viernes, 5 de febrero de 2021

PROMETONOMATARME: Prólogo.




no quiero ser como tú… ni como nadie

Robe

un poeta dentro de un niño…

Francisco Rojas

I

LA POESÍA ES UN NIÑO, o una niña, en la consciencia de su tiempo y su realidad. Pero también es la abuela -o el abuelo- con Alzheimer, palpando el pelo de esos nietos. La poesía es tanto como poco o casi nada. A veces es del todo nada. Igual, otras, tanto o más. La poesía es trastocar, desordenar lo ordenado; la poesía podría ser romper esquemas y la poesía, también, según Francisco Rojas, Monfra -mi casipaisano Paco-, es augurio, indicio... señal: Prometonomatarme, así, de seguido, como el que masculla o murmura, como el que habla entre dientes, acaso para que los demás -si es que queda alguien cerca de un poeta- no puedan entender un carajo de lo que uno dice.

La poesía, decimos, es inexplicable. No porque no se pueda explicar sino porque qué necesidad hay de ello ¿Acaso alguien en su juicio enfermo cree necesario saber por qué veintidós tipos en calzoncillos corren tras un balón un domingo a las 18,30 Post Meridian? No. Lo que importa son los prolegómenos, todo ese rosario de cuchicheos sobre el entreno, lesiones, previsible alineación y amonestados y demás etcéteras. Y, sobre todo, lo verdaderamente importante, es el día de después: quién fue el causante del fracaso, o la victoria. La manera en cómo se produjo. El cuerpo que se te queda cuando tu equipo pierde, la euforia de cuando gana. La culpa, en cualquier caso, fue del árbitro.

Por fortuna, a Paco y a mí, nos gusta poco el fútbol, y un poco más, tampoco sin exagerar, la poesía. Lo que sí que nos gusta -mucho- es escuchar a Extremoduro; cuando él se acerca desde un punto innombrable de la recóndita Escocia hasta Madrid, también nos hace felices beber cerveza. En el proceso de escritura sucede algo parecido que, en este símil tan torpe, con el fútbol de protagonista. Vivencias, y ese tránsito del mientras tanto.

Mejor: lecturas, y ese mismo camino hacia lo posterior. Mientras se escribe la cabeza viene de allá, cargada de experiencias vitales, propias, que a poco que obedezcan a cierta necesidad de expresarse, de comunicarse, transcurren como destellos en la hoja de papel, o centellas, si es desde el teclado hacia el doc. Todo ello al dictado de la mente, no sin dudas e interrogantes, pero que, sin embargo, cuando asientan en el plano del lenguaje con un mínimo de cohesión y congruencia da comienzo a la fiesta, al partido, a la música, a la literatura. También a la poesía.

II

Prometonomatarme como entablado emocional: El muerto, de esta forma arranca el libro. Con un viaje fragmentado con hechuras de relato, construido a paraguazos, a golpes, a guantazos. A modo de testimonio vital, rememorándose, haciendo de lo propio lo indecible, para dejar constancia de su paso por aquí, por este mundo inmundo.

Presencia y memoria, entenderse en el ayer, comprenderse ahora, si acaso, para que el mañana ponga en su sitio definitivo a quien, de alguna manera, deseó ajustarse cuentas y decirse las verdades, las cosas como son. Expresar claramente lo que otros no quisieron o no pudieron, decirte. Esto es, sincerarse desde uno mismo, desde dentro, para empezar a ser coherente con el entorno, con los restos y los demás:

(…) siempre quise hacer esto, siempre… Escribir algo y que alguien lo lea mucho después de mi muerte. (…)

Bailar cansa, vivir cansa, nacer cansa: El muerto… pero también, el hombre, el niño, como ejes y soportes necesarios dentro de este edificio en ruinas, a punto de la demolición. Retroceder a un tiempo pasado para tomarlo como referencia e instante de partida. Decíamos la poesía [es] tal o cuál… la poesía, por definición, también es confesión, en tanto registra los estados de ánimo, los sentimientos y la visión del mundo del poeta:

Francisco escribe, se interroga:

Cómo enfrentarse/ a la siguiente curva/ a la siguiente herida/ cómo aguantar

que día tras día/ no pase nada…

Y atina en el desenlace, a modo de respuesta, con la confección de este diario emocional, en un lugar intermedio, entre la prosa y la poesía, mixtura significativa del yo en función de las demandas del entorno, lo cual siempre acaba identificando a un nosotros en el que, en muchas ocasione, nos reconocemos. En el que reconocerse.

III

FOTOGRAFÍA Y POESÍA (Dos formas de arte). A modo de colofón, notorio y evidente, siempre lo es, un epílogo:

La verdad no admite sombra [sic]…

sin embargo, prometonomatarme (en su conjunto) acepta y acoge al magnánimo Pako Pimienta, (fotógrafo extremeño, autor e ideólogo del espectacular fotolibro ‘Sizigia’) donde imágenes y fotografía dialogan, conexionan y se ensamblan con los textos de Francisco Rojas, a lo largo y ancho de estas páginas, hasta conformar un volumen único, personal, intransferible, originando otro documento gráfico, otra lectura (más), una nueva realidad, desconcertante, que aprisiona, que se apodera del lector, del contemplativo espectador, en nuevo zarandeo sensitivo y emocional.

Acaso no haya que tener mayor cautela para matarse, si es que ya se está sentenciado. Pero sí que creo que hay que ser meridianamente claro para cuando, por el motivo que sea, nos decidimos a derribar algún tipo de edificación y elegir la herramienta precisa para tal fin. En este libro, por ejemplo, el ayer, lo lejano y lo pretérito, es decir, el pasado como construcción y edificio. Monfra tiene motivos: los suyos, y en prometonomatarme los expone en profundidad. También escogió un útil para llevar a buen fin su propósito: La poesía: como cortafríos, como maza metálica y martillo rompedor. Como bola de demolición.

Gsús Bonilla. En el Valle del Kas,
a mediados del mes de julio 2020


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