Sinfonía para un solo músico es el séptimo libro de poemas de Javier Mateo Hidalgo (Madrid, 1988). Una propuesta rupturista respecto de las anteriores —como el autor acostumbra— y que tiene como protagonista absoluta a la música. A través de distintos compositores, obras musicales y experiencias autobiográficas o imaginadas, el poeta genera un microcosmos en el cual invita a participar al público lector. Éste podrá dejarse llevar recorriendo sus páginas y atravesando las diferentes partes en que se estructura el poemario, descubriendo escenas y escenarios, sumergiéndose en una atmósfera plástica, sonora y soñadora, olvidándose del espacio y del tiempo para formar parte de esta obra única e inconfundible dentro de la producción de Mateo Hidalgo.
domingo, 22 de febrero de 2026
SINFONÍA PARA UN SOLO MÚSICO: Javier Mateo Hidalgo.
Sinfonía para un solo músico es el séptimo libro de poemas de Javier Mateo Hidalgo (Madrid, 1988). Una propuesta rupturista respecto de las anteriores —como el autor acostumbra— y que tiene como protagonista absoluta a la música. A través de distintos compositores, obras musicales y experiencias autobiográficas o imaginadas, el poeta genera un microcosmos en el cual invita a participar al público lector. Éste podrá dejarse llevar recorriendo sus páginas y atravesando las diferentes partes en que se estructura el poemario, descubriendo escenas y escenarios, sumergiéndose en una atmósfera plástica, sonora y soñadora, olvidándose del espacio y del tiempo para formar parte de esta obra única e inconfundible dentro de la producción de Mateo Hidalgo.
sábado, 21 de febrero de 2026
LIBROS DE AIRE: Carlos Iglesias Díez.
¿Qué sería de nosotros sin literatura? ¿Qué sería de nosotros sin palabras, sin historias, sin poesía, sin ficción? Nos faltaría el aire. En este libro de reseñas literarias y entrevistas con escritores, Carlos Iglesias Díez nos invita a respirar. Hay en sus páginas una declaración vivificante de amor a la literatura. La pasión de Iglesias es nuestra pasión: una pasión que permite vivir y que da vida. Es la pasión por los libros, sin la cual no concebiríamos nuestros días. ¿Qué sería de nosotros sin conversación, sin poder hablar con los demás del amor que sentimos?
Con mirada aguda y atenta al detalle, con una extraordinaria capacidad para la síntesis y la sugerencia, con prosa siempre elegante y cabal, el autor nos convida al placer de las palabras propias y ajenas, al placer de la ancha literatura, de las ventanas que se abren.
Libros de aire: vivir, leer, amar, decir. Compartir. Respirar.
viernes, 20 de febrero de 2026
ÓRDAGO por MAXIMILIANO J. BENÍTEZ
Me vi de pie en el medio de la oficina, derrumbado en el sillón de mi cueva, despidiéndome subrepticiamente de todos los tunantes que tanto desprecian e intentan arañar mi posición de lameculos oficial, consumiéndome mansamente con el paso inexorable de los minutos y segundos (podía oír el tic tac del reloj de pared), como los focos del frente de la oficina, los neones, la máquina de refrescos, de café, de aperitivos, la del agua, todas las del mostrador en el que se acoda con ganas de florecer la recepcionista; las de la salita de mierda en donde había esperado aquella chavala de la que de pronto recordé (sin inmutarme, por supuesto) que debía enviar sus datos a la central antes del cierre, pero que había olvidado completamente. Lo había olvidado por ese mismo abandono que definitivamente me hacía aborrecer, no solo la relativa importancia del trámite en sí, sino el íntimo desdén que experimentaba al revelarse algo tan insignificante en mi psiquis, con esa mezcla de falsa preocupación en la epidermis, pero con la plena y clara certeza de que nada de eso importaba a nadie, ni siquiera a ella, a Magdalena, puesto que si no era aquí sería allí, daba igual en realidad. Como si todos los proyectos e ideas de progreso y abundancia que circulaban por el edificio estallaran en mil pedazos por un obús celestial y purificador. Como si el desprecio infinito hacia todas las obligaciones, marcadas como un guion preciso e infalible e inefable, me sublevaran hasta el punto de querer saltar por sobre todas estas exigencias y acabar con ellas a golpe de indiferencia, desvaneciéndome en los aspectos más básicos, elementales y necesarios incluso para vivir sin florituras. Disgregarme, y que todo acabara conmigo… ¡O todo lo contrario, vaya! Subirme al escritorio, eso es. Y arrancarme la camisa, la soga que llevo por corbata, como en las películas motivacionales para futuras garrapatas. Quitarme todo y hacer un centro al área con la impresora, cabecear la pantalla del ordenador y marcar un golazo inaudito, arrojarme sobre López y atizarle, a grito pelado, riéndome a carcajadas, chillando y llorando, escupiendo todos los improperios y salivazos de los que fuera capaz, huyendo a toda leche, driblando al segurata de los zapatos lustrosos por el medio de la avenida, dando saltitos hasta casa como un cuadrúpedo y descerrajarme la sesera con el revólver medio oxidado que nunca sabré si mi abuelo llegó a amartillar.
No regresé a tierra firme hasta el sábado por la mañana. Había quedado con mi hijo en el restaurante chino al que llevábamos yendo toda la vida, desde antes de que naciera. La época de los grandes proyectos de vida. Era como volver a casa, aunque la analogía no sea la más saludable. Nos dimos un abrazo de compromiso. No tenía ganas de hablar, y yo aún arrastraba algo que ya no consideraba que fuera simplemente circunstancial. Intenté entrarle con las preguntas que sabía que no podían ser evitadas con monosílabos, pero no conseguí sacarle gran cosa. Comimos lo de siempre y no levantamos la cabeza del plato hasta que acabamos. Luego pagué y nos despedimos sin exageraciones. Ni siquiera intenté emocionarme. Éramos dos armadillos. Ni un gesto. Eran las tres de la tarde y tuve una especie de vértigo, de agorafobia a mi estado anímico, al que hallé vulnerable, prodigiosamente dispuesto a lo que fuera que sucediera. Me hundí en el asiento trasero de un taxi hasta llegar a casa y apagué el teléfono durante todo el fin de semana, no sin antes proveerme de todos los alcoholes posibles para anestesiar lo que fuera que me habitara subconscientemente. Ese otro yo que me insultaba y se jactaba de su discernimiento, de su cabal sentido del ridículo, de su ascetismo, llevándome al borde del hipotético suicidio que, por cobardía, era incapaz de consumar, pero al que me aferraba todas las noches muy conmovido, como a esa idea de desaparecer y arrastrarlos a todos conmigo, metafóricamente hablando.
El lunes desperté vulnerable, con ganas de estrechar en mis brazos al mundo entero, o que el mundo me abrazara a mí, pero sabía que no era sincero del todo. Era, si se quiere, un placebo hasta la siguiente caída, hasta el correspondiente mal gesto del personal, el desencuentro de turno, el paso lento y atroz de las horas muertas y llenas de un silencio abrumador y ensordecedor, eléctrico, punzante, apabullante como la entrada triunfal y brutal del ejército vencedor.
Maximiliano J. Benítez
jueves, 19 de febrero de 2026
CALMA TOTAL: Charles Williams.
En medio del Pacífico, John y Rae Ingram disfrutan de una travesía tranquila hasta que un bote solitario se aproxima. A bordo, un joven afirma ser el único superviviente de un naufragio. Pero algo en su historia no encaja. Cuando John decide investigar el barco abandonado, Rae queda sola con el desconocido… y la calma del océano se convierte en una trampa mortal.
Calma total es un thriller náutico de tensión implacable, donde el silencio del mar oculta un peligro tan real como psicológico. Una historia de supervivencia, engaño y coraje que demuestra que, en aguas calmas, el terror puede ser absoluto.
Traducción y prólogo de Hernán Migoya.
Charles Williams (Texas, 1909 - California, 1975) fue uno de los grandes maestros del thriller literario y la novela negra estadounidense. Antes de dedicarse a escribir trabajó en astilleros y en la marina mercante, experiencia que aportó realismo y precisión técnica a sus relatos ambientados en el mar. Publicó su primera novela en 1951 y destacó por su estilo directo, elegante y cargado de tensión psicológica. Entre sus obras más conocidas figuran The Hot Spot, Aground y Dead Calm, llevada al cine en 1989. Hoy se le considera un autor fundamental del noir norteamericano.
miércoles, 18 de febrero de 2026
domingo, 15 de febrero de 2026
José Ángel Barrueco y Vicente Muñoz Álvarez recopilan la obra narrativa del escritor gijonés David Gónzalez en Huellas en el polvo (narrativa completa), publicada por Efe eme.
José Ángel Barrueco y Vicente Muñoz Álvarez recopilan la obra narrativa del escritor gijonés David Gónzalez en Huellas en el polvo (narrativa completa), publicada por Efe eme.
Huellas en el polvo (narrativa completa), de David González
Por Eduardo Boix
David González escribió en el poemario Loser, publicado por la editorial madrileña: Nadie es profeta en su tierra/ hasta que no se encuentra/ enterrado bajo ella. Ese poema no dejaba de ser un grito hacia una sociedad que no le dio la importancia que tenía. Han pasado tres años de su muerte y hoy nos damos cuenta de la importancia que ha tenido su obra y su forma de entender la literatura para varias generaciones de escritores. Gente como José Ángel Barrueco, Vicente Muñoz Álvarez, Javier Das, Ángel Muñoz, Nacho Escuín, José Luis Martínez Clares, Gsús Bonilla, Esteban Gutiérrez Gómez, Ana Vega, Ana Pérez Cañamares o esa lista de mujeres de la antología que coordinó y cuyo título fue La manera de recogerse el pelo. Generación Blogger, donde participaron nombres como: Silvia Oviedo, Ester García Camps, Gloria Gil Romera, Déborah Vukusić, Lucía Fraga, Ana Vega, Nuria Mezquita, Ana Pérez Cañamares, Cristina Morano, Inma Luna, Begoña Paz, Isabel Bono y Lola Lugo. Todos estos nombres son herederos del poeta asturiano que hoy veneramos.
Huellas en el polvo (narrativa completa), de David González, publicado por la editorial Efe eme, con prólogo de José Ángel Barrueco y epílogo de Vicente Muñoz Álvarez, es la obra completa de la narrativa de David. Para los que no conozcan a David González, ha sido el mayor exponente del realismo sucio en España. Si buscamos por las redes una definición, podría ser la siguiente: el realismo sucio es un movimiento literario minimalista surgido en EE.UU. entre los años 70 y 80, caracterizado por retratar la cruda realidad cotidiana de personajes marginales o antihéroes mediante un lenguaje directo, parco y sin adornos. Se centra en la monotonía, la desesperanza y aspectos sórdidos de la vida urbana, evitando la adjetivación excesiva y la moralidad. Algunos ejemplos son escritores como John Fante, Charles Bukowski o Raymond Carver, entre otros.
David González era algo más y podemos corroborarlo en este volumen, Huellas en el polvo, que recoge prácticamente la totalidad de la obra de David; podemos percibir no solo al narrador, también al poeta. González medía cada frase o cada verso con el pulso de un metrónomo. Él huía de la rima, pero tenía un sentido del ritmo que pocos poetas tienen. Solo había que verle recitar para comprobarlo. Cada vez que hacía un recital se percibía la electricidad en cada poema, en cada texto que ametrallaba con su voz potente. Este libro es la constatación de todo su universo, esos temas que le hicieron ser el escritor que era: una infancia difícil, años en la cárcel, el escarceo con las drogas y una vida siempre al límite. Esta obra, tan necesaria para conocer la obra del autor gijonés como para saber el origen del referente de tantas generaciones, nos muestra la vida de un autor que estuvo dedicado a la literatura en su totalidad. David González se dejó el alma en sus libros.
Hay que agradecer tanto a José Ángel Barrueco como a Vicente Muñoz Álvarez el trabajo que han hecho y hacen, no solo en este libro de David, sino que, con sus blogs, sus fanzines y su forma de entender la literatura, unen autores y generaciones que, de no ser por ellos, cada uno cruzaría su camino en solitario como esos vaqueros que cruzaban la llanura en su caballo. Este libro es y será un referente para los que quieran estudiar o constatar que el realismo sucio en España es un movimiento que vive gracias a un autor que jamás se rindió. Hasta el último día estuvo luchando por su vida y por la literatura que tanto amó. Porque David ha sido profeta y faro para muchos y muchas.
Ficha del libro:
Huellas en el polvo (narrativa completa) - David González
Editorial Efe eme, 392 páginas
Reseña aparecida en el suplemento Arte y letras
del Diario Información de Alicante
sábado, 14 de febrero de 2026
LA CRIATURA
El cine de la Transición española es, sin lugar a dudas, el más transgresor de nuestra filmografía, a veces para bien, dando lugar a obras maestras de culto, como Arrebato, Quién puede matar a un niño o Bilbao, y otras muchas para mal, con infinidad de bodrios infumables (especialmente del género erótico), hoy en día totalmente obsoletos. Todo ello, lo bueno y lo malo, debido a la necesidad de cerrar una etapa de represión y celebrar otra de apertura, que caracterizó aquellos tiempos de cambio.
Y de entre todos los directores que mejor retrataron aquella época iconoclasta y provocadora, uno brilla, por su talento y valentía, con luz propia: Eloy de la Iglesia, nuestro Fassbinder o Pasolini patrio, como a menudo se le califica: comunista, yonqui y marica, como él mismo se retrataba.
Películas como El diputado, El sacerdote, Los placeres ocultos, Navajeros o La semana del asesino (uno de los filmes más salvajes y sórdidos del cine español), entre otras, reflejan a la perfección, sin filtros éticos ni morales, aquel período único en nuestra Historia, que solo los que lo vivimos en primera persona sabemos de verdad como fue: una auténtica locura y fiesta, por un lado, y un ajuste de cuentas con todos los traumas y frustraciones del pasado, arraigados durante cuarenta años de dictadura.
Aunque, dentro de su ya de por sí transgresora filmografía, La criatura (1977) se lleva la palma en lo tocante a romper tabúes y abordar temas escabrosos. No es su mejor película, pero sí la más provocadora y epatante, mostrando unas relaciones afectivas que aún hoy, en pleno siglo XXI, resultan sorprendentes y escandalosas. De hecho, prácticamente ninguna de las películas de Eloy de la Iglesia podría filmarse como entonces ahora mismo, en esta sociedad tan progre que vivimos, y por supuesto, menos aún durante la época franquista.
Pero mejor no decir nada más al respecto, para no desvirtuar el factor sorpresa, y dejaros que descubráis vosotros mismos (si no la habéis visto aún) el caramelo envenenado que contiene.
Una Ana Belén como jamás os habréis imaginado y una película que no os sacaréis en mucho tiempo de la cabeza: no doy más pistas.
Gracias, Eloy de la Iglesia, por existir.
Vicente Muñoz Álvarez
viernes, 13 de febrero de 2026
Y RACIONAL: EMILIO PICÓN
La literatura nace cuando la razón no basta. ¿Qué hacer para reemprender una vocación literaria abandonada tras haber pasado varios años en prisión? ¿Qué pensar si la amante de tus sueños y la pareja de tu amigo parecen ser la misma persona? ¿Qué sentir cuando tu percepción viaja temporalmente al cuerpo y a la psicología de tu propia compañera de vida?
Tal es el realismo espiritual de y racional: una novela donde el lenguaje nos habla sobre otros lenguajes, las metáforas son símbolos de otros símbolos y el argumento, si es que lo hay, no es sino un entrelazamiento generoso de nuestras potencialidades perceptivas más allá de lo cotidiano.
Se dan cita en esta novela transmigraciones corporales, performances que exploran los límites del dolor y las relaciones humanas, sueños amatorios que comienzan al despertar, personajes que actúan como narradores y narradores que actúan como personajes, grupos de rock con aires proféticos, impostores de nombre ambiguo y perpetua búsqueda, intentos de metamorfosis hacia una naturaleza superior a la del ser humano…
Tienen en sus manos un artefacto literario y espiritual que dialoga con eso que conocemos como «realidad» y «razón», pero que tampoco se las toma muy en serio, pues se acerca a ellas con el fervor cándido del niño, que busca jugando y, si comprende algo, lo hace con una carcajada.
miércoles, 11 de febrero de 2026
TODO QUEDA AL OTRO LADO: Isabel LLanos.
Todo queda al otro lado es una metralleta de dardos directos a ese lugar impreciso que conecta heridas, grietas, pasado y futuro. Ese lugar que nos descubre siendo protagonistas de sus requiebros metafóricos bailando a un ritmo ternario en un espacio violento y amable al mismo tiempo. Respirando el aire de una arquitectura de palabras conocidas y desconocidas al mismo tiempo, y es ahí donde, para mí, reside ese brillo especial que contiene este libro, ese brillo que se sacude la luciérnaga: el presente que nos entrega con cada uno de los capítulos de este libro está en hacernos habitar esas palabras como si fueran propias, alejadas de alambiques y llenas de recovecos en los que poder reflejarnos.
Alberto Velasco, actor
martes, 10 de febrero de 2026
lunes, 9 de febrero de 2026
domingo, 8 de febrero de 2026
DEL BEAT AL CIELO por PEDRO GONZÁLEZ POLLEDO
siempre con sueño y las tripas vacías,
caminando en carreteras y vías,
sudorosos, pestilentes, hambrientos.
Al amanecer, bebiendo los vientos,
cuando la ciudad y los tranvías
ya arrastran las tristezas y alegrías
de manadas de obreros somnolientos.
No se oye Rock, suena Antonio Molina.
Los pasos buscadores de mis botas
van sincopando entre tantas derrotas.
Don't think twice, mi alma camina
siempre por encima del escenario,
siempre hambriento el corazón incendiario.
Pedro González Polledo
viernes, 6 de febrero de 2026
jueves, 5 de febrero de 2026
HACIA ADELANTE por JULIA NAVAS MORENO
Hacia adelante, siempre.
Como el impulso materno de empujar.
Si ella, madre o naturaleza nos obliga,
por qué esa reticencia a seguir
hacia adelante cuando
media vida transcurre
y los años son ciertos,
ya vividos.
Hacia adelante con o sin bagaje,
con o sin miedos.
Los días están marcados.
Hecho todo sacrificio,
nadie te necesita más que tú a ti mismo.
Ya no hay excusas ni falsas esperanzas.
Si queda un rescoldo, un grito,
un gozo donde acunarte,
llora, grita, ríe
y sé un tirano sin mirar
la crispación de los que te arrullan
y mecen la cuna que te retiene
anclado, dormido, casi expirando.
Julia Navas Moreno, de Ombligos y Universos (Canalla Ediciones, 2016)
martes, 3 de febrero de 2026
lunes, 2 de febrero de 2026
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