
en la FNAC de Callao, a las 20,00 horas,
y en Barcelona el 16 de mayo,
en la FNAC de Plaza Cataluña, también a las 20.00 horas.
37 hijos de Satanás brindan a la salud de Bukowski en un libro que dejará una resaca brutal








Estamos en mi barrio, sentados en la terraza de un restaurante hindú. Comiendo. Dos amigos escritores, alojados en un hostal próximo a casa, pasaron por allí y me dieron un toque. Habiendo dormido apenas cuatro horas, bajé raudo a encontrarme con ambos. Una hora antes hemos acompañado hasta las inmediaciones de la estación de Atocha a uno de ellos, Patxi Irurzun. Patxi se aleja, siempre con esa sonrisa entre tímida y gamberra que le caracteriza. Hemos tomado un par de cafés en dos garitos del barrio y él ha tenido que ir a coger un tren de regreso a su tierra. Luego nos hemos ido a comer. Vicente Muñoz Álvarez y yo. Queremos comer algo barato, sin pretensiones. Un menú en un restaurante hindú. Me invita él. No logramos salir del sopor, consecuencia de las pocas horas que hemos dormido. Él ha dormido menos que yo.


Cuando a uno le preguntan por su libro favorito, resulta muy difícil dar una contestación clara y contundente. De hecho, la respuesta suele cambiar de una vez a otra. Es lógico. Sin embargo, sí hay títulos que han quedado unidos a nuestra biografía, que se nos metieron en las tripas y nos agitaron desde dentro, libros que nos ayudaron a ser como somos. En mi caso, hay un libro en particular que forma parte de mi manera de enfocar la literatura. Un libro muy especial en mi vida, que siempre procuro tener cerca y que hojeo de vez en cuando. No entiendo por qué no hablé de él antes. Quizá quería escribir algo tan brillante que no escribí nada, a veces pasa. El libro se titula “Pregúntale al polvo” y su autor se llama John Fante. La edición que tengo es de abril de 1989, de Empúries/Paidós. Está gastada, llena de papelitos señalando determinadas partes del libro. No está subrayado porque yo, hasta hace poco, no escribía en los libros. Ahora sí lo hago. Y me arrepiento de no haberlo hecho antes, pero esa es otra cuestión.
Como mucha gente sabrá, el libro viene avalado por un excelente prólogo de Charles Bukowski. Yo leí el prólogo de pie, en la librería, y ya no pude salir de allí sin aquel libro. Bukowski comienza con una frase certera: Yo era joven, pasaba hambre, bebía, quería ser escritor. [Seguir leyendo: aquí]

Puro fuego. Pura rabia. Puro talento. Pura vida. Imposible perderse este libro. Siempre estaremos agradecidos a José Manuel Vara, uno de los Hijos de Satanás, por recomendarlo en este blog. Pinchar aquí para saber un poco más de Lunch.
Gsusbonilla es un poeta habitual de este blog y del Bukowski Club de Malasaña. Hace poco le echó huevos y se autoeditó este poemario, El Forro. Recomendamos leer lo que ha escrito Carlos Salem sobre el libro; se puede leer en el blog de Gsus.


EL BEBÉ LECHUZA
Mi hijo H es una lechuza. Nos lo dijo una pequeña indígena que vendía colgantes con los signos del zodiaco maya en las ruinas de Palenque, en México: —Lechuza. Le va gustar salir de noche. Será algo calavera.
Mi mujer, Malen, todavía ni siquiera había dado a luz, pero fue un vaticinio de lo más certero, pues efectivamente a H siempre le ha gustado hacer de madrugada inventario de sus chupetes desparramados por la cuna, o enemistarse con los vecinos que trabajan en el turno de mañana. Después de todo, es lógico: H nació con nocturnidad y alevosía, justo cuando, tras un retraso de dos semanas, todo hacía indicar que agotaría educadamente su plazo de llegada hasta la mañana siguiente, para venir al mundo como una personita formal, que madruga y recibe a la hora acordada al pediatra y que lo hace recién aseado en lugar de con una ojeras de noche toledana. Pues no. H hizo batir esa noche a su madre algún tipo de récord olímpico a la hora de dilatar. De 0 a 10 en un cuarto de hora.
Recuerdo todo aquello como si fuera un sueño; uno de esos sueños como montañas rusas, en los que se suceden las subidas que parecen que van a llevarte al cielo y bajadas de pesadilla.
Recuerdo, por ejemplo, los gritos de Malen mientras yo luchaba en la sala de dilatación con las calzas y esa bata verde que precisa de un máster en Suecia para atársela correctamente a la espalda. Nunca la había oído gritar así. Era como si se estuviera partiendo en dos —de hecho lo estaba haciendo—. Cuando entré al paritorio (demasiado tarde, porque todo fue tan rápido que no hubo tiempo ni para inyectarle la epidural) ella estaba tumbada sobre la camilla, temblando como una hoja, mientras le cosían los puntos. Pero a pesar de lo crudo de aquella imagen mi mujer me pareció la mujer más fuerte del mundo, y la más guapa, como si ella también naciera otra vez. Luego trajeron a mi hijo y yo hice un enroque de personalidades con él, pues lloré igual que un niño cuando me lo pusieron entre los brazos y H, por el contrario, se apareció como un pequeño hombre, tan serio, tan despierto, tan entero.... Más tarde, en la habitación, Malen amamantó a H y, al lado de ellos dos, tuve la molesta sensación de verme a mí mismo feo y torpe (más feo y más torpe, quiero decir). Todavía me sucede a veces, pero al mismo tiempo desde que soy papá, me siento más limpio y mejor. Me siento por primera vez en mi vida un hombre. Un hombre completo, feliz. Agradecido.
Recuerdo también que H estuvo jugando a los hipnotizadores durante el resto de la noche y que no pudimos dejar de mirarle hasta que amaneció. Después yo salí a llamar por teléfono a mi madre y cuando se lo conté volví a llorar, a moco tendido. Fue entonces cuando comprendí que, afortunadamente, nada de aquello había sido un sueño. Eran las siete de la mañana y en el pasillo sonaba el hilo musical: la sinfonía del nuevo mundo. Yo colgué el teléfono y volví a la habitación, al lugar donde debía estar. Junto a mi mujer y mi hijo. Nuestro hijo. H. El bebé lechuza.

Dibujo: kuroteky-bel
Sobre todo, en la entrepierna,
(y eso que aún ni la hemos visto)
…vino, vino… y el fantasma de Bukowski en el aire…
…arremangada la americana justo hasta los codos,
Y el impertinente de turno hace acto de presencia
Con su impertinencia habitual.
Por más que lo intento me sigo sintiendo yo,ç
Salvo en el paladar,
Que sufre los efectos de un duro lingotazo agridulce…
…notas en el fondo, en el pasillo, ojos que brillan con luz propia…
CLINCK
CLINCK
(lo absurdo son las palmas)
…ojos, los ojos increíbles, el velo…;
Me reconozco en lo tribal,
En el ritmo,
En ese deje morisco,
Quizá buscando un centro de gravedad permanente…
…ahora lo sé, reconozco los orígenes…
…casi creo en la reencarnación
Y reconozco la sangre que me corre por las venas,
Esa sangre de demonio que te salpica,
Casi como una blasfemia,
Tus hermosas alas de ángel.
mayo 2008






Viñeta de un cómic de Robert Crumb-
IÑIGO LÓPEZ PALACIOS 02/05/2008
"ESTO no es un tributo en plan reverencial, entre otras cosas porque él lo hubiera odiado”, comenta Patxi Irurzun, mientras toma una caña en un bar del madrileño barrio de Lavapiés. Él es uno de los dos coordinadores de Resaca: Hank over, un libro recién publicado en el que 37 autores españoles escriben inspirados por Charles Henry Bukowski Jr. Hace un día estupendo y hemos quedado a la una de la tarde de un viernes porque la noche anterior se presentó el recopilatorio: “Y bueno, no quisiera levantarme pronto, por eso de la resaca”, había dicho la tarde anterior Vicente Muñoz Álvarez el otro coordinador del título.
Si Bukowski estuviera vivo posiblemente pensaría que es el mejor motivo para quedar tarde. Al fin y al cabo, él hacía lo mismo: “Yo por la mañana no me levanto. Por las noches bebo. Procuro estar en cama hasta el mediodía”, confesaba en la larga entrevista que concedió en 1980 y que luego se publicaría con el título Lo que más me gusta es rascarme los sobacos. Aunque seguramente encontraría alguna razón para despreciarnos. Seríamos demasiado blandos o demasiado pelotas o no tendríamos huevos. Así era él. Odiaba a la humanidad. Desde bebé: “Mi abuela contaba que cuando yo era pequeñísimo se inclinó sobre la cuna para besarme y yo le solté un puñetazo en la nariz”, contaba entre risas en aquella entrevista.
Pero 14 años después de su muerte, a los 73, de leucemia, aquel bebedor empedernido, apostador compulsivo en el hipódromo, escritor ignorado hasta bien entrado en la cincuentena, sigue siendo un mito. Su prosa es una lectura habitual y su poesía cada vez más popular. Un paseo por la web revela que algunos de sus títulos más famosos: Mujeres, La máquina de follar, Cartero o La senda del perdedor se encuentran con inusual facilidad como descargas gratuitas ofrecidas por aficionados del escritor nacido alemán pero crecido estadounidense. Muchos son muy jóvenes. Porque si hay un colectivo que ha adoptado a Bukowski ése es el de los jóvenes. Generación tras generación, los adolescentes le abrazan con pasión. La prueba definitiva: ¿de cuántos escritores del siglo XX se puede decir que tienen bares en su honor en Madrid, Buenos Aires, San Sebastián o Sofía?
Pero por eso, como explican desde el prólogo del libro, llegada cierta edad no es fácil reconocer que te gusta Bukowski. Aunque se reconoce su valor como representante del llamado realismo sucio, en general se le considera un escritor para adolescentes onanistas con ínfulas de rebeldía. Se reduce su valor a que describe la parte más sórdida del sueño americano con inusual franqueza hasta escandalizar a la sociedad más gazmoña. “Surgió también un poco por eso. Hablabas con otros autores, y todo el mundo había leído a Bukowski pero había vergüenza de reconocerlo”, confirma Irurzun. “Lo que le hace perfecto para un tributo es por una parte su sentido crítico, ácido y demoledor contra la sociedad y, por otro, el humor con el que se lo toma, que era ideal para un homenaje en plan festivo como éste. Porque podíamos haber hecho lo mismo con Celine, Kerouac, Miller…, autores que nos han gustado incluso más. Pero esa mezcla de crítica y humor negro es única”, dice Vicente Muñoz.
Ambos, Irurzun desde Pamplona y Muñoz desde León han sido editores de fanzines literarios. Una escuela que estuvo a punto de desaparecer pero que ha resucitado. “Internet al principio nos jodió vivos. Tuvimos que dejar de editar porque las ventas bajaron de la hostia. Pero a la larga el mismo Internet nos ha salvado. Con los blogs se ha democratizado completamente, hace que cualquier persona sin medios pueda acceder a las revistas, leer y escribir. Y para existir ya no dependemos de las reseñas de los suplementos literarios”, dice Muñoz.
De hecho, fue de uno de estos fanzines en la Red, Borraska, dirigido por Irurzun, de donde salió la idea del homenaje. En principio, como un concurso (el premio eran 200 euros y una caja de cerveza). Pero como los relatos presentados no estaban a la altura, se decidió invitar a escritores que conocían de una u otra manera. “Contamos con autores a los que conocíamos desde hacía años, y esos trajeron a otros. Al final, el libro casi se armó solo”, cuenta Irurzun. “Intentamos meter otras corrientes más allá del realismo sucio. Hay gente de la generación nocilla, del after pop, del realismo social, realismo crítico…” , añade Muñoz. En las casi trescientas páginas se pueden encontrar poemas y relatos de músicos como Ángel Petisme y Kutxi Romero, cantante de Marea. Nombres más conocidos como Agustín Fernández Mallo o Karmelo Iribarren y casi debutantes. “Todos son escritores que vienen del mundo de la literatura alternativa, los fanzines y la música”, resume Muñoz.
Entre ellos, algunas mujeres. Curioso, porque entre las principales acusaciones contra Bukowski está su misoginia. “Peor me parece que rechacen a la ministra de Defensa por ser mujer y estar preñada. No me escandaliza su aparente desprecio… Te juro que albergo más desprecio por los tíos que te invitan a caramelitos un sábado por la noche, como si fueras un trozo de carne posible, que la falta de respeto de Bukowski”, replica la poeta andaluza Eva Baz, de la que se han incluido tres poemas en la recopilación.
No es el único escándalo que provocó el viejo indecente. Además de tirarse a cuanta mujer se ponía a su alcance y contarlo con una frialdad rayante en el odio, tampoco tuvo empacho en confesar que en la universidad había flirteado con el nazismo. “Lo que pasa es que él tiene los huevos de contarlo. No como Gunter Grass, la conciencia del pueblo alemán, que resulta que fue nazi, de los de verdad, en las SS, y no se atrevió a decirlo hasta que era mayor”, replica el asturiano David González, uno de los participantes en el libro. “Lo que tiene Bukowski es que no es el primero que escribe de sí mismo, pero es el primero que es él mismo cuando escribe. Habla de cosas que todo el mundo ha experimentado y por eso conecta con gente muy joven. ¿Quién no se ha emborrachado? ¿Quién no se ha dado de hostias con el portero de una discoteca? Y cuando eres más mayor, ¿quién no se ha separado? Si has vivido en una casa de mierda, en una pensión de mala muerte, a Bukowski lo aprecias igual con 20 que con 60”, remata.
Lo bueno es que al final apreciarle o no, no importa. Porque, como él mismo señalaba en El capitán salió a comer y los marineros tomaron el barco, “un día dirán ‘Bukowski ha muerto’, y entonces seré descubierto de verdad, y me colgarán de brillantes farolas apestosas. ¿Y qué? La inmortalidad es el estúpido invento de los vivos”.
Bukowski se definía a sí mismo como hijo de Satanás y ese nombre ha sido heredado por muchos de sus seguidores. Charlamos con cinco de los participantes en Resaca: Hank over. Éstas son sus razones para implicarse en tan sucio asunto.
David González, asturiano nacido en 1964, es posiblemente uno de los que con más orgullo defiende a Bukowski. “Le descubrí en 1986, cuando yo estaba en la cárcel por atracar a mano armada una entidad cultural. Por un lado, su temática conectaba con la gente que estaba allí, con los presos. Habla de temas con frescura y sin prejuicios, su estilo lo entiende hasta un analfabeto. Además, los críticos le han negado el pan y la sal, como a mí, y eso me hace sentirme muy próximo”, dice este exponente del auténtico realismo sucio español.
Eva Vaz es una poeta andaluza de 35 años. “Me vi implicada en este proyecto porque me encantaba homenajear al viejo verde-lobo tierno que despertó en mí el gusto por la estética extraña del realismo (¿sucio?). Mientras me enfrentaba a Hegel o Heidegger en la Facultad de Filosofía, me salía de la racionalidad enfermiza leyendo a Bukowski, fumando, en la azotea de la facultad”, recuerda. Sus tres poemas incluidos en el libro, especialmente Enseñanza superior, muestran una curiosa sintonía con la obra en prosa de Bukowski.
Nacho Escuín es el más joven de los chicos que participan en Hank over. Este turolense de 27 años, que principalmente ha escrito poesía, aporta un relato. “Lo que tiene es que marca mucho al joven que quiere ser escritor. Mucho más que al lector. Traza un camino que todos los escritores jóvenes quieren seguir. Básicamente es salvaje. Enseña que no existen temas que no se puedan tratar. Es más fácil de entender sin lecturas previas que otros autores. Por eso resulta tan fascinante para los adolescentes. Leerle es muy higiénico”.
Sofía Castañón, también poeta, es la benjamina del libro y llegó recomendada por David González. “Es muy cinematográfico, por eso quizás engancha a los más jóvenes”, dice. “Cierto que es machista, misógino y un cerdo, pero yo ni dejo de ser mujer cuando leo o cuando duermo ni soy siempre consciente de ello. Cuando leo soy principalmente lectora, y él es como el malo de la película, en el que a veces, y a tu pesar, te ves reflejado. Pero me gusta porque es claro y sencillo”, dice esta gijonesa que en 2008 cumplirá 25 años.
Kutxi Romero, es navarro y cantante de Marea. Su relato es uno de los más crudos de los incluidos. “En la literatura siempre me he sentido un intruso. Igual que no hay cirujanos cardiovasculares aficionados no debería haber escritores aficionados. En general se tiene poco respeto por el arte. Yo soy un cantante de rock”, explica. “He sido bukowskiano desde niño. Descubrí que se podía escribir de otra forma sobre otras cosas. Su obra y su vida son inseparables. Y yo no siento ningún respeto por ningún artista cuya vida está separada de su arte”.
Resaca: Hank over está publicado en la colección Caballo de Troya (editorial Mondadori). www.hankover.blogspot.com
Artículo de El País aquí
