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jueves, 12 de mayo de 2011

CH. & J. por JOSÉ DANIEL ESPEJO


Se fue mi compañera y me quedé

mirándome la punta del zapato.

Ha pasado un año desde entonces. Antes

luchamos contra el cáncer y también entre nosotros

hasta que una oncóloga llegó con la noticia:

habíamos perdido y solo nos quedaban

de tres a siete meses para despedirnos.

Nos fuimos a la playa y estuvimos hablando

de qué íbamos a hacer con nuestros niños.

Metimos los pies en el agua, y estaba tan helada.

Me dijiste que intentarías entrar en nuestros sueños.

Que sean húmedos, contesté, y nos reímos.

Es curioso cómo me olvidé las cosas malas

y cómo resplandeces en cambio en mi memoria

de las épocas felices, en Bosnia o en Madchester,

o con Miguel en los brazos, paseando.

Un año entero ha pasado y la punta del zapato

se ha gastado de mirarla. Estás más

guapa que nunca, eres ahora

más feliz de lo que fuiste, y te sigues riendo

corriendo por la calle, en abril de dos mil tres,

diciendo mírame, bajo la lluvia.

martes, 20 de abril de 2010

Los grandes tiburones. JOSÉ DANIEL ESPEJO


Nosotros que quisimos entregarnos
a la Teoría de la Literatura, recorrer
el prodigioso siglo XX en las obras tenaces
de formalistas, marxistas, o deconstructivistas,
etcétera etcétera henos aquí
rodeados de tiburones. Mira, fíjate,
una metáfora, dice alguien. Pero qué va:
los tiburones son reales.

De Música para ascensores. Premio Internacional de poesía Antonio Oliver Belmás 2007

sábado, 12 de enero de 2008

Un poema de "Música para ascensores" (Jose Daniel Espejo)


A la derecha, con setenta

y muchos kilos de peso, 1’86 de altura,

el Poeta Espejo, el eterno aspirante,

el Zorro de Fuego de Tenochtitlán. A la izquierda

(y por encima, y por debajo, y todo alrededor),

sin peso conocido y sin altura,

el vigente campeón, el Negro Rivas,

el Puño de Oro del Atlántico Norte,

el Vacío.