jueves, 21 de marzo de 2019

LA NEGRA LUZ DEL CÍRCULO OSCURO: Booktrailer.

LA NEGRA LUZ DEL CÍRCULO OSCURO: José G. Cordonié.




La Negra Luz del Círculo Oscuro es una colección de relatos englobados en el subgénero “Weird fiction”, o ficción de lo extraño, en la que podemos encontrar historias que transcurren en un insólito cotidiano, dentro de una atmósfera donde es difícil de definir, en ocasiones, si nos hallamos frente a un hecho extraordinario o ante una creación inexplicable de nuestra mente.

Un hombre que descubre que su cara no es su cara en el espejo, un niño que contacta con el más allá a través de una caracola de mar, un vampiro que se enfrenta a la pérdida de memoria, o un hombre que se encuentra con su doble exacto en una difícil y confusa situación, son algunos de los temas que puedes encontrar en estos relatos, escritos con una alta dosis de creatividad y originalidad para transformar momentos de la vida de los personajes en situaciones que provocan asombro y extrañeza.


miércoles, 20 de marzo de 2019

OFERTAS por ANA PATRICIA MOYA




I

LATAS DE ATÚN (2x1)


Frente al estante de las conservas
no suelo tardar mucho en escoger

                                    siempre lo más barato

sin embargo, en el amor,
ya no me vale cualquiera
para consumir esta soledad tan insípida.

II

FRUTA DE TEMPORADA


Compro un cuarto de manzanas verdes
                                     -mis favoritas, tan ácidas-

las conservo en el cajón del viejo frigorífico
y me apuro en comérmelas pronto

que todo se enfría, hasta pudrirse,

                                    como lo nuestro,
                                    que nació y murió sin nombre.

III

PESCADO FRESCO

A diario, me cuentan novedades
del panorama literario
                  pero más me entusiasma
la bajada de precios,

cada día que pasa menos me interesan
los fariseos de las letras y sus imperios

                                          y sobre este plato hay un filete
                                                                                  / de lenguado
                                         -un lujo que me permito cada
                                                                                 / tres semanas-
hay más poesía.


Ana Patricia Moya, de La casa rota (Versátiles, 2019)

http://versatileseditorial.es/producto/la-casa-rota-ana-patricia-moya

martes, 19 de marzo de 2019

EN LA JUNGLA SE OYE ALGO por ELOÍSA TROYA




En la noche,
algunos poetas salen
locos
buscando algo
de clemencia.
La palabra
muerta es masticada y
la piel se les esconde.
Temblorosos
piden pan,
alimento sólido,
promesas.
Gritan.
En la jungla
se oye algo.
Miran,
comen,
deletrean.

Eloísa Troya


lunes, 18 de marzo de 2019

PARALIPSIUM I por FRANCIS SANRU




Un sábado en la iglesia,
querido hermano,
ella me dijo:
-Este no es tu sitio.
Este no es tu hogar.-
Llevo cuatro años
junto a los guerreros
y he aprendido
que podría regresar
y depositar mi martillo
de guerra
junto a la araña,
en lo más profundo del agua.
En agosto del 18,
un robot compuso un poema
y te nombró como Janes Barley.com
por diez veces.
Era verano
y celebrábamos la libertad.
Joy bailaba “Western Shores”
en un pequeño escenario.
Luego recitaba poemas
sobre extraños regalos
dejados a los muertos
en el cementerio
de Godbye Spring Circle.
El jardín era una fiesta
lleno de estrellas.
Un universo de nieve
en el calor global
hasta que llegó,
como un regalo en vacaciones,
la fría guerra.
Un plaga.
Oraciones.
La Iglesia, hermano,
repletas de banderas
de memoria,
de información.
De revelación.
Microlocura
de un nuevo mundo.
Ovejas solitarias
en charcos de sangre,
observando árboles arder.
El dragón Alisa,
con cabeza de libélula,
regaba el país
con demonios Dédalos
que cantaban tristes Blues.
¿Qué nos salvó?


Francis SanRu


jueves, 14 de marzo de 2019

EL GRAN IMPACIENTE: Suicidio Literario y filosófico.




1942, ciudad brasileña de Petrópolis: un célebre escritor austriaco redacta su nota de despedida unos minutos antes de ingerir una dosis mortal de narcóticos: «Yo, demasiado impaciente, me marcho antes». Palabras que sentencian el espíritu común que aúna a los más de trescientos cincuenta autores que convoca el poeta, ensayista, crítico literario y novelista Toni Montesinos, desde el siglo VI antes de Cristo hasta el XXI. Por medio de todos ellos, asistiremos a un desfile protagonizado en paralelo por la muerte voluntaria y el arte literario y filosófico llevado, en muchas ocasiones, hasta el paroxismo; conoceremos un amplio repertorio de métodos, lugares y excusas para salir de la vida; viajaremos en el tiempo para descubrir detalles de derecho, religión o psiquiatría que explican la actitud histórica frente al suicidio; descubriremos un gran número de novelas, poemas, obras teatrales y ensayos que han abordado este mortuorio asunto... Pero, por encima de todas estas perspectivas, se impondrá el pálpito de cada historia personal o artística, la asombrosa abundancia del suicidio entre las creaciones y existencias de los escritores —todo un aluvión en la pasada centuria—, y, en definitiva, la presencia subliminal, constante e inevitable, en torno al modo de afrontar nuestra propia mortalidad.

Sobre la obra:

"Toni Montesinos ha creado en poesía, ensayo y novela un contexto singular. Por ejemplo, su obra El gran impaciente. Suicidio literario y filosófico, pieza inclasificable en cualquier bibliografía sociológica, psicológica o literaria mundial y, por lo tanto, doblemente rara en lengua española. Su brevedad esconde el fascinante fulgor del dolor, el consuelo, la libertad y el horror. Y así inicia un apasionante recorrido por la historia y ciertos perfiles del suicidio, que se complementa con una exasperante cronología al respecto y con el modus moriendi y las clasificaciones del suicida. ¿Entonces hemos estado ante un ensayo literario, un vademécum, un libro que es necesario tirar o convertirlo en objeto de cabecera? No importa la respuesta: su resplandor nos seguirá siempre."

José Balza, «Inflexiones: Toni Montesinos», en Ensayos simultáneos, Universidad Autónoma de Querétaro, Santiago de Querétaro, 2017.


miércoles, 13 de marzo de 2019

ABEL SANTOS: Huelga decir.




CUENTAS LA SUERTE A PULSO

Madrid de 2009
es una ciudad de medio millón de parados
según las últimas estadísticas.

A veces, en la noche de mi cuarto alquilado,
yo me revuelvo y me incorporo
y voy de trabajo en trabajo por días sueltos,
porque 190 pulsaciones
no son bastantes para las 200 que requería
el puesto de grabador de datos.

Desde que tenía 16
he tendido los ojos para siempre
a este hermano imbécil o santo del poema,
que dijo Raúl Núñez.

Así que descargo mobiliario escolar
en colegios tipo El club de los poetas muertos
con trofeos y jardines y mucha luz...
Y le pido cuentas, a mis 33 años, a la poesía
que me ha llevado a estar ganándome así el pan
junto con estudiantes veinteañeros.

200 pupitres a músculo en 150 minutos.

La situación —me dicen—está peor
de lo que habíamos imaginado
para que alguien de tu edad trabaje con nosotros.
Ellos fuman y hablan con optimismo
de las fiestas universitarias en Salamanca
con jóvenes y copas hasta arriba, de drogas
que probarían y de besarse
con buenas chicas en lugares
sin demasiado peligro de vida o de cansancio.

400 sillas de futuros economistas a la espalda.

Y entonces comprendo
que me pesan más los errores y la espera
de reconocimiento y jardines y mucha luz...

Hay miles de premios, por suerte,
para seguir escribiendo.

Yo pienso en ti,
en cómo tus abrazos me arman de paciencia
en las tibias e insolventes tardes otoñales,
y en cómo mi corazón es ahora un guerrero distinto
que se está ganando a pulso la eternidad contigo
en este contrato basura con el tiempo.

Donde el amor siempre cuenta.

*

EL ENCARGADO

Bueno, de acuerdo, mira,
esto es lo máximo a lo que pueden aspirar
los tipos como nosotros:
no hay más.


CHARLES BUKOWSKI


Fue mi jefe en aquel almacén
de La Moraleja, aquella mañana de derrota,
quien me hizo la pregunta inesperada
cuando confesé que no me gustaba el fútbol
y que mi pasión era la escritura:

—¿Eres un hombre sensible?
—Tan sensible como cualquiera que lo sea,
pero con un detalle:
soy receptivo al mensaje oculto de la vida,
por ello me encargo de transmitir
lo que otros no pueden
a través de la función de las palabras.
Aunque no siempre funciona.

Pareció comprenderlo.
Algo brillaba en la superficie triste de sus ojos.

Uno se da cuenta,
tras empaquetar decenas de miles de relojes caros
(junto con tus emociones más profundas),
que el cliente no apreciará en el pedido
nada más que el lenguaje
de una estúpida y perfecta maquinaria.

Hay que seguir trabajando.


Abel Santos, de Huelga decir (Boria Ediciones, 2019)

https://boriaed.com/producto/huelga-decir/

*

En este nuevo libro de poesía de Abel Santos, escrito entre los años 2008 y 2018, se trata la crisis económica, social y espiritual que azota el mundo, aunque centrada principalmente en España, tras el crack bursátil de la bolsa en 2009, para hablar de desahucios, manifestaciones, contratos basura, religión, desempleo, política, adicciones, revolución sexual y poesía empleando distintos tonos de voz que representan a una ciudadanía a la que ya sólo le queda llamar a Dios con un grito humano, en legítima defensa, en un último gesto desesperado ante el abismo.

martes, 12 de marzo de 2019

LA CASA ROTA: Ana Patricia Moya.




En La casa rota, Moya recurre al ambiente cercano, sagrado e íntimo del hogar; un contexto históricamente abundante en la poesía de mujeres que se han visto, quieran o no, relegadas por la crítica y el establishment literario al ámbito de lo cercano y lo menor. Este contexto aparentemente poco pretencioso se convierte en este poemario en algo metafórica y existencialmente incluyente a través de la fuerza de las palabras. “Algunas mujeres se casan con casas”, decía la gran poeta Anne Sexton, consciente, como Ana Patricia, de que ese lavar incansable que recrea en sus poemas es metáfora de algo más: una identificación con la suciedad que se acumula en esas paredes-piel, paredes-útero, que es necesario limpiar como un acto de redención.

(Prólogo de Marisol Sánchez Gómez).

Estos poemas hablan de esa soledad de las latas de atún en el estante. Expresan una espera desde la nada y hacia la nada, un anhelo de que algo cambie de una vez en la jerarquía de la despensa. Mientras, se hacen otras cosas. Se echa en falta la tarrina de arroz perdida - un minuto en el microondas, perforar previamente, abrir con delicadeza porque quema -, que no va a volver, pero por si acaso. Se escudriñan los rincones del no-pasa-nada, la obsesión te abofetea - con delicadeza, porque quema -, la pulcritud que ofrece la soledad también permite envenenarse. Sí, estos poemas son soledad - no va a volver, pero por si acaso -, espera, melancolía y un impulso de convicción: las cosas que no están aquí, en el estante, tampoco saben las respuestas.

(Epílogo de Chá Lucena).


lunes, 11 de marzo de 2019

ELLA NUNCA SE LLAMÓ MUERTE por PEPE PEREZA




José Luis saca la camilla del quirófano y la empuja hasta el ascensor más cercano. El ochenta por ciento de su trabajo consiste en eso: llevar pacientes de sus habitaciones a los quirófanos y, una vez intervenidos, traerlos de vuelta a la habitación. Los quirófanos están en el ala oeste del edificio, es decir, justo en el otro extremo de donde se encuentran las habitaciones. Los arquitectos que diseñaron el hospital se lucieron a la hora de ubicar las instalaciones. Por su incompetencia él y los demás celadores se ven obligados a empujar las camillas por una serie de intrincados pasillos que no terminan nunca. La media de kilómetros en una jornada normal es de quince. Está agotado de tanto paseo. Pronto será mediodía y podrá irse a casa a descansar. Una vez dentro del ascensor, pulsa el botón de la planta baja. En cuanto se cierran las puertas, se inclina sobre el paciente anestesiado para extraerle una espinilla que tiene en la frente. Presiona con los dedos hasta que empiezan a salir las impurezas. Es como un orgasmo de grasa y pus. Le encanta esa sensación. Ya desde niño sentía una atracción irresistible por cualquier tipo de erupción cutánea. Su etapa de acné, al contrario que los demás adolescentes, fue un regalo para él. Cuando pasó y dejó de tener granos propios empezó a pedirles a sus familiares y amigos que le dejasen reventar los suyos. En ese momento las puertas del ascensor se abren. Él se coloca detrás de la camilla y la empuja a lo largo del pasillo.
José Luis llega a casa empapado. Está lloviendo a mares y se le ha olvidado el paraguas en el trabajo. Se seca por encima con una toalla, luego se quita la ropa mojada para ponerse un albornoz. Está cansado y debería acostarse, pero ha bebido demasiado café a lo largo de la jornada y ahora no tiene sueño. Ya dormirá más tarde. Conecta el ordenador y va directamente a la página de YouTube. Escribe: Extracción de quistes sebáceos. Aparecen una gran variedad de vídeos. Los hay para todos los gustos. Granos con pus lechoso y sangriento, con textura de nata batida, (esos son sus preferidos), también hay imágenes de puntos negros que al extraerlos del interior de la piel parecen tiras de papel arrugado… A José Luis le reconforta ver el número de visitas de la mayoría de los vídeos. En algunos se cuentan por millones. Eso quiere decir que su extravagancia es más común de lo que pensaba. Selecciona un vídeo que no había visto antes. Se trata de la extracción de un quiste en la mejilla de una mujer. Lo novedoso es que la perforación la hacen con rayos láser. El carrillo abarca la pantalla en un primerísimo plano. Unas manos enguantadas con látex dibujan un pequeño círculo con un rotulador negro, delimitando la zona a tratar. Seguidamente apoyan una guía metálica y proyectan el rayo en el centro del círculo dibujado. Se ve perfectamente cómo el haz de luz penetra en la carne. Seguidamente presionan con ambos pulgares hasta que la grasa es expulsada. Una vez que han retirado las impurezas, con unas pinzas proceden a extraer la membrana interior que envolvía la grasa, y la cortan de raíz con unas tijeras. Justo en ese instante le llega un mensaje por Whatsapp. Es Mónica. 
*¿Qué haces? 
*Poca cosa. 
*Lo digo por si quieres pasarte por casa. Mi marido acaba de salir para ir al aeropuerto y voy a estar sola todo el día. 
Aunque está cansado, un polvo con Mónica siempre merece la pena. Por otro lado, llueve y hace frío. No le apetece volver a salir de casa estando el día así. Se lo hace saber. 
*¿Has visto la que está cayendo? Es el puto diluvio universal. 
Como contestación, Mónica envía un selfie de sus tetas. 
*Si quieres catarlas vas a tener que mover tu culo hasta aquí. 
No las muestra desnudas, pero sí enseña suficiente carne para despertar su interés. Aunque lo que realmente llama su atención no son los pechos, sino una zona de puntos negros que está en medio. Son espinillas. Ese *detalle inclina la balanza. 
Vale, pero antes tengo que ducharme. 
*No olvides afeitarte. 
Mónica le tiene prohibido cualquier asomo de barba. No quiere sarpullidos ni irritaciones en su piel que puedan alertar a su marido. 
Al salir del portal lo primero que ve es un paraguas rodando por la acera y a su dueña persiguiéndolo. Y es que, para empeorar la cosa, a la borrasca hay que sumarle fuertes rachas de viento. Los ingredientes perfectos para un día de perros. La parada de autobús está a un par de manzanas. José Luis corre en esa dirección procurando pasar por debajo de los soportales y las marquesinas que encuentra por el camino. Llega a la parada y espera. El autobús tarda en llegar. Con ese tiempo el tráfico es un caos. Se oye el silbido de un Whatsapp. Todos los que están en la parada miran sus Smartphone. El aviso es para él. 
*¿Dónde coño estás? 
Está empapado y temblando de frío, esperando un autobús que no termina de llegar. Lo que menos le apetece es que le metan prisa. Por un momento se plantea volver a casa y dejarla plantada. Pero se acuerda de la zona de puntos negros y cambia de opinión. 
*Estoy llegando. 
*Ok, date prisa. 
Por fin, aparece el autobús. Va lleno y hay que sacar los codos para hacerse hueco entre los pasajeros. De entre la mezcolanza de rostros hay uno que le resulta familiar. Es una mujer delgada, de piel pálida que está sentada junto a una de las ventanillas. No sabe de qué la conoce, pero hay algo en ella que le inquieta. Como en un puzle intenta encajar a esa persona en su vida. Ahora cae. Ambos estudiaron juntos en tercero y cuarto de EGB. Ella se llama Natividad. Recuerda que era una niña de piel blanca y ojeras pronunciadas, excesivamente tímida que se sentaba delante de su pupitre. Sin duda, el remordimiento que siente se debe a que por aquel entonces él no paraba de tomarle el pelo. Un día, tuvo la ocurrencia de darle la vuelta a su nombre, en vez de Natividad decidió llamarla Muerte. El hecho de tener un aspecto enfermizo posibilitó que el mote cuajará y que todos los alumnos terminaran llamándola así: Muerte. Ella nunca se lo perdonó. Se abre paso entre los pasajeros y se acerca a su asiento.
-Hola ¿Te acuerdas de mí?...
Se puede ver en su cara que sí. Él se fija en un pequeño granito que ella tiene junto a la comisura de la boca. Calcula que le faltan tres o cuatro días para que sea una espinilla lista para reventar.
-Ha pasado mucho tiempo, pero quiero que sepas que lamento mucho todas las trastadas que te hice en el colegio –le dice.
-¿Trastadas?
-Bueno, ya sabes. 
-Lo que tú llamas trastadas para mí fueron crueles humillaciones.
-No crees que exageras. Yo solo le di la vuelta a tu nombre.
-Veo que no tienes ni idea del daño que me hiciste con eso. Un día, una niña se acercó a mí y me escupió en la cara porque dijo que su abuela había muerto. Lo malo es que lo hizo porque creía que yo era la culpable, pensaba que la decisión había sido mía.
-...
-Tengo una hija. El próximo año empezará a ir al colegio. Mi gran temor es que la sienten cerca de un canalla como tú.
Dicho esto, recoge sus cosas, se dirige a la parte trasera y aguarda a que el autobús se detenga. Cuando lo hace, se apea y se aleja calle abajo lidiando con la lluvia y el viento. Las puertas se cierran para seguir con el trayecto. José Luis ocupa el asiento que Natividad ha dejado libre. Aún conserva su calor corporal. En ese momento, le llega un Whatsapp. 
*Han suspendido el vuelo de mi marido por el temporal. Lo siento, tendremos que vernos en otra ocasión. 
El mensaje acaba con una serie de emoticonos con caras tristes: ******
Pelotas amarillentas, quistes sebáceos listos para reventar.


Pepe Pereza, de A pesar del frío (Canalla ediciones, 2019).


viernes, 8 de marzo de 2019

EL TIEMPO DE LOS ASESINOS: Ya a la venta.




Cada cierto tiempo asciende del infierno al purgatorio algún profeta, un visionario que embriaga con palabras, que escupe fuego y se desnuda y abrasa al mundo en sus pasiones, un ángel caído que recorre las calles con su pluma y hace de la tragedia humana una canción, un himno de vida y sentimiento que sublima en poesía nuestro absurdo.

Este ensayo es un rendido homenaje a estos pioneros, alquimistas del lenguaje que hicieron arte de sus vidas, rompiendo tabúes y abriendo nuevas vías de expresión, para demostrar que la literatura no es solo un ejercicio de estilo y de retórica, un juego de señoritas, sino también, y básicamente, un arma de lucha y subversión.


Vicente Muñoz Álvarez

*

Semblanzas de: J.K.HUYSMANS, OSCAR WILDE, G.I. GURDJIEFF, ARTHUR MACHEN, H.P. LOVECRAFT, LOUIS FERDINAND CÉLINE, HENRY MILLER, MALCOLM LOWRY, DYLAN THOMAS, WILLIAM S. BURROUGHS, JACK KEROUAC, CHARLES BUKOWSKI y RAÚL NÚÑEZ.


Edición en papel:


Booktrailer:


jueves, 7 de marzo de 2019

PORMINACER por GEMA FERNÁNDEZ MARTÍNEZ




Pertenecer a algo,
permanecer en alguien,
el eterno objetivo,

el eje rotativo
sobre el que siempre giran
los profundos anhelos
de la raza humana,

oscilatoriamente,
así,
como un péndulo:

Pertenecer
Permanecer
Pertenecer
Permancer

Debería existir un híbrido
entre ambos,
podríamos llamarlo, no sé,
"porminacer",
¿a que suena bonito?

Porminacer...
la ingeniería mecánica
de la autoestima,
la rotación completa,
la gran revolución,

alumbrarnos de nuevo
después de la caída,
lamernos las postillas,
rodar como peonza
panza arriba
besando el remolino
del ombligo

y aprender a querernos
de una maldita vez

sin sentirnos culpables.


Gema Fernández Martínez


miércoles, 6 de marzo de 2019

HUELGA DECIR: Prólogo.




Vivimos tiempos extraños. O, tal vez, la vida en sí es extraña. Y eso la acerca al misterio y, por lo tanto, a la belleza.

Ana Frank escribió en su diario: «No veo la miseria que hay sino la belleza que aún queda».

De ahí, de esa belleza clandestina y oculta, se alimentan todos y cada uno de los poemas de este libro. Tan solo con eso ya sería suficiente para devorar página tras página hasta quedarnos sin aliento. Pero hay más; mucho más.

Día a día. Hora a hora. Minuto a minuto comprobamos en nuestra propia piel cómo el mundo, este mundo roto desde el principio, se desmorona y nos empequeñece. A veces, todas las veces, es necesario apartarse a un rincón y respirar, simplemente. Y es ahí, en ese rincón solitario, donde la poesía de Abel Santos se reconoce y emerge a la superficie.

Abel es un poeta sincero: no acepta otra forma de ser poeta y persona. Es su verdad limpia, transparente, sin tapujos ni sombras. Sus poemas no son un refugio: más bien son un territorio que roza lo sagrado y lo próximo. Abel Santos enciende un cigarro y se da un paseo por la realidad, recorre sus estrechos callejones, impregna de luz y emoción cada desencuentro y cada obstáculo. La poesía como medicina, como oxígeno, como bálsamo, como la más excelsa de las libertades. 

Novalis lo dice: «La poesía cura las heridas infligidas por la razón».

Escribir y vivir, que para Abel Santos es lo mismo, significa mantenerse en pie, encajar los golpes, esquivar la muerte de alguna manera. Él, el poeta, atravesó el infierno, lo cruzó desnudo de emociones para adentro y salió de allí con un par de rasguños y el alma intacta y purificada, sonriendo. Algunos lo llamarán suerte. Yo lo llamo valentía, heroicidad, resistencia. La vida consiste en fracasar y volver a intentarlo. No tirar la toalla. Recuperar la fe en un mundo sin fe ni esperanza y casi sin amor.

Pero en este libro el amor está por todas partes. Para Abel Santos, eterno superviviente, el amor es el combustible que pone en marcha, y en orden, este universo; que le da sentido a la oscuridad de ciertos días y que nos protege del vértigo de tantas noches, enfermas y huecas. Él ama y escribe. Acaricia y sueña. El cuerpo de la persona amada se convierte constantemente en poema; sin duda, en el único poema posible.

Agarrarse al amor. Atrincherarse entre sus brazos todo el tiempo que sea preciso. Dejar de huir. Construir cielos donde antes hubieron cicatrices. Escribir un poema, para Abel Santos, es eso: dar el corazón a otros, cuantas veces haga falta, sin levantar la voz, sin exigir nada.

Paul Eluard lo tenía claro: «La única misión del poeta es no negar el dolor». 

Ten cuidado, pues, lector con el libro que tienes entre tus manos; ya nada ni nadie será igual cuando salgas de aquí. Eso es lo que tiene la buena poesía, como lo es ésta: nos remueve por dentro, hace que se tambaleen nuestros inamovibles ideales, nos convierte en personas diferentes, en definitiva y en esencia.

Un antiguo dicho alemán nos advierte: «Todo lo que te hace mejor es verdad». 

Huelga decir que los poemas de Abel Santos son verdad.

Y que a nosotros, seres afortunados por estar con él, nos hacen mejores y libres, más humanos y menos desdichados.


Javier Cano

*

En este nuevo libro de poesía de Abel Santos, escrito entre los años 2008 y 2018, se trata la crisis económica, social y espiritual que azota el mundo, aunque centrada principalmente en España, tras el crack bursátil de la bolsa en 2009, para hablar de desahucios, manifestaciones, contratos basura, religión, desempleo, política, adicciones, revolución sexual y poesía empleando distintos tonos de voz que representan a una ciudadanía a la que ya sólo le queda llamar a Dios con un grito humano, en legítima defensa, en un último gesto desesperado ante el abismo.


martes, 5 de marzo de 2019

SÓLO TIENE QUE FIRMAR por LUIS SÁNCHEZ MARTÍN




No ha sido una pesadilla al uso, pero creedme cuando os digo que nunca he tenido un sueño tan angustioso ni he pasado tanto miedo.

Como en una suerte de distopía, a las puertas de una ciudad amurallada —mi ciudad— dos individuos recogían firmas para su causa: «¡Firme nuestro documento denunciando el daño que hacen los inmigrantes! ¡No tenga miedo ni vergüenza, nosotros le creemos! ¡Ha llegado el momento de que alguien haga algo!».

Aunque me ardía la sangre de la ira no me atrevía a encararme con ellos y decirles lo que pensaba: TENÍA MIEDO. 

Entraba en la ciudad mirando al suelo, al frente, haciendo como que no les veía —señor, eh, señor, no le robaremos mucho tiempo, sólo tiene que firmar— y, a partir de ese momento, sentía la presión de las miradas sobre mis hombros: «ese es el que no ha querido firmar». 

Asustado y sintiéndome perseguido entraba en un bar en el que, según la lógica onírica del guion, siempre me habían tratado bien, pero todos callaban y el camarero no me hacía el menor caso hasta que, desolado, agachaba la cabeza y me iba por donde había venido teniendo claro que acababa de quedarme sin amigos. 

Al volver a casa encontraba unos niños jugando en mi cocina. Intentaba echarlos sin éxito; apenas levantaban tres palmos del suelo y no era capaz de mostrar ninguna autoridad ante ellos, hasta que uno, ya cansado de escuchar mis quejas, me decía sin parpadear y muy seguro de sí mismo, como aquellos infantes en El pueblo de los malditos: «si me tocas un pelo le digo a mi papá que eres amigo de los moros».

Como si el Diablo hubiera apoyado su mano en mi espalda, salía huyendo sin pensarlo de mi propio hogar. Iba a casa de mi pareja (en el sueño no vivía con ella) y le decía que tenía que irme. Nos abrazábamos llorando, no sé por qué razón no podía acompañarme. Ella lo es todo para mí, cuando abandoné su casa ya no tenía nada, era una sombra sin hogar ni alma ni esperanza. 

A duras penas recuerdo las últimas pinceladas del aquelarre: acababa llorando en una pensión de mala muerte a la que no sé cómo llegaba, pensando que tenía que darme prisa en sacar todo mi dinero del banco antes de ser incluido en alguna lista. Sabía que, como fuera, tenía que salir del país. Con lo puesto. Con el estómago vacío. Sudaba y temblaba, no era capaz de emprender ninguna acción más allá de dar vueltas a la estancia. Recordaba todo lo que había leído sobre la guerra civil, pero Francia ya no me parecía un destino seguro, como no me lo parecía ningún rincón de Europa. 

Y desperté. 

Afortunadamente los sueños, sueños son, y el ser humano aprende de la historia para no repetir los mismos errores.

¿Verdad?


Luis Sánchez Martín


lunes, 4 de marzo de 2019

HOMENAJE PÓSTUMO Y OTROS RELATOS: Lamar Henry.




Una pareja en busca de la tumba de una muchacha muerta muchos años atrás; una anciana que recuerda el linchamiento de un negro en el pueblo de su infancia; un grupo de amigos que deciden conservar una reliquia de un ser querido; un viaje al oeste a través de la ventisca… Las interestatales, los moteles de carretera, las granjas, las gasolineras, las pequeñas ciudades de la América profunda, son el escenario sobre el que este puñado de personajes tratan de encontrar sentido a sus vidas con la vista vuelta hacia un ayer que ya no existe.

*

“Los lectores disfrutarán de estos cuentos por la brillantez de su estilo y por la emoción con que afrontan el desafío de construir una vida que merezca ser vivida.” Ron Charles, The Washington Post.

“Lamar Herrin siempre ha escrito maravillosamente, de un modo que recuerda a J. M. Coetzee.” Lorrie Moore

“Relatos delicadamente construidos, de una dimensión casi mística.” William Kennedy

“Un libro escrito con gran imaginación y esmero, sin el lastre de las convenciones al uso.” James Salter

*

Lamar Herrin: Nació en Atlanta, Georgia (EE. UU) en 1940. Es autor de las novelas: The Rio Loja Ringmaster (1977), American Baroque (1981), The Unwritten Chronicles of Robert E. Lee (1990), The Lies boys Tell (1992), que conoció una adaptación televisiva protagonizada por Kirk Douglas, House of the Deaf (2005), publicada en España como La casa de los sordos (Chamán Ediciones, 2017), Fractures (2013), Father Figure (2016). En este 2019 aparecerá Fishing the Jump, su última novela. Los relatos de Lamar han aparecido en publicaciones como The New Yorker, Harper’s, The Paris Review y Epoch. Es profesor emérito de escritura creativa en la Universidad de Cornell, estado de Nueva York. Su libro de memorias, Romancing Spain, (2006), recoge en parte su lucha con la iglesia católica y el gobierno de Franco para lograr casarse con una muchacha española en 1970.



jueves, 28 de febrero de 2019

MUNCH Y LAS PESADILLAS por PABLO CEREZAL




Anoche tuve una terrible pesadilla. Mi sien se licuaba en rizos de almohada que sólo almohadillaba mi febril subconsciente, y soñé que me habías arrebatado el sexo. Mi sexo, ese arma de flama sintética y músculo sin caverna, te pertenecía ya, sólo, a ti, y yo no podría nunca jugar a organizar el Lego de su mecánica incorrecta. Me palpaba la entrepierna, una y otra vez, en sueños, y mis dedos horrorizados conocían cráteres de vacío... porque mi sexo ya no estaba en el lugar que le corresponde. Ni en ningún otro. Tú te lo habías robado, para espanto de mi lubricidad y sorpresa de mi pantalón pijama.

Ha sido una noche horrible... imagínenlo por un instante.

Luego, tarde, la mañana ha llegado desvencijando persianas y aullando automóviles. He salido de la cama a duras penas. Y contra duras penas duro pene que no existe, camino del cuarto de baño, carente de la erección matutina, esa alquimia de líquidos retenidos y subconscientes erectos no, no existía. Me he asomado al espejo por descubrir querellas de afeitado y noches jugando escondite en mis ojeras, por descubrir que sigo siendo el mismo que anoche, soñando, se acostó a tu lado. 

La realidad, atronadora, me ha descubierto que lo de anoche no fue pesadilla. Me has arrebatado el sexo, amor, y ya no sé qué hacer hoy ni si merece la pena correr tras los taxis que nunca podré pagar para no llegar tarde al trabajo. ¿Para qué trabajar? ¿Qué trabajo?

Hoy he descubierto que lo que siempre soñé no es más que urdidumbre de espanto que troca pesadilla cuando lo real me viene. Y es que hoy, amor, he descubierto que es tuyo, mi sexo. Y lo imagino latiendo mi ausencia de latido, cual juguete infeliz jugando a nada en la hendidura feliz de tu vientre, programando nataciones tristes en la bajamar de corre que te pillo de tu exceso.

Hoy he descubierto que mi sexo es tuyo, y lo imagino perdido en el estómago de tu bolso, entregado a orgías de papel moneda, moneda de cara larga, cara de carné de identidad y besos en el esmalte grueso de tu pintalabios, al que inventa felaciones de ayer y sonrisas de antaño.

Hoy he descubierto que mi sexo es tuyo y se retuerce por acariciar tus noches de tomillo y miel usada, perdido en el fragor de tus axilas para desodorizarte placeres que no tienes ni deseas pero que yo, ya carente de mí, te anhelo.

Hoy he descubierto que mi sexo es tuyo, amor, y lo comprendo tumbado en un diván, inventando frente a ti psicologías que expliquen la caricia de pétalo de tus dedos sabios en su dureza de mármol inverso y rosado.

La tarde descubre a Munch gritándome desde el espejo y ahora, en la nueva noche, perderé las manos entre mis piernas, en ese abismo que has dejado desde que te me has llevado el sexo, y te pensaré gozando, tan sola, tan con lo mío tan sin mí tan sin nosotros.


Pablo Cerezal, del blog Vislumbres del  Dorado.


martes, 26 de febrero de 2019

AQUELLOS por ROLANDO MERAYO




Aquellos que trabajan ocultos,
humillados en su silencio, reciban estos versos
porque gloria no tendrán. Sacerdotes
de un paraíso indiferente, luces hurtadas,
exiliados de la carne, ustedes que han saciado su sed
bebiendo su propio llanto, disculpen a la vida
y derriben, derriben el mundo con la más hermosa ternura.
Ustedes, los únicos capaces de tanta bondad.

Rolando Merayo


lunes, 25 de febrero de 2019

HORMIGA por EVA VAZ




Ya sé, querida, entre tus cápsulas
podríamos nadar a mariposa.
Yo sabría merodear sin escándalo:
me las he escondido tantas veces
sabiendo dónde están.
Esos suicidios de juguete
qué paz amor, qué paz.
Tu vida va dando vueltas
pero tú debes dormir y olvidar,
cenicienta de dos casas,
la única niña que no se remangaba la falda
en el colegio,
la niña buena, la hija perfecta.

Ahora escuchas ruidos de noche
y la pastilla es la mejor hostia,
la que calienta tu lengua
y te quema la garganta.
Pero traga, querida, verás qué bien.
Yo te peinaré mientras te mueres
esta noche.
Mientras la estufa te habla
o te mira con ojos de rata,
mientras los libros del abuelo
se vuelven y te miran estrábicos.

Cariño, duerme, ya pasó,
mañana te pondré una cocacola
en el desayuno
mientras le grito a tus piernas
que detengan su convulsión.
Querida, ya duermes
y todas las persianas te persiguen
con ojitos pequeños
mientras el pasado te atraca:
“fui más joven y más hermosa.
Fui perfecta: ¿quién soy ahora?”
Has ingresado en el mundo
de los ruidos de venenos…
Bienvenida, pequeñita mía,
ahora duerme.
Y sueña que mañana ya serás


Eva Vaz.


jueves, 21 de febrero de 2019

VISIONES DEL REFUGIO AZUL: Anabel Úbeda.




DESVIRGINIZADA

Colgó el hábito de la niñez
esparciéndola en los primeros años de la adolescencia
en los que aún dormida
volvía a rasparse las rodillas en el parque.

No mucho después, abría su armario
para examinar aquella prenda negra y sensual
cuya elección no comprendía
pero le hacía sentir mujer.

Casi llegaba a la veintena,
ya había conocido la embriaguez
y la profunda pérdida.

El peso de disparar decisiones
sin contemplación
la llevó al lecho con su deslealtad
de cabellos azabaches y manos ilegítimas
que despertaron de sí
un abisal instinto
lejano a la pretensión de ser conmovida.

Desvirginizada
no amó como hubiese querido.
A eso aprendió algunos años más tarde.


CHARLESTONE

Les llamaron
           Felices Años 20.

Caroline punteaba la tarima,
libertaria, tacones plateados
y una pluma apuntando
al estrellato,
su visado de emancipación.

Bajo sus pies,
América crecía
a costa de la destrucción
de familias
y la venta de silenciador.

Su compañera, Sharon,
acariciaba el telón,
flecos dorados
sobre body negro,
ahorrando para su billete
                de esperanza a Yellowstone.

Aliado del terror
               y la reconstrucción. 

En Europa,
tascas y alcohol,
baile en las plazas,
engañando el hambre de jornaleros
y enalteciendo al cacique.

Y claro, Charlotte,
recordaba su patria, Cuba,
su nombre real,
esperando que sus piernas alzadas
descubriesen la alegría
de un mes de pan
y treinta noches
sin fornicar.

Ellas, un arma de expresión;
el país, prostituyendo violencia
                  al mejor postor.


103 HABITACIONES

Repostaje de sexo esporádico,
personas mordaza,
opiniones enfrentadas,
estaciones de servicio.

Cafeína.
Silencio.
Vapor.

Supuestas primeras citas
que esconden secretos.
103 habitaciones en hoteles
cerrados
llenas de hálito impaciente.

Rastros de nicotina
en las paredes
dibujan extrañas caras.

Dioniso sobre Afrodita.
Laicos rezando a cualquier Dios,
en busca de consuelo.

Mejor esperar,
que despertar en falsas moradas. 


Anabel Úbeda Bernal, de Visiones del refugio azul (Boria Ediciones, 2019)

*

Rendirse al cimiento de los pasos nos puede llevar al absoluto desconocimiento de uno mismo, pero si sabemos escuchar y leer entre líneas quizá alcancemos alguna suerte de Edén. Es este recorrer la ciudad-sin-nombre el tránsito en el que la autora versa la rebeldía y la ruptura, los sueños y las inquietudes que son el propio camino en sí y sus múltiples salidas.

Anabel Úbeda trasciende las imágenes y los sonidos para salvarse en un mundo onírico de concepción propia, una habitación donde cada símbolo nos devuelve la infancia y la posibilidad de volver a ser héroes.


miércoles, 20 de febrero de 2019

UN HOMBRE DE OTRO TIEMPO: Max Benítez.




No es una simple casualidad que ya no se lea poesía. Hablo de la poesía de verdad, hablo de versos eternos. Se lee poesía de amor romántico como un sustituto del verdadero amor pero no leemos versos que nos arranquen de la comodidad de nuestro sofá. No leemos nada que altere nuestro apetito por lo intrascendente. Las lecturas importantes parecen haber quedado relegadas a simples exámenes de bachillerato. Leemos, sí, pero leemos muy mal. "El saber no ocupa lugar". Vaya tontería! Claro que ocupa lugar! Y precisamente por eso hemos de ser selectivos, cuidadosamente selectivos. Hay que saber con qué ocupamos nuestra maltratadísima mente! En la actualidad no ocupamos nuestra mente, para eso están los ordenadores que nos facilitan la tarea de rellenar nuestras neuronas con vastas carpetas de material inocuo. Nuestro cerebro es un simple puente y nuestro cuerpo, su vehículo. En eso nos estamos convirtiendo.

Max Benítez, 
de Un hombre de otro tiempo 
(Ediciones Camelot, 2018)


martes, 19 de febrero de 2019

EL BUQUE MALDITO 30



Ya está a la venta el nuevo número del fanzine El Buque Maldito.

Centramos gran parte de su contenido en la crónica de la edición número cincuenta y uno del SITGES – Festival Internacional de Cinema Fantàstic de Catalunya y la XXIX Semana de Cine Fantástico y de Terror de San Sebastián.

El reportaje del SITGES 2018 viene acompañado de las entrevistas a los realizadores Alejandro Fadel (Muere, monstruo, muere), Panos Cosmatos (Mandy), Dennison Ramalho (Morto não fala), Demián Rugna(Aterrados), Aislinn Clarke (The Devil’s Doorway) y Claudio Lattanzi(Aquarius Visionarius); a los actores Dyanne Thorne & Howard Maurer; y, por último, a los especialistas en FX y también directores Sergio Stivaletti(Rabbia furiosa) y Greg Nicotero (The Walking Dead).

En paralelo a los certámenes cinematográficos podréis leer una entrevista con el compositor inglés Simon Boswell. Invitado de honor del Cryptshow Festival 2018 que recibió el Premio Honorífico del certamen, presentó la película deRichard Stanley Dust Devil y actuó junto a su banda Simon Boswell & The And interpretando en directo las distintas bandas sonoras compuestas para los films de Alejandro Jodorowsky, Lamberto Bava o Dario Argento.

Por último, el sábado 9 de marzo a las 11h, y dentro del marco de la octava edición del Festival de Cine de Terror de Sabadell, vamos a estar presentando el nuevo número del fanzine en la librería Librerío de la Plata, situada en la calle Sant Jaume, número 8, de la ciudad de Sabadell.

PVP: 4€ + gastos de envío. 40 páginas.

A la venta los últimos ejemplares de los números 29, 28, 27, 26 y 23.


lunes, 18 de febrero de 2019

AVISPERO: Mónica Caldeiro.




AVISPERO es un lago panal / una estructura líquida sin solidez que responde a lo comunal del uno y al sujeto múltiple // un espacio sin asideros / donde la (id)entidad se desdibuja y responde a la llamada en coro de los afectos / de las claves que surgen de la / herida fundamental y primera hacia el comprender(nos) y partir de ahí escribir(nos) / pensar(nos). 
Es cómo decimos y nombramos también el hecho poético encarnado y su experiencia colectiva más allá de lo banal / en un viaje hacia el núcleo del fósforo donde nace la chispa que empuja la llama viva de lo que arde con su propia acción desde el nombrar / punta de una flecha que abre en pedazos el cuerpo de otra flecha disparada hacia la esencia de otra fecha / hacia un infinito hexagonal donde el lenguaje se expresa a sí mismo / donde no imita a nada / excepto a su propia naturaleza.

*

Mónica Caldeiro (Barcelona, 1984) es filóloga, poeta Spoken Word, traductora literaria e investigadora independiente. Como autora ha publicado vaginas, cartografías y asteroides (San Juan, PR: Isla Negra Editores, 2013), la música de los planetas (Madrid: Ya lo dijo Casimiro Parker, 2015) y AVISPERO (Madrid: Varasek Ediciones, 2018). Como poeta escénica ha rodado por escenarios y festivales de toda la Península Ibérica y ha llevado su poesía a ciudades como París, Montréal, Calgary, Nueva York y San Francisco. En 2011 fue poeta residente en el programa de Spoken Word de The Banff Centre, en Canadá.
Entre 2010 y 2014 formó parte de la Xarxa de Poesia Urbana de Barcelona y de Spoken Word Barcelona, dos colectivos cuyo objetivo era organizar recitales locales y puentes poéticos entre artistas de la oralidad barcelonesa y de otras ciudades extranjeras. Su trabajo ha aparecido en revistas españolas, norteamericanas y latinoamericanas, además de antologías.
Como investigadora se especializó en literatura norteamericana y afroamericana, aunque ella misma se considera beatóloga: lleva estudiando la Generación Beat desde los trece años, y ha publicado numerosos artículos sobre el tema en diversas revistas culturales. Ha traducido al español las primeras selecciones de poemas de Sheri-D Wilson, Joanne Kyger y Ted Berrigan. Escribe y traduce para vivir y vive para escribir y traducir: además de poesía, es traductora de varios libros de psicología junguiana.



viernes, 15 de febrero de 2019

PELÍCULAS PARA LA PENUMBRA: Epílogo.



PELIS PA LA PENUMBRA: 
INSTRUCIONES DE USO (Y ABUSO)

Hace siete años dirigí una extraña película titulada Gritos en el Pasillo. Era lo que hoy en día habríamos bautizado como “cine lowcost”, o incluso como “below-cost”. Sacar ese engendro adelante me ocasionó bastante sufrimiento, pero la criatura resultante trajo consigo no pocas bendiciones.

Permitan que me centre en una de dichas bendiciones: Gracias a Gritos en el Pasillo conocí a Vicente Muñoz Álvarez, quien desde entonces se ha convertido no sólo en gran amigo, sino también en figura clave de la literatura maldita, en epicentro de mi mapa del underground español.

Cuando algunas personas perdían su tiempo discutiendo sobre si nuestra película debía o no considerarse “de animación”, Vicente le asignó un calificativo aún más discutible – el de obra de culto – al incluirla en su libro Cult Movies: Películas para llevarse al Infierno.

Aquí me tienen, tres años más tarde, con los dedos titubeando entre las teclas, sintiéndose indignos de este honor que se me ha concedido: Cult Movies acaba de tener un hermanito y Muñoz Álvarez me ha pedido que le añada este epílogo.

He empezado mencionando un suceso que ocurrió hace siete años y otro que sucedió hace tres. El siete y el tres, dos números cruciales en la magia cabalística y en los ritos de todo contador de historias que se precie. Me gusta que ambos números aparezcan en este epílogo, porque tengo la sensación de que algo esotérico gravita sobre Películas para la Penumbra.

Este libro que tienen entre sus manos – o ante sus ojos, si es que lo están leyendo a través de una pantalla – tiene un doble mérito. 

Mérito número uno: El contenido del menú. Para diseñar un catálogo de los horrores como éste hay que cavar muy hondo en las catacumbas del alma humana, hay que masticar mucha basura hasta que los dientes tropiecen con cada diamante. Este libro confirma lo que Cult Movies ya auguraba: Que Vicente Muñoz Álvarez es un explorador de lo incómodo, un arqueólogo de lo bizarro. Junto a títulos imprescindibles de maestros como Fulci, Bava, Huston, Aldrich, Clayton, Polanski, Tony Scott, Corbucci, Mercero, Fernán Gómez... aparecen otras obras y otros autores de los que no había oído hablar en mi puñetera vida.

Mérito número dos: La manera en que Vicente describe las películas seleccionadas. Además del cariño y el conocimiento de causa, encontramos un tercer denominador común en casi todos los capítulos. Muñoz Álvarez describe el visionado de esas cintas con términos que aluden a una experiencia psicotrópica, lisérgica, opiácea, alucinógena. Esta clase de adjetivos salpican las reseñas de estas películas como fragmentos de un ADN común.

Cuando Alejandro Jodorowsky (otro de los autores mencionados en el libro) intentó sacar adelante su versión de Dune albergaba una intención confesa: Que la película provocase en el espectador las mismas sensaciones y vivencias que un viaje de LSD.

Las películas que selecciona Vicente y el ángulo desde el que las enfoca apuntan en esa misma dirección: El cine como droga, como vehículo hacia otros estados de percepción mental. La experiencia audiovisual como mecanismo para alterar la conciencia, para catapultarnos hacia otras dimensiones. Ésa es la piedra filosofal que perseguimos la mayoría de los narradores, y quizá con más motivo los que, como es el caso del cineasta, trabajan con estímulos tan primitivos como la imagen en movimiento y el sonido.

En ese sentido, estas Películas para la Penumbrapodrían considerarse un relevo del siglo XXI de Los Paraísos Artificiales de Baudelaire.

Dicho esto, sólo falta añadir como conclusión inevitable que a partir de ahora, Vicente Muñoz Álvarez va a convertirse en mi camello particular. Cuando la ocasión lo requiera acudiré a este libro en busca de mercancía de la buena, recorreré sus páginas hasta encontrar la dosis de droga psicotrópica que mejor se adapte a cada circunstancia. Acto seguido, buscaré dicha droga y me sentaré a disfrutarla en mi pantalla. Si se fijan, en algunos de los capítulos el camello Muñoz Álvarez sugiere cuáles son las circunstancias ideales para videar cada película. 

Invito al lector a guardar este libro en el rincón alucinógeno de su estantería, entre la O de opio y la S de setas. Le invito a elegir las obras reseñadas en él para viajar en días especiales. Días especiales para pelis especiales: Si entras en ellas, ellas entran en ti, te transforman, desencajan algunas piezas en tu interior y, merced a alguna misteriosa alquimia, sus efectos trascienden la duración de su metraje.


Juanjo Ramírez Mascaró, epílogo para 
Cult Movies: Películas para la Penumbra 
(LcLibros.com, 2018)


Booktrailer:


miércoles, 13 de febrero de 2019

EL PASO QUE SE HABITA: Esther Peñas.




Practica Esther Peñas una poética densa como un racimo. Ancha, con más verbos que nombres y nombres que adjetivos. Alberga opuestos, da testimonio, rinde cuentas de la experiencia, libera anhelos, proclama alguna certeza. Una suerte de camino de perfección donde el murmullo de la desesperanza deviene verbo creador a cada paso. Una escritura en cascada, un fragor de voces resuelto en río de palabras –paso, torre, piedra, raíz, rama, madera, por citar solo algunas-, cauce de símbolos poderosos, que convoca a quien lee a un ejercicio de meditación sobre el amor más hondo, otro conocimiento o desconocimiento, ese «reino pequeño de la fiebre» que Esther Peñas en El paso que se habita sencillamente anuncia preñado de belleza.


martes, 12 de febrero de 2019

LA POESÍA ES LA DESTRUCCIÓN DEL POETA por RUBENSKI PEREIRA




Muerte acaricia
cuando el poeta
entra en la hoja.
Hoja traumada por el verso.
Es fuga, caída,
y escapa.
Tiene el fuego en sus bolsillos, explota.
Florece en la inmundicia y la belleza.
Muere viviendo su existencia
y la de otros.

Escapa en zarpazo voraz
del papel,
dejando sobre él
la inscripción de un pedazo de mundo.

El poeta en su umbral
donde sangra y vive,
nace, no es cementerio de alma,
muere y renace.

Va en el valle,
en las sombras,
persiguiendo soles y lunas.
Es el sueño de vivir como un ángel,
poeta caído de la nube.

Viaja en la carbonizada imagen
de la página y la pluma,
terremoto de palabras.
Ir por el bosque en feliz agonía.
Ser eco del silencio,
la tormenta de la noche,
pluma ensangrentada.

En pasos melancólicos
se adentra en su espíritu.

Con su manto raído exclama
a los vientos del bosque:
¡Existo! ¡Existo!
Camina en soledad
pisando otoño.
Descubre en su poesía,
En su cuaderno,
en su mirada
y en sus dedos magnéticos,
una imagen.

La poesía es la destrucción del poeta,
muerte acaricia al teclear la máquina.
Y cuando muere,
renace, vidente de esferas y ensueños.
El poeta crea cuando es destruido.

Se desliza en horizontes lejanos.
Flota en estrellas desgarradas.
Sigue en el sendero,
arde su piel.
El dolor por el suicidio
vive en cada huella,
en cada reflejo
de la feliz agonía.
La poesía es la destrucción del poeta.


Rubenski Pereira, de Latido izquierdo (Chamán Ediciones, 2018)


lunes, 11 de febrero de 2019

VAMOS A NO LLEGAR, PERO VAMOS A IR por DOMINGO LÓPEZ




A la memoria de Álvaro B.

Éramos casi irresponsables, casi insolventes, casi noveleros, casi menesterosos, casi ilusos, casi crápulas, casi poetas… Y éramos jóvenes. Defendíamos a capa y espada la poesía de Cesar Vallejo, los cuentos de Cortázar, la trompeta de Charlie Parker, el guitarreo de Kortatu, la voz lastimera de Gardel. Defendíamos a muerte el Frente Sandinista, el Frente Patriótico Manuel Rodríguez y cualquier frente que surgiera en cualquier parte para tocarle las narices a la oligarquía, al Tío Sam y al resto de mandamases occidentales. Éramos carne inútil de FP, carne de una mili maldita, carne explotada de vendimia, carne resignada de INEM. Éramos todo eso y algunas cosas más mientras el tiempo y la vida nos iba agarrando poco a poco por los huevos. Y cuando nos dimos cuenta, éramos ya sobrevivientes, teníamos un currelo odioso cualquiera, unas novias que compartían vagamente nuestros disparates libertarios y nuestros sueños literarios, pero que a la hora de la verdad, a efectos prácticos, nos ponían los pies en el suelo. Y tras la semana estúpidamente laboral, los sábados por la noche nos lo fumábamos y nos lo bebíamos todo, casi pastoreados por ellas, tan condescendientes. Y nos reíamos, nos carcajeábamos por las calles de la madrugada como solo pueden hacerlo dos compinches borrachos, los brazos sobre los hombros, cantando a las barricadas o adelante marchemos compañeros o Dolores se llamaba Lola o rechiflao en mi tristeza. Pero ya intuíamos que eran los últimos disparos de nuestro particular ejército vencido porque nos esperaba el lógico fracaso, la retirada por caminos paralelos que se irían poco a poco bifurcando en la forma de un casamiento, una hipoteca, la letra de un coche, un hijo o dos, mientras nos agarrábamos al empleo de mierda como a un salvavidas hasta el día patético que nos jubilásemos o la diñáramos de cualquier cosa. Era la inevitable caída en picado, sin paracaídas ni gloriosos cortes de manga. Qué bueno, broder, que ya lo sabíamos, que en algunas de aquellas primeras noches de chavalotes de barrio, de porro compartido y futbolín, nos mirábamos fugazmente y nos decíamos, con dos cojones, compadre, todo va a salir mal y nos parece estupendo.


Domingo López, del libro inédito La vida fulana.

domingo, 10 de febrero de 2019

AUTODESTRUCCIÓN por MARÍA GUIVERNAU




Mi autodestrucción,
lo que me convierte
verdaderamente
en una bomba de relojería
a un paso de estallar siempre,
podría basarse
en que sé
cuáles son mis limitaciones
pero desconozco
dónde están la mayoría
de mis límites.
Así de simple.
Así de complicado.


María Guivernau


jueves, 7 de febrero de 2019

SWEET SALVATION por PEDRO CÉSAR A. VERDE




Sweet salvation, baby
Melts my heart made of stone
Please guide me and carry me on
Sweet salvation is
For this man made of stone
Please hold me and embrace my soul

The Cult

venimos de un lugar perdido, 
donde la noche es un día equivocado 
y las nubes escupen mariposas calcinadas
a la tierra

el dolor ha sido necesario para poder llegar aquí envenenados por un torrente helado de intemperie corriendo por las venas

¿es preferible conformarse con la fría protección de una mano muerta? 
¿es mejor besar sin sed la luz de una vieja vela 
a sentir dentro de la boca la dulce violación de una lengua eléctrica?

y las partes de mi cuerpo abandonadas
en alguna habitación 
invadiendo ese lado que nadie sabrá nunca ya ocupar 
y las partes de tu cuerpo esparcidas 
en alguna habitación sin luz, sin voz, sin nombre...

pero escucha, la paz ya parece que se acerca, 
tu cuerpo desnudo cuando duermes
agua en calma en la que todas las mentiras
que nos han seguido hasta aquí 
lanzan un último estertor y se sumergen

me asomo a través de un resquicio en la ventana mirando hacia un lejano resplandor
y sonrío

es precioso ver 
cómo todos los demonios 
se consumen lentamente en su infierno 
allá fuera


Pedro César A. Verde