martes, 14 de julio de 2026

NUNCA VOLVERÁ A SER AHORA: Prólogo por José Ángel Barrueco.




EL HORROR, LA PENUMBRA, EL DESASOSIEGO

No me equivoco si afirmo que la compilación de estos tres libros de relatos del escritor Vicente Muñoz Álvarez en un único tomo supone un regalo para sus lectores, del mismo modo que lo ha sido Huellas en el polvo (Efe Eme, 2026), el reciente compendio de la narrativa de David González (1964–2023), que el propio Vicente y quien esto firma nos encargamos de prologar y epilogar.

El paralelismo obedece a una evidencia: ambos autores publicaron a menudo en editoriales muy pequeñas, de vanguardia y, por desgracia, con escasa proyección, salvo algunos casos aislados, o en editoriales que hace años dejaron de existir. Rastrear sus obras en un mercado que transforma las novedades en productos obsoletos un mes después de salir de la imprenta suele ser tarea vana.

En un mundo perfecto alguien que maneja tanto conocimiento del cine y de la literatura más pulp y underground debería estar en un altar, un caso más o menos equiparable al de Jesús Palacios, otro de los gurús imprescindibles de nuestro país, y también incluido al final de este libro. Porque la destreza de Vicente para adentrarse en distintos géneros y para utilizar diversos estilos en sus narraciones sorprenderá a quienes no hayan leído sus textos. Puede que Nunca volverá a ser ahora, su Trilogía de la lluvia, la que ahora tienes entre las manos, sea el camino más preciso para conocerles a él y a los espacios por los que acostumbra a transitar. Reconozco que sus textos, se mueva por donde se mueva (poesía, novela, narrativa breve…), han influido en mayor o menor medida en algunas de las cosas que he escrito en los últimos tiempos.

Al contrario que el añorado David, cuya producción no salía del terreno de la no ficción (exceptuando un par de encargos), en Vicente la ficción y la autobiografía van tan intrínsecamente unidas que, pese a nuestra amistad y a mi papel de lector fiel de sus libros, ignoro si muchas de las historias que cuenta las ha vivido o se las ha inventado. Pero esa es una de las características que se derivan de la literatura: mezclar en el texto lo real con lo ficticio y sumarles lo visto y lo oído y lo soñado y lo deseado.

Cada uno de los tres bloques de esta trilogía aboga por un estilo diferente y por unas intenciones alejadas entre sí, aunque todas están empapadas, como el agua de lluvia que cae en tantas narraciones, de guiños y homenajes a la literatura que le marcó. Y, aquí y allá, encontramos algunos inéditos, lo que amplifica el interés de la compilación.

El primer libro, Perro de la lluvia, contiene relatos en los que predomina lo ficticio, así en general. Historias extrañas, truculentas, salvajes a ratos, deudoras de autores del calibre de Franz Kafka, Arthur Machen o Algernon Blackwood, pero sin olvidarse de algunas deferencias hacia literatos de cabecera como Jack Kerouac, Charles Bukowski o William S. Burroughs, aunque estos tengan más peso y presencia en la segunda parte de la trilogía.

Aquí hallamos relatos fronterizos con el género de terror: “Mi vida en la penumbra”, con un prisionero atado en un cuarto espantoso y espeluznante; “Saudade”, donde el encierro también resulta esencial para la situación del personaje; “Dmtfágos”, en el que además apuesta por la ciencia ficción… por citar algunos; otros, en los que lo onírico y la naturaleza hacen mella en las mentes: “Perro de la lluvia”, con ese tipo cuyo día transcurre en medio del malestar y la desorientación y en el que las pesadillas relacionadas con el agua, los relojes y las persecuciones van minando su cordura; “Wendigo”, “Las setas” y “Una historia de Halloween” marcan esa misma fractura de la mente, donde lo alucinógeno y lo paranoico y las fuerzas misteriosas de la naturaleza desestabilizan a sus protagonistas; un poco alejados de lo siniestro encontramos otros textos en los que se destila la esencia de Kerouac (“Beatitud”) y de Bukowski (“Beodisea”), ambos con inicios potentes y que consolidan su declaración de intenciones: «Visionaré esta historia a la manera del santo beato Jack, no para imitarle (no podría) ni por deslumbrar con falsas claves de desolación, inquietas fórmulas de pensamiento» y «Me estaba suicidando trago a trago cuando aquella mujer llamó a la puerta. Mi chica se había ido de casa el mes pasado. Habíamos perdido el trabajo, no teníamos dinero, no follábamos y cada uno bebía por su cuenta».

Este primer bloque deja en el lector una sensación de angustia, de incertidumbre, de sospechar que, bajo las grietas de la realidad, subsiste un mundo que puede fracturar nuestro juicio, o una naturaleza cósmica que carcome el cerebro, o una recua de hombres malvados dispuestos a torturar o a quitarle la piel a todo, como el protagonista del inquietante “El despellejador”.

Los que vienen detrás conforma el segundo libro. En esta sección el autor abandona lo pulp y las ficciones extrañas para introducirnos en historias cuyos parámetros abogan sobre todo por el realismo sucio. Esto no significa que Vicente rehúya los comportamientos perturbadores, solo que ahora se incrustan en otro marco. Aquí se perciben la náusea, el miedo, el cansancio de quienes pretenden salirse de la maquinaria social o, aunque no lo hagan, no le encuentran sentido a esa vida laboral que consiste en girar en la rueda al dictado de los patrones.

Operarios de producción en fábricas, chavales de resaca, comerciales de zapatos, niños crueles, padres maltratadores, jóvenes estudiantes de oposiciones a quienes el futuro parece haber vencido, parejas en crisis o situaciones cargadas de tensión que pueden derivar en arrebatos de violencia. Pequeños fragmentos de existencias en los que se intuye la presión de lo temporal en algunos títulos: “Una vida modelo”, “Una tarde de agosto”, “Pasando el tiempo”, “El aniversario”, “Fin de estación”…

Hay aquí, por ejemplo, en el que da título (el relato “Los que vienen detrás”), una crítica al sistema actual, y a la manera en que ese capitalismo feroz y esa tendencia a producir y agigantar espacios deviene en la desolación que ha invadido algunos negocios pequeños, devorados por los grandes y por la maquinaria de publicidad y las superficies comerciales cada vez más inmensas y saturadas de ofertas.

El último bloque es El merodeador: aunque tejido mediante relatos cortos interrelacionados entre sí (y admiten una lectura independiente), podría considerarse una novela corta. Se trata de un ejercicio existencialista de introspección en el que la sombra del escritor Thomas Bernhard está siempre presente. El devenir cotidiano de un hombre del que se van apoderando las obsesiones y las sospechas. Pensemos en el capítulo o relato titulado “El lunar”, en el que, en la sala de espera de un ambulatorio para que le receten somníferos, el narrador coincide con un hombre que se rasca una especie de mancha de la piel del cuello y le endosa a su oyente una diatriba paranoica y maníaca. O cómo en “Los pasos” y en “El cartero” se desasosiega porque oye o cree oír pasos en la casa o porque ese cartero al que espera nunca llega.

El narrador colabora en un periódico y pronto volverá a echarse a los caminos para trabajar con su padre en la nueva temporada de venta de calzado (oficio que Vicente desempeña desde hace años y que compagina con la escritura). Padece insomnio y este, como apunta, es «un creador infatigable de monstruos». Los ruidos del caserón (pisadas, crujidos, roces…) le atormentan por las noches. El entorno se le antoja hostil. Las decisiones le perturban el pensamiento. Cualquier incidente (unos cachorros  ese cartero que tarda en aparecer, un artículo que no cuaja, un malentendido…) lo trastorna, y las derivas mentales no cesan de atormentarle. Esté donde esté y consiste en girar en la rueda al dictado de los patrones.


Operarios de producción en fábricas, chavales de resaca, comerciales de zapatos, niños crueles, padres maltratadores, jóvenes estudiantes de oposiciones a quienes el futuro parece haber vencido, parejas en crisis o situaciones cargadas de tensión que pueden derivar en arrebatos de violencia. Pequeños fragmentos de existencias en los que se intuye la presión de lo temporal en algunos títulos: “Una vida modelo”, “Una tarde de agosto”, “Pasando el tiempo”, “El aniversario”, “Fin de estación”…


Hay aquí, por ejemplo, en el que da título (el relato “Los que vienen detrás”), una crítica al sistema actual, y a la manera en que ese capitalismo feroz y esa tendencia a producir y agigantar espacios deviene en la desolación que ha invadido algunos negocios pequeños, devorados por los grandes y por la maquinaria de publicidad y las superficies comerciales cada vez más inmensas y saturadas de ofertas.


El último bloque es El merodeador: aunque tejido mediante relatos cortos interrelacionados entre sí (y admiten una lectura independiente), podría considerarse una novela corta. Se trata de un ejercicio existencialista de introspección en el que la sombra del escritor Thomas Bernhard está siempre presente. El devenir cotidiano de un hombre del que se van apoderando las obsesiones y las sospechas. Pensemos en el capítulo o relato titulado “El lunar”, en el que, en la sala de espera de un ambulatorio para que le receten somníferos, el narrador coincide con un hombre que se rasca una especie de mancha de la piel del cuello y le endosa a su oyente una diatriba paranoica y maníaca. O cómo en “Los pasos” y en “El cartero” se desasosiega porque oye o cree oír pasos en la casa o porque ese cartero al que espera nunca llega.


El narrador colabora en un periódico y pronto volverá a echarse a los caminos para trabajar con su padre en la nueva temporada de venta de calzado (oficio que Vicente desempeña desde hace años y que compagina con la escritura). Padece insomnio y este, como apunta, es «un creador infatigable de monstruos». Los ruidos del caserón (pisadas, crujidos, roces…) le atormentan por las noches. El entorno se le antoja hostil. Las decisiones le perturban el pensamiento. Cualquier incidente (unos cachorros abandonados en un contenedor, ese cartero que tarda en aparecer, un artículo que no cuaja, un malentendido…) lo trastorna, y las derivas mentales no cesan de atormentarle. Esté donde esté y haga lo que haga, cree que es el estado erróneo, la actitud equivocada, el rumbo incorrecto… porque así es el ser humano, siempre ávido de lo que no tiene y de la opción que no ha elegido.

La historia ofrece una divagación sobre los asuntos rutinarios: darle vueltas a las cosas, ir y volver alrededor de una idea, obsesionándose con los matices de lo real y de lo imaginado. Y siempre con una voz que oscila entre el pesimismo y la inquietud. Porque la inquietud acecha en todas sus páginas. De esta parte, por cierto, se extrae la frase que, amputada para que no sea muy larga, sirve de título a la trilogía: «Nunca volverá a ser ahora y todo lo demás puede esperar».

Vicente Muñoz Álvarez despliega aquí múltiples recursos y ofrece este compendio para las recientes y las próximas generaciones de lectores, pero también para que los incondicionales continúen comprobando la eficacia de su incansable labor literaria. Al igual que su celebrada antología poética Hombre de mimbre, publicada en 2025, este libro debería figurar en los estantes de cada lector de raza. Sálganse del circuito poco alentador de los best sellers al uso y entren de cabeza en estas historias, tan apetitosas como reconfortantes.

José Ángel Barrueco,
prólogo de Nunca volverá a ser ahora (Trilogía de la lluvia),
de Vicente Muñoz Álvarez
(Efe Eme Ediciones, 2026)


Booktrailer:

viernes, 26 de junio de 2026

NUNCA VOLVERÁ A SER AHORA: Booktrailer.

ESTA ES MI CASA por MARLUS LEON




Está es mi casa
donde está mi corazón
y la sangre es densa...

Flotar como una pluma
Caminar el tiempo
Ser sin dolor

Sentir que nada importa

A veces hablo de amor
A veces hablo de ti
A veces hablo de mí
Y el fuego nos transforma
Y somos raros
Y extraños
Y las lágrimas nos consumen
Y no hay principio ni fin
en esta fragilidad
Y
Hay un paraíso perdido hacia el que volamos

Tú y yo somos barro
en un universo incierto

cuerpos desaparecidos
tras el cristal

ojos transparentes
de regreso a casa...


Marlus Leon


miércoles, 24 de junio de 2026

CINCO POEMAS de JOSÉ MARÍA FONOLLOSA




WHITEHALL STREET

Yo le tenía miedo. No sabía
que un delgado cuchillo entra en la carne
sin despertar la piel. Como entra el frío.
Como una piedra agujerea el agua.

Pensaba que su grito subiría,
como una lagartija, por mi brazo,
haciendo que soltara mi cuchillo.
¿Qué debe uno decir en estos casos?

Pensaba que en sus ojos hallaría
la sonrisa cansada de la noche.
Aquella que yo solo causaba. Antes.
Pero no hubo mirada ni hubo grito.

Un delgado cuchillo entra en la carne
sin despertar la piel. Como entra el frío.
Y sabe hallar la vida allí escondida
con rápido sigilo. Sin esfuerzo.

No hubo mirada, no. Tampoco grito.
Fue  muy fácil. Tan fácil que aún me asombro.
No llego a comprender por qué hay quien teme
matar, cuando resulta algo tan fácil.


WALL STREET

De un tajo la corté. Con el machete 
corté de un solo tajo su cabeza.
"Miradla bien aquí", les dije alzándola
con el grito iniciado aún en su boca.

Fui mucho más veloz que su sorpresa
para encontrar el cuerpo distendido.
Estaba trabajando. Me acerqué
levantando el machete con sigilo.
Y lo bajé muy rápido y con fuerza.

"Fijaos en el cuello. Sólo un tajo",
les dije. Y los demás se me apartaron
con asombro y respeto en la mirada.
Aún se habla de mi hazaña en aquel pueblo.


THIRD AVENUE

Es bello contemplarte aquí en tus huesos.
Mirar la hermosa fábrica de sangre
que se erguía en tu cuerpo tan querido.

Estos huesos tuvieron tu cintura,
tus labios, las colinas de tus senos.
Toda tu carne amada los rodeaba.

Es grato acariciarte aquí en tus huesos.
Como si te tuviera nuevamente 
cuando el placer hallado los movía.


KENNAMORE STREET

Yo quiero que tú sufras lo que sufro:
aprenderé a rezar para lograrlo.

Yo quiero que te sientes tan inútil
como un vaso sin whisky entre las manos;
que sientas en el pecho el corazón
como si fuera el de otro y te doliese.

Yo quiero que te asomes a cada hora
como un preso aferrado a su ventana
y que sean las piedras de la calle
el único paisaje de tus ojos.

Yo deseo tu muerte donde estés.
Aprenderé a rezar para lograrlo.


PELL STREET 

No ha valido la pena ser un niño
tanteando en la penumbra hacia la luz.

No ha valido la pena ser un joven
desnudando de sombras a la luz.

No ha valido la pena ser adulto
buscando, hasta en mí mismo, algo de luz.

No ha valido la pena haber vivido
si nunca alcanzaría a ver la luz.


José María Fonollosa, de Ciudad del Hombre: New York (Quaderns Crema, 1996).

sábado, 20 de junio de 2026

ENTRE LOS PECES PASTAN LOS ALCES por ÁLVARO HERNANDO




Hemos aprendido a arrojar la llama antes de que se nos apague en la garganta. No sé bien cómo, le damos uso entre los bosques y las cuevas, creamos imágenes de ceniza y pregunta. Nos miran los árboles con sus nidos y los que pueden huyen espantados para contar que nuestras sombras son ramas cansadas que se agitan sin viento bajo la superficie del mar. Entre los peces pastan los alces, mastican esas llamas y se dejan atrapar por los dientes de las orcas. Todo ocurre casi en silencio, sin pequeños saltos, reptando como el susurro de la muerte.

Álvaro Hernando


miércoles, 17 de junio de 2026

TODAVÍA: Relatos para la supervivencia de la España sentenciada.



Hoy comienza uno de los proyectos más apasionantes de la editorial Páramo desde que esta existe. Lo llamamos "proyecto" y no "publicación de un libro" porque va mucho más allá del trabajo editorial que venimos realizando. Se trata de poner un grano en un reloj de arena, se trata de trabajar por encontrar un camino adelante, se trata de concienciar y de dar vida. Y lo hacemos de la única forma que sabemos y podemos. Por eso, tú que nos estás leyendo, comparte y participa, haz nuestra voz tuya.

Entra y entérate de qué va TODAVÍA:


martes, 16 de junio de 2026

VICENTE MUÑOZ ÁLVAREZ RESCATA SU TRILOGÍA DE RELATOS TRAS GANAR EL PREMIO DE LA CRÍTICA DE ARAGÓN



El escritor leonés reúne en Nunca volverá a ser ahora tres libros descatalogados, revisados y ampliados con textos inéditos

El escritor leonés Vicente Muñoz Álvarez (León, 1966), recientemente distinguido con el Premio de la Crítica de Aragón 2026, ha recuperado tres de sus libros de relatos en el volumen Nunca volverá a ser ahora (Trilogía de la lluvia), una edición en la que revisa y reescribe textos originalmente publicados hace años y actualmente descatalogados.

La obra reúne historias marcadas por el realismo más crudo, los ambientes nocturnos y una constante tensión entre la ficción y la experiencia autobiográfica. Según la editorial, se trata de relatos “realistas, crudos y noctámbulos”, en los que el lector se adentra en escenarios dominados por el desasosiego y la incertidumbre.

Una de las voces leonesas más singulares

Muñoz Álvarez está considerado uno de los principales representantes del llamado realismo sucio en España y una figura destacada de la literatura underground contemporánea. El autor leonés, fundador y editor del histórico fanzine Vinalia Trippers, ha desarrollado una amplia trayectoria que abarca poesía, narrativa y ensayo.

La nueva edición cuenta con un prólogo del escritor José Ángel Barrueco y un epílogo de Jesús Palacios, reconocido especialista en literatura y cultura de género. Ambos textos contextualizan una obra que ha consolidado a Muñoz Álvarez como una de las voces más personales de las letras españolas independientes.

Tres bloques narrativos

La recopilación se estructura en tres partes diferenciadas. Las dos primeras reúnen relatos donde conviven elementos cercanos al terror psicológico, la angustia existencial y el retrato de la vida cotidiana. Entre ellos destacan títulos como “El despellejador”, “Perro de la lluvia”, “Una vida modelo” o “Pasando el tiempo”.

La tercera sección, titulada El merodeador, constituye un homenaje al escritor austríaco Thomas Bernhard. En ella, los relatos se encadenan progresivamente hasta desembocar en un desenlace inesperado, en una propuesta caracterizada por una prosa más sobria y depurada.

Además de los textos revisados, el volumen incorpora algunos relatos inéditos que no formaron parte de las ediciones originales de las obras ahora reunidas.

Premio de la Crítica de Aragón 2026

La publicación coincide con un momento especialmente relevante en la trayectoria del escritor leonés, tras la concesión del Premio de la Crítica de Aragón 2026. El reconocimiento se suma a otros galardones obtenidos a lo largo de su carrera, entre ellos el Premio Letras Jóvenes de Castilla y León por Monstruos y prodigios.

Además de su producción literaria, Muñoz Álvarez dirige desde 2016 el Festival Cultural Híbridos y ha publicado numerosos poemarios, entre ellos Hombre de Mimbre. Antología poética 1999-2025, así como ensayos dedicados al cine de culto.

Con Nunca volverá a ser ahora (Trilogía de la lluvia), el autor leonés vuelve a poner en circulación una parte significativa de su narrativa breve y ofrece una nueva oportunidad para acercarse a una obra considerada de referencia dentro de la literatura underground española.


Ya en preventa en Ediciones Efe Eme:


sábado, 13 de junio de 2026

NUNCA VOLVERÁ A SER AHORA (TRILOGÍA DE LA LLUVIA): Los legendarios libros de relatos de Vicente Muñoz Álvarez, ahora en un solo volumen.



Ediciones fe Eme acaba de publicar Nunca volverá a ser ahora (Trilogía de la lluvia), que recopila mis libros descatalogados de relatos Perro de la lluvia (1997), Los que vienen detrás (2002) y El merodeador (2007) en un volumen de 272 páginas, con prólogo de José Ángel Barrueco, epílogo de Jesús Palacios y varios cuentos inéditos.

Está ya en preventa, con un 5% de descuento y gastos de envío gratuitos, en la web de la Editorial Efe Eme:


Vicente Muñoz Álvarez despliega toda su inventiva en este Nunca volverá a ser ahora (Trilogía de la lluvia), en el que rescata, reescritos para la ocasión, sus tres libros de relatos. Unas páginas repletas de historias realistas, crudas y noctámbulas, tan sobrecogedoras como singulares. Desde la penumbra, entre la ficción y lo autobiográfico, el desasosiego no nos abandona en ningún momento.

Su amplia trayectoria y la calidad de su obra le otorgan un lugar privilegiado entre los más importantes escritores del movimiento underground, siempre próximo al realismo sucio de sus amigos José Ángel Barrueco (prologuista de este volumen) y el desaparecido David González.

Dividido en tres partes, las dos primeras nos presentan relatos duros que rozan el terror, como en “El despellejador”; el agobio y un ritmo asfixiante nos persiguen en “Perro de la lluvia”; el vacío existencial se exhibe en “Una vida modelo” y el costumbrismo más realista tiñe “Pasando el tiempo”. La tercera parte, «El merodeador», es tanto un homenaje a su admirado Thomas Bernhard como un ejemplo de sobriedad exquisita y prosa delicada, donde cada relato se superpone al anterior hasta llegar a un inesperado final.

Nunca volverá a ser ahora (Trilogía de la lluvia) permite disfrutar de un autor imprescindible, que suma ya una vasta obra en la que demuestra su enorme inventiva, destreza y amplia diversidad de recursos literarios. La suya es una voz tan singular como extraordinaria.

viernes, 12 de junio de 2026

NUNCA VOLVERÁ A SER AHORA (TRILOGÍA DE LA LLUVIA): Ya en preventa en Editorial Efe Eme.



Acabamos de publicar, en la colección Intermitente, Nunca volverá a ser ahora (Trilogía de la lluvia), un volumen que agrupa los tres buscadísimos y legendarios libros de relatos de Vicente Muñoz Álvarez (galardonado recientemente con el Premio de la Crítica de Aragón 2026). Pero, además, los presentamos en una edición excepcional, pues han sido reescritos por el propio autor, buscando la versión definitiva de estas historias desde la penumbra, realistas, crudas y noctámbulas.

Ya en preventa en la Editorial Efe Eme:


miércoles, 10 de junio de 2026

SATISFACTION por RAFAEL LÓPEZ VILAS





Metido a fondo
en el culo del gusano
es difícil darse cuenta
de que afuera
de la mierda que tragas
existe
una vida
que quizá
merezca
la pena
Afuera
de este no estás
porque siempre
te vas
De este
incesante marchar
que te vacía
como a ese muñeco aciago
que arrastra su tristeza
y se aferra
a cada grano de arena
que se escurre entre sus dedos
con la desesperación
insoportable
de un último beso
mientras siente
que los días
son sólo cruces marcadas
en el otoño de un calendario
y que la derrota
es esa palabra
donde nacen
muertos
cada uno
de sus versos 

Rafael López Vilas

https://www.facebook.com/elloboestaaqui65

martes, 9 de junio de 2026

CINCO POEMAS de MAR GÓMEZ





Arde la casa en ruinas donde habito.
Lenguas de fuego lamen la estancia
engullendo la cama
y el colchón deshilachado.
Hierve el agua de los jarrones
pulverizando las flores,
ya marchitas.
Estallan los espejos,
desconcertados por reflejos espectrales.
Crujen los tabiques,
altavoces donde rebotan los orgasmos fingidos.
Solo una alfombra parece resistir los embates de las llamas
-agitándose en espasmos-
como si estuviera en pleno exorcismo.
Mientras, espero en la habitación del pánico;
cobijo en los incendios provocados.

*

Sales del naufragio
con el corazón encallado
y ese miedo atroz a embarcar de nuevo.
El oleaje ruge como un monstruo con un hambre voraz
esperando que fallen las fuerzas
y una multitud de escualos acechan para darse el banquete.
No hay flotadores
que puedan abarcar el desconcierto
y los botes salvavidas brillan por su ausencia.
Anhelas poseer agallas,
aletas,
escamas,
para poder sobrellevar el hundimiento.
Hay un instinto inconsciente de flotar
aunque la esperanza
sea como una cáscara de nuez
inmersa en la marejada.
Y rezas para que la puesta de sol no apague tu mirada,
que al amanecer puedas alcanzar alguna playa,
si es posible desierta.

*

En los humedales
un cieno insolente
embarra los deseos.
Observo con envidia
los perennes helechos,
su carencia de flores,
cómo retozan en lo sombrío.
Los esbeltos juncos
creciendo en los pantanos,
refugio acogedor para la fauna.
El musgo,
sustentando la humedad del suelo,
protegiendo las plantas del invierno,
un sanador de heridas e infecciones.
Y qué decir del liquen,
su resistencia a condiciones adversas,
capaz de vivir y colonizar
casi todos los ecosistemas,
un cobijo seguro.
Quién fuera
helecho,
junco,
musgo,
líquen;
sobrevivir a los humedales.

*

Una paloma moribunda
reposa sobre el césped
en el bucólico jardín del geriátrico.
Ha decidido dejarse ir
hasta que llegue su hora.
Precisamente en el mismo lugar
que los ancianos nunca hubiesen escogido.
Resignada, como ellos,
pero libre de morir donde le plazca.

*

No exonera el poema
de la culpa,
del vértigo,
del delirio.
Entreteje jerséis de pura lana,
compone un decálogo a su medida.
Saca brillo a los bordes de la herida,
se afana en pintar las cicatrices de colores vivos.
A veces se empecina en la utopía,
en extraer esquirlas
o entumecer el tiempo.
Otras, cansado de buscar oasis en las metáforas,
se quiebra como el ala del vencejo contra una vidriera.
Como un funambulista en caída libre
y sin red,
el poema.

domingo, 7 de junio de 2026

ANTES DEL SUPER-8 por LUIS COLDER





ser sintético, sin techo,
formar parte del pelotón
de una tarta de chocolate,
de aquella sangre que jugaba
con la lluvia en un paredón
antes del Super-8
 
tomar conciencia, un verano,
con hielo. ser soldado
poeta, muerto, inulto 

Luis Colder


Imagen: Polina Kostanda

viernes, 5 de junio de 2026

BARFLY, MOSCA DE BAR: José Manuel Vara.





Para los amantes de las noches largas, las verdades desnudas y la literatura que duele y sana a partes iguales ya está disponible "BARFLY, MOSCA DE BAR", la nueva obra de José Manuel Vara.

Este libro es un brindis directo y un homenaje sincero al realismo sucio y al espíritu inconfundible de Charles Bukowski. Un viaje a través de los silencios que se esconden al fondo de un vaso, donde el bar se convierte en santuario y las palabras fluyen con la crudeza del roble.

Si buscas una lectura que no maquille la realidad y que te atrape desde la primera línea, este libro es para ti.


jueves, 4 de junio de 2026

DÍAS AUSENTES por IÑAKI HERNÁN





Hay un vaso en la mesita;
moscas sobre el pan duro,
la luz parpadea hostil
y todo huele a ropa sucia.
El grifo gotea tranquilo
mientras yo,
cuento los intervalos
de tan cruel onomatopeya,
como los días ausentes.

Algo respira mal
           bajo el fregadero.

martes, 2 de junio de 2026

HUELLAS EN EL POLVO en GIJÓN



Este jueves en Gijón hemos preparado, junto a la familia y amigos de David González, una presentación-homenaje del libro que hemos publicado, "Huellas en el polvo. Narrativa completa". Un escritor que se fue demasiado pronto y que pese a ello dejó huella dentro de la literatura underground de nuestro país.

Como este mismo libro demuestra, no solo la poesía era su fuerte. En estos relatos autobiográficos que llegan muy dentro es capaz de desplegar una técnica, un uso del lenguaje, una sensibilidad y unas historias a la altura de muy pocos.

De él, compañeros como Alfons Cervera o Montero Glez le han dedicado palabras maravillosas a él y a su obra, como el prologuista de este volumen, José Ángel Barrueco, y quien firma el epílogo, quien fuera su amigo y compañero de viajes Vicente Muñoz Alvarez.

Gracias al Ateneo Obrero de Gijón por las facilidades. En su segunda planta, a las 19h, se dará la cita.

Presentarán los escritores Julia Navas, Manolo D. Abad y David Suárez Suarón.

Y el domingo la cita será en Oviedo, a la hora del vermú en la mítica Librería Matadero Uno.

Por aquí os dejamos el cartel del jueves.


viernes, 29 de mayo de 2026

SPOILER DE TODA NOVELA por GEMA FERNÁNDEZ MARTÍNEZ




Existen cosas donde yo no.

Los coches, por ejemplo,
como gangrenas de una autopista
en la ecuación del destino.

Incógnita amputada.

¿A dónde se va cuando se va?
¿Qué nos espera?

Como si en la lógica
de su mecánica
pudieran cuestionarse
sus porqués.

-Combustión kantiana,
fatiga filosófica,
error de la razón en marcha
conciencia diferida en gasolina-

Los observo desde el Café.
Huele a mar revuelto
y alga estancada.
¿O es a alquitrán?

Hundo la cara en el cristal
y sueño con naufragios
y anguilas eléctricas.
Me siento una conciencia
estacionada
en medio de la vía.

No participo del mundo,
lo intercepto. Le clavo las pupilas
con la inmovilidad de quien
contempla un río heracliteano

- Lo verdaderamente irrepetible
no es el agua
sino las interioridades
que respiran pasivas
detrás de las fronteras
de las ventanillas.

Pienso. Pero tan solo hay ruido
alrededor,
una versión mecánica del flujo
y este Pum, Pum marcando
el tempo del amor
en el reloj orgánico del pecho.

Quiero ser el volante
para sentir el poso de una mano
en el hombro
que me obligue a girar,
que me dirija hacia...

(El canto de un motor
diluye la palabra)

¿A dónde se van cuando se van?

Me ignoran. A mí,
sombra peatonal insustancial,
estatua bordeando
la periferia ruin del movimiento,
humana sin carnet de conducir,
diagrama de piel, víscera y huesos
y un sistema locomotor
lento e ineficiente.

Las cápsulas hermenéuticas
circulan como hormigas
en un picnic nocturno,
son breves habitáculos
de la soledad,
almas de metal,
asfalto y hormigón
llorando sus pecados
en el purgatorio de la A-66,
cuerpos sin propietario
que han perdido la fe
en su autobiografía.

El futuro, a su lado,
en trance narcoléptico,
descansa la fatiga
y el caos contemporáneo
sobre el asiento frío del copiloto.

Yo los imagino. Transfiero íntegramente
su existir de holograma a mi experiencia.

-Toda subjetividad
es una forma de exilio.
 
- Todo lo que mira
se desdobla.

Una innovación espectral
desglosa sus recuerdos en los míos.

Me invento sus rutinas.
Los adhiero a mi vida
cotidiana.
 
Soy la prima lejana
que sale en las fotografías
familiares.
La que no tiene nombre.
La que creen que acabó
siendo cantante,
o vete tú a saber,
a lo peor poeta.

Saludo con la mano
pero no pueden verme.
Yo soy la tiranía del semáforo en rojo,
el atasco tedioso en hora punta,
soy la pausa entre dos velocidades.

Un pájaro planea y me roza las venas
de las sienes. Se hace aire y silencio,
aliento, empuje lento,
se hace arena...

cae y remonta el vuelo
bailando para mí
un verso coreográfico de Forsythe.

Es hermoso su verbo. Intento
hallar testigos del milagro,
cómplices oculares del peso
de sus alas.

Es inútil.
 
El pájaro se aleja
antes que se den cuenta
y me deja desnuda
en el vacío azul
de su diámetro.

Desisto.
Apuro mi café y pago
antes de irme.

Ya nadie mira al cielo
cuando vibra el teléfono
en la mesa.

Gema Fernández Martínez


miércoles, 27 de mayo de 2026

UN HOMENAJE A RAFAEL AZCONA




NOTA

Rafael Azcona escribió poemas de joven en Logroño y después no volvió. O sí volvió, pero de otra manera: en los diálogos de sus guiones, en la forma de escuchar a la gente sin enmendarles la palabra, en esa ironía que parecía modestia y era precisión. La poesía no lo abandonó. Se transformó. 

En 2012, Planeta Clandestino publicó No canto porque existo, existo porque canto, la obra poética completa de Rafael Azcona. Aquella edición —un auténtico tesoro de coleccionista— recuperó su poesía juvenil y la devolvió a la lectura. Este libro toma distancia: no reeditamos aquel contenido, sino que añadimos cuatro poemas hallados desde entonces por Luis Alberto Cabezón —uno de los mayores especialistas en su obra— y reunimos a otros poetas para que dialoguen con él. 

No es repetición. Es persistencia. 

Este libro no viene a rescatar un capítulo olvidado. Azcona no necesita rescate. Viene a demostrar que su escritura sigue provocando otras escrituras. Que desde la periferia —desde Logroño, desde Agosto Clandestino— se puede construir un centro sin pedir permiso. 

Los poetas reunidos aquí no le hacen un monumento. Le devuelven la palabra. Algunos desde las calles que él recorrió, otros desde el cine, otros desde el bar o la rabia. Todos desde la lectura, que es el único territorio donde un escritor sigue vivo. Que alguien lo lea. Es lo único que importa. 

Enrique Cabezón


LA POESÍA, A PESAR DE AZCONA 

En el centenario de Rafael Azcona no deja de tener gracia que sean los poetas quienes vengan ahora a saldar una deuda. No porque Azcona necesite que nadie lo rescate, a estas alturas, del olvido —sería un chiste bastante malo—, sino porque hay algo especialmente justo en que la poesía vuelva a sentarse a su lado. No para reclamar una primacía póstuma, ni para organizarle un homenaje con cara de sacristán, sino para recordar una verdad bastante simple: en Rafael Azcona hubo siempre una respiración poética, incluso cuando escribía como si estuviera haciendo otra cosa. 

Él, naturalmente, habría desconfiado de una afirmación así. O la habría rebajado con una de esas frases suyas que parecían modestas y eran, en realidad, una forma muy refinada de no dejarse atrapar. Azcona no era hombre de entregarse al énfasis. Prefería la media sonrisa, el rodeo, la ironía, esa cortesía un poco canalla de quien dice lo importante sin ponerse estupendo. Pero debajo de ese pudor había oído, ritmo, precisión, sentido de la imagen, compasión y una forma de entender la palabra que tiene mucho que ver con la poesía y muy poco con la retórica. 

Por eso este libro acierta. Porque no convierte a Rafael Azcona en un busto conmemorativo ni en un santo laico de la literatura y del cine. Hace algo bastante más inteligente: reúne a varios poetas para hablar con él, para escribir desde él, para devolverle en versos ajenos una música que también fue suya. No se trata de fingir que Azcona fue, ante todo, un poeta secreto al que la historia despistada colocó en otro estante. Se trata de algo más fino y más verdadero: reconocer que su mirada, su oído y su manera de contar el mundo nacen de una sensibilidad que la poesía supo afinar muy pronto y que luego siguió latiendo en toda su obra. 

Eso es, quizá, lo más azconiano del asunto. La poesía, en él, nunca fue un despacho aparte. Fue una forma de estar en las palabras. Está en su manera de escuchar hablar a la gente sin corregirle el alma. Está en su compasión por los derrotados, en su desconfianza hacia los solemnes, en su talento para descubrir la tristeza dentro de la risa y el ridículo dentro de las apariencias respetables. Está en esa forma suya de no levantar nunca la voz y, sin embargo, dejar la frase colocada exactamente donde más duele. 

De modo que este volumen no viene a exhumar un capítulo raro ni a colgarle a Azcona una medalla nueva. Viene a demostrar que su obra sigue provocando poesía. Y eso no es poca cosa. Hay autores que generan tesis, congresos, necrológicas largas y aniversarios bien peinados. Azcona, además de todo eso, genera versos. Genera complicidad. Genera respuestas poéticas. Genera la necesidad de volver a mirarlo desde un lugar menos administrativo y más vivo. 

Los poetas reunidos aquí no comparecen, por tanto, como notarios de una efeméride. Comparecen como lectores tocados por una voz. Cada uno a su manera, cada uno con su música, cada uno con su herida y su ironía, pero todos reconociendo lo mismo: que en Rafael Azcona había una verdad literaria difícil de imitar y muy fácil de sentir. Una verdad hecha de inteligencia, de piedad sin almíbar, de humor sin payasada y de una precisión verbal que no necesitaba presumir de sí misma. 

Quizá esa sea la mejor manera de celebrarlo cien años después: no repitiéndolo, no congelándolo, no dejándolo quieto en el escaparate de las glorias nacionales, sino provocando nuevas palabras a partir de las suyas. Que los poetas escriban hoy para Rafael Azcona no es un adorno del centenario. Es una prueba. La prueba de que sigue vivo donde de verdad importa un escritor: en la escritura de los demás. Y eso, bien mirado, tiene bastante de poema. 

Luis Alberto Cabezón

Ay... Ya sabes, los pueblos y sus gentes.
Un homenaje a Rafael Azcona.
Enrique Cabezón (Coord.).
Planeta Clandestino, 2026.

martes, 26 de mayo de 2026

CASA por TOMÁS RIVERO



Antes podía llamar casa a mi casa, y hasta esta otra casa que no parece mía podía serlo, y tener dentro de ella un ánimo de hombre de cansados huesos y carnes blandas, con un ojo y un ánimo o un alma en ristre. Podía pintar las paredes con el alma, apretar grifos, sujetar el goteo con llaves inglesas. Con el alma podía abrir y cerrar maletas. Antes podía decir yo soy ese, y ese es el mismo que entra despacio, busca un hueco y se aposenta en los lugares extraños de la casa, que siempre son lugares de otros. Y por un momento fui extraño y verde, verde como ese niño de tus sueños, como la puerta verde que se abre a estancias para tu corretear infantil por la entramada casa. Verde como el mar cuando juegas sobre las olas blancas. Y sentirme cómodo, intentarlo al menos. La frente oteadora y alta, el ojo blanco de cal para poder mirar en las sombras, y así fantasear que también lo de los otros es mío, y yo el de siempre, fácil y entregado a las maniobras generosas de la vida. Hoy me nacieron varios peldaños de madera en las rodillas. Ya caen las flores del manzano. El níspero florece en Diciembre. Y la vela del barco sobre el verde-azul del mar. Ando siendo el mismo de ayer.

Tomás Rivero


lunes, 25 de mayo de 2026

LOS ASESINOS DE LA LUNA DE MIEL



Otro clásico del cine de culto que no deberíais perderos, Los asesinos de la luna de miel (The Honeymoon Killers, 1970), única película dirigida por Leonard Kastle, sigue plenamente vigente en la actualidad, en parte por su sobriedad y aspecto de documental, que le confiere un aire hiperrealista, y por su magnífica fotografía en blanco y negro, que gustará a los amantes del cine independiente.

Basada en hechos reales, los crímenes de Raymond Fernández y Martha Beck (llamados por la prensa sensacionalista "los asesinos de los corazones solitarios") a finales de los años cuarenta, el filme de Kastle impresiona por la crudeza de algunas secuencias y el tono aséptico y objetivo que utiliza, sin consideraciones éticas ni morales, a modo crónica de sucesos.

La película, que arranca lentamente y va progresivamente ganando en ritmo y profundidad, se sustenta en gran parte en las interpretaciones de la pareja de protagonistas, Shirley Stoler, obesa y huraña (y muy parecida, por cierto, a Divine), y Tony Lo Bianco (el detective de God told me to, de Larry Cohen, otra joya de culto), un latin lover sin escrúpulos, que bordan sus respectivos papeles.

Varios otros filmes se han inspirado posteriormente en los mismos hechos, Profundo carmesí (1996), de Arturo Ripstein, Corazones solitarios (2006), de Todd Robinson, o Alleluia (2014), de Fabrice Du Welz, pero ninguno ha logrado transmitir tan certeramente el espíritu homicida y despiadado de los asesinos originales.

Que ustedes la disfruten

Vicente Muñoz Álvarez

sábado, 23 de mayo de 2026

PALABRAS A PUÑETAZO LIMPIO por ALFONS CERVERA



Leer ahora los relatos de David González es volver a transitar
 itinerarios que han sido borrados del mapa

Alfons Cervera
21 de mayo de 2026 06:00h

Huellas en el polvo - David González
Efe Eme. 2026.

"David González no sólo era el mejor de nosotros, con diferencia, 
sino el mejor autor de los últimos tiempos 
en este país tan grosero con sus artistas".

Montero Glez

"Una tarde, en València. Hace muchos años. Un café donde se celebraba una reunión de poetas. Leían. Bebían. Yo era uno de los que sólo miraban y escuchaban. De repente uno de los lectores se subió a una mesa y casi a gritos nos metió en vena Si me pagaran un millón de dólares por este poema, del escritor argentino Raúl Núñez. Desde que lo vi subido a aquel altar prodigioso nunca dejé de leer a David González. Se parecían tanto él y Raúl, que ya había muerto hacía unos años, en la primavera de 1996. En su vida. En su escritura. En la dureza de sus historias. Ahora Efe Eme recupera toda la obra de Raúl y acaba de publicar la narrativa completa de David: Huellas en el polvo, con prólogo y epílogo de José Ángel Barrueco y Vicente Muñoz Álvarez. Por cierto, el poema de Raúl también lo grabó Loquillo en uno de sus discos".

Este párrafo lo escribí para infoLibre con motivo del último Día del Libro. Y cuando lo recupero para esta ocasión añado lo que dijo Víctor Guillot en un mensaje de esos que circulan por las redes y que me pierdo si algún amigo —como ahora— no me lo hace llegar por los conductos normales: "Era un gran poeta y un boxeador que golpeaba con las palabras cuando recitaba". Así, como a puñetazo limpio, lo recuerdo abriendo grietas en la sala aquella tarde valenciana ya en la lejanía, dejando bien claro que para él la poesía no era un sitio confortable sino un descosido en el techo que te deja sin remedio a la intemperie.

Sin futuro, sin presente

Leer ahora los relatos de David González es volver a transitar itinerarios que han sido borrados del mapa. No todos los itinerarios, claro: los suyos, que fueron los de toda su generación. Había nacido en el pueblo asturiano de San Andrés de los Tacones en 1964 y murió en Gijón en 2023. Nunca miró a la vida de reojo. Siempre la tuvo enfrente, casi diría yo que en su contra. Tampoco él se lo puso fácil a esa vida, a esos itinerarios que eran los de gente poco dispuesta a ningún conformismo. La poesía, por desgracia, es un territorio domado por ese conformismo. Si la poesía no tiene nada que ver con el mundo en que vives, no se merece ni compasión ni paciencia, escribía René Char. ¡Qué bien se aplicaba David esa afirmación tan contundente de uno de mis poetas favoritos, si no el que más! Nunca dejó de escribir, incluso en sus peores tiempos (que fueron demasiados). Dentro y fuera de la cárcel. En su habitación propia o en las que fue habitando a lo largo de su vida. No sé si he conocido y leído a alguien más respetado y querido por sus camaradas en la resistencia para que la literatura no fuera una mierda pinchada en el palo de la tranquilidad. Por eso las historias de Huellas en el polvo son combates hasta el KO frente a la escritura y lectura con efectos melatonina. Personajes que se saben no sin futuro sino sin presente, que sin embargo escarban en lo más profundo de lo humano y se descubren en esa lucha por lo imposible que es la vida demasiadas veces. Lo que escribía Robert Lowell: "¿Por qué continuamos esperando / que la vida sea fácil, / cuando sabemos que no lo va a ser nunca?"

El mundo de David González era de este mundo. Aunque una lectura de su obra literaria pueda aparentar lo contrario. Escribir es situarte a un lado de la frontera que separa la clase a la que perteneces. Porque de eso hablamos cuando hablamos de literatura o de lo que sea. ¿De qué lado estás, eh, de qué lado estás? Ahí la pregunta del millón de dólares, como el poema de Raúl Núñez que leyó David una tarde en València: ¿de qué lado estás cuando escribes, de qué lado cuando eliges leer lo que lees y no otra cosa diferente? La equidistancia es mala consejera para casi todo. Y en la literatura, ya ni te digo…

Si la literatura no es incómoda…

Pero hay algo fundamental en los relatos de Huellas en el polvo: esa humanidad, esa nobleza, que respiran sus protagonistas. La figura familiar del padre. De la madre. De los colegas. El corazón que ya ponía el autor en sus poemas. La realidad a la que entraba sin máscaras de ninguna clase: «Yo no soy un poeta de ficción», escribe en La canción de la luciérnaga. Y aunque lo fuera, es de los que sabe que la ficción no miente. De ahí que tampoco mientan los relatos de este libro tan violentamente hermoso. De ahí que tengamos que agradecer a la editorial Efe Eme la recuperación de la obra narrativa de un poeta inmenso: "Uno de los acontecimientos editoriales del año", dice Montero Glez, otro de los muchos que saben lo que dicen cuando hablan de David González.

La dureza de los relatos es incuestionable. También la literatura lo es, o debería serlo. Toque el palo musical que toque, la literatura es incómoda sí o sí. Si no, estamos hablando de otra cosa. El vecindario de Huellas en el polvo nunca lo ha tenido fácil. Apunta en el prólogo José Ángel Barrueco: "Pocos escritores tan dotados en España para la recreación de los ambientes del lumpen, la pobreza y la miseria, lo marginal y la clase trabajadora". Sabía muy bien David González de qué lado estaba cuando escribía, cuando vivía, que para él eran una misma cosa. Hay muchos relatos en este libro. Siempre hay elecciones a la hora de quedarte con unos cuantos en la cabeza. Posiblemente escogería uno entre todos los demás: El camino de regreso a casa. Pero hay donde elegir. Seguro que son muchas y variadas las preferencias en las dos partes de que consta el libro: textos inéditos y otros rescatados de revistas, fanzines y antologías que permanecían en el olvido o prácticamente desaparecidos.

Ya acabo. No con palabras mías. Con las que escribe Vicente Muñoz Álvarez en el epílogo: "Conservad este libro, pues, como oro en paño, queridos drugos, el corazón de nuestro mejor guerrero late, como un tambor de guerra, en él". A ver si nos vemos en Huellas en el polvo, ¿vale? A ver si nos vemos...

Alfons Cervera en InfoLibre



viernes, 22 de mayo de 2026

EL HUECO QUE SOSTIENE EL CIELO por FELIPE J. PIÑEIRO





Creo ser como el bambú,
raíz profunda en tierra oscura,
que no se apresura,
pero cuando brota,
lo hace con fuerza.

Doblo mi cuerpo al viento,
sin quebrarme,
porque aprendí
que la resistencia está en la flexibilidad.

No compito con los árboles grandes,
me elevo ligero,
hueco por dentro,
para escuchar mejor la música del mundo.

En mi silencio vertical
se esconde la paciencia,
y en el verdor perpetuo
la certeza de seguir creciendo.

Felipe J. Piñeiro, de Entropía (Talón de Aquiles, 2026).


miércoles, 20 de mayo de 2026

CABALLO DE CARTÓN por ANTONIO JAVIER FUENTES SORIA




Te vistes y te vas
cuando la ciudad aún duerme
y el frío amenaza en la ventana.
Ruge el motor de un coche a lo lejos
y suena, 
en este amasijo de acero y hormigón,
una sórdida canción de cañerías.
Puedo escribir 
que son emborronadas notas
en la partitura virginal del alba,
pero son solo ruidos,
y el techo que ahora miro
tampoco es un folio en blanco.
Abajo, en la acera,
oigo el repique firme y decidido
de tus tacones 
que se alejan,
como una serie infinita
y tenue
de puntos suspensivos.

Antonio Javier Fuentes Soria, de El outsider (Versátiles, 2021).


martes, 19 de mayo de 2026

BLUES RURAL. COSAS QUE APRENDIMOS DESDE PEQUEÑOS EN LOS PUEBLOS Y QUE NO NOS SIRVEN PARA NADA por JOSÉ PASTOR GONZÁLEZ




a chiflar con cuatro dedos y que suene bien fuerte
a tirar piedras con puntería
a escalabrarnos
a mear más lejos que los demás
a escupir entre dientes
a buscar nidos
a trepar a los árboles
a ir a por setas espárragos collejas…
a convivir con animales: gallinas cabras mulos ranas ratas abejas arañas abejas ovejas perros gatos…
a hacer cabrillas
a desplumar una gallina y a desollar una liebre
a ir en bicicletas sin casco y dos -y a veces- hasta tres en la misma bicicleta
a bañarnos en pozas charcas albercas ríos pantanetas …
donde el agua esta fría muy muy fría
a echar una mano a nuestras padres tíos abuelos … en la almendra la vendimia la aceituna con las ovejas con las gallinas …
a jugar al fútbol en campos de tierra y piedras
a comer regaliz de palo (paloduz) castañas bellotas algarrobas moras…
a andar de noche
aquí vamos andando a todos los lados: al colegio a coger el autobús que nos lleva al instituto al trabajo a las fiestas de los pueblos de alrededor a ver a la novia que nos hemos echado en el pueblo de al lado…
a utilizar la navaja para comer y para jugar y para trabajar
a bailar y a cantar en las verbenas
aquí aunque seamos rockeros heavys punkis o flamencos bailamos y cantamos lo que nos echen hasta los pasodobles y hasta los agarraos
esta es nuestra única herencia
y nuestra más preciada y precaria identidad

José Pastor González


TIERRAS DE PRÉSTAMO: José Luis Carrasco.



¿Qué significa levantar una biblioteca en un barrio que aún está creciendo? ¿Y qué tiene que ver ese proceso con el nacimiento de un hijo?

En Tierras de préstamo, José Luis Carrasco convierte la construcción de la primera biblioteca del Ensanche de Vallecas en una poderosa metáfora sobre el tiempo, la memoria y la vida que empieza. A lo largo de un año, el autor observa —día a día— el solar, las excavadoras, las vallas amarillas, los carteles administrativos y el lento avance de las obras. Pero lo que comienza como una crónica urbana se transforma pronto en algo más profundo: un diario íntimo donde se entrelazan el nacimiento de un hijo y de un sobrino, el paso del tiempo, la fragilidad del recuerdo y el sentido de la cultura como refugio.

Con una prosa luminosa y reflexiva, Carrasco construye un relato en el que lo público y lo privado dialogan constantemente. La biblioteca que se levanta en el barrio no es solo un edificio: es un símbolo de comunidad, de futuro compartido, de resistencia frente a la intemperie cultural. Mientras las máquinas excavan, el autor excava también en su memoria y en su experiencia como padre, lector y ciudadano.

El libro transita entre la crónica urbana, la meditación literaria y la celebración de la infancia. Evoca lecturas, reflexiona sobre el papel del libro en papel frente a la virtualidad, interroga el sentido del progreso y observa con delicadeza la vida que empieza. La biblioteca y los recién nacidos avanzan en paralelo: ambos son promesa, ambos requieren cuidado, ambos dan sentido al barrio y a la familia.

Tierras de préstamo es una obra sobre construir: construir edificios, construir vínculos, construir memoria. Un homenaje a la lectura como acto físico y comunitario, y a la vez una carta de amor a quienes llegan al mundo y lo obligan a reinventarse.

En tiempos de pantallas y prisas, este libro reivindica la lentitud, la observación y el valor simbólico de los espacios culturales. Porque levantar una biblioteca es también levantar una esperanza.


domingo, 17 de mayo de 2026

LA CABEZA EN LAS NUBES, LOS PIES AÚN EN LA TIERRA por PABLO CEREZAL



«El valle es de oro amargo
y el trago es largo... largo...»

César Vallejo

De repente comprendo que sólo sé escribir arterias con maneras de cordones desatados. Descubro que sólo sé escribir párvulo, y sorprendo en mi paladar golondrinas de verso truncado, entre mis dientes acequias babadas por estruendos con perfil de espuma en que danza herraduras un caballo.

Merodean mis uñas frontera de encía por ver si le arrancan las amígdalas al poema aunque siempre su sabor. Por ver si después contra el papel ruborizado de fotografía huérfana, o acordonando un teclado mientras Charlie Parker se desangra hacia adentro frente a un televisor feroz de noticiarios que me recuerdan que acabo de vivir otro año.

La edad me habla de lugares inciertos. Más bien de lugares que no deseo dar por ciertos. Sonrisa destilada de un lejano 1972 (para no olvidar). Pero ya he cambiado de espejos en que reflejarla. Lo celebro.

Y el primer trago, siempre.