jueves, 21 de junio de 2018

PARA QUE EL PIANO SUENE ALGUIEN TIENE QUE MATAR AL ELEFANTE: Prólogo.



PARA QUE EL PIANO SUENE 
ALGUIEN TIENE QUE MATAR AL ELEFANTE
Pedro César Alcubilla
*
Un prólogo de Itziar Mínguez Arnáiz.


Para que el piano suene alguien tiene que matar al elefante es la segunda entrega poética de Pedro César Alcubilla después de su brillante debut con Retrovisor, un poemario de corte ochentero, nostálgico y emocionante, donde se adentraba en el territorio perdido de una infancia que marca de forma indefectible la madurez del poeta. La honestidad, la melancolía y la naturalidad de aquellos primeros poemas permanece en su nueva propuesta poética pero el autor lanza la mirada hacia un terreno mucho más hostil, más descarnado. 

El nombre de las cinco partes en que se divide el libro -Prelude, Gymnopédies, Rhapsodies, Nocturnos, Réquiem- nos pone en antecedentes de que nos encontramos ante una obra ambiciosa que pretende, desde su estructura, abarcar todas las formas de contar, tocar y cantar que puede tener un poeta, dotando de banda sonora a la música que ya de por sí contienen cada una de las piezas que conforman este libro. Un libro de largo recorrido que invita –también por la extensión de alguno de sus poemas- a leerlo no de tirón, sino de forma pausada y reposada, volviendo sobre los poemas, buscando muchos de los matices que pueden escaparse en una primera lectura. 

Ha madurado la poética de Pedro César Alcubilla, desarrollando una propuesta formal más invasiva para el lector, menos amable que en su primer libro, hasta el endurecimiento de la temática donde la grisura del yo poético, su devenir, nos habla de la devastación y la exposición extrema a las inclemencias de la vida.

La primera parte, Prelude, contiene un único poema que da título al libro: ‘Para que el piano suene alguien tiene que matar al elefante’. Desde este primer poema ya sabemos que el poeta nos va a mostrar el envés, la cara oculta, la parte no iluminada del rostro desde donde un sujeto poético en tono claramente confesional, proyecta su mirada sobre el mundo. Detrás de la envolvente y sofisticada melodía de un piano perfectamente afinado hay otras cosas, más sucias, más duras, previas, necesarias, premisas, sin las cuales esa melodía no sería posible; es más, detrás de todo lo hermoso siempre hay alguien que se ha ensuciado las manos, que se ha partido el lomo, que forma parte de esa melodía que se ejecuta con éxito pero cuya aportación jamás será reconocida. Es esa la función del poeta también. Al menos es la función de un poeta que se llama Pedro César Alcubilla y que sabe que para hacer un poema hermoso muchas veces, la mayoría de las veces, hay que embarrarse hasta las orejas y después intentar contarlo. Eso hace el poeta, contar la inmundicia y extraer belleza de ella, mostrar sus cuitas en busca de un lector que se sienta reconocido en esa verdad que siempre sucede en el backstage. 

Gymnopédies es una palabra que hace referencia a las composiciones de Satie para piano y están basados en las danzas desnudas de los espartanos. Tomando esta idea la melodía de ese piano del preludio se extiende sobre esta segunda parte del poemario, la más extensa, la más compleja también, donde el tono del poema se endurece y en alguna de las piezas lo hace hasta la amargura. Una mirada sobre el mundo que muestra un apocalipsis sin grandilocuencia, como si los finales a los que estamos abocados no llegaran ni a la categoría de catástrofe, al menos, no más allá de la catástrofe como algo que altera nuestra realidad más cotidiana. Solo servimos para eso/ para mantener el equilibrio/ de una realidad que cojea, dice el autor que parece hacer encontrado su lugar en el mundo, un espacio de seguridad desde donde calibra la realidad, escondido en un búnker donde se siente aislado y protegido para poder seguir reivindicando desde ese improvisado refugio su mirada poética sobre las cosas que le rodean. Y la certeza de saber que mi lugar/ está en un cajón que alguien abre/ alguna vez/ y me encuentra siempre al fondo. Pero no todo es estar en el fondo de un cajón, el poeta también sale al mundo y se explaya, lo explora y recorre sus calles con avidez y una esperanza que va perdiendo al tiempo que avanzan el poema y la vida. Es ‘Regálame nieve’ uno de los poemas más brillantes donde el autor transita por el romanticismo de lo que sabe perdido: Regálame nieve/ y moriré por ti sin dudarlo; también en ‘Postal de metralla y luciérnagas’ hace gala de un romanticismo sui generis, un paseo por un París que no es de postal, que hierve bajo la mirada de quien recuerda lo idílico con la certeza de que ese edén se ha perdido. 

Si en Retrovisor mirar atrás era una forma de alimentar la “dulce nostalgia” que nos produce rememorar el territorio mítico de la infancia, en Para que el piano suene alguien tiene que matar al elefante, el poeta mira hacia atrás para salir adelante, como un animal herido, mostrando toda esa verdad de quien ha empleado mucho tiempo en recomponerse: y sigo caminando hacia atrás/ cada vez más seguro porque conozco/ de memoria todas las trampas. Esa certeza y asunción de lo perdido es también una manera de “asesinar” la inocencia, momento al que el poeta nos hace asistir en el extraordinario poema: ‘Últimas palabras de un muñeco de nieve’: nuestro muñeco/ empezó a morir/ cuando dijimos/ que su nariz/ era aquella/ larga zanahoria. Ahondando en la certeza y asunción de lo perdido, en la superación de esa tendencia a mirar atrás, es en su ‘Balada del ascensor lento’ donde se presenta con más fuerza la certeza de que ya no hay marcha atrás, la única manera de avanzar es que se abran las puertas de ese ascensor y salgamos explusados a nuestras vidas, solos, sin un nosotros. 

Pasamos el ecuador del libro con la tercera parte del poemario: Rhapsodies donde, haciendo honor a su título, los poemas que componen esta parte, son más heterogéneos, de distinta naturaleza. El resultado es curioso pues, paradójicamente, las piezas sueltas que componen Rhapsodies imprimen al libro una unidad en el tono, creando la atmósfera propicia para que los poemas entren con facilidad a pesar de su aparente complejidad. Recupera en algunos poemas como ‘Mi dios en un bote de hojalata’ el espíritu de Retrovisor, esa forma de echar la mirada atrás, a un pasado que nos emociona por la autenticidad, la limpidez con que lo vivimos si se compara con la artificiosidad de un presente vacío y hostil. Es en este tramo del libro donde la mirada incisiva del poeta se funde de manera más acusada con el yo poético, tal vez por eso los poemas se tornan de corte más íntimo. ‘Si has vestido un cadáver sabrás de lo que hablo’, poema escalofriante en su concepción y acongojante en su resolución, es un ejemplo de pieza sublime en su sencillez, con una verdad de la que el lector no puede sustraerse. Es algo triste pero necesario el poema para Pedro César Alcubilla, una forma de narrar el mundo aceptando que todo lo hermoso contiene una dosis de tristeza que terminará siendo la materia prima del poema. A veces, como en ‘No importa el mar’, el poeta muestra su cara más lírica, imprimiendo un aire machadiano, popular y evocador que nos serena y nos hace preguntarnos cuántas voces contiene la voz única de Pedro César Alcubilla. 

Sube el tono confesional hasta el punto de eliminar la poca distancia que ya existía entre poeta y sujeto poético en la cuarta parte del poemario: Nocturnos. Poemas como ‘Saldrás de mi boca para enredarte a la espalda de la noche y marcharte’ o ‘Star Wars’ profundizan sobre la relación paterno filial desde sus aristas más complejas. Poemas casi susurrados, personalizados, alguno de ellos con los nombres de sus hijos Hugo y Pablo, donde vemos con nitidez al poeta, sin máscaras, sin protección, sin red, al padre que pide regalos para el hijo, invirtiendo los papeles. ‘Excalibur’ donde se conquista el reino y la voz del poeta, su realidad, que lo hace indestructible. Poemas donde se establece un paralelismo entre los momentos compartidos con los hijos y, por contraste, los que él compartía con sus mayores, cerrando el círculo de la vida, transmitiendo una sensación de misión cumplida o trabajo hecho. El poeta se muestra de cuerpo entero: Estoy aquí tal como soy, / nostálgico de mí,/convaleciente de infancia porque la infancia es una enfermedad que siempre va a perseguir al poeta, a todos los poetas, esa herida que no queremos que se cierre del todo o esa cicatriz que nos gusta mostrar. Es Nocturnos la parte más emotiva del libro porque muestra El diálogo intergeneracional entre hijos, padres, abuelos. Y el diálogo entre nosotros y la tierra de la que procedemos recuperando para ello un personaje -la abuela- de hierro y miel, al que aprendimos a amar en Retrovisor y que vuelve a emocionarnos en el poema ‘Las encinas no lloran’, uno de los poemas más emotivos del libro. 

Con Réquiem entramos en la parte final de esta sinfonía poética. Está formada esta quinta parte por un díptico. Dos poemas de una épica cotidiana que apabullan dejándote un nudo en la garganta; así sabe la congoja, la emoción cuando queremos retenerla, que no se escape, que nos recuerde que estamos vivos y que la vida nos pertenece, como ese globo que no queremos soltar o esa colilla que se consume ante nuestra mirada y que no queremos pisar para no arrancarle sus últimos segundos de vida. 

En un tiempo donde es tan importante condensar una obra en una frase promocional que pueda servir de gancho comercial el propio Pedro César Alcubilla ofrece entre sus versos las palabras que podrían definir no sólo el libro que tienes entre manos, lector, podría definir la época que estamos viviendo. De eso se trata también, de que el poeta tenga las herramientas necesarias y el talento para que sus versos definan tanto su poética como el mundo en el que ésta acontece. Como ves/ esto no es Disneylandia, dice Pedro César Alcubilla. Versos así solo están al alcance de los grandes poetas. Pedro César Alcubilla es uno de ellos. 


Itziar Mínguez Arnáiz


miércoles, 20 de junio de 2018

LOS QUE NO SON DE ESTE MUNDO por ARI ZATZU



He conocido a un extraño muy cercano. Uno de esos seres que aparecen en mi vida sin encontrarle ningún sentido, porque afirmo, sin dudarlo, que sé que tengo un imán para los que no son de este mundo.

No quería desvelarlo, pero tengo un chip que capta señales para esos seres casi mitológicos que han cobrado vida y se acercan durante un breve espacio- tiempo, y cuando sueltan, o rebotan en eco el mensaje que vienen a darme, se van a la nada de donde han salido.

Y yo me quedo en ese estado como de trance, tratando de descifrar los silencios, esos que se apoyan en el plato de las sobras, empujando mis huesos con pellejo fragmentado.

En verdad, no llego a ninguna conclusión, supongo que al caer en sueño profundo, todas esas conversaciones adquieren el sentido necesario, aunque al despertar, de camino a la cocina a preparar el café, creyendo que ha sido un sueño, no acierte ni abrir la cafetera. Tan real parece su existencia, que los kuarks se hacen visibles, y por un momento lo irreal y lo real se fusionan en algún punto de la página 127 del Kybalion, mientras me quedo mirando cómo se chupa una galleta mi universo de paz alterado.

La metafísica me interesó mucho durante un tiempo de mi vida, y creo que lo más probable, es que esos seres sin nombre, o esas almas, llegan a olisquearme un poco el fondo de las afinidades, para luego a una hora incierta decir: -lo siento, no sé cómo he llegado hasta aquí, porque en verdad, yo no quería-....

Y esto es todo lo que tengo que decir,
a las 22:33...


Ari Zatzu


martes, 19 de junio de 2018

ESTALLIDO EN EL SILO: Manuel Onetti.




SOLO CON EL BÚHO


La lechuza me hizo la pregunta,

busqué la respuesta
corriendo en el bosque
con los hombres originales

pero eran demasiado rápidos

los días me cegaron
oscurecieron el pensamiento primogénito
y el bosque era una masa interdimensional
que aprisionaba mi cabeza
y estrujaba mi colon

mis gritos se perdían entre los sonidos de los árboles
el aullido de los polos

la sed era la palabra

todo explotó en blanco helado y roto
sólo con el búho
oyendo el principio y el fin
con el canto de mi voz
sólo con el búho
y

lo simple de la respuesta.

*

El OESTE DEL ESTE

1

Aquí no hay vaqueros. Sólo piedras y jornaleros.

2

Invernaderos conquistados por la bandera nacional sobre
cabezas de rumanos y moros.

3

Moros, sí, porque aquí todo negro es un moro;
moros en bicicletas por el arcén de las carreteras.

4

Casas regentadas por agentes de los Cuerpos de Represión del Estado no declaradas a Hacienda.
El dinero de un hippie es tan bueno como cualquier otro.

5

Jarapas un 80% más baratas dependiendo de lo que te alejes de la costa colgadas en las fachadas.

6

Una era de cal sustituida por una de pintura plástica.

7

Bautizos y comuniones de sangre en chabolas con paredes de piedra.

8

Un virus que nace bajo una solanera.

9

Un acantilado sin quitamiedos. 
Un tipo con un BMW intentando tirarme por él.
Un duelo de clases.

10

El hombre paja intentando que el mar no lo venza en una playa nudista.

11

La Palabra Legión sobre un pequeño monte. 
Nuevo modelo de valla publicitaria.

12

Derrotado por una escalera de caracol y mi sistema nervioso.

13

La analepsis me sabe a tabaco. 
El tamaño medio del autóctono es antiguo.
Las bicicletas les quedan grandes.

14

No pasaré mis días en un desierto. Ni aún teniendo cuarenta días.


Manuel Onetti,
de Estallido en el Silo
(Ed. en Huída, 2018)


lunes, 18 de junio de 2018

VINALIA TRIPPERS: Primera época.




DÓNDE ESTÁ LA HEROÍNA: Tomás Carrión Vidal.




¿Dónde quedaron las crestas
y la rabia?
¿Dónde la mala hostia
y las ganas de cambiar?
¿Dónde están las voces rotas
gritando por la libertad?
Armando las botas
de rebeldía
con sueños que otros tacharon
de utopía.
Aquellas miradas
están ahora frías
cambiaron la rabia
por montar un caballo
que ni siquiera tiene patas,
los sueños utópicos
son ahora sudores fríos,
dormido entre vómitos
espera
que sea esta
la última vez que atraviese
su vena.
Pero no es así,
tan sólo acaba de comenzar
su condena
y su madre llora
viendo como los ojitos de su niño
se pierden entre las ojeras.
Hacen relieve en su piel
las costillas
y los dientes putrefactos
abandonan su boca,
busca ahora una solitaria esquina
sin saber que va a meterse
su última papelina,
bradicardias,
arcadas,
temblores,
esta vez el vómito no sale,
estancado en su garganta,
lo asfixia.
¿Dónde están los sueños,
dónde está la utopía?
¿Dónde está la lucha,
dónde está la vida?
Dónde está.
¿Dónde
está la heroína?

*

Darse de bruces.
El momento en el que descubres
que la coca no era un refresco.
Comprender aún sin pelo en las pelotas
que no es por anciana nostálgica
por lo que tu abuela llora sola,
y los vanos intentos de sonrisas
que a tu pueril mirada dedican
esta vez no lo consiguen, no lo evitan.
No evitan que repares
en el incesante carmín goteando
contra el suelo.
que viene de una mano,
a la que no miras por miedo.
Entonces, sólo entonces,
sólo en ese preciso momento en
el que se estanca indefinido el tiempo
comprendes.
Que las constantes ambulancias
no eran para la vecina.
Que los frascos vacíos,
no eran de medicinas,
y que mamá.
nunca se caía.


Tomás Carrión Vidal, de Dónde está la heroína (Boria Ediciones, 2018).


jueves, 31 de mayo de 2018

SERGIO ALGORA: Celebrad los días.




CÁUCASO

Fumo crack y se deshace boca a boca
copiándome los sueños picados de viruela.
Como la cara de un gangster el amanecer cristalizado.
Se desabrocha el cadáver
como un telón, nos descubre la espalda del cielo.
Nada me da lejanía y sigo con la vida
en primer plano. Y ya cansado

como un disco de sus surcos
o una aguja de la inocencia que no duele:
blasfemar, echar un trago
y sentir que la vida deja mi carne o quema
o se escurre y me seca.
Escapar en aliento brutal de número que estalla.
Escapar en niebla de sesos que se deshielan
como de una estufa que no muerde
sus naranjas de fuego invisible.

No hay arma lo bastante hombre
como para ser la mano que la empuña.


MALOLIENTE TÁNDEM DE BESTIAS

... Y súbeme sin alarma en tu boca de barbarie.
Rojos guisantes amargos salpican mi lengua.
¡En mis manos las yemas despellejadas del rey Midas!
Del subsuelo, llega la sensación vaciante.
Sal, morador, hunde tus colmillos trillizos en mi ingle,
que asome tu cuerno o yelmo por el útero sangrante.
Tiemblan urracas en el poste de mi polla, sin.
Por favor siempre sin. Te apremio.
Sí, a ti, súcubo talador, ven al zoco conmigo
a estremecerte de tisis y de moho,
a ultimar cualquier vicio. Hecho añicos
fecunde tu pico urticáceo cualquier agujero.

Ahora talas, maloliente tándem de bestias
inseparables, trebolar inseparable, contigo súcubo.
Súbeme sin alarma en tu boca de barbarie.


MARINO DE VINO ERA

MARINO de vino dios al suburbio era
y sorteaba cada mes treinta viajes al mar verte
y guardaba blancos rizados suaves treinta trajes
para ti sirena clavada en mis manchas
en tus nalgas velero hasta el alba
en mi ancla tú y yo a trancas y barrancas.

Marino de vino todo el mar triste y sin tino
a romper y quemar lo que yo te quería
y me quedé no llorando con peleas en mis manos
y cristo malas pintas me dijo
no te rajes queda alcohol en tus costillas
y en mi barba salfumán y lejía.

*

Parecen algas al límite de sus fuerzas:
la cinta adhesiva y roja y los raptores
sobre el rompevoces de la chica rubia.
                                              Diente.
                                                         Arrecife.
Y el último tic tac del cielo.
La cinta puede llevarse los labios
luego.
Los raptores son crueles,
viven el amor por la despedida
y fue mi primera despedida
como víctima
lo que quedó para siempre conmigo.

Y eso
da miedo.


Sergio Algora, de Celebrad los días. Poesía completa (Chaman Ediciones, 2017).

http://chamanediciones.es/producto/celebrad-los-dias-poesia-completa-sergio-algora/

martes, 29 de mayo de 2018

ROBERTO RUIZ ANTÚNEZ: Satori Cenital.




la mañana de los sábados es para buscar libros. salgo a caminar la ciudad y encontrar ese libro que me cambie la vida. pasa muy pocas veces y con el paso de los años cada vez es más difícil pero siguen latiendo moribundos en alguna librería, en casa de alguien o en una biblioteca municipal. ese libro que encierra en su primera frase la maldita verdad del mundo y distorsiona mis propios márgenes y que duele, joder si duele. esa película de serie de b que brota del Cantar de los Cantares. ese hambre consustancial por adentrarme desnudo en el definitivo río como forma íntima de trascendencia.

*

Roma duele antigua y desbordada cuando se posan los pájaros sobre la piedra lujuriosa de las estatuas. no me quito de la cabeza una escena: flamencos descansando al amanecer en un edificio cerca del Coliseo en esa película de Sorrentino. La belleza puede llegar a ser insoportable y a veces hace opacas las claraboyas por donde quiero sacar la cabeza a la luz porque me ahogo y se distorsionan mis límites cuando hablo conmigo mismo una lengua muerta. paseo cerca del río y quiero restallarme todas las preguntas contra mi piel. el amor son todos los campanarios de la ciudad acariciando simultáneos las paredes azules de la mañana.

*

termina el día y me gustaría contaros que hoy he sacado algo en claro cuando miro a la gente a los ojos por la calle o que he encontrado una salida digna a lo que llevo escribiendo desde hace casi un año; podría deciros que fluyen las ideas y las palabras y que tal vez sea lo mejor que he escrito hasta ahora, pero os estaría mintiendo. me desdigo con un caligrafía clara y rectilínea en mi cuaderno marrón, abandono el sendero que lleva a lo monumental. me hago un ovillo sobre mí mismo y me sueño un plantígrado hibernando la intimidad azuloscura del invierno.

*

Pulp Fiction supuso todo. Esa aguja hipodérmica goteando adrenalina y un punto rojo con rotulador en la piel de ella: la maldita metáfora que explica la poesía. Tendemos hacia la velocidad y los trenes de la medianoche cuando la quietud es la esfinge que esclarece el futuro. También recuerdo a ese soldado explicar a un niño de 5 años la segunda ley de la termodinámica con el ruido de fondo de todos los relojes analógicos. Y sobre todo fue triste ver a Vincent Vega mearse en los pantalones sin haber terminado sus oraciones. Una putada, una auténtica putada. Nadie olvidará lo absurdo de esa violenta primavera.

*

Creo recordar que sería hace unos ocho años. Volvíamos de Cardiff por una carretera vacía que debía llevarnos a Londres. Veníamos de un concierto acojonante de los Manic Street Preachers. En el asiento de atrás todos dormían y un amigo y yo hablábamos de todo lo que había pasado desde que nos conocíamos. Yo miraba de vez en cuando arriba, tenía la sensación de que era la noche definitiva: los platillos volantes vendrían a contarnos la verdad. No pasó nada extraño, pero a medida que ese coche cortaba en dos la niebla y la oscuridad, lo único que importaba era estar vivos y haber estado cerca de un “satori” cenital, la iluminación intangible de los que no sienten miedo durante unos pocos instantes.

*

cuando escribo
hay muy pocas líneas rojas que espero no traspasar:
jamás traicionaré a Walker Evans
tengo que ser honesto con mi propia mirada...
no voy a desandar lo andado
y cuando llegue al crepúsculo
lameré los márgenes
por donde viaja irremisible la luz


Roberto Ruiz Antúnez


jueves, 24 de mayo de 2018

NATACHA G. MENDOZA: No sé llamarte sin temblar.




Un tipo pone a un tal Adán, le arranca una costilla y con ella construye a una tal Eva. Estos dos la lían, no sé, un escándalo familiar, creo que hubo una manzana, también una serpiente. Al final la fruta es la que sale ganando porque se envenena. Desde los inicios todo se complicó, y el mismo tipo que quiso experimentar, resultó estar metido en la mayoría de los problemas de la humanidad. Pero olvida todo esto, sólo quería explicarte que a veces siento a la maldita serpiente deslizándose por mi brazo. Se acerca a mi oído y susurra que debo comer de ti. Es algo que lleva diciéndome desde el principio de los tiempos. El infierno no es tan cruel como lo pinta el de arriba, ni tú eres tan lejano como siempre he querido defender.

*

Hoy lluvia, un poco de Bach, chocolate, Schopenhauer balbuceando desde la biblioteca. Pero es que la lluvia humedece el pasto, quizá el jardín por fin exista bajo esos charcos, y el concierto de las gotas, el grito del trueno advirtiendo que no será fácil. Y tú, tal vez estés bajo la sombra de una lámpara, escribiendo, o mirando algún bicho escapar del temporal. Porque hoy llueve en el planeta, es global, como el calentamiento, como la inflación, hoy llueve, y tú, no levantas la cabeza, no dejas que te reconozca. Tengo toallas de sobra, por si hay goteras en tu cueva, por si quieres algún refugio; estas manos, o mi vientre... puedo intentarlo si esta vez me miras, aunque mientas; como la lluvia, como el trueno, cuando dicen ser tormenta.

*

Hay un animal aullando cerca de mi casa. Lleva días así. He intentado identificarlo, pero no lo consigo. Sólo se le oye de noche. Miro por el hueco de la cortina. Me aterran esos sonidos incontenibles. Nunca aúlla en el mismo sitio, cambia de ubicación, pero siempre alrededor de la casa. Esta noche está especialmente irritado, he mirado al cielo, por aquello de la luna llena, pero el manto de nubes es un techo de cemento negro. Hoy su queja es dolorosa, mi miedo se ha trasformado en tristeza. Ya no intento buscarlo en el jardín, ni me asomo por los huecos de las cortinas, ya no deseo saber que clase de bestia es, y por qué viene a llorar cerca de mí.

*

No sé llamarte sin temblar. Podría extender los brazos, romper el aire. No sé sentir con esta efervescencia en toda la piel, distrayendo a estos ojos que se hunden buscando el alivio. Y me duele todo; desde la niña hasta hoy... pero lo intento, juro que intento caminar hacia ti sin tropezar una y otra vez con todos nuestros miedos.

*

Este rayo de sol acariciando mi cara,
intentando decir
que no todo está perdido.


Natacha G. Mendoza

miércoles, 23 de mayo de 2018

IVÁN ROJO: Una vida plena.




AFLUENTE IZQUIERDO 

El día de su 75 cumpleaños,
como todos los anteriores,
mi abuelo salió a comprar el
periódico de buena mañana.

Pasó una hora, dos y luego
muchas más antes de que,
tres días después, un chaval
lo encontrara en el barranco
de la Hoz a 20 kilómetros del
quiosco, medio desnudo y
con plumas en el poco pelo
que le quedaba, junto a él
un pájaro con el cuello roto.
Se creía Toro Sentado.

Es lo que decía en el hospital.
Es lo que decía, luego, en casa.
Soy el jefe, soy Toro Sentado.
Era alucinante oírle decirlo.

Unos días más tarde, mientras
mi abuela intentaba darle la
sopa, el hombre recordó quién
era. No volvió a abrir la boca.


A BORJA BALLESTER BOLINCHES

Eras un niño triste y además no te gustaba el fútbol,
algo te pasaba, había rumores,
eras presa fácil,
cuántas collejas te llevabas sin abrir la boca,
una vez alguien prendió fuego a tu pelo rizado,
nunca había vuelto a pensar en aquello,
nunca había vuelto a pensar en ti pero ayer te vi
después de casi treinta años,
delante de mí en la cola del súper,
y estabas igual pero distinto,
me pareciste en paz con el mundo,
Borja Ballester Bolinches,
dije a tu espalda,
y te giraste y me miraste con tus ojos grandes y algo caídos,
y no me reconociste,
Perdona, ahora mismo no caigo,
me dijiste,
me dijiste que no te acordabas de mí.
Fuera verdad o mentira, me alegré.


FILMOGRAFÍA DE UN MOLINO VACÍO

Derrocar al Pilas.
Veinte años son demasiados para cualquier imperio menos el mío.
Tomar por la fuerza el columpio donde por las noches vende su mierda.
Estoy hablando de destronar al Pilas, y echar sus restos a los perros.
Sentarme ahí, escoltado por dos lacayos, y balancearme.
Estoy hablando de silbar mientras el vecindario duerme.
Estoy hablando de reinar.
Reinar bajo las estrellas.
Reinar en chanclas y paz con la historia.
Y esperaros.
Oír vuestros pasos furtivos entre los setos.
Venid, no tengáis miedo.
Ir recibiéndoos.
Escuchar con paciencia infinita vuestras previsibles peticiones.
No concederos ninguna.
Este trabajo es difícil, es difícil no ablandarse.
Es difícil ser justo.
Echaréis de menos al Pilas y sus caramelos.
Pero de garganta hacia dentro me amaréis a mí.


UNA VIDA PLENA

Me bañé una noche en una piscina municipal de Salamanca,
invierno,
prácticamente solo,
solamente una chica que nadaba de maravilla,
con fuerza y elegancia,
con decisión,
como si no supiera, pudiera ni quisiera hacer otra cosa,
aquel gorro verde incansable de extremo a extremo,
solamente ella y yo,
que medio flotaba boca arriba haciendo el muerto,
yo, que me dejaba llevar por la tranquila deriva
sintiendo la sangre bubujear en mis oídos
mientras por el rabillo del ojo contemplaba nevar al otro lado de las cristaleras
y me invadía un cansancio pesado, de transatlántico tocado, hundido.
Hasta que vi a la chica encaramarse al borde de la piscina
ágil, grácilmente, como un animal acuático.
No tenía piernas.
Supongo que la miré demasiado porque:
Qué,
me soltó.
Qué preciosidad
fue la respuesta que me vino a la cabeza,
pero no dije nada.
La miré un poco más ahí sentada, eso fue todo;
su bañador a juego con el gorro y las gafas en la frente:
de un verde extraño, cósmico, alienígena,
como su ojo izquierdo.
Fue lo último que vi de ella: su ojo izquierdo.
Luego volví la vista a los ventanales, la nieve, y me limité a seguir flotando.
Porque yo siempre floto.
A veces se me olvida.
Pero floto.


Iván Rojo


lunes, 21 de mayo de 2018

PUÑETAZOS AL VIENTO por VALENIA GIL



Me embriaga la añoranza y un velo de lástima roza suavemente mis mejillas mientras el suave murmullo de mi respiración va ondeandóndolo sobre mi rostro...es negro, con esa transparencia que dejaba ver y que te vieran, con esa inseguridad construida a base de años de las carencias mas básicas en esto de formarse la imagen de una misma con la suficiente solidez y fuerza para creértela...

Mis dedos apuntalaban pequeñas vendas de papel yeso mojadas, como aquellas con las que construíamos nuestras caretas allá por nuestro EGB, con la ilusión que daba cuando aquellas vendas mojadas sobre nuestro rostro se endurecían y podíamos pintarlas del color o colores que nos diera la realísima gana...así fui apuntalando mi cuerpo entero con textos y textos que cada día me servían de exorcismo para el alma y consuelo para mi maltrecha y cansina soledad.

El juego de mis dedos percusionando cristales se convirtió en una necesidad para mí tan acuciante que el aire en mis pulmones pasó a ser secundario y el alimento algo que caía en mi estómago porque mi mano derecha se empeñaba en alimentarme casi, casi sin yo pedírselo...

Los puños que me golpeaban la boca del estómago de dentro para fuera levantándome el mentón hacia arriba arreciándome a mirar de una puta vez de frente y a comenzar a caminar con fuerza y decisión fueron los que empezaron a dictar mis palabras y a hacerme leer de una puñetera vez mi propia vida, a vislumbrar mis sueños con la claridad que arrojan las emociones pintadas en rojo intenso o en amarillo limón y con cada fuerte emoción alborotando mis neuronas surgía un nuevo texto con aromas que andaban desde el olor a hervido de patatas con judías verdes y zanahorias que me contaban broncas con mi madre pasando por mis fosas nasales aspirando a ritmos cortos y rápidos el olor del jabón de Ariel que mis sábanas desprendían evocando a mi oxitocina como aceite untando cada centímetro del órgano más grande de mi cuerpo, mi piel...

Pasó mi frenética necesidad de escribir de forma diaria, vomité la máquina de feria con saco de boxeo que se activaba con su musiquita dentro de mi estómago y me impulsaba a subirme al ring a expulsar a mis contrincantes a través de mis dedos pianistas sin música presionando todas y cada una de las letras del abecedario con el único propósito de que la hostia que le diera a mis putos fantasmas cada vez fuera más contundente, más certera, más eficaz.

Hoy me dio por darme un paseo en barca frente a tantos puñetazos al viento y...joder, como me hubiera gustado estar allí para darme un abrazo...


Valenia Gil


viernes, 18 de mayo de 2018

NEREA MAGNESIO: La seda también arde.



Y A QUE NO ME DEJAS

Habrá alguien
algún día
que me pregunte por

mi técnica de escritura
las fuentes de inspiración o
las lecturas que han marcado
mi carrera literaria...

Entonces,
me ajustaré las gafas,
cruzaré las piernas y
contestaré muy seria

que no hay nada como escribir
sentada en las aceras,
tener un novio periodista y
jugar.

Jugar a que matas
a todos los espacios en blanco,
a que despelotas a las palabras más audaces y a que ganas
-por goleada-
un masaje
-de cuerpo entero-
sin
faltas
gramaticales.


BUSCO UN CENTRO DE GRAVEDAD PERMANENTE

Hay hormigas en mi casa.
Dentro también.
No lo entiendo.
Los pedacitos más dulces
ya están en el cole y
el más seductor,
se ha ido a currar hace como
media hora.

Vienen y van,
suben y bajan y
creo, que me miran y
hasta me huelen.
Y parecen contentas.
Mucho.
Yo también.
Debe ser el amor.
Y el sexo.
Y su amor con sexo.
Y su sexo con mordiscos.
Y sus mordiscos
como las tortas de anís:

suaves
crocantes y
                     deliciosos.


ME ENCANTA CUANDO TUS GARRAS

Tiene
manos pequeñas
dedos finitos
uñas sin casi trayectoria y
anillos varios
a los que yo daba vueltas
-y más vueltas-
cuando estaba nerviosa
ahogada
o semiperdida.

Un día,
probé y
pude girarlos al sentido contrario.

Ahora,
todo eso forma parte de nuestro
lenguaje:

virar
saber que hay diferentes direcciones
y
                sobrevivir.


LA SEDA TAMBIÉN ARDE

Yo me duchaba y los veía.
Dos mosquitos, dos.
Otro día y ahí estaban.
En el mismo azulejo. Mirando a la inopia.
Al sexto o séptimo,
me acerqué un poco más.
Estaban muertos. En el mismo azulejo.
Y pensé:
cuánta gente hace eso... disimular que vive.

Luego,
me sequé bien todos los huecos y
                        recovecos y
me largué a currar.


Nerea Magnesio


jueves, 17 de mayo de 2018

VÍCTOR PÉREZ: El arte de tragar bourbon.




8 RÍOS Y 16 VÁLVULAS

Dinos la fuente de las extrañas cartas.
Las abrumadoras.
La redondez de esas frases que borraban al prójimo.
Dinos la carta del salvaje Oeste que iba contra las cartas del salvaje Oeste.
Lo primero que se oía en la cinta.
Dinos qué vagabundo cumplió exactamente con lo que queremos.
Dinos qué atajo tomó, niño bonito.
Qué llanura bajó como un oso
Hasta convertirse en el líder
Del vecindario.


AROMA A CABALLO

Dejo pasar los siglos. Tengo el as de oros y la sota de bastos.
Soy el padre, el hijo y el espíritu santo de los poemas leídos hasta el final.
A todo aquello que me ofrece respuestas
Yo le mando mensajes poderosos e ininteligibles.
Soy una niña con la misión de parir al más degenerado de los hombres.
El río Tera existe. Yo existo. Solo tengo que romper el círculo.


WESTERN CREPUSCULAR

Cuando todos duerman la siesta
Coge trozos de frases de foros sobre armas mexicanos
Y únelos con trozos de frases de foros españoles de anime
Y únelos con trozos de frases de foros del Athletic
Y únelos con trozos de frases de foros sobre videojuegos
Y finalmente únelos con trozos de frases de foros de póker
Hasta que llegues al poema poema
Y conocerás el dolor de Dios.


ACORAZADO

De Ohio a Illinois
Mantener los cargadores abastecidos era un mito.
De Ohio a Illinois
Yo vi mi risa cayendo en las praderas.
De Ohio a Illinois
Eres basura y de repente te quieres convertir en leyenda.
De Ohio a Illinois
Ser bueno y eterno.
De Ohio a Illinois
No funciona la conciencia ni el instinto en el arte.


EL ARTE DE TRAGAR BOURBON

Tenía un rabo como el Mississippi y la psicología de una manada de grillos.
Le llamaban el techo de Massachusetts.
Los Fante querían ser como él. Eileen Myles quería ser como él. Burroughs quería ser como él.
Siempre buscaba una dimensión cinematográfica a los chicos del verano que le apedreaban.
A veces le saltaban un diente o un ojo.
Sus andares definieron a una generación. Era un genio que nació en el bosque.
Tenía muy marcada la vena de la cabeza. Vivió con su padre hasta los 52.
Le gustaban las imágenes consecutivas, los auditorios de subnormales
Y los conejos negros.


Víctor Pérez


miércoles, 16 de mayo de 2018

JULIO ROMERO: La verdadera esencia del ser humano.




LOS COBARDES SIEMPRE AGOTAMOS LOS PLAZOS

Esa vez esperé a que dieses a luz para mostrarte mis discrepancias. Cuando llegué te encontrabas sola con el bebé. Yo estaba tan nervioso que no recuerdo exactamente lo que te dije. Lo que sí guardo en la memoria es la expresión de tu cara al escucharme; el brillo de tus ojos con las lágrimas saltadas y el llanto agónico y premonitorio del bebé que parecía querer escapar de tus brazos. Abandoné la habitación justo en el momento en que tu madre entraba. Cuando salí del hospital y pisé la calle, respiré hondo y me sentí aliviado. No hubiese sido un buen padre.


LLEGÓ UN MOMENTO EN QUE NO SABÍA SI TE QUERÍA O TE ODIABA

Pero mi existencia dependía de ti y no me importaba en absoluto dártelo todo a cambio de nada porque sabía que solamente complaciéndote podría estar cerca de ti. Traté de olvidar el daño que me habías hecho escondiendo la decepción y el desencanto a base de mentiras hasta que un día comprendí que el que me engañaba era yo.


EUTANASIA FOR YOU

A veces me despierta el olor a sudor en mitad de un camino por donde voy corriendo a pie una tarde de verano. Yo a veces sueño que tuve una familia y que desayunábamos juntos. En todos mis sueños yo enseño a leer a mis hijos. Hay un tipo sentado junto a mi cama que no es ni mi mujer ni ninguno de mis hijos. A veces me doy cuenta que soy un vegetal a quien no viene a verlo su familia.

Cuando sueño escucho una voz que me dice recuérdalo siempre.


DUÉRMETE PARA SIEMPRE

Ya no te quedan fuerzas para ti mismo ni deseas ver a nadie así que siéntate y llora mirando al suelo como cuando murió tu padre y deja esta vez las manos quietas hasta que las lágrimas golpeen tus zapatos.


LA VERDADERA ESENCIA DEL SER HUMANO A QUIÉN LE IMPORTA

Velad por nuestras almas y seguid escribiendo poemas bonitos, poemas limpios como sonrisas. Seguid contando historias que dejen un buen sabor de boca; el lector os lo agradecerá.


Julio Romero


martes, 15 de mayo de 2018

AL SUR DE TODOS LOS MARES por MIGUEL ÁNGEL BERROCAL



Tengo al vendaval del insomnio encañonado
con una fotografía
enrollada
de Galeones hundidos.

A estribor, la mesa de antigua madera,
puede que puerta de aquellos mares,
sujeta un plato de plata;
las caricias de un trópico y su sierra
fundidas con los océanos surcados por todos ellos,
lo navegan,
aquí, ahora,
contigo vestida de sal y vientos de cuaresma.

Desarbolando mi torso
en mis narices, a toda vela;
cortando con sus quillas blancas mi acerba garganta,
que implora
el devastador ariete de tus orillas.


Miguel Ángel Berrocal


lunes, 14 de mayo de 2018

SOLEDAD por ERNESTO COBOS




Más solo que la una.

Soledad al robarle horas al sueño para escribir algo que llega a ser tan vital como el aire.

Soledad durante las intensas lecturas puesto que un autor, si realmente pretende serlo, ante todo lee, y lee en silencio con el alma en tensión.

Soledad al publicar un libro con tanto esfuerzo y dedicación y advertir que a nadie le importa.

Soledad porque aún con plena conciencia de todo, continúo trabajando incluso sin que se venda ni un puto libro.

Soledad porque ya cada vez menos soporto la frivolidad y la necias necesidades de la gente que no parece advertir que todo acaba y desperdicia su vida en actividades que no le aportarán nada ni a su vida ni a las de quienes comparten su vida con ella.

Soledad aquí y allá.

Mi amigo Jim Beam y yo sabemos muy bien qué es eso de estar más solo que la una.

Entonces recuerdo las palabras de Vicente Muñoz Álvarez:
"Literatura. 
don o maldición?"

Ernesto Cobos


viernes, 11 de mayo de 2018

NO ES UN POEMA por GARAZI GOROSTIAGA




A la mierda las palabras bonitas,
las flores en el pelo, la esperanza a la espalda,
la forma y la rima,
el rímel y el lápiz de labios.
Porque sí,
porque si me follas como a una perra y me tratas como a una reina 
ya desprendo toda la follabilidad que necesito.
Porque como dice un buen amigo somos muy putas,
y eso no es malo,
míralo bien,
es terciopelo,
estamos locos y somos suaves.
A la mierda todo porque el cielo existe,
pero nosotros vivimos aquí abajo y esta noche vuelvo a estar muy triste,
y no quiero hablar de sombras,
ni de vísceras
ni de entrañas
ni de lo secreto
ni de lo maldito.
Estoy cansada y no sé qué escribir sin que me exploten los pulmones,
y yo lo que quiero es dejar flotando un te quiero en el agua.
A la mierda,
mete una pluma y una hoja en blanco en una bañera,
a ver qué cojones pasa.
Ve abriendo la cajita de las cuchillas con tu abrelatas, nena,
porque por mucho que grites no vas a saber expresarte con tu voz,
ni alzar tus ojos,
ni bajar tus manos,
ni esconder tu olor.
Olvida toda esa mierda porque no es terrenal,
y no la necesitas,
las estrellas no brillan porque tú existas,
ni es de mieles la luna que brilla.
No eres un ángel,
eres un animal,
y si quieres decírselo vas a tener que escribirlo con sangre
y a corazón abierto.
A la mierda todo,
a la mierda esos que dicen que mi poesía no es pura.
No es pura, ni es lo que ansía,
no es magia, la he escrito yo.
Soy vicio brotando en el fango,
soy tu zorra y soy tu flor.

Garazi Gorostiaga


jueves, 10 de mayo de 2018

TURISMO CULTURAL EN MAGALUF por RAFAEL SANZ SIERRA



Los proscritos escuchamos
a Zack de la Rocha feat KRS 1
y vendimiamos diez horas al día
sin torcer el gesto.

Si nos hablas de poesía
nos cagamos en tu puta madre
y nos vamos al bar
a ligar con las rumanas
y a echar a la tragaperras.

Si no estamos vendimiando
estamos en el bar
y lo demás nos la suda.

Hay días que montamos en el John Deere
y repartimos textos obscenos
entre las damas de los pueblos
de toda la comarca.

Por la noche nos quitamos
las garrapatas que tenemos agarradas
a los huevos
y nos adentramos en el encinar
a levantar cruces fluorescentes.

Los únicos libros que nos han gustado
han sido: Historias del Kronen
y la biografía de Sánchez Ferlosio.

Se dice por el pueblo
que hay unos tipos de otra pasta
que están haciendo las cosas bien;
una generación de oro;
unos tipejos que escriben como
bestias luminosas.

Por eso
asómate al abismo
hacker corrompido
y verás al varano endemoniado
que recorre las ciudades
y los pueblos de España
infectando de tensión y rabia
a esos chicos sin futuro
que rondan el sotobosque
con máscaras de payasos asesinos
y escapan a una galaxia dinámica
inventada por Tesla-Gates
y regentada por algoritmos cruciales
que eyaculan
hombres sin remordimientos
con ojos
en parálisis.


Rafael Sanz Sierra


miércoles, 9 de mayo de 2018

ABNEGACIÓN DICHOSA por AINHOA MARTÍNEZ RETENAGA




Verbo que habitas el diámetro de mi tráquea,
que erizas lo cilios de su esqueje incontestable,
que requisas la potestad de su menester diligente.
Verbo que acrofobia siembras
en la funámbula que impertérrito,
incubas.
Verbo que desfiguras el propio alambre
que en mi ser evangelizas,
que eyaculas la polaridad de mis sedimentos
y te manifiestas guadaña
si sobria de lenguaje,
a tu patria desamparo.

Ainhoa Martínez Retenaga, de Verbo (Bajamar Editores, 2017).

https://www.facebook.com/BajAmar-editores-716257121882701/

Información y pedidos: bajamareditores@gmail.com

martes, 8 de mayo de 2018

LA MONTAÑA RUSA por JULIA NAVAS MORENO



A Paco

Mamá… ¿Veremos desde la Estación Sur la montaña rusa?
Y te miro, porque todo tu entusiasmo sería capaz de conseguirlo.
Y me apeno, porque la realidad se impone.
Y—claro—, desde allí, no se divisa esa montaña.

Quiero regalarte todas las montañas del mundo,
ya sean rusas, indochinas o de granito,
y solo te muestro desdichas y miserias desde mi oscuridad.

Que pasen los años y me entiendas no es gran consuelo.

Desde tus ojos abiertos y brillantes
oteas el horizonte nublado
y alzas tu cuello y tu alma para obviarlo.
Yo solo puedo darte armas para que huyas de mí,
de nosotros;
de mi soslayo y mis quimeras
de niña superviviente.

Algún día, las miradas de madre perdida
se encontrarán con la tuya
ansiosas por descubrir,
al menos, un “te entiendo”.

Ahora, un suspiro…
Y —respiro—ya.


Julia Navas Moreno, de Confieso que he perdido el miedo.


lunes, 7 de mayo de 2018

COURTNEY Y KURT por JAVIER VAYÁ ALBERT




Solo alguien que ha visto
pedacitos del cerebro que ama
decorar las paredes de su casa
debería estar capacitada para hablar de amor.
Maldito bastardo
abriste de par en par las ventanas
de tu íntimo infierno
para que nos intoxicara a todos.
Ya lo sé, cariño, no sabías hacerlo mejor.
Hoy llamé a Yoko
puede que yo estuviera algo borracha,
pero esa mujer no tiene sentido del humor.
Maldito bastardo
nos pediste venir a ti tal como fuéramos
y nadie te entendió, ni tan siquiera yo.
Solo quienes se han escrito poemas
en las venas del otro
y han lamido su sangre con espíritu adolescente
deberían estar capacitados para hablar de amor.
Maldito bastardo
jamás te lo he contado
pero esa puta noche Frances ni se despertó.
Quizá por eso no recogí la escopeta del suelo
y volví a dispararte
o introduje lasciva su cañón en mi boca;
quizá porque solo quien elige cargar con todo el odio del mundo
debería estar capacitada para hablar de amor.

Javier Vayá Albert, de Sexo, drogas, poesía y rock and roll (El Petit Editor, 2018).

sábado, 5 de mayo de 2018

VUELOS por MARÍA GUIVERNAU



Para volar
ya tienes alas.
Yo sólo acompaño al viento,
si sopla a tu favor.
Y si decide venir en contra
o sientes que caes en picado,
el calor de mi piel
te empujará
para remontar el vuelo

María Guivernau


viernes, 4 de mayo de 2018

TODO ESTÁ EN ORDEN por SERGIO MAYOR



Por entonces tenía la actitud habitual de un tipo que está escribiendo la Biblia, singularmente el Libro del Génesis. Luego los bares me salvaron de la teología. Un psiquiatra dijo que mi cerebro producía un exceso de ondas alfa y por eso caminaba por la tierra “como un niño alucinado”. En las pensiones algunas mujeres me hablaron de Bukowski. En Mucknall Abbey la Reverenda Hogan me explicó que Dios era uno más de los nombres del Diablo. Todo está en orden. A veces entro bebido a las iglesias. A veces entro en un bar transfigurado.

Sergio Mayor


jueves, 3 de mayo de 2018

ESCORZO ETERNO por JULIA ROIG



Leí Los milagros poéticos de san suicida y ya me desvestí en mezcal. Me quedé en huesos escribiendo en el suelo. La tele callada. La perra dormida. Podía escuchar el fuego. Quería enjuagarme con la tinta y sacar en cofradía los miedos, pasearlos por calles atestadas, rendir pleitesía para aprender su sabor poco a poco, más hondo y travieso. Así y que el apareamiento de la locura y el deseo fuera ya más que costumbre bruta. Un hallazgo. Algo compartido. Acérquense y vean, escuchen, echen fotos, cuelguen, compartan, aquí hay vida. Veneno y antídoto. Jerga de la carne. Hablen. Respírense cerca y echen fuego por las grietas. Tráiganme a san jorge. Incendio loco. Todos. Un perro, una luna y su mundo. Sazonados en llanto, tan hermosos. Todos. Salpicando en tu humo. Colchones llenos de poesía y miradas telescopio.

Mientras tú y yo en escorzo eterno.

Esquinar el dolor porque vengo a sobresaltarme en cada nudo doble, mientras exploro el corazón como si un planeta nuevo. O una supernova triste. Me da igual pero experimentar en el filo, y así alimentar la hoja. Todos. Vengo a derrocharme en el vaivén de la carne “como si le arrancara el esperma a una ola” que diría Papasquiaro. Pero no sofocar cuerpo a oscuras. Con santería recorrer tus cordilleras y desnudísima por dentro mojarte en adrenalina, usarnos en urgencia lubricada, sí, triturarnos en dulce y desfigurar la realidad en la barricada de nuestros cuerpos. 

Que vine a tatuarme tu sombra cuando duermes. 
Cepo de animal nocturno. 

El silencio ya es un himen. Que quieren romper. Todos. Que solo me/te entiendo en carne viva ensanchando las ganas y los más allá. Dilatando tu orilla y transpirando tu locura incubando orgasmos como una gata suave que arañe inesperada. Una balsa llena de vino, un nadar ciego en el otro. 

Que el vicio se cuenta en hectolitros, niebla pirata y eléctrica. 

Me inquieta la lengua del que no se llama poeta. Y me trepa la vértebra la sed difícil y guerrillera de lo inclasificable. De lo único. De lo infinito.

Del a solas.
Del sin todos. 


Julia Roig, en Miss Desastres Naturales


miércoles, 2 de mayo de 2018

CANCIÓN DEL SER Y EL SABER ESTAR por CARLOS DE LA CRUZ



Donde la lluvia se acomoda
donde el fuego toma su fruto
donde la forma gira el llanto
donde los cuerpos se asemejan a los muertos
donde beben los animales del bosque
donde siento sus lenguas de alumbre rozar mis pezones
donde las señales vibran como monos albinos
donde el calor es el del estiércol
donde la rabia es la de la fruta apilada como un acertijo
contra el cristal
donde la rabia somos nosotros apilados como un acertijo
contra el cristal
donde se me ve y no se me escucha
un lugar
donde arder y fumar beber y respirar
donde el arroz no se pase ni se pase el dolor de huevos
un lugar en el que poder ser sin estar
como en las canciones de country
como en las verbenas de los pueblos
como en la lista de la compra de tu madre
la semana siguiente de enterrar al viejo.

Carlos de la Cruz


lunes, 30 de abril de 2018

12 AÑOS por CARMEN GC



12 años

12 años y tu tía y tu tío que te han sacado de noche, después de las diez el mundo es emoción nueva y adulta.

12 años y toda la torpeza de la adolescencia física y dos pies izquierdos para el baile.

12 años y una verbena de fiesta de barrio, un lugar supuesto seguro donde todo el mundo se conoce.

12 años demasiado inocentes en un cuerpo de casi uno setenta que empieza a mostrar formas de mujer.

12 años y un hombre adulto que te saca a bailar.
12 años y mirar a tu tío, que asiente.
12 años y pensar qué divertido.
12 años y el primer baile.
12 años y una distancia que disminuye.
12 años y una presión que empieza a incomodar, que no es normal aunque no tengas con qué compararla.
12 años y ganas de gritar y salir corriendo.
12 años y un acercamiento indeseado, e intentar frenarlo.
12 años y quedarte quieta como un palo, paralizada salvo en el brazo que se deja caer, si no puedes marcar la distancia que no parezca que aceptas la que marca.
12 años y la boca seca y la náusea recién estrenada.
12 años y el cuerpo de él apretándose.
12 años y el grito y la carrera no salen.
12 años y su mano bajando de la cadera.
12 años y un tía, tío, sacadme de aquí que no llega a la boca.
12 años y algo desconocido contra el muslo.
12 años y los pies que no obedecen a correr y repiten como salmodia los pasos de baile.
12 años y un que pare la música, que se acabe, que se ahoga en la boca del estómago.
12 años y su calor contra el cuerpo y tu brazo colgante huyendo.
12 años y su aliento en el pelo como un miedo nuevo.
12 años y musitar una oración con el cuerpo contraído, diminuto, aniñándose.
12 años y su mano tocando tu culo.
12 años y el asco quieto.
12 años y tratar de escapar en la última nota de sus múltiples brazos.

12 años y casi correr, tía, tío.
12 años y a trompicones y casi sollozos intentar explicarlo.
12 años y tu tía y tu tío protección y cariño  no vuelvas a dejar caer el brazo, úsalo para marcarlos.

12 años y espabílate niña.

12 años y se acabó esa fiesta.

12 años y durante mucho tiempo el primer y único baile.


Carmen Gc


viernes, 20 de abril de 2018

AHORA por FELIPE J. PIÑEIRO




Nunca hubo otra percepción,
percibo,
percibes quizás ahora.
Para mí el reino de los cielos,
para mí el infierno.
Maldito,
soy libre,
Maldito,
estoy perdido.
Estoy aquí,
mi proyección,
proyección de mente,
cuerpo y semen.

Felipe J. Piñeiro, de Pensamiento en la Oscuridad del Ser (Carro del sol ediciones, 1998).


miércoles, 18 de abril de 2018

DEL FONDO en CULTURAMAS



Del fondo, “Llegar sin desplomaros a vuestro fondo y esencia”, Vicente Muñoz Álvarez

Vicente Muñoz Álvarez, nos trae Del fondo, un relato/poema de terror ilustrado brutalmente -con nuestras vísceras y culpas-, por Andrés Casciani. Un verso arrebatado por H. P. Lovecraft, Crowley, Burns y Cronenberg, entre otros. Una perversión de El jardín de las delicias de El Bosco retratando, en este caso, el inframundo o el fracaso de la creación. Una travesía roja y agónica dentro de uno mismo. Una alegoría de nuestra fe y degradación. Nuestro epitafio zombie, la promesa de luz a cambio de la anulación de la carne. Vicente, radiografía, magistralmente, la putrefacción a la que sometemos nuestras almas en pos de una verdad tan inventada y patentada como triste, tan hueca, tan blanca. Casciani, ilustra en crudo, ese tour por el abismo. Desnudan una luz prometida que deviene fluorescente de cocina y nos desembocan en preferir el deterioro de la carne que ruge y arde, que se mastica y pudre, que sangra, huele y se deshace, a cualquier dictado del predicador. El juego de imágenes, sombras y dobles sentidos, el no saber si seguimos la luz o es ella la que nos asalta y amenaza, nos convoca a la pérdida dentro de uno mismo pero libres. Vicente, y su imprudencia de la lucha, que diría Rimbaud, acaba iluminando el hueco más hondo, bruto, sucio e insondable que albergamos. Una invitación a ser nosotros, a ser túnel, a degradarnos libremente, sin miedo y con toda la oscuridad del mundo.


Julia Roig, en Culturamas


Información y pedidos:

España: vicentevinalia@hotmail.com

Argentina: andrescasciani@gmail.com


martes, 17 de abril de 2018

CUANDO HARTO... por JOSÉ MALVÍS




Cuando
se intenta escribir el poema que nunca se ha de acabar
cuando
la música sólo la escuchas tú y el olor de luz es manicomio
cuando los valientes son malas personas
y los cobardes construyen vida
cuando
el cristal nos salpica con sus gotas de vidrio envenenado
cuando la carne se pudre traslúcida
entre insectos con billetes tatuados
y el agua arde
y los muros son televisiones y teléfonos y periódicos.

Cuando sucede todo esto —entre costillas y razón—
perderse es bueno en los hayedos blancos del Moncayo:
follar con el viento, la sabia, el color
saber que pierdes, pierdes mucho
y en ello está la mirada azul.
Rebelarse contra tanta barbarie estipulada y... ganar
ganar una cadera infinita
una excusa para asesinar cada pedazo de línea
permanecer eterno, desafiante en cualquier hoja caduca
casi como en las hojas de hierba de Walt Whitman
como en las hojas verdes de lo que seremos
cuando decimos no
y no pasamos página.


José Malvis


lunes, 16 de abril de 2018

UN POEMA de MARLUS LEÓN




Estaré allí siempre
envuelta en los cálidos abrazos
de una vida diminuta
sembrando de aliento
un universo infinito
Bailarán los planetas
sobre nuestras cabezas
con los ojos iluminados
por tanto amor…
Caminando
despacio
sin ruido
en medio de la nada
suspendidos en el aire
con las palabras alumbrando
nuestros labios
mientras inventamos
la nostalgia del paraíso...
recién nacidos
de regreso a casa…

Marlus León