lunes, 3 de mayo de 2021

PRÓXIMAMENTE



Tras la gran acogida de "Tratado de hortografía (Una novela sobre el Rock Radikal Vasco)", Patxi Irurzun retoma las peripecias del protagonista, el cantante del grupo de punk ochentero Los Tampones, a quien encontramos ahora, en un pandémico 2021, grabando con sus hijos una versión trap de su única canción de éxito, "Estamos contra las reglas", participando en el casting de La Escalera, programa concurso de la tele, o convertido en performer (es decir, pidiendo en la calle con un disfraz de Spiderman de talla infantil comprado en los chinos)...

domingo, 2 de mayo de 2021

OUTSIDERS por GEMA FERNÁNDEZ MARTÍNEZ



Es porque nos creímos
libres de etiquetas,
es por eso, dicen,
porque incumplimos reglas,
porque nos desviamos
deliberadamente
para salvaguardar
la esencia más salvaje
de nuestra identidad
que nos hacemos viejos
de tanto cumplir daños,
que somos dos extraños
que no saben
muy bien cómo tratarse.

¿Qué porcentaje de valor diario
es el más adecuado
para nuestro organismo?
¿Qué índice de cobardía?
¿Cuánto cloruro de odio
podremos soportar
sin sufrir un infarto
a los 40?
¿Cuántos gramos exactos
debería pesar
la piel que se desea
para cubrir de golpe
todas las calorías
que necesitaremos
cuando amenace el frío?
 
No sé si me entiendes,
claro,
eso tampoco lo pone la etiqueta.
 
Pero por ejemplo:
¿Te gusta más el agua clorada
de la ducha
o caminar desnudo bajo la lluvia?
¿Si nos centrifugamos
a altas temperaturas
te encoges de miedo?
¿eres hipoalergénico,
eco-ilógico, bio-agradable?

Es porque nos creímos libres
de etiquetas,
cariño,
porque solos, tú y yo,
porque libres,
porque el amor
con un significante
universal
es para los que no han sentido
nunca nada,
porque mis labios, tus dedos,
mi pelo, tu lengua,
tus ojos, las uñas de mis pies,
tu vientre...

Oh, my god!!!
 
y esos microrganismos
tan simpáticos jugando
al escondite en nuestras bocas
y que le follen al mundo,
y jo, cómo te quiero,
pues yo te quiero más
que no que yo
y bla, bla, bla,
¡qué únicos somos!
e irrepetibles
e inconfundibles,
e indefinibles
tan, tan, tan...

así,
sin etiquetas.
 
Es por eso, amor,
sólo por eso,
para que me descubras
por primera primera vez
todos los días
que jamás te diré
que según Howard Becker
y su cruel, nefasta y despiadada
teoría del labeling
tú y yo,
aunque no lo creamos,
somos un par de outsiders
de los de manual

y eso, maldita sea,
ya es una etiqueta.


Gema Fernández Martínez


Foto por Alejandro Viña

viernes, 30 de abril de 2021

EL TRABAJO NO ESTABA TAN MAL por ERIC LUNA



Era mi segundo día en aquel trabajo y los primeros días, por alguna razón, uno aún suele estar de buen humor.
—¡CAMARERO! —berreó, desde la lejanía, un timbre de voz bastante desagradable. —¡CAMARERO!
Ya me había dado por aludido, pero no me apetecía contestar a la llamada como haría un perro. No me apetecía lamerle la cara, ni saltarle sobre las rodillas, ni ladrarle, ni mearle el bajo de los pantalones: no me apetecía hacer nada de lo que haría un perro.
Me volví hacia él como si acabara de despertarme y lo miré como si me lo hubiera encontrado por casualidad.
—CAMARERO!
El tipo no tenía bastante con el contacto visual. Tenía que seguir jodiendo con ese timbre rasgado que tenía por voz.
—¡CLIENTE! _grité yo, asaeteándolo con mi peor mirada de loco. Y luego, moviéndome despacio, como haría un gángster, como haría un perdonavidas, me acerqué hasta su mesa.
—¡DÍGAME, CLIENTE! —les grité a él y a su familia, mientras me sacaba el comandero y el bolígrafo del mandil. Y una sonrisa, de propina.
—Pero… ¡Será maleducado! —protestó, la que supuse que sería su mujer, que también tenía una voz como de haberla estado afinando, durante veinte años, fumando Ducados.
La señora, pese a estar más cerca de los cincuenta que de los cuarenta, tenía unos ojos marinos, una adecuada geometría en el rostro y una energía interesante.
—Ya se lo corroboro yo. Es un maleducado. La próxima vez, asegúrese de elegir mejor.
Y debió de creer que me refería al restaurante porque se levantó, levantó a su crío de diez o doce años que no apartaba la vista de su teléfono, levantó su bolso, su pamela playera, levantó a su marido y se lo llevó todo consigo, como impulsada por un invisible torbellino espontáneo.
Yo le hice un gesto haciendo circulitos en el aire con el índice y llevándome despúes el meñique a la boca y el pulgar a la oreja, como queriendo decirle Llámame, mientras ella, echando la vista atrás, se aseguraba de que aún los seguía hasta la entrada de aquella terraza de verano.
—Está loco, ¡ loco! —la escuché decir mientras se alejaban.
—¡Pues entonces ya no hay nada que hacer! ¡Lo mejor será que lo encierren, y que pruebe de nuevo!
Volví a la barra y me serví un vaso de agua con hielo y una rodaja de limón. Tanto dialogar me dejaba la boca seca. Edu, uno de los camareros que, por solera, había sido ascendido a maître, surgió de la parte trasera del bar. Traía los ojos enrojecidos y arrastraba con él un dulzón aroma a polen rubio.
—¿Y esos gritos?
—Unos clientes. Hablaban así de alto.
—Pero… si la terraza está vacía… No hay nadie.
Me giré para comprobarlo. En efecto, estaba vacía.
—Sí… La mujer mencionó algo sobre una posible demencia. Se han largado.
—La gente está fatal.
No pude más que darle la razón. La gente, o al menos la gente que llegaba hasta esta orilla, estaban todos tarados. En el sentido más estricto de la palabra. Y uno tenía que lidiar con aquello. Hacerse fuerte ante los defectos de fábrica ajenos.
Pero el trabajo, lo que era el trabajo, pues oye, no estaba tan mal.

Eric Luna, 
de El arte de mantenerse a flote 
(Boria Ediciones, 2021).


El arte de mantenerse a flote puede leerse como un manual de subversión laboral, como una crítica a este sistema económico darwiniano, como una oda al problema ontológico de no encajar en los perfiles de búsqueda de Infojobs o como un diario de viaje por los caminos inescrutables a los que nos conduce nuestra particular búsqueda de sentido.

Porque es en los ángulos muertos, en las esperanzas que los protagonistas de estas historias callan por miedo a que alguien las haga trizas y en qué les deparará el destino más allá del punto y final de cada relato donde se encuentra esa extraña belleza que tanto anhelan estos personajes.

Con tonos que oscilan entre la comedia, el drama cotidiano y el horror, se presentan en este libro doce relatos donde tienen cabida tanto el realismo, como la prosa poética o la ciencia ficción blanda. Todo en torno a un tema común: sobrevivir a aquello que estamos dispuestos a hacer por dinero. Y lograr salir indemnes.

lunes, 26 de abril de 2021

UNA SEMILLA: Enrique Cabezón.




Antonella es una mujer independiente y atípica, su oficio es recolectar hongos y setas, en uno de sus paseos por lo más profundo del bosque descubrirá a unos hombres que pondrán en crisis todo lo que ella conoce. Antonella y sus vecinos se verán obligados a enfrentarse a una idea de progreso para la que no están preparados.

La frase: Fija en la tierra ese árido tronco que te sirve de báculo, que mañana lo verás, no solo florido, sino coronado de frutos recorre la novela convirtiéndose en una lección de vida. Lección que Antonella aprendió rápido y, después de la destrucción, se sobrepuso y “Salió al monte de nuevo. Ya no buscaba hongos, o no solo setas o trufas, sobre todo recolectaba y ordenaba semillas. Con ellas siempre habría un mañana. Simiente humilde. Fue consciente de que el sonido había vuelto al bosque”·



domingo, 25 de abril de 2021

ABIERTA SIGUE LA NOCHE: Carla Badillo Coronado.




Biblionauta, viajera y viajante, ludista espiritual, grafómana, artista sonora, entre muchas cosas más, Carla Badillo Coronado (Quito, 1985) es una de las escritoras más brillantes que poseen el raro pasaporte ecuatoriano. Su obra poética ha merecido importantes galardones como el César Dávila Andrade por Partituras Incompletas (apuntes de música y otras obsesiones) o el Premio Loewe a la Joven Creación por el maravilloso El color de la granada. Collagista musical y verbal, Carla también escribió una sutil, híbrida y misteriosa novela breve titulada Abierta sigue la noche. La noche como puerta, como carnada y agujero negro, este libro supone un diálogo inteligente con las zonas liminares de los géneros literarios: novela, poema narrativo, diario de viaje metafísica, collage, carta larga y poliédrica, dietario incómodo y agonístico. Es todo eso, en una Urdimbre, nombre de la ciudad retratada en sus páginas, que modela una espléndida alegoría sobre la enfermedad, el insomnio, el delirio y las abejas. Alegoría porque este texto, de alguna manera, es una red móvil e inconsútil de metáforas que solo el entrañable personaje de Rauda parece romper para devolvernos al tempo de los acontecimientos y los hechos.

Juan José Rodinás


sábado, 24 de abril de 2021

OTOÑAL Y BAROJIANA: Miguel Sánchez-Ostiz.



Con Otoñal y barojiana Miguel Sánchez-Ostiz pretende dar cierre a los muchos años de estudio e investigación sobre la obra y vida de Pío Baroja. 

Una obra recopilatoria de ensayos y conferencias inéditas que sirve como complemento a sus otras obras dedicadas al autor donostiarra: Derrotero de Pío Baroja (2000), Pío Baroja a escena (2006;2019), Tiempos de tormenta (2007) y del prólogo a Opiniones y paradojas.


martes, 20 de abril de 2021

LA FORMA DEL PAPEL por MARA DRES




…porque es leer a Mara, a Mónica, a ese cuerpo de mujer donde habitan más mujeres, donde habitamos otras mujeres y querer besarla.

Besar su mano, su pelo, su boca,
su oscuridad templada,
sus poemas que “no son poemas, son buques cargados de barcos, cargados de agua”.

Besar su aliento de madre, de tierra, de lluvia,
de sopa de sobre exprés.
Besar la rutina, la colada, el esfuerzo de
llegar a fin de mes.


sábado, 17 de abril de 2021

CULO DE GALLINA por JOSÉ ÁNGEL BARRUECO



La historia de la fístula que gobernó el mundo

El 15 de enero de 1686 Luis XIV despertó con una molestia aguda. Diagnóstico: quiste pilonidal sacrocoxigeo. A sus 47 años el Rey Sol había librado decenas de guerras, tanto en Europa como en su propio país, pero ninguna le resultaría tan atroz e implacable como esta que le sobrevino aquel día en la zona perianal y que se prolongaría durante un año entero.

José Ángel Barrueco relata con humor y conocimiento de causa los pormenores de una enfermedad tabú. La intrahistoria de un año del rey más poderoso del mundo.



domingo, 4 de abril de 2021

A CHARLES BUKOWSKI por ROLANDO REVAGLIATTI



De las que continúan llegando
atravesadas por un suicidio
burilados escamoteos y demasiadas
traiciones

Llegando pensándose muertas
por emulación

Llegando con quienes se atiborran
de signos arbitrarios ante la magnitud
del Fiasco

Llegando con las meretrices a los puentes
bailando con las obligadas bailarinas

Llegando servidos por la guía de teléfonos
con sus esmeros de chistosos y desesperados

Llegando la piedad fraccionándose en volutas paranoicas
que a manchones imprimen en la atmósfera de las calles
las balas decisivas

Llegando se retiran con soberano
candor unos
y retirándose también
                                 llegan
con camandulera fanfarronería
otros

Llegando del insomnio pétreos pero ávidos
cobrándoles a sus desapacibles viejos
en cuotas las vejaciones
infringidas pimpantemente en únicas entregas dedicadas

Llegando los que se irán
combinando el hartazgo con la dádiva así son
barridos amasijados
muchos con ayuda de las Autoridades
morfándose el ampuloso mondongo de la Eternidad
sin plebeya sal
sin cubiertos
sin papilas.


Rolando Revagliatti, del poemario Ripio.

http://www.revagliatti.com/


CULO DE GALLINA por JOSÉ ÁNGEL BARRUECO.

viernes, 2 de abril de 2021

DISIDENCIA POÉTICA: Javier Vayá Albert.


 

EL AÑO DEL DESHIELO

Esta es una canción
para cuando calle el hombre.
En el año del deshielo
competimos
a ver quién más animal,
quién más herido.
Solo me queda una copa
y brindo
por las dos chicas de la otra noche
comiéndose vivas
en mitad del jubiloso armisticio.
En el año del deshielo
soy como un oso polar
sobre un gélido resquicio;
dadme un punto de apoyo
y perderé el equilibrio.
Esta es una canción
para cuando calle el hombre.
Solo me queda una copa
y brindo
por los malos poetas buenos
que se juegan la vida
en cada curva insensata del verso.
Y por aquella vez primera
en que hicimos el amor sobre un vertedero
al que bautizamos con el nombre de mundo.

SABRÁN MÁS QUE YO

He aquí los días malabares
la ruleta rusa de los minutos.
La danza tragicómica sobre el alambre
los aplausos ya difuntos,
Este es el viaje
que los demonios tuvieron a bien depararme.
La carpa raída, la jaima incendiada
los pies remojados de la pitonisa
la voracidad forastera ya en polvorosa.
Un suicidio en cada verso cada verso un suicidio.
He venido a este lugar
a depositar un osario de rostros.
Por si quedara algo en pie
tras los buitres.
Los arqueólogos venideros
afirmarán que he existido.
Sabrán más que yo.

CONTINUACIÓN

Escribiendo en la niebla
que cruza la fiebre
y el cansancio.
Escribiendo desde la negligencia
vulgar de las enfermeras.
Escribiendo en las escaleras del infierno, esperando amigos
que nunca llegan.
Escribiendo desde el ojo 
del ciervo reflejado
en el faro del coche.
Escribiendo a intervalos
de mi ocupación
como sparring.
Escribiendo en la madrugada
cuando los héroes
salen de casa.
Escribiendo poesía
en la ciudad 
de la endogamia
y el monopolio.
Escribiendo desde el vacío y el margen,
pero escribiendo.
Escribiendo con la tinta
del silencio y el desamparo.
Escribiendo 
en el desgarro rutinario,
pero, como dice Pablo, escribiendo.
Escribiendo porque
no me crecieron las alas,
porque ser Javier Vayá
no basta.
Escribiendo por lo que dejó
sin escribir Bolaño.
Escribiendo porque todos los poetas
nos amemos o nos odiemos
todos los poetas
ante todo
nos continuamos.

ÍCARO

Tan solo habláis de la caída.
Como quien se empecina en lamer
el reverso amargo del sueño.

Mira, robo cirios en las iglesias.
Adicto a arder en labios de sol
me construyo un par de alas.


Javier Vayá Albert, de Disidencia poética (Altolibros, 2021)


sábado, 27 de marzo de 2021

1 POEMA de JULIA GUTIÉRREZ



Ella que nunca se rinde,
es una valiente
Wonder Woman
del día a día.

De su arsenal de las armas
destaco el Lazo de la Verdad
y una Aguja Mágica
con la que sigue cosiendo
la paz
puntada a puntada.

Impera la libertad
en su hogar -que es de todos-
donde volver a casa
es más que una expresión,
donde solo ondean
banderas de ropa limpia
recién lavada.

Ella atesora todas
las competencias
que puedas imaginar,

lleva el peso ella sola
de todos los ministerios
sin sueldo alguno,
sin derecho a vacaciones
ni baja laboral,

y sabe que no se puede
gobernar nada
sin la ética del cuidado
sin la constitución del amor.

Ella conoce y ha reescrito
los estatutos de una vida feliz.

Y así lo creo firmemente
-que tome nota España,
Europa o el mundo entero-:

siendo la gallina
de los huevos de oro,
koro koko, kiri kiki,

si mi madre
hubiera sido presidenta
del gobierno,
otro gallo
-con más arte-
cantaría en este país.


Julia Gutiérrez, del blog A la cola del viento.


viernes, 26 de marzo de 2021

LA POESÍA ES UN ARMA CARGADA DE FUTURO por GABRIEL CELAYA



Cuando ya nada se espera personalmente exaltante,
mas se palpita y se sigue más acá de la conciencia,
fieramente existiendo, ciegamente afirmando,
como un pulso que golpea las tinieblas,

cuando se miran de frente
los vertiginosos ojos claros de la muerte,
se dicen las verdades:
las bárbaras, terribles, amorosas crueldades.

Se dicen los poemas
que ensanchan los pulmones de cuantos, asfixiados,
piden ser, piden ritmo,
piden ley para aquello que sienten excesivo.

Con la velocidad del instinto,
con el rayo del prodigio,
como mágica evidencia, lo real se nos convierte
en lo idéntico a sí mismo.

Poesía para el pobre, poesía necesaria
como el pan de cada día,
como el aire que exigimos trece veces por minuto,
para ser y en tanto somos dar un sí que glorifica.

Porque vivimos a golpes, porque a penas si nos dejan
decir que somos quien somos,
nuestros cantares no pueden ser sin pecado un adorno.
Estamos tocando el fondo.

Maldigo la poesía concebida como un lujo
cultural por los neutrales
que, lavándose las manos, se desentienden y evaden.
Maldigo la poesía de quien no toma partido hasta mancharse.
Hago mías las faltas. Siento en mí a cuantos sufren
y canto respirando.
Canto, y canto, y cantando más allá de mis penas
personales, me ensancho.

Quisiera daros vida, provocar nuevos actos,
y calculo por eso con técnica, qué puedo.
Me siento un ingeniero del verso y un obrero
que trabaja con otros a España en sus aceros.

Tal es mi poesía: poesía-herramienta
a la vez que latido de lo unánime y ciego.
Tal es, arma cargada de futuro expansivo
con que te apunto al pecho.

No es una poesía gota a gota pensada.
No es un bello producto. No es un fruto perfecto.
Es algo como el aire que todos respiramos
y es el canto que espacia cuanto dentro llevamos.

Son palabras que todos repetimos sintiendo
como nuestras, y vuelan. Son más que lo mentado.
Son lo más necesario: lo que no tiene nombre
Son gritos en el cielo, y en la tierra, son actos.


Gabriel Celaya

jueves, 25 de marzo de 2021

POR DONDE UN DÍA PASEÓ POE por H.P. LOVECRAFT



Divagan eternamente las sombras en esta tierra,
Soñando con siglos que se fueron para siempre;
Grandes olmos se alzan solemnes entre lápidas y túmulos
Desplegando su alta bóveda sobre un mundo oculto de otro tiempo.
Una luz del recuerdo ilumina todo el escenario,
Y las hojas muertas hablan en susurros de los días idos,
Añorando imágenes y sonidos que ya no volverán.

Triste y solitario, un espectro se desliza a lo largo
De los paseos por donde sus pasos le llevaban en vida;
Pero no es visible a los ojos de cualquiera, a pesar de que su canto
Resuena a través del tiempo con una extraña fascinación.
Sólo los pocos que conocen el secreto de su magia
Pueden encontrar entre estas tumbas la sombra de Poe.

H.P. Lovecraft

domingo, 21 de marzo de 2021

BUKOWSKI NUNCA LO HIZO por LUIS SÁNCHEZ MARTÍN



Tal vez vaya siendo hora
de que cante el otro gallo
mientras la lluvia condensa el fango
y borra las carreteras.

Esperar frente al televisor
con cerveza y patatas fritas
por si acaso no amanece
no parece la mejor solución,
lo sé.

Sé también
que existe una razón
por la que ni la luz escapa
de la antimateria
y que barriendo el salón
siempre aparece la moneda
que perdimos en la cocina.

Pero pesa más
la ausencia de futuro
que los años vencidos
y no seré yo quien averigüe
por qué.

Total,
Bukowski nunca lo hizo.


Luis Sánchez Martín, de Carrera con el diablo (Lastura, 2019).


sábado, 20 de marzo de 2021

1 POEMA de LOIDA RUIZ RODRÍGUEZ



nadie podría
                              - ni sabría-
escuchar
el sonido
de esto que yo llamo
vaciedad
                 que no es más que
un tiempo de
erosión
                                   fricción
                     de los elementos
contra la palabra
que se hace hueca
porosa
                                          pero
                                 tan sonora
                               tan habitada
como la ausencia

Loida Ruiz Rodríguez


viernes, 19 de marzo de 2021

ÁNGELES CAÍDOS (La resistencia) por RAMÓN GUERRERO



Bajamos de las nubes en estado de gracia, en enormes desfiles donde siempre desaparece algún conocido, como si hubiéramos estado meses entre las ruinas de la noche y faltaran sentimientos y sobraran estrellas. Observando las colinas cercanas apareció la gran columna de humo negro que el tren del futuro, desde su cabeza contaminada, lanzaba hacia el pasado. El ultimo vagón, el más pesado de todos, arrastraba la culpabilidad del mundo. Viajaban hacia el sur buscando nuevos afectos más consolidados, insistiendo en la búsqueda del extremo más oscuro de la libertad perdida.

Al fin llegamos a casa. Habían desaparecido las telarañas. Los huesos viejos perdieron su armadura al caminar tan despacio y nuestros corazones de acero solo esperaban las señales oportunas para desaguar íntegramente la amargura acumulada en tan largo viaje. Con nuestra vuelta hemos reventado sus cálculos, sus fórmulas matemáticas de hombres que entre ellos se fanatizan como ecuánimes. Sus antiguos hábitos de codicia han modelado un gallinero casi indestructible, aunque aún nos queda un trozo de madera que flota detenido en la ultima gota de agua que guardamos solo para nosotros.

La fiesta nos espera. Es una buena oportunidad para tomar una decisión y desplomar con rapidez ese cielo artificial por donde transita toda la mendacidad del mundo. Debemos reinventar la vida, precipitarnos trascendentes tras lo indulgente del ser humano. Quemar todo lo que odiamos. Sentarnos en el palco más alto de la supervivencia y desarrollar un escenario lleno de energía intelectual positiva, sin sufrimientos. Con amor, las ideas crecen de manera honesta con una perfecta visión de la historia que hay detrás y frente a nosotros, atravesando a la carrera el bosque de huellas que paraliza nuestros cerebros.

Hace tiempo que los periódicos dejaron de existir pues no hay novedades. Hace decenios que no evolucionamos, que nuestra permanencia está comprometida y unida a causas prácticamente perdidas. Aun así sabemos que somos capaces de fracturar hasta las cadenas más románticas inventadas, capaces de asomarnos con rostros sonrientes a las más profundas grietas de esta tierra para hacerla más libre aunque no podamos volver a ser criaturas débiles, aunque no podamos entendernos entre tanto miedo. Hemos estado en torno a una comodidad, víctimas del sudor del trabajo. Ya no hay. No tenemos excusas.

Tendremos que dirigirnos hacia el sur siguiendo a los cráneos brillantes que escribieron tanta basura, vengar tanto deshielo y tanta esclavitud, anticiparse a lo que están esperando. No hay nada que perder. Todo aparece como una recompensa. ¿Será esa lucha nuestro destino? ¿Habrá demasiadas lágrimas en nuestros ojos? Quizá podremos hablar entre nosotros. La cara contra el cristal, los ojos acariciando el hambre y el frío. Grotescos el tiempo y el aire que se respira, las leyes que nos conquistaron cuando la luna aun nos ofrecía sus virginales pulmones. Yo, que comencé a vivir a base de golpes, con una brutal adicción al salvajismo carmesí, a desplomarme desnudo sobre otros cuerpos, ahora debo moverme sigiloso para que la historia sea un poco menos cíclica, que la razón sea quien actúe como protagonista principal, se precipite y encienda la luz de los abismos abiertos en tantos sótanos de los Estados, siempre unidos y borrachos. El juez y su peluca, la pequeña y dulce militante, la nieve que madura en los cuernos del ciervo que apuñalan el globo, que vuela a través del desierto y que dejó la última bomba.

Un agujero tan profundo, tan negro y ahogado que ninguna brisa le da reposo. Hacía tanto tiempo que no existía diálogo entre el poder y el pueblo, que el conocimiento había dejado vacante su lugar primordial y cercano. La naturaleza no tiene ya el lugar que se merece. No existe ni un solo final feliz, solo nubes y promesas incumplidas. La juventud no tiene tiempo para el placer y la madurez no puede detenerse a contemplar lo realizado. De este modo, el deseo está erradicado casi por completo. Ellos lo quieren así.

Nosotros, no.

Ramón Guerrero


miércoles, 17 de marzo de 2021

1 POEMA de LUIS COLDER



Y quella fragancia a Chanel antiguo​
de los desguaces, con la sociedad​
anónima de los charcos y el humo​
compartido de Sombra que buscaba​
el cielo oxidado de los sesenta. ​

En la memoria aquel paraíso ​
de negros suaves tocando blues,​
B.B. King con su Gibson ES-335​
en una gasolinera de Nevada. ​
Morir no era una opción entonces, ​
el tambor de Ariel lo limpiaba​
casi todo en aquella infancia teofórica.

Luis Colder


martes, 16 de marzo de 2021

3 POEMAS de DAVID JARABA



EL COLOSO EN LLAMAS

Predicar en el desierto.
Tan inútil hablar a todos
como hablar a ninguno.

Transformar el agua en vino,
transmutar el plomo en oro,
la vida en cenizas para un huerto.

Cristo contra los romanos
Cristo vs Arizona,
la corona de espinas en el ecuador
convirtiendo el mundo
en un reloj de arena.

Compré -ridículo- tres rosas rojas
al hombre con córneas de cara de rey.

Tras deshincharse mi cuerpo
nunca crecieron las flores;
la sal había inundado mi tumba.

Un legado en ruinas
como el apellido Kennedy.


CENOTAFIO DE LA TURRITOPSIS NUTRICULA

Yo ya he estado vivo,
siempre lo he estado.
He conocido -conozco- los ritos
las leyendas, las tradiciones;
en mi tersa carne reposan las balas,
las llagas, el acero;
el agua, los clavos, el fuego.

Esperé cien años en los campos de Gettysbourg
antes de volver.
Aquella niebla en torno a la casa Wentz,
el gas sarín quemando mis pulmones.
Vodka frío, hipotermia.
Tequila, sol, sobredosis.

Así es mejor;
el nuevo amanecer sólo traerá moscas y buitres


TROMPETAS EN EL CIELO DE DITE

No existe el pasado,
el presente sólo es una piedra
directa hacia la porcelana del futuro.
Un mariachi canta mi evangelio
y las monedas siguen pesándome en el bolsillo.

Desconozco la lengua y el lenguaje de las mariposas,
no sus aladas afiladas.
Al Pacino en Scarface Vs Robert de Niro en Taxi Driver.
Apunto un nombre, paso de página,
aprieto el gatillo:
pulso firme de bayoneta cosaca.

Porque alguien tiene que hacerlo.
Porque es algo personal.
Porque sigo siendo el rey.


David Jaraba


lunes, 15 de marzo de 2021

CRÓNICA DE LOS DÍAS QUE PASAN por NURIA VIUDA



Cuando la casa sale a esperarte y no llegas.
Cuando los laberintos regresan y las habitaciones sin puertas comprenden la calamidad de las horas en que no estás.
Cuando todo esta listo para el parpadeo que alumbra el dolor.
Cuando el regreso es un latido en sombra.
Cuando todo parece listo para soplar las velas.
Cuando los héroes buscan el anonimato.
Cuando las sorpresas viajan a la intemperie de los días.
Cuando la distancia y la magia juegan al escondite y a desaparecer.
Cuando el corazón.
Cuando el infinito.
Cuando el amor.
Cuando el regazo.
Cuando tú.
Cuando lo eterno.
Cuando los ángeles.
Cuando tú.
Cuando la placidez de las horas.
Cuando el sueño.
Cuando tú.
Cuando las letras de tu nombre se dan un chapuzón en los océanos.
Cuando recoleccionas conchas en los surcos arenosos.
Cuando yo.

Nuria Viuda. de Crónica de los días que pasan.


domingo, 14 de marzo de 2021

COEFICIENTE DE VACÍO por RAFAEL SANZ SIERRA



Invariablemente
pago con billetes de 100 pelas
de Manuel de Falla
para ver que cara ponen
los humanoides
y ensayo
ese futuro demoledor
que fulge
en Perseguido.

No hay sino tontos
con motos acuáticas
contaminando el Ebro.

Escribe para que te persiga
toda España
o vete a Marina D'Or.

Tu vida puede ser
un homenaje a Cernuda
o la consecución macabra
de los algoritmos que dejó Deleuze.

Rafael Sanz Sierra


sábado, 13 de marzo de 2021

MI REINADO por TOMÁS SOLER BORJA



Conduciendo por carreteras reviradas
subiendo y subiendo
en tercera
sin prisa: sonriendo, cantando
canciones infantiles
con mis hijas          pequeñas
sentadas en sus sillitas
en la trasera de nuestro viejo seat
de segunda mano

ahí enfrente las cimas del Mulhacén y el Veleta
refulgiendo el blanco de sus crestas
destellos sobre destellos
y más arriba un sol grandioso        enorme
amarillísimo
calentándonos las miradas
            y el corazón

nosotros cuatro
pobres españoles de a pie
pobres de dinero
pobres pero solemnes
jajajaja
desheredados, españoles de la tierra y la mar
españoles de pueblo           y anónimos
aprovechando tres días
con cuatro duros         ahorrados
tras el mucho sudor
de un cuerpo entregado a las olas y el salitre
durante todo el año

y a 400 km de aquí o algunos más
en las antípodas de la galaxia
la boda       el bodorrio         el casamiento
los grandes fastos de los más grandes
            y fastuosos
españoles

y la lluvia
y la lluvia
y

la

lluvia

mi reinado ha sido de sol
y risas
de amor y gloria
sin oros pero adorado

no todos podrán decir lo mismo
el día

de mañana

Tomás Soler Borja


viernes, 12 de marzo de 2021

MI CASA HUELE A MUERTO por PEDRO ANDREU



Hace ya siete años que mi padre
vive muerto en mi casa. Me sonríe sin dientes
cuando pongo la tele, me cambia de canal por fastidiarme.
Me la apaga. Se queja si cocino y no le sirvo plato,
aunque los dos sepamos que los muertos no comen.
Hace ya siete años que me fuma en el baño.
Sus cigarrillos negros apestan el pasillo,
el ascensor, armarios. A pesar de mis súplicas,
mis quejas. ¡Ni en paz cagar se deja en esta casa
a los muertos, pues vaya educación!, me echa en cara.
Hace ya siete años que duerme en el salón.
Mi padre muerto. Sus ronquidos me pueden
y salgo al comedor y grito basta. Él se ríe
y aflojo y terminamos hablando de la vida
hasta las tantas y él me dice esas cosas que dice:
mira, hijo mío, me vivo de la risa
con tus preocupaciones. O si no: mira, hijo,
la muerte no es tampoco para tanto,
mejor tomarla a broma que demasiado en serio.
A veces me lo encuentro en la nevera
echándose la siesta entre yogures.
Es que es verano, dice. Y ya no aguanto más
y exijo que se largue. Pero jamás me escucha,
se pone con sus cosas tan de muerto, se hace el zombi
por sacarme de quicio. Sabe que no me gusta.
Le digo que mamá se enfadaría, que
esto no es muy normal, que debería estar
en una urna negra en casa de su esposa,
como los otros padres que se han muerto.
Pero no me hace caso. Él siempre va a la suya.
Hace ya siete años que revuelve mis cosas,
me esconde los apuntes de Barroco, usa mi ropa,
me vuelve del revés los calcetines, los despareja.
Y si le digo algo, sale por la tangente:
me echa en cara que no lo saco a pasear como antes,
que me entretengo al salir del trabajo,
que no lo llevo al bar cuando juega su Atleti,
que lo echo del cuarto cuando me traigo amigas.
Un par de veces lo he puesto de patitas en la calle.
Pero es testarudo. Se queda tras la puerta,
toca al timbre con esa eterna persistencia de los muertos.
Yo trato de no abrirle, le grito que estoy harto,
que se marche, que se largue de viaje, que me olvide.
Pero no me hace caso. Él nunca me hace caso.
Como un perro se sienta y aúlla hasta que vence
y le ruego que pase. Pero esta vez se fue
como no se fue otras. Discutimos más fuerte.
Le dije que esto y que lo otro, que a veces
fue un mal padre, que faltaron quizás
más tardes junto a mí cuando era un crío,
que si esto y si lo otro y lo de más allá
y no sé qué le dije de cuando era niño
y nos llevó a una playa y nos gastó la broma
de dejarnos allí y largarse en su coche
y hubo que volver caminando hasta casa.
Se ve que le dolió. Que le dolió de veras
como a veces les duelen las cosas a los muertos.
Agachó las orejas, el rabo entre las piernas,
arrojó al cielo raso un puñado de moscas
de su boca. Se me marchó en silencio
escaleras abajo. No esperó el ascensor.
Siete años de tapas levantadas, de mordernos
como se muerden padre e hijo, vivo y muerto,
mañana tras mañana. Y ya van dos semanas
sin que apague mi tele ni cambie de canal por fastidiarme.
Dos semanas sin nadie escondiéndome llaves.
Y ahora echo de menos a los pies de mi cama
sus pellizcos fantasma. Sus ronquidos de noche.
Y me digo que no, que no tenía derecho,
que él era mi muerto y yo su vivo,
que eso es importante. Que le he fallado igual
que me falló él a mí, aquel verano
que me dejó olvidado en una playa.
Hasta he pensado en llamar a mis pobres hermanas,
por si se fue con ellas; preguntar a mi madre,
empapelar el barrio con carteles:
se busca padre muerto. Y me da por llorar
como lloran los vivos cuando pienso en las calles,
que es invierno, que se fue sin chaqueta, que la muerte es helada,
que no tiene dinero para comprar tabaco,
que qué será de él sin mí, que soy su vivo.
Y he llegado a pensar si no será el Gobierno.
Igual han recortado: como recortan sueldos, derechos,
sanidades, educación, cultura, amores… Será eso:
al Gobierno le ha dado por recortar en muertos.
Pero eso sí que no. Eso no. Por ahí no pasamos.
Mañana al levantarme empiezo una. Papá se la merece.
Haré revolución, desmontaré el Estado. Vendrán conmigo
muchos. No estoy solo. Todos tenemos muertos.
No saben lo que han hecho. Que nos tengan cuidado.
Mañana por la tarde triunfará la insurgencia
y luego volveré a casa con mi padre del brazo
a discutir de nuevo, a levantar la tapa él
y yo a bajarla, a robarnos el mando de la tele
el uno al otro, a hablar hasta las tantas,
a emborracharnos y celebrar por fin
que él es mi muerto y yo su vivo, qué carajo,
y que ningún gobierno, ningún mundo asqueroso,
podrá echarnos por tierra siete años.

Pedro Andreu

miércoles, 10 de marzo de 2021

WALT WHITMAN Y EL HOMBRE NUEVO por PABLO CEREZAL



para Isabel, que respira humanidad y natura

Me canto a mí mismo
y lo que yo acepto tu aceptarás
pues cada átomo de mí es también parte de ti

Walt Whitman

Con todo lo erróneo que pueda parecer a los grandes próceres de las letras y aledaños, siempre he considerado a Whitman el padre todopoderoso de la lírica norteamericana. Whitman, y su canto al hombre nuevo y libre del que enseguida se adueñaron los líderes/dueños de esa nación mundial que, si alguna valía tiene es, justamente, la de ser mundial y carecer de esas raíces que hoy, unos y otros, ensalzan para revivir el lodo en que deberían haberse hundido, hace tiempo, las nacionalidades. Me enredo, cuando sólo quería decir que Whitman cantó al hombre (o mujer, u «hombra», vete tú a saber a qué vericuetos lingüísticos nos llevará esta corrección política actual, que nada corrige y todo lo impone), inventándole un lenguaje nuevo en que explicarle como ración esencial del gran banquete de la naturaleza, advirtiendo de la inevitable comunión de ambos. He ahí, en dicha comunión, según el bardo, la esencia del hombre nuevo.

Whitman sabía que el hombre desorienta las mariposas que andan prestas a enredarse en la barba desaliñada del que nada tiene que hacer más allá de vivir y sentirse vivo. Whitman no entendía de sexos ni correcciones políticas. Así, le brotaba un zagal entre las piernas, suturando ladridos de esperma con la aguja de descoser sonrisas, o una sonrisa de algodón, entre los labios nervio negro, rimando ¡aleluya! con el crujir del látigo que anticipaba nuestro mantel de mediodía con usuras de maíz tostado. Whitman, y aquel canto a mí mismo que nos canta a todos nosotros, por más que nos empeñemos en olvidarlo. Después el hombre, para serlo, aprendió que no le quedaba más remedio que ir pagando, a lo largo de su vida, diversos peajes. O alguien se lo enseñó, y él aceptó de buen grado tan perversa docencia.

Hoy, a falta de una Venus de las pieles dispuesta a tricotar franelas con las propias, me monto un Sacher-Masoch imbécil y casero mirando la "información" televisiva, y así descubro que uno de esos automóviles que ya nos advierten del futuro inmediato, uno de esos que no necesita conductor, ha atropellado, con resultado defunción, a una ciudadana norteamericana. No han dado el nombre de la fallecida, al fin y al cabo es norteamericana, y no ha sido violada ni violentada ni asesinada a sangre fría, como esos niños que, aquí, en esta España de crucifijo y guadaña, rellenan los noticiarios y alimentan la voracidad mala baba de bocas desastrosas y contabilidades políticas. Sólo han dicho, en televisión, que la fallecida era ciudadana de un pueblo de Arizona y... ¿dónde coño (perdón por la incorrección) está Arizona? El caso es que la industria automovilística avanza inventando coches que no necesitan conductor, y que la presentadora de los informativos patrios ha advertido que el atropello se considera, por parte de la industria, un peaje tecnológico... sí, así, lo cursivo para llamar la atención sobre la capacidad lingüística de quien quiera haya inventado la expresión. ¡Qué hallazgo!, pura poesía: peaje tecnológico. Bravo por la lengua, sus avances y su lírica de arritmia. La televisión nos especifíca la poca importancia que tiene la muerte de dicha mujer atropellada, pero lo hace reinventando el lenguaje, como lo hiciese Whitman para cantar al hombre nuevo. La televisión, siempre, corrobora lo que Sartre avanzase en los periódicos de su tiempo. Que la vida no es esencia, o sea, sino sólo existencia... hasta que desaparece bajo los errores de frenado inepto de la tecnología, y muere atropellada. He ahí la esencia, sobre el asfalto.

Después, el noticiario, ha dado paso a las mentes pensantes del I+D+I (investigación y tal, pero debidamente adaptado al lenguaje actual) automovilístico, permitiéndoles cantar las bondades de ese futuro que ya es hoy, un futuro en que los coches no precisarán chófer de levita ni de traje corbata. No precisarán conductor alguno. El progreso, ¡albricias!, el progreso. Y esa mujer atropellada ya sólo es silueta de tiza que floreció en el asfalto como una primavera temprana. Igual que aquellos ciudadanos con que los grandes emporios germanos del automóvil experimentaron los efectos del dióxido de nitrógeno. A ellos, les floreció una puñalada de gasóleo en los pulmones y, ahora, descansan junto a la mujer atropellada, en los arcenes de la historia. ¡El progreso! El progreso recaudando sus peajes tecnológicos, qué grandiosa creatividad la del lenguaje humano, ahora que lo pensábamos oxidado tras dar con aquel otro brillante hallazgo de los daños colaterales.

Pienso en Whitman, y me pregunto si no estaría equivocado, el poeta, si la verdadera comunión del hombre nuevo no habría de ser con la máquina, en lugar de con madre natura. Así, al igual que los cuerpos de nuestros ancestros son peaje que fermenta la tierra que nos dará de comer, hoy serán los cuerpos de atropellados y enfisémicos los que alimenten la máquinaria que viene para hacernos la vida más cómoda, más nutritiva. Y esos daños colaterales, vestidos de metralla cuando debieran hacerlo de primera comunión, por ejemplo, considérense necesarios peajes tecnológicos. De hecho, hasta el propio Whitman lo comprendió. En caso contrario, jamás hubiese exclamado:

¿Te han dicho que era bueno vencer?
Digo, también, que es bueno caer… las batallas se pierden
con el mismo espíritu con que se ganan

¿Con qué espíritu estamos perdiendo esta batalla?, lo sé, preguntará alguno. Pero, qué más da, cuando están en juego el progreso y el albor del hombre nuevo.

Pablo Cerezal,
Postales desde el Hafa


martes, 9 de marzo de 2021

POESÍA DE PARQUE: Albert Sihod.



TRINCHERA

ante la
vida mi
única
arma

siempre 
fue
la poesía.

aprendí
así
a disparar.

TODO O NADA

te miras al espejo y ahí están,
los años que han pasado sobre ti,
las borracheras de días
enteros, las largas charlas en
la barra con desconocidos
personajes extraños, la violencia
viva de las calles muertas que
te abrigaban por las noches.
todo está ahí, en tus ojos aún
agresivos, está en cada una 
de las cicatrices de tu rostro
en tus huesos, en tu carne, todo
está ahí, las facturas - nunca
lo dudes - se cobrarán, serán
onerosas y deberán ser pagadas.
pero dentro de ti - lo percibes -
está también el incontenible
deseo de volverlo a hacer y pese
a cualquier pronóstico, duplicar
la apuesta.

ES POSIBLE

no sabremos nunca
qué nos espera
después de la muerte.

la vida hasta su punto
final no es más
que incertidumbre.

quizá sea tan solo el
primer paso del
camino que nos lleve

de regreso a casa.

LECTORES

a ellos, hombres,
mujeres, les
gusta leer poemas
en los que haya dolor
y angustia.
preferiblemente tu
dolor y tu angustia
por supuesto.
te quieren ver siempre
arder.
pero de vez en vez
es bueno dejar
de lado la hoguera,
por lo menos para bajar
a coger más leña.

SOBRE LA POESÍA

coger el dolor
propio
y expresarlo
como si fuese
ajeno;

e ahí
la poesía.

Albert Sihod, de Poesía de parque (Grupo editorial Caronte, 2020).


lunes, 8 de marzo de 2021

TODOS LOS DÍAS SON UN CALUROSO DÍA DE JULIO DE 1995 por VÍCTOR PÉREZ



Nada más hermoso que vivir la infancia en un desguace. Crecer con el culo al aire entre las filas de coches a los que atraviesa el viento día y noche. Qué bonito estar en las llantas. Qué bonito que te falten los ojos.
Esos coches, en su más allá, son seres buenos e inocentes, todos amontonados, como con un fuerte sentido de la familia que fueron sacados de las carreteras para siempre. Es bonito mirar esos perros vagabundos que se masturban en sus capós. Esas riñas de gatos en las lunas desaparecidas.
Deberían poner bares honrados en los desguaces. Qué mejor paisaje para contemplar que esas ruinas rodantes mientras te cueces a calamares y vinos. Los desguaces son lugares tranquilos y sagrados donde los coches llevan vidas distendidas y luminosas.
Ser joven y estúpido y desfilar mirando tu reflejo en hierros medio aplastados es como ir por el fondo del mar mientras te ven pasar criaturas legendarias. Cada coche abandonado se va abriendo lentamente como un libro. Cada coche abandonado es un titanic.
Esos coches son solistas que viven entre la vegetación y las puestas de sol, aturdidos bajo el poderoso influjo de la falta de nutrientes. El sueño de todo niño es pillarse algo de heroína y meterse en el coche más feo a ver pasar los pájaros, la tarde.
Coches a los que solo les falta escribir viejas notas en mitad del invierno, mientras en sus desmangados asientos traseros surgen parejas que buscan bebés, con una sonrisa de oreja a oreja. En esta vida hay que visitar alguna vez un hospital, la cárcel, tu propia casa y un buen desguace antes de morir.
Cada vez que piso un cementerio de esos me quedo con ganas de sembrarles mi aliento mientras paso un paño a todas las carrocerías. Me gusta verlos deshuesados, como si hubieran acabado de potar.
Yo les pondría sábanas y una radio a todo lo que dé, en mitad de ellos, como si todos hubieran matado maridos. No hay coche que no merezca tener su propia calle. Los coches están para verlos.
Para verlos pasar o verlos descansando para siempre. Lo de conducirlos es secundario. La vida de un coche es una batalla que no podemos imaginar. La paciencia de los coches debería estar metida en cajas.
Cuando dejas tu coche detrás de las puertas de un desguace eres menos tú y más del otro mundo. Los coches son chicos inocentes. Los coches son los hombres más felices de la tierra. Los coches son hijos de marineros.
Crecieron en las calles con otros coches. Las ventanillas y los motores están hechos para que acaben saliendo hierbajos. Los coches solo quieren que sepamos que fueron felices con lo que hicieron en sus vidas.
Cuando están en esos descampados rezan para que algún día se les acerque un manitas que les vuelva a dar cuerda. Todos tratan de hacerlo bien y quieren vivir felices y no meterse en problemas.
Quieren amar y ser amados y tener un futuro. Son gente sincera. Si se quejan es por algo. Son animales desnudos de vidas breves.
Dios solo está en los cementerios de coches, zampando grillos y palomas.

Víctor Pérez


domingo, 7 de marzo de 2021

NOSTALGIA DE LAS HORAS por MARLUS LEON



Uno guarda el mundo
guarda todos los verbos
en el corazón…
un lugar incierto
donde se cruzan los vientos
Guarda la esencia
y la nostalgia de las horas
guarda el alma
para que nada
la toque
Uno guarda el mundo
y espera junto al horizonte
que los días se desnuden
y te enseñen
a guardar dentro
la alegría de vivir

Marlus Leon


sábado, 6 de marzo de 2021

POESÍA DE PARQUE: Prólogo por Ape Rotoma.



Es raro prologar el primer libro de un autor al que llevo años leyendo. En el siglo pasado, que es el mío, esto no me habría ocurrido a menos que se tratara de alguien cercano. Pero no, resulta que vive en otro continente. Así que, claro está, todo se debe a esa cosa que lo ha cambiado todo y que llaman Internet.

Un amigo me dijo hace unos años: “Mira lo que escribe este chico. Me parece que te va a gustar.” En realidad, no me dijo nada, me lo envió escrito por Messenger, pero detesto toda esa terminología anglófila y la evito en lo posible. Digamos que me lo dijo y que tenía razón porque quien me lo dijo me conoce. Aquellos poemas me gustaron. Algo más, me sorprendieron.

Y entré en contacto con él y se lo dije (se lo escribí, claro, porque todo esto ocurrió en el puto mundo virtual) y adopté la costumbre de leer lo que publicaba continuamente en las redes y hasta teníamos charlas de vez en cuando (chats más bien, ay), normalmente cuando yo acababa de levantarme y desayunaba frente al ordenador mientras él estaba a punto de acostarse allá en la Guadalajara de Jalisco. Todo muy siglo veintiuno, como veis.

Podría decir que su poesía es la que me gustaría hacer a mí, lo que me haría quedar como un pringado, un pelota o un embustero, pero es que eso no es exacto: la suya es la poesía que me gustaría hacer a mí si yo viviera en su mundo y si yo viera las cosas como él. En fin. Un lío.

En este género tan raro, como es sabido, hay de todo. Hay autores cuya obra exige un gran esfuerzo al lector. Y a veces es un esfuerzo que merece la pena y todo. Albert es justo de los otros. Su escritura es tan transparente que desarma, que uno puede hasta pensar: ¿esto es todo? Y lo es, claro, porque dice siempre lo justo, porque se limita a observar y a contar lo que ve a su alrededor, sin añadirle nada que no sea su mirada.

Y ese es el truco. Su mirada es tan distante como empática. Se diría que nada le molesta, nada le altera, nada le sorprende y eso que se trata de alguien muy joven. Sin embargo, el mundo que retrata duele. ¿Cuál es el truco de esto otro? Ni puta idea, francamente.

En resumen, Albert hace magia. Esa magia que, a falta de otra palabra, desde hace siglos nuestro idioma llama poesía. Así de sencillo y así de inexplicable. Os invito a disfrutar lo que viene detrás de esta página inútil. Vais a conocer a quien será vuestro amigo para siempre y vais a comprender muchas cosas de esta realidad absurda que nos rodea. Vais a pasarlo de puta madre además. A cambio, no pide nada. Es de lectura fácil, como queda dicho. Lo difícil, claro, y eso lo sabe quien lo intenta, es su escritura.

Ape Rotoma

https://www.facebook.com/ape.rotoma