jueves, 29 de febrero de 2024

LAS SOMBRAS DE LA VIGILIA: Esteban Maldonado.



El presente libro, es un breve e intenso resultado poético de las noches de insomnio que sufre el autor mientras apura un cigarrillo tras otro y reflexiona sobre la soledad, la cotidianidad, la creación literaria, la vida y la muerte, ect.

Ya a la venta en Amazon,

miércoles, 28 de febrero de 2024

MÍRANOS AHORA por GEMA FERNÁNDEZ MARTÍNEZ



Me hablo muchas veces.
No a mí, sino a este
surco antiguo
que perfila en silencio
la silueta, la sombra,
su relleno y sus cambios.

Nuestra línea es la misma
pero ya no lo es
la mano que la traza.

Nosotras que creíamos
que permaneceríamos
como libros en blanco
durmiendo a la intemperie
del húmedo vestigio
del futuro,

como instante vacío
donde no pasa nada
porque le ocurre todo
al mismo tiempo,
receptoras sin miedo
del vértigo de luz
de todas las mañanas
que estaban por venir
a visitarnos.
 
Nosotras que soñábamos
con recorrer el mundo,
con soplarle a las nubes
invernales
y tostarnos al sol
de un verano perpetuo.

Nosotras que pensábamos
que bastaba escribirnos
para que "los ahora"
no mutaran tan rápido
en pasado,
que bastaba sentirlas
para que las canciones
curaran infecciones
y desafecciones,
que bastaba llorar
para que la sequía
no desabasteciera
al pecho de nutrientes.
 
Nosotras, que en un acto
de fe sin precedentes,
quisimos derrocar a todos
los gobiernos
y liberar al pueblo
del yugo del billete
en la cartera,
que perdimos el miedo
a dejarnos la puerta
del alma
siempre abierta,
con esa dignidad
que es la inocencia
y la sabia ignorancia
de las cosas.

Nosotras que quisimos
vivir a la intemperie,
ser carne de poema,
latido incorruptible,
sistema de aspersores
pulverizando a gotas
una alegría libre, colectiva,
una alegría no privatizada.

Y míranos ahora,
jugando a ser adultas
sin comprender muy bien
en qué consiste eso,
con piso y alquileres,
y letras sin belleza
desfilando por orden
en todos los abecedarios
financieros,
con créditos restando
la credibilidad
a nuestra ingenua
y falsa autonomía.
 
Y míranos ahora,
echándole el pestillo
al corazón
por si acaso el dolor
oculto tras la puerta,
mendigándole tiempo
al minutero,
conservando los sueños
en botes de formol
por si tal vez un día
nos lanzamos a ser
lo imaginado.

Fregando los cacharros,
planchándonos la ropa
los domingos,
tratando de ser algo,
al menos parecido,
a lo que se supone
esperan de nosotras,
parcheando con rimmel
los restos de utopía
en las pestañas.

Míranos a nosotras
que juramos que nunca,
que jamás, que imposible,
bajo ningún concepto,
acabaríamos siendo
el enemigo.

Gema Fernández Martínez


viernes, 23 de febrero de 2024

ERIKA Y EL TIEMPO por JAVIER VAYÁ ALBERT



Porque Erika hacía esas cosas, decía esas cosas, como aquello de que cuando nació vio a la muerte.

Desde muy niña lo afirmaba y a mí me crispaba los nervios. Ponía esa expresión suya, que luego sería tan característica, y sostenía que la muerte era una señora muy vieja que la miraba con la cara rara y los ojos llenos de agua. Que estaba justo al lado de su papá, que ese día, como todos los días entonces, llevaba la camisa azul y manchada del trabajo. Que recordaba perfectamente el olor a aceite y hierro propios del taller cuando él la sujetó en brazos. Y luego empezaba a describir minuciosamente mi sonrisa enorme, el sonido de los latidos de mi corazón cuando la tenía en mi regazo, lo dulce de mi voz al susurrarle una nana... y me crispaba los nervios. A mí y a Juan, porque todo había sido exactamente como ella lo contaba, a excepción de lo de la vieja que no entendíamos de dónde lo había sacado. Y ya no sabíamos qué era más estremecedor, el recuerdo completamente nítido o aquello que no descifrábamos si era invención o un algo aterrador. Y más adelante, cuando Erika fue creciendo, como que nos acostumbramos, si es posible utilizar ese término, pero siempre, siempre, nuestra hija conseguía crisparme los nervios.

Javier Vayá Albert,
de Erika y el tiempo
(Loto Azul Editorial, 2024)


martes, 20 de febrero de 2024

SHINE ON YOU CRAZY DIAMOND por MAX BENÍTEZ



Llevo unos días recluido. Salgo lo justo y necesario para que me dé el aire fresco de la mañana, compro una barra de pan y un vino peleón y me vuelvo a escabullir tras las paredes del piso que ahora es refugio. Me visto de cueva y pantuflas y enciendo la radio. Suena de todo un poco, pero necesito objetivar la banda sonora del encierro. Pongo un cd de Pink Floyd y sé de antemano que lo quitaré cuando suene esa canción. Esa canción. Me hago un café y me froto las manos. Hace un frío que pela en el pisito. Durante tres cuartos del año añoro el invierno, y ahora que está instalado a uno y otro lado del tabique, me quejo. Los años. Busco un libro en las estanterías como quien busca respuestas o consuelo. Finalmente, inserto un cd de trash metal en el reproductor. Eso es. Algo que me sacuda un poco las neuronas, que me abofetee, como cuando leí por primera vez al poeta que acaba de marcharse.

Llevo unos días recluido y salgo lo necesario, creo que es justo, por darle una vuelta. Me pongo excusas de todo tipo para salir. Soy de los que tropiezan una y otra vez con la misma piedra. De los que se repiten. Esos que siguen a piñón fijo. No hay planes, ni proyectos, ni guiños cómplices. Una elipsis que oculta la verdadera e inocua razón para seguir adelante. Consciente de esta inercia y de este malestar abro el vino sin denominación de origen. Me sirvo una buena copa, me lío otro tabaco, me dejo llevar mansamente. Brindo a la memoria del poeta que no llegué a conocer personalmente, con quien tan solo si habíamos mantenido una breve conversación a través de una red social que tiempo después abandonó. Recordé entre sorbos y caladas mis últimos viajes al norte, mis paseos nada espontáneos por La Cuesta del Cholo, buscándolo, o por los garitos de Cimadevilla. Ese encuentro subrepticiamente fortuito que nunca llegó a concretarse.

La noche me halló viendo una y otra vez el documental sobre su vida y obra. Recorrí con él las callejuelas del barrio alto, me tomé unos chupitos a su salud. Reí a carcajadas. Me acusé de perezoso al escucharlo victorioso en la conciencia de la derrota, firme pero voluble, inexpugnable en la tormenta, sabio para hacer de la miseria poesía.

Descorché otra botella, inerme ante la evidencia, necesitaba empujarme al desconsuelo. Estamos solos y morimos solos. Esa es la verdad. Y apenas si llegamos a conocer a alguien de verdad. Las redes sociales son una espada mellada, de manera que lo del doble filo no puede aplicarse. Sin embargo, fue el vehículo, y me dieron ganas de reír otra vez. Lo cierto es que, al fin y al cabo, no pude conocerlo personalmente. «¡Punto!», dije en voz alta. Entonces leí la dedicatoria de uno de sus libros:

“Para mis lectores, mis únicos y verdaderos amigos”.


Llevaba unos días recluido y hoy he salido temprano. Esta vez no fui a por pan y combustible. Me fui bordeando el muro de la Casa de Campo, una vez más. Atravesé la Puerta de Dante y me acerqué a los nidos de ametralladora, ahora abandonados y mugrientos. Luego me reté a buscar las irregularidades en el terreno, las viejas trincheras. Las viejas trincheras como quien habla o se abraza a una causa, a un batallón, a un grupo humano que se sabe en inferioridad numérica o armamentística. Porque también de esto debería tratarse eso de vivir con dignidad, y eso es algo de lo que el poeta supo hacer su bandera hasta el último combate, el último round.

Subo el volumen de los auriculares. Es la canción. Es la voz de David Gilmour, que ahora nos arropa, que proclama sobre el velo del tiempo…

Sigue brillando, diamante loco.

A la memoria de David González.

Maximiliano J. Benítez,
en Inmediaciones.org



domingo, 18 de febrero de 2024

LA TRISTEZA según NACHO ESCUÍN



Será por la razón que sea, una conexión cerebral o algo así, pero un nudo en el estómago llegó y ya no salía. No había forma de quitárselo de encima, era una permanente sensación de tarde de domingo o un eterno último día de vacaciones. Todo lo que antes era una opción o una oportunidad se convirtió pronto en un problema, en algo que, de alguna forma, no tenía solución. Cada vez que vienen a mi cabeza esos días solo recuerdo ese nudo, el peso de todas las miradas sobre mi espalda, la sensación de no hacer nada bien, de no valer absolutamente nada ni como profesional ni como ser humano y, acaso, la sospecha generalizada de ser un criminal que no solo no había matado a nadie ni había cometido delito alguno pero había sido prejuzgado por la opinión de unos pocos y el efecto descontrolado de las redes sociales. 

La tristeza es un estado de ánimo que inunda poco a poco todo lo que a uno le rodea. Centímetro a centímetro toma el propio cuerpo y le hace caer paulatinamente en una especie de nebulosa vital. Los músculos se entumecen y se tensan los tendones. Duelen las muñecas, los codos, de repente un pinchazo llega a la nuca o a los omóplatos. Después se hace evidente una falta de energía que ponga en marcha al propio cuerpo y una somnolencia infinita atrapa y no deja salir de ella. Lo terrible de la misma es que no es fácil derrotarla, ya que conciliar el sueño también es imposible. Si uno decide dormir gracias a los somníferos el efecto es contrario pues sí permite conciliar el sueño pero el cuerpo amanece con evidentes señales de fatiga. 

Eso es la tristeza. También se manifiesta en la voz, en la fuerza con la que uno es capaz de pronunciar un nombre, un objeto, casi una frase. Y no queda ahí la cosa; el pensamiento no llega al receptor tal y como el emisor lo concibe pues no dice las palabras exactas en la posición exacta. No hay tensión en la comunicación, no existen las palabras justas, no hay una buena selección de cada una de ellas y por lo tanto la conversación se vuelve deslavazada, pesada, repetitiva, falta de vida. 

Uno sabe que está triste cuando lo que los demás le cuentan no le interesa demasiado, y no es precisamente por falta de atención a la hora de escuchar, es, precisamente por falta de entusiasmo y energía. También se detecta cuando cuesta reírse incluso de una buena anécdota o de un resbalón ajeno. La tristeza ha triunfado cuando uno piensa que es mejor no salir de la cama más, a pesar de que en ella no pueda conciliar el sueño sin una solución química. La tristeza es ese animal que vaga por casa ya sin peligro, absolutamente hecho a su situación, domesticado. La tristeza es no luchar incluso contra la injusticia. La tristeza es quemarse con una taza de té y no maldecir, ni jurar, ni tan siquiera molestarse mucho. La tristeza es mancharse el pijama de café o aceite e ir a la cama sin ponerle remedio. La tristeza es caminar con pasos lentos hacia ningún sitio y mirar el móvil en busca de algo que no sabes bien qué es o si lo quieres. 

Recuerdo momentos tristes, llantos sin consuelo por la muerte de alguien querido, desengaños amorosos, engaños y tretas que duelen. Recuerdo la sensación de incomprensión y angustia, recuerdo la mirada de ojos caídos del escepticismo. Pero nada de eso es la tristeza. Eso son malos momentos llenos de esperanza y rabia en algunos casos tras de sí. 

La tristeza es una fina capa que embadurna todo, que no permite que nada se escape ni entre. La tristeza hace inocua la verdad y la mentira. La tristeza hace que la verdad y la ficción den igual. La tristeza arranca en el punto geográfico más alejado que alcanza la vista y termina en la punta de los pies. 

En el final de la primavera de aquel año, la tristeza lo había alcanzado todo. Todo en mi vida me daba igual y empezaba a pensar que le daba igual a todos los que estaban a mi alrededor. No era capaz de pensar con claridad, no era capaz de resolver los problemas que surgían, no era capaz de desbloquear mi cuerpo de un estado de compleja saturación de emociones. En aquel mes de mayo no era capaz de llorar a pesar de que ese siempre había sido un rasgo habitual en mi personalidad y una salida importante para los problemas y una medida contra la desesperación. 

En los últimos días de aquella primavera yo no quería dedicarme a nada, no quería ver a nadie, no quería escribir una palabra y solo quería estar solo. A poder ser solo en medio de la nada, solo en el silencio más absoluto. Solo en un espacio lleno de soledad. Solo quería sentirme solo, alejado del mundo, alejado de los problemas del mundo, alejado de toda ambición o cosa. 

Así es como la tristeza se apodera de un ser. Así es como uno muere por dentro.

Nacho Escuín,
de La mentira del cazador
(Eolas, 2023)


jueves, 15 de febrero de 2024

EL ENCARGO DEL CAZADOR



Una muy grata sorpresa, este documental de Joaquim Jordà, El encargo del cazador (1990), que aborda la figura de Jacinto Esteva, arquitecto, pintor, director de cine, cazador y poeta, del que hasta ahora nunca había oído hablar.

Con un estilo que recuerda a El desencanto, de Jaime Chávarri, a través de testimonios de familiares y amigos y grabaciones de la época, Jordà nos introduce en la atormentada vida de Jacinto Esteva, su desbordante creatividad y sus depresiones, sus idas y venidas por el continente africano, su alcoholismo crónico y sus películas (en especial esa joya titulada Lejos de los árboles), y su peculiar y trágica manera de entender el arte y el mundo.

Es sobre todo Daria (junto a Ricardo Bofill, Luis García Berlanga y Pere Portabella, entre otros), una de las hijas de Esteva, la encargada de diseccionar su legado, haciéndonos partícipes y cómplices de las aventuras y desventuras de su padre, una de las mentes más privilegiadas de la Cataluña de los años 70, figura clave de la Escuela de Cine de Barcelona, creativo y autodestructivo, excesivo e iluminado a la vez.

Otra de esas perlas enterradas que, indaga que te indaga, uno descubre sepultadas bajo toneladas de arena y que justifican todos los sinsabores de la búsqueda.

Os arrebatará.

Vicente Muñoz Álvarez,
de Cult Movies 2: Películas para la penumbra
(LcLibros, 2018)



miércoles, 14 de febrero de 2024

4 POEMAS de EL ÓXIDO DE LA LUZ por PABLO MALMIERCA




NOMBRAR

Arde el cielo
y nombro aire,
muere el tiempo
y ruge el ansia.

Parco en palabras
atrae el día
la querencia oculta  de la noche.

Roto el cristal opaco
la vida
queda entre sus huecos.

Baile de sombras
en los intersticios de tus dedos,
juegos de luz
al otro lado del movimiento.

Vivo entre dentelladas de acero,
entre brazos de musgo,
al abrigo de sentimientos de plomo.


RETRATO

Arena en el plato,
herrumbre en el pan,
el agua como la turba.
La mirada en las pupilas de una muñeca.

La locura asoma
sin prestar atención al paso del cometa,
una voz en la lejanía
resbala en la ventana.

Vestido con los andrajos de la ira,
inercia,
en una silla de musgo 
busca identidad 
en el fragmento de un espejo.

La noche devuelve una imagen:
la corrosión de la vida.
Un rostro comienza a deshacerse
entre manos de nácar.

Sin comprender 
el corsé de lo aprendido,
acercar los brazos,
abrazar los vientos.

La dificultad del camino.


SED 

Siempre están las razones
para quedarse solo 
tras las mentiras de vidas ajenas.

El otro 
transita
entre las ruinas de un sueño
que nunca le ha pertenecido.

Sin saber qué somos
sólo las caricias consiguen emanciparnos
de los barros que pisamos.

Sin saber si estamos
nunca quisimos irnos,
las fotografías envejecen
prendidas a famélicos galgos.

La miseria es confesar
la sed de luz,
cuando es la oscuridad
a la que imploran los deseos.


AGUIJONEAN TUS OJOS

Los tambores percuten la piel,
el ritmo hastiado del destino
deriva en confusión melódica.

En la noche
las luces dejan su olor a fracaso.
En los ojos 
la zarza ardiente del deseo.
No quedan rastros de fe en la mirada,
no se puede buscar la verdad
en el resplandor de unos latidos,
el hambre sin saciar
de las manos en busca de esperanza.

En la noche
buscar el principio de la luz cegadora.


Pablo Malmierca, de El óxido de la luz (Lastura Ediciones, 2024)


martes, 13 de febrero de 2024

LEVITACIÓN Y TRANCE: Roberto R. Antúnez.




"Jorge Oteiza escribió “el invierno es una circunferencia”. Esas cinco palabras fueron muy importantes para mí. Catalizadoras y laberínticas. Las he repensado muchas veces y albergan holograma, nieve y cencellada, trigales que desembocan en mi paisaje visual: la llanura. Nací mirándola y fui creciendo sin comprenderla.

Viví alejado entre montañas y llegó un momento en el que casi terminé odiándola. Pero con el tiempo fui desentrañando su lenguaje de gestos austeros, su manera hermosa y fiera de acariciar los pájaros. Ahora vivo hacia la luz que desprende. De tanto en tanto es imprescindible ir a caminarla y vaciarme las pupilas sobre su regazo. Es mi historia de amor y de odio hacia este desierto policromado.

Este libro está escrito para confluir en ese verso de Mario Santiago Papasquiaro que resume dos mil años de poesía: 'Dios es rupestre & el Big-Bang su bisonte desatado'."


lunes, 12 de febrero de 2024

UN PAÍS DE SED: Jorge M. Molinero.


"Este es un libro de pérdidas. La orfandad no solo trajo la ausencia del padre, recorrer las calles sin ir de su mano supuso la certeza de la muerte de la niñez y la conversión en hombre.
Pero por suerte siempre hay resquicios para el amor: en el Pacífico de unos iris el poeta hila el paisaje de su vida con un Chile prestado, el de Raúl Zurita, con el Vesubio y el yeso de sus moldes en Pompeya, o con el Dersu Uzala de Kurosawa.
Tienes en tus manos un poemario de ceniza, aunque con un rescoldo y el peligro latente de un nuevo incendio."


domingo, 11 de febrero de 2024

INSIDIA: Alexander Drake.



Insidia
es una recopilación de 63 impactantes y descarnados relatos cortos que exploran la violencia, el sexo compulsivo, la crítica social corrosiva y otras temáticas adheridas a la naturaleza oculta del ser humano.

Es una mirada cruel y desoladora sobre la sociedad enferma en la que vivimos. Un caleidoscopio de sucesos que juegan a fundirse entre la tragedia y el humor negro. Leer estos textos es como mirarse en un espejo distorsionador que no hace sino devolvernos con espanto el verdadero rostro de aquello que escondemos. Una imagen espeluznante de violencia, horror y depravación ante la cual es imposible no reconocer ciertas realidades. Como un bisturí que disecciona un cadáver, este libro deja al descubierto las entrañas de la psicología humana en una composición de relatos breves que nos harán replantearnos muchas cuestiones sobre nuestra verdadera forma de ser.

También es un libro que analiza y cuestiona la literatura contemporánea y se desmarca de sus formas convencionales para llevarnos hacia una narrativa moderna, ágil y directa; haciendo que el texto se comprima al máximo y consiguiendo con ello una lectura rápida y un mensaje inmediato y contundente.


jueves, 8 de febrero de 2024

UN POEMA de LUIS MIGUEL RABANAL



Fíjate amor en la mirada consciente
en las ciudades de solemnidad y de puntos
o en las otras ceremonias
del instinto, esta es también la labor crecida
de la soledad y del deseo
pero no preguntes si el frío es tan necesario
sabes que el amor señala
nuestros cuerpos como los orígenes

modelos de la ruina
como semejantes que ascienden
a la vida absortos permanentes
en cada forma de sonrisa profunda

como crecen amor los límites, la noche.

Luis Miguel Rabanal


Foto por Marlus Leon

martes, 6 de febrero de 2024

EL DÍA QUE MURIÓ DAVID por NACHO GARCÍA



Hoy,

a media tarde,

di con tu último libro,
recién llegado 
a la librería Cervantes,
en Oviedo…

Exactamente hoy…

Con un último poema
a modo de despedida,

en la última página…

Y pensé por un momento,
que te fuiste un poco,
como se fue Bowie…

Por la noche,

apenas tres reacciones
en los medios asturianos,

y ninguna en los nacionales…

Que mal,
David,
que mal…

Nacho García


lunes, 5 de febrero de 2024

LA MENTIRA DEL CAZADOR: Nacho Escuín.



Hay un verso de Miguel Labordeta fascinante en el que se refiere a la «estática de ahogado». A partir del mismo se construye esta historia en la que un observador que ha huido de su propia vida se comporta como indica el verso citado. El bosque y la necesidad de mirar el abismo y «abismarse» serán los elementos troncales de la vida de un individuo perdido que ha decidido marcharse y dejar de escribir, pero ¿quién puede decidir exactamente qué ha de suceder?


jueves, 1 de febrero de 2024

PONME OTRA COPA, SERVANDO: Sergio Mayor.


Mayor es la voz arrolladora de un bebedor rebosante de cultura que dispendia hallazgos perturbadores. Libre, soberbiamente humilde, reo gustoso ante sus verdugos, azote de aduladores, utiliza su vida real y ficticia, su alucinante bajage, su devoción por el prójimo y su arte, para ametrallarnos con una visión marginal y alcoholizada de las cosas. Eremita, “señor de las iglesias y de los burdeles”, Mayor comparte recuerdos, detalla sus días, medita con brutal lucidez y lirismo sobre un mundo impío que es capaz de talar el bosque de Walden.

Nos encontramos ante una obra que evidencia una audacia literaria sin parangón y quizá merece ser acreedora de la paternidad de un nuevo género. La poesía fulminante, la osadía crítica, la confesión diabólica lo inspiran: “Sócrates parece Carver”.