miércoles, 23 de enero de 2019

TODO ES VORÁGINE: Álvaro Bellido.




PREHISTORIA

En mi prehistoria de ti
todos los bisontes salían huyendo,
me daba miedo la oscuridad
y siempre llovía a cántaros
al instante de descubrir
el fuego.

Después llegaste tú
y todo fue más fácil:
supermercados,
suministro eléctrico,
tu mirada
después de cenar.

Vamos a dejar huella
en esta ancestral cueva
tan llena de sombras,
tan triste de luz.
A mí me dibujarás cazando.
Detrás de mis miedos, tú.


TODAS LAS CIUDADES

Todas las ciudades
[y ésta, más que ninguna]
se conocen deambulando,
acariciando sus mapas,
sus líneas de metro o autobús,
viendo pasar rostros
en semáforos y escaparates,
lunas de taxis, bancos de parques,
grandes almacenes, prisas
de descansos a mediodía.

Todas las ciudades
[y ésta, más que ninguna]
se conocen deambulando,
vagando, sin destino concreto,
[un flâneur en la gran manzana]
al encuentro de la vorágine urbana
de farolas y hormigón,
de humo y almas huidizas
que se esconden en gabardinas,
que memorizan itinerarios.

Todas las ciudades
[y ésta más que ninguna]
se conocen deambulando.
De China Town al Soho,
pasando por el Little Italy,
para, más tarde, dejarnos fagocitar
por la Quinta, Broadway, Times Square.

Conocer una ciudad
[y ésta más que ninguna]
es deambularla contigo.


ENTONCES

Cuando pase el tiempo y todo esto
no sea más que un puñado de cenizas
de un incendio que logramos sofocar,
cuando hayamos dado por imposibles
nuestros esfuerzos por enterrarlo en el olvido
y hayamos aprendido a convivir y sobrellevar
las ganas perpetuas por no recordar,
entonces se nos escaparán sonrisas,
nacerán nuevos sueños, perderemos
el temor entre los escombros y el humo.

Cuando llegue el día en que solo queden
recuerdos en rincones oscuros de la memoria
como souvenirs de cerámica que uno guarda
en el fondo amargo de los cajones menos usados,
y ya no exista nunca cicatriz en carne viva,
ni dolores postraumáticos de agujas y espinas,
ni cansancios en horas punta de impotencia,
entonces, solo entonces, sentiremos el orgullo
de la victoria más dura, el intenso sabor
del saberse superviviente de un atentado biológico.


Álvaro Bellido, de Todo es vorágine (Boria Ediciones, 2019).

*

Todo es pasión en la palabra de Álvaro Bellido, y dudas que buscan certezas, y fuego, porque es una hoguera de las que te abrasan, y agua, no siempre serena. Y vorágine. Todo. […] Es éste un poemario esencial en el sentido literal del término. […] Los treinta poemas que conforman esta primera antología que se ha ido macerando en un tiempo necesario para ver con perspectiva esos anni horribiles 2010-2011 sintetizan y desarrollan vivencias cuajadas de dolor, de angustia, pero también de superación, de remedios y milagros, en definitiva, de plenitud. Un Álvaro Bellido telúrico, ígneo y marino nos ofrece estos deliciosos poemas que condensan la vida y la alegría de vivirla, y consigue extraer belleza de situaciones devastadoras, de donde se deriva la invitación implícita al carpe diem de quien ha convivido con el dolor y le ha mirado a los ojos sin dejarse vencer, sirviéndose de una brújula infalible: siempre, al final de todo/ tu cuerpo en mitad de la nada.


martes, 22 de enero de 2019

EL AVISO por MAICA BERMEJO MIRANDA




El día ha amanecido turbio. No sabe a ciencia cierta por qué el zumbido del moscardón, que comenzó como una sensación de malestar, se ha extendido a músculos, cabeza, vísceras, piel... apoderándose de su cuerpo hasta no percibir más que el estremecimiento que sacude sus neuronas.
Hay un encogimiento imperceptible que le achica hasta recluirle en su cueva. Ermitaño impenitente. Convulso, analiza la causa. ¿Cuál puede ser el origen detonante de su desazón? Aparentemente todo está como siempre. La vida fluye serena en su entorno familiar. Todo está dentro del contexto lógico. Nada hay que altere la distribución de espacios, afectos, pasatiempos. El lago del tiempo, plácido espejo imperturbable, refleja tranquilidad.
¿Qué es lo que le desazona de tal manera? Siempre la muerte rondando en espirales de sombras. La enfermedad descarnada planea burlar las defensas. Percibe su olor de musgo corrompido. El miedo afila sus garras. La incertidumbre acecha. La tristeza avanza haciéndose un hueco entre filas invasoras. La pizarra del cielo acompaña pintando de gris marengo la mañana.
El aviso de lo imprevisto se ancla en su interior. Está por suceder lo no deseado. Intuye, como otras veces, la sacudida que llega. Alguien cercano peligra. Los indicios son claros. Todo en él se apresta a recibir el golpe. En las próximas horas. En los próximos minutos. Sucederá. Está seguro.
Resignado se prepara para encajar el impacto. Pide, en su fuero interno, estar equivocado. Y reza, sin oración ni iglesia, desgranando su plegaria.


Maica Bermejo Miranda, de Un hombre gris y otros relatos (Ediciones irreverentes, 2017).


lunes, 21 de enero de 2019

LA TARDE ES MÍA por PILAR BLANCO



Una tarde que decae con chispear de luces. Una infusión con miel de brezo para el mal de garganta, miel de Bierzo que alivia el romadizo, calor del corazón.
Un libro entre las manos
Una mujer lee mientras cae la tarde contra los cristales, contra el cielo exhausto, contra el chillar airado de los pájaros.
Las obligaciones son para la gente sana, las bicicletas para el verano, la verdad para los hombres de voluntad traslúcida.
La tarde es mía.
Cabeza turbia, huesos de caña seca, ojillos entreguiñados, voz que retumba desde algún tabuco del pecho, ese fuelle alborotado, ese vibrar sinfónico y von Karajan.
Pero la tarde es mía, mía, mía.
Yo soy únicamente la madeja que busca enroscarse sobre un libro y ovillar.

Pilar Blanco


viernes, 18 de enero de 2019

COSAS QUE LA LITERATURA SUBTERRÁNEA TIENE QUE CONTAR por ROBERTO RUÍZ ANTÚNEZ




el arte podría ser la adicción feroz del que busca monedas en las cabinas telefónicas sabiéndolas desaparecidas casi por completo de las calles. ese hambre convexo por la trascendencia. la cosa se pone fea cuando pierdo la cuenta de las luciérnagas que a mi jardín vienen a morir ovillándose verdes hacia la eternidad. quiero escribir y abrazarme a lo que me designifica y dejar de joder con el mismo discurso. como ruido de fondo el de los icebergs el de las reales academias de la lengua derrumbándose azules sobre el vórtice donde todo acaba.

*

la música suena en el bar. abro y cierro el libro a intermitencias. liviana la mañana que desembocará desmesurada en la tarde. hay un hilo apenas visible y sucio que une todas las palabras de una lengua muerta y no tengo ni puta idea de por donde empezar a escribir algo al margen de esa tendencia frenética del yo y sus desiertos vacíos.

*

guardo en un cuenco de madera la lluvia que me brota por dentro. pero no consigo la invisibilidad de la que os hablaba hace días. la poesía es el fraude y/o desafío que me calma el hambre. llevar la soledad al extremo dice el vagabundo del dharma pero lo único que pretendo es escribir con mi sangre una crónica sincera de la nieve.

*

era una buhardilla. había un tocadiscos y vinilos de Billie Holiday y Nina Simone. había cervezas en la nevera. el hambre por lo conceptual iluminaba las paredes. queríamos hacer literatura de todo aquello y el único camino era vivir sin miedo bajo los tejados resplandecientes.

*

la niebla irrumpe en el viaje. es el movimiento. lame a los perros o a la indiferencia de los transeúntes. hace literatura rusa con nuestra angustia, hace imposible cualquier intento de comprender. me atraviesa y giro desprovisto sobre el vacío que todo lo ocupa.


*

es a veces la desaparición de las aguas. el holograma de Maria Callas o el precipicio desmilitarizado de un poema. son esas cosas que la literatura subterránea tiene que contar. cuando escribo me hago invisible y me gustaría comprender el desenlace del iceberg. desaparezco en la luz de mi propia carne hacia ninguna respuesta hacia la duda tridimensional.


Roberto Ruiz Antúnez


martes, 15 de enero de 2019

MANIFIESTO MIOPE: PORNO BRAILLE por MATÍAS JOSÉ MORALES




Todos los poemas son una falta
de ortografía hermosa bajo
la brillante luz silenciosa
de a mediados de abril,
y abril es todo el año;
cuando has respirado la humedad
del habla que inunda los sótanos
de los bárbaros junto al Mapocho.
Todos los poemas son un pan
duro en la post guerra, y los poetas
descansan aplastados por las orugas
que fecundan los caminos de tierra,
lonjas de jamón buscando ser felices
entre los árboles prendidos.
El mes de abril recoge los lamentos
a los ciegos, y los transforma
en estrellas que guían
a los conquistadores hacia el oro:
el corazón latiendo rápido
al enfocar tu rostro.


Matías José Morales


lunes, 14 de enero de 2019

3 POEMAS de RAFAEL SANZ SIERRA




DELEUZE SIN PARACAÍDAS


Con un palillo en la boca
lo veo todo
marciano.

Tengo un altar
con tarjetas de crédito.

Lo que importa
es siempre
cagarla.

Me gustaría entrar en Buffalo
a lomos de un tiburón ballena.

Llevo en mi filmografía
imágenes de Nueva Orleans
después del Katrina.

Un ruido
me distorsiona.

Deleuze
sin paracaídas.


INTERNET ES EL ENEMIGO

Cuba es una obra de arte.

Desaparecí en Centrohabana.

Lo mío es no hacer nada.

Enveneno al capitalismo.

Vagueo como un perro.

Me llaman el corta-sinapsis.

Somos "El Álamo" comunista.

Nos comemos la mierda
antes que un McDonalds.

Follamos en mitad de las avenidas.

Nuestras casas se caen a pedazos.

Hemos matado a los líderes,
sus cadáveres cuelgan
de unos aguacateros.

Aquí no entran los yankis.
Tumba la casa.
Aquí no entran los yankis.

Somos la desidia épica
hispano-caribeña.


LOS POEMAS QUE ME QUEDAN DE CORTE CLÁSICO SE LOS ECHO A LOS CERDOS

Detonaré mis vacaciones químicas
hasta que sienta estar sumido
en una fiesta exigua de Rob Zombie.

Cuando oigas
los huesos de tu cara crujir
es que Tyson está cerca.

Amo el dinero del contribuyente.
Amo el mejor trabajo de España
en el Banco de España.
Grandes técnicos
que vieron venir la crisis del 2008
y la neutralizaron como héroes.

Si L.M.Panero y E.Haro Ibars
no eran poetas serios ( para algunos)
los demás no llegan
ni al estatuto de anélidos.

Comparte tus enemigos
con el Subcomandante Marcos
y tu existencia brillará
como la peor paranoia.


Rafael Sanz Sierra


domingo, 13 de enero de 2019

A PESAR DEL FRÍO: Prólogo.




INCENDIOS COTIDIANOS


Llueve afuera, mucho, y la ciudad se descompone en murmullo de afluencias desordenadas. Las voces pierden entidad y los movimientos se ralentizan casi antes de desaparecer. Hace frío afuera, mucho. También aquí, en el rincón de esta terraza donde he erigido mi mínima patria de gramáticas y ensoñación. Que escribo y leo en la terraza de casa, o sea, porque es el único lugar donde retener los malos humos de mi tabaco y evitar que agríen la atmósfera del hogar. Y hace frío, ya digo, mucho. Pero a pesar del frío y la lluvia, de esa lasitud que a uno le imponen los días de otoño, la cabeza bulle en ideas que se atropellan buscando una salida. Y escribo. Y fumo.

Anoche también llovía, las bajas temperaturas mordían aun con mayor ahínco. Anoche finalicé la lectura de este volumen de relatos que ahora, lector, tienes la fortuna de acariciar. Cuando hayas terminado de leerlo comprenderás por qué, anoche, salí de la cama y paseé inquieto los escasos metros cuadrados del hogar como a la búsqueda de un tesoro. Consumí un cigarro debidamente aderezado y, tras dejar vía libre a mis elucubraciones, concluir que podría haber salido a la calle a consumar un crimen o masturbarme en la cocina, por ejemplo, regresé a la cama consciente de que el ansiado tesoro permanecía sobre las sábanas, reclamando una sosegada relectura.

Creo que ya dejé escrito, en algún lugar, que leer a Pepe Pereza es deshonrar su apellido artístico. Si no lo hice, aprovecho para hacerlo ahora como advertencia al lector que se interne en las páginas de este volumen y se vea arrastrado sin remedio a la actividad sensorial más frenética, la que el autor esculpe, en cada página, con el cincel afilado y granate de su pluma. También he dejado escrito que considero a Pepe Pereza el máximo exponente, en nuestro país, de una tradición literaria que demasiados ningunean, a día de hoy, intentando epatar al lector con crueldades y exabruptos carentes de fondo, calidad y el supuesto realismo de que intentan revestirlos. Me refiero a eso que hemos dado en llamar «realismo sucio». Que no, que no se trata de hacer retratos barriales o dárselas de maldito utilizando la primera persona para hablar de excesos farmacológicos o sexuales. Que no consiste en mal copiar lo más etílico de la prosa de Bukowski. Que el tal «realismo sucio» es otra cosa, más similar a la diestra disección de la psique del ciudadano medio que ejercitaba Carver. Y Pepe Pereza eso lo borda, en cada uno de sus relatos. Certera, feroz, sensible, equidistante y exacta como una deflagración terrorista calculada al milímetro, pero con la belleza que a dicha explosión siempre faltará, su prosa es piedra en que afila colmillos la literatura más pugnaz.

No conozco a ningún autor patrio actual que maneje con tanta habilidad los límites formales y temporales del relato. Su geométrico manejo del fraseo corto y carente de artificios, musical en su evolución, pictórico casi, en su tersa manera de afianzar la verosimilitud de lo narrado; la normalidad de esos personajes que, desde los primeros párrafos, se muestran como evidentes ejemplos del ciudadano actual, una especie de doble del propio lector o de cualquiera de sus conocidos; la opresiva atmósfera de una normalidad que semeja calma precedente a la tormenta; el fulgor repentino, inesperado, de un acto o pensamiento desconcertantes; todo ello delineado con una sabia arquitectura de la palabra y una aritmética exacta del sentimiento.

«Realismo sucio», sí, podríamos llamarlo. Pero quedaríamos cortos si nos limitamos a utilizar esa etiqueta. Porque los relatos de Pepe Pereza van más allá, creando un nuevo género que bien podría llevar su nombre.
Los personajes que pueblan este majestuoso volumen de relatos son como cualquiera de nosotros. El autor no tiene que recurrir a fabulaciones, invenciones ni excesos para mostrar la realidad que nos rodea y, de paso, recordarnos que bien pudiera ser la nuestra. Por sus páginas pasean pensamientos, palabras, ilusiones y zozobras, un tropel de ciudadanos como nosotros: camareros, carniceros, jubilados, agentes inmobiliarios, actrices de segunda, celadores, camioneros, operarios de almacén, enfrentados todos ellos a situaciones tan cotidianas como una relación sentimental o un empleo abocados al fracaso, una visita al dentista o a la madre impedida, una ronda de licores en un bar cualquiera o un paseo en coche bajo la lluvia. Estas páginas son los espejos de normalidad a que el lector se asoma para, de repente, sin preaviso, recibir el impacto de lo inquietante. Y es que la realidad más plana que podamos imaginar guarda celosamente en su interior la violencia de lo insólito.

A pesar del frío, de la lluvia, la nieve, la glacial apatía que invade las vidas de todos y cada uno de los protagonistas de este fascinante fresco de lo cotidiano actual, la llama de la vida interior y su sugerente amenaza. A pesar del frío meteorológico común a todos y cada uno de los relatos de este volumen, la turbadora incandescencia de lo aparentemente irracional.

Llueve afuera, y hace frío. La vecina de enfrente contempla sin disimulo cómo fumo, asomado a la terraza, y pensará que mi vida es tan normal como yo imagino la suya. Sólo un maestro de la narrativa como Pepe Pereza sabría mostrarnos a ambos lo equivocados que estamos. Nadie como él para erigir un monumento literario con la mísera épica del hombre común.

Porque a pesar del frío, la vida quema, y este volumen es inigualable relato de los incendios que provoca.


Pablo Cerezal, octubre de 2018


viernes, 11 de enero de 2019

LAS HORAS COMO BESTIAS: Gustavo Lupano.




TEENAGE KICKS

Después de tres sacramentos: Agua, pan y perdón;
encontré la salvación.
El Frente Agnóstico, los vagabundos del Dharma
y las Mentes abiertas en cassettes piratas
me ayudaron a torcer la eucaristía.
De la mañana descascarada donde crecí,
solo algunos recuerdos
como un vaso de agua turbia
en manos de un viejo con Parkinson.
Los primeros hermosos años de la niñez
pasaron entre asesinos.
Mis nodrizas de la adolescencia
punk rock, poesía y anarquismo
llegaron con la muerte de mi padre.
Así crecido, como los ríos tras los deshielos,
entumecido para el amor
siempre apurado y arrasador.
Ojos marrones como el montón
ladrido eterno de trovador.
Obra mestiza,
un poco beat y un poco fuego.
Ya no hay jardines.
Ya no está el niño que contaba los retoños
y no hay fanzines.
Ya no está el joven que escribía a máquina
y se perdía entre collages.
Ya no quedan baldíos donde jugar,
todo ha sido urbanizado.
La barda herida por carreteras,
apenas unos senderos curados de espanto.
El amor y sus crías en extinción,
la huella borrosa de ese encanto.
Las canciones y las cenizas de los días de luz,
un polvillo en la memoria.


A PROPÓSITO DE MI PRIMER LIBRO DE POESÍA

Un poema es un auto incendiado
dentro de la chatarrería de la cabeza.
Piezas por piezas amontonadas
esperando el desguace y la venta de las partes
para reconstruir la mecánica de la vida.
Un poemario es un desarmadero extenso,
una chacarita de los días y las noches
lleno de esqueletos, cacharros y desastrados.
Algunos fueron amores
otros miedos, angustias y sueños.
Todos oxidados, cortantes, casi inservibles,
irreconocibles por el paso del tiempo.
La tristeza, sin embargo, sigue ahí reluciendo
bajo un sol más roto que los dos.
Resplandeciendo como los huesos en el desierto.
Como el oro en la piedra que nunca va a desprenderse.


Gustavo Lupano, de Las horas como bestias (Rangún Editorial, 2018).

miércoles, 9 de enero de 2019

CULT MOVIES 2: PELÍCULAS PARA LA PENUMBRA: Ya a la venta.



Es el momento de otro cine. El momento del cine de culto, como bien sabe Vicente Muñoz Álvarez, que se confirma, con este su segundo libro dedicado a la doctrina gnóstica y neopagana de las Cult Movies, como uno de los sacerdotes iniciados en los verdaderos misterios de la religión cinematográfica.

La esotérica, hermética y secreta. La que rinde culto a títulos oscuros, olvidados o menospreciados. La que habla el lenguaje perdido de otras eras, mudo y descolorido a veces, a menudo vilipendiado por la ortodoxia y ridiculizado por la ignorancia, pero poderoso siempre en su arcana esencia inmortal, que nos sobrevivirá a todos.

Jesús Palacios


Booktrailer


martes, 8 de enero de 2019

GUÍA BREVE DE LA CIUDAD (MALDITA) por MIGUEL BAQUERO



Miguel Baquero levanta ante nuestros ojos toda una ciudad imaginaria que se extiende en el tiempo, desde un lejano pasado prerromano hasta nuestra moderna era digital. Entre medias, guerras de conquista, trágicos accidentes, conspiraciones, crímenes y hasta efectos paranormales… Sólo un escritor como Miguel Baquero podía proponernos un viaje en el que se emplean registros tan variados: el lenguaje de las revistas de música pop y el de los cronistas medievales, el habla de la ciencia, la jerga canalla… La ciudad concebida como un ser vivo. Una guía única que reivindica el poder de la literatura y la imaginación.


lunes, 7 de enero de 2019

1 POEMA de MARÍA COUCEIRO




Estas manos no concuerdan
no dan pies con cabeza.
Encuentran
todo
queman
casas y yemas
dentro de un silencio
que se queda
hasta que las llena
se miran
hasta aplastar el grito
y sin saber que hacer
se aprietan
para escuchar el sonido que desprenden
causan todo lo que conocen
y vuelven a caer en el primer paso,
un miedo insólito que reaparece.


María Couceiro


sábado, 5 de enero de 2019

TEIMOSA MARÉ / TERCA MAREA: Manuel Neto dos Santos.




En las páginas de Terca Marea, el mar es un cuaderno sin líneas paralelas, donde los poemas son ondas que se suceden en un flujo visionario y las palabras la espuma que se riza al tocar tierra prometida: mano que escribe sin cesar, otros ojos recogiendo su luz.

*

La fuerza telúrica del territorio poético de Neto sutilmente nos arrastra al terruño idealizado de Cesare Pavese. El escritor de Turín escribió sus últimos poemas, encontrados en un cajón de su despacho de la editorial Einaudi, en el breve periodo de un mes, poco antes de sucumbir ante la vida por medio del suicidio. Los textos que conforman Terca Marea abarcan también un mes de inspiración y trabajo ante el papel. Como el autor italiano, el portugués se inspira en su paisaje natal, el que le vio nacer como persona y el que le vio crecer como poeta, para arribar a un territorio personal sacralizado, mítico. Pavese, hasta llegar al mismo destino, sufrió una evolución abrupta del poema narrativo de verso largo al poema breve, lírico y a veces hermético, del paisanaje de su tierra natal al paisaje que le rodea e intuye sagrado, del realismo social al simbolismo mítico, atravesado siempre por una ecuación existencial irresoluble, que constituye la gran diferencia entre el autor italiano y Manuel Neto, poeta de luz, que, como Juan Ramón Jiménez, tiene ansias de totalidad, aspira a ser él mismo poema, no poeta, pues quiere fusionarse con su canto, ser voz y melodía, en un vuelo que es fuga y a la vez celebración de la vida. 

Pedro Sánchez Sanz (poeta y traductor)



jueves, 3 de enero de 2019

EXPERIENCIA EXTREMA por MAYA MUKTI




Ese punto
en que ya no necesitas
de la aprobación ajena
ni te juzgas a ti mismo,
que el pensar de otra manera
no te angustia ni envanece.
Ese momento
en que pierdes los detalles
de lo que hacen los demás,
en que vives embebido
entre el aire de la tarde
y el suave fluir interno,
en que solo, mas completo,
te haces uno con la música
y tu alma baila etérea
y danzas sobre tus pies,
en que nada es importante
y todo es más que sagrado.
Ese instante,
único e irrepetible,
vívelo como un tesoro.
Es una experiencia extrema:
paz le pusieron por nombre.
Muchos nunca la tendrán.

Maya Mukti