sábado, 20 de julio de 2019

COSAS QUE PASAN EN JULIO QUE NO VERÉIS EN LAS CIUDADES por JOSÉ PASTOR GÓMEZ




es época de brevas y de moras (de moral)
de chumbos y ciruelas
y de la huerta en todo su esplendor
hay hortalizas y hay legumbres
para dar/tomar/compartir/embotar
hay pimientos hay pepinos hay berenjenas hay judías
hay patatas y hay calabacines
hay melones y hay sandías
y los primeros tomates
y florece la flor azul de la genciana y la enigmática flor del beleño
y los oréganos y las mejoranas
y las mentas y las poleas
hay tormentas de verano y hay incendios
hay festivales y hay verbenas populares
hay cine de verano y hay piscinas
hay turistas y hay curritos
hay canciones republicanas y hay convites
hay siesta y hay noches al fresco
hay sexo
y hay poesía
hay un volver a los recuerdos de la infancia
a ese país del nunca jamás
donde hay bicicletas
y hay utopías.
y las chicharras
siempre las chicharras
incansables
y el sol inclemente
sobre el pescuezo
de hombres y mujeres
que están segando
o cogiendo tomates
o en el andamio
o en la sierra de pastores
o barriendo las calles
o repartiendo el correo
hombres y mujeres
que buscan la sombra
para no hacerse invisibles


José Pastor Gómez

Cover by José Manuel Juárez


jueves, 18 de julio de 2019

LOS BARES DEL DIABLO: Natacha G. Mendoza.




Estoy cansada de ver las mismas caras. Cada día, al abrir esta reja que separa mi bar del mundo, entra, sin mirar, la misma gente de siempre, a las mismas horas, sin nada nuevo que decir. Este lugar se ha transformado en un maldito templo de la saciedad. Prostitutas que terminan su jornada, escritores fracasados que utilizan los rincones más oscuros como oficina, hasta un cura, que por error de cercanía viene a tomar café. Da igual lo que yo sirva, da igual si no enciendo las luces, el local es una cueva húmeda, plagada de trogloditas sin estímulo alguno. Para colmo hoy es miércoles, hace gris, cala los huesos, la madera, hasta el hierro cala. La madre soltera busca otra presa. Jacinto, el viudo, regresa a por otro litro de soledad. Las historias se amontonan debajo de los manteles que, aún, no he querido cambiar. Dejo morir este antro, llevo años, suicidándolo, pero estos imbéciles regresan cada día, en silencio, a los gritos me miran, me zarandean con sus mierdas, me insultan al pagarme. Esperaré, quizá mañana, alguno, dé el primer paso. 


Natacha G. Mendoza, 
de Los bares del diablo 
(Ediciones Escondidas, 2019)

miércoles, 17 de julio de 2019

CRÓNICA DE LOS DÍAS QUE PASAN por NURIA VIUDA GARCÍA




Las noches de sopor y las verbenas amenizan este verano de contradicciones y batallas perdidas.
Nunca la mañana regaló más trino de pájaros cansados.
Sobrevivir, a lo Robinson Crusoe, entre los juncos del río o en los portales de lujo de una casa vacía. Bañándose en las fuentes públicas cuando todos duermen. Refrescar el olvido. Hundir la memoria entre cartones y farolas. Así transcurre el tiempo entre los desentrenados...
¿Quién ha dado la estúpida orden de podar los árboles en plena calima veraniega? 
Lo imperdonable: apartar la sombra y el frescor que nos regala la hoja en todo su esplendor protector, casi maternal y paradisíaco. Interrumpir el ciclo de la vida que se esconde entre las ramas condenando a las aves que habitan en ellas, y allí formaron hogar y nido ,pertenencia y arraigo, a un exilio ignominioso y desnaturalizado. Su dicha estrellada en el asfalto. Los huevecitos estallados como pequeñas bombas.
Los entrenados... Los entrenados contra natura.
Toda enfermedad engendrada a posta contra los habitantes del mundo posee sus víctimas pero también se cobrará su venganza.

*

El vuelo de las aves y su trino rescata la intensidad del verano. Está en las sombras. Permanece escondido entre ráfagas de lluvia fresca. Los pájaros lo saben. Su canto es decisivo y alegre. Sus alitas planean prometedoras y fugaces.
Verano -¿Estás ahí?-
Prométenos que la nube no nos apartará de ti pues te necesitamos más que nunca.
Lo saben las aves.
Lo sabemos.
También la persistente lluvia.

*

Noches de tormenta.
Trombas de agua que no son otra cosa que metáforas de la vida.
Septiembre en Julio.
La tarde ayer se replegó en su palco contemplativo y vi a la gente correr, saltar los charcos, escupir la rabia contenida igualándose a la furia celeste.
Pareciese un verano a punto de concluir. Como si el tiempo se hubiese adelantado y tragado por la alcantarilla los soles que nos quedan a la par que el granizo. Todo diluido en nada como el agua en un colador. Metáforas del desaparecer.
¡Madre tierra que te equivocas al parir a tus hijos a destiempo!.
Gestación subrogada que da frutos prohibidos para serte arrebatados sin conmiseración, dejándote yerta y exhausta. Ahora, para parir los hijos que te corresponden por natura: sol, calima, reverbero del agua en las marismas, olas amables, brisa marina; te costará un esfuerzo indescriptible. Dolerá, como duele a una mujer parir hijos por encargo para perderlos en las sombras del tiempo. La cicatriz de su útero como estigma y dolencia más allá de lo soportable.


Nuria Viuda García,
de Crónica de los días que pasan.


martes, 16 de julio de 2019

1 POEMA de ALBERT SIHOD




no he escrito una
palabra en los últimos dos meses.
con el inicio de este poema
rompo esa mala racha.
llegó el mes de julio, han comenzado
las lluvias, los días—y por qué no—
también las noches me son agradables.
no escribía porque no tenía tiempo
para nada, nunca me había pasado.
escribo este poema—como siempre—
sin grandes expectativas y lo hago sólo
porque extrañaba escribir un poema.
si a ti, lector, te gusta éste poema
creo que habré logrado algo.
si por el contrario lo detestas por su
sencillez y poca relevancia literaria
también lo habré conseguido

Albert Sihod

lunes, 15 de julio de 2019

CISNE NEGRO por SUSANA BARRAGUÉS SAINZ




Es imposible que lo improbable no suceda jamás.
Una probabilidad de uno entre un millón obliga a construir de nuevo el arca de Noé.
Lo potencialmente posible es sencillamente muy posible.
El beso entre la predicción y el tiempo tiene por hija la consecuencia irreversible
y yo me pinché el dedo del pie con la aguja en el pajar.
La frecuencia con que ocurren los sucesos insólitos
se ajusta como un guante a la función de Emil Julius Gumbel
que sentado en una silla de dos patas suponemos tuvo la gran revelación:
“Sólo es cuestión de esperar”. En el infinito ocurre todo.
La aparición de lo inédito, lo extraño, lo increíble,
las crisis que anunciaban los oráculos babilonios, minoicos, aztecas
-kronos frente a kairós-, los cisnes negros
nacen de los huevos que nacieron de otros huevos idénticos
pero que llevaban la posibilidad del contrario en su centro.
Conocimiento que, instintivamente, ya tenemos.
Puede ocurrir que un rayo nos entre y salga por los pies.
Que una roca se desprenda desde el acantilado, mientras tomamos el sol.
Que se produzca el encuentro con un ser remoto, que justamente,
era idéntico a ti en la curvatura y el espesor de las cejas.
Crecidas de ríos, tormentas, ráfagas de viento extremo.
Combinación de estrellas ganadora en el boleto del bolsillo.
Somos hijos de lo fortuito, llevamos la marca del uno sobre el cero en la frente.
Si no nos sucede algo increíble, en algún lugar rocambolesco,
en algún momento frenético, presentimos que el universo
se está conjurando para la siguiente carambola.
Una pieza de titanio se desprendió del avión
que precedía al Concorde 4590 París-Nueva York
y perforó un neumático de la aeronave
que hizo saltar un trozo de caucho
que golpeó el depósito de combustible
que rompió un cable eléctrico que produjo una chispa
que incendió el ala izquierda que precipitó al avión contra un hotel.
Y algo dentro de nosotros asiente, en conformidad.
Los cacahuetes de cabina eran como los de todos los días.
El blanco dental del piloto lucía igual que igual.
Pero la fortuna había desplegado su vela maestra al viento revés
y el azar estaba mareado. El azar con sus dos caras,
incluyendo la posición de canto en la moneda.

Algunos llaman Dios al caballo de la sorpresa
cabalgando sobre la pradera de la suerte.


Susana Barragués Sainz, de Poemas para mi Hermano Álvaro, 2018.


viernes, 5 de julio de 2019

EL ORGULLO DE LA SANGRE ROJA por RAFAEL LÓPEZ VILAS




No cabe duda. Me he dado cuenta nada más verte. Así que eres español. Llevas puesto el equipo completo. Tu pulserita con la bandera de la tienda de chinos o la que compras a los negros que se saltan las concertinas de la valla que vienen a quitarte el trabajo. Tu polo camisero con la bandera enroscada al pescuezo que ha fabricado un taiwanés de Taiwán. Al retrovisor del coche, junto al viejo Elvis y el rosario en tu coche alemán. En la cartera, de cuero marroquí. Te entiendo. Tienes miedo a perderte. A perder la cabeza y que la gente no sepa de dónde eres. Tu nacionalidad. Lo pone en tu carné de identidad. Hasta en tu declaración de hacienda. Pero no es suficiente. Eres español, qué cojones. Estás orgulloso, aunque si te preguntan por qué, quizás no sepas explicar muy bien el motivo de tanto orgullo. Naciste aquí, como pudiste hacerlo en Zambia o en Mongolia. Igual. Resulta interesante, no creas. Algunos te dirán que algo así no es para estar demasiado orgulloso. Otros te dirán que sí. Que mucho. Por ejemplo, esos españoles que aman las mamandurrias y el dinero que hurtan al resto de contribuyentes. Ya sabes. Los de la cesta de manzanas podridas. Los de los casos aislados y los brotes verdes que salvaron la patria del suicidio perroflauta. Los que prefieren que la sanidad pública no sea tan pública y que los colegios sean un poquito más privados, porque la educación y la salud no puede ser para todos. ¡Paga, coño! Los españoles de bien lo hacen. Españoles que prefieren pagar menos impuestos que el resto de los españoles. Les encanta el sistema tributario español, pero sólo para que se lo apliquen a los demás. Son españoles de paraíso fiscal. Que tributan en el extranjero, lejos de su amada España. Españoles que no quieren que el resto viva por encima de sus posibilidades. Para eso ya están los grandes empresarios. Los de las concesiones de las autopistas. Los constructores que hinchan la burbuja. Los comisarios de las cloacas y los jueces que los protegen. Españoles que aman España y sus puertas giratorias, que anhelan con toda el alma una España próspera y grandiosa. Así lo explicaron en 1939. Después, otros cuarenta años de explicaciones. De educación. De desaparecer españoles en las cunetas. No puedes negar que eres uno de esos que matarían por haber estado en el gran funeral de la Plaza de Oriente. El del Generalísimo, Caudillo de España, por la Gracia de Dios y de la Santa Madre Iglesia, apostólica y romana, sí, pero sobre todo, muy española. En noches claras y de luna, todavía puede escucharse a su emérita majestad ulular su juramento de fidelidad al dictador y al movimiento nacional. Está todo atado. Atado y bien atado. Eso fue lo que dijeron.

Sí. No cabe duda. Son españoles. Españoles que adoctrinan. Que mandan callar. ¡Sentarse, coño! La España del señorito se ha desmonterado y salta al ruedo ondeando sus moqueros rojigualda y sus tricornios. La transición silenciosa no les cortó la coleta. Había que amnistiar. Amnistiar y olvidar. Olvidar los crímenes. El genocidio. La lesa humanidad. Ahora, una España alza de nuevo el brazo. Como Mussolini. Como los hitlerianos de Hitler. Entretanto, la otra España supervive. Supervive y calla. Calla y se abstiene mientras el aguilucho o el charrán de la bandera ondean la sombra de la patria sobre su eterna pobreza. Pero, no te lamentes por ellos, querido español. La culpa es suya. No trabajan. No se esfuerzan. No como buenos españoles. Igual que esas mujeres que gritan igualdad. Marimachos, feminazis que no quieren parir ni cocinar o que los hombres, ¡bendito sea el señor!, no les peguen. Y no es que lo diga yo. Lo dicen en los periódicos, y los periódicos no mienten, ¿verdad? Son españoles, ¡dios santo! Llevan la patria muy adentro. Por eso hacen lo que hacen. Con la rotunda razón del porque sí, con la del porque no o con la de que los cojones de un español de pura cepa nunca se equivocan. España y verdad no son siempre lo mismo. A veces, ni siquiera se parecen. Eso lo saben bien los dueños de los medios. Son españoles, sí, pero también ricos, y les agrada la idea de preservar la salud de su riqueza. Ellos te cuentan lo que hace la ministra. El presidente. Los desaprensivos bolivarianos de la oposición. Los que quieren romper España. Esta España tuya. Esta España vuestra. Te lo dirán las veces que haga falta. Hasta convencerte de que lo que dicen es cierto ¿Cómo sabrías lo que hacen si no? Es un asunto delicado. Imagínate que se les diese por mentir. Por manipular la verdad. Es casi imposible. Ni te imaginas cuánta españolía riega las venas de toda esa gente. Españolía y sobres. Sobresueldos de contabilidad B. Pura Marca España. Capitalismo off-shore y amnistía fiscal para amigotes. Lo que no se escribe no existe. Lo que nadie ve. Lo que nadie escucha. 

No cabe duda, amigo. Eres español. Un español que nunca volvería a llamar a un fontanero o a un electricista que haya robado en Su casa, pero que, bueno, si se trata de un tipo con traje y una buena colección de estampitas, no dudarás en volver a otorgarles tu confianza porque, si algo te han dejado bien claro mientras desahuciaban cientos de miles de familias, o precarizaban tu trabajo o robaban de las arcas públicas o recortaban tus derechos, es que sí, que cuando llegue la hora y vuelva a romper el alba, sonreirán con fruición al escribir un nuevo renglón olvidado de tu Memoria Histórica con la estupidez de tu tinta roja.


El lobo está aquí
(Rafael López Vilas),
de Lobo come Lobo
(próximamente en Versátiles Editorial)


lunes, 1 de julio de 2019

BRÚJULA, PECADO & ROCK AND ROLL por NATACHA G. MENDOZA




BRÚJULA

Existe un mapa no dibujado, una especie de guía invisible. Hay gente que lo llama “destino”. Uno anda despistado, o mejor dicho, a uno le caminan las horas, así, todas tras una, y viceversa; se amontonan los días, los meses. Entonces desde el extremo opuesto del planeta, otra persona, da un paso sobre el otro, y el tiempo le cae por la cintura, o por el ceño, qué más da. De pronto, el mapa, se arruga por el norte, quizá un estruendo, un choque, dos pares de ojos que se miran; entre tanta calle, tanta bomba, y esos niños con el balón. Todo es lunes en hora punta, pero allí siguen, detenidos, con la brújula en sus pechos, latiéndole un final para ese camino.


PECADO

Mis pecados hablan de ti. Y me hice santo cuando dejé de mirarte. Fue difícil vivir en ese estado, medio ausente, medio Dios. Uno nunca termina de acostumbrarse a lo celestial, todo tan intangible, tan poco sucio. Me gusta más mi sofá, sus remiendos, el viejo televisor que aún se deja ver. En el frigo, pase lo que pase, estará ella, rubia, fría. No nací para los milagros, el vino mejor en barrica y los peces, pues que lo intenten en cualquier mar. Me dará igual si regresas algún día, abriendo esa puerta como si nada hubiera pasado... no me importará un carajo la luz que desprenderá tu cuerpo, no te miraré. Estaré donde siempre me dejas al irte; intacto, en esa especie de altar, donde de vez en cuando te arrodillas para recordar todo lo que me has adorado.


ROCK AND ROLL

La vecina del quinto, ha vuelto a insinuarme en el ascensor que pongo la música muy alta. Intenta ser sutil. Pero sé que me odia irremediablemente. A veces deseo que el ascensor se desplome cuando bajo en mi planta y las puertas se cierran con esa sonrisa forzada que me dedica. Pienso en las cadenas, en el mecanismo del maldito aparato que la está llevando al piso cinco. Mientras abro la puerta, puedo escucharla llegar sana y salva a su rellano. Siempre existe un silencio, porque ella, que es una bruja, se queda esperando a escuchar mi portazo. Hoy no pondré música. Creo que desenterraré mi viejo saxo. Aunque debería buscarme un novio y dedicarle una sinfonía extensa. Quién sabe, esas máquinas que suben y bajan durante años, pueden desplomarse algún día... en cambio mi rock nunca bajará.


Natacha G. Mendoza



domingo, 30 de junio de 2019

INTERCOSTAL Nº 1



Ya está a la venta el número 1 de la revista Intercostal. Incluye una amplia entrevista a la poeta María Ángeles Pérez López, poemas de Tomás Sánchez Santiago, Tomás Rivero, Paloma Corrales, Luis Ramos, Francisco Morán y María Ángeles Pérez López. Además de un interesante artículo de la profesora Ana Agud sobre Antonio Machado. 

El precio es el mismo que en el número anterior, 7€ sin gastos de envío. Para pedidos por privado o al correo de la revista: intercostaliteraria@mail.com

Próximamente incluiremos los distintos puntos de venta. Por el momento se podrá encontrar en Letras Corsarias (Salamanca) desde este viernes y a partir de la próxima semana en Librería Octubre (Zamora).



viernes, 28 de junio de 2019

SEDENTARISMO APLICADO: José Yebra.




EL JOVEN DESINFORMADO

julio vendía la metadona
para poder pillar caballo
no necesitaba dientes para sonreír
porque aceptaba su deterioro
como la circunstancia principal
del resto de su escasa vida

cuando aquella mañana
no pudo despertar ya más
comprendimos la paradoja
desde su inmenso "no futuro":
vivir no es obligatorio:
la avalancha de mensajes positivos
y el afán de progreso
desde el emprendimiento
son drogas mucho más duras
que la mismísima heroína

aunque bueno
reconozcámoslo:
julio fue capaz
de vencer su pavor
a las jeringuillas
porque fumar chinos
le hacía toser demasiado:
y eso si que fue para nosotros
sus amigos
un gran ejemplo de superación personal.


EL LAVAVAJILLAS Y LOS CABALLOS

el lavavajillas sufre en caliente
mientras dos caballos percherones
siguen comiendo más y más hierba
en el prado inmenso de esos vecinos
que sé que aún respiran
aunque nunca los veo por aquí;
porque las crías de serpiente
son incapaces de ascender por las pezuñas
y se quedarán ese veneno
que no poseen
otro verano más
haciendo acopio de odio
ante las puertas de desconocidos
que ya borrachos
volverán a cantar canciones conocidas
por todo el mundo saludable
como si la vida no fuese más
que un karaoke alado
que escupe desde una altura considerable
un líquido denso y de tono blanco
del que no nos atrevemos
ni a preguntar qué contiene o qué es:
tan solo abrimos bien
nuestras bocas hambrientas
mostrando al señor
nuestra espeluznante colección de caries
para alimentarnos así de su gloria eterna:
y con el gozo ya en nuestro interior
caminaremos por aquella vereda
buscando sin pasión
un nuevo hogar que nos aleje
del sufrimiento de un lavavajillas
y del súbito relincho de dos caballos percherones
que a falta de verde que pastar
se morderán violentamente el uno al otro
para decidir al final
cuál de las dos crines
es más bella
más suave de acariciar:
habrán pisado sin querer
a todas y cada una de las serpientes
y las hormigas habrán llegado aquí
para en perfecta conjunción y armonía
llevarse los restos en fila
hacia el hormiguero alquilado de sus azarosas vidas;
el horizonte refleja otro incendio:
hemos decidido arder
como brujas ante una santa inquisición agnóstica
de boquilla y siesta diaria.


TUS BALAS, MIS PIEDRAS

otra bala silba a mi lado____
será la siguiente
la que me mate:
la piedra que ya no podré
lanzar contra su odio
permanecerá en el pozo del mío propio
esperando que otras manos
la recojan y la hagan levitar;

puede que en la otra vida
recupere mis piernas
y camine sin esa necesidad
de mirar al suelo
en busca de armamento
que alimente mi hambre
de justicia y dignidad:

mírame de verdad
soy una criatura increíble, lo ves?
ahora silba bien alto
para disimular
y después
baila alegre tu danza étnica
sobre mi masacre programada.


José Yebra, de Sedentarismo aplicado (Suburbia Ediciones, 2019)


jueves, 27 de junio de 2019

EN LOS LÍMITES DEL DESIERTO por ROBERTO RUIZ ANTÚNEZ



el colapso gravitacional de las palabras. la incomunicación como vertiente y alarido ciego. cerca de la multitud me muerdo las manos y el resuello y las estrellas nacen agónicas y desprovistas. me muerden los lobos la escritura y reivindico su hambre intrínsecamente curvo. en los límites del desierto me desdigo. vuelvo a nacer del mismo árbol del principio del tiempo.

Roberto Ruiz Antúnez


sábado, 8 de junio de 2019

TRAVESÍA en INTERCOSTAL



ESCRIBIR ES QUEMARSE VIVO

En estos tiempos en los que triunfa la autoficción como género narrativo vuelve a ofrecernos una parte de sí mismo Vicente Muñoz Álvarez, en esta ocasión de la mano de la editorial albaceteña Chamán que tan bien cuida sus ediciones.

Tras una incursión en la poesía de género como fue Del fondo y su antología personal GAS, el autor vuelve a desnudarse bajo la palabra poética. Para quienes no conozcan la escritura de Vicente les podríamos decir que no deja a nadie indiferente, desde una postura existencialista, pasa revista a todo lo que le rodea y construye. La vida es a la vez belleza y lucha, amor y dolor, supervivencia y deleite. Si en algo es característica su poética es en el hábil uso de la dicotomía, de las antítesis que tan bien dibujan su escritura, su vida. Porque si algo define a Travesía es la introspección y la desnudez del autor frente al lector, verdad despojada de todo artificio, de todo intento de parecer. 

Escrito en una cuidada prosa poética, sus ciento ochenta y tres páginas constituyen una obra de madurez, temas que son constantes en su obra como los perros de lluvia (aquellos poetas marginados por el sistema); la lucha entre el yo escritor y el yo inserto en el mundo capitalista, el vendedor de zapatos; las difíciles decisiones que nos llevan por un camino y no por otro; el continuo vaivén de personas que conocemos, con las que compartimos tanto y después desparecen; el amor; el adentro y el afuera del escritor, del hombre. Aparecen tamizados en este libro por una madurez, que como el propio autor dice, quizá sea por la proximidad de la cincuentena, aunque más parece ser un posicionamiento fruto de la experiencia vital y literaria. 

Es esta experiencia literaria un punto en el que me gustaría detenerme, siendo como se trata de un autor heterodoxo, fuera del canon impuesto, sus referencias librescas le acercan a la generación Beatnik, aparecen continuos guiños a autores como Kerouac, al que tan cercano se ha sentido Vicente a lo largo de su vida literaria; pero nunca se olvida de la visión del mar de William Hope Hodgson, la playa, el faro, el océano como lugares de recogimiento, de paz, que con su carga telúrica acercan a Vicente al verdadero recogimiento; sin olvidarnos de otros muchos de sus referentes como Lovecraft.

Estamos, como decía anteriormente, ante una obra de madurez. El poeta se ha dado cuenta de que la verdad se encuentra dentro de uno mismo, de que en el afuera solo encontramos hostilidad, esa Babel como él la denomina, no es más que un elemento de disrupción, de quebrantamiento de la personalidad, de ruptura con la paz ansiada; el mundo como lugar de ruptura con la esencia del ser humano, capitalismo salvaje, engaño, máscaras y juego, donde siempre sale perdiendo el débil. Travesía se convierte así en unas memorias en las que el existencialismo y, en cierto modo, nihilismo con que se contempla el afuera tienen su corolario en el descubrimiento del uno mismo como salvaguarda, de la biblioteca como refugio, del faro como lugar donde refugiarse de los embates del mundo exterior. 

Podríamos pensar que frente a la dureza de este mundo no existe solución, pero en la obra de Vicente Muñoz Álvarez siempre existe un asidero, una Shangri La de soledad compartida, donde el amor tiene su cabida frente a la arena de una playa salvaje.

Libro rico en metáforas, referencias literarias, referencias a sus libros anteriores, pleno de vida, nos sugiere navegar por sus páginas convirtiéndonos en los capitanes de nuestros propios navíos, pues esa es la enseñanza de un libro tan pleno, tan redondo como Travesía, debemos tener la plena consciencia de ser nosotros mismos, de no perder nunca el rumbo. Y quién mejor para mostrárnoslo que un viejo lobo de mar como Vicente Muñoz Álvarez.


Pablo Malmierca, en Intercostal Nº 1





CHICHO IBÁÑEZ SERRADOR

viernes, 7 de junio de 2019

DAVID GONZÁLEZ: Lo que se puede contar.




EL REGRESO

cuando
la libertad
se convierte
en libertinaje
es hora
de regresar
a la cárcel:


REVOLUCIÓN

no un paso al frente
o no solo un paso al frente
sino los que le siguen:

los verdaderos mártires
de la revolución


EL PUENTE

se apagan las luces en su mirada
siempre que fotografía el puente de brooklyn:

el mismo que en su día cruzó
tony manero

para convertirse ya para siempre en
john travolta:



EL VIEJO MUNDO

a más de quinientos
años vista
si algo parece probado
más allá de cualquier duda
razonable o no
y te lo dice un poeta asturiano
libre por tanto de toda culpa
es esto:

             tanto en cubierta
como en sus bodegas de carga
al igual que en los camarotes
de los oficiales y de la tripulación
lo único que transportaban
aquellas tres calaveras
que venían desde el viejo mundo
era justamente eso:

un viejo mundo

con todos y cada uno
de sus naufragios:


David González, de Lo que se puede contar (Entropía Ediciones, 2019)

https://entropiaediciones.com/index.php/producto/loquesepuedecontar/

martes, 4 de junio de 2019

SIMULACRO: Julia Navas Moreno.




ALUD

Me escondo en cada pliegue de mi piel,
aspiro mis propios humores
y escucho el sonido de mi respiración.
Conformo casi una esfera
donde las extremidades se acomodan, se esconden.
No tengo principio ni fin
ni pies ni cabeza.
Me he convertido en un alud.
Me deslizo cuesta abajo.
Me deslizo hasta el valle
y arrastro todo a mi paso
creciendo.
Creciendo.
Creciendo.


ENVEJECER

Saludar a tu cuerpo.
Amarlo
y habitarlo en armonía
cuando,
en breve,
dejaras de reconocerlo.


AUTOLESIONES

Seres de espinas que apuntan al interior.
Para no ver la sangre de otros
se hieren manos, vientre, ojos
y a menudo se suicidan.


NARCISO

El amor no basta.
El amor no basta.
El amor
no
basta
si solo es amor a uno mismo.

*

Simular, disfrazar, ocultar para sobrevivir o, simplemente, para disfrutar. ¿Cuántas evacuaciones forzosas tiene una vida? ¿Qué dejaríamos, qué sería imprescindible ante una huida, ante la impostura, desesperación y el atropello por encontrar la puerta de salida? La existencia es, afortunadamente, casi siempre un juego, un simulacro. Cuando el edificio arde de verdad, urge lo imprescindible y atravesamos los pasillos sin mirarnos en los espejos.

Ser madres, hijas, inmigrantes o muertos olvidados en las cunetas; tallos verdes, cuencos restaurados con hilo de oro, ballenas, gatos… Simular con las palabras para vivir otras vidas y entender la otredad que esconden es una estrategia, por lo menos, inquietante.


Julia Navas Moreno, 
de Simulacro
(Canalla Ediciones, 2019)


Presentación: Miércoles, 5 de junio, 20 horas, 
Librería La buena Letra, Gijón.

sábado, 1 de junio de 2019

LA NOCHE ES VENENO NEGRO por JOSÉ G. CORDONIÉ




Mi nombre es Ezequiel Mengual. Pero mi nombre ya poco importa.
Recuerdo aquella noche como el inicio de una nueva existen­cia a partir de la cual mi persona, y por tanto mi nombre, dejaron de tener significado.
Todo lo que me ha ido ocurriendo desde entonces me ha traído a través de los caminos más oscuros de la existencia hasta el día de hoy, en el que sé que he llegado al punto final de mi historia.
Alguien dijo que la vida que conocemos finaliza en un punto y coma. Y que tras esa pausa, más intensa que una coma y menor que un punto, continúa y se desarrolla de una manera más plena, de modo que los sentidos crecen y se expanden hasta mezclarse con los sentimientos.
Yo no sé qué vendrá después. Y quizá sea lo que menos me importe. Solo deseo salir de aquí.
En aquellos días, en la trastienda de El figón del Almirante se abría clandestinamente un mundo lento y cautivador tras los cortinajes de damasco de seda dorada. Cuando se entraba en el local, se hacía de repente el silencio. Y el silencio era tran­quilidad y sosiego. La gente que allí se encontraba enmude­cía al dejar que las imágenes que se proyectaban en su mente, impulsadas por el opio y la absenta, los trasladara a un lugar distinto y prodigioso.
A un mundo al que solo se podía llegar escarbando en la sombra más oscura de la psique. Un mundo que muchos anhela­ban para evadirse de la realidad. Porque la guerra que vivíamos en esos días resultaba mucho más oscura que cualquier otra alterna­tiva a la que se pudiera llegar.
La ciudad vivía tiempos convulsos de miedo y destrucción.
Y la ciudad éramos todos. Y todos combatíamos cada día por seguir en pie.
En el hospital de San Jaime, donde yo trabajaba como ci­rujano, recibíamos a diario a decenas de personas heridas por la contienda. Y aunque no quedaba sitio alguno para más con­valecientes, hacinábamos a los heridos en camillas improvisadas en las habitaciones y en los pasillos. Cualquier lugar era válido para practicar una operación de urgencia, intervenir la herida de un balazo, entablillar la rotura de un hueso, realizar una am­putación o quitar esquirlas metálicas incrustadas en el cuerpo y en la cara.
En el sótano del hospital amontonábamos los cadáveres en bolsas. Y cada tres días les dábamos cristiana sepultura.
La aviación enemiga castigaba nuestra ciudad con continuos bombardeos. El silbido de las bombas se había convertido en una parte esencial de nuestras peores pesadillas, cuyo recuerdo se loca­lizaba en cada uno de los escombros y de las ruinas que se podían encontrar en las calles a cada paso.
La ciudad era un mapa de la desolación.
Y la ciudad éramos todos. Y todos buscábamos algunos mo­mentos que nos pudieran hacer olvidar la terrible realidad.
En aquellos terribles días, yo también acudía ocasionalmente a El figón del Almirante para tratar de mitigar el agotamiento y la tensión generados por la situación.
Pero aquella noche a la que me refiero fue distinta a las demás. Y me llega a la memoria como siniestra y fatal.
Una noche bien diferente a todas aquellas anteriores que allí había pasado. Y si es así, es porque tengo la seguridad de que en esa ocasión traspasé los confines de nuestra realidad. Que me adentré, aun sin desearlo, en una dimensión del todo desconoci­da, que ya no he podido abandonar jamás.
Llegué a El figón en la anochecida, en el momento en que la ciudad comienza a dormir y parece hacerse estática. Esa tarde no había habido bombardeos. Sin demora, atravesé las cortinas que me abrían el paso a la anhelada estancia de mis sueños.
El simple roce de mi cuerpo con el terciopelo verde oscuro del diván, donde me tumbé para comenzar mi viaje introspectivo, me hizo sentir de manera inmediata la pérdida de contacto con la realidad de mi existencia.
La maestresala del subrepticio lugar, llamada por todos María la China, empezó a preparar en un reservado la pipa de opio. Mientras tanto, yo fui elaborando con ansia la mezcla de absenta y agua fría, añadiéndola poco a poco sobre el azuca­rillo en una copa de cristal de una onza de medida. Después, revolví el licor con una cuchara de plata perforada, hasta que el líquido se hizo opalescente. Y lo bebí con verdadera avidez de un solo trago.
Sentí fuego sagrado en la garganta.
Me tumbé sobre el diván.
Una vez que el agua llegó a ebullición, la China colocó la piedra negra de opio en la cazoleta y me la acercó.
Me recliné para aspirar el humo frío que me llegaba a la boca tras atravesar la larga cánula de la pipa.

Afuera se escuchó la alarma de aviso de ataque aéreo.

Al poco, comenzaron a sonar los motores de los bombarderos Junkers de la Legión Cóndor. Y el caer de las bombas.
Desde el diván pude escuchar el estruendo de las explosiones y el griterío de la gente corriendo por la calle en busca de un refugio.
Se escuchaba el ajetreo tan cerca que, por un momento, pensé que una bomba había caído dentro. Pero seguí fumando de la pipa unos minutos más, hasta que el mundo de las percepciones se abrió dentro de la duermevela a la que había llegado tras pasar por un estado de somnolencia y hormigueo en la piel.
Fue un momento mágico.
Fue entrar en una nueva dimensión. Aquella en la que viven los seres que siempre deambulan a nuestro alrededor, aunque nunca vemos.
Atravesé las siguientes horas ingiriendo sueños feroces sobre la almohada de la noche, con la carne de gallina y con la frente perlada por gotas de sudor.
Escuché risas, susurros, secretos misteriosos y palabras que fueron dichas para no ser oídas por mí. Y, de pronto, aparecie­ron ante mis ojos bestias con formas muy diferentes a las que yo hasta entonces conocía. Seres tan reales como extraños, fantásti­cos e ilusorios que hasta entonces solo habían tenido cabida en el mundo de los sueños o en la mente del alienado.
Traté de levantarme del diván.
La China me detuvo poniendo su mano sobre mi pecho y me dijo con un susurro cálido muy próximo al oído:
—Evita sentir temor. ¿No ves que ellos se alimentan de tu miedo y que si tu miedo es grande jamás te abandonarán?
Desperté con el miedo impreso en el rostro y con su efluvio re­corriendo mi cuerpo a una velocidad mayor que la de mi sangre.
Desperté con una mueca que solo queda registrada si ha existi­do antes el pánico más intenso que uno pueda imaginar.
Entonces, escuché la suave melodía de una flauta dulce.
Fue esa música la que me hizo salir del sueño y regresar a la realidad. Y allí, a los pies del diván, se encontraba un chiquillo. Estaba sentado con las piernas cruzadas sobre el terciopelo verde oscuro y tocaba una pequeña flauta de madera blanca. Era un niño con una cara extremadamente insólita. Todo su rostro era blanquísimo, al igual que el color de su pelo, que le caía albo­rotado hasta los hombros. Y lo eran también sus pupilas, que apenas se diferenciaban dentro de los ojos al tener el mismo color blanquecino.
Aquel chico albino no tendría más de cinco o seis años. La melodía que interpretaba con su flauta era una canción tan lenta como triste: una variación de «Mná na hÉireann», que entraba como fuego en mi alma inflamable. Vestía una camisa blanca con un chaleco de lana azul y un pantalón corto de color gris oscuro. Parecía un colegial, aunque su insólita cara registraba la misma tristeza de aquella canción, que me llegaba en un impacto de confusión similar al que me procuraba su in­quietante presencia.
Me encontré desorientado tras el sueño oscuro que me había envuelto.
Sumergido en la nebulosa que me traspasaba como si yo fuese transparente, intuí que todavía me encontraba en el mundo de los sueños. Aunque todo parecía completamente real.
Observé la pipa de opio y la copa vacía de absenta, y luego miré al chiquillo, que seguía tocando aquella bella y tristísima melodía.
—Oye, muchacho, ¿por qué razón estás aquí? —me atreví a preguntarle—. ¿Por qué tocas esa canción que me trae tan malos recuerdos de amores pasados?
Al oírme hablar, el niño giró su cabeza hasta fijar en mí sus ojos de extraño color nacarado y dejó de soplar la flauta. Parecía como si sus ojos no tuvieran iris. Como si no tuviese siquiera ojos.
—Soy el que te trae la melancolía por recuerdos de tiempos que no volverán nunca más a existir —habló en un tono de voz grave, imposible en un niño de su edad.
—Pero ¿quién eres? —repetí elevando la voz.
—Simplemente soy una parte de ti mismo.
María la China entró en la habitación portando una bandeja, que dejó sobre la mesa alta que se encontraba junto al diván. Contenía una nueva frasca de absenta, una jarrita de agua fresca y los demás elementos necesarios para realizar la prodi­giosa mezcla.
—Dime, China —le pregunté susurrando—, ¿quién es ese niño raro que se sienta junto a mí y me dice cosas terribles con aterradora voz?
—Ahora deberás aprender a convivir con lo que se encuentra a tu alrededor y que hasta ahora no veías.
—No te entiendo, China. —La agarré del brazo.
—Estabas ciego ante una parte del mundo, que solo se percibe cuando superas los límites de la materialidad. Pero no temas nada, Ezequiel, ahora puedes ver las cosas tal y como son.
—Nada de esto es real, China. Esto es debido a esas drogas que me das.
—No, Ezequiel. Lo que ves es parte de ti, eres tú mismo. Solo eso.
—¿Dónde estoy?
—Estás en un lugar seguro. Aquí ya no pueden llegar las bombas.
Caí en el sopor del sueño.
Atravesé la tristeza en minutos de silencio.
Una vez más fui rodeado por seres extraordinariamente in­creíbles. Extrañas formas que solo tenían cabida en aquella estan­cia donde me encontraba, en la que se había abierto una nueva dimensión.
En ningún otro lugar este tipo de formas serían posibles.
Era como si hubiera bajado setecientos setenta escalones para entrar en un sueño inducido por el propio Cthulhu, porque allí había extraños especímenes y seres demoníacos a mi diestra y si­niestra que parecían haber salido del Bestiario de sus Mitos.
Aquellos seres estaban dispuestos a entrar en batalla ante mis ojos dilatados por el opio y la absenta, que ahora volvía a con­sumir reclinado sobre el diván, atendido por las blancas y yertas manos de la China.
Frente a mí estaban los ejércitos del Mundo de los Sueños mi­rándose cara a cara.
Y tras observarse con aviesa inquina, se lanzaron a lucha.
Empezando así una batalla eterna.
Una lucha que se iniciaba sin cesar, porque una vez que fina­lizaba se iniciaba de nuevo de idéntica manera. Se repetían una y mil veces los mismos golpes, las sacudidas atroces y los sangui­narios embates, en los que unos caían mortalmente heridos para seguidamente levantarse recuperados y asestar un golpe letal a su enemigo.
De esta manera, al finalizar la contienda, los ejércitos se miraban cara a cara. Y entonces, sin recordar que ya se habían enfrentado, se arrojaban de nuevo a la lucha.
Supe que se trataba de un círculo continuo que se completaba una vez tras otra. Un bucle temporal donde se sucedía lo que ya antes había ocurrido, pero como si fuera la primera vez que fuese a acontecer.
Me encontré envuelto en un espacio donde todo se repetía monótonamente, sin que nada variara ni un ápice respecto a como había transcurrido la vez anterior. Encerrado en una maldi­ción mayor aún que la de esos seres fabulosos y repugnantes que se batían ante mi asombro, ya que a mí no se me concedía, como a ellos, la preterición y el olvido de las acciones.
Desde ese momento, viví la noche repetida hasta la locura.
Una noche de veneno negro, que me fumaba en la pipa de opio y que me bebía en la copa de absenta en la trastienda de El figón del Almirante, asistido por la complaciente María la China.
Pude verme a mí mismo entrando en El figón. Fumando la pipa de opio reclinado en el diván. Despertando asombrado ante el sonido de la flauta del niño de rostro raro. Observando boquia­bierto a los diablos enfrentados en su lucha feroz, donde nunca había vencedores ni vencidos. Donde solo había espacio para la barbarie y para el combate cruento. Donde nadie recordaba la razón de la batalla.
Y estando atrapado en ese paréntesis maldito, pensé que ya no volvería a la vida y que me quedaría para siempre encerrado en este ciclo onírico continuo. Preso para siempre en las profundas Tierras del Sueño.
Poco más puedo decir: mi nombre es Ezequiel Mengual, pero mi nombre ya poco importa.
Solo deseo salir de aquí.

[Fragmento eliminado]

«Al despertar en el hospital de campaña fui consciente de que me debatía entre la vida y la muerte. Sabía, de algún modo, que aquella explosión se había llevado una parte de mí.

Nada podía recordar del bombardeo. Nada más que el sonido de la sirena de alarma. Los gritos. La confusión que, de pronto, lo envolvió todo.

Sentía un gran dolor bajo mi abdomen. Pedí ayuda con un susurro, al que nadie hizo caso. Los médicos estaban muy ocupados haciendo una maniobra de resurrección a un chi­quillo albino que se encontraba en una camilla junto a la mía.

A los pocos minutos escuché el pitido continuo de la máquina a la que estaba conectado.Pensé que un niño nunca debería morir así.

Sentí, entonces, el frío de las manos de la enfermera cuando me inyectó la morfina en el brazo. Me sentí, de pronto, caer. O entrar en un túnel, oscuro, como la entrada a un sueño eterno de donde ya no se puede salir jamás».


José G. Cordonié, 
de La negra luz del círculo oscuro 
(Caligrama, 2019).



La negra luz del círculo oscuro es una colección de relatos englobados en el subgénero weird fiction, o ficción de lo extraño, en la que podemos encontrar historias que transcurren en un insólito cotidiano, dentro de una atmósfera donde es difícil de definir, en ocasiones, si nos hallamos frente a un hecho extraordinario o ante una creación inexplicable de nuestra mente.
Un hombre que descubre en el espejo que su cara no es su cara, un niño que contacta con el más allá a través de una caracola de mar, un vampiro que se enfrenta a la pérdida de memoria o un hombre que se encuentra con su doble exacto en una difícil y confusa situación son algunos de los temas que puedes encontrar en estos relatos, escritos con una alta dosis de creatividad y originalidad para transformar momentos de la vida de los personajes en situaciones que provocan asombro y extrañeza.

viernes, 31 de mayo de 2019

EL PANTEÓN NEGRO por ABEL SANTOS




Lo que podríamos llamar
el panteón negro de la literatura
ENRIQUE  VILA-MATAS

Paul Verlaine
bebiendo y llorando solo
ante la imagen de Rimbaud
en el fondo verde
de su copa de absenta.

Rimbaud
que ya andaba lejos
de la elegancia de la desesperación
para ir en busca
de las mágicas formas
de la felicidad
que a todos alcanza.

Charles Baudelaire
quemando su herencia y su dones
con aguardiente
mientras el demonio
se agita alrededor.

Edgar Allan Poe
muerto, borracho, en una fría calle
empedrada de Baltimore
envuelta en misterio.

Y un servidor,
que por un maldito amor
casi no lo cuenta
si los del 112 y mi madre
no me hubieran despertado,
en mitad de mi suicidio,
para hacerme un lavado de estómago.

Cuidado, joven poeta.
Cierta poesía es un fuego salvaje.

Que no es bueno tragarse
más de tres poemas malditos
hasta la maldita poesía lo sabe.


Abel Santos, de Huelga decir (Boria Ediciones, 2019)

https://boriaed.com/producto/huelga-decir/

jueves, 30 de mayo de 2019

ARQUITECTURAS Y EXUDACIONES por CELESTE PÉREZ FERNÁNDEZ




ese rayo oscuro,
que un día entró
sigiloso por la ventana
ahí está,
puntual a su no amanecer,
construyendo su nido

*

lo que conlleva tu nombre:

el arrebato,
el delirio,
el entusiasmo,
el frenesí,
la vehemencia;

y tu sombra
que aviva mi sombra

con sus perlas,
con sus lodos.

*

Estas auroras sicarias,
tanta munición
entre costilla y costilla.

Eres tú en mí,
y mi alma en féretro.

Y los buitres en pasto.

*

A veces, te arrancas el corazón. Observas su morfología, su sintaxis, su pálpito de no decir.
Y forjas el íncipit: lo que ha asolado por aquí, aquí se queda.
Y un folio ceniza cae al suelo.

*

Estos gatos ilusorios que me lamen se retuercen de dolor. Les incito restos de heridas y comen de mi ardor invisible. Su ansia es mi calma hasta que uno me nombra el pecho y fija sus huellas. Muerto de pánico en ayuno, con la lengua envenenada entre mis vísceras, es entonces cuando sé que estás ahí.

*

En los bordes de los ríos,
el movimiento de los peces
son los versículos de la duda;
la escamas, evangelios.

Siempre han sido así
las tardes en las que no corre el aire,
las apocalipsis que acechan.
El "todo es relativo",
hasta que lo relativo
deja de conjugarse.

Y las múltiples espinas
que flotan sobre la brevedad:

"¿qué fue primero de la inquietud,
el agua o el verbo?"

*

los poemas
cuando ya no duelen,
cuando ya no respiran;

y el chirrido lechoso
de la próxima úlcera nácar


Celeste Pérez Fernández

martes, 28 de mayo de 2019

HÍBRIDOS 2019: Quinta Jornada.



UN HUEVO, CUATRO SARDINAS

Beatriz del Monte

Un huevo, cuatro sardinas, surge de la necesidad de recordar la figura de La Kika, una mujer que afronta los tiempos que le ha tocado vivir y saca para comer de donde haya. Una mujer sin ideologías políticas, quien todo lo que hizo fue sustento y creación del sistema. 

Como ella muchas otras, mujeres que tuvieron que enfrentarse a una época sin pan, sin recursos y en guerra, donde quedaban al cargo de una familia solas, con el impedimento también de ser mujeres, en silencio. 

Es un homenaje a nuestras bisabuelas, que en su día fueron madres, y a las abuelas que vivieron esta historia nuestra como hijas. 

Es un homenaje a La Kika y, con su historia, a todas ellas. 

Beatriz del Monte 

Creadora de escenas, intérprete y profesora en el campo de la danza. Natural de Madrid y actualmente afincada en Asturias, trabaja en la búsqueda de un lenguaje propio dentro de la escena. Licenciada en Coreografía de la Danza Contemporánea por el Conservatorio Superior de Danza María de Ávila. En 2016 cofunda Microclima Colectivo Artístico, junto a Cristina Meca, con el fin de crear espacios transdisciplinares que creen una red de artistas y faciliten el acercamiento del arte a todas las personas. Colabora con el espacio Musical Impro como profesora en la formación de danza para actores, lugar que le permite beber del teatro y continuar en su búsqueda como intérprete y creadora de escena. Actualmente continúa en esa búsqueda del acto escénico completo, lo que se materializa en piezas en formato de solo como “Malditas Lagartijas”, “Lengua de gato, no es chocolate”, “Entraña Limonera” y “Un huevo, cuatro sardinas”, estrenada recientemente en Espacio DT. Como bailarina ha trabajado con coreógrafxs y compañías como Cía. Mey-Ling Bisogno, Victoria P.Miranda, Danni Pannullo, Sharon Fridman, Cía. Mymadder, Ballet de Cámara de Madrid y Ballet Flamenco de Cáceres. 

Miércoles, 29 de mayo, 20:30 horas. 
Palacio Conde Luna

Entrada gratuita hasta llenar el aforo



domingo, 26 de mayo de 2019

HOY ANTE TI, YA MUERTO por AINHOA MARTÍNEZ RETENAGA




Hoy ante ti,
ya muerto,
escucho la proscrita osadía de tu voz yerma
bajo la semblanza vacilante de esta eternidad ya desgajada.
Cual arbitrio y ambigua entraña,
impuntual esgrimes lo adulterado de tu angostura encumbrada
empuñando imprecisa la significación de este escenario.
Me pregunto quién mora en la bitácora de tu sinrazón urgente,
quién revienta lo bizantino de la respiración
que a mi inexistencia ofrendas anárquica y súbita,
quién inexpugnable dentellea los vestigios de tu convulsión
y culterano se desboca sobre la indigencia de mi mudez profética;
cuál será la terminación de tu extemporánea palabra,
cuál el sigilo que soliviantada custodias
bajo la religiosidad infecunda que en tu vientre hoy anida.
Hoy ante ti,
ya muerto,
acaricio mutilado por el dimorfismo de tus venas
la postración concluyente de esta obscenidad ya imperturbable.
¿Quién sustenta el sacramento de mi aniquilación desvaída?
¿Quién palidece ante la declamación ampulosa de mi pesadumbre sin cielo?
¿Quién derrama, entre tormentas, la esclerosis asimétrica de mi abolición fragmentaria
e indócil se descompone sobre las celosías de tu excomunión sectaria?
¿Cuál será la contorsión de tu halda desmedida?
¿Cuál el hontanar al que encarnizada y acerba sacias
ante el aturdimiento incesante que en tu esqueleto hoy habita?
Insumiso... contemplo la deformación figurada de tu piel primera.
Penitente... la vestimenta impostora de tu agravación compilada.
Insalvable... el reclamo oneroso y vacuo de tu embestida incauta.
Hoy ante ti,
ya muerto.


Ainhoa M. Retenaga


viernes, 24 de mayo de 2019

HÍBRIDOS 2019: Cuarta Jornada.



NIÑOS DE LA CALLE: UN MUNDO DESCONSOLADO 

Antonio Ruíz & Arsel Randez

El sistema de protección de menores ni es una referencia, ni tiene credibilidad alguna entre los menores no acompañados que acceden a España a través de las fronteras sur de Europa. Por ello, decenas de niños se ven abocados a vivir en las calles, exponiéndose a abusos, vejaciones o tramas delictivas. Son víctimas de una sociedad capitalista y racista que atentan contra ellos. Niños que arriesgan sus vidas, haciendo lo que ellos denominan “risky”, es decir, intentar colarse de polizones en un barco que los lleve a la península, poder ir al colegio, conseguir documentación para ir creando una vida y un sueño lleno de libertad, como cualquiera de nosotros. Son niños que huyen del hambre, además de otras situaciones de vulnerabilidad. El gobierno español tiene la obligación de garantizar su seguridad, su cuidado, su educación e integración, tal como establece la propia legislación española. Sin embargo, un 95% de estos niños manifiestan que no quieren estar en los centros de menores por la violencia que reciben. Palizas, aislamiento, intimidación, humillación. Diferentes tipos de torturas a los que se exponen si son expulsados en la frontera. Se proyecta sobre la población la falsa idea de que estos niños son culpables de la inseguridad ciudadana, pero sólo un 10% de los índices de criminalidad “pueden” provenir de estos niños. 

Estas fotografías intentan dignificar, anular el lenguaje tóxico que se utiliza contra ellos y dar rostro a unos pequeños seres humanos con vidas muy duras. Niños que ríen, lloran, juegan y anhelan una vida plena y en libertad. 

Las infancias nunca duran pero todo el mundo se merece una. 

La propuesta es la de proyectar fotografías relativas al tema de la infancia abandonada, explicando cada detalle, causa y consecuencia. Acompañada la proyección de música en directo de la mano de músico leonés Arsel Randez. 

Sábado, 25 de mayo, 21 horas, Gran Café

Entrada libre



jueves, 23 de mayo de 2019

PELÍCULAS PARA NO DORMIR



El poeta, escritor y editor Vicente Muñoz. | MARLUS LEÖN

Joaquín Revuelta. La Nueva Crónica | 23/05/2019

PELÍCULAS PARA NO DORMIR

Vicente Muñoz propone un recorrido por los filmes de terror que más le han impactado y que reúne en una publicación que será presentada este jueves en El Gran Café dentro del proyecto cultural ‘Híbridos’

La tercera entrega del proyecto cultural ‘Híbridos 2019’ es la presentación de la más reciente publicación del escritor Vicente Muñoz, ‘Películas que erizan la piel’ (Canalla Ediciones, 2019), que tendrá lugar a las 21:00 horas en El Gran Café y que contará con la presencia, además del autor, del crítico cinematográfico y colaborador de 'La Nueva Crónica', Emilio López Castellanos. 

‘Películas que erizan la piel’ es la tercera entrega de la Trilogía Cult Movies, precedida por ‘Películas para llevarse al infierno’ (Eutelequia, 2011) y ‘Películas para la penumbra’ (Excodra, 2016), en las que el poeta, narrador y editor leonés Vicente Muñoz Álvarez reseña y comenta exhaustivamente las películas de terror que más le han impactado a lo largo de los años. No las que él considera las mejores de la historia del cine, que requerirían un listado aparte, sino otras muchos menos conocidas, de culto, underground y serie B, que merece también la pena reivindicar.


Un recorrido por el cine de terror, desde los orígenes del mudo hasta la actualidad, analizando y comentando subgéneros y corrientes: expresionismo, vanguardia, gótico, thriller, suspense, gore, etc. 

Con motivo de la publicación del libro el pasado mes de abril, Vicente Muñoz comentaba a este periódico que tanto en la literatura como en el cine, el terror es un género que aunque no es mayoritario sí que tiene fans incondicionales, entre otros motivos porque «el terror es uno de los impulsos básicos del ser humano, como ya decía Lovecraft en su día, y nos toca resortes subconscientes y atávicos que a mucha gente desde luego le motivan», reconoce el escritor, que ya con 8 o 10 años pasó miedo viendo las ‘Historias para no dormir’ de Narciso Ibáñez Serrador. «Como yo aparte de cinéfilo empedernido soy narrador y poeta, la peculiaridad de este libro quizás sea que lo he centrado también mucho en las interrelaciones que hay con la literatura; es decir, con la novela gótica, con la novela sobrenatural, de fantasmas, decimonónica, etc. Quizás sea la peculiaridad básica, que no se trata de un ensayo digamos estrictamente cinematográfico realizado por un crítico de cine, con todo lo que es el análisis concienzudo de las secuencias de la película en cuestión, sino más bien como una especie de diario personal de un escritor en el que recomienda los filmes que más le han impactado. De ahí que no sea en absoluto una selección exhaustiva y cerrada, sino más bien un catálogo meramente subjetivo, porque para empezar el 85% de las películas reseñadas están comprendidas entre las décadas sesenta y setenta del pasado siglo, en detrimento del cine clásico de terror de la Universal de los años 30 y también del que vino posteriormente. Se picotea más o menos en cada década –desde el propio cine mudo– una serie de títulos, pero el grueso del libro está centrado en el cine de terror de los años 60 y 70», reconoce Muñoz, que ha elegido para la portada un diseño de Martín del protagonista de ‘La matanza de Texas’, deTobe Hooper, «una película que la verdad pone los pelos de punta».

miércoles, 22 de mayo de 2019

HÍBRIDOS 2019: Tercera Jornada.



PELÍCULAS QUE ERIZAN LA PIEL 

Vicente Muñoz Álvarez & Emilio López Castellanos


Emilio López Castellanos, periodista y cinéfilo leonés de largo recorrido, presenta el tercer volumen de la Trilogía Cult Movies, de Vicente Muñoz Álvarez, Películas que erizan la piel (Canalla Ediciones, 2019), dedicado íntegramente al género de terror en sus distintas vertientes.

Películas que erizan la piel es la tercera entrega de la Trilogía Cult Movies, precedida por Películas para llevarse al infierno (Eutelequia, 2011) y Películas para la penumbra (Excodra, 2016), en las que el poeta, narrador y editor leonés Vicente Muñoz Álvarez reseña y comenta exhaustivamente las películas que más le han impactado a lo largo de los años. No las que él considera las mejores de la historia del cine, que requerirían un listado aparte, sino otras muchos menos conocidas, de culto, underground y serie B, que merece también la pena reivindicar. 

Un recorrido por el cine de terror, desde los orígenes del mudo hasta la actualidad, analizando y comentando subgéneros y corrientes: expresionismo, vanguardia, gótico, thriller, suspense, gore, etc. 

Presenta y dirige el coloquio con el autor Emilio López Castellanos. 

Jueves, 23 de mayo, 21 horas, Gran Café. 

Entrada libre hasta llenar el aforo



lunes, 20 de mayo de 2019

3 POEMAS de CRISTINA FLANTAINS




LA CASA

Mi casa tiene unas puertas grandes
en medio del muro de ladrillo rojo
y tiene, también, un esbelto tejado
que hace resbalar la nieve y la lluvia
casi sin darles tiempo a tocarlo.
Detrás de las puertas cerradas, cerradas,
debajo del tejado de acertada cumbre,
dentro del muro de ladrillo rojo
están los restos de un viejo fuego
y los pedazos de algún cataclismo
y una vieja maleta que alguien
se olvidó de deshacer.

Mi casa es poniente,
punto cardinal del punto donde
el sueño sueña, es instante que crucifica,
la gota de sangre que redime,
la risa que no cesa. Y cuando consiga abrir
la puerta grande que en medio de muro
de ladrillo rojo espera, espera cerrada, cerrada,
será rayo de luz.


HORAS CIEGAS

Visito mis odios
en las oscuras horas
de las tardes de domingo
con la boca llena de ira
y un miedo pavoroso
entre las manos,

su maldito frío
y la ceniza de los cuerpos
sobre la que dibujo
un corazón que, sin falta,
ha de latir
el lunes.


VIDA, CAMINO Y SUEÑOS

Yo vivo en la vida que Tú vives
no hay otra vida en que vivir

y en Tus huellas encuentro mi camino
no hay otro camino que seguir.

y sueño los sueños que Te sueñan
no hay otro descanso más que en Ti


Cristina Flantains, de La quilma de sembrador (y la clemencia de Maldoror) (Eolas Ediciones, 2019).


ANA GRANDAL: 3 relatos de MICROSEXO.



MELONES

Él poseía una maña asombrosa para los melones. Siempre escogía el más dulce, el más jugoso. Cuando llegaba del mercado, ella le rogaba que lo abriera y juntos aspiraban el voluptuoso aroma estival de la fruta. Él cortaba dos tajadas que comían como chiquillos, recreándose en los mordiscos plenos de sabor, chupando con deleite la fresca pulpa que derramaba un zumo espeso que les chorreaba por la barbilla e iban recogiendo con lametazos gustosos.

Más tarde, cuando él dormitaba la siesta en el sofá, ella entraba con sigilo en el dormitorio y se masturbaba frenéticamente, imaginando lo que sería que él venciera la repugnancia que le provocaba el sexo oral.


IMPÚBER

—Buenas noches, preciosa. ¿No habré despertado a la peque, verdad? Mira, que te llamo para decirte que la cena se va a alargar un poco, el jefe ha empezado con sus chistes y ya sabes cómo son estas cosas, si no me quedo a reírle las gracias luego me pone cara de perro en la oficina… No, no me esperes despierta.. Un beso para ti también.

Satisfecho con su excusa, vuelve a la mesa a continuar con la faena. Angelines, la de contabilidad, quiere rollo, no cabe ninguna duda. Ha pasado toda la noche lanzándole miraditas insinuantes y, en los postres, arrimó la silla y sus muslos con clara intención restregona. «A ver lo que me cuenta la de contabilidad», piensa, divertido.

Angelines se ríe y le habla cada vez más cerca, magreándole la pierna con la mano y rozándole el brazo con las tetas. Él se deja hacer, hasta que ella, casi abalanzada sobre él, le susurra al oído:

—Me voy al baño. ¿Te vienes?

Desde el parto, su mujer se ha mostrado esquiva y desganada; él no se lo reprocha, pero tampoco va a desaprovechar una ocasión así. Claro que las cuatro o cinco copas que lleva en el cuerpo también ayudan.

El de los tíos está vacío. Se empiezan a sobar con hambre. Él le mete la mano debajo de las bragas y sus dedos se topan con una superficie desnuda y blanda, sin un solo pelo, tan suave como el pubis de su peque cuando le unta cremita para que el pañal no le dañe la delicada piel. Ella jadea: 

—¿Te gusta? Me depilé ayer pensando en ti.

A él le da una arcada y vomita encima de Angelines.


FLUIDOS

Es su aniversario y, como cada año, reservan la suite Noche de bodas en el gran hotel. Se hacen llevar a la habitación una cena ligera, acompañada de una botella de cava; mientras, se llena la espaciosa bañera con forma de corazón, el sugestivo reclamo para los tortolitos que van a ocupar la pieza. Se sumergen en el agua jabonosa, dejando que la espuma acaricie levemente su piel. El líquido, caldeado a la temperatura adecuada, les arropa con una tibieza que va despertando sus sentidos, que poco a poco se inflaman y llevan sus jugos internos al punto de ebullición, una caldera hirviente entre las piernas. Se tocan, se abrazan y él la penetra allí mismo, mecidos por las aguas ardientes y humeantes, las únicas que pueden ya encenderlos.


Ana Grandal, de Microsexo

(Amargord Ediciones, 2019)