miércoles, 30 de agosto de 2017
martes, 29 de agosto de 2017
lunes, 28 de agosto de 2017
GOTEO por NATACHA G. MENDOZA
Sigue el goteo en el baño. Ese sonido al que estoy acostumbrado desde la niñez. No hay ningún problema en los grifos, nada llueve, nada llora. Pero sigue el goteo desde esa oscuridad inclinada del baño. A veces puedo oír las voces de mi padre, cuando llegaba a casa y escupía las palabras, intentando decir algo coherente cuando el alcohol lo recorría. Recuerdo que me despertaba temblando, de niño vivía en un constante temor. En cambio, no logro escuchar las voces de mi madre, ni sus tristezas, nada me queda de ella, salvo alguna foto quemada por el tiempo, dónde su mirada ojerosa me sacude. Y ese goteo, ese ruido de mi maldita memoria, cada noche regresa sin tregua, invadiendo esta pequeña casa, cronometrándome la existencia
Natacha G. Mendoza
viernes, 25 de agosto de 2017
ESPECTADORES DE VIDAS por MAICA MIRANDA
Mira el ring desde fuera del cuadrilátero. Nada puede hacer salvo pedir en sus adentros que los golpes dejen de castigar a los púgiles enfrentados en cruento combate.
Es imposible acceder al cuadrado enmarcado por la luz donde resalta la dureza del ataque, la indefensión del más débil, las escasas armas que posee.
Su mayor valor es el coraje, la voluntad, el esfuerzo diario y mantenido, la seguridad en el triunfo.
Nada se puede hacer para ayudarles salvo permanecer en pie aguantando la sonrisa como bastón de apoyo en su contienda.
Él ya pasó por esa situación y aún conserva el regusto de sangre goteando de la nariz a la boca, el infinito cansancio, el aturdimiento.
Aún hoy y a pesar de sus años tiene que descender al infierno, calzarse los guantes, ajustarse el protector entre los dientes y saltar a la lucha que no da cuartel ni tregua.
La mayor parte del tiempo persiste, espectador lastrado, aguardando que rematen su faena, que puedan con el enemigo feroz que patea su cabeza y salgan incólumes de la lucha.
Aprieta los puños, hinca los talones, y ruega. No le queda otra que mantenerse a la espera.
Maica Miranda, del blog Al sur de los tambores.
jueves, 24 de agosto de 2017
1 POEMA de MÓNICA CALDEIRO
el destello que da el amante
del amor incondicional e inagotable / aunque
momentáneo / abre una brecha
a lo verdadero
AMA // aunque mañana
se deshaga el mandala de arena
ese destello / ese fulgor incandescente
ya pertenece a otro tiempo
fuera de los calendarios
AMA // aunque todo dicte lo contrario
y las grandes fuerzas digan basta /
pues
sólo el acto de amor
devuelve y comprende
con un solo gesto
la longitud completa de toda una vida
la redondez entera de la vida toda
Mónica Caldeiro
miércoles, 23 de agosto de 2017
COMO EL HILO DE UN CHICLE QUE SACO DE MI BOCA por VALENIA GIL
Tantas palabras para nada... tanta descripción sin fondo para no tocar suelo, para no encontrar punto de apoyo para impulsarme hacia arriba y conseguir sacar mi boca a la superficie y respirar... respirar una gran bocanada de aire que me permita seguir viviendo...
Tanto pelo enroscándose en mi dedo como el hilo de un chicle que saco de mi boca y estiro y estiro... tanta sonrisa y lágrima, tanto placer y dolor, tanta esperanza y oscuridad, tanto blanco y negro con finos puntitos de confeti de colores que a veces sin más se cuelan por un agujero ínfimo soplados por mi boca hacia el interior de mi habitación para tratar de darle el brillo y color que a veces también merezco...
Tanto rojo en sus dedos, en sus labios, en los de ellos, en los de ellas... tanto, tanto y yo tan poco...solo un rojo rebajado en agua, tanta agua que mi acuarela necesita un cambio de pincel que tenga la capacidad de recoger aunque tan solo sean los restos de aquel rojo que una vez fue...
Conversan y me hago pequeña... tan pequeña... tan invisible... tan que dejo de estar y de existir, que me convierto en un punto negro en una hoja de papel y no sé si soy un punto y final o tal vez el último de los puntos suspensivos que tanto me gusta pintar...
No fue lo que quise que fuera, no es lo que quiero que sea, no será lo que me gustaría pudiera ser... porque el mundo es caprichoso y yo la más malcriada de todos, la inocente, ignorante, ilusa, pecosa descabellada aniñada, esa que se sienta en la primera fila de todas y los demás creen que lo hace por chula, por altiva, por pelota y lo hace porque no escucha una mierda de lo que van a decir los de delante mientras el resto del público se amontona en las filas traseras a medio camino entre soy el más pasota de la clase, de la audiencia, del público... o joder, no quiero ser el distinto, el diferente, al que se le ve a las claras y de lejos ahí sentado, desnudo por su soledad, por su aislamiento, por su que os den por el culo a todos que yo me siento aquí quede bien o quede mal e importándome una de esas que se van por el inodoro lo que podáis pensar de mí... ¿se nota que hoy estoy gris?... joder, ni puto caso me hagáis...
Valenia Gil
martes, 22 de agosto de 2017
lunes, 21 de agosto de 2017
3 POEMAS de LOIDA RUIZ RODRÍGUEZ
Las azoteas
desde allí se ve todo
se siente el dominio
de mirar sin ser visto.
Cientos de monolitos
sucios
impersonales
se extienden alrededor.
Grises
de ocres manchados
como las personas que los ocupan
tristes
semejantes.
Y solo
de vez en cuando
te sorprende un hogar
azul o verde o rosa.
¿Habitará la felicidad en él?
*
Que no sople el poniente.
Que se mete por las rendijas
de los ojos, de las uñas
que se agarra en la cabeza hasta que hierve en locura oscura
que desquicia veletas que no cesan
de dar vueltas sobre sí mismas.
Ya quema el poniente.
Su aire seco seca la boca
aterrala de sal y arena
alegrías y mañanas
y no ceja en su aullido
no.
Vendaval ahora
temporal caliente
ventolera que amojama
entrañas y costumbres
que convierte en saurías
todo lo que roza.
Que lapida con granos de arena
piel y memoria
y abrasa con su abrazo de fuego
verbo y sentido.
Que cese ya este poniente
maldito
antes de que su aliento
arrase caricias y suspiros.
Que calme
que se agote
para que su último soplido
no incinere
todo
lo que fuimos.
*
Entonces llegas
te sientas
los observas
tras el velo de un café
todos tienen una historia que necesitan contar
a alguien.
Se les ve en los dedos inquietos
en los labios quebrados
en los ojos que buscan un nosequé mientras arañan palabras y las tejen
con torpeza
con indecisión.
Y luego están los que se las cuentan
a sí mismos
por escrito
también en silencio.
No preguntes cuál es la diferencia
no creo que la haya.
Que se mete por las rendijas
de los ojos, de las uñas
que se agarra en la cabeza hasta que hierve en locura oscura
que desquicia veletas que no cesan
de dar vueltas sobre sí mismas.
Ya quema el poniente.
Su aire seco seca la boca
aterrala de sal y arena
alegrías y mañanas
y no ceja en su aullido
no.
Vendaval ahora
temporal caliente
ventolera que amojama
entrañas y costumbres
que convierte en saurías
todo lo que roza.
Que lapida con granos de arena
piel y memoria
y abrasa con su abrazo de fuego
verbo y sentido.
Que cese ya este poniente
maldito
antes de que su aliento
arrase caricias y suspiros.
Que calme
que se agote
para que su último soplido
no incinere
todo
lo que fuimos.
*
Entonces llegas
te sientas
los observas
tras el velo de un café
todos tienen una historia que necesitan contar
a alguien.
Se les ve en los dedos inquietos
en los labios quebrados
en los ojos que buscan un nosequé mientras arañan palabras y las tejen
con torpeza
con indecisión.
Y luego están los que se las cuentan
a sí mismos
por escrito
también en silencio.
No preguntes cuál es la diferencia
no creo que la haya.
viernes, 18 de agosto de 2017
jueves, 17 de agosto de 2017
911 CARRERA por RAFAEL SANZ SIERRA
Volver a los 90
con el grunge,con Ugly kid Joe
Cobain
Scott Weiland
Courtney Love
y salir
de la puta era del reggaeton,
porque yo en mi cabeza
solo tengo
Snatch, cerdos y diamantes,
a Cicciolina
comiendo pollas
en mitad de La Via Nazionale,
y a seis escritores fracasados
de mirada furiosa
que desde los márgenes
van a volver a hacer esta mierda
grande.
Rafael Sanz Sierra
miércoles, 16 de agosto de 2017
domingo, 13 de agosto de 2017
sábado, 12 de agosto de 2017
EL TIEMPO DE LOS ASESINOS por PABLO CEREZAL
Días de enredos mentales e intentar arañar migajas al reloj. Días de ojeras en que poder acomodar el cansancio de toda una vida... también su plenitud. Escribo (cuando puedo, ya digo) y bebo (cuando me lo puedo pagar) y cuento a Munay cuentos en que Caperucita no es roja porque ha aceptado el último misérrimo convenio colectivo que la obliga a ser devorada por el lobo, a diario, en la oficina, la fábrica o el restaurante del estío que cerrará sus puertas cuando marchen los turistas y la dejará a ella en la calle a la espera de un nuevo verano, qué bonito es el verano, aunque ya no tenga bicicletas...
El caso es que escribo y avanzo, lento, en una de las varias obras "literarias" en que ando enredado. Y recién finalizo un párrafo y me pregunto para qué. Porque leo a Henry Miller, en "El tiempo de los asesinos", publicado en 1946:
¿Cuál es la tendencia actual de la poesía y dónde está el eslabón entre poeta y auditorio? ¿Cuál es el mensaje? ¿Cuál es la voz que se escucha ahora, la del poeta o la del hombre de ciencia? ¿Nos preocupa la belleza, por amarga que sea, o la energía atómica? ¿Cuál es la principal emoción que inspiran actualmente nuestros grandes descubrimientos? El espanto. Poseemos el conocimiento sin la sabiduría, la comodidad sin la seguridad, la creencia sin la fe. La poesía de la vida se expresa en fórmulas matemáticas, físicas o químicas. El poeta es un paria, una anomalía. Está en camino de extinguirse. ¿A quién le importa cuán monstruoso puede hacerse a sí mismo? El monstruo está en libertad, recorriendo el mundo. Ha escapado del laboratorio y está al servicio de cualquiera que asuma el coraje de tomarlo a su servicio. El mundo se ha convertido en número. Esta es la era del cambio y el riesgo. La gran deriva ha comenzado.
Y, después de leer esto, me pregunto para qué he escrito, yo, esto otro:
Ya no hablamos más de Miller ni de Villa Seurat. Hemos paseado Père Lachaise y las catacumbas de Denfert-Rochereau. Estamos de regreso en la habitación misérrima de este hotel en que ahora, ya, tu piel decide proporcionar nutrientes al cosmos bacteriológico de la moqueta que oscurece la estancia. No quieres tomar mi mano. Así que soy yo quien toma la tuya, con la insana intención de que organice los ritmos e intensidades que más y mejor visten el crimen desorganizado de mis erecciones. Te dejas hacer mientras intento rehacer sobre tu cuerpo las líneas que ha perdido el 17 de Villa Seurat, ensanchar tu vientre con acometidas pretendidamente serenas, bruñir la esponjosidad huraña de tus labios, trazar, por fin, en el lienzo equívoco de tu rostro, itinerarios de regocijo en los que regocijar mi propio despropósito. Pero no hay manera... El tiempo todo lo cura o, al menos, acaba ignorándolo, olvidándolo, y además tú no eres tú, y la que yace junto a mí sólo habla francés y me acaba de conocer un par de horas antes, en uno de los numerosos cuchitriles que expenden alcohol para redecorar de vómito y desasosiego un Pigalle tan poco luminoso como en las luminosas memorias Miller.
Ni idea, ya digo, pero creo que seguiré escribiendo. De hecho, llevo ya un buen puñado de páginas. Luego, veremos si interesa a alguien. Don y maldición, como dijese Vicente Muñoz Álvarez, que casualmente tituló uno de sus libros, mucho antes de que yo titulara igual una de mis secciones periodísticas, "El tiempo de los asesinos", como el volumen en que Henry Miller dejó, también, escrito, con demoledora lucidez:
Poco importa que perdamos al poeta si salvamos la poesía.
Pues eso... buenas noches.
Pablo Cerezal, del blog Vislumbres del Dorado.
miércoles, 9 de agosto de 2017
martes, 8 de agosto de 2017
DE HERENCIAS A HIJAS QUE NO EXISTEN por CARLA BADILLO CORONADO
Si algún día llego a tener una hija le diré: Todo lo que necesitas saber, pequeña, es el origen del mundo. Luego le entregaría un espejo para que se viese desnuda de pies a cabeza. Ese que resplandece frente a ti, es el imperio que te entrego; todo lo que en él habita te acompañará por siempre: células de dioses muertos, ideas recicladas, taras, sueños, ascos, miedos. Cuídalo, porque es lo único que te pertenece. Finalmente le abrazaría fuerte y pondría un martillo entre sus manos: la opción de romper, frente a mí, el reflejo de una verdad heredada.
Carla Badillo Coronado
lunes, 7 de agosto de 2017
sábado, 5 de agosto de 2017
1 POEMA de MARLUS LEÓN
Vuelven
uno a uno
los mapas de la memoria
deforme e inconsistente,
neuronas distópicas
que se niegan a ordenar
el caos desatado por las horas,
la vajilla rota
de la realidad...
Amanece sin certezas
se deshace el corazón
sin saber
qué extraño silencio
se llevó mi piel…
Marlus León
martes, 1 de agosto de 2017
lunes, 31 de julio de 2017
ASEDIO por CARLOS DE LA CRUZ
Miedo a que llegues y las puertas hayan cambiado de lugar las plantas las máquinas giren de izquierda a derecha las esquinas igual o también dejen pasar el viento entre las piedras que no son otra cosa que las palabras cuando no tenemos otra cosa con la que defendernos de las palabras que no son otra cosa que cerillas encendidas y nos encanta la luz y el fuego pero huimos del dolor y soltamos la llama y no importa que caiga sobre la cama o sobre el pastel de tres leches del cumpleaños de la abuela, el dolor es primero y no vamos a dejar que la vida nos pase por encima si podemos soltar la llama y sonreír mientras la casa se desliza hacia un lugar sin nombre y entonces vamos a tener que meter a los niños en una caja y sacar los cartuchos.
Es temporada de caza.
Estamos rodeados y nos sudan las patas.
La crueldad es una puerta
y la ternura un ritual como el bautismo o rascar la coronilla de las cerillas
los rituales son la máscara con la que sacamos de la cama a los niños para que contemplen el abismo.
Carlos de la Cruz
domingo, 30 de julio de 2017
ILUMINACIÓN DE LOS BAJOS FONDOS por JULIA ROIG
es importante entrar de vez en cuando en uno mismo, deslizarse hasta el fondo como en una barra de bombero, una cucaña bien untada de vaselina, descenso vertical y después un travelling barriendo en todas direcciones. busco el aprendizaje enloquecedor de mis propias bocacalles y esquinas desiertas. ponernos en peligro. hallar paragüero para llantos y vómitos. gritar que nos dejen a solas con nosotros. aplicarnos unos primeros auxilios, tocarnos por debajo de todas las ropas. hacer torniquete en habitaciones solitarias y camas deshechas. tener memoria fotográfica para aquel recodo que nadie aprecia, ese gesto, detalle nuestro que nunca será photocall. justo ahí también hay raíces. justo ahí, también somos melodía que se teje al momento. sacar las sobras milenarias del congelador. cambiar las sábanas y envolvernos en suavizante floral haciendo cueva con las rodillas altas. hacer coleta maraña con las preocupaciones mundanas. desafiar en crudo los equilibrios a los que nos sometemos tan solos fuera de foco. una panorámica de los bajos fondos, con el obturador bien abierto y el minutero desangrado. acotar el escenario de nuestro crimen y reconocer nuestras huellas en cada golpe o garabato, hay arañazos placenteros y caricias vacías. no trucar el kilometraje, no negar carreras a la yegua aunque se perdieran y reconocernos desmejorados, gastados, pero vividos, aún no sacrificados. sabernos cuerpos capaces de hundirse en secano. y tripular sonrientes nuestro corazón entre los escombros en un mig35 en llamas.
regresar a la superficie, bien llenos de deseo y buscar que alguien nos desvalije con ternura, contra la pared, mientras nos golpea los tobillos de la mente y juntos, nos extinguimos.
Julia Roig, del blog Miss Desastres Naturales
miércoles, 26 de julio de 2017
EL VIAJE EN EL QUE COMPRENDIMOS LA VIDA por RODRIGO GARRIDO PANIAGUA
Comienzo el paseo por el cielo
y las estrellas
son como en los cuadros de Van Gogh,
faroles que se asoman al interior de los hombres.
Desde aquí,
soy capaz de ver
tanto mi cueva de origen
como el punto del universo hacia el que me dirijo.
Desde la época de los mapas vacíos
me acompaña una curiosidad bárbara.
¿Quién es este ser
amamantado con la extraña incertidumbre
de la vida?
La soledad del espacio
me permite pensar en el lento silencio
de los planetas.
Este mundo no dejará de girar
después de mi ausencia.
Con estos labios quemados
amo y temo
las futuras hazañas de los hombres.
Mi huella
en la luna
es la marca imborrable de un recién nacido.
y las estrellas
son como en los cuadros de Van Gogh,
faroles que se asoman al interior de los hombres.
Desde aquí,
soy capaz de ver
tanto mi cueva de origen
como el punto del universo hacia el que me dirijo.
Desde la época de los mapas vacíos
me acompaña una curiosidad bárbara.
¿Quién es este ser
amamantado con la extraña incertidumbre
de la vida?
La soledad del espacio
me permite pensar en el lento silencio
de los planetas.
Este mundo no dejará de girar
después de mi ausencia.
Con estos labios quemados
amo y temo
las futuras hazañas de los hombres.
Mi huella
en la luna
es la marca imborrable de un recién nacido.
Rodrigo Garrido Paniagua
martes, 25 de julio de 2017
lunes, 24 de julio de 2017
GRANDES ESPERANZAS por MARCOS MATACANA MARTÍN
"Tú sacaste del polvo corazones de hombres"
Ezra Pound
"No es que yo esté en la
Otra Orilla del Río, ya me entiendes"
Lew Welch
"Espero que
cuando yo esté muerto
comprendáis"
Charles Bukowski
Allen Ginsberg se está muriendo
leyó Lawrence Ferlinghetti en su funeral
y América lloraba con razón
porque un hombre puede seguir muriendo
y no hablo de agonías porque un muerto
puede estarlo y no saberlo o sospecharlo
que al final de un día es lo mismo
la eternidad
de un sábado al caer la tarde
si estás solo y sin dinero
familias en el centro comercial
tipos que aprovechan que han dejado
a sus niños en las bolas para ligarse
al camarero al que doblan
la edad
y al que no les importaría partirle el caca
el carrito de hot dogs justo en la puerta
parejas de la mano por el parque o sin rubor
follando sobre el césped en cualquier parte
sin saber a dónde ir
eso encabrona
y beber
una vez más
no es suficiente
es jodido dormir en el coche o en una pensión
de mala muerte
eso está claro
compartiendo habitación con otro imbécil
desgraciado no me dejan ver a mi hija
y es peor
que el olor a pedos de un borracho
los ronquidos atronando tu cabeza como un gong
las pausas llenas de silencio
te decía
que es peor
no tener dónde cagar salvo que seas
un puto perro
las ciudades no están hechas para eso
te pueden ver follando en mitad del parque
no pasa nada
comiendo corriendo durmiendo
si no es de noche
entonces no
cerdo borracho
y no pasa nada
delante de unas niñas en la playa
con el bolo al aire y acercarte
a pedir fuego
nada
pero no pidas la llave en la gasolinera o en el bar
las malas caras siempre
qué casualidad están limpiando
y encontrarte un cartel de averiado
así es como entienden algunos
la caridad
con el gris plomizo de diciembre
quizás la tarde más fría
al derramarse el cáliz
el frío clavado que conserva
los recuerdos sobre todo
los malos recuerdos con grapas
un frío redondo en los huesos
un frío de golpes inyectado
con bimba de bicicleta en los riñones
pesa y duele y purifica
el aire viciado al abrir la puerta
el corazón latiendo como quien huye al cerrar
la sensación de alivio
de haber dejado atrás un muerto
a un familiar querido
en el cementerio
un piso bajo y oscuro
cómo puede quemar esa humedad
que mancha la pared agarra y pinza
las vértebras y escuece
la miseria la vergüenza
las palabras sobre todo las palabras
un lamento que sigues escuchando
y es tu voz
la letanía
la flor de un cardo
que se inflama y seca el pecho
y estás solo y la penumbra
el dolor ciego que afligió a Leopardi
los ojos apagados
aquella luz
dónde
las risas
la televisión
de los vecinos
la vida que tú
no tendrás nunca
un portazo seco una sentencia
un tañido de campana dobla
la claqueta del aquí
empieza todo
o es el último ladrillo que cierra el nicho
toc toc con el palustre al arrastrar
el olor del cemento fresco y un hedor
acre a cañería y a tumba
una ridícula bombilla ahorcada
dos bombillas tres con la del baño
mejor que vayas olvidando lo que fuiste
la has cagado y eso ya
no tiene arreglo
un frigorífico viejo
la lavadora y un espejo
sobre el lavabo el tiempo
que se pega viscoso a las paredes
huellas de tristeza acumulada
de vidas que pasaron como tú o que se fueron
por el desagüe
a quién le importa
la roña de otros inquilinos
el último según dijo el casero
perdió el trabajo y después
perdió a su madre
y también perdió se ve
los pelos de los huevos
según estaba el suelo
alrededor del váter
y sentado en ese váter aterido
la luz eléctrica de una farola
entrando anaranjada
los pisos las ventanas
iluminadas ropas de niños
una sábana blanca y enorme
luna creciente
al ver las horas de fiebre
lentos los caballos de la noche
las estrellas licüadas titilando
tiritando la humedad las hojas secas
del otoño sin barrer las hojas secas
el más sombrío y triste
páramo de eternas
sombras o algo así
un océano de hastío
insectos muertos cucarachas
encogidas
las últimas luces
los cristales sucios sin cortinas
a quién no le entrarían
ganas de llorar
y no pudiste
esperar que allí
cambiase nada
no vale la pena empezar de nuevo
quédate firme frente a la ventana
cantó Kavafis y escucha
con emoción y no te quejes
y tenías ganas de beber
de emborracharte
y encendiste un cigarrillo
las palabras las palabras
insistentes como brasa
como un metal
del yerro el hierro de un soneto
del Conde de Villamediana
por el cortante filo en las entrañas
purificado
y gastaste el dinero que tenías
la casa helada
solo
esa voz
más clara
hazlo
y ten cojones
ni tus hijos
nadie
y estás solo
y la llamaste y era
una puta como tantas
qué más da
una puta solo tiene
que sonreír
para eso cobra
que te mire y te sonría
algunas ni eso
y te tratan peor
que a un animal
en el suelo helado hirviendo
el vaho como los perros
el aliento y el sudor
la vida en su cuerpo
un verso de Novalis
se limpió luego la mano
con un pañuelo de papel
y sonrió
y no tuve tiempo
de decirle que en mi pecho
se ahoga un corazón
la última esperanza
de salvar la vida
qué gilipollas
estando muerto
Marcos Matacana Martín de Polvo en el aire (Palimpsesto Editorial, 2017).
domingo, 23 de julio de 2017
TOUR POR LA CASA DE CAMPO EN UN OPEL TIGRA por RAFAEL SANZ SIERRA
La KGB nos trataba
con insulinay prostitución de riesgo
para aspirar al Nóbel de literatura.
La sífilis nos proporcionaba
estados alterados de consciencia
idóneos para escribir poemas
que hacían que los académicos suecos
se cagaran.
La clave de todo
eran los Rage against the machine
con Valium 9.
El que no viera argonautas
era sacrificado.
Fuimos a visitar a Timothy Leary
con unos temblores incandescentes
y el gran gurú nos hizo
el mejor regalo de la historia:
el garrote vil.
Rafael Sanz Sierra
viernes, 21 de julio de 2017
DEJA por BALLERINA VARGAS TINAJERO
"El cunilingus y la psiquiatría nos han llevado a esto".
Tony Soprano
Si es verdad que me quieres no querrás
Que regrese a la luz de la mañana
Que viva un solo instante fuera de este
Regalo inesperado de esta noche
En que mi triste sexo huele a Rothmans
Y se alza una columna de húmedo humo
Denso entre mis incrédulas rodillas
Si de verdad me quieres no me dejes
Poner un pie en la losa gris salir
De esta cama revuelta o cenotafio
Mirarme y que no estés en el reflejo
Si es cierto que me quieres calla y abre
Las piernas que deseo despedirme
Llama de amor prendida eternamente
O sombra que susurra actos salvajes
O nanas para el niño entre tus muslos
Si es verdad que me quieres dejarás
Que muera aquí entre sábanas de oferta
Rodeada de ropa abandonada
En el suelo a su suerte y libros viejos
De poetas polacos que no entiendes
Ballerina Vargas Tinajero
jueves, 20 de julio de 2017
miércoles, 19 de julio de 2017
ESPEJO por CARLOS SALCEDO ODKLAS
Me acabo de leer una entrevista con el escritor Jonathan Shaw en la que dice: «Si un escritor no ofende a alguien con su trabajo, no está haciendo bien su trabajo».
Es algo que ya han dicho otros antes y con lo que estoy bastante de acuerdo y que podría extenderse más allá de la escritura a todo el arte en general.
Algunas de las acepciones de la palabra ofender son:
«Ir en contra de lo que se tiene comúnmente por bueno, correcto o agradable. Ofender el olfato, el buen gusto, el sentido común».
Esta está bien y puede dar pie a un tipo de arte divertido y desenfadado. Pero también puede ser una excusa para la escatología barata, la exageración y la ofensa porque sí. Es algo con lo que no estoy en desacuerdo para nada, he usado esos recursos y me sigue divirtiendo, aunque empiezo a considerarlo algo, digamos, un poco infantil. Algo en realidad ligero aunque se barnice de lo contrario.
Otra acepción que encontramos en el diccionario es:
«Humillar o herir el amor propio o la dignidad de alguien, o ponerlo en evidencia con palabras o con hechos».
Esta me mola mucho, y retrata el tipo de arte que me suele interesar. Lo he usado en Malos Tiempos y lo intento usar bastante en Los Cuadernos Negros. En este caso el objetivo a humillar y herir sería la sociedad en su conjunto, y por extensión la humanidad entera ya que estamos.
Mucha gente me dice que por qué escribo cosas tan duras y pesimistas, tan amargadas. A ver, yo también soy consciente de que la vida tiene sus momentos, experiencias gratificantes, gente con la que es agradable estar, el piar de los pájaros, las flores en primavera y toda esa mierda. Soy consciente y de hecho esas cosas son en las que me apoyo muchas veces y que han conseguido que hasta ahora no me haya colgado de una soga. Pero artísticamente no creo que sea necesario ahondar mucho en ellas, si acaso de manera muy puntual, muy de vez en cuando y con cautela, como contrapunto, igual a como nos lo brinda la vida.
Ahondar en todo lo sucio, patético y triste de nuestra condición humana en cambio puede crear un espejo en el que el receptor se mire y se de asco y quizás propulse algún cambio en su interior. Y hay mucho por hacer, mucho que cambiar aquí. Porque lo que hemos creado es un enorme estercolero y todos, sin excepción, tenemos gran parte de culpa. Puedes mirar o no, eso ya es cosa tuya.
Ese es el tipo de arte que me interesa, y lo que es más importante, el tipo de arte que considero útil. Lo demás son pasatiempos, divertimentos.
Carlos Salcedo Odklas
martes, 18 de julio de 2017
lunes, 17 de julio de 2017
viernes, 14 de julio de 2017
QUSIERA SER UN PERRO por IÑAKI HERNÁN

Hace tiempo que dejé de existir.
El día de mi entierro
lloraban las viejas y las viudas
entre aspavientos, colores negros
y pañuelos de falsa seda.
Su gemido se asemejaba
al murmullo sordo de los olmos
junto a un cauce seco de agua y limo.
Las lágrimas de los míos
dejaron al descubierto mis huesos,
y mis verdaderos amigos, los perros,
orinaron sobre ellos con pena.
Ese era, sin duda, su territorio.
Ahí yacía un poeta,
buena gente para los falaces
y un amigo para ellos... mis perros.
Yo quisiera en otra vida
ser uno de ellos, un perro callejero,
para no poder mudar el gesto
ya me acaricien, ya me castiguen.
Yo quisiera ser un perro
para ser ajeno al paso del tiempo
y carecer de recuerdos
que no me traiga la vista o el olfato.
Quisiera saber pedir con la mirada
consuelo para mi dolor.
Quisiera un dueño con coraje
para besarme cuando,
llegado el momento final,
mirándome a los ojos con amor,
inyecte los barbitúricos
que den paso a la paz en mis venas.
Yo quisiera ser un perro.
El día de mi entierro
lloraban las viejas y las viudas
entre aspavientos, colores negros
y pañuelos de falsa seda.
Su gemido se asemejaba
al murmullo sordo de los olmos
junto a un cauce seco de agua y limo.
Las lágrimas de los míos
dejaron al descubierto mis huesos,
y mis verdaderos amigos, los perros,
orinaron sobre ellos con pena.
Ese era, sin duda, su territorio.
Ahí yacía un poeta,
buena gente para los falaces
y un amigo para ellos... mis perros.
Yo quisiera en otra vida
ser uno de ellos, un perro callejero,
para no poder mudar el gesto
ya me acaricien, ya me castiguen.
Yo quisiera ser un perro
para ser ajeno al paso del tiempo
y carecer de recuerdos
que no me traiga la vista o el olfato.
Quisiera saber pedir con la mirada
consuelo para mi dolor.
Quisiera un dueño con coraje
para besarme cuando,
llegado el momento final,
mirándome a los ojos con amor,
inyecte los barbitúricos
que den paso a la paz en mis venas.
Yo quisiera ser un perro.
Iñaki Hernán
jueves, 13 de julio de 2017
ESTOY HABLANDO DE ESO QUE TANTO TE GUSTA por IVÁN ROJO
El problema no es ser malo en Eso
(elige tú qué) nunca es ser malo el problema
porque ser malo en algo es divertido
ser malo es incluso entrañable
ser malo siempre implica cierta épica
ser malo solidariza, ser malo brilla
hipnotiza, fideliza
ser malo es puto cine
como un zompo saltando el potro
Nah
el problema es ser bueno
pero no lo suficientemente bueno
ser solo bueno, ese es el problema
ser nada más que bueno
como un pájaro que vuela bien
como un pez que nada bien
como un ojo que ve bien
Porque luego está el otro problema
me refiero al gran problema asociado
estoy hablando de eso que tanto te gusta
ya sabes: andar por ahí
no sé, el tramo 12 del paseo marítimo
el polígono industrial de Rocamadre
o el pasillo de tu casa
pensando que el pájaro de tu pecho
el pez de tu lengua
el ojo de tu frente
y su funcionamiento
digamos bueno, digamos adecuado
digamos correcto
son algo sublime
Iván Rojo
miércoles, 12 de julio de 2017
NIÑOQUECORRE por JAVIER VAYÁ ALBERT

partiendo por la mitad
la mañana de un sábado.
niñoquecorre
corbatadehombre diminuto
pantalón corto peinado anciano.
niñoquecorre
fuga de padres que lo persiguen
palabradedios en fancines coloreados
caen de sus manos al infierno asfalto
cual luciferes plastificados.
niñoquecorre
júbilo de charcos piedras corazón trapo.
únicamente testigo de sus pies milagro.
Durante un lapso hasta ser alcanzado
niñoquecorre
mantiene la poesía a salvo.
Javier Vayá Albert
martes, 11 de julio de 2017
1 POEMA de JORGE M. MOLINERO

Vivir entre teechodemenos
esbozos de poemas malosel móvil es un placebo
ningún emoticono de besos
roza mis labios
vivir con las manos cóncavas
guardando caricias para la vuelta
procurando no derramar
una sola cuando me coloco
los guantes de seguridad
vivir en un taller infecto
donde su recuerdo
es la flor en el vertedero
vivir esperando vivir recordando
vivir con la perversión
de oler la almohada vivir
aferrado al calendario para
vivir el día en rojo señalado
Jorge M. Molinero
lunes, 3 de julio de 2017
INTERCOSTAL
El escritor afincado en Salamanca, Pablo Malmierca, acaba de sacar a la luz, junto a los poetas Ibai Pascual Martín y Nekae Trigo, la revista de poesía, crítica y pensamiento "Intercostal". Se trata de un proyecto largamente gestado, en el que priman la calidad literaria de sus autores y el prestigio de los autores de los artículos de crítica literaria. Además se incluye una sección de reseñas donde se analizan algunas de las últimas publicaciones poéticas.
“Intercostal literaria nace con el deseo de abrir una nueva vía, una alternativa, desde el campo que nos compone: la literatura. Se hace insostenible observar como cada uno de forma auto-lícita y difusa pretende escribir versos, párrafos, libros, relatos… como si fueran productos más a consumir, como se toma a la música en nuestra época, como se toma a las personas y al sacrificio; sin tener una visión de sí mismo, de cómo eso puede ayudar a la especie a evolucionar hacia unos fines que no sean el canibalismo, la competitividad, la falsa modestia, el elitismo y, por tanto, la desconexión, la desunión entre todos aquellos que deberíamos ser uno, aun siendo diferentes”, explicaba Malmierca.
En la misma línea, avanzaba que su intención es “aunar la crítica, la poesía y el pensamiento en una misma publicación, en la que la independencia y el rigor se seguirán de forma absoluta”.
En este número 0 que ya está a la venta en Letras Corsarias y bajo pedido en nuestra página de facebook o por correo electrónico intercostaliteraria@mail.com, se publican poemas de Luis Miguel Rabanal, Javier Lostalé, Ángel Fernández Benéitez, Francisco Serradilla García, Sor Kampana y Celeste PF. Además, se incluye un artículo sobre la situación de la poesía actual, firmado por Carlos León Liquete, y una extensa entrevista a Javier Lostalé.
viernes, 30 de junio de 2017
MISERIA por GSÚS BONILLA
Cuando hay miseria en un puchero
y reparten miseria por los platos
lo que tienes en la cuchara es
miseria
Gsús Bonilla
jueves, 29 de junio de 2017
AMANECER EN EL ROCÓDROMO por Víctor Pérez
Esa casa en la colina donde todos meamos de pie en una bacinilla azul
Donde superamos las semanas contando los cazas que brillan en el cieloHay tardes emocionantes en las que nos prestamos la voz y eso nos neurotiza
Hemos venido a aturdir
El postporno nos borró la chulería, a todas horas vaga por nuestra memoria reseca
A mi hermana antiquísima la llamamos la máquina de la verdad
Cuando los lunes hunde su cabeza en la bacinilla para inspirarse
Y a ciegas escribe notas salvajes con una mano mientras aguanta la respiración
Después saca la cabeza chorreante, se queda mirando la bola del mundo
Y me da lo mío.
Víctor Pérez
miércoles, 28 de junio de 2017
martes, 27 de junio de 2017
5 POEMAS de MAYA MUKTI

Mañana
alguien
que no me conoce
decide
si alguien
al que tampoco conoce
dice la verdad
sobre mí
Si las mentiras
que cuenta
son creídas
por el que
no nos conoce
seré considerado
un peligro
para
los que me conocen
y para
los que no me conocen
Se me castigará
Se me pintará
una cruz negra
en la espalda
Para siempre
No sé si es justo
pero le llaman
Justicia
*
Nos adiestran para ganar
aún sabiendo
que tenemos todas
las de perder
No hay más escapatoria
para nosotros
que abandonar su juego
y dejar de sufragar
los gastos
de nuestra propia derrota
que no es más que su victoria
La de la élite de los espabilados
El resultado final
de la selección genética
de los campeones del hijoputismo
desde la era de las cavernas
Los que eligen
desde la noche de los tiempos
la violencia
el egoísmo
la codicia
el engaño
Los ganadores
*
Ahora
que ya no me parezco a mí
va a ser tiempo de mirarme
y no apartar la vista
o intentar parecerme
a la que era
Ahora
que ya no me parezco a mí
va a ser tiempo de quererme
esa niña sigue
ahí dentro
nunca la vas a abrazar?
Ahora
que ya no me parezco a mí
va a ser tiempo de escuchar
a la voz que siempre me habla
a la que nunca me deja
a la que callo y ahogo
Ahora
que ya no me parezco a mí
y aún no es tarde
llegó el tiempo de firmar la paz
de una guerra fratricida
que nunca debió empezar
*
que ya no me parezco a mí
va a ser tiempo de mirarme
y no apartar la vista
o intentar parecerme
a la que era
Ahora
que ya no me parezco a mí
va a ser tiempo de quererme
esa niña sigue
ahí dentro
nunca la vas a abrazar?
Ahora
que ya no me parezco a mí
va a ser tiempo de escuchar
a la voz que siempre me habla
a la que nunca me deja
a la que callo y ahogo
Ahora
que ya no me parezco a mí
y aún no es tarde
llegó el tiempo de firmar la paz
de una guerra fratricida
que nunca debió empezar
*
Sé que lo aceptarás
porque eres bueno
Que dirás
no importa
es suficiente con saber
Y habrá un tiempo
en que vivirás de eso
y yo me dejaré seducir
por la inopia
alargando hasta el fin
las breves horas
del sueño
Hasta que el hambre
la soledad y el miedo
el querer y el orgullo
y todo lo que nos hace
digan basta
Y te duela la herida
oculta bajo el bálsamo
pobre bálsamo del amor
sin futuro
Posible tan sólo
en algún universo
sin dimensiones
*
No sé si la poesía
Es verdad
Pero el poema
Puede ser
Tan falso
Como el sentimiento
Que le da vida
Maya Mukti
Es verdad
Pero el poema
Puede ser
Tan falso
Como el sentimiento
Que le da vida
Maya Mukti
lunes, 26 de junio de 2017
LOS POEMAS DE HORACIO E. CLUCK por LUIS MIGUEL RABANAL
Soy débil y me entrego a ti
porque estás solo en la madrugada
que se inicia con una explosión de daños,
de caricias que pudieron suceder y fueron
rito que no te incumbe ahora.
Abre tus ojos al pasar la lluvia,
cuenta las palabras que te quedan por decir,
no las que reviste el deseo con brasas
increíbles y cuerpos maniatados,
sino esas otras más foscas
que claman dolor porque se acaba
el tiempo.
Palabras de ternura para denigrar
esta memoria que ata nuestra vida
a un árbol en llamas.
La verdadera soledad escupirá en tu cara.
Estoy cansado, pero besaré tu rostro
cuando llores.
*
El silencio de la imagen
es la trampa que encierra la escritura,
vértigo de la luz haciéndose,
música inocua que escuchamos desnudos.
A partir de ese momento encuentras
en añicos el poema,
es fragilidad y añoranza
del universo que no pretendes obviar.
Sobre tu mano la mano onerosa
del que regresa para escribir su farsa.
Clava en el corazón ganzúas
y duerme en el desván vacío.
*
A la hora exacta de la contemplación,
cuando los búhos son hermosos vigías
de la última noche
y hay fantasmas que acarician princesas
blandas como la podredumbre,
o caballos huyendo de la piel
porque no amanece nunca,
yo escribo desde otro mundo ajeno,
el de las figuraciones imposibles.
Detrás de este reloj se esconde
también el frío.
Luis Miguel Rabanal, de Los poemas de Horacio E. Cluck (Huerga & Fierro Editores, 2017).
martes, 13 de junio de 2017
LOS POEMAS DE HORACIO E. CLUCK: Prólogo.
HUMO
Y no podré irme jamás ni siquiera
cuando las montañas nevadas hayan muerto
JIDI MAJIA
La belleza, cautiva, a las veces esquiva, maldita, maldecible
en muchos casos, mas siempre inaudita, inasible,
algo canalla en sus intrigas, aun besable. La belleza,
o su reverso, la enfermedad y la muerte consiguiente, el
dolor, el propio dolor de las palabras, esto es, un cuerpo
y otros cuerpos. “Cherchez la femme”. Como en aquella
película de adorable encanto, “L’Homme qui Aimait les
Femmes”, en la que el protagonista de François Truffaut
se extasiaba con las piernas de las parisinas (¡Dios, gran
y nutricio burdel de la desmesura!). En definitiva, Luis
Miguel Rabanal y la insidiosa búsqueda de una belleza,
rea o confesa, pero qué gran belleza lograda en este poemario
místico, bendito, sacrílego también, como debe
ser el agua fuera de mayo.
Y sin embargo cabe preguntarse qué es la belleza, qué
es la muerte o su previa desmemoria y quién diantres
es el tal Horacio Estanislao Cluck. A Horacio lo conocí
hace años en la calle La Sal, en León, en un antro que
frecuentaban los poetas vesánicos y las prostitutas de un
lujo descosido. Cuarentón y por ello agraciado, tuvo a
bien visitar en algunas ocasiones la casa de Rabanal
para mostrarle algunos versos insípidos, pero no por ello
demenciados. Al cabo, ha ido puliendo una técnica narrativa
osada, algo blanda, pero propia de los joyeros, en la que casi todo es simetría, cuando no geometría,
salvo el azar, bastante áspero, de los adioses consumados.
Y es así este libro que se desdobla por sus cuadernas
en una imagen especular, naciendo en el origen de la
palabra poética o su necesidad, navegando por los cuerpos
desnudos de tantas mujeres que se hicieron un
cuerpo, breve remanso en puerto franco con un desvelo
inaudito ante la falta de conmiseración que otorga la
vida, la muy rastrera, la muy dañina, vuelta de nuevo
a los cuerpos desnudos, y finalmente el viaje que nunca
se hará, pues el viaje ya se ha singlado, ya se es hecho,
ya se es viajado. Una cronología de la infamia del
cuerpo y de la mística del amor. Y en ello estamos.
La mística del amor es en Horacio un territorio que
lleva por nombre el país de Olleir, en el Reino de León.
Un territorio que abraza la infancia, la familia, la
madre, el abuelo y la abuela, las casonas y los bosques
de los fusilados, que transita la podredumbre de la posguerra
y la malvasía de los primeros corazones arrancados
a las muchachas bendecidas. Un país que no se
revisita pero que se fecunda. El amor como quincallero
del tiempo y como salvaguarda de los días. No es
este Horacio un meapilas de lencería fina, es un apasionado
de la ejecución persistente, un donjuanismo
sin maldad, un quinqui con galones de sargento sarraceno.
Para Horacio el amor es sal y viento y arena
y toda la pureza perdida, toda la memoria encendida,
o a su pesar entendida.
Con todo y demás, Horacio E. Rabanal ha escrito
uno de sus libros más bellos, sensatos, apetecibles y beatos
(en el peor sentido del término); una delicada
carta de amor y pizca de muerte; una visita a los jar- dines de invierno, tan copiosamente nevados y un
largo beso de despedida amable, quizá un testamento
apócrifo en el que no hay remisión, solo aulagas. Ciertamente
habrá en ella algunos navajazos a la miserable
historia de un yo plural y maltrecho, una caricia a
tanta memoria desusada, pero prima ante todo el cariño,
la dulzura y la delicia de haberse permitido,
desde su origen, la palabra que todo lo bendice, que
todo lo magnifica, lo acaece, lo sucede, lo miente.
Y es la palabra, es su poder extraordinario, uno de
los baluartes de este libro. La palabra hurta nuestra
palabra; las palabras borran las huellas de un amor
para soportarlo y engrandecerlo, la palabra, y digamos
ya no más, el poema, es el antepecho de la ventana
desde la que contemplamos nuestros conocidos
cadáveres pasar con mucha pena, y con una aleve gloria.
La palabra es una ósmosis inversa que resucita
tantas desnudeces como bien sabe Horacio, tantas desnudeces
que se apean de su osario antiguo, y nos brindan
una mirada desecha, pero una mirada.
Esa particular mirada confirma que Horacio es un
sibarita del voyeurismo. Ya no es la ventana indiscreta
aquello que facilita un sensacionalismo de la sangre,
es una auténtica transposición de protagonistas
donde el que mira es mirado y el que es contemplado
deja, desgraciadamente, de ser mirado. Una multiplicidad
de pronombres, una multiplicación del nosotros
y del ellos y del otro y de la otra y la alteridad que se
confunde y confunde, y confunde, y confunde. Nada
más contemporáneo por ello que una teoría del caos
del yo, del yo en todo caso caótico. Las bragas y las banderas
se hacen con el mismo tejido, se dice.
No quisiera pecar de entremetido, sí de cualquier
otra cosa. Quiero mantener que este conjunto de poemas
vuelve a ser, por fin, un Rabanal de ‘Cuaderno de
junio’, una sensibilidad que, por absoluta, y por un
tanto arrabalera en su punto justo, entiendo que llega
a la santidad de los pecadores. Claro que hay alcohol,
y tabaco antiguo y alocadas mujeres que se dejan,
pero es una mujer, solo una, a la que se dedica el libro,
aquella que en teoría velará el reino de los justos, injustamente,
porque se murieron. Como dicen, todos los
problemas se sustentan, salvo el amor.
Pudiera pensarse que se trata de una larga carta
de amor extensivo y sucesivo, sucedido; amor a una
mujer, sí (“Estoy cansado, pero besaré tu rostro/cuando
llores” abre el libro, para clausurarse con “me quedo
con tu boca”), mas también amor a un tiempo ido, a
la poesía en fuga, a la indeleble y a veces cruel infancia
y, cómo no, a un territorio perdido, al exilio de los
paisajes, los cuetos, las urces, las casonas de Riello. Una
sentimentalidad, un aura de la memoria, tensa, a
veces canalla, violenta aun, especialmente en la segunda
parte de «Desnudos».
Como es habitual en los libros de Luis Miguel Rabanal
existe siempre un relato subrepticio, una narración
poética, quebrada, fractal, cristalizada en la
simetría ordenada del libro: «Los constructores de palabras»
acude a los comienzos literarios y a los sinsabores
de la infancia; «Desnudos» refiere los primeros
cuerpos poseídos; «Imploró llamas y adivinos» los primeros
conflictos en el lado muy aciago de la vida; la
agonía de los cuerpos, de nuevo en el otro «Desnudos»
y, finalmente, el viaje a ninguna parte en el último grupo de poemas, el que se hará hacia un futuro maldito
y el que no se podrá realizar hacia un territorio definitivamente
perdido, Omaña, Olleir (cual Ónphalos
sentimental) y a una infancia clavada al olvido, o casi.
El poema entonces, la palabra, su elegida belleza,
como un viento adormecido, irá erosionando esos paisajes,
y al tiempo que los redescubre, los llena de arena
(“yo escribo desde otro mundo ajeno,/el de las figuraciones
imposibles./Detrás de este reloj se esconde/también
el frío”), esa enunciación que es el paladar de la
memoria, pero también su falsario y corruptible veneno.
La poesía es capaz de mecerse en un pasado casi
siempre ambiguo, aunque sea embuste que recupere
los bares, el humo, la ginebra y el sexo. Es una palabra
testicular y generatriz, genesíaca, cuyo poder salvífico,
y por ello maldito, sustituye al hecho, lo “amortaja”,
por utilizar el término que emplea el poeta en uno de
sus libros.
Y aun con todo, qué magia acaece en esos versos
tan minados por los arándanos y por las púas. Qué
desmemoria absurda por necesaria y qué profundo es
el arraigo del maldecir, del mal vivir, del mal tristecer
sin mesura. Qué delicia poder volver a leer a Luis Miguel
Rabanal para que este mundo, que se vuelve rastrero,
sea acomodo del corazón y de sus pausas.
Andrés González
Luis Miguel Rabanal
Los poemas de Horacio E. Cluck
(Huerga & Fierro Editores, 2017)
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