficción de lo extraño, en la que podemos encontrar historias que transcurren en un insólito cotidiano, dentro de una atmósfera donde es difícil de definir, en ocasiones, si nos hallamos frente a un hecho extraordinario o ante una creación inexplicable de nuestra mente.
Un hombre que descubre en el espejo que su cara no es su cara, un niño que contacta con el más allá a través de una caracola de mar, un vampiro que se enfrenta a la pérdida de memoria o un hombre que se encuentra con su doble exacto en una difícil y confusa situación son algunos de los temas que puedes encontrar en estos relatos, escritos con una alta dosis de creatividad y originalidad para transformar momentos de la vida de los personajes en situaciones que provocan asombro y extrañeza.

viernes, 31 de mayo de 2019

EL PANTEÓN NEGRO por ABEL SANTOS




Lo que podríamos llamar
el panteón negro de la literatura
ENRIQUE  VILA-MATAS

Paul Verlaine
bebiendo y llorando solo
ante la imagen de Rimbaud
en el fondo verde
de su copa de absenta.

Rimbaud
que ya andaba lejos
de la elegancia de la desesperación
para ir en busca
de las mágicas formas
de la felicidad
que a todos alcanza.

Charles Baudelaire
quemando su herencia y su dones
con aguardiente
mientras el demonio
se agita alrededor.

Edgar Allan Poe
muerto, borracho, en una fría calle
empedrada de Baltimore
envuelta en misterio.

Y un servidor,
que por un maldito amor
casi no lo cuenta
si los del 112 y mi madre
no me hubieran despertado,
en mitad de mi suicidio,
para hacerme un lavado de estómago.

Cuidado, joven poeta.
Cierta poesía es un fuego salvaje.

Que no es bueno tragarse
más de tres poemas malditos
hasta la maldita poesía lo sabe.


Abel Santos, de Huelga decir (Boria Ediciones, 2019)

https://boriaed.com/producto/huelga-decir/

jueves, 30 de mayo de 2019

ARQUITECTURAS Y EXUDACIONES por CELESTE PÉREZ FERNÁNDEZ




ese rayo oscuro,
que un día entró
sigiloso por la ventana
ahí está,
puntual a su no amanecer,
construyendo su nido

*

lo que conlleva tu nombre:

el arrebato,
el delirio,
el entusiasmo,
el frenesí,
la vehemencia;

y tu sombra
que aviva mi sombra

con sus perlas,
con sus lodos.

*

Estas auroras sicarias,
tanta munición
entre costilla y costilla.

Eres tú en mí,
y mi alma en féretro.

Y los buitres en pasto.

*

A veces, te arrancas el corazón. Observas su morfología, su sintaxis, su pálpito de no decir.
Y forjas el íncipit: lo que ha asolado por aquí, aquí se queda.
Y un folio ceniza cae al suelo.

*

Estos gatos ilusorios que me lamen se retuercen de dolor. Les incito restos de heridas y comen de mi ardor invisible. Su ansia es mi calma hasta que uno me nombra el pecho y fija sus huellas. Muerto de pánico en ayuno, con la lengua envenenada entre mis vísceras, es entonces cuando sé que estás ahí.

*

En los bordes de los ríos,
el movimiento de los peces
son los versículos de la duda;
la escamas, evangelios.

Siempre han sido así
las tardes en las que no corre el aire,
las apocalipsis que acechan.
El "todo es relativo",
hasta que lo relativo
deja de conjugarse.

Y las múltiples espinas
que flotan sobre la brevedad:

"¿qué fue primero de la inquietud,
el agua o el verbo?"

*

los poemas
cuando ya no duelen,
cuando ya no respiran;

y el chirrido lechoso
de la próxima úlcera nácar


Celeste Pérez Fernández

martes, 28 de mayo de 2019

HÍBRIDOS 2019: Quinta Jornada.



UN HUEVO, CUATRO SARDINAS

Beatriz del Monte

Un huevo, cuatro sardinas, surge de la necesidad de recordar la figura de La Kika, una mujer que afronta los tiempos que le ha tocado vivir y saca para comer de donde haya. Una mujer sin ideologías políticas, quien todo lo que hizo fue sustento y creación del sistema. 

Como ella muchas otras, mujeres que tuvieron que enfrentarse a una época sin pan, sin recursos y en guerra, donde quedaban al cargo de una familia solas, con el impedimento también de ser mujeres, en silencio. 

Es un homenaje a nuestras bisabuelas, que en su día fueron madres, y a las abuelas que vivieron esta historia nuestra como hijas. 

Es un homenaje a La Kika y, con su historia, a todas ellas. 

Beatriz del Monte 

Creadora de escenas, intérprete y profesora en el campo de la danza. Natural de Madrid y actualmente afincada en Asturias, trabaja en la búsqueda de un lenguaje propio dentro de la escena. Licenciada en Coreografía de la Danza Contemporánea por el Conservatorio Superior de Danza María de Ávila. En 2016 cofunda Microclima Colectivo Artístico, junto a Cristina Meca, con el fin de crear espacios transdisciplinares que creen una red de artistas y faciliten el acercamiento del arte a todas las personas. Colabora con el espacio Musical Impro como profesora en la formación de danza para actores, lugar que le permite beber del teatro y continuar en su búsqueda como intérprete y creadora de escena. Actualmente continúa en esa búsqueda del acto escénico completo, lo que se materializa en piezas en formato de solo como “Malditas Lagartijas”, “Lengua de gato, no es chocolate”, “Entraña Limonera” y “Un huevo, cuatro sardinas”, estrenada recientemente en Espacio DT. Como bailarina ha trabajado con coreógrafxs y compañías como Cía. Mey-Ling Bisogno, Victoria P.Miranda, Danni Pannullo, Sharon Fridman, Cía. Mymadder, Ballet de Cámara de Madrid y Ballet Flamenco de Cáceres. 

Miércoles, 29 de mayo, 20:30 horas. 
Palacio Conde Luna

Entrada gratuita hasta llenar el aforo



domingo, 26 de mayo de 2019

HOY ANTE TI, YA MUERTO por AINHOA MARTÍNEZ RETENAGA




Hoy ante ti,
ya muerto,
escucho la proscrita osadía de tu voz yerma
bajo la semblanza vacilante de esta eternidad ya desgajada.
Cual arbitrio y ambigua entraña,
impuntual esgrimes lo adulterado de tu angostura encumbrada
empuñando imprecisa la significación de este escenario.
Me pregunto quién mora en la bitácora de tu sinrazón urgente,
quién revienta lo bizantino de la respiración
que a mi inexistencia ofrendas anárquica y súbita,
quién inexpugnable dentellea los vestigios de tu convulsión
y culterano se desboca sobre la indigencia de mi mudez profética;
cuál será la terminación de tu extemporánea palabra,
cuál el sigilo que soliviantada custodias
bajo la religiosidad infecunda que en tu vientre hoy anida.
Hoy ante ti,
ya muerto,
acaricio mutilado por el dimorfismo de tus venas
la postración concluyente de esta obscenidad ya imperturbable.
¿Quién sustenta el sacramento de mi aniquilación desvaída?
¿Quién palidece ante la declamación ampulosa de mi pesadumbre sin cielo?
¿Quién derrama, entre tormentas, la esclerosis asimétrica de mi abolición fragmentaria
e indócil se descompone sobre las celosías de tu excomunión sectaria?
¿Cuál será la contorsión de tu halda desmedida?
¿Cuál el hontanar al que encarnizada y acerba sacias
ante el aturdimiento incesante que en tu esqueleto hoy habita?
Insumiso... contemplo la deformación figurada de tu piel primera.
Penitente... la vestimenta impostora de tu agravación compilada.
Insalvable... el reclamo oneroso y vacuo de tu embestida incauta.
Hoy ante ti,
ya muerto.


Ainhoa M. Retenaga


viernes, 24 de mayo de 2019

HÍBRIDOS 2019: Cuarta Jornada.



NIÑOS DE LA CALLE: UN MUNDO DESCONSOLADO 

Antonio Ruíz & Arsel Randez

El sistema de protección de menores ni es una referencia, ni tiene credibilidad alguna entre los menores no acompañados que acceden a España a través de las fronteras sur de Europa. Por ello, decenas de niños se ven abocados a vivir en las calles, exponiéndose a abusos, vejaciones o tramas delictivas. Son víctimas de una sociedad capitalista y racista que atentan contra ellos. Niños que arriesgan sus vidas, haciendo lo que ellos denominan “risky”, es decir, intentar colarse de polizones en un barco que los lleve a la península, poder ir al colegio, conseguir documentación para ir creando una vida y un sueño lleno de libertad, como cualquiera de nosotros. Son niños que huyen del hambre, además de otras situaciones de vulnerabilidad. El gobierno español tiene la obligación de garantizar su seguridad, su cuidado, su educación e integración, tal como establece la propia legislación española. Sin embargo, un 95% de estos niños manifiestan que no quieren estar en los centros de menores por la violencia que reciben. Palizas, aislamiento, intimidación, humillación. Diferentes tipos de torturas a los que se exponen si son expulsados en la frontera. Se proyecta sobre la población la falsa idea de que estos niños son culpables de la inseguridad ciudadana, pero sólo un 10% de los índices de criminalidad “pueden” provenir de estos niños. 

Estas fotografías intentan dignificar, anular el lenguaje tóxico que se utiliza contra ellos y dar rostro a unos pequeños seres humanos con vidas muy duras. Niños que ríen, lloran, juegan y anhelan una vida plena y en libertad. 

Las infancias nunca duran pero todo el mundo se merece una. 

La propuesta es la de proyectar fotografías relativas al tema de la infancia abandonada, explicando cada detalle, causa y consecuencia. Acompañada la proyección de música en directo de la mano de músico leonés Arsel Randez. 

Sábado, 25 de mayo, 21 horas, Gran Café

Entrada libre



jueves, 23 de mayo de 2019

PELÍCULAS PARA NO DORMIR



El poeta, escritor y editor Vicente Muñoz. | MARLUS LEÖN

Joaquín Revuelta. La Nueva Crónica | 23/05/2019

PELÍCULAS PARA NO DORMIR

Vicente Muñoz propone un recorrido por los filmes de terror que más le han impactado y que reúne en una publicación que será presentada este jueves en El Gran Café dentro del proyecto cultural ‘Híbridos’

La tercera entrega del proyecto cultural ‘Híbridos 2019’ es la presentación de la más reciente publicación del escritor Vicente Muñoz, ‘Películas que erizan la piel’ (Canalla Ediciones, 2019), que tendrá lugar a las 21:00 horas en El Gran Café y que contará con la presencia, además del autor, del crítico cinematográfico y colaborador de 'La Nueva Crónica', Emilio López Castellanos. 

‘Películas que erizan la piel’ es la tercera entrega de la Trilogía Cult Movies, precedida por ‘Películas para llevarse al infierno’ (Eutelequia, 2011) y ‘Películas para la penumbra’ (Excodra, 2016), en las que el poeta, narrador y editor leonés Vicente Muñoz Álvarez reseña y comenta exhaustivamente las películas de terror que más le han impactado a lo largo de los años. No las que él considera las mejores de la historia del cine, que requerirían un listado aparte, sino otras muchos menos conocidas, de culto, underground y serie B, que merece también la pena reivindicar.


Un recorrido por el cine de terror, desde los orígenes del mudo hasta la actualidad, analizando y comentando subgéneros y corrientes: expresionismo, vanguardia, gótico, thriller, suspense, gore, etc. 

Con motivo de la publicación del libro el pasado mes de abril, Vicente Muñoz comentaba a este periódico que tanto en la literatura como en el cine, el terror es un género que aunque no es mayoritario sí que tiene fans incondicionales, entre otros motivos porque «el terror es uno de los impulsos básicos del ser humano, como ya decía Lovecraft en su día, y nos toca resortes subconscientes y atávicos que a mucha gente desde luego le motivan», reconoce el escritor, que ya con 8 o 10 años pasó miedo viendo las ‘Historias para no dormir’ de Narciso Ibáñez Serrador. «Como yo aparte de cinéfilo empedernido soy narrador y poeta, la peculiaridad de este libro quizás sea que lo he centrado también mucho en las interrelaciones que hay con la literatura; es decir, con la novela gótica, con la novela sobrenatural, de fantasmas, decimonónica, etc. Quizás sea la peculiaridad básica, que no se trata de un ensayo digamos estrictamente cinematográfico realizado por un crítico de cine, con todo lo que es el análisis concienzudo de las secuencias de la película en cuestión, sino más bien como una especie de diario personal de un escritor en el que recomienda los filmes que más le han impactado. De ahí que no sea en absoluto una selección exhaustiva y cerrada, sino más bien un catálogo meramente subjetivo, porque para empezar el 85% de las películas reseñadas están comprendidas entre las décadas sesenta y setenta del pasado siglo, en detrimento del cine clásico de terror de la Universal de los años 30 y también del que vino posteriormente. Se picotea más o menos en cada década –desde el propio cine mudo– una serie de títulos, pero el grueso del libro está centrado en el cine de terror de los años 60 y 70», reconoce Muñoz, que ha elegido para la portada un diseño de Martín del protagonista de ‘La matanza de Texas’, deTobe Hooper, «una película que la verdad pone los pelos de punta».

miércoles, 22 de mayo de 2019

HÍBRIDOS 2019: Tercera Jornada.



PELÍCULAS QUE ERIZAN LA PIEL 

Vicente Muñoz Álvarez & Emilio López Castellanos


Emilio López Castellanos, periodista y cinéfilo leonés de largo recorrido, presenta el tercer volumen de la Trilogía Cult Movies, de Vicente Muñoz Álvarez, Películas que erizan la piel (Canalla Ediciones, 2019), dedicado íntegramente al género de terror en sus distintas vertientes.

Películas que erizan la piel es la tercera entrega de la Trilogía Cult Movies, precedida por Películas para llevarse al infierno (Eutelequia, 2011) y Películas para la penumbra (Excodra, 2016), en las que el poeta, narrador y editor leonés Vicente Muñoz Álvarez reseña y comenta exhaustivamente las películas que más le han impactado a lo largo de los años. No las que él considera las mejores de la historia del cine, que requerirían un listado aparte, sino otras muchos menos conocidas, de culto, underground y serie B, que merece también la pena reivindicar. 

Un recorrido por el cine de terror, desde los orígenes del mudo hasta la actualidad, analizando y comentando subgéneros y corrientes: expresionismo, vanguardia, gótico, thriller, suspense, gore, etc. 

Presenta y dirige el coloquio con el autor Emilio López Castellanos. 

Jueves, 23 de mayo, 21 horas, Gran Café. 

Entrada libre hasta llenar el aforo



lunes, 20 de mayo de 2019

3 POEMAS de CRISTINA FLANTAINS




LA CASA

Mi casa tiene unas puertas grandes
en medio del muro de ladrillo rojo
y tiene, también, un esbelto tejado
que hace resbalar la nieve y la lluvia
casi sin darles tiempo a tocarlo.
Detrás de las puertas cerradas, cerradas,
debajo del tejado de acertada cumbre,
dentro del muro de ladrillo rojo
están los restos de un viejo fuego
y los pedazos de algún cataclismo
y una vieja maleta que alguien
se olvidó de deshacer.

Mi casa es poniente,
punto cardinal del punto donde
el sueño sueña, es instante que crucifica,
la gota de sangre que redime,
la risa que no cesa. Y cuando consiga abrir
la puerta grande que en medio de muro
de ladrillo rojo espera, espera cerrada, cerrada,
será rayo de luz.


HORAS CIEGAS

Visito mis odios
en las oscuras horas
de las tardes de domingo
con la boca llena de ira
y un miedo pavoroso
entre las manos,

su maldito frío
y la ceniza de los cuerpos
sobre la que dibujo
un corazón que, sin falta,
ha de latir
el lunes.


VIDA, CAMINO Y SUEÑOS

Yo vivo en la vida que Tú vives
no hay otra vida en que vivir

y en Tus huellas encuentro mi camino
no hay otro camino que seguir.

y sueño los sueños que Te sueñan
no hay otro descanso más que en Ti


Cristina Flantains, de La quilma de sembrador (y la clemencia de Maldoror) (Eolas Ediciones, 2019).


ANA GRANDAL: 3 relatos de MICROSEXO.



MELONES

Él poseía una maña asombrosa para los melones. Siempre escogía el más dulce, el más jugoso. Cuando llegaba del mercado, ella le rogaba que lo abriera y juntos aspiraban el voluptuoso aroma estival de la fruta. Él cortaba dos tajadas que comían como chiquillos, recreándose en los mordiscos plenos de sabor, chupando con deleite la fresca pulpa que derramaba un zumo espeso que les chorreaba por la barbilla e iban recogiendo con lametazos gustosos.

Más tarde, cuando él dormitaba la siesta en el sofá, ella entraba con sigilo en el dormitorio y se masturbaba frenéticamente, imaginando lo que sería que él venciera la repugnancia que le provocaba el sexo oral.


IMPÚBER

—Buenas noches, preciosa. ¿No habré despertado a la peque, verdad? Mira, que te llamo para decirte que la cena se va a alargar un poco, el jefe ha empezado con sus chistes y ya sabes cómo son estas cosas, si no me quedo a reírle las gracias luego me pone cara de perro en la oficina… No, no me esperes despierta.. Un beso para ti también.

Satisfecho con su excusa, vuelve a la mesa a continuar con la faena. Angelines, la de contabilidad, quiere rollo, no cabe ninguna duda. Ha pasado toda la noche lanzándole miraditas insinuantes y, en los postres, arrimó la silla y sus muslos con clara intención restregona. «A ver lo que me cuenta la de contabilidad», piensa, divertido.

Angelines se ríe y le habla cada vez más cerca, magreándole la pierna con la mano y rozándole el brazo con las tetas. Él se deja hacer, hasta que ella, casi abalanzada sobre él, le susurra al oído:

—Me voy al baño. ¿Te vienes?

Desde el parto, su mujer se ha mostrado esquiva y desganada; él no se lo reprocha, pero tampoco va a desaprovechar una ocasión así. Claro que las cuatro o cinco copas que lleva en el cuerpo también ayudan.

El de los tíos está vacío. Se empiezan a sobar con hambre. Él le mete la mano debajo de las bragas y sus dedos se topan con una superficie desnuda y blanda, sin un solo pelo, tan suave como el pubis de su peque cuando le unta cremita para que el pañal no le dañe la delicada piel. Ella jadea: 

—¿Te gusta? Me depilé ayer pensando en ti.

A él le da una arcada y vomita encima de Angelines.


FLUIDOS

Es su aniversario y, como cada año, reservan la suite Noche de bodas en el gran hotel. Se hacen llevar a la habitación una cena ligera, acompañada de una botella de cava; mientras, se llena la espaciosa bañera con forma de corazón, el sugestivo reclamo para los tortolitos que van a ocupar la pieza. Se sumergen en el agua jabonosa, dejando que la espuma acaricie levemente su piel. El líquido, caldeado a la temperatura adecuada, les arropa con una tibieza que va despertando sus sentidos, que poco a poco se inflaman y llevan sus jugos internos al punto de ebullición, una caldera hirviente entre las piernas. Se tocan, se abrazan y él la penetra allí mismo, mecidos por las aguas ardientes y humeantes, las únicas que pueden ya encenderlos.


Ana Grandal, de Microsexo

(Amargord Ediciones, 2019)


miércoles, 15 de mayo de 2019

HÍBRIDOS 2019: Segunda Jornada.



ANIMALÍAS E INCERTIDUMBRE

Gema & Silvia Fernández

Las hermanas asturianas Gema Fernández y Silvia Fernández repasan en esta propuesta los poemas de los últimos libros de Gema Fernández (‘La eternidad tiene los días contados’ y ‘Principios de incertidumbre’) y las canciones que forman parte del último disco de su grupo Delagua, ‘Animalías’.

Con esta actividad nos proponen un viaje a través de los sentidos combinando la interpretación escénica de versos de gran calado emocional con otros de claro talante combativo, todo ello aderezado con la sensibilidad musical de Silvia Fernández a la guitarra y la voz, ya sea como acompañamiento y soporte poético o como intérprete de las canciones de Delagua.

Gema Fernández Martínez (Oviedo, 1982) combina desde hace años su pasión por la literatura con su actividad musical. En el campo literario funda la compañía ‘’Refugiartes teatro’’ en la que dirige obras de autoría propia. Con la obra ‘Tango de la Palabra’ queda finalista en el certamen ‘’Art Nalón’’. Ha sido galardonada en tres ocasiones con el premio Dafne de poesía (1998, 1999, 2000). En 2017 con el guion del cortometraje ‘Entre líneas’ (Desenfocado producciones) gana el premio a mejor guion de cortometraje en la categoría nacional del festival Incortum. En 2019 se estrena ‘’Vamos a llevarnos bien’ su segunda colaboración como guionista de la productora ‘’Desenfocado Producciones’’.

Tiene publicada la novela corta ‘cuatro notas de jazz’ (2011), el poemario ‘La eternidad tiene los días contados’ (ed. Torremozas, 2017), el poemario ‘Principio(s) de incertidumbre’ (suburbia ediciones 2018) y está incluida en la antología poética ‘Degeneración salvaje’ (2015) así como en otros libros colectivos de relatos.

Silvia Fernández (Oviedo, 1981) es cantante, guitarrista y bajista con una amplia trayectoria profesional. En 2017 gana el premio AMAS a mejor voz y en 2019 es nominada a los mismos premios como mejor bajista. Lidera su propia banda, Delagua, así como otros proyectos propios, SilVidos y Gemidos, GPS Project, Los commodoros. Colabora como guitarrista y bajista para otros artistas de la región como Alfredo González, Hector Tuya, Vaudí, G.A.S, Paula Rojo…etc. Ha colaborado con artistas nacionales como Coque Malla u O ́Funkillo entre otros.

Juntas forman el grupo Delagua. Con esta formación ganan el concurso ‘Lánzate la fama’ (2002) organizado por Cadena Cien, el primer premio en el concurso de rock ciudad de Oviedo (2009) y el premio Amas (Gema) en la categoría de mejor letrista (2010). Graban varios discos, ‘Delagua’(2002), ‘De Frente’ (2009), ‘Globoflexia’ (2017), ‘Animalías’ (2019).

Jueves, 16 de mayo, 21.00 h.
Gran Café (Calle Cervantes, 9. León)
Entrada gratuita



lunes, 13 de mayo de 2019

TODAS LAS FAMILIAS INFELICES: Ramón Bascuñana.



Una mujer con una crisis existencial tras la pérdida de su hijo y el abandono de su marido; una mujer marcada por la tradición de la saga familiar dispuesta a romper sus lazos de unión a través de su hija; un caso de violencia de género que cambiará la vida de un hombre… Los relatos de Ramón Bascuñana nos hablan de una serie de personajes y su entorno familiar marcados ambos por el azar y el destino. Muchos de ellos intentan escapar a él, otros lo asumen con un hastío vital como peto o coraza ante el porvenir. La creación de unos personajes de marcado carácter, profundos y reales, hacen de estas narraciones un escenario de tragicomedia al mostrar al mundo como tal representación, con sus defectos y virtudes. El hilo narrativo se sustenta en una base de lirismo, pensamiento y reflexión que establece una vía de comunicación entre los personajes y los lectores.

*

El lenguaje de Bascuñana cuestiona lo que no perdura hasta lograr extraer la belleza de la tragedia que hay en la ceniza fría o en la nieve que quema (Ignacio Ballester).


domingo, 12 de mayo de 2019

HANNIBAL por JULIA NAVAS MORENO




El caníbal se ha despertado hambriento,
pero piensa en el rechazo que produce
su insólita apetencia.

Y se promete cambiar sus costumbres,
domar su naturaleza.

Sería más sutil devorar almas, pensamientos…
Saborear las debilidades de sus contrincantes
y husmear en sus miedos.
Pasaría desapercibido entre la multitud de vampiros
que comparten nuestros sofás, nuestros lechos,
nuestros puestos de trabajo,
nuestra sabrosa o insulsa existencia.
Despertaría sin ardor de estómago
y su colesterol se mantendría a raya.
Solo se dispararían
los indicadores que revelan
la más absoluta confusión.


Julia Navas Moreno


lunes, 6 de mayo de 2019

PELÍCULAS QUE ERIZAN LA PIEL: Prólogo.



Este manual que tienes ahora en las manos, querido lector, es la tercera entrega de una serie de libros que en los últimos años he ido dedicando al cine de culto, junto a la literatura subterránea, otra de mis grandes pasiones.

Películas para llevarse al infierno (Eutelequia 2011 - LcLibros 2018) y Películas para la penumbra (Excodra 2015 - LcLibros 2018) fueron los dos primeros, y en ambos di buena cuenta de muchos de los filmes que, por uno u otro motivo, a lo largo del tiempo más me habían impactado. No exactamente, como ya en su día dejé claro, los que yo considero los mejores de la historia del cine (que requerirían un listado aparte y sobre los que ya hay mucho escrito), sino otros menos conocidos (no sé si mejores o peores: juzgad vosotros mismos) que es también necesario y justo reivindicar.

En el prólogo al primer volumen, Películas para llevarse al infierno, y en relación a los títulos que en él reseñaba, escribí: “Tanto en la literatura como en el cine (y en todos los demás ámbitos creativos) me interesan las obras que cuestionan el mundo en que vivimos, que remueven las vísceras y las conciencias, que aceleran la sangre y el corazón, mostrando sin filtros éticos ni políticos la realidad (sin duda violenta y cruel) que el hombre ha creado. Este es, en última instancia, el criterio de fondo que he utilizado para confeccionar este listado de películas de culto: lo crítico, lo atípico, lo raro, lo grotesco, lo perverso, lo incómodo, lo hiriente, lo hipnótico, lo arrebatador... Aunque no menos importante, también, ha sido el punto de vista y enfoque literario con que las reseñas han sido ideadas, las conexiones de todas estas películas con libros y escritores que admiro y he leído intensamente en el transcurso de mi vida adulta, igualmente básicos y determinantes para mi formación. Más que una guía cinéfila al uso, pues, este manual está concebido como un diario personal donde me he despachado a gusto con muchas películas que yo opino que nadie debería dejar de ver.”

Copio y pego de allí estas palabras porque son igualmente aplicables a esta nueva entrega de Cult Movies, Películas que erizan la piel, y describen certeramente el por qué de las tres. Y vuelvo a recordar, como entonces, que: “No soy crítico de cine, soy narrador y poeta, y por lo tanto nunca me planteé escribir ensayos técnicos ni concienzudos sobre las películas seleccionadas, sino más bien comentarios apasionados de las mismas que impulsaran a los lectores a videarlas sin complejos."

Aunque, a diferencia de los dos primeros volúmenes, donde reseñaba películas de diversos géneros (con predilección, eso sí, por el fantástico), este tercero está dedicado por completo al de terror (en sus muy diversas vertientes), que desde niño me ha fascinado.

Rescaté para la ocasión las reseñas de los dos primeros libros que abordaban directamente el género y añadí otras muchas nuevas, confeccionado este listado de películas que erizan la piel, 200 nada más y nada menos, que, os lo aseguro, va a turbaros durante muchos años el sueño...

No están, por supuesto, todas las que son (la lista sería interminable), ni algunos clásicos imprescindibles (que todo el mundo conoce y no necesitan carta de presentación), pero sí muchas rarezas de las que posiblemente jamás hayáis oído hablar.

Aunque, llegados a este punto y antes de entrar en materia, se plantea la siguiente pregunta: ¿Qué es una película de culto? 

Wikipedia nos dice: “Película de culto se refiere a cualquier tipo de producción cinematográfica que ha adquirido alguna clase de culto popular, ya sea por su formato, su producción, su trama o su significado histórico. Las películas de culto son frecuentemente señaladas como polémicas debido a que incluyen ideas o temas notablemente controvertidos o a que, siendo más convencionales en su temática, la presentan de un modo alejado de los convencionalismos estéticos o narrativos.”

Y Jesús Palacios, en el prólogo a Películas para la penumbra, señalaba al respecto: “Lo que importa aquí es cómo se nos descubren, se nos desvelan, título tras título, otras formas y maneras de hacer, ver y entender el cinematógrafo. Viajando por el espacio y el tiempo, abarcando épocas y eras, países e idiomas, con esta su segunda biblia del cine de culto disfrutamos en la intimidad del descubrimiento de títulos oscuros, tanto o menos como del redescubrimiento de otros que creíamos conocer, iluminados ahora por la mirada pura de este nuevo derviche cinéfago, que hace girar ante nosotros miríadas de imágenes olvidadas, títulos recónditos y películas malditas. No hay barreras, tópicos ni hipócritas principios: de la exploitation al Arte y Ensayo, del mudo al technicolor, del Hollywood mágico de otrora a la coproducción europea, del trash al indie, del cine de autor a la Serie B, Vicente Muñoz Álvarez solo se pone como límite no despreciar nada, no negarse nada, acercándose así por ende a la verdadera naturaleza seductora y diabólica del cinematográfo, capaz de hipnotizar al espectador más allá y más acá de sus supuestas virtudes artísticas, narrativas, intelectuales o comerciales. Eso es lo que, en definitiva, quiere decir para algunos de nosotros cine de culto: rendir culto a las fuerzas mágicas, oníricas y oscuras que reinan y desbordan la pantalla, conectando con nuestro inconsciente y con el dominio infernal y divino del imaginario colectivo.”

A lo que Juanjo Ramírez, el director de la fantástica Gritos en el pasillo (cuyo DVD incluía Películas para llevarse al infierno), añade en el epílogo a Películas para la penumbra: “Además del cariño y el conocimiento de causa, encontramos un tercer denominador común en casi todos los capítulos. Muñoz Álvarez describe el visionado de esas cintas con términos que aluden a una experiencia psicotrópica, lisérgica, opiácea, alucinógena. Esta clase de adjetivos salpican las reseñas de estas películas como fragmentos de un ADN común. Cuando Alejandro Jodorowsky (otro de los autores mencionados en el libro) intentó sacar adelante su versión de Dune albergaba una intención confesa: Que la película provocase en el espectador las mismas sensaciones y vivencias que un viaje de LSD. Las películas que selecciona Vicente y el ángulo desde el que las enfoca apuntan en esa misma dirección: El cine como droga, como vehículo hacia otros estados de percepción mental. La experiencia audiovisual como mecanismo para alterar la conciencia, para catapultarnos hacia otras dimensiones. Ésa es la piedra filosofal que perseguimos la mayoría de los narradores, y quizá con más motivo los que, como es el caso del cineasta, trabajan con estímulos tan primitivos como la imagen en movimiento y el sonido.”

Imposible describir mejor mi filosofía respecto a lo que he intentado trasmitir en estos tres libros.

Y ya para terminar, y antes de que os adentréis en mis terrores favoritos (que diría el bueno de Ibáñez Serrador), algunas consideraciones sobre la selección de las películas reseñadas.

Lo primero de todo: ¿Dónde está la línea de separación entre unos y otros géneros - terror, suspense, drama psicológico, thriller, ciencia ficción, etc -, y cuál se atiene o no a unas y otras etiquetas? La verdad sea dicha, no me preocupa demasiado clasificar ni etiquetar, sino más bien recomendaros las películas que a mí personalmente me han puesto la piel de gallina, sean o no consideradas estrictamente de terror por los puristas. A muy pocos, supongo, se les ocurriría incluir en un listado como este películas como Réquiem por un sueño, de Darren Aronofsky, Aguirre, la cólera de Dios, de Werner Herzog, o Elisa, vida mía, de Carlos Saura, por citar algún ejemplo, y sin embargo a mí me parecen tres filmes tremendamente angustiosos y llenos de secuencias que erizan la piel. Y por lo tanto, sin más criterio que el de mi propia subjetividad, aquí figuran por méritos propios.

En segundo lugar, como comprobarán los lectores, muchas de las películas reseñadas en este volumen están comprendidas entre las décadas 60 y 70 del pasado siglo, en detrimento de otros títulos anteriores y posteriores no menos interesantes. Supongo que mi predilección por el cine de terror de esa época se deba a que fue la que me tocó vivir de niño y adolescente y en la que se gestaron mis fantasmas y miedos, que llevo arraigados en mi subconsciente como la bola de hierro de un presidiario. Y también, sin duda, a mi pasión por la contracultura y movimientos psicodélicos y revolucionarios de aquel tiempo, que me hace ver con indulgencia y nostalgia las películas rodadas en ese período de experimentación y de cambio.

Finalmente, como ya antes señalé, no están, en absoluto, todas las que son, ni muchas de las consideradas clásicos indiscutibles del género. Echará aquí el cinéfilo de menos docenas, cientos de títulos paradigmáticos del cine de horror, y encontrará en cambio un montón de películas de las que sin embargo es posible que nunca haya oído hablar. Salvo algunas excepciones de títulos muy conocidos que no me he podido resistir a incluir (Al final de la escalera, Psicosis, El resplandor, La matanza de Texas), la mayor parte de los filmes reseñados en este libro son, creo, muy poco conocidos por la gran mayoría. O esa ha sido al menos mi intención.

Y me despido ya con otro párrafo de Juanjo Ramírez en el epílogo a Películas para la penumbra, perfectamente aplicable también a este nuevo volumen y de lo más esclarecedor: “Invito al lector a guardar este libro en el rincón alucinógeno de su estantería, entre la O de opio y la S de setas. Le invito a elegir las obras reseñadas en él para viajar en días especiales. Días especiales para pelis especiales: Si entras en ellas, ellas entran en ti, te transforman, desencajan algunas piezas en tu interior y, merced a alguna misteriosa alquimia, sus efectos trascienden la duración de su metraje.”

Felices pesadillas, queridos drugos,
y cuidado con los Bichos Malos.


Vicente Muñoz Álvarez
Películas que erizan la piel,
(Canalla Ediciones, 2019)


Booktrailer:


domingo, 5 de mayo de 2019

QUIEN ASÍ ABRE LA BOCA por GSÚS BONILLA



Imaginad, a la masa madre escupiendo espinas después de devorar un pez de plata, a la serpiente que anida en el envés de la lengua del emperador de emperadores, al hollín incrustado en los cabellos de los gladiadores, al cegador brillo de la pus en sus espadas de acero

Quien así habla, es el poseedor de la granja y viene de más allá de la muerte, del otro lado de un mundo podrido, con sus pollos en celo. Ondea lienzos y sábanas del color de la sangre y el cetrino orín que desprende la espuma de los falos de piedra

Es el hacedor de hedores, el carnero de las masacres, la escalofriante puntada en las sotanas negras, la impecable brida en las muñecas del preso, son, también, quienes te punzan con habilidad y destreza las pupilas, la misma aguja delgada que estalla el vidrio y apaga el sol

Quien así abre la boca, lo hace para engullir un océano de navegantes, cadáveres dorados y el extenso cauce de los ríos de glorias 
Quien así abre la boca, deja al descubierto su dentadura perfecta, el arco branquial y la embocadura de un pozo repleto de cieno y osamentas

Sin embargo, a mí me complace anunciar que hay que salvar a las ranas, los murciélagos, los polinizadores y a todo aquello que sea capaz de transitar por los inviernos más fríos despojado del abrigo inútil que te hace gregario y rebaño
Quiero decir, que ningún niño nació con miedo, que cada niño nació con libertad, duda, rebelión e inocencia

Quien así escribe, dona su sangre por pura bondad y le toca honrar la proporcion del callo
y los pedazos pequeños de piel
que se levantaban impredicibles de la carne inmediata a las uñas

Ahora, que mis manos son algodón y mis dedos plumas acariciando la acartonada carcasa de un árbol seco, el matiz de un suelo grumoso donde brota el fuego y tu piel
ajusticiada con el látigo del día por el domador de caballos al grito de ¡ánimo! ¡animo!

Gsús Bonilla


viernes, 3 de mayo de 2019

LA ILUMINACIÓN según SERGIO MAYOR



Sé que no tiene mucha importancia, y menos aquí, en FB, pero verán, pocos hombres hemos alcanzado ese estado. Según los maestros budistas japoneses, no más de mil en todos los tiempos. 
A Ezequiel le sucedió a orillas del río Kebar. 
A mí, camino de Plaza Nueva. 
La Iluminación. 
Creo que fue la Iluminación, pero pudiera ser una aberración de mi carácter. Aubrey decía que Shakespere, de haber trabajado de mozo en una carnicería, mataría una cabra con un estilo grandioso y pronunciaría un discurso.

Uno dice una iluminación. Maslow habla de una "experiencia cumbre". Otros dicen una crisis epiléptica, un satori, una unio mystica, una Beatifica Visio. Schopenhauer degrada el asunto a un encelamiento de los perros. Como sea. De aquella metanoia me vino una intensidad teológica muy frecuente en los centros de internamiento. 
¿Conocen la teopatía? Una enfermedad mental particularmente penosa. "Underwitted saints", escribe William James. Nosotros, los santos subnormales. 
Me acuerdo de Christopher Smart, el immaculate fool que se arrodillaba a rezar en las calles los parques los tranvías los assembly rooms y acabó debidamente confinado en un lunatic asylum. 
Me acuerdo de Pedro de Luxemburgo, que se confesaba varias veces al día, que despertaba a media noche a los capellanes de castillo, que hacían oídos sordos, cansados de dar la absolución a Pedro de Luxemburgo treinta o más veces por semana.

Entiendan: la Iluminación se parece a ese sobresalto que tuvo Macedonio Fernández en la playa de Capurro: "A mí nunca me había interesado la respiración, pero cuando estuve en la playa de Capurro, en Montevideo, y me cubrió un ola, de pronto me sentí muy interesado en ella"
A mí nunca me había interesado la teología, pero cuando estuve en la calle Tablas, y me cubrió la luz de esa muchacha, me sentí muy interesado por el asunto de la teología. 
(Luego, las muchachas razonables, hartas de ser teofanizadas, se alejan de los teópatas y dan parte a la policía)

La escena es conocida. Un tipo sube despreocupadamente a Plaza Nueva para encontrarse con su vendedor favorito de hachís y resulta arrollado por una de las revelaciones más graves y aparatosas de todos los tiempos. Estigmatizado, será atendido por los mejores psiquiatras y los mejores camareros, frecuentará los oratorios, las bibliotecas, las celdas benedictinas; las tomografías buscarán las pruebas de un episodio cerebrovascular, un asteroide en la cabeza. En adelante será uno de esos excéntricos que la gente compadece, un inútil, un aficionado a la teología que medita por los bares el misterio de la belleza, los grados del ser, la condición del exilio, los estados de conciencia, la programación de Telecinco, el dinero que le queda, si ginebra o si cerveza.

¿Iluminación? Una manera de llamarlo. Yo era inteligente y aquello que contemplé me hizo un idiota. Perdí la claridad, perdí la palabra, hallé que el arché del mundo era el dolor. 
Nadie quiera ser iluminado. 
En cuanto a ella...aún no sé quién era. Nadie puede saberlo. Posiblemente era Isis. Quizás era Ishtar, Afrodita, María, quizás una estudiante de hebreo interesada en los misterios del zodíaco y los horóscopos sexuales. 
Pessoa decía: “Ya he visto a Isis, ya he tocado a Isis: no sé, a pesar de ello, si existe” 
Creo que era Nizam, de Isphahan. Creo que era la aaparición que sobrecogió a Dante en un puente de Florencia, creo que merece un tipo como Dante, mejor una madrasa, una Torah, una Upanishad, no un tipo infectado de teología, la aporética, un tipo obsesionado sobre "aquello de lo que nada puede ser pensado y nada puede ser dicho", y menos aquí, ahora, esta noche, convaleciente, en FB.


Sergio Mayor