martes, 24 de mayo de 2016

MÚSICA DE VENTANAS ROTAS: Prólogos.




Francesco Spinoglio

una pequeña música de ventanas rotas…

Charles Bukowski

Hace unos meses se me ocurrió la idea de reunir a unos cuantos escritores para homenajear con una antología al maestro John Fante, para mí el mejor narrador de, al menos, los últimos dos mil años. Estaréis pensando: Estamos hasta el coño de antologías, ¿por qué otra? Ya lo sé, por eso voy a hacer un pequeño matiz. Bueno, dos pequeños matices. Primero: hay un montón de escritores cojonudos que escriben en lengua castellana y que nadie conoce porque la casta literaria lo ha copado todo con sus vertidos tóxicos. Segundo: he seleccionado cuidadosamente a los pocos autores que participan dejando a un lado las amistades, el colegueo y todos esos estúpidos compromisos que se supone que uno va cosechando en el mundillo literario y que siempre te acabas encontrando en las antologías (Ejemplo: Fulanito tiene que participar porque en su momento me reseñó un libro. Fuera esa mierda). He separado a la persona del escritor, pasándome por el forro de los cojones el caché, los premios literarios que uno haya podido recibir y el trabajo que desempeña en su vida diaria. He recibido casi doscientos relatos en poco más de tres meses, y considero que si un chaval de veintipocos años que no ha publicado un libro en su puta vida y a quien nadie conoce escribe mejor que un profesor de escritura creativa o que un director de alguna revista, merece estar en la antología con toda legitimidad. Ya sé que el orgullo del sabelotodo se resiente, pero es lo que hay. Conmigo no se amaña nada, así de claro, ya que para eso están los premios. He utilizado mi humilde criterio, cuestionable o no, pero os aseguro que hay más rabia y calidad literaria en muchos escritores anónimos que en los paquetes que nos venden en los medios y que encima van de intelectuales. No quiero divagar demasiado y creo que lo mejor es dejaros en compañía de estos dieciocho guerreros de las palabras, quienes harán todo lo posible para llegar hasta lo más hondo de vuestro corazón. Un agradecimiento especial a mi amigo Dan Fante, fallecido hace unos meses, por todo su apoyo y por habernos cedido uno de sus maravillosos poemas. Como me repetía a menudo, lo único que importa en la escritura es seguir escribiendo día tras día; todo lo demás son gilipolleces. Te quiero, Dan, estés donde estés.

Me despido con esta carta que me escribió mi padre cuando, al cumplir veinte años, abandoné mi hogar familiar y me lancé a la aventura por tierras de España. Gracias a mi viejo descubrí a Arturo Bandini, famoso alter ego de John Fante, y traté de seguir sus pasos con menor o mayor fortuna. 

¡Buena suerte, Arturo Bandini!

Buena suerte, ya que es lo mínimo que te mereces como premio por el coraje que has demostrado y que sólo pertenece a los que son “diferentes”; un coraje que te permite por fin vencer al destino rufián y mezquino que siempre ha intentado pararte los pies con una maldad casi diabólica. Un destino que te ha proporcionado un gran talento, hasta abrirte las puertas para alcanzar cualquier sueño en el que ninguna meta te pareciera imposible, para luego desilusionarte diseminando por tu camino de gloria trampas insignificantes que conseguían frustrar todos tus esfuerzos y todas tus tentativas de éxito.

Leí en una novela que no hay nada más triste que un genio que tropieza con la banalidad del destino. Es una verdad suprema, pero ahora suena otra música. ¡Échate para atrás toda la mierda que tienes acumulada y empieza de nuevo! ¡Entra en tu nueva vida con la seguridad del héroe rebelde que alcanzará el éxito! 

Desde hace tiempo supe que un día de estos te irías. Tuve la confirmación de eso en Verona, cuando te llevé a la plaza a jugar y tú te pusiste a perseguir a las palomas. De repente, cansado del juego, te fuiste solo hacia una calle secundaria con el paso firme y seguro del hombre maduro que ha tomado una decisión y que ya no quiere volver atrás. Entonces sólo tenías tres años, pero ya se había encendido una chispa en tu mente que con el tiempo se convertiría en un fuego indomable: el fuego del genio. En aquella ocasión supe que nos dejarías pronto.

Recuerdo también una frase que leí en el Hospital Infantil de Trieste, enmarcada y colgada en la sala de espera. Decía: Vuestros hijos no os pertenecen, aunque viváis juntos. Podéis amarlos, pero no obligarlos a vuestros pensamientos, porque ellos tendrán su propia forma de pensar. Podéis cuidar de sus cuerpos, pero no de sus almas. No queráis que se parezcan a vosotros, sino intentad imitarlos. Vosotros sois los arcos y vuestros hijos las flechas que se dispararán lejos.

Pues así es. La flecha ha sido lanzada muy lejos, y a este pobre arco sólo le queda consolarse con su dolor, un dolor que es bueno vivir, como si fuera un sacrificio en aras de tu felicidad.

Estoy orgulloso de tu decisión y te admiro por algo que yo jamás haría.

Seguramente añoraré las cenas y las conversaciones que mantuve contigo, pero sobre todo añoraré a un amigo, quizá el único verdadero amigo que he tenido en mi vida. Espero que des señales de vida y te mantengas en contacto con tu familia.

¡Buena suerte! En tu porvenir hay sitio para todo, desde ser limpiabotas hasta aspirar al premio Nobel; de todos modos, intenta saborear la felicidad y pasa de lo que digan los demás. Cultiva tu diversidad como un bien preciado, pero acuérdate de que no hay que despreciar la normalidad. En toda película es menester la aparición de actores secundarios.
¡Buena suerte, Arturo Bandini!

Tu Padre

Buena lectura.

José Angel Barrueco

Mapas, círculos, huellas

Tengo miedo, no soporto
que mi propia obra me desnude
John Fante


Algunos círculos literarios se cierran cuando uno menos lo espera. No puedo precisar la fecha exacta en que empecé a leer a John Fante (1909 – 1983). Calculo que sería a mediados de los 90, quizá un poco antes. Recuerdo que supe de su obra gracias a Charles Bukowski, que lo cita en varios de sus libros, y a Ray Loriga, que lo mencionó en algunas entrevistas de la época.

No pude conseguir sus novelas Espera a la primavera, Bandini y Pregúntale al polvo (publicadas, entonces, por Paidós Ibérica) en ninguna de las librerías de mi ciudad. Las encargué en un par de establecimientos y nunca me las consiguieron. Pero en la Biblioteca Pública constaban en la sección de préstamo. Yo poseía carnet de usuario y era un lector de raza. Cuando uno no tiene dinero encima y ni siquiera trabaja aún, la biblioteca de su barrio, cualquier biblioteca, se convierte en un venerable templo que necesita visitar a diario.

Me llevé a casa ambas novelas. Hay unos cuantos escritores que te sacuden la cabeza, que te trastornan, que logran cambiar tu percepción del mundo y de la literatura. Escritores como Louis-Ferdinand Céline, Thomas Bernhard, J. G. Ballard, Samuel Beckett, W. G. Sebald o William Burroughs. Escritores como John Fante. Porque John Fante era la hostia, ya sólo en los comienzos de sus libros: Avanzaba dando puntapiés a la espesa capa de nieve. Hombre asqueado a la vista. Se llamaba Svevo Bandini y vivía en aquella misma calle, tres manzanas más abajo. Tenía frío y agujeros en los zapatos. Estas cuatro frases encierran una novela entera. Ya lo son todo.

O en Pregúntale al polvo, que arranca con Arturo Bandini en la cama de una pensión de Bunker Hill, tratando de afrontar su deuda con el dueño. Y resuelve el dilema apagando la luz y echándose a dormir.

Arturo Bandini. En las diatribas cómicas y furiosas que poblaban sus páginas hallé la rabia y el entusiasmo, el llanto y la risa, la piedad y la culpa, la búsqueda de la fe y el tormento del pecado. La prosa de John Fante es como subirse a un tren que no se detiene, y que te muestra tanto los paisajes áridos como los parajes líricos. No conseguí aquellas ediciones e intenté robar los libros de la Biblioteca Pública. Durante días planeé cómo hacerlo. Una de las estrategias incluía sacarlos por una de las ventanas, que daban justo al empedrado de la plaza exterior. Los dejaría al pie de las rejas y saldría corriendo a buscarlos. Luego me acometió la duda: ¿y si me cazan, qué ocurrirá entonces?

Descarté la idea, pero volví a releer ambas novelas, enamorado de sus frases, de su música, de sus personajes, del carisma de su escritor. Unos años después encontré La hermandad de la uva (publicada por Ultramar, que la tituló La cofradía de la uva), en una feria del libro viejo. También me fascinó y la incorporé a mi biblioteca.

Tuve que esperar al año 2001, cuando Anagrama empezó a reeditar las viejas obras y a traducir las que permanecían inéditas: Espera a la primavera, Bandini, Pregúntale al polvo, Camino de Los Ángeles, Sueños de Bunker Hill, La hermandad de la uva, Un año pésimo, Al Oeste de Roma (que agrupa Mi perro Idiota & La orgía), Llenos de vida y El vino de la juventud. Desde entonces he leído las que no conocía y releído las antiguas, y he tomado frases para algunas de mis historias, y he utilizado a Fante en novelas, en artículos, en reseñas y en relatos.

No puedo precisar la fecha en que empecé a leer a John Fante. Sí puedo precisar la fecha en que el escritor italiano afincado en España, Francesco Spinoglio, se puso en contacto conmigo (porque por entonces ya usaba el correo electrónico y mi cuenta de Hotmail conserva cada una de nuestras conversaciones): el 27 de marzo de 2008. Me escribió, me revela el mail, porque yo había citado en un artículo a Dan Fante (escritor, hijo de John, y del que una editorial anunciaba una traducción que jamás se publicó). Él, añadió, solía contactar a menudo con Dan.

Nuestra admiración por los Fante fue el primer hilo con el que cosimos nuestra amistad. Luego escribí un prólogo para su novela Camino de la gloria. Nos hemos ido viendo desde entonces algunas veces, y nos hemos escrito muchos correos. Entre nosotros habitan el respeto y la fidelidad.

En 2010, Dani Osca y Julio Casanovas, responsables de Sajalín Editores, nos anunciaron que iban a publicar Chump Change, de Dan Fante. Para presentar el libro en España, en concreto en Madrid y en Barcelona, querían traer al autor. Y nos pidieron a Francesco y a mí que oficiáramos de maestros de ceremonias.

La novela se publicó en marzo de 2011, tres años justos desde que Francesco y yo contactáramos. Y la presentación se celebró en Fnac Callao el 9 de marzo de 2011. Conocer a Dan Fante fue un honor. Su prosa conserva la rebeldía de su padre, y también la autenticidad, pero su hijo es más punk, más agresivo, menos tradicional, más postmoderno. Dan apareció con sombrero, anillos, tatuajes y gafas de miope. Admito que su sola presencia era explosiva. Imponía. Al acto acudió poco público.

Y ahora llega el cierre del círculo de este mapa que conecta nuestra amistad con nuestra veneración por los Fante. No sé si fue a propósito o no, y no se lo he preguntado ni se lo preguntaré, pero Francesco me propuso coordinar con él este compendio de textos de homenaje a John Fante un 17 de marzo de 2014. Marzo, otra vez. Parecen huellas de una película fantástica. Pero creo que sólo son rastros del azar, cuando éste se las arregla para que cada pieza de nuestra vida acabe encajando donde corresponda.

De la lectura y selección previa de textos se encargó él. Le estoy muy agradecido por contar conmigo para esta nueva aventura y por liberarme de la responsabilidad de elegir los relatos finalistas. El lector comprobará, como suele suceder en esta clase de ofrendas literarias, que cada cual lo ha hecho a su manera. Algunos citan al escritor. La mayoría no lo hace. Algunos escriben sobre temas similares. Otros casi esconden su influencia entre líneas. Pero todos, es evidente, adoraron a John Fante en algún momento. John Fante, cuyas páginas suelen ser como una explosión de flores amargas.

GERI Y FREKI por PABLO MALMIERCA




Falla la memoria
cuando buscas el origen del sentimiento.
Fracturan la mente
tus recuerdos insomnes.
Incrustada en un paisaje lactante
la noche se derrama,
atrapada,
en el borde de tu abismo.

En el frenesí de la huida
quedas preso
del ritmo de tus versos,
de la sombra de sus pasos,
de la crisis de su fuego.

Buscas ansionso la carne
que te proporcione el alimento
necesario
para superar la soledad de tus noches,
la ausencia de tus días.

Sentado en tu trono,
tus cuatro avatares
acompañan
el dolor de una ausencia
dolorosa y seca.

Las higueras
darán tarántulas por frutos.


Pablo Malmierca

lunes, 23 de mayo de 2016

HÍBRIDOS: Las formas del fuego.



Llegan a León las jornadas culturales 'Híbridos: Las formas del fuego'

Híbridos, el lema del programa, hace alusión al carácter mestizo y versátil de todos los participantes, que a menudo combinan en sus creaciones varios lenguajes

Leonoticias / 21-5-2016

Los días 26, 27 y 28 de mayo se desarrollará en León, organizado por la Concejalía de Cultura del Ayuntamiento, el programa Híbridos: Las formas del fuego, coordinado por los escritores Vicente Muñoz Álvarez y Silvia D Chica.

Cada vez son más confusos los límites entre las diversas disciplinas creativas y más frecuentes las interrelaciones entre sus distintos lenguajes, dando lugar a obras a caballo entre unos y otros géneros y nuevos diálogos con el público.

¿Dónde se sitúan hoy en día, en este nuevo milenio, estas fronteras y límites y cómo los interpreta y asimila en su obra el creador?

Sobre tal premisa gira esta muestra multidisciplinar, que reúne en tres jornadas consecutivas a diversos creadores de varios puntos del país.

Híbridos, el lema del programa, hace alusión al carácter mestizo y versátil de todos los participantes, narradores, poetas, directores de cine, músicos, fotógrafos, artistas plásticos, etc, que a menudo combinan en sus creaciones varios lenguajes, y Las formas del fuego, título de un poemario de José Antonio Ramos Sucre, a las diversas expresiones que partiendo del impulso creativo adoptan, como las propias llamas, las obras de todos ellos.

Programa

Así, el jueves 26 de mayo, se proyectará en el Teatro San Francisco, a partir de las 20:30 horas, la película de Juanjo Ramírez Mascaró, 'Gritos en el pasillo', con una posterior charla-coloquio.

El viernes, 27 de mayo, tendrá lugar un recital poético de Roxana Popelka, Toño Benavides, Silvia D Chica y Vicente Muñoz Álvarez. Será en el Gran Café desde las 20:00 horas.

En la última jornada, el sábado 28 de mayo, se podrá disfrutar del concierto y recital de Velpister, (no recomendado a menores de 13 años), en el Bar Belmondo alas 21:00 horas.



MÚSICA DE VENTANAS ROTAS: Homenaje a John Fante.





sábado, 21 de mayo de 2016

LAS TINIEBLAS DEL PENSAMIENTO: Maximiliano Benítez.



EGAGRÓPILAS

Los textos que dan forma a estas páginas, así como las ilustraciones y óleos que las componen, son del mismo autor, aunque este se obstine en atribuírselas a un alter ego, y fueron creados de forma simultánea. La historia que encierra este libro, contada en estructura de capítulos fragmentados, dan forma a la primera parte de una novela que comenzó a redactarse hace veinte años. Fue precisamente hace dos lustros cuando, desalentado y extraviado al no hallar el campo de expresión que me permitiera desarrollar las ideas que nunca cruzaban el umbral del boceto o el borrador; a medio camino entre el cómic, la ilustración y la pintura, en la disyuntiva de hacer historietas cortas o escribir ficciones más amplias que me ayudaran a emprender la marcha sobre el terreno de la ficción, se gestó esta historia de cuatro desventurados en busca del absoluto; hechos derivados de las propias vivencias y búsquedas del autor. Nació, pues, sobre la mesa de un viejo bodegón de Buenos Aires, dio sus primeros pasos entre las desconchadas paredes de un hostal en Madrid y llegó al crepúsculo en el vínculo que transita ambas ciudades. Pero, mal me pese, todos los personajes vienen de la misma gruta, de la misma calle, de las mismas paredes.

Elegí el uso arbitrario de los signos de puntuación, suprimiendo el inicial, pero no para poner a prueba la capacidad del lector en saber reconocer el tránsito que transforma una locución en pregunta o exclamación, ni para dármelas de novedoso; simplemente es la forma que escogí para narrar. Así estaba escrito en las servilletas de papel de aquel bar donde empezó todo y así decidí dejarlo. No pasaré a la Historia de las Letras por hacerlo; ejemplos ilustres lo han hecho antes con mejor suerte y sin que la RAE les pidiera explicaciones: también ellos están muy ocupados en sus propias arbitrariedades que buenamente aceptamos sin rebullir.

*

Encerrado en la habitación de un viejo hostal de Madrid, un muchacho de veintitrés años deja silenciosamente de existir. Cuatro años atrás, comienza el penoso periplo que llevará a nuestro protagonista desde los tugurios de Buenos Aires, a las calles de Madrid, en sempiterno viaje anímico en búsqueda de respuestas a las preguntas que viene haciéndose la humanidad desde el principio de los tiempos. La búsqueda de la identidad, el sentido del arte, la idea de la libertad, el amor como defensa de la vida son las cuestiones que marcarán sus pasos.




UN POEMA de CONCHA GONZÁLEZ




¿Acaso has comprendido algo?

Sería como si se tratase
de disculpar al mundo
de ser mundo

redundancia que exhala traición
un toque de cinismo
y algo de olvido melancólico

como si se tratase de juzgar al silencio
por carecer de miedo
mientras recorre algún cuerpo desarmado.

Sería una historia como cualquier otra
si no fuera porque ha sido la mía
la que se trabó entre tus dientes de leopardo

sería
una historia como cualquier otra
si hubiera sido
otra historia cualquiera.

¿Acaso has comprendido algo
o aún continua aterrándote la razón?


Concha González, del blog Mar de espigas.


miércoles, 18 de mayo de 2016

PARIS ERA SU COÑO por MANUEL MOLINA




París era su coño,
mi lengua como una guadaña
que segaba la luna del Sena.
Mi lengua dándote los cuartos menguantes,
cuando en las bajas mareas menguabas con mi lengua,
y mi lengua era un corazón salivado con boina y anteojos.

Mi lengua en París.
Mi lengua afrancesada,
lamiendo champaña en el museo,
restaurando la vagina de la ‘Venus sin manos`.

Mi lengua maldiciendo el Motín de Aranjuez,
y todo lo que significa,
lamiendo las heridas de Pepe Botella,
el día que volvió con la bandera entre las piernas.

Mi lengua lamiendo la guillotina,
mi lengua afilada lanzando gargajos
como proclamas en la torre de la bastilla
por una Francia libre de babosos.

¡_________,________,________ !
(rellene estos tres espacios como considere),

Mi lengua lubricando a las masas,
que lamían las escaleras de Montmartre,
tras una noche paladeando botellas de Ricard.

Mi lengua bohemia recitando a Rimbaud,
después de lamer el opio de Verlaine,
mezclado con helado de grosellas,
como en un musical de franceses serios.

París era su coño.
Mi lengua como una góndola,
bajando el flujo del Sena
hasta llegar al reposo: la orilla,
los jardines del palacio de Versalles.

Mi lengua fuera,
entrando victoriosa por los arcos del Triunfo,
como los republicanos de la Novena,
al liberar París de los bocas secas nazis,
toda la resistencia con la lengua fuera,
haciéndole burla al fascismo.

Saludo a las vírgenes de Orleans.
Lamo los croissants de las panaderas,
recién horneaditos para el pequeño desayuno.

Los hijos de la campiña
lamen las cerraduras de Palacio,
para que entren sus sueños y sus inviernos.

El hombre blanco aristócrata lame la declaración
de sus nuevos derechos universales, mientras una mujer negra,
escupe mantequilla en sus leotardos normandos de franela.

La lengua de un argelino
golpea los labios de una pequeño- burguesa,
y le roba un tequiero y la plusvalía
y los periódicos de los salones y el olor de la colonia.

Las musas deberán estar deshidratadas.

Los feriantes de ganado,
llegando a París cada 5 años,
sacan sus lenguas a las jóvenes de la Sorbona,
pero acaban lamiendo el sexo de sus reses,
hasta llegar al orgasmo de la vaca:
el rostro de una conocida firma de quesos.

Las lenguas en Moulin Rouge alborotadas,
todo el mundo sabe lo que pasa
cuando hay una cámara grabando.

La lengua del poeta hispanoamericano,
lame las tiza en el suelo que dejó la 'Rayuela'
para poder escribir otra nueva novela definitiva.

Saludo a las gárgolas con sus clítoris de piedra
y su orgasmo decadente de media luna.
Las gárgolas lamiendo las heridas de Dios
como mi lengua lame esta ciudad.
Mi lengua anunciando que Dios ha muerto
cuando los poetas hacen chin-chin en las buhardillas

y lamen los últimos sorbos de Moët & Chandon.

La ciudad está lúbrica de versos,
algunos hombres y mujeres libres
lamemos los días de gloria que al fin llegaron.

Las campanas de Notre Dame lamen el nuevo día.

París abre las piernas,
mi lengua resucita,
mi lengua hecha hombre,
emerge desde el sepulcro,
de mi boca de piedra
y dientes de marfil,
-traídos desde las colonias-.

Me relamo.
Al fin en París, al fin en su coño,
lamiendo esta ciudad.

Coño,
Soy Dios, soy poeta.
Soy la lengua de dios.


Manuel Molina, del blog Marqués de la ciénaga.

martes, 17 de mayo de 2016

HELTER SKELTER en LEÓN


PRODUCCIONES VINALIA TRIPPERS PRESENTA

HELTER SKELTER

Viernes 20 de mayo, a las 21 horas en el Gran Café (C/ Cervantes, 9, León)

Con la actuación de Delta Galgos

Entrada 3 euros

El veterano fanzine leonés VINALIA TRIPPERS celebra su vigésimo aniversario con la presentación del número 14, HELTER SKELTER, dedicado en esta ocasión a los asesinos en serie y psychokillers, y a los dos subgéneros cinematográficos de terror que mejor los han caracterizado en pantalla: los slashers y los giallos.

Setenta autores, entre narradores, poetas e ilustradores, colaboran en esta nueva entrega de VINALIA TRIPPERS, una de las publicaciones underground con más solera y trayectoria del país.

Este número 14, con portada de Toño Benavides, incluye, como viene siendo habitual en la revista, un suplemento de poesía titulado SANTA SANGRE, con portada de Silvia D Chica.


DELTA GALGOS EN CONCIERTO

DELTA GALGOS es una banda de blues caliente y polvoriento, formada por 6 perros del delta del Torío y el Bernesga, que trafica con el sonido del viejo blues de M.Waters o Fredy King. Baterías y bajos de la Santa Muerte, guitarras Dobro y slides del Diablo, armónica de los pantanos y una sección de viento y metal que arde al rojo del infierno ofrecen a los espíritus de las fronteras un sacrificio musical, una ceremonia negra guiada por los hijos del Voodoo, el Chamán Cachaldora y María la Santera con sus voces del otro mundo.



viernes, 13 de mayo de 2016

UNA NOVELA QUINQUI: Gabriel Oca Fidalgo.



¿El título? UNA NOVELA QUINQUI ¿El argumento? El título lo expresa: quinquis, droga, los ochenta... la heroína, la madera, la violencia, la música y un taco de etcéteras... El tema gira en torno a dos pirris, dos críos, unos chamacos de quince tacos que se ven envueltos en un movidón que representa una época: el desparrame en crudo que algunos vivimos de cerca y que otros han visto, leído o escuchado en esos programas de tortilla y pandereta: del ochenteame otra vez a la bajilla en duralex del corral de la pacheca. Esta en cambio es una historia verdadera, yo solo trazo la leyenda, la que viven los protas y que poco a poco les supera... En sus páginas te esperan, montados en el buga, la puerta abierta, ¿entras?


martes, 10 de mayo de 2016

EL MERODEADOR EN PLAYTIME / EL PLURAL




ACVF Editorial recupera 'El merodeador' de Vicente Muñoz Álvarez en edición ampliada con dos textos nuevos

Por José Ángel Barrueco

Es curioso el caso del poeta y escritor Vicente Muñoz Álvarez (León, 1966): cuenta con una trayectoria literaria que para sí quisieran muchos, que abarca la novela (El merodeador), el relato (Los que vienen detrás, Mi vida en la penumbra…), la poesía (Canciones de la gran deriva, Animales perdidos…), el ensayo (El tiempo de los asesinos, los dos volúmenes de Cult Movies) y la edición y coordinación de antologías (Golpes: Ficciones de la crueldad social, Tripulantes: Nuevas aventuras de Vinalia Trippers, Resaca/Hankover: Un homenaje a Charles Bukowski…), sin olvidarnos del fanzine independiente Vinalia Trippers, y sin embargo sigue siendo una figura marginal y marginada de la literatura española. Tal vez porque es reacio a ejercer de trepa, práctica habitual de tantos en el sistema editorial de este país. Es decir: va a lo suyo, escribe lo que quiere y no se casa con nadie. Y esto, aquí, tiene un precio: los márgenes.

La primera versión de este Merodeador fue publicada por Baile del Sol en 2007: un libro obsesivo, casi asfixiante, con una voz narrativa que los lectores tardaban en olvidar. Aunque en la novela se incluyen varias citas de otros autores cuyo espíritu planea por la obra (Louis-Ferdinand Céline, Jack Kerouac, Fernando Pessoa,Cesare Pavese…), era sin embargo la sombra de Thomas Bernhard la que adquiría mayor presencia en sus páginas. En el libro abundan las citas de sus novelas y se le menciona en varias ocasiones. Pero no nos confundamos: aquí no hay copia o intento de parecerse al escritor de Hormigón. Porque Vicente tiene su propia voz, su propio estilo, su ritmo que también se empapa de los beat y del jazz. Los lectores cegatos suelen confundir el plagio con el homenaje. Lo que encontramos de Bernhard en El merodeador es esa especie de divagación sobre los asuntos cotidianos, de darle vueltas a las cosas, de ir y volver en torno a una idea, de tocarla y regresar y seguir pensando y elucubrando sobre ella. E, insisto, con una voz diferente, entre el pesimismo y la inquietud. Porque la inquietud acecha en casi todos los capítulos.

Apuntaba al principio que ésta es una novela repleta de obsesiones. El narrador, un álter ego del propio Vicente, es un hombre que se ha apartado de la sociedad urbana y se traslada a una casa de campo con su mujer, pero de vez en cuando visita el pueblo, con lo que acaba ingresando en una sociedad rural, que viene a ser lo mismo porque también hay ruidos, molestias, gente que va y viene… Dicho narrador colabora en un periódico y pronto volverá a echarse a los caminos para trabajar con su padre en la nueva temporada de venta de calzado (oficio que Vicente desempeña desde hace años y que compagina con la escritura). Padece insomnio y éste, como apunta, es un creador infatigable de monstruos. Los ruidos del caserón (pisadas, crujidos, roces…) le atormentan por las noches. El entorno se le antoja hostil. Las decisiones le perturban el pensamiento. Cualquier incidente (unos cachorros abandonados en un contenedor, un cartero que tarda en aparecer, un artículo que no cuaja, un malentendido…) lo trastorna, y las derivas mentales no cesan de atormentarle. Esté donde esté y haga lo que haga, cree que es el estado erróneo, la actitud equivocada, el rumbo incorrecto… porque así es el ser humano, siempre ávido de lo que no tiene y de la opción que no ha elegido. En esta estructura (capítulos breves, cada uno de ellos centrado en una obsesión) encajan los dos nuevos textos que ha incorporado, y que, contrariamente a lo que podría parecer, funcionan perfectamente porque ayudan a cerrar el cuadro completo. El escritor, años después, ha visto con la perspectiva que da la distancia que podría añadirle un broche, redondear el retrato de su protagonista. Antaño me parecía éste el mejor libro de Vicente Muñoz y, releído hoy y aunque es difícil escoger entre su obra, me sigue pareciendo el mejor, el más personal.



A la venta en ACVF Editorial



lunes, 9 de mayo de 2016

POLVO EN LA FRONTERA: Elías Gorostiaga.



La destrucción de la comunidad, la búsqueda en el interior del desorden, el regreso del huido al que todos han olvidado hasta convertirse en un ser invisible, el yonqui padre de familia, las peleas de boxeo callejeras, los asesinos que se cobijan dentro de nuestras sociedades, leyendas de motoristas que sobreviven a sus propios sueños. Catorce relatos escritos con el más genuino estilo de la literatura negra y protagonizados por personajes fuera de las leyes, en estructuras sociales que pensaban que habían dejado atrás la geografía de las fronteras y sus miedos, donde todas las mujeres se llaman María.


sábado, 7 de mayo de 2016

EL CRETINO QUE QUERÍA SER POETA por IÑAKI HERNÁN




He nacido entre el barro.
A mí, se me han escurrido amigos muertos
entre los dedos de las manos.
He hablado a lo que más temes, de tú a tú,
sin ambages ni adornos.
He bebido mentiras como las que calzas,
mucho antes de que despertaras a la verdad
y dejases las sabanas manchadas
de imposibles.
.
He sido esperma de vidas tan putas
como resquebrajadas.
He cantado alto mis derrotas, incendiando
las miradas de aquellos a los que robé
sus efímeros sueños.
He vivido terriblemente lejos
de la constancia que crees poseer, muy cerca
de las obscenas estupideces
que atesoras... en toda tu longitud.

He aspirado aires pútridos
que resbalaban entre las babas de malnacidos,
atizados por el látigo de la misma ignorancia
que ahora te posee.
He bebido la hiel de sonrientes cretinos
que no aguantan la mirada,
antes de manchar su ropa interior.
He aprendido -y aprendo-
de todo lo que me rodea y me consuela.
.
Me han abofeteado -mil veces-
en el paladar de las derrotas que ahora abonan
mi decencia y mi razón.
Tengo amigos que se golpean el pecho:
¡Aquí un hermano!
Amigos que me besan, cada día. Amigos
que me han esperado... siempre.
Me he arrodillado -ante todos ellos- para
disculparme por pecados -incluso- ajenos.
.
¿Cómo dices tú... ser mi amigo?
¿Cómo osas acercarte a mi carne y ensuciar
mis delicados ojos?
¿Cómo es que hieres a mi vida?
¿Cómo he de escupir a tu cobardía... cómo?
Tú, portas la mala sangre que me servirá de aliño
para comerme la mirada que agachas,
ante hombres y mujeres
...íntegros.
.

Iñaki Hernán , del libro Que se joda el viento, poemas de amor y sal

viernes, 6 de mayo de 2016

EL AMOR DE LOS YONQUIS por JAVIER VAYÁ ALBERT




Siempre me fascinó
el amor de los yonquis.
El déficit de promesas esquilmadas
cuando el futuro es la quimera de los otros.
La certeza desgarradora y afable
de la muerte de los para siempre en la casilla de salida.
El éxtasis del sexo trocado por la próxima dosis.
Aún así se aman.
Recorren juntos la ciudad en una gincana cruel y sórdida.
Se pierden y reencuentran entre la sed y la búsqueda.
Conocen la profundidad ilimitada del fondo
y lo asombrosamente raudo que se es capaz de llegar.
Se saben rivales similares amantes bajo el sol del vertedero.
Siempre me fascinó
el amor de los yonquis.
Barajan la misma atroz naturalidad que algunos ancianos;
cuando tras unos minutos contemplando
el cuerpo muerto que yace a su lado
continúan su camino y su búsqueda
con esa actitud pasmosa que los normales llamaríamos
frialdad.

Javier Vayá Álbert

jueves, 5 de mayo de 2016

LOS QUE AMAN NO HACEN PIE por UBERTO STABILE



los que aman no hacen pie
agitan brazos como ramas
y son los primeros en hundirse
creen tocar el cielo
mientras el mundo alrededor
se hace inmune a su naufragio.

los que aman no saben decir adiós
mienten cada vez que se despiden
como la noche miente al día
pronuncian el deseo en cada gesto
temiendo que al doblar la esquina
el olvido les devore.

los que aman no calculan
viven empeñados en causas perdidas
las cuentas nunca cuadran
entre el debe y el haber se quedan solos
no hay ley que les salve ni condene
mueren cada vez que resucitan.

los que aman no hacen pie
se ahogan en su propio amor
felices sin saberlo
como gotas de eternidad.


Uberto Stabile


lunes, 2 de mayo de 2016

UN POEMA de IVÁN ROJO



La tienda de mis padres.
Aquel puto ultramarinos.
Lo odiaba a muerte.
El ruido de la persiana a las 6 a.m.
El olor a vinagre.
El tictac del reloj en la pared.
Lento, ajeno al tiempo;
una mariposa atravesada por la aguja.
Y aquella luz turbia día y noche y día.
Bien: al final se apagó.
En su sitio abrieron un solárium.
Quizá debería decir que lo añoro.
Quiero decir la vieja tienda.
Los viejos tiempos.
Quiero decir todo aquello.
La gente suele hacerlo al mirar atrás.
Quizá debería decir:
en realidad no estaba tan mal.
Al fin y al cabo tenía quince años.
¿Hay algo mejor que eso?
Pero sería mentir.
Lo estaba. Estaba muy mal.
Tenía quince años.
Y dieciséis. Y diecisiete.
Y treinta.
Era hora de echar el cierre.

Iván Rojo


sábado, 30 de abril de 2016

CIELO DE ETANOL por MAREVA MAYO



Esa preocupación brota en mí, como escafandra de fuego. Por eso a veces vuelvo a él, para orillar los esqueletos de mariposa y creer que hay un leitmotiv, aunque es mentira, sólo ocurre en mi literatura, en la herida de mandrágora que me mordisqueó una bruja cuando los carámbanos crecían del pasillo. Debería dejar de fumar, pero son tan malos tiempos para eso. Viene a llorar en mi corazón todas las noches el hombre de hojalata y yo sólo tengo moho de vino para consolarle. Cuando sufro su cielo de etanol, mis pies y mi futuro se van de la tierra, me hago como capas de cebolla recubiertas por ácido, y sufro una nostalgia efervescente e imposible. Pierdo mi vestidura y mi casco de metal. Y lloro rayos y cuadernos, sobre la lágrima del pianista del olvido. No me deja en paz esa angustia, no me da tregua, brota como parte de mi identidad, como casa del universo. Por eso a veces noto el violín del abismo oxidarme las palabras. Y mis nervios se vuelven whisky y grietas. A veces tengo miedo, pero sólo la página en blanco lo sostiene y lo camina. Necesito un Sueño fractálico más ancho que todo esto. Necesito mi isla. Me preocupa entrar en ese bucle de alcohol y escombros, de desencanto e indigencia. Me preocupa estar abandonándome al abismo. Necesito una flor que defender con mi vida y con la vida de todos los demás. Algo mucho más profundo que la ausencia y el olvido. Algo más tempestivo que el abandono. Y sé que algo de mí, cuando los tiempos son difícles me vuelve arenas movedizas y andrajo y vanidosa ruina. Me defiendo polarizando la perdición. Pero tengo que hacer algo diferente. Necesito salvar la ternura.

Mareva Mayo, del blog Hoguera de ideas.


lunes, 25 de abril de 2016

EL MERODEADOR en ACVF EDITORIAL: Reedición ampliada.




El insomnio, el miedo a envejecer, la hipocondría...

Como en El crack-up, de F. Scott Fitzgerald, Vicente Muñoz Álvarez narra en El merodeador un estado mental al borde de la quiebra. Y como Winesburg, Ohio, de Sherwood Anderson, y tantos otros grandes libros de relatos, también El merodeador puede y debe leerse como un todo que multiplica el sentido de cada una de sus narraciones, en una estructura circular y autorreferente.

Lirismo, realismo... Un homenaje a Bernhard y a Pessoa...

Una cría de delfin en la playa y unos peces en la pila de la cocina. Unos gatos en un contenedor de basura, cuyos maullidos reavivan una y otra vez la culpa y la angustia. Y la presencia permanente de ese otro yo que mira sin vivir.

Vicente Muñoz Álvarez nació y vive en León. Es una de las voces más personales de la literatura alternativa española y, como editor y antologista, uno de sus más activos dinamizadores. Entre sus poemarios, se cuentan Canciones de la gran deriva y Animales perdidos, y entre sus libros de prosa, Los que vienen detrás y Regresiones. Su ensayo más reciente es Cult movies: películas para la penumbra. Edita el fanzine Vinalia Trippers.

*

El merodeador describe una visión: la de un narrador enfrentado en soledad a sus propios fantasmas. 

Durante casi una década, huyendo del esplín de la ciudad, viví en viejas casas de pueblo aisladas y me dediqué, entre otras cosas, a escribir una ficción relacionada con mis percepciones y experiencias de ese cambio de entorno y lapso de vida, cuando menos, alienante y confuso. Lo que en principio iba a ser un retiro creativo y una expansión sensorial, se convirtió paulatinamente en una especie de laberinto de tinieblas y cárcel de sombras que, finalmente, me forzó a regresar de nuevo a la ciudad... 

Novela fragmentada y en construcción, diario existencial, monólogo interior, libro de ensueños... El merodeador narra el desasosiego bernhardiano de aquellos días y la sensación de vaciamiento y deriva, de extrañamiento, que a partir de entonces se hizo habitual en mí.


Vicente Muñoz Álvarez

*

Segunda Edición, ampliada y revisada, a la venta en ACVF Editorial



sábado, 23 de abril de 2016

QUE VIENE EL LOBO por DAVID GONZÁLEZ



cuando viene el lobo
echo a correr
para advertir del peligro:

cuando viene el lobo:

pero nadie me hace caso
cuando viene el lobo
porque de pequeño fui
aquel niño del cuento
que siempre les mentía:


lo único que puede hacer hoy un poeta es advertir:
Wilfred Owen

David González

sábado, 16 de abril de 2016

MADRID-COCHABAMBA




SUENAN GUITARRAS

a Antonio Vega

La sala Galileo estaba a rebosar. Antonio era capaz, a pesar de sus desplantes y los numerosos conciertos en que no podía tenerse en pie, de concitar un cariño extraño entre sus seguidores, conocedores todos de su nefasta adicción a la heroína. Todos conocedores de su papel de demiurgo que lucha por reinventar su malparada creación en cada recital. Una vez más, Antonio Vega había logrado que aquella sala madrileña de música en directo se encontrase abarrotada de seguidores cuya fidelidad quedaba lejos de toda duda. 

Aquella noche el músico no pudo (o no quiso) cantar. Dejó que fuese su guitarra la voz que orquestase las sinfonías de melancolía y duelo que había compuesto. La primera canción, Océano de Sol, sí la cantó casi al completo. Después agachó la cabeza para no volver a acercarla al micro, como ensimismado en la singladura de virtuosismo con que su mano izquierda navegaba el chapoteo cristalino del mástil de la guitarra. No estaba recuperado del todo, a pesar de haber ganado algunos kilos que le desaparecían momentáneamente de la desaparición pública a que se somete a los condenados al infierno de las drogas duras. Aparentaba fornido, incluso. A nadie, entre el público, le molestó su silencio vocal. El público puso voz a las composiciones del poeta. El público es así, siempre metiéndose en el escenario, siempre irrumpiendo en el espacio que nadie les reservó. El Público, ya lo dijo García Lorca, si quiere desempeñar su cometido, invade el escenario.

No fue su mejor recital, pero se reveló esperanzador para las personas que se dieron cita alrededor de su magia tartamuda aquella noche, en Galileo.

Días antes:

miradas sin brillo y navajas sin alma. Papel celofán adherido a la gloria volátil de la piedra marrón. Dedos en baraja de nervio, tabaco y vejez prematura. Cuencas oculares sorprendidas en la más oscura de las noches. El baile de la metadona había comenzado, y los yonquis decoraban la piel del barrio de Tetuán con disfraces de Halloween y pasos sin eco, mientras se acercaban al centro terapéutico en que pretendían hallar la droga antitética, ésa que venía a salvarles de la muerte en vida para la que nunca pensaron estar preparados.

La metadona es un derivado opiáceo sintetizado por vez primera en un laboratorio alemán, poco antes de que aquel mandatario con bigote de celuloide mudo y ambición de cine 3D decidiese tomar las riendas del mundo occidental. El primer uso que se le proporcionó a tal droga fue sedar a pacientes cuyo cuerpo se disponía a la coreografía equívoca del bisturí. Después, instaurado el reinado químico de las grandes empresas farmacéuticas, adquirió usos diversos, hasta finalizar su breve historia de manera inversa a cómo lo hace el ser humano, o sea: volviendo al mono. La metadona continúa siendo una de las principales sustancias con que los adictos a heroína y derivados pueden sustituir el eco de suplicio y angustia con que éstas aúllan en sus venas, una vez han dejado de circularlas. Hay quien lamenta el uso de una droga para evitar la adicción a otra, y quien, por el contrario, alude a los terribles tormentos de la fase de abstinencia para defender esta terapia tendente a minimizar sufrimiento a aquel que desea retomar el pulso a sus días, sin que se vea interrumpido por la costra del picotazo intempestivo. Imagino que sobraba esta explicación, pero me apetecía dejar constancia, tal vez por recordar yo mismo, más que por informar al lector. Lo lamento.

Se inauguraba la década que precedía al temido año 2.000, ése en que morirían los sistemas informáticos y el ser humano repensaría la vida para hacerla más amable, menos dañina, más fragante, menos dolorosa. Luego, claro, llegó el 2.000 y no vimos más Apocalipsis que el de la humanidad como palabra, entidad y virtud. 

Tetuán. Antes Tetuán de las Victorias, en carpetovetónica celebración de aquella victoria que obtuvieron las tropas españolas en la Guerra de África emprendida contra el Reino de Marruecos, allá por 1860. Tetuán. Hoy Tetuán, sin más, como la ciudad situada en Marruecos de la que, desde entonces, España asegura ostentar título de propiedad.

Tetuán, hoy, amasijo de inmigración rampante, latrocinios mínimos y sobrepoblación excesiva. Tetuán, ayer, hace unos años, lugar donde recababan las mareas de la inmigración llamada ilegal, formada por los descendientes de aquellos marroquíes a los que ya quisimos humillar en su tierra y que hoy, al albur de los tiempos modernos, intentamos humillar también aquí, en este Madrid de todos que muchos quieren hacer de pocos. Tetuán, hoy, vertedero de esperanzas de todos los latinoamericanos que, igualmente, sin pasaporte legal o con la fecha de caducidad impresa en su anverso, transitan las calles revertiéndolas en oro y fango de la política migratoria dictada por Europa.

Pero me desvío… mejor regresar a aquel barrio sudoroso de bocadillo obrero y piel descolorida en que paseaban los yonquis que, decían, querían dejarlo. Deambulaban, cuando la mañana era incierta y la tarde daba aviso, a la espera de que el Centro de Atención a Drogodependientes abriese sus puertas para surtirles de metadona con que acallar el grito neandertal de la heroína. 

Ostentaba yo el dudoso honor de poder asistir a la rueda de la fortuna en que tantos drogodependientes apostaban a la baja. Conocía al personal del Centro de Atención a Drogodependientes del barrio de Tetuán. Fue así como pude ver por vez primera, alejada de los escenarios, la fantasmagoría que se suponía presencia del músico Antonio Vega. Antonio acudía con su novia de aquel entonces, también aquejada de la enfermedad del picotazo y el abandono. Pretendía salir a flote, olvidar en alguna esquina oxidada de sombra y orín la dependencia que le hacía pasear escenarios de medio país a punto de licuarse en el humo de los cigarros y el arpegio imposible de esa guitarra que le había crecido entre las manos.

Antonio es bien majo, se nota que es un tipo sensible, él nunca se queja, si llega tarde y no le entregamos la metadona no monta el numerito, sonríe, no intenta engañarnos, no trapichea a la puerta del centro, de verdad quiere dejarlo. Así me explicaban los trabajadores de aquel dispensario. Antonio es un genio, no sabría decir si la heroína le ha ayudado a ser el gran músico y poeta que es, es jodido decirlo así, pero cómo toca la guitarra, cómo desangra versos en cada canción, está y estará siempre entre los mejores músicos que ha parido este yermo de país, tampoco importa mucho si es simpático o amable. Así les planteaba yo mis poco solidarias opiniones al respecto.

Por una temporada, el bardo madrileño pareció haber dado un paso decidido en la senda de la recuperación. Pude ver cómo, a cada visita al centro, una vez por semana, su cuerpo recuperaba masa adiposa, engordaba, abandonaban su rostro las sombras de parca con que se maquillaba antaño. Parecía otro. No ocurría lo mismo con su pareja, cada vez más demacrada y coloreada de espanto.

Después llegó aquel concierto en Galileo. Asistí con mis amigos del Centro, eran invitados personales de Antonio. Su comité médico, los llamaba él. El cantante se sentía renacer, era feliz, había depositado muchas esperanzas en aquel recital nocturno. La realidad se reveló menos benévola, pero no fue un mal comienzo. Así se lo explicó, una semana después, en Tetuán, a mis amigos. Yo me congratulé con la noticia. No supe ver el presagio de sombra en la mirada de quien me lo contaba.

Meses después vi de nuevo a Antonio. Rondaba las calles aledañas al centro de desintoxicación, como perdido entre sus tráfagos de luz huérfana y basura recién horneada. A los flancos de la figura, de nuevo estrecha, casi etérea del cantante, se arracimaban un grupo de yonquis en evidente fase terminal, ofreciéndole todo tipo de golosinas. Me adelanté al grupo y me senté en las escalinatas de herrumbre y desaseo del centro, confiando en verlo aparecer antes de la hora del cierre, para recoger su dosis de metadona. No llegó aquella tarde. Ni la siguiente, ni en meses sucesivos. No regresó ya más a reclamar su ración de esperanza y amabilidad de bata blanca. Antonio abandonó definitivamente el tratamiento. Quienes gustan de rodear de halo místico a esos humanos que nos deciden emocionar con su arte, comentaron que fue debido a la muerte de su novia, arrebatada a la vida por una desafortunada crecida de heroína adulterada en la marea abotargada de sus venas. No lo sé, tampoco me interesa, supongo que Antonio no quería engancharse a la metadona, esa otra droga. O que no tenía interés en recuperar la vida que aquélla le prometía y ya se le antojaba demasiado extraña, después de tantos años lejos de ella.

Yo seguí asistiendo a sus recitales, a los que podía, sólo por comprobar que seguía en pie, aunque en ocasiones amenazase con caer del escenario. Ya nunca más le vi fornido, su declive se tatuaba en una osamenta de vértigo y una mirada de exilio, su voz parecía haber claudicado de la batalla del timbre. Pero sus dedos, de tanto en tanto, seguían arrancando nigromancias y quimeras a esa guitarra que le acompañaba y, tal vez, fuese la metadona que el artista necesitaba para seguir con vida. Mientras hubo guitarra, hubo esperanza.


Pablo Cerezal


UMBRAL, LAS EUROPEAS Y EL SEXO

Marcos Tabera, músico, me envía desde Nueva York, piezas de su nuevo disco. Nunca fue Marcos muy ortodoxo y hay fusiones que tal vez aterrorizarán a los puristas. Escribiré sobre eso, sobre la heterodoxia y demás liberalidades, y también sobre la esencia india, esa que cargamos tontamente como pecado por donde vamos, ajenos a sus múltiples connotaciones e innegable belleza. 

Parto de ello para hablar de sexo, de cómo para un conquistado no hay logro mayor que acostar a la mujer del conquistador. Lo saben los que sufren y los que avasallan. Hacen de eso, en Bosnia, en la India, en el Tipnis, estrategia de conquista. Tomar por la fuerza lo único que tiene el humano propio. Lo demás lo adquiere de afuera, hasta de las divinidades que pululan por el aire como mosquitos con fiebre amarilla. 

Pero no hablo de sometimientos. Hay un cuarto, en Cochabamba, aledaño a la casa grande. Se usó como dormitorio para el servicio doméstico. Tiempos idos, esos; no totalmente. El cuarto dispone de una alta cama de doble colchón y es mi refugio cuando visito. Fue mi refugio en los años de destierro del cuerpo, cuando encerrado pecaba, como el mago de Lublín de Bashevis Singer, en la oscuridad acompañada de ladridos de perro, de olores a grasa quemada de pollo al spiedo, de papas fritas sobrantes devoradas por las ratas del subsuelo. 

Luego de levantar libros de viejo de paso por el correo, aguardo la noche. Se cena, se ríe y se discute con franqueza. Luego atravieso el patio. La casa grande respira a bocanadas, hace ruido con sus espectros. Por las rejillas que sirven de respiraderos a los cimientos, soslayo los ojillos del más allá que desean materializarse. Los eludo, cierro la puerta con llave. Hay al menos un centímetro entre el suelo y la puerta. Por allí entra la luz de los vecinos, el aullido lastimero de un perro encadenado y hambriento. 

Abro a Francisco Umbral, en ediciones Bruguera de bolsillo, que como bien dice Pablo Cerezal en su tiempo publicaba todo lo que debía publicarse. El escritor destapa mujeres de otros lares: inglesas, noruegas, francesas y no recuerdo más; alemanas y holandesas. Un paseo anecdótico por la feminidad de otras culturas, que en este período de abstinencia, de aparente prisión perpetua, se me antojan eróticos. Entonces quito lo que haya que quitar y en medio del canto de un grillo solitario, que debe vivir entre el fin del césped y la pared, acaricio mis sueños. 

Umbral vive en hoteles, está de vacación. Yo viví a salto de mata, sin monedas en el bolsillo. Y llega G. seducida sin intención por bromas mías de subido tono. No sabía del poder de la palabra. G., la catalana, grande como un cedro libanés y de pelo renegrido. El sexo como un brochazo de tinta negra, inmenso, cubriendo la entrepierna y escapando por los costados, achicándose, mimetizando su exhuberancia con la sombra. Pezones como lanzas, pértigas de guardia suizo en el umbral de las cuevas del Vaticano, de barriles de vino dulce y grosellas salvajes. La apoyo en un eucalipto -es Cochabamba- para entre los dos ahogar un orgasmo prometeico, que devora hígados y sexos. Luego descansa. Andamos por las orillas del canal de la Angostura. Crece caña hueca; el pueblo dice que esta vegetación cría víboras. Qué importa. La noche de Aranjuez se cae de estrellas. Nos tomamos de las manos. Ya no siento, como creía, que el asunto pasaba por la reivindicación racial, por quinientos años de mierda. Este ha sido como cualquier otro polvo, quizá de especias extraordinarias, para nada político, geopolítico, de reconquista. 

Hace luego un café. Su madre vegeta en la habitación contigua. Una chimenea anuncia que esta gente no viene del país, porque en Bolivia no se pone leña en chimenea. Escancia un cabernet y se quita los pantalones. Con el fuego de fondo, su vagina toma un matiz violáceo. Devora mi sexo, se lo tragan los vellos y parece que jamás existió. En un rincón mal iluminado, un santo calvo bendice, san Antonio o san Francisco. Me quedo en ella, por esa noche, para siempre hoy en que ha perdido toda su personalidad, su voz, y es una imagen, una sensación que recrea mi mano plagada de orfandades. 

El viejo Umbral es un cabrón. Cuenta y se burla. Hay ironía en su nostalgia, o ni siquiera nostalgia, retrato de pintor, obsesivo y detallista como Brueghel. 

Francia. En Francia comí cuscús. En Francia no había comida francesa: queso y pan, y leche, y salchichas frías en lata que derramaba sobre la sémola marroquí. ¿Qué buscaba? Una mujer se me había perdido camino al este, y otra, local, que estaba cerca, canceló teléfonos y telégrafos para evitar el recuerdo. 

A esa me la llevé al río sabiendo que era casada (gracias Lorca). Le descubrí los pechos que guardaba una blusa negra. La tarde de Molle Molle olía a eucalipto con tintes de molle. Susurró Apollinaire en medio de pedregullo y ariscas rocas. El río, que pienso también se llama Chocaya acá, rugía y venía espumoso, cristalino. Ella levantó la cabeza, la tiró atrás. Sus cabellos de Montpellier causaron un revuelo de hojas secas y gimió. Eres la salvación de las mujeres casadas, susurró, sin darse cuenta que yo no pertenecía a este mundo, que me habían robado las sílfides del placer, que era sordomudo y más indio que nunca, que eyaculaba como si pereciera. 

En el Mirador descubrí una mesa con vino chileno, parmesano y roquefort. Había invertido lo que no tenía porque el sexo con ella era una fiesta sin ser París. Durmió conmigo mientras nacía Jesús, al amanecer del veintiséis de diciembre. Encendió el motor del Land Rover pero ni eso acalló a las aves que en la falda del cerro gritaban buenos días. 

Luego vinieron escenas de celos. El marido iracundo si solo la llevaba de la mano… Huyó. 

Mi cronología dista de la del autor. Soy, adrede, confuso. Y ni nombres he de dar. Estábamos yo y mis fantasmas en el cuarto de la empleada. En el restaurante de al lado gritaba el perro, tan solitario como yo. Pongo muchas noches en una, las diez y la una noches de mi vacación, con onanismos baratos y deliciosos de a tres por jornada, lamiendo las pieles de todas juntas, a las que habría acostado en un gigante camastro con las piernas abiertas. 

El tren, chu, chu, chu, salido de Chamartín o de Atocha me acercaba a la memoria alemana. No sucedería; ya nunca habríamos de encontrarnos. Pero, de todos modos, entregué mi pasaporte a la aduana francesa con mi destino final. Lo demás es historia. 

Ponías a Bach mientras te paseabas con las nalgas sueltas, largas piernas para largos acordes. De la improvisada biblioteca leías a Büchner sin notar que me acercaba, que habría de empalarte en la mañana de esa casita de atrás en la Muyurina. La noche antes pegué recortes con pésimos poemas en los postes de luz. Tu perfecto español no lo era tanto para los escuetos surrealismos que me causabas. Corté con tijeras de escuela primaria una voluta del pubis, ni tanto rubia pero muy clara para ser de aquí, y la puse con cinta adhesiva en una foto desnuda de tus tiempos andinos. 

Duermo. Ya van cuántos días que estoy aquí, cuántos para volver. El tiempo lo marca el libro de Francisco Umbral que comencé a mi llegada y terminaré una hora antes de prepararme para viajar. 

La inglesa se subió a un peñón en las alturas de Liriuni, con un vestido blanco. La noche anterior lloró. El sexo se convirtió en dolor y vació la botella de vino restante en las aguas termales. Beber te hace mal, dijo, te pone loco. Aquella cama desvencijada sonaba. El chirrido de nosotros dos, acompasado en ritmo de orquesta, llenaba el pasillo en cuya mesa de fondo dormitaba un mestizo con librea. Vaciaste la botella y repetiste: te pones loco. Lavados tus azules ojos de lágrimas. 

Bajó del peñón, tiró el vestido. Caminó como esas diosas de la Ilíada deseosas de engañar con la carne. Subió en mí. Sus vellos tocaron mi vientre, lo llenaron. Ahí se borra la memoria, se desvanece. La vi de nuevo con camisa de color naranja, que le llegaba hasta la rodilla. En el balcón pidió que me le acercara, que le besara la espalda. Me estaba diciendo adiós. Las botellas pedían que las abriese, la locura que tuviera la decencia de aceptar quien era y rendirme a la tragedia. 

El cuarto de la sirvienta olía a polleras, a campo de cebollas. Olía como lo haría yo si no me hubiesen tirado en una tina argentina. Ya cerraba las páginas del libro y dediqué un instante postrero a la mujer noruega. No era esta como la de Umbral, un portento físico. Tenía los vellos del sexo rojos, del color de viscosa salamandra, brebaje ideal para que perdiera la razón, como lo hice. Los vellos conformaban una inmensa maraña de mangles. Nada mejor para la excitación, esa delicia de trópico vegetal. Entrar en ella fue navegar por el río de la Duda, el de Roosevelt, flechado por indígenas y devorado por caimanes. 

Perdí aliento luego de tres veces. Y oriné sangre. El médico dijo tiene que cuidarse de los coitos violentos, porque acaba de destrozar sus conductos seminales. 

Me abotoné la camisa, cerré la maleta, pagué el taxi, me senté en el asiento, rechacé una cerveza y cerré los ojos cuando el avión despegaba. 


Claudio Ferrufino-Coqueugniot

*

Tras su exitosa edición en Bolivia, publicamos en España Madrid-Cochabamba (cartografía del desastre), escrita conjuntamente por Pablo Cerezal y Claudio Ferrufino-Coqueugniot, y prologada por el gran escritor navarro Miguel Sánchez-Ostiz. Crudo y absorbente volumen de crónicas emocionales y autobiográficas en que Cerezal escribe sobre su ciudad, Madrid, y Ferrufino-Coqueugniot lo hace sobre la suya, Cochabamba, alrededor de temas comunes a toda urbe: Mujeres, Comidas, Alcoholes, Muertes, Cinematografías, Literaturas, Prostituciones, Ciclismos y, especialmente, Músicas. Madrid-Cochabamba es un viaje literario por la cartografía del desastre. El desastre de sentirse vivo en ciudades que acarician la muerte.


jueves, 14 de abril de 2016

ALGUNA VERDAD INCÓMODA SOBRE LA VERDAD por JAVIER VAYÁ ALBERT




Es hora de decirlo;
la verdad es un vicio maleducado.
Una puta que nadie usa pero todos reivindican.
El golpe en el pecho de la vulgaridad.
Y está bien así.
Dime qué harías tú si una mañana cualquiera
—sé jodidamente sincero—
despertaras siendo consciente de ti mismo.
Dime si correrías a señalarte taimado, cruel, estúpido.
Gritarías enumerando tus insólitas bajezas.
El día que viendo llegar la tormenta cruzaste los brazos.
La ocasión en que ajustaste cuentas de collar
con sorprendente precisión matemática.
Si describirías el contorno inmaculado de tu huella
sobre aquella cabeza.
La noche en que el demonio se estremecía al nombrarte.
El bosque que ardía en un horizonte demasiado familiar.
El sabor dulce del daño en el centro de la llaga.
Eso que pensaste, que deseaste
y recordar envilece tu vértigo.
Dime tú qué harías si una mañana cualquiera
comprendieras que solo eres una simple mala persona.
Te estoy preguntando si me dirías la maldita verdad.
Te lo pregunto honestamente
mientras contemplo la textura de la sangre y el arma en mi mano.

Javier Vayá Álbert


lunes, 11 de abril de 2016

VINALIA TRIPPERS-HELTER SKELTER: Booktrailer.

LA ANSIEDAD DE LA POLAROID por JULIA ROIG



naked hurricane at quarter to eight
thas's me
that's my decay

Voy a sacarme el corazón cuando se asusta
y cosechar el latido ajeno
de estas redes de arrastre
y volver a la cama de 90 para no sentir el vacío
-aunque no sea una gran idea-
mientras se me comban por dentro tus huellas

Es imposible que deje de radiografiar tristezas y gemidos,
de eso están hechos mis poemas,
con rapidez,
bocetos ansiosos que se teclean entre muslos y labios,
algo de desproporción en mis miedos,
las drogas de tu cuerpo,
y tu lengua dibujando chemtrails en mi espalda,
alquimia y derrota
el desbarajuste de la herida tardía
y ahí,
mis caballos nerviosos
y yo vomitando libélulas mientras corre la noche

suena empty bed de Tim Kasher
mientras aparco el coche
ganas de mojar las ojeras, bellos indicadores del fracaso.

estamos hechos de citas hermosas que vienen a definirnos
aunque no sepamos quiénes somos

no soy cola de cometa
ni tú luz de faro
un corazón hambriento aguardando algún espectáculo tal vez
el traje hecho a medida del esperpento y poco más

qué le voy a hacer si la deriva se acuesta conmigo
y me lo hace hasta el final.

me asemejo a una estatua que se ahoga en tu café
pero no temas, te meceré en mi tinta sucia

la soledad es una boa constrictor
se tumba junto a mí en la cama
y me mide
con el propósito de engullirme entre jadeos

pero me acostumbro

a la orografía erógena del desequilibrio.


Julia Roig, del blog Miss Desastres naturales.