domingo, 29 de septiembre de 2019

EL TAROT DE MIGUEL ÁNGEL MARTÍN



Miguel Ángel Martín ha creado su propio tarot, a imagen y semejanza de su obra, provocadora y sexualmente desinhibida. Este tarot, pasional y crudo como la propia vida, representa los veintidós arcanos mayores y los cincuenta y seis menores.


miércoles, 25 de septiembre de 2019

EL TIEMPO DE LOS ASESINOS




Cada cierto tiempo asciende del infierno al purgatorio algún profeta, un visionario que embriaga con palabras, que escupe fuego y se desnuda y abrasa al mundo en sus pasiones, un ángel caído que recorre las calles con su pluma y hace de la tragedia humana una canción, un himno de vida y sentimiento que sublima en poesía nuestro absurdo.

Este ensayo es un rendido homenaje a estos pioneros, alquimistas del lenguaje que hicieron arte de sus vidas, rompiendo tabúes y abriendo nuevas vías de expresión, para demostrar que la literatura no es solo un ejercicio de estilo y de retórica, un juego de señoritas, sino también, y básicamente, un arma de lucha y subversión.

Vicente Muñoz Álvarez

*

Semblanzas de: J.K.HUYSMANS, OSCAR WILDE, G.I. GURDJIEFF, ARTHUR MACHEN, H.P. LOVECRAFT, LOUIS FERDINAND CÉLINE, HENRY MILLER, MALCOLM LOWRY, DYLAN THOMAS, WILLIAM S. BURROUGHS, JACK KEROUAC, CHARLES BUKOWSKI y RAÚL NÚÑEZ.


Edición en papel:


Booktrailer:


martes, 24 de septiembre de 2019

EL CALENDARIO DE DIOS: Rubén Castillo.




«Dicen que cada ser humano atesora en su alma, lo sepa o no, una cualidad que lo hace único, un don asombroso que con suerte terminará aflorando en algún instante de su vida o que, por desgracia, morirá en silencio dentro de su espíritu».

Tal vez Horacio hubiera preferido que ese don muriera en silencio y escondido. Tal vez, de ese modo, hubiera concluido sus estudios de filosofía, hubiera encajado en la adinerada familia de su preciosa exmujer, los problemas del anciano Matías le hubieran sido del todo irrelevantes por desconocidos y hubiera disfrutado de una existencia anodina pero relajada.

Sin embargo el don afloró cuando apenas había dejado atrás la adolescencia, y aunque siempre procuró seguir a rajatabla los consejos de su guía y mentor, una decisión precipitada en un momento de flaqueza lanzó la bola de nieve que comenzó a perseguirle ladera abajo hasta convertirse en alud.

Rubén Castillo cruza la línea para mostrarnos, desde el punto de vista de un ‘Elegido’, la soledad, la incomprensión, el desarraigo, el miedo, la carga y la responsabilidad a que se ve sometido quien ostenta un poder que ni quiere ni ha pedido.



lunes, 23 de septiembre de 2019

HASTA QUE NADA QUEDE: José Antonio Martínez Muñoz.



HASTA QUE NADA QUEDE

Poesía reunida 1978-2019. Volumen I

José Antonio Martínez Muñoz

Nació en Murcia en 1959. Periodista de la emisora pública de radio Onda Regional de Murcia donde además dirige y presenta el programa de poesía Las personas del verbo.

Ha publicado moanin’ (some blues) (1999); un nocturno para saxo y otros poemas (2000); la lluvia en el cristal (2000); médanos (2001); nada, nadie (2002); uno (2003); naufragio (2005); el viento de la Gehena (2005); y la moneda (2007). Ha reunido sus versiones y traducciones en traiciones, volumen no venal (2005 y 2009).

SINOPSIS

Se recopila en Hasta que nada quede toda la obra poética publicada del poeta José Antonio Martínez Muñoz desde 1978 a 2019.

OTROS AUTORES HABLAN DEL VOLUMEN:

“Estamos ante un poeta que desde el amor y el conocimiento de la tradición abre la puerta al poema para que se entienda y comunique con su tiempo. Estamos ante el bluesman de la palabra que va dejando fluir su estilo según las épocas, los asuntos que le ocupan, los dardos que todo hombre recibe en su discurrir por la vida y donde va latiendo y asomando de modo muy especial la mirada hacia un mundo que cambia velozmente y con poca frecuencia en la dirección que el poeta hubiera deseado.” 

León Molina


viernes, 20 de septiembre de 2019

UN POEMA de LUIS MIGUEL RABANAL




CASI CON temor me acerco
a la rara ilusión y al vacío necesario.
Vidrios de colores que romperle
en su nariz al último cobarde
que desgaja mis piernas sin ahínco.
Con acritud, el enfermo
recoge sus grises toallas
empapadas de plasma y de sudor,
o cree en su ternura como en fusiles
de cartón que fueron suyos.
Una noche más que acaba
inútilmente con mi fuego.
Escribo entonces al azar
en otra carne que escuece
tanto herir.


Luis Miguel Rabanal


jueves, 19 de septiembre de 2019

SIEMPRE ESTARÁS BIEN por FELIPE J. PIÑEIRO




Siempre estarás bien
aunque sea estrecha esta, tu celda,
ganes o no,
falso o cierto,
del ajedrez, el mejor,
el peón.
del juego la improvisación,
el movimiento,
de la vida la realidad,
el acto.
Quisieras volver,
pero la consecuencia de ello
conlleva demasiados significados.


Felipe J. Piñeiro, del libro En dirección contraria (2019)


jueves, 12 de septiembre de 2019

LA OFRENDA Y EL FUEGO por JULIA ROIG



Me tenso en los extremos 
que no vengo a negarme
sino a ser descarada
hasta que tus miradas me sepulten

Describir la raíz que me inunda
desde el dique que rompo
por el habito de libar herrumbre
grieta, noche
y ser hallazgo

Saliva o halo de luz
guía
sin más perfume que el de la carne
Una estirpe de intentos de caricias densas
con los que elevarse
y fabular el combate con uno mismo

Magia negra de aprenderse antes de tiempo
y darse ramas de sol
antes de llovernos
en los mataderos del deseo

Braceando en las dunas
pero ceñida por todos los mares
Yo quiero tocar la palabra por dentro
y ser la ofrenda y el fuego
Ser la nuca encañonada en cada vuelo
y estar muy vivos
Eternos y desconocidos
Desprotegerme habitando la incomodidad
Tenerme en la ebriedad de las palabras
antes de la caída en picado

Sin mapas,
llegarse como único rito
cabalgar el dominio una vez
sin drama

como el que diluye el mármol con un susurro


Julia Roig, del blog Miss Desastres Naturales.


miércoles, 11 de septiembre de 2019

SEDENTARISMO APLICADO por JOSÉ YEBRA



no disminuyó el amor
por la evidente ausencia de sufijos
no
quizá era sólo el devenir
de los tiempos
ese que no se ciñe al arnés
de dos mil y pico años
de contrición contra natura
no
y las tribus vuelven a ser nómadas
con la convicción
de astuta pertenencia
a este suelo que nos acoge
que no es mío
no es tuyo
y es de ambos a la vez
porque la dificultad de la ira
deviene de ese exceso de posesión:
ese miedo a morir inútilmente
como si la revelación de nuestros pasos
se moviese en paralelo a toda
rotación planetaria
no
volvemos a madrugar
entre opiniones y cafés
bien cargadas
bien cargados
y nos miramos incrédulos
porque nadie jamás
se atreverá a estirar su brazo
ofreciendo una mano
condescendiente
amiga altruista
del nido del olvido
para así cerrar
de una vez
y para la eternidad
el círculo humano 
y sus consecuencias 
o no


José Yebra,
de Sedentarismo aplicado
(Suburbia Ediciones, 2019)



martes, 10 de septiembre de 2019

LA CIUDAD QUE TE HABITA: Javier Vayá Albert.




Libro de relatos conceptual que gira en torno a la ciudad como ente amenazante y fagocitador del ser humano. El estilo mezcla realismo social, a veces sucio, con cierto tono fantástico cercano al extraño-cotidiano. A lo largo de los dieciséis cuentos se repiten ciertas situaciones o reflexiones de los personajes con la intención de dar continuidad y favorecer la atmósfera claustrofóbica. Un hombre que se pierde en la ciudad, una pintora con sinestesia, un asesino de niñas, un duende, una viuda o un viejo policía obsesionado con el elevado índice de suicidios, son algunas de las historias que conforman La ciudad que te habita. Cada una de ellas es un transeúnte que se cruza con otro, quizá relacionado o no.

Bajo el marco de la crisis económica, la obra posee un marcado tinte de denuncia social mientras transita por distintos géneros y derroteros. La ciudad es una Valencia disfrazada, parcheada por retazos de otras ciudades, que actúa como personaje principal asfixiante y catalizador de la existencia de sus habitantes. Hasta el punto de ser esta la que termina por habitarlos.



viernes, 6 de septiembre de 2019

SOBRE TRAVESÍA




Travesía (Chamán Ediciones), el que creo es el mejor libro del poeta Vicente Muñoz Álvarez. Una poesía crítica con la existencia desde una poética de huida, en busca de esa puerta enclavada en la realidad: “y esa enigmática clarividencia a veces… a veces…” Fragmentos, trozos, poemas en prosa de gran belleza. Muñoz Álvarez es literatura. 

Enrique Villagrasa 

Libro rico en metáforas, referencias literarias, referencias a sus libros anteriores, pleno de vida, nos sugiere navegar por sus páginas convirtiéndonos en los capitanes de nuestros propios navíos, pues esa es la enseñanza de un libro tan pleno, tan redondo como Travesía, debemos tener la plena consciencia de ser nosotros mismos, de no perder nunca el rumbo. Y quién mejor para mostrárnoslo que un viejo lobo de mar como Vicente Muñoz Álvarez. 

Pablo Malmierca 

Con este libro lleno de jalones cartográficos vitales, Vicente Muñoz nos lleva del lado del alma nómada (sabiendo que el nómada es un alma que persiste en un mismo territorio, esto ya lo dijo Deleuze), con un estilo tabernario en lo rotundo y festivo pero también de sutil –y marinera- melancolía. 

Esther Peñas 

Hacía tiempo que una lectura no me emocionaba tanto como Travesía de Vicente Muñoz Álvarez. Es difícil encontrar algo hoy en día con ritmo poético que te impacte y te haga reconocerte a ti mismo como este libro. Hacia varios años que no me llegaba tanto un libro de nuestra tierra... Un regalo, sin duda, a los sentidos. Una vez más, ante Vicente, me quito el sombrero. Simplemente, brutal. 

José G. Cordononié 

La variada polisemia del título de la obra hace que cualquier lectura de los capítulos sea doble: coherente con el texto y entre sí, formando una armonía con la temática general. Las narraciones se distribuyen entre la enumeratio y la narratio, con sus exigencias creativas. El trasfondo creador es un vendedor de zapatos con sus esclavitudes, que recuerda las excelentes lecturas de ciertos autores bajo la forma de líricos fragmentos, buscando una idea unitaria. 

Nicolás Miñambres 

En Travesía, Vicente Muñoz mira hacia el pasado, o hacia el mismo presente, desde un instante en el que el tiempo —pero no el movimiento— se detiene. Se pregunta el autor desde ese punto por el posible acierto, o no, en los caminos tomados, y por el ‘que hubiera sido si…’ de los caminos obviados. Respuestas que generan nuevas preguntas, y nuevas preguntas, a su vez, que surgen dentro de las mismas respuestas. 

Luis Sánchez Martín 

El nuevo libro de Vicente Muñoz Álvarez, Travesía, pone el foco a los estados de desánimo, los desengaños, el paso del tiempo o el tiempo detenido, un canto a la ciclotimia y la desorientación. Página a página se va cavando un boquete en el pecho del lector, se levanta el viento y nos abrazamos a nuestra propia Babilonia, reconociendo nuestras ruinas.

Julia Roig 

Vicente Muñoz vuelve a sumergirse en el viaje de su vida en este nuevo libro, el segundo volumen de la trilogía La llama encendida, que inició con Días de ruta (Lupercalia, 2014). Aquel primer paso para narrar la aparente dialéctica de sus dos oficios- comercial de calzado y escritor- ha desembocado en Travesía, un itinerario existencial que se abre con su habitual prosa poética a esos detalles íntimos que aderezan su escritura, nutrida de esos dos polos totalmente antagónicos: el alienante mundo del capitalismo y el de la ensoñación del poeta, más reflexivo e introspectivo. 

Camino Sayago 

Disfrutando de Travesía visitando lugares comunes desde la intimidad de la palabra, la ensoñación, el corazón abierto; saboreando el paseo por el lado más poético de la vida de la mano de Vicente Muñoz Álvarez. Un libro con una cuidada edición; un cofre repleto de delicadas perlas. 

Julia Navas Moreno 

Hay dos palabras que me obsesionan: honestidad y valentía. Eso es lo que más me gusta de Vicente. Y las incesantes preguntas, y el anclaje tan arduo al presente, y la fugacidad de la maravilla, y lo incontrolable y oculto que hay en nosotros, en mí… Una travesía para la que yo también tengo billete. 

Ana Grandal

Travesía, a pesar de su nombre, no es un libro de viajes. Es un libro que narra el viaje de una vida, el de cualquier vida, el de la tuya o la mía. Y la del autor, por supuesto, con todo lo que de audaz tiene el acto de asomarse a uno mismo para dolerse y alborozarse, para comprenderse y malinterpretarse, para sorprenderse incluso al ver que la imagen que devuelve el espejo nada tiene que ver con el propio rostro. 

Pablo Cerezal



miércoles, 4 de septiembre de 2019

PRESA FÁCIL por SAMUEL BRESSÓN



Comprendíamos el sexo de la misma forma; sin ningún tipo de tabú ni apenas límites. Sin embargo lo que a Sandra realmente le ponía, lo que la motivaba por encima de cualquier otra cosa, era hacerlo en lugares públicos. A mí también me gustaba pero para ella suponía el súmmum del morbo y la excitación. Cuando lo estábamos haciendo en algún lugar, en el que podía sorprendernos alguien en cualquier momento, su rostro se transfiguraba. Su respiración se aceleraba furiosa. Todo su cuerpo era presa de un estremecimiento febril que se apoderaba de ella y la poseía. La misma noche que nos conocimos me había abierto la bragueta en la Plaza Mayor de Palma, a las tres de la mañana, y me la había chupado allí mismo, sin previo aviso. Con aquello me estaba mostrando por dónde iban a ir los tiros aunque ni en mis más delirantes sueños habría sido capaz de imaginar hasta qué punto iba a ser así. Tres meses después lo habíamos hecho en todos los lugares imaginables, incluso para mi imaginación que ya es bastante retorcida. Aseos de bares, de restaurantes, en la última fila del cine en sesión nocturna, en callejones, en probadores de tiendas, en el ascensor... A veces, volviendo a casa de madrugada de borrachera, nos metíamos en algún portal que estuviera abierto y lo hacíamos en la escalera entre dos pisos. El problema mayor con aquello era que su grado de excitación no se mantenía estable en un determinado grado de riesgo. Con esto quiero decir que si le gustaba hacerlo en probadores de tiendas no iba a ser siempre así. Llegaba el momento en que le sabía a poco y necesitaba, por así decirlo, pasar al siguiente nivel. Y yo no sabía si aquella escalada tenía un fin, o por lo menos un fin que no implicara cárcel. Y en el caso de que lo tuviera ¿qué sucedería después? ¿Una vez traspasados todos los límites iba terminar la relación? Aquellas cuestiones me intrigaban aunque no sabía cómo exponérselas, sin que resultara ofensivo, y simplemente me dejaba llevar. Debo reconocer que era un juego en ocasiones bastante arriesgado pero muy excitante y divertido. Yo me hallaba en un período de mi existencia en el que sentía que ya no me quedaba nada que perder y todo era ganancia. No estaba dispuesto a renunciar a experiencia alguna que me atrajera por inconveniente que resultara. De hecho cuánto más cerca andaba del límite más vivo me sentía, como si la muerte me fuera a atrapar si me quedaba diez minutos sentado sin hacer nada. 

Sandra llevaba tiempo insistiendo en que quería hacerlo en un autobús. Yo le decía que aquello me parecía logísticamente imposible pero ella insistía en que se podía. La cuestión es que el asunto se había ido posponiendo hasta que, una mañana yendo en bus hacia la playa, me cogió de la mano y me llevó hacia la parte de atrás guiñándome el ojo. Comprendí que había llegado el momento y me inquieté. A pesar de estar, gracias a ella, sobradamente entrenado en ese tipo de situaciones aquella se me antojaba especialmente dificultosa. Se trataba de un espacio cerrado, a plena luz del día, en el que había gente y además se encontraba en movimiento. No había forma de interrumpirlo con dignidad o huir en caso de que algo se torciera. Por suerte solo estábamos unas catorce o quince personas, en aquel momento dentro del autobús, y supuse que aquella era una de las razones por las que había decidido que el momento era aquel. Me llevó hasta la última fila de asientos, me indicó que me sentara junto a la ventanilla y se sentó a mi lado. Lo cierto es que ya estaba cachondísimo, Sandra había despertado en mí un sentimiento de enorme excitación ante ese tipo de situaciones y ya, al igual que ella, cuando llevábamos un par de días sin hacer algo así lo echaba en falta. No tenía remedio; era un inconsciente. Era presa fácil para cualquier situación que se saliera de lo normal. Decidí ignorar mis grandes dudas acerca de la viabilidad de aquello y, como tantas otras veces, dejarme llevar por ella. Y allí estábamos, en la última fila del bus preparados para echar un polvo de algún modo que yo desconocía. No había nadie cerca; estábamos solos de la mitad del autobús hacia atrás. Entonces sin tan siquiera mirarme, y con una destreza que solo posee con respecto a un asunto quien lo ha manejado sobradamente, me desabrochó la bragueta y comenzó a masturbarme antes de que pudiera darme cuenta de que estaba sucediendo. Su habilidad y el sentimiento de hacer algo con seguridad más inadecuado, expuesto y pervertido de lo que habíamos hecho nunca hizo que se me pusiera dura en un momento. Entonces, de forma absolutamente sencilla y natural, con un leve movimiento felino se desplazó encima de mí. Antes de que pudiera darme cuenta estaba sentada sobre mis piernas, dándome la espalda y la tenía dentro. Todo lo que yo había imaginado, como un sofisticado plan de ingeniería, había sucedido en apenas un segundo y sin mediar colaboración por mi parte. Incluso su faldita había quedado acomodada de tal forma que cubría el perímetro necesario para que no se pudiera adivinar lo que sucedía debajo. Entonces, sin que estuviera pareciendo en absoluto que algo sucediera, con un experto y apenas imperceptible movimiento de cadera, se me estaba follando. Me sentía más excitado de lo que me había sentido nunca en mi vida y veía que no iba a aguantar mucho. Lo cual en parte me aliviaba ya que era una excitación aderezada de gran inquietud. “Me voy a correr, cariño. No aguanto más”, dije. “Córrete mi amor, quiero sentir como te corres dentro de mí”, contestó. Estaba a punto de hacerlo cuando el autobús se detuvo en una parada y subió una señora de unos setenta años. Estaban prácticamente todos los asientos vacíos e incrédulamente vi cómo, poco a poco, caminaba hacia nosotros hasta sentarse en el asiento justo delante del nuestro. Sandra no se inmutó y de hecho pareció sentirse más estimulada, continuó trabajando el asunto remarcando y recreándose más en cada movimiento. Sin embargo a mí aquello me cortó el rollo por completo y se me aflojó al instante. Sandra se dio cuenta y puso más empeño en el movimiento tratando de levantarla de nuevo. De pronto ya no era un contoneo sexual y cadencioso, ahora parecía más un ultimátum. Una exigencia un tanto agresiva de que mi cacharro volviera al trabajo. Yo sabía que ya no había nada que hacer; desde el momento en que aquella señora se había sentado delante nuestro la aventura había terminado. Sin embargo Sandra era tozuda y se negaba a aceptarlo y sus acometidas comenzaban a resultar dolorosas. Aparte de tener el asunto en estado vegetativo ya casi no sentía la pelvis. Entonces el bus volvió a parar y entraron unas cuantas personas. Entre ellas otra señora aparentemente de la misma edad que la anterior y con un aspecto muy parecido. La que estaba sentada a nuestro lado alzó el brazo animadamente para hacerse ver. La otra señora al verla se acercó y se sentó un asiento más allá del nuestro. Es decir; yo estaba sentado junto a la ventanilla, Sandra encima de mí y la señora se había sentado a un asiento de distancia de nosotros para hablar con su amiga del asiento delantero. Estábamos atrapados; no había forma de revertir la situación. Era como si algo nos estuviera diciendo que nos habíamos pasado de la raya y ahora merecíamos estar allí, encajonados entre dos señoras que hablaban de recetas de cocina. Me sentía abatido y me inundó una profunda desazón. Por algún motivo tenía la sensación de que el fin de aquel polvo significaba el final de mi historia con Sandra. No había ningún motivo objetivo para pensar aquello pero no podía evitar sentirlo así. Las dos señoras resultaron ir hasta la última parada del trayecto, que estaba a casi una hora de viaje de la nuestra. De camino aprendí a hacer alubias pintas, carne estofada y bizcocho con pasas.


©Samuel Bressón

martes, 3 de septiembre de 2019

UNA DROGA PARA CADA PERCEPCIÓN por SERGIO MAYOR



Entonces tomaba drogas por razones subversivas. A los catorce años frecuentaba una bolera de la calle Canalejas. El encargado parecía un mesías del infierno y yo un autodidacta criminal. Me aficioné a las drogas enteógenas por influencia de Huxley, Michaux, Burroughs, Trocchi… Esos apologetas me enseñaron hiperespacios en una gota de ácido lisérgico. Descubrí que hay una droga para cada percepción de la National Gallery, un alcaloide para un cuadro de Vermeer, un receptor neuronal para, digamos, una gaviota sobre la piedra de un río de 1970. Yo era un pobre diablo, pero si añadía un tubo de bustaid a la ginebra, lograba la theiosis. Era una vida. Entraba y salía por las cronotopías y los hospitales. Perdí una playa y no me importó; Salinetas regresaba en las pensiones y el océano me subía por las venas. Hablaba de Blake. Perdí una ciudad pero sabía llegar cada noche a Carvajales. Perdí una mujer y eso no tuvo remedio. No encontré jamás una réplica de ella. Un solo principio sintético de ella. Y eso que era un taumaturgo, un tipo capaz de hacer aparecer una mujer del siglo trece por la ventana ojival de un palacio de Praga. Viajé. Probé los hongos que contienen el principio activo de la selva. Mordía un pedazo y aparecía el río, la mamba, la pantera. 
Puede que esto sea enfermizo. Como aquella vez que la absenta me llevó a un bar de Waxahachie, Texas. Recuerdo un búfalo mecánico, un laberinto, una prostituta que lloraba borracha, escayolada. 
Entonces hacía un ángel de las fumadoras de crack y las mendigas amputadas.

Ha pasado el tiempo. Ahora tomaría drogas por razones reaccionarias. Ya solo quiero ser un heredero, un tipo que regresa a la casa de la playa, la destruida, y se sienta en la terraza y mira el mar que mirábamos los muertos.


Sergio Mayor


lunes, 2 de septiembre de 2019

LA VOZ ESTREMECIDA: 4 poemas.




VERSO

Existe un verso alucinado
que cae sobre tu percepción.
Existe un verso sin imágenes
que apedrea tus sentidos.
Existe un verso psicótico
que agarra tus entrañas.

También, existes tú,
tu falta de claridad
tu ausencia de referentes
tu anfibología apresurada.

Ese vivir entre imágenes
ahuyentando las palabras,
ese huir de la cadencia
asaltando las formas.

Destruyes más que creas,
nombras más que defines.
Eres la catálisis
de la inmovilidad.
Eres la  decantación de los referentes.
Eres... la poesía que  busco.


SONIDOS

Agotado,
he quemado las raíces,
los abrojos,
la senda que piso,
el tú, el yo.

Solo me quedan imágenes inconexas,
perdidas en la ausencia de referentes.

Me concentro
en los sonidos
que me dictan los ecos de mi cuerpo.

Sin música,
ensimismado en mis cadencias
la nada crea mi poesía.


EPÍGONO

Entre tus palabras
encontré cadáveres exquisitos.
El eco de tu voz
era un sonido impostado.
Las solapas de tus libros
escondían el polvo de otros nombres.

Quise acercarte al vacío,
pero su presencia
te hacía reptar hacia su borde.

Mientras él te observaba desde el fondo
convertido en cenizas,
intentaba la reconstrucción.

Nunca reparaste en su presencia,
pero te observaba  con inseguridad,
con sevicia.

Erais extremos opuestos:
tú cubierto con el laurel de los vencedores,
él habitante de los límites del desierto.
Tú suplicante,
él engrandecido.
Él cansado de las mismas palabras,
él ansioso por quemar el lenguaje.
Tú crecido en las palabras de la tribu,
él disfrutando del vacío que cobija.


WALKING DEAD

Escribo desde el no lugar
donde las voces se entrecruzan.
El no lugar donde unas voces muertas
cantan al vacío del olor a cadáver.
Voces que fagocitan
el peso de sus versos.

Rodeados de cuerpos muertos,
intentamos evitar su inmundicia.

Entre fonemas lejanos,
intentamos percibir nuevas cadencias.
Entre sonidos anclados al pasado,
buscamos gritos que refresquen nuestras voces.

Sabíamos a lo que nos enfrentábamos,
sabíamos tanto de vosotros...

Somos la nada que acompaña,
somos el vacío de la ausencia,
somos la locura de la inopia,
somos lo inhóspito de las palabras.

Vivimos colgaos bocabajo,
vivimos enterrados en vida,
morimos en cada poema,
resurgimos con cada nueva voz.

Seremos tanto como diferimos,
pasearemos el sonido de nuestros huesos,
haremos tambores con la piel
de nuestros precursores.

Inventaremos la voz que atenaza,
el sonido de la fractura,
la luz de un nuevo amanecer.


Pablo Malmierca, 
de La voz estremecida
(Eolas Ediciones, 2019).