viernes, 15 de febrero de 2019

PELÍCULAS PARA LA PENUMBRA: Epílogo.



PELIS PA LA PENUMBRA: 
INSTRUCIONES DE USO (Y ABUSO)

Hace siete años dirigí una extraña película titulada Gritos en el Pasillo. Era lo que hoy en día habríamos bautizado como “cine lowcost”, o incluso como “below-cost”. Sacar ese engendro adelante me ocasionó bastante sufrimiento, pero la criatura resultante trajo consigo no pocas bendiciones.

Permitan que me centre en una de dichas bendiciones: Gracias a Gritos en el Pasillo conocí a Vicente Muñoz Álvarez, quien desde entonces se ha convertido no sólo en gran amigo, sino también en figura clave de la literatura maldita, en epicentro de mi mapa del underground español.

Cuando algunas personas perdían su tiempo discutiendo sobre si nuestra película debía o no considerarse “de animación”, Vicente le asignó un calificativo aún más discutible – el de obra de culto – al incluirla en su libro Cult Movies: Películas para llevarse al Infierno.

Aquí me tienen, tres años más tarde, con los dedos titubeando entre las teclas, sintiéndose indignos de este honor que se me ha concedido: Cult Movies acaba de tener un hermanito y Muñoz Álvarez me ha pedido que le añada este epílogo.

He empezado mencionando un suceso que ocurrió hace siete años y otro que sucedió hace tres. El siete y el tres, dos números cruciales en la magia cabalística y en los ritos de todo contador de historias que se precie. Me gusta que ambos números aparezcan en este epílogo, porque tengo la sensación de que algo esotérico gravita sobre Películas para la Penumbra.

Este libro que tienen entre sus manos – o ante sus ojos, si es que lo están leyendo a través de una pantalla – tiene un doble mérito. 

Mérito número uno: El contenido del menú. Para diseñar un catálogo de los horrores como éste hay que cavar muy hondo en las catacumbas del alma humana, hay que masticar mucha basura hasta que los dientes tropiecen con cada diamante. Este libro confirma lo que Cult Movies ya auguraba: Que Vicente Muñoz Álvarez es un explorador de lo incómodo, un arqueólogo de lo bizarro. Junto a títulos imprescindibles de maestros como Fulci, Bava, Huston, Aldrich, Clayton, Polanski, Tony Scott, Corbucci, Mercero, Fernán Gómez... aparecen otras obras y otros autores de los que no había oído hablar en mi puñetera vida.

Mérito número dos: La manera en que Vicente describe las películas seleccionadas. Además del cariño y el conocimiento de causa, encontramos un tercer denominador común en casi todos los capítulos. Muñoz Álvarez describe el visionado de esas cintas con términos que aluden a una experiencia psicotrópica, lisérgica, opiácea, alucinógena. Esta clase de adjetivos salpican las reseñas de estas películas como fragmentos de un ADN común.

Cuando Alejandro Jodorowsky (otro de los autores mencionados en el libro) intentó sacar adelante su versión de Dune albergaba una intención confesa: Que la película provocase en el espectador las mismas sensaciones y vivencias que un viaje de LSD.

Las películas que selecciona Vicente y el ángulo desde el que las enfoca apuntan en esa misma dirección: El cine como droga, como vehículo hacia otros estados de percepción mental. La experiencia audiovisual como mecanismo para alterar la conciencia, para catapultarnos hacia otras dimensiones. Ésa es la piedra filosofal que perseguimos la mayoría de los narradores, y quizá con más motivo los que, como es el caso del cineasta, trabajan con estímulos tan primitivos como la imagen en movimiento y el sonido.

En ese sentido, estas Películas para la Penumbrapodrían considerarse un relevo del siglo XXI de Los Paraísos Artificiales de Baudelaire.

Dicho esto, sólo falta añadir como conclusión inevitable que a partir de ahora, Vicente Muñoz Álvarez va a convertirse en mi camello particular. Cuando la ocasión lo requiera acudiré a este libro en busca de mercancía de la buena, recorreré sus páginas hasta encontrar la dosis de droga psicotrópica que mejor se adapte a cada circunstancia. Acto seguido, buscaré dicha droga y me sentaré a disfrutarla en mi pantalla. Si se fijan, en algunos de los capítulos el camello Muñoz Álvarez sugiere cuáles son las circunstancias ideales para videar cada película. 

Invito al lector a guardar este libro en el rincón alucinógeno de su estantería, entre la O de opio y la S de setas. Le invito a elegir las obras reseñadas en él para viajar en días especiales. Días especiales para pelis especiales: Si entras en ellas, ellas entran en ti, te transforman, desencajan algunas piezas en tu interior y, merced a alguna misteriosa alquimia, sus efectos trascienden la duración de su metraje.


Juanjo Ramírez Mascaró, epílogo para 
Cult Movies: Películas para la Penumbra 
(LcLibros.com, 2018)


Booktrailer:


miércoles, 13 de febrero de 2019

EL PASO QUE SE HABITA: Esther Peñas.




Practica Esther Peñas una poética densa como un racimo. Ancha, con más verbos que nombres y nombres que adjetivos. Alberga opuestos, da testimonio, rinde cuentas de la experiencia, libera anhelos, proclama alguna certeza. Una suerte de camino de perfección donde el murmullo de la desesperanza deviene verbo creador a cada paso. Una escritura en cascada, un fragor de voces resuelto en río de palabras –paso, torre, piedra, raíz, rama, madera, por citar solo algunas-, cauce de símbolos poderosos, que convoca a quien lee a un ejercicio de meditación sobre el amor más hondo, otro conocimiento o desconocimiento, ese «reino pequeño de la fiebre» que Esther Peñas en El paso que se habita sencillamente anuncia preñado de belleza.


martes, 12 de febrero de 2019

LA POESÍA ES LA DESTRUCCIÓN DEL POETA por RUBENSKI PEREIRA




Muerte acaricia
cuando el poeta
entra en la hoja.
Hoja traumada por el verso.
Es fuga, caída,
y escapa.
Tiene el fuego en sus bolsillos, explota.
Florece en la inmundicia y la belleza.
Muere viviendo su existencia
y la de otros.

Escapa en zarpazo voraz
del papel,
dejando sobre él
la inscripción de un pedazo de mundo.

El poeta en su umbral
donde sangra y vive,
nace, no es cementerio de alma,
muere y renace.

Va en el valle,
en las sombras,
persiguiendo soles y lunas.
Es el sueño de vivir como un ángel,
poeta caído de la nube.

Viaja en la carbonizada imagen
de la página y la pluma,
terremoto de palabras.
Ir por el bosque en feliz agonía.
Ser eco del silencio,
la tormenta de la noche,
pluma ensangrentada.

En pasos melancólicos
se adentra en su espíritu.

Con su manto raído exclama
a los vientos del bosque:
¡Existo! ¡Existo!
Camina en soledad
pisando otoño.
Descubre en su poesía,
En su cuaderno,
en su mirada
y en sus dedos magnéticos,
una imagen.

La poesía es la destrucción del poeta,
muerte acaricia al teclear la máquina.
Y cuando muere,
renace, vidente de esferas y ensueños.
El poeta crea cuando es destruido.

Se desliza en horizontes lejanos.
Flota en estrellas desgarradas.
Sigue en el sendero,
arde su piel.
El dolor por el suicidio
vive en cada huella,
en cada reflejo
de la feliz agonía.
La poesía es la destrucción del poeta.


Rubenski Pereira, de Latido izquierdo (Chamán Ediciones, 2018)


lunes, 11 de febrero de 2019

VAMOS A NO LLEGAR, PERO VAMOS A IR por DOMINGO LÓPEZ




A la memoria de Álvaro B.

Éramos casi irresponsables, casi insolventes, casi noveleros, casi menesterosos, casi ilusos, casi crápulas, casi poetas… Y éramos jóvenes. Defendíamos a capa y espada la poesía de Cesar Vallejo, los cuentos de Cortázar, la trompeta de Charlie Parker, el guitarreo de Kortatu, la voz lastimera de Gardel. Defendíamos a muerte el Frente Sandinista, el Frente Patriótico Manuel Rodríguez y cualquier frente que surgiera en cualquier parte para tocarle las narices a la oligarquía, al Tío Sam y al resto de mandamases occidentales. Éramos carne inútil de FP, carne de una mili maldita, carne explotada de vendimia, carne resignada de INEM. Éramos todo eso y algunas cosas más mientras el tiempo y la vida nos iba agarrando poco a poco por los huevos. Y cuando nos dimos cuenta, éramos ya sobrevivientes, teníamos un currelo odioso cualquiera, unas novias que compartían vagamente nuestros disparates libertarios y nuestros sueños literarios, pero que a la hora de la verdad, a efectos prácticos, nos ponían los pies en el suelo. Y tras la semana estúpidamente laboral, los sábados por la noche nos lo fumábamos y nos lo bebíamos todo, casi pastoreados por ellas, tan condescendientes. Y nos reíamos, nos carcajeábamos por las calles de la madrugada como solo pueden hacerlo dos compinches borrachos, los brazos sobre los hombros, cantando a las barricadas o adelante marchemos compañeros o Dolores se llamaba Lola o rechiflao en mi tristeza. Pero ya intuíamos que eran los últimos disparos de nuestro particular ejército vencido porque nos esperaba el lógico fracaso, la retirada por caminos paralelos que se irían poco a poco bifurcando en la forma de un casamiento, una hipoteca, la letra de un coche, un hijo o dos, mientras nos agarrábamos al empleo de mierda como a un salvavidas hasta el día patético que nos jubilásemos o la diñáramos de cualquier cosa. Era la inevitable caída en picado, sin paracaídas ni gloriosos cortes de manga. Qué bueno, broder, que ya lo sabíamos, que en algunas de aquellas primeras noches de chavalotes de barrio, de porro compartido y futbolín, nos mirábamos fugazmente y nos decíamos, con dos cojones, compadre, todo va a salir mal y nos parece estupendo.


Domingo López, del libro inédito La vida fulana.

domingo, 10 de febrero de 2019

AUTODESTRUCCIÓN por MARÍA GUIVERNAU




Mi autodestrucción,
lo que me convierte
verdaderamente
en una bomba de relojería
a un paso de estallar siempre,
podría basarse
en que sé
cuáles son mis limitaciones
pero desconozco
dónde están la mayoría
de mis límites.
Así de simple.
Así de complicado.


María Guivernau


jueves, 7 de febrero de 2019

SWEET SALVATION por PEDRO CÉSAR A. VERDE




Sweet salvation, baby
Melts my heart made of stone
Please guide me and carry me on
Sweet salvation is
For this man made of stone
Please hold me and embrace my soul

The Cult

venimos de un lugar perdido, 
donde la noche es un día equivocado 
y las nubes escupen mariposas calcinadas
a la tierra

el dolor ha sido necesario para poder llegar aquí envenenados por un torrente helado de intemperie corriendo por las venas

¿es preferible conformarse con la fría protección de una mano muerta? 
¿es mejor besar sin sed la luz de una vieja vela 
a sentir dentro de la boca la dulce violación de una lengua eléctrica?

y las partes de mi cuerpo abandonadas
en alguna habitación 
invadiendo ese lado que nadie sabrá nunca ya ocupar 
y las partes de tu cuerpo esparcidas 
en alguna habitación sin luz, sin voz, sin nombre...

pero escucha, la paz ya parece que se acerca, 
tu cuerpo desnudo cuando duermes
agua en calma en la que todas las mentiras
que nos han seguido hasta aquí 
lanzan un último estertor y se sumergen

me asomo a través de un resquicio en la ventana mirando hacia un lejano resplandor
y sonrío

es precioso ver 
cómo todos los demonios 
se consumen lentamente en su infierno 
allá fuera


Pedro César A. Verde


miércoles, 6 de febrero de 2019

LOS 40 por JAVITO PAYERAS




Extraño volver a casa temprano y enterarse que mientras estábamos recibiendo clases hubo un golpe de estado.

La calma después de la tormenta.

Las calles de mi barrio completamente desoladas por continuos estados de sitio.
Los comentarios de las maestras y los murmullos de los vecinos diciendo: “La cosa se va a poner bien fea”.

Extraño salir a comer papas fritas y sodas que caían de chorrito sobre vasos de duroport.

Extraño escuchar la misma odiosa música enlatada en todas las radios, esperando que en algún momento el programador pusiera algo distinto.

Extraño tener trece años y descubrir las enormes parabólicas con sus cincuenta y tantos canales –entre los que estaban CNN– dando la posibilidad a la clase media chapina de enterarse, a través del cable, que existía una guerra espantosa a nuestro alrededor.

Extraño surgimiento del fervor cibernético que obnubiló la década del noventa.
Los disquetes enormes se fueron reduciendo hasta desaparecer.

Extraño brote de rock nacional y de conciertos donde por primera vez se le sacaba la madre a las autoridades.

Extraño sabor de la cerveza frente a un lago de Atitlán menos contaminado y pleno de ritmos intermitentes.

Extraño asistir a la vigilia después de la firma de la paz, ceremonia a la que nunca fuimos invitados y de la cual solo quedan fotos en marcos rotos.

Extraño sobrevivir dos veces al fin del mundo: el y2k y el Oxlajuj Baktún.

Extraño ser padre de un bebé de dos años mientras aviones derrumban las torres gemelas del World Trade Center y todo el mundo piensa que estaba comenzado la Tercera Guerra Mundial.

Extraño sentir que el tiempo ha pasado demasiado rápido y que no tengo nostalgia. Extraño sobrevivir y sobrevivirme.

No puedo decir más, ha sido un privilegio compartir con ustedes todas estas palabras.


Javito Payeras


martes, 5 de febrero de 2019

JULIA NAVAS MORENO: Piedra.




Soy piedra.
Todo resbala por la convexidad
de mi superficie.
Ni un minúsculo saliente
al que agarrarse.
Es implacable la erosión
de la estupidez y el vacío…
No tengo manos
para asir la ternura,
y, por primera vez,
deseo la organicidad,
el estremecimiento,
el latido que precede a otro latido.
Es insoportable
la oquedad de ser piedra,
la ausencia del húmedo musgo
que aligere los largos días
de intemperie.


Julia Navas Moreno


lunes, 4 de febrero de 2019

BANDERAS EN TODOS LOS BALCONES por LUIS SÁNCHEZ MARTÍN




Mientras el televisor escupe los resultados 
con el 75 % escrutado
un negro eyacula sobre el vientre de una pelirroja
en el vídeo que acaban de subir mis amigos
al grupo de whatsapp.
Estamos los cuatro en un bar
miro las botellas vacías sobre la mesa
—muchas me parecen, aún no son las siete—
y decido, sin verbalizarlo,
que abandonaré el grupo al llegar a casa.

Uno se vanagloria de su dura adolescencia
del esfuerzo de estudiar
hasta las dos de la mañana
cuando llegaban los exámenes.
Sus padres le pagaron la carrera
y le abrieron las puertas de la empresa
que dirige un buen amigo
donde lleva 20 años,
su único trabajo hasta la fecha.

Dice que no es ningún gandul
que viva de las ayudas.

El otro siempre se enfada
porque NO QUIERO ENTENDER
que hubo atrocidades en ambos bandos
que Paracuellos
que 12 de octubre
que orgullo y patria
que me vaya a no sé dónde
(Cuba o Venezuela, a veces Irán e incluso Korea)

y que menuda falta de «mili».

Y el tercero despierta cuando escucha «mili»
—estaba subiendo al grupo un texto de indignación por la casa y los mil doscientos euros al mes que recibe un inmigrante mientras él paga religiosamente su autónomo—
y «me cago en los moros de mierda que nos invaden y no se adaptan»
y «por qué tiene un empresario que arruinarse contratando a una zorra que lo va a dejar tirado en cuanto se preñe»
él es empresario: tiene móvil y furgoneta.
y «qué hace esa de marcha con las amigas —señalando a una vecina—, que tiene una hija de tres años»
y «el que no trabaja es porque no quiere, cien euros daba yo de paro y ya verías»
y «no pagan la hipoteca pero fuman y tienen tuiter»
y «un pico y una pala al que tiene depresión».

Miro las botellas vacías sobre la mesa
—ahora me parecen pocas—
y pienso en llegar a casa
y no salir de allí jamás
mientras el televisor escupe los resultados
ya con el 89 % escrutado
y banderas en todos los balcones.


[Epílogo]

No sé hacia dónde vamos,
pero sé que vendrán a por mí

                      y a pesar de todo
no lloré la muerte de mi padre
como estoy llorando ahora
las vidas de mis amigos.


Luis Sánchez Martín

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