miércoles, 16 de septiembre de 2026

LUGER



Qué pedazo de película, queridos drugos, y cómo la he disfrutado: adrenalina pura, ultraviolencia cañí y acción a raudales, sin desperdicio de principio a fin.

Con ecos del mejor Tarantino (Resevoir Dogs y Pulp Fiction), pero con un sello de identidad totalmente personal y castizo, el madrileño Bruno Martín se ha marcado con este filme, Luger (2025), un thriller de acción despiadado y salvaje, trepidante y con un ritmo endiablado, que mantiene en vilo al espectador los 95 minutos que dura el metraje.

Rodada íntegramente en el Polígono Industrial P-29 de Collado Villalba, la acción se desarrolla en un solo día, sumergiéndonos en una espiral de violencia como pocas veces se ha visto (y disfrutado) en nuestro cine.

Todos los actores están estupendos en sus respectivos roles, en especial la pareja de protagonistas, David Sainz (también director) y Mario Mayo, que bordan sus papeles, el guion es magnífico y la puesta en escena, entre sórdidos bares, locales y garajes del polígono, de lo más convincente.

Un ejemplo de cómo se puede hacer gran cine de acción con poco presupuesto, solo a base de buenas interpretaciones e ideas.

Lo mejor, de todos modos, es que la veáis sin tener ni idea de qué va para no desvirtuar el factor sorpresa.

Una gozada

Vicente Muñoz Álvarez

sábado, 12 de septiembre de 2026

NUNCA VOLVERÁ A SER AHORA en ZENDA LIBROS (XLSEMANAL)



Nunca volverá a ser ahora, de Vicente Muñoz Álvarez:
desnudar al ser humano desde el relato

Javier Mateo Hidalgo, 10-9-2026, Zenda Libros

Existen obras conocidas por una amplia mayoría, dado su carácter universal, su sinceridad y atrevimiento. Una de ellas es, sin duda, el célebre grabado de Francisco de Goya titulado El sueño de la razón produce monstruos. Número 43 de la serie Los caprichos, fue creado por el genial aragonés en 1799. ¿Quién en esa fecha se había atrevido a desplegar en una imagen toda esa inquietante escenografía? Luego llegarían otros que, inspirados o no por el español, seguirían la estela innovadora que él inició en el arte, llevándola además a otros ámbitos como el literario, musical, escénico o cinematográfico. Basten algunos nombres de autores y los títulos de sus obras: Karl George Büchner con su Woyzeck, Hector Berlioz y su Sinfonía fantástica, Isidoro Ducasse en Los cantos de Maldoror o Robert Wienne desde El gabinete del doctor Caligari. Todos comparten el sentimiento trágico del ser humano, los fantasmas que anidan en él e iluminan sus sombras. Goya exteriorizó esos demonios y los situó sobre el cuerpo atormentado capaz de soñarlos. Hay que ser valiente para exorcizar las fuerzas que conforman nuestra psique y, sin las cuales, estaríamos incompletos.

Quien sabe mucho de todo esto es el leonés Vicente Muñoz Álvarez (1966), ensayista, poeta y narrador capaz de fundir sus distintos registros en un estilo coherente e inconfundible. Sus filias y fobias, sus pasiones y temores, las experiencias vividas que han ido modelando su identidad dan cuerpo a una biografía que se funde con su pasión por el cine, la literatura o la música, dando lugar a reflejos biográficos o a escenarios, situaciones y personajes ideados. La personalidad de este escritor nos lleva a mundos extraños donde lo cotidiano puede tornarse en siniestro, casi siempre debido a esos monstruos que anidan dentro del individuo. Pero no es la persona individual la única responsable, sino también la sociedad que ha creado y en la que se funde, también el paisaje que ante sus ojos resulta hostil. Hay una lucha por la vida donde se puede resistir buscando la lucidez o aligerando el dolor a través de mundos alternativos, paraísos artificiales creadores a su vez de nuevos espíritus, más o menos perversos.

El último trabajo de este creador llegó a las manos de quien esto escribe después de haber transitado sus textos sobre cine underground en Películas que erizan la piel (Underdog Ventures, 2024) y tras leer la antología poética Hombre de mimbre (Páramo, 2025) —asociada por su nombre con el cine anteriormente mencionado, en concreto al filme The Wicker Man (“El hombre de mimbre”, Robin Hardy, 1973)—. Así, Nunca volverá a ser ahora (Trilogía de la lluvia) (Editorial Efe Eme), contiene las inquietudes de estos dos libros previos y nos sirve en bandeja de plata un suculento plato para los amantes de la buena literatura sin remilgos. Sin duda, por sus originales y arriesgadas características, no se trata de un libro al alcance de cualquiera, pues su oscura temática puede “ahuyentar” a más de un curioso. No obstante, pasado ese primer filtro, llegará la recompensa a quien haya seguido apostando por lo genuino de sus páginas.

Hemos dado ya algunas referencias culturales con las que arrojar una idea de “por dónde van los tiros” del presente volumen. Una herencia cultural a la que se pueden sumar otros autores de los que sí es directamente deudor Muñoz Álvarez, pues sus nombres y los fragmentos de algunos de sus trabajos figuran a modo de citas al inicio de buena parte de los textos recogidos en el tomo, bien como aperitivo de lo que vamos a encontrar o como influencia directa o indirecta. El universo de nuestro escritor lo conforman nombres tan dispares como hermanables que van del gótico Edgar Allan Poe al miembro de honor de la Lost Generation Fernando Pessoa, pasando por el representante del spleen Charles Baudelaire o el creador de monstruos H. P. Lovecraft, el existencialista Jean Paul-Sartre y su precursor Miguel de Unamuno, Franz Kafka y el absurdo, el místico Osho, los beats Jack Kerouac, William Burroughs y Allen Ginsberg y los creadores del realismo sucio Charles Bukowski y Raymond Carver, el antropólogo Carlos Castaneda, el polímata Anthony Burgess o el novelista y dramaturgo austriaco Thomas Bernhard.

Hemos de aclarar que la presente trilogía no es una obra de nuevo cuño, sino que se trata de la recuperación —con revisión mediante por parte del autor— de tres obras de narrativa publicadas anteriormente. Sus títulos, que podemos leer en orden cronológico, son: Perro de lluvia (Iralka, 1997), Los que vienen detrás (DVD Ediciones, 2002) y El merodeador (Baile del sol, 2007). El título que aglutina a estos tres trabajos es bien representativo del espíritu que subyace bajo cada uno. Se trata de un estado de ánimo, compuesto de nostalgia, tristeza e incluso misterio. Dicha rotunda expresión, “Nunca volverá a ser ahora”, que emerge en distintas ocasiones dentro del libro, funciona como advertencia, nos anima a aprovechar el tiempo presente que no se repetirá. Los personajes que habitan cada uno de los relatos de esta obra parecen recordar estas cinco palabras con amargura, pues no supieron o no quisieron aprovechar lo que la vida les ofrecía. El subtítulo del trabajo (Trilogía de la lluvia), añade si cabe una mayor introspección y suspense a este tipo de relatos, así como una mayor pesadumbre y negrura en quienes pueblan estos paisajes sombríos y grises.

El primero de los tres libros, Perro de lluvia, tiene como atmósfera envolvente aquellos relatos pulp de los que Tarantino, desde el cine, ha sido y es tan deudor. Su imaginería se encuentra conformada por personajes solitarios y desquiciados, por no decir perturbados e incluso psicópatas, que hablan en primera persona al lector o se nos habla de ellos desde otra perspectiva —un policía, por ejemplo—, justificándose su proceder dándonos a conocer su origen y evolución. Surge la duda siempre en estos casos de si el individuo nace así o se hace, aunque lo importante es siempre el presente. Puede ser que se trate de seres fantásticos e incluso mitológicos o que se presenten invisibles desde la ciencia ficción, siendo su amenaza todavía por ello mayor. Tal vez puede que hayan sido engendrados por la imaginación de otro personaje, habiendo estado su espíritu expuesto a unas circunstancias poco favorables. Así, lo sobrenatural se mezcla con el gore o el realismo mágico y las geografías y tiempos cambian con cada relato, poniendo el autor a prueba su capacidad para fabular y la verosimilitud de lo narrado.

El segundo título, Los que vienen detrás, deja en buena parte el carácter truculento e irreal para dar paso a un mayor realismo, cargado de contenido social, pesimismo y amargura. Los protagonistas son en definitiva unos perdedores o personas que han experimentado el lado cruel de la vida, sin importar su edad o condición. El contenido autobiográfico se hace cada vez más evidente —los episodios del autor como objetor de conciencia, opositor o vendedor de zapatos en compañía de su padre, las épocas que forjaron su identidad asociadas a la doble dicotomía campo-ciudad— para desembocar finalmente en el último de los tres libros, El merodeador, donde la realidad del autor se hace patente aun fundiéndose con lo inventado. Nos encontramos ante un tour de force literario por tratarse de un compendio de relatos que, leyéndose por separado, constituyen en sí una novela experimental donde su protagonista lucha con su realidad —su pensamiento obsesivo que no le permite estar en el presente sino en el pasado o el futuro, los conflictos con su pareja, los problemas de salud, su ingrato trabajo o la pérdida de un amigo muy cercano— para poder hacer lo que realmente desea: escribir una novela que se titula precisamente así, El merodeador.

Para esta ocasión, Muñoz Álvarez ha contado con dos anfitriones de lujo: por un lado, José Ángel Barrueco, quien se ha encargado del prólogo y el cual reconoce que la obra del leonés ha influido “en mayor o menor medida” en la suya propia. Por otro, Jesús Palacios, quien a manera de epílogo cierra la lectura, en cuyo “territorio minado” y “sembrado de trampas, de agujeros negros, de zonas (o interzonas) prohibidas” asegura que “nuestra mente puede perderse y, quizás, quedar atrapada para siempre”. Palacios alaba la capacidad del autor para trabajar sobre el cuento, “género tan poco querido por muchos lectores actuales, que tan poco y mal parece venderse y que tanto cuesta hacer bien de verdad, aunque muchos crean lo contrario”. Unos cuentos que, a pesar de ser “como lágrimas que se perderán en la lluvia”, nos empaparán y calarán “dejando en nosotros un poso real y verdadero, pasando a formar parte de nuestra experiencia y nuestra vida”. Y es que, tras la lectura de esta Trilogía de la lluvia, nunca volveremos a ser los mismos. Y eso es lo mínimo y lo máximo que se le puede y debe pedir a la buena literatura.



jueves, 10 de septiembre de 2026

MIGUEL HERNÁNDEZ: CONTRA LA PIEDRA HOSTIL DEL DESALIENTO. ANTOLOGÍA POÉTICA (1923-1941)



Contra la piedra hostil del desaliento: 
Javier Mateo Hidalgo publica una nueva antología 
sobre Miguel Hernández en Árdora

Ediciones Árdora (galardonada en 2020 con el Premio Nacional a la Mejor Labor Editorial Cultural) publica un nuevo e interesante volumen dentro de su nueva colección Poetas para Qué. Tras seis volúmenes dedicados a figuras como las de Miguel de Unamuno, Antonio Machado, Juan Ramón Jiménez, Rosalía de Castro, Francisco de Quevedo o César Vallejo, llega el turno a Miguel Hernández. El poeta nacido en Orihuela y autor de obras como El rayo que no cesa o Viento del pueblo es antologado en este caso por Javier Mateo Hidalgo (Madrid, 1988). Poeta con siete libros publicados hasta la fecha, propone una personal selección de los poemas de este clásico de las letras desde su perspectiva vital y también lírica. La originalidad de la colección reside precisamente en que los responsables de estas antologías son también poetas y aportan su visión propia. De esta manera, los libros previos cuentan con antólogos de la talla de José Luis Gallero, José María Parreño, Julia Castilla o Begoña Paz.

miércoles, 9 de septiembre de 2026

QUIÉN SABE POR QUÉ por PABLO OTERO




Díctame un verso, dime

ve a por la compra, estoy cansada
dime
no hagas ruido, dime
hoy no,
dime.

Cariño, sabes?
el amor es una gran farsa.
El amor
las mariposas y el estómago, una
gran farsa, porque si el estómago está vacío
-me dijo-
no hay mariposas que vuelen, y
¿para qué
una mariposa que no puede volar?

Sabes, cariño?
-me dijo-
no quiero ese amor, quiero
que me respetes siempre
que aguantes mis malos días
-que los buenos se respetan solos-, quiero
que compartas, quiero
que seas tierno y que seas duro;
tú, pregunta.
 
Quiero tu voz, en mi oído, en la paz de la noche, tanto
como tu miembro en mis entrañas, tanto
como tu risa acompasada a la mía, tanto
como cientos de proyectos
o uno solo que dure siempre.

Deja al amor almidonado en el último cajón de la cómoda
por si acaso algún día necesitas alguna escusa.

Pero mientras
no se te olvide:

No somos uno
nunca fuimos uno
nunca seremos uno;
Somos, fuimos y seremos
dos seres perdidos que intentan
caminar a trompicones
juntos


Pablo Otero 


martes, 8 de septiembre de 2026

NUNCA VOLVERÁ A SER AHORA: Del pulp al realismo sucio.



"Nunca volverá a ser ahora. Trilogía de la lluvia" es un volumen con tres libros de relatos de Vicente Muñoz Álvarez, referente dentro del underground nacional que escribe a la vez con dureza y sensibilidad.

De lo pulp al realismo sucio, y sin abandonar el costumbrismo, acepta el reto —y lo consigue de sobra—de homenajear al gran Thomas Bernhard en "El merodeador", el último de los volúmenes de esta colección.

Sumergirse en su escritura es toda una experiencia y este libro es buena prueba de ello.

Con prólogo de José Ángel Barrueco y epílogo de Jesús Palacios.

Os lo recomendamos

Efe Eme Intermitente



lunes, 7 de septiembre de 2026

TODAVÍA: RELATOS PARA LA SUPERVIVENCIA DE LA ESPAÑA SENTENCIADA



Todavía
no es otro libro nostálgico más. Es un compendio de relatos para quienes nos negamos a aceptar que el futuro de la España interior, rural, vacía o vaciada, sea la desaparición más absoluta. En él, veintiocho relevantes autoras y autores de estos territorios plantan cara al pesimismo y nos recuerdan que la despoblación no es un destino inevitable.

Arturo Tendero, de Albacete; Ester Bueno Palacios, Miguel Velayos y Nieves Álvarez, de Ávila; Jesús Carazo y Óscar Esquivias, de Burgos; Carlota Visier y Christo Casas, de Cuenca; José María Merino, Sol Gómez Arteaga y Vicente Muñoz Álvarez, de León; Elena de Castro, de Palencia; José Luis Puerto, Manu Espada y Yolanda Izard, de Salamanca; Ignacio Sanz y Maribel Gilsanz, de Segovia; Julio Izquierdo, de Soria; Rafael Cabanillas, de Toledo; Alejandro Cuevas, Beatriz Sanz Olandía, María San Miguel y Rodrigo Garrido Paniagua, de Valladolid; Beatriz Cepeda, Clara García Fraile, David Refoyo y Tomás Sánchez Santiago, de Zamora, y Cristina Fallarás, de Zaragoza, son las personas que aceptaron el encargo de esta editorial y generosamente pusieron su escritura al servicio de la causa.

Todavía no es una oda a tiempos remotos ni a otros más cercanos pero llenos de penuria… Cada relato es una forma de supervivencia, una defensa del territorio, de la dignidad y de la vida. Pero, además, es un arma para la reivindicación, un arma política que empezó a defender los intereses de nuestras tierras ante los poderosos tres meses antes de su publicación.


viernes, 28 de agosto de 2026

MUERTOS Y ENTERRADOS



Una de las películas de terror señeras de los años 80, Muertos y enterrados (Dead & Buried, 1981), de Gary Sherman, ha superado con notable la prueba del algodón y, a diferencia de otras muchas de esa década, sigue en la actualidad provocando dulces escalofríos.

La vi en su estreno de adolescente y me aterrorizó como pocas, y desde entonces cada vez que la reviso me sigue pareciendo estupenda.

Con una fotografía brumosa y apagada que potencia su atmósfera de pesadilla, este filme se diferencia de otros de esa época por su logradísima puesta en escena y ambientación, como de ensueño de opio o mal viaje de tripi, que nos envuelve ya desde el principio, con una brutal secuencia en la playa que corta la respiración, y no nos abandona hasta el final del metraje.

Muy al estilo de las Historias de la cripta y los cómics de horror pulp de años 50, y con cierto aire lovecraftiano (Hervert West: Reanimator), la película de Sherman (también director de la estupenda Subhumanos, que igualmente os recomiendo) se desarrolla en un pequeño pueblo pesquero de Nueva Inglaterra y nos introduce en una espeluznante trama de crímenes, pesquisas y resurrecciones, con sorprendentes giros argumentales, magníficos efectos especiales (para la época) y un desenlace inolvidable y tremendo (muy imitado posteriormente) que no os sacaréis en mucho tiempo de la cabeza.

Un clásico de culto que, como los vinos de las cepas viejas, ha ido con el tiempo ganando buqué y solera.

Vicente Muñoz Álvarez

miércoles, 26 de agosto de 2026

CINCO POEMAS de JOAQUÍN PIQUERAS



FRONTERA

Cruzan la frontera
con hambre y sin nombre.
Atrás queda el fuego,
delante, la noche.
Un niño pregunta:
"¿Dónde está mi casa?"
Su madre lo abraza.
No dice palabras.
El mar pide cuerpos,
la tierra, papeles
Y un mundo tan grande
les cierra sus puertas.


ECLIPSE

La luna se interpone 
entre el sol y nosotros.

Por unos minutos
el cielo pierde la cabeza.

Después vuelve la luz,
como si nada.

Pero el sol
ya no nos mira igual.


TORMENTA DE VERANO

La tarde se apaga
como una sílaba
tachada del cielo.
El trueno firma
su nombre ilegible
en la espalda del horizonte.
La lluvia corrige
los contornos del mundo,
añade dudas
a las certezas mojadas.
Yo me quedo fuera,
dejando que el agua
me traduzca,
mientras la ciudad
sigue siendo 
la misma.

*

La muerte no entra:
ya estaba sentada
en el rincón más oscuro
de nuestro cuerpo.

A veces respira.
A veces no s mira
con nuestra propia cara.
No se lleva nada:
solo confirma
que todo era prestado.

*

Una luz cae.

Las sombras se levantan

como testigos.


Joaquín Piqueras


martes, 25 de agosto de 2026

YO APRENDÍ DE LOS PÁJAROS por AITOR CUERVO TABOADA




Yo aprendí de los pájaros su vuelo,
de la cordillera su paciencia extraña,
del río, su manera de ir al cielo,
el no rendirse nunca en la montaña.

Yo aprendí de los pájaros la espera,
de cada cima, el pulso de la altura,
del río, que la piedra no es barrera,
el miedo cede a la constancia pura.

Yo aprendí de los pájaros la herida,
de la montaña, el peso de los años,
del río, cuan turbulenta es la vida
que avanza entre piedras y daños.

Yo aprendí que la tierra no se vende,
que el viento no conoce propietario,
que el río, cuando lucha, nunca pierde,
y que luchar también es necesario.

Yo aprendí del silencio de los bosques,
de la noche, el misterio de su calma,
del fuego, la rebeldía de su trote,
y del alba, la esperanza de mi alma.

Yo aprendí de la lluvia su memoria,
del barro, la paciencia de la vida,
del tiempo, que no borra la historia,
y del dolor, su fuerza compartida.

Yo aprendí de los hombres que resisten,
de aquellos que no agachan la mirada,
que las cadenas sólo se desisten
cuando la dignidad está empuñada.

Yo aprendí de los muertos sus razones,
de sus nombres grabados en la tierra,
que hay silencios que gritan rebeliones
y hay derrotas que anuncian otra guerra.

Yo aprendí de la noche a no temerla,
porque incluso en la sombra nace el día,
y que nadie que lucha puede perderla
si lleva por bandera la alegría.

Yo aprendí de los pobres la grandeza,
de sus manos, la dignidad obrera,
que no existe mayor naturaleza
que compartir el pan de quien espera.

Yo aprendí que la vida es un combate,
pero también un canto y un abrazo,
que hasta la piedra, cuando el agua bate,
termina por ceder con cada paso.

Yo aprendí que jamás se vuelve tarde
para volver a alzar la voz dormida,
que mientras quede un corazón que arde,
habrá una razón más para la vida.

Yo aprendí de los pájaros el vuelo,
pero también del suelo su firmeza:
tener siempre los ojos hacia el cielo
sin olvidar nuestra raíz y su belleza.


Aitor Cuervo Taboada


lunes, 24 de agosto de 2026

DESENCANTO Y DESPERTAR DEL SUEÑO AMERICANO por JAVIER VAYÁ ALBERT




Amábamos las bombas
&
repartíamos amor civilizado
cruces afiladas en la garganta
de los comunistas
&
estrellas ninja de David rasgando corazones amarillos impíos.
Antes cuando
las hamburgueserías dominaban el mundo
&
el papá de Johnny jamás llegaba tarde
para verlo batear lanzando la bola
como un misil Tomahawk sodomizando el cielo.
Llevando libertad allá dónde todavía
no sabían que la necesitaban.
&
la pequeña Susan irradiaba pureza
con el vestido del baile de graduación.
Como una auténtica Virgen Americana
pálida y servicial bajo las gradas arrebatada
&
rosada en el asiento trasero del Chevrolet
del papá de Johnny
&
algunas veces el papá de Johnny ya sabes también.
Ahora
el quarterback está sentado en el sillón.
La panza asomando bajo la camiseta de tirantes
blanca quizá en otra vida
&
Sus pies surfeando latas de cerveza vacías.
Dormita al ritmo de los insectos rectos
&
negros que pueblan la pantalla del televisor.
Al ritmo de los insectos rectos
&
negros que pueblan su cabeza. Esqueletos de ceniza
sentados en coches sin ruedas frente a la albura
quemada del autocine
&
cafeteras estallando a cámara lenta en las manos
violentas de camareras obesas chicanas
&
los ojos de donuts de los polis reflejándose
en las placas de plástico brillante con nombres esclavos
&
los ojos de donuts de los polis engullendo
larvas de cristal el asombro luminoso
del bostezo invertido en todas las Jukebox
&
aquella vieja repulsiva con el uniforme de cheerleader
resquebrajándose sobre su piel verdosa
&
los pompones rancios
sus saltitos patéticos mendigando una letra
&
somos una nación fundada por asesinos sagrados
nuestros padres son criminales mágicos.
Ahora que no soñamos abrazamos
nuestra orgullosa condición de pesadilla
&
king kong waco, texas superman torres gemelas john wayne oklahoma city
&
toda esta ingratitud y desencanto
es lo único que recibimos a cambio.

Javier Vayá Albert, del poemario inédito "Amérika".

Fotografía de Robert Frank

viernes, 21 de agosto de 2026

AGONISTA por TOMÁS RIVERO




Toco tu frente. Pienso.
Toco tu pelo un instante.
Todo cuanto toco lo deseo tocar.
Toco tus labios. Hablo,
digo cosas que hasta a mí me sorprenden,
digo incluso que te amo.

Digo norte y busco el sur nublado
de tus muslos,
y de nuevo toco tus labios.
Y pienso. Y me sonrojo.
Toco tu espalda
y añado palabras al haz de leña
al que llamo poema.

Toco la planta de tus pies
y corro sobre la nieve
que fue dejando un rastro
de mi carne encendida.
Toco dilema y te beso
y cierro los ojos y no hay nadie.
Estoy solo y me doy por apagado,
sobre las cenizas hay una huella.

Todo lo que fui, ahora lo soy.
Hay un sordo y un ciego,
uno sobre el monte que corona mi vida,
el otro al borde de un camino
que nunca quise tomar.


Tomás Rivero


jueves, 20 de agosto de 2026

CINCO POEMAS de ALBERT SIHOD




P 08 DC

La gente, en su gran mayoría
piensa en alejar la soledad, como si esta
fuera una peste, la patean como si fuese
perro indeseable que no deseas cerca.

Llenan de amigos su vidas, de contactos sus
agendas, de fiestas sus fines de semana
de idas al cine y de paseo en las
plazas, la soledad debe quedar fuera.

Mi salidas son indeseables, mis amigos contados,
mi sueño de soledad irrefutable,
la soledad es libertad y aquí parece que nadie
anhela ser libre.


P28

puede que ella
ahora sea feliz.
Puede que haya
encontrado
todo aquello que
buscaba.
puede que esté
muerta en una cuneta.
o bebiendo champagne
rebajado con agua
en un burdel de mala
calaña.

en esta puta vida
pueden pasar muchas
cosas.

cerrar los ojos
y abrirlos y ahí tienes;
un mundo nuevo.


EL ODIO

 No ese que sientes
por un automovilista
que sin precaución alguna
va e invade tu carril.
 
Tampoco ese que te da
por el sistema bancario
cuando la cajera te dice
que se ha caído el sistema.
 
El odio de verdad
en estado puro y perfecto.
El que puede hacer
que sientas ganas de matar
a un hombre sin
pestañear siquiera.
 
El que sientes en la boca
del estomago y puede
provocarte sin rechistar
una apoplejía o que por fin
se te reviente la vena
en la sien.
 
Ése que sienten muchos por ti
y del que tú ni te enteras.


ANDANDO POR LAS CALLES

un par de niños juegan
en la acera con un gato, uno de ellos
de forma brusca lo arroja al suelo.

el gato se levanta dolorido
maúlla, es un maullido agónico
lúgubre, de dolor.

oye chico—digo a uno de ellos—,
ese gato es mio, déjalo en paz, lo siento
señor, pensamos que no tenia dueño.
 
tú no tienes dueño, no veo
a tus padres por ningún lado ¿puedo
golpearte porque no tienes dueño?

no señor, lo siento, tome
su gato, estábamos aburridos pero aquí
está, lléveselo.

me alejo un par cuadras con el gato,
después le suelto, él y yo lo sabemos bien;
a veces las calles son un lugar muy duro.


POR LA NOCHE

la luz de las
farolas se ve
apenada entre
los barrotes
de una llovizna.
enciendo en
automático
un marlboro.
pienso en el
tiempo perdido,
no es poco.
pienso también,
en el tiempo
que aún queda
por perder.
doy una calada
y exhalo.

Albert Sihod

miércoles, 19 de agosto de 2026

LA OBRA DE ARTE DEFINITIVA por ALEXANDER DRAKE




Fue hace mucho tiempo. Quizás 20 años atrás. Era verano, hacía calor, y estaba en una fiesta en la mansión de aquel artista excéntrico y subversivo al que conocía desde que los dos éramos adolescentes. La música envolvía el ambiente, el césped de la terraza se veía recién cortado, la piscina era fabulosa, las bebidas corrían por todas partes y las jovencitas en bikini se bronceaban al sol o se zambullían en el agua de un salto. Aquello era como un sueño. Parecía la Mansión Playboy. En algún momento, el anfitrión me dijo que quería enseñarme el interior de su casa y que le gustaría conocer mi opinión sobre alguna de sus obras. Allí dentro había unas cuantas esculturas y varios de sus cuadros. En general me parecieron muy originales y provocadores, pero al subir a la segunda planta y entrar en el dormitorio principal vi algo que de verdad me llamó poderosamente la atención. En una de las paredes laterales de aquella habitación había una pintura de grandes dimensiones en la que se le veía a él follándose a sí mismo. Quiero decir que en aquel cuadro gigantesco salía él completamente desnudo y a cuatro patas mientras otro individuo (que también era él) le sodomizaba con absoluta violencia y sadismo. Me quedé unos segundos intentando asimilar y analizar aquella obra. Entonces pensé, “Joder, este tío es un puto genio”. Y sabía que esto era cierto porque sólo un genio es capaz de reconocer a otro genio.
—¿Qué opinas? —me preguntó él.
—Es el cuadro más acojonante que he visto en mi vida —le dije con total sinceridad.
—¿De verdad te gusta?
—No es que me guste, es que me fascina… Creo que es la obra de arte más honesta y transgresora que nadie haya podido realizar jamás.

La cuestión es que 20 años después de todo aquello, no sé muy bien por qué, me he acordado de aquella fiesta y de aquel cuadro tan impactante, y he pensado que me encantaría volver a verlo. He buscado en Internet al artista (del cual hacía mucho tiempo que no sabía nada) y he visto que tenía una página web en donde se exponía parte de su obra. He buscado el cuadro en cuestión mientras pensaba que quizás no estuviese allí incluido, pero sí que estaba, jaja. Ha sido algo verdaderamente fantástico volver a ver esa pintura 20 años más tarde; como un regalo inesperado y absolutamente maravilloso… La información que acompañaba a la obra era la siguiente:

“La dualidad del individuo. Hedonismo y tortura. Autorretrato”
Shafografía sobre papel. 2x2 m.
Colección personal

La verdad es que el título también me ha sorprendido. Creo que es insuperable. Lo único que podría estar por encima de ese título es la obra en sí; y por encima de la obra sólo podría estar el propio artista; y por encima del artista que ha pensado y ejecutado esa obra no puede haber absolutamente nada ni nadie…
Entonces me he hecho ciertas preguntas... ¿Cuál podría ser el precio de mercado de este cuadro? ¿Habría alguien con el suficiente dinero para poder comprarlo? Y, por otro lado, ¿estaría dispuesto el autor a vender una pieza de arte tan increíblemente extraordinaria? Algo así podría ser comparable a poner en venta tu corazón, tus pulmones, uno de tus cinco sentidos o tu propia alma. Pero llegado el caso, ¿qué valor podría llegar a alcanzar esta obra en una subasta internacional? No lo sé, supongo que eso sería imposible de calcular; pero lo que sí tengo claro es que el precio de salida jamás debería estar por debajo de los 10 millones de euros. Cualquier otra cifra inferior a ésa sería un insulto totalmente inaceptable.

Alexander Drake 


Pintura: Shaf - Javier San Martín

martes, 18 de agosto de 2026

EL MAR QUE NOS SALVA por NICOLÁS CORRALIZA




LA NOCHE EN FUEGO 

Llega la luz y su columna
por el mar y por su esquina.
De pólvora fugaz, de círculos de color
galopando el maná de los deseos.
Sea un incendio la pena:
una lumbre mayor
en la llama de los días.


SUEÑO EN JUNIO

La noche es corta,
y en el aire,
lo cálido
apacigua los temores.
Los agoreros
ansían la niebla.


ANOTACIÓN FLORAL

En un estambre de dos cuerpos
nosotros y el mundo a solas.
Los días a la espalda, los ciclos y los nudos
cuando la mañana inicia su parecer.
Este ahora ya no espera más
vergel alguno. Está sucediendo:
nace y respira una nueva bendición.


CABOTAJE

Surgen de la vida y de la muerte,
pero la muerte no cuenta.
Arriar las velas limpias
y vigilar que nadie quede en el agua.
Rumbo sobre rumbo para no perderse.
Hacia sotavento caer
y cazar un viento por el lado del arraigo.
Es terrible el paso del tiempo
si nos anclamos en un mar sin campo.


Nicolás Corraliza, de El mar que nos salva (El sastre de Apollinaire, 2025).


lunes, 17 de agosto de 2026

VIVIR EN EL PAISAJE: Cartografía poética de la provincia de Teruel.




 A LA MANERA DE UN PRÓLOGO 
O UNA MANERA DE ENTENDER EL MUNDO


La singularidad del paisaje lo es todo, condiciona lo que uno ve, el lugar desde el que observa el mundo y cuál es su percepción del resto de sus habitantes. Hemos nacido en un lugar que no hemos elegido, quizá después, si la valentía y la suerte han estado de nuestro lado, hemos podido escoger cuál es el lugar desde el que queremos entender la vida –si es que esto es posible de alguna manera– o simplemente vivirla. Para los poetas de Teruel esta no es una cuestión menor. Quien elige escribir desde la provincia más despoblada de España, o una de ellas junto a unos cuantos amigos como Soria, Cuenca, Zamora o Palencia, sabe que decir desde aquí implica hacerlo siempre desde la periferia, desde un lugar no central. El afuera es quizá el lugar más libre, sin la presión que el poder ejerce sobre el centro se puede decir cuanto uno quiere y cómo quiere hacerlo, si es que esa es la voluntad de quien escribe. Decir es siempre un acto (no solo de habla) y, por lo tanto, es inevitablemente ideológico y político.

Esta propuesta de antología nace a partir de ese principio universal y también desde el fervor poético observado en los últimos años en un proyecto denominado Plataforma de Poetas por Teruel. A través del mismo se han encauzado vías de comunicación y entendimiento entre los creadores de la provincia, se han coordinado ciclos mensuales como «Poesía y más», a la manera de vermús literarios, se han generado los «Premios de la crítica literaria en Aragón», pues no había y para los que se ha contado con algunos de los críticos más importantes de la región; también se ha llevado la poesía al resto de las comarcas con la ayuda del IET y de los ayuntamientos que así lo han deseado. Se ha organizado también un festival, «Los libros de los demás» y se ha generado un sello editorial denominado PPT Ediciones.

No se trata de si es mucho o si no lo es, quizá lo más interesante es que obviamente algo estaba sucediendo desde hace tiempo en Teruel. Cada vez que decimos, repito, construimos ideas para que puedan ser susceptibles de ser comprendidas por nuestros interlocutores. Esto forma parte de la Teoría de la comunicación que todos los hablantes conocen. Si el mensaje no llega o no es comprendido, ese mensaje quizá no estaba bien construido o no era para ese receptor. Pero esa es otra historia. Decimos para todos, pero no todos nos quieren escuchar o entender. De eso va la propia vida, de ahí la incomprensión y el vacío. Los textos que aparecen en esta antología han sido seleccionados o creados para la misma por sus propios autores. Del mismo modo, la nota biobibliográfica también.

Agradezco infinitamente a Olifante la sensibilidad mostrada con este libro, especialmente en la persona de Trinidad Ruiz Marcellán. También quiero destacar la actitud siempre colaboradora y el esfuerzo y trabajo (y talento desmesurado) de Josema Carrasco para ilustrar el mapa que acompaña a los poemas en esta antología paisajística. Del mismo modo agradezco a Natalia González y Marisol Julve su ayuda en la corrección, y a Alfredo Saldaña y Ana Cristina Vicente Pimpinela sus consejos en conversaciones sobre este u otros asuntos.

Todos los poetas que aparecen en la misma son turolenses o amantes de nuestro territorio y del círculo de amistad y poesía que entre todos hemos creado, y están vivos (en el instante en el que se está configurando el propio libro, obviamente). Solo un autor incumple dos de las premisas, se trata de Ángel Guinda: no fue turolense y falleció hace ya un tiempo… pero está vivo, muy vivo, y habita allá donde esté la poesía, y eso, ahora, sucede en Teruel.

Nacho Escuín


domingo, 16 de agosto de 2026

VINALIA TRIPPERS: ÚLTIMOS EJEMPLARES A LA VENTA



De los quince números que editamos de Vinalia Trippers, solo quedan unos pocos ejemplares de estos dos, el 10, Tripulantes, que coordiné con David González y que incluye un CD con la historia del fanzine y entrevistas a sus fundadores, y el 14, Helter Skelter, un especial sobre psicokillers y asesinos en serie con el que celebramos nuestro vigésimo aniversario, que el incluye el Poemash Santa Sangre, ambos con los mejores escritores e ilustradores subterráneos del país y sendas ediciones de lujo. No dejéis pasar la ocasión.


sábado, 15 de agosto de 2026

TREN AL EXTRARRADIO por MAXIMILIANO J. BENÍTEZ




Ayer quise llamarte. Creo que fue por culpa de esa película que vi hace unos días. Por la escena en el puente que tantas veces atravesamos juntos. Y quise llamarte, sí, pero supe violentar ese deseo, empujarlo al fondo de lo que llamamos memoria, atenuarlo con los quehaceres que tan poco me importan, dilapidarlo con las dudas tan pueriles del porvenir. Luego encendí el ordenador, escribí tu nombre tres veces en el procesador de texto y tres veces lo borré. Quería iniciar una carta que sé que jamás te enviaré, y ni siquiera tuve el valor de sincerarme conmigo. Salí a caminar. Qué bonito se ve el atardecer desde el Manzanares. Parece que todo empezara un poco más allá de la sierra, que las tribulaciones de la ciudad fueran un cruento ensayo de la vida que se abre y cierra todos los días indiferente a los padecimientos, a los éxitos de los hombres, a los edificios tricentenarios que rodean el casco viejo, la muralla inexistente, la catedral y el palacio a seis euros la entrada. Llegué a Atocha languideciendo en estos pensamientos. Saqué un billete al azar. Subí al tren convencido de poder escribirte durante el viaje, de jugar a que atravesaba todas las fronteras, a que tenía saldo en el móvil para enviarte mi epitafio, a que me esperabas con el cabello revuelto por el viento en un andén de nombre irreproducible y caminábamos juntos, sin hablarnos, como entonces. Jugando a ir de la mano y a soltarnos. Solo mirándonos a los ojos. Solo mirándote a los ojos. Haciendo tropezar nuestros abrigos, volviendo sobre nuestros pasos. Dejar inacabadas todas las frases. Me bajé en una estación cualquiera del extrarradio. Desde ahí tenía la perspectiva más tenue de Madrid y mis recuerdos, un poco borrosos en la distancia, como la calle detrás de un vidrio empañado.

Regresé al anochecer. Todos querían saber dónde me había metido, en qué andaba, qué me pasaba. Todos menos vos, claro. Entendí que algunos brindis no celebran la vida, que no todos los trenes llevan a alguna parte. Y si padecer es parte de todo el aprendizaje de la vida, que al menos tenga el valor de no callar una palabra más; en las historias, especialmente, que mienten siempre al acabar con un lacónico FIN.


Maximiliano J. Benítez,
del blog Inmediaciones.


jueves, 13 de agosto de 2026

EL MIEDO por ROSA MARINA GONZÁLEZ-QUEVEDO




Me llamaba «hijo» y de su mano me llevaba a pasear por el verde jardín. El césped esmeralda, los naranjos, los rosales floridos… Aquel idílico sitio era el maravilloso locus amoenus que embelesaba el alma de un tímido niño que seguía a su mentor.

Cada domingo era igual. Mientras papá labraba la tierra antes de irse al bar con sus compinches de juergas, mi madre cubría el rostro de sus ansiedades con la negra mantilla de ir a misa. Yo la observaba desde la sacristía. Y él me llamaba y me decía: «¡ven, hijo, que te quiero a mi lado!»… Y de su mano recibía la hostia sagrada y más tarde los pasteles con sabor a hogar, esos que me obsequiaba como premio por mi buena conducta. Porque yo era un buen chico y su «hijo» más querido.

En el patio me hablaba de ángeles. En su habitación, me contaba lo extraño que era el mundo de los hombres y que la salvación era el milagro del Corpus Christi… Y terminado su sermón, acariciaba mis lacios cabellos y mi frente bañada por el sudor que brota del pánico. Luego, sentía su mano incursionar por el interior de mis bragas de héroe liliputense… Me llamaba «hijo», sí. Y recitaba versículos bíblicos y besaba mis febriles y húmedas mejillas carmesí, pidiéndole a Dios que lavara sus pecados. Y los míos.

Entonces, se alzaba la verde sotana. Y tomando mi mano, la conducía a recorrer su verga endurecida. «Así, hijo mío, ¡fuerrrrrte!»… E insatisfecho aún por no llegar a la cima del placer, para terminar, penetraba con fuerza mi orificio imberbe haciéndome gritar de dolor… «¡Calla, hijo!»; cubría mi boca… «¡Ah, el Señor ha resucitado!», gemía mientras derramaba la sustancia prodigiosa que en ocasiones me obligaba a saborear (me explicaba que lo hacía para redimirme completamente del mal)… Y exclamaba: «¡hijo, te he librado una vez más del demonio!». Y colocaba en mi frente una corona de espinas. Y en mi memoria, el miedo.

Rosa Marina González-Quevedo, 
de Nido de esperpentos 
(Diversidad Literaria, 2026)


miércoles, 12 de agosto de 2026

UN BLUES QUE BRILLA EN TUS OJOS por JOSÉ PASTOR GONZÁLEZ




ella ríe
con todo su cuerpo
con su boca con sus labios con sus dientes con su lengua
con su cuello con sus hombros con su espalda
con sus ojos con sus manos
con su coño con su culo con su tetas
con sus entrañas
y ella la comparte
escúchala
con la boca con los labios con los dientes con la lengua
con el cuello con los hombros con la espalda
con los ojos con las manos
con el coño con el culo con las tetas
con las entrañas
su risa
es contagiosa
y honesta
y sabe a grito caricia y vida
y huele a flores deseo y vida
y baila
con ella y su risa
hasta las lágrimas
hasta la oscuridad
hasta las personas
brillan

José Pastor González