viernes, 1 de noviembre de 2019

NOTAS SOBRE LA CREACIÓN por SAMUEL BRESSÓN




La poesía no admite reservas ni pudor. Como expresión tan solo posible desde, a través y hacia la absoluta libertad la única exigencia que nos impone es abordarla desde esa ineludible premisa. Es esta es la única esclavitud que nos impone: la libertad sin fronteras que la delimiten. Pero, como extensión de la más íntima naturaleza del autor, la libertad fundamental de la que debe estar dotada es la que solamente nosotros podemos otorgarle que, por otro lado, acostumbra a ser la más difícil de alcanzar. Y así, de igual forma que no hay lugar para la autocensura, se presenta imprescindible recorrer el camino hacia nuestro interior para conectar de forma cada vez más estrecha con nosotros mismos y con nuestras emociones que son, al fin y al cabo, la arcilla de nuestra labor. No hacerlo implica automutilar territorios y cauces creativos que hacen del todo imposible su desarrollo. No hay temática o sentimiento o modo expresivo alguno que sea posible objeto de exclusión de la creación poética que, como cualquier otra manifestación artística, no navega bajo ninguna responsabilidad ética o moral. En ningún caso se sostendrá sobre la obligatoriedad de aleccionar sobre cuestión alguna ni ejemplificar ninguna pauta de comportamiento. La poesía puede ser depositaria de altos y nobles instintos o de las más bajas y perversas pasiones. Todo es lícito cuando nace de un sentimiento honesto siendo este el pilar fundamental e innegociable sobre el que desarrollar la creación: la honestidad.


jueves, 31 de octubre de 2019

DIGTERNE/POETAS




A simple vista el libro se muestra como un juego al más puro estilo del estadounidense Joe Brainard y su libro I Remember. Pero esta obra es más que un mero juego poético. Poetas es una colección de textos ingeniosos y extravagantes sobre los poetas: sobre lo real y lo ficticio, lo vivo y lo muerto, lo inventado y lo auto-inventado. Poetas es un libro que se aleja radicalmente de las convenciones. La inimitabilidad del trabajo de Malinovski se encuentra en parte en su resistencia a la categorización, en su amplitud y en su relación con lo cotidiano y lo asombroso que encuentra en esa cotidianidad.


martes, 29 de octubre de 2019

EL OÍDO ES UN ÓRGANO DE LUZ CERCANO AL PENSAMIENTO por MÓNICA MANRIQUE DE LARA




Ha parado el pensamiento y ha parado la lluvia, las cremalleras ascienden por mis botas, el pantalón, la chaqueta de cuero, cada escalón hacia la calle es como un golpe decidido de tambor. El bullicio desmadeja la avenida, la gobierna una intensa conciencia vertida en sonido. Fluyen los pasos, las risas, las voces, el pentagrama vital de la ciudad ha comenzado a estirarse en callejones, la música se mueve, mi cuerpo avanza entre sus notas y silencios. Escucha, el oído es un órgano de luz cercano al pensamiento, sube el andante hacia el allegro ma non troppo, arrebatado fa mayor que se refugia progresivo en do menor, o esa alegría del sol mayor que se apacigua y desciende hasta el nublado, siento caer una redonda a través de un largo beso al pentagrama, recuerdo a George Brassens, "le banc public", las ligaduras entre notas como madres que enlazan a sus hijos, o aquellas prisas que corren como fusas, crecen semicorcheas en la risa, avanzo ajena a mi posición de pentagrama ¿acaso alguien me escucha en este trueno?. Recuerdo las canciones que mi padre silbaba en mi infancia, no se parecen a mi vida esas canciones, tantas cosas inútiles y bellas aprendí siendo niña, sabía entornar los ojos hasta difuminar toda la luz de la tristeza en las farolas, escribía poemas, reconocía a mi abuela fallecida en el ocaso de ese nácar celestial, eran cosas, como digo, inservibles, profundas y hermosas. Recorro la avenida, el ambiente ya parece enloquecido, se han abierto pentagramas, han saltado las claves, su armonía, sus notas, sus silencios, como pájaros dispares, de pico a pico, por parejas, como un trabajo colaborativo hacia el cielo, y van tendiendo con su canto nuevas líneas, heptagramas, octogramas, dodecagramas, llenos de signos que se cuelgan y descuelgan de su sitio, suena la música en el aire cada vez más veloz, más discrepante, más audaz, del allegro al vivace, y luego al presto y al prestissimo, todo se adhiere a la frenética energía, hasta que duele una punzada de límite en el pecho. El sonido ahora es ruido y busca una salida por la que dispersarse, cierro los ojos, unas notas se alejan de otras, baja una gota de mi frente hasta mi boca, otra, otra, otra, caen en firme y me dejo llover, hasta ir despacio del vivace al allegro, después non troppo, andante, adagio, lento, luego se mete el silencio del agua en la fuente y voy quedando sola en mitad de la plaza, con un caballo de piedra a mis espaldas, con esta especie de salvada soledad que se despierta tras el ruido y comienza a desnudar como me siento.¿Quién me anda por dentro? ¿ qué sentimiento ha venido a cavar la fosa del poema?. A veces es fácil confundir la tirantez del dolor con el brusco apagón de un orgasmo, es la ciega visión hacia un abismo, encontrarse a sí mismo después de la embriaguez y alguna pieza rota sin pegar, o lo que es peor aún, bien adherida, y aún así descolocada de su sitio.


Mónica Manrique de Lara


lunes, 28 de octubre de 2019

LOS ENCUENTROS por CONCHA GONZÁLEZ




He dejado de esperar rincones cautos.
Es esa pasión por la tristeza la que me lleva a prescindir
del azul de las rosas injertadas.
Tú no tienes que pedirlo. La voluntad se desprende
de sí misma, a cada instante, y, bombea hacia adentro,
como un corazón humano anunciando su inquietud.
A veces, el lloro de un niño reclamando sus cuidados,
o un torso desnudo mostrando su fuerza de carne
reflejan más ausencias que mi pena.
No se equivoca la luz que se sucede cada día.
Esos instantes distraídos se ocupan de hacer de mí una mujer.
Pero en la noche, los gestos pervierten su torva de imposibles
en un muro infranqueable y es allí, en su oscuridad impuesta,
donde me venzo, donde me rompo, donde te encuentro.


Concha González, del blog Mar de espigas.


lunes, 21 de octubre de 2019

SOBRE EL MERODEADOR




El merodeador es un itinerario a los mundos de las psicopatías, neurosis y obsesiones, de las que, en mayor o menor medida, solemos ser víctimas la mayoría de los que hoy habitamos un mundo preñado de ansiedades, propicio a generarlas... La maestría de la que hace gala el autor en el empleo de diversas técnicas literarias, permiten que este libro fantasmal se convierta a los ojos del lector, en una pequeña joya literaria que se lee, quizás con desazón, pero de un tirón. 

Franciso Martínez Bouzas 

En 114 páginas y 18 ‘capítulos’ nos encontramos un universo mágico en el que caben todas y cada una de esas, cómo diría, cuestiones raras que muchas veces nos asolan: manías que una y otra vez vuelven a nosotros, angustias sin sentido y sin explicación, temores a esas voces que creemos oír, todos tenemos algo de hipocondríacos, muchos pensamientos que nos asaltan pero no nos atrevemos a expresar en voz alta… Pues bien, todo esto lo encontramos en El merodeador; escrita con firmeza, con fuerza y con voz alta y diáfana. Vicente Muñoz tiene la habilidad de transmitirnos todo un conjunto de angustias y zozobras que, a medida que vamos leyendo, somos capaces de somatizar. 

Paco Marín 

El merodeador: literatura funámbula entre la locura y la calma, de continente helado e interior infernal, que se lee de una sentada y permanece con nosotros —igual que los maullidos de esos gatos abandonados— durante mucho tiempo. 

Elena Medel 

La primera vez que leí El Merodeador de Vicente Muñoz Álvarez algo estalló en mi cabeza. En ese libro estaban reflejados mis miedos, mis neuras, mis dudas, mis desengaños, mis incapacidades… Aunque todas esas experiencias eran de Vicente, tuve la impresión de que estaba hablando de mis propios sentimientos. Y es que Vicente consigue transmutarse en el lector que le está leyendo, creando una simbiosis perfecta entre ambos, un baile pactado en el que los bailarines se acoplan con refinamiento y elegancia. Leer este libro fue una experiencia fabulosa que siempre he guardado con especial cariño. 

Pepe Pereza 

El merodeador es un libro inquietante, angustioso diría yo, en el que, relato a relato, se va resolviendo un puzle que conforma una obra coral, casi una novela. A medida que avanzan las historias en el libro, aumentan las pulsiones, el desencanto, la melancolía, la locura. El mundo obsesivo de un escritor se muestra con la crudeza natural de la realidad vivida, porque ese mundo obsesivo, es el mundo según la cabeza del propio autor... El poder de su descripción, profusa y lenta, consigue imágenes que el lector no podrá borrar de su cabeza jamás. 

Esteban Gutiérrez Gómez 

Es quizá su obra con más capas, la que más nos permite proyectarnos como lectores, apoyándonos en el nervio de sus páginas para construir nuestro propio nervio. Entre la autobiografía y la ficción, los relatos de El merodeador son la descripción de la quiebra mental de un escritor, un recorrido peligroso por ese filo de lo imposible que los creadores solitarios deben atravesar para alcanzar la autonomía creativa. 

Inma de Arcos 

Hoy he empezado El merodeador, a esa hora de comer cuando no se tiene hambre y no se distingue mucho si el sol sube o baja... si la luz entra o huye. Y me atrapó completamente, no lo solté hasta las últimas palabras "resuenan sus pasos dentro, atravesando lentamente el pasillo" y oí ese crujido penetrar desde las montañas y las grietas de ésta vieja casa e instalarse aquí y volver a pasar las páginas de El merodeador en una especie de atemporalidad y lava. 

Mareva Mayo 

Un libro poderoso, que conmociona, que entrecruza los estados de ánimo del autor y el lector, con toda la naturalidad del sentimiento, real o ficticio, que más da. Tremendamente interesante. 

Francisco Ramón Hermando Guerrero 

Alrededor de El merodeador crecen enredaderas que desde nuestros pies ascienden hasta lo más profundo de nuestro cerebro y corremos el riesgo de que se mantengan allí mucho tiempo, tirando de nosotros hacia el suelo primigenio de nuestros más ocultos miedos y fobias.... Un libro muy recomendable de uno de los adalides del underground literario en España. La oportunidad de leer buena literatura alejada de los ya ajados caminos del mainstream, literatura en estado puro, como un golpe directo a la mandíbula. 

Pablo Malmierca 

El lector de El merodeador, de Vicente Muñoz, se va a ir sumergiendo, sin apenas darse cuenta, en ese desasosiego inmanente que vive el protagonista de este magnífico libro, para convertirse en observador de quien se siente observado. 

José G. Cordonié 

Vicente Muñoz Álvarez. Literato de los que construye, día a día, desde hace muchos, el vocabulario anímico y sensorial de toda una generación. El merodeador. Una de sus más jugosas obras. La Ilíada del creador actual. La Odisea del escritor contemporáneo, en lucha continua con sus propios fantasmas con la sola intención de alcanzar algún día esa Ítaca en que, sueña, le espera la calma del abrazo amado. Vicente logra, una vez más, tocar con cada palabra la cuerda de las emociones, para arrancarle arpegios de vida. 

Pablo Cerezal 

Antaño me parecía éste el mejor libro de Vicente Muñoz y, releído hoy y aunque es difícil escoger entre su obra, me sigue pareciendo el mejor, el más personal. 

José Ángel Barrueco 

Este pequeño libro encierra algunos de los relatos más inteligentes, sensitivos y maduros que ha dado la literatura independiente nacional de la mano de Vicente Muñoz. Acercarse a El Merodeador es hacerlo a toda una tradición de la literatura que él conoce tan bien, la de la angustia, el miedo atávico y el dolor de existir. Reivindico como receptor y apasionado lector esta colección introspectiva de relatos fantasmales que es El Merodeador. 

Julio César Álvarez 

Tras leerlo, ese merodeador me recuerda al "infierno son los otros" de Sartre, pues ese "merodeador" no deja de ser " el otro", el que deambula a nuestro alrededor y que en ocasiones se confunde con "el infierno soy yo mismo ". Una lectura recomendada, donde el ser es la Nada y el Todo, la esencia de lo que se es y de lo que permanece en nosotros. 

Pedro Gascón 

El merodeador es uno de esos libros en los que el lector puede verse reflejado, en él puede sentir que observa tras una ventana las aventuras y desventuras vividas por el protagonista del mismo, como si de un mirón se tratara, sintiendo el corazón palpitar a cada instante ante la siguiente página. Ese reflejo se deriva de una sensación que le recorre de principio a fin, como si reconociera con claridad el tono, como una canción que conoce y no puede dejar de tararear, un grato aroma que reconforta, una canción que dice amor (y desamor), desasosiego (y paz) y ternura (y desolación). 

Ignacio Escuín Borao 

Como en El crack-up, de F. Scott Fitzgerald, Vicente Muñoz Álvarez narra en El merodeador un estado mental al borde de la quiebra. Y como Winesburg, Ohio, de Sherwood Anderson, y tantos otros grandes libros de relatos, también El merodeador puede y debe leerse como un todo que multiplica el sentido de cada una de sus narraciones, en una estructura circular y autorreferente. 

José Marzo 

Lo sublime de los románticos, el misterio de Poe, el martirio continuo del narrador... Relatos cortos que inquietan, que sobrecogen, que atrapan... Una catarata de sentimientos con forma de dietario para una novela de introspección y búsqueda de respuestas. 

Josu Bustinzulu 

El merodeador nos deforma la cara al vernos en el espejo, pero también nos enseña la puerta de salida, nos acerca al abismo para atraparnos y abrazarnos al último momento. Nos hace más humanos que nunca y a la vez nos saca del mundo. Vicente parafrasea acertadamente a Omar Kayyan: “el Cielo y el Infierno están en ti”. Cada uno hará su propia lectura. La mía, particularmente, ha sido de un 10. 

Estelle Talavera Baudet




viernes, 18 de octubre de 2019

COSAS QUE PASAN EN OCTUBRE QUE NO VERÉIS EN LAS CIUDADES por JOSÉ PASTOR GONZÁLEZ




va llegando el otoño
suavemente
como una caricia
es época de castañas de nueces de granadas
de los saúcos de los mostajos de los serbales
y de las gamboas y de las calabazas
de el vino cociéndose en las bodegas
de los higos secándose al sol
del verdeo de la aceituna
de ir a por setas de álamo
y de ir a por la cáscara de almendra para el ganado
van yéndose las golondrinas las abubillas los abejarucos
y van llegando
las aves que vienen aquí
a pasar el invierno:
pinzones milanos torcaces
gaviotas y fochas
y cormoranes y patos
y en la sierra en el monte en el bosque
la berrea
de las monteses de los ciervos de los gamos
va llegando el frío
suavemente
como una hoja que cae de un árbol
y se siente
en el suelo en la tierra
en el aire en las madrugadas
en las manos en la piel
en la cama en los bares
ha llegado el otoño
suavemente
como la melancolía
como la nostalgia
y vamos recogiendo a almorzás
almendras, aceitunas para aliñar
palabras, poemas, leña
para calentarnos
estos días de otoño
amarillo
en que todavía creemos tener
una oportunidad


José Pastor González


photo by Marlus Leon

miércoles, 16 de octubre de 2019

ALBERT SIHOD: En la línea de fuego.




BUSCANDO NORTE

una y otra vez
cuando
me siento
perdido
recurro
a la poesía.
vieja brújula
a la que
siempre
permito que
me arrastre
hacia
ninguna parte.


UNA PALABRA

dicha en el momento
justo puede
salvar del naufragio
al amor.
una palabra
lanzada en el instante
exacto
con cierta tonalidad
vocal
nos puede arrastrar
al infierno.
el silencio a veces
puede lograr el mismo
efecto que ambas
palabras.


DISCITE

con la edad debes aprender que
lo primordial es, evitar en lo
posible los momentos dolorosos de
cualquier índole.

que la autoflagelación corresponde
a niñatos efebos que pueden soportar
los variados embates de sus
constantes equivocaciones.

aprendes a salir en días de lluvia
con las agujetas de las botas bien
atadas, la americana puesta y el
paraguas en la mano.

intentar no cometer errores, ese
es el mensaje que arrojan los años.
mensaje que—observa a tu
alderredor—algunos jamás escuchan


COMO UN MALDITO CUENTO

luego de siglos aquí seguimos
a pie del cañón.
encerrados en un absurdo.
buscando aún respuestas en
aquellos que nos antecedieron.
lo mismo harán los que
nos sucederán.
luego de siglos aún seguimos
sin haber aprendido a soportarnos
los unos a los otros.


EN LA LINEA DE FUEGO

ni siquiera
existe
necesidad
de que digas
nada.
tu mirada
delata
las palabras.
están ahí
a la espera
listas
para ser
disparadas.


Albert Sihod

lunes, 14 de octubre de 2019

DOLOR DE LUCES por NICOLÁS CORRALIZA




Es esta oscuridad
mal educada,
esta falta de prudentes
que orinan en el polvo
de la sangre del rencor.

En este bando sin guerra,
una banda de poetas
construye una fragata
para huir.


Nicolás Corraliza


domingo, 13 de octubre de 2019

EL RUIDO ANIMAL por CARLOS DE LA CRUZ




Cuidado chicos chicas cuidado
búfalos de agua cuidado hijos míos
hijas mías cuidado la ciudad es una nutria
un espejo mojado
el chorro rubio de vuestra orina hijos hijas mías
la sopa tibia hijos hijas del sol durazno cuando esconde la cabeza
en una fosa séptica
Porque estamos del otro lado de la cordillera central
del extremo helado
de la corriente excéntrica
un océano en un cono de oblea
y luego
nada
que se nos parezca

El ruido el animal del ruido
que baja de madrugada a beber de los charcos que deja la máquina
sobre el campo sin peinar del barbecho
nosotros seguimos abrazados
sólo son las 6 de la mañana

Tu dolor es una hogaza de pan
caliente
sagrada
el lugar en el que se detienen las dioses
y beben y bailan y dejan los calzones
como banderas por el suelo
a media nalga

Tu dolor es un niño
que vuelve de la escuela
con las manos en los bolsillos
una piedra una rana un señor con sombrero
una muchacha borracha
el punto de fuga de la luz
y la perspectiva del sonido
El dolor es una casa
y nadie paga la renta.


Carlos de la Cruz


domingo, 6 de octubre de 2019

4 POEMAS de RAMÓN GUERRERO




PÁLPITO

Todo llega como un rumor
volumen de aire libre
que es preciso examinar
para saber si realmente
estás solo
o te has transformado
en un ser furtivo
que va calle abajo
entre la multitud
con el hambre rodando
oscura feroz estable
Así es el rumor
un leve llanto
del que nada esperas
un latido cantarín
que de boca en boca
silencia la poca verdad
que quiere ponerse en pie
desnuda derrotada herida.


MARES

Suelen acompañarme voces
que son como pasos solitarios
en el teatro del otoño
así busco cierta nostalgia
cierta felicidad ciega
robada a la infancia
aquellos palacios de sol
heredados a través de subsidios a través de la fatiga del hombre
Llueve y voy hacia el mar
hecho un ovillo con todo lo abandonado y amanecen
a lo lejos hordas de furiosos cargueros silbando
como pájaros irritados
que conocen el día que les llega a la orilla de ese mar.


HÉROES

Llega la noche
y nos abandonamos
a las compañías
que nos ofrecen paz
a nuestra vida
que se adormece
que se pierde
ya olvidada
del cemento del día
de las exigentes
promesas exigidas
de las palabras
y de los rostros
en los bares
poco iluminados
que invitan al silencio
a besos desconocidos
que nos asaltan
nos dignifican
y nos humanizan
la noche borrosa
con esos labios
tiernos e inexactos
que no se aman
plenos de historias
furtivas y de placeres
equivocados acertados
Héroes falsos y vitales.


AMOR O DESEO

Qué certeza tan clara es
la necesidad que tenemos
de los otros,
nuestros queridos amantes.
La gracia de sus cuerpos
descargados ya de la tensión en la pelea,
de los contornos de los cuerpos casi sin vida.
Los amaneceres desnudos,
carnales, sexuales, excitados.
Corazón y cuerpo
los sueños
y en el centro,
la inteligencia.
A veces, el desamparo.


Ramón Guerrero


Cover by Vladimir Kush

domingo, 29 de septiembre de 2019

EL TAROT DE MIGUEL ÁNGEL MARTÍN



Miguel Ángel Martín ha creado su propio tarot, a imagen y semejanza de su obra, provocadora y sexualmente desinhibida. Este tarot, pasional y crudo como la propia vida, representa los veintidós arcanos mayores y los cincuenta y seis menores.


miércoles, 25 de septiembre de 2019

EL TIEMPO DE LOS ASESINOS




Cada cierto tiempo asciende del infierno al purgatorio algún profeta, un visionario que embriaga con palabras, que escupe fuego y se desnuda y abrasa al mundo en sus pasiones, un ángel caído que recorre las calles con su pluma y hace de la tragedia humana una canción, un himno de vida y sentimiento que sublima en poesía nuestro absurdo.

Este ensayo es un rendido homenaje a estos pioneros, alquimistas del lenguaje que hicieron arte de sus vidas, rompiendo tabúes y abriendo nuevas vías de expresión, para demostrar que la literatura no es solo un ejercicio de estilo y de retórica, un juego de señoritas, sino también, y básicamente, un arma de lucha y subversión.

Vicente Muñoz Álvarez

*

Semblanzas de: J.K.HUYSMANS, OSCAR WILDE, G.I. GURDJIEFF, ARTHUR MACHEN, H.P. LOVECRAFT, LOUIS FERDINAND CÉLINE, HENRY MILLER, MALCOLM LOWRY, DYLAN THOMAS, WILLIAM S. BURROUGHS, JACK KEROUAC, CHARLES BUKOWSKI y RAÚL NÚÑEZ.


Edición en papel:


Booktrailer:


martes, 24 de septiembre de 2019

EL CALENDARIO DE DIOS: Rubén Castillo.




«Dicen que cada ser humano atesora en su alma, lo sepa o no, una cualidad que lo hace único, un don asombroso que con suerte terminará aflorando en algún instante de su vida o que, por desgracia, morirá en silencio dentro de su espíritu».

Tal vez Horacio hubiera preferido que ese don muriera en silencio y escondido. Tal vez, de ese modo, hubiera concluido sus estudios de filosofía, hubiera encajado en la adinerada familia de su preciosa exmujer, los problemas del anciano Matías le hubieran sido del todo irrelevantes por desconocidos y hubiera disfrutado de una existencia anodina pero relajada.

Sin embargo el don afloró cuando apenas había dejado atrás la adolescencia, y aunque siempre procuró seguir a rajatabla los consejos de su guía y mentor, una decisión precipitada en un momento de flaqueza lanzó la bola de nieve que comenzó a perseguirle ladera abajo hasta convertirse en alud.

Rubén Castillo cruza la línea para mostrarnos, desde el punto de vista de un ‘Elegido’, la soledad, la incomprensión, el desarraigo, el miedo, la carga y la responsabilidad a que se ve sometido quien ostenta un poder que ni quiere ni ha pedido.



lunes, 23 de septiembre de 2019

HASTA QUE NADA QUEDE: José Antonio Martínez Muñoz.



HASTA QUE NADA QUEDE

Poesía reunida 1978-2019. Volumen I

José Antonio Martínez Muñoz

Nació en Murcia en 1959. Periodista de la emisora pública de radio Onda Regional de Murcia donde además dirige y presenta el programa de poesía Las personas del verbo.

Ha publicado moanin’ (some blues) (1999); un nocturno para saxo y otros poemas (2000); la lluvia en el cristal (2000); médanos (2001); nada, nadie (2002); uno (2003); naufragio (2005); el viento de la Gehena (2005); y la moneda (2007). Ha reunido sus versiones y traducciones en traiciones, volumen no venal (2005 y 2009).

SINOPSIS

Se recopila en Hasta que nada quede toda la obra poética publicada del poeta José Antonio Martínez Muñoz desde 1978 a 2019.

OTROS AUTORES HABLAN DEL VOLUMEN:

“Estamos ante un poeta que desde el amor y el conocimiento de la tradición abre la puerta al poema para que se entienda y comunique con su tiempo. Estamos ante el bluesman de la palabra que va dejando fluir su estilo según las épocas, los asuntos que le ocupan, los dardos que todo hombre recibe en su discurrir por la vida y donde va latiendo y asomando de modo muy especial la mirada hacia un mundo que cambia velozmente y con poca frecuencia en la dirección que el poeta hubiera deseado.” 

León Molina


viernes, 20 de septiembre de 2019

UN POEMA de LUIS MIGUEL RABANAL




CASI CON temor me acerco
a la rara ilusión y al vacío necesario.
Vidrios de colores que romperle
en su nariz al último cobarde
que desgaja mis piernas sin ahínco.
Con acritud, el enfermo
recoge sus grises toallas
empapadas de plasma y de sudor,
o cree en su ternura como en fusiles
de cartón que fueron suyos.
Una noche más que acaba
inútilmente con mi fuego.
Escribo entonces al azar
en otra carne que escuece
tanto herir.


Luis Miguel Rabanal


jueves, 19 de septiembre de 2019

SIEMPRE ESTARÁS BIEN por FELIPE J. PIÑEIRO




Siempre estarás bien
aunque sea estrecha esta, tu celda,
ganes o no,
falso o cierto,
del ajedrez, el mejor,
el peón.
del juego la improvisación,
el movimiento,
de la vida la realidad,
el acto.
Quisieras volver,
pero la consecuencia de ello
conlleva demasiados significados.


Felipe J. Piñeiro, del libro En dirección contraria (2019)


jueves, 12 de septiembre de 2019

LA OFRENDA Y EL FUEGO por JULIA ROIG



Me tenso en los extremos 
que no vengo a negarme
sino a ser descarada
hasta que tus miradas me sepulten

Describir la raíz que me inunda
desde el dique que rompo
por el habito de libar herrumbre
grieta, noche
y ser hallazgo

Saliva o halo de luz
guía
sin más perfume que el de la carne
Una estirpe de intentos de caricias densas
con los que elevarse
y fabular el combate con uno mismo

Magia negra de aprenderse antes de tiempo
y darse ramas de sol
antes de llovernos
en los mataderos del deseo

Braceando en las dunas
pero ceñida por todos los mares
Yo quiero tocar la palabra por dentro
y ser la ofrenda y el fuego
Ser la nuca encañonada en cada vuelo
y estar muy vivos
Eternos y desconocidos
Desprotegerme habitando la incomodidad
Tenerme en la ebriedad de las palabras
antes de la caída en picado

Sin mapas,
llegarse como único rito
cabalgar el dominio una vez
sin drama

como el que diluye el mármol con un susurro


Julia Roig, del blog Miss Desastres Naturales.


miércoles, 11 de septiembre de 2019

SEDENTARISMO APLICADO por JOSÉ YEBRA



no disminuyó el amor
por la evidente ausencia de sufijos
no
quizá era sólo el devenir
de los tiempos
ese que no se ciñe al arnés
de dos mil y pico años
de contrición contra natura
no
y las tribus vuelven a ser nómadas
con la convicción
de astuta pertenencia
a este suelo que nos acoge
que no es mío
no es tuyo
y es de ambos a la vez
porque la dificultad de la ira
deviene de ese exceso de posesión:
ese miedo a morir inútilmente
como si la revelación de nuestros pasos
se moviese en paralelo a toda
rotación planetaria
no
volvemos a madrugar
entre opiniones y cafés
bien cargadas
bien cargados
y nos miramos incrédulos
porque nadie jamás
se atreverá a estirar su brazo
ofreciendo una mano
condescendiente
amiga altruista
del nido del olvido
para así cerrar
de una vez
y para la eternidad
el círculo humano 
y sus consecuencias 
o no


José Yebra,
de Sedentarismo aplicado
(Suburbia Ediciones, 2019)



martes, 10 de septiembre de 2019

LA CIUDAD QUE TE HABITA: Javier Vayá Albert.




Libro de relatos conceptual que gira en torno a la ciudad como ente amenazante y fagocitador del ser humano. El estilo mezcla realismo social, a veces sucio, con cierto tono fantástico cercano al extraño-cotidiano. A lo largo de los dieciséis cuentos se repiten ciertas situaciones o reflexiones de los personajes con la intención de dar continuidad y favorecer la atmósfera claustrofóbica. Un hombre que se pierde en la ciudad, una pintora con sinestesia, un asesino de niñas, un duende, una viuda o un viejo policía obsesionado con el elevado índice de suicidios, son algunas de las historias que conforman La ciudad que te habita. Cada una de ellas es un transeúnte que se cruza con otro, quizá relacionado o no.

Bajo el marco de la crisis económica, la obra posee un marcado tinte de denuncia social mientras transita por distintos géneros y derroteros. La ciudad es una Valencia disfrazada, parcheada por retazos de otras ciudades, que actúa como personaje principal asfixiante y catalizador de la existencia de sus habitantes. Hasta el punto de ser esta la que termina por habitarlos.



viernes, 6 de septiembre de 2019

SOBRE TRAVESÍA




Travesía (Chamán Ediciones), el que creo es el mejor libro del poeta Vicente Muñoz Álvarez. Una poesía crítica con la existencia desde una poética de huida, en busca de esa puerta enclavada en la realidad: “y esa enigmática clarividencia a veces… a veces…” Fragmentos, trozos, poemas en prosa de gran belleza. Muñoz Álvarez es literatura. 

Enrique Villagrasa 

Libro rico en metáforas, referencias literarias, referencias a sus libros anteriores, pleno de vida, nos sugiere navegar por sus páginas convirtiéndonos en los capitanes de nuestros propios navíos, pues esa es la enseñanza de un libro tan pleno, tan redondo como Travesía, debemos tener la plena consciencia de ser nosotros mismos, de no perder nunca el rumbo. Y quién mejor para mostrárnoslo que un viejo lobo de mar como Vicente Muñoz Álvarez. 

Pablo Malmierca 

Con este libro lleno de jalones cartográficos vitales, Vicente Muñoz nos lleva del lado del alma nómada (sabiendo que el nómada es un alma que persiste en un mismo territorio, esto ya lo dijo Deleuze), con un estilo tabernario en lo rotundo y festivo pero también de sutil –y marinera- melancolía. 

Esther Peñas 

Hacía tiempo que una lectura no me emocionaba tanto como Travesía de Vicente Muñoz Álvarez. Es difícil encontrar algo hoy en día con ritmo poético que te impacte y te haga reconocerte a ti mismo como este libro. Hacia varios años que no me llegaba tanto un libro de nuestra tierra... Un regalo, sin duda, a los sentidos. Una vez más, ante Vicente, me quito el sombrero. Simplemente, brutal. 

José G. Cordononié 

La variada polisemia del título de la obra hace que cualquier lectura de los capítulos sea doble: coherente con el texto y entre sí, formando una armonía con la temática general. Las narraciones se distribuyen entre la enumeratio y la narratio, con sus exigencias creativas. El trasfondo creador es un vendedor de zapatos con sus esclavitudes, que recuerda las excelentes lecturas de ciertos autores bajo la forma de líricos fragmentos, buscando una idea unitaria. 

Nicolás Miñambres 

En Travesía, Vicente Muñoz mira hacia el pasado, o hacia el mismo presente, desde un instante en el que el tiempo —pero no el movimiento— se detiene. Se pregunta el autor desde ese punto por el posible acierto, o no, en los caminos tomados, y por el ‘que hubiera sido si…’ de los caminos obviados. Respuestas que generan nuevas preguntas, y nuevas preguntas, a su vez, que surgen dentro de las mismas respuestas. 

Luis Sánchez Martín 

El nuevo libro de Vicente Muñoz Álvarez, Travesía, pone el foco a los estados de desánimo, los desengaños, el paso del tiempo o el tiempo detenido, un canto a la ciclotimia y la desorientación. Página a página se va cavando un boquete en el pecho del lector, se levanta el viento y nos abrazamos a nuestra propia Babilonia, reconociendo nuestras ruinas.

Julia Roig 

Vicente Muñoz vuelve a sumergirse en el viaje de su vida en este nuevo libro, el segundo volumen de la trilogía La llama encendida, que inició con Días de ruta (Lupercalia, 2014). Aquel primer paso para narrar la aparente dialéctica de sus dos oficios- comercial de calzado y escritor- ha desembocado en Travesía, un itinerario existencial que se abre con su habitual prosa poética a esos detalles íntimos que aderezan su escritura, nutrida de esos dos polos totalmente antagónicos: el alienante mundo del capitalismo y el de la ensoñación del poeta, más reflexivo e introspectivo. 

Camino Sayago 

Disfrutando de Travesía visitando lugares comunes desde la intimidad de la palabra, la ensoñación, el corazón abierto; saboreando el paseo por el lado más poético de la vida de la mano de Vicente Muñoz Álvarez. Un libro con una cuidada edición; un cofre repleto de delicadas perlas. 

Julia Navas Moreno 

Hay dos palabras que me obsesionan: honestidad y valentía. Eso es lo que más me gusta de Vicente. Y las incesantes preguntas, y el anclaje tan arduo al presente, y la fugacidad de la maravilla, y lo incontrolable y oculto que hay en nosotros, en mí… Una travesía para la que yo también tengo billete. 

Ana Grandal

Travesía, a pesar de su nombre, no es un libro de viajes. Es un libro que narra el viaje de una vida, el de cualquier vida, el de la tuya o la mía. Y la del autor, por supuesto, con todo lo que de audaz tiene el acto de asomarse a uno mismo para dolerse y alborozarse, para comprenderse y malinterpretarse, para sorprenderse incluso al ver que la imagen que devuelve el espejo nada tiene que ver con el propio rostro. 

Pablo Cerezal



miércoles, 4 de septiembre de 2019

PRESA FÁCIL por SAMUEL BRESSÓN



Comprendíamos el sexo de la misma forma; sin ningún tipo de tabú ni apenas límites. Sin embargo lo que a Sandra realmente le ponía, lo que la motivaba por encima de cualquier otra cosa, era hacerlo en lugares públicos. A mí también me gustaba pero para ella suponía el súmmum del morbo y la excitación. Cuando lo estábamos haciendo en algún lugar, en el que podía sorprendernos alguien en cualquier momento, su rostro se transfiguraba. Su respiración se aceleraba furiosa. Todo su cuerpo era presa de un estremecimiento febril que se apoderaba de ella y la poseía. La misma noche que nos conocimos me había abierto la bragueta en la Plaza Mayor de Palma, a las tres de la mañana, y me la había chupado allí mismo, sin previo aviso. Con aquello me estaba mostrando por dónde iban a ir los tiros aunque ni en mis más delirantes sueños habría sido capaz de imaginar hasta qué punto iba a ser así. Tres meses después lo habíamos hecho en todos los lugares imaginables, incluso para mi imaginación que ya es bastante retorcida. Aseos de bares, de restaurantes, en la última fila del cine en sesión nocturna, en callejones, en probadores de tiendas, en el ascensor... A veces, volviendo a casa de madrugada de borrachera, nos metíamos en algún portal que estuviera abierto y lo hacíamos en la escalera entre dos pisos. El problema mayor con aquello era que su grado de excitación no se mantenía estable en un determinado grado de riesgo. Con esto quiero decir que si le gustaba hacerlo en probadores de tiendas no iba a ser siempre así. Llegaba el momento en que le sabía a poco y necesitaba, por así decirlo, pasar al siguiente nivel. Y yo no sabía si aquella escalada tenía un fin, o por lo menos un fin que no implicara cárcel. Y en el caso de que lo tuviera ¿qué sucedería después? ¿Una vez traspasados todos los límites iba terminar la relación? Aquellas cuestiones me intrigaban aunque no sabía cómo exponérselas, sin que resultara ofensivo, y simplemente me dejaba llevar. Debo reconocer que era un juego en ocasiones bastante arriesgado pero muy excitante y divertido. Yo me hallaba en un período de mi existencia en el que sentía que ya no me quedaba nada que perder y todo era ganancia. No estaba dispuesto a renunciar a experiencia alguna que me atrajera por inconveniente que resultara. De hecho cuánto más cerca andaba del límite más vivo me sentía, como si la muerte me fuera a atrapar si me quedaba diez minutos sentado sin hacer nada. 

Sandra llevaba tiempo insistiendo en que quería hacerlo en un autobús. Yo le decía que aquello me parecía logísticamente imposible pero ella insistía en que se podía. La cuestión es que el asunto se había ido posponiendo hasta que, una mañana yendo en bus hacia la playa, me cogió de la mano y me llevó hacia la parte de atrás guiñándome el ojo. Comprendí que había llegado el momento y me inquieté. A pesar de estar, gracias a ella, sobradamente entrenado en ese tipo de situaciones aquella se me antojaba especialmente dificultosa. Se trataba de un espacio cerrado, a plena luz del día, en el que había gente y además se encontraba en movimiento. No había forma de interrumpirlo con dignidad o huir en caso de que algo se torciera. Por suerte solo estábamos unas catorce o quince personas, en aquel momento dentro del autobús, y supuse que aquella era una de las razones por las que había decidido que el momento era aquel. Me llevó hasta la última fila de asientos, me indicó que me sentara junto a la ventanilla y se sentó a mi lado. Lo cierto es que ya estaba cachondísimo, Sandra había despertado en mí un sentimiento de enorme excitación ante ese tipo de situaciones y ya, al igual que ella, cuando llevábamos un par de días sin hacer algo así lo echaba en falta. No tenía remedio; era un inconsciente. Era presa fácil para cualquier situación que se saliera de lo normal. Decidí ignorar mis grandes dudas acerca de la viabilidad de aquello y, como tantas otras veces, dejarme llevar por ella. Y allí estábamos, en la última fila del bus preparados para echar un polvo de algún modo que yo desconocía. No había nadie cerca; estábamos solos de la mitad del autobús hacia atrás. Entonces sin tan siquiera mirarme, y con una destreza que solo posee con respecto a un asunto quien lo ha manejado sobradamente, me desabrochó la bragueta y comenzó a masturbarme antes de que pudiera darme cuenta de que estaba sucediendo. Su habilidad y el sentimiento de hacer algo con seguridad más inadecuado, expuesto y pervertido de lo que habíamos hecho nunca hizo que se me pusiera dura en un momento. Entonces, de forma absolutamente sencilla y natural, con un leve movimiento felino se desplazó encima de mí. Antes de que pudiera darme cuenta estaba sentada sobre mis piernas, dándome la espalda y la tenía dentro. Todo lo que yo había imaginado, como un sofisticado plan de ingeniería, había sucedido en apenas un segundo y sin mediar colaboración por mi parte. Incluso su faldita había quedado acomodada de tal forma que cubría el perímetro necesario para que no se pudiera adivinar lo que sucedía debajo. Entonces, sin que estuviera pareciendo en absoluto que algo sucediera, con un experto y apenas imperceptible movimiento de cadera, se me estaba follando. Me sentía más excitado de lo que me había sentido nunca en mi vida y veía que no iba a aguantar mucho. Lo cual en parte me aliviaba ya que era una excitación aderezada de gran inquietud. “Me voy a correr, cariño. No aguanto más”, dije. “Córrete mi amor, quiero sentir como te corres dentro de mí”, contestó. Estaba a punto de hacerlo cuando el autobús se detuvo en una parada y subió una señora de unos setenta años. Estaban prácticamente todos los asientos vacíos e incrédulamente vi cómo, poco a poco, caminaba hacia nosotros hasta sentarse en el asiento justo delante del nuestro. Sandra no se inmutó y de hecho pareció sentirse más estimulada, continuó trabajando el asunto remarcando y recreándose más en cada movimiento. Sin embargo a mí aquello me cortó el rollo por completo y se me aflojó al instante. Sandra se dio cuenta y puso más empeño en el movimiento tratando de levantarla de nuevo. De pronto ya no era un contoneo sexual y cadencioso, ahora parecía más un ultimátum. Una exigencia un tanto agresiva de que mi cacharro volviera al trabajo. Yo sabía que ya no había nada que hacer; desde el momento en que aquella señora se había sentado delante nuestro la aventura había terminado. Sin embargo Sandra era tozuda y se negaba a aceptarlo y sus acometidas comenzaban a resultar dolorosas. Aparte de tener el asunto en estado vegetativo ya casi no sentía la pelvis. Entonces el bus volvió a parar y entraron unas cuantas personas. Entre ellas otra señora aparentemente de la misma edad que la anterior y con un aspecto muy parecido. La que estaba sentada a nuestro lado alzó el brazo animadamente para hacerse ver. La otra señora al verla se acercó y se sentó un asiento más allá del nuestro. Es decir; yo estaba sentado junto a la ventanilla, Sandra encima de mí y la señora se había sentado a un asiento de distancia de nosotros para hablar con su amiga del asiento delantero. Estábamos atrapados; no había forma de revertir la situación. Era como si algo nos estuviera diciendo que nos habíamos pasado de la raya y ahora merecíamos estar allí, encajonados entre dos señoras que hablaban de recetas de cocina. Me sentía abatido y me inundó una profunda desazón. Por algún motivo tenía la sensación de que el fin de aquel polvo significaba el final de mi historia con Sandra. No había ningún motivo objetivo para pensar aquello pero no podía evitar sentirlo así. Las dos señoras resultaron ir hasta la última parada del trayecto, que estaba a casi una hora de viaje de la nuestra. De camino aprendí a hacer alubias pintas, carne estofada y bizcocho con pasas.


©Samuel Bressón

martes, 3 de septiembre de 2019

UNA DROGA PARA CADA PERCEPCIÓN por SERGIO MAYOR



Entonces tomaba drogas por razones subversivas. A los catorce años frecuentaba una bolera de la calle Canalejas. El encargado parecía un mesías del infierno y yo un autodidacta criminal. Me aficioné a las drogas enteógenas por influencia de Huxley, Michaux, Burroughs, Trocchi… Esos apologetas me enseñaron hiperespacios en una gota de ácido lisérgico. Descubrí que hay una droga para cada percepción de la National Gallery, un alcaloide para un cuadro de Vermeer, un receptor neuronal para, digamos, una gaviota sobre la piedra de un río de 1970. Yo era un pobre diablo, pero si añadía un tubo de bustaid a la ginebra, lograba la theiosis. Era una vida. Entraba y salía por las cronotopías y los hospitales. Perdí una playa y no me importó; Salinetas regresaba en las pensiones y el océano me subía por las venas. Hablaba de Blake. Perdí una ciudad pero sabía llegar cada noche a Carvajales. Perdí una mujer y eso no tuvo remedio. No encontré jamás una réplica de ella. Un solo principio sintético de ella. Y eso que era un taumaturgo, un tipo capaz de hacer aparecer una mujer del siglo trece por la ventana ojival de un palacio de Praga. Viajé. Probé los hongos que contienen el principio activo de la selva. Mordía un pedazo y aparecía el río, la mamba, la pantera. 
Puede que esto sea enfermizo. Como aquella vez que la absenta me llevó a un bar de Waxahachie, Texas. Recuerdo un búfalo mecánico, un laberinto, una prostituta que lloraba borracha, escayolada. 
Entonces hacía un ángel de las fumadoras de crack y las mendigas amputadas.

Ha pasado el tiempo. Ahora tomaría drogas por razones reaccionarias. Ya solo quiero ser un heredero, un tipo que regresa a la casa de la playa, la destruida, y se sienta en la terraza y mira el mar que mirábamos los muertos.


Sergio Mayor


lunes, 2 de septiembre de 2019

LA VOZ ESTREMECIDA: 4 poemas.




VERSO

Existe un verso alucinado
que cae sobre tu percepción.
Existe un verso sin imágenes
que apedrea tus sentidos.
Existe un verso psicótico
que agarra tus entrañas.

También, existes tú,
tu falta de claridad
tu ausencia de referentes
tu anfibología apresurada.

Ese vivir entre imágenes
ahuyentando las palabras,
ese huir de la cadencia
asaltando las formas.

Destruyes más que creas,
nombras más que defines.
Eres la catálisis
de la inmovilidad.
Eres la  decantación de los referentes.
Eres... la poesía que  busco.


SONIDOS

Agotado,
he quemado las raíces,
los abrojos,
la senda que piso,
el tú, el yo.

Solo me quedan imágenes inconexas,
perdidas en la ausencia de referentes.

Me concentro
en los sonidos
que me dictan los ecos de mi cuerpo.

Sin música,
ensimismado en mis cadencias
la nada crea mi poesía.


EPÍGONO

Entre tus palabras
encontré cadáveres exquisitos.
El eco de tu voz
era un sonido impostado.
Las solapas de tus libros
escondían el polvo de otros nombres.

Quise acercarte al vacío,
pero su presencia
te hacía reptar hacia su borde.

Mientras él te observaba desde el fondo
convertido en cenizas,
intentaba la reconstrucción.

Nunca reparaste en su presencia,
pero te observaba  con inseguridad,
con sevicia.

Erais extremos opuestos:
tú cubierto con el laurel de los vencedores,
él habitante de los límites del desierto.
Tú suplicante,
él engrandecido.
Él cansado de las mismas palabras,
él ansioso por quemar el lenguaje.
Tú crecido en las palabras de la tribu,
él disfrutando del vacío que cobija.


WALKING DEAD

Escribo desde el no lugar
donde las voces se entrecruzan.
El no lugar donde unas voces muertas
cantan al vacío del olor a cadáver.
Voces que fagocitan
el peso de sus versos.

Rodeados de cuerpos muertos,
intentamos evitar su inmundicia.

Entre fonemas lejanos,
intentamos percibir nuevas cadencias.
Entre sonidos anclados al pasado,
buscamos gritos que refresquen nuestras voces.

Sabíamos a lo que nos enfrentábamos,
sabíamos tanto de vosotros...

Somos la nada que acompaña,
somos el vacío de la ausencia,
somos la locura de la inopia,
somos lo inhóspito de las palabras.

Vivimos colgaos bocabajo,
vivimos enterrados en vida,
morimos en cada poema,
resurgimos con cada nueva voz.

Seremos tanto como diferimos,
pasearemos el sonido de nuestros huesos,
haremos tambores con la piel
de nuestros precursores.

Inventaremos la voz que atenaza,
el sonido de la fractura,
la luz de un nuevo amanecer.


Pablo Malmierca, 
de La voz estremecida
(Eolas Ediciones, 2019).




martes, 27 de agosto de 2019

ANIMALICÉMONOS: David G. Lago.




El «análisis lírico» que marca el tenor de Animalicémonos se apoya en un estilo de la transparencia: la escritura no pesa tanto por su énfasis sintáctico como por su rotundidad conceptual. David G. Lago impregna sus poemas con una claridad casi apolínea. Como en todo proyecto ético —y el suyo indudablemente lo es— el lenguaje se vuelve una piel fina, incolora, que deja ver la sangre que fluye bajo ella. Se podría decir que, en Animalicémonos, las palabras desaparecen para entregarnos la realidad. […] Se pregunta David G. Lago, entre escandalizado y pesimista: «¿Por qué no viviremos/ como olfatean los conejos,/ con interés y sin cronómetros,/ metiendo las narices/ donde haya que meterlas?». Y, en esta misma nostalgia del conocimiento sensorial, sentencia: «Ya nadie escucha./ Ya nadie huele».

Pedro Alberto Cruz

El poeta, desde su sensibilidad animal, desde el inconformismo y el deseo […], desde su misión prometeica, construye un imaginario que nos extravía y nos descubre en cada uno de estos seres vivos que son, que somos, siempre nosotros. Después del poemario solo somos cuerpos que laten con lirismo hacia una única certeza: «Hemos/ de contemplar nuestra animalidad».

Celia Corral


lunes, 26 de agosto de 2019

1 POEMA de JORGE M MOLINERO




Porque tu adiós así que pareció huida
porque te escribo y vives en el poema
porque heredé tu pragmatismo: NO

preocuparse por la incertidumbre
no pensar en lo que no tiene remedio.

O porque chilena me sostiene
me abriga y se desnuda: porque

me ha enseñado a llorar
cuando la muestro mis fantasmas.

Porque no acepto que este domingo
no estés en el cumpleaños de tu nieta.

Porque no has venido en sueños: estoy

aquí: es injusto que cargues toda la pena y
la rabia en mamá y mis hermanas. Ven

enséñame a pintar un palomar herrumbroso
de la vieja Castilla. Tomemos un Cigales y
déjame presumir por última vez ser
el hijo del rey de La Rondilla. Permite que

pague esta vez.

A pocos días de tu muerte
buscando en tus pantalones la tarjeta
de suscripción a El País, encontré dinero y
se lo di a mamá. ¿Cómo se te ocurre bajar
sin monedas para Caronte? Espero que

te haya fiado: guardo en los bolsillos
unas de más para cuando también
yo me vaya.

Pero antes tienes que venir a verme y
que se haga latente el dolor. No dejes todo
en las espaldas de mamá y mis hermanas.


Jorge M Molinero


domingo, 25 de agosto de 2019

MARIBEL M: 4 Poemas.




PIEDRAS AZULES

(Si digo que las piedras son azules, es porque azules es la palabra justa, creedme)
Flaubert


Te inclinas sobre la arena
para coger una última piedra.

El mar está en calma,
y hace días que el viento duerme tras la montaña.

Metes las manos en los bolsillos,
y sacas un puñado de piedras.

Con las manos abiertas las miras:
bajo la luz de la luna todas se han vuelto azules.

De pronto, tu corazón tiembla
en la memoria de otras noches.

Decides, entonces, volver sobre tus pasos.

Mañana, a la luz del día,
volverás a mirarlas.


RECORDANDO A IVÁN ILICH

Y llega ese momento en el que te preguntas si quieres estar donde estás.

Si quisiste estar donde estuviste.

Si querrás estar, donde si no haces nada por evitarlo, estarás.

Y vuelves a sentir ese vacío.

Ese inmenso vacío.

Y cierras los ojos y te maldices,
porque sabes que
nada va a cambiar tu destino.


VACÍO

Sentada en un banco del paseo. El mar en calma, en frente.
Los ojos miran hacia el cielo.

La mirada, ahora, clavada sobre la linea blanca y etérea de humo
que acaba de dejar un avión.

Una estela efímera como vaho de aliento en los días fríos.

Rastro níveo sobre el azul inmenso
que se va difuminando hasta
perderse.

Igual que su vida, piensa.

Lo mismo que su vida.


ESA VOZ

(A quienes escriben desde adentro, desde lo que sienten)

Encuentra tu propia voz.
La tuya.
La que sale de tus entrañas.
Esa, incluso, que te niegas a escuchar porque te avergüenzas.

Escucha esa voz y lánzala hacia fuera.
En un papel, en un lienzo; con tus manos, con tu garganta, con lo que sea que sepas expresarlo.

Grita tánto y tan fuerte como puedas. Quizás haya quien te escuche. Quizás no.
Pero eso no importa.
Nada importa si esa voz no llega para salvarte. Para remidirte o sanarte.

Nada sirve si no te reconoces en ella, y entiendes que tu vida es todo aquello que te envilece y te hace grande, también.

Dale forma, déjate llevar, y dale forma.

Tu creación llevará esa música única y hermosa: La tuya.


Maribel M


sábado, 24 de agosto de 2019

MI DELICIOSA BENDICIÓN URBI ET ORBI por VÍCTOR PÉREZ




Un día, a los diecisiete años, Iggy Pop se fumó un buen porro en un río y se dio cuenta de que no era negro.

Otro día se cansó de mirar los culos de los demás miembros del grupo desde la batería.

Otro día afinó todas las cuerdas de su guitarra en la misma nota: en sí mismo. Y aquello sonaba como un avión despegando.

Otro día se dio cuenta de que lo que le iba en el escenario era imitar los movimientos de los chimpancés, o de los babuinos cuando van a atacar.

Otro día Iggy se dio cuenta de que le gustaba coger el micrófono y aspirar, y bajar octavas.

Otro día cogió un poco de mescalina y una pala y quiso construir una casa sin tener ni idea.

Otro día los miembros de los Stooges se disolvieron y volvieron con sus madres.

Otro día Iggy no quiso dejar atrás aquella música demente de los inicios, aquella música para vagabundos hecha por vagabundos.

Otro día se dio cuenta de que había que ser sencillo y a la vez potente.

Otro día decidió poner los amplificadores a tope. Diez Marshall apilados, a ver qué pasaba.

Recuerda todo esto, cuéntaselo a tus hijos y a los hijos de tus hijos. Y no lo olvides jamás.


Víctor Pérez


viernes, 23 de agosto de 2019

PELÍCULAS QUE ERIZAN LA PIEL en LA CABINA DE NEMO



El trabajo detectivesco (mucho material difícil de encontrar) y de visionado de Vicente Muñoz Álvarez es impecable. De forma asertiva, inteligente y, por supuesto, apasionada, nos incita a investigar y a disfrutar de muchísimas joyas ocultas del séptimo arte.

Nuevamente, una editorial independiente, en este caso Canalla ediciones, apuesta por una forma refrescante y diferente de mostrarnos el cine de horror, contando con la particular visión del mencionado autor. El mismo Vicente es consciente, y nos confiesa, que su lista está regida bajo elementos analíticos objetivos y por supuesto, en muchas ocasiones bajo un delicioso punto de vista subjetivo, factor con el que el autor nos sorprende al incluir ciertos títulos a priori no conectados con el género, con los que finalmente consigue crear una conexión para pasmo y delirio del lector. 

No es un libro fácil de redactar, ya que la búsqueda de ciertas cintas se antoja prácticamente imposible e incluso quijotesca, pero el resultado es más que notable, consiguiendo el tesoro más preciado que puede obtener un autor: El interés absoluto del lector y la subsiguiente investigación de este, para indagar y conocer más datos acerca de esta oscura facción del séptimo arte. Descubriremos cómo ciertos actores y actrices (algun@s no podrás creértelos) decidieron trabajar en un film de terror, algo que supuso en su momento particulares resultados en su carrera.


Descritas en sus páginas hay docenas de cintas malditas y de culto, sí, y te animo a que las descubras, aunque me gustaría recalcar un film titulado Tumba dirigido en 1977 por Luismi García. El autor, en su época universitaria, pudo ver este siniestro proyecto rodado en super 8 por mediación del mismísimo director. Durante la proyección, Vicente comprendió cómo una siniestra localización, unos sucios maniquíes, y el sonido de una voz recitando espectrales poemas, pueden recrear una atmósfera aterradora y delirante. Poco después de aquel visionado, Luismi Garcia falleció con apenas 39 años, por lo que aquella película en super 8 se encuentra en estos momentos en paradero desconocido…

Las páginas de Películas que erizan la piel están cargadas de datos, curiosidades y locuras relacionadas con los géneros y subgéneros más aterradores, desvelando todo aquello que orbita a su alrededor. Afortunadamente, en el siguiente número de La Cabina de Nemo podremos disfrutar con una entrevista a Vicente Muñoz Álvarez, perpetrada por el mismísimo Pablo G. Malmierca, un poeta brillante e imposible de catalogar.

Si te gusta el cine de género (y las sorpresas subjetivas que añade el autor) debes hacerte con tan particular publicación. Imprescindible.


Pako Mulero