martes, 24 de mayo de 2022

NO OLVIDARÁS: Julia Gutiérrez.



No Olvidarás
nace de la mirada sincera y sin encorsetamientos que trata de interpretar el mundo desde el universo propio de la autora. Para ello coloca en el epicentro de este libro la memoria personal y colectiva fragmentada que, igual que la estructura del libro, invita a una (re)interpretación de la identidad del ser humano, su abyección y dignidad a través de una amalgama de poemas desde donde denunciar o celebrar actos cotidianos del presente o del pasado, ambos como realidades permeables.


sábado, 21 de mayo de 2022

LA FILTRACIÓN DE LA LUZ: Sihara Nuño.



«La estructura de La filtración de la luz plantea un interesante juego intertextual con el libro Seis piezas fáciles, de Richard P. Feynman. Puestos a romper moldes, la elección no podía ser más acertada. Feynman no solo fue uno de los físicos más importantes del siglo XX, sino que fue a la vez uno de los científicos y pensadores más originales e irreverentes. Su inmenso talento radicaba en dejar de lado los planteamientos tradicionales y desarrollar un enfoque propio guiado por una gran intuición. Su particular desprecio por los formalismos rigurosos le permitía compatibilizar su pasión por los bongos y la pintura con la física cuántica, o el premio Nobel con las visitas a clubs de striptease y el desciframiento de antiguos textos mayas. De un modo distinto, pero seguramente guiada por una intuición similar, Nuño combina en un mismo poema la danza y el beso con los átomos y los iones, o las reacciones químicas con una partitura, o sencillamente declara La separación poética de todos los átomos»

Gustavo Ariel Schwartz


viernes, 20 de mayo de 2022

UN POEMA de ANTONIO JAVIER FUENTES SORIA



En el vetusto paseo,
esta mañana,
el viento movía la hojarasca.
Por unos minutos,
he seguido
el accidentado ir y venir
de una pequeña hoja.
Un instante, en una farola,
después, junto a la fuente
o en los pies de alguna papelera.
Unos segundos de paz y,
de nuevo,
un guantazo seco
la transportaba a otro lado.
Debió sentir envidia
al verme ahí sentado.
A mí, ella,
me recordó a esa gente
que en vacaciones viaja demasiado,
a esa gente
que ha conocido todas las ciudades
y que nunca ha estado,
en el fondo,
en ninguna.

Antonio Javier Fuentes Soria


jueves, 19 de mayo de 2022

RODEOS por ROLANDO REVAGLIATTI



1

hacerse amigo de la yegua salvaje y/o del juez
hacerse desde el hacerse amigo o amante de la yegua
y/o del juez
los jueces también sintiéronse en los tiempos trastornados por la yegua salvaje
sintiéronse por la yegua salvaje
sintiéronse en los tiempos por la yegua salvaje
o bien, los jueces también sintiéronse en los tiempos trastornados
trastornados por la yegua salvaje

2

aprendiz de hacerse amigo para no desanimalizar a la yegua salvaje
ni
     claro
             estrictamente
                                   desalvajizarla
aprendiz de hacerse
jamás otra que aprendiz
hacerse amigo del hacerse
del yegua
de la sustancialidad salvaje ser
¿dónde se es acaso no salvaje?

3

hacerse amigo de la yegua salvaje que se saca del río
o:
¿qué hacer con el hacerse amigo de la yegua salvaje que se saca del río?
¿del río salvaje?
¿madre río salvaje?
¿madre salvaje?:
los materiales del hacerse
los espirituales materiales del hacerse
las persecuciones yeguales
la yegualidad fuera del río
la yegualidad fuera del río palabra
sólo por rodeos
trama
el conjuro de los bordes
¿algo más que bordes?
y palabras
abra
ábralas
habrá palabras
llamando: juez: agua va

4

doble
agua va doble
agua estrechada
doble
¿no doblegada?


Rolando Revagliatti, del poemario De mi mayor estigma (si mal no me equivoco)

miércoles, 18 de mayo de 2022

LA AMA por JESÚS ESNAOLA



Recogíamos la cocina e íbamos al salón a ver la tele. Nos quedábamos adormilados durante un rato, antes de empezar a aburrirnos con los asuntos del corazón o la película del oeste. La ama no veía bien y cada día entendía menos, así que no tardaba en proponerle ir a la cocina y echar una partida a la escoba. Cómo le gustaba la escoba, las cartas en general. Además le convenía porque las sumas ya solo le sonaban de oído y los números de las cartas se intercambiaban con malicia. A veces, después de haber preguntado dos o tres veces cuál era la carta que sostenía entre los dedos se le cruzaba ante los ojos una sombra de certeza que pronto era sustituida por la alegría de llevarse el siete de velos, o una aceituna a la boca.

Qué remontada me hizo aquel día, recortando la diferencia poco a poco, con dos más tres más uno y ¿esto que era? ¿un caballo? escoba entonces ¿no?

—¿Ya te vas?

Cómo imaginar entonces que podía haberle hecho yo la misma pregunta.

Jesús Esnaola


martes, 17 de mayo de 2022

ALAMBRE por RAMÓN GUERRERO



He conservado la costumbre de no dejar migas en la mesa
de borrar las huellas de lo que existió y devoré con placer.
Me he fumado cientos de antiguas fotografías
para que las señales enmudecieran por siempre,
para perder todas las garantías y certidumbres.
He abierto nuevas puertas a pasillos oscuros de paredes blancas
donde las momias que censuran la vida no supieran de mi existencia
(sus rostros negros e hieráticos me miraban con repugnancia).
No hay razón para cavar la tierra antes de tiempo
no quiero negarme, diseccionarme, asustarme.
Deseo seguir desnudo. Observar de reojo la chatarra
las lecturas de antaño que ya no me sirven de nada.
Debo librar mi propia guerra civil sin brigadas extranjeras
sin bolsillos traseros.

Ramón Guerrero


jueves, 12 de mayo de 2022

SEÑALES por HAROLD ALVA



Un hombre camina de la mano de su miedo y es como si toda la ciudad, toda la noche lo animara para que no se detenga, para que cruce el puente y sobre el precipicio dibuje las marcas de todos sus fantasmas, tal vez así aprenda que no tiene derecho a romperse la voz; su lengua que como la cola de un reptil se transfigura en la primera serpiente. “Tú eres un ángel”, repite y no puede evitar batir los brazos como señal de resistencia. Un hombre tiene la dimensión de sus víctimas, el blanco de sus pieles, la agresión de los neumáticos que giran como ojos más allá del día o de la experiencia de tocar una mancha en el asfalto, y no hay fe, no hay himnos, sólo la letanía de un demonio que se conmueve con la soledad de los peatones mientras el vacío es un extraño sobre el que la noche se detiene para reclamarle, a sus manos, el luminoso malecón al que se enfrenta con la seguridad de que, más allá de la autopista, su corazón abre las puertas como un salvaje que se afirma en la neblina.

Harold Alva


lunes, 9 de mayo de 2022

LOS CUADERNOS NEGROS: Carlos Salcedo Odklas.



Puso la caja a un lado y se centró en los cuadernos. Hacía muchos años que no los veía. Se trataba de unos enormes y viejos cuadernos de estudiante, sin nada especial salvo que las tapas eran completamente negras, forradas con cinta aislante. Había tres cuadernos en total. Alex no pudo reprimir su emoción y el mero hecho de tenerlos delante le provocó un nudo en la garganta. Durante un par de años, en su época de adolescente, había usado esos cuadernos para apuntar ideas que se le ocurrían con la guitarra, tratando de atesorar momentos de inspiración que no quería perder. Aparte de partituras los cuadernos también contenían algunos dibujos, poemas y pensamientos varios. En esos cuadernos estaba plasmado su primer intento de expresarse artísticamente, su primer impulso por sacar a flote todas las angustias interiores que le oprimían, de plasmarlas en algo ajeno para liberarse, como una forma de exorcismo. De eso trataba el arte, el verdadero impulso creativo: arrancar un trozo oscuro de uno mismo y utilizarlo como arcilla para dar forma a algo nuevo, a algo mejor.

Tuvo que liarse un cigarro para afrontar la emoción de abrir sus viejos cuadernos negros, el golpe anímico se avecinaba intenso. Dio un par de caladas, apoyó el cigarro en el cenicero y abrió uno de los cuadernos por la mitad. Lo primero que observó fue una frase garabateada a bolígrafo cuya contundencia lo abrumó:

En un mundo diseñado para el sufrimiento el mayor acto de rebeldía es amar.

Carlos Salcedo Odklas,
de Los Cuadernos Negros
(Metaphor Records, 2021)


domingo, 8 de mayo de 2022

LA MÚSICA ME HACÍA LLORAR: María Jesús Ruiz.



Lo más jugoso de estas historias está en lo que ocurre al otro lado de lo que se cuenta, fuera de foco: el ridículo aprieto de quien intriga para engañarnos, el apuro de quien nos finge complicidad, la codicia baldía de quien nos agrede, la cruel inocencia de los lobos. Al cabo, lo que nos queda es una huella, como el negativo impregnado que dejó en la pared el dromedario pintado en la ermita de San Baudelio de Berlanga, saqueado a otro continente. A esa huella, la autora le llama alma.

Iván Blanco


jueves, 5 de mayo de 2022

THE NUMBER OF THE BEAST por TOMÁS SOLER BORJA



Ahora espero una llamada
—en verdad más de una—
y cada vez que suena el teléfono
cuando menos te lo esperas
mientras sesteas, estás en el baño
o nada más rascándote
               las malas pulgas
ahí su baile, ese vibrar nervioso
en el bolsillo
               o sobre tabla
y cómo danza mi corazón
ante un número desconocido
preguntándose, ¿podrá ser?
porque es bueno, bueno
de verdad
y me lo merezco
claro que sí, igual o más
que nadie
 
ese libro inédito, esta desnudez
gratuita y calamitosa
 
pero al descolgar, publicidad
el oro y el moro
de no sé cuántos megas
u otra cita médica
rayos x para mi amor propio
electromiografía de este nervio
incapaz de rendirse

ya, de ilusión también se vive
saben tanto de esto 
                          los poetas

Tomás Soler Borja


martes, 3 de mayo de 2022

EXTREMAUNCIÓN DE LA SALIVA Y EL VERBO por PABLO CEREZAL



cuántas balas merece un reo?
cuántos misiles son necesarios para doblegarle el aliento?
con cuántas mañanas hemos de contar para desarreglar los desperfectos y marchitarnos en el bucle en que pierden partidas de ajedrez las mareas de tu aliento?

nunca sabremos, lo sé, qué francotirador nos espera dormitando babas sobre la mecedora y rabia animal sobre las caderas de su rifle
nunca contabilizamos los dados que el destino decidió repartirnos para departir y partirnos en golpes de jazz sin camino más allá de aquellos besos que soñamos con reverdecer en un redil de versos

cuántas balas merece un reo?
cuántos fogonazos de saliva vencida en otros idiomas es capaz de encajar el armario breve y desvencijado de un cuerpo?
con cuántas noches hemos de contar para desordenar los afectos y quebrarnos añorando escuchar palabras que se juegan la vida reinventando los sueños?

nunca sabremos, lo sé, qué reptil despliega sus alas de cuervo previo para erigirnos cuerpos cavernosos con maneras de payaso triste
nunca registramos los pasos que decidimos volcar en el matraz de tantos besos dispuestos a sorprendernos con químicas de distancia y explosiones de reloj de arena forjado a golpes de averno

cuántas balas merece un reo?
cuántos disparos guarda tu ausencia en la cartuchera del silencio?

Pablo Cerezal, del blog Vislumbres de El Dorado


lunes, 2 de mayo de 2022

LA ESENCIA PRIMORDIAL por GEMA FERNÁNDEZ MARTÍNEZ



Hay un minúsculo reducto
de humanidad, en serio,
puedo sentirlo a veces,
un espacio infraordinario
entre la belleza y el dolor,
un túnel subterráneo
apenas perceptible
a la mirada,
una ternura desvalorizada
en el mercado bursátil
de las apariencias.

Pero fíjate bien,
esta ahí, justo ahí,
debajo del umbral
de atención cotidiano,
es la llama de un fósforo
en mitad de un incendio,
es lo común frente a lo
excepcional,
lo corriente frente a lo
exótico,
es la grandeza de las
pequeñas cosas.

Aquello que por costumbre
olvidamos mirar
podría contener
la esencia primordial
de la existencia.

Escúchalo, presta atención,
está latiendo
dentro de nuestros cuerpos.

(Pum, pum, pum)

Minúsculos estratos
de felicidad y de tristeza
nos interpelan, nos gritan,
muestran quién nos habita
de huesos para dentro.
Hay una luz trémula,
un íntimo goteo opalescente
acariciando el lomo
de los muslos,
nos cruje entre las piernas
como papel de aluminio
estrujado
y salpica a retazos
este falso estatismo.

Hay una luz orgásmica
debajo del ombligo
y huele a movimiento.

Necesito
          deseo
                quiero dejar que brille.

(Pum pum pum)

¿Sientes el pulso
latir en rebeldía?

Somos un corazón
inarrendable.

¿En qué momento
llegamos a olvidarlo?


Gema Fernández Martínez


viernes, 29 de abril de 2022

GIALLO PROFONDO por NATACHA G. MENDOZA



A veces los gritos, el fuego, el dolor haciendo sangre. Y la misma sangre abriéndose camino entre los adoquines, en las calles, o en las terrazas. A veces la rutina se mancha por lo inesperado, o a lo mejor se presentía, pero a mí nunca. Y todo es amargo, una especie de soga al cuello que pesa, te ahoga y miras a la gente que no conoces, pero hoy es diferente; están muertos, tristes, con las palabras atadas en alguna parte de sus conciencias. Todo huele a pólvora, a humo de ciudades devastadas, a llantos ajenos que hieren la piel. Todo es una especie de final sin censuras, con cerrojos, miedos, ruidos metálicos… de pronto, entre el cemento, justo al lado de una alcantarilla, como si la vida se hubiera caído en ese mínimo roto del asfalto, ahí, de un color amarillo ensordecedor; una maldita flor se abre, casi invisible y ajena.

Natacha G. Mendoza


sábado, 23 de abril de 2022

AQUELLOS MARAVILLOSOS AÑOS: La huella de los 90 en la cooltura contemporánea, por NACHO ESCUÍN



La huella de los 90 y sus representaciones culturales han llegado a nuestros días desde diferentes propuestas, en muchas ocasiones con las mutaciones propias del paso del tiempo y en otras conservando su esencia y pureza. La evolución de lo que está de moda, lo cool y las nuevas representaciones están marcadas por la irrupción en estos años de Internet y sus aplicaciones, y esto ha supuesto importantes cambios que han afectado directamente al usuario, al espectador y a todo aquel que se acerca a las manifestaciones culturales. Este ensayo pretende dar un poco de luz ante estos tiempos en los que todo da vueltas y se produce una constante evolución acelerada. Los referentes de aquella cooltura son ahora referentes de otras manifestaciones o acaso nuevos símbolos de otros ámbitos y de nuevos grupos sociales. En este mar de dudas intenta navegar este velero o catamarán, este texto que se sube a la cresta de la ola cultural para surfearla o atravesarla en busca de algo de verdad, si esta sigue viva, y alguna que otra respuesta que nos permita entender qué está pasando en la cultura contemporánea y sus representaciones (si es que está pasando algo).


lunes, 18 de abril de 2022

LIBRA ASCENDENTE SAGITARIO por VÍCTOR PÉREZ



Vi que Lorca iba a Nueva York en el gemelo del Titanic. Vi a esa niña mejicana que posaron al otro lado de la frontera. Me gustó lo que le contestó a la policía cuando le preguntaron quién le esperaba en USA y en qué ciudad vivía. La niña les dijo que un hombre que era su tío y que solo sabía que donde vivía su tío había nieve. Truman Capote guardó una cosa hasta el final. Algo que llevaba con él a todas partes desde niño. La cajita de galletas de jengibre de su prima Sook. Pequeños hombres de jengibre, secos y disecados. Vi a Ursula K. Le Guin paseando una cuerda por una playa en 1994. Vi una foto de Andy Warhol en el campo. Andy compró una casa y no pasó ni una noche en ella. Estaba cerca del mar. Vi que las tías excéntricas de los narradores acaban siendo las narradoras de sus recuerdos. Esas tías, con pañuelos azules y blancos en la cabeza, les hacen pensar a lo grande desde niños. Tías que decían lo primero que se les pasaba por la cabeza y cantaban cosas hermosas tumbadas en las camas. Sobrinos excéntricos de tías extremadamente excéntricas que siguieron fumando hasta última hora. Tías que no salían de casa desde el huracán de 1938.

Víctor Pérez


sábado, 16 de abril de 2022

ASÍ COMENZÓ LA TRISTEZA por JULIA NAVAS MORENO



Así fue como empezó:
surcos simétricos desde el final
de la nariz hasta el labio superior,
un molesto crujido en las rodillas,
falta de entusiasmo al despertar.
Nostalgia desmedida por el ayer
atrapada entre la distancia
restringida de las clavículas.

Me he ido transformando en otra
y expulso de mis dominios
a la niña titiritera,
a la payasa que corría al cruzar las aceras
y hablaba en los autobuses con extraños.
Ordeno cajones para luchar
contra mi naturaleza caótica
y subo escaleras
para mantenerme en forma.
Busco la soledad de los dormitorios
y me detengo a mirar por la ventana.
Amo la lluvia sobre los tejados,
pero me duelen las calles vacías
que, en época de pandemia,
solo pisan los jinetes apocalípticos.

Julia Navas Moreno, de Zapatos sin cordones (Chamán Ediciones, 2021)


miércoles, 13 de abril de 2022

HAY TANTO por SAFRIKA



Y la pereza agonizante del poniente, o el granizo. Escuchad, hay una madre chillando al borde de si misma, lanzándose desde el borde si misma, viajando a lo paralelo, subida en un cuatro por cuatro, liberando pájaros, nombrando lo innombrable.

Cuando acecha en la oscuridad el amor, lo rehuye.

No hay mujer prevista, ni escándalo demasiado grande, tal vez cortar en rebanadas una cabeza, clavar un cuchillo en los flancos del lloriqueo, atornillar la nada con tornillos de carne, un cerebro intoxicado, una madre muerta para los niños.

El abrazo de Leo me adoctrina en la culpa y el caos, los mediodías pasan entre lágrimas y camas, durante el desayuno me pringué de mierda un dedo, con un pegote que había pasado inadvertido.

Hay tanto.

No escribo desde la queja, ni desde el deseo de compasión, no escribo desde ningún lugar que no sea arrinconar con letras los deseos, las pulsiones, el retroceso, las heces. Reconocerme en alguna parte.

Safrika


sábado, 9 de abril de 2022

CUESTIÓN DE PERSPECTIVA por BALLERINA VARGAS TINAJERO



Ni siquiera sé si lo que es
fue cierto.

Lo mismo un día que diez años,
diez años que una tarde.
Me recuerdo a los dieciséis
mirando fijamente mi mano tersa
y pensando
(porque una tiende
al catastrofismo fantasmagórico):
“Algún día veré esta misma mano
y, arrugada, recordaré este momento”.
Y adivino a través de los pliegues de mi mano arrugada otra,
lisa, sin manchas, de hace tan solo
un parpadeo.

Y ahora que veo tu cuerpo
recortado sobre el techo
y siento tu peso y te beso
y me aferro a ti confusa,
te intento grabar en mi mente,
aunque no tengo muy claro
si estamos aquí los dos
o si ya me estás recordando.

Ballerina Vargas Tinajero


Cover by Escher

lunes, 4 de abril de 2022

ESE SABOR ANTIGUO DE LAS OBRAS: Javier Sánchez Menéndez.



Han pasado cinco años desde que Sánchez Menéndez publicara su último libro de poesía El baile del diablo. En esos años han ocurrido muchos acontecimientos en el mundo, situaciones que a nadie deja inadvertido, eventos que nos dejarán marcados para siempre. Y como un espectador más, el autor en este libro contempla, atiende e intenta entender el porqué de lo sucedido.

Si hay algo que define Ese sabor antiguo de las obras es el deseo de libertad, la lucha constante y permanente para alcanzar la liberación. La poesía de Sánchez Menéndez se caracteriza, entre otras cosas, por la sinceridad.


domingo, 27 de marzo de 2022

LUCEN DULCES LUCES por JOAN CASAVILA



No tenía nada que ver con los tripis ni con las setas. Lo de chupar aquel sapo era otra cosa, me dijo. Nada de tirarte seis o siete horas loco, qué va, la experiencia era mucho más corta: apenas duraba veinte minutos. Y el pelotazo… ahí estaba la diferencia crucial, el pelotazo era igual para todos… no hay un buen viaje o un mal viaje. Simplemente te mueres, y luego resucitas. Sí: muerte y resurrección, sencillamente eso. Es decir, te explico, continuó hablando, cuando te mueres o tienes una experiencia cercana a la muerte, lo último en apagarse es tu hipotálamo, y también es el mismo hipotálamo lo primero en funcionar cuando vuelves a la vida, cuando te reaniman, cuando resucitas. Muerte y resurrección, es lo que acontece cuando chupas un sapo (señaló su nuca con la mano, abriendo y cerrándola como si el hipotálamo estuviera destellando). Un reinicio, sí. Reiniciar tu mente. Un efecto único, una sensación limpia, y aterradoramente reveladora. Toda la euforia de volver a encontrarte a ti mismo, después de haber atravesado quién sabe qué oscuros o luminiscentes límites, esa emoción de empezar otra vez dentro de ti. Todos los que lo han probado dicen que te cambia, que ahora ya nunca volverán a ser los mismos… porque han vuelto a sí mismos tras deshacerse del lastre, el peso de las capas de polvo que ha ido acumulando su mente. Han vuelto a su ser primigenio.

Ya, claro, has vuelto. Pero has vuelto a ser tú mismo. Cualquier experiencia, por muy reveladora que sea, no es eterna. Puede dejar un poso, vale, de acuerdo. Pero al final olvidamos. Volvemos a ser lo que somos. Vamos a ver… te entiendo. Todos estamos muy jodidos a veces, igual algunos lo están todo el tiempo, te das unos cabezazos contra la vida y pierdes el gusto, la esperanza… a todos nos gustaría poder ser siempre nuestra mejor versión. Pero no podemos olvidar la férrea inmutabilidad del carácter, los machacones restallidos de cada corazón; de aquí a unos días, meses tal vez, a lo sumo un año, volverás a ser el gilipollas que eras; sí, ese maravilloso gilipollas de toda la vida.

¿Qué significa exactamente empezar de nuevo? Pues no lo sé. Pero sí me imagino qué bendiciones puede concedernos un solo lametón a la furfurácea piel aceitunada del sapo del desierto: un suicidio asistido por un augurio de retorno que, como terapia electroconvulsiva que moltura desgracias y ansiedad, nos brinda muerte y estrena un nacimiento, y como si de router wifi tras un apagón se tratase, vuelve a encender esas concomitantes lucecitas parpadeantes de la primera vida en nuestro hipotálamo, restableciendo tal vez todos sus parámetros predeterminados: ausencia de sufrimiento existencial y angustia, anulación de vicios, esponjosa bondad hacia nuestra decadencia con su atávica e infantil penetración, y quizá también, por qué no, una desatomización de los conductos anales que nos permita cagar de nuevo como dios manda, olvidarnos de las hemorroides.

Tengo mis dudas sobre este último punto.

Y yo… Yo también.

Bueno, en general casi todo lo que has dicho me parece una soberana estupidez. Pero da igual, dile a tu amigo, “el del sapo”, que no pienso chupar ese bicho, que paso… paso del ritual… Ese plan me acojona.

(Entonces, decidimos cambiar de tema. Y nos pusimos a hablar del camino de Santiago)

Joan Casavila


sábado, 26 de marzo de 2022

NATIONAL GEOGRAPHIC por GSÚS BONILLA



el Estado me gratifica
con 426 euros al mes:
por ser parado
de larga duración
por haber consumido
todos los recursos previos
por tener una hija
a mi cargo
y porque el cómputo
de la unidad familiar
no supera
el 75% del salario mínimo
interprofesional por cabeza

de manera que
hemos de ser consecuentes
con el Estado
y comer barato
beber agua no fumar
nada de drogas
olvidar la Play Station
y conducir, como mucho
un utilitario
de baja gama
y segunda mano

a veces en la casa
de nuestra entidad financiera
danzamos
y bailamos bajo la lluvia
le dedicamos oraciones
y cánticos
en las noches de luna llena
al Estado

porque queremos
a un Estado feliz
y agradecerle
tanta generosidad
tanto desprendimiento

mostramos así
nuestro agradecimiento
por lo que recibimos

aunque el Estado
no sepa
que llevo una calabaza
en el pene
a modo de funda
y mi compañera
se decore
los pechos desnudos
con ceniza
y resina de árboles

el Estado no entiende
por qué la pequeña nuestra
sonríe a la cámara
y hurga

en el bolsillo
de los contribuyentes
como buscando
su premio

de azúcar


Gsús Bonilla


jueves, 24 de marzo de 2022

78 rpm (FAKE) por JOSÉ G. CORDONIÉ



CARBÓN

Hace una noche fría. Fría como la barriga de una bomba atómica antes de estallar, o como el metal del exoesqueleto artificial de un guerrero medieval antes de entrar en batalla. Traslado la sensación de frío a calor. La resistencia incandescente del grill quema la piel de la pizza y deja el queso glutinoso como el del moho sobre la manzana que infestará al cesto. Pienso en el ADN de esa manzana. Pienso en el 97% del ADN basura que portamos. La manzana cae al cubo de basura, que es un vacío insustancial. Pienso en el Vacío. El carmín de unos labios en una servilleta es como un beso lanzado al vacío. Es la sombra del inicio de un falso beso. Pienso en la sombra de mi pie proyectada por una bombilla que apenas ilumina. La huella de mi pie es una silueta dibujada por ascuas de luz eléctrica. Imagino la sensación de encontrarse huellas de pies descalzos en el polvo de la luna. Y seguidamente pienso en el crujido del percutor de una mina al ser pisado por un pie que no dejará huella. En el ángulo del techo, sobre mi cabeza, cuelga la momia de un insecto amortajado con la proteína de la seda de una telaraña. Me abstraigo en el brillo de los hilos de esa telaraña. Brillan como un diamante. Y concluyo que todo diamante, al fin y al cabo, no es más que carbón.

José G. Cordonié,
de 78 rpm (Fake)
(Versátiles Editorial, 2021)


miércoles, 23 de marzo de 2022

WHISKY Y ALMENDRAS por FRANCISCO SOTO




Acabar derrotado con el último deshielo,
deshecho en aguas de turbia soledad,
ahogado en el alcohol del verso final que lo baña todo;
la lágrima perfecta dibujándote, la incógnita de tu posibilidad.

No aprieta Dios. ¡Te amo!
Lo hacen las cicatrices de la botella, el revés de la etiqueta ilegible
sobre el nivel de las marcas de tiza cada vez más bajas,
menguante licor y vida.

Whisky,
sabor a chinches trepando al lugar de mi paciencia desbordada,
en el almíbar otoñal de tus labios de pecado;
rojos, carnosos, dibujando el poema perfecto,
la “o” perlada con la forma de mi sexo,
el aroma de dentro de ti…

En tu mirada la hondura del mar;
después de tus ojos la muerte,
la amargura de las almendras sobre la tierra que nos separa.

Hace tanto tiempo que pude ser tú, hablarte de igual a igual
y no ahora esta derrota al mirarte,
no aguantar el combate de cada estación,
la premura violenta de acercarme a por tu beso y huir;
esperarte todos los miércoles.

El deseo viajándome en una carretera peligrosa,
morir mis manos donde tus curvas,
en el lugar de tus caderas.
Tus labios, tu piel, tu voz,
tus ojos…
No sé si te lo he dicho,
después de tus ojos la muerte.

Un poema rojo, de demonio,
los huesos en whisky conservados,
el llanto por la vía muerta de tu boca en la mía.

Adentrarme en tu mapa,
sufrir del contagio de tu juventud,
ignorar las indicaciones de evacuación,
las normas de seguridad más elementales;
chocar contra el suelo voraz de mí.

La perversión del whisky en un vaso ancho,
y yo,
(ayer me lo pediste)
desde la profundidad
observarte.
Whisky
y almendras...


Francisco Soto


lunes, 21 de marzo de 2022

INVENTAMOS LA CASA por MARLUS LEON



Inventamos la vida
Inventamos la casa

El corazón balbucea
Sonidos pre-léxicos

Decoramos la casa
Decoramos la vida

Construimos la cabaña...

Marlus Leon


viernes, 18 de marzo de 2022

DIARIO DE COREA: Pablo Cerezal.




Busan, 30 de julio

Nos contemplan los ojos absortos de peces ya sin natación ni vida, y admiramos lo crudo cuando el pescadero les practica autopsias de puñalada por la espalda.

Los peces no saben del aire ni del viento, los peces son doctos en mareas y virtuosos de lo plata. Los peces siempre giran su torbellino de espumas y escamas prestigiando al oleaje con joyerías sin dueño. Los peces nos ofrecen su mirada más indolente cuando ya no se duelen de anzuelo, sobre los rompecabezas de hielo del mercado de Jagalchi, aquí, en Busan, mientras recorremos sus corredores de salitre hecho despensa y museo. Los peces nos advierten del peligro que bucea los confines de lo crudo. Los peces nos recuerdan que la humedad es silencio en que perdemos la voz para descubrirnos sobre la piel un acertijo de branquias como un festival de nudos.

Ha entrado lo crudo en tu boca, Corea. Has saboreado Neptunos disfrazados de pulpo y un coro de sirenas te ha llamado a lo oscuro. En tu boca, Corea, ha chapoteado lo crudo, y mi piel hecha de escamas ha muerto del acorde fácil que la mar le compuso. Soy un pez sin vida entre tus labios, por más que intentes resucitarme con tu boca a boca de pleamar, saliva y tabaco. Te comes crudo el pescado y yo en tu boca soy, a la par, un pez muerto y el familiar del finado.

Pablo Cerezal,
de Diario de Corea
(Versátiles, 2021)


martes, 15 de marzo de 2022

LO HUMANO Y LO DIVINO EN EL OJO DE TARKOVSKI: Prólogo.



COMO GOTAS DE ÁMBAR
en la inmensidad que es la vida

SIEMPRE he pensado que un libro conecta (o no) con un determinado lector cuando este se identifica y reconoce de algún modo en él, que lo que en el fondo buscamos (aunque sea subconscientemente) como lectores es ver nuestra odisea reflejada en los libros, nuestros deseos, temores, dudas y sentimientos, o lo que es lo mismo: nuestra forma de estar y sentir en la Tierra. Y he pensado siempre también (y cada vez lo pienso más) que la buena literatura autobiográfica es aquella que hablando de la propia experiencia, trasciende lo meramente anecdótico y refleja la de la colectividad: de lo particular a lo universal, y viceversa.

Tengo siempre presentes a la hora de escribir estas premisas (consiga llevarlas a buen puerto o no, cosa que, aunque lo parezca, no es nada sencilla) y agradezco igualmente como lector que otros poetas las tengan en cuenta también: en esa simbiosis de escritor y lector reside, para mí, la magia de la poesía.

Lo demás, la forma, la ética, la estética y el ritmo, ha de venir añadido y personalizar a cada poeta en concreto. Pero si el lector no se reconoce en los poemas de un libro, estaremos, desde mi punto de vista, ante un libro fallido.

Por eso he disfrutado (y sufrido) tanto los dos primeros poemarios de Pedro César A. Verde, Retrovisor (Canalla Ediciones, 2016) y Para que el piano suene alguien tiene que matar al elefante (Canalla Ediciones, 2018), y por eso he aceptado escribir el prólogo de su nuevo libro, Lo humano y lo divino en el ojo de Tarkovski: con pocos poetas de mi generación me identifico tanto, hasta el punto de reconocerme totalmente en muchos poemas, y pocos me llegan tan hondo como él.

Pedro habla en primera persona de su vida, de sus padres, abuelos, mujeres e hijos, de sus trabajos y anhelos, fantasmas y miedos, de su angustia y vacío existencial, y es como si estuviera leyéndonos el pensamiento y traduciendo en versos nuestras emociones. Y en eso, en esa simbiosis de lector y escritor, insisto, reside para mí la magia de la poesía.

Sin olvidar que el resto, la forma, la ética, la estética y el ritmo, en el caso de este y los demás poemarios de Pedro, viene también añadido, y muy bien orquestado además: un puñado de poemas confesionales impecablemente escritos, nostálgicos y evocadores, melancólicos y reflexivos, amargos y estremecedores, que reflejan la sensibilidad de un poeta extraordinario.

Podría, llegados a este punto, hablar de las influencias cinéfilas del libro (además de Tarkovski, por supuesto, siempre presente), de las brillantes metáforas y asociaciones que contiene, de la importancia de lo visual y de los momentos congelados en el tiempo (como gotas de ámbar, pensaba al leerlo, en la inmensidad que es la vida), de la honestidad con que se auto examina y disecciona el poeta, de la crítica social (explícita o encubierta) que contienen estos versos, o de lo desoladores, incisivos y certeros que en ocasiones pueden llegar a resultar... Pero no lo voy hacer, porque esa tarea, opino, corresponde al lector y ha de ser él, en suma, quien diga la última palabra.

Simplemente, pasen y lean:

Vicente Muñoz Álvarez,
prólogo a Lo humano y lo divino en el ojo de Tarkovski
(Rasmia Ediciones, 2022)


lunes, 14 de marzo de 2022

SULTANA DE MATICES por JULIA ROIG



Me duelo de un noviembre crudo y de un mediodía de mayo del 2002. Se cedió la moldura del corazón como un zapato que hubiera recorrido seis mundos y ahora dejo crecer el amor como un helecho salvaje. Se me volcaron algunas ilusiones que habían bebido demasiado y ahora ríos de agua sucia inventan mapas sobre el mantel mientras bebo café y garabateo con resaca manidos paisajes de niños: casa, árbol, montaña, sol. En mis labios se detuvo una palabra y se quedó anclada justo en la parte interna que no ves y la recorro con mi lengua incansable mientras me hablas sin acertar qué dice pero imaginando un lenguaje nuevo. Un holocausto oliváceo se intuye a la deriva en mis ojos cuando se llenan de sal y se desbordan como una cerveza mal tirada. Mi clavícula derecha tiene el poder de detener el mundo con un solo roce. El remake eterno de nuestras noches en mi cabeza hace que repten por mi cuerpo tus yemas aunque estés lejos en un acto de telequinesis romántica. Lo reconozco: mancho tu taza con mis labios rojos para que encajes tu boca en la mía al beber mientras cierras los ojos y sueñas con lolitas contemporáneas nacidas para devorar tus venas esculpidas a lo Bernini cuando de fondo suena I’m the ocean y la casa se llena de olas y te mecen y te sientes tan pleno y ligero que tu pecho se eleva y se funde en la luz que entra por el balcón y bautizas una a una cada mota de polvo.

Después sueño que cruzo un bosque eterno perseguida por tu intangible presencia y en mi cabeza todo sucede a cámara lenta y siento el clic que cada una de las contradicciones que acumulo emite cuando se van grapando en un historial melancólico que se parece a un jardín abandonado y todo crece, lo que sembré y lo salvaje e inesperado, sobre todo, lo salvaje e inesperado. Decido pasar de largo de ese jardín mientras bendigo el grito de la carne que me acompaña como un himno que viene a dar nombre al laberinto de mis emociones, donde seguir perdida supone la hazaña. No hay tortura lógica en el corazón que se destiñe como una bandera que no es de nadie, pero yo te traigo mi propia teoría del temblor. Sé que el poema se arrastra siempre entre las ruinas de algo que fue. La foto del imperio agoniza en la memoria. Ese es el proceso: quemar la imagen. Nos exponemos en exceso y así hacemos desaparecer los detalles de la luz y así creamos la postal del derrumbe o el poema del mundo. Como árboles ebrios que se abrazan de noche mantén tu revolución en mi cerebro mientras dure el heroico baile con el infinito que nos es dado justo ahora que ya no sé qué hacer con el eje roto del desaliento y tampoco sé cómo prenderte de galaxias de islas y metáforas, más allá de estas caravanas de presentes y alambradas. Me mantengo lúcida como un campo en llamas, al grito de María llena eres de rabia, cuando la distancia es un solar lleno de cristales rotos y me dejo hipnotizar por el péndulo de tus caricias que crecen en mi mente como ramas.

Ahora recorro una eterna carretera, quiero llegar al anfiteatro de Atacama y ver como tu piel arde y huele a jacaranda. Siento cómo se clava el aire en mi pecho. Uso mi histeria como instrumento que me lame el óxido del cansancio. Escribir, deshacerse en tinta, generar la terrible belleza que habita los paraísos que son pasado. Partir el horizonte y que naufragues en el Ganges de mis ojos mientras le acaricio la cerviz a tu dolor. Ser la coda de tu vida.

El esqueleto de la noche cuando pierde sus estrellas es una coartada de nervios y obsesión. Las heridas que emprenden su rumbo antes de ser. Un misterio, unas piernas, una costa de piel, el miedo un gigante que se acerca, un campo de amapolas negras, una mejilla que tiembla, un poema que enferma y la noche escupiendo amaneceres como una tragaperras. Y que nuestro amor sea como Las Vegas, y las semillas de las guerras no toquen tierra, que ahora quiero bajar una escalera de fuego que me lleve a lo hondo de mí misma y arañarme una a una, todas las palabras que me definen/deforman/empañan/manipulan/entierran.

Me quiero reescribir entera.

Julia Roig,
del blog Miss Desastres Naturales


viernes, 11 de marzo de 2022

EL MEJOR CHISTE DEL MUNDO por LUIS SÁNCHEZ MARTÍN



Eran casi las doce y la noche apuntaba a ser larga. Apenas veinte personas en un edificio que, de haber sido ubicado cincuenta metros más al norte, se diría que estaba a las afueras. Pero no, quedó en una suerte de limbo urbanístico en el que simplemente no era céntrico.

Reinaba el silencio. Un silencio opaco, casi húmedo, una suerte de niebla semitangible. Pero intermitente. No era un silencio continuo y absoluto. Un estornudo, un pitido advirtiendo la hora en punto de un reloj digital, el acelerón de un coche que, a pocos metros, tomaba o dejaba la autovía... Y en ese catálogo de invasores acústicos vinimos a ser nosotros quienes se llevaran el premio gordo y alguna pedrea. Nosotros, los tres. Mi hermano, mi primo y yo.

–¿Café? –propuso mi hermano.

Accedimos.

Bajamos lentamente la escalera. Estábamos cansados, llevábamos muchas horas allí. Además, mi hermano arrastraba una severa cojera desde hacía años, lo que ralentizaba aún más el movimiento del grupo. Mi hermano era (y es) mucho mayor que yo. Nunca necesité pronunciar el consabido tópico «podría ser mi padre» porque los hechos hacían innecesarias las palabras: su hijo, mi sobrino, era (y es) dos meses mayor que yo. Mi cuñada dio a luz un siete de julio y mi madre me trajo al mundo el siete de septiembre del mismo año. Mi sobrino y su madre se habían ido dos horas antes y estábamos solos mi hermano, mi primo y yo.

La cafetera estaba abajo, en el pasillo. El bar llevaba un rato cerrado. Mi hermano introdujo una moneda y pulsó el botón del café cortado.

–¿Ahora hay que poner un vaso? –preguntó mi primo.

–No, José Miguel –dijo mi hermano–: hay que echarse un sobre de azúcar en la boca y meter la cabeza ahí debajo.

Acompañó la absurda respuesta con un gesto histriónico, arqueando el cuerpo, bizqueando y sacando la lengua. Mi hermano. Cojo, calvo, con la barba canosa más desastrosa que jamás he visto y más de cincuenta años sobre sus cansados hombros. Mi primo y yo explotamos. Fue una carcajada en toda regla, nos acababan de contar el mejor chiste del mundo, o eso nos pareció. Eran las doce de la noche y llevábamos allí desde las doce del mediodía. Estábamos agotados, nos dolían las piernas y la espalda y necesitábamos ese momento de reconciliación con la existencia más que cualquier otra cosa.

–Señores, por favor –escuchamos. Alguien nos llamaba al orden.

Nos asomamos al hueco de la escalera y vimos, unos metros más arriba, a un guardia de seguridad serio y muy bien uniformado. Yo jamás había logrado planchar tan bien una camisa. Mi hermano jamás había logrado si quiera planchar una camisa. Desconocía (y desconozco) el currículum de mi primo a ese respecto. Hizo como que se ajustaba el nudo de la corbata y continúo diciendo:

–Ya son mayorcitos, joder. Un respeto, que estamos en un velatorio.

–Lo sabemos, somos los hijos del difunto –mi hermano.

–Y yo el sobrino –mi primo, que aún no había logrado borrar el remanente de sonrisa que sobrevivió a la carcajada.

–Disculpe, no volverá a ocurrir –mi hermano de nuevo, zanjando el asunto.

Las doce horas de velatorio que habíamos dejado atrás (faltaban otras doce hacia delante) habían sido un frenético catálogo de llantos, abrazos, idas, venidas y algún amago de crisis nerviosa hasta hacía poco más de dos horas. A eso de las diez todos se fueron marchando y nos quedamos los tres bajo aquella densa y pesada cortina de silencio que tan oportunamente acabábamos de rasgar.

Llenamos los tres vasos (finalmente los pusimos bajo el chorro de café, a pesar de las indicaciones de mi hermano) y volvimos a la sala 4 del tanatorio, segunda planta, la última a la izquierda. Aún con alguna irreverente sonrisa surcando nuestros rostros, más aún si nos mirábamos, nos sentamos en el sofá frente al cristal donde exponían al viejo.

Luis Sánchez Martín,
de Todo en orden
(Chamán Ediciones, 2022)


jueves, 10 de marzo de 2022

AQUELLOS MARAVILLOSOS HOMBRES QUE NOS HICIERON SOÑAR por JOSÉ PASTOR GONZÁLEZ




era un vendaval impredecible
incansable todo nervio y acción
una bomba de ideas de proyectos de iniciativas
de nuevas aventuras
convincente
un luchador
rebelde
un referente para muchos de los que le conocíamos...
hoy he vuelto a verle después de dos años sin saber de él
algo se había roto
algo profundo esencial
había perdido la fuerza la rebeldía la rabia
nada quedaba del hombre que conocí
sentado en la barra de aquel bar
apalancado a la banqueta
como si una fuerza magnética
tirara de él hacia abajo
y le tuviera atrapado en una tierra extraña y cruel
bebiendo con una tristeza infinita
que venía de algún lugar que solo él conocía
fumando con desgana
para matar el tiempo
y disimular el vacío
empantanado en unas aguas profundas sucias muertas
hablando sin nadie que le escuchara
sin garra
con la mirada ausente sin brillo
los ojos secos la boca seca la piel seca
las manos muertas
el alma muerta
totalmente derrotado
como algo inservible
como algo inevitable
como si no tuviera la menor importancia
como algo natural en el ser humano
                              algo desgarrador en un ser humano


José Pastor González


Foto: Vivian Maier

miércoles, 9 de marzo de 2022

NIRVANA por IVÁN ROJO



Las calles en las que meé.
Benditas calles. Sagradas.
Todas las calles en las que meé en las noches rojas.
Las llevo en la sangre.
La calle Salamanca.
La calle Virgen de la Cabeza.
La calle de las Impertinencias.
Fui un héroe pagano.
Marqué mi ciudad.
Marqué mi provincia.
Y luego marqué España entera con mi impureza.
Meé en verjas.
En tapias.
En setos.
La calle Norte.
La calle de las Fresas.
La calle del Doctor García Donato.
Meé de pie bajo las estrellas
viendo mi aliento blanco e intocable subir al cielo como un ángel.
Meé entre los contenedores.
Entre los coches.
Entre la gente.
Meé en la rueda de un porsche y había un tío dentro
que se vino a por mí y quiso matarme
pero no pudo porque a mí no me mata ni Dios,
soy la prueba viviente.
La calle Brasil.
La calle Albacete.
La calle del Progreso.
Todas deberían figurar en las rutas urbanas para turistas.
Los taxistas deberían conocerlas de memoria.
Deberían llevar mi nombre, todas ellas.
Todas esas calles.
Todas aquellas calles en las que meé cuando era un perro joven,
un cachorro,
y aún no había olvidado que el mundo me pertenece.

Iván Rojo


martes, 8 de marzo de 2022

UN POEMA de JORGE M MOLINERO



En la memoria quedará
no el efímero muñeco de nieve
sino el barro sucio en que se convirtió.

Las huellas
Las ramas descuajaringadas en el suelo
Las piedras que perdieron su alma de botón

Nada de la imagen feliz a pesar
de ser un hombre de hielo como tú

Sólo los despojos
Las entrañas donde ahora reposa un gato
La sensación mientras modelabas
de que eso tampoco
iba a durar una eternidad

Jorge M Molinero


sábado, 5 de marzo de 2022

YOYÓ por ANA GRANDAL




Yo bajo. El despertador me chilla al oído. El pie se pone en contacto con las baldosas heladas, un latigazo gélido me sacude el espinazo.

Yo subo. Café caliente, placer instantáneo. Mi mente despejada afronta con ánimo la nueva jornada. Quién sabe lo que deparará.

Yo bajo. En las entrañas del metro, empujones, ahogo, sudor. Caras hoscas que reflejan mi propio malestar.

Yo subo. El sol me saluda y le devuelvo la cortesía con una sonrisa. Nubes recién lavadas, azul optimista en el cielo.

Yo bajo. Beca precaria. Laboratorio siempre bajo la espada del recorte que pende sobre su futuro. Amenaza vieja y eterna.

Yo subo. Neuronas activas, conexiones que llevan a otras conexiones. Investigo, indago. La sustancia de la vida entre mis dedos.

Yo bajo. Estómago revuelto. Fritanga barata, lechuga mustia, hedor a comida basura en el comedor.

Yo subo. En el mercado del barrio, colores de la huerta, aromas frescos del mar, voces cantarinas que llaman a saborear los frutos de la tierra.

Yo bajo. Cierro la puerta y clausuro el día. Oscuridad. Lento goteo en el fregadero. Nadie pronuncia mi nombre.

Yo subo. Mi gato ronronea enroscado sobre mi regazo. El libro que leo me regala una nueva aventura. Recuesto la cabeza sobre un cojín. Estoy viva.

Ana Grandal,
en La Charla Literaria


viernes, 4 de marzo de 2022

TODO EN ORDEN: Luis Sánchez Martín.



Cansado de quemar tus días en horario de trabajo, abrazas otra realidad posible; cuando dependes exclusivamente de alguien que jamás te supo valorar; cuando tres días sin dormir te llevan hasta donde nunca creías poder llegar; cuando cruzas la frontera en busca de fármacos; cuando un graznido corta la oscuridad, una carcajada rompe la noche, el gato saca las uñas y aparcas tu vida en doble fila; cuando tu obra se convierte en una extensión de ti mismo y abres día tras día el mismo buzón, siempre vacío.

Cuando todo esto sucede, ha llegado el momento de poner todo en orden.

La vida como condena es el nexo común de estas historias de precariedad, ostracismo, lastre, muerte y soledad con las que el autor denuncia el dolor, pero también reivindica el derecho a morir con las botas puestas y la cabeza bien alta. Porque a muchos solo les queda el placer, que lo es, de hacer mucho ruido.


jueves, 3 de marzo de 2022

COMO BRINDAN LOS MANCOS por PEDRO CÉSAR A. VERDE



de momento,
abril se ha presentado este año
como un novio borracho
con un ramillete de charcos
en la mano

afuera el viento y la lluvia
zarandean los árboles que resisten
agarrados con uñas y dientes al suelo,
pero todos lo hacemos,
de alguna manera,
es algo lícito y natural,
igual que la raíz a la tierra
y la tierra a su propio peso

abrimos una botella de vino,
un crianza, para acompañar
unos filetes de lomo
y un puré de verduras

nada que celebrar,
simplemente el hecho de coincidir
en mitad de este universo
tan bárbaro

¿nos tenemos? no, estamos,
somos, compartimos lo poco
que hemos conseguido salvar
de lo prestado por el usurero psicópata
servimos el vino,
proponemos un brindis
y lo llevamos a cabo
como siempre con sumo cuidado

los dos sabemos lo delicadas que son
estas copas

Pedro César A. Verde, de Lo humano y lo divino en el ojo de Tarkovski (Rasmia Ediciones, 2022)


https://rasmiaediciones.com/producto/lo-humano-y-lo-divino-en-el-ojo-de-tarkovski/