jueves, 19 de septiembre de 2019

SIEMPRE ESTARÁS BIEN por FELIPE J. PIÑEIRO




Siempre estarás bien
aunque sea estrecha esta, tu celda,
ganes o no,
falso o cierto,
del ajedrez, el mejor,
el peón.
del juego la improvisación,
el movimiento,
de la vida la realidad,
el acto.
Quisieras volver,
pero la consecuencia de ello
conlleva demasiados significados.


Felipe J. Piñeiro, del libro En dirección contraria (2019)


jueves, 12 de septiembre de 2019

LA OFRENDA Y EL FUEGO por JULIA ROIG



Me tenso en los extremos 
que no vengo a negarme
sino a ser descarada
hasta que tus miradas me sepulten

Describir la raíz que me inunda
desde el dique que rompo
por el habito de libar herrumbre
grieta, noche
y ser hallazgo

Saliva o halo de luz
guía
sin más perfume que el de la carne
Una estirpe de intentos de caricias densas
con los que elevarse
y fabular el combate con uno mismo

Magia negra de aprenderse antes de tiempo
y darse ramas de sol
antes de llovernos
en los mataderos del deseo

Braceando en las dunas
pero ceñida por todos los mares
Yo quiero tocar la palabra por dentro
y ser la ofrenda y el fuego
Ser la nuca encañonada en cada vuelo
y estar muy vivos
Eternos y desconocidos
Desprotegerme habitando la incomodidad
Tenerme en la ebriedad de las palabras
antes de la caída en picado

Sin mapas,
llegarse como único rito
cabalgar el dominio una vez
sin drama

como el que diluye el mármol con un susurro


Julia Roig, del blog Miss Desastres Naturales.


miércoles, 11 de septiembre de 2019

SEDENTARISMO APLICADO por JOSÉ YEBRA



no disminuyó el amor
por la evidente ausencia de sufijos
no
quizá era sólo el devenir
de los tiempos
ese que no se ciñe al arnés
de dos mil y pico años
de contrición contra natura
no
y las tribus vuelven a ser nómadas
con la convicción
de astuta pertenencia
a este suelo que nos acoge
que no es mío
no es tuyo
y es de ambos a la vez
porque la dificultad de la ira
deviene de ese exceso de posesión:
ese miedo a morir inútilmente
como si la revelación de nuestros pasos
se moviese en paralelo a toda
rotación planetaria
no
volvemos a madrugar
entre opiniones y cafés
bien cargadas
bien cargados
y nos miramos incrédulos
porque nadie jamás
se atreverá a estirar su brazo
ofreciendo una mano
condescendiente
amiga altruista
del nido del olvido
para así cerrar
de una vez
y para la eternidad
el círculo humano 
y sus consecuencias 
o no


José Yebra,
de Sedentarismo aplicado
(Suburbia Ediciones, 2019)



martes, 10 de septiembre de 2019

LA CIUDAD QUE TE HABITA: Javier Vayá Albert.




Libro de relatos conceptual que gira en torno a la ciudad como ente amenazante y fagocitador del ser humano. El estilo mezcla realismo social, a veces sucio, con cierto tono fantástico cercano al extraño-cotidiano. A lo largo de los dieciséis cuentos se repiten ciertas situaciones o reflexiones de los personajes con la intención de dar continuidad y favorecer la atmósfera claustrofóbica. Un hombre que se pierde en la ciudad, una pintora con sinestesia, un asesino de niñas, un duende, una viuda o un viejo policía obsesionado con el elevado índice de suicidios, son algunas de las historias que conforman La ciudad que te habita. Cada una de ellas es un transeúnte que se cruza con otro, quizá relacionado o no.

Bajo el marco de la crisis económica, la obra posee un marcado tinte de denuncia social mientras transita por distintos géneros y derroteros. La ciudad es una Valencia disfrazada, parcheada por retazos de otras ciudades, que actúa como personaje principal asfixiante y catalizador de la existencia de sus habitantes. Hasta el punto de ser esta la que termina por habitarlos.



viernes, 6 de septiembre de 2019

SOBRE TRAVESÍA




Travesía (Chamán Ediciones), el que creo es el mejor libro del poeta Vicente Muñoz Álvarez. Una poesía crítica con la existencia desde una poética de huida, en busca de esa puerta enclavada en la realidad: “y esa enigmática clarividencia a veces… a veces…” Fragmentos, trozos, poemas en prosa de gran belleza. Muñoz Álvarez es literatura. 

Enrique Villagrasa 

Libro rico en metáforas, referencias literarias, referencias a sus libros anteriores, pleno de vida, nos sugiere navegar por sus páginas convirtiéndonos en los capitanes de nuestros propios navíos, pues esa es la enseñanza de un libro tan pleno, tan redondo como Travesía, debemos tener la plena consciencia de ser nosotros mismos, de no perder nunca el rumbo. Y quién mejor para mostrárnoslo que un viejo lobo de mar como Vicente Muñoz Álvarez. 

Pablo Malmierca 

Con este libro lleno de jalones cartográficos vitales, Vicente Muñoz nos lleva del lado del alma nómada (sabiendo que el nómada es un alma que persiste en un mismo territorio, esto ya lo dijo Deleuze), con un estilo tabernario en lo rotundo y festivo pero también de sutil –y marinera- melancolía. 

Esther Peñas 

Hacía tiempo que una lectura no me emocionaba tanto como Travesía de Vicente Muñoz Álvarez. Es difícil encontrar algo hoy en día con ritmo poético que te impacte y te haga reconocerte a ti mismo como este libro. Hacia varios años que no me llegaba tanto un libro de nuestra tierra... Un regalo, sin duda, a los sentidos. Una vez más, ante Vicente, me quito el sombrero. Simplemente, brutal. 

José G. Cordononié 

La variada polisemia del título de la obra hace que cualquier lectura de los capítulos sea doble: coherente con el texto y entre sí, formando una armonía con la temática general. Las narraciones se distribuyen entre la enumeratio y la narratio, con sus exigencias creativas. El trasfondo creador es un vendedor de zapatos con sus esclavitudes, que recuerda las excelentes lecturas de ciertos autores bajo la forma de líricos fragmentos, buscando una idea unitaria. 

Nicolás Miñambres 

En Travesía, Vicente Muñoz mira hacia el pasado, o hacia el mismo presente, desde un instante en el que el tiempo —pero no el movimiento— se detiene. Se pregunta el autor desde ese punto por el posible acierto, o no, en los caminos tomados, y por el ‘que hubiera sido si…’ de los caminos obviados. Respuestas que generan nuevas preguntas, y nuevas preguntas, a su vez, que surgen dentro de las mismas respuestas. 

Luis Sánchez Martín 

El nuevo libro de Vicente Muñoz Álvarez, Travesía, pone el foco a los estados de desánimo, los desengaños, el paso del tiempo o el tiempo detenido, un canto a la ciclotimia y la desorientación. Página a página se va cavando un boquete en el pecho del lector, se levanta el viento y nos abrazamos a nuestra propia Babilonia, reconociendo nuestras ruinas.

Julia Roig 

Vicente Muñoz vuelve a sumergirse en el viaje de su vida en este nuevo libro, el segundo volumen de la trilogía La llama encendida, que inició con Días de ruta (Lupercalia, 2014). Aquel primer paso para narrar la aparente dialéctica de sus dos oficios- comercial de calzado y escritor- ha desembocado en Travesía, un itinerario existencial que se abre con su habitual prosa poética a esos detalles íntimos que aderezan su escritura, nutrida de esos dos polos totalmente antagónicos: el alienante mundo del capitalismo y el de la ensoñación del poeta, más reflexivo e introspectivo. 

Camino Sayago 

Disfrutando de Travesía visitando lugares comunes desde la intimidad de la palabra, la ensoñación, el corazón abierto; saboreando el paseo por el lado más poético de la vida de la mano de Vicente Muñoz Álvarez. Un libro con una cuidada edición; un cofre repleto de delicadas perlas. 

Julia Navas Moreno 

Hay dos palabras que me obsesionan: honestidad y valentía. Eso es lo que más me gusta de Vicente. Y las incesantes preguntas, y el anclaje tan arduo al presente, y la fugacidad de la maravilla, y lo incontrolable y oculto que hay en nosotros, en mí… Una travesía para la que yo también tengo billete. 

Ana Grandal

Travesía, a pesar de su nombre, no es un libro de viajes. Es un libro que narra el viaje de una vida, el de cualquier vida, el de la tuya o la mía. Y la del autor, por supuesto, con todo lo que de audaz tiene el acto de asomarse a uno mismo para dolerse y alborozarse, para comprenderse y malinterpretarse, para sorprenderse incluso al ver que la imagen que devuelve el espejo nada tiene que ver con el propio rostro. 

Pablo Cerezal



miércoles, 4 de septiembre de 2019

PRESA FÁCIL por SAMUEL BRESSÓN



Comprendíamos el sexo de la misma forma; sin ningún tipo de tabú ni apenas límites. Sin embargo lo que a Sandra realmente le ponía, lo que la motivaba por encima de cualquier otra cosa, era hacerlo en lugares públicos. A mí también me gustaba pero para ella suponía el súmmum del morbo y la excitación. Cuando lo estábamos haciendo en algún lugar, en el que podía sorprendernos alguien en cualquier momento, su rostro se transfiguraba. Su respiración se aceleraba furiosa. Todo su cuerpo era presa de un estremecimiento febril que se apoderaba de ella y la poseía. La misma noche que nos conocimos me había abierto la bragueta en la Plaza Mayor de Palma, a las tres de la mañana, y me la había chupado allí mismo, sin previo aviso. Con aquello me estaba mostrando por dónde iban a ir los tiros aunque ni en mis más delirantes sueños habría sido capaz de imaginar hasta qué punto iba a ser así. Tres meses después lo habíamos hecho en todos los lugares imaginables, incluso para mi imaginación que ya es bastante retorcida. Aseos de bares, de restaurantes, en la última fila del cine en sesión nocturna, en callejones, en probadores de tiendas, en el ascensor... A veces, volviendo a casa de madrugada de borrachera, nos metíamos en algún portal que estuviera abierto y lo hacíamos en la escalera entre dos pisos. El problema mayor con aquello era que su grado de excitación no se mantenía estable en un determinado grado de riesgo. Con esto quiero decir que si le gustaba hacerlo en probadores de tiendas no iba a ser siempre así. Llegaba el momento en que le sabía a poco y necesitaba, por así decirlo, pasar al siguiente nivel. Y yo no sabía si aquella escalada tenía un fin, o por lo menos un fin que no implicara cárcel. Y en el caso de que lo tuviera ¿qué sucedería después? ¿Una vez traspasados todos los límites iba terminar la relación? Aquellas cuestiones me intrigaban aunque no sabía cómo exponérselas, sin que resultara ofensivo, y simplemente me dejaba llevar. Debo reconocer que era un juego en ocasiones bastante arriesgado pero muy excitante y divertido. Yo me hallaba en un período de mi existencia en el que sentía que ya no me quedaba nada que perder y todo era ganancia. No estaba dispuesto a renunciar a experiencia alguna que me atrajera por inconveniente que resultara. De hecho cuánto más cerca andaba del límite más vivo me sentía, como si la muerte me fuera a atrapar si me quedaba diez minutos sentado sin hacer nada. 

Sandra llevaba tiempo insistiendo en que quería hacerlo en un autobús. Yo le decía que aquello me parecía logísticamente imposible pero ella insistía en que se podía. La cuestión es que el asunto se había ido posponiendo hasta que, una mañana yendo en bus hacia la playa, me cogió de la mano y me llevó hacia la parte de atrás guiñándome el ojo. Comprendí que había llegado el momento y me inquieté. A pesar de estar, gracias a ella, sobradamente entrenado en ese tipo de situaciones aquella se me antojaba especialmente dificultosa. Se trataba de un espacio cerrado, a plena luz del día, en el que había gente y además se encontraba en movimiento. No había forma de interrumpirlo con dignidad o huir en caso de que algo se torciera. Por suerte solo estábamos unas catorce o quince personas, en aquel momento dentro del autobús, y supuse que aquella era una de las razones por las que había decidido que el momento era aquel. Me llevó hasta la última fila de asientos, me indicó que me sentara junto a la ventanilla y se sentó a mi lado. Lo cierto es que ya estaba cachondísimo, Sandra había despertado en mí un sentimiento de enorme excitación ante ese tipo de situaciones y ya, al igual que ella, cuando llevábamos un par de días sin hacer algo así lo echaba en falta. No tenía remedio; era un inconsciente. Era presa fácil para cualquier situación que se saliera de lo normal. Decidí ignorar mis grandes dudas acerca de la viabilidad de aquello y, como tantas otras veces, dejarme llevar por ella. Y allí estábamos, en la última fila del bus preparados para echar un polvo de algún modo que yo desconocía. No había nadie cerca; estábamos solos de la mitad del autobús hacia atrás. Entonces sin tan siquiera mirarme, y con una destreza que solo posee con respecto a un asunto quien lo ha manejado sobradamente, me desabrochó la bragueta y comenzó a masturbarme antes de que pudiera darme cuenta de que estaba sucediendo. Su habilidad y el sentimiento de hacer algo con seguridad más inadecuado, expuesto y pervertido de lo que habíamos hecho nunca hizo que se me pusiera dura en un momento. Entonces, de forma absolutamente sencilla y natural, con un leve movimiento felino se desplazó encima de mí. Antes de que pudiera darme cuenta estaba sentada sobre mis piernas, dándome la espalda y la tenía dentro. Todo lo que yo había imaginado, como un sofisticado plan de ingeniería, había sucedido en apenas un segundo y sin mediar colaboración por mi parte. Incluso su faldita había quedado acomodada de tal forma que cubría el perímetro necesario para que no se pudiera adivinar lo que sucedía debajo. Entonces, sin que estuviera pareciendo en absoluto que algo sucediera, con un experto y apenas imperceptible movimiento de cadera, se me estaba follando. Me sentía más excitado de lo que me había sentido nunca en mi vida y veía que no iba a aguantar mucho. Lo cual en parte me aliviaba ya que era una excitación aderezada de gran inquietud. “Me voy a correr, cariño. No aguanto más”, dije. “Córrete mi amor, quiero sentir como te corres dentro de mí”, contestó. Estaba a punto de hacerlo cuando el autobús se detuvo en una parada y subió una señora de unos setenta años. Estaban prácticamente todos los asientos vacíos e incrédulamente vi cómo, poco a poco, caminaba hacia nosotros hasta sentarse en el asiento justo delante del nuestro. Sandra no se inmutó y de hecho pareció sentirse más estimulada, continuó trabajando el asunto remarcando y recreándose más en cada movimiento. Sin embargo a mí aquello me cortó el rollo por completo y se me aflojó al instante. Sandra se dio cuenta y puso más empeño en el movimiento tratando de levantarla de nuevo. De pronto ya no era un contoneo sexual y cadencioso, ahora parecía más un ultimátum. Una exigencia un tanto agresiva de que mi cacharro volviera al trabajo. Yo sabía que ya no había nada que hacer; desde el momento en que aquella señora se había sentado delante nuestro la aventura había terminado. Sin embargo Sandra era tozuda y se negaba a aceptarlo y sus acometidas comenzaban a resultar dolorosas. Aparte de tener el asunto en estado vegetativo ya casi no sentía la pelvis. Entonces el bus volvió a parar y entraron unas cuantas personas. Entre ellas otra señora aparentemente de la misma edad que la anterior y con un aspecto muy parecido. La que estaba sentada a nuestro lado alzó el brazo animadamente para hacerse ver. La otra señora al verla se acercó y se sentó un asiento más allá del nuestro. Es decir; yo estaba sentado junto a la ventanilla, Sandra encima de mí y la señora se había sentado a un asiento de distancia de nosotros para hablar con su amiga del asiento delantero. Estábamos atrapados; no había forma de revertir la situación. Era como si algo nos estuviera diciendo que nos habíamos pasado de la raya y ahora merecíamos estar allí, encajonados entre dos señoras que hablaban de recetas de cocina. Me sentía abatido y me inundó una profunda desazón. Por algún motivo tenía la sensación de que el fin de aquel polvo significaba el final de mi historia con Sandra. No había ningún motivo objetivo para pensar aquello pero no podía evitar sentirlo así. Las dos señoras resultaron ir hasta la última parada del trayecto, que estaba a casi una hora de viaje de la nuestra. De camino aprendí a hacer alubias pintas, carne estofada y bizcocho con pasas.


©Samuel Bressón

martes, 3 de septiembre de 2019

UNA DROGA PARA CADA PERCEPCIÓN por SERGIO MAYOR



Entonces tomaba drogas por razones subversivas. A los catorce años frecuentaba una bolera de la calle Canalejas. El encargado parecía un mesías del infierno y yo un autodidacta criminal. Me aficioné a las drogas enteógenas por influencia de Huxley, Michaux, Burroughs, Trocchi… Esos apologetas me enseñaron hiperespacios en una gota de ácido lisérgico. Descubrí que hay una droga para cada percepción de la National Gallery, un alcaloide para un cuadro de Vermeer, un receptor neuronal para, digamos, una gaviota sobre la piedra de un río de 1970. Yo era un pobre diablo, pero si añadía un tubo de bustaid a la ginebra, lograba la theiosis. Era una vida. Entraba y salía por las cronotopías y los hospitales. Perdí una playa y no me importó; Salinetas regresaba en las pensiones y el océano me subía por las venas. Hablaba de Blake. Perdí una ciudad pero sabía llegar cada noche a Carvajales. Perdí una mujer y eso no tuvo remedio. No encontré jamás una réplica de ella. Un solo principio sintético de ella. Y eso que era un taumaturgo, un tipo capaz de hacer aparecer una mujer del siglo trece por la ventana ojival de un palacio de Praga. Viajé. Probé los hongos que contienen el principio activo de la selva. Mordía un pedazo y aparecía el río, la mamba, la pantera. 
Puede que esto sea enfermizo. Como aquella vez que la absenta me llevó a un bar de Waxahachie, Texas. Recuerdo un búfalo mecánico, un laberinto, una prostituta que lloraba borracha, escayolada. 
Entonces hacía un ángel de las fumadoras de crack y las mendigas amputadas.

Ha pasado el tiempo. Ahora tomaría drogas por razones reaccionarias. Ya solo quiero ser un heredero, un tipo que regresa a la casa de la playa, la destruida, y se sienta en la terraza y mira el mar que mirábamos los muertos.


Sergio Mayor


lunes, 2 de septiembre de 2019

LA VOZ ESTREMECIDA: 4 poemas.




VERSO

Existe un verso alucinado
que cae sobre tu percepción.
Existe un verso sin imágenes
que apedrea tus sentidos.
Existe un verso psicótico
que agarra tus entrañas.

También, existes tú,
tu falta de claridad
tu ausencia de referentes
tu anfibología apresurada.

Ese vivir entre imágenes
ahuyentando las palabras,
ese huir de la cadencia
asaltando las formas.

Destruyes más que creas,
nombras más que defines.
Eres la catálisis
de la inmovilidad.
Eres la  decantación de los referentes.
Eres... la poesía que  busco.


SONIDOS

Agotado,
he quemado las raíces,
los abrojos,
la senda que piso,
el tú, el yo.

Solo me quedan imágenes inconexas,
perdidas en la ausencia de referentes.

Me concentro
en los sonidos
que me dictan los ecos de mi cuerpo.

Sin música,
ensimismado en mis cadencias
la nada crea mi poesía.


EPÍGONO

Entre tus palabras
encontré cadáveres exquisitos.
El eco de tu voz
era un sonido impostado.
Las solapas de tus libros
escondían el polvo de otros nombres.

Quise acercarte al vacío,
pero su presencia
te hacía reptar hacia su borde.

Mientras él te observaba desde el fondo
convertido en cenizas,
intentaba la reconstrucción.

Nunca reparaste en su presencia,
pero te observaba  con inseguridad,
con sevicia.

Erais extremos opuestos:
tú cubierto con el laurel de los vencedores,
él habitante de los límites del desierto.
Tú suplicante,
él engrandecido.
Él cansado de las mismas palabras,
él ansioso por quemar el lenguaje.
Tú crecido en las palabras de la tribu,
él disfrutando del vacío que cobija.


WALKING DEAD

Escribo desde el no lugar
donde las voces se entrecruzan.
El no lugar donde unas voces muertas
cantan al vacío del olor a cadáver.
Voces que fagocitan
el peso de sus versos.

Rodeados de cuerpos muertos,
intentamos evitar su inmundicia.

Entre fonemas lejanos,
intentamos percibir nuevas cadencias.
Entre sonidos anclados al pasado,
buscamos gritos que refresquen nuestras voces.

Sabíamos a lo que nos enfrentábamos,
sabíamos tanto de vosotros...

Somos la nada que acompaña,
somos el vacío de la ausencia,
somos la locura de la inopia,
somos lo inhóspito de las palabras.

Vivimos colgaos bocabajo,
vivimos enterrados en vida,
morimos en cada poema,
resurgimos con cada nueva voz.

Seremos tanto como diferimos,
pasearemos el sonido de nuestros huesos,
haremos tambores con la piel
de nuestros precursores.

Inventaremos la voz que atenaza,
el sonido de la fractura,
la luz de un nuevo amanecer.


Pablo Malmierca, 
de La voz estremecida
(Eolas Ediciones, 2019).




martes, 27 de agosto de 2019

ANIMALICÉMONOS: David G. Lago.




El «análisis lírico» que marca el tenor de Animalicémonos se apoya en un estilo de la transparencia: la escritura no pesa tanto por su énfasis sintáctico como por su rotundidad conceptual. David G. Lago impregna sus poemas con una claridad casi apolínea. Como en todo proyecto ético —y el suyo indudablemente lo es— el lenguaje se vuelve una piel fina, incolora, que deja ver la sangre que fluye bajo ella. Se podría decir que, en Animalicémonos, las palabras desaparecen para entregarnos la realidad. […] Se pregunta David G. Lago, entre escandalizado y pesimista: «¿Por qué no viviremos/ como olfatean los conejos,/ con interés y sin cronómetros,/ metiendo las narices/ donde haya que meterlas?». Y, en esta misma nostalgia del conocimiento sensorial, sentencia: «Ya nadie escucha./ Ya nadie huele».

Pedro Alberto Cruz

El poeta, desde su sensibilidad animal, desde el inconformismo y el deseo […], desde su misión prometeica, construye un imaginario que nos extravía y nos descubre en cada uno de estos seres vivos que son, que somos, siempre nosotros. Después del poemario solo somos cuerpos que laten con lirismo hacia una única certeza: «Hemos/ de contemplar nuestra animalidad».

Celia Corral


lunes, 26 de agosto de 2019

1 POEMA de JORGE M MOLINERO




Porque tu adiós así que pareció huida
porque te escribo y vives en el poema
porque heredé tu pragmatismo: NO

preocuparse por la incertidumbre
no pensar en lo que no tiene remedio.

O porque chilena me sostiene
me abriga y se desnuda: porque

me ha enseñado a llorar
cuando la muestro mis fantasmas.

Porque no acepto que este domingo
no estés en el cumpleaños de tu nieta.

Porque no has venido en sueños: estoy

aquí: es injusto que cargues toda la pena y
la rabia en mamá y mis hermanas. Ven

enséñame a pintar un palomar herrumbroso
de la vieja Castilla. Tomemos un Cigales y
déjame presumir por última vez ser
el hijo del rey de La Rondilla. Permite que

pague esta vez.

A pocos días de tu muerte
buscando en tus pantalones la tarjeta
de suscripción a El País, encontré dinero y
se lo di a mamá. ¿Cómo se te ocurre bajar
sin monedas para Caronte? Espero que

te haya fiado: guardo en los bolsillos
unas de más para cuando también
yo me vaya.

Pero antes tienes que venir a verme y
que se haga latente el dolor. No dejes todo
en las espaldas de mamá y mis hermanas.


Jorge M Molinero


domingo, 25 de agosto de 2019

MARIBEL M: 4 Poemas.




PIEDRAS AZULES

(Si digo que las piedras son azules, es porque azules es la palabra justa, creedme)
Flaubert


Te inclinas sobre la arena
para coger una última piedra.

El mar está en calma,
y hace días que el viento duerme tras la montaña.

Metes las manos en los bolsillos,
y sacas un puñado de piedras.

Con las manos abiertas las miras:
bajo la luz de la luna todas se han vuelto azules.

De pronto, tu corazón tiembla
en la memoria de otras noches.

Decides, entonces, volver sobre tus pasos.

Mañana, a la luz del día,
volverás a mirarlas.


RECORDANDO A IVÁN ILICH

Y llega ese momento en el que te preguntas si quieres estar donde estás.

Si quisiste estar donde estuviste.

Si querrás estar, donde si no haces nada por evitarlo, estarás.

Y vuelves a sentir ese vacío.

Ese inmenso vacío.

Y cierras los ojos y te maldices,
porque sabes que
nada va a cambiar tu destino.


VACÍO

Sentada en un banco del paseo. El mar en calma, en frente.
Los ojos miran hacia el cielo.

La mirada, ahora, clavada sobre la linea blanca y etérea de humo
que acaba de dejar un avión.

Una estela efímera como vaho de aliento en los días fríos.

Rastro níveo sobre el azul inmenso
que se va difuminando hasta
perderse.

Igual que su vida, piensa.

Lo mismo que su vida.


ESA VOZ

(A quienes escriben desde adentro, desde lo que sienten)

Encuentra tu propia voz.
La tuya.
La que sale de tus entrañas.
Esa, incluso, que te niegas a escuchar porque te avergüenzas.

Escucha esa voz y lánzala hacia fuera.
En un papel, en un lienzo; con tus manos, con tu garganta, con lo que sea que sepas expresarlo.

Grita tánto y tan fuerte como puedas. Quizás haya quien te escuche. Quizás no.
Pero eso no importa.
Nada importa si esa voz no llega para salvarte. Para remidirte o sanarte.

Nada sirve si no te reconoces en ella, y entiendes que tu vida es todo aquello que te envilece y te hace grande, también.

Dale forma, déjate llevar, y dale forma.

Tu creación llevará esa música única y hermosa: La tuya.


Maribel M


sábado, 24 de agosto de 2019

MI DELICIOSA BENDICIÓN URBI ET ORBI por VÍCTOR PÉREZ




Un día, a los diecisiete años, Iggy Pop se fumó un buen porro en un río y se dio cuenta de que no era negro.

Otro día se cansó de mirar los culos de los demás miembros del grupo desde la batería.

Otro día afinó todas las cuerdas de su guitarra en la misma nota: en sí mismo. Y aquello sonaba como un avión despegando.

Otro día se dio cuenta de que lo que le iba en el escenario era imitar los movimientos de los chimpancés, o de los babuinos cuando van a atacar.

Otro día Iggy se dio cuenta de que le gustaba coger el micrófono y aspirar, y bajar octavas.

Otro día cogió un poco de mescalina y una pala y quiso construir una casa sin tener ni idea.

Otro día los miembros de los Stooges se disolvieron y volvieron con sus madres.

Otro día Iggy no quiso dejar atrás aquella música demente de los inicios, aquella música para vagabundos hecha por vagabundos.

Otro día se dio cuenta de que había que ser sencillo y a la vez potente.

Otro día decidió poner los amplificadores a tope. Diez Marshall apilados, a ver qué pasaba.

Recuerda todo esto, cuéntaselo a tus hijos y a los hijos de tus hijos. Y no lo olvides jamás.


Víctor Pérez


viernes, 23 de agosto de 2019

PELÍCULAS QUE ERIZAN LA PIEL en LA CABINA DE NEMO



El trabajo detectivesco (mucho material difícil de encontrar) y de visionado de Vicente Muñoz Álvarez es impecable. De forma asertiva, inteligente y, por supuesto, apasionada, nos incita a investigar y a disfrutar de muchísimas joyas ocultas del séptimo arte.

Nuevamente, una editorial independiente, en este caso Canalla ediciones, apuesta por una forma refrescante y diferente de mostrarnos el cine de horror, contando con la particular visión del mencionado autor. El mismo Vicente es consciente, y nos confiesa, que su lista está regida bajo elementos analíticos objetivos y por supuesto, en muchas ocasiones bajo un delicioso punto de vista subjetivo, factor con el que el autor nos sorprende al incluir ciertos títulos a priori no conectados con el género, con los que finalmente consigue crear una conexión para pasmo y delirio del lector. 

No es un libro fácil de redactar, ya que la búsqueda de ciertas cintas se antoja prácticamente imposible e incluso quijotesca, pero el resultado es más que notable, consiguiendo el tesoro más preciado que puede obtener un autor: El interés absoluto del lector y la subsiguiente investigación de este, para indagar y conocer más datos acerca de esta oscura facción del séptimo arte. Descubriremos cómo ciertos actores y actrices (algun@s no podrás creértelos) decidieron trabajar en un film de terror, algo que supuso en su momento particulares resultados en su carrera.


Descritas en sus páginas hay docenas de cintas malditas y de culto, sí, y te animo a que las descubras, aunque me gustaría recalcar un film titulado Tumba dirigido en 1977 por Luismi García. El autor, en su época universitaria, pudo ver este siniestro proyecto rodado en super 8 por mediación del mismísimo director. Durante la proyección, Vicente comprendió cómo una siniestra localización, unos sucios maniquíes, y el sonido de una voz recitando espectrales poemas, pueden recrear una atmósfera aterradora y delirante. Poco después de aquel visionado, Luismi Garcia falleció con apenas 39 años, por lo que aquella película en super 8 se encuentra en estos momentos en paradero desconocido…

Las páginas de Películas que erizan la piel están cargadas de datos, curiosidades y locuras relacionadas con los géneros y subgéneros más aterradores, desvelando todo aquello que orbita a su alrededor. Afortunadamente, en el siguiente número de La Cabina de Nemo podremos disfrutar con una entrevista a Vicente Muñoz Álvarez, perpetrada por el mismísimo Pablo G. Malmierca, un poeta brillante e imposible de catalogar.

Si te gusta el cine de género (y las sorpresas subjetivas que añade el autor) debes hacerte con tan particular publicación. Imprescindible.


Pako Mulero




miércoles, 21 de agosto de 2019

COSAS DEL NO SER por MARLUS LEON




Recoge las cenizas
acumuladas en el latido
de tus sienes
Insufla de aire las velas…
Hay un largo camino
hasta el principio
de las cosas
del no ser
Siente el magma
que inunda tus dedos
desde el centro de tu corazón
Ahora hay viento en tu alma
tormenta
en la sinapsis
de tus lágrimas
la levedad
de
estar vivo


Marlus Leon


lunes, 19 de agosto de 2019

PETER FONDA

ABRIL EN LOS INVIERNOS: Nicolás Corraliza.




“Nicolás Corraliza Tejeda entiende la poesía como un cristal de luz. En Abril en los inviernos los versos abren una estela en el agua para ser testigos de la soledad y la intemperie, para protagonizar una contemplación inadvertida del pasar renqueante del tiempo, pero también para dar la mano a la emoción que propagan las ascuas, esa lumbre cansada que resiste al hecho de vivir.” 

José Luis Morante

“Leer a Nicolás Corraliza es leer desde el gusto por la estética. Sus poemas son verdaderas arquitecturas de belleza breve. Y es que cuando un poemario está escrito con una estructura tan firme y con tanta elegancia, es muy complicado que te desentiendas de su esencia.” 

Beatriz Pérez Sánchez

“La poesía de Nicolás Corraliza es la constatación de un auténtico milagro, la escritura de la imposibilidad absoluta, de la respuesta vital mecánica y eléctrica de un latigazo.”

Antonio Cruz Romero

“Una poesía intimista, de gran lirismo y muy contemplativa, austera en recursos, que se sirve del mundo de ahí fuera para que atisbemos, envuelta en una cadencia musical, a ratos fluida, a ratos sincopada, por medio de imágenes hirientes, la conciencia despierta, la intuición lúcida del dolor, del paso del tiempo y el amor.” 

Javier Gallego Dueñas


martes, 13 de agosto de 2019

DIGNIDAD DE ANIMALES SIN DUEÑO




“DIGNIDAD DE ANIMALES SIN DUEÑO” 

… Con este verso terminaba un poema del último libro de José Pastor “Cuaderno de Veredas”, que hace tres años sacó a la luz Piedra Papel Libros, esa editorial entusiasta que solo aparece en sitios entusiastas. 
En esta época doméstica, hay en esos animales sin dueño, gatos callejeros capaces de aguantar el hambre, el frío y la soledad, con tal de preservar su libertad y su, extraña palabra en nuestros tiempos, dignidad, toda una forma de mirar el mundo. 

HABLAR DESDE UNO MISMO - Me alegro cuando me cuentan que este otoño verá la luz una nueva hornada de poemas bajo el título de “Cuando los trenes paraban en todas las estaciones”, de la mano de la Editorial Versátiles. Repaso algunos de esos textos que han ido apareciendo en su blog “librosyaguardientes.blogspot.com”, esas botellas con mensajes que lanza al mar desde las montañas del sur y que de vez en cuando llegan a buen puerto. 
Me dejo mojar por los poemas. A veces habla de lo que hace cualquier tarde, o de lo que ve pasar, otras reacciona con rabia frente a lo oído, o se deja jugar con las palabras. No importa que los poemas hablen o no de él, cambien de tema o paisaje, de forma o protagonista, hay siempre en ellos un tono familiar, una coherencia de fondo. La coherencia que da la mirada personal. La coherencia que da no el hablar de sí mismo sino el hablar desde uno mismo. Se ve a las claras que el que les escribe ocupa un lugar en el mundo, en este mundo, y es desde allí desde donde mira, juzga, repudia, sueña, goza o está jodido. 

“…somos los últimos
no somos nada
los olvidados
los perdedores…
somos la última bala de un revolver
con el que no sabemos a quien disparar
somos los últimos
los que no tenemos fin
los que no tenemos solución
ni la queremos” 

Y en ese lugar en el que habitan estos poemas, desde el que miran el mundo, yo me siento en casa, podría ser mi hogar, su rabia podría ser la mía, su cansancio el mío, sus sueños los míos.
Por supuesto que en esto no hay nada nuevo, al contrario, es lo más viejo del mundo, aunque a veces se olvide. En la escuela nos enseñaron que la lírica era la expresión de los sentimientos personales, hablar de lo que uno siente. Lástima que también nos fueran haciendo aprender una retahíla de ideas, sentimientos y conductas precocinados y estereotipados que fatalmente entorpecen el afluir del sentimiento libre y personal sepultado bajo la mascara de la corrección social. 

“…haz ruido y deja de vivir al pie de la letra
desmonta el metrónomo el diapasón el reloj el calendario…” 

Estos poemas se complacen en despreciar esa máscara, en hablar desde las tripas, hablar para decir algo, no para pavonearse en demostrar lo hábil que se es diciendo lo ya dicho, sino por una necesidad de comunicar. Y, al menos conmigo, esa comunicación funciona, leo y asiento viendo reflejado lo que siento en esos renglones que me cuentan lo que otro siente.
Tal vez sea esa capacidad de mezclar lo personal y lo general lo que más me atrae de los poemas de este tipo. José Pastor habla de lo suyo pero raramente es un chapas, de su particular es fácil elevarse a un nuestro compartido, y su alegría o su desazón puede ser fácilmente la del que lee… 

“…si no llevas la bolsa de Judas repleta
si no sabes reírte de los chistes de siempre
si no tienes un dios un amo una bandera
una mujer un trabajo “ 

LAS PALABRAS JUSTAS - Ese engañoso escribir como se habla. Las palabras cotidianas, las frases escuetas, funcionales, aunque a veces baje la guardia y algo como tirando a embellecido se cuele en el tono del poema, algún dulce adjetivo, alguna ensoñación, inevitables momentos en que la buena gente, el amor o su falta, el paisaje, nos hacen bajar la guardia.
Que no os engañen sus gruñidos, ese tipo es un optimista, o sea un inconformista, sediento de tragos de vida. Un buen bebedor que huye la mala bebida. 

“…porque la huida es otra forma de sobrevivir 
de resistir 
de volver al camino
de viajar
con los bolsillos vacíos” 

Lo que no encontrareis será juegos verbales, no hay metáforas, no se juega con el sonido de las palabras, ni con su orden, no aparecen palabras inusuales, ni se alude a algo no nombrado, ni se sugieren simbolismos velados. Aquí las cosas se llaman por su nombre.
No se trabaja con el sonido o la forma de las palabras, sino con lo que nombran. Con las ideas de los protagonistas, con el sentido de su vida, con comparaciones entre vidas y situaciones, con enumeraciones, con paradojas, con contraposiciones de mundos y actitudes. Con la ironía que desmonta la mascara de seriedad de comportamientos y palabras. A veces con la melancolía.

 “…la niñez, cuando todo se curaba con mercromina y un beso
la adolescencia cuando todo se curaba con unas risas y unos morreos
la juventud cuando aprendimos que no todo se cura…” 

Sí, sí, ya sé que la melancolía no es ningún recurso de escritura, que es un estado de ánimo, un tono que todo lo envuelve, pero ese tono marca el carácter de bastantes poemas de este nuevo libro.
Esos poemas breves, contundentes como un buen blues, que abundaban en sus libros anteriores han dejado sitio a textos más largos, más juguetones y discursivos. Los poemas rabiosos conviven con otros en los que ha dejado huella la resaca de vivir. 
¿Qué hemos de pensar quienes tanto gustábamos de esos breves latigazos cargados de dinamita cerebral? ¿Habrá envejecido el maquinista, abandonado la locomotora, estará soñando con viejas singladuras en el vagón de cola?
Leemos con calma, respiramos aliviados. No, el maquinista sigue empleando las palabras justas. Más palabras quizás, con un ritmo más pausado, pero colocadas en su justo lugar, justamente definidas, en su justo orden, con su ritmo justo hasta llegar al buscado final. Todo el buen hacer del maquinista Pastor se demuestra aquí. Guiar las acciones y las ideas del poema con un trayecto claro, una ruta con sentido, siguiendo las vías para decir algo, para llegar al andén deseado.
No, el maquinista sigue despierto, en su puesto, ha dejado las vías rápidas, se complace en guiar por viejas vías abandonadas, entre taludes llenos de hierba, por viejos viaductos entre aldeas. A veces gira la cabeza, ve perderse en cola la estela de los raíles sobre los prados y piensa en pasadas travesías. 

“…somos todas las batallas perdidas
y toda lucha que rehuimos
somos todas las caricias no dadas y no recibidas
"no somos nada"
tan solo agua pasada
memoria de lo que no fuimos” 

ESTACIONES ABANDONADAS - Quién no se ha sentido alguna vez una estación abandonada, esperando inútilmente un tren que no volverá a pasar.
Se asume que se habita en una vía muerta. Alguien, desde la central decidió cortar el tráfico, olvidarse de nosotros. El abandono no es sólo geográfico, es social, lugares abandonados, gente olvidada, maneras de ser dejadas al margen.

Cuando los trenes paraban en todas las estaciones” habla de algo parecido a eso, habla de la gente, de mucha gente que tenemos la sensación de habernos quedado en una eterna sala de espera olvidada. 

“…su tabernero, un viejo guardagujas anarquista,
sus viejos ferroviarios merendando escabeche y vino
su estufa de carbón
sus fotografías en blanco y negro de viejas locomotoras
su poster de camarón
y su orujo blanco y clandestino para brindar por un buen viaje
hacía años que aquella línea férrea se había abandonado
y allí el tiempo se había detenido
pero todavía era un sitio vivo
y un buen lugar para recuperar fuerzas
para todos aquellos que perdimos el último tren.” 

Una sala de espera donde uno puede encontrar la mejor gente, una sala de espera que puede ser un buen refugio.
En esa sala de espera el trabajo de José Pastor, esa tenaz labor que adivino en esos poemas de sencilla apariencia, esos poemas que nos pasa como quien pasa un cigarro o una botella en un corro de amigos, me han sido útiles para templar la mente y afinar la mirada.
No se escucha allí la música del fatalismo. Tan sólo hace balance de sus heridas, asumiéndolas, orgulloso de ellas como los viejos piratas, sin dejar de tirar para adelante o de hacer un alto en su refugio.

“…hacemos el amor
sin bandera blanca
porque rendirse no es una opción” 

Hubo un tiempo en que el tipo humano que habita en estos poemas era moneda corriente, era la sal de la tierra. ¿Qué ha pasado? Hubo un tiempo, quizás aún lo sea. Aunque aislados, fuera de las grandes rutas, en cualquier rincón, en cualquier camino, en pequeños grupos o solitarios, manteniendo encendido el fuego de la vida.

“… el fuego de la chimenea
el blues de Robert Johnson
un libro de Avelino Hernández
una botella de vino tinto de Corral de Castro
( y mañana no madrugo)
todo parece estar en equilibrio
y pienso que esto es la vida
no las grandes victorias
sino las pequeñas derrotas”


Pedro Villalón

lunes, 12 de agosto de 2019

HAIKUS, AMOR Y OTRAS MENTIRAS por JOAQUÍN PIQUERAS




HAIKUGÉNESIS

arrastra el viento
los sueños, secas hojas
sin esperanza


NADIE HABLARÁ DE ESTE HAIKU CUANDO HAYAMOS MUERTO

mueren las horas, 
ni huella de nuestro esfuerzo
por superarlas


LA SOMBRA DE ESTE HAIKU NO ES ALARGADA
(Con estrambote)

calles desiertas
de agosto, no hay refugio
en la ciudad

para las sombras


NADIE VOLÓ SOBRE EL NIDO DE ESTE HAIKU

veo gaviotas
planear más allá 
de nuestros sueños


HAIKU BIRD

la palabra es 
un pájaro que vuela
muy alto y es azul


HAIKU DE TEMPORADA

hierve la calle
bajo mis pies, se enfrían
mis pensamientos


HAIKU EN MODO SILENCIO

no es el silencio, 
es la palabra que aún
busca su espacio


HAIKU GORE

sangre en las manos
de una asesina en serie
llamada vida


QUÉ VERDE ERA MI HAIKU

la verde vida 
brota de un árbol; de ella,
brota el dolor


HAIKUS, AMOR Y OTRAS MENTIRAS

cuando de amor
se trata hasta el polígrafo
sabe mentir


Joaquín Piqueras


viernes, 9 de agosto de 2019

EL LENGUAJE DE LOS CUERVOS por PABLO MALMIERCA




Como un balbuceo que intenta abrirse paso entre palabras ya escritas, tartamudeo en pos de un lenguaje que constriñe la palabra y el aliento. Sin saber aún quién soy, nado entre miasmas de mensajes que me aturden y a la vez me impelen en busca de una nueva forma de expresar el lenguaje de los cuervos. Y si los cuervos hablan, a algunos como Johnny Cash con la palabra de dios, a otros simplemente con la palabra de los locos, de los que buscan arrancarle al lenguaje toda la cordura de la planicie, de la ausencia de referencias. Como aquella que camina entre las nubes: nefelibata. Ausencia y pertenencia a un mismo tiempo. Búsqueda incesante de las raíces de lo no dicho.


Pablo Malmierca


miércoles, 7 de agosto de 2019

1 POEMA de SAFRIKA




Ha llegado la hora de comprobar cómo se hiere a un pájaro
Y se mata a un pájaro.
Nosotros no somos los que cazan
Ni los que hieden
Aunque
Somos gemido y nos temen
En las escaleras mecánicas
En las farmacias (hay tantos colores)
En las casas de algunas personas
No en los bosques.
Volamos aquí y allá y nos disparan
Bultos, hogueras, huesos, comida, calendarios

Yo lloro y digo:
Qué será de ti o de mí,
Y entonces
Se apiadan
Se esperan
Nos dejan colarnos en el supermercado.

Nos escupen
Los niños,
Bailan los vecinos en su vorágine de cocaína
Y mientras todos duermen
Nos están disparando los dueños del
Miedo
La edad
La mala suerte
No hay amigos, mostrémonos fuertes.
Estos somos hoy.
Ya mañana veremos.
Si se apiadan
Si se esperan
Si nos dejan colarnos
Que sólo llevamos
Cuatro cosas.


Safrika


martes, 6 de agosto de 2019

LOS CUADERNOS NEGROS: Carlos Salcedo Odklas.




Los ojos relampaguean uno junto al otro con la inocencia del amor y la pasión. Se funden en un abrazo cálido y sudoroso que suplican por hacer eterno. Las manos entrelazadas como intento de anclar los cuerpos en su deriva por el éter. Un dulce asidero en mitad del caos. Entregados sin miedo y sin remedio, los alientos se mezclan y espesan. Ya no hay uno, ya no hay nada. Delirios y temblores en medio de un baile sensual, convencidos de tener en sus manos el tesoro más preciado. Surge el fuego abrasador que los consume entre gritos. La carne se derrite envuelta en llamas, y para siempre no es más que un instante. 

Juntos pero separados, sin venda en los ojos. Las imperfecciones ya no son bellas. La paranoia. La inseguridad. El hastío. Acaricia su pelo e intenta fundirse con su cuerpo. Las lágrimas empiezan a brotar de su rostro. ¿Por qué lloras amor mío? ¿Por qué lloras amor mío? La angustia de la incomprensión. Se aparta, oculta la cabeza entre las manos. En el fondo saben lo que está pasando, pero se resisten a admitir esa sombra que se perfilaba en el horizonte y que creció hasta envolverlos. 

Una distancia igual de grande que la anterior cercanía. Las dos caras de la moneda. La pesadumbre en el reflejo de aquella silueta adorada. El suspiro que marca el tempo al final de la ensoñación. El giro del reloj de arena. Y dos enormes montones de ceniza que una vez fueron cuerpos. Cuerpos que una vez se amaron.


Carlos Salcedo Odklas, 
de Los cuadernos negros
(próximamente)


domingo, 4 de agosto de 2019

ASÍ QUE VIVIR ERA ESTO por RAFAEL LÓPEZ VILAS




Imagino lo extraño
que debe resultar
despertar cada mañana
y sentir que la vida
no ha merecido la pena
La pesadumbre de que los días
son todos
un mismo fotograma
Levantarse para
ir a trabajar
y trabajar
para poder seguir
regresando a casa
y paladear
la soledad que te abraza
en cuanto la puerta
se cierra a tu espalda

Luego,
mientras cenas lo de siempre
y miras la TV en silencio
tienes la impresión
de que nada tiene
demasiado sentido
Estás agotado
tu barbilla descansa apuntalada por
el martillo que hastía tu pecho
en cada latido
mientras tu mirada oscila
entre el aburrimiento
y un silencio infinito

Hace años
que se ha marchitado
la sonrisa en tus labios
Eres un vagón de mercancías
que viaja solo
hacia una estación
a la que llegarás algún día
arropado por tu desidia
Para qué todo esto, sería
una buena pregunta
pero ambos
conocemos
la humillante
respuesta

Como cada noche
se hace tarde
El viaje continuará
por la mañana
y volverás a levantarte
y a arrastrar tu maleta
por ese sendero de desolación
que oxidó la flor de tu vida

Es una lástima, pero,
no has aprendido nada
Has dejado que escribiesen
tu camino, cordero
Renunciaste antes de empezar
porque eso es
lo que hacen
los cobardes
y los hombres rectos
Tal vez alguien te diga
que nunca es tarde,
pero,
ese cretino
se equivoca
o miente

De algún modo,
me recuerdas
a ese melocotón
que yace sobre la hierba
arrugado, reseco como las tablas
que esculpirán tu ataúd
algún día
Hasta hoy
nada te ha importado
demasiado
Llevas la renuncia
escrita en los ojos
Eres un hombre
como podrías ser
una piedra o un viejo
zapato que duerme
para la eternidad
en el lecho del río

Nunca has entendido
cómo funcionaba esto
Ni siquiera
te paraste a pensarlo
Alguien debía saberlo
Pero no tú
así que
preferiste que otros
se encargasen
y decidieran
cómo
cuándo
hacia dónde ir

Ahora,
la tienda de oportunidades
ha cerrado para siempre
El paraíso quebró
y ya no queda
lugar para nadie
como tú
La vida era esto, piensas
con desgana
Comer
Beber
Y sentarte a esperar
a que la película termine
Sin dolor
sin sufrimiento
sin agonía

Es posible
que alguna vez
sientas la tentación
de rebuscar en el armario,
donde guardaste
las cartas de tus amores imposibles
y los pequeños sueños
de un pasado olvidado
Esa fotografía donde sonreías
porque creías que todavía
tenías tiempo
para encontrar la felicidad
y convertirte
en aquel tipo que un día
quisiste ser
El hombre que desdibujó su reflejo
en el espejo
en cada amanecer
dejando atrás tus esperanzas
y la ilusión de tu juventud
que abandonaste
en un asiento del metro

Hoy miras a tu alrededor
y te consuelas pensando
que vivir
no era para tanto
Has fracasado
como tantos otros lo hacen
La mayoría
no son mejores que tú
Se levantan y van a currar
o se quedan en casa
sentados en su sofá
o echados en la cama
viendo la tele
leyendo una revista
o mirando a la pared
mientras la vida pasa
y pasan los días
los meses
y todo pierde su color
y tus huesos sienten
cómo la luz se apaga
poco a poco
y todo importa un poco menos
los amigos
las tardes de domingo
la tristeza
y cómo tu boca
va llenándose de polvo
y tierra
y el cielo
interpreta para ti
un silencio

indescriptiblemente

mortal


Rafael López Vilas


viernes, 2 de agosto de 2019

RESURRECCIÓN por BALLERINA VARGAS TINAJERO




Qué tarde tan larga esta
hecha de retales de polvo,
aire desplomado
y voces de la calle.

Hasta que la sombra crece
tras los cristales y el mundo
va quedando en silencio.

Y siento que ya queda menos.

En el aire del pasillo que se inflama
como en Bécquer cuando llegas,
oscuro y taciturno, con el peso
de otro largo día sobre tus alas.

En las hojas de papel
que crepitan y sueñan mundos
(pantalanes, campings, moteles)
de bruma y humo, bajo tu puño.

En el oleaje de las sábanas
que te aguardan impacientes,
y nos mecen o se orillan
(según toque) alborozadas.

En esta Resurrección de las cosas,
de la casa que se anima,
de la carne dormida que, al verte,
se aviva y te llama y recuerda
que tiene hambre.


Ballerina Vargas Tinajero


martes, 30 de julio de 2019

PERRA SUERTE por MAYA MUKTI




Te vengo persiguiendo como un perro
desde el día en que me puse,
embrujado, el collar que me ofreciste.
Eso cambió el sortilegio.
Y mi suerte.

Un perro encantado siguiendo
a un perro durmiente
dónde va a llegar.
Dando vueltas y vueltas,
nervioso, mordiéndose el rabo.
Ladrando y a veces mordiendo
por que el otro despierte.
Y devuelva el bocado.
Y vuelta a empezar.


Maya Mukti


lunes, 29 de julio de 2019

LA REDENCIÓN por SAÚL LOZANO BELANDO




Mamá besa vírgenes y cruces
pidiendo la salvación familiar
la redención
con el metal de la fábrica en su carne
yo beso a las muchachas como queriendo redimirme
salvarme
del hachazo continuo.

Debe haber un lugar donde corran los ciervos
los brillantes ciervos los brillantes ciervos y la pureza.

Cuántas veces hemos hundido la cabeza en la bebida y lo sintético
como queriéndonos redimirnos
salvarnos
del hachazo continuo
destrozados inmaculados

yo sé del fondo antiguo del lago antiguo
el lodo santo y el agua
el agua el agua
quiero estar ahí desnudo y puro y ligero
donde el agua donde el agua donde la carne de pez

Hace años había un loro en casa
en las antiguas broncas familiares
en la cocina
yo me quedaba junto al loro y su jaula y me sentía mejor casi
fui el primero en verlo muerto
sus alas estaban extendidas y el pico lo tenía enganchado a los barrotes
lo mató el frío la congestión la presión interior
murió intentando escapar el loro aquel.

Cuántas veces arañamos esto cada día el cemento el óxido el número
buscando la pureza cristalina buscando
cristalina desnuda.

Debe haber un lugar donde corran los ciervos
los brillantes ciervos los brillantes ciervos y la pureza.

Todos nosotros tenemos derecho a salvarnos
bien lo sé
todos nosotros tenemos derecho a salvarnos
a salvarnos
todos nosotros
bien lo sé.


Saúl Lozano Belando, de Made in: La Bestia (Boria Ediciones, 2017)

https://boriaed.com/producto/made-in-la-bestia/

martes, 23 de julio de 2019

TRES POEMAS de SIMULACRO por JULIA NAVAS MORENO




CIEN MUJERES

Desdoblada en las mujeres que soy,
imperfecta en cada una,
especialista en nada,
equilibrista en todo...

Qué abandonar
para ser una súper mamá,
una escritora no mediocre,
una mujer independiente,
una amiga disponible,
una amante a tiempo completo,
una administradora eficiente...

La sensación de fracaso
es como el cielo gris de mi ciudad:
el paisaje adjudicado
del que no puedo escapar.


ANVERSO Y REVERSO

Mi rostro es el anverso,
la coraza fraguada
a golpes de vida.
Mis pensamientos, el reverso:
la historia de cada martilleo.
Los versos son los vasos comunicantes
que dan sentido a lo que soy.


QUERER

Quise olvidar mi pasado
barriendo las esquinas,
pintando sobre paredes amarillentas
de tantas noches de risas y nicotina.

Quise odiarte, enviarte a otra dimensión,
y borrar todos los días  celebrados
en nuestro calendario.

Pero estabas en cada lunes,
cada domingo y en cada día de mi vida.
Estabas en los ojos de mis hijos
y en los surcos de mis arrugas.
Estabas en la ternura de las sábanas
y en las mantas despechadas por el ardor.
En cada lágrima vertida.
Estabas, estás y estarás
porque no hay nada de mí que no sepas.
Y tanto esfuerzo
merece otra vida.
                                              A Juanjo         


Julia Navas Moreno, de Simulacro (Canalla Ediciones, 2019)

https://www.canallaediciones.com/poes%C3%ADa/simulacro/