viernes, 14 de abril de 2017

CALOR INDUSTRIAL por IVÁN ROJO


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Acuérdate de la sombra del promontorio,
la que viste cavar con las manos.
Acuérdate de aquella cosa que escarbaba la caliza,
aquella cosa que hablaba y gritaba allí arriba,
hace treinta veranos,
mientras te tomabas una pepsicola en Nerja.
Llévala siempre contigo.
Cuélgate su recuerdo del cuello y jamas te lo quites.
Cuando tengas que citar a los sabios,
cuando tengas que citar a los mejores poetas
calla o reproduce sus alaridos.
Cuando tengas hambre imagina la oscuridad de sus tripas.
Cuando tengas sed imagina su garganta,
oscura y polvorienta como una mina de Atacama.
Recuerda la alimaña de la montaña.
Recuérdala en la fiesta de la playa,
bailando entre las hogueras y las chicas,
mitad negra, mitad roja,
como un huracán de güisqui, hollín y humo.
Recuérdala en la quinta ciudad,
en plena estampida de la hora punta,
siguiéndote desde las cornisas,
riéndose.
Recuérdala en la oficina,
saltando de archivador en archivador,
mitad orangután, mitad monstruo.
Recuérdala sobre la techumbre de la Repsol de Morella,
un 1 de enero,
derritiendo la nieve bajo sus pezuñas.
Recuérdala en el futuro,
la noche en que el amigo americano te diga
Toma un poco
y te ofrezca Alaska en la palma de la mano.
Recuerda las palabras de la cosa la primera vez,
las que te llegaron entre el jolgorio de los bañistas:
Soy calor industrial.
Soy la ola sahariana.
Soy una duna y me muevo.
Te seguiré a todas partes.
Te freiré los sesos.
Porque te quiero.
Y alégrate.

Iván Rojo


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