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viernes, 19 de enero de 2024

VOLVER AL COLINÓN por VICENTE MUÑOZ ÁLVAREZ


Todo empezó con los Cardiacos, el mítico grupo leonés, y aquella cinta de casete titulada Las discográficas no dan la felicidad, editada en 1979... Yo tenía entonces catorce años y escuché cientos de veces aquellos temas, Salid de noche, Volver al colinón, Chicas de Burda, Noches de Toisón, Lo tienes claro, hasta sabérmelos mejor (mucho mejor) que el padrenuestro... Hasta entonces había escuchado clásicos del rock progresivo, Pink Floyd y Deep Purple, sobre todo, algo de heavy y de rock, y por supuesto a los Beatles y a los Rolling y a Elvis, siempre presentes (además de a los cantautores antisistema de turno, Paco Ibáñez, Serrat o Moustaki, con los que nos bombardeaba a todas horas en casa mi hermana), pero a ningún grupo español del momento que, a mi juicio, mereciera realmente la pena... Y entonces aparecieron ellos, los Cardiacos, con aquel formidable casete, que para mí (y para muchos otros de mi generación) fue una auténtica revelación y la puerta a otros grupos de la entonces incipiente Movida... Poco después, todos en tromba, fueron llegando Siniestro Total (y su irreverente ¿Cuándo se come aquí?), Gabinete Caligari (y su emblemático Que Dios reparta suerte, de mis favoritos), Loquillo y los Trogloditas, Kaka de Luxe, Brighton 64, Los Elegantes, Pistones, Polanski y el Ardor, Derrribos Arias (con su inolvidable Poch a la cabeza), Sindicato Malone, La Frontera, Decibelios (Oi! Oi! Oi!), Glutamato Ye Ye o Los Ilegales, y por encima de todos ellos, Parálisis Permanente, con Ana Curra y Eduardo Benavente al frente, que se convirtieron en mi grupo de cabecera (quizás de un modo premonitorio de varias otras cosas: el haberles escuchado en su último bolo en La Tropicana, año 1983, justo antes del trágico accidente que le costó la vida a Eduardo; el descubrimiento, años después, de El Canto de la Tripulación y la poesía de El Ángel, decisiva en mi formación; y mi amistad reciente con Ana a raíz del último número de Vinalia Trippers, Spanish Quinqui)... El caso es que, volviendo al tema en cuestión, allí estaba de lleno metido yo, principios de los 80, con quince o dieciséis años, yendo a ver a todos aquellos grupos a La Madrágora y La Tropicana, y descubriendo fascinado la noche leonesa... Aunque para hacerme con aquellos discos cometiera, algo muy habitual en mí, un irreparable error: vender todos los anteriores (joyas que luego he echado de menos e incluso he llegado de nuevo a comprar) en el Rastro a precio de saldo, y también las colecciones de cómics de superhéroes y muchas otras cosas que ya ni recuerdo, todo por la causa, para mí entonces sagrada, de la Movida... A ella, desde mi cada vez más efervescente ciudad, me lancé de cabeza, pertrechado de boogies y patillas largas, y montando mi propio grupo, Veredicto Final, mezcla de ska y rock and roll y lo que nos saliera, con el que disfruté aporreando la batería de muchas psicotrónicas aventuras...

Vicente Muñoz Álvarez,
de Regresiones.

Nueva edición ampliada en LcLibros:



viernes, 3 de marzo de 2023

REGRESIONES EN EBOOK



Acaba de salir a la venta en LcLibros la nueva edición ampliada de Regresiones en ebook, además de en papel, para los que prefieran el formato digital.

El enlace de ambas opciones, en la web de la editorial:


Regresiones es para los que están y para los que no están. Incluso para los que ni estuvieron. Es un álbum temporal de fotos de otro mundo que no va a volver. Porque, lo bueno, que hubo mucho, son tatuajes en la piel. Unos son besos. Otros, cicatrices. Nunca se quitarán. Pero ahora aparecen en forma de páginas imperdibles y palabras de un francotirador que, lo dice, no quiere disparar a matar. Regresiones es un retrato urbano. Aquí no hay ni una sílaba dedicada a la manida seducción folclórica. Regresiones es una colección de impactos de alcance del día a día. De cuando los mandamientos se resumían en dos, porque nada era relativo: «Vivid en la calle, no paréis en casa», o «La sangre aún me hierve cuando pienso en mi mala suerte». Por ejemplo. Y hay ajuste y expiación en esto que también es un «gracias a la vida».

Pacho Rodríguez

Booktrailer:


lunes, 19 de diciembre de 2022

REGRESIONES: Prólogo.



Los lectores de Vicente Muñoz Álvarez estamos de enhorabuena. Especialmente porque Regresiones puede que sea una de las obras definitivas de su autor. A la altura de su introspección más profunda, El merodeador (Baile del sol, 2007), o de su poemario más imperecedero, Animales perdidos (Baile del sol, 2013). Un punto y aparte en una forma única de entender la creación literaria en nuestro país. Sin concesiones ni estridencias, plagado de coherencia e intensidad, y por supuesto unido a una pasión y a una eficaz inercia muscular del que asume que la literatura no soluciona nada, pero lo cambia todo. Sumado a su ya consabida y siempre rebelde apuesta suicida por la literatura y la vida, entremezcladas en un permanente autobiografismo que persigue cambiar las reglas del juego y nuestra forma de mirar y mirarnos. Un desafío, literario y personal.

Regresiones se convierte pues en una especie de memorias precoces de un tiempo casi mágico. De su infancia en un León gris hecho color gracias a los cómics, las viejas arquitecturas (su relación con la Casa Botines nos recuerda que la realidad puede ser mejor que cualquier ficción), los cromos y las teleseries, a una adolescencia y primera toma de contacto con la música popular (de ese Todo empezó con los Cardiacos a formar parte de Veredicto Final), el cine (un recorrido por las películas eróticas y el terror), el sexo (Dedo es deslumbrante por su sencilla efectividad), la amistad (por estas páginas deambula prácticamente cualquiera que llegara a hacer algo creativo en el León de los 80), el alcohol y la noche, o la propia intuición de la muerte (He estado a punto de morir luego otras veces, supongo que algunas sin saberlo). En un continuo despojarse de elementos innecesarios, tan solo emociones sin coartada, entre la narrativa sobria y el lirismo directo, con el pasado como patio de recreo en el que zambullirse y hallar las respuestas a un presente que confunde o genera desgaste, y en el que autoafirmarse es casi un acto de supervivencia (Ahora disfruto del estigma y la lacra, me singulariza entre el rebaño y me hace plenamente consciente de mi condición).

Mirar atrás y recrearse en los detalles. Con una mirada lúcida y tierna, donde no hay que demostrar absolutamente nada a nadie. Vive tu memoria y asómbrate, afirmación rotunda de Jack Kerouac que Vicente Muñoz Álvarez hace suya aquí como dogma de fe, empeñado, ya desde sus primeras obras, en desenredar la propia vida como una gran maraña de lana, dejándonos presenciar la faena con curiosidad voyeur. Un atractivo tira y afloja con la memoria selectiva, los afectos personales y las distintas instantáneas de una vida que, aunque lejos, parece la de cualquiera de nosotros.

Y por supuesto, Regresiones es un positivo ajuste de cuentas con los héroes y mitos personales de su autor. Una larga lista que recorre con naturalidad lo popular y la alta cultura. Todo un particular muestrario, una guía esencial de esas influencias y pasiones más desatadas. Donde Hulk convive con Malcolm Lowry en igualdad de condiciones, lo que habla a las claras de la apertura mental de una obra y un autor que no cree en los encasillamientos o los lugares comunes. Quizá tan solo disfrutar del recuerdo, paraíso perdido que resulta fascinante desde un presente fabricado de crisis económica y desencanto. Leit motiv último de este viejo refugio atómico desde el que observar el brillo de la bomba. Y al que ha invitado a unos cuantos, convirtiendo el cierre, un epílogo colectivo, en el sincero hermanamiento de una generación que mira lejos.

Un canto a un tiempo que ya no volverá. De ahí su increíble magnetismo, su magia.

Julio César Álvarez

Nueva edición ampliada,
a la venta en la web de LcLibros.



sábado, 3 de diciembre de 2022

AL HILO DE REGRESIONES



"En los 80 todo estaba permitido si era creativo"

Vicente Muñoz acaba de publicar una edición corregida y ampliada de su emblemática publicación de 2015 ‘Regresiones’, una novela autobiográfica que es también una crónica del León subterráneo y alternativo de los ochenta que vivió una verdadera eclosión cultural.

La Nueva Crónica /Joaquín Revuelta | 01/12/2022

Ante una primera pregunta un tanto imprecisa sobre el género al que pertenece ‘Regresiones’ (Literaturas Com Libros, 2022), su autor, Vicente Muñoz, quiere aclarar que al igual que la anterior ‘Regresiones’ (Lupercalia, 2015) «es una novela de no ficción porque es absolutamente autobiográfica. Casi toda mi obra lo es, pero esta en concreto cuenta mi experiencia entre los 70 y los 90. Arranca cuando soy niño, se centra básicamente en el León de los 80, en la movida musical, etc, y termina más o menos en los 90», señala Muñoz, cuyo libro es una revisión ampliada de la emblemática publicación de 2015. «Han pasado siete años y la editorial que lo publicó, Lupercalia, cerró. El libro se agotó y hoy es prácticamente inencontrable. Durante estos siete años he seguido escribiendo otras muchas cosas, pero hubo bastantes textos que salieron al hilo de este libro. Algunos habían quedado fuera de la primera edición, luego otros los escribí durante este periodo y le iban como anillo al dedo. Creo que es el broche perfecto. Siete años después, como que se cierra un círculo, y quiero pensar que la novela está ahora más completa y definitivamente terminada».

‘Regresiones’ discurre mayormente por el León subterráneo de los años 80, una época que Vicente Muñoz no duda en describir, al menos desde su experiencia personal, como hiperactiva, muy ilusionante y de una creatividad absoluta. «Si tuviera que definirlo en dos palabras diría creatividad absoluta, por la gente que era creadora, obviamente. Había más grupos musicales que nunca, mucha actividad en todos los frentes y un montón de bares alternativos. En los 80 todavía estaba empezando a escribir, pero como bien sabes era músico de una banda de rock, Veredicto Final, por lo que viví en primera persona aquellos años que fueron una locura colectiva a nivel musical. Aparecieron un montón de grupos, desde los más conocidos y que están en la mente de todos, Cardiacos, Deicidas, Positivos, Ópera Prima, Flechazos, hasta muchos otros que como nosotros han dejado algunas grabaciones. Recuerdo salir cuatro veces a la semana a ver conciertos en directo y la verdad es que para un chico de 20 años aquello era realmente fantástico».

El libro se prolonga hasta los 90, una época de mayor normalidad que difería de la efervescencia cultural que caracterizó la década anterior. «Con la llegada de la democracia hubo una eclosión de actividad creativa que no había tenido ni antecedentes ni parangón en cuarenta años. Toda esa actividad eclosionó, por lo menos en las pequeñas capitales de provincia, León incluida, en la primera mitad de la década de los 80. A partir de los 90 todo se normalizó, por decirlo de alguna manera. Esa libertad que nos otorgó la democracia se convirtió en la norma y quizás en los noventa digamos que se consolidaron todos estos parámetros alternativos que habían explotado con un carácter mucho más festivo en los ochenta. A partir de ahí se estandarizó y se hizo norma. Sin embargo a principios de los ochenta, sobre todo cuando empezaron a salir las primeras bandas de la Movida, Siniestro Total, Aviador Dro, Parálisis Permanente, a nivel musical era pasar de los abrigos Loden a las chupas de cuero, de los flequillos yeyé a las crestas de los punkis, a los siniestros y a los góticos. Aquello era básicamente muy muy divertido, al menos para los que lo vivimos en primera línea y bailamos en todos aquellos conciertos de La Tropicana, de La Mandrágora o del Toisón por supuesto».

Vicente Muñoz cree que el nacimiento de la Universidad de León, a finales de la década de los setenta y principios de los ochenta, contribuyó a crear aquel caldo de cultivo en el sentido de que la gente ya no tenía que irse fuera para empezar o terminar sus estudios universitarios. «El principal factor es la presencia. Aquí empezamos a poder quedarnos gente que a partir de los 18 antes no estaba dentro, con lo cual se creó una generación de gente con formación universitaria que pudo apoyar precisamente a todos esos movimientos. También recuerdo, al hilo de tu libro, aunque yo entonces estaba más centrado en la música, las inolvidables sesiones del Cine Club Universitario en Empresariales. Yo recuerdo haber visto las mejores películas de mi vida de aquella época, ‘Tras el cristal’, ‘Angustia’, etc, en aquel cine que tenía algo de culto. No era ir al cine sino a ver ‘Arrebato’ de Zulueta, que era como decir que estábamos empezando una España nueva, que fue realmente lo que sucedió, comenzó una España nueva que en aquellos años se desarrolló en toda su plenitud, con un espíritu totalmente de celebración, festivo, y por supuesto la Universidad contribuyó a consolidar aquel movimiento», sostiene el autor de ‘Regresiones’, que comparte la impresión de que aquel período no se halla suficientemente documentado. «Efectivamente y es muy sorprendente. Aunque me salió del corazón, cuando escribía este libro me sentía de alguna manera cronista de una época. En este sentido ‘Regresiones’ es una novela autobiográfica con aires de crónica. A nivel musical se ha escrito mucho en artículos y se ha hablado mucho de Los Cardiacos, Los Flechazos y otros grupos punteros, pero a nivel literario no hay ningún libro que hable de aquellos años ochenta que fueron absolutamente deslumbrantes. Por eso te digo que escribiendo el libro me sentí cronista, lo primero de aquella movida musical, pero también del León de esa época».

Con los noventa se acabó la fiesta y llegó el desencanto. Así lo reconoce Vicente Muñoz en la última parte de ‘Regresiones’. «Viene a hablar un poco de eso, de cómo toda aquella idea tan libertaria, tan festiva –no sé si es por la evolución natural de cualquier proyecto de este calibre– fue apagándose. Todas las revoluciones culturales se quedan un tanto cortas en cuanto a las expectativas generadas. Y más en concreto la nuestra, porque aquella libertad y aquella creatividad que se dio a partir del año 75 se ha venido abajo. No existe un momento histórico desde entonces en el que estemos más controlados, en el que haya más tabús y absolutamente temas intocables como este presente. Todo lo que hicimos en los ochenta sería prácticamente impensable en estos momentos. Tuvimos la suerte de vivir aquella libertad, para lo bueno y para lo malo, a veces se mal interpretó, otras se aprovechó, pero desde luego nuestro presente no tiene nada que ver con aquellos ochenta, donde todo de alguna manera estaba permitido si era creativo. Por desgracia no se parece a este presente en el que estamos amordazados por la reeducación que nos quieren meter desde las administraciones».

Vicente Muñoz reconoce haber concebido ‘Regresiones’ como «un broche» a la primera edición, «precisamente por esa idea que te he comentado de que me parece una crónica del León subterráneo y alternativo de los 80 y porque me parecía que habían quedado todavía algunas cosas por contar. Esta editorial está reeditando mi obra en prosa, pero ‘Regresiones’ no es una reedición sin más. En realidad es una edición ampliada y revisada, donde he incorporado algunos capítulos que me parecía que en su día no había desarrollado lo suficiente. La idea es que quede ahí y en cierto sentido es un poco mi legado a esta ciudad que centra toda mi obra».



miércoles, 30 de noviembre de 2022

REGRESIONES: Nueva edición ampliada en LcLibros.



Regresiones
es para los que están y para los que no están. Incluso para los que ni estuvieron. Es un álbum temporal de fotos de otro mundo que no va a volver. Porque, lo bueno, que hubo mucho, son tatuajes en la piel. Unos son besos. Otros, cicatrices. Nunca se quitarán. Pero ahora aparecen en forma de páginas imperdibles y palabras de un francotirador que, lo dice, no quiere disparar a matar. Regresiones es un retrato urbano. Aquí no hay ni una sílaba dedicada a la manida seducción folclórica. Regresiones es una colección de impactos de alcance del día a día. De cuando los mandamientos se resumían en dos, porque nada era relativo: «Vivid en la calle, no paréis en casa», o «La sangre aún me hierve cuando pienso en mi mala suerte». Por ejemplo. Y hay ajuste y expiación en esto que también es un «gracias a la vida».

Pacho Rodríguez

Nueva edición ampliada, a la venta en la web de LcLibros.



lunes, 13 de julio de 2015

REGRESIONES en REVISTA QUIMERA



Tensiones no resueltas

Vicente Muñoz Álvarez regresa a los lugares comunes de su infancia, adolescencia y juventud a la búsqueda de los materiales con los que forjó su carácter y la forma personal que tiene de entender la vida. Regresiones no es una sucesión de historias o anécdotas de aquellos tiempos, es mucho más que eso. Con un estilo visceral, Vicente Muñoz Álvarez trascribe sobre el papel lo que le llega al recuerdo de lo que entonces era su vida. Y lo hace en forma de pequeñas píldoras, de dosis medidas pero llenas de intensidad. Se suceden las enumeraciones de lugares, de amigos, de garitos, de bandas, de lecturas, de momentos que le hicieron ser como es, añadiendo una nueva pieza al puzle personal que contiene en el interior: el puzle de su alma. 

El edificio siniestro que provocaba las más terribles pesadillas, las noches de sábado viendo el festival de Eurovisión, aquél juguete que le permitió saber que la imaginación no tiene límites, la crueldad de la manada frente el niño diferente, los severos correctivos en el colegio religioso, televisión española y UHF, Historias para no dormir que conseguían su perverso efecto, el poder de viajar más allá de las estrellas sin salir de la habitación, la fascinación por las rocas y los animales de acuario, la atracción por el horror, la curiosidad satisfecha con un microscopio, el poder de los nunchacos, el hogar en los salones recreativos, pijos, frikis y manguis, revistas eróticas para adultos con las páginas pegadas, los irrepetibles y libertarios años 80, las bandas y la movida de León, los héroes salvajes que no tuvieron miedo a la aguja, las noches eternas, el estallido de la cultura subterránea, la universidad que huele a humedad frente a «aquí tengo una batería y ganas de golpear», el triste encanto del perdedor y el deseo de ser maldito, la fórmula secreta bajo la lengua, el poder de la amistad, cuarenta y dos maletas llenas de zapatos de un solo pie.

Las tres primeras partes del libro (La dictaduraestigma–, La transición fiesta– y Los 80héroes–) son fogonazos de recuerdos no censurados que esconden las claves de lo que Vicente Muñoz Álvarez es hoy en día. La impresión que da el libro en una relectura es que nos dibuja con sus enumeraciones una figura interior que apenas está esbozada sobre el papel, pero que contiene todo lo necesario para identificarle. Como si fuese un iceberg, nos muestra un diez por ciento de su contenido para decirnos que abajo, detrás o dentro de él, está el noventa por ciento restante. 

La cuarte parte del libro (Días extrañostemblor–) nos sitúa en la realidad del autor leonés en el momento justo de volcar sobre el papel los recuerdos durante varios meses del año 2014. Esta es la parte que justifica lo que ha llegado a su cabeza, el porqué de la búsqueda, la necesidad de agarrarse a algo, de tener una brújula que le oriente en el ciclo del cambio que está viviendo. Pero en realidad, Vicente Muñoz Álvarez lo que busca es reafirmarse a pesar de todo y de todos, y proclamar que sus valores (soledad, fidelidad, amistad, dioses de las montañas y del bosque, tribu, proyectos, escritura, literatura, verdad) son los que le hacen vivir y son los que le sacan del abismo, y que esos valores están dentro de los tres capítulos anteriores, que aquellos años estuvieron bien, que fueron vividos con intensidad, pero que por delante hay más madera que quemar porque faltan todavía muchas hogueras. «Perseguir el ideal, el espejismo y la perla, tras la apariencia cotidiana de las cosas… también en ello / pluma en mano / continúo.»

La huída hacia adelante, el exorcismo de la escritura de este libro, le afirma en su lucha «para evadirme del otro horror, el auténtico y verdadero: esta sociedad podrida que el hombre ha creado, la hipocresía, la política y el capitalismo…»

A modo de colofón se añade una quinta parte al libro (Coda), donde los amigos de entonces narran historias en las que el autor leonés es actor principal, y que contienen los valores y los lugares comunes que Vicente Muñoz ha mencionado anteriormente, entretejiendo y reafirmando las sensaciones del autor, cerrando el círculo de forma perfecta.

Como dice Julio César Álvarez en el prólogo, Regresiones es «un canto al tiempo que no volverá. De ahí su increíble magnetismo.»

Al fin y al cabo la vida se compone de regresiones, de tensiones no resueltas.


Esteban Gutiérrez Gómez, en Revista Quimera Nº 380-381, Julio 2015.




domingo, 26 de abril de 2015

REGRESIONES en FILANDÓN (Diario de León).



UNA ESPECIE DE MEMORIAS PRECOCES

Nicolás Miñambres, Diario de León, 26/04/2015.


En una especie de memorias precoces de un tiempo casi mágico se convierte Regresiones, considera Julio César Álvarez en el Prólogo. En efecto: las páginas de esta última entrega literaria esconden los recuerdos y vivencias de Vicente Muñoz Álvarez, representante de una generación de escritores cuya infancia se desarrolla entre los años finales de la Dictadura y comienzos de la Democracia. Son tiempos que condicionan la sensibilidad de esta generación, a caballo entre una sociedad tradicional y un momento de posterior ebullición cultural.

Estas vidas entre dos momentos tan distintos hallan un fiel reflejo en las páginas de Vicente Muñoz. El escritor recuerda con fervor muchos momentos de su vida, pero nunca queda esclavizado por la nostalgia ni la mitificación desmesurada. La estructura de la obra (dividida en seis partes esenciales, precedidas de un breve poema testimonial) dice mucho del espíritu que a ella subyace. La dedicatoria es el primer anticipo: a dos mujeres, denominadas Elisa, y a Veredicto Final, su banda musical de los 80. Simultánea con los recuerdos aparece su concepción de la vida, en Cosas que todavía me hacen sonreír, y del arte, especialmente de la literatura, en Underground y en Éxtasis. Entre esos variados recuerdos (que incluyen el León del momento y el paisaje de Mirantes, como símbolo de la pureza natural) tienen importancia especialísima la amistad, presente en la muestra de afecto que supone Ojo de pez, último bloque de la obra, integrado por la colaboración literaria de amigos del autor. La facilidad para universalizar recuerdos, la plástica recuperación de espacios y de publicaciones leonesas y una gran expresividad (que alcanza su cima en Días extraños) hacen de Regresiones, en su sentido positivo, una obra excelente.


Regresiones Vicente Muñoz Álvarez Lupercalia Ediciones, la Romana, 2015. 238 pp




lunes, 16 de marzo de 2015

REGRESIONES: Entrevista en Tam Tam Press.



Este libro es un canto a un pasado, el mío y el de mi generación, que no volverá.

El escritor leonés Vicente Muñoz presenta el jueves 5 de marzo, en el Gran Café de León, su último trabajo, “Regresiones”. Un relato autobiográfico, editado por Ediciones Lupercalia, que se sumerge en el espacio de los recuerdos y rescata de la memoria el León subterráneo de los 80 y 90. Cuenta su historia y sobre todo rinde homenaje a una generación. La cita, a partir de las nueve de la noche, contará con la presencia del prologuista Julio César Álvarez, algunos de los autores del epílogo y el directo de “Los tres norteamericanos”.

Por CAMINO SAYAGO

Dice Vicente Muñoz que ha quedado muy satisfecho con el resultado final de su libro, sobre todo porque habla de cosas cercanas a muchos de su generación. Y sobre todo porque nadie ha contado aún esta historia, la del León subterráneo de los 80. Años intensos de lectura, escritura, de bares, viajes y mucha música. Y de vida, en una ciudad efervescente.

Es lo que narra y retrata con cierta nostalgia esta novela introspectiva, a través de un viaje casi iniciático a las orillas de la infancia y la juventud. Un brindis a un tiempo que ya no va a volver. Mira hacia atrás y recrea escenas, atmósferas, emociones.

Desde Las Lomas, a vista de pájaro, 48 años sobrevolándolas, Vicente Muñoz se desnuda sin artificios. La literatura como excusa para escribir sobre la vida, la vida como desafío para alcanzar la perla. Y como un superviviente, escribe sobre sus propias regresiones, sobre su León quimérico y crepuscular, como una especie de mapa interior: “yo mismo por dentro y mis visiones de niño y recuerdos”.

“Todo ello, pienso, me ha hecho ser lo que soy, narrador y poeta, vende­dor de zapatos, apátrida y soñador. Como el Ying y el Yang. O como la propia vida. Pero sin todo ello, eso está claro, hoy sería alguien distinto y en el fondo no quiero serlo. La ciudad y el campo, el bullicio y la calma, el silencio y el ruido, lo blanco y lo negro, la tierra y el fuego”.

El libro cuenta con un prólogo de Julio César Álvarez y un epílogo con textos de 19 escritores y músicos.

—Alejandro Amenábar acaba de presentar el trailer de su última película “Regresión” y tú haces otro tanto con tus “Regresiones”, vaya coincidencia…

—Pues sí, la verdad, una extraña coincidencia. Supe de la película de Amenábar poco después de dar el libro a imprenta, de hecho hace sólo un par de semanas, aunque llevaba ya cerca de dos años trabajando en él y desde el primer día tuvo ese título, Regresiones, que condensa a la perfección su tono y contenido. No me ha hecho demasiada gracia, pero en cualquier caso, de haberlo sabido antes, tampoco hubiera cambiado el título de mi novela. Es parte de su esencia y lo que le da en el fondo sentido, tal cual yo la concebí, a modo de flashbacks y regresiones.

—Hablemos de esa época frenética y de inicia­ción, 1970-90, y del León subterráneo de entonces. A qué se debe este homenaje, es que ¿no has saldado cuentas?

—Soy un escritor básicamente autobiográfico. En mis libros, y a lo largo de mi trayectoria literaria, he hablado de muchos aspectos y períodos de mi vida, pero no de este en concreto, supongo que porque me faltaba aún perspectiva para poder abordarlo con criterio. Y sí, en cierto modo puede considerarse una deuda pendiente saldada, otra más… Me interesaba mucho escribir sobre el León alternativo o subterráneo de aquel tiempo, que fue el que en realidad viví, no el de los filandones y el folclore y la tradición, sino el de las bandas de rock, el CCAN y el Barrio Húmedo, el de los escritores, los músicos, los bares de noche y los fanzines… Nadie, que yo sepa, había escrito sobre esto una novela, y eso es exactamente lo que me propuse hacer.

—Eres, como dices, un escritor autobiográfico: “lo que me pasa lo cuento, es­cribo sobre la marcha, vivo escribiendo y escribo viviendo”. ¿Cómo se escriben los recuerdos décadas después?

—Como te decía antes, con mayor perspectiva. Me hubiera gustado escribir este libro hace mucho tiempo, estaba ya en mi cabeza, pero han tenido que pasar más de dos décadas para que haya podido hacerlo, lecturas, experiencias, recuerdos…

—Obsesión por lo maldito, llave de plata… ¿Ahí está el origen de tu escritura?

—En parte sí, siempre me han gustado los escritores malditos y todo lo que escribo tiene conexiones con el pasado y la memoria, mucho más aún este libro en concreto. H.P.Lovecraft, uno de los autores que gravita sobre Regresiones, hablaba de una llave de plata que abría la puerta a las ensoñaciones de su infancia, a la capacidad de ensoñar que vamos perdiendo con el paso del tiempo al hacernos adultos. Me parece una metáfora muy acertada y a menudo la he utilizado en este libro, que es, por encima de todo, un canto a un pasado, el mío y el de mi generación, que no volverá.

— ¿La nostalgia es un placer?

—Sin duda. Pero también una condena. Complace y duele en idénticas dosis.

—Narrador y poeta, vende­dor de zapatos, apátrida y soñador. Así te defines en este viaje por tu experiencia.

—Efectivamente. Creo que es una buena definición. Narrador y poeta por encima de todo, es mi forma de ser y estar en la tierra y lo que realmente alimenta mi espíritu. Vendedor de zapatos, porque es de lo que como y vivo (la literatura da, en el mejor de los casos, para merendar, no para comer, al menos a mí). Apátrida, porque me siento ciudadano del mundo, no de aquí ni de allí, sino de todas partes, no soy ni leonesista ni regionalista ni nacionalista ni chauvinista, no me interesan esas etiquetas. Y por encima de todo, sí, soñador: sin sueños, al menos yo, no se puede vivir…

—Cuarenta años después, la sombra de la Casa Botines, tu particular Casa Usher, sigue ahí para decirte que ahí comenzó el misterio con la literatura, a través de tu abuela.

—Sí, afortunadamente sigue ahí. Mis abuelos vivían en un ático de esa casa y una de las habitaciones, el comedor, daba a uno de los torreones góticos del edificio. Me recuerdo de niño allí, asomado a la ventana viendo a la gente pasar e imaginando sus vidas, primeros ensayos de ensoñación… Y cada vez que paso a su lado hoy en día, miro al torreón de mi abuela, quizás con la esperanza de verla asomada allí con una llave de plata en la mano…

—Luego la pasión por la lectura con las historias de superhéroes, el cine de terror que descubriste más tarde… ¿Esa fas­cinación por el horror permanece?

—Por supuesto. Hablo mucho de ello en el libro. Siempre me ha apasionado la literatura y el cine de horror, ya desde niño… No sé por qué exactamente, he intentado descifrarlo escribiendo esta novela, remontándome a mi infancia, y quizás ahora lo tenga un poco más claro. Pero es cierto, siempre me ha fascinado.

—De los cómics y películas setenteras a los relatos de Poe y Lovecraft, de las películas de psicópatas y espiritismo a las de ciencia ficción, ¿Es la pasta en la que te has moldeado?

—Una parte tan solo. La de mi iniciación, digamos. Que luego se ha ido enriqueciendo con el paso del tiempo, alta y baja cultura lo mismo me da, mi escritura es un reflejo de todo lo que he ido viendo y experimentando en mi vida, lecturas, música, estudios, viajes, amores y desamores, etc.

—Por cierto, ¿La Casa del cine Mari continua en tus pesadillas? Ahí nació tu afición por lo diferente y extraño. Como tu parche en el ojo.

—Sí, ahí sigue… Precisamente por ahí arrancó este libro, hablando de esa mansión, la Casa del cine Mari, también llamada Casa de Aguas… Es un recuerdo que tengo grabado en mi memoria a fuego… Aquel caserón siniestro y sombrío, que merodeaba con mis amigos de niño y que tanto me impresionaba. Y el parche en el ojo, debido a mi estrabismo infantil galopante, también… Todo crea sustrato y todo sale tarde o temprano en los libros si eres un escritor autobiográfico.


—Lovecraft fue el autor con el que te enganchaste a la lectura, los Mitos de Cthulhu fue tu libro de cabecera y el que te impulsó a escribir tus primeros relatos. Luego el realismo sucio y la literatura beat, Céline, Thomas Bernhard e incluso Carlos Castaneda. ¿Cuáles son las referencias literarias de “Regresiones”?

—Básicamente esas que citas. Los autores del círculo de Lovecraft, por un lado, y la literatura gótica y de horror, que fue la que despertó mi pasión por la literatura, los escritores beat, Kerouac sobre todo, cuya obra gravita siempre sobre la mía, Louis Ferdinand Céline y Thomas Bernhard, siempre presentes, y por supuesto Carlos Castaneda, otro de mis autores de cabecera. También el simbolismo y el decadentismo y muchas otras referencias, pero sobre todo esas que has citado.

—Este relato tiene muchos ecos sonoros, desde las sintonías de las series de televisión que engullías, a las que creaste tú mismo con tus grupos. Literatura y música están unidas en tu educación vital…

—Sin duda alguna. Pero más que nunca en este libro. Me interesaba mucho narrar esa parte de la cultura leonesa, la de las bandas de rock de los ochenta, de la que creo que nadie hasta ahora había escrito, la influencia de Los Cardiacos en nuestra generación, y de grupos como Parálisis Permanente o Gabinete Caligari, entre otros muchos, que fueron decisivos para nuestra formación. Y quería también hablar de Veredicto Final, mi propia banda ochentera, en la que yo tocaba la batería, y de grupos afines de aquel tiempo, Deicidas, Opera Prima, Flechazos, Positivos, Los Vagos, Abogado del diablo, Salamanders, etc, etc.

—Llama la atención un hecho desagradable que rememoras, la leyenda urbana de la descuartizadora del Portillo. Un crimen pasional ocurrido en 1975 que dio mucho que hablar. ¿Tanto te impresionó?

“Vive tu memoria y asómbrate”, dijo Jack Kerouac…

—Muchísimo, la verdad. Yo tenía nueve años entonces y aquel crimen dio, efectivamente, mucho que hablar… Recuerdo a mis padres, cada vez que subíamos la cuesta del Portillo y pasábamos por delante de esa casa, hablando estremecidos del tema, del horror de aquel cadáver descuartizado…

—Al ritmo de Los Cardiacos, Los Ramones y Siniestro Total, brotaron amistades especiales que aún mantienes: “Xen”, el poeta Alfonso Xen Rabanal con el que te reencontraste años después en el fanzine “Vinalia Trippers”. Y “Gabi”, el escritor Gabriel Oca con el que también estas muy unido. Esto no son regresiones…

—Sin duda alguna, ahí están ambos dos, siguen presentes. Pero no solo ellos, muchos otros pululan también por el libro, Regresiones es una novela generacional y son muchos los que se dan cita en sus páginas. De hecho, el libro lleva, además de un prólogo de Julio César Álvarez, un epílogo coral con textos de diecinueve músicos y escritores leoneses de mi generación, que sirve de contrapunto a mi narración y experiencia.

—Para Proust era una magdalena. Para ti han sido otras cosas las que han abierto las puertas de tu memoria. De eso habla este libro, dices, ¿qué sientes ahora, una vez finalizado el proceso de escritura?

—Siento que he escrito el libro que quería desde hacía mucho tiempo escribir. Y que he saldado cuentas importantes con mi memoria y recuerdos… Espero que conecte con mi generación, a la que va dirigido, porque habla del León que, a mi lado, muchos otros también vivieron, y no es el que nos habían contado hasta ahora…

—Por último; superviviente, outsider, libre y siempre dúal. Te repites, “es como quiero ser”

—Sí, y así soy. Para lo bueno y para lo malo soy así… No me arrepiento.


Colaboran en el epílogo de “Regresiones”:

CÉSAR FERNÁNDEZ CARNERERO / ANA CAMPE / ALEX COOPER / PACHO RODRÍGUEZ/ GABRIEL OCA FIDALGO / SILVIA D CHICA / JOSÉ BERROT DOMÍNGUEZ / ALICIA ELEKTRA / VICTOR M. DÍEZ / ELOÍSA OTERO / CARLOS ANTONIO SUÁREZ MARCOS (Carlos Luxor, Toñín Capricho, Marquitos) / JOSÉ PAJARES IGLESIAS / FELIPE ZAPICO ALONSO / CARLOS SALCEDO ODKLAS / JUANCHO LÓPEZ / MANOLO POSITIVO / ILDEFONSO RODRÍGUEZ / EKNORFU PALIG (aka TOÑO PEDRADA) / TOÑO BENAVIDES




Book Trailer del libro


viernes, 27 de febrero de 2015

REGRESIONES: Reportaje en La Nueva Crónica.




Garitos, pandillas y rock en el León de los 80 y los 90

‘Regresiones’ es una novela cargada de autobiografía, la de Vicente Muñoz Álvarez, y un viaje a la memoria urbana y canalla de esta ciudad

Fulgencio Fernández | 22/02/2015, La Nueva Crónica.

Vicente Muñoz (León, 1966) estaba allí. Vicente Muñoz siempre está porque se sube a todos los carros, no se detiene jamás, cultiva todos los géneros, crea. Cree. Editor, narrador, poeta...

Vicente Muñoz estaba en aquel León para muchos mágico de los años 80 y 90, en el urbano, el del Húmedo y el rock, el de las tribus y los garitos, el de las ansias de la libertad recién estrenada. Efervescente. Y cree que, además, aún está sin contar. "Se ha escrito mucho, muchísimo, sobre el León rural, folclórico y tradicional, el de los filandones y los pueblos abandonados y sumergidos y los maquis y las trincheras, pero no sobre el León del CCAN, de la Movida, de las bandas de rock y las tribus urbanas y sus lugares de encuentro".

Lo ha hecho él. Acaba de publicar la novela de aquella época, ‘Regresiones’, que ya está en las librerías y se presentará en el Gran Café el próximo 5 de marzo. Una novela autobiográfica pero, sobre todo, una historia generacional. "Es cierto, es el retrato de una época y una generación concreta, una crónica subterránea del León de los años 70 a 90, que es algo de lo que nadie hasta ahora, que yo sepa, había escrito". 

Y escribió él, Vicente Muñoz, que estuvo allí. No niega la nostalgia, aunque no le guste. "Fueron unos años, al menos para mí, realmente especiales e intensos, de formación, escritura, viajes y rock and roll, y tengo de ellos muy buenos recuerdos. No me gusta demasiado eso de que cualquier tiempo pasado fue mejor, pero sinceramente creo que aquel sí lo fue. Tanto a nivel económico y laboral, por supuesto, como a nivel creativo. España salía de una traumática y muy larga dictadura, y con la Transición llegaron aires nuevos, un espíritu festivo y libertario que, a mi juicio, se ha perdido por completo. Aunque han tenido que pasar muchos años, más de dos décadas, para que yo haya podido escribir a mi gusto y con criterio esta novela". 


Un León de tabernas, una lista inagotable: el Lisardo, el Emiliano, el Matasiete, el Minibar, el Racimo de Oro, la Cantina (y sus acid test), la Bodeguita, el Oriente Medio, el Lorenzo, el Montejos, el Universal (el bar de Bingo, guitarrista de mi grupo, Veredicto Final, nuestra segunda casa y punto de encuentro a finales de los 80), el Octubre Rojo, la Patata, el Flechazo, el Place (de Mila y Teté), el Pote, el Desnivel, el Garbanzo Negro, la Bodega Regia, el Besugo, la Gitana, la Piconera, el Chivani, la Bicha (vade retro, Satanás), el Valdesogo, la Tierra, el En obras, el Miche, el Húmedo, el Tizón, la Dulzaina, el Cuervo, el Dulcinea, el Celso, el Toisón (que inmortalizaron en una canción, himno de la noche leonesa, Los Cardíacos), el Agustín, el Benito, el Polvos, el Cafetín, el Quijote, la Mazmorra, el Esteban.., uff, vale, un León diferente. "Yo lo recuerdo como efervescente y muy divertido, desprejuiciado y mucho más abierto que el de la actualidad. Lleno de asociaciones y colectivos, bares alternativos, garitos de rock and roll, pandillas y bandas musicales de todos los colores y estilos, y tribus urbanas con identidad. Y desde luego, menos inmovilista y conservador".

Y lo hizo novela, la tituló ‘Regresiones’, la historia que, explica su colega Pacho Rodríguez en uno de los 20 epílogos de este libro que, explica, "es para los que están y para los que ya no están. Incluso para los que ni estuvieron. Es un álbum temporal de fotos de otro mundo que no va a volver. Porque, lo bueno, que hubo mucho, son tatuajes en la piel. Unos son besos. Otros, cicatrices. Nunca se quitarán. Pero ahora aparecen en forma de páginas imperdibles y palabras de un francotirador que, lo dice, no quiere disparar a matar".

Y no mata. Pero descansa, al fin ha escrito la novela que él sabía que llevaba dentro. "Regresiones era para mí una deuda pendiente desde hace mucho tiempo, el libro que siempre había querido escribir. Entretanto, he escrito otros muchos, pero no había tenido la suficiente perspectiva temporal para abordar este, y al fin he logrado hacerlo. Con el añadido, además, de las colaboraciones de veinte escritores y músicos de mi generación, que colaboran en un epílogo coral dando su punto de vista sobre aquel tiempo y el libro, sobre aquel León que vivieron conmigo y que ya no volverá".

Para que no parezca una añoranza de lo vivido y hacer patente ese clima efervescente del que habla Vicente Muñoz, el escritor no duda en traer a la memoria y al papel algunos de los nombres de referencia de aquellos felices años 80. "Para mí el gran referente social y cultural de la época, por encima de cualquier otro, es Los Cardiacos. Ese grupo marcó la juventud de toda una generación leonesa, la mía, y fue la puerta a otros grupos de la entonces incipiente Movida. Y junto a ellos, otras bandas paralelas de entonces, Deicidas, Opera Prima, Positivos, Flechazos, Los Vagos, Salamanders, The Crepitos, La Fuga, Oscuros, Odessa, Abogado del diablo y, por supuesto, mi propio grupo, Veredicto final, yo a la batería... Y también todo el círculo de creadores, escritores, pintores, músicos, etc, del entorno del CCAN, que fue un lugar imprescindible de reunión y de encuentro en aquella época. Y, cambiando de registro, Miguel Ángel Martín y Toño Benavides, dos ilustradores con los que he trabajado en muchas ocasiones, tanto en el fanzine que edito, Vinalia Trippers, como en mis propios libros, que ambos han ilustrado". 

Y con estas mimbres – y otras muchas que Vicente Muñoz explica que se quedan en el tintero pues no se trata de hacer un diccionario sino de rescatar algunos nombres inolvidables – se construyó un León en el que se respiraban aires "más intensos, libertarios, prometedores, más festivos y, sin duda alguna, más prósperos a todos los niveles. Creo que con el fin de la dictadura, la sociedad española quiso pasar página y olvidar. Y eso, unido a un período de bonanza económica y efervescencia cultural, hizo de aquel tiempo algo, efectivamente, muy especial".

Cree sin embargo que no se supo valorar todo aquel movimiento y tal vez su novela tenga un cierto afán justiciero. "En León, desgraciadamente, nunca se ha sabido valorar demasiado lo que tenemos. Ni antes ni ahora. De aquí han salido bandas de rock con proyección nacional, artistas, narradores y poetas de renombre que han tenido que irse a otras ciudades para ser debidamente reconocidos. Sólo cuando ese reconocimiento viene de fuera, parece que aquí se comienza a tener en cuenta, un mal endémico de esta ciudad. Pero, sobre todo a nivel musical, aquellos años fueron muy activos, docenas de grupos y conciertos en multitud de salas leonesas, que conformaron un sugerente panorama. Hoy en día, quizás, eso está sucediendo más a nivel literario. Pocas ciudades de nuestro tamaño y país tienen este porcentaje de escritores con obra publicada, es algo que fuera de nuestra provincia circula de boca en boca".

Todo un personaje este Vicente Muñoz "que estuvo allí" y también en Botines, edificio que ha llevado a la contraportada porque, explica, mantiene con él una relación especial. "Mis abuelos paternos vivían allí, en un ático que daba a uno de los torreones del edificio. Allí me recuerdo de niño, mirando por la ventana a la gente pasar. Mi padre, que nació y se crió allí, me contaba a menudo anécdotas del vecindario y la casa durante la guerra y posguerra, sobreexcitando mucho mi imaginación».




Book Trailer


martes, 17 de febrero de 2015

REGRESIONES: Prólogo.



Los lectores de Vicente Muñoz Álvarez estamos de enhorabuena. Especialmente porque Regresiones puede que sea una de las obras definitivas de su autor. A la altura de su introspección más profunda, El merodeador (Baile del sol, 2007) o de su poemario más imperecedero, Animales perdidos (Baile del sol, 2013). Un punto y aparte en una forma única de entender la creación literaria en nuestro país. Sin concesiones y estridencias, plagado de coherencia e intensidad, y por supuesto unido a una pasión y a una eficaz inercia muscular del que asume que la literatura no soluciona nada, pero lo cambia todo. Sumado a su ya consabida y siempre rebelde “apuesta suicida por la literatura” y la vida, entremezcladas en un permanente autobiografismo que persigue cambiar las reglas del juego y nuestra forma de mirar y mirarnos. Un desafío, literario y personal.

Regresiones se convierte pues en una especie de memorias precoces de un tiempo casi mágico. De su infancia en un León gris hecho color gracias a los cómics, las viejas arquitecturas (su relación con Casa Botines nos recuerda que la realidad puede ser mejor que cualquier ficción), los cromos y las teleseries, a una adolescencia y primera toma de contacto con la música popular (de ese “todo empezó con los Cardiacos” a formar parte de Veredicto Final), el cine (un recorrido por las películas eróticas y el terror), el sexo (Dedo es deslumbrante por su sencilla efectividad), la amistad (por estas páginas deambula prácticamente cualquiera que llegara a hacer algo creativo en el León de los 80), el alcohol y la noche, o la propia intuición de la muerte (“he estado a punto de morir luego otras veces, supongo que algunas sin saberlo”). En un continuo despojarse de elementos innecesarios, tan sólo emociones sin coartada, entre la narrativa sobria y el lirismo directo, con el pasado como patio de recreo en el que zambullirse y hallar las respuestas a un presente que confunde o genera desgaste, y en el que autoafirmarse es casi un acto de supervivencia (“ahora disfruto del estigma y la lacra, me singulariza entre el rebaño y me hace plenamente consciente de mi condición”).

Mirar atrás y recrearse en los detalles. Con una mirada lúcida y tierna, donde no hay que demostrar absolutamente nada a nadie. “Vive tu memoria y asómbrate”, afirmación rotunda de Jack Kerouac que Vicente Muñoz Álvarez hace suya aquí como dogma de fe, empeñado, ya desde sus primeras obras, en desenredar la propia vida como un gran maraña de lana, dejándonos presenciar la faena con curiosidad voyeur. Un atractivo tira y afloja con la memoria selectiva, los afectos personales y las distintas instantáneas de una vida que, aunque lejos, parece la de cualquiera de nosotros.

Y por supuesto, Regresiones es un positivo ajuste de cuentas con los héroes y mitos personales de su autor. Una larga lista que recorre con naturalidad lo popular y la alta cultura. Todo un particular muestrario, una guía esencial de esas influencias y pasiones más desatadas. Donde Hulk convive con Malcolm Lowry en igualdad de condiciones, lo que habla a las claras de la apertura mental de una obra y un autor que no cree en los encasillamientos o los lugares comunes. Quizá tan sólo disfrutar del recuerdo, paraíso perdido que resulta fascinante desde un presente fabricado de crisis económica y desencanto. Leit motiv último de este viejo refugio atómico desde el que observar el brillo de la bomba. Y al que ha invitado a unos cuantos, convirtiendo el cierre, un epílogo colectivo, en el sincero hermanamiento de una generación que mira lejos. 

Un canto a un tiempo que ya no volverá. De ahí su increíble magnetismo, su magia.


Julio César Álvarez, de Regresiones (Ediciones Lupercalia, 2015).



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