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lunes, 26 de mayo de 2025

EL LENGUAJE DE LA LLUVIA: Prólogo por Javier Das.



1. José Ángel Barrueco

Se dice que Howard Carter dijo “Veo cosas maravillosas” cuando descubrió la tumba de Tutankhamon. A mí me pareció algo parecido la primera vez que entré en casa de José Ángel Barrueco (sin maldición de por medio, cosa que es de agradecer). La casa de Jab estaba hecha de libros, al menos revestida. Su mesilla de noche podía competir en las mismas ligas que algunas librerías de viejo, y por toda su casa eran varias las filas de libros superpuestas que robaban espacio al oxígeno. Si en la serie Friends, Ross y Joey construyen un fuerte con las cajas de cartón de una mudanza, nosotros podríamos haber hecho algo parecido con todos aquellos libros. Y en lugar de disfrazarnos de indios y vaqueros, habría tenido más sentido convertirnos, por ejemplo, en Cortázar y Bernhard.

Cuando en 2008 edité mi primer libro de poesía y me introduje en el mundillo poético de Madrid, José Ángel Barrueco ya estaba allí. Ya tenía un blog que era una referencia (lo sigue manteniendo actualizado a día de hoy), ya tenía libros editados que sólo se podían conseguir en librerías de viejo, ya formaba parte de esa literatura independiente que estaba a punto de explotar gracias, sobre todo, en nuestro caso, al Bar Bukowski y a una infinidad de editoriales que nacían con la idea de recoger esa vida en ebullición, aunque muchas de ellas cerrasen tras pocos meses, tras descubrir que el trabajo de editor supone un esfuerzo, en muchas ocasiones, titánico.

Recuerdo perfectamente el día que Marcus Versus contaba a David González que estaba pensando montar una editorial, y recuerdo también perfectamente la cara de sorpresa que se nos quedó a todos cuando nos dijo su nombre: Ya lo dijo Casimiro Parker. ¿Quién era Casimiro y qué había dicho?

Los que rodeábamos a Marcus no tardamos en mandarle nuestros manuscritos. Yo lo hice con Sin frío en las manos, y José Ángel Barrueco con Le aplastaré con mis versos. En conversaciones telefónicas nos preguntábamos sobre la respuesta de Marcus, convencidos de que, en caso de que uno de los dos editara con la nueva editorial, lo más normal es que el otro no lo hiciese, por una simple cuestión de probabilidad.

No hay camino al paraíso fue el maravilloso resultado que ninguno de los dos habíamos planeado. Un poemario a dos manos, dos libros independientes pero que se unían en la figura paterna, dos voces con dos mensajes diferentes unidos en un único proyecto.

Durante los meses siguientes compartimos bares, hoteles, cervezas, carreteras, recitales, más cervezas, más recitales, otros tantos bares. Fue allí donde nuestra amistad terminó de fraguarse, donde descubrimos que nos une un sentido del humor parecido, donde cada uno de nosotros se sirvió del otro para contener ese vértigo que supone subirse a un escenario y defender unos poemas frente a gente que no se conoce.

Fue también durante esa época cuando más coincidimos con otro de los nombres propios de la poesía independiente española: David González. Él fue el encargado de escribir el prólogo de nuestro libro, y con él compartimos también varias de esas presentaciones, otros tantos recitales cuando era David el que leía y, de nuevo, muchas cervezas, bares y emails.


2. El lenguaje de la lluvia

José Ángel Barrueco tiene ya 52 años, dos hijos, mucha literatura a sus espaldas, unos cuantos manuscritos inéditos en el cajón y un universo poético propio.

El lenguaje de la lluvia es el resultado de haber juntado todos esos elementos. Es poder ver desde un lugar más calmado que la literatura no te ha dado todo lo que querías, pero que casi todo lo que tienes se lo debes a ella. Es haber recibido el golpe de perder una gran referencia en ese mundo propio, aunque esa referencia fuese en muchas ocasiones una bomba a punto de estallar. Es haber tenido que destinar buena parte de tu tiempo a ser padre y llevar una casa. Es el resultado de sentir que has perdido tantas peleas con la literatura, que ya no sabes si al final te has hecho amigo de ese gran dragón que custodia un tesoro. Pero no os confundáis, El lenguaje de la lluvia no es un libro triste, no es un libro pesimista. Como he indicado, la experiencia y el paso de los años te da una posición más calmada desde la que observar, y desde ese punto de vista José Ángel Barrueco nos habla de aquellas cosas que le importan. Y nosotros tenemos el placer de acompañarle.

El lenguaje de la lluvia está formado por varios capítulos. Su comienzo y su final nos muestran a un José Ángel Barrueco en ese lugar del que hablábamos antes, analizando su presente, rebuscando en sus éxitos y fracasos, convirtiendo su rutina en un mar tranquilo en el que sumergirse. Me gusta mucho Cosas de familia, la última parte del libro. En sus poemas encontramos al José Ángel Barrueco más reflexivo, aquel que nos hace partícipes de su paternidad y de lo que conlleva, que nos invita a entrar con él a su casa y nos comparte sus pensamientos. Aquel con el que, momentos después, buscaríamos un buen lugar donde compartir una cerveza y conversación.

El resto del libro, en realidad el grueso más importante, está dividido en dos nombres propios: Thomas Bernhard y David González. Junto a José Ángel Barrueco y su mujer viajaremos a seguir los pasos del primero, seremos participes en la búsqueda de un escritor que no quería ser encontrado una vez muerto, que probablemente no habría aplaudido todo ese tiempo invertido en llegar a su tumba para rendirle homenaje. Merece la pena leer con tranquilidad esos poemas, buscar en Google los lugares que se nombran, incluso recorrer los mismos con las herramientas que ofrece la tecnología. Merece la pena ser un viajero más con todas sus consecuencias, y pese a hacerlo desde un sillón o una cafetería, llegar a formar en nuestra mente nuestros propios recuerdos, nuestras propias imágenes, dándoles forma con las palabras que José Ángel Barrueco hace también nuestras en sus versos.

Y dejo para el final el episodio, con toda seguridad, más doloroso del libro. En unos pocos poemas (y no hacen falta más), José Ángel Barrueco revive para nosotros lo que supuso para él la muerte de David González, el vértigo de escuchar y tener que asumir la noticia, y el vacío que el paso de los días hace crecer en su interior, sin tener nada con que volver a llenarlo. Si empezaba este prólogo hablando de mi relación con José Ángel Barrueco era en buena medida para poder dar un contexto a esta última parte. Yo tuve el desgraciado privilegio de ser el primero en darle la noticia, y seguro que como a él, a la cabeza me vinieron tantos y tantos momentos compartidos. A José Ángel Barrueco le destroza la muerte del poeta y amigo y lo comparte con nosotros. Y de paso, a su manera, seguramente de la mejor manera que podía hacerlo, con la literatura, le da un abrazo fuerte y solidario. Muchos de nosotros debemos parte de nuestro camino recorrido a gente como David. Te echaremos de menos.


3. Díselo con balas

Quiero acabar este prólogo con una sonrisa, con una de las mejores anécdotas que tuvo nuestro paso por Blanca, en Murcia, para presentar No hay camino al paraíso. Creo que fue la primera y última vez en que se nos pagó el transporte, el hotel e incluso se nos dio algo de dinero por acudir a una feria de literatura. Nos alojábamos juntos en una habitación del hotel La Casa del Conde. El día que tenía lugar la feria, tras la misma y tras pasar por alguno de los bares que ofrecía Blanca, volvimos a la habitación del hotel a eso de las 4 de la madrugada. No recuerdo el motivo pero decidimos encender la televisión (supongo que había que esperar que la habitación dejase de dar vueltas). A esas horas esperábamos anuncios de la teletienda, donde los seres humanos parecen seres retrasados que necesitan cualquier tipo de herramienta para su vida cotidiana. Pero para nuestra alegría y sorpresa, el directivo de alguna cadena de televisión había decidido que era la hora perfecta para emitir un capítulo de El Equipo A, y como si de un poema de Bukowski se tratara, el título del capítulo te obligaba a mantener la atención. Díselo con balas. Aun así el alcohol pesó más que la acción de los 80 y en pocos minutos ambos estábamos roncando.

Javier Das, 
prólogo a El lenguaje de la lluvia
de José Ángel Barrueco 
(Páramo Editorial, 2025)


miércoles, 4 de septiembre de 2024

jueves, 9 de febrero de 2023

ANNA (CAPITAL SEMILLA) por GSÚS BONILLA




NO HA NACIDO TODAVÍA:

y ya los ojos o el paladar
o cómo tendrá el pelo 

si ancestral igual que mis antepasados 
o beige 
aproximado al año del hambre 

acercaba el oído a tu vientre 
y sentía el aullido de un lobo 

otras veces 
escuchaba rascar al otro lado de la pared 
tan suavemente 
que enseguida se me erizaba 
el vello de los brazos 
como un sollozo 
que atravesaría 
el nudo de tu ombligo 

no sé 
en qué rincón de tus entrañas 
se esconderá de nuevo
pero siempre el mismo ruido
por mínimo que fuera 

seguiríamos encadenado palabras 
el resto de los días 
y vistiendo muñecas de cuando tú eras niña 
sacando parecidos al júbilo 
y a las ambulancias 

o clavándole alfileres 
a la helada de mis muertos.


HOGAR 

el destino es ahora un pie de página 
y tiene apariencia de herradura 

aunque nos hallamos descalzos 
pensábamos en una caja de zapatos 

o en un calcetín doblado; 
así pues esto será tu casa: 

el cuenco de nuestras manos 
formando un nido 

fragmentos 
de la cáscara de un huevo 

y una lombriz


POR DONDE SALE EL SOL 

este 
cortar las uñas 

este 
quitar pieles 

este 
remendar heridas 

este 
estado ventura 

este despertar 

de las anestesias


HUÉRFANOS 

La felicidad era un trozo de carne aprendiendo a gemir, una manada de pequeños lobos hincando sus hocicos negros en ella; poco antes habrías sido parida con toda la liturgia de los hospitales del primer mundo, sobre un rosal. Tu llanto eran espinas y desconcierto; qué hacer en ese calvario de sábanas, que otra cosa que unirnos a la orgía e invocar otro olor a tierra mojada, y esperar la lluvia y permanecer en silencio, abrazados y callados, mientras, llegaba nuestro turno, lento y cansado, como un viejo caracol; descorazado, desahuciado y sin ánimo de nada, arrastrando otra lucha perdida más; desnudo, exponiéndose a la burla, que nos llevó a olvidar a la madre, palpándose el pecho, hasta dar con el corazón 

y extraerlo y echarlo todo entero y que sirva de alimento para las bestias.


LA NIÑA: 

crece deprisa, como la leche cocida de más, que supera la olla y rebosa; una consciencia que habrá venido de mañana, igual que una espuma blanca que ha llenado la bañera y nos sorprende; es el agua jabonosa la que aporta una nueva claridad. 

eres casi anciano cuando te molesta un pato, el pez rosa o algo parecido a una gallina, todos son de goma y no se hunden; ella se deschocha de la risa cuando los sumerge y tocan fondo e inesperadamente alcanzan, una vez más, la superficie; cosas de muñecos, me digo, también me da la risa, y escribo como puedo, para mí, este poema. 

la madre inédita se une a nuestra fiesta, también está feliz, aunque casi pierde el útero en la última batalla, pero sigue con fuerza y escupe mariposas y luciérnagas; diría que en su vientre hay capacidad de sobra para otro ejército de ladrones o para un cofre con más monedas; sin embargo, no hay sitio para las arañas; tampoco nuestro baño es el de un palacio y la vida hace tiempo que ha dejado 67 de ser un cuento, ojalá que mueran las princesas y más reyes; la niña aplaude de alegría, huele a biberón, yo vuelvo vomitar sapos, y recuerdo que está pendiente sobre la mesa.


UN APUNTE SOBRE LOS CUENTOS 

Quién teme al lobo feroz, al lobo
al lobo

LOS TRES CERDITOS

que quién teme al lobo feroz al lobo 
al lobo… 

mi hija 
mi hija malditos cerdos.


SUPERHÉROE 

confía en mí 
como quien pones sus labios 
secos y agrietados 
en la estampa de un santo 
o en el mármol frío de la peana 
del mismísimo 
dios así es su fé 

como la de un empresario gordo 
en un político afín 
como la de éste 
en un banquero podrido de dinero 
como la de todos ellos 
en un hombre corpulento y uniformado 
armado sin alma 
adiestrado, ciego y sumiso 

confía en mí 
nada más porque soy su padre 
y eso es mucho y nada 
y más grande que yo, para ella 
no hay nada ni nadie
y todo lo demás que no sea yo 
está por debajo 
de sus apenas noventa centímetros 
de altura 

y confía en mí, sobre todo 
porque tengo las manos suaves 
y los pies calientes 

confía en mí 
aunque todavía no sepa 
que el miedo que tengo es
a que si se le escapa el globo 
yo no lo pueda alcanzar.


Gsús Bonilla, de Anna (Capital Semilla) (Editorial Mankell, 2023).


viernes, 13 de enero de 2023

TRANSFORMACIÓN por DAVID GONZÁLEZ





Durante estos últimos
casi cincuenta y tres años
viví en un sueño recurrente:

yo era
peter pan:

yo era
peter pan:

era:

porque esta mañana
cuando me desperté
ya tenía

un garfio por mano

y otro

por corazón:


David González, de Los equilibristas (Raro Ediciones, 2021)


jueves, 27 de octubre de 2022

4 POEMAS de LA SED Y EL BRINDIS por ÍCARO CARRILLO




LA ARISTOCRACIA DEL BARRO

El latido de una mentira
suele caducar antes que su estruendo
así que huimos del mármol
moldeando ídolos de tierra y sol.
Somos la aristocracia del barro
y blindamos nuestras paredes con estas palabras:
tras un disparo injusto
primero cae el pájaro,
después el cielo entero.


ÁRBOLES GRISES BOCA ABAJO

Me entra frío por los ojos.
Joe Strummer


A principios del invierno
el frío entra por los ojos del anciano
cuando los párpados son puertas demasiado endebles
para retener la embestida de la escarcha.

El parte meteorológico ya no invierte sus esfuerzos
en el inútil intento de reconstruir el verano
a base de presagios incumplidos.

Hoy
las nubes son árboles grises boca abajo
a punto de romper en tormenta.


DESPUÉS DEL INCENDIO

Los mapas que alquilamos coquetean con el fuego
prendiendo caminos -uno tras otro-
hasta desembocar en un callejón sin salida.

Aprendemos sobre la marcha
que avanzar al margen de la senda
es la herencia del lobo.

Este poema es de tinta y papel
porque el mordisco de la ceniza
siempre viene después del incendio.


POLVO O CENIZAS

Gimen de infinito las catedrales.
Pedro Casariego Córdoba

La historia se repite:
es martes por la mañana
y las campanas roncas de la catedral
perfilan jaulas en el centro de la ciudad.
El asfalto es un lienzo imperfecto
donde el frío dibuja sombras encogidas.
Todas quieren conservar a salvo
el pájaro azul de Bukowski dentro del pecho.
Todas terminarán siendo
polvo
o cenizas.

Ícaro Carrillo, de La sed y el brindis (Ediciones En Huida, 2022)


jueves, 15 de septiembre de 2022

HABITACIONES DE INVIERNO: Alfredo Perán Pérez.



Habitaciones de invierno
es el primer poemario publicado el poeta alicantino Alfredo Perán Pérez. En él nos adentramos en las estancias de una casa en la que habitan los poemas y las ausencias, el amor y lo que debió ser el olvido a través de las cuatro estacione del año.

«En Habitaciones de invierno podemos recrearnos en un museo de la intimidad, cuartos de espejos que fijan a las paredes lo que solo es perceptible en el interior. Cuando proclama que es un «corazón deshabitado» nos hace partícipes de la ruina y la desolación interior como quien admira la belleza del paso del tiempo que todo lo corroe. Un ejercicio de introspección que fija su bisturí en los afectos, en un amor que se derrumba y que se resiste a desaparecer, que se ancla a los cimientos de estas habitaciones.» (Del prólogo de Francisco Javier Gallego Dueñas).


jueves, 3 de febrero de 2022

URGENCIA DE LO MINUCIOSO: Prólogo.



LUIS RAMOS DE LA TORRE: DE LA POESÍA COMO OFRECIMIENTO

Tras la lectura del poemario Urgencia de lo minucioso, de Luis Ramos de la Torre, se nos impone un sentir: estamos ante una poesía verdadera que el autor entrega como ofrecimiento a todos los posibles destinatarios.

En toda ofrenda, en todo ofrecimiento, hay un mecanismo ritual. Y es que, en esta escritura, asistimos, como lectores, a una suerte de rito del decir cuya finalidad es el revelar, el iluminar el mundo.

Urgencia de lo minucioso, reza el título. Algo que el autor refuerza, en distintos momentos de su decir, con expresiones como “Urge lo minucioso”, al tiempo que nos llama “aventureros de lo minucioso”. Podemos interpretar, sí, esta poesía como aventura. Hay en ella lo que Susan Sontag, al hablar de Walter Benjamin, llamaba una “mirada microscópica”, una mirada hacia las cosas pequeñas.

Es el procedimiento que aquí utiliza Luis Ramos de la Torre. Parte de lo común, de lo sencillo (términos que él mismo utiliza), esto es, de lo que tenemos ahí al lado. Y, a partir de ello, a partir de la naturaleza, de los fenómenos atmosféricos, del cosmos, de las estaciones, de los distintos momentos del día…, esto es, a partir de lo que está ahí, el poeta canta y trasciende su decir, da un salto, para llevarnos a los territorios del espíritu, de aquello que nos constituye, de los diversos estados de ánimo.

Y es que, a lo largo y ancho de todo el poemario, hay un continuo mecanismo de simbolización, que es el mecanismo iluminador y revelador que utiliza, para que nos conozcamos y conozcamos el mundo.

Para hacer posible esta aventura que es el revelar e iluminar a través de la palabra, el poeta nos realiza diversas invitaciones: “Hacerse al lugar”, “Atreverse a mirar”, o “aprender la lección de la materia”… Pues no hay aventura sin ponerse en juego, sin asumir riesgos.

Simbolizar, a partir de lo próximo, de lo pequeño, de lo que tenemos ahí a mano, para trascender lo que vivimos, y extraer de ello el sentido que tiene nuestro existir, nuestro estar en el mundo. Y, en ello, hay un vuelo, un mecanismo de elevación. De ahí que el poeta otorgue tanta importancia a los pájaros y a los árboles. Y nos hable del “vuelo de la planta” o también “el vuelo de los árboles”. Y abunde tanto en todo el poemario todo lo que tiene que ver con la elevación.

También podemos interpretar el poemario como un verdadero canto del caminar –la raíz claudiana de nuestro autor es innegable; pero no está en él como servidumbre o lastre, sino como impulso para manifestar su propio decir y, a través de él, su mundo propio–. Hay de continuo un ‘iter’ que se recorre para manifestar la contemplación y, a través de ella –lo reiteramos– la revelación e iluminación del ser y del mundo.

El poeta portugués Al Berto hablaba de “la secreta vida de las imágenes”. Luis Ramos procede en su decir iluminativo por imágenes, para revelarnos los sentidos ocultos de la realidad. Como sembrador, se hallan esparcidas como semillas por todo el libro, como a voleo. Así, nos habla de “las mimbreras del alma”; de las hebras de la lluvia “para tejer lo húmedo en lo nuevo”; de “la escarcha rancia de los odios”; o, en fin, por citar un último ejemplo, de “la pulpa cárdena de la costumbre”.

El poeta sitúa su decir en la perspectiva del amor (“Mientras amemos … / al mundo y a la luz aún le haremos falta”) y en esa fraternidad del compartirlo todo (“Sin dueño todo lo que se respira, / el lenguaje, de todos, / de todos el sol”). De ahí que esta poesía funcione también como talismán frente al dolor y la herida (“¿Cuándo se cerrará por fin la herida?”), que busca ser curada, de ahí el empleo de términos como sutura o cicatrices.

Y es un talismán contra cualquier manifestación del mal. De ahí que el poeta advierta que “buscamos persistentes lo seguro, / el mejor asidero contra los problemas” y que nos indique que “Todo sin honradez es huero y es gusano”.

Urgencia de lo minucioso puede ser situado en esa constelación de poesía contemporánea marcada por la iluminación y la revelación. No es casual, en ese sentido, la cita de Hölderlin que encabeza el poemario. De Hölderlin, llega esta vía a Rilke y continúa hasta Paul Celan, donde aparece esa levedad en el decir, cultivada por esta último poeta. Entre nosotros, la asume José Ángel Valente, cuyos versos también encabezan este libro. Y, en esta tradición, claro, también encontramos la poesía de Claudio Rodríguez, ese gran maestro de Luis Ramos.

Pero esto es decir poco y con ello, acaso, extraviemos al lector. Porque Urgencia de lo minucioso, de Luis Ramos, es un poemario verdadero, ya que expresa su mundo propio o, si queremos, su modo propio de captar el mundo, a través de un mecanismo de trascender lo próximo sirviéndose de procesos simbolizadores. En este sentido, los símbolos relacionados con los árboles, las aves, el aire y el viento, la luz o todo lo que tiene que ver con la elevación, son claves.

Levedad en el decir, contemplación minuciosa y atenta de lo próximo, para trascenderlo y llevarlo a otro plano de significaciones iluminadoras y trascendentes… En la vía de la mejor poesía contemporánea.

José Luis Puerto: 
Prólogo a Urgencia de lo minucioso
de Luis Ramos de la Torre
(Lastura, 2021)


miércoles, 22 de septiembre de 2021

AL ENCUENTRO DEL MONTE FUJI: Juan Chaves.



El exquisito poemario Al encuentro del monte Fuji está compuesto por 39 poemas de catorce versos que conforman una unidad orgánica. No es poesía filosófica, ni mística, ni ecologista (o, quizá, sí es todo eso): aunque parece que navegara hacia el íntimo encuentro con otra espiritualidad…

«Huele a haiku de Basho el crisantemo,
a perfume de Nara en las tardes de otoño,
a fragancia de agua y cantos rodados»


jueves, 29 de octubre de 2020

RECUENTO: Octavio Gómez Milián




Recuento es un parpadeo vital, de Zaragoza hasta Ateca. La ciudad en la distancia que se ahoga por su sed de mar, nunca saciada por el río que la atraviesa. Zaragoza es la memoria de sus padres, de la noche convertida en aliada, de la fiebre que abrasaba, del idioma de la ginebra aprendido, Manuel Rotellar, José Orús, Manuel Giménez Abad o Luis Felipe Alegre son fantasmas que recorren sus barrios, que beben en los bares la absenta fabricada con agua del Huerva. Ateca es una noche distinta, muda y repetida, que permite la mutación, que limpia los pulmones y la garganta. Es un hijo que corre por la luna, un recorrido que se repite, amigos fallecidos que vienen de visita. Dos ríos que se encuentran, un corazón que busca hacer las paces con el extraño del espejo. La muerte y la vida, la ciudad y el pueblo, la soledad y la compañía. Un recuento vital, cerrar los ojos y, un instante más tarde, abrirlos y encontrarme, completamente distinto.


jueves, 20 de agosto de 2020

VEGA: Ramón Guerrero.



Si pudiera me tomaría una docena de pintas para disimular la angustia que me crea presentaros en papel mi primer poemario publicado de continuo, nada menos, sin prácticamente ninguna errata y con los mecanismos de autodefensa a cero. Saldrá a primeros de septiembre (sabemos que en agosto hace demasiado calor para todo, hasta para perder la sonrisa ante todo este hundimiento de la cultura). Nosotros somos la “Resistencia”, la empatía entre manos que escriben y ojos que leen. Que vamos a hacer, se convirtió en pasión y en una búsqueda y en un encuentro que nos hace estallar de vez en cuando sin atender a las consecuencias.

Lo cierto es que aquí os dejo la portada y contraportada del poemario que ya dejó de ser mío. 

La poesía no necesita desciframiento, más bien un solidario recibimiento para continuar con la transmisión de ciertos argumentos vitales.

Ramón Guerrero


miércoles, 1 de julio de 2020

LOS CHICOS DE LOS QUE HABLO por E.E. CUMMINGS




los chicos de los que hablo no son refinados
salen con chicas que embisten y muerden
la suerte les importa un pito
se las tiran trece veces cada noche

uno cuelga un sombrero de la teta de una de ellas
otro graba una cruz en su trasero
la inteligencia les importa un bledo
los chicos de los que hablo no son refinados

van con chicas que muerden y embisten
que no saben leer ni escribir
que se ríen hasta reventar
y que se masturban con dinamita

los chicos de los que hablo no son refinados
no saben hablar de esto y aquello
el arte les importa un comino
matan como el que mea

dicen todo lo que se les pasa por la cabeza
hacen todo lo que les sale de los cojones
los chicos de los que hablo no son refinados
cuando bailan hacen temblar a las montañas


E.E. Cummings, de Buffalo Bill ha muerto: Antología poética 1910-1962 (Hiperión. 1996)

viernes, 12 de junio de 2020

AVIARIO por GSÚS BONILLA



AVIARIO [el cuaderno de excusas] comprende una serie textos sin pretensión estética o lírica alguna. Por tanto, y por ubicarlos de alguna manera, podrían estar relacionados con una escritura meramente testimonial, apegada a lo prosáico, respondiendo a mi deseo de aferrarme al lenguaje de las emociones, a veces abstracto a veces corpóreo y verídico, en todo caso, el que me ha ofrecido la realidad, la que vivimos desde mediados del mes de marzo (2020) hasta quién sabe cuándo. Eso es todo.

Gracias por haberle dedicado un momento de lectura durante este conjunto de días tan singulares. Y por si a alguien le resultara de interés, todos estos textos están recogidos en un pdf, que si quiere que se lo envíe no tiene más que pedírmelo.


jueves, 23 de enero de 2020

UNA BRIZNA DE ESPERANZA por DAVID GONZÁLEZ




perdido el norte
por       el centro

me acerco peligrosamente
a los cincuenta y cinco
y hago mía
esta oración de james michener (1):

me siento como si tuviera
noventa años
y viese el fin
de una vida desperdiciada:

la pobreza como una enfermedad crónica:

la poesía como una maldición insufrible:

la soledad como única compañía posible:

y perdido el norte
por          el centro

por Helena:

me siento como si tuviera
noventa años
y viese el fin
de una vida desperdiciada:

me vienen a la memoria entonces
los pensionistas de bilbao
mi amiga Andrea (2) entre ellos

luchando cada lunes sin desfallecer
por el futuro de sus pensiones
y las de sus hijos y nietos:

me viene también a la memoria
el documental la sal de la tierra (3)
donde entre otras cosas se nos cuenta
que a sus cincuenta y cinco
o cincuenta y seis años
el fotógrafo sebastiao salgado
con su compañera de vida Leila Wanick
empezó a reforestar
semilla a semilla
un bosque en brasil:

me vienen a la memoria por último

miguel de cervantes saavedra
que dio el quijote a la imprenta
siendo ya casi sexagenario

y el escritor maldito charles bukowski
que andaba por los cincuenta y seis
cuando conoció a Linda Lee Beighle:

tomar en consideración estos casos
me hace concebir una brizna de esperanza:

tal vez
después de todo
lo mejor de mi vida

aún esté
por llegar:


David González, de Fuera de guion (Más madera, 2019). Edición al cuidado de José Yebra.

1 Escritor estadounidense (1907-1997)

2 Andrea Uña Barrientos, poeta y rapsoda.

3 La sal de la tierra, 2014. Directores: Win Wenders y Juliano Ribeiro Salgado… Guión: Win Wenders y Juliano Ribeiro Salgado... Música: Laurent Pettigard… Fotografía: Hugo Barbier y Juliano Ribeiro Salgado…Premios: Premio Especial del Jurado en el Festival de Cannes (2014) … Premio César al Mejor Documental (2014) … Premio del Público en el Festival de San Sebastián (2014).

martes, 27 de agosto de 2019

ANIMALICÉMONOS: David G. Lago.




El «análisis lírico» que marca el tenor de Animalicémonos se apoya en un estilo de la transparencia: la escritura no pesa tanto por su énfasis sintáctico como por su rotundidad conceptual. David G. Lago impregna sus poemas con una claridad casi apolínea. Como en todo proyecto ético —y el suyo indudablemente lo es— el lenguaje se vuelve una piel fina, incolora, que deja ver la sangre que fluye bajo ella. Se podría decir que, en Animalicémonos, las palabras desaparecen para entregarnos la realidad. […] Se pregunta David G. Lago, entre escandalizado y pesimista: «¿Por qué no viviremos/ como olfatean los conejos,/ con interés y sin cronómetros,/ metiendo las narices/ donde haya que meterlas?». Y, en esta misma nostalgia del conocimiento sensorial, sentencia: «Ya nadie escucha./ Ya nadie huele».

Pedro Alberto Cruz

El poeta, desde su sensibilidad animal, desde el inconformismo y el deseo […], desde su misión prometeica, construye un imaginario que nos extravía y nos descubre en cada uno de estos seres vivos que son, que somos, siempre nosotros. Después del poemario solo somos cuerpos que laten con lirismo hacia una única certeza: «Hemos/ de contemplar nuestra animalidad».

Celia Corral


lunes, 29 de julio de 2019

LA REDENCIÓN por SAÚL LOZANO BELANDO




Mamá besa vírgenes y cruces
pidiendo la salvación familiar
la redención
con el metal de la fábrica en su carne
yo beso a las muchachas como queriendo redimirme
salvarme
del hachazo continuo.

Debe haber un lugar donde corran los ciervos
los brillantes ciervos los brillantes ciervos y la pureza.

Cuántas veces hemos hundido la cabeza en la bebida y lo sintético
como queriéndonos redimirnos
salvarnos
del hachazo continuo
destrozados inmaculados

yo sé del fondo antiguo del lago antiguo
el lodo santo y el agua
el agua el agua
quiero estar ahí desnudo y puro y ligero
donde el agua donde el agua donde la carne de pez

Hace años había un loro en casa
en las antiguas broncas familiares
en la cocina
yo me quedaba junto al loro y su jaula y me sentía mejor casi
fui el primero en verlo muerto
sus alas estaban extendidas y el pico lo tenía enganchado a los barrotes
lo mató el frío la congestión la presión interior
murió intentando escapar el loro aquel.

Cuántas veces arañamos esto cada día el cemento el óxido el número
buscando la pureza cristalina buscando
cristalina desnuda.

Debe haber un lugar donde corran los ciervos
los brillantes ciervos los brillantes ciervos y la pureza.

Todos nosotros tenemos derecho a salvarnos
bien lo sé
todos nosotros tenemos derecho a salvarnos
a salvarnos
todos nosotros
bien lo sé.


Saúl Lozano Belando, de Made in: La Bestia (Boria Ediciones, 2017)

https://boriaed.com/producto/made-in-la-bestia/

martes, 12 de marzo de 2019

LA CASA ROTA: Ana Patricia Moya.




En La casa rota, Moya recurre al ambiente cercano, sagrado e íntimo del hogar; un contexto históricamente abundante en la poesía de mujeres que se han visto, quieran o no, relegadas por la crítica y el establishment literario al ámbito de lo cercano y lo menor. Este contexto aparentemente poco pretencioso se convierte en este poemario en algo metafórica y existencialmente incluyente a través de la fuerza de las palabras. “Algunas mujeres se casan con casas”, decía la gran poeta Anne Sexton, consciente, como Ana Patricia, de que ese lavar incansable que recrea en sus poemas es metáfora de algo más: una identificación con la suciedad que se acumula en esas paredes-piel, paredes-útero, que es necesario limpiar como un acto de redención.

(Prólogo de Marisol Sánchez Gómez).

Estos poemas hablan de esa soledad de las latas de atún en el estante. Expresan una espera desde la nada y hacia la nada, un anhelo de que algo cambie de una vez en la jerarquía de la despensa. Mientras, se hacen otras cosas. Se echa en falta la tarrina de arroz perdida - un minuto en el microondas, perforar previamente, abrir con delicadeza porque quema -, que no va a volver, pero por si acaso. Se escudriñan los rincones del no-pasa-nada, la obsesión te abofetea - con delicadeza, porque quema -, la pulcritud que ofrece la soledad también permite envenenarse. Sí, estos poemas son soledad - no va a volver, pero por si acaso -, espera, melancolía y un impulso de convicción: las cosas que no están aquí, en el estante, tampoco saben las respuestas.

(Epílogo de Chá Lucena).


miércoles, 23 de enero de 2019

TODO ES VORÁGINE: Álvaro Bellido.




PREHISTORIA

En mi prehistoria de ti
todos los bisontes salían huyendo,
me daba miedo la oscuridad
y siempre llovía a cántaros
al instante de descubrir
el fuego.

Después llegaste tú
y todo fue más fácil:
supermercados,
suministro eléctrico,
tu mirada
después de cenar.

Vamos a dejar huella
en esta ancestral cueva
tan llena de sombras,
tan triste de luz.
A mí me dibujarás cazando.
Detrás de mis miedos, tú.


TODAS LAS CIUDADES

Todas las ciudades
[y ésta, más que ninguna]
se conocen deambulando,
acariciando sus mapas,
sus líneas de metro o autobús,
viendo pasar rostros
en semáforos y escaparates,
lunas de taxis, bancos de parques,
grandes almacenes, prisas
de descansos a mediodía.

Todas las ciudades
[y ésta, más que ninguna]
se conocen deambulando,
vagando, sin destino concreto,
[un flâneur en la gran manzana]
al encuentro de la vorágine urbana
de farolas y hormigón,
de humo y almas huidizas
que se esconden en gabardinas,
que memorizan itinerarios.

Todas las ciudades
[y ésta más que ninguna]
se conocen deambulando.
De China Town al Soho,
pasando por el Little Italy,
para, más tarde, dejarnos fagocitar
por la Quinta, Broadway, Times Square.

Conocer una ciudad
[y ésta más que ninguna]
es deambularla contigo.


ENTONCES

Cuando pase el tiempo y todo esto
no sea más que un puñado de cenizas
de un incendio que logramos sofocar,
cuando hayamos dado por imposibles
nuestros esfuerzos por enterrarlo en el olvido
y hayamos aprendido a convivir y sobrellevar
las ganas perpetuas por no recordar,
entonces se nos escaparán sonrisas,
nacerán nuevos sueños, perderemos
el temor entre los escombros y el humo.

Cuando llegue el día en que solo queden
recuerdos en rincones oscuros de la memoria
como souvenirs de cerámica que uno guarda
en el fondo amargo de los cajones menos usados,
y ya no exista nunca cicatriz en carne viva,
ni dolores postraumáticos de agujas y espinas,
ni cansancios en horas punta de impotencia,
entonces, solo entonces, sentiremos el orgullo
de la victoria más dura, el intenso sabor
del saberse superviviente de un atentado biológico.


Álvaro Bellido, de Todo es vorágine (Boria Ediciones, 2019).

*

Todo es pasión en la palabra de Álvaro Bellido, y dudas que buscan certezas, y fuego, porque es una hoguera de las que te abrasan, y agua, no siempre serena. Y vorágine. Todo. […] Es éste un poemario esencial en el sentido literal del término. […] Los treinta poemas que conforman esta primera antología que se ha ido macerando en un tiempo necesario para ver con perspectiva esos anni horribiles 2010-2011 sintetizan y desarrollan vivencias cuajadas de dolor, de angustia, pero también de superación, de remedios y milagros, en definitiva, de plenitud. Un Álvaro Bellido telúrico, ígneo y marino nos ofrece estos deliciosos poemas que condensan la vida y la alegría de vivirla, y consigue extraer belleza de situaciones devastadoras, de donde se deriva la invitación implícita al carpe diem de quien ha convivido con el dolor y le ha mirado a los ojos sin dejarse vencer, sirviéndose de una brújula infalible: siempre, al final de todo/ tu cuerpo en mitad de la nada.


sábado, 5 de enero de 2019

TEIMOSA MARÉ / TERCA MAREA: Manuel Neto dos Santos.




En las páginas de Terca Marea, el mar es un cuaderno sin líneas paralelas, donde los poemas son ondas que se suceden en un flujo visionario y las palabras la espuma que se riza al tocar tierra prometida: mano que escribe sin cesar, otros ojos recogiendo su luz.

*

La fuerza telúrica del territorio poético de Neto sutilmente nos arrastra al terruño idealizado de Cesare Pavese. El escritor de Turín escribió sus últimos poemas, encontrados en un cajón de su despacho de la editorial Einaudi, en el breve periodo de un mes, poco antes de sucumbir ante la vida por medio del suicidio. Los textos que conforman Terca Marea abarcan también un mes de inspiración y trabajo ante el papel. Como el autor italiano, el portugués se inspira en su paisaje natal, el que le vio nacer como persona y el que le vio crecer como poeta, para arribar a un territorio personal sacralizado, mítico. Pavese, hasta llegar al mismo destino, sufrió una evolución abrupta del poema narrativo de verso largo al poema breve, lírico y a veces hermético, del paisanaje de su tierra natal al paisaje que le rodea e intuye sagrado, del realismo social al simbolismo mítico, atravesado siempre por una ecuación existencial irresoluble, que constituye la gran diferencia entre el autor italiano y Manuel Neto, poeta de luz, que, como Juan Ramón Jiménez, tiene ansias de totalidad, aspira a ser él mismo poema, no poeta, pues quiere fusionarse con su canto, ser voz y melodía, en un vuelo que es fuga y a la vez celebración de la vida. 

Pedro Sánchez Sanz (poeta y traductor)



lunes, 31 de diciembre de 2018

MUÑECA DE NIEVE por SILVIA RODRÍGUEZ




Y más triste que un cortejo de caballos sonámbulos

VICENTE HUIDOBRO


De niña hubiese hecho cualquier cosa
por ser la reina de los hielos

no sabía entonces que un día
me quedaría helada sin reacción
ante la muerte de papá
que sería un gélido maniquí
en una pista olímpica

ese frío duele más que la pubertad
duele más que el dolor
punzantes estalactitas te inmovilizan
son puñales dardos y tú la diana

soy una muñeca que no se derrite
que no puede sonreír bailar
amar y sudar hasta el amanecer


Silvia Rodríguez, de Padresueño ( Tragacanto Ediciones, 2018 )