Mostrando entradas con la etiqueta planeta chinaski. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta planeta chinaski. Mostrar todas las entradas

viernes, 11 de mayo de 2012

LA MÁQUINA DE FOLLAR, según Quique Castro




Al parecer, los relatos incluídos en este libro tienen menos de autobiográfico de lo que a muchos nos gustaría. La columna descarnada, sexual y ruda de Charles Bukowski en el periódico “underground” Open City, le catapultó a la fama en los círculos contraculturales, y cuando el gobierno cerró el periódico por inmoral, el autor vio como se cortaba una de sus principales fuentes de ingresos en aquel entonces.

No tardó en escribir para otras revistas “porno” como “New York Review of Sex and Politics” y otras por el estilo. En aquel entonces podía llegar a cobrar unos 300$ por relato (recuérdese que F. S. Fitzgerald había llegado a recibir sumas que rondaban los 4.000$ cuarenta años antes), así que el viejo Hank se inventaba todas estas narraciones para poder vendérselas a estas revistas.

Tanto es así que el libro “Erections, ejaculations and tales of ordinary madnes”, del que se sacan la mayor parte de los relatos, fue publicado por “City Lights”, que era la editorial que se quedaba con todo el material que el editor John Martin desechaba de “Black Sparrow” por ser demasiado pornográfico. Con todo son historias que nacen del contacto directo del autor con la realidad que describe, pasadas por el tamiz de su imaginación y su genio, pues para eso era escritor.

Su estilo sigue siendo el mismo, frases cortas y contundentes. A lo largo de su carrera Bukowski se declaró siempre admirador de Hemingway, Fante, Celine y Hamsun, pero no es ni mucho menos tan vanguardista como Celine, ni tan exacto como el noruego Hamsun. Sí parece que le debe mucho más a Fante en cuanto a temática y, sobre todo, a Hemingway en cuanto a estilo gramatical, llegando a veces incluso a la imitación, según mi punto de vista.

Es desde luego un libro a disfrutar. Para mí Charles Bukowski destila sensibilidad tras de cada frase soez o dura, y este es el alegato de un hombre solo y prisionero de la terrible realidad que le tocó vivir y que escribía duro porque era su manera de revelarse contra la prisión o “la trampa”, como él la llama muchas veces, en la que nos vemos encerrados los seres humanos, adiestrados para sacrificar nuestras vidas a cambio de casa, coche, trabajo, hijo y perro. Este libro es una válvula de escape.

lunes, 5 de marzo de 2012

Un mal viaje, por Charles Bukowski



¿Te habías dado cuenta que el LSD y la TV de colores arribaron para nuestro consumo más o menos al mismo tiempo? Aquí se deja venir todo este color explorativo pulsando, ¿y qué hacemos? Prohibimos uno y echamos a perder al otro. la TV, por supuesto, es inútil en sus actuales manos; no hay un gran argumento en esto, que digamos. Y leí que recientemente en una redada se dijo que un agente recibió un contenedor de ácido en plena cara, cuando se lo aventó el supuesto fabricante de una droga alucinógena. Esto también es un tipo de desperdicio. Hay ciertos fundamentos para poner fuera de la ley al LSD, DMT o al STP –puede enloquecer permanentemente a un hombre–, pero también puede ocurrir eso recogiendo remolachas o enroscando tornillos para General Motors, o al lavar platos o enseñar Inglés I en una universidad local, si pusiéramos fuera de la ley todo lo que enloquece al hombre, toda la estructura social se desplomaría –el matrimonio, la guerra, el servicio de transporte público, los mataderos, criar abejas, las cirugías, todo cuanto puedas nombrar. Todo puede enloquecer al hombre porque la sociedad está construida sobre falsos cimientos. Hasta que saquemos todo el fondo y lo reconstruyamos, los manicomios permanecerán saturados. Y los recortes de presupuesto ordenados por nuestros gobernantes me parecen como que indirectamente implican que aquellos enloquecidos por la sociedad no deben ser mantenidos y curados por la sociedad, especialmente en una era inflacionaria y loca-por-los-impuestos. Dicho dinero puede ser mejor usado para construir carreteras o para regarlo ligeramente sobre los negros para evitar que quemen nuestras ciudades. Y tengo una estupenda idea, ¿por qué no asesinar a los dementes? Pensemos en todo el dinero que podríamos ahorrar. Incluso un loco come demasiado y requiere un sitio para dormir, y los bastardos son feos –la manera en que gritan y embarran su mierda en las paredes, y todo eso. Todo lo que necesitamos es una pequeña junta médica para que tome las decisiones y un par de empleados de enfermería atractivos (mujeres u hombres) para mantener satisfechas las actividades sexuales de los psiquiátras.
Así que regresemos, más o menos, al LSD. tal como es verdad que entre menos tienes menos apuestas –digamos recogiendo remolachas– también es verdad que entre más tengas más apuestas. Cualquier complejidad explorativa –pintar, escribir poesía, robar bancos, ser un dictador y así por el estilo– te lleva a aquel lugar donde el peligro y el milagro son más bien siameses. Raramente vas de cuerda a cuerda, pero mientras vas la vida es ocasionalmente interesante. Es bueno acostarse con la esposa de otro hombre pero sabes que algún día te van a sorprender con los pantalones abajo. Esto sólo hace al acto más placentero. Nuestros pecados están manufacturados en el cielo para que creamos nuestro propio infierno, que evidentemente necesitamos. Logra ser lo suficientemente bueno en algo y crearás tus propios enemigos. Los campeones son abucheados; el público se muere por verlos derrotados para así poderlos llevar a su propio tazón de mierda. No muchos malditos tontos son asesinados; un ganador puede ser derrumbado por un rifle comprado por correo (como dice la fábula) o por su pistola en un pueblito como Ketchum. O como Hitler y su puta cuando Berlín se abrió en dos en la última página de la historia.
El LSD te puede joder ya que no es una arena para leales empleados de envíos, se sabe, el mal ácido como la mala puta te puede perder. El ginebra casero, el licor ilegal también tuvo su día. La ley crea también su propia enfermedad en los venenosos mercados negros. pero, básicamente, la mayoría de los malos viajes se deben a que el individuo ha sido entrenado y envenenado de antemano por la misma sociedad. Si un hombre se preocupa de la renta, el pago del auto, los relojes, una educación universitaria para sus hijos, una comida de 12 dólares para su novia, la opinión de su vecino, ponerse de pie cuando alzan la bandera o lo que le sucederá a Brenda Starr, una tableta de LSD muy probablemente lo enloquecerá porque, en cierto modo, ya está loco y sólo permanece a bordo de las mareas sociales debido a las celdas externas y los martillazos imbéciles que lo insensibilizan a cualquier pensamiento individualista. Un viaje es para alguien que no ha sido aún enjaulado, alguien que no ha sido cogido aún por el gran Miedo que hace que toda la sociedad funcione. Desafortunadamente, la mayoría de los hombres sobreestiman su valor como algo elemental y su carácter de individuos libres, y es el error de la generación hippie no confiar en nadie por encima de los 30. 30 no significa absolutamente una maldita cosa. la mayoría de los seres son capturados y entrenados, totalmente a la edad de 7 u 8. Muchos de los jóvenes SE VEN libres pero esto es sólo algo químico del cuerpo y la energía y no algo real del espíritu. He conocido hombres libres en los lugares más extraños y de TODAS las edades –como limpiadores, ladrones de autos– y también a algunas mujeres libres –generalmente como enfermeras o meseras, y de TODAS las edades. El alma libre es rara, pero la reconoces cuando la ves –básicamente porque te sientes bien, muy bien, cuando estás cerca o con ella.
Un viaje de LSD te mostrará cosas ignoradas por toda ley. Te mostrará cosas que no aparecen en los libros de texto y de las cuales no puedes presentar protesta ante tu regidor municipal. La marihuana sólo hace que la sociedad sea más soportable; el LSD es otra sociedad por sí solo. Si estás socialmente orientado, probablemente puedes desechar el LSD como una “droga alucinógena”, lo cual es una manera fácil de deshacerse de ella y olvidarse de todo el asunto. Pero la alucinación, su definición, depende de en cuál polo estés. Cualquier cosa que te suceda cuando está sucediendo se convierte en realidad –puede ser una película, una penetración sexual, un asesinato, ser asesinado o comer una nieve. Las mentiras vienen después; lo que sucede, sucede. La alucinación es tan sólo una palabra del diccionario y un cimiento social. Cuando un hombre está muriendo, para él esto es muy real; para otros, se trata de mala suerte o algo de lo cual hay que deshacerse. El césped de bosque se hace cargo de todo. Cuando el mundo comienza a aceptar que TODAS las partes encajan en el todo, entonces puede que tengamos alguna oportunidad. Cualquier cosa que un hombre ve es real. No fue llevada por una fuerza externa, estaba ahí desde antes que naciera. No se le culpe porque lo ve ahora, y no se le culpe por enloquecer porque las fuerzas educativas y espirituales de la sociedad no fueron lo suficientemente sabias como para decirle que la exploración nunca termina, y que todos nosotros no debemos ser pequeñas mierdas encajonadas en nuestro abc y nada más. No es el LSD lo que causa el mal viaje –fue tu madre, el presidente, la niña de al lado, el nevero con manos sucias, un curso de álgebra o de español yuxtapuesto, fue la hediondez de una letrina en 1926, fue un hombre con una nariz demasiado grande cuando te dijeron que las narices grandes eran feas; fue el laxante, la Brigada Abraham Lincoln, los dulces tootsie rolls y Toots y Caspar, fue la cara de Franklin Delano Roosevelt, fueron las gotas de limón, fue trabajar durante diez años en una fábrica y luego ser despedido por llegar cinco minutos tarde, fue la vieja bruja que te enseñó Historia Americana en sexto grado, fue el atropello de tu perro y que luego nadie pudo trazar el mapa correctamente, fue una lista de 30 páginas de largo y tres millas de alto.
¿Un mal viaje? Todo este país, todo este mundo está en un mal viaje, amigo. Pero te arrestarían por meterte una pastilla.
Yo todavía sigo con la cerveza porque básicamente, a los 47, tengo muchos arpones en mí. Sería un gran imbécil si pensara que escapé a todas sus redes. Creo que Jeffers lo dijo muy bien cuando dijo, más o menos, mira bien las trampas, amigo, hay muchas, dicen que hasta Dios cayó en trampas una vez que vino a la tierra, claro, ahora algunos de nosotros pensamos que no era dios, pero quien fuera, vaya que tenía buenos trucos pero al parecer hablaba demasiado. Todos pueden hablar demasiado. Incluso Leary. O yo.
Es un sábado frío ahora y el sol se está metiendo. ¿Qué haces con una tarde? Si fuera Lisa me peinaría pero no soy Lisa. Bueno, tengo este National Geographic y las páginas brillan como algo que realmente está sucediendo. claro, no está pasando nada. Alrededor de este edificio todos están borrachos. Son una colmena entera de borrachos. Las chicas caminan frente a mi ventana. Emito, silbo una palabra más bien cansada y suave como “mierda”, luego arrancó esta hoja de la máquna de escribir. Es tuya.


Extraído de  Ontología guerrillera

miércoles, 2 de noviembre de 2011

BUKOWSKI, UN CORTO DE DAAN BAKKER

Get Microsoft Silverlight Bekijk de video in andere formaten.


Ahí va, como curiosidad, un corto del holandés Daan Bakker sobre un niño que después de leer un libro de poemas de Charles Bukowski  durante unas vacaciones familiares, se transforma en un alter ego de nuestro poeta preferido.

lunes, 17 de octubre de 2011

LA CAMISETA CON LA BANDERA AMERICANA, Charles Bukowski


Ahora cada vez más a menudo
se ve a gente por ahí
con la Camiseta de Bandera Americana
y antes más o menos se daba por sentado
(creo, aunque no estoy seguro)
que si llevabas una Camiseta Bandera Americana era
porque pasabas de ella como de la 
mierda
pero ahora
las hacen sin parar
y todo el mundo las compra
y las lleva
y las caras son iguales
que la Camiseta de Bandera Americana:
ése tiene esta cara y esa camiseta
aquél tiene esa camiseta y esta cara,
y alguien gasta dinero
y alguien gana dinero
y a medida que los patriotas están 
cada vez más de moda
sería bonito
que todo el mundo mirara en torno
y viera que ahora todos son patriotas 
y por tanto
¿a quién pueden
perseguir
salvo a sus 
hijos?

La gente parece flores al fin
Visor

lunes, 12 de septiembre de 2011

BUKOWSKI & LEVIS



Bukowski recitado en un anuncio de Levis, o el capitalismo fagocitando todo (la primavera árabe, las revueltas en Grecia, Londres...).

miércoles, 27 de julio de 2011

INMORTALES VIEJOS ROCKEROS: CHARLES BUKOWSKI, por Patricio Jara



Miércoles 2 de diciembre de 1992. Guns ‘N Roses en el Estadio Nacional. Axl Rose sube al escenario con una camiseta blanca estampada con una enorme foto de Bukowski. Los que saben de quién se trata, aplauden el tributo a estadio lleno. Pero si debió ser al revés, Bukowski jamás se hubiera asomado en público con una camiseta de Guns ‘N Roses ni de ninguna otra banda. Bukowski detestaba el rock. Aunque para muchos fuese el escritor más rocker de todos.

“La música rock no me dice nada. Fui a un concierto más que nada por contentar a mi mujer”, escribe en El capitán salió a comer y los marineros se tomaron el barco. “Llegamos tarde. El grupo ya estaba tocando, a todo volumen, un sonido ensordecedor. 25.000 personas. Aquello vibraba, pero las vibraciones duraban poco. Era bastante simplista. Supongo que las letras no estaban mal, si conseguías entenderlas”.

Bukowski (1920-1994) era un apasionado de la música. Pero de la música clásica. No podía escribir sin su radio encendida, pero a la hora de recitar en teatros o salones atiborrados, solía comportarse como Johnny Rotten en la mejor época de los Sex Pistols: hacía ademanes al público, respondía los insultos, lanzaba botellas y hasta sillas cuando le contestaban algún poema. Más de una vez todo terminó a puñetazos con la concurrencia.

Justamente esta atmósfera es la que durante el último tiempo han intentado perpetuar en CD diversos sellos independientes; han recuperado muchos de los conciertos que Bukowski diera tanto en Estados Unidos como Alemania. Son discos de un cuidado trabajo gráfico que circulan como si fueran documentos de música punk. At terror street & agony way, Poems and insults y 70 minutes in hell son algunos de los títulos disponibles en sitios especializados en la red.

¿Cómo suena la voz de Bukowski? ¿Debe sonar de un modo especial? ¿Es una voz traposa, oxidada y al borde del alarido gutural? Nada de eso. Al menos en 70 minutes in hell, registrado en 1969 y editado por el sello alemán Chinaski Records, oímos 20 poemas salidos de una garganta cansada, pero que a medida que avanza recobra la vitalidad de sus mejores textos. Da lo mismo no saber inglés. La voz del Viejo Indecente es el susurro de un abuelo bonachón, como la de todos los abuelos bonachones que vienen de vuelta y nada los asusta.

Además de los registros sonoros en vivo, el legado de Bukowski se ha extendido a tendencias musicales que, como buen amante la música selecta, habría odiado de todo corazón: rock progresivo, punk, tecno. Sin embargo, allí están, al igual que numerosos bares que llevan su nombre anunciado con letras de neón.

Con su proyecto Dioxid, el inquieto Sergi Puertas editó en 2000 Ballet lessons for crippled hipsters, cuyo último tema, The Wiseman, es una estrambótica mezcla de guitarras experimentales y teclados con la voz del poeta de Los Ángeles de fondo.

Bukowski siempre fue indiferente al impacto de su poesía en los más jóvenes. Parecía no importarle gran cosa que textos como El genio de la multitud y Una historia real fueran tomados como himnos. Con el pésimo humor con que pasó sus últimos meses de vida, de seguro le dio lo mismo que Bono se hubiera inspirado en los poemas de su libro Days run away like wild horses over the hills (1969), para crear la canción Dirty Day (1993), un tema en que el cantante irlandés improvisa en el micrófono intentando hacer el mismo ejercicio que Bukowski hizo 24 años antes: recordar a su padre a partir de su propia paternidad.

Patricio Jara nació en mayo de 1974 en Antofagasta, es escritor y periodista. Autor de los libros “Quemar un pueblo”, “Prat”, “El Exceso”, entre otros. Sus textos periodísticos han sido publicados por las revistas Deporte Total, The Clinic, Fibra, Muy Interesante, El Sábado y Revista de Libros, de El Mercurio, National Geographic y Rolling Stone.

http://www.patriciojara.cl/

Artículo extraido de http://desmadrerestobar.cl


viernes, 6 de mayo de 2011

TRÁEME TU AMOR. Bukowski & Crumb




Robert Crumb (Ilustraciones)

«—Gloria, me ha encantado verte, pero hice un viaje largo y necesito descansar un poco. Y creo que el médico tiene razón. He notado cierta mejoría.
Gloria se echó a reír. Pero no era una risa alegre, era una risa falsa, como ensayada.
—No he mejorado nada; más bien he empeorado…
—Eso no es cierto, Gloria…
—Yo soy la paciente, Cabeza de Pez. Me puedo diagnosticar mejor que nadie.
—¿Qué es eso de «Cabeza de Pez»?
—¿Nadie te ha dicho nunca que tienes la cabeza parecida a la de un pez?
—No.
—La próxima vez que te afeites, fíjate. Y procura no cortarte las agallas.»



Se sabe que Charles Bukowski y Robert Crumb, cronistas complementarios de la vida y las pesadillas en los pliegues más incómodos de su sociedad, se vieron una sola vez, y que se profesaban admiración y respeto.

«Para mí —opinó Crumb sobre Bukowski— dice las cosas como hay que decirlas. Creo que para ser artista o escritor en el mundo moderno hace falta una fuerte dosis de alienación. Si eres muy equilibrado, no tienes nada interesante que decir.»

«En la gente que él dibuja —dijo Bukowski sobre Crumb— hay energía y resplandor. Una de las personas más verdaderas que he conocido. Sería para mí un mágico honor que ilustrara algunos de mis ruinosos personajes.»

Entre 1975 y 1984, Robert Crumb ilustró los tres notables relatos que componen este libro: «Tráeme tu amor», «No funciona el negocio» y «Bop, bop, contra aquel telón», historias de perdedores obsesionados por la precariedad laboral, el alcohol y el sexo, a quienes la realidad controla para que no puedan salir de donde están.




«Ningun escritor norteamericano contemporáneo ha descalificado el sueño americano con tanta perseverancia como Charles Bukowski.» San Francisco Chronicle

«Me odio por lo menos tanto como odio a los demás.» Robert Crumb




Extraido del blog de Libros del zorro rojo, editorial que publica este magnífico libro, con tres cuentos de Bukowski ilustrados por Robert Crumb

jueves, 5 de mayo de 2011

EL 'PERDEDOR' DE LAS LETRAS RESUCITA

Bukowski tiene cuatro volúmenes recién editados tras 17 años de su muerte

Laura Sangrà Herrero. ADN

El mundo que narró Charles Bukowski es tan turbio como una resaca de cuatro drogas.Por él se arrastra gente de mala vida de barrios de mala muerte, donde todo pasa por la noche, tan tarde que ya es pronto. Pero lejos de crearle rechazo al lector de 2011, asediado por la crisis, sus decadentes personajes se marcan un segundo asalto en el barro: varios libros de Bukowski se han editado recientemente, desde un cómic hasta poemas inéditos.

El último de los novelistas amarrados a la botella más que a la Olivetti admiraba al ilustrador Robert Crumb por la "energía y resplandor" que tiene la gente que dibuja. "Sería para mí un mágico honor que ilustrara algunos de mis ruinosos personajes", dijo Bukowski. Y Crumb le concedió el honor.

El resultado es Tráeme tu amor (Libros del zorro rojo), que llega a España tres décadas después de su edición original en EE UU. Al cerrar el libro se puede brindar, porque sí, la pareja perfecta existe: los abigarrados dibujos de Crumb y la plomiza sordidez del plantel bukowskiano se complementan como pocos.

Aplastados por la vida

Más subterráneos son los ocho relatos de Bukowski que eligió el ilustrador alemán Matthias Schultheiss para hacer un cómic, publicado por La Cúpula en 2004, y en 2010 en su tercera edición. Ambos, en la obra titulada con sus apellidos, hacen un friso de gente a la que el mundo le mete un gol tras otro, como Kid Stardust, un tipo que cubre su panza con camisas hawaianas y quiere trabajar en un matadero porque no tiene otra cosa en la vida que el vago recuerdo de su pasado como boxeador. Y es inevitable que el trazo del alemán recuerde al de Crumb, porque a diferencia de la mayoría de sus trabajos, en este caso se pasa al blanco y negro y se une a los que prefieren sombrear con mil rallitas antes que entintar.

Poeta prolífico

Bukowski, escritor tardío, cosechó la poesía más que otro género. La editorial Visor publica ahora multitud de poemas inéditos en español en El padecimiento continuo y El amor es un perro del infierno, dos antologías en las que básicamente habla de él mismo con una gramática freestyle con la que entona, mejor que nunca, los himnos de la derrota humana que encarna él casi mejor que sus personajes.

Pero para conocer cómo era el autor en su madurez, nada mejor que Lo que más me gusta es rascarme los sobacos(Quinteto), una larga entrevista que le hizo Fernanda Pivano en un BMW aparcado en su jardín y bebiendo vino alemán.


ENTREVISTA:

Matthias Schultheiss: "Habla de la anarquía y la libertad que necesitamos"

El libro va por la tercera edición. ¿Qué lo hace tan atractivo?

Que Bukowski habla de la anarquía y la libertad que necesitamos todos.

¿Cuál fue el mayor reto al pasar a la viñeta las frases de Bukowski?

Reflejar la atmósfera de los bajos fondos y el profundo (y escondido) amor que él siente por la gente. Tenía que evitar idealizar ese mundo sucio y desesperado de la white trash y dibujar viñetas sinceras.

¿Conoció al escritor?

Por desgracia, no. Sé que conocía mi trabajo porque le preguntó por mi a su agente alemán.

¿Qué relaciona su obra y la de Bukowski?

Se hizo famoso en Alemania y yo también estaba interesado en la bebida y las mujeres, pero no era tan salvaje como él. Nadie me conocía como dibujante, así que decidí trasformar relatos suyos en cómics.

¿Puede resumir su estilo en una palabra?

Derrota. Él la celebraba, enseñando un mundo que nunca he querido visitar.

http://www.adn.es/cultura/20110503/NWS-1444-bukowski-crumb-schultheiss.html


jueves, 3 de febrero de 2011

Charles Bukowski: El padecimiento continuo & David González




Este libro de poemas de Charles Bukowski, recopilación de poemas inéditos, lo compré en una librería muy chula de Zamora por el módico precio de 10 euros, que el librero me dejó en 9. Es lo que me gusta de Visor: sus reducidos precios. ¿Cómo lo hace? Ni puta idea. Pero es así. Este poemario me lo devoré esta mañana, mientras esperaba en una sala de espera de mi centro de salud a que me dieran las tiras reactivas para medir mi nivel de azúcar en sangre. Y esta es otra. Solo te las entregan del 1 al 10 de cada mes, y de once y media a una. Es más, y esto da una idea de como funciona la seguridad social: hace un mes una sola enfermera se bastaba para darte el material y en una ocasión cronometré el tiempo que tardaba: dos minutos. Esta mañana me encontré con: un enfermero al ordenador, una enfermera para abrir la puerta y una tercera enfermera para darte el material: 6 minutos. Una puta vergüenza. Pero es lo que hay. En fin... te dejo con un poema del viejo Buk:


LO HAS VISTO EN EL TABURETE DEL BAR QUE ESTÁ A TU LADO

no resulta honroso sentarse aquí
mirando estas paredes

los caballos fomentan una tarde
de despilfarro
y yo me siento aquí
esperando.

el vino no me está
haciendo efecto.

pero es una mala noche de sábado
también para los demás.

entonces mi mano se mueve,
llena otro vaso.

después de todo
combatimos en esta guerra
para perder
al final.

una época ésta
como otras épocas
como otras noches
como otras ciudades

esperando que nos llegue
la muerte.

Charles Bukowski. EL PADECIMIENTO CONTINUO. Traducción de Silvia Barbero. Visor Libros, Madrid, 2011.



domingo, 12 de septiembre de 2010

CONTRA LA MORAL.Jaime Siles.



Ayer en ABC Cultural Jaime Siles publicaba esta reseña sobre el libro de Bukowski "El amor es un perro del infierno. Poemas 1974-1977" (Visor 2010)", en el que cita a dos hijos de Satanás: David González y Manuel Vilas.

jueves, 9 de septiembre de 2010

LAS PALABRAS Y LAS BOTELLAS. Crónica de un encuentro alucinado con Bukowski. Por Ricardo Hinojosa




“En mi país la poesía ladra
suda orina tiene sucias las axilas.
La poesía frecuenta los burdeles
escribe cantos silba danza mientras se mira
ociosamente en la toilette…”

Enrique Verástegui

Vagabundo, borracho, rebelde, anti sistema. Sus estigmas literarios, como los que llevaba en su rostro, esculpido por un acné purulento sufrido en su juventud, eran y son muchos. Pero él, fundamentado en su espontaneidad trasnochadora, solo siguió el camino que le era más natural: la senda del perdedor. Y ganó. Aquellos que escriben las contracarátulas de sus libros aman referirse a él como el “último escritor maldito de la literatura norteamericana”. Un cliché que Bukowski, si aún estuviera aquí, coronaría con un par de trompadas a sus autores. A Hank, como prefería ser llamado, se le han impuesto etiquetas que él odiaría y que odia, sin duda, esté donde esté brindando hoy. Al también llamado “Santo Patrón de los escritores que beben y de los bebedores que escriben”, se le asocia a los beats, se le compara con Hemingway, Henry Miller o Louis Ferdinand Celine, o se le desprecia por soez e iconoclasta; se le acusa de machista, anarquista, prepotente, borracho, adicto apostador en las carreras, vago y peleador callejero sin ley ni medida. ¿Verdad o mito? ¿Escritor honesto o producto de la mass media? ¿Alcohólico sincero o clown borrachoso de sí mismo? ¿Literatura pura o distracción superflua?


La única manera de saberlo con certeza era preguntándoselo a él mismo, regresar al 9 de marzo de 1994, aunque sea unas horas antes de que muera; o ir a los 10 años precedentes y acompañarlo a dar un paseo en su Volkswagen, mientras disfruta su reciente fama en Los Angeles; volver con él a leer poesía en universidades alemanas en los años 80, enfrentado a mujeres que marchaban acusándolo de machismo; sentarme con él, desde el mediodía y hasta cerrar, en las peores cantinas; frecuentar a sus putas y respetar a sus mujeres; defenderlo en una pelea a trompada y cuchillo, o vagar con él en la Norteamérica de posguerra, como quien censa y almacena las emociones vivas de su nación; sentarme a beber en silencio mientras le daba duro y duro y duro a la máquina (la de escribir, no la de follar) combatiendo aquello que lacónicamente llamó el horror del horror del horror.


Por eso era difícil conseguir esta cita con él. Llamarlo y convocarlo para una entrevista de esas que tanto siempre detestó fue casi imposible. Llegar a él a través de John Martin, su editor por más de 40 años a través de Black Sparrow Press, también se hizo complicado. Por eso, la oferta cantinera de la ciudad de Lima era mi última oportunidad de lograr el encuentro. Y, al menos en la borrachera interminable de esta noche que me peina el cerebro desde dentro y desde ayer y desde cuatro botellas antes, parece que Hank ha aceptado. Por teléfono me aconsejó “beber, escribir y follar”, lo cual creo que significó un sí.

Sin embargo, esta misma ciudad de hoteles miserables, de calles infames, meretrices generosas y hombres destruidos, una ciudad que no es la Los Angeles que vio Hank, sino mi Lima, nunca tan mía, que es al mismo tiempo todas las ciudades del mundo, y todos sus sórdidos rincones, me hizo llegar al encuentro media hora después de lo pactado. Ya saben, el tráfico, Castañeda, y todo eso. Tal vez Lima pensó que para Bukowski el tiempo era, es y será (y sobretodo será) infinito. Él también había bebido algunas botellas antes.

Apenas entré al Cordano, ese bar limeño de pasado dulce y presente amargo, me dijo tibiamente sin mirarme.


- Me dan ganas de estamparte esta botella en la cabeza.

Me allanó en una.

- Pero Hank, ¿Por qué? Apenas me tardé unos minutos. Discúlpame.

- Unos minutos, dices. ¿Sabes? Todo, en algún momento de mi vida, ha llegado tarde. Los tipos como tú, desfilando ante mi con sus cámaras y sus grabadoras y toda esa mierda. Las jovencitas rubias de coños firmes han llegado muy tarde. Las cámaras han llegado muy tarde.

- Pero los disfrutas, lo importante es que lo disfrutes.

- Un día dirán “Bukowski ha muerto” y entonces seré descubierto de verdad, y me colgarán de brillantes farolas apestosas ¿Y qué? La inmortalidad es el estúpido invento de los vivos.

- ¿Y la fama?

- La fama no significa nada. No hace el trabajo por ti....


Seguir leyendo aquí

Extraido del blog CON EL CAÑÓN EN LA BOCA


jueves, 29 de julio de 2010

UNA ADIVINANZA BUKOWSKIANA


¿Quién ha escrito esto sobre la poesía del viejo indecente?

"Ciro Arbós ha hecho una excelente traducción del El amor es un perro del infierno, de Charles Bukowski, al que califica de “bestialmente sincero”. Y no le falta razón. Pero Bukowski es, sobre todo, un gran poeta, lleno de aliento vital. Su poesía, a pesar del tiempo transcurrido, está todavía en la vanguardia. Lo cotidiano, sobre todo el estercolero y la escombrera, cobra relieve siempre bajo una mirada ontológica y existencial. A nadie dejará indiferente la poesía de Bukowski"

domingo, 4 de julio de 2010

Un texto de Ray Loriga sobre Bukowski


HACE ALGUNOS AÑOS, dos creo, alguien me ofreció la oportunidad de entrevistar a Charles Bukowski en su casa de Los Ángeles. No pude. Me asustó la idea de ponerme delante de un hombre a quien quería realmente sin que él tuviera ni la menor idea. Había algo ilegítimo en ello. Y sobre todo, me dio miedo que pudiera darse cuenta de todo lo que le había robado. Supongo que él sentía algo parecido cuando pasaba de puntillas por debajo de la pensión en la que había vivido John Fante. Todos los escritores reconocemos miles de influencias, pero siempre le tememos al verdadero padre. Ahora que ya casi no me queda nadie, muerto Bukowski y muerto Carver, tengo la obligación moral de abrir mi maleta y empezar a sacar de ella todos los trajes que no son míos. No para devolverlos, sino para enseñarlos con orgullo antes de robarlos para siempre.

La muerte es algo tan idiota que no merece mayor comentario. La ausencia es un sentimiento egoísta que presupone posesión y la sola idea de poseer a los tuyos es tan ridícula como necesaria. Morirse es la última tontería, la más grande, algo tan estúpido como que las cosas tengan que ser redondas para rodar. La muerte es innecesaria como todo lo inevitable. Ahora sé que la muerte de Bukowski no me hacía ninguna falta. Teniendo en cuenta que era uno de los escritores peor leídos de todos los tiempos no estaría de más hacerse una pregunta: ¿de qué coño escribía Bukowski?

La respuesta es sencilla y es siempre la misma cuando se trata de grandes escritores.

Bukowski sólo escribía acerca de lo que verdaderamente importa.

El amor o la falta de amor y el miedo a casi todo. El miedo a quedarte mirando las palmas de las manos cuando ya no queda nada.

El miedo a los destinos que conocerán los trenes cuando uno ya no esté dentro.

.

.

Ray Loriga. Incluido en Días extraños

martes, 25 de mayo de 2010

PRÓLOGO DE 'LA GENTE PARECE FLORES AL FIN' (CHARLES BUKOWSKI). Por Eduardo Iriarte


(Extraido de la web de Eduardo Iriarte, escritor, traductor de Bukowski y autor del prólogo de esta edición de Visor)

Los minutos mutilados

Tras la muerte de Charles Bukowski el 9 de marzo de 1994, John Martin, editor del poeta desde los años sesenta, inició un minucioso trabajo de revisión de sus archivos, procesó que dio pie a la edición de varios volúmenes póstumos de poemas, desde Bone Palace Ballet, pasando por Lo más importante es saber atravesar el fuego o Escrutaba la locura en busca de la palabra, el verso, la ruta, hasta este La gente parece flores al fin. Aunque en un principio se especuló con la sospecha de que los herederos del autor intentaban lucrarse sacando a la luz una serie de manuscritos descartados, la crítica ha ido saludando cada una de estas nuevas entregas como otra colección a la altura de las que Bukowski publicara en vida, y este último poemario no es ninguna excepción. Resulta innegable que por este libro pululan los mismos fantasmas que siempre acecharon al escritor, las mujeres muertas, los amores intoxicados, los borrachos en su agonía, pero hay quizás un elemento que lo diferencia de entregas anteriores, y es la llamada —frente a la memez aceptada de la diversión obligatoria, la infantilización de la sociedad— a librar una guerra sin cuartel en defensa del minuto siguiente, por la sencilla razón de que esos minutos no tardarán en agotarse. A estas alturas, como los grandes poetas entre los que ya se cuenta, se esfuerza por captar la esencia del tiempo y fijar la realidad para que no desaparezca, por ingrata que sea en su fugacidad.

Aunque no se pueda hablar de una evolución del estilo, sí se intuye una tendencia a buscar cada vez una mayor simplicidad, a ceñirse a esas leves pinceladas que basta con dar a la realidad para que adquiera su justo valor. En ocasiones, vemos cómo el poeta casi se contenta con observar, sin añadir nada: «a veces no hay nada que decir / sobre / la muerte», sentencia, y sobre ese presupuesto, levanta un libro que se constituye en descripción y preparación para el tránsito definitivo.

Hay en esta colección algunas modificaciones sobre los mismos temas e incluso variantes —tal vez intentos sucesivos —, de poemas ya publicados, lo que demuestra su incesante labor de corrección, evidente en «Perros Salados», «vuestras» u «otro poema sobre un borracho y entonces te dejarán en paz», que aparecen con variaciones sutiles en la forma pero radicales en su concepción con respecto a las versiones de libros anteriores. El autor, que ya ha alcanzado la madurez y la ha dejado atrás, reconoce, como lo hiciera ante Al Purdy, poeta con el que mantuvo una interesante correspondencia, cómo no se puede «entusiasmar demasiado. He estado aguantando el tipo y trabajando y sin trabajar, en silencio durante un montón de años, y no me extrañaría un poco más de silencio, a la mierda. Estoy preparado para la tumba, y que el sol alumbre a los perros lamiéndose durante toda la eternidad».

Pero aceptar la merma, la mella del paso del tiempo, señalarla sin tapujos, no equivale a darse por vencido. No se aprecia aquí asomo alguno de claudicación pese a los años y los aprendizajes, aunque sí se observa incluso un intento de reconciliación con la denostada figura del padre maltratador, así como una tentativa de explorar su relación más allá del enfrentamiento evidente e insalvable, de buscar el origen del odio que siente por él. Otra deuda que reconoce en estas páginas es la que tiene con las mujeres de su vida, y para ello les escribe aquí canciones de amor sin ambages, pequeñas odas de despedida: «te he amado, mujer, / tan cierto como que te he nombrado / óxido y arena y nailon». Y pese a este amor sin tapujos, vuelve en ocasiones a la guerra perdurable contra la mujer —las sucesivas mujeres, confundidas como si todas fueran una misma en diversos periodos de su vida— que le hace sufrir. «maldito sea el amor ahora, / como maldito fue cuando / llegó en un principio. / … / mi reticencia / desaparecería / para siempre / y la sangre / manaría / la suya y la mía / tal como quería ella».

Su hija Marina es otro de los motivos que afloran en este libro, su relación ambivalente con ella, siempre impregnada del cariño sin límite por esa «flor que se mece al viento en el centro absoluto de / mi corazón…», versos de «Para mi hija» que no estarían fuera de lugar en un poema como «A mi hija», de Stephen Spender. Y puestos a buscar similitudes con este poeta, a quien en otra parte reconociera como una de sus múltiples influencias —al igual que Camus, Hemingway, Céline, Kafka, Auden, Pound y muchos otros que van desfilando por estos poemas—, «Los ahogados», del autor británico, no dista mucho en tono y temática de «travesía», en su loa a «todos los amantes solitarios muertos».

No es fortuita la apelación, si quiera de pasada, a los escritores que vinieron y se fueron antes que él, pues algunos poemas de este libro suponen el reconocimiento de la partida inminente, lo que le otorga un peso mayor si cabe. Llegado el momento de hacer balance, su tono sigue siendo parco y distante, su temple, envidiable: «soy / una serie de / pequeñas victorias / y grandes derrotas». Bukowski ha encontrado su sitio definitivamente, el mismo que siempre había venido ocupando, ahora suyo por derecho propio: «ser capaz de rascarte y / mostrar indiferencia es victoria / suficiente. / esas mentes estreñidas que buscan / un sentido más alto / serán despachadas con el resto / de la basura. / tómatelo con calma. / si hay luz / ya te / encontrará». A su edad, no teme señalar lo que ve ni refutar a los grandes: «así es como / viven y mueren / los hombres: no a la manera de Eliot / sino / a la mía, a la nuestra, / quedos cual ala plegada».

Es como si el poeta ya hubiera estado allí, y estuviera en situación de decirnos lo que cabe esperar: «hay que morir unas cuantas veces antes de poder / vivir de verdad», sin jactarse, pero sin adornar ni amortiguar nada tampoco: «la vida en sí no es el milagro. / que el dolor sea tan constante, / ése es el milagro. / … / el dolor es la alegría de conocer / la más cruel de las verdades / que llega sin / avisar. / … / la vida es estar solo / la muerte es estar solo».

Pero si algo destaca en este último volumen es la sensación acumulada del paso del tiempo, su marchamo siempre palpable en algún verso del poema: «soy viejo / pies de pirada han hollado / los suelos de limpia paja / de mi alma / y los canarios ya no cantan». A pesar del desprecio a la vida del que siempre parece haber hecho gala Bukowski, de sus coqueteos con el suicidio y del hastío que a veces parece destilar, es más que notable su atención al transcurrir del tiempo, al paso del instante único, y la honda tristeza que eso conlleva.

En este sentido, «el minuto» es probablemente uno de los mejores poemas de toda su obra, una declaración de principios, una llamada a las armas contra el desperdicio del tiempo socialmente aceptado y fomentado, una denuncia de cómo se «mutilan minutos / horas / días / vidas», y al mismo tiempo, una furibunda declaración de principios: «luchar por cada minuto es / luchar por lo que es posible en / tu interior / de manera que tu vida y tu muerte / no sea como la / suya. / no seas como ellos / y / sobrevivirás. / minuto a / minuto».

Versos así, capaces de transmitir una verdad simple de manera tan concisa y descarnada, aquilatada a fuerza de los intentos de toda una vida, justificarían un libro de aforismos: «tú también averiguarás que / nos hemos equivocado / todos de asunto / y si no sabes a / qué me refiero / es que no sientes la / tristeza en el aire», pues es probablemente en estas páginas postreras donde asoma el mejor Bukowski aforístico obstinado en sus certezas: «la única definición de / Verdad (que cambia) / es que es esa cosa o acto o / creencia que rechaza / la muchedumbre», o, «el recuerdo es una triste excusa para el presente». Da la sensación de que, con el paso de los años, y a pesar de su prolijidad, es capaz cada vez en mayor medida de condensar conocimientos y dejar máximas medio escondidas en los poemas: «los hombres más fuertes son los menos / y las mujeres más fuertes también / mueren solas», o bien «no nos merecemos nada / y eso es lo que tenemos / ahora».

Es precisamente la certidumbre de saberse asentado y reconocido lo que le permite afirmar que «la vida de cada cual es muy corta para / encontrar significado y / todos los libros casi un / desperdicio». Se confiesa derrotado en su empeño una vez más, a pesar de barruntar que ya ha alcanzado eso que él considera la inmortalidad, a pesar de haber puesto un pie en la posteridad a fuerza de descaro y tesón. «La sabiduría para dejarlo / es lo único que nos queda», afirma. Pero Bukowski sigue adelante, ajeno ya a los homenajes, que teme y desprecia por igual: «cabrones, aunque leáis esto mucho después / de mi muerte, / olvidaos de mí. / probablemente no era / tan bueno». Se trata ya de evidentes preparativos para sus exequias: «ojalá en algún funeral / alguien dijera: “¡qué tipo tan odioso/ era!”. / incluso en mi funeral / que haya un poquito de verdad, / y luego la buena tierra / limpia».

Poco tiempo después de escribir esos poemas, cincelarían en su lápida el epitafio Don’t try, no lo intentes. Pero también podríamos encontrar otros epitafios del mismo calado en estas páginas: «ceniza / sólo me queda pura / ceniza / primero nos meamos en el corazón / ahora nos meamos en la ceniza».

La gente parece flores al fin. Según sus herederos, aquí termina la exhumación de poemas de los archivos de Charles Bukowski. Ahora se puede hablar de que su obra está por fin completa, y cabe someterla en su totalidad al juicio de la crítica y los lectores. Al ir alcanzando el final, el poeta dice: «la muerte me entra en la boca / y me serpentea por los dientes / y me pregunto si me asusta / este morir sordo y apenas triste que es / como el marchitarse de una rosa». Ha llegado el momento de volver atrás y releer sus escritos, desde el principio, tal vez empezando por un libro como Atrapa mi corazón en sus manos, o por un poema que comienza con la invitación: «Bienvenido a mi infierno agusanado».

viernes, 21 de mayo de 2010

LAS MUJERES DE BUKOWSKI. Sergio Sauce

Tras la sombra de Bukowski

[Publicado en El Viajero de El País]


Un repaso a los lugares que marcaron la vida del escritor maldito de las letras norteamericanas en Los Ángeles

SERGIO SAUCE - 04/05/2010

La sombra de Charles Bukowski (1920-1994) se extiende por toda la ciudad de Los Ángeles. Era un viejo indecente, todo el mundo lo sabía. Un ludópata, un alcohólico y, en demasiadas ocasiones, un violento. Un canalla, en suma. Y, sin embargo, acodado en la barra del Frolic Room, se mostraba como alguien totalmente inofensivo. Es aquí, en la confluencia de Hollywood Boulevard y Vine Street, donde empieza el recorrido por algunos de los lugares que marcaron la vida del escritor maldito de las letras norteamericanas. En la calle hay mujeres, ruido y trapicheos. En el bar también. A sólo un par de manzanas está la tienda donde Bukowski solía ir a comprar cervezas. Este siempre fue uno de los lugares favoritos del poeta.

Bukowski era un mentiroso. A veces contaba que nació en California, pero en realidad lo hizo en Andernach, Alemania, en 1920. Hijo de inmigrantes, dio sus primeros pasos en el número 4511 de la calle 28 oeste de Los Ángeles. Hoy la casa la habita una joven pareja norteamericana. Luego se mudó. Y así una y otra vez. De pequeño nunca se planteó qué quería ser. De mayor tampoco, confesaría después.

Pregúntale al polvo

Bukowski pasó la adolescencia en el 2122 de Longwood Avenue mientras estudiaba en el Mount Vernon Junior High, un imponente edificio de cemento típicamente americano. Frustrado, con la cara llena de granos, era un chico tímido, callado y solitario. No tuvo ni novias ni amigos.

En 1939 se graduó en Los Ángeles High School, como cuenta en su novela La senda del perdedor, y entonces fue cuando todo cambió. Una tarde, ojeando las estanterías de la Biblioteca Pública de Los Ángeles, en West 5th Street, descubrió Preguntale al polvo de John Fante y, con él, el realismo sucio.

Fue acumulando trabajos uno tras otro como cromos de una colección. Escribió alguna poesía, algún relato breve, pero no fue hasta los 51 años cuando vio que podía ganarse la vida con la máquina de escribir y publicó su primera novela, Cartero.

Entre tanto encontró un empleo como funcionario de correos en la Terminal Annex del centro (inspiración para su debut) y se casó con Barbara Frye, alter ego del personaje de Joyce en Cartero. La relación no duró demasiado y al poco tiempo se divorciaron. Después conoció a Frances Dean, en el hostal 1623 de North Mariposa Avenue, un lúgubre antro del Hollywood este. Con ella tuvo a su única hija, Marina, que nació en 1964.

Un hombre afortunado

Bukowski era un hombre muy poco atractivo y no fue hasta que empezó a tener éxito como escritor cuando las mujeres comenzaron a acercarse a él. Como la relación con Frances Dean tampoco cuajó, conoció a la escultora Linda King, con la que mantuvo una turbulenta aventura de amor, maltrato, gritos e infidelidad durante varios años. Juntos se instalaron en un chalet en De Longpre Avenue y más tarde se trasladaron a Edgerwater Terrace, en el barrio de Silver Lake. Con ella no se casó, pero sí con Linda Lee Beighle, que se convertiría en su última pareja.

Los 70 fueron una buena época para Bukowski. Empezó a ganar nombre como escritor y, con él, mucho dinero. Además de las apuestas, se permitía el lujo de ir a comer en el restaurante Musso & Frank Grill, uno de los más populares entre las estrellas de Hollywood. Allí solía pedir cordero y vino blanco dulce para acompañar. Lejos quedaban los años de malvivir, pasando de pensión en pensión, de casa en casa, y para gastar sus últimos años Bukowski se trasladó a San Pedro.

Fue su época más tranquila. Pasaba las tardes en el hipódromo de Hollywood Park. Por las mañanas se dedicaba a escribir poesía en el patio de su casa y comenzó a recoger gatos de la calle. Aunque había llevado una vida de excesos, disfrutó una considerable buena salud hasta el final. Tras recibir quimioterapia en el tratamiento contra la leucemia, Charles Bukowski murió el 9 de marzo de 1994 en el hospital San Pedro Peninsula. Cinco días después fue enterrado en el cementerio Green Hills Memorials Parks, en el Rancho Palos Verdes.

martes, 4 de mayo de 2010

BUKOWSKI. Miguel Ángel Sosa

Origa


A Patxi Irurzun y Roger Wolfe


Tú sabes
muy bien
viejo zorro borracho
rey del verso
como filo de navaja oxidada
indiferente maestro
en esta repetitiva
nauseabunda lobotomizante
ceremonia
de soplapollas estresados
son potentes las minas
que dejaste sembradas
en tus páginas.

Tú lo sabes muy bien
ese legado de escupitajos
y soberbias cagadas
en los hocicos de la
realidad bienpensante
esas vomitonas líricas
en un mundo
sin poesía
o tal vez sin otra
poesía
que la que a veces disfrutamos a solas
con el bendito dolor
de la lucidez
son potentes las minas
que dejaste enterradas
en tus páginas

Tú lo sabes muy bien
ese odio puro como el whisky
destilerías clandestinas del odio
es tu legado
ese llamar a las cosas
por el nombre
que no se les quiere dar
en un mundo
de polladas sublimes
políticamente correctas
auspiciadas por legiones
de espantapájaros
y cretinos mamarrachos
a punto de estallar
en llamas
como todo el planeta
cualquier día
son potentes las minas
que dejaste sembradas
en tus páginas

Tú lo sabes muy bien
cabronazo de sonrisa
ebria y desventrada
empapado en vinazo barato
ese gustazo de mearse
cagarse en
los crucifijos
la cara de los políticos
banqueros
abogados
policías
en fin
de los de siempre
cagarse a carcajadas por escrito
y encima hacerse rico
qué bien lo hiciste
grandísimo hijoputa
abuelo
apócrifo
de los desesperados
que teclean

http://lucesclandestinas.blogspot.com/

martes, 27 de abril de 2010

PÁJARO AZUL. BUKOWSKI




hay un pájaro azul en mi corazón que
quiere salir
pero soy duro con él,
le digo quédate ahí dentro, no voy
a permitir que nadie
te vea.

hay un pájaro azul en mi corazón que
quiere salir
pero yo le echo whisky encima y me trago
el humo de los cigarrillos,
y las putas y los camareros
y los dependientes de ultramarinos
nunca se dan cuenta
de que esté ahí dentro.

hay un pájaro azul en mi corazón que
quiere salir
pero soy duro con él,
le digo quédate ahí abajo, ¿es que quieres
hacerme un lío?
¿es que quieres
mis obras?
¿es que quieres que se hundan las ventas de mis libros
en Europa?

hay un pájaro azul en mi corazón
que quiere salir
pero soy demasiado listo, sólo le dejo salir
a veces por la noche
cuando todo el mundo duerme.
le digo ya sé que estás ahí,
no te pongas
triste.

luego lo vuelvo a introducir,
y él canta un poquito
ahí dentro, no le he dejado
morir del todo
y dormimos juntos
así
con nuestro
pacto secreto
y es tan tierno como
para hacer llorar
a un hombre, pero yo no
lloro,
¿lloras tú?

lunes, 26 de abril de 2010

EL SENTIMENTALISMO DE BUKOWSKI Y LAS GILIPOLLECES DE LA CRÍTICA. Miguel Ángel Sosa.


Voy a ejercer de crítico de la misma manera que hace años ejercí de camarero: sé poner copas, pero me gusta más bebérmelas. Y soy poco tolerante con la gilipollez humana en general, lo cual definitivamente me inhabilita –en progresión geométrica, esto va con la edad- para hacer de camarero, y tal vez de crítico. Pero a lo que iba: puedo aguantarlo casi todo, excepto la falsedad y las poses de tipo duro; esto viene a cuento de una entrevista que leí en El País en la que Nick Cave decía que la poesía de Bukowski le parecía terriblemente sentimental. Eso es más que matizable, puesto que la poesía es básicamente sentimiento, vuelo lírico, percepción del mundo, estado de ánimo, expresión del espíritu, y no álgebra ni química ni matemáticas comparadas. O al menos así lo veo yo. Sobre esto no se ha puesto nadie de acuerdo todavía desde los tiempos de la Poética de Aristóteles, aunque haya sesudos académicos empeñados en enfangarse en un debate con menos sentido que follar haciendo el pino –y hay quien lo hace-. Pero que alguien como este músico australiano diga semejante memez, teniendo en cuenta que ha cantado letras de gente como Leonard Cohen –que también es “terribly sentimental”- y se ha forrado con ello, me parece fuera de lugar. Sobre todo porque, por ejemplo, un poema como “Bluebird” –de Bukowski-, si llega a parecer sentimental –y no hay nada de malo en ser o parecer sentimental, somos seres humanos y no jodidas máquinas, que es lo que les gustaría a los que todos sabemos-, es por el grado de desesperación con que describe lo inhóspito de la realidad que el poeta vive y percibe. Estamos hablando de alguien que se pasó más de media vida prácticamente tirado en la calle, vagabundeando de trabajo en trabajo, sin un dólar en los bolsillos, alcoholizado perdido, y a quien la literatura, que es sin duda la cenicienta de las artes, le salvó la vida e hizo que muriera rico, en una casita cercana a la playa y acompañado por una mujer que debió ser maravillosa para aguantar las melopeas del maestro. ¿Sentimentalismo? ¿Y qué? ¿Es que las personas que muestran sus sentimientos son inferiores a los que van de gallitos-de-vuelta-de-todo por la vida? ¿Es que quien lee una novela romántica de Danielle Steel es de una categoría espiritual, o moral, o cultural, inferior a la de quien es capaz de tragarse a Proust sin respirar, o a quien flipa con una novela de Mickey Spillane (el creador del detective Mike Hammer)? He visto a policías llorar como críos por haber tenido que disparar, con resultados mortales, a un atracador a mano armada en mitad de una calle de Madrid. ¿Son por eso menos policías, menos hombres? (El que paga las nóminas y da las órdenes, por supuesto, no se pringa). Pero sobre todo he visto, y veré, a críticos literarios utilizar la frase “demasiado sentimental” al referirse a la obra de un autor del que probablemente no han leído una línea en su puta vida de lacayos pesebreros, salvo lo que hayan ojeado en la Wikipedia. Así es crítico literario cualquiera, coño. Y encima cobrando. Oír que Romeo y Julieta de Shakespeare es “demasiado sentimental” es de esas cosas que lo encienden a uno. Como decía Fernando García Tola en sus articulillos de El mundo, “hostia, es que dan ganas de agarrar la escopeta y liarse a tiros”. No se puede ser más gráfico. Ni más mediterráneamente certero. Por mi parte seguiré escuchando boleros, aliñados con Chopin y los Sex Pistols, cuando me salga de la bendita punta del cogollo del meollo del bollo del cimborrio. Y mezclando el bourbon de William Faulkner con la leche de Bárbara Cartland; el cóctel merece la pena. Viva el mestizaje. Porque todas las opiniones son respetables hasta que dejan de serlo, hasta que insultan la sensibilidad de gente que tiene sus limitaciones, como todo el mundo, y no entiende por qué un señor de prosa estreñida y solemne dice que su autor o autora favorita solo escribe mierda sentimentaloide. Pues bien; mejor esa mierda sentimentaloide que las sesudas gilipolleces de alguien que escupe veneno por un colmillo porque no tiene ni talento –lo cual es disculpable- ni los cojones de admitir que no tiene talento –lo cual ya es imperdonable, además de una falta de educación-. Y que no se metan con Bukowski; los enanos mentales no pueden discutir con el Himalaya, aunque se trate de un borracho de cuidado que no hará gala de una gran prosa –y eso según-, pero que a muchos, en momentos difíciles, en esas encrucijadas que la vida nos presenta, cuando nos sentíamos perdidos, sin afecto, incomprendidos y encima sin un duro, supo guiarnos a la luz de un cinismo guasón perfectamente salvavidas. De modo que un respeto por el sentimentalismo. Y ahora me voy a ver Casablanca por 96ª vez, y que un diplodocus le de mucho por retambufa a ciertos plumíferos implumes de los que pululan por los suplementos ¿culturales? de los periódicos. Ite, missa est.

Del blog Luces clandestinas, del escritor sevillano Miguel Ángel Sosa.

lunes, 19 de abril de 2010

PARADOJAS DE CHARLES. Alexander Vórtice


Cuentan, a modo de anécdota que casi es leyenda, que cierto día el escritor Charles Bukowski se encontró mal, con problemas de salud, quiero decir. Acudió al médico, no sin antes meditarlo muy detenidamente, y tras una revisión minuciosa, el doctor acordó recomendarle que dejase la bebida, un vicio diario en el escritor, y que de no ser así, aseguró el doctor, su hígado “reventaría en mil pedazos con tan sólo tomarse una única copa de vodka más”. Después de esto, la disposición del siempre pesimista Charles fue asombrosa, a la vez que sumamente decadente, pues se dijo a sí mismo: “Me tomaré varias copas, y dejaré este mundo desalmado que tanto nos envenena”. Y fue lo que hizo nada más llegar a su pensión de mala muerte: bebió y bebió, copa tras copa, día tras día, hasta el punto en que esto continuó así durante más de treinta años desde el encargo médico, que fue cuando finalmente murió el decepcionado y sorprendido poeta maldito, no sin antes convertirse en un mito, en uno de los poeta norteamericanos más acreditados e imitados de todos los tiempos. Paradojas de la vida, me dije yo al conocer esta historieta, extravagancias de la vida que se ríe de nosotros, a veces, de una manera tan prodigiosa, que hasta produce aversión y risas. Presumo que este acontecimiento también fue hondamente decisivo para la extensa obra del poeta y novelista, una obra decrépita, singular, borrachina y, a su vez, no carente de contradicciones y realismo trascendente. Viene a cuento esta historia que realmente no sé cuánto posee de aautenticidad, pero que bien sabemos que podría ser irreprochablemente cierta, a las vueltas, los giros y los contrasentidos rotundos que en ocasiones da la vida que nos ha tocado vivir; a veces estás ahí, paralizado como un pato-momia, en el estanque, sin esperanza y sin ganas de nada, y es entonces cuando sucede algo que rompe de manera absoluta esa quietud, esa desidia. Tal vez eso lo más asombroso de la existencia: el saber que el que resiste, vence. La vida complaciente que nos otorga la actual sociedad en la que sobrevivimos nos dice lo contrario, nos hace pensar, de manera directa o indirecta, que hay que vivir el momento a base de disfrute constante, sin decirnos que las cosas buenas, las que sí valen la pena, suelen venir de manera pausada, con tiempo, también con angustia, y que incluso, para conseguirlas, tenemos que mostrarnos invariables, y ceder cosas de nosotros mismos que jamás hubiéramos deseado ceder: “El que algo quiere, algo le cuesta”, que se suele decir prosaicamente para explicar este tema. Porque, si se lo preguntan detenidamente, ¿qué hubiera sido de la hegemonía literaria de Charles si su médico hubiera estado en lo cierto?

Artículo aparecido en Diario de Pontevedra