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sábado, 10 de octubre de 2026

RELATOS DE VIDA por EDUARDO BOIX




RELATOS DE VIDA

El escritor leonés rescata sus tres libros de relatos en el volumen 
Nunca volverá a ser ahora (Trilogía de la lluvia), 
publicado por la editorial Efe Eme.

Por Eduardo Boix

La mayoría de las veces la literatura es un reflejo de la vida. Los escritores, sean del género que sean, plasman, a veces con ficción y a veces sin ella, las vivencias que viven o escuchan de otros. En esto se basa la mayoría de las obras literarias a lo largo del tiempo. Porque la historia de la literatura es eso: buscar en las experiencias o en sus ecos los mensajes para la humanidad. Los cuentos se crearon con la intención de mostrar enseñanzas a los niños y, qué duda cabe, a los adultos. Esas fábulas mostraban los temores al mal que venía de fuera.

Nunca volverá a ser ahora (Trilogía de la lluvia) de Vicente Muñoz Álvarez, publicado por la editorial Efe Eme y con prólogo de José Ángel Barrueco, surge de la literatura más pura. Muñoz Álvarez escribe sobre los que pierden. Sobre los que llegan tarde, los que se equivocan, los que beben demasiado, los que tienen trabajos que detestan y los que alguna vez han pensado que la vida debía de ser otra cosa. Lleva años mirando hacia esos márgenes y haciendo literatura con personajes que pocas veces encuentran un sitio cómodo en el mundo. Efe Eme recupera Perro de la lluvia, Los que vienen detrás y El merodeador, tres libros de relatos descatalogados que el autor ha reescrito para esta edición. Y al leerlos juntos ocurre algo que seguramente no estaba previsto cuando fueron escritos: asistimos también al paso del tiempo sobre un escritor.

En Perro de la lluvia todavía hay algo de pulp, de terror, de personajes extremos. Hay sangre, violencia, criaturas que parecen salir de una pesadilla. Luego llega Los que vienen detrás y los monstruos comienzan a confundirse con la realidad. El trabajo, la precariedad, el alcohol, la soledad, los bares, las carreteras. Finalmente, en El merodeador, ya ni siquiera necesitamos que aparezca ningún monstruo. Porque el monstruo está dentro.

Está en el miedo a enfermar, en el insomnio, en los pensamientos que regresan una y otra vez, en el cuerpo que comienza a envejecer, en esa sensación de estar haciendo demasiadas cosas mientras la vida sucede en otro lugar. El merodeador, construido mediante relatos que se van superponiendo y con Thomas Bernhard como una de sus referencias reconocibles, es probablemente la parte más conseguida del volumen.

A Muñoz Álvarez se le ha situado dentro del realismo sucio y del movimiento underground. Las etiquetas sirven para explicar algunas cosas y para ocultar otras. Porque detrás de toda esa suciedad hay también una mirada hacia el ser humano. No intenta salvar a sus personajes. Tampoco justificarlos. Los deja equivocarse. Eso los hace verdaderos. Quizá porque todos nos hemos equivocado alguna vez. Todos hemos querido abandonar un trabajo, marcharnos de una ciudad, recuperar a alguien o regresar a un momento concreto de nuestra vida para hacer las cosas de otra manera.

Pero no se puede. De eso habla también este libro. Del tiempo. De aquello que tuvimos delante y no supimos que estaba desapareciendo. Los amigos, los padres, las casas, los bares, determinados cuerpos, algunas noches. Incluso la persona que alguna vez fuimos. Por eso Nunca volverá a ser ahora es un título que termina creciendo después de la lectura. Vicente Muñoz Álvarez ha reunido tres libros escritos en diferentes momentos de su vida y, al colocarlos juntos, ha terminado construyendo algo parecido a una autobiografía de sus propios miedos. Primero estaban fuera. Después se acercaron.
Hasta que un día comprendimos que vivían dentro de nosotros. Porque todo lo que mostramos está dentro. A veces el exterior solo es un reflejo de lo que vivimos y soñamos.

Ficha del libro
Título: Nunca volverá a ser ahora (Trilogía de la lluvia)
Autor: Vicente Muñoz Álvarez
Editorial: Efe Eme
Número de páginas: 272
Precio: 21,50 €


sábado, 12 de septiembre de 2026

NUNCA VOLVERÁ A SER AHORA en ZENDA LIBROS (XLSEMANAL)



Nunca volverá a ser ahora, de Vicente Muñoz Álvarez:
desnudar al ser humano desde el relato

Javier Mateo Hidalgo, 10-9-2026, Zenda Libros

Existen obras conocidas por una amplia mayoría, dado su carácter universal, su sinceridad y atrevimiento. Una de ellas es, sin duda, el célebre grabado de Francisco de Goya titulado El sueño de la razón produce monstruos. Número 43 de la serie Los caprichos, fue creado por el genial aragonés en 1799. ¿Quién en esa fecha se había atrevido a desplegar en una imagen toda esa inquietante escenografía? Luego llegarían otros que, inspirados o no por el español, seguirían la estela innovadora que él inició en el arte, llevándola además a otros ámbitos como el literario, musical, escénico o cinematográfico. Basten algunos nombres de autores y los títulos de sus obras: Karl George Büchner con su Woyzeck, Hector Berlioz y su Sinfonía fantástica, Isidoro Ducasse en Los cantos de Maldoror o Robert Wienne desde El gabinete del doctor Caligari. Todos comparten el sentimiento trágico del ser humano, los fantasmas que anidan en él e iluminan sus sombras. Goya exteriorizó esos demonios y los situó sobre el cuerpo atormentado capaz de soñarlos. Hay que ser valiente para exorcizar las fuerzas que conforman nuestra psique y, sin las cuales, estaríamos incompletos.

Quien sabe mucho de todo esto es el leonés Vicente Muñoz Álvarez (1966), ensayista, poeta y narrador capaz de fundir sus distintos registros en un estilo coherente e inconfundible. Sus filias y fobias, sus pasiones y temores, las experiencias vividas que han ido modelando su identidad dan cuerpo a una biografía que se funde con su pasión por el cine, la literatura o la música, dando lugar a reflejos biográficos o a escenarios, situaciones y personajes ideados. La personalidad de este escritor nos lleva a mundos extraños donde lo cotidiano puede tornarse en siniestro, casi siempre debido a esos monstruos que anidan dentro del individuo. Pero no es la persona individual la única responsable, sino también la sociedad que ha creado y en la que se funde, también el paisaje que ante sus ojos resulta hostil. Hay una lucha por la vida donde se puede resistir buscando la lucidez o aligerando el dolor a través de mundos alternativos, paraísos artificiales creadores a su vez de nuevos espíritus, más o menos perversos.

El último trabajo de este creador llegó a las manos de quien esto escribe después de haber transitado sus textos sobre cine underground en Películas que erizan la piel (Underdog Ventures, 2024) y tras leer la antología poética Hombre de mimbre (Páramo, 2025) —asociada por su nombre con el cine anteriormente mencionado, en concreto al filme The Wicker Man (“El hombre de mimbre”, Robin Hardy, 1973)—. Así, Nunca volverá a ser ahora (Trilogía de la lluvia) (Editorial Efe Eme), contiene las inquietudes de estos dos libros previos y nos sirve en bandeja de plata un suculento plato para los amantes de la buena literatura sin remilgos. Sin duda, por sus originales y arriesgadas características, no se trata de un libro al alcance de cualquiera, pues su oscura temática puede “ahuyentar” a más de un curioso. No obstante, pasado ese primer filtro, llegará la recompensa a quien haya seguido apostando por lo genuino de sus páginas.

Hemos dado ya algunas referencias culturales con las que arrojar una idea de “por dónde van los tiros” del presente volumen. Una herencia cultural a la que se pueden sumar otros autores de los que sí es directamente deudor Muñoz Álvarez, pues sus nombres y los fragmentos de algunos de sus trabajos figuran a modo de citas al inicio de buena parte de los textos recogidos en el tomo, bien como aperitivo de lo que vamos a encontrar o como influencia directa o indirecta. El universo de nuestro escritor lo conforman nombres tan dispares como hermanables que van del gótico Edgar Allan Poe al miembro de honor de la Lost Generation Fernando Pessoa, pasando por el representante del spleen Charles Baudelaire o el creador de monstruos H. P. Lovecraft, el existencialista Jean Paul-Sartre y su precursor Miguel de Unamuno, Franz Kafka y el absurdo, el místico Osho, los beats Jack Kerouac, William Burroughs y Allen Ginsberg y los creadores del realismo sucio Charles Bukowski y Raymond Carver, el antropólogo Carlos Castaneda, el polímata Anthony Burgess o el novelista y dramaturgo austriaco Thomas Bernhard.

Hemos de aclarar que la presente trilogía no es una obra de nuevo cuño, sino que se trata de la recuperación —con revisión mediante por parte del autor— de tres obras de narrativa publicadas anteriormente. Sus títulos, que podemos leer en orden cronológico, son: Perro de lluvia (Iralka, 1997), Los que vienen detrás (DVD Ediciones, 2002) y El merodeador (Baile del sol, 2007). El título que aglutina a estos tres trabajos es bien representativo del espíritu que subyace bajo cada uno. Se trata de un estado de ánimo, compuesto de nostalgia, tristeza e incluso misterio. Dicha rotunda expresión, “Nunca volverá a ser ahora”, que emerge en distintas ocasiones dentro del libro, funciona como advertencia, nos anima a aprovechar el tiempo presente que no se repetirá. Los personajes que habitan cada uno de los relatos de esta obra parecen recordar estas cinco palabras con amargura, pues no supieron o no quisieron aprovechar lo que la vida les ofrecía. El subtítulo del trabajo (Trilogía de la lluvia), añade si cabe una mayor introspección y suspense a este tipo de relatos, así como una mayor pesadumbre y negrura en quienes pueblan estos paisajes sombríos y grises.

El primero de los tres libros, Perro de lluvia, tiene como atmósfera envolvente aquellos relatos pulp de los que Tarantino, desde el cine, ha sido y es tan deudor. Su imaginería se encuentra conformada por personajes solitarios y desquiciados, por no decir perturbados e incluso psicópatas, que hablan en primera persona al lector o se nos habla de ellos desde otra perspectiva —un policía, por ejemplo—, justificándose su proceder dándonos a conocer su origen y evolución. Surge la duda siempre en estos casos de si el individuo nace así o se hace, aunque lo importante es siempre el presente. Puede ser que se trate de seres fantásticos e incluso mitológicos o que se presenten invisibles desde la ciencia ficción, siendo su amenaza todavía por ello mayor. Tal vez puede que hayan sido engendrados por la imaginación de otro personaje, habiendo estado su espíritu expuesto a unas circunstancias poco favorables. Así, lo sobrenatural se mezcla con el gore o el realismo mágico y las geografías y tiempos cambian con cada relato, poniendo el autor a prueba su capacidad para fabular y la verosimilitud de lo narrado.

El segundo título, Los que vienen detrás, deja en buena parte el carácter truculento e irreal para dar paso a un mayor realismo, cargado de contenido social, pesimismo y amargura. Los protagonistas son en definitiva unos perdedores o personas que han experimentado el lado cruel de la vida, sin importar su edad o condición. El contenido autobiográfico se hace cada vez más evidente —los episodios del autor como objetor de conciencia, opositor o vendedor de zapatos en compañía de su padre, las épocas que forjaron su identidad asociadas a la doble dicotomía campo-ciudad— para desembocar finalmente en el último de los tres libros, El merodeador, donde la realidad del autor se hace patente aun fundiéndose con lo inventado. Nos encontramos ante un tour de force literario por tratarse de un compendio de relatos que, leyéndose por separado, constituyen en sí una novela experimental donde su protagonista lucha con su realidad —su pensamiento obsesivo que no le permite estar en el presente sino en el pasado o el futuro, los conflictos con su pareja, los problemas de salud, su ingrato trabajo o la pérdida de un amigo muy cercano— para poder hacer lo que realmente desea: escribir una novela que se titula precisamente así, El merodeador.

Para esta ocasión, Muñoz Álvarez ha contado con dos anfitriones de lujo: por un lado, José Ángel Barrueco, quien se ha encargado del prólogo y el cual reconoce que la obra del leonés ha influido “en mayor o menor medida” en la suya propia. Por otro, Jesús Palacios, quien a manera de epílogo cierra la lectura, en cuyo “territorio minado” y “sembrado de trampas, de agujeros negros, de zonas (o interzonas) prohibidas” asegura que “nuestra mente puede perderse y, quizás, quedar atrapada para siempre”. Palacios alaba la capacidad del autor para trabajar sobre el cuento, “género tan poco querido por muchos lectores actuales, que tan poco y mal parece venderse y que tanto cuesta hacer bien de verdad, aunque muchos crean lo contrario”. Unos cuentos que, a pesar de ser “como lágrimas que se perderán en la lluvia”, nos empaparán y calarán “dejando en nosotros un poso real y verdadero, pasando a formar parte de nuestra experiencia y nuestra vida”. Y es que, tras la lectura de esta Trilogía de la lluvia, nunca volveremos a ser los mismos. Y eso es lo mínimo y lo máximo que se le puede y debe pedir a la buena literatura.



martes, 8 de septiembre de 2026

NUNCA VOLVERÁ A SER AHORA: Del pulp al realismo sucio.



"Nunca volverá a ser ahora. Trilogía de la lluvia" es un volumen con tres libros de relatos de Vicente Muñoz Álvarez, referente dentro del underground nacional que escribe a la vez con dureza y sensibilidad.

De lo pulp al realismo sucio, y sin abandonar el costumbrismo, acepta el reto —y lo consigue de sobra—de homenajear al gran Thomas Bernhard en "El merodeador", el último de los volúmenes de esta colección.

Sumergirse en su escritura es toda una experiencia y este libro es buena prueba de ello.

Con prólogo de José Ángel Barrueco y epílogo de Jesús Palacios.

Os lo recomendamos

Efe Eme Intermitente



viernes, 31 de julio de 2026

EL ÚLTIMO BEAT



Vicente Muñoz: "La escritura es para mí tan natural como respirar. No sé cómo habría sido mi vida sin ella"

"Así concibo el viaje, viviendo y escribiendo a la vez, dejando mis huellas sobre el polvo, me lleven a donde me lleven… En algún lugar del camino, como diría mi adorado Jack Kerouac, encontraré la Perla»

Pacho Rodríguez 26.07.2026, Filandón, Diario de León

—Estar en esto de la cultura, de ser parte de ella, de escribir, ¿tiene años buenos, malos o regulares? Si así fuera, igual este es su año, su buen año. ¿Usted cómo lo ve?

—Ciertamente sí, está siendo para mí un buen año a nivel literario, sobre todo por el Premio de la Crítica de Aragón, que me pilló por sorpresa y es un punto de inflexión importante en mi carrera. Pero también por haber publicado recientemente con Efe Eme, la mítica editorial musical española, en su Colección Intermitente, "Nunca volverá a ser ahora (Trilogía de la lluvia"), un volumen de relatos que compila tres libros míos ya descatalogados y está ahora mismo en las librerías.

—Hable de "Hombre de mimbre. Antología poética 1999-2025" (Editorial Páramo), el libro premiado.

—Es una selección de poemas de mis ocho libros de poesía publicados hasta la fecha, que incluye además un poemario inédito. Esa es la peculiaridad de este libro. Cuando mi editor me propuso publicar una selección de mi obra poética, le comenté que tenía un poemario inédito reciente, "Hombre de mimbre", y que me parecía buena idea incluirlo para ofrecer algo totalmente nuevo a los lectores, además de poemas ya publicados. Al final salió un volumen de casi seiscientas páginas, que repasa mi trayectoria poética desde 1999 hasta la actualidad, con una selección de los que, a mi juicio, son mis mejores poemas. En cuanto al título, "Hombre de mimbre", es un guiño a la película de culto de Robin Hardy, piedra angular del folk horror, que me pareció una metáfora perfecta de mi propia personalidad y forma de entender y practicar la poesía, como una purificación y catarsis mediante la palabra y el fuego. Se editó una primera edición numerada y firmada para coleccionistas, que se agotó en muy poco tiempo, y otra segunda que es la que actualmente está en las librerías. Y luego ya vino el Premio de la Crítica de Aragón al mejor poemario publicado en España en 2025, lo que supuso un gran espaldarazo al libro.

—¿En qué momento siente que hay un lugar para usted en la literatura leonesa y pasa a la acción sin mirar atrás?

—Nunca, la verdad, me he hecho esa pregunta, pero en cualquier caso yo no he buscado premeditadamente ocupar un lugar específico en la literatura leonesa. Me alegro mucho si en la actualidad lo ocupo, y estoy orgulloso de ello, pero mi escritura bebe de otras fuentes: la Beat Generation, el minimalismo y realismo sucio norteamericano, la poesía crítica y confesional, el cine y la literatura de horror, el underground y la contracultura, etc. Y por otro lado y al hilo de tu pregunta, siempre he sido un hombre de acción: desde mi banda de rock, Veredicto final, a mediados de los ochenta, donde tocaba la batería, a mi fanzine Vinalia Trippers, un clásico de la contracultura española, pasando por todas las antologías colectivas que he coordinado ("Golpes", "Resaca/Hankover", "Beatitud", "23 Pandoras", etc), el Festival Híbridos, que dirijo para al Ayuntamiento de León desde hace diez años, y mis más de treinta libros publicados hasta la fecha. Nunca, a nivel cultural, he estado quieto.

—Cuando le llaman para anunciarle el Premio en Aragón, ¿cómo lo celebra?

—A los Premios de la Crítica no se presentan los autores, sino que son nominados por el Jurado, y cuando me comunicaron a finales del año pasado que "Hombre de mimbre" estaba entre los finalistas, me llevé una gran sorpresa y alegría. Entre los autores nominados, además, había grandes poetas, como Laura Giordani, Eva Vaz, José Luis Piquero o Antonio Méndez Rubio, y eso era buena prueba de la calidad y el nivel de los finalistas. Cuando en febrero me anunciaron que había ganado el Premio (ex aequo con Laura Giordani), casi no me lo podía creer, entre otras cosas porque yo siempre me he movido en los márgenes, soy un escritor contracorriente, un poeta crítico y antisistema, que no ha tenido nunca pelos en la lengua a la hora de denunciar lo que me parece injusto, venga del lado que venga, y recibir un premio de este nivel y categoría significa que, de algún modo, las cosas en este país están cambiando y comienzan a valorarse otro tipo de poéticas y discursos que hasta ahora habían sido ignorados por la crítica y el canon. Lo celebré dedicándole ese mismo día en las redes el Premio a David González, mi gran amigo poeta fallecido en 2023, con el que compartía ideario y poética. Un enorme escritor al que la crítica, deliberada e injustamente, ninguneó.

—¿Qué supone para su carrera esta reedición con Efe Eme?

—"Nunca volverá a ser ahora (Trilogía de la lluvia)", que acaba de publicar Efe Eme en su Colección Intermitente, es una compilación de tres libros míos de relatos ya descatalogados, "Perro de la lluvia" (1997), "Los que vienen detrás" (2002) y "El merodeador" (2007), con prólogo de José Ángel Barrueco y epílogo de Jesús Palacios. Todos los relatos han sido reescritos especialmente para este volumen, incluyendo textos completamente inéditos y otros que no aparecieron en las ediciones originales. Aunque la veterana Editorial Efe Eme publica básicamente libros y revistas sobre música, su Colección Intermitente, que se creó hace un par de años, está especializada en realismo sucio y literatura underground, habiendo reeditado la obra completa del gran Raúl Núñez, el pionero e introductor de esta corriente en nuestro país, que estaba dispersa y descatalogada, y a autores del círculo de Vinalia Trippers, como José Ángel Barrueco, o la obra narrativa completa de David González, "Huellas en el polvo", para la que escribí el epílogo. Así que, sinceramente, me encuentro como pez en el agua en su catálogo (que me recuerda mucho, por cierto, al de Star Books a finales de los años 70, que publicó a autores como Jack Kerouac, Gregory Corso, Neal Cassady o el propio Raúl Núñez), rodeado de escritores afines y del tipo de literatura con la que más me identifico. Para un autor como yo, siempre en los márgenes, ha sido una gran suerte publicar con ellos.

—Es verano. Tiempo para libros. Recomiéndenos dos títulos para los jóvenes de veinte años que sientan la llamada de la literatura.

—"Viaje al fin de la noche", de Louis-Ferdinand Céline, una de las mejores novelas del siglo XX, absolutamente imprescindible para cualquier lector y escritor, y "En el Camino", de Jack Kerouac, el icono de la Generación Beat. Y una tercera de propina, mucho menos conocida: "La colina de los sueños", de Arthur Machen, maravillosa e ideal para entender el oficio (de tinieblas) de la escritura.

—¿Cree que el viaje va mereciendo la pena?

—Literariamente hablando, en mi caso, sin duda. No sé cómo habría sido mi vida sin la escritura, la verdad. Llevo escribiendo toda la vida, primero las letras de mi grupo, Veredicto final, con dieciocho años, y luego ya sin parar hasta el día de hoy, libro tras libro. Para mí la escritura es un modo de vida, una manera de ser y estar en la Tierra, tan natural como respirar o soñar.



jueves, 23 de julio de 2026

NUNCA VOLVERÁ A SER AHORA: EPÍLOGO por JESÚS PALACIOS




LÁGRIMAS EN LA LLUVIA. 
LOS CUENTOS CRUELES DE VICENTE MUÑOZ ÁLVAREZ


Si han llegado ustedes hasta aquí, atravesando las páginas que me preceden, ya habrán notado que, ahora, no son exactamente las mismas personas que abrieron la cubierta de este volumen. Atravesar los tres libros que lo forman: Perro de la lluvia, Los que vienen detrás y El merodeador, es atravesar también junto a su autor, Vicente Muñoz Álvarez, un territorio minado, un devenir en el tiempo y el espacio sembrado de trampas, de agujeros negros, de zonas (o interzonas) prohibidas, donde nuestra mente puede perderse y, quizás, quedar atrapada para siempre.

Los cuentos de Vicente Muñoz Álvarez no son inocentes artefactos literarios para pasar el rato —aunque, por supuesto, sirvan perfectamente para ello— son perlas a veces ensangrentadas cuyos destellos iluminan, siquiera brevemente, el lado oscuro de la experiencia y el ser humanos. En este sentido, se inscriben en la gran tradición del relato corto bien temperado para conseguir con el mínimo número de páginas, párrafos y frases, el máximo impacto en el lector desprevenido. Aquí se nota, también, que su autor es un poeta y conoce el valor de cada palabra, su peso simbólico y real, así como el de cada coma, cada punto, cada inspiración y exhalación, cada repetición y cada acento, para crear un ritmo interno en el texto que no solo acompaña lo narrado, sino que es también parte orgánica de la narración misma.

De Edgar Allan Poe, gran teórico y práctico del cuento moderno, a Raymond Carver, depurador de la realidad más sucia hasta dejarla limpiamente ante nosotros, ese lector omnívoro e insaciable que es Vicente Muñoz Álvarez ha aprendido y asimilado, que no imitado, la mejor técnica narrativa de los grandes y pequeños del género. Ese género aparentemente tan poco querido por muchos lectores actuales, que tan poco y mal parece venderse y que tanto cuesta hacer bien de verdad, aunque muchos crean lo contrario: el cuento corto. Pese a Poe, pese a Borges, pese a Chejov, Bierce, Gogol, Cortázar, O. Henry, Merimée, Dorothy Parker, Maupassant, Bradbury, Jean Rhys, Bioy y tantos otros y otras que encontraron en la distancia corta su ideal y el nuestro como narradores, hoy el cuento no goza de las simpatías de editores ni lectores.

Signo de los tiempos que vivimos y contra los que se rebela, como bien puede colegirse de su lectura, nuestro autor. Por el contrario, la brevedad, la concisión, la frase corta y la expresión justa, son el arsenal con el que Vicente Muñoz Álvarez desarma al lector y le deja frente a la verdad desnuda. Una verdad dura, dolorosa e incluso cruel, pero también por ello mismo catártica, justa y necesaria.

De una primera parte conformada por cuentos netamente crueles, donde el autor deja correr libremente la imaginación sadiana más perversa, salvaje y gráfica, jugando con el terror sangriento, la pornografía del dolor, la ciencia ficción distópica y el ahora tan de moda body horror, un Muñoz Álvarez bien conocido también por sus querencias cinéfagas de culto y amor a la pulp fiction, ofrece un cóctel extremadamente extremo y personal de Clive Barker, Cronenberg, Brett Easton Ellis, Marina de Van, el hard boiled americano, Kafka, William Burroughs, Boris Vian, y demás hierbas rojas, decadentes y despiadadas, para desnudar no tanto su mente enferma como la nuestra, pues de esta exhibición de atrocidades digna menos de Ballard que de Kraft-Ebbing, que se pinta en nuestra imaginación con los colores falsamente ingenuos de ese otro leonés desabrido, genial y virulento que es Miguel Ángel Martín, no puede sino derivarse una conclusión no por oscura menos cierta: en toda «buena» persona anida un asesino, un perverso pervertido, un psicópata sociópata, un perturbado fetichista, es decir: una «mala» persona. Pero, ojo, no en toda «mala» persona anida una persona «buena». No hay redención: solo placer y dolor, a menudo convertidos en uno y lo mismo.

De ahí, pasamos a un interludio donde, como señala José Ángel Barrueco en su prólogo, reina un cierto realismo sucio, amparado por el estro de Carver, pero hacia el que apuntan también algunas facetas de otros autores de influencia admitida y muy queridos por el propio autor: Henry Miller, Charles Bukowski, Jack Kerouac —y con él la insoslayable presencia fantasmal de la beat generation al completo—, Joseph y Philip Roth e incluso reminiscencias de Hemingway, Nathanael West o Sherwood Anderson, así como de Hammett, Chandler, Horace McCoy y los maestros de la original novela negra americana, que tanto y tan cerca están del propio realismo usamericano, sucio o no. Todo ello pasado por la trituradora de lo kafkiano, pero no tanto como influencia literaria en sí como en la mucho más personal y dolorosa esencia de una experiencia, una percepción kafkiana del mundo moderno, con toda su deshumanización, consumismo, corporativismo, mediocridad y adocenamiento, sonido y furia embrutecedores y esclavizantes.

Inevitable, pues, que la tercera y última parte, que puede entenderse también como una novela corta en la que cada relato funciona de forma perfectamente independiente tanto como a la manera de breves capítulos de la misma, sea ya una suerte de autoficción (ese inclasificable animal que ahora también todos los creadores tienen de mascota, a menudo famélica y maltratada), donde narrador y escritor, personaje y persona, se funden y confunden a través de una poética sucesión de estampas psicológicas, instantáneas cotidianas y momentos dramáticos, travestidos en angustiosa confesión existencial por una prosa en primera persona, implacable consigo misma, que exhibe desinhibidamente sus debilidades, fallas, torpezas, errores y absurdos, su angst y su pathos, utilizando una serie de acordes narrativos que recorren todo el espectro (nunca mejor dicho) de los sentimientos más enfermizos, mórbidos y depresivos que pueden hacer mella, y a menudo la hacen, en el espíritu demasiado sensible del artista, del escritor, del creador... o de quien al menos intenta serlo por auténtica e íntima necesidad.

Bajo la sombra de Thomas Bernhard —autor favorito también de Thomas Ligotti— la experiencia vivida del autor se ficcionaliza convirtiéndose en pesadilla obsesiva, digna a veces de algún atormentado personaje de Poe, como el hipersensible Roderick Usher, perseguido y acosado por pasos invisibles, maullidos de gatos agonizantes, ruidos callejeros, ladridos en la noche y, sobre todo, por el irreprimible, inasible, indomable ir y venir de una mente inquisidora e inquisitorial, incansable, que no puede parar de pensar y de pensarse, de elucubrar, torturarse y buscar respuestas a preguntas que no las tienen ni tendrán nunca. Una pesadilla eternamente insomne que muchos de los que nos dedicamos, de una u otra forma, a la creación literaria y artística sabemos más real que el peor de los fantasmas góticos de M. R. James o de los dioses arcanos de Lovecraft. De la crueldad inicial del autor para con sus personajes y lectores, pasamos a una no menos despiadada crueldad final consigo mismo, de una sinceridad desarmante, que no duda en desnudar su alma, sus miserias y sus miedos. Una visión implacable, construida sobre el tambaleante edificio del existencialismo de Sartre y el absurdo kafkiano de lo familiar y cotidiano, contra los que nuestro autor/narrador/personaje lucha aferrándose desesperadamente a la metafísica chamánica de Castaneda, a la espiritualidad de Osho y la práctica del yoga, pero que quizá solo encuentre verdadero consuelo, finalmente, en el gesto redentor de devolver un delfín varado a las aguas del océano, salvándolo de una muerte cierta. Quizá nada de lo que haga el escritor, nada de lo que haga el artista, pueda compararse con ese simple, sencillo y al mismo tiempo trascendental gesto.

Los cuentos de Vicente Muñoz Álvarez, entre la pulp fiction y el realismo poético, entre la fantasía cruel y una cotidianidad no menos cruel, de engañosa prosa sencilla, clara y directa, producto de un depurado proceso de elaboración literaria que se adivina a veces doloroso y difícil, son una demostración a contracorriente — hijo de la contracultura, al fin y al cabo, pero de la de verdad, no de la que hoy se dice tal— del valor y la fuerza expresiva del relato en un mundo de pesados e interminables novelones, tan voluminosos como vacíos de significado. Sus cuentos son, sin duda, como lágrimas que se perderán en la lluvia… Pero esa lluvia nos empapa y nos cala, dejando en nosotros un poso real y verdadero, pasando a formar parte de nuestra experiencia y nuestra vida. Si ya has cruzado a través de sus mares de palabras, sabrás perfectamente a qué me refiero.

Jesús Palacios, 
epílogo a Nunca volverá a ser ahora (Trilogía de la lluvia), 
de Vicente Muñoz Álvarez 
(Efe Eme Ediciones, 2026).



martes, 14 de julio de 2026

NUNCA VOLVERÁ A SER AHORA: Prólogo por José Ángel Barrueco.




EL HORROR, LA PENUMBRA, EL DESASOSIEGO

No me equivoco si afirmo que la compilación de estos tres libros de relatos del escritor Vicente Muñoz Álvarez en un único tomo supone un regalo para sus lectores, del mismo modo que lo ha sido Huellas en el polvo (Efe Eme, 2026), el reciente compendio de la narrativa de David González (1964–2023), que el propio Vicente y quien esto firma nos encargamos de prologar y epilogar.

El paralelismo obedece a una evidencia: ambos autores publicaron a menudo en editoriales muy pequeñas, de vanguardia y, por desgracia, con escasa proyección, salvo algunos casos aislados, o en editoriales que hace años dejaron de existir. Rastrear sus obras en un mercado que transforma las novedades en productos obsoletos un mes después de salir de la imprenta suele ser tarea vana.

En un mundo perfecto alguien que maneja tanto conocimiento del cine y de la literatura más pulp y underground debería estar en un altar, un caso más o menos equiparable al de Jesús Palacios, otro de los gurús imprescindibles de nuestro país, y también incluido al final de este libro. Porque la destreza de Vicente para adentrarse en distintos géneros y para utilizar diversos estilos en sus narraciones sorprenderá a quienes no hayan leído sus textos. Puede que Nunca volverá a ser ahora, su Trilogía de la lluvia, la que ahora tienes entre las manos, sea el camino más preciso para conocerles a él y a los espacios por los que acostumbra a transitar. Reconozco que sus textos, se mueva por donde se mueva (poesía, novela, narrativa breve…), han influido en mayor o menor medida en algunas de las cosas que he escrito en los últimos tiempos.

Al contrario que el añorado David, cuya producción no salía del terreno de la no ficción (exceptuando un par de encargos), en Vicente la ficción y la autobiografía van tan intrínsecamente unidas que, pese a nuestra amistad y a mi papel de lector fiel de sus libros, ignoro si muchas de las historias que cuenta las ha vivido o se las ha inventado. Pero esa es una de las características que se derivan de la literatura: mezclar en el texto lo real con lo ficticio y sumarles lo visto y lo oído y lo soñado y lo deseado.

Cada uno de los tres bloques de esta trilogía aboga por un estilo diferente y por unas intenciones alejadas entre sí, aunque todas están empapadas, como el agua de lluvia que cae en tantas narraciones, de guiños y homenajes a la literatura que le marcó. Y, aquí y allá, encontramos algunos inéditos, lo que amplifica el interés de la compilación.

El primer libro, Perro de la lluvia, contiene relatos en los que predomina lo ficticio, así en general. Historias extrañas, truculentas, salvajes a ratos, deudoras de autores del calibre de Franz Kafka, Arthur Machen o Algernon Blackwood, pero sin olvidarse de algunas deferencias hacia literatos de cabecera como Jack Kerouac, Charles Bukowski o William S. Burroughs, aunque estos tengan más peso y presencia en la segunda parte de la trilogía.

Aquí hallamos relatos fronterizos con el género de terror: “Mi vida en la penumbra”, con un prisionero atado en un cuarto espantoso y espeluznante; “Saudade”, donde el encierro también resulta esencial para la situación del personaje; “Dmtfágos”, en el que además apuesta por la ciencia ficción… por citar algunos; otros, en los que lo onírico y la naturaleza hacen mella en las mentes: “Perro de la lluvia”, con ese tipo cuyo día transcurre en medio del malestar y la desorientación y en el que las pesadillas relacionadas con el agua, los relojes y las persecuciones van minando su cordura; “Wendigo”, “Las setas” y “Una historia de Halloween” marcan esa misma fractura de la mente, donde lo alucinógeno y lo paranoico y las fuerzas misteriosas de la naturaleza desestabilizan a sus protagonistas; un poco alejados de lo siniestro encontramos otros textos en los que se destila la esencia de Kerouac (“Beatitud”) y de Bukowski (“Beodisea”), ambos con inicios potentes y que consolidan su declaración de intenciones: «Visionaré esta historia a la manera del santo beato Jack, no para imitarle (no podría) ni por deslumbrar con falsas claves de desolación, inquietas fórmulas de pensamiento» y «Me estaba suicidando trago a trago cuando aquella mujer llamó a la puerta. Mi chica se había ido de casa el mes pasado. Habíamos perdido el trabajo, no teníamos dinero, no follábamos y cada uno bebía por su cuenta».

Este primer bloque deja en el lector una sensación de angustia, de incertidumbre, de sospechar que, bajo las grietas de la realidad, subsiste un mundo que puede fracturar nuestro juicio, o una naturaleza cósmica que carcome el cerebro, o una recua de hombres malvados dispuestos a torturar o a quitarle la piel a todo, como el protagonista del inquietante “El despellejador”.

Los que vienen detrás conforma el segundo libro. En esta sección el autor abandona lo pulp y las ficciones extrañas para introducirnos en historias cuyos parámetros abogan sobre todo por el realismo sucio. Esto no significa que Vicente rehúya los comportamientos perturbadores, solo que ahora se incrustan en otro marco. Aquí se perciben la náusea, el miedo, el cansancio de quienes pretenden salirse de la maquinaria social o, aunque no lo hagan, no le encuentran sentido a esa vida laboral que consiste en girar en la rueda al dictado de los patrones.

Operarios de producción en fábricas, chavales de resaca, comerciales de zapatos, niños crueles, padres maltratadores, jóvenes estudiantes de oposiciones a quienes el futuro parece haber vencido, parejas en crisis o situaciones cargadas de tensión que pueden derivar en arrebatos de violencia. Pequeños fragmentos de existencias en los que se intuye la presión de lo temporal en algunos títulos: “Una vida modelo”, “Una tarde de agosto”, “Pasando el tiempo”, “El aniversario”, “Fin de estación”…

Hay aquí, por ejemplo, en el que da título (el relato “Los que vienen detrás”), una crítica al sistema actual, y a la manera en que ese capitalismo feroz y esa tendencia a producir y agigantar espacios deviene en la desolación que ha invadido algunos negocios pequeños, devorados por los grandes y por la maquinaria de publicidad y las superficies comerciales cada vez más inmensas y saturadas de ofertas.

El último bloque es El merodeador: aunque tejido mediante relatos cortos interrelacionados entre sí (y admiten una lectura independiente), podría considerarse una novela corta. Se trata de un ejercicio existencialista de introspección en el que la sombra del escritor Thomas Bernhard está siempre presente. El devenir cotidiano de un hombre del que se van apoderando las obsesiones y las sospechas. Pensemos en el capítulo o relato titulado “El lunar”, en el que, en la sala de espera de un ambulatorio para que le receten somníferos, el narrador coincide con un hombre que se rasca una especie de mancha de la piel del cuello y le endosa a su oyente una diatriba paranoica y maníaca. O cómo en “Los pasos” y en “El cartero” se desasosiega porque oye o cree oír pasos en la casa o porque ese cartero al que espera nunca llega.

El narrador colabora en un periódico y pronto volverá a echarse a los caminos para trabajar con su padre en la nueva temporada de venta de calzado (oficio que Vicente desempeña desde hace años y que compagina con la escritura). Padece insomnio y este, como apunta, es «un creador infatigable de monstruos». Los ruidos del caserón (pisadas, crujidos, roces…) le atormentan por las noches. El entorno se le antoja hostil. Las decisiones le perturban el pensamiento. Cualquier incidente (unos cachorros  ese cartero que tarda en aparecer, un artículo que no cuaja, un malentendido…) lo trastorna, y las derivas mentales no cesan de atormentarle. Esté donde esté y consiste en girar en la rueda al dictado de los patrones.

La historia ofrece una divagación sobre los asuntos rutinarios: darle vueltas a las cosas, ir y volver alrededor de una idea, obsesionándose con los matices de lo real y de lo imaginado. Y siempre con una voz que oscila entre el pesimismo y la inquietud. Porque la inquietud acecha en todas sus páginas. De esta parte, por cierto, se extrae la frase que, amputada para que no sea muy larga, sirve de título a la trilogía: «Nunca volverá a ser ahora y todo lo demás puede esperar».

Vicente Muñoz Álvarez despliega aquí múltiples recursos y ofrece este compendio para las recientes y las próximas generaciones de lectores, pero también para que los incondicionales continúen comprobando la eficacia de su incansable labor literaria. Al igual que su celebrada antología poética Hombre de mimbre, publicada en 2025, este libro debería figurar en los estantes de cada lector de raza. Sálganse del circuito poco alentador de los best sellers al uso y entren de cabeza en estas historias, tan apetitosas como reconfortantes.

José Ángel Barrueco,
prólogo de Nunca volverá a ser ahora (Trilogía de la lluvia),
de Vicente Muñoz Álvarez
(Efe Eme Ediciones, 2026)


Booktrailer:

martes, 16 de junio de 2026

VICENTE MUÑOZ ÁLVAREZ RESCATA SU TRILOGÍA DE RELATOS TRAS GANAR EL PREMIO DE LA CRÍTICA DE ARAGÓN



El escritor leonés reúne en Nunca volverá a ser ahora tres libros descatalogados, revisados y ampliados con textos inéditos

El escritor leonés Vicente Muñoz Álvarez (León, 1966), recientemente distinguido con el Premio de la Crítica de Aragón 2026, ha recuperado tres de sus libros de relatos en el volumen Nunca volverá a ser ahora (Trilogía de la lluvia), una edición en la que revisa y reescribe textos originalmente publicados hace años y actualmente descatalogados.

La obra reúne historias marcadas por el realismo más crudo, los ambientes nocturnos y una constante tensión entre la ficción y la experiencia autobiográfica. Según la editorial, se trata de relatos “realistas, crudos y noctámbulos”, en los que el lector se adentra en escenarios dominados por el desasosiego y la incertidumbre.

Una de las voces leonesas más singulares

Muñoz Álvarez está considerado uno de los principales representantes del llamado realismo sucio en España y una figura destacada de la literatura underground contemporánea. El autor leonés, fundador y editor del histórico fanzine Vinalia Trippers, ha desarrollado una amplia trayectoria que abarca poesía, narrativa y ensayo.

La nueva edición cuenta con un prólogo del escritor José Ángel Barrueco y un epílogo de Jesús Palacios, reconocido especialista en literatura y cultura de género. Ambos textos contextualizan una obra que ha consolidado a Muñoz Álvarez como una de las voces más personales de las letras españolas independientes.

Tres bloques narrativos

La recopilación se estructura en tres partes diferenciadas. Las dos primeras reúnen relatos donde conviven elementos cercanos al terror psicológico, la angustia existencial y el retrato de la vida cotidiana. Entre ellos destacan títulos como “El despellejador”, “Perro de la lluvia”, “Una vida modelo” o “Pasando el tiempo”.

La tercera sección, titulada El merodeador, constituye un homenaje al escritor austríaco Thomas Bernhard. En ella, los relatos se encadenan progresivamente hasta desembocar en un desenlace inesperado, en una propuesta caracterizada por una prosa más sobria y depurada.

Además de los textos revisados, el volumen incorpora algunos relatos inéditos que no formaron parte de las ediciones originales de las obras ahora reunidas.

Premio de la Crítica de Aragón 2026

La publicación coincide con un momento especialmente relevante en la trayectoria del escritor leonés, tras la concesión del Premio de la Crítica de Aragón 2026. El reconocimiento se suma a otros galardones obtenidos a lo largo de su carrera, entre ellos el Premio Letras Jóvenes de Castilla y León por Monstruos y prodigios.

Además de su producción literaria, Muñoz Álvarez dirige desde 2016 el Festival Cultural Híbridos y ha publicado numerosos poemarios, entre ellos Hombre de Mimbre. Antología poética 1999-2025, así como ensayos dedicados al cine de culto.

Con Nunca volverá a ser ahora (Trilogía de la lluvia), el autor leonés vuelve a poner en circulación una parte significativa de su narrativa breve y ofrece una nueva oportunidad para acercarse a una obra considerada de referencia dentro de la literatura underground española.


Ya en preventa en Ediciones Efe Eme:


sábado, 13 de junio de 2026

NUNCA VOLVERÁ A SER AHORA (TRILOGÍA DE LA LLUVIA): Los legendarios libros de relatos de Vicente Muñoz Álvarez, ahora en un solo volumen.



Ediciones fe Eme acaba de publicar Nunca volverá a ser ahora (Trilogía de la lluvia), que recopila mis libros descatalogados de relatos Perro de la lluvia (1997), Los que vienen detrás (2002) y El merodeador (2007) en un volumen de 272 páginas, con prólogo de José Ángel Barrueco, epílogo de Jesús Palacios y varios cuentos inéditos.

Está ya en preventa, con un 5% de descuento y gastos de envío gratuitos, en la web de la Editorial Efe Eme:


Vicente Muñoz Álvarez despliega toda su inventiva en este Nunca volverá a ser ahora (Trilogía de la lluvia), en el que rescata, reescritos para la ocasión, sus tres libros de relatos. Unas páginas repletas de historias realistas, crudas y noctámbulas, tan sobrecogedoras como singulares. Desde la penumbra, entre la ficción y lo autobiográfico, el desasosiego no nos abandona en ningún momento.

Su amplia trayectoria y la calidad de su obra le otorgan un lugar privilegiado entre los más importantes escritores del movimiento underground, siempre próximo al realismo sucio de sus amigos José Ángel Barrueco (prologuista de este volumen) y el desaparecido David González.

Dividido en tres partes, las dos primeras nos presentan relatos duros que rozan el terror, como en “El despellejador”; el agobio y un ritmo asfixiante nos persiguen en “Perro de la lluvia”; el vacío existencial se exhibe en “Una vida modelo” y el costumbrismo más realista tiñe “Pasando el tiempo”. La tercera parte, «El merodeador», es tanto un homenaje a su admirado Thomas Bernhard como un ejemplo de sobriedad exquisita y prosa delicada, donde cada relato se superpone al anterior hasta llegar a un inesperado final.

Nunca volverá a ser ahora (Trilogía de la lluvia) permite disfrutar de un autor imprescindible, que suma ya una vasta obra en la que demuestra su enorme inventiva, destreza y amplia diversidad de recursos literarios. La suya es una voz tan singular como extraordinaria.

viernes, 12 de junio de 2026

NUNCA VOLVERÁ A SER AHORA (TRILOGÍA DE LA LLUVIA): Ya en preventa en Editorial Efe Eme.



Acabamos de publicar, en la colección Intermitente, Nunca volverá a ser ahora (Trilogía de la lluvia), un volumen que agrupa los tres buscadísimos y legendarios libros de relatos de Vicente Muñoz Álvarez (galardonado recientemente con el Premio de la Crítica de Aragón 2026). Pero, además, los presentamos en una edición excepcional, pues han sido reescritos por el propio autor, buscando la versión definitiva de estas historias desde la penumbra, realistas, crudas y noctámbulas.

Ya en preventa en la Editorial Efe Eme: