lunes, 27 de septiembre de 2021

LAS SETAS en ESCRITO EN EL VIENTO



Para mí, la aparición de un nuevo libro de Vicente Muñoz Álvarez siempre es una grata noticia. Tanto en poesía como en narrativa o en ensayo, se trata de un autor que siempre habita en los márgenes de la industria literaria. Es alguien a quien no se puede comprar y que tampoco doblará el espinazo para meterse en una editorial gigante si las condiciones no le acomodan o van a convertirle en siervo del sistema. Eso implica, entre otras cosas, que sus textos no se acomoden a modas ni tendencias.

Las setas y otros relatos de la Era Pulp constituye un festival de guiños, homenajes y temáticas, un cúmulo de sorpresas siempre tamizadas por su particular visión y su estilo, que se nutren del cine de terror y la literatura underground, de lo incómodo y lo marginal, sin jamás olvidar sus referentes (Kerouac, Bernhard, Pavese, Fante, Burroughs, Blackwood, Poe, Céline…). La mayoría de los textos provienen de su época como colaborador en revistas y en fanzines: son, por tanto, cuentos libres de ataduras y de imposiciones. Varios de ellos ya habían aparecido en libros dispersos (por ejemplo, aquí aparecen algunos que ya estaban contenidos en El merodeador, quizá mi obra predilecta de Vicente); otros son inéditos. Y en todos se pasea por el lado oscuro del pulp: hay psicópatas, tipos que creen estar enfermos, solitarios insomnes, extraños monstruos que diezman tripulaciones, niños crueles, habitantes que oyen pasos en la vivienda…

José G. Cordonié apunta en el primer prólogo, muy acertadamente, que Vicente toma la tradición pulp y le da la vuelta, la reconstruye “con su propio estilo, con tramas o argumentos que tal vez hayas podido encontrar en otros libros o películas, pero no de esta manera, porque en estas páginas se presentan dados la vuelta, sin clichés, con distintos lenguajes y puntos de vista”.

Éste es un volumen para gozar, para volver a una época de cines de barrio, literatura de kiosco, cómics sangrientos y programas urdidos por Ibáñez Serrador: uno sale de él como de aquellas salas de sesión continua donde a veces estrenaban un raro programa doble con un filme de terror o aventuras de serie B y otro tan sólido como La naranja mecánica. Es decir: que uno se ha divertido, pero también ha reflexionado.

José Ángel Barrueco,
Escrito en el Viento




sábado, 25 de septiembre de 2021

CONVERSACIONES CON ANA CURRA



Integrante de Alaska y los Pegamoides, Parálisis Permanente y Seres Vacíos, además de liderar su propio proyecto solista, Ana Curra es una de las grandes leyendas del rock español desde los tiempos de La Movida, movimiento del que fue uno de sus iconos más reconocibles.

En este libro de conversaciones con Sara Morales no solo recuerda su trayectoria musical, sino también su azarosa vida personal, con una absoluta sinceridad con la que rompe su hermetismo de años. Por estas páginas desfilan Eduardo Benavente, Alaska, Carlos Berlanga o Alberto García-Alix, y conocemos de cerca a una compositora e intérprete con formación de pianista en el Conservatorio pero que siempre ha amado el punk y el rock.

Una de las creadoras más inquietas e insustituibles de nuestra escena musical.


miércoles, 22 de septiembre de 2021

AL ENCUENTRO DEL MONTE FUJI: Juan Chaves.



El exquisito poemario Al encuentro del monte Fuji está compuesto por 39 poemas de catorce versos que conforman una unidad orgánica. No es poesía filosófica, ni mística, ni ecologista (o, quizá, sí es todo eso): aunque parece que navegara hacia el íntimo encuentro con otra espiritualidad…

«Huele a haiku de Basho el crisantemo,
a perfume de Nara en las tardes de otoño,
a fragancia de agua y cantos rodados»


sábado, 18 de septiembre de 2021

ARREBATO por RAFAEL SANZ SIERRA



Somos la reina Morgana de la lisergia,
Will More y L.M.Panero
recorren la calle del Pez
aterrorizando a las familias burguesas.
Lo nuestro es no hacer nada.
Vivimos todo el día drogados
en una intempestiva relación incestuosa.
Zulueta lo graba todo,
siempre con gafas de sol.
Somos un palimpsesto viciado
de Derribos Arias.
Cruzamos el paso de cebra
disfrazados de urogallos.
A lo lejos vemos a Haro Ibars
montado en el Jaco.
Nadie sabe quién es Alpaski.
Eduardo, Leopoldo, El Ángel,
nos cuelgan jeringuillas de las venas.
Estudiamos la Amanita Phalloides
subidos a la ruina
de la poesía post-todo.
Somos una paranoia
de un general del ejército de tierra.
No tenemos amigos. Ni conocidos.
El día que nos aburrimos
nos mataremos entre nosotros
y todo habrá terminado.

Rafael Sanz Sierra


jueves, 16 de septiembre de 2021

POR LO VISTO por JAIME GIL DE BIEDMA



Por lo visto es posible declararse hombre.
Por lo visto es posible decir no.
De una vez y en la calle, de una vez, por todos
y por todas la veces en que no pudimos.

Importa por lo visto el hecho de estar vivo.
Importa por lo visto que hasta la injusta fuerza
necesite, suponga nuestras vidas, esos actos mínimos
a diario cumplidos en la calle por todos.

Y será preciso no olvidar la lección:
saber, a cada instante, que en el gesto que hacemos
hay un arma escondida, saber que estamos vivos
aún. Y que la vida
todavía es posible, por lo visto.


Jaime Gil de Biedma, de Las personas del verbo.

martes, 14 de septiembre de 2021

SOLOS EN LOS BARES DE NOCHE: Toni Montesinos.



Diego sabe que no puede permanecer toda la vida en Dublín, la ciudad elegida para crear una existencia diferente, consagrándose a la bebida entre nuevas amistades y melancolías. En su interior, hay una suerte de crimen latente por cometer, lo que le empujará a regresar a los rostros y lugares del pasado: a una Barcelona en la que refugiarse sin ser visto, asumiendo su propio destino.

Allí seguirá deambulando con el instinto de vengarse del miedo, el de sentirse a solas incluso en compañía de la noche, los bares y todo un archipiélago de solitarios que viajan, como él, a la deriva. Sin embargo, la vuelta al espacio familiar, al pretérito territorio del alcohol, y también a un antiguo amor que contará su historia, no resolverá su huida, aun cuando se enfrente a su verdad más íntima

*
Drácena recupera la obra con la que debutó como novelista Toni Montesinos. Escrita a finales de los años noventa, apareció en el 2002 en la editorial Literatura Mondadori. Ahora el autor la presenta añadiendo un apéndice escrito para la ocasión en que evoca cómo concibió esta historia que en parte se asienta en dos locales reales de Dublín y Barcelona.


DEPRISA, DEPRISA por RAFAEL LÓPEZ VILAS



Desorientado por la prisa
Deambulo por un mapa de sombras
buscando un latigazo de sol
que desangre las cicatrices del hartazgo
que acuchilla mi garganta
Como cada día
voy y vengo
en un voy y no estoy
Mi autopista del sur
es una línea recta y torturada
por los incesantes picotazos
de las agujas del reloj
que acribillan mi vida
El asfalto hace gárgaras de brea
y burbujea derretido
por el barritar de los cláxones
y el desaforado berrido
de un rostro constreñido
que ametralla de maldiciones la avenida
desde un Hyundai Coupé
En los márgenes
el mar es un destello
caído del cielo
que juguetea con los recuerdos
que orbitan en mis corneas
mientras sigo pagando las letras
de un tiempo perdido
que se va
y me siento
como ese pez
que coletea en la orilla
febril y desesperado
hasta que algo se rompe en silencio
y deja resbalar un suspiro
que esparcirá las cenizas de su historia
sobre una eternidad de arena
que no tiene memoria

Rafael López Vilas


lunes, 13 de septiembre de 2021

ALQUIMIA por JULIA ROIG



Salmos 42:7-9

Un abismo llama a otro abismo
en el rugir de tus cascadas;
todas tus ondas y tus olas
se han precipitado sobre mí.

Déjame desvalijarte con calma el vientre y el pecho y hojear tus mechones al azar, en este séptimo cielo, como si fueran un libro que se reescribe constantemente.

Ameriza en mí, en este incendio, con el corazón en llamas mientras las estrellas en el suelo del balcón y sus espumas te hablan de la taquicardia del lenguaje que no existe, que este es tu reino y quema. Que alguien grita que hoy es solo un día más, pero no, no es cierto.

Animales exóticos fabricando poesía tinta/barbitúrico que viene a ser hogar y mordedura, verdadera, cruda. Ven, verdadera y cruda, a sacrificar la calma, a llenar mi copa, a llenar mis copas. A drogarme con tus ojos. Arraiga, bendita explosión roja en las bocas que retuerce sinos y oleajes. Te he dicho que las herraduras reducen la capacidad para sentir? llenemos el salón de caballos locos y divanes.

Cuando rota la geometría de todas las sales, propias o ajenas, mastiquemos nuestros pliegues y hagamos de nuestra miel esa luz todo horizonte que atraviese con nuestra proa incandescente cada noche oscura, quién borrará el rastro estremecido, el souvenir que te marqué en la piel con mis colmillos, medallón de rabia y vicio.

Invoco humedades que devengan incendios mientras proclamo nuestro derecho a la fiebre, a alcanzar la iluminación, a ser proeza y atlas de nuestras pieles. Y mis ojos, espadas verdes dentro de tu carne, dispuestos a errar la hondura y seguir cayendo, a lo hondo mientras se nos desmaya el tiempo entre los brazos y no hacemos nada para reincorporarlo.

La habitación es un maremoto cincelado de pánicos y temblores, donde los instintos se embriagan, enloquecen, mandan, dictan, atrapan y se hacen rito y caen las prendas y los miedos. Y tu mirada, cénit, en el momento del anclaje y dímelo sin decirlo.

Justo aquí, en el estribillo de mi carne que ansías aprender, nace un ritmo profecía, tritono maldito que pretende desquiciar/conquistar tus esquinas, trémula y feroz y regresar juntos al delirio para seguir profanando el cuerpo en duelo eterno de miradas. Flâneur de mi piel constelada, tu alma en bruto, cabaré de suburbio del que no pretendo salir. Yuxtaposición de nuestras sangres y savias, sea.

Que reconozco que traigo el corazón entreabierto bajo la ropa, dispuesto a ser devorado y el devorador. Que si longitudinal me abarcas en abrazos arborescentes y gemidos que hierven, mientras me vislumbras tan mansa y derrotada y no huyo, y sube el café y naufragas en la luz desmedida de estas pupilas -te imploro- fracasa, que aquí se fragua otra batalla, en los arrabales de mi cabello, en los trópicos de este cuerpo, en el tajo de mis aristas, en la vertiente de mi carne.

Adelante!

Julia Roig, del blog Miss Desastres Naturales.


sábado, 11 de septiembre de 2021

LAS SETAS en MOTEL MARGOT (20 MINUTOS)



El viaje en el tiempo ha comenzado. La editorial Versátiles pone el vehículo y Vicente prepara obsequios para elois y morlocks. Relatos atrapados en el ámbar del papel grapado y las fotocopias, que vuelve frente a nuestros ojos dispuesto a infectarnos de nuevo. Generaciones que escribimos cartas, que hicimos fanzines. Generaciones de dos canales, de máquina de escribir. Generaciones que empezaban a ver el Cinexin como una antigualla. No se puede decir que los fanzines, reconvertidos a la era digital superan el regusto de lo analógico para ser el cauce definitivo. Escapa de la tinta fabricada con bits, los pop y los antipop, Dios, el diablo, Perdidos, los tebeos de Vértice, los beatniks, las pelis de serie Z, Poe, el boxeo, Raúl Núñez, El ángel, las tripulaciones que derrocan al capitán… al final todos volvemos a Vicente Muñoz Álvarez porque es el único que dice la verdad. Y eso sí que no es nuevo.

Los relatos que conforman este libro de Vicente nos devuelven efluvios y recuerdos de una época en la que todo era más sencillo y apasionante, cuando un sello valía algo y un sobre enviado era la medida del tiempo. Cuando uno tenía ilusiones fúngicas sacadas de exabruptos de H.P. Lovecraft, tener el deseo de ser el último hombre vivo sobre la tierra, sea Charlton Heston o Vincent Prince. Encontrar apetitosa una argamasa postapocalíptica como un Ricardo Piglia sin aspiraciones cosmopolitas. Escapar de mujeres escandinavas — como en un reverso oscuro del doctor Trífero, que amanecería mil años después de aquello— y ser un visionario con cierre magistral. Para Vicente el objetivo nunca fue llegar, siempre estuvo en el camino, allí es donde alcanza una mayor dimensión su literatura, donde sitúa a Dashiell Hammett en las calles de Gotham, podrido de miedo y lujuria. El relato sobre Blanca Li tiene algo de terror cósmico mezclado con la vulgaridad de From Hell, pero construye un relato como quien construye una maqueta de la historia de un detective, con su escenario de cartón y sus personajes de plástico en miniatura y, como quien no quiere la cosa, dejar caer un muñeco barato y con hambre atrasada. Detectives borrachos de tópicos y cercanos al paraíso para los que no les gusta salir de sus casas. Un tirito rápido, una glencha para despertarse y sin querer desvelar el misterio, imagen a lo Robert Bloch con una leve erección matutina.

Todos los que vivíamos en la época de los videoclubes sabemos que no había nada como una buena portada. Lo de dentro daba igual. Era como las cintas para spectrum, que tenían mejor portada que jugabilidad. Por eso Fiesta de los Maniquíes, con ese guiño al ángel Coppini, el poeta del aislamiento pop, Vicente atrapa en una cápsula de giallo, con Lucio Fulci fumando puros con Chicho Ibáñez y la música de los Goblins, con esos colores cárnicos excesivos, como una película de Super-8 expuesta hasta el límite de la locura.

La misma que atrapa al lector de Marvel cuando escucha las historias de los bosques donde habitaba Lobezno o el peyote con el que el Llanero Solitario impregnaba sus balas — hay gente que dice que era mercurio fundido, que provocaba la muerte lenta —, como si Aldous Huxley se hubiera postulado a ser parte del “Círculo Lovecraft” enviando hojas amarillentas impregnadas de distintos químicos.

Uno de los mejores relatos del libro es El lunar, porque no necesita más que un poco de cotidianidad, te coloca frente al abismo del protagonista, huevo de pascua en la historia, que simplemente intuyes que se encuentra en una situación complicada, un poco de la especia preferida de Stephen King — la chispa inesperada del terror un día cualquiera — y la polaroid se ha revelado sin darte tiempo para saber hacia qué abisal final nos ha lanzado el cuento. Fascinante. Solo para drugos, El juego, es otro de los textos fundamentales del libro. Parte de la España de Eloy de la Iglesia, como telón de fondo, jeringuillas como ortigas, desvaneciendo la inocencia del mundo analógico. El relato desbocado, que te hace enmudecer, con dejes a lo Cortázar, rompiendo los huesos del escenario mientras, de nuevo, el mundo se agrieta bajo nuestros pies y lo regamos con sangre joven.

En Magia nos encontramos un poco del animismo de culto pagano, el monstruo integrado en la sociedad, ensamblar la existencia real con el abismo, la momificación de la víctima, cuando no existía enfermedad ni cultura de cancelación, cuando se admitía todo porque cada uno elegía lo que consumía. En este libro, que sirve a la vez como recuerdo y como recordatorio, encontramos que hemos dejado que los tabúes desaparezcan de nuestro alrededor, no por su condición maligna, no… es una cuestión de corrección política. Estamos tan contaminados de ella que todo asomo de romper con lo establecido queda reducido al ámbito de la literatura subterránea. Ahí encontraremos la libertad para dejarnos llevar hacia la oscuridad. Ya solo se permite fumar en los poemas. La maldad, la corrupción, el sadismo en primera plana de las redes sociales y la prensa del corazón y la experimentación, los hombres de las praderas, la electricidad, escondidos en los restos de la materia que circulaba por cartas sin remite alrededor del mundo.

Fito Páez en Rosario (Osario de los tristes) aporreando el piano de su abuela, pronto fantasma trágico en la ciudad de pobres corazones, creando ambientes de ultratumba en vivo para el pase por televisión de alguna pieza de Ibáñez Menta. La mala semilla, suministro y fiemo nutriente de la pesadilla, entre Poe y Narciso. Entre la barriga de Alfred Hitchcock y los domingos de los primeros noventa, con Noche de Lobos en Antena 3. Antena 3 era joven y yo un niño, mi padre me dejaba ver solamente qué película había elegido Juan Luis Goas: “Buena luna, criaturas de la noche”.

Hay mejores y peores. Por eso cuando uno es bueno te lo crees. Quizá ha envejecido peor Cuento urbano, no por el desarrollo, más bien por la temática. Pinta de Innsmouth nos demuestra que todos somos hijos de los folios en blanco, de las cuartillas amarillentas, de la tinta negra cubriéndolo todo —lo único negro, por cierto, que se permitía H.P. Lovecraft. Aquí, en Motel Margot, seguimos sin juzgarle—, esos sobres desgarrados con el abridor, acumulados en cajas de zapatos, conteniendo toda la memoria prohibida del mundo, listos para ser enviados, como esporas, de un lugar a otro del globo. Y el sueño. El lugar del miedo de los ochenta. Heredado hasta hoy. Dmtfagos, entre Alien y Freddy Krueger pasando por las vainas de La invasión de los ladrones de cuerpos.

En el S.XIX los territorios desconocidos eran los continentes inexplorados, en el XX el espacio silencioso donde nadie escucha tus gritos y hoy la internet profunda, donde la sepsis es inmediata en el momento que te conectas.

No podía faltar la adictiva presencia del láudano entomológico, el pico televisado entre David Cronenberg y la máquina blanda o el yuppie pasado de turbina que corta con sangre el perico y lo toma directamente de la cuchilla. Una tarde de agosto y El farolito han vuelto a mi vida. Llevaban ocultas en algún pliegue de memoria profundo. Entre los Zona de Obras y los Monográfico. Allí donde siempre soñé con publicar algún día. Donde Vicente, de alguna manera, nos abrió el camino a todos. Los que queríamos estar al margen, pero queríamos estar. Trabajar y teclear, como una banda de garaje bien engrasada, surfeando con los Cramps, enamorados de Silvia Superstar, apurando en Escena doméstica en el bar de un barrio obrero tiene algo de la escena inicial de El crack de José Luis Garci. Más auténtico que Tarantino.

Otro de los grandes relatos es Una vida modelo. La menos pulp de las historias, la que no tiene más referencias que la que puede uno obtener de los días que salen de una fotocopiadora estropeada. El entrañable Vicente en León, con Bruce Lee y que nos recuerda la que es, en mi opinión, su obra cumbre Regresiones — editada en 2015 por Lupercalia— o El paseo, también, de algún modo emparentada con esa época más personal, de diario novelado, también Calor o Mirantes. Una manera de dejar su impronta más confesional entre las transgresoras historias del libro.

Las setas y otros relatos de la era pulp es un catálogo de obsesiones, un almanaque de unos años que desaparecieron en un parpadeo, cuando parecía que iban a ser eternos, una manera de traer a esta línea del tiempo extrañas escenas olvidadas mientras la distopía sigue con hambre.

Octavio Gómez Milian,
Motel Margot, 20 Minutos




jueves, 9 de septiembre de 2021

SEPTIEMBRE por ALBERT SIHOD



tenemos días así, impregnados de tristeza
en los que no quisieras salir por ningún motivo de la cama,
coger un libro y no levantarte hasta finiquitarlo.
afuera una tormenta azota la ciudad y en
la autopista los coches están inmóviles con el parpadeo
de luces intermitentes, dentro de los coches
los conductores miran el cielo oscuro con preocupación porque
todo el mundo sabe que esta ciudad colapsa por la lluvia.
seguramente ellos también piensan esto:
tenemos días así, impregnados de tristeza
en los que no quisieras salir por ningún motivo de la cama,
coger un libro y no levantarte hasta finiquitarlo

Albert Sihod


martes, 7 de septiembre de 2021

UN LUGAR AL QUE QUERER VOLVER por JAVIER TORTOSA



Cada día, a las cuatro de la mañana exactas, los barcos de pesca de Holly Town sueltan amarras y buscan la salida del puerto. En una especie de ritual, sus motores rompen el silencio y dejan flotando en el aire un firme juramento de que esa partida es temporal, de que regresarán sanos y salvos. En pocos minutos, los muelles quedan desiertos, tan solo con gaviotas contemplando la escena desde lo alto del faro, seguras de que, en unas horas, esos mismos barcos les servirán en bandeja un rastro de presas fáciles que llevarse al gaznate. En las noches de verano, el rumor de la flota se cuela por las ventanas abiertas. Te mece entre las sábanas y despierta a los gallos que comandan las casas de la huerta

El barrio de pescadores de Holly Town es un mosaico de colores. Cada casa está pintada de manera diferente. Es posible distinguirlas a una distancia considerable y los tripulantes se alejan sabiendo el punto exacto donde esperarán su vuelta. Roy Stillman vive en una de esas casas. A lo largo de su vida, ha pasado más tiempo flotando en el agua que con los pies en tierra firme. Dice que, a pesar de todo, de navegar cada día con un rumbo diferente, es importante tener un lugar al que querer volver. Una especie de meta. Eso ayuda a que aprietes los dientes en días de tormenta. O que espantes de tu sesera la idea de dejarte llevar mar adentro. Sí, es bueno que alguien te espere, dice Roy. Aunque ese alguien sea sólo una maldita cerradura.

Quedan apenas unos días para regresar a Albert Lea. Para volver a calzar zapatos y retomar la rutina. Roy me espera mañana para tomar nuestra última cerveza. Contará otra vez la historia de las casas de colores. Del día que pensó que acabaría con sus huesos en el fondo del océano. De cómo preparar un guiso marinero. De la llegada de los primeros colonos. Hablará de ello como si fuera la primera vez que lo cuenta. Y yo le escucharé convencido de que nunca antes lo había hecho.

Javier Tortosa


lunes, 6 de septiembre de 2021

UN POEMA de PEDRO GONZÁLEZ POLLEDO



Huele a vieja zapatilla el maestro,
a tabaco negro y a sudor rancio
y sus ojos revelan el cansancio
que es resumen de aquel tiempo siniestro.

Tiempo azul y rojo de hambre atrasada,
tiempo de leche en polvo y fría escuela,
tiempo de Padrenuestro y duermevela,
tiempo de oscura sangre derramada.

Huele a derrota aquel viejo Don Pablo,
huele a alcanfor su chaqueta raída,
huele a tristeza la escuela de que hablo,

huele a cura y a esperma retenida,
huele a calzón cagado, huele a establo,
y huele a muerte España, huele a vida.


Pedro González Polledo


domingo, 5 de septiembre de 2021

LA CANCIÓN DE LAS OLAS por TOMÁS SOLER BORJA



Te lo tengo dicho
cada año con idéntica historia
da igual que tu tiempo, tu vida
             tú mismo
ya seas otro
—o acaso el de siempre
en distinta marea—
para qué miras la fecha, los calendarios
¿no lo entiendes?
siendo de mar, habiendo nacido
con los pies
       al borde de las aguas
la canción de las olas
acunando un sinfín de sueños
y los aromas a sal, brea y algas
perfumándolo todo
cómo resistir indemne a septiembre
y sus tardes menguantes
cómo, y no rendirse a la evidencia
la orilla huérfana de huellas
la posidonia entregando ramos marchitos
al funeral del verano
¿lo ves?
pues así tú también, en silencio
sin el barullo de la risa, sin la alegría espontánea
del niño que avienta aguas al cielo
y aguarda feliz a la lluvia de estrellas

Tomás Soler Borja


viernes, 3 de septiembre de 2021

4 POEMAS de PE TER



Mis ojos levitan en la estratosfera
Mientras duermo
Y ven la materia oscura
Que todo lo impregna
Vivimos en las sombras
Para servir a la luz
Somos asesinos
Así como otros son carniceros
U oficinista
Vinimos al mundo
Para hacerlo llorar
Para devastarlo
No se nos escapa nada
Tenemos mala fama
Por eso somos tan puros
Arriba nos observan
Los ovnis
Y sólo esperan
Que muramos
Para tragarse todo
Lo que vivimos
Y hacer de ello
Algo sublime
Con nuestros sueños
Fabrican supernovas.

*

Si mueres por aquellos lugares
Te salen anémonas en la cara
Y empiezas a sentir en colores
En fosforescencia que brillan
En las noches oscuras
Como si te estuvieras
Quemando en un fuego
Inaudito
Sentir en negro es lo peor
Te sumerges en un oráculo
De destrucciones
En naranja te acercas
Al sol como un cervatillo
En rosa es una dulzura
A la cual no dejas de abandonarte
El blanco y su piel de armiño
Te va llenando los poros
Y el final es que explotas
En un festival de arco iris.

*

Quemar libros
Es el bálsamo de mis ojos
La adormidera que me tranquiliza
Sólo eso, me hace feliz
Ver cómo arden las ideas
Esas palomas mustias
Que le cantan a los siglos
Desde siempre
Prefiero la carne
El vino fragante
Cuando te has perdido
Y jamás regresarás
Te fastidia su nada
Esplendorosa.

*

Que te lean los granujas
Los locos, los cobardes
Los taciturnos, los inútiles
Los eclipsados, los matones,
Los malandrines,
Los genios, los tarados, los anormales,
Los marginados, los borrachos, los drogados,
Los HDP, los demás solo leen florituras,
Apologías, encantamientos dulzones
Que nada tienen que ver con lo salvaje
De la vida.


Pe Ter


miércoles, 1 de septiembre de 2021

UN MAR HUMILDE Y RONCO por LOIDA RUIZ RODRÍGUEZ



Completitud
en la noche
los trigales amortiguan el sonido de las palabras
los trigales
se quiebran al tacto
como el papel de los libros antiguos
soy un mar humilde y ronco
a decir verdad
soy un templo
así
todas las voces se convierten en la misma oración

Loida Ruiz Rodríguez


sábado, 28 de agosto de 2021

VIDA DE LOS SANTOS DEL DESIERTO por IVÁN ROJO



Ya lo dije: solo quedarán los que fuman a la puerta de los bares de los pueblos de montaña, mientras nieva. Ya lo digo: solo quedarán los que fuman en las bocacalles de los polígonos mientras agosto los quema vivos. A quién le importa que ahora digan que el tabaco además de matar contagia. A quién le importa que ahora obliguen a fumar a dos metros de distancia del mundo. Si has de fumar, fumarás. Como siempre. Como nunca. Porque fumar siempre fue precisamente eso: lejanía, trinchera. Humo. Cine. Algo que arde, que se ilumina e ilumina, que se apaga, que se acaba. Que acaba abandonándote a tu suerte en la oscuridad, como un padre, como un sueño. Por eso es hermoso ver a la gente dándole al pitillo agazapada entre los coches aparcados. Por eso es tan hermoso ver a la gente recorrer las calles dale que te pego al vicio esquivando a sus congéneres. Por eso es tan, tan hermoso ver a la gente levantarse de la mesa y alejarse unos pasos de los suyos para encenderse un cigarro en la penumbra que circunda la terraza. De modo que el problema de fumar nunca será tener que ausentarte de los otros cuando te enciendas un Lucky, un West, un Marlboro. Con independencia de la ley vigente, esa es la bendición anhelada por quienes fuman de verdad, quienes fuman como está mandado: alejarse. Alejarse del gobierno, alejarse de la cháchara, alejarse de todo eso que acecha ahí fuera. No, el problema de fumar es otro. El problema de fumar es que dos metros de distancia es poca distancia. La tragedia de fumar es que cuando fumas siempre estás contigo.

Iván Rojo


viernes, 27 de agosto de 2021

HEDOR: Prólogo por Javier Vayá Albert.




NO INTENTEN HACER ESTO EN SUS CASAS

Vamos a imaginar una barra de bar en una especie de limbo y una improbable conversación etílica entre Jardiel Poncela y Bukowski. Vamos a imaginar a una suerte de duendes malignas, una tomando notas, la otra dibujando bocetos. ¿Lo tienen? Bien, pues ahora borren esa imagen de su cabeza. Porque esta podría haber sido la alucinada génesis de Hedor como lo podría haber sido cualquier otra. Porque si están leyendo este prólogo con la finalidad de hacerse alguna idea sobre de qué va este libro que tienen en sus manos, lamento advertirles desde ya que han venido al sitio equivocado.

Verán, seré sincero, cuando me pidieron escribir el prólogo de Hedor me sentí tan honrado como aterrado tras leer la novela. Aterrado por no tener idea de qué demonios decir, por no estar a la altura y, sobre todo, por la responsabilidad de no desvelar ni un atisbo del goce culpable y maravilloso de tirarse de cabeza a estas páginas. Mi primer impulso fue el de escribir dos frases felicitando a quienes adquieran este libro y aplaudiendo a Gabriela Pavinski y Libertad Ballester. Después tirar una bomba de humo y desaparecer. Pero no, como buen funambulista acepto el reto y me pongo manos a la obra. Eso sí, no intenten hacer esto en sus casas.

Habrán leído mil veces cosas como “no les dejará indiferente” o “estilo único”, conceptos trillados que en el caso de Hedor adquieren otra dimensión. Si miento, si tras su lectura no tienen la sensación de que por fin son ciertas tales afirmaciones, me comprometo a dejar que me partan las piernas. Palabra de poeta. “Hedor” es un hilarante y brillante ejercicio en el alambre entre lo sublime y lo ridículo, entre lo naif y lo profundo. Folletín manchado hasta los huesos de realismo sucio, telenovela pulp gore y poética…este libro es una cosa y otra a la vez y cuando ya crees saber qué es lo que estás leyendo, de pronto otra excelente pirueta narrativa te descoloca deliciosamente. Con todo, lo más importante es que su autora aterriza con sobrecogedora elegancia, con delicadeza de pájaro que acaba de sobrevolar el infierno y sonríe, tan campante.

Gabriela Pavinski da rienda suelta a todo su universo (ya familiar para fans como yo de su poesía) e incluso lo expande. Maneja a la perfección el arquetipo para luego matizar con riqueza a sus personajes a los que trata con crueldad y ternura, con astucia de narradora magistral. Partiendo de un protagonista, Salicio, émulo de Bukowski, la autora tiende una trama vertiginosa de historias dentro de historias, de erotismo, humor, tristeza y cotidianeidad emocionantes y repletas de belleza, tal vez insertada entre la mugre y la sangre, pero belleza al fin y al cabo. Mención aparte merecen los pasajes epistolares inundados de esa poesía de terciopelo y cuchillo tan propios de Gabriela.

Libertad Ballester no anda a la zaga dando la réplica con unas ilustraciones sublimes. Situada en el mismo campo que la narradora, dichas ilustraciones sorprenden por el trazo duro (que no grueso) con que asaltan la pupila para luego revelar una abrumadora y hermosa ternura. Libertad consigue dar imagen no solo a las palabras de Gabriela, también a todo lo que esta ha querido insinuar y sentir. Todo desde una asombrosa identidad como artista individual. Si alguien, en su estrechez de miras, quiere denominar lo que hace como pornografía, adelante, yo añadiré que se trata de una pornografía emocional, lírica y excelsa.

De este modo, ambas, Gabriela y Libertad forman un tándem perfecto y único para dar vida a algo tan original y divertido y magnífico como es Hedor. Pero también, no lo olviden, con una carga de denuncia social y compromiso tan necesario como impolutamente tratado. Sí, no se asusten, hay mucho humor en este libro, algo que parece generar rechazo al tratarse de literatura por, seguramente, la misma estrechez de la que hablaba antes. Como si no existieran los Azcona, Berlanga, Cortázar, o el propio Jardiel Poncela para demostrar que toda literatura, todo arte, es juego, broma. Que desde esa chanza y esa risa se debe afrontar lo más serio de esta vida, o estaremos real e inevitablemente muertos.

Por último quiero destacar que Hedor pervierte los estereotipos machistas de género literario (artístico). Mujeres haciendo pulp o realismo sucio desde una perspectiva necesaria y eminentemente feminista, dando la vuelta a los lugares comunes poblados atávicamente por hombres, ya sea como protagonistas o autores. Afortunadamente Gabriela Pavinski y Libertad Ballester forman parte de un nutrido grupo de autoras que se están haciendo oír, leer, ver, a fuerza de gloriosos golpes en la mesa como este Hedor.

Para ser capaz de llevar a cabo y de manera tan excelente todo lo anteriormente comentado, para saltar por los aires la tapa de los sesos de la cultura oficial y hacerlo con un humor y estilo tan prodigiosos, hace falta saber mucho, haber leído y escrito mucho y bien. De modo que no intenten hacer algo como Hedor en sus casas, al menos no sin la ayuda de una profesional. Quedan advertidos.


Javier Vayá Albert,
prólogo a Hedor, de Gabriela Pavinski
(Aloha Editorial, 2019)


jueves, 26 de agosto de 2021

DONDE TERMINA LA NOCHE por ROBERTO RUIZ ANTÚNEZ



Como Ferdinand Bardamu al principio de "Viaje al fin de la noche", yendo absurdo entre la multitud hacia la primera guerra mundial, así la niebla y la patria. El ensimismamiento de un archiduque en Sarajevo o la fría lasitud con la que unos pocos cabrones construyen la historia. No conozco otra forma de rebelión que inventarse los límites allá donde termina la noche.

Roberto Ruiz Antúnez


lunes, 23 de agosto de 2021

CESARE PAVESE SE CANSA DE ERRAR por LUIS MIGUEL RABANAL



la mujer le muerde los cabellos
C.P.


Los poetas adquieren rutinas curiosas
a lo largo del día, estudian con ahínco
la brevedad del ser y otras maravillas muy útiles,
se portan mal como nosotros
lo habíamos planeado una vez en los baños
del cine.
Algunos incluso sobreviven dictando
sonetos, oh jovial infiernillo, a la obtusa
memoria del magnate del ocio.
Los poetas se aplastan la frente contra lexemas
dorados y no dicen ni mu, pero a veces recuerdan
también que tuvieron en sus labios una clara
proporción de haber sido otros.
Los poetas se hincan cristales en las entrañas
los domingos con poca angostura en tanto,
en la jaula del segundo, el ruiseñor, luscinia
megarhynchos, entona en silencio.
¿No es reconfortante esta impetuosa equidad?
Los poetas orinan en sus manos en sueños.


Luis Miguel Rabanal, de Este cuento se ha acabado. Poesía reunida 2014 -1977 (Renacimiento, 2015)


domingo, 22 de agosto de 2021

SUICIDAR AL ABSOLUTO por MAREVA MAYO



Está bien que desaparezca lo que en su intento quebró sobre el absurdo y extendió sus esqueletos sobre la baja voluntad de la noche esparcida en tu boca que tragaba sapos y piedras para asustar a mi fe y a mi sinceridad. El problema es resistirse a la duda y en la demencia de agarrarse al accidente del lenguaje y de su quimera... morir lentamente por el teatro y el cloroformo de su traición. Todo lo que nace de lo humano, se sostiene en el error. Sólo es verdad la soledad y el nunca saber nada tiroteándonos hacia el abismo crepuscular. No sé qué coño de problema, qué vanidad, qué miedo, nos impide la honestidad de declarar en ardiente fracaso al sentido y a la vida... sobre la poesía, sobre el fuego y el polvo y lo inasible. Todos quieren defender su cuento deshonrando a la miseria y a la ignorancia y con eso condenando a lo humano a los presidios de la moral y de la quimera.

Prefiero cargar en mi palo, la angustia del absurdo y la desfachatez de mi necedad, prefiero suicidar al absoluto como él me suicida a mí y me arquea en los camposantos de lo indecible. No quiero defender cuentos ni humillarme por esa verdad que me nació su hija muerta, que nos negó a todos en la tierra sus manos y su abrigo. No moriré ni viviré para ella. No la llamaré dios, ni ciencia, ni filosofía, cuando ella se declaró asesinada para todos nosotros y nos ha despojado de todo y del destierro que oscureció en nuestra carne llegamos a la vida.

Todo lo que emprenda, será por el absurdo que se venga porque ama. Todo lo que haga será contra el sentido, el firmamento, la raíz, el centro, el verbo, los principios, la moral y la prosa. Todo lo que haga será lo que me pique, lo que me gima, lo que me arda, lo que me desencaje, lo que me calcine en la duda y en el abismo de lo imposible que irá a morir y a romperse y a cantarse en la misma muerte y en la misma canción que ella ha envenenado contra sí misma y todos sus hijos.


Mareva Mayo


sábado, 21 de agosto de 2021

LA PARADA DE LOS FREAKS: Fabrice Colin & Joëlle Jolivet.



Harry Monroe huye de una infancia terrible persiguiendo su sueño: el cine, hasta llegar a Hollywood, donde terminará trabajando en el rodaje de Freaks, la obra maldita de Tod Browning. Allí se verá atrapado en un ambiente opresivo y oscuro donde la realidad y el sueño, la vida y el cine, se confunden hasta las últimas consecuencias.


viernes, 20 de agosto de 2021

UN POEMA de ANTONIO JAVIER FUENTES SORIA



Hoy hace
más calor de lo habitual.
Tumbado en la cama
leo un libro de correspondencia inédita
del viejo Hank.
Son, básicamente,
reflexiones sobre la escritura.
También leo poemas de Carver.
En uno de ellos,
habla de Machado.
Qué lejos estuvieron
y cuánto me conocen.
Cuando era pequeño, en verano,
leía poemas
en la revista de feria del pueblo.
Era el único escaparate
para los poetas locales.
Eran entrañables,
pero no hablaban de mí.
Me pregunto
qué será de ellos.
Algunos habrán muerto,
como Carver,
como Machado,
como Hank.
Sigo leyendo,
mientras,
el ventilador del techo gira
infatigable
y silencioso.

Antonio Javier Fuentes Soria


miércoles, 18 de agosto de 2021

CULO DE GALLINA: José Ángel Barrueco.



Félix quiso obtener experiencia operando a los pobrecitos fistulosos de los hospitales de París. Tomó esta resolución a principios de año. Quería estar preparado y adquirir soltura y dominio en esa cirugía por si alguna mañana el rey aceptaba someterse a ella. Iba decidido a afrontar aquel lance y salir airoso.

Ensayo y error, se dijo. Ensayo y error. Ésa es la clave, muchacho. Coger experiencia en la cirugía de las fístulas. Probar bisturís y lancetas. Reunir a enfermos vulgares, del pueblo llano, y convertirlos en cobayas. Con un único propósito, elevadísimo y memorable: sanar al monarca, sol de Francia y alegría del Estado, etcétera.


José Ángel Barrueco,
de Culo de gallino (Download Luis XIV)
(Ediciones La uña rota, 2021)

http://www.larota.es/cat%C3%A1logo/microrroturas/culo-de-gallina


martes, 17 de agosto de 2021

DE AGUA por ÁLVARO HERNANDO



Beber del pensamiento. Dejar que el cuerpo descienda hasta la sed: la búsqueda erguida sobre el mapa, la huida de la lombriz por el asfalto, la caza de un mirlo rojo, el roto en el mapa, el pie en la lombriz, la duda del estornino. Ese rojo que deja rastro. Beber del olor del agua y de la trayectoria de lo ausente. Inventar un ahora hecho de vestigios. Retener en la palma de la mano el olor de la palabra humedad y comprender un tiempo aparte, carente de sentido.

La lluvia repica sobre el cadáver seco de un ave sin párpados. Explota el agua, impúdica, y el pájaro se hace pez y ladra. Abre el pico en busca de la madre. Y las plumas no se mojan. Y si se mojan son escamas. Y el ladrido cae en un charco que tampoco tiene ojos. Y no hay madre, ya cadáver hace tiempo, que no es poco.

Vivir en sed permanente, en un tejer el agua con las manos para hacer ruegos navegables. ¿Cuánta agua hay en la sed que invade el agua? Pensamos el camino todo curvas, cuando en realidad es un destello afilado cuya luz nos observa y nos llama forma, cuyo tiempo nos recorre y nos llama trayectoria. ¿Has visto ese agua lechosa en que coagula el reflejo? Hay que confiar en el agua. Los recuerdos son los dibujos del azar en la mirada y permanecen más limpios desde que no los habitamos. Necios, tocamos el sonido del agua para saciarnos el miedo. Estamos sordos y tememos, porque el agua grita y la sed muerde. Son palabras a punto de ser palabra, musgo dentro de la garganta, ceniza que dice ser llama. No entendemos el lenguaje de la sed que nace del agua. Es un astro permanente: el que se muestra y el que se oculta. En cada pliegue, imperturbable, orbita, a escondidas de sí mismo. La lágrima es hoy y es todo el agua de un mapa. Tiempo y lugar desaparecen entre los cantos negros, como sed que grita y languidece en el pedregal del río seco. Beber: la vida siempre será sed.

Hay un vértigo cayendo a lo profundo. Rebota, como el eco en una lata, y se deshace en sal y costras de caracola. Vértigo, con forma de grito que quiebra aquel castillo infantil de arena seca. Es vértigo doblado sobre sí mismo, asediado por enemigos minúsculos, interiores y candorosos, sedientos y ciegos que pisan con rabia el agua. Y el agua no corre, ni huye. Cae. Es negligente. Es un sonido desconfiado que corre libre por los vidrios. Y la sed se queda quieta. Es meticulosa. Es el empeño de las cosas muertas en permanecer. Todo este tiempo para descubrir que el agua es un residuo de la sed. Al menos, sabemos que el desamparo es una rama a la que llamamos viga, que no arde y que nos calla. Y por la rama nos suben las hormigas como pasea el olvido por la mente del anciano, incordiando con el roce de los pasos leves de mil insectos que son uno. Mientras, hay muros en los que crecen brocales a cuya linde asoman los ojos negros de los pájaros secos.

Se nos muere el agua en las manos, como esos pájaros que caen, o, si no, la matamos, en silencio. Bebe: presiente la sed del trayecto. Aún así, seguimos el camino. Nuestros pasos rebosan cualquier huella y desaparecen como el agua cuando rompe la forma en que habita.


Álvaro Hernando, de Mar de Varna
(Ed. Baile del Sol, 2021)

viernes, 13 de agosto de 2021

MY GENERATION por PATXI IRURZUN



Con Vicente Muñoz durante la presentación de Resaca /Hank over en 2008

En aquella época el buzón era nuestro cofre del tesoro. Nos asomábamos a él cada mediodía, cuando regresábamos de la universidad, de la fábrica, de la oficina del INEM, esperando ansiosos encontrarnos la respuesta de una editorial o uno de aquellos grandes sobres que llegaban desde León, desde Gijón, desde Punta Umbría, y que contenían el último fanzine en el que habíamos colaborado, o el poemario o libro de relatos que acababa de publicar algún “hermanito”, así nos llamábamos cómplice y cariñosamente en las cartas manuscritas que también nos escribíamos.

Contactábamos entre nosotros buscándonos en las últimas páginas del Ajoblanco, escribiendo a los apartados de correos que dejaban como santo y seña las revistas literarias. Nos leíamos primero, antes de conocernos, y queríamos conocernos porque nos gustaba lo que leíamos (al contrario, creo, que sucede ahora, que los escritores se hacen amigos por acumulación y por Facebook y no se leen unos a otros, les basta con darle al me gusta, que es más barato que un sello de correos)…

David González, Vicente Muñoz Álvarez, David Benedicte, Eva Vaz, Oscar Sipán… Esos eran los nombres. Mono Gráfico, Borraska, Vinalia Trippers, Kastelló, El Canto de la Tripulación… Esas las barricadas de papel en las que nos curtíamos, que a menudo nosotros mismos levantábamos. Soñábamos con vivir de la escritura, antes que con la fama, que nunca llegaba. Sabíamos que, a pesar de eso, escribiríamos siempre, que nos levantaríamos una y otra vez de la lona, ocurriera lo que ocurriera, aunque la suerte fuera esquiva y los golpes bajos. No teníamos padrinos ni éramos complacientes. La mayoría procedíamos de barrios obreros, de ciudades fuera de los mapas del telediario, y eso también contaba, claro que contaba (en contra).

David González estuvo en una cárcel de menores y arrastró durante años la condena —todavía hoy, con más de cincuenta, la arrastra—, aunque su poesía sea mucho más grande que su leyenda. Con él aprendí a leer y a entender y a amar la poesía. Es uno de los imprescindibles y sin embargo se siente, lo hacen sentirse a menudo despreciado, con ganas de quitarse de en medio, de autodestruirse y dejarnos huérfanos a los cientos de lectores que lo queremos y admiramos sus versos. Vicente Muñoz Álvarez, el narrador y poeta más brillante de la noche y la oscuridad, agitador cultural, editor de revistas y libros antológicos, ministro del “underground”… Recorre España durante medio año con una furgoneta cargada de muestrarios de zapatos y se siente agradecido por ello, porque así le queda el otro medio para escribir y para ensoñar, para conspirar contra Babilonia y merodear en los márgenes del arcoiris. Ellos son mis “hermanitos”. Mi generación. My generation, como cantaba The Who. Léanlos. Vicente acaba de reeditar su, a mi juicio, libro más logrado, El merodeador. David prepara una antología de sus mejores poemas, seleccionados por sus propios lectores. Lean las novelas de David Benedicte, los poemarios de Eva Vaz, los cuentos de Oscar Sipán…. No les resultará fácil encontrarlos, eso sí. No los verán reseñados en los suplementos culturales, ni se los encontrarán en los displays de las librerías. Hay que buscarlos. Como cofres del tesoro.

Patxi Irurzun


LA LOCA DE LOS GATOS por MAYA MUKTI



Me llaman la loca de los gatos
aunque un día, tiempo atrás,
alguien me amó.
Me veo con la luna en los tejados,
me mira compasiva. Fue testigo
de algún tiempo dorado.
Sabe de mi aflicción.
Converso con el aire en mi cabeza,
me abrazo a las estrellas.
La luz que ya no tengo viaja en libertad.
A veces me visitan los fantasmas.
Les sirvo agua de rosas, se ríen a mi espalda.
Es fría la venganza. Es dura y no perdona.
La loca, con los gatos, maúlla melancólica.
La luna, cansada del concierto,
le deja paso al sol.

Maya Mukti


jueves, 12 de agosto de 2021

CORAJE por ABEL SANTOS



Cuando la oscuridad
quiere atraparme con sus zarpas poderosas
para alimentarse de miedo

cuando el temor
quiere desplumarme el valor
con su apariencia de sombras

yo arriesgo tranquilo
mi profundo amor por mí

si cierro los ojos
el mirlo blanco de mi frente arroja
migajas celestiales
al desterrado miedo

si apago la luz
soy el niño del corazón sin ausencia
que desaparece en un universo
lejos de la impotente oscuridad

es bien sencillo

nunca jamás podrá ganarme
aquello que no existe.


Abel Santos


miércoles, 11 de agosto de 2021

KIKE BABAS: RESACA. THE HANK OVER SPOKEN WORD.



Un par de décadas he tardado en concluir estos recitados donde me acompañan ciertos gigantes con el fondo sonoro (lean los créditos, apabullan). Digamos que por el camino me fui entreteniendo… Hasta que me he dicho: ea, pues comparto el experimento. Spoken Word, le dicen los guiris. En el origen de la inspiración estaban, por una parte, ese tema que tanto me fascina, “The gift”, del segundo disco de The Velvet Underground, con Cale leyendo un texto de Reed; por otra, un sui generis homenaje a Charles Bukowski.


1.- RESPUESTAS DE SPEED + CUCARACHAS POR EL RABILLO DEL OJO
Kike Babas & A Ver Si Oigo Visiones (Rosendo Mercado, Eugenio Muñoz, Rafa J. Vegas)

2.-LA POLLA. Kike Babas & Leiva

3.- CEPILLARSE LOS DIENTES. Kike Babas & Majara Project (Juanjo Pizarro, Finito de Badajoz)

4.- LA VOZ NO HAY QUIEN LA CALLE (NI REJAS NI PAREDES)
Kike Babas & Kutxi Romero Trío (Kutxi Romero, Pete Marco, Juanito Lorente)

Grabado en El Cortijo del Aire, El Castillo Alemán, Leiva’s home studio, Chicotrópico Estudio y Teatro EDP entre 2000 y 2021. Remasterizado por Sergio Delgado 2021. Textos de Kike Babas extraídos del libros “Resaca/ Hankover” y “Días de speed”. Foto: Chary / Retoques: Laus.

martes, 10 de agosto de 2021

HEDOR: Gabriela Pavinski.



Hedor
pervierte los estereotipos machistas de género literario (artístico). Mujeres haciendo pulp o realismo sucio desde una perspectiva necesaria y eminentemente feminista, dando la vuelta a los lugares comunes poblados atávicamente por hombres, ya sea como protagonistas o autores. Afortunadamente, Gabriela Pavinski y Libertad Ballester forman parte de un nutrido grupo de autoras que se están haciendo oír, leer, ver, a fuerza de gloriosos golpes en la mesa como este Hedor.

Del prólogo de Javier Vayá Albert


domingo, 8 de agosto de 2021

UN POEMA de ALBERTO MASA



Sé que pertenezco a ese niño bobo empeñado en acariciar un avestruz.
Sé que pertenezco al viejo sordo que come un cucurucho sentado en un banco del parque.
Sé que pertenezco a los asesinos del tiempo donde se columpia mi mascota.
Sé que pertenezco a la miga de pan que da a caer sobre el cadáver de una tórtola.
Y, sin embargo, aquí, donde me digo que estoy
no estoy en verdad.
No pertenezco a estas paredes que se achatan con cada hora que pasa.
Sí, la sangre. Pero no es la mía, sino la suya.
Sobre mis ojos cansados se vislumbra el mapa del desamor.

Alberto Masa


sábado, 7 de agosto de 2021

NONSENSE por SERGIO MAYOR



Usted dirá Lord Byron. O Jack London. Sí, hay muchos. Jaroslav Hâsek, borracho, dedicado al robo y el tráfico de perros.

Con todo, se escribe por una insuficiencia radical. Se escribe a falta de una vida interesante. Yo comencé por el tedio, el tedio de un colegio de Vegueta, una institución de secuestro jesuita. No me interesaba el lugar. Por ausentarme, por salir del cuerpo, por no dejar piedra sobre piedra, escribía cartas a la dama mística de un night club medieval, escribía cuentos con el nervio de un cóctel molotov, escribía versos con la rabia del muchacho que se acerca armado a la Escuela Columbine:

“El hombre que me mató tenía cabeza de perro. Llevaba una bata japonesa. Vendía crucifijos usados en las ferias de los pueblos”.

Ya, un nonsense, desde luego, una ebriedad en el lugar de las leyes, un fumadero de opio con doce palabras.

¿El colegio? Suspendía lo que podía. Suspendía lo que nadie suspendía. Suspendía Trabajos Manuales, inútil para los poliedros de madera de balsa y pegamento. Suspendía Comercio, necio para las letras de cambio y los pagarés. Suspendía Inglés, nieto de un arzobispo anglicano. Suspendía Religión (el padre Alarcón no daba dioses creíbles como Abraxas o la mujer anticipada; daba un catecismo inconcebible) Suspendía Educación Física, flaco para cincuenta flexiones, perezoso para el potro, el plinton y el salto fosbury de altura. Suspendía Literatura. El padre Mendoza no daba Bukowski. No daba Dostoievski. Daba las jarchas mozárabes y la Generación del Veintisiete. Daba la Celestina y Quinientas horas con Mario. Suspendía las derivadas, las integrales, los análisis trigonométricos, la pederastia matemática.
Escribía mucho allí. Ya le digo, a falta de existencia. Se escribe en la desolación, en los conventos, en los cautiverios, en los frenopáticos, en una rectoría de Yorkshire, en una casa de Armherst, en las enfermedades pulmonares, en el desierto, frente a los tártaros. Se escribe en la muerte y en los males de amores. Se escribe en un colegio jesuita.

Oiga, no pretendo una ley. Aborrezco las leyes. Habrá gente que escriba en las tabernas y en los parques de atracciones. Habrá gente que escriba pese a una vida suficiente. Una gente rara. El misterio de lo luminoso. Walt Whitman, por ejemplo.

Sergio Mayor


jueves, 5 de agosto de 2021

EL PODER DE LOS AÑOS por MAICA BERMEJO MIRANDA




Me siento poderosa al cumplir años. Es como pasar a una etapa distinta en el juego de la existencia. Juego de encuentros y desencuentros. De certidumbres y pasión. De esperanzas y sueños.

Me siento fuerte por haber vivido las fases que me han traído hasta aquí a través de esas mujeres que dejaron de ser yo.

¿Qué le diría a la niña que retozaba despreocupada con la vida por delante? ¿Qué le contaría a la adolescente que se abría al amor como una granada madura? ¿Qué le revelaría a la joven que se embarcó en un proyecto febril y aventurero para quedarse después estancada en un mundo opaco de silencios? ¿De qué le informaría a la hembra en sazón que decidió abrir la puerta y partirse el pecho en una partida que al final quedó en nada? ¿Qué le diría a esa madre brava que se reconstruyó tantas veces basándose en la experiencia de las que la habían precedido?

Peldaños cada una de ellas. Eslabones. Pasos que me han traído hasta el presente hermoso que disfruto. Por eso me siento poderosa. Con el correr del tiempo soy consciente de mi avance.

Me sienta bien cumplir años y ascender a una nueva escala en un nivel avanzado de mi videojuego personal. Tableros móviles donde se sortean obstáculos o recoges flores, donde monstruos volátiles te lanzan estrellas que revientan en tu cara desdibujando tus objetivos. En otras, surgen bolas que se destruyen, estallan y forman un universo multicolor. Ocasionalmente retrocedes y caes quedándote enganchado en repeticiones sucesivas hasta, que una vez aprendida la lección, superas el escollo y alcanzas la meta.

Y qué fácil resulta, si insistes en tu empeño, hacerlo de principio a fin. Sin estrés, sin presión, sin agobio, resuelves uno a uno los enigmas, esta vez sí, disfrutando plenamente de cada situación que se te presenta.

Ahora, desde esta plataforma de mis setenta años me siento dichosa. Un sentimiento que quizás no sea compartido, o quizás sí. Para algunos los años son un freno. Yo me construyo, me deconstruyo y me vuelvo a construir en esta recreación singular, en esta oportunidad única que me brinda la aventura de vivir.

¿Qué le diría la anciana del futuro a ésta dama que camina por Recoletos descubriendo la caricia del sol con el alma abierta, el corazón alborotado y la pujanza de la sangre corriendo por sus venas?

Es muy diferente sentirse poderosa a empoderada. Esa palabreja que se utiliza tanto últimamente. Hay una diferencia abismal. Una mujer poderosa se ha hecho a sí misma, la fuerza emana de ella. No necesita de nadie que la aúpe ni la encumbre. No necesita que alguien le diga que forma parte de un movimiento especial. El individuo puede ser bizarro en sí mismo. Sin estigmas. Sin consignas. Sin supuestas ayudas que los abanderados de la causa utilizan, en muchos casos, para auparse a la hegemonía y alcanzar así un dominio que utilizan solamente en su provecho. Poder político, mercantil, dictatorial, ejercido contra los intereses de las personas que se supone tendrían que estar sirviendo.

Esa es la gran diferencia. Yo me siento y soy poderosa. Nadie tiene que encumbrarme a ningún estado ni lugar. Lo que he hecho hasta aquí y lo que he conseguido se lo debo a mis manos, a mi cerebro, a mi esfuerzo y a lo que he recibido de mis ancestros. Generaciones predecesoras de mis días que me han legado sus genes. Que me han transmitido con sus vivencias, su proximidad, su esfuerzo, su lucha, su dedicación, sus derrotas y triunfos, sus caídas y resurgimientos, que lo que somos y obtenemos lo hacemos por nosotros mismos. Nuestras ganas son el motor y nuestra cabeza la nave que nos ayuda a transitar por la Tierra.

Por eso hoy sonrío al mundo y levanto la mirada al cielo con el orgullo de haber llegado hasta aquí, feliz con mis sentimientos. Dueña de todo y de nada abarco radiante la proyección de esta mujer que continúa afianzando bases para seguir creciendo.


Maica Bermejo Miranda,
del blog Al sur de los tambores