jueves, 20 de septiembre de 2007
CLAVÁBAMOS PIQUETAS. 1 poema de Lluis Pons Mora.
de metro y medio
el Toto y yo
a macetazos
por los secarrales
de nueve a dos
de cuatro a nueve
a treinta y ocho grados
a la sombra
pero sin sombra.
No había nada excepto
polvo y sol y éramos
de las pocas formas de vida
que existían en el lugar
y éramos la más salvaje.
Nuestros cuerpos semivestidos
embrutecidos y amorfos
llenos de tierra y cansancio
iban y venían a por esto y por aquello
por aquel desierto inmenso
olvidándose de hablar.
Era agosto y Almería
y sudábamos las barbas
los nombres y los ojos
y contábamos los días
que faltaban para irnos.
A macetazos el Toto y yo
las horas en silencio
a cada golpe mío un golpe suyo
como un ataque
como un lenguaje
que ellos no entienden.
Mal atendidos y mal pagados
como la mayoría de los nuestros
y aún así cuando parábamos
y nos cruzábamos reíamos
creábamos nuestra felicidad
para soportar permanecer ahí.
Él no fumaba pero yo encendí un pitillo.
Voy a cagar al bar a ver si hay papel.
Claro, tráete unas birras.
miércoles, 19 de septiembre de 2007
Janis Joplin y Bukowski
Por ella se entera uno de que en la vida del viejo indecente se han cruzado un montón de personajes: desde Madonna, que quiso retratarse con él para su libro de fotografía erótica, hasta Johnny Weissmuller (agonizando a grito pelado convencido de que era Tarzán, en el mismo hospital que John Fante –al que fue a visitar Bukowski-), pasando por los U2 (con los que se cogió una moña terrible de seven up y vodka siendo él ya un septuagenario). Y Henry Miller, Norman Mailer, Jean Paul Sartre (que flipó en colores con la obra de Hank)…
Pero, sobre todo, me ha gustado saber que Bukowski, acompañado de una de sus Mujeres –medio loca y suicida- pasó una noche en la misma habitación del Hotel Chelsea de Nueva York en la que dormía a menudo la gran Janis Joplin. Aquí van, para la ocasión, un par de retratos de mi gran amigo Kalvellido: Bukowski y Janis (este último lo dibujó el señor K para la novela Odio enamorado, en la que un servidor resucita a la cantante y a otros personajes
Patxi Irurzun
VINCENT PRICE, el aristócrata decadente. Por David G. Panadero.
Se vuela el verano, se acortan los días, los bosques se tiñen de rojo y por las mañanas hace ya un frío de la rehoxtia... Y nada mejor que videar algún buen film de culto oscuro para recibir el venidero otoño en la tierra... Nuestro drugo hermano David G. Panadero, morador y guardián de criptas, nos regala esta magnífica semblanza de uno de nuestros más queridos hijos de Satanás, decadente, maldito y especializado en dar vida a personajes marginales y atormentados: el genial, polifacético, fantasmagórico e inmortal Vincent Price. A continuación, la primera de las tres entregas que en días sucesivos iremos subiendo a este blog. v.Vincent Price, el aristócrata decadente.
Por David G. Panadero.
Se suele decir que en Nueva Inglaterra una aristocracia iletrada, no sanguínea y formada por nuevos ricos impuso el mal gusto, tratando de rodearse de un aura diletante allí donde no había más que provincianismo y una mal entendida nostalgia de la Añeja Europa.
En aquellos años, según avanzaba el Siglo XIX, las familias nobiliarias del Viejo Continente iban sucumbiendo a la miseria y las enfermedades, en un mundo que cada vez les resultaba más ajeno, feneciendo a la vez que sus milenarias moradas se cuarteaban. Y gran parte de la literatura del bostoniano Edgar Allan Poe reflejaba los estertores de ese modelo de sociedad, cuya decadencia ya se adivinaba. No resulta azaroso adivinar la llegada del capitalismo y la decadencia de un orden social basado en la sabiduría y las tradiciones en relatos tan significativos como "La máscara de la muerte roja" o "El hundimiento de la Casa Usher". Desterremos si es posible la errónea idea tan extendida de considerar a Poe como un escritor romántico, pues éste se encuentra muy lejano a las exaltaciones del sentimentalismo y a las evocaciones de lo mágico y lo sobrenatural que animaron a escritores como Walpole, Shelley o Potocki. Poe se erige antes bien como un gran conocedor de la psique humana y de los mecanismos que generan el miedo y la ansiedad, y sus relatos, por tanto, suponen monumentales retratos de personajes atormentados en un mundo que los abandona y aísla. En alguna ocasión, llega a parodiar el género gótico por la vía de la hipérbole, como en "El hundimiento de la Casa Usher"; en otras ocasiones se sirve de la afición a las Bellas Artes y los personajes hastiados para confirmar aquella vieja máxima de que el Arte está por encima de la vida, que se antoja prosaica. "El retrato oval" parece adornar esta aseveración.
Todos estos motivos, añadidos a la maestría de Poe para concebir el terror de manera adulta, analizando las reacciones de sus personajes con ojo clínico, nos permiten afirmar que, antes de considerar a Poe como un escritor gótico-romántico más, hemos de verle como el primer autor puramente decadentista en todos los sentidos, pues, como señala Lovecraft en su ensayo El horror en la literatura, en los cuentos de Poe no hay lugar a finales aleccionantes ni didácticos, rompiendo el autor con la costumbre tan arraigada entonces del final feliz, y en sus páginas, antes que exaltaciones de los sentidos o alegrías, asistimos casi indefectiblemente a procesos de decadencia.
Hablando ya en términos cinematográficos, debemos reconocer con toda justicia que si a un rostro se encuentra ligado Poe, ése es al de Vincent Price, con el que guarda no pocos puntos en común. Al igual que muchos de los personajes del autor de "Los crímenes de la calle Morgue", fue Price un caballero en el más certero sentido de la palabra. Diríase un hombre propio de otros tiempos, único gracias a su porte aristocrático, su escrupulosa dicción, unos ojos de mirada profunda y penetrante, cierta severidad cínica en el gesto y una inimitable elegancia a la hora de expresar afectación. Como el mismo actor declaró al periódico The Guardian en 1973, "Siento una gran simpatía hacia esa clase de personas solitarias y meditabundas. Me resultan muy comprensibles, y también comprendo esa indefinible cualidad sureña y de Nueva Inglaterra que hay en Poe".
Una clara muestra del talante aristocrático de Price lo supone el hecho de que numerosos estudiosos lo consideren de manera errónea británico, ya que es estadounidense, nacido en Saint Louis, Missouri, el 27 de mayo de 1911. Su padre era fabricante de golosinas de clase media alta. Ya con cinco años, el pequeño Vincent participaba en montajes teatrales del colegio pero pese a haber alcanzado la fama como actor sintió primero la llamada de las Bellas Artes. Price estudió en Yale y consiguió su primer empleo en 1933 como profesor en la Riverdale Country Day School de Yonkers, Nueva York, pero debido a sus inquietudes no tardaría en empezar a visitar a agentes teatrales en sus ratos libres, de manera que acabaría compaginando el trabajo en el teatro con el cine.
Durante un viaje por Europa se matriculó en la Universidad de Londres, donde consiguió dotar de mayor profundidad a su calado cultural. Su condición de amante de la pintura y delicado gourmet también nos informa de que el actor es un hombre de gran sensibilidad, acaso un príncipe nacido a destiempo -no olvidemos la recreación que hace del Príncipe Prospero en la excelente La Máscara de la Muerte Roja (1964, Roger Corman)-. Incluso en El Péndulo de la Muerte (The Pit and the Pendulum, 1961, Roger Corman) pudo mostrarnos su pasión por la pintura, retratando a la actriz de culto Barbara Steele.
martes, 18 de septiembre de 2007
POR LA MAÑANA TODO ES TAN BLANCO... Un poema de Safrika.

Por la mañana todo es tan blanco...
En casa estamos ansiosos, parece que cualquier día
el bosque se va a poner
a delirar y a traer
pájaros
desconocidos.
Juan Manuel está todo el tiempo andando por la calle
calle arriba, calle abajo, le duele la cabeza y
fuma.
Hoy no ha tenido que ir a
la gasolinera.
Parece que el bosque escupirá
aves implacables
como objetos lanzados sin dirección
(uno ya sabe cuándo se arrojan y cómo)
Yo tomé café y también ando con los ojos muy abiertos
pretendía ayudarme de alguna pastilla para pasar
mejor el día, poder llevar este número sublime
poder
llevarlo
ahí.
El párpado se hincha con la picadura, estoy en la huerta
se levantan las manos al cielo y he oído existe
la creencia de que se puede
alcanzar la gloria matutina de un despertador
la gracia impasible de un cobrador disfrazado
el encanto de una diva muerta.
Juan Manuel tiene miedo a veces
uno cree que la cabeza va a fracasar, y después
está
la ubicación del sentido de las cosas,
la nariz que esta vez gotea agua y no sangre.
Mirando así hacia el bosque que va a expeler
esos bichos sin nombre
pienso que
los relojes digitales deberían estar prohibidos
y las camisetas con propaganda de empresas en azul
las gafas de sol con pretensiones
las máquinas para fichar a tu hora.
Matarías por saber que el bosque va a delirar y a traer
estos animales de existencia vaga, y a qué hora
por saber si el día mortificará
la risa arrancando esos dientes.
El amor como un vehículo industrial
como una
bombona pesada y negra puesta junto a una
anciana que ya no sabe no puede no quiere
respirar.
Respirar es valiente
Respirar es lo más valiente.
Ciertos zapatos en ciertas cajas
Todos estamos un poco ansiosos hoy, en casa
enfrentamos
pasillos
cuerdas
relaciones
trabajos
asfalto
Mirar por la ventana adquiere tintes dramáticos
ducharse en soledad es lo más parecido a un naufragio.
Todo parece sacado de una película muda
pierdo oído
nunca se me dio bien esto pero pese a todo puedo
hacerlo
mejor
cada vez.
El bosque trama animales.
Tú también te das cuenta.
No dejo de sorprenderme día tras día con la poesía prodigiosa y cotidiana de nuestra hija de Satanás Safrika, casi un milagro de poeta hecha mujer entre tanta voz femenina impostada y rancia como la que nos quieren ( y no logran ) vender desde las altas esferas... En su blog, safrika.blogspot.com, más que recomendable, podréis degustar poemas que yo me atrevería a calificar como de los mejores que he leído últimamente, visionarios pero a la vez realistas, crudos y al tiempo tiernos, desoladores y sombríos, aunque luminosos y dotados de un sentido del equilibrio perfecto e innnato. No tengo ninguna duda, y lo digo tal cual lo siento, de que estamos ante una de las grandes promesas de la poesía femenina española de la actualidad, que muy pronto asombrará con su voz al mundo. Desde este blog satánico, Saf, todo nuestro cariño y máximo apoyo siempre. En tu honor esta vez nuestro brindis: Salud !!! v.
Correspondance 1958 - 1994
Este tocho de libro (más de 400 páginas) recoge la correspondencia de Bukowski con editores, poetas, mujeres de poetas, poetisas...Entre otros, Bukowski se cartea con: E.V.Griffith, Jory Sherman, John William Corrington, Ann Bauman, Jon Webb y su esposa, Raymond Federman, Jim Roman, Ann menebroker, Douglas Blazek, Al Purdy, Tom Mc Namara, William Wantling, Ruth Wantling, Neely Cherry, Steve Richmond, Carl Weissner, William Hageman, Allen DeLoach, Louis Delpino, John Martin, Lafayette Young, Gerald Locklin, Hank Malone, Gregory Maronick, Bill Robson, Patricia Connell, A.D.Williams, Joanna Bull, James Whitaker, Roth Wilkofsky, Charles Plymell, Pamela Brandes, William Packard, Joe Stapen, Mike Gold, Al Fogel, Larry Sloman, Al Berlinsky, Douglas Goodwin, Stephen Kessler, Jeff Weddle, Patrick Foy, Luciana Capretti, Paul Peditto, Maxwell Gaddis, Bruce Woods, David Mills, Evan Russell, Robert Patterson, Ivan Suvanjieff, Teresa Leo, Marc Smirnoff, Jon Cone, Kevin Ring, Miles Corwin, M. Bochlke y Jack Grappes.
lunes, 17 de septiembre de 2007
On the road y Manuel Vicent con un sombrero mexicano
Y más hallazgos entre los medios de comunicación de masas. El pasado domingo Manuel Vicent escribía esta columna sobre On the road, Kerouac y los beatniks, en última página de El País.
'On the road'
MANUEL VICENT 16/09/2007
Cuando en 1964 hice mi primer viaje a San Francisco estaba en plena ebullición la novela On the road, de Jack Kerouac, de cuya publicación se cumple ahora el cincuenta aniversario. La estampida se había iniciado unos años antes desde Nueva York. Por todas las carreteras de California se veían jóvenes a bordo de cadillacs desvencijados o sacando el dedo en la cuneta, con vaqueros raídos, botas podridas, camisas abiertas de leñador y un saco de lona al hombro lleno de abalorios entre los que brillaba una navaja para fabricar amuletos de cuero o desollar iguanas. Parecía que el demonio había reventado a aquellos jóvenes por dentro. Cambiaban de oficio cada semana huyendo, dormían en el punto del camino donde les pillara el sueño y se apareaban bajo los olmos o en medio de campos de alfalfa o en los retretes mugrientos de las estaciones del ferrocarril. Su pensamiento consistía en caminar. Eran a la vez libres y descoyuntados, metidos en la tarea de improvisar su existencia, de estar en todas partes y en ninguna. Recién llegado de una España gris marengo y de maestros escolásticos con un forúnculo en el pescuezo quedé admirado ante la libertad que tenían estos jóvenes para inventarse a sí mismos todos los días a la salida del sol. Tal vez Dean Moriarty y Sal Paradise andaban caminando aún por San Francisco con las manos metidas en el bolsillo trasero del pantalón de aquellas chicas que iban descalzas por las aceras de Haight-Ashbury. De allí comenzó a salir el humo de marihuana que inundó el mundo. Había que hacer algo. Por mi parte regalé el reloj, me quité la corbata y me fui al sur, me tumbé en las praderas del campus de La Jolla y después llegué a Tijuana, donde me hice retratar con sombrero mexicano junto a un burro pintado de cebra y comía calaveras de chocolate. En aquella ciudad de frontera los cabarets de strip-tease, las farmacias y los bares no tenían puertas. Los beatniks pasaban por allí camino del golfo de Cortés para ver cómo se apareaban felizmente las ballenas aunque su vida agónica no era nada comparada con el fragor de la balacera que en Tijuana podía establecerse en cualquier esquina por una mala mirada. Llegó un día en que los beatniks dejaron de caminar. Algunos murieron y otros se hicieron burócratas. De las botas podridas de estos beatniks germinaron los hippies, pero fueron ellos los que convirtieron en filosofía, hace 50 años, esta locura en que se agita todavía el mundo: vivir consiste solo en huir detrás de un sueño hasta reventar.
Bukowski, fuera de circulación. Carlos Yusti
Toda una golosina, la página reseñada más abajo (el blog http://jorgeletralia.blogsome.com/): enlaces a cartas, poemas, cuentos, entrevistas, fotos de Bukowski… Para muestra un botón, este texto sobre Hank escrito por Carlos Yusti (y, por cierto, como Jorge dice, parece que Bukowski está de moda, que está siempre de moda: ayer mismo, el bluesman Javier Vargas, en XL Semanal, el suplemento dominical de los diarios del grupo Vocento, respondía cuando le pedían que recomendara un libro: “He vuelto a leer Cartero, de Bukowski. Me sube el ánimo cada vez que lo recuerdo. ¡Es tan divertida! Recomendable”.
Bukowski: fuera de circulación. Carlos YustiEn el barrio de mis andanzas infantiles/juveniles, en la jerga estar fuera de circulación era estar en prisión (encanao) o haber muerto. Charles Bukowski murió, pero poco antes pergeñó unas páginas que conformarían un libro póstumo: El capitán salió a comer y los marineros tomaron el barco.
Bukowski pertenecía al submundo citadino y como es lógico todo su trabajo literario está impregnado de fuertes olores, prostitutas, chulos, borrachos, malvivientes, sobrevivientes y mujeres hermosas algo desequilibradas. En lo particular, más que las tramas de sus novelas, o esos fritos personajes que pululaban en sus cuentos, me cautivaban los títulos. Tenía un pulso especial para titular sus libros. Así tenemos La máquina de tirar, Cartero, Escritos de un viejo indecente, Cuentos de la locura corriente.
Escritor maldito. Genio a su modo. Peleador callejero. Empleado en algunos oficios como cartero o limpiabotas. Escribir no fue una manera de alejarse del suburbio, sino una forma fría y sin remilgos de realizar un retrato de ese universo que sabía de memoria y que él escribió como era lógico totalmente ebrio.
En El capitán salió a comer... se presenta como un escritor con ordenador. Los excesos y la vejez han hecho sus estragos respectivos. Aquietado y menos febril que antaño ahora vive de los derechos de autor de sus libros traducidos a varios idiomas. El libro pasa revista a su vida cotidiana con cierto tinte idílico. Mucho escenario doméstico para mi gusto. No obstante sigue escribiendo con desengañada ferocidad: “Es probable que haya escrito más y mejor durante los 2 últimos que en ninguna otra época de mi vida. Es como si después de 5 décadas de hacerlo me hubiera adecuado más a hacerlo de verdad!”. “Hoy me han llegado las pruebas del nuevo libro. Poesía. Martín dice que serían unas 350 páginas”. “Bueno, mi 71r año ha sido un año terriblemente productivo. Es probable que haya escrito más palabras este año que en cualquier otro de mi vida”.
Aparte de escribir se dedicaba a visitar el hipódromo como buen ludópata. La lectura de este breve libro nos enfrenta con el Bukowski reflexivo, con el escritor entretejido de crepúsculo, pero no del todo acabado aunque si algo fuera de foco y mortalmente cotidiano.
Lo que me reconcilia con Bukowski es que es un sobreviviente del alcohol, las peleas que protagonizó en bituminosos tugurios, de su vida llena de sexo, poesía y asco. No le gustaba Tolstoi. Como a mí no terminan de gustarme del todo sus libros. Es que siempre me pareció un Henry Miller desencuadernado. Este libro resume en parte su pelea en contra de la existencia o como él lo escribe: “El capitán ha salido a comer y los marineros tomaron el barco. ¿Por qué hay tan poca gente interesante?... Parece como si su único acto posible fuera la violencia. Eso se les da muy bien. Les hace florecer de vida. Flores de mierda, apestando nuestras posibilidades”.Luego que el viejo indecente dejó el suburbio va apareciendo nuevos nombres en la narrativa norteamericana como Jonathan Safran Foer, Dave Eggers, Jhumpa Lahiri, Chuck Palahniuky sólo nombro a unos escritores que darán que hablar. De Palahniuk he leído un cuento titulado “Tripas” que tiene algo de bizarro, que tiene mucho de esos cuentos de Bukowski donde lo asqueroso se da la mano con el estilo tembloroso de dipsómano. El final de su cuento “Escritores” podría servir ahora: “Chicas, contestaría él si pudiese, esto es la frase simple, sin confusiones, el diálogo realista. Ésta es la forma en que debe hacerse. Y sólo podréis besar mi fea cara con los dientes amarillos en vuestros sueños. Yo ya estoy comprometido. Follawski sacó la última página de la máquina, la unió con un clip a las otras y luego buscó un sobre de papel manila. Ésa era la parte más pesada del trabajo de ser escritor: meter lo escrito en el sobre, poner la dirección, pegar el sello y enviarlo, después, por correo. Y normalmente le llevaba un par de copas de vino rematar una de las formas más bonitas que se han inventado para pasar la noche. Se sirvió la primera”. Decir salud es un topicazo del coño.

Hace unos pocos días, o sea hace ya muchas entradas en este blog que va a todo tren (de alta velocidad) colgué un texto que decía “Poetas muertos en París” (1). Ese (1) implicaba que debía haber, al menos, un (2), pero lo he retrasado porque no estaba seguro de que el texto que sigue a continuación tuviera alguna vinculación con el universo bukowskiano. Bueno, a primera vista parece que no, pero pensando, pensando, me ha dado cuenta que, en parte, en muy buena parte, gracias a él he podido llegar hasta aquí, conocer a tanta gente por el camino, poner en marcha Borraska, y finalmente, junto con Vicente, lanzarnos a la aventura de esta antología Resaca /Hank Over.
El texto lo escribí hace unos 10 años, hace 6 lo envié a un concurso de relatos de viaje que organizaba El País, y para mi sorpresa resultó ganador, entre otros mil concursantes. ¿El premio? 6.000 euracos para gastar en un solo viaje. Yo me fui durante 4 meses a un basurero en Filipinas con un fotógrafo, escribí un libro (“Atrapados en el paraíso”) gané otro premio… Todo ello me dio vidilla, en definitiva, me animó a seguir en la brecha, etc. En fin, toda esta chapa para justificar esta segunda parte de Poetas Muertos, ahora que he vuelto a visitar París. Por si alguien quiere echarle un vistazo…
Patxi Irurzun
“Poetas Muertos (Catálogo estival de personajes parisinos)”
Patxi Irurzun
Tour Eiffel
El hombre se dispone a ejecutar algo muy importante, vital, una cuestión de supervivencia. De manera que, tras carraspear, sacudirse las pelusas y la caspa de las hombreras de la americana y retorcer el pescuezo a los gallos que se estiran quiquireando en su coronilla, se encamina muy digno, mientras a su alrededor pestañean los flashes de decenas de cámaras fotográficas, a hacer lo que debe hacer. No le cuesta demasiado encontrar en el cubo de la basura un trozo de pan. Y todavía mucho menos devorarlo compulsivamente. Sí, el hombre es un pobre, un pobre parisino, y los flashes fotográficos no le retratan a él sino, a sus espaldas, a la Torre Eiffel, el tótem de la vieja, rica y civilizada Europa.
Campos Elíseos
La vieja, rica y civilizada Europa está sentada ahora en un encantador restaurante de los Campos Elíseos. Es una frágil anciana con pelo purpureado de pantén color,gafitas y ropas vaporosas, vestigios de un pasado bohemio pero nada sórdido, con mucho charme. Habla con el camarero con una voz que es como una campanilla. Y además en francés. Él le trae ensalada y jamón de york y “cafeolé”. Cuando termina,nuestra ancianita suelta un eructo espantoso, tan espantoso que el resto de los clientes no nos atrevemos a volvernos, sólo a mirarla de reojo a través de los espejos de la pared, incapaces de creer que de ese cuerpo tan delicado hayan salido dragones con fuego en la boca, perros rabiosos, ristras de ajos y no, no puede ser cierto porque ella continúa allí sentada, tan entrañable. Hace sonar otra vez su campanilla para pedir al camarero un basito de agua, s’il vous plait.
Centro Pompidou
S’il vous plait, me dice una chica a la salida del centro de arte moderno Pompidou. Está haciendo una encuesta y me pregunta qué exposiciones he visitado. No he visitado ninguna: hay que pagar y sé que no me van a interesar tanto como para eso. De modo que me hago el sueco, le digo que no entiendo francés, me pregunta si soy italiano y, finalmente, me deshago de ella en español. Me da un poco de vergüenza admitir que no he entrado a ver las obras de Chagall, Matisse, Braque… pero creo que deberían sentir más vergüenza todos esos que han entrado y no han entendido nada, todos los que se rascan la barbilla en un gesto que pretenden interesante cuando únicamente trata de ocultar un bostezo. Afortunadamente, en la plaza que se extiende frente al Pompidou hay caricaturistas, tragafuegos y un grupo de vietnamitas imitando a los Beatles. Uno puede reconciliarse con la cultura dando un paseo entre ellos. Unos metros adelante un chaval que ronda los veinte años, bien alimentado y limpio, pide limosna. Está sentado en el suelo con un libro en las rodillas y lee ensimismado, ajeno a la riada de gente que pasa a su lado. Olé, pienso. Sé que no tiene hambre, que es un subversivo. Lo que en realidad está mendigando es que en las escuelas no nos enseñen las fechas de todas las guerras, sino a entender a Chagall, Matisse, Braque…
Montparnasse
Baudelaire, Ionesco, Duras… Estos artistas, entre otros, están enterrados en el cementerio de Montparnasse, que es uno de los lugares que aparecen señalados en las guías turísticas. Sin embargo, para una visita fugaz a la capital francesa como la mía, es necesario seleccionar los recorridos, y el culto a los difuntos siempre me ha parecido una manera cobarde de enfrentarse al dolor, el amor, Dios y la muerte. Todo lo que nos hace insignificantes y nos condena a la soledad infinita del ser humano, la soledad que provoca el hecho de que ningún otro ser humano sea capaz de desvelarnos estos enigmas. Así que consideré prescindible el peregrinaje a dicho cementerio. Todo cambió cuando supe que, además de los mencionados escritores, en Montparnasse se encontraba enterrado Guy de Maupassant. Eso es otra cosa. Daría todos los besos ensalivados, todos los dulces tragos de licor, los días soleados que almaceno en mi memoria por uno de sus cuentos, tan redondos, tan directos, tan sorprendentes… tan perfectos. Quizás Maupassant, depresivo, suicida crónico,torturado por su incredulidad en el amor y muerto en un manicomio, hizo ese pacto con el diablo. Y quizás lo hizo para toda la eternidad porque, deambulando en busca de su tumba, aparecen ante mis ojos varios personajes de esos con los que al escritor normando se le encogía el corazón y que, a la vez, nutrían sus magistrales relatos. Entre unas cuantas lápidas grabadas con la Estrella de David pulula con el ceño fruncido un siniestro tipejo de cabeza rapada. Sobre un panteón descascarillado, moteado con plastones de musgo y mariquitas, una pareja se acaricia mórbidamente. Y, tan sólo a unos metros del lugar en que permanece enterrado Maupassant, un hombrecillo con una garrafa riega la tierra nerviosa y apresuradamente, como si atesorase el secreto que hace brotar flores de los ojos de las calaveras. La tumba del escritor, igual que la de los demás muertos célebres, es sencilla y pasa casi desapercibida. Pero a diferencia de Cortázar o Sartre, a quienes los visitantes dejan frases, poemas escritos sobre paquetes de tabaco o billetes de metro, sólo dos mensajes de letra agusanada y emborronada por la lluvia reposan sobre los restos de Maupassant. Recuerdo que los Goncourt, que asistieron a su entierro, dejaron constancia de que, durante el mismo, sus amigos habían contado chistes verdes y macabras anécdotas fúnebres. Entonces comprendo que no procede nada solemne sino, en todo caso, frívolo. Algo así como sacar una foto para después largarse. Y eso es lo que hago. No obstante, antes de salir del cementerio de Montparnasse, un gato negro se cruza en mi camino, clava sus ojos en mí y allá al fondo, como escombros hundidos en un charco del infierno, centellea la solución a todos aquellos enigmas: el dolor, el amor, Dios y la muerte. Pero es sólo una milésima de segundo, después el gato da un salto y desaparece tras una tumba sin nombre.
Mercado de las pulgas
El gato negro, pantera de mentirijillas, demonio enmascarado, bolsa de terciopelo con siete corazones, se mueve sobre la mesa de antigüedades en el Mercado de las Pulgas. A cámara lenta, desliza primero sus patas, las estira prodigiosamente, multiplicando su longitud por tres. Acomoda después la almohadilla en huecos invisibles y su espinazo se curva entonces dulcemente, como una ola muriendo en la playa. Y así avanza, cruza la mesa sin rozar siquiera las regaderas, los quinqués, las figuritas de porcelana que se amontonan desordenadamente sobre ella. El gato negro es arrogante y exhibicionista, podría saltar la mesa, o pasar por debajo, pero prefiere que todos veamos sus movimientos elegantes y precisos. El gato negro es un poeta salvaje.
II
Unos metros más allá de los puestos de antigüedades y ropa usada, en una callejuela que limita el Mercado, hay grupos de hombres que hablan en susurros, que miran en todas las direcciones con pupilas que parecen pelotitas de goma. Ofrecen radiocasetes con los cables pelados, carteras usadas, relojes y cadenas de oro rotas. Otros hombres con gusanos sanguinolentos en la nariz, con pelos y barbas como arbustos secos, hombres que huelen a sudor, vino y orina, venden ropas apelotonadas y sucias, sillas paticojas, una raqueta sin cordaje… cualquier cosa por el precio de una botella. Un tipo de bigote y tez aceitunada llega con un hatillo, lo extiende en el suelo y aparecen cintas de vídeo con fotos de mujeres desnudas. Llega otro como él, después otro, y después ya son cinco, diez, veinte… Se arremolinan, se empujan, gritan. Enfrente, en la otra acera, a algunos les esperan sus mujeres vestidas con caftanes floreados. Una de ellas lleva la cara cubierta por el chador.
Rue Mouffetard
Un joven obrero magrebí riega con una manguera la playa que, sí, está bajo las calles de París. Sobre la arena mojada, arrodillado, un compañero va colocando los adoquines en círculos. Algo más arriba, en la Place de la Contrescarpe, hay un par de viejos alcohólicos, un hombre y una mujer. Ella intenta bailar el cancán sin romperse en pedazos y después pasa la gorra a los turistas que beben cerveza en los cafés o esperan en los restaurantes griegos a que los camareros rellenen sus sandwiches con la carne picada de los enormes y giratorios trozos de vaca asada. El hombre está para menos trotes. Duerme la mona en un sillón polvoriento y desventrado. De repente, parece despertar de un mal sueño, se pone en pie tambaleante, se gira y expulsa los monstruos que pueblan su amago de delirium tremens con una cálida, dorada y prolongada meada. Los turistas sonríen, sacan fotos, alguno incluso aplaude. Lo que en las calles de sus pueblos o ciudades les parecería una marranada les parece bohemio en París.
Metro
París. Debo marcharme ya. Soy el único hombre blanco en la estación de metro. Sentada a mi derecha, hay una mujer con un punto rojo en el centro de la frente y dos niños hermosos, como sólo lo son los hindúes. A mi izquierda, un anciano negro da cabezadas y, de pie, una pareja de japoneses consulta un plano. Hay turistas con planos en todas las esquinas de todas las calles de París. Resulta difícil oír hablar en francés allá arriba. Los parisinos parecen haber huido del verano en la gran urbe hacia las playas. Abajo, en el metro, es más fácil, aunque siempre es un francés con acentos de colores. Como el de los camareros árabes, rumanos o italianos. O el de las chicas de la limpieza y el de los basureros negros. También son negros los cientos de emigrantes sin papeles que permanecen encerrados, varios de ellos en huelga de hambre, en la Iglesia de Saint Bernard, que está en un barrio que no aparece en los recorridos turísticos. La playa, para todos ellos, está debajo de los adoquines de París, capital de la vieja, rica y civilizada Europa.
Cuentos de la locura corriente


También resulta interesante este hilo de un foro, donde podemos acceder a fotografías de Hank y de algunas de las películas basadas en sus textos. Eso sí, está en ruso. Aquí.
PRÉNDELE FUEGO. Un poema de El Ángel.
CIRCULAR 07. LAS AFUERAS. Vicente Luis Mora.

domingo, 16 de septiembre de 2007
MANTIS NEGRA: J.M. Vara inspirado en C. Bukowski.

sábado, 15 de septiembre de 2007
3 títulos mas 3 cubiertas distintas para la misma novela de Fante (y 3 y último)
viernes, 14 de septiembre de 2007
DOCTOR TERROR contra la resaca.
Queridos drugos & hermanos: se nos echa encima el fin de semana y con él llegan las beodiseas y las noches locas, pero también, por desgracia, las acostumbradas y enervantes resacas... Y nada mejor para esos momentos bajos que visionar algún entrañable film de culto, de los que este blog es deudor. La recomendación para el finde entrante es, en este caso, Dr. Terror, una joyita pulp dirigida por Freddie Francis en 1965 que desenterramos de los archivos de nuestra memoria y que tiene ese espíritu fanterrorífico y entrañable de las pelis de la Hammer, perfecto para desengrasar la oxidación. 5 turbadoras y diabólicas historias 5, en la línea subterránea y polvorienta de The Vault of Horror & Tales from de Crypt, engarzadas en una inolvidable perla negra final, que a los hijos de Satanás encantará. Los gigantescos Chistopher Lee & Peter Cushing, claro, no podían faltar a esta cita. Buscadla en los cineclub más bizarros del barrio o en la omnisciente red y, como por arte de mágia, aparecerá. Felices pesadillas & que Hank os guarde de los Bichos Malos !!! v.TOM WAITS & BUKOWSKI

3 títulos más 3 cubiertas distintas para una misma novela (2)
jueves, 13 de septiembre de 2007
El gato de Hank
HANK
BORRACHO,
viejo indecente, cabrón.
Habitaciones oscuras, cutres,
de paredes desconchadas
como el corazón del perdedor.
Chinches arrulladas
en unos calcetines sucios
que se yerguen con desafiante
insolencia
junto a una botella de Miller
vacía.
Una barra larga,
poblada de tipos grises y silenciosos
que apuran sus tragos
esperando poder partirle
la cara a Dios algún día.
Mujeres de rímel corrido
y largas piernas envueltas
en medias de nylon;
locas, malhabladas,
dispuestas a dártelo
por una botella de licor barato.
HANK
BORRACHO,
hijo de Satanás, cabrón.
Largas tardes en el hipódromo
apostando, fumando puro tras puro.
Vodka-7, oporto, matarratas
y una puta mejicana esperando.
Noches al raso, aterido de frío
sobre el duro banco del parque.
Friegaplatos, cartero,
eterno mozo de almacén.
Y en el buzón
las notas de desahucio
que tanto te inspiran
BUKOWSKI
BORRACHO
POETA
HERMANO.
ACERCANDO ORILLAS 3

Otro de los platos fuertes de estos Encuentros, el viernes 21 en la Sala Youkali de Vallecas: Jorge Riechmann, David Eloy Rodríguez, Antonio Orihuela, David González, Daniel Bellón, Miguel Angel García, David Franco Montiel, José María Gómez Valero y el antólogo de Once Poetas Críticos, Enrique Falcón... Quién da más por menos ? Para quitarse el sombrero !!! v.
ACERCANDO ORILLAS 2

ACERCANDO ORILLAS: 2º Encuentro de poetas de Baile del sol.
A partir del lunes próximo, se celebra en Madrid el 2º Encuentro de poetas de Baile del Sol: Acercando Orillas. Lo que esta pequeña editorial de Tenerife está haciendo por la literatura española actual, no cabe duda, el tiempo lo pondrá tarde o temprano en su sitio. Allí donde otros editores no están ( es decir, donde debieran: apoyando a sus autores por toda la península ), Baile del sol se acerca, apostando por una generación de nuevos valores y voces ya ineludibles en el actual panorama literario español. Además de presentar Once poetas críticos en la poesía española reciente, el acto estará lleno de otras sorpresas: lecturas, música, proyecciones y performances, como suele ser habitual en los Encuentros de Baile. Podréis escuchar recitar a varios Hijos de Satanás ( David González, Ana Pérez Cañamares, Lucas Rodríguez ) y Tripulantes ( Mada Alderete, Antonio Orihuela, Inma Luna ), además de a muchos de los poetas de la conciencia antologados por Kike Falcón en Once Poetas Críticos. Una oportunidad única e irrepetible para conocer la mejor poesía española del momento, de la mano de la editorial Baile del Sol. Las jornadas se repartirán en tres sesiones, días 17, 20 y 21, en los lugares que indican las correspondientes postales de promo. La mejor recomendación de este blog para el otoño entrante. No os lo perdáis !!! v. 3 títulos más 3 cubiertas distintas para una misma novela
miércoles, 12 de septiembre de 2007
L.F.CÉLINE, por Vicente Muñoz Alvarez.

A finales de la década de los cincuenta William Burroughs, Allen Ginsberg y algunos otros poetas beat viajaron de Norteamérica a París para conocer personalmente a Céline, un escritor que les había deslumbrado y al que consideraban una especie de ángel apocalíptico y revelador. Lo que encontraron al llegar a Francia fue a un viejo arrogante, rodeado de perros y embutido en abrigos y bufandas, que afirmaba ser el mejor escritor de su generación y que les trató como a simples vendedores de hamburguesas. Según cuentan, al despedirse de él, decepcionados, le preguntaron por cortesía si le gustaban especialmente los perros, a lo que contestó: Nada, no me gustan nada, los tengo sólo por el ruido...
Esta anécdota, aparentemente absurda, puede en cambio ilustrar muy acertadamente la compleja realidad que fue Céline, uno de los narradores más grandes e incomprendidos del pasado siglo.
Louis Ferdinand Destouches ( más tarde Céline ) nació en Courbevoie, cerca de París, el 27 de mayo de 1894, en el ocaso de una era caracterizada, sobre todo en Francia, por el desencanto. El ideal frustrado de los revolucionarios, la inestabilidad política y el progresivo declive de la burguesía, hicieron de la segunda mitad del siglo XIX algo así como un baile de máscaras, un desenlace grotesco para todo un universo de utopías. Circunstancia que no pasó desapercibida para los grandes poetas de aquel tiempo ( Baudelaire, Rimbaud, Lautreamont, Verlaine, Huysmans... ), que reflejaron en sus obras la desintegración física y moral que les tocó en suerte vivir.
La vida entera de Céline viene, pues, mediatizada por el desengaño de toda una generación: la farsa simulada de la guerra, el rancio aroma de la burguesía, el fin de la era colonial. Y sus novelas no van a ser sino la interpretación tragicómica y grotesca de su propio desencanto.
En 1932, tras viajar a África y ser herido y desmovilizado en la Primera Guerra, publica Viaje al fin de la noche, una de las más impactantes novelas del pasado siglo, que cimenta las bases de su peculiar estilo y genera reacciones opuestas en la crítica.
Céline dibuja a Bardamu, protagonista del Viaje, como un juguete en manos de un destino absurdo que condiciona en gran parte sus acciones. Y ante premisa de esta índole, la única postura razonable es la resignación. Esperar estoicamente que la vida nos pudra y nos reviente, que nos pierda y finalmente nos arroje al fondo de la noche, ese rincón de bruma donde terminan todos los caminos.
Lo que Céline describe en el Viaje es un mundo visto a través de un cristal borroso y empañado, un mundo caótico y regido por hilos siempre inciertos. Por eso sus personajes parecen faltos de identidad, como postrados frente al mundo, son blancos humanos sobre los que se ceba la desgracia, seres mediocres y vencidos que se dejan llevar por la corriente. Aunque lejos de ahondar en derrotismos, Céline se recrea en la ironía y el sarcasmo que afila sus palabras, en la farsa existencial que anima sus acciones. Todo lo cual confiere al Viaje ese extraño tono de tragicomedia cotidiana que va a caracterizar en lo sucesivo sus novelas.
Cuatro años después, cuando los críticos aún debatían el alcance revolucionario de esta obra, Céline publica Muerte a crédito, una visión delirante y fantasmagórica de la sociedad francesa de principios de siglo, que supone la consagración definitiva de su estilo. En ella describe los años de su infancia y adolescencia, sus temores y dramas y la ambigua escala de valores que caracteriza ese primer aprendizaje. Para lo cual adopta un lenguaje impresionista y sincopado, hipnótico, visual, balbuceante, cargado de exclamaciones y puntos suspensivos, que atrapa al lector por encima del propio contenido que transmite. Lo que él mismo llamó lengua hablada emotiva, una especie de poesía escatológica que distorsionaba hasta lo grotesco la tragedia del absurdo humano.
Todo en Muerte a crédito es oscuro y sórdido, como lo era también en el Viaje: los trabajos del Ferdinand adolescente, su despertar al sexo o la frustración vital de sus mayores. Pero ese ojo de pez desde donde el narrador parece observar lo que describe, transforma el verdadero drama del relato en un número circense, una fanfarria. Y ese es, sin duda, el gran acierto de Céline: la alquimia que ejerce sobre las palabras desplazándolas de su contexto, estirándolas, retorciéndolas, atribuyéndolas valores nuevos.
Pese a ello, Muerte a crédito no fue bien recibida. Los críticos no supieron asimilar su innovadora técnica y se limitaron a compararla con el Viaje, cuando en realidad Céline había dado otra vuelta más de tuerca a su lenguaje.
En cualquier caso, el fracaso de esta obra le lleva a cambiar radicalmente de orientación, publicando en lo sucesivo una serie de panfletos de corte antisemita ( Mea culpa, Bagatelas por una masacre, La escuela de los cadáveres ), que denuncian el peligro de la conspiración judía y su imparable carrera hacia el poder.
Y así comienza el principio del fin. Automáticamente se le califica de escritor fascista. Y se le mira con recelo. Y estalla la Guerra. Y colabora con los nazis. Y huye de Francia. Y se le condena a muerte. Y se le encarcela en Dinamarca. Y se refugia finalmente en Meudon. Y todos le tachan en lo sucesivo de traidor.
Sus obras posteriores: Gignol`s Band, Fantasía para otra ocasión, Normance y la llamada Trilogía de las Crónicas, son estrepitosos fracasos comerciales que no logran redimir su imagen pública, pese a ser, sin duda alguna, obras maestras. En ellas, Céline lleva hasta las últimas consecuencias el estilo iniciado en Muerte a crédito, una especie de dialecto emocional plasmado en cruentas imágenes visuales, destellos, llamaradas, fuegos de artificio. Un lenguaje que aún hoy le distingue de cualquier otro escritor y que pasará a la Literatura como un descubrimiento léxico imperecedero.
Fue este idioma lo único de lo que Céline, atrincherado en su odio y su vergüenza, dispuso para defenderse contra el mundo tras su desafortunado error político.
Escribió así porque las circunstancias le obligaron a ello, o vivió así porque forjó su imagen desde su escritura. Pero fue, en todo caso, un gran genio incomprendido.
Y que me disculpen sus verdugos.
martes, 11 de septiembre de 2007
Corazón mestizo
Este es la última mierda que ha editado hasta la fecha ese escritor al que se llegó a denominar "El Bukowski cubano o caribeño o algo similar". Y él decía, tenía el morro de decir que nunca había leído a Bukowski o que si lo había leido en todo caso no había supuesto ninguna influencia en su propia escritura. El tipejo este ha abandonado a Anagrama, la editorial que le hizo famoso y su nuevo e infumable libro lo edita con Planeta. Los motivos de este cambio de equipo no los sé; quiero decir: no sé si es a causa de Anagrama o a causa de él este cambio de escudería...Básicamente, es una especie de refrito de su famoso "Trilogía sucia de la Habana", es decir, pero sin la gracia de la novedad y sin textos tan contundentes como aquellos.
No sé a qué escritores o no invitaron Vicente y Patxi a participar en "Hank Over", pero no estaría mal que al final del libro una nota mencionara los nombres y apellidos de los escritores a los que invitaron y que pese a deberle todo a Bukowski, desde el estilo hasta la temática pasando por el lenguaje, declinaron colaborar en dicha antología...Pero estaría bien: así cada vez que uno de ellos empezara a hablar de Bukowski tendríamos todo el derecho (cualquier lector lo tendría) a taparle la boca con esparadrapo o mejor aún: con cinta aislante...Por cierto: ¿invitarían a Pedro Juan Gutiérrez, a Montero Glez, a José Ángel Mañas, a Ray Loriga, a...? Lo digo más que nada porque estos cuatro escritores en especial están en deuda con Bukowski, al menos escrituralmente hablando, y no veo sus nombres entre los 37 Hijos de Satanás...No son ganas de joder, que conste...Pura y simple curiosidad nada más...
Suburbio
Xavier Berenguel. SUBURBIO. Ediciones Nauta, Barcelona, 1968. Traducción del catálán al castellano: Jaume Barnat Altés.ULTRAVIXENS IN MY MIND: UP !!!
No sé exactamente por qué mi cabeza asocia de inmediato a Hank con las chicas Meyer, quizás por el contexto y la época, los relatos pornográficos de Henry, ese tono de piel californiano de las megavixens, los coches, los bares, el exceso, el sarcasmo, el camino... El caso es que, cada vez que veo a las ultra o mega o supervixens en algún sitio, las asocio de inmediato al viejo Charles... Y desde este blog en su honor, no nos cansamos de recomendar, terapeúticamente, las películas de uno y los libros de otro, para cambiar de semblante y dulcificar con su ayuda la peores resacas... Para vosotros, hankoveros & hermanos, este refrescante cartel de las encantadoras y siempre sonrientes ULTRAVIXENS !!! Up... v.lunes, 10 de septiembre de 2007
Nelson Algren
Cuando se escribe, sea quien sea el que escribe, sobre "Realismo sucio", primero se mencionaba a Carver y a Bukowski. Luego, los críticos descubrieron que existía un tipo que se llamaba John Fante, gracias a la recuperación de sus novelas por parte de la Editorial Anagrama, y ya todo dios empezó a hablar de Fante como del "abuelo" del "Realismo sucio" y otras gilipolleces semejantes...Sin embargo, nadie menciona nunca a, por poner solo dos ejemplos: Hubert Selby Jr y Nelson Algren. Y eso que el primero tiene editada una novela en Anagrama, novela de la que hicieron una floja versión cinematográfica, compensada más tarde por la versión en el celuloide de su impactante novela "Requiem por un sueño" y que no me cansaré nunca de recomendar siempre a quien sea que si puede no se la pierda.
Pero quiero escribir sobre Nelson Algren, que ironías del destino es más conocido por haberse follado a Simone de Beauvoir que por sus novelas, por cuyas páginas desfilan borrachos, putas, maricones, tullidos, policías corruptos y un largo etcétera del que se sirve Algren para describir los bajos fondos de la ciudad de Chicago, un ambiente que Algren conocía de primera mano ya que era el ambiente en que solía moverse cuando no estaba escribiendo o tirándose a Simone...Sin embargo, nadie le menciona como uno de los más claros precursores del denominado "Realismo Sucio", y eso que cuando escribió "La selva de neón", Buk, por ejemplo, tenía 17 años o puede que menos: nunca se me dieron bien las mates, y "La selva de neón" (escrita en 1947) es un libro de relatos sobre los bajos fondos de Chicago que te deja sin aliento desde la primera a la última página. Quiero recordar también que Algren fue uno de los primeros escritores, sino el primero, en escribir sobre el mundo de la heroína, sobre los yonquis, uno de los cuáles, protagonizó su novela "El hombre del brazo de oro" (escrita en 1949), llevada al cine e interpretada por Frank Sinatra, un Sinatra en lo mejor de su carrera como actor...Entonces: ¿Por qué nadie le menciona como uno de los verdaderos precursores del "Realismo sucio"?...Más datos que hacen más extraño todavía este silenciamiento de Nelson Algren: durante la dictadura franquista, se editaron casi todas las novelas de Nelson Algren en España, traducidas al castellano, y editadas por Luis de Caralt. ¿Cómo estas novelas lograron pasar la censura de aquella época? La verdad es que no tengo ni puta idea, lo reconozco. Pero me extraña que todavía hoy, en el año 2007, este grandísimo escritor esté pasando prácticamente desapercibido. Solo nos queda pedirle a Anagrama que le eche un cable y le reedite sus libros, empezando, por ejemplo por "La selva de neón". Entonces seguro que saldrían críticos a porrillo hablando maravillas del tal Algren de los cojones...¿Apostamos algo?
ESTUVO BIEN, CHINASKI ! Domingo López.

Estuvo bien, Chinaski!
Pasé la página
al periodico del bar
y de pronto
dejé de masticar la tostada.
Luego me guardé
disimuladamente la hoja,
pagué,
encendí un pitillo
y salí a la cabina de teléfono.
- Se murió el viejo,
dije
por el auricular
y decidimos enseguida
no ir a clase,
buscar una buena barra
donde hincar
los codos toda la mañana
brindando,
de vez en cuando,
y en silencio por aquel tipo
mientras
allá fuera giraba
a trompicones el mundo
y nosotros sonreíamos
mirando
- entre trago y trago -
las moscas.
domingo, 9 de septiembre de 2007
TERRIBLE HECHIZERO ANARQUISTA
El diario perdido de Dominguet.
Dominguet es el sobrenombre de un treintagenario mandrileño que lleva más de 15 años siendo agredido por su propio yo. El pasado día 19 de julio, su oculta existencia dió un vuelco al ser atacado por su yo en su refugio de EntreviasSin tiempo apenas para vestirse, escapó dejando dos huellas relevantes: una maza y su propio diario íntimo. El primero contenía información sobre sus acciones futuras contra el maquinismo. El segundo revelaba una existencia completa de contradicciones. Así lo relata en su diario: "Mi yo se ha vuelto a meter en la cama con mi novia" dice en la página 96. Al parecer, Dominguet y su yo coexistian pacificamente, con tensiones pero sin violencia. Un ejemplo; si Dominguet renunciaba a comerse a sus amigos, su yo le dejaba bajo su almohada paté de hígado humano. La apenas visible linea de la convivencia se mantuvo hasta hace dos meses aproximadamente, cuando su propio yo le anuncio que se había hecho policía. "Soy policía" dijo su yo a Dominguet, y Dominguet salió despavorido de su refugio. La publicidad dada al diario quizá lleve a Dominguet a quitarse el pasamontañas de una vez. Pero si descubre su verdadero rostro se parecerá demasiado a su propio yo, y una vez que su yo le encuentre, Dominguet será castigado con una dureza inusitada.
Manuscrito de Dominguet donde narra los enfrentamientos con su propio yo
¡Viviremos cien años!
Cien años y un dia. Ni más ni menos. Las mentes más lucidas del mundo así lo han decidido.Cien años. Usted vivirá cien años. Mejor dicho; 1/3 parte de los mandrileños vivirá cien años. El resto recibirá una visita de un empleado subcontratado con una guadaña y les cortará la cabeza si no se encuentran entre los privilegiados. Pero usted vivirá cien años. Su casa nunca se tambaleará, sus hijos no le matarán en la noche mientras duerme. Todo transcurrirá en calma. Podrá mirarse al espejo y ver como cada vez es más viejo, tambien podrá mirar tras la ventana. Las hojas caen, el otoño llega.
Creo que este señor no llegará a los cien años
¡Soluciones novedosas para problemas estructurales!
Sustituir a la humanidad por madelmanes, pues no solo son poco conflictivos sino que además arden muy bien.El problema fundamental estriba en elegir el sujeto al cual sustituir. Imagino que la sabiduría popular nos dirá que todos debemos ser madelmanizados. Dejemos este asunto para el final. ¿Quizá debamos ser exquisitos a la hora de madelmanizar? No hay reparo alguno en sustituir a viejos e indigentes en madelmanes.¿Pero por qué no atender las exigencias de la gente y del poder? La humanidad entera desea madelmanizarse para dejar de sufrir; pues ningún madelman se ha quejado todavía de los golpes recibidos. Tambien es más fácil mirar a los ojos de un madelman que a los de un ser humano. Y así cada vez hay más gente gritando "¡Quiero ser un madelman!" No hay nada más hermoso que un madelman retorciéndose en una hoguera.
Así no hay manera de hacer la revolución
ONCE POETAS CRÍTICOS en la poesía española reciente.

La vuelta al compromiso
Luis García Jambrina.
Entre los autores aquí incluidos, los hay que cuentan ya con una interesante trayectoria y un cierto reconocimiento crítico, como es el caso de Jorge Richmann (Madrid, 1962), de cuyo último libro, Conversaciones entre alquimistas, ya me ocupé aquí hace unas semanas («Se ha dislocado la relación del campesino con la semilla, la del perro pastor con las ovejas…»); Isabel Pérez Montalbán (Córdoba, 1964), en la que el cuestionamiento del pasado va unido a la evocación de la infancia («Teníamos un tiesto con claveles, / las coplas dedicadas por la radio / y un corazón de periferia / con vistas a la diáspora y al tizne»); David González (San Andrés de los Tacones, Asturias, 1964), autor de una poesía narrativa, clara y contundente, como una pedrada en el ojo («No digas que No. / Sí puedes cambiar el mundo. / Sólo precisas / un brazo, una mano, piedras»); Antonio Orihuela (Moguer, Huelva, 1965), el más irónico y sarcástico de todos ellos («Y si lo real fueran los movimientos de masas / en automóvil / reguladas por agentes de tráfico. / ¿Dónde entonces la lucha de clases?»).
Efectos de la guerra. Antonio Méndez Rubio (Fuente del Arco, Badajoz 1967), el más exigente en la búsqueda de un lenguaje más profundo y menos transparente («La luz caduca / pero, en venganza, / lo negro es lo que no puedo dejar de mirar»); o el propio Enrique Falcón (Valencia, 1968), que ya en 1994 llamó la atención con su libro La marcha de 150.000.000 y, desde entonces, no ha dejado de escribir contra la guerra («En la nuca partida del suelo iraquí. / Y en la sangre bramando por la grava de Atocha»). Junto a ellos, está también Daniel Bellón (Cádiz, 1963), que tiene como uno de sus referentes a Jorge Riechmann y se preocupa por los efectos de la guerra y la globalización económica («Las bombas caen suben / las bolsas»), así como cuatro integrantes del colectivo de agitación cultural «La Palabra Itinerante», surgido en Cádiz y Sevilla a mediados de los 90. Los cuatro son autores de una poesía hecha para ser leída en público (con frecuencia, acompañada de música o en interacción con otras formas artísticas) y con una clara intencionalidad social. «Las cadenas enormes del mundo / se han puesto en movimiento», proclama Miguel Ángel García Argüez (La Línea, Cádiz, 1969).
Mayor diversidad. «Hemos venido para no hacernos los sordos / para golpear desde la palabra», añade David Franco Monthiel (Cádiz, 1976). «Cuando nacimos / ya habían traducido el mundo / en un lenguaje equivocado», apunta David Eloy Rodríguez (Cáceres, 1976), mientras que José María Gómez Valero (Sevilla, 1976) sentencia: «Labramos siempre tierras prometidas. / Nos dejamos morir en los brazos del mañana». De gran interés es el epílogo, titulado «No doblar las rodillas: 1991-2006», dado que, en su cronología, no sólo se enumeran algunos hechos significativos del contexto histórico, social y cultural en el que surgieron los poemas, sino que también se menciona a otros poetas y libros relevantes situados en la misma órbita, aunque desde perspectivas y edades diferentes, como, por ejemplo, Fernando Beltrán (1956) y su libro El gallo de Bagdad (1991) o Juan Carlos Mestre (1957) y el titulado La poesía ha caído en desgracia (1992), dos importantes precedentes de esa vuelta al compromiso. En conclusión, esta nueva poesía crítica (al menos en sus planteamientos teóricos y en algunos de sus principales logros) supone también un cuestionamiento del propio lenguaje, buscando un equilibrio entre conciencia ética y política y exigencia estética y poética, lo que, de entrada, da origen a una mayor diversidad. Estamos, pues, ante una antología rigurosa y representativa de un fenómeno poético que debería hacernos reflexionar, porque resulta que el mundo sigue sin estar bien hecho.
(ABCD de las Artes y las Letras, Madrid, nº 814, 8 septiembre 2007)
TRIPULANTES: Tributo a la oscuridad.
Esta fue la modesta, pero significativa reseña que hace unas semanas ( 27-7-07 ) EP3, en el diario El País, hizo de nuestra antología hermana Tripulantes. Nuevas aventuras de Vinalia Trippers. Significativa porque, tal y como comenta hoy nuestro hermano David G. en su blog http://www.davidgonzalezpoeta.blogspot.com/, lenta, pero irreversiblemente, algo en las letras españolas está cambiando estos últimos años, por mucho que algunos no quieran reconocerlo: lectores, canon, críticos, estética, discurso... Las últimas reseñas de los suplementos literarios más representativos del país a libros como Hank Over, Tripulantes y Once poetas críticos en la poesía española reciente ( de la que hablamos a continuación ) así lo confirman. La mecha, en cualquier caso, está encendida. Brindamos por ello !!!sábado, 8 de septiembre de 2007
SNUFF 2000: Miguel Ángel Martín & Borja Crespo.
Nuestro hijo de Satanás predilecto, Miguel Angel Martín, autor de las portadas de Hank Over y Tripulantes, entre otras muchas, es el papi de esta inefable criatura titulada SNUFF 2000, no recomendada, desde luego, para seminaristas con tonsura ni pusilánimes de estómago frágil. Como todo el Mondo Martin, puede o no gustar, pero a nadie dejarán indiferentes sus endiablados e inteligentísimos guiones, y aún menos sus turbadoras y explícitas viñetas... Además del comic, otro de nuestros más aguerridos frikis hispanos, Borja Crespo, se encargó de rodar un corto de igual título a la altura de las circunstancias, colorista y pop y verdaderamente inquietante, del que hablamos en la entrada anterior. Podéis videarlo pinchando en: http://www.youtube.com/profile?user=hkonemann ( donde, asimismo, encontraréis el corto Tripulantes, de Nacho Abad, con M.A. Martin en vivo y en directo como maestro oficial de ceremonias ). No cabe duda, mis queridos drugos: Dios los cría, pero es Satanás quien finalmente los junta. Que lo disfrutéis !!! v.












