martes, 29 de septiembre de 2020

VEGA: Prólogo.



LAS HÉLICES DEL ÁNGEL

Manuel J. Ruiz Torres 

Dos imágenes poderosas sitúan las coordenadas de este exigente libro de Ramón Guerrero. La primera, marca el espacio donde todo sucede y está en el propio título, Vega. Ese terreno llano, bajo y húmedo que evoca fertilidad. No tendrá una ubicación geográfica exacta porque ese espacio, donde recuerdos, vida e incertidumbres se irán entrecruzando permanentemente, es descrito mejor como un estado de ánimo. De hecho, el libro recorre ubicaciones -o conmociones- distintas para mostrarse resultado de todas ellas. Esta vega emocional es llana en su naturalidad, baja en la escogida ubicación de su enfoque y tan húmeda como resbaladiza. La fertilidad, como sentimiento mucho más hermoso que la utilidad, irá desgranándose como declaración de intenciones. 

La otra imagen rotunda nos señala quién protagoniza esa vega anímica. Quiénes, mejor. Está en el poema Fallen, que alude al ángel caído de Azazel, condenado a un vagar impreciso por la Tierra, tomando cada vez el cuerpo de otras personas. En cada existencia nueva debe vivir con intensidad esas vidas que ocupa, ser alguien distinto. Guerrero consigue, sin abandonar el yo singular desde el que escribe, hacerse plural. Explica ese sentimiento inquietante de reconocernos, muchas veces, tan distintos a quienes fuimos, tan contradictorios, tan vulnerables. Pero consigue, además, una empatía extrema con quienes nos rodean, en una poesía social que nunca le escatima la condición de persona única, irremplazable, a quienes forma, con nosotros, eso que, con vagancia o vaguedad, llamamos pueblo o gente. En ese salto de un alma a otra, el libro pasa de hablar de uno mismo a hacerlo de los demás, en defensa propia, tan iguales como para cobijarnos. Y, en otro salto, con nuevos reconocimientos, nuevas abducciones, volver a hablar de lo que se es ahora. 

Vega no describe una trayectoria lineal, de hechos y consecuencias, porque no es así de fácil lo que aprendemos de la exposición a las emociones. 

Como en espirales, sigue curvas que se van alejando progresivamente del centro, que es la infancia olvidada a la que enseguida da una nueva oportunidad de reconstrucción, la infancia de su hija. Y como en las espirales de caracol, a la vez que se aleja del centro, gira alrededor de él. Pero si los poemas pueden seguirse con esta representación en un plano, el libro tiene otra dimensión espacial, las músicas sugeridas (Springsteen, las cuerdas de un desierto “como un gas que ladra”, los cantos de meditación). El libro va generando un helicoide como la concha de un caracol, una de las mandalas que representan simbólicamente el cosmos. Mandalas que, para Jung, eran expresiones del inconsciente colectivo. De nuevo lo común, lo que nos hace delicadamente iguales. 

Vega se hace transitable antes de llegar a ser fértil. No es camino recto, ya se ha dicho, como tampoco fácil. La ronda de presos debe volver muchas veces sobre sus pasos mientras sueña, o planea la fuga. Mientras aprende a fagocitar los sentimientos invasores, la ceguera, las renuncias o el cansancio. “El lamento es un delito”, encontraremos escrito en un lugar que ya señala la salida. Aún habrá que seguir un buen trecho por ese laberinto de sordera, de cerrados reinos de barro, de rejas adquiridas, muchas veces con beneplácito. La pelea no es limpia: hay sangre, hay puñetazos, hay bostezos. Pero avanza en círculos cada vez más abiertos, cada paso más cerca del rescate. Una puerta roja abre el recuerdo al hermano, otro rastro de la infancia. En muchas culturas las puertas rojas son llamadas a la protección, alientan la buena suerte. En China invitan a entrar, en Escocia anuncian que ya pagamos nuestras deudas. 

Suelen ser las más rigurosas las que contraemos con nuestras propias expectativas. Pero también se saldan. “Solo el mal viajero regresa sobre sus pasos”, dirá con preocupación. Y, a partir de ahí, Ramón Guerrero acaba las espirales y traza una senda directa, limpia y, al final, luminosa. En Vega ya florida, el mundo no es más sencillo que antes, ni menos minucioso, pero Ramón encontró perspicacia suficiente como para atreverse a contar hasta veinte motivos para ser feliz. O hacer una lista, incompleta como sabe, pero valiente, de lo que le gusta y lo que no le gusta. Se trata de poder regresar a casa contento con uno mismo, honesto en ese itinerario. Contarlo con detalle, porque ni la vida la quiere privada, convencido de que muchos albergamos dentro el mismo ángel. 

Que eligió caer en la tentación.



viernes, 25 de septiembre de 2020

IN NOMINE PÁTER por ELÍAS GOROSTIAGA

 


Creo más en mí que en los gusanos,

en mi mano derecha y mi navaja.

Me muerdo los labios, la lengua,

trago la saliva para no escupir sobre tu nombre.


Miro esas piedras y esos castillos

hasta donde me llega la vista y duele mirar.

Escucho el calor en los muros de adobe,

la gata que ha parido en la leñera,

la guadaña que cuelga oxidada e inerte

pero atenta a las hierbas y a las piernas.


Nací antes que tú,

en una tierra con río y escorpiones,

con barbos, anzuelos y sedales, jabalíes, ortegas.

Me eduqué con esmero pisando hielo y barro,

fumando en las cuestas,

sin tener nada más que los bienes de mis antepasados

y un juez ahorcado en una viga,

al nacer el verano,

por deudas y honor.


Esos eran los colegios, las escuelas,

los restos humanos entre los escombros,

bajo las iglesias

y sus cementerios.


Esos eran los consejos:

no muerdas la mano que te da de comer

pero muerde, hínchate

en los banquetes de boda, en los funerales,

en las verbenas después de recoger las cerezas,

al final del verano después de cosechar el trigo, de vendimiar,

en invierno cuando entres a las castañas y cada vecino mate a su cerdo.

Que no se note tu hambre.


Y si es así yo te daré paz en la tierra, en el nombre del padre.


Lo recuerdo gravado a fuego, todo en esa tierra

era en su nombre, en el nombre del padre

del que nadie, ni siquiera las mujeres, ni los niños, ni los derrotados pueden huir.


Elías Gorostiaga, de Cuerdas de plata (Diario de Jaén, 2020).


martes, 22 de septiembre de 2020

BOSQUEJO DE UNA BIOGRAFÍA DE CUALQUIERA por PEDRO ANDREU



A los cuatro, me escapé de la guardería
para perseguir gatos abandonados en el parque.
A los diez le abrí la cabeza a mi mejor amigo
con un ladrillo: cien puntos. Y una vida extra de milagro.
A los doce nos desahuciaron del piso
y mi padre ocupó un motel abandonado a las afueras.
Nos daba de comer latas que calentaba
en un hornillo en el aparcamiento.
A los trece descubrí que la literatura
era un pájaro negro que devoraba por dentro
mis gusanos. A los quince me largué a Barcelona.
Y la guardia civil llevándome de vuelta a los seis días.
Y mi madre llorando. Y la única vez que me pegó mi padre.
Nunca me olvidaré del cinturón de cuero entre sus manos.
Hecho en España a mitad de los ochenta.
A los diecisiete conocí las drogas y el amor,
que corría sin cabeza por el patio, como el pavo
de navidad al que mi abuelo cortó el cuello
de un tajo con un hacha.
A los veinte abandoné una carrera y me largué
catorce meses a las playas de Bali a fumar marihuana
y a pensar que la vida era una carabela
portuguesa llamándome.
A los veintiséis enterramos a mi padre
debajo de una higuera.
A los treinta he vivido con la mujer más rubia
que nunca había imaginado.
A los cuarenta visito cada sábado a mi madre,
que vive en una residencia para ancianos.
Me la llevo a comer a restaurantes familiares
y dejo que me hable de la vida como si desde las afueras
todo fuera más nítido y lejano,
y a momentos parece
un perro que persigue su cola hacia el alzheimer.
A los cincuenta, el futuro me espera.
No sé si llegaré jamás a los sesenta.
Nadie quiere tener setenta y siete años,
cuando los días han de ser una escopeta
descargando cada vez más cerca de tus pies.
Mi abuela vivió ciento catorce años.
Parece que a la muerte le temblaban las manos con ella.
Y que tardó bastante en acertar su corazón de porcelana roja.

Pedro Andreu


lunes, 21 de septiembre de 2020

CLAVOS EN EL ALMA por JOSÉ MANUEL VARA




«Las letras aquí escritas son un latido de dos caras de la misma moneda: la templanza de quien se acepta con una grieta de piel y el grito de rabia que algún día tuvo un lugar. En este sentido la aparición de la poesía en prosa se convierte en el fondo de armario que permite comunicar aquello que en su momento se enquistó en alguna parte del cuerpo y así respiramos, profundo y sosegado. La voz que resuena en este libro no es aquella que tiene como punto de partida el dolor caliente de víscera, sino la que mira desde un ático aquello que pasa en el asfalto, como si de un espejo se tratara.»


viernes, 18 de septiembre de 2020

6 POEMAS de VEGA por RAMÓN GUERRERO



 LOBA

Tu conquista fue conquistarme

mirarme

redescubrirme sin que te viera

como pieza original

como huella indeleble

en tu memoria

que existe como papel mojado

papel de agua y limón invisible

donde labios y voz

acunaban secretos huecos

el tintineo de las monedas

en caderas anchas

mi escudo en el que descanso

guerrero agotado

sobre el río del deseo

sin aullidos

sin manadas

solo.


   MEDIDA

Qué distancia tan hermosa

puse ante ti

la de saberme fuerte yo.


TREGUA

Alégrame el corazón

contágiame enfermedades

elévame y entonces

descansemos en las montañas.

Juntos buscaremos sabiduría animal.

Más tarde bajaremos a la ciudad

donde nadie nos espera

encenderemos la luz

hasta que nos condenen

por infractores de leyes impuestas

no nos hundirán

e iluminados abriremos las alas.

Será un día de luna nueva

de piedras

de cantos rodados

guijarros que se bañarán

en la cascada de una auténtica

libertad.


VESTIGIOS

No recuerdo la infancia.

Las fotos que quedaron

no me dicen gran cosa.

El niño que fui

se esconde en otro niño

que tira de una cabra.

No hay perros

ni gatos

ni pájaros

solo un llanto escondido

un secreto que cae a la sima

temblando y con miedo.

Mi nombre ya es su nombre

y no acaba la noche profunda

más bien parece que el frío

quiere saber más de la vida

y la vida

vertiginosa

muere estampada contra el reloj.


ALU

Alas para volar

hasta lo perdido

hasta lo oculto.

Deseo

miedo de llegar

y no encontrar

memoria alguna

de lo que fue

de lo que se persigue

y aún no has contemplado.

De frente

corre hacia el acantilado

escupe

llora lo necesario

desnuda de ideas

sin misterio alguno

lanza tu cuerpo al vacío

ve hacia ya llamada

sombra ya de ti.


TENGO MI VERSIÓN DE LOS HECHOS

La muerte acierta muy pocas veces.

Los animales y sus costumbres

nos consuelan de las nuestras.

Bajo el puente de los enamorados

están enterradas las cosas que yo amo

un soldadito de plomo que no habla

las bromas que me ha ido gastando la vida

las heridas inflingidas en aserraderos nocturnos.

A la luz de la luna

a los latidos del viento

no regresaré jamás.

Aquí me quedo con los ojos cerrados

en lo alto del lenguaje.


Ramón Guerrero,

de Vega (Donbuk, 2020)

https://www.donbuk.com/producto/vega-ramon-guerrero-fisico/


jueves, 17 de septiembre de 2020

AVIARIO por GSÚS BONILLA



Hace unos tres meses, más o menos, os apuntaba por aquí el interés de una editorial, valiente en este caso, por la serie de textos que bajo el hashtag #Aviario iba posteando en esta red social durante la sucesión de días del confinamiento, el no confinamiento y la desescalada. Pues bien, ya es un hecho los kilogramos de celulosa que Altolibros ha dedicado a la publicación de estos textos inconexos con forma de diario y a la que mi querido Enrique Falcón ha tenido a bien ponerles algo de coherencia con un magnífico prólogo para la ocasión.

He de decir que ya es un libro impreso, bello y cargado de encanto, pues Mariano Gamo ha elaborado toda una obra de arte con su diseño y la elección de láminas e ilustraciones antiguas que acompañan a algunas de las páginas, incluida la portada. 

También es muy importante para mí decir, subrayar, incidir en que el libro está dedicado y dicadísimo a la memoria de nuestra querida Reyes Monje, a la que tristemente perdimos en la fatalidad de aquellos días y que irremediablemente hube de personalizar en una de las prosas del diario, desde la cual, y a partir de entonces, los siguientes textos se cargaron de algo más violencia de la que me hubiera gustado. Por tanto, a todas y todos que conocisteis a Reyes y os rodeásteis de su inmenso amor este libro también es un poco vuestro.

Si es de vuestro interés, aquí os dejo el enlace de venta on líne. También lo podéis pedir o adquirir en las mejores librerías del estado español. Y yo que sé más, a mí últimamente me maravilla todo, vivo en un globo y me elevo con el aire caliente en busca de nubes. Pero nunca está de más dar millones de gracias, en este caso por vuestro cariño, por vuestra disposición al solicitar por entonces aquel pdf gratuito, también por haber reparado en el trozo más raro de mi yo. 


Gsús Bonilla


martes, 15 de septiembre de 2020

NO ME CULPES por JULIA ROIG


..

He sentido cómo se contraía por dentro tu recuerdo, en un ovillo mojado en tiempo y llamas. Serán los domingos suspendidos desde un hilo tenso que ata mi esternón a mi nuca. Será la resaca de tu cuerpo y sus sales y sus especias. Y seré yo intentando convencerme de la belleza en la arritmia que crece en este cuerpo mío, nido de carne.

Qué culpa tendré yo de tomarte por las espinas. 
Qué culpa tendré yo de que se nos parta en dos la sangre.

Frotas dos mundos, inventas paraísos entre tus muslos en tu búsqueda de infiernos que regalarme.
Así que vagaré en mi propio delirium tremens cada vez que me faltes y cuando me acerque a escupir la última gota maldita que inventaron los sádicos de la impaciencia, basta, seré incapaz de hallar el freno en la entraña. Me recrearé en el desvelo que me brindas de espuelas y estrellas y faldas.
Culpa a la sangre y a lo brusco del deseo, pero no me culpes a mí. Culpa a los martes y a las neveras que son las camas vacías. Pero no me culpes a mí. Culpa a los ceniceros infinitos y a las botellas de fondo imposible con sus sirenas y sus mares. Culpa a los poemas y a las camareras pero no me culpes a mí cuando salvaje y distraído me escapo de mí mismo y muero buscándote.


Julia Roig,


sábado, 12 de septiembre de 2020

4 POEMAS de BLUEBIRD por JORGE M. MOLINERO




Los pájaros miran
Al cielo   De su color
De la temperatura del aire
Dependen sus costumbres y
La necesidad o no de migrar

    Pero nunca se preocuparon
Un segundo de la complejidad
De la lombriz de tierra

Es la servidumbre innata del alimento

Igual que para mí carecen
De importancia
Los porqués de la lluvia
        Me pertenece
Nada más es relevante

      Lo que me enloquece es
La complejidad
De la lombriz de tierra

*

Tanto calor
Extraño
Para el mes
Derrite
La brea cercana

Miro a través
De la danza de los vapores

Un caleidoscopio despojado de aristas
Un mundo diluyéndose
Juega a sobrevivir en la bruma y
Veo claro
Créeme
Lo negro

Muy claro
Lo negro

Créeme

*

Comprendo a dios
Es fácil hacerlo con quien se aburre
De tenerlo todo

También al que lanza una piedra
Cuando no tiene más que esa piedra

Y comprendo al pájaro que
No sabe para qué sirven la alas

Es fácil seguir la costumbre
La fe no dista mucho de los ojos

*

La musa
   Es realmente
El poeta

     El poeta
Sólo es
La mano
Que firma
      El poema


Jorge M. Molinero, de Bluebird (Editorial Páramo, 2020).

https://www.editorialparamo.com/online-store/Bluebird-p227943033

viernes, 11 de septiembre de 2020

RONDA DE SOLOS: José Luis Carrasco.



«Música es una interpretación cerebral del ruido, lo que 
te lleva a pensar que un pájaro canta, cuando solo se trata 
de un macho en celo intentando reproducirse. ¿Te suena?»

ADOLFO SAULES

Para mi amigo Adolfo, la música consiste en una interpretación sofisticada de un fenómeno sensible. Es un alivio, porque en estos momentos no asisto a un concierto, ni compongo, ni toco, ni estoy en disposición de hacerlo. Me tendré que conformar con la banda sonora de Avilés

Trato de fijarme, pero no distingo el canto de ningún pájaro. Por encima de ellos se impone la amalgama de ruido de los motores de los coches, la melodía de un móvil, las conversaciones entre vecinos. Y me pregunto si formo parte de esta banda sonora, aunque sea con el ruido de mis zapatos, de mi respiración, el crujido de mis huesos. 

El idioma de la tecnología siempre habla más alto. El tren que llega, uno espera que con puntualidad, a su cita en la estación. Las alarmas de los semáforos que ayudan a los ciegos a cruzar el paso de cebra. El sonido de los manillares de las puertas que se abren y se cierran, los timbres que suenan a su hora, el ruido eléctrico que ha sustituido a la campana, desprovisto de eco y otras imperfecciones, su duración y tono reguladas en sus circuitos. 

El jazz impugna la ritualización del sonido. Es música con estructura, pero su método se basa en la sorpresa, en tocar variaciones sobre un tema. Un ordenador capaz de reproducir el patrón de ruido de una capital nunca lograría ejecutar un tema de jazz como un ser humano, porque una vez programadas las órdenes en lenguaje de código, la música se fosiliza. El jazz no se puede programar, por eso es insoluble en la música electrónica. 

El jazz es la vacuna contra las máquinas.

José Luis Carrasco,
de Ronda de Solos
(Boria Ediciones, 2020).

*
En vísperas de un concierto, un saxofonista de jazz pierde su instrumento y, con él, su razón de ser. Lejos de cualquier amigo, con sus compañeros de banda aún por llegar, siente que ha tocado fondo. Para aferrarse a la vida decide sumergirse tanto en el paisaje urbano de la ciudad de Avilés como en sus propios recuerdos e impresiones.

Se inicia aquí su gran aventura, la del retorno a los orígenes, el diálogo con sus maestros y la búsqueda de la revelación a partir de la ausencia, quizá incluso el descubrimiento de su verdadera relación con la música.

Con la velocidad de un solo de Coltrane, José Luis Carrasco dispara la novela en varias direcciones, en una mezcla de estilos y géneros: la crítica musical, los libros de viajes, la autobiografía, la literatura aforística, pero sobre todo construye una apología de la creatividad frente a la indolencia y de la fe en que, a pesar de las crisis, nunca estaremos perdidos del todo.


viernes, 28 de agosto de 2020

USAIN BOLT A SU HIJO por VÍCTOR PÉREZ



No se trata de ser poeta ni de ser poema sino de salir a emborracharte por ahí para poder mirar el mundo con inocencia y si acaso intentar romperle el corazón a algún camarero viejo y despistado con esas viejas profecías tuyas de toda la vida mezcladas con tu historial amatorio y acabar la noche deshuesado en la cama de una pensión con los güevos volados a tiros y una amapola en la boca. Efectivamente. Se trata de que algo o alguien decida convertir tu cuerpo en un hermoso gajo de amor solitario y odio épico y elemental que todos terminarán olvidando, un hermoso gajo precipitado hacia lo que hubo antes de la poesía y lo que vendrá después de la poesía y que no puedas hablar ni escribir jamás de ello. Sí se puede.

Víctor Pérez


miércoles, 26 de agosto de 2020

TÚMULO ABANDONADO




Sin más horizonte que otros ojos
frente a frente
- Luis Cernuda

Veo piedras en tus ojos, ¿tú las ves en los míos?,
tras ellas hay un bosque donde ramas y raíces
se confunden
y de un árbol a otro, los animales
buscan huecos despoblados
para ver la luz del sol y calentarse,
aún más lejos, un exceso de espacio,
el desierto bajo un cielo nublado,
horizonte como grieta entre dos mundos
que se tocan sin poder abrazarse,
escarbas, sé que escarbas,
vas buscando rastro y cauce de un riachuelo,
más allá de la piedra, más allá de las raíces enredadas,
más allá del desierto,
hasta el eterno manantial de aquella infancia,

allá tan lejos, donde habita tu llanto,
horadarán tus lágrimas la roca
para llevar el corazón a quien te aguarda.


Mónica Manrique de Lara, de Devoción de las olas (Isla Negra Editores, 2020).

http://revistacratera.com/index/atlantida/

domingo, 23 de agosto de 2020

AL OTRO LADO DE LA PUERTA por SUSANA BARRAGUÉS




Yo vengo de una casa de pueblo que ardió.
Mirar el fuego a través de los cerrojos fue mi lección,
quedarme al otro lado de la puerta
para no arder con las vacas, los conejos y las tejas.
Al otro lado de la puerta se quedaron también las cascadas,
los diminutos ratones, los sacos de patatas y las latas de azúcar.
Los azules cánticos mientras se iba el verano.
El géiser del pilón y las sentencias de embargo.
Desde entonces duermo sobre un saco de ceniza
en el que queda mi rostro marcado de perfil.
La almohada es de ceniza,
las sábanas son de ceniza, el colchón es ceniza.
Dentro de mis sueños soy valiente
y camino por la casa en llamas, bajo las vigas viejas
junto a aquellas chimeneas que siempre ventilaron mal.
Y no ardo, y no me quemo, y no desaparece mi memoria
tras los cerrojos tiznados de negro.

Susana Barragués, de Cabeza de cisne sobre almohada floral. Próximamente en Eolas Ediciones.

viernes, 21 de agosto de 2020

UN ATAJO HACIA MIS ÍDOLOS por IVÁN ROJO




Una biblioteca con todos los poemas atrapados para siempre en la memoria de los ordenadores perdidos. Los ordenadores que se hunden con un ferry en el pacífico o en el índico, despacio, despacio y como si fuera inevitable, frente a las costas de Filipinas o Sri Lanka, por la noche. Los ordenadores que quedan sepultados entre el cemento y los hierros y alguna que otra extremidad y cuberterías de plata y tazas de váter y canarios y plantas naturales y artificiales cuando se viene abajo por sorpresa el World Trade Center o un edificio de cuatro alturas en el casco antiguo de Bermeo. Los ordenadores que arden fuerte, larga y cinematográficamente en los casoplones arrasados por los incendios californianos o los que se iluminan efímeros con el gas azul inflamado de la bombona de butano de un piso del distrito de Bellevue, Marsella. Los ordenadores que se hacen pedazos sobre el asfalto de la avenida tras atravesar el parabrisas del monovolumen un domingo de camino a comprar dos mcmenús o un par de pollos asados, los que después de dar cinco vueltas de campana en el maletero de un Ford Focus quedan abiertos de par en par más allá de la cuneta, como espejos rotos del cielo, en un trigal de Burgos o en un cebadal rumano. Los ordenadores que en un ataque de locura por ira o frustración o aburrimiento o porque sí son arrojados por la ventana a la calle 45 o al negrísimo patio de luces de un bloque de Fez. Los ordenadores que se mueren poco a poco de inanición en la mesa camilla de miles de pisos a lo largo y ancho del mundo, solos, rematadamente solos, junto al cuerpo tieso del que fuera su dueño. Todos esos ordenadores. Todos los poemas almacenados en esos ordenadores en archivos titulados Mis poemas. Todos esos poemas que ya nadie leerá, todos esos poemas que nadie habría leído aunque siguieran vivos. Todos esos poemas escritos por azafatas de congresos, entrenadores de fútbol sala, pensionistas, pescaderos, psiquiatras, peluqueros, agentes de bolsa, ganaderos, feriantes, poetas que jamás pensaron ser poetas, que simplemente escribieron unas cuantas palabras en el resplandor de la pantalla de su ordenador movidos por un impulso inexplicable. Todos esos poemas, solo para mis ojos.

Iván Rojo


jueves, 20 de agosto de 2020

VEGA: Ramón Guerrero.



Si pudiera me tomaría una docena de pintas para disimular la angustia que me crea presentaros en papel mi primer poemario publicado de continuo, nada menos, sin prácticamente ninguna errata y con los mecanismos de autodefensa a cero. Saldrá a primeros de septiembre (sabemos que en agosto hace demasiado calor para todo, hasta para perder la sonrisa ante todo este hundimiento de la cultura). Nosotros somos la “Resistencia”, la empatía entre manos que escriben y ojos que leen. Que vamos a hacer, se convirtió en pasión y en una búsqueda y en un encuentro que nos hace estallar de vez en cuando sin atender a las consecuencias.

Lo cierto es que aquí os dejo la portada y contraportada del poemario que ya dejó de ser mío. 

La poesía no necesita desciframiento, más bien un solidario recibimiento para continuar con la transmisión de ciertos argumentos vitales.

Ramón Guerrero


miércoles, 19 de agosto de 2020

BLUEBIRD: Jorge M. Molinero.



Jorge M. Molinero habla de la enfermedad y la muerte avisando con demasiado tiempo. Molinero explica para poder entender. Se convierte en árbol que desea ser cajita de música, aunque para ello tenga que ceder su savia y su madera al pájaro cantor que le habite el pecho. “Alejarme de la ciudad, abrazar el árbol: ser árbol”

Pero Bluebird no es un libro de enfermedad —no sólo— sino que añade el remedio y la superación del dolor, invocando el apoyo de los suyos en una breve antología del daño que nos iguala. No podremos con Ella, pero al menos que nos conforte este planteamiento.

*
Jorge M. Molinero (y las aportaciones de Begoña Abad, Pedro andreu, Gsús Bonilla, Alba Ceres, María García Zambrano, Huini Juárez, Jacob Iglesias, Antoine Lamarck, Ana Pérez Cañamares y Felipe Zapico Alonso)


martes, 18 de agosto de 2020

TE AMO, DESTRÚYEME por ANA GRANDAL




El hombre cebolla

Aquel hombre enigmático le fascinaba. Mujer valiente, decidió desentrañar su incógnita más profunda. Procedió con tiento, destapando, una a una, las capas con las que él se había protegido, descortezando el espeso blindaje, ahondando cada vez más.

Pero en su corazón no halló nada. En todo ese tiempo, la única verdad que ella encontró fueron sus propias lágrimas derramadas.


Un buen partido

Él cocina, va a hacer la compra, friega los platos, barre el suelo y quita el polvo, se ocupa de las facturas, los impuestos municipales y la cuota de la comunidad, pone la lavadora, tiende la ropa, la plancha y la guarda en los armarios, hace la cama antes de ir al trabajo, riega las macetas, compra preservativos cuando se gastan, organiza los viajes, adquiere con antelación las entradas del cine, tiene el coche a punto y actúa de chófer cuando hace falta, está atento a los cumpleaños y aniversarios de familia y amigos…

Ella, absolutamente exenta de responsabilidades, se queda todo el día en casa jugando a las muñecas.


Una relación sólida

Confiaban plenamente el uno en el otro. Como reflejo de la firmeza de su amor decidieron construir su hogar ellos mismos, con sus propias manos. Ella tomó el primer ladrillo y él, en un arrebato romántico, le pidió que lo conservaran como recuerdo. Ella, con una sonrisa, lo guardó cuidadosamente en una caja de embalaje.

Levantaron un edificio robusto, de cimientos seguros, una vivienda que aguantaría cualquier inclemencia, la morada que les cobijase en su indestructible alianza.

Pasaron los años. Rebuscando en un armario, ella encontró la vieja caja arrinconada sobre un anaquel. Sacó el ladrillo, lo sostuvo a la altura del pecho y lo dejó caer. El objeto de arcilla se estrelló en mil pedazos. Ella lloró su rabia: en el interior de su aparente solidez, un ladrillo solo alberga vacío.


Ana Grandal, 
de Te amo, destrúyeme (Amargord Ediciones, 2015).

*

¿Amor? ¿O debemos ponerle otro nombre? Nombres que no se nombran: dependencia, miedo, egoísmo, abandono, mentira, decepción… Te invito a penetrar en los microrrelatos que componen este libro: quizá, tras cruzar el umbral, no puedas evitar una sonrisa maliciosa, o suspires aliviad@ por no habitar estas estancias… o te indignes por reconocerte entre las sombras. Cuánto me gustaría saberlo. Entra y háblame.

Ana Grandal

Contratapa: El amor constituye la pulsión que más determina nuestra vida. Sin embargo, en absoluto se trata siempre de una tensión beneficiosa. Consciente de su proximidad con el odio, con la autodestrucción, Ana Grandal construye a partir de él un rico mosaico de historias donde las relaciones de pareja suponen el centro de los cuentos, pero que derivan, dentro de una equilibrada variedad de tonos y registros, en múltiples caminos, sorpresas y desconciertos. Se trata, pues, de un conjunto de microrrelatos impulsados por la pasión, el rencor, la crueldad, la frustración, el sexo, el humor negro… Y también, cómo no, el amor.


lunes, 17 de agosto de 2020

CALENDARIO por JAVIER VAYÁ ALBERT



Por no enfermar de domingo con luces griegas en la imparable marabunta
del siglo de los martes los jueves huérfanos de carretera indolentes en una habitación cerrada quién ha de conocer el alba la primavera el devenir de los poemas los ojos ciegos que siempre callan la sordidez de los tranvías que no traen noticias falsas escuderos siempre de la excrecencia
como una segregación del alma
ímpetu de cucaracha el primer
error fue nacer
continuar con vida
la inercia del reincidente
niños de sombra en barcas umbrías sus cabezas negras antorchas oscureciendo la
noche negra y cierto afecto
desmedido por el esperpento
un par de disparos púrpura
al vacío el musgo de las horas
y regresar importuno como
cadáveres mal enterrados
a la ansiedad de los parques
la salida funeraria de los niños
de la escuela los lunes de pan
y comisaría como el bufido
sagrado de un bisonte tan
anciano como las bisagras
del primer aullido humano

Javier Vayá Albert

https://www.facebook.com/javier.vayaalbert

domingo, 16 de agosto de 2020

FELICIDADES, HANK



Este domingo Bukowski cumpliría 100 años. En esta antología dedicada a él que coordinamos hace años Vicente Muñoz Alvarez y yo los que participábamos éramos "jóvenes emergentes".Algunos emergieron más que otros, y tan jóvenes tampoco éramos. Nos lo pasamos muy bien. La publicó Constantino Bértolo en Caballo de Troya. 



sábado, 15 de agosto de 2020

GUERRA Y PAZ por MAYA MUKTI



De esa sangre derramada tan inútil,
del sudor que nunca hizo,
de las ganas congeladas
y los puentes que jamás fueron cruzados
es que quiero hablarte hoy.
Con el mismo resultado -nada espero-
que lo que ya te he contado.
No es probable que mañana me despierte
y arda el aire y corra el tiempo
persiguiendo el nuevo brío de mi especie.
Antes bien puedo esperar que las miradas
languidezcan un día más.
Pero es preciso soñarlo.
Me es tan vital como el agua
imaginar mientras pinto
con mis letras este cuadro improvisado
la energía dirigida hacia el futuro de las manos,
el despertar de las mentes,
la voluntad clara y limpia de emprender.
Porque si no, para qué.
Para qué todo este tiempo embotellado
que me queda por beber.
Si es que no he de compartirlo
en mutuo esfuerzo por la vida,
de qué servirán mis manos
tan cansadas de arar siempre en solitario.
Mira bien, que el vasto campo
que ahora intento mantener
lleno de flores y abundancia es tu futuro.
Mira bien, que si los últimos guerreros
de la vida un día mueren y tú aún
no has aprendido a batallar,
pobre de ti.

Maya Mukti

viernes, 14 de agosto de 2020

YO ESCRIBO LA NOCHE: Pilar Blanco Díaz.



Pilar Blanco ha necesitado agudizar el significado de las palabras, cincelarlas para lograr que encajen en ese muro de contención que debe soportar el peso del discurso ontológico.

Carlos Alcorta


jueves, 13 de agosto de 2020

MERCENARIOS por ALEXANDER DRAKE



Llevo tiempo intentando averiguar cómo funciona la industria literaria. Simplemente no me explico cómo la gente puede comprar y leer tantos libros que en realidad no hablan de nada. Luego pienso en los autores de esos mismos libros y llego a la conclusión de que ellos tienen que ser conscientes de que lo que escriben es una auténtica basura (no pueden ser tan tontos), pero el dinero que reciben por ello compensa sus atrocidades. Son simples mercenarios. Gente sin escrúpulos. No les importa perpetrar un crimen tras otro mientras les sigan pagando bien. Luego están los editores. Hombres ciegos y estancados en la mediocridad. Prácticamente ni se toman la molestia de leer nada. ¿Para qué? Prefieren limitarse a publicar traducciones de algún estúpido best-seller que haya cosechado grandes beneficios en cualquier otro país y aprovechar el tirón mediático que lo respalda. Saben que el gran público acabará comprando cualquier cosa que le pongan delante de la cara el número suficiente de veces. En realidad, para la industria, no existe ningún producto malo; tan sólo una promoción mal dirigida.

Alexander Drake,
de Ignominia (Libros Indie, 2020)


lunes, 10 de agosto de 2020

LAS VENTANAS por CHARLES BAUDELAIRE



Quien mira a través de una ventana abierta, jamás ve tantas cosas como el que mira una ventana cerrada. No hay objeto más profundo, misterioso, fecundo, tenebroso, y radiante que una ventana iluminada por una vela. Lo que puede verse al sol siempre es menos interesante que lo que pasa detrás de un vidrio. En ese agujero negro o luminoso vive la vida, sueña la vida, sufre la vida. 

Por sobre la marea de techos veo a una mujer madura, ya arrugada, pobre, siempre inclinada sobre alguna cosa, y que no sale nunca. Con el rostro, el vestido, el gesto, con casi nada, rehice la historia de esta mujer, o más bien su leyenda, y ciertas veces me la cuento a mí mismo y lloro. 

Si se hubiera tratado de un pobre anciano, la hubiera reconstruido con la misma facilidad. 

Me acuesto, orgulloso de haber vivido y sufrido otras vidas que no son la mía. 

Podrán decirme "¿Estás seguro de que es la verdadera historia?" ¿Qué importa lo que pueda ser la realidad fuera de mí, si me ha ayudado a vivir y a sentir qué soy y cómo soy?

Charles Baudelaire,
de El Spleen de París

sábado, 8 de agosto de 2020

PORQUE NO ME ENGAÑO por ARI ZATZU


Hace dosmil555 días que estoy sola. Sola por convicción. Sola porque me da la gana estar sola. Es decir: --no estoy sola porque me falte alguien o me sobre algo--
Estoy sola porque mis convicciones sobre estar acompañada siempre me llevan al infierno de los otros.
A los ojos cerrados.
A la asfixia.
A perecer en una cama junto a un ser extraño hasta morir de aburrimiento.
Ahora mis sueños solos huelen a lavanda, a libre te quiero como el tomillo, a soy mía por y para siempre,
a te juro que no te abandono,
a te quieros de espejo y te valoro,
porque ya no quiero que me decidan en mentiras.
Porque no me engaño.
Porque quiero decir lo que quiero y lo digo.
Porque quiero hacer lo que hago y lo hago.
Porque quiero sentir como siento y lo siento.
Porque no me haces falta.
Porque un orgasmo en tu ausencia
es mucho más largo.

Ari Zatzu

https://www.facebook.com/ari.zataraiin

sábado, 1 de agosto de 2020

CRÓNICA DE LOS DÍAS QUE PASAN por NURIA VIUDA




El verano aplasta y entumece.
Quieres dormir. Dormir por las tardes. Dormir a todas horas .Los ojos se te cierran cuando caminas por la avenida al atardecer. Casi no puedes contemplar las palomas muertas del paseo de los plátanos: han caído fulminadas al suelo por efecto de este extraño fuego amarillo que el sol desprende.
Paloma muerta sobre el césped; a esta en concreto vinieron a visitarla los grajos y parece que se llevaban bien, ya se conocían, eran viejos amigos de vuelo. Seguro compartieron alguna nube y estrellas, muchas estrellas mutiladas.
Comprendí el viejo lenguaje de las aves. Los grajos vinieron a comprobar si la paloma aún movía el pico. La besaron en los ojos, esperaron unos instantes, parecían cantar una oración llena de velos blancos, como telas de araña, que salían de sus picos negrísimos. Después se fueron hacia la fuente a refrescar el susto.
Tú no pudiste verlo. Caminabas aletargado en la tarde, cansado y sudoroso. Dormido de pie.
Yo pude percibir este instante, dichoso como ninguno, porque la vida me mantiene alerta y los que amo están muy lejos: allá en el silencio de los trigos o entre la rabia cansada del mar.

*

Blanco y roto, como el papel de los cuadernos que dejé en blanco.
Así el fundamento de lo no contado, de lo que se esconde en el misterioso azar de la noche más bochornosa de un Julio indeficiente.
El ataque del tiempo, en la calima nocturna, realiza el milagro de sostener partículas de polvo nublando el horizonte.
No veo. No ves. No vemos.
Todo se borra en los barrios pobres repletos de vigas y fachadas huecas.
Escenarios urbanos como teatros vacíos.
Maletas y mujeres, desmayadas en las aceras, huyendo de los bares sin abonar la consumición.
Corro. Corres. Corremos.
En la tremenda avenida, las casas sin cristales se mezclan con el sonido de las motos que pasan y forman un extraño tandem veraniego de vegetación incolora: blanco roto.
Pienso. Piensas. Pensamos.
Entonces ellos comienzan a bailar desparramando el cuerpo sin nostalgia de lo andado.


*

El tiempo en que vivimos se hermana con este misterioso languidecer de calles y aceras desconchadas y adustas.
Parecemos personajes de una cinta pasada de moda o quizá no, quizá sea una cinta futurista que no llegó a estrenarse en las salas de cine, hoy tan desiertas y casi desaparecidas. Recorremos la ciudad a salto de confusión, desnortados y anacrónicos en nuestro diario deambular.
Tiempo detenido. Stop obligatorio si no fuera por esta maravillosa moda de haber recuperado el cine al aire libre. Sin duda nos retrotrae a los tiempos gloriosos de los titiriteros y artistas ambulantes que plantaban la sábana blanca en las plazas de los pueblos para regocijo de todos. A veces se tomaban la molestia de encalar la pared de la escuela o el frontón, e incluso la corteza de un árbol para proyectar la película.(Yo nunca tuve pueblo pero me lo contaron)
Nunca fuimos de sentarnos en la hierba de los parques y ahora estamos aprovechando el tiempo en que no supimos crecer entre las margaritas y el trébol.
Recuerdo que en los años ochenta sí nos tirábamos en el césped sin ser conscientes de la verdadera libertad que esto supone.
Poco a poco, al ir creciendo, abandonamos las praderas urbanas:perdimos la belleza del agua que habita bajo la semilla, dimos por sentado que la espontaneidad del gesto era delito y el césped pasó a ser paisaje nada más. Paisaje libre de pisotones y posaderas. Paisaje en desaprovechado desuso, en el que sólo los perros rascaban sus lomos al amor del hormiguero, y la hierba recién regada por los aspersores.
Al fin hemos recuperado algo valioso. Días de estreno para que la memoria reconponga, pieza a pieza, su cunita dorada. Su estandarte.


Nuria Viuda, 
Crónica de los días que pasan


viernes, 31 de julio de 2020

TODO LO DEMÁS ES PERFUME por PABLO MALMIERCA




But once you’ve ihnaled death
[everything else is perfume]

Marilyn Manson. We are chaos.

Instalados en la saciedad,
sobre la opulencia de los objetos vacuos,
hemos perdido el olfato.

Entre una miasma de perfumes baratos,
nuestros sentidos
viven el continuo engaño
del apremio positivo.

Ha llegado el momento de preguntarnos
por nuestra inflamabilidad,
si somos objetos fungibles,
perfectamente obsolescentes.

¿Somos en la imperfección de la compañía
o en la soledad sonora que acompaña?

Nos ofrecemos a la luz
cuando la verdad se posó en el ala de un cuervo.


Pablo Malmierca


jueves, 30 de julio de 2020

AL FINAL DE LA CAÍDA por BALLERINA VARGAS TINAJERO




Entre tú y yo no hay nada.
Nada tangible, al menos.
Pero aquí estamos.
Hace unos minutos
ascendíamos
como granjas arrasadas
de Carolina del Sur,
como vacas perplejas
en un tornado.

Pero no es ahí,
no es entonces.

Es al final de la caída,
en la exhausta derrota de los sentidos,
ahora que intento en vano despegarme
de estas sábanas agotadas,
cuando, al mirarte,
lo percibo, claro, limpio,
sin dramatismos,
sin distorsiones románticas.

Lo que nos une
no es un hilo invisible,
no es un designio cósmico
ni mucho menos el destino.

Es cuestión de voluntad.

La voluntad de desbrozar los días juntos,
de ser el uno para el otro
la roca o el regazo;
de ver, no sin cierta nostalgia,
cómo se desdibujan
las siluetas de quienes nunca seremos;
de consolarnos y reírnos
en los funerales periódicos
(pero mira qué pintas)
de aquellos que fuimos.
De compartir, mientras podamos,
la resurrección diaria en el verbo del otro
o el descanso, a oscuras y segura,
como ahora,
de mi cabeza en tu pecho.

Ballerina Vargas Tinajero


martes, 28 de julio de 2020

PAREIDOLIA por GEMA FERNÁNDEZ MARTÍNEZ




Así que a esto lo llaman
pareidolia,
a percibir erróneamente
en una vaga imagen
una forma reconocible,
algo así como ver un jaguar
con textura de nube
jugando al ajedrez
con una lagartija
o una constelación
conformando un zodyaco
que nace del imaginario
de un astrónomo griego.

Fíjate, ¿no es para volverse loca?

Ahora ese extraterrestre
de rasgos semi-hortícolas
que se transfiguraba
por mutación genética
en el pimiento verde
del almuerzo
también es pareidolia,
o la mirada estrábica
de todas las farolas
desnudándonos siempre
el punto ciego,
o aquel Pessoa tierno
que me enseñó Lisboa
en un abrazo triste
un jueves por la noche.

Tú te ríes,
crees que Discovery Channel
es un canal creado
para satisfacer mi logofilia.

Ignoras que ahora pienso
en cómo llamarían
al efecto contrario,
intuir lo velado,
lo apenas perceptible,
lo difuso
en las distintas partes,
nítidas y precisas,
de tu todo:

La nebulosa del Àguila
batiéndote las alas en la frente
o las caras de marte
en tus rodillas,
el cosmos en tu lengua
llenándome la boca
de cráteres lunares,
tus manos...
tus manos como esferas
constelando la luz
sobre mi espalda.

Pienso en eso,
que tu cuerpo en mis ojos
es como un Test de Rorschach
para amantes,
una mancha epidérmica
buscando en otra piel
una interpretación alternativa,
un psicodiagnóstico anatómico
que analiza y desglosa
a la mujer que soy

cuando me es imposible
recordarlo.


Gema Fernández Martínez


domingo, 26 de julio de 2020

AGOBIO Y OTROS POEMAS por ALBERT SIHOD




AGOBIO

vagabundear solo por las
calles, de madrugada,
en esta ciudad en la
que —para bien o mal
me tocó vivir—, cruzar
sus calles adoquinadas,
entrar a sus bares, intentar
olvidar las preguntas
y si se me concede—¿por
qué no?—olvidar también
todas esas posibles
respuestas, dejar de lado
el agobio, las tragedias
cotidianas de las que está
hecha la vida, buscar una
tregua como si de eso
dependiera nuestra vulgar
existencia.


C30

envejece,
eso que
antes era no
volverá
a ser jamás.
incluso el
aire parece
distinto
al respirar.
¿sientes
cómo te
deja de lado?
tranquilo,
es la vida,
viene
a recuperar
espacio.
ese lugar
prestado en
la existencia
que tú
—ingenuo—
creíste alguna
vez tuyo.


WELCOME

no se debe dudar
de la existencia
del infierno.
es un lugar tangible
palpable.
cuenta con un sin fin
de puertas para
entrar.


MATEMÁTICA

en esencia
el tiempo cumple
dos funciones
básicas:

acabar contigo
y acercar a
a tu regazo
los recuerdos

forja lo segundo
y acepta de
cabal manera
lo primero.


LA BRECHA

supongo que ésta edad es donde
comienza el declive del hombre.
dejando de ser joven pero sin ser
viejo aún, como estar en un limbo
generacional, sabes que no eres
bienvenido en ninguno de los dos
bandos, se admite que la palabra
señor sea el código universal con
el que te llama la mayoría de las
personas que no saben ni les importa
tu nombre, como a ti, que no sabes
ni te importa el nombre de ellos.


Albert Shiod

sábado, 25 de julio de 2020

NUNCA VOLVERÉ A CANTINA por CARLOS DE LA CRUZ




SER

Jugar en las eras
entre los montones de alubias
escarbar hasta el corazón
todavía húmedo
hacerte bolita y cerrar la puerta
para calentar el nido
desde dentro.


CARREQUEMADA

Siempre es otoño
en la casa de los abuelos en Carrequemada.
Una pila de carbón en la cochera
y una cántara de vino.

los nervios tensos de los tubos de aluminio
apilados contra la pared
esperan que caliente
para empezar a desplegarse entre los surcos
y soplar desde el aspersor
la caricia turbia del agua.

hace frío en la cocina,
sólo calienta junto a la llama;
abuela saca del saco de fertilizante una gallina
yo intento que cuadren las sumas,
de espaldas en el fregadero el ruido mojado de las alas.

entra el pequeño de mis tíos
ungido de barro reseco hasta las rodillas
tiene el pelo travieso como de tomillo seco;
mi abuela le ha guardado en un plato de aluminio
la primera sangre
y sin terminar de cuajar
bebe directo del cáliz.

Y a mí no me salen las cuentas
tengo mala letra.


PUEBLO

Y hay que doblar 
la espina frente a la tierra
antes de sacar de la víscera
el ramo de sus riñones.

hay que dejar el cuero de las uñas
y sonreír al escarabajo de la patata
cuando no te miran
y escribir esto
sobre su lomo de cinco rayas amarillas.

Tengo que cargar con las banastas
y luego con los sacos
mientras Abuelo no saca el hocico del surco.

Son casi las seis de la tarde
he llorado dos veces:
una cuando Madre me sacó de la cama
la otra cuando entendí
que no iba a venir a salvarme.


CEMENTERIO VIEJO

voy a la escuela del Cementerio Viejo
la que tiene los cipreses exhaustos
en una siesta eterna contra el muro de piedra
y puedes jugar pelota o a los cinco exploradores
entre las tumbas abiertas de los niños.

el padre de mi abuela Laura anda por ahí
en un hueco con barandas de ladrillo encaladas
me llevó un par de veces a cambiar el agua de las flores
y dar una mano de blanco antes del día de difuntos.

la muerte era un juego
luego se murió la madre de mi amigo josefélix
y recuerdo que dolía
como el silencio contra el cristal de una ventana.

Cuando se murió mi abuela Laura
dolió como si dios hubiera dejado abierta la puerta.


NUNCA VOLVERÉ A CANTINA

Ayer pasé delante de Cantina
de camino a la pescadería
hacía un mes que daba toda la vuelta a la manzana
para no cruzarme con el reflejo del bloque en llamas
de protección oficial
que crece de dentro a fuera:
han retirado la grúa del deus ex machina
y como con todo
lo real es grotesco
como los montones de ropa mojada
junto al contenedor del vidrio.
Ayer pasé delante de Cantina
con la mascarilla puesta
para que no me reconocieran
y no pude evitar mirar de reojo
Pedro con los brazos en alto como un santo gigante y cansado
Don Julito hace carantoñas al hijo de alguien
Jaime juega con el móvil
Anita ha vuelto y tiene dos puños de ceniza
donde tenía antes los ojos
no sé, todo parecía triste y gastado;
y en el rincón junto a la calabaza hipertrofiada
que compraron para la noche de muertos,
un idiota con la cara hinchada me observa
sonríe, levanta la cerveza, cierra los ojos, asiente
Era yo
seré yo
soy yo
que nunca saldré de Cantina.

Carlos de la Cruz


jueves, 23 de julio de 2020

EL FUGITIVO por JOSÉ ANTONIO RAMOS SUCRE




Huía ansiosamente, con pies doloridos, por el descampado. La nevisca mojaba el suelo negro.

Esperaba salvarme en el bosque de los abedules, incurvados por la borrasca.

Pude esconderme en el antro causado por el desarraigo de un árbol. Compuse las raíces manifiestas para defenderme del oso pardo, y despedí los murciélagos a gritos y palmadas.

Estaba atolondrado por el golpe recibido en la cabeza. Padecía alucinaciones y pesadillas en el escondite. Entendí escaparlas corriendo más lejos.

Atravesé el lodazal cubierto de juncos largos, amplectivos, y salí a un segundo desierto. Me abstenía de encender fogata por miedo de ser alcanzado.

Me acostaba a la intemperie, entumecido por el frío. Entreveía los mandaderos de mis verdugos metódicos. Me seguían a caballo, socorridos de perros negros, de ojos de fuego y ladrido feroz. Los jinetes ostentaban, de penacho, el hopo de una ardita.

Divisé, al pisar la frontera, la lumbre del asilo, y corrí a agazaparme a los pies de mi dios.

Su imagen sedente escucha con los ojos bajos y sonríe con dulzura.


José Antonio Ramos Sucre, de Poesía Completa (Sibila Fundación - BBVA, 2012).

miércoles, 22 de julio de 2020

AGUJERO por ÁLVARO HERNANDO




Con las puntas de los pies encorvadas
al borde del agujero
con el miedo a caer
a no pensar más que en el agujero
dentro del agujero.

Con la pena de no ser parte de la luz
con el enjambre en el pecho
con el zumbido perezoso
con la luz incandescente proyectando
tu sombra en la sombra
del agujero.

Con los labios sonriéndole al agujero
y con los ojos comiéndosele la negrura profunda
con el agujero dentro del agujero
tragándose todos los pequeños párvulos
que de alguna manera jugaban a ser adultos
desde niños
en cada agujero
dentro de cada agujero
dentro de un pecho hueco
insatisfecho.

Con el silencio marcando el camino
de ida sin vuelta
de respuesta bajo el agua
de caricia sobre cadáver
mirada encontrada en mirada fea
desde la fiebre de cristal
para cada agujero
fuera de otro agujero
en cada sentimiento hueco.

Así es mi agujero,
un vacío lleno de pies abrazando sus bordes
dedos encorvados, como abriéndole la boca
al agujero
para hacerlo más agujero
más dolor
menos vano huero.


Álvaro Hernando, de Chicago Express (Pandora Lobo Estepario, 2019).

http://loboestepario.com/press/chicago-express/

https://www.facebook.com/alvaro.hernandofreile


martes, 21 de julio de 2020

EL PUENTE SOBRE EL RÍO CÚA por JOSÉ YEBRA




El puente sobre el río Cúa
medirá unos cinco metros
en su punto más elevado.
Recuerdo la bronca tremenda
que me echó mi madre
el día que se enteró
que me andaba tirando desde ese puente,
desde esa altura,
al agua agradecida del Cúa.
Todavía no había cumplido diez años
porque aquello sucedió
en el verano de 1977.
Esa sensación eterna
de caída libre,
de lucha infructuosa
contra la ley de la gravedad
aliviada al entrar bien recto en el agua
que nos recibía
con toda su redentora densidad
bien preparada para el golpe:
libertad, por supuesto que irresponsable,
y con todo el riesgo inconsciente
que asumíamos sin plantearnos siquiera
la más leve posibilidad
de un contratiempo.
Nunca vi, por suerte, ni viví
ninguno grave;
algún que otro panzazo improcedente
y demasiado sonoro
que te dejaba la piel roja y dolorida
un buen rato. Sólo eso.
Y cuando íbamos de pie
siempre nos preguntábamos
los unos a los otros 《¿tocaste?》,
porque, a pesar de los más de tres metros de profundidad,
en numerosas ocasiones
nuestros pies
alcanzaban los cantos rodados
del fondo del río,
pero sin hacernos daño,
sin mancarnos, para ser justos y exactos con el lenguaje de aquí.
Y mi madre seguía riñéndome
casi a diario.
Y yo le prometía que no,
pero volvía siempre a ser que sí,
y al poco llegaba cualquier radio Macuto
al la peluquería de mi madre:
"Milita, José Luis se estuvo tirando desde el puente
con sus amigos"
Entonces llegaba yo del río con hambre,
entraba en la peluquería
a darle dos besos
antes de abalanzarme sobre el bocadillo
y ya veía yo la seriedad en su gesto.
"Ya hablaremos tú y yo en la cena".
Ahora hay un par de carteles
bien grandes
que indican a las claras que
"está terminantemente prohibido
saltar desde el puente".
La novedad de la norma impuesta
no impide que la chavalería
siga escalando el muro del puente
y lanzándose al agua desde todo lo alto.
Puede que quizá con más adrenalina,
que la transgresión
siempre ha dado más emoción
a los actos humanos,
sean estos responsables
o no.
Que bien lo sé yo.

José Yebra