viernes, 19 de enero de 2018

LA ARAÑA por PEPE PEREZA



La buhardilla es vieja, fea, húmeda y sin comodidades. Cualquier adjetivo peyorativo valdría para definir parte o un todo de la vivienda. En apenas veinte metros cuadrados se distribuyen un diminuto baño, una cocina encajada en cuatro baldosas y una especie de habitáculo que lo mismo sirve de salón que de dormitorio, según convenga. El mozo que le ha ayudado con la mudanza se acaba de ir y el poco espacio que ofrece la estancia está ocupado por una docena de cajas sin desembalar. Cuando la encargada del alquiler le enseñó la buhardilla, la luz diurna entraba por las ventanas y entonces no le pareció tan deprimente como ahora que luce bajo el tenue resplandor de una bombilla de cuarenta vatios. Suena el móvil. Es su madre.
-¿Qué tal la mudanza? –pregunta ella.
-Hemos acabado justo en este momento.
-Me parece una tontería que te hayas mudado a un cuchitril teniendo aquí tu antigua habitación.
-Mamá, ya hemos hablado de eso y no quiero volver a hacerlo.
-Como quieras, pero si necesitas algo ya sabes dónde estamos tu padre y yo.
-Lo sé.
-¿Tú estás bien?
-Lo estoy llevando lo mejor que puedo.
-¿Trabajas mañana?
-No, me he tomado unos días de vacaciones para ir adaptándome a la nueva situación.
-Haces bien. Tómatelo con calma, hijo.
-Eso haré, mamá.
Después de colgar va al baño. Dentro hay una telaraña enorme que se despliega desde el techo hasta las paredes. Mira por los rincones intentando localizar al artífice de tan colosal obra. No le dan miedo las arañas, pero por el tamaño de su tela conviene ser precavido. Mientras retira las hebras con la escobilla del váter mira de reojo por si aparece la araña, pero no se la ve por ningún sitio.
Es temprano para irse a la cama, pero después de un día ajetreado se siente cansado y decide acostarse. Para desplegar el sofá-cama debe dejar espacio libre. Apila las cajas junto a la pared y las sobrantes las lleva a la cocina. Mañana ya se ocupará de colocar cada cosa en su sitio. Una vez extendido el colchón se tumba sobre él, es incómodo y partes del somier se le clavan en la espalda. Se resigna al nuevo lecho y enciende un cigarro mientras espera a que vaya llegando el sueño. El cuerpo le pide descanso, pero la cabeza no deja de plantearle preguntas para las que no hay respuestas. Qué feas se ven las cosas cuando el futuro está iluminado con una bombilla de cuarenta vatios.
En mitad de la noche se despierta tiritando. No está acostumbrado a dormir solo y echa de menos el calor de otro cuerpo. Además, la temperatura es tan baja que parece que esté dentro de una cámara frigorífica. Salta de la cama y se acerca a la ventana. Durante el tiempo que ha estado durmiendo ha nevado y todos los tejados están blancos. Nota cómo el frío se filtra por las paredes y suelo. Abre algunas cajas en busca de ropa de abrigo. Se pone por encima varias camisetas y un grueso jersey de lana junto a un pantalón de chándal. Sobre la colcha extiende un albornoz y un abrigo a modo de mantas. Con todo, vuelve a meterme en la cama e intenta dormir.
No ha podido pegar ojo en toda la noche a causa del frío, así que lo primero que hace al levantarse es bajar a la calle y acercarse a un centro comercial. Entre otras cosas hace acopio de varias camisetas térmicas y forros polares, además de un edredón y un calefactor. La buhardilla es pequeña y cree que con el aparato será suficiente para caldear el ambiente. Cuando le llega el turno de pagar, la cajera le aborda con una pregunta:
-¿Te acuerdas de mí?
El caso es que su cara le resulta conocida, pero no sabe de qué.
-¿No recuerdas a una niña flacucha y con coletas que vivía enfrente de vuestra casa?
-¿Charito?
-La misma, pero ahora todos me llaman Charo.
-Joder, hacía años que no nos veíamos. ¿Qué tal te va la vida?
-Bien. Dentro de poco seré mamá –dice apartándose de la caja para mostrar su vientre.
-Me alegro de que te vaya bien.
-Veo que a ti también te han cazado –dice señalando al anillo de casado que él lleva en el dedo.
-Sí, hace tiempo.
-Espero que felizmente.
-Sí… sí, muy feliz.
Siguen charlando, poniéndose al día mientras ella pasa los productos por el escáner de la caja. Después de que él paga, ambos se despiden hasta la próxima.
El calefactor lleva encendido desde hace más de una hora y el cambio de temperatura no se nota. Suena el móvil. Es ella, su ex mujer. El pulso se le acelera y empiezan a temblarle las manos. Tiene que armarse de valor antes de contestar.
-¿Cuándo vas a venir a recoger el resto de tus cosas? -pregunta ella.
-Me he traído todo lo que necesito, con lo demás puedes hacer lo que quieras.
-Otra cosa, te recuerdo que pasado mañana firmamos los papeles. No faltes.
-No te preocupes, allí estaré.
Después de colgar tiene que sentarse durante unos minutos para recuperarse. Desde que han decidido separarse, cada vez que habla con ella se agobia y sus inseguridades aparecen para cohibirle y amedrentarle. Es como si hubiera perdido la confianza, como si todos los vínculos que han establecido durante los años de matrimonio hubieran desaparecido de golpe y ella fuera una extraña con la que está obligado a hablar de cosas demasiado personales. Aún le tiembla el pulso cuando se acerca al baño. Al entrar se lleva por delante una nueva telaraña. Se la quita de encima a base de manotazos. Luego busca a la araña para acabar con ella. Mira por los todos los rincones, pero no la encuentra. Nota mental: comprar insecticida.
Una vez desembaladas las cajas y ordenado cada cosa en su sitio, la buhardilla empieza a parecer un verdadero hogar. Aunque la tarea le ha costado casi todo el día, se siente satisfecho con el resultado. A pesar del ajetreo sigue teniendo frío. Lo malo con el calefactor es que solo es eficaz si se está cerca de él. Comprarlo ha sido una pérdida de tiempo y de dinero. Tiene hambre. Pedirá una pizza por teléfono y la acompañará con una botella de buen vino. Es la primera vez que va a cenar en la buhardilla y quiere celebrarlo.
Al día siguiente se despierta con resaca y un malestar en el cuerpo que roza la enfermedad. No ha parado de toser en toda la noche y es posible que tenga fiebre. Para más inri, en cuando pone los pies en el suelo suena el móvil. El timbre es el equivalente a una broca taladrándole la sien. El que llama es el abogado que está llevando el tema de la separación.
-Te llamo para recordarte que mañana tenemos cita para la firma de los papeles.
-Descuida, lo tengo presente.
-¿Quieres que quedemos todos un poco antes para darles un repaso?
-No, ya están repasados y requetepasados.
-Como quieras. Entonces, mañana a primera hora nos vemos en mi despacho.
Deja el móvil sobre la mesilla y termina de vestirse. Por mucha ropa que se pone sigue teniendo frío. Además, siente que la cabeza le va a reventar. Se arrepiente por haber bebido tanto la noche anterior. El alcohol no le sienta bien, sus borracheras nunca han sido divertidas, que él recuerde siempre que se ha pasado con la bebida ha terminado pagándolo. Sobre la mesita están los restos de la pizza y la botella casi vacía de vino. La imagen le produce náuseas. Corre al retrete a vomitar. Una vez expulsado del cuerpo todo lo que el estómago se ha negado a digerir llega un momento de respiro. Entonces, ve otra telaraña. Es más pequeña que las anteriores y solo ocupa una de las esquinas del techo. Maldita sea, debe buscar una solución para acabar con el bicho. Se le ocurre que si deja el ventanuco abierto tal vez decida marcharse. Si la araña no se va, al menos cabe la posibilidad de que muera de hipotermia.
A lo largo de la tarde el catarro va a peor. No tiene medicamentos a mano y con la temperatura que hace en el exterior no le apetece salir en busca de una farmacia. Aunque duda de dónde hace más frío, si en la calle o dentro de la buhardilla. Se toca la frente, está ardiendo. Decide meterse en la cama. Mañana será un día decisivo para él y le gustaría estar en las mejores condiciones para hacer frente a los acontecimientos.
Amanece. Apenas ha podido dormir y su estado es lamentable. El agotamiento de pasar la noche en vela, las preocupaciones, los agobios y la gripe han hecho mella en él y no le quedan energías para levantarse. Además, solo pensar que tiene que acudir a firmar los papeles de separación le deprime y le enferma más de lo que ya está. Saca fuerzas de flaqueza y sale de la cama. Después de vestirse duda si abrir el cajón de la mesilla. Finalmente lo hace. Coge una pistola, se asegura de que está cargada y se la guarda en el bolsillo del abrigo. No se molesta en pasar por el baño ni en desayunar, baja directo a la calle. Repartida por las aceras y sobre algunos coches aún quedan cúmulos de nieve. Recoge un puñado y se lo frota por la frente. No necesita del diagnóstico de ningún médico para saber que tiene fiebre. Arrastra los pies hasta la parada de taxis, entra en uno de los coches y le dice a la taxista, una mujer de cincuenta años, la dirección donde quiere ir. Dentro del vehículo huele a ambientador de pino, pero él tiene la nariz congestionada y apenas lo nota. Según avanzan por las calles observa por la ventanilla, aunque no es plenamente consciente de lo que ve. Las imágenes que le llegan patinan por su cerebro sin llegar a registrarse. Todo va demasiado rápido para su lenta cabeza.
-¿Le importa si paro un minuto? –pregunta la taxista.
-…
-Es por estos sofocos que me dan de vez en cuando, ya sabe, cosas de la menopausia.
Él da su consentimiento, la taxista baja la bandera del taxímetro y detiene el coche junto al bordillo.
-Será solo un segundo, se me pasa enseguida.
-No se preocupe, tómese el tiempo que necesite.
Él vuelve a mirar a través de la ventanilla, ve a gente conduciendo sus vehículos, gente aguardando en los semáforos, gente cruzando por los pasos de cebra, gente entrando y saliendo de los comercios, gente llenando los edificios, gente con caras serias, gente con demasiadas prisas. Mire donde mire hay gente ocupando un lugar concreto. Observando a sus semejantes no puede evitar sentirse como un alienígena recién llegado al planeta, un bicho raro que por mucho que se esfuerce jamás logrará entender los complejos mecanismos de la humanidad. Bien podría sacar el arma y disparar indiscriminadamente al personal. No sentiría nada, sería como hacer blanco en una caseta de feria. Al rato, la taxista, ya recuperada, pone en marcha el motor del coche y se incorpora al tráfico.
Llegan a su destino. Que tenga un buen día, le dice la taxista a modo de despedida cuando él se apea del vehículo. Duda mucho que lo sea, de hecho, apostaría todo lo que tiene a que será un día nefasto. Se dirige hacia el edificio donde está el despacho del abogado sintiendo el peso de la pistola en el bolsillo del abrigo. Nada más entrar en la oficina le recibe la secretaría, una chica joven con una sonrisa encantadora. La chica le informa de que en ese momento el abogado está ocupado y le pide que espere en la sala adyacente al recibidor. Él se pregunta si cuando empiece el tiroteo también tendrá que dispararle a la joven. Dentro de la salita aguarda su ex mujer. Se ha cortado el pelo y de primeras no la reconoce. Da la impresión que ha rejuvenecido desde la última vez que la vio.
-¿Qué te parece? –pregunta ella refiriéndose al cambio de look.
-Estás muy guapa.
-Pues, tú tienes un aspecto horroroso.
-Creo que tengo fiebre.
Para comprobarlo ella lleva la mano a su frente.
-¡Dios mío, estás ardiendo!
Él se da cuenta de que ella ya no lleva su anillo de casada y se le ocurre que ese sería un buen momento para sacar la pistola.
-He visto una farmacia cerca de aquí. Me acercaré a comprar una caja de paracetamol –dice ella.
Le da la espalda para ir hacia la puerta, él aprovecha para sacar el arma y apuntarle a la cabeza, pero antes de que pueda apretar el gatillo ella sale de la habitación. Debería haberle disparado en cuanto la ha visto, piensa. Pero claro, es más fácil pensarlo que hacerlo. Estando en casa, cuando el dolor y el rencor son el motor de sus pensamientos la idea de vengarse es tentadora, luego, in situ, la realidad se impone y la cosa se complica. En cualquier caso, se siente ridículo por estar ahí, temblando como un flan, apuntando con el arma a una puerta vacía. Vuelve a guardarse la pistola en el bolsillo del abrigo y toma asiento en una de las sillas.
A su regreso, ella lo encuentra en la misma posición.
-Me han dado esto –dice abriendo la caja de comprimidos.
Él la observa en silencio. Sin duda, ha rejuvenecido. Está claro que la separación le está sentando bien. La mujer llena un vaso de agua en la máquina dispensadora y se lo entrega junto a una de las píldoras.
-Tómatela, te sentará bien.
Él se mete la pastilla en la boca y bebe del vaso para ayudarse a tragarla. En ese momento la secretaría asoma por la puerta y les dice que van a ser atendidos.
-Ha llegado la hora –dice ella.
-Sí –responde él.
-¿Preparado? –pregunta ella.
-Preparado –responde él.
Ambos entran en el despacho del abogado.
La firma de los papeles solo les ha llevado unos pocos minutos y regresa a la buhardilla. A partir de ahora su vida será totalmente distinta a lo que era. Su ex mujer seguirá por su camino y él tendrá que buscar el suyo. Durante los años que ha durado su matrimonio ambos se fueron acomodando a una serie de rutinas que terminaron siendo la base de su existencia, ahora debe olvidarse de todo eso y adaptarse al conjunto de novedades que trae el día a día. Empieza a nevar. Lo hace con fuerza. Si sigue así, la ciudad no tardará en volver a cubrirse de nieve. El paracetamol aún no le ha hecho efecto y se siente igual de enfermo y abatido que estaba antes de tomarse la pastilla. Al pasar por delante del escaparate de una tienda de electrodomésticos ve que hay varios calefactores que están de oferta. Entra en la tienda y compra el más potente.
Nada más llegar a la buhardilla guarda la pistola en el cajón de la mesilla, luego saca de la caja el calefactor que ha comprado. Ha pagado bastante más que por el otro y espera que los resultados acompañen. Al enchufarlo salta el repetidor y la vivienda queda completamente a oscuras. La instalación eléctrica de la buhardilla no soporta el voltaje del aparato. Maldice su suerte y vuelve a conectar la corriente. Recuerda que anoche dejó el ventanuco del baño abierto, puede que ese sea el motivo por el que hace tanto frío dentro de la casa. Al entrar se encuentra una telaraña enorme, la más grande que ha encontrado hasta ahora. De ella cuelga una envoltura del tamaño de un puño de la que sobresale el ala de un murciélago. Un péndulo macabro que no deja de ser una declaración de intenciones por parte de la araña. Así lo entiende él. Con la ejecución del murciélago la araña está dejando claro que no se va a mover de ahí, que ese es su territorio y, pase lo que pase, lo seguirá siendo. Cierra el ventanuco y sale del baño. Ni se molesta en retirar las hebras, se siente tan débil que teme quedar enredado en ellas. 


Pepe Pereza, del blog Asperezas.


miércoles, 17 de enero de 2018

LOIDA RUIZ RODRÍGUEZ: 3 Poemas.




Como espejos
vuestros ojos.
Seguimos teniendo quince años
y el sabor de los primeros fortunas mentolados
en los dedos
el sonido de cinco pesetas
contra el cristal de un vaso vacío
de cortado
el mismo olor opiáceo de mujer
tras los lóbulos de niñas
y las risas de lolitas al confesar
los primeros besos que teñían
de morado
el cuello y el alma.
Negro ajustado
hombreras imposibles
tacones desequilibrados
producían ese vértigo en los demás
con el que pactamos bebernos
la juventud
en coreografías de escaleras.
Y lo hemos hecho
porque
al mirarnos
seguimos teniendo
quince años

*

Bien
no ocurre nada
es solo que
a veces
escucho llorar a las esquinas
porque quieren que les cante esa nana
y no la recuerdo
esquinas de juegos de niños
de besos encarnados
de manecillas de relojes
esquinas que tiemblan con las caricias del relente
de cal y base de azufre
de tropiezos fortuitos
esquinas cosidas con hilo bramante
esquinas arañadas.
Entonces les lamo las heridas con palabras
de cuarzo
con tus palabras.
Pero tranquilo
no ocurre nada.
Es solo que
a veces
no escucho borbotear el agua y
claro
se derrama
o me para el taxi que no espero
porque quería empaparme de lluvia
o se me olvida dónde está el interruptor
y no me importa vivir a oscuras
y entonces
a veces
esto me produce esa tristeza leve y cuadrada
de la que habláis algunos poetas
como si la gimieseis
como si la gritaseis
esa tristeza leve
y cuadrada

*

Exhalo la AP 36
templo los 2 grados sobre cero
con el calor de este saco de huesos siderales
y suena Hit the road Jack.
La voz de google maps me abraza
sensual: siguiente salida, 191
¿Por qué es tan dulce?
pide una cerveza y déjate de indicaciones
dime
¿puedo atravesar este vaho
que borra los cristales?
Niebla
se desvanece con tanta rapidez
pero lo empaña todo
el parabrisas
las palabras
Should I Stay or should I go...
y yo las limpio con mis manos
limpio la carretera
los camiones que se atraviesan
sin intermitentes
la letra de los Clash.
Me deslumbra el sol que se duerme a las 5 y 30 minutos
y al que canto una nana
desde mi coche.
Doy la bienvenida al frío
a este frío seco
que se conforma con una manta
de abrazos
esperando a que llegue
cálidos
tan cálidos


Loida Ruiz Rodríguez


martes, 16 de enero de 2018

NO COMAS MI CORAZÓN: 3 Poemas.




PEQUEÑO

Personas pequeñas
disfrutan de espacios diáfanos.
Personalidades inmensas
se ahogan en espacios minúsculos.

Dictadores de pasillo,
poder de andar por casa,
fisuras en la palabra,
la necesidad del triunfo.

Incomprensión
a cambio de un minuto de gloria.
Mezquindaz
oculta tras una pátina de prestigio.

Un niño de ocho años
nos da lecciones de vida,
la experiencia
arrastrada
por los charcos
de una mentira.

Hoy,
los corderos
tratan de devorar al lobo.


ZONA DE CONFORT

Enfermo de postmodernidad
te vi
arrastrando tus piernas amputadas,
en pos de unas alas que no crecían.

Aún llevo
incrustada en mi córnea
la saliva de tus palabras.
Tu rostro,
pegado al mío,
se adhiere por la grasa de tus poros.

Quemado
en la hoguera de una sonrisa,
a imagen de Lautréamont,
la asfixia de tu parecer
sólo me permite respirar.

El tiburón que merodea,
la medusa absorta,
el final del abismo,
el no lugar de mis fonemas.

La pertenencia ajena,
el vibrar del grupo,
la transferencia
frente a la incomunicación.


PLEAMAR

Un órgano,
seco y flácido,
víctima de la pleamar,
yace,
sediento y ocre,
sobre la playa.

Fruto del sueño insomne
de un demiurgo enfermo,
sufres,
ingrávido,
los padeceres de tu futuro.

Sobre un desierto salado,
caminas
en busca
de un nuevo amanecer.


Pablo Malmierca, de No comas mi corazón (PiEdiciones, 2017).

http://www.piediciones.es/index.php?route=product/product&product_id=100

lunes, 15 de enero de 2018

TODO ESTO ES MI HOGAR por ROBERTO RUIZ ANTÚNEZ



Es un flexo negro, una mesa blanca llena de libros y el cuaderno marrón abierto por la mitad en un equilibrio angustioso: en una página mis poemas y en la otra, una cosmogonía pintada por una niña de dos años. Una postal con el rostro de Virginia Woolf y un matasellos del Bloomsbury. Todo esto es mi hogar, el sitio en el que las palabras se hacen la vida imposible unas a otras y donde me siento cada noche a vaciarme despacio la respiración, a quitar de mi piel el óxido cotidiano. Es un lugar peligroso en el que me siento a salvo y lo único que espero es ser honesto conmigo mismo.

Roberto Ruiz Antúnez


domingo, 14 de enero de 2018

CUANDO CONOCÍ A LORENA por NATACHA G. MENDOZA



Cuando conocí a Lorena, sabía que no regresaría ileso. De hecho, nunca regresé. De niños patinábamos en la plaza mayor, había una explanada circular, nos apretábamos las manos para rodar de forma interminable. No quería mirarla porque sabía que caería sin remedio, me encantaba escuchar su risa, eran hermosos quejidos que rebotaban en la velocidad de nuestras vueltas. A veces, se adelantaba tímidamente, entonces podía ver su pelo ondear como un poema que se le escapaba al viento. Y yo era un preso de esa infancia, de toda la crueldad con la que ejercía nuestra amistad. No sabía estar sin ella, y el patinaje, se transformó en horas de estudio, en ajedrez, en salir a correr juntos, y el verano llegó cuando a Lorena le nacieron los pechos. No supe entenderlo, mi niña era como un credo al que no podía acceder. El calor que nos invadió ese agosto, la llevó bajo mi ventana, con aquel bañador azul. Supe que no saldría con vida de esa noche. Su risa era diferente, había un tono distinto, su mirada, hasta la piel. La mujer que tenía escondida estaba aflorando sin piedad. Yo no sabía cómo sacar al hombre que aún no lo intentaba. Y Lorena sacudiendo el agua para mojarme, mientras la luna la curtía de forma milagrosa. Quise abrazarme para desaparecer, cerré los ojos mareado. Pero ella, que ya tenía cierta hambre, mordió mi boca, no supe seguir sin tropezar con la impaciencia, con su bañador, con el oleaje, no supe aferrarme a su mano mientras patinábamos en círculos, sólo caí, caí... caí tantas veces que ella, no pudo esperarme.

Natacha G. Mendoza


jueves, 11 de enero de 2018

DEL FONDO: Febrero en la Tierra.



Vicente Muñoz Álvarez ilustrado por Andrés Casciani

Prólogo por Jesús Palacios
Epílogo por Pablo Malmierca

Producciones Vinalia Trippers, 2018

Booktrailer:


martes, 9 de enero de 2018

AMANECE, QUE NO ES POCO por SILVIA D CHICA



Amanece en la ciudad y todo vuelve a su sitio, las luces de la mañana iluminan las sombras, las esquinas, lo prohibido. Los marginales y desfavorecidos duermen la noche de los tiempos mientras alguien hace una mudanza desde el quinto piso.

Aires de nostalgia en el autobús de domingo, maletas cargadas de recuerdos y sueños y ojos hinchados y henchidos de luz, de mar, de panorámicas y graffitis.

Alguien dice 'evharistó", alguien contesta "parakaló".

Y amanece, que no es poco.


Silvia D Chica


domingo, 7 de enero de 2018

BREVE HISTORIA DE LA VIDA INCIERTA por ERNESTO COBOS



Supe de la existencia de un autor llamado Pablo Cerezal por una reseña que éste había hecho de una novela de Vicente Muñoz Álvarez. En aquel tiempo, yo gestionaba un espacio en la red junto a otros tres compinches, un espacio dedicado a dar un espacio en el mar bravío de la red, a autores, pintores y músicos del océano mediático que nunca habían gozado de un espacio para enseñar sus trabajos. Vicente Muñoz Álvarez había accedido, dada su inefable humildad, a compartir con nosotros algunos fragmentos de su poesía, lo que nos llenó de orgullo y optimismo. Todo este contacto se gestionó a través de una red social que ya todos sabéis cual es. Hurgando un poco, precisamente en esta red social, un buen día me encontré con esa reseña que había hecho Cerezal de “El merodeador”, una novela que iba poco a poco captando cada vez más mi atención cuando algún que otro fragmento se publicaba en la susodicha red social. Y fue así como llegué, un día cualquiera, a aquella bellísima reseña del libro de Muñoz Álvarez. Aquellas palabras, como los fragmentos del autor de El Merodeador, calaron muy hondo en mi alma. Hacía años que no leía a autores contemporáneos. No sabría decir por qué. Y las palabras tan sinceras, tan desprovistas de artificios, directamente clavadas en el corazón de un solitario hablando de las vicisitudes de tantos anónimos, me emocionaron hasta las lágrimas. Así, finalmente, acabé leyendo aquella obra de aquel buen hombre, tan desconocido para el gran púbico. Un ilustre desconocido más. Algo había cambiado en mi interior, y había cambiado para siempre.

El libro de Vicente y las palabras acerca de aquella novela que Cerezal tan bien había entendido me llevaron a mi primera Juventud, a mis primeras lecturas, cuando con ansiedad abría esas obras que abrieron unas puertas que jamás volvieron a cerrarse. Con casi cuarenta tacos a mis espaldas y un par de infiernos vividos y sufridos, supe que ya no estaba solo. Una vez más, y veintipico de años después, supe que ya no estaba solo. Como en aquellas primeras lecturas, como cuando leí por primera vez aquel maravilloso capítulo de la novela de Ernesto Sabato “querido y remoto muchacho” volví, de manera despiadada, sin anestesia que es realmente de la manera que se aborda una lectura de estas características a leer compulsivamente, pero ahora a autores contemporáneos.


Luego, tuve la oportunidad de intercambiar unas palabras con ambos en un local de Madrid, en el aniversario de un fanzine en el que uno colaboraba y otro era uno de sus fundadores. Tener enfrente a un par de tipos que han conseguido emocionarte de tal manera nunca es tarea fácil a la hora de entablar una conversación, de manera que nuestra breve conversación quedó (como suele pasar) en un par de lugares comunes. Sin embargo, algo había pasado en mi interior. Las cosas importantes siempre se debaten en el interior y lo que vemos es tan solo una costra.

Pasó cerca de un año y yo estaba muy ocupado en uno de los libros que a duras penas, conseguí publicar en las plataformas de autoedición: yo también tenía mucho que decir. Entonces supe que Pablo iba a publicar un nuevo libro. Breve historia del circo era el nombre. En esos días yo estaba sumergido en Manhattan transfer, de John Dos Passos. Quise alternar ambas lecturas hasta que, en el libro de Cerezal, leí lo siguiente:

Las nubes ronronean
Un torpe maullido de humedad
Y la tierra crepita libido
Con tonada de tormenta inminente
Que ansía devorar
Los puestos callejeros
Toman nota de los cielos
Y comienza su agria danza
De pan de ayer y de fruta fea
Y mercadería en desbandada

Amas de casa recuerdan
Haber olvidado
En la quietud sospechosa de la cocina
La nota que les recordaría cuantos tomates precisa
El guiso que al día siguiente alimente a la familia

Un cancionero culpable
De brazos esclavos de bolsas
Demandan abolición de taxis
Desdibujando sombras a la orilla
De caminos calles y calzadas

Boliches peluquerías colmados
Inician naufragio en perfiles
Que no quieren dar la cara
A la meteorología fiera
De nubes que han de sembrar rastro

Yo añoro el caldo de nube
Que me aderece la calma
Con que paseo las calles
De la ciudad y la nada

Entonces abandoné al gran Dos Passos. Las palabras de Cerezal me transportaron a mi propia vida. A mis casi dos años en el país andino vecino en el que Pablo sitúa sus tribulaciones con la cincelada de la poesía desprovista de artificios. La prosa poética de Pablo, sin esperármelo puesto que hasta el momento yo sabía muy poco de la materia que erguía su libro, despertaron los fantasmas de los recuerdos de mi vida en aquel otro país, aquella otra tierra a la que me había embarcado con tantos proyectos, con tanta ilusión, con tantas ganas de pelear por algo distinto. Lloré largo y tendido al acabar el libro, aunque ahora, ya no sabría decir si fue por el gran retrato anímico de Cerezal o por mis propias tribulaciones. Pero acaso nada de eso importe. Lo que realmente era vital, es algo tan simple como redundante si se quiere: creía haber leído a un autor y en realidad estaba frente a un escritor. Pero tampoco era esto.

Pablo Cerezal no era un autor ni un escritor ni un poeta. Era mi hermano, y tuve que leerlo para tener conciencia de ello. Cerezal era uno de los grandes sin que ni él mismo lo supiera, como suele suceder con los escritores a diferencia de los autores de género que persiguen la aprobación y el éxito. Se trata de algo tan íntimo, que ni siquiera el propio escritor llega a saberlo. Y esto es lo que lo engrandece.

Qué puedo añadir después de esto? Muy poco y mucho al mismo tiempo. Puede que sea más bien un deseo: que alguien pueda experimentar lo que yo al leer esta gran obra de este autor vallecano que (afortunadamente?) no goza de los mimos de la prensa mediática.

PD: Que no pase mucho tiempo más hasta tu próximo descubrimiento.

Hasta siempre, comandante.


Ernesto Cobos, en Crónica de un hombre invernal.


martes, 2 de enero de 2018

NO LO INTENTES por LUIS SÁNCHEZ MARTÍN




Hank está en la cama
un gato lame restos de vino sobre el suelo
y yo me inclino sobre las hojas
que ha escupido su Underwood

hay más luz en esas líneas
que en todos los alumbramientos
y el cinturón de Orión
se desploma sobre mí

no lo intentes

Hank besa en la boca a la noche
mientras vende vales de hotel
por cuatro tragos antes de buscar
un banco poco iluminado
o cartones secos

hoy tiene una habitación
y una papelera
y se permite despreciar
aquello con lo que sueño
hasta que un astuto lobo
considere llegado el momento
mientras él ilumina el camposanto
con sus fuegos fatuos

para entonces tal vez
hayamos aprendido la alquimia del mercado
y otro lobo nos permita
bajo cubiertas de vistoso colores
repetir una y otra vez la fórmula
ese nuevo canon

y sudor frío y temblores
me precipitan por la ventana
para abrir los ojos a oscuras
buscar el interruptor y encender
                                        un cigarrillo

Hank no está, tampoco el gato
Orión sigue en su sitio
y la Underwood Standard
es ahora un Pentium-IV

y de nada sirve el silencio
cuando la voz sale de dentro

no lo intentes


Luis Sánchez Martín

http://sinanestesia-sanchez.blogspot.com.es/

jueves, 28 de diciembre de 2017

PLANTEAMIENTO por GSÚS BONILLA




Fundaremos un árbol
amor

para el animal salvaje
el ave o el reptil

para que lo idolatre la tribu

para que el hijo se abrace a él

para el perro

para el leñador


Gsús Bonilla, de PGB: Poesía General Básica 2007/2017 (La Penúltima editorial, 2017).

https://www.facebook.com/La-Pen%C3%BAltima-editorial-515828045265515/

miércoles, 27 de diciembre de 2017

CELEBRAD LOS DÍAS: Sergio Algora.



En Celebrad los días. Poesía completa se reúnen por primera vez, bajo un mismo volumen, los cinco libros que Sergio Algora publicó en vida: Envolver en humo, Paulus e Irene, Otro rey, la misma reina, Cielo ha muerto y Los versos dictados. A estas cinco obras se le une Invierno, el libro inédito que Algora dejara sin publicar. Como curiosidad, se complementa toda esta recopilación con un apartado de poemas dispersos de diferentes épocas que abarcan desde la adolescencia del autor, hasta el que probablemente fue su último poema antes de su fallecimiento. Una edición llevada a cabo por los editores Anaís Toboso y Pedro Gascón, que firman un prólogo donde se realiza un recorrido y estudio por la obra poética y vital de Sergio Algora, probablemente uno de los poetas más originales y menos conocido de finales del siglo XX y comienzos del XXI. Autor imprescindible e irrepetible.

«Libro que exige una lectura apasionada, dejándose arrastrar por el caos que nombra, y otra más sosegada, reflexiva, donde el lector podrá apreciar una voz que discurre contracorriente de los modos poéticos más habituales y que tiene en ello buena parte de su mérito, como también el riesgo de ser desatendido. Eso sería una injusticia.»

Túa Blesa, ABC Cultural

«El autor usa un lenguaje que se abisma en territorios léxicos que, si bien no son nuevos, tampoco dejan de sorprender por su violencia de imágenes. Los poemas de Sergio Algora se incrustan en la Literatura como un carcinoma […] y se multiplican atacando, con la física fuerza de un virus, el edificio de la poesía.»

Miguel Ángel Ordovás, El Periódico de Aragón

«Su poesía no es ni arraigada (es decir, clásica en el fondo y en la forma) ni desarraigada (es decir, deliberadamente surrealista), resistiéndose, del mismo modo, a ser etiquetada como existencialista o tremendista. Mas no es pretensión nuestra encasillar una poesía tan profundamente intuitiva y original en corriente alguna, sino hacer ver con claridad, más bien, algunas técnicas que pudieran posiblemente emparentarla con la pintura expresionista, como son la proyección del hombre sobre el mundo, sobre los acontecimientos y sobre sí mismo.»

Miguel Ángel Longás, Envolver en humo


Sergio Algora (Zaragoza, 1969 – 2008). Fue poeta, narrador, articulista y músico. Publicó cinco libros de poemas: Envolver en humo (1994), Paulus e Irene (1998), Otro rey, la misma reina (2003), Cielo ha muerto (2005) y Los versos dictados (2005), dejando un último libro inédito, Invierno, el cual ofrecemos en esta compilación de su obra poética. También trabajó en el campo de la narrativa publicando dos libros de relatos: A los hombres de buena voluntad (2006) y No tengo el placer (2009), éste aparecido de manera póstuma. Dejó inconclusa lo que sería su primera novela y publicó una obra de teatro: La lengua del bosque (2005).

Como músico grabó trece discos. Con el mítico grupo El Niño Gusano: Circo Luso (1995), El efecto lupa (1996), El escarabajo más grande de Europa (1998) y Fantástico entre los pinos (2000). Con Muy Poca Gente: Con zapatos nuevos (Ep, 2001) y En flor (2001). Por último, formó parte del grupo La Costa Brava con quienes alcanzó a grabar siete discos en cuatro años: Déjese querer por una loca y Los días más largos (ambos en 2003), Se hacen los interesantes y Llamadas perdidas (ambos en 2004), Costabravismo (2005), Velocidad de crucero y Futuros padres (ambos en 2007).

viernes, 22 de diciembre de 2017

1 POEMA de GEMA FERNÁNDEZ MARTÍNEZ



Existe una mujer
que se parece a mí
en alguna parte...
una mujer que nunca
seré yo,

una mujer sin piel,
sin piélago, sin miedo,
una mujer sin bote
salvavidas,
una mujer océano,
sol, palo de lluvia,
líquida , invertebrada,
desmembrada,

una mujer de líquenes,
nenúfares y hiedra,
una mujer de lirio
y madreselva
que trepa los costados
de la suerte,
un recuerdo aromático
sin tiempo,
una flor "no me olvides"
que quiebra la memoria
del pantano
y escribe en el asfalto
una estrofa de agua
para autocorregirse
las derrotas.

Existe una mujer
que se parece a mí
y se muerde las uñas
cuando la luna mengua,
que le lame los labios
al silencio,
una mujer pigmento,
lilimento,
una mujer cebolla,
un pentimento artístico,
la alteración consciente
de su propio retrato,

una mujer
que no sabe quién es
y no se reconoce
si no es como la antítesis
de las múltiples formas
que presiente en el resto
de la gente.

Existe una mujer
que es una excusa urgente
y a destiempo,
una superstición
contemporánea,
un extorsión de luz
y atardeceres,
una mujer que siempre
se involucra
en la causalidad
de sus casualidades
igual que hace mi lengua
con tu boca,
mi nariz con tu cuello,
igual que hace la arista
con la piedra tallada.

Existe una mujer
que se parece a mí
pero nunca jamás
cargará con el peso
de mi nombre a la espalda
porque ella ha descubierto
mucho antes que yo
el secreto que ocultan
las libélulas,
apretar con las fauces
el agua del estanque
hasta que ésta se vuelva
azul metalizado,
como el profundo abismo,
igual que la placenta
del universo

Existe una mujer
que está a salvo de mí
en alguna parte...
y sabe renacer
en la constelación de
mis pupilas

sin pedirme permiso.


Gema Fernández Martínez

https://www.facebook.com/gema.fernandezmartinez.5

https://www.facebook.com/Traficantes-de-sue%C3%B1os-680723422012280/

jueves, 21 de diciembre de 2017

LAS MUDAS SOLEDADES: Tres poemas.




Leyes, mordazas y otras creencias coetáneas del Santo Oficio


BUKOWSKI reivindicaba el derecho a emborracharse
en las esquinas portuarias de esta vida.
Reivindicaba el poder absoluto de la libertad bajo palabra,
con aromas de whisky, cerveza o vino,
y la elección de follar en pensión o en casa ajena.
Eran tiempos intrépidos, quizás equivocados,
sin duda el hombre descuidó en ellos a sus amos.
Por eso, ahora, en este país de devotos
que devoran el cuerpo y sangre de su fe,
se reivindica el derecho a no opinar,
a no decir, a no interpretar la escena
fuera del guion, a contaminarse
de desahucios e incapacidades de reunión,
protestas o reivindicaciones ciudadanas,
educación mal educada
y sanidad insana.

Por ello, llenos de orgullo y satisfacción, gritemos:
¡BUKOWSKI HA MUERTO!, ¡VIVA EL REY!

*

El niño y la playa

A Abdullah Kurdi, padre de Aylan y Galip

DESDE hace días
no puedo ver a mi hija boca abajo.
Es el miedo a la inocencia turbada
y la presencia que al mundo entero sacude
esa náufraga imagen sin palabras,
tendida en la orilla, escuchando una tierra
                                  [que apenas tiene nombre.

Aylan y Garlip Kurdi, y 3000 almas sin apenas amarre.
Mare Nostrum que sacias los pecados del Mundo
ten piedad de nosotros,
lentos homínidos, capaces de odio, tristeza y barbarie.

Un niño varado en la playa
remueve una legión de conciencias.

Sus castillos ni son ya de arena, ni son ya de aire.
Ya no suena la risa del pirata pata palo,
ni el tesoro está en la isla,
ni serás más, húmedo cuerpo, capitán, corsario o tripulante.

Ya tu cuerpo yace boca abajo,
para no ver la vergüenza que en este mundo acontece.

*

Sous le ciel de Paris

NUNCA estuve en París
pero lloré sus calles.
Siempre de ella me contaron
historias ocurridas en su nombre.
Como cuando aquel perfumista
aliado del demonio
quiso recoger la esencia última de sus noches
a través de bellas y vírgenes doncellas.
O cuando Chagall vino intrépido
a vivir en uno de sus cuadros
desde la vanguardia de Montparnasse.
O cuando Rimbaud, Verlaine y Mallarmé
saborearon del mal sus flores y absentas
y Baudelaire los aromas del sexo ajeno
por los burdeles del Barrio Latino,
junto a Sarah, llamada La Louchette.

Nunca estuve en París
pero quizá eso hoy no importe.
Aprendí de las corrientes del Sena
mientras Sartre cargaba de tabaco su pipa
con la mirada hacia una y mil partes.
Visité el Café de Flore
donde el Ser y la Nada
se enfrentaban a Sísifo dichoso
tras cortinas de tabaco y cognac art decó.

Nunca estuve en París
pero amé su cielo,
dividido entre mitos antiguos
y un skyline de belleza y armonía clásica
como solo pueden poseer las ciudades amadas.
Todo ocurrió allí, donde nunca estuve,
donde la chanson française
fue sombra en cada esquina
y su sensual silueta sedujo las pasiones.
Allí, donde Edith Piaf me partió el corazón
y Zaz se llevó las dos mitades.


Pedro Gascón, de Las mudas soledades (Chamán ediciones, 2017)


miércoles, 20 de diciembre de 2017

1 POEMA de JULIA NAVAS MORENO



Hace frío en los polos de mis brazos
y mis pies se frotan mutuamente.
En mis dedos resbala la esperanza
de agarrar certezas imposibles.
Me he alimentado de semillas
de autoengaño y mordidas en el vientre
y ahora, remolinos de dudas arrastran
árboles que un día
llevaron mi nombre.

Julia Navas Moreno


jueves, 14 de diciembre de 2017

SONARON CRISTALES ROTOS por VALENIA GIL



Sonaron cristales rotos en mi cabeza, alguien arrojó una piedra a mi ventana y los cristales se difuminaron por mi mente crujiendo por mis neuronas a cada paso que daba...

No fue cualquier piedra, no era cualquier piedra...era su piedra...y yo no sabía como manejar esa situación...

Pero crecí como no lo hizo Peter Pan y aprendí a barrer todos esos cristales hacia fuera de mí, a no dejar ni una sola esquirla clavada en ninguna de mis neuronas con el fin de que no me hiciera nunca más daño, liberarme a través de la palabra, hablar, hablar, hablar...nunca más muda, nunca más sufriente como si ese hubiera sido alguna vez un remedio eficiente cuando en realidad sufrir por sufrir es la cosa más inútil que ha parido madre...así que me arremangué, me puse una coleta bien alta que apartara los pelos de mi cara y me dije cabeza bien alta, mirada de frente y a hablar, hablar, hablar...y fue como dejar bien abiertas mis ventanas para que todos los pájaros que habían crecido ahí dentro salieran a buscar árboles más acordes con su naturaleza para vivir...y respiré, respiré aliviada y sonriente porque no hay mejor ejercicio en esta vida que hablar, hablar y hablar para despejar malos entendidos, dudas, darte a conocer un poquito más sin miedo a quedarte en pelotas, que joder, así vinimos al mundo...tanto miedo, tanto miedo...a tomar por culo tanto miedo a ser o a mostrarse tal cual uno es...

Y hoy me siento infinitamente mejor, más ligera, más liviana, más pluma sin miedo a andar flotando por la vida pues otra cosa no pero de cargas inútiles que puedan ser evitadas ni una...y me siento feliz de cada una de estas grietas de piel que se me forman al final de mis ojos cuando me sonrío o pongo los ojos chiniquis por algún otro motivo, que cada una de estas arrugas fue creada y generada por mil y un tropezones, mil silencios que no llevaban a nada y aprendí a comprender el maravilloso poder de la palabra y a contar y a sincerar y a sorprenderme gratamente con el agradecimiento con que las personas responden a tu verdad sin medias tintas, a tu voz triste, a tu malestar, porque el que no sabe que se está equivocando difícilmente puede modificar su error y somos animales con unas capacidades excepcionales precisamente por esa poderosa y única herramienta en el reino animal denominada lenguaje que nos enseña a ser quienes somos, a ver el mundo a través de las palabras que aprendemos...porque lo que no se nombra a menudo...no existe...

Sonaron cristales rotos en mi cabeza y palabra a palabra los fui sacando todos y cada uno de dentro de mí...

Valenia Gil


sábado, 9 de diciembre de 2017

A QUÉ COSA TE ESTÁS REFIRIENDO CUANDO DICES EVOLUCIÓN por MAYA MUKTI



Me gusta ver la colada secándose al sol. Me quedo embobada mirándola. Bueno, me quedo embobada mirando cualquier cosa, pero ése es otro tema. Quería decir que estaba contemplando mi ropa recién lavada cuando me apercibí, sorprendida, de que -tras muchos años de cambios de sistema para tenderla, de intentos por obtener los mejores resultados con el menor esfuerzo posible- parece ser que lo he logrado porque -mierda- hace ya un tiempo que la vengo colgando de la misma manera. Que mierda por qué? Fácil: porque en ese momento, me di cuenta también de que tener un sistema para hacer las cosas, automatizarlas, es lo más parecido a morir, a no estar presente, a no cuestionarse, aprender, etc. Sí? Así que me asusté por lo que eso podía estar significando para mí. Y me asusté más aún, cuando pensé -sin sorpresa esta vez- en que la gran mayoría de gente que conozco, tiene un sistema para todo y lo encontraron mucho antes que yo (que hasta hace poco me castigaba por eso y los envidiaba). Pero es peor aún: hay gente que ni tan sólo ha desarrollado nunca su propio sistema, sino que adoptaron años ha directamente el que le enseñaron. Máquinas perfectas de eficiencia, sí, puede. Pero...eso: máquinas.

Maya Mukti


jueves, 7 de diciembre de 2017

VERBO: Ainhoa Martínez Retenaga.



Soy una mera condenación saltando al vacío, una convulsión hecha de entrañas, un abismo transmutado, un sustantivo que ya no se sostiene sin lenguaje. Soy solo la nada que me ladra, una definición ambivalente buscando precisión, el acento de unas manos atestadas de conciencia, los extremos de una inercia que descomunal proyecta atraparme. 

Él, la matriz incontestable del ser, el embrión que gesta la vida, la raíz de la que germina la posibilidad perpetua de lo intangible, el origen primero de la existencia anterior. Él, la subversión de una simetría inmortal, la omnipresencia de quien todo lo abarca, la exudación que inherente batalla y voluntaria se encierra, el renacimiento de una noche carente de luna.

Él, el verbo.

Yo, la nimiedad que camina ansiando su absoluto.


Ainhoa Martínez Retenaga, de Verbo (Bajamar Editores, 2017).


martes, 5 de diciembre de 2017

LAS MUDAS SOLEDADES: Pedro Gascón.



"En "Las mudas soledades", encontramos un conjunto de poemas en donde la voz del poeta realiza una doble visión: por un lado la del ser humano arrojado al mundo, con cierta tendencia elegiaca, por otro lado, la visión de ese mundo con matices de crítica social. El soneto de Lope de Vega, preámbulo del libro, es el encargado de dar título al conjunto, así como a sus partes: «En el mundo ausencia», «Fuego en el alma», «Y en la vida infierno» y «Con alma ajena». Un libro envuelto entre la existencia y su devenir, y la crítica social."


martes, 21 de noviembre de 2017

GARDENJUNKIES: Algunas consideraciones.



ALGUNAS CONSIDERACIONES

Aunque, a decir verdad, la inmediatez fue la característica principal en el cuaderno de notas que se fue generando desde, y entre, mediados de septiembre de 2016 y la primera semana de julio de 2017, bajo la tiranía del like en la red social Facebook, con el nombre de VIVEROS Y JARDINES… Y JUNKIES, habría de ser justo conmigo mismo para poder serlo con los demás y apuntar aquí algunas consideraciones que han sido indispensables para conformar la estructura del libro que ahora tienes en tus manos, lector. En los tiempos que corren nada es espontaneo y nada se deja al azar, aunque pueda parecer lo contrario

Parecería oportuno, que el grosso de este libro: Cuaderno de notas y Junkies, tuviese un frontispicio, un algo con el que dar comienzo a una historia, o bien, un cómo he llegado hasta aquí. De manera que, obviamente, era necesario empezar por un principio e idear un planteamiento que conectara con el nudo y desenlace de este híbrido alejado, muy alejado, del cuento: Garden, el primer apartado del libro. Se trata de un solo poema, fragmentado, y pensado en prosa, el cual abre y da inicio a un ejercicio de escritura que dio comienzo en el mes de febrero del año 2013, el cual, también, di por finalizado a últimos de septiembre de 2016. Esto es, más de tres años y medio, en los que, mes a mes, y por diferentes trámites, tuve que personarme en una Oficina de Empleo. Esto es, desde la traumática finalización del último empleo remunerado que tuve hasta el siguiente, es decir, el primer contrato laboral, más de tres años después, con la Agencia de Empleo del Ayuntamiento de Madrid. Quisiera también, hacer mención al texto de cierre a este apartado: La transición 2.0, concebido en este mismo espacio temporal, y que en este intervalo fue publicado por Ediciones Liliputienses, recogido en el cuaderno de poemas VIGA (enero 2016).

Sobre el apartado Cuaderno de notas poco o nada más que añadir, que lo que ya de por sí en él aparece. Lo escrito, escrito está. Aunque me gustaría referir su fragmentación, la manera en que están establecidos sus capítulos, basados igualmente en la obviedad del espacio-tiempo, sin embargo, dividido todo él según el Calendario Revolucionario o Republicano Francés (octubre de 1793 hasta septiembre de 1805), donde el año empezaba a las 12 de la noche del día que se producía el equinoccio de otoño, el cual el poeta Fabre d’Eglantiene puso toque literario al nombre de los meses. A saber: 1, Vendemiaire (el mes de la vendimia; recordemos que empiezan el año en nuestro septiembre); 2, Brumaire (el mes de las brumas); 3, Frimaire (el de la escarcha); 4. Nivose (el de la nieve); 5, Pluviose (lluvioso); 6, Ventose (ventoso); 7, Germinal (brotar); 8, Floreal (adornar, florecer); 9 Prairial (el de las praderas); 10 Messidor (el de las mieses); 11, Thermidor (el del calor); 12, Fructidor (el de los frutos). Los días de la semana, obviados en el cuaderno de notas puesto que se dividían en décadas (semanas de diez días), eran: Primidi, duodi, tridi, quartidi, quintidi, sextidi, septidi, octidi, nonidi y decadi. Aunque en este libro, la nomenclatura aparece castellanizada. La curiosidad del asunto me pareció original y una manera distinta de fraccionar un diario. Nada más. Por otro lado, el tercer apartado: Junkies, llevando el mismo proceso temporal de escritura lleva incorporado un fraccionado más personalista, referido a las personas que me acompañaron a lo largo de todos estos meses, he hicieron que mis pies sintieran de nuevo la dureza del suelo, que comprendiera que la realidad podía confundirse con la ficción en el momento en el que vivimos y que nos tocó en suerte. Algo más que justo es dedicarles a todos ellos este libro.

Además, el cuaderno de notas va acompañado, de un glosario fuera de contexto, el cual cierra cada capítulo del mismo. Organizado alfabéticamente, descontextualizado decía, si lo que en él traté fue descifrar, y de paso adjetivar, algunos aspectos del covénticulo literario contemporáneo en el que habito. Si bien, y al margen de mi diversión, mejor hubiera estado el haberlo dejado en su estadio concreto, tal y como otros, expertos en todo caso, habían concibido muchos de estos conceptos y términos que aquí recojo. Aunque, prácticamente en su totalidad, el significado es el que es. De cualquier modo, y en todo caso, se trata de palabras. Palabras que me acompañaron y quise asimilar durante el transcurso de este diario y que fui recogiendo por boca de otros, en los talleres y charlas que presencié, y en mis propias lecturas, en torno al mundo vegetal. Acaso me sirvieron para la curiosidad y el aprendizaje, y, por qué no, de mero entretenimiento.

Me hubiera gustado escribir sobre el amor, la felicidad y todas esas cosas de las que tratan los libros magníficos, de historias importantes; pero este es un libro de mierda, de un jardinero de mierda. En él cada mierda tiene su historia y cada historia su mierda. La mierda a pocos importa, solo a cerdos y moscas. Es decir, a los impertinentes y a los que hozan en ella. Tampoco es un libro de crítica, o denuncia. Se trata, en todo caso, de un libro que documenta una situación concreta en un tiempo determinado. Prosa, poesía, anotaciones diarias... la impronta textual de una experiencia vital propia, como vómito literario. Esto es lo que yo creo que es GardenJunkies, aunque quizá esté equivocado.

El autor

Valle del Kas. Septiembre de 2017. Un año después de casi todo.

Gsús Bonilla. GardenJunkies (Tigres de papel, 2017).

http://www.tigresdepapel.es/producto/gardenjunkies/

viernes, 17 de noviembre de 2017

LICENCIAS PARA ORBITAR por MARÍA JESÚS MARCOS ARTEAGA



Extraño el invierno, el vaho en los cristales, las ganas de estar en casa, la nariz roja, las manos congeladas, el frío penetrante. Extraño la nieve, la lluvia torrencial, la niebla, el olor a tierra, las mañanas victorianas y el sonido de la leña crepitando en la gloria. Extraño gritos de niños por las calles, ruido de vecinos, pandillas en bicicleta, cascos de caballos y carros… hasta los perros y gatos parece que escasean. Extraño multitud de chimeneas tosiendo sobre cielos blancos, fundiéndose ambos, inundando el ambiente de olor a humo, hogar, cuentos. Extraño entrar en otras casas sin tocar el timbre. Extraño, simplemente, esas casas que ya no existen y donde no había que anunciarse. Bastaba dar un grito por la puerta de atrás, con la certeza de una sonrisa agradecida y contenta de tenerte allí.

Extraño viejas costumbres de viejos y viejas que ya no están. Extraño a mi padre, que se fue una noche como esta, hace ya tres años...cuando subiendo a dormir, el aullido de cientos de perros me heló la sangre con un largo escalofrío. Sabía que estaban llamando a su pastor… y con ellos, al rato, se fue: silbando por la vereda. Días antes de irse, flotando sobre su nube, más ángel ya que otra cosa, me miró fijamente desde la ventanazul de sus ojos cosmonautas y me dijo: “tú, eres guapa”. Fue como si me clavaran una flecha y tuve que salir deprisa, conteniendo unos lagrimones que me nublaban la vista. No se lo decía a mi cara, demacrada por el cansancio y la tristeza acumulados, sino directo al fondo de mi alma, como una verdad sin fisuras, redonda y clara como la luna. Nunca sentí tanta luz de golpe, la misma que inundaba la casa entera desde hacía unos meses, cuando su carácter habitual, recio y templado, fue dando paso a otro que se preparaba para abandonar este mundo, dejándonos montón de anécdotas plagadas de humor: palabras y pensamientos en apariencia inconexos, adulterados por las drogas, que nos hacían llorar y soltar carcajadas a partes iguales y que en todo caso, terminaban taladrándote el corazón.

Extraño, en definitiva, la verdad de las cosas simples. Cuando vivíamos más que pensábamos. Sin medir el tiempo ni el miedo invertidos en causas tal vez ya perdidas. Extraño la pureza y la belleza de todo el que no aspira a ser nada distinto de lo que es.

Dónde andará Saturno esta noche… pareciera que me he tragado el planeta entero con todos sus anillos, que aquí me tiene divagando y taciturna con mi taza de turno… ay Saturno. Y luego pienso que qué necesidad tengo de andar aquí relatando estas cosas a un público multiforme, hiperestimulado o adormecido. Tengo menos necesidad que pudor, desde luego, y a pesar de todo lo hago: por el tributo debido a mis raíces, que me amarran bien firme a tierra, cuando siento que pierdo el rumbo. Licencias, tan sólo, para orbitar.

María Jesús Marcos Arteaga


jueves, 16 de noviembre de 2017

NO PASES FRÍO por CELESTE PÉREZ FERNÁNDEZ




Observo a una niña. Juega con un muñeco desnudo. Lo cubre con servilletas de papel; dice "no pases frío". Y lo olvida en una silla. En cierto modo, las palabras son también cunas abandonadas de supervivencias.

Celeste Pérez Fernández