martes, 15 de enero de 2019

MANIFIESTO MIOPE: PORNO BRAILLE por MATÍAS JOSÉ MORALES




Todos los poemas son una falta
de ortografía hermosa bajo
la brillante luz silenciosa
de a mediados de abril,
y abril es todo el año;
cuando has respirado la humedad
del habla que inunda los sótanos
de los bárbaros junto al Mapocho.
Todos los poemas son un pan
duro en la post guerra, y los poetas
descansan aplastados por las orugas
que fecundan los caminos de tierra,
lonjas de jamón buscando ser felices
entre los árboles prendidos.
El mes de abril recoge los lamentos
a los ciegos, y los transforma
en estrellas que guían
a los conquistadores hacia el oro:
el corazón latiendo rápido
al enfocar tu rostro.


Matías José Morales


lunes, 14 de enero de 2019

3 POEMAS de RAFAEL SANZ SIERRA




DELEUZE SIN PARACAÍDAS


Con un palillo en la boca
lo veo todo
marciano.

Tengo un altar
con tarjetas de crédito.

Lo que importa
es siempre
cagarla.

Me gustaría entrar en Buffalo
a lomos de un tiburón ballena.

Llevo en mi filmografía
imágenes de Nueva Orleans
después del Katrina.

Un ruido
me distorsiona.

Deleuze
sin paracaídas.


INTERNET ES EL ENEMIGO

Cuba es una obra de arte.

Desaparecí en Centrohabana.

Lo mío es no hacer nada.

Enveneno al capitalismo.

Vagueo como un perro.

Me llaman el corta-sinapsis.

Somos "El Álamo" comunista.

Nos comemos la mierda
antes que un McDonalds.

Follamos en mitad de las avenidas.

Nuestras casas se caen a pedazos.

Hemos matado a los líderes,
sus cadáveres cuelgan
de unos aguacateros.

Aquí no entran los yankis.
Tumba la casa.
Aquí no entran los yankis.

Somos la desidia épica
hispano-caribeña.


LOS POEMAS QUE ME QUEDAN DE CORTE CLÁSICO SE LOS ECHO A LOS CERDOS

Detonaré mis vacaciones químicas
hasta que sienta estar sumido
en una fiesta exigua de Rob Zombie.

Cuando oigas
los huesos de tu cara crujir
es que Tyson está cerca.

Amo el dinero del contribuyente.
Amo el mejor trabajo de España
en el Banco de España.
Grandes técnicos
que vieron venir la crisis del 2008
y la neutralizaron como héroes.

Si L.M.Panero y E.Haro Ibars
no eran poetas serios ( para algunos)
los demás no llegan
ni al estatuto de anélidos.

Comparte tus enemigos
con el Subcomandante Marcos
y tu existencia brillará
como la peor paranoia.


Rafael Sanz Sierra


domingo, 13 de enero de 2019

A PESAR DEL FRÍO: Prólogo.




INCENDIOS COTIDIANOS


Llueve afuera, mucho, y la ciudad se descompone en murmullo de afluencias desordenadas. Las voces pierden entidad y los movimientos se ralentizan casi antes de desaparecer. Hace frío afuera, mucho. También aquí, en el rincón de esta terraza donde he erigido mi mínima patria de gramáticas y ensoñación. Que escribo y leo en la terraza de casa, o sea, porque es el único lugar donde retener los malos humos de mi tabaco y evitar que agríen la atmósfera del hogar. Y hace frío, ya digo, mucho. Pero a pesar del frío y la lluvia, de esa lasitud que a uno le imponen los días de otoño, la cabeza bulle en ideas que se atropellan buscando una salida. Y escribo. Y fumo.

Anoche también llovía, las bajas temperaturas mordían aun con mayor ahínco. Anoche finalicé la lectura de este volumen de relatos que ahora, lector, tienes la fortuna de acariciar. Cuando hayas terminado de leerlo comprenderás por qué, anoche, salí de la cama y paseé inquieto los escasos metros cuadrados del hogar como a la búsqueda de un tesoro. Consumí un cigarro debidamente aderezado y, tras dejar vía libre a mis elucubraciones, concluir que podría haber salido a la calle a consumar un crimen o masturbarme en la cocina, por ejemplo, regresé a la cama consciente de que el ansiado tesoro permanecía sobre las sábanas, reclamando una sosegada relectura.

Creo que ya dejé escrito, en algún lugar, que leer a Pepe Pereza es deshonrar su apellido artístico. Si no lo hice, aprovecho para hacerlo ahora como advertencia al lector que se interne en las páginas de este volumen y se vea arrastrado sin remedio a la actividad sensorial más frenética, la que el autor esculpe, en cada página, con el cincel afilado y granate de su pluma. También he dejado escrito que considero a Pepe Pereza el máximo exponente, en nuestro país, de una tradición literaria que demasiados ningunean, a día de hoy, intentando epatar al lector con crueldades y exabruptos carentes de fondo, calidad y el supuesto realismo de que intentan revestirlos. Me refiero a eso que hemos dado en llamar «realismo sucio». Que no, que no se trata de hacer retratos barriales o dárselas de maldito utilizando la primera persona para hablar de excesos farmacológicos o sexuales. Que no consiste en mal copiar lo más etílico de la prosa de Bukowski. Que el tal «realismo sucio» es otra cosa, más similar a la diestra disección de la psique del ciudadano medio que ejercitaba Carver. Y Pepe Pereza eso lo borda, en cada uno de sus relatos. Certera, feroz, sensible, equidistante y exacta como una deflagración terrorista calculada al milímetro, pero con la belleza que a dicha explosión siempre faltará, su prosa es piedra en que afila colmillos la literatura más pugnaz.

No conozco a ningún autor patrio actual que maneje con tanta habilidad los límites formales y temporales del relato. Su geométrico manejo del fraseo corto y carente de artificios, musical en su evolución, pictórico casi, en su tersa manera de afianzar la verosimilitud de lo narrado; la normalidad de esos personajes que, desde los primeros párrafos, se muestran como evidentes ejemplos del ciudadano actual, una especie de doble del propio lector o de cualquiera de sus conocidos; la opresiva atmósfera de una normalidad que semeja calma precedente a la tormenta; el fulgor repentino, inesperado, de un acto o pensamiento desconcertantes; todo ello delineado con una sabia arquitectura de la palabra y una aritmética exacta del sentimiento.

«Realismo sucio», sí, podríamos llamarlo. Pero quedaríamos cortos si nos limitamos a utilizar esa etiqueta. Porque los relatos de Pepe Pereza van más allá, creando un nuevo género que bien podría llevar su nombre.
Los personajes que pueblan este majestuoso volumen de relatos son como cualquiera de nosotros. El autor no tiene que recurrir a fabulaciones, invenciones ni excesos para mostrar la realidad que nos rodea y, de paso, recordarnos que bien pudiera ser la nuestra. Por sus páginas pasean pensamientos, palabras, ilusiones y zozobras, un tropel de ciudadanos como nosotros: camareros, carniceros, jubilados, agentes inmobiliarios, actrices de segunda, celadores, camioneros, operarios de almacén, enfrentados todos ellos a situaciones tan cotidianas como una relación sentimental o un empleo abocados al fracaso, una visita al dentista o a la madre impedida, una ronda de licores en un bar cualquiera o un paseo en coche bajo la lluvia. Estas páginas son los espejos de normalidad a que el lector se asoma para, de repente, sin preaviso, recibir el impacto de lo inquietante. Y es que la realidad más plana que podamos imaginar guarda celosamente en su interior la violencia de lo insólito.

A pesar del frío, de la lluvia, la nieve, la glacial apatía que invade las vidas de todos y cada uno de los protagonistas de este fascinante fresco de lo cotidiano actual, la llama de la vida interior y su sugerente amenaza. A pesar del frío meteorológico común a todos y cada uno de los relatos de este volumen, la turbadora incandescencia de lo aparentemente irracional.

Llueve afuera, y hace frío. La vecina de enfrente contempla sin disimulo cómo fumo, asomado a la terraza, y pensará que mi vida es tan normal como yo imagino la suya. Sólo un maestro de la narrativa como Pepe Pereza sabría mostrarnos a ambos lo equivocados que estamos. Nadie como él para erigir un monumento literario con la mísera épica del hombre común.

Porque a pesar del frío, la vida quema, y este volumen es inigualable relato de los incendios que provoca.


Pablo Cerezal, octubre de 2018


viernes, 11 de enero de 2019

LAS HORAS COMO BESTIAS: Gustavo Lupano.




TEENAGE KICKS

Después de tres sacramentos: Agua, pan y perdón;
encontré la salvación.
El Frente Agnóstico, los vagabundos del Dharma
y las Mentes abiertas en cassettes piratas
me ayudaron a torcer la eucaristía.
De la mañana descascarada donde crecí,
solo algunos recuerdos
como un vaso de agua turbia
en manos de un viejo con Parkinson.
Los primeros hermosos años de la niñez
pasaron entre asesinos.
Mis nodrizas de la adolescencia
punk rock, poesía y anarquismo
llegaron con la muerte de mi padre.
Así crecido, como los ríos tras los deshielos,
entumecido para el amor
siempre apurado y arrasador.
Ojos marrones como el montón
ladrido eterno de trovador.
Obra mestiza,
un poco beat y un poco fuego.
Ya no hay jardines.
Ya no está el niño que contaba los retoños
y no hay fanzines.
Ya no está el joven que escribía a máquina
y se perdía entre collages.
Ya no quedan baldíos donde jugar,
todo ha sido urbanizado.
La barda herida por carreteras,
apenas unos senderos curados de espanto.
El amor y sus crías en extinción,
la huella borrosa de ese encanto.
Las canciones y las cenizas de los días de luz,
un polvillo en la memoria.


A PROPÓSITO DE MI PRIMER LIBRO DE POESÍA

Un poema es un auto incendiado
dentro de la chatarrería de la cabeza.
Piezas por piezas amontonadas
esperando el desguace y la venta de las partes
para reconstruir la mecánica de la vida.
Un poemario es un desarmadero extenso,
una chacarita de los días y las noches
lleno de esqueletos, cacharros y desastrados.
Algunos fueron amores
otros miedos, angustias y sueños.
Todos oxidados, cortantes, casi inservibles,
irreconocibles por el paso del tiempo.
La tristeza, sin embargo, sigue ahí reluciendo
bajo un sol más roto que los dos.
Resplandeciendo como los huesos en el desierto.
Como el oro en la piedra que nunca va a desprenderse.


Gustavo Lupano, de Las horas como bestias (Rangún Editorial, 2018).

miércoles, 9 de enero de 2019

CULT MOVIES 2: PELÍCULAS PARA LA PENUMBRA: Ya a la venta.



Es el momento de otro cine. El momento del cine de culto, como bien sabe Vicente Muñoz Álvarez, que se confirma, con este su segundo libro dedicado a la doctrina gnóstica y neopagana de las Cult Movies, como uno de los sacerdotes iniciados en los verdaderos misterios de la religión cinematográfica.

La esotérica, hermética y secreta. La que rinde culto a títulos oscuros, olvidados o menospreciados. La que habla el lenguaje perdido de otras eras, mudo y descolorido a veces, a menudo vilipendiado por la ortodoxia y ridiculizado por la ignorancia, pero poderoso siempre en su arcana esencia inmortal, que nos sobrevivirá a todos.

Jesús Palacios


Booktrailer


martes, 8 de enero de 2019

GUÍA BREVE DE LA CIUDAD (MALDITA) por MIGUEL BAQUERO



Miguel Baquero levanta ante nuestros ojos toda una ciudad imaginaria que se extiende en el tiempo, desde un lejano pasado prerromano hasta nuestra moderna era digital. Entre medias, guerras de conquista, trágicos accidentes, conspiraciones, crímenes y hasta efectos paranormales… Sólo un escritor como Miguel Baquero podía proponernos un viaje en el que se emplean registros tan variados: el lenguaje de las revistas de música pop y el de los cronistas medievales, el habla de la ciencia, la jerga canalla… La ciudad concebida como un ser vivo. Una guía única que reivindica el poder de la literatura y la imaginación.


lunes, 7 de enero de 2019

1 POEMA de MARÍA COUCEIRO




Estas manos no concuerdan
no dan pies con cabeza.
Encuentran
todo
queman
casas y yemas
dentro de un silencio
que se queda
hasta que las llena
se miran
hasta aplastar el grito
y sin saber que hacer
se aprietan
para escuchar el sonido que desprenden
causan todo lo que conocen
y vuelven a caer en el primer paso,
un miedo insólito que reaparece.


María Couceiro


sábado, 5 de enero de 2019

TEIMOSA MARÉ / TERCA MAREA: Manuel Neto dos Santos.




En las páginas de Terca Marea, el mar es un cuaderno sin líneas paralelas, donde los poemas son ondas que se suceden en un flujo visionario y las palabras la espuma que se riza al tocar tierra prometida: mano que escribe sin cesar, otros ojos recogiendo su luz.

*

La fuerza telúrica del territorio poético de Neto sutilmente nos arrastra al terruño idealizado de Cesare Pavese. El escritor de Turín escribió sus últimos poemas, encontrados en un cajón de su despacho de la editorial Einaudi, en el breve periodo de un mes, poco antes de sucumbir ante la vida por medio del suicidio. Los textos que conforman Terca Marea abarcan también un mes de inspiración y trabajo ante el papel. Como el autor italiano, el portugués se inspira en su paisaje natal, el que le vio nacer como persona y el que le vio crecer como poeta, para arribar a un territorio personal sacralizado, mítico. Pavese, hasta llegar al mismo destino, sufrió una evolución abrupta del poema narrativo de verso largo al poema breve, lírico y a veces hermético, del paisanaje de su tierra natal al paisaje que le rodea e intuye sagrado, del realismo social al simbolismo mítico, atravesado siempre por una ecuación existencial irresoluble, que constituye la gran diferencia entre el autor italiano y Manuel Neto, poeta de luz, que, como Juan Ramón Jiménez, tiene ansias de totalidad, aspira a ser él mismo poema, no poeta, pues quiere fusionarse con su canto, ser voz y melodía, en un vuelo que es fuga y a la vez celebración de la vida. 

Pedro Sánchez Sanz (poeta y traductor)



jueves, 3 de enero de 2019

EXPERIENCIA EXTREMA por MAYA MUKTI




Ese punto
en que ya no necesitas
de la aprobación ajena
ni te juzgas a ti mismo,
que el pensar de otra manera
no te angustia ni envanece.
Ese momento
en que pierdes los detalles
de lo que hacen los demás,
en que vives embebido
entre el aire de la tarde
y el suave fluir interno,
en que solo, mas completo,
te haces uno con la música
y tu alma baila etérea
y danzas sobre tus pies,
en que nada es importante
y todo es más que sagrado.
Ese instante,
único e irrepetible,
vívelo como un tesoro.
Es una experiencia extrema:
paz le pusieron por nombre.
Muchos nunca la tendrán.

Maya Mukti


lunes, 31 de diciembre de 2018

MUÑECA DE NIEVE por SILVIA RODRÍGUEZ




Y más triste que un cortejo de caballos sonámbulos

VICENTE HUIDOBRO


De niña hubiese hecho cualquier cosa
por ser la reina de los hielos

no sabía entonces que un día
me quedaría helada sin reacción
ante la muerte de papá
que sería un gélido maniquí
en una pista olímpica

ese frío duele más que la pubertad
duele más que el dolor
punzantes estalactitas te inmovilizan
son puñales dardos y tú la diana

soy una muñeca que no se derrite
que no puede sonreír bailar
amar y sudar hasta el amanecer


Silvia Rodríguez, de Padresueño ( Tragacanto Ediciones, 2018 )



jueves, 27 de diciembre de 2018

CULT MOVIES 1: PELÍCULAS PARA LLEVARSE AL INFIERNO: Epílogo.




UN FARO EN LAS TINIEBLAS DEL EXCESO DE INFORMACIÓN

(Epílogo de José Ángel Barrueco) 


¿Qué tal la experiencia, amigo? 

Espero que tu lectura haya sido tan gratificante como lo fue la mía. 

Acabar de leer este libro de artículos y reseñas no es muy distinto a salir de la penumbra de un cine y afrontar la luz de la realidad, que a la postre resulta más incómoda y, desde luego, más inhóspita que cualquiera de las ficciones que Vicente Muñoz Álvarez propone en este repertorio de títulos anómalos, argumentos enfermos y ambientes espeluznantes. En estos tiempos de internet tal vez tú lo compares al visionado nocturno de una película en casa, en el sofá, a oscuras y abrazado a tu chica, o solo, con el gato en el regazo: ese momento en el que se encienden las bombillas y todo cobra otra dimensión. 

Me refiero a que leer Cult Movies. Películas para llevarse al Infierno es una experiencia próxima a la de disfrutar de unas cuantas obras de serie B en una de esas sesiones de programa doble en cines de periferia: uno se levanta de la butaca, sale a la calle y añora la calidez del interior y el cobijo de la oscuridad. Con este libro me ha sucedido lo mismo: concluí su lectura y me hubiera gustado que continuara. Me sentía a gusto entre sus páginas. 

Para quien aún no lo conozca, el leonés Vicente Muñoz Álvarez es ya un símbolo para muchos de nosotros, un gurú de las vanguardias del siglo XXI, capaz de sacar de las catacumbas del olvido a poetas y escritores y directores de cine a los que pocos recordaban, hábil para emprender proyectos instalados siempre en los márgenes de la cultura oficial, puntual en el rescate de autores españoles inéditos y artífice de algunas de las antologías de culto de los últimos años: 23 Pandoras: Poesía alternativa española, Golpes. Ficciones de la crueldad social (junto a Eloy Fernández Porta), Tripulantes. Nuevas aventuras de Vinalia Trippers (junto a David González), Resaca / Hank Over. Un homenaje a Charles Bukowski (junto a Patxi Irurzun), Vinalia Trippers. Plan 9 del espacio exterior (junto a Alfonso Xen Rabanal) o Beatitud. Visiones de la Beat Generation (junto a Ignacio Escuín). 

Pero Vicente es todo eso y mucho más: autor de varios libros de relatos, de poemarios y de una novela que yo considero, de momento, la cumbre de su trayectoria (me refiero, por supuesto, a su libro El merodeador); y cicerone cultural que siempre tiene las puertas abiertas de la bitácora que coordina (el blog Hankover). 

Vicente no se arredra ante nada. Si un autor al que nadie conoce, que no ha publicado jamás, le envía sus textos y él los considera buenos, los postea sin ningún problema. 

Por estas y otras razones muchos lo encaramamos hace tiempo en un pedestal. Es una referencia indiscutible. Y ahora nos ha presentado este libro necesario. 

¿Por qué creo que este libro es necesario? 

Porque hemos alcanzado un punto lamentable en el que las generaciones más jóvenes, pese a ser afortunadas porque gozan de un acceso ilimitado a archivos en avi o mp4 gracias a las nuevas tecnologías, solo suelen bajarse de internet las películas de reciente estreno (lo último, lo más nuevo, lo in, lo que está de moda), mientras que, en los canales de televisión pública, prácticamente han dejado de programar ese cine clásico con el que, cuando Vicente y yo éramos unos niños, nos educaban cada noche de lunes o cada sobremesa de sábado. Para los muchachos de ahora, una cinta como Matrix ya es arcaica, una gloria del pasado, un filme antiguo. De modo que esta apetitosa guía de VMA nos sirve (y espero que les sirva a ellos) como faro en las tinieblas de este mundo de datos tan ensordecedor, donde nos abruman con información y con películas a menudo olvidables, blandas e infames, que Hollywood cosecha con frecuencia y nos vende junto a su catálogo de perlas (porque Hollywood, pese a quien pese, sigue brindándonos las obras de los grandes: Martin Scorsese, Clint Eastwood, Woody Allen, Quentin Tarantino, etcétera). 

Libros como este se deberían aconsejar en los programas de estudios. Porque con el cine también se aprende. Nos motiva, despierta nuestras mentes y nos obliga a reflexionar. 

En las mismas fechas en las que leía Cult Movies estuve enfrascado en la lectura de un libro titulado 500 Essential Cult Books. The Ultimate Guide (de Gina McKinnon, por ahora sin traducción en España), que compré en la sección anglosajona de una librería de Berlín. Con ambas guías no solo he descubierto joyas ocultas del cine (en el caso de Vicente) y de la literatura (en el caso de McKinnon): también me he recreado en las obras que conocía. Ambos nos traen a la memoria títulos emblemáticos, y nuestra mente se refresca al recuperarlos. Placer y aprendizaje a la vez. Goce y descubrimiento a partes iguales. 

Vicente contagia su entusiasmo por el cine, ese entusiasmo que le lleva a confiar en proyectos a priori descabellados y ese entusiasmo con el que empuja y sostiene y difunde esos mismos proyectos cuando se han convertido en realidad. Esa es una faceta que no debemos obviar. 

En este libro hay numerosos ejemplos de algunas de mis películas favoritas de todos los tiempos, que Vicente recomienda con pasión cinéfila y fervor poético, y su reseña me ha servido para recordarlas y regodearme con sus escenas inolvidables: Días sin huella, La noche del cazador, Los amantes de Montparnasse, Sed de mal, Vidas rebeldes, Punto límite: cero, La matanza de Texas, Quiero la cabeza de Alfredo García, Jo, qué noche, El hombre que pudo reinar, Taxi Driver, Henry, retrato de un asesino, Inseparables, Reservoir Dogs, eXistenZ... 

El autor se aparta de la cultura oficial del mismo modo que la citada McKinnon: no es una lista de las películas habituales del canon oficial, ni de las más premiadas, sino que es propia de las filmotecas caseras y de los espectadores que no se atienen a lo establecido. VMA se deja llevar por su intuición y, entre líneas, aconseja al lector que haga lo mismo: que se guíe por su olfato y no por lo que estipule la crítica. 

Además he hallado, aquí, ejemplos de películas que no he visto o de las que jamás había oído hablar: Los ojos sin rostro, Operazione Paura, Ni el mar ni la arena, Una vela para el diablo, El asesino de muñecas, Encuentros con hombres notables, Calvaire, Entre vivos y muertos, Eden Lake... Lo que demuestra que Vicente es un gourmet de la serie B y un descubridor de rarezas con atracción por esos abismos malsanos en los que con frecuencia cae el hombre. 

No olvido que, no obstante, le gustan algunas obras que exigen mucha paciencia del espectador, y un estómago a prueba de venenos (sobre gustos...). En concreto, de esta lista yo detesto dos de ellas o les tengo cierta manía: La gran comilona y Anticristo. En ninguno de esos casos el espectador permanecerá indiferente. Lo que Vicente Muñoz Álvarez recomienda siempre nos sacude y perturba. 

Mientras uno lee este libro absorbente, siente dos impulsos opuestos (dado que no puede satisfacerlos al mismo tiempo): seguir leyendo, fascinado por la sabiduría cinéfila del autor; y dejar el libro para ver esas películas que no conoce y revisar por enésima vez las que ya amaba. 

Si, como espero, has concluido la lectura, es conveniente que vayas buscando estas gemas ocultas. Tarde o temprano se lo agradecerás al autor.


José Ángel Barrueco, epílogo a Cult Movies 1: Películas para llevarse al infierno (Eutelequia, 2011 - LcLibros.com, 2018).



Booktrailer:


miércoles, 26 de diciembre de 2018

PRINCIPIO(S) DE INCERTIDUMBRE por GEMA FERNÁNDEZ




INOCENCIA

Perdí la inocencia
el día que corté todas las cuerdas
a golpe de incisivo,
cuando dejé de criopreservar 
las despedidas
y en la palabra adiós 
tembló todo el futuro
congelado,

la primera vez que ningún pájaro
escogió mi despiste de alimento
y no hubo un grillo pródigo
que volviera a cantarme 
dentro de la cabeza.

Perdí la inocencia
cuando dije: 
No más, hasta aquí,
au revoir, totsiens,
sayõnara, arrivederci,

cuando me sentí estúpida 
abrazada a algún árbol, 
cuando todas las alternativas 
que inventaba
le sirvieron de excusa 
al conductismo
para convertir mi sueño 
en diagnóstico.

Perdí la inocencia 
cuando Kobayashi 
dejó de susurrarme:
"Simplemente confía.
¿No revolotean así 
también los pétalos?"

cuando me tuve lejos
y el tiempo se detuvo 
audaz e insobornable 
dentro de una promesa,

cuando me tuve cerca
y no tuve el valor
de conocerme. 

Y perdí la inocencia 
en cada noticiario,
en cada mujer muerta 
con la que muero un poco,
en toda la tristeza 
que pernocta en los ojos
de la gente sin nombre
que se abriga los miedos 
con una manta vieja 
y expatriada,

en las urnas, las cenizas,
los votos, los rebotes,
las crudas decepciones, 
todas las acepciones 
que escondemos a un tiempo 
debajo de la manga
y de la lengua
para buscarle al miedo
otro significado,

en el fuego de Alepo,
en la piel consumida
lentamente,
en la sangre que mana
como savia
y es moneda de cambio
entre los ignorantes
que nunca han conocido
cómo ruge el amor
y no saben vivir
sin arrasar consigo
la vida de los otros.

Perdí la inocencia
cuando una Frida Kalho
mercantilizada
lloró su identidad 
en la ropa de Berskha, 
cuando mi desconcierto
no sonó a libertad
en la cámara gris
de todos mis neumáticos,
cuando al fin comprendí
que un beso de verdad
no se planea nunca
aunque alguien lo proyecte
como una bala húmeda
al centro de los labios.

Perdí la inocencia...

pero puedo sentirla
pellizcando mis nalgas
debajo de las sábanas
sólo con que susurres
a mi oído: 

- Creo en ti
y te traigo dos grillos del jardín
que cantan como nadie
"La Bohéme" de Puccini.

Puedo tolerar la ausencia 
de mi fe,

la tuya no.

*

EN MI DEFENSA

Y fue por eso, señoría,
que ahogarme, sumergirme, 
zambullirme de lleno,
bullir, hervir,
calarme hasta los tuétanos,
rebanarme los huecos,
los abismos,
sentir húmedo el húmero
y tibia la prudencia,

por eso
que empaparme, empañarme,
empacarme y lanzarme
como un maletín roto
al fondo del oceáno,
hundir el corazón, los pies,
las manos,
urdirme hasta los planes,
multiplicar las penas
y los los peces,
perder casi el aliento,
beberme hasta acabar
con la marea,

por eso
que asfixiarme, atracarme,
sumergirme la piel y el
archipiélago
debajo de su piel y su
archipiélago,
con predemeditación, alevosía
con este mareaje tormentoso,
este malaje hídrico y perverso,
este batir de olas y de adioses,

terminó convirtiéndose
en algo inevitable.

Por eso...señoría,
soy culpable,

por el regusto a sal
en las encías,

porque cuando mordíamos
las orillas del cielo
sabíamos a-mar

*

HUIDAS

Me dicen que a 32 kms,
al Oeste de la isla Smith,
en la bahía de Bengala
está la isla Norte de Centinela.
72 kms cubiertos de bosques
y finas playas
habitados por el único 
pueblo 
desconectado 
del resto del mundo.

No les agradan mucho las visitas,
cuentan,
son celosos de su intimidad,
poco comunicativos,
hostiles con los desconocidos,
un núcleo celular de bichos raros
que rinden pleitesía a la cigarra
y se comen la hormiga
de un bocado,
un paralelepípedo
plantándole la cara y las aristas
a toda globalización
que se le acerque.

Me lo cuentan a modo 
de advertencia,
¡Menudos salvajes!
gritan,

pero tú y yo no somos,
no lo hemos sido nunca,
unos aventajados
en eso de cumplir a rajatabla
las costumbres comunes
de los otros,
ni los "saber estar",
ni el protocolo exacto
en cada situación
o proceder,
no somos, en resumen,
víctimas potenciales
para la ingeniería social
y sus masivos métodos
de experimentación,

así que se me ocurre que,
tal vez, si te parece bien,
podríamos tratar de llegar 
hasta allí,
la remota e ignota isla 
desconocida,
y desnudar el miedo
hasta desconocernos
por completo,
volarnos, desaparecernos
evitar perecernos si algún día 
nos da por parecernos
al proyecto de ser inexistente
que habitamos detrás 
de los espejos.

Podríamos soñar con nuestra 
huida,
eso se nos da bien,
podríamos jugar al escapismo,
tú serías Houdini,
yo Dorothy Dietrich
y tendríamos un perro
que se llamara fuga
y no acudiera nunca
a la llamada.

Podríamos jugar,
deberíamos...

porque si no jugamos,
si no jugamos mucho,
todo el tiempo, siempre,
terminaremos haciendo
esas cosas odiosas
que esperan de nosotros,

aunque luchemos, 
aunque enseñemos los dientes,
aunque nos escurramos,
nos rebelemos, nos retorzamos
como un par de balletas,
dentro del fregadero,
aunque cambiemos 
de nombre y domicilio,
de piel incluso,
terminaremos haciendo
las mismas putas cosas 
que esperan de nosotros.

No nos engañemos, 

ya nos habían "decidido"
mucho antes
de que nos decidiéramos
a ser
y saldaramos a tiempo
las primeras dudas.


Gema Fernández,
de Principio(s) de incertidumbre
(Suburbia Ediciones, 2018)


lunes, 24 de diciembre de 2018

TEJER UNA BANDERA por ÓSCAR AGUADO



Podríamos mantener una discusión. Formar un pensamiento en base a una palabra con distintos significados. Tejer incluso una bandera. Yo olvido todas las acepciones de blanco y me quedo solo con la que me interesa. Tú coges el blanco y lo pintas de morado, por ejemplo (tienes todo el derecho a hacerlo). Pero después me dices que el blanco es morado por naturaleza, ahí ya me estás empezando a tocar los huevos. Después me cuentas la historia del blanco e insistes en que mi blanco no existe, que tal vez transparente, pero blanco no. Yo me bebo un trago de cerveza y te dejo con tu dislexia y tu jodido daltonismo.

Óscar Aguado


viernes, 21 de diciembre de 2018

HISTORIA DE LA SALVACIÓN EN BENAVENTE: 2 Poemas.




FULL MAYOR EN EL CAMPEONATO MUNDIAL DE PÓKER

Mi sueño es convertirme en un blanco que nunca escribe y que jamás habla.
Un blanco con gafas polarizadas y zapatos monstruosos que solo piensa cosas valiosas y
precisas y duraderas.
Un blanco que se bebe sus buenos litros y cuya unión con la tierra es poder puro.
Pienso en policías a caballo que viven la vida de Lars von Trier hundidos en el bosque.
Yo quiero pudrirme encima de los padres del poeta australiano Jas H. Duque, como el tatuaje
del Che Guevara se pudre en el torso de Mike Tyson en un barrio de Los Ángeles llamado Little
Armenia.
Cuando estuve en América unía cervezas de la mañana a la noche. Tuve una casa. Bebía en esa
casa y después salía a beber.
Entraba en los bares y me volvía loco; después entraba en punto muerto al casino Silver Star
porque amo los milagros encadenados.
Llévame al desierto y adórame.

LA EXPANSIÓN DE LA IDENTIDAD EN JOY DIVISION

Yo siempre aparecía a lo lejos.
Yo vengo de la nada como una historia del instituto.
Seducir con palabras es sencillo. Seducir con la inocencia es sencillo. Pero seducir con dinero es
inolvidable.
He leído hasta el último trozo de papel de los hombres. Los hombres siempre me dan la mitad
de lo que pido.
Todo conduce a mí cuando no cambio ni una letra de mi historia.
A mí lo que me gustaba era ir a fumarme un porro con mi caballo a las doce de la noche.
Ojalá este año mueran todos los músicos y todos los cineastas de la Tierra, y quede yo solo.
Quedar al final como el sheriff que barre su casa a oscuras y cruza palabras con el monte.
Ser el elegido atravesando el corazón de los elegidos.
Dulce gente, no os rindáis hasta que vuestros coches y vuestros hijos huelan igual que yo.
Mi padre y yo somos los viajeros del súper soul. Nuestras esquelas estarán llenas de delirios.
Arizona, 4976 d. C.

Víctor Pérez, de Historia de la Salvación en Benavente
(Canalla Ediciones, 2018).

miércoles, 19 de diciembre de 2018

HISTORIA DE LA SALVACIÓN EN BENAVENTE: Víctor Pérez.



Un auténtico oopart, eso es la Historia  de la Salvación en Benavente que tienes en tus manos. Un «objeto fuera de lugar». Una obra fuera de su tiempo. Como un astronauta en un bajorrelieve precolombino, como una huella humana en un estrato fósil de hace cien millones de años, la poesía de Víctor Pérez desafía y trasciende las coordenadas del espacio-tiempo. Este libro nos revela un tipo de belleza, un tipo de arte, una sensibilidad y una sabiduría revolucionarios. Mesiánicos. Porque Víctor nos escribe desde el futuro de la poesía. Es este libro un salto evolutivo en la literatura española. Y esto no es una opinión; es una verdad apabullante, la verdad con mayúsculas que impregna cada verso de Víctor Pérez. Este libro es un mensaje enviado desde el estadio creativo al que todo poeta quisiera llegar, y no puede.

Bien, pues allí está Víctor, respirando hondo el calor y el frío y esperándonos en vano. Surfeando las eras y escribiendo, siempre escribiendo. Transmitiendo infatigable como una antena de carne y hueso plantada en mitad de todo y nada. Escribiendo por si se mata o le matan. Escribiendo por si mañana el sol explota. Escribiendo por su bien y por el nuestro.

Y es que la poesía de Víctor Pérez existe porque hay cosas que es necesario dejar por escrito. La poesía de Víctor existe porque existen los revólveres y las horcas, los detectives, los padres y el divino fulgor metálico de un coche de cuarenta años. Las cosas capaces de llevarse a uno por delante. Porque en cada rincón del mundo existe un salvaje Oeste. Porque en el corazón de todo hombre se alza y alzará una majestuosa y terrible Benavente.


Iván Rojo

martes, 18 de diciembre de 2018

AMOR LÍQUIDO por SILVIA D CHICA



Creo en la gente que va de frente, creo en la amistad y en las relaciones largas que se construyen poco a poco, creo en las confidencias al sol en una plaza, creo en los que llegan y se quedan, creo en la complicidad que no se desvanece con el tiempo, creo en las largas charlas tumbada mirando hacia arriba, creo en la infancia y en su larga y rica pérdida de tiempo, creo en las personas que están ahí, a tu lado, cuando te caes, creo en los ciclos que se cierran como suaves puestas de sol y en los amaneceres prometedores, creo en el poder de las plantas y de la Madre Tierra, creo en las sincronicidades y en lo que sucede los días 12 o 21, que siempre pasan cosas, son como el inicio de algo... creo en la observación, en la perseverancia, creo en las artes y en mi intuición, creo en mis favoritos, mis propósitos y mis instintos, creo en los maestros, en muy pocos... creo en mis benditos animales, creo en los proyectos que surgen de la nada con frescor que te involucran, y en la energía succionadora de la creación, creo en la cooperación y en la renovación, creo en el poder de la risa, creo en la pura pasión, en la seducción y en el magnetismo, creo en los sueños y en los caminos de transformación, creo en el horno de Atanor, creo en la misericordia conectada con el amor y los vínculos que crea, creo en los largos paseos y los viajes en solitario, creo en la inspiración, creo en mis hijos, creo en la fluidez y en el amor, sólido y líquido, creo en el cambio y en la preparación de semillas, creo en el futuro y en la gente que hace la vida más ancha...

Silvia D Chica


lunes, 17 de diciembre de 2018

EL NORTE SALVAJE DE JAPÓN EN MI FUNERAL por IVÁN ROJO




He pensado mucho en la muerte. He pensado en la muerte a lo largo de toda mi vida.
Recuerdo el colegio, aquella profesora de religión, sus discursos de fuego amenazante: vais a morir todos.
Supongo que no está bien decirles esas cosas a los niños un lunes de buena mañana, pero ¿qué es el bien?
Lo que sé es que por la noche soñaba con ella, se me aparecía: flotaba desnuda en horizontal sobre mi cama,
su cara amarilla de aceite a un palmo de mi aliento dulce, me susurraba latinajos, me agarraba la picha y decía: Oh.
Se reía a carcajadas en mi sueño, la bruja santa, y yo también;
me despertaba riendo como un loco después de haber mirado a la muerte a los ojos, con ganas de cantar o jugar con el spectrum,
con ganas de encender el aire de mi casa con la reverberación de la música y la luz. Y lo hacía.
Le perdí el miedo a la muerte antes de comprender su esencia, pero no el respeto, por eso pensé tanto en ella.
Pensé en la muerte igual que los astrofísicos más insignes pensaron en el final del Universo: imaginando.
Imaginé planicies nevadas donde mis seres perdidos aguardaban mi llegada cubiertos por el hielo, hechos cristal.
Imaginé a mis seres perdidos convertidos en antorchas humanas, iluminando el horizonte al que me dirigía.
Imaginé sus voces hablándome desde la oquedad del tiempo, siempre acompañándome.
Pensé en la muerte de compras, mientras abastecía mi vida de zapatillas Nike, Fairy y lomos de cerdo.
Pensé en la muerte mientras derramaba mi progenie en el suelo de la ducha, en la sima húmeda del misterio.
Pensé en la muerte en el trabajo, bajo el zumbido de los fluorescentes de la supervivencia.
Pensé en la muerte en las playas, bajo el silencio omnipotente del sol del hemisferio norte.
Pensé en la muerte en Lyon, comiendo un kebab junto al río, a los veinte años, puro músculo, ni un átomo de grasa.
Pensé en la muerte en Helsinki, escribiendo un poemario titulado León de Invierno que hablaba de la vida.
Pensé en la muerte en Fez, bebiendo té abrasador en pleno verano, con el témpano indestructible del desamor en la garganta.
Pensé en la muerte en las terrazas de todos los bares de España, leyendo el futuro en las manos de la gente.
Leyendo poesía, leyendo prosa, leyendo la letra pequeña de mi contrato de tarjeta bancaria, sentí la muerte.
Sentí su caricia en el pescuezo cuando el teléfono sonó un jueves a las cuatro y tres de la madrugada.
Sentí su olor dentro de aquel TAC, un tufo de madriguera, de animal subterráneo, imantado por el rozamiento.
Sentí su zarpazo viendo los grandes documentales de La 2 tirado en el sofá, el verano sentado sobre mi pecho, ahogándome.
Vi la muerte en el fondo de las piscinas municipales; tenía forma de pendiente, de aro dorado.
La vi debajo de las camas, dentro de los armarios, la vi ágil como una araña.
La vi en los aseos del aeropuerto de Fiumicino, Roma, con una sonrisa blanquísima y rasgos filipinos.
La vi entre las flores de las rotondas urbanas, la vi en bikini en los parques acuáticos.
La vi en la gasolinera de Alaquàs, con los labios rojos al volante de un Ferrari, y le llené el depósito.
La vi en la peluca que cubrió la cabeza calva de mi madre, y la peiné con amor, con devoción.
La vi con mis ojos mágicos dentro de todos vosotros, amigos míos, comiéndose a bocados vuestro tiempo, vuestro hígado.
¿Cuántos de vosotros habréis conseguido firmar la paz con ella? ¿Cuántos de vosotros estaréis escuchando esto?
No lo sé, espero que todos, pero lo dudo. Escribí estas palabras para mi funeral hace muchísimo tiempo. En concreto:
quinientos años.
Amé a la muerte como solo se puede amar a un hijo criminal, a un padre bestial: de manera inevitable.
Y le di la mejor vida que supe.
Abrid la caja, abrid mis párpados, y comprobadlo.


Iván Rojo, de Oclajoma (España) (Canalla Ediciones, 2018).


sábado, 15 de diciembre de 2018

OCLAJOMA (ESPAÑA): Iván Rojo.


 


«Todo lo que sabemos sobre lo que de verdad nos importa está en este libro. Oclajoma (España) es el acercamiento final de España y Norteamérica. Yo he tenido a Iván a un metro de mí. Cuando camina parece una banda de negros. Cuando escribe, escribe poemas que fulgen. Poemas que son pura energía. Poemas que marcan un punto de ruptura con toda la poesía que hayamos leído antes. Estos son poemas de verdad. Poemas que quieren a los que lo arriesgan todo. Iván Rojo se posó en la fila interminable de los hombres en septiembre del 76, y desde entonces todos le debemos algo. Dicen que Iván Rojo fue expulsado de la guerra del Golfo porque tenía proyectos para la humanidad demasiado grandes. Y me lo creo. Leyendo este libro parece que todo sea posible. Estos poemas deberían ser enviados a Dios como si fueran la palanca de la cuenca del Misisipi. No hay en el mundo un humor más santo que el suyo. Pero hay más. Hay astucia. Hay compasión. Hay amor. Poemas que se quedan entre ceja y ceja al instante. Estos poemas son una mancha terrestre que se puede divisar desde el espacio. Estos poemas son un balonazo en los huevos de la poesía que se hace en España».

VÍCTOR PÉREZ


jueves, 13 de diciembre de 2018

TRAVESÍA: Entrevista en La Nueva Crónica.



El escritor leonés Vicente Muñoz lleva este jueves su nueva publicación a El Gran Café. | MARLUS LEÓN

La Nueva Crónica / Emilio L. Castellanos / 13/12/2018

Vicente Muñoz: "Mis heridas son también las de muchos otros"

‘Travesía’ es el título de la nueva publicación del escritor y gestor cultural leonés, segunda entrega de la trilogía ‘La llama encendida’ que este jueves verá la luz en El Gran Café

La realidad del leonés Vicente Muñoz Álvarez se significa por su condición poliédrica. Son varios los universos que se citan en una vida intensa y colmada de sensaciones y sensibilidades y de la que él ha ido extrayendo numerosos paisajes para dictar esa literatura emocional que le enmarca y cuyo trazo ha quedado moldeado en los numerosos libros que persiguen su biografía literaria. Una nueva publicación,‘Travesía’, suerte de exorcismo autobiográfico, se añade al bagaje creativo de un escritor de voz y luz propias que se deja mecer por sus propias contradicciones y que convive, precisamente bajo el amparo de aquellas, con sus luces y sus sombras. ‘Travesía’ (Chamán Ediciones), segunda entrega de una trilogía, ‘La llama encendida’, que arrancó en 2014 con ‘Días de ruta’, conocerá su puesta de largo este jueves (21:00 horas), en El Gran Café en el transcurso de un acto en el que intervendrá Fátima Ramos del Cano, directora del magazine digital Leotopía. 

– De todos los Vicentes que nutren tu existencia, ¿cuál prefieres? 

– Al escritor, sin duda, que es mi verdadera pasión y apuesta. Aunque tenga que cargar con el resto de ocupaciones y personalidades para poder comer, claro está. 

– Disfrutas de la capacidad de afrontar sin agobios numerosos oficios y ocupaciones. ¿Cómo eres capaz de conciliarlos? 

– Afortunadamente, aunque con sus complicaciones y servidumbres, cada vez mayores debido a esta crisis perpetua que nos asola, tengo un trabajo, el de representante de calzado, que me deja bastante tiempo libre. Muy intenso y absorbente durante unos meses al año, primavera y otoño, pero seguido de otras dos estaciones, verano e invierno, que aprovecho para escribir. Lo que yo llamo mi mundo de ensoñación, creativo e introspectivo, frente a la vorágine de los meses de ruta, siempre en la carretera, de ciudad en ciudad y de uno a otro cliente, en el corazón mismo del capitalismo. Una pura dicotomía, mi vida, llena de contrastes y extremos. 

– ¿Qué tipo de viaje propones en ‘Travesía’? 

– El de una vida cualquiera, la mía en este caso, como reflejo de la de los demás, sus luces y sombras, cielos e infiernos, penas y alegrías, amores y desamores, visiones e iluminaciones... 

En palabras de Pablo Cerezal, prologuista del libro: «Travesía, a pesar de su nombre, no es un libro de viajes. Es un libro que narra el viaje de una vida, el de cualquier vida, el de la tuya o la mía. Y la del autor, por supuesto, con todo lo que de audaz tiene el acto de asomarse a uno mismo para dolerse y alborozarse, para comprenderse y malinterpretarse, para sorprenderse incluso al ver que la imagen que devuelve el espejo nada tiene que ver con el propio rostro». 

– ¿’Travesía’ constituye una especie de ajuste de cuentas con tu realidad? 

– Sin duda. Es un libro, a caballo de la prosa, la poesía y la filosofía, absolutamente autobiográfico y reflexivo, donde me he despachado a gusto con mi realidad: esa dialéctica entre mis dos oficios y ejes sobre los que gira mi vida, el calzado y la poesía, el capitalismo y la creación. Estamos siendo testigos de un momento histórico de crisis socio económica y política sin precedentes, casi apocalíptico, según yo lo veo, que creo que debe ser contado y recordado, venga lo que venga después. Y eso es exactamente lo que yo he hecho en este libro: reflejarlo con un espíritu analítico y crítico. Desde mi punto de vista y enfoque, por supuesto, siempre subjetivo, pero analizando la sociedad y el mundo que nos ha tocado vivir. Siempre he pensado que la buena literatura confesional y autobiográfica es la que, hablando de uno mismo, logra reflejar la de la colectividad. Y con esa filosofía e intención intento siempre escribir. 

– ¿Te sientes cómodo en el uso de la introspección como vía de expresión?

– Sí, la verdad, creo que es en el registro en el que más cómodo estoy y el que de hecho más practico. Quizás debido a que cultivo tanto la prosa como el ensayo y la poesía, y tiendo a fusionar de un modo u otro siempre los tres géneros, y en parte también porque ese registro es precisamente el que más me gusta leer, el de mis autores favoritos, Thomas Bernhard, Céline, Kerouac, Miller, Lowry, etc, y el de la literatura con la que más me identifico. 

Portada de la publicación

– ¿No te da rubor desnudarte, al usar tu vida como fuente de inspiración, frente al lector?

– No, porque no lo hago nunca de manera gratuita, como mera exhibición, sino todo lo contrario, intentando reflejar el mundo que nos rodea, lo que toca y representa a los demás, que es lo que realmente me interesa. Muestro mis heridas, porque sé que son también las de muchos otros, o muy parecidas, y a todos nos duelen de igual o semejante manera, y doy una visión del mundo que sé que también ven los demás. 

– ¿Por qué en tu obra huyes de la falsa retórica y el fuego de artificio?

– Supongo que porque soy un escritor de corte realista, en primer lugar, que da mucha importancia a las ideas y al contenido, no solamente a la forma, y para ello es básica la claridad de la palabra, no el artificio. Son caminos y apuestas literarias diferentes, ni mejores ni peores, dos formas distintas de expresarse y contar. 

– ¿Huyes de la etiqueta? Aun sin disimular tus influencias, ¿crees que dispones de una voz propia y singular?

– Obviamente, eso intento. Nunca me han interesado demasiado las etiquetas, efectivamente, porque no soy en absoluto un escritor purista y me gusta la fusión e hibridación de estilos y géneros, y por otro lado no me gusta condicionarme con nada a la hora de escribir ni seguir ningún tipo de normas establecidas. La voz singular es lo que queda cuando un escritor ha asimilado muchas voces y experiencias, y lo desmonta todo en su cabeza, influencias y estilos, para expresarse a su modo y manera. Yo lo hice hace ya tiempo, mejor o peor pero lo hice, y sí, reconozco cada vez más mi propia voz, y por supuesto el eco de otras muchas que también me interesan como referente en mi escritura. 

– ¿La trilogía donde se integra ‘Travesía’ es un punto de inflexión en tu trayectoria o una consecuencia más de la misma?

– Supongo que sea un punto de inflexión, sí, aunque no sé aún muy bien hacia qué otro lugar... Como soy un escritor básicamente autobiográfico, salvo en algunos libros concretos, imagino que sean mis propias experiencias, pasadas, presentes o futuras, las que vayan dándome material para mis próximos libros. Lo que sí tengo claro es que en esta trilogía, ‘La llama encendida’, que comencé con ‘Días de ruta’ en 2014, he continuado con ‘Travesía’ y terminaré con un tercer volumen algún día, quería hablar de lo que ya antes señalé, mis dos oficios, el calzado y la poesía, y sus servidumbres y circunstancias, como metáfora y reflejo del momento histórico que me ha tocado vivir. Y en ello justamente estamos.

– ¿Qué le pides al lector cuando se mide con tu obra, en general, y en particular con ‘Travesía’?

– Básicamente, que se involucre en lo que lea, medite, lo juzgue y saque sus propias conclusiones. La mía no es una literatura de mera evasión, aspira a hacer pensar al lector y, aunque sea en mínima medida, transformarle, y está llena de preguntas y claves que él debe analizar. De nuevo, dos formas o caminos distintos de enfocar la literatura. 

– ¿Cómo te enfrentas al hecho creativo? ¿Padeces el síndrome de la página en blanco?

– Con total libertad y espontaneidad y sin estar mediatizado por nada en concreto: escribo lo que siento que debo escribir y cuando el corazón me pide escribirlo, sin más, no mecánicamente ni condicionado por ningún plan u objetivo. Esa, la literatura escrita así, cuando quema por dentro, es la que me gusta leer y escribir. 



miércoles, 12 de diciembre de 2018

EL MEJOR POETA DEL MUNDO por JAVIER VAYÁ ALBERT




El mejor poeta del mundo

se sentaba en un pupitre junto al mío,

escribíamos versos furtivos e ingenuos

para la misma chica.

Era el mejor en todo lo que hacía

era un endemoniado ángel

en un mundo de demonios angelicales.

Ahora lleva muerto toda una vida

yo llevo vivo toda su muerte.

Hoy recordaré una promesa que le hice

y por supuesto no he cumplido.

No creo en Dios ni en nada parecido,

pero a menudo me pregunto

si pese a lo mucho que nos duelen los muertos

no les doleremos a ellos -mucho más- los vivos.


Javier Vayá Albert, de Ascendiendo a lo hondo (El petit editor, 2017).