sábado, 17 de octubre de 2020

CULT MOVIES en LA CABINA DE NEMO




La enorme versatilidad como escritor demostrada por Vicente Muñoz Álvarez desde sus inicios se ve refrendada por su actitud como espectador-crítico de cine de género, cualidad que lleva en la sangre. Desde el inaugural Cult movies. Películas para llevarse al infierno, publicado por Eutelequia originalmente y reeditado recientemente por Lclibros.com, pasando por Cult movies. Películas para la penumbra, editada por Excodra y también reeditada por Lclibros.com; hasta la más reciente aportación a la trilogía, Películas que erizan la piel, Canalla ediciones, 2019; conforman una pequeña enciclopedia para amantes del cine del género de terror. Con un estilo que navega entre la crítica impresionista, la reseña y la literatura, nos adentra en un mundo de films que se convierte en un viaje personal por un género tantas veces denostado, pero que como demuestra el autor está lleno de auténticas joyas que nos acerca de forma impecable, pues como dije antes no estamos ante una mera acumulación o guía de películas para adentrarnos en el terror, estamos ante una auténtica semblanza del verdadero cine de género vista desde el ojo crítico del lector-observador de un género que hace mucho traspasó el libro para plasmarse de forma autónoma en la gran pantalla. 

PM. ¿Cuándo comenzó tu interés por el cine de género? 

Ya desde niño me apasionó el género de terror, tanto en el cómic y en la literatura como en el cine, y ha estado siempre presente en mi vida. Las razones las desconozco, el por qué a unos nos interesa y a otros no, pero en mi caso en concreto puedo decir que, efectivamente, lo llevo en la sangre. Desde mis primeras lecturas de Lovecraft y Poe, pasando por las películas clásicas que proyectaban en los cines de barrio y en la televisión, los cómics especializados de entonces, SOS, Dossier Negro, Vampus, Creepy, las escalofriantes Historias para no dormir de Chicho Ibáñéz Serrador, etc, etc, hasta estos libros sobre cine de culto recientes, toda mi vida y obra literaria ha estado mediatizada por el género. 

PM. ¿Recuerdas cuál fue la primera película de terror que visionaste? ¿Qué impresión te produjo? 

No con exactitud, a tanto mi memoria no llega, pero posiblemente fueran las ya citadas Historias para no dormir, que emitían por la televisión a principios de los años 70, mi primer contacto con el género. Yo tendría por aquel entonces seis o siete años, fin del régimen franquista, en una España de transición y de cambio, y aquellas películas calaron hondo en mi corazón. Luego vendrían los monstruos de la Universal y la Hammer, los clásicos de Alfred Hitchcock (en especial Psicosis, que me aterrorizó como ninguna), etc, pero son, como digo, esas pavorosas Historias para no dormir las primeras que recuerdo... 

PM. ¿Qué te empujó a comenzar a escribir la trilogía que culmina con Películas que erizan la piel

No fue algo premeditado, la verdad, porque yo no soy ni he sido nunca crítico de cine, sí un cinéfago empedernido, pero no crítico, y nunca me había planteado escribir en profundidad sobre el tema. Fue a raíz del blog Resaca/Hankover, que Patxi Irurzun y yo creamos para dar promoción a la antología del mismo título, homenaje a Charles Bukowski, que editó Caballo de Troya/Mondadori en 2008, cuando, más como un divertimento al tono del blog que como un proyecto serio, decidí abrir una sección titulada Cult Movies, donde reseñaba las películas que desde niño más me habían impactado. La consigna del blog, al margen de publicitar el libro, era la de ser una plataforma de cultura subterránea en la que dar cabida a textos y autores afines al espíritu de la antología, y se me ocurrió que una sección de cine de género y culto podría suscitar interés. Así comenzó todo. Luego, las reseñas se fueron acumulando con el paso del tiempo en el blog, hasta que la editorial Eutelequia me propuso reunirlas en un libro, que titulé Películas para llevarse al infierno (2011) y fue el primero de la trilogía. Y a partir de entonces ya sí, me propuse escribir los dos restantes volúmenes, Películas para la penumbra (Excodra, 2015) y Películas que erizan la piel (Canalla Ediciones, 2019), dedicado íntegramente al género de terror. 

PM. Hasta ahora hemos hablado de cine de terror, pero si algo caracteriza tu selección es la amplitud de miras con la que abarcas el género, podemos encontrar desde clásicos modernos como Martyrs o Calvaire, hasta otros títulos que aparentemente se alejan de los cánones del género como Supervixens. ¿Cuál ha sido el criterio, más allá del que se nos muestra en el título "películas que erizan la piel", para aunar todo este ingente material que nos presentas en la trilogía? 

Más que una guía sobre cine de terror en sentido estricto, me interesó en este último volumen de la trilogía, Películas que erizan la piel, reseñar y comentar filmes desasosegantes y estremecedores, escalofriantes, morbosos y extraños, sin preocuparme de que los puristas los consideren o no de terror según los parámetros habituales del canon. Es decir, el único criterio que seguí a la hora de seleccionar los 200 títulos que integran el libro fue el de mi propia subjetividad, y en todo caso, eso sí, que fueran (salvo un puñado de excepciones que no pude resistirme a incluir) poco conocidos por la gran mayoría . 
PM. Si hay algo que haga particularmente difícil de clasificar al género de terror son las abundantes etiquetas y subetiquetas que propone la crítica y que han ido surgiendo a lo largo de la evolución de un cine que sigue en continua expansión, se habla de exploit, gore, slasher, zombies, fantasmas... ¿Con qué genero te sientes más cómodo delante de la pantalla y cuál te inquieta más? ¿Tienes preferencia por alguno en concreto o estás abierto a todo tipo de visionados? 

Quizás con el thriller psicológico, que es de mis favoritos, aunque en principio estoy abierto a todo tipo de géneros y subgéneros. En cualquier caso, me interesan más los filmes de terror que insinúan que los que muestran, el suspense que el gore, por ejemplo, y los fantasmas que hay dentro de nosotros mismos más que los que pueda haber fuera. 

PM. Continuando con la pregunta anterior. El cine de género en ocasiones rompe los límites de lo establecido. En un mundo dominado por el buenismo y lo políticamente correcto, se podría decir que el terror ha conseguido saltarse estos límites y convertirse en un espacio de libertad que en ocasiones toca temas tabú para la sociedad. Podemos recordar dos casos, Nekromantic y The Human centipede, ambas reseñadas en tus libros. ¿En alguna ocasión te has encontrado con alguna película que después de visionarla no hayas sido capaz de incluir en tu libro por su extremada libertad creadora? 

Tienes mucha razón en eso de que el género de terror, tanto en el cine como en la literatura, es un espacio de libertad y una realidad aparte, al margen de las servidumbres políticas, éticas y económicas de otros géneros. Así que dentro de él nos podemos encontrar de todo, y ciertamente cosas que jamás podrían caber en los demás. Las dos películas que citas, Neckromantic y The Human centipede, por ejemplo, son buena prueba de ello, por no hablar, salvando las distancias, de filmes como Saló, de Pasollini, la adaptación de Las 120 jornadas de Sodoma del Marques de Sade, una de las películas más truculentas y controvertidas de la historia del cine, sin ser exactamente de terror. Quizás el único filme que decidí no incluir en el libro por lo que comentas fue A Serbian Film, que me dejó un mal sabor de boca, no tanto por su dureza, sino por su mensaje de fondo, que me resultó particularmente desagradable. Aunque el libro, para bien o para mal, está lleno de películas extremas igual o más polémicas que esta, sin duda. 

PM. En tu libro te atreves con verdaderas obras de culto, con un componente críptico y de extrañeza absolutos, tal es el caso de Begotten, película que aborda el mito de la creación desde un personalísimo punto de vista. ¿Qué consejo darías a un espectador medio que se acercara por primera vez a un cine tan especial? 

Como antes comentaba, me interesó más en este libro reseñar películas como la que citas, Begotten, con ese componente críptico y de extrañeza que mencionas, que películas consideradas clásicos del género, que todo el mundo conoce y sobre las que hay ya mucho escrito. Igualmente podríamos citar El sanatorio de la clepsidra, El incinerador de cadáveres, The devils, Lucifer Rissing y otras muchas, auténticas joyas del séptimo arte que transcienden todas las etiquetas y géneros y se clavan como un dardo envenenado en el subconsciente. Mi único consejo respecto a este tipo de cine experimental es acceder a él sin prejuicios y dejarse llevar por su magnetismo y embrujo. 

PM. En el amplio espectro de producciones cinematográficas que tocas en tus libros tenemos ejemplos que van desde los inicios del cine hasta lo más actual. Desde la serie B a la Z. ¿Podrías recomendarnos tres films, uno de los principios del cine, otro de los años 50-60 y otro más actual, y decirnos por qué lo haces? 

De los comienzos, por ejemplo, Vampyr, la bruja vampiro (1932), vaporosa y evanescente, de Carl Theodor Dreyer, basada en la Carmilla de Sheridan Le Fanu, que conserva intacta su aura de pesadilla romántica y ensueño de opio, y es una de las películas sobre vampiros más elegantes de la historia del cine. 

De los años 60, tal vez, por su rareza, A medianoche me llevaré tu alma (1963), de José Mojica Marins, de culto donde las haya, truculenta y sadiana, irreverente e inolvidable, y que aún hoy, por lo tremendo de su planteamiento, sigue erizando la piel. 

Y más reciente ya, Martyrs (2008), de Pascal Laugier, un viaje alucinante al fondo de la perversión humana, que renueva, por su inteligencia y ferocidad, los pilares del género. 

PM. En estos tiempos de violencia explícita, donde tantas veces se ha demonizado al cine o a la literatura de terror, porque, según los expertos, ha inducido o provocado determinados comportamientos violentos que rápidamente se desvinculan de la libre posesión de armas o de comportamientos supremacistas, xenófobos, etc. Como lector-espectador de terror, ¿qué opinas de estos maniqueísmos políticos y tergiversadores que desvían la atención desde lo verdaderamente importante, los intereses económicos, hacia un arte denostado por su contenido y fácilmente atacable como el terror? 

Lo que opino, independientemente del género, de todo el arte en general: que debería estar al margen de las modas, la política, la economía y la ética, y hacer lo que siempre ha hecho: ser crítico con la realidad, sin duda violenta y cruel, que el hombre ha creado, y testigo y reflejo del tiempo que le ha tocado vivir, le pese a quien le pese. 

PM. Al hilo de la pregunta anterior, en una entrevista reciente decías que el verdadero terror es la sociedad capitalista. ¿Piensas que el cine de terror se puede convertir, como ya hizo George A. Romero con sus zombies, en un reducto de crítica política y social, más allá de su valor como entretenimiento? 

Sí, y de hecho creo que ya se ha convertido en eso hace tiempo, al menos cierto tipo de cine de horror, con Romero, efectivamente, como paradigma. Los zombies como ciudadanos enajenados por el sistema, la economía y los poderes públicos en las sociedades capitalistas modernas... qué mejor metáfora de la realidad que vivimos. 

PM. Si hay algo que da valor a esta trilogía es su valor literario, muchas de las películas referenciadas son a su vez conectadas en una enorme red de lecturas de género de las que eres gran conocedor. ¿Cómo valoras la intertextualidad que se da entre el cine y la literatura de género? ¿Crees que esas concomitancias enriquecen cine y literatura? ¿Podemos hablar en algunos casos de hibridación del discurso, es decir, el cine de terror tiene mucho de literario y la literatura de terror tiene mucho de cinematográfica? 

Sin lugar a dudas, fue una de las premisas que me propuse al escribir estos libros, mostrar las conexiones de todas las películas que reseño con las obras literarias de las que proceden, que es lo que en el fondo, como escritor, más me interesaba, y hablar de literatura y de cine a la vez, de sus lenguajes complementarios y de su mestizaje e hibridación. Esa es la principal diferencia de esta guía respecto a la gran mayoría: que el punto de vista desde el que se abordan las películas es el de un escritor, no el de un crítico de cine, con todo lo subjetivo y literario que ello implica. Y que agradará tanto a cinéfagos como a escritores y lectores, descubriéndoles muchas anécdotas y curiosidades que seguramente ni unos ni otros conozcan. 

PM. No quiero terminar sin abordar uno de los temas que como espectador de cine de terror más me preocupan actualmente. Si tradicionalmente la brecha entre el cine oficial, léase Hollywood o Blockbuster, y el cine de autor, la serie B o incluso la Z, era muy grande, en la actualidad el cine de terror que se consume en las salas de cine se ha convertido en una sucesión de ruidos, golpes e imágenes generadas por ordenador que nada ofrecen de nuevo a los espectadores del género, un cine, por así llamarlo para adolescentes que tienen en las salas lo que esperan ver. Como en tantas otras parcelas del arte el cine está ampliamente contaminado por las leyes de mercado. ¿Qué opinas de esta situación y hacia dónde crees que va el cine independiente en el género de terror? 

Efectivamente y tal cual apuntas, cada vez es más grande la brecha entre cine comercial e independiente. Siempre, de hecho, lo ha sido, pero aún más en la actualidad. Dos tipos de arte y de cine, el puramente comercial y el de autor, para dos públicos completamente distintos y con diferentes mensajes y metas. E imagino que cada vez será más acusada esa brecha, yendo uno y otros por muy distintos caminos.


Entrevista de Pablo Malmierca, en La Cabina de Nemo Nº 7.


viernes, 16 de octubre de 2020

COLUMNA DEL MIEDO: Eduardo Boix.




El 19 de diciembre de 2010 mi abuela/yaya Carmen falleció a causa de esa enfermedad llamada alzhéimer. Una mujer vital a la que la vida había endurecido como a tantas otras de su generación. Sobrevivir a una guerra, a su posguerra y a cuarenta años de oscuridad ha hecho que la admire más allá del amor que le pueda profesar como nieto. El pasado 1 de abril de 2015, tras cumplir 35 años y estar ya en el limbo administrativo de la juventud, me creí en la obligación moral de dar voz al recuerdo recurrente que atormentaba a mi abuela. El alzhéimer hizo que reviviese constantemente y de forma precisa el bombardeo del mercado de Alicante, perpetrado por las tropas italianas de Mussollini el miércoles 25 de mayo de 1938. Ella siempre nos contaba cómo, tras el estallido de una de las bombas, la metralla decapitaba a una mujer que seguía corriendo sin cabeza. Ese fue su último recuerdo, aquello lo vivió con 8 años. De estas vivencias surgió Columna del miedo, un libro de relatos que habla de la desolación de vencedores y vencidos, del dolor, de la pérdida, siempre bajo el prisma de alguien que simplemente ha sido espectador de todo.


lunes, 12 de octubre de 2020

PARAMERA por GSÚS BONILLA




en los comentarios al margen
os lo decía
que hay cosas que la gente olvida
en los libros de hierba
y en los cuadernos de historia

sé que vivimos tiempos difíciles
porque las tiras de pollo son tan pequeñas
que parecen hebras tiradas por bueyes
durante la longitud del camino

infinitamente delgadas y extensas
casi rozando el próximo día
en la expiración de los meses

me gustaría saber el lugar que ocupa la luz
enhebrar un chorro de agua más clara que turbia
y ver, sobretodo, la manera en la que el gas
el que nos protege del frío
aprende cualquier otro oficio

siento que, bajo el patronato de las semanas pasadas
los alimentos están delimitados

con borduras de un plástico blando
parecido a una cinta de franjas
siempre paralelas y equidistantes

siento que, son de un color amarillo acoplado a otro negro
igual que el sonido que produce mi grillo
por el roce de la punta en la conclusión de sus alas

siento que, a veces esos mismos colores son el blanco y el rojo
como los de una clavellina que florece en primavera
y se marchita cuando llega al medio verano

siento que, ningún cortafuegos va a parar este incendio
cuando se prohíbe el paso a todos aquellos
los de las bocas abiertas
los de las bocas sin dientes
los de las bocas sedientas
loa de las bocas hambrientas

siento que, bajo esa excusa
la aguja va para atrás, hacia una historia ya escrita
llena de sangre y frutos secos

siento que, nos pasan las mismas cosas
una y otra vez, a los de siempre

siento que, ya no somos ni mujeres ni hombres sino una forma helicoidal
que muere para nacer
en la arista de un yerro
en lo profundo del pozo
en el asunto de un cacique o ministro

seamos, quizás, un equivalente
igual que la sombra de un árbol seco

siento que, el reloj se ha parado
y siempre que caigo en la cuenta
se me aparece una libélula inmóvil masticando una masa de polen
en la bordura floral de un río calmado

su agua tranquila
es decir, el ídolo de ayer
era un encéfalo con ojos extremos

siento que, todo lo abarca

sé que me mira cuando comienzo a escribir el desastre

y siento estar agotado, ahora
al final del poema
restante, tal que una tierra sin tener más qué decir
en la nada próxima de la cosecha
esto es, una tierra que no soporta otro cultivo

si es que a alguien le interesa


Gsús Bonilla

https://www.facebook.com/annartistbook

BAILAR, SE TRATA DE ESO (Libro + CD): Kike Turrón / Turrones.




«Bailar, se trata de eso, es el trazo ciego de un pincel. Doblemente ilustrado, imágenes que leemos y plástica que excava el cielo, que hasta música de altoparlantes tiene. Para cuando se nos vacía el pecho, un rayo color esperanza —y primeras luces de la mañana— alumbra tibio el destino del baile». 

Andrés Calamaro

«Como todas las buenas historias esta no es lo que parece, o no lo es solo. Su doble fondo oculta una reflexión sobre las reglas del consumismo, la tiranía de los deseos que nos impone la publicidad de toda clase y es una alegoría que nos recuerda que lo que distingue a las cosas que realmente importan es que no son cosas».

Benjamín Prado


domingo, 4 de octubre de 2020

EL IMPOSIBLE LENGUAJE DE LA NOCHE



Así suceden las cosas: la luz va llenando todo, van entrando y se sientan alrededor de las mesas, algunos, en los sofás, otros, se acomodan en la barra y piden un cóctel. Miran a las chicas que pasan en busca de alguien. No nos importa de dónde vienen o qué han hecho antes de venir aquí: discutir con sus mujeres, engañar a sus maridos, emborracharse después de salir de la oficina, pero todos vienen en busca de los mismo. Ellos prefieren ser anónimos en este espacio rojo donde, por un momento, van a ser otros, o mejor aún, van a ser nadie, van a escuchar una banda de jazz durante unas horas. Hablarán con alguien mientras fuera piden un taxi que los dirigirá de nuevo a sus vidas, pero durante ese tiempo han recibido el abrazo de la ciudad cruel, el abrazo partido que sabe tan bien, como la boca roja de esa mujer de la cual no sabes su nombre, y como recuerdo, ese olor robado, ese olor que ahora tendrás que esconder, o que se disuelve solo en el cuarto vacío que recibe tu desidia cuando llegas de nuevo a tu casa.

Joaquín Fabrellas,

de El imposible lenguaje de la noche 

(Chaman Ediciones, 2020)

https://chamanediciones.es/producto/el-imposible-lenguaje-de-la-noche-joaquin-fabrellas/


martes, 29 de septiembre de 2020

VEGA: Prólogo.



LAS HÉLICES DEL ÁNGEL

Manuel J. Ruiz Torres 

Dos imágenes poderosas sitúan las coordenadas de este exigente libro de Ramón Guerrero. La primera, marca el espacio donde todo sucede y está en el propio título, Vega. Ese terreno llano, bajo y húmedo que evoca fertilidad. No tendrá una ubicación geográfica exacta porque ese espacio, donde recuerdos, vida e incertidumbres se irán entrecruzando permanentemente, es descrito mejor como un estado de ánimo. De hecho, el libro recorre ubicaciones -o conmociones- distintas para mostrarse resultado de todas ellas. Esta vega emocional es llana en su naturalidad, baja en la escogida ubicación de su enfoque y tan húmeda como resbaladiza. La fertilidad, como sentimiento mucho más hermoso que la utilidad, irá desgranándose como declaración de intenciones. 

La otra imagen rotunda nos señala quién protagoniza esa vega anímica. Quiénes, mejor. Está en el poema Fallen, que alude al ángel caído de Azazel, condenado a un vagar impreciso por la Tierra, tomando cada vez el cuerpo de otras personas. En cada existencia nueva debe vivir con intensidad esas vidas que ocupa, ser alguien distinto. Guerrero consigue, sin abandonar el yo singular desde el que escribe, hacerse plural. Explica ese sentimiento inquietante de reconocernos, muchas veces, tan distintos a quienes fuimos, tan contradictorios, tan vulnerables. Pero consigue, además, una empatía extrema con quienes nos rodean, en una poesía social que nunca le escatima la condición de persona única, irremplazable, a quienes forma, con nosotros, eso que, con vagancia o vaguedad, llamamos pueblo o gente. En ese salto de un alma a otra, el libro pasa de hablar de uno mismo a hacerlo de los demás, en defensa propia, tan iguales como para cobijarnos. Y, en otro salto, con nuevos reconocimientos, nuevas abducciones, volver a hablar de lo que se es ahora. 

Vega no describe una trayectoria lineal, de hechos y consecuencias, porque no es así de fácil lo que aprendemos de la exposición a las emociones. 

Como en espirales, sigue curvas que se van alejando progresivamente del centro, que es la infancia olvidada a la que enseguida da una nueva oportunidad de reconstrucción, la infancia de su hija. Y como en las espirales de caracol, a la vez que se aleja del centro, gira alrededor de él. Pero si los poemas pueden seguirse con esta representación en un plano, el libro tiene otra dimensión espacial, las músicas sugeridas (Springsteen, las cuerdas de un desierto “como un gas que ladra”, los cantos de meditación). El libro va generando un helicoide como la concha de un caracol, una de las mandalas que representan simbólicamente el cosmos. Mandalas que, para Jung, eran expresiones del inconsciente colectivo. De nuevo lo común, lo que nos hace delicadamente iguales. 

Vega se hace transitable antes de llegar a ser fértil. No es camino recto, ya se ha dicho, como tampoco fácil. La ronda de presos debe volver muchas veces sobre sus pasos mientras sueña, o planea la fuga. Mientras aprende a fagocitar los sentimientos invasores, la ceguera, las renuncias o el cansancio. “El lamento es un delito”, encontraremos escrito en un lugar que ya señala la salida. Aún habrá que seguir un buen trecho por ese laberinto de sordera, de cerrados reinos de barro, de rejas adquiridas, muchas veces con beneplácito. La pelea no es limpia: hay sangre, hay puñetazos, hay bostezos. Pero avanza en círculos cada vez más abiertos, cada paso más cerca del rescate. Una puerta roja abre el recuerdo al hermano, otro rastro de la infancia. En muchas culturas las puertas rojas son llamadas a la protección, alientan la buena suerte. En China invitan a entrar, en Escocia anuncian que ya pagamos nuestras deudas. 

Suelen ser las más rigurosas las que contraemos con nuestras propias expectativas. Pero también se saldan. “Solo el mal viajero regresa sobre sus pasos”, dirá con preocupación. Y, a partir de ahí, Ramón Guerrero acaba las espirales y traza una senda directa, limpia y, al final, luminosa. En Vega ya florida, el mundo no es más sencillo que antes, ni menos minucioso, pero Ramón encontró perspicacia suficiente como para atreverse a contar hasta veinte motivos para ser feliz. O hacer una lista, incompleta como sabe, pero valiente, de lo que le gusta y lo que no le gusta. Se trata de poder regresar a casa contento con uno mismo, honesto en ese itinerario. Contarlo con detalle, porque ni la vida la quiere privada, convencido de que muchos albergamos dentro el mismo ángel. 

Que eligió caer en la tentación.



viernes, 25 de septiembre de 2020

IN NOMINE PÁTER por ELÍAS GOROSTIAGA

 


Creo más en mí que en los gusanos,

en mi mano derecha y mi navaja.

Me muerdo los labios, la lengua,

trago la saliva para no escupir sobre tu nombre.


Miro esas piedras y esos castillos

hasta donde me llega la vista y duele mirar.

Escucho el calor en los muros de adobe,

la gata que ha parido en la leñera,

la guadaña que cuelga oxidada e inerte

pero atenta a las hierbas y a las piernas.


Nací antes que tú,

en una tierra con río y escorpiones,

con barbos, anzuelos y sedales, jabalíes, ortegas.

Me eduqué con esmero pisando hielo y barro,

fumando en las cuestas,

sin tener nada más que los bienes de mis antepasados

y un juez ahorcado en una viga,

al nacer el verano,

por deudas y honor.


Esos eran los colegios, las escuelas,

los restos humanos entre los escombros,

bajo las iglesias

y sus cementerios.


Esos eran los consejos:

no muerdas la mano que te da de comer

pero muerde, hínchate

en los banquetes de boda, en los funerales,

en las verbenas después de recoger las cerezas,

al final del verano después de cosechar el trigo, de vendimiar,

en invierno cuando entres a las castañas y cada vecino mate a su cerdo.

Que no se note tu hambre.


Y si es así yo te daré paz en la tierra, en el nombre del padre.


Lo recuerdo gravado a fuego, todo en esa tierra

era en su nombre, en el nombre del padre

del que nadie, ni siquiera las mujeres, ni los niños, ni los derrotados pueden huir.


Elías Gorostiaga, de Cuerdas de plata (Diario de Jaén, 2020).


martes, 22 de septiembre de 2020

BOSQUEJO DE UNA BIOGRAFÍA DE CUALQUIERA por PEDRO ANDREU



A los cuatro, me escapé de la guardería
para perseguir gatos abandonados en el parque.
A los diez le abrí la cabeza a mi mejor amigo
con un ladrillo: cien puntos. Y una vida extra de milagro.
A los doce nos desahuciaron del piso
y mi padre ocupó un motel abandonado a las afueras.
Nos daba de comer latas que calentaba
en un hornillo en el aparcamiento.
A los trece descubrí que la literatura
era un pájaro negro que devoraba por dentro
mis gusanos. A los quince me largué a Barcelona.
Y la guardia civil llevándome de vuelta a los seis días.
Y mi madre llorando. Y la única vez que me pegó mi padre.
Nunca me olvidaré del cinturón de cuero entre sus manos.
Hecho en España a mitad de los ochenta.
A los diecisiete conocí las drogas y el amor,
que corría sin cabeza por el patio, como el pavo
de navidad al que mi abuelo cortó el cuello
de un tajo con un hacha.
A los veinte abandoné una carrera y me largué
catorce meses a las playas de Bali a fumar marihuana
y a pensar que la vida era una carabela
portuguesa llamándome.
A los veintiséis enterramos a mi padre
debajo de una higuera.
A los treinta he vivido con la mujer más rubia
que nunca había imaginado.
A los cuarenta visito cada sábado a mi madre,
que vive en una residencia para ancianos.
Me la llevo a comer a restaurantes familiares
y dejo que me hable de la vida como si desde las afueras
todo fuera más nítido y lejano,
y a momentos parece
un perro que persigue su cola hacia el alzheimer.
A los cincuenta, el futuro me espera.
No sé si llegaré jamás a los sesenta.
Nadie quiere tener setenta y siete años,
cuando los días han de ser una escopeta
descargando cada vez más cerca de tus pies.
Mi abuela vivió ciento catorce años.
Parece que a la muerte le temblaban las manos con ella.
Y que tardó bastante en acertar su corazón de porcelana roja.

Pedro Andreu


lunes, 21 de septiembre de 2020

CLAVOS EN EL ALMA por JOSÉ MANUEL VARA




«Las letras aquí escritas son un latido de dos caras de la misma moneda: la templanza de quien se acepta con una grieta de piel y el grito de rabia que algún día tuvo un lugar. En este sentido la aparición de la poesía en prosa se convierte en el fondo de armario que permite comunicar aquello que en su momento se enquistó en alguna parte del cuerpo y así respiramos, profundo y sosegado. La voz que resuena en este libro no es aquella que tiene como punto de partida el dolor caliente de víscera, sino la que mira desde un ático aquello que pasa en el asfalto, como si de un espejo se tratara.»


viernes, 18 de septiembre de 2020

6 POEMAS de VEGA por RAMÓN GUERRERO



 LOBA

Tu conquista fue conquistarme

mirarme

redescubrirme sin que te viera

como pieza original

como huella indeleble

en tu memoria

que existe como papel mojado

papel de agua y limón invisible

donde labios y voz

acunaban secretos huecos

el tintineo de las monedas

en caderas anchas

mi escudo en el que descanso

guerrero agotado

sobre el río del deseo

sin aullidos

sin manadas

solo.


   MEDIDA

Qué distancia tan hermosa

puse ante ti

la de saberme fuerte yo.


TREGUA

Alégrame el corazón

contágiame enfermedades

elévame y entonces

descansemos en las montañas.

Juntos buscaremos sabiduría animal.

Más tarde bajaremos a la ciudad

donde nadie nos espera

encenderemos la luz

hasta que nos condenen

por infractores de leyes impuestas

no nos hundirán

e iluminados abriremos las alas.

Será un día de luna nueva

de piedras

de cantos rodados

guijarros que se bañarán

en la cascada de una auténtica

libertad.


VESTIGIOS

No recuerdo la infancia.

Las fotos que quedaron

no me dicen gran cosa.

El niño que fui

se esconde en otro niño

que tira de una cabra.

No hay perros

ni gatos

ni pájaros

solo un llanto escondido

un secreto que cae a la sima

temblando y con miedo.

Mi nombre ya es su nombre

y no acaba la noche profunda

más bien parece que el frío

quiere saber más de la vida

y la vida

vertiginosa

muere estampada contra el reloj.


ALU

Alas para volar

hasta lo perdido

hasta lo oculto.

Deseo

miedo de llegar

y no encontrar

memoria alguna

de lo que fue

de lo que se persigue

y aún no has contemplado.

De frente

corre hacia el acantilado

escupe

llora lo necesario

desnuda de ideas

sin misterio alguno

lanza tu cuerpo al vacío

ve hacia ya llamada

sombra ya de ti.


TENGO MI VERSIÓN DE LOS HECHOS

La muerte acierta muy pocas veces.

Los animales y sus costumbres

nos consuelan de las nuestras.

Bajo el puente de los enamorados

están enterradas las cosas que yo amo

un soldadito de plomo que no habla

las bromas que me ha ido gastando la vida

las heridas inflingidas en aserraderos nocturnos.

A la luz de la luna

a los latidos del viento

no regresaré jamás.

Aquí me quedo con los ojos cerrados

en lo alto del lenguaje.


Ramón Guerrero,

de Vega (Donbuk, 2020)

https://www.donbuk.com/producto/vega-ramon-guerrero-fisico/


jueves, 17 de septiembre de 2020

AVIARIO por GSÚS BONILLA



Hace unos tres meses, más o menos, os apuntaba por aquí el interés de una editorial, valiente en este caso, por la serie de textos que bajo el hashtag #Aviario iba posteando en esta red social durante la sucesión de días del confinamiento, el no confinamiento y la desescalada. Pues bien, ya es un hecho los kilogramos de celulosa que Altolibros ha dedicado a la publicación de estos textos inconexos con forma de diario y a la que mi querido Enrique Falcón ha tenido a bien ponerles algo de coherencia con un magnífico prólogo para la ocasión.

He de decir que ya es un libro impreso, bello y cargado de encanto, pues Mariano Gamo ha elaborado toda una obra de arte con su diseño y la elección de láminas e ilustraciones antiguas que acompañan a algunas de las páginas, incluida la portada. 

También es muy importante para mí decir, subrayar, incidir en que el libro está dedicado y dicadísimo a la memoria de nuestra querida Reyes Monje, a la que tristemente perdimos en la fatalidad de aquellos días y que irremediablemente hube de personalizar en una de las prosas del diario, desde la cual, y a partir de entonces, los siguientes textos se cargaron de algo más violencia de la que me hubiera gustado. Por tanto, a todas y todos que conocisteis a Reyes y os rodeásteis de su inmenso amor este libro también es un poco vuestro.

Si es de vuestro interés, aquí os dejo el enlace de venta on líne. También lo podéis pedir o adquirir en las mejores librerías del estado español. Y yo que sé más, a mí últimamente me maravilla todo, vivo en un globo y me elevo con el aire caliente en busca de nubes. Pero nunca está de más dar millones de gracias, en este caso por vuestro cariño, por vuestra disposición al solicitar por entonces aquel pdf gratuito, también por haber reparado en el trozo más raro de mi yo. 


Gsús Bonilla


martes, 15 de septiembre de 2020

NO ME CULPES por JULIA ROIG


..

He sentido cómo se contraía por dentro tu recuerdo, en un ovillo mojado en tiempo y llamas. Serán los domingos suspendidos desde un hilo tenso que ata mi esternón a mi nuca. Será la resaca de tu cuerpo y sus sales y sus especias. Y seré yo intentando convencerme de la belleza en la arritmia que crece en este cuerpo mío, nido de carne.

Qué culpa tendré yo de tomarte por las espinas. 
Qué culpa tendré yo de que se nos parta en dos la sangre.

Frotas dos mundos, inventas paraísos entre tus muslos en tu búsqueda de infiernos que regalarme.
Así que vagaré en mi propio delirium tremens cada vez que me faltes y cuando me acerque a escupir la última gota maldita que inventaron los sádicos de la impaciencia, basta, seré incapaz de hallar el freno en la entraña. Me recrearé en el desvelo que me brindas de espuelas y estrellas y faldas.
Culpa a la sangre y a lo brusco del deseo, pero no me culpes a mí. Culpa a los martes y a las neveras que son las camas vacías. Pero no me culpes a mí. Culpa a los ceniceros infinitos y a las botellas de fondo imposible con sus sirenas y sus mares. Culpa a los poemas y a las camareras pero no me culpes a mí cuando salvaje y distraído me escapo de mí mismo y muero buscándote.


Julia Roig,


sábado, 12 de septiembre de 2020

4 POEMAS de BLUEBIRD por JORGE M. MOLINERO




Los pájaros miran
Al cielo   De su color
De la temperatura del aire
Dependen sus costumbres y
La necesidad o no de migrar

    Pero nunca se preocuparon
Un segundo de la complejidad
De la lombriz de tierra

Es la servidumbre innata del alimento

Igual que para mí carecen
De importancia
Los porqués de la lluvia
        Me pertenece
Nada más es relevante

      Lo que me enloquece es
La complejidad
De la lombriz de tierra

*

Tanto calor
Extraño
Para el mes
Derrite
La brea cercana

Miro a través
De la danza de los vapores

Un caleidoscopio despojado de aristas
Un mundo diluyéndose
Juega a sobrevivir en la bruma y
Veo claro
Créeme
Lo negro

Muy claro
Lo negro

Créeme

*

Comprendo a dios
Es fácil hacerlo con quien se aburre
De tenerlo todo

También al que lanza una piedra
Cuando no tiene más que esa piedra

Y comprendo al pájaro que
No sabe para qué sirven la alas

Es fácil seguir la costumbre
La fe no dista mucho de los ojos

*

La musa
   Es realmente
El poeta

     El poeta
Sólo es
La mano
Que firma
      El poema


Jorge M. Molinero, de Bluebird (Editorial Páramo, 2020).

https://www.editorialparamo.com/online-store/Bluebird-p227943033

viernes, 11 de septiembre de 2020

RONDA DE SOLOS: José Luis Carrasco.



«Música es una interpretación cerebral del ruido, lo que 
te lleva a pensar que un pájaro canta, cuando solo se trata 
de un macho en celo intentando reproducirse. ¿Te suena?»

ADOLFO SAULES

Para mi amigo Adolfo, la música consiste en una interpretación sofisticada de un fenómeno sensible. Es un alivio, porque en estos momentos no asisto a un concierto, ni compongo, ni toco, ni estoy en disposición de hacerlo. Me tendré que conformar con la banda sonora de Avilés

Trato de fijarme, pero no distingo el canto de ningún pájaro. Por encima de ellos se impone la amalgama de ruido de los motores de los coches, la melodía de un móvil, las conversaciones entre vecinos. Y me pregunto si formo parte de esta banda sonora, aunque sea con el ruido de mis zapatos, de mi respiración, el crujido de mis huesos. 

El idioma de la tecnología siempre habla más alto. El tren que llega, uno espera que con puntualidad, a su cita en la estación. Las alarmas de los semáforos que ayudan a los ciegos a cruzar el paso de cebra. El sonido de los manillares de las puertas que se abren y se cierran, los timbres que suenan a su hora, el ruido eléctrico que ha sustituido a la campana, desprovisto de eco y otras imperfecciones, su duración y tono reguladas en sus circuitos. 

El jazz impugna la ritualización del sonido. Es música con estructura, pero su método se basa en la sorpresa, en tocar variaciones sobre un tema. Un ordenador capaz de reproducir el patrón de ruido de una capital nunca lograría ejecutar un tema de jazz como un ser humano, porque una vez programadas las órdenes en lenguaje de código, la música se fosiliza. El jazz no se puede programar, por eso es insoluble en la música electrónica. 

El jazz es la vacuna contra las máquinas.

José Luis Carrasco,
de Ronda de Solos
(Boria Ediciones, 2020).

*
En vísperas de un concierto, un saxofonista de jazz pierde su instrumento y, con él, su razón de ser. Lejos de cualquier amigo, con sus compañeros de banda aún por llegar, siente que ha tocado fondo. Para aferrarse a la vida decide sumergirse tanto en el paisaje urbano de la ciudad de Avilés como en sus propios recuerdos e impresiones.

Se inicia aquí su gran aventura, la del retorno a los orígenes, el diálogo con sus maestros y la búsqueda de la revelación a partir de la ausencia, quizá incluso el descubrimiento de su verdadera relación con la música.

Con la velocidad de un solo de Coltrane, José Luis Carrasco dispara la novela en varias direcciones, en una mezcla de estilos y géneros: la crítica musical, los libros de viajes, la autobiografía, la literatura aforística, pero sobre todo construye una apología de la creatividad frente a la indolencia y de la fe en que, a pesar de las crisis, nunca estaremos perdidos del todo.


viernes, 28 de agosto de 2020

USAIN BOLT A SU HIJO por VÍCTOR PÉREZ



No se trata de ser poeta ni de ser poema sino de salir a emborracharte por ahí para poder mirar el mundo con inocencia y si acaso intentar romperle el corazón a algún camarero viejo y despistado con esas viejas profecías tuyas de toda la vida mezcladas con tu historial amatorio y acabar la noche deshuesado en la cama de una pensión con los güevos volados a tiros y una amapola en la boca. Efectivamente. Se trata de que algo o alguien decida convertir tu cuerpo en un hermoso gajo de amor solitario y odio épico y elemental que todos terminarán olvidando, un hermoso gajo precipitado hacia lo que hubo antes de la poesía y lo que vendrá después de la poesía y que no puedas hablar ni escribir jamás de ello. Sí se puede.

Víctor Pérez


miércoles, 26 de agosto de 2020

TÚMULO ABANDONADO




Sin más horizonte que otros ojos
frente a frente
- Luis Cernuda

Veo piedras en tus ojos, ¿tú las ves en los míos?,
tras ellas hay un bosque donde ramas y raíces
se confunden
y de un árbol a otro, los animales
buscan huecos despoblados
para ver la luz del sol y calentarse,
aún más lejos, un exceso de espacio,
el desierto bajo un cielo nublado,
horizonte como grieta entre dos mundos
que se tocan sin poder abrazarse,
escarbas, sé que escarbas,
vas buscando rastro y cauce de un riachuelo,
más allá de la piedra, más allá de las raíces enredadas,
más allá del desierto,
hasta el eterno manantial de aquella infancia,

allá tan lejos, donde habita tu llanto,
horadarán tus lágrimas la roca
para llevar el corazón a quien te aguarda.


Mónica Manrique de Lara, de Devoción de las olas (Isla Negra Editores, 2020).

http://revistacratera.com/index/atlantida/

domingo, 23 de agosto de 2020

AL OTRO LADO DE LA PUERTA por SUSANA BARRAGUÉS




Yo vengo de una casa de pueblo que ardió.
Mirar el fuego a través de los cerrojos fue mi lección,
quedarme al otro lado de la puerta
para no arder con las vacas, los conejos y las tejas.
Al otro lado de la puerta se quedaron también las cascadas,
los diminutos ratones, los sacos de patatas y las latas de azúcar.
Los azules cánticos mientras se iba el verano.
El géiser del pilón y las sentencias de embargo.
Desde entonces duermo sobre un saco de ceniza
en el que queda mi rostro marcado de perfil.
La almohada es de ceniza,
las sábanas son de ceniza, el colchón es ceniza.
Dentro de mis sueños soy valiente
y camino por la casa en llamas, bajo las vigas viejas
junto a aquellas chimeneas que siempre ventilaron mal.
Y no ardo, y no me quemo, y no desaparece mi memoria
tras los cerrojos tiznados de negro.

Susana Barragués, de Cabeza de cisne sobre almohada floral. Próximamente en Eolas Ediciones.

viernes, 21 de agosto de 2020

UN ATAJO HACIA MIS ÍDOLOS por IVÁN ROJO




Una biblioteca con todos los poemas atrapados para siempre en la memoria de los ordenadores perdidos. Los ordenadores que se hunden con un ferry en el pacífico o en el índico, despacio, despacio y como si fuera inevitable, frente a las costas de Filipinas o Sri Lanka, por la noche. Los ordenadores que quedan sepultados entre el cemento y los hierros y alguna que otra extremidad y cuberterías de plata y tazas de váter y canarios y plantas naturales y artificiales cuando se viene abajo por sorpresa el World Trade Center o un edificio de cuatro alturas en el casco antiguo de Bermeo. Los ordenadores que arden fuerte, larga y cinematográficamente en los casoplones arrasados por los incendios californianos o los que se iluminan efímeros con el gas azul inflamado de la bombona de butano de un piso del distrito de Bellevue, Marsella. Los ordenadores que se hacen pedazos sobre el asfalto de la avenida tras atravesar el parabrisas del monovolumen un domingo de camino a comprar dos mcmenús o un par de pollos asados, los que después de dar cinco vueltas de campana en el maletero de un Ford Focus quedan abiertos de par en par más allá de la cuneta, como espejos rotos del cielo, en un trigal de Burgos o en un cebadal rumano. Los ordenadores que en un ataque de locura por ira o frustración o aburrimiento o porque sí son arrojados por la ventana a la calle 45 o al negrísimo patio de luces de un bloque de Fez. Los ordenadores que se mueren poco a poco de inanición en la mesa camilla de miles de pisos a lo largo y ancho del mundo, solos, rematadamente solos, junto al cuerpo tieso del que fuera su dueño. Todos esos ordenadores. Todos los poemas almacenados en esos ordenadores en archivos titulados Mis poemas. Todos esos poemas que ya nadie leerá, todos esos poemas que nadie habría leído aunque siguieran vivos. Todos esos poemas escritos por azafatas de congresos, entrenadores de fútbol sala, pensionistas, pescaderos, psiquiatras, peluqueros, agentes de bolsa, ganaderos, feriantes, poetas que jamás pensaron ser poetas, que simplemente escribieron unas cuantas palabras en el resplandor de la pantalla de su ordenador movidos por un impulso inexplicable. Todos esos poemas, solo para mis ojos.

Iván Rojo


jueves, 20 de agosto de 2020

VEGA: Ramón Guerrero.



Si pudiera me tomaría una docena de pintas para disimular la angustia que me crea presentaros en papel mi primer poemario publicado de continuo, nada menos, sin prácticamente ninguna errata y con los mecanismos de autodefensa a cero. Saldrá a primeros de septiembre (sabemos que en agosto hace demasiado calor para todo, hasta para perder la sonrisa ante todo este hundimiento de la cultura). Nosotros somos la “Resistencia”, la empatía entre manos que escriben y ojos que leen. Que vamos a hacer, se convirtió en pasión y en una búsqueda y en un encuentro que nos hace estallar de vez en cuando sin atender a las consecuencias.

Lo cierto es que aquí os dejo la portada y contraportada del poemario que ya dejó de ser mío. 

La poesía no necesita desciframiento, más bien un solidario recibimiento para continuar con la transmisión de ciertos argumentos vitales.

Ramón Guerrero


miércoles, 19 de agosto de 2020

BLUEBIRD: Jorge M. Molinero.



Jorge M. Molinero habla de la enfermedad y la muerte avisando con demasiado tiempo. Molinero explica para poder entender. Se convierte en árbol que desea ser cajita de música, aunque para ello tenga que ceder su savia y su madera al pájaro cantor que le habite el pecho. “Alejarme de la ciudad, abrazar el árbol: ser árbol”

Pero Bluebird no es un libro de enfermedad —no sólo— sino que añade el remedio y la superación del dolor, invocando el apoyo de los suyos en una breve antología del daño que nos iguala. No podremos con Ella, pero al menos que nos conforte este planteamiento.

*
Jorge M. Molinero (y las aportaciones de Begoña Abad, Pedro andreu, Gsús Bonilla, Alba Ceres, María García Zambrano, Huini Juárez, Jacob Iglesias, Antoine Lamarck, Ana Pérez Cañamares y Felipe Zapico Alonso)


martes, 18 de agosto de 2020

TE AMO, DESTRÚYEME por ANA GRANDAL




El hombre cebolla

Aquel hombre enigmático le fascinaba. Mujer valiente, decidió desentrañar su incógnita más profunda. Procedió con tiento, destapando, una a una, las capas con las que él se había protegido, descortezando el espeso blindaje, ahondando cada vez más.

Pero en su corazón no halló nada. En todo ese tiempo, la única verdad que ella encontró fueron sus propias lágrimas derramadas.


Un buen partido

Él cocina, va a hacer la compra, friega los platos, barre el suelo y quita el polvo, se ocupa de las facturas, los impuestos municipales y la cuota de la comunidad, pone la lavadora, tiende la ropa, la plancha y la guarda en los armarios, hace la cama antes de ir al trabajo, riega las macetas, compra preservativos cuando se gastan, organiza los viajes, adquiere con antelación las entradas del cine, tiene el coche a punto y actúa de chófer cuando hace falta, está atento a los cumpleaños y aniversarios de familia y amigos…

Ella, absolutamente exenta de responsabilidades, se queda todo el día en casa jugando a las muñecas.


Una relación sólida

Confiaban plenamente el uno en el otro. Como reflejo de la firmeza de su amor decidieron construir su hogar ellos mismos, con sus propias manos. Ella tomó el primer ladrillo y él, en un arrebato romántico, le pidió que lo conservaran como recuerdo. Ella, con una sonrisa, lo guardó cuidadosamente en una caja de embalaje.

Levantaron un edificio robusto, de cimientos seguros, una vivienda que aguantaría cualquier inclemencia, la morada que les cobijase en su indestructible alianza.

Pasaron los años. Rebuscando en un armario, ella encontró la vieja caja arrinconada sobre un anaquel. Sacó el ladrillo, lo sostuvo a la altura del pecho y lo dejó caer. El objeto de arcilla se estrelló en mil pedazos. Ella lloró su rabia: en el interior de su aparente solidez, un ladrillo solo alberga vacío.


Ana Grandal, 
de Te amo, destrúyeme (Amargord Ediciones, 2015).

*

¿Amor? ¿O debemos ponerle otro nombre? Nombres que no se nombran: dependencia, miedo, egoísmo, abandono, mentira, decepción… Te invito a penetrar en los microrrelatos que componen este libro: quizá, tras cruzar el umbral, no puedas evitar una sonrisa maliciosa, o suspires aliviad@ por no habitar estas estancias… o te indignes por reconocerte entre las sombras. Cuánto me gustaría saberlo. Entra y háblame.

Ana Grandal

Contratapa: El amor constituye la pulsión que más determina nuestra vida. Sin embargo, en absoluto se trata siempre de una tensión beneficiosa. Consciente de su proximidad con el odio, con la autodestrucción, Ana Grandal construye a partir de él un rico mosaico de historias donde las relaciones de pareja suponen el centro de los cuentos, pero que derivan, dentro de una equilibrada variedad de tonos y registros, en múltiples caminos, sorpresas y desconciertos. Se trata, pues, de un conjunto de microrrelatos impulsados por la pasión, el rencor, la crueldad, la frustración, el sexo, el humor negro… Y también, cómo no, el amor.


lunes, 17 de agosto de 2020

CALENDARIO por JAVIER VAYÁ ALBERT



Por no enfermar de domingo con luces griegas en la imparable marabunta
del siglo de los martes los jueves huérfanos de carretera indolentes en una habitación cerrada quién ha de conocer el alba la primavera el devenir de los poemas los ojos ciegos que siempre callan la sordidez de los tranvías que no traen noticias falsas escuderos siempre de la excrecencia
como una segregación del alma
ímpetu de cucaracha el primer
error fue nacer
continuar con vida
la inercia del reincidente
niños de sombra en barcas umbrías sus cabezas negras antorchas oscureciendo la
noche negra y cierto afecto
desmedido por el esperpento
un par de disparos púrpura
al vacío el musgo de las horas
y regresar importuno como
cadáveres mal enterrados
a la ansiedad de los parques
la salida funeraria de los niños
de la escuela los lunes de pan
y comisaría como el bufido
sagrado de un bisonte tan
anciano como las bisagras
del primer aullido humano

Javier Vayá Albert

https://www.facebook.com/javier.vayaalbert

domingo, 16 de agosto de 2020

FELICIDADES, HANK



Este domingo Bukowski cumpliría 100 años. En esta antología dedicada a él que coordinamos hace años Vicente Muñoz Alvarez y yo los que participábamos éramos "jóvenes emergentes".Algunos emergieron más que otros, y tan jóvenes tampoco éramos. Nos lo pasamos muy bien. La publicó Constantino Bértolo en Caballo de Troya. 



sábado, 15 de agosto de 2020

GUERRA Y PAZ por MAYA MUKTI



De esa sangre derramada tan inútil,
del sudor que nunca hizo,
de las ganas congeladas
y los puentes que jamás fueron cruzados
es que quiero hablarte hoy.
Con el mismo resultado -nada espero-
que lo que ya te he contado.
No es probable que mañana me despierte
y arda el aire y corra el tiempo
persiguiendo el nuevo brío de mi especie.
Antes bien puedo esperar que las miradas
languidezcan un día más.
Pero es preciso soñarlo.
Me es tan vital como el agua
imaginar mientras pinto
con mis letras este cuadro improvisado
la energía dirigida hacia el futuro de las manos,
el despertar de las mentes,
la voluntad clara y limpia de emprender.
Porque si no, para qué.
Para qué todo este tiempo embotellado
que me queda por beber.
Si es que no he de compartirlo
en mutuo esfuerzo por la vida,
de qué servirán mis manos
tan cansadas de arar siempre en solitario.
Mira bien, que el vasto campo
que ahora intento mantener
lleno de flores y abundancia es tu futuro.
Mira bien, que si los últimos guerreros
de la vida un día mueren y tú aún
no has aprendido a batallar,
pobre de ti.

Maya Mukti

viernes, 14 de agosto de 2020

YO ESCRIBO LA NOCHE: Pilar Blanco Díaz.



Pilar Blanco ha necesitado agudizar el significado de las palabras, cincelarlas para lograr que encajen en ese muro de contención que debe soportar el peso del discurso ontológico.

Carlos Alcorta


jueves, 13 de agosto de 2020

MERCENARIOS por ALEXANDER DRAKE



Llevo tiempo intentando averiguar cómo funciona la industria literaria. Simplemente no me explico cómo la gente puede comprar y leer tantos libros que en realidad no hablan de nada. Luego pienso en los autores de esos mismos libros y llego a la conclusión de que ellos tienen que ser conscientes de que lo que escriben es una auténtica basura (no pueden ser tan tontos), pero el dinero que reciben por ello compensa sus atrocidades. Son simples mercenarios. Gente sin escrúpulos. No les importa perpetrar un crimen tras otro mientras les sigan pagando bien. Luego están los editores. Hombres ciegos y estancados en la mediocridad. Prácticamente ni se toman la molestia de leer nada. ¿Para qué? Prefieren limitarse a publicar traducciones de algún estúpido best-seller que haya cosechado grandes beneficios en cualquier otro país y aprovechar el tirón mediático que lo respalda. Saben que el gran público acabará comprando cualquier cosa que le pongan delante de la cara el número suficiente de veces. En realidad, para la industria, no existe ningún producto malo; tan sólo una promoción mal dirigida.

Alexander Drake,
de Ignominia (Libros Indie, 2020)


lunes, 10 de agosto de 2020

LAS VENTANAS por CHARLES BAUDELAIRE



Quien mira a través de una ventana abierta, jamás ve tantas cosas como el que mira una ventana cerrada. No hay objeto más profundo, misterioso, fecundo, tenebroso, y radiante que una ventana iluminada por una vela. Lo que puede verse al sol siempre es menos interesante que lo que pasa detrás de un vidrio. En ese agujero negro o luminoso vive la vida, sueña la vida, sufre la vida. 

Por sobre la marea de techos veo a una mujer madura, ya arrugada, pobre, siempre inclinada sobre alguna cosa, y que no sale nunca. Con el rostro, el vestido, el gesto, con casi nada, rehice la historia de esta mujer, o más bien su leyenda, y ciertas veces me la cuento a mí mismo y lloro. 

Si se hubiera tratado de un pobre anciano, la hubiera reconstruido con la misma facilidad. 

Me acuesto, orgulloso de haber vivido y sufrido otras vidas que no son la mía. 

Podrán decirme "¿Estás seguro de que es la verdadera historia?" ¿Qué importa lo que pueda ser la realidad fuera de mí, si me ha ayudado a vivir y a sentir qué soy y cómo soy?

Charles Baudelaire,
de El Spleen de París

sábado, 8 de agosto de 2020

PORQUE NO ME ENGAÑO por ARI ZATZU


Hace dosmil555 días que estoy sola. Sola por convicción. Sola porque me da la gana estar sola. Es decir: --no estoy sola porque me falte alguien o me sobre algo--
Estoy sola porque mis convicciones sobre estar acompañada siempre me llevan al infierno de los otros.
A los ojos cerrados.
A la asfixia.
A perecer en una cama junto a un ser extraño hasta morir de aburrimiento.
Ahora mis sueños solos huelen a lavanda, a libre te quiero como el tomillo, a soy mía por y para siempre,
a te juro que no te abandono,
a te quieros de espejo y te valoro,
porque ya no quiero que me decidan en mentiras.
Porque no me engaño.
Porque quiero decir lo que quiero y lo digo.
Porque quiero hacer lo que hago y lo hago.
Porque quiero sentir como siento y lo siento.
Porque no me haces falta.
Porque un orgasmo en tu ausencia
es mucho más largo.

Ari Zatzu

https://www.facebook.com/ari.zataraiin

sábado, 1 de agosto de 2020

CRÓNICA DE LOS DÍAS QUE PASAN por NURIA VIUDA




El verano aplasta y entumece.
Quieres dormir. Dormir por las tardes. Dormir a todas horas .Los ojos se te cierran cuando caminas por la avenida al atardecer. Casi no puedes contemplar las palomas muertas del paseo de los plátanos: han caído fulminadas al suelo por efecto de este extraño fuego amarillo que el sol desprende.
Paloma muerta sobre el césped; a esta en concreto vinieron a visitarla los grajos y parece que se llevaban bien, ya se conocían, eran viejos amigos de vuelo. Seguro compartieron alguna nube y estrellas, muchas estrellas mutiladas.
Comprendí el viejo lenguaje de las aves. Los grajos vinieron a comprobar si la paloma aún movía el pico. La besaron en los ojos, esperaron unos instantes, parecían cantar una oración llena de velos blancos, como telas de araña, que salían de sus picos negrísimos. Después se fueron hacia la fuente a refrescar el susto.
Tú no pudiste verlo. Caminabas aletargado en la tarde, cansado y sudoroso. Dormido de pie.
Yo pude percibir este instante, dichoso como ninguno, porque la vida me mantiene alerta y los que amo están muy lejos: allá en el silencio de los trigos o entre la rabia cansada del mar.

*

Blanco y roto, como el papel de los cuadernos que dejé en blanco.
Así el fundamento de lo no contado, de lo que se esconde en el misterioso azar de la noche más bochornosa de un Julio indeficiente.
El ataque del tiempo, en la calima nocturna, realiza el milagro de sostener partículas de polvo nublando el horizonte.
No veo. No ves. No vemos.
Todo se borra en los barrios pobres repletos de vigas y fachadas huecas.
Escenarios urbanos como teatros vacíos.
Maletas y mujeres, desmayadas en las aceras, huyendo de los bares sin abonar la consumición.
Corro. Corres. Corremos.
En la tremenda avenida, las casas sin cristales se mezclan con el sonido de las motos que pasan y forman un extraño tandem veraniego de vegetación incolora: blanco roto.
Pienso. Piensas. Pensamos.
Entonces ellos comienzan a bailar desparramando el cuerpo sin nostalgia de lo andado.


*

El tiempo en que vivimos se hermana con este misterioso languidecer de calles y aceras desconchadas y adustas.
Parecemos personajes de una cinta pasada de moda o quizá no, quizá sea una cinta futurista que no llegó a estrenarse en las salas de cine, hoy tan desiertas y casi desaparecidas. Recorremos la ciudad a salto de confusión, desnortados y anacrónicos en nuestro diario deambular.
Tiempo detenido. Stop obligatorio si no fuera por esta maravillosa moda de haber recuperado el cine al aire libre. Sin duda nos retrotrae a los tiempos gloriosos de los titiriteros y artistas ambulantes que plantaban la sábana blanca en las plazas de los pueblos para regocijo de todos. A veces se tomaban la molestia de encalar la pared de la escuela o el frontón, e incluso la corteza de un árbol para proyectar la película.(Yo nunca tuve pueblo pero me lo contaron)
Nunca fuimos de sentarnos en la hierba de los parques y ahora estamos aprovechando el tiempo en que no supimos crecer entre las margaritas y el trébol.
Recuerdo que en los años ochenta sí nos tirábamos en el césped sin ser conscientes de la verdadera libertad que esto supone.
Poco a poco, al ir creciendo, abandonamos las praderas urbanas:perdimos la belleza del agua que habita bajo la semilla, dimos por sentado que la espontaneidad del gesto era delito y el césped pasó a ser paisaje nada más. Paisaje libre de pisotones y posaderas. Paisaje en desaprovechado desuso, en el que sólo los perros rascaban sus lomos al amor del hormiguero, y la hierba recién regada por los aspersores.
Al fin hemos recuperado algo valioso. Días de estreno para que la memoria reconponga, pieza a pieza, su cunita dorada. Su estandarte.


Nuria Viuda, 
Crónica de los días que pasan