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martes, 4 de agosto de 2026

A MÍ DAME LA OSCURIDAD DONDE BRILLAN LAS LUCIÉRNAGAS por JULIA ROIG




my private Howl

He visto a las mejores mentes de mi generación naufragar durante horas en un scroll infinito, desnutridos, famélicos, histéricos, arrastrándose en busca de atención.

He visto a los mejores cerebros de mi generación apagar la pantalla y sentirse recién llegados de una guerra inventada, huérfanos de sensibilidad y autoestima, tras enterrar sus neuronas en un terrible hilo de Twitter.

Endemoniados, consumiéndose por la primigenia conexión ya jamás celestial, hijos de la santa cobertura y la incapacidad para vivir fuera de los focos, de las fauces del ahora, de la impostura.

No nos preocupemos, el vacío está siendo perennemente registrado.

Primer curso: Cómo aullar con la pantalla encendida. Jack, no te subas a la mesa para recitar tus poemas, aquí ya nadie escucha. Publícalos a las nueve cuando el algoritmo promete mayor alcance.

Soy humana, por lo tanto nada es ajeno a mí, ya no Diane, ya no.

La encarnación del avance en dos respuestas que son mantra universal o haiku de la anti naturaleza:

"Soy un humano"

"No soy un robot"

Como respuesta constante: Demuéstralo!!! Doble autentificación.

Mentes que cayeron en la trampa de la velocidad, del púlpito casero ante el altar blanco del buscador, desde el que graznar, no aullar, opiniones sin fin.

Devoraron sin filtro el alimento de la conspiración y titulares tramposos. Mentes que se encadenaron a su propio y pesado ego. Que se sumergían en el eslogan de la felicidad eterna ignorando la letra pequeña de todas las promesas. Que se desvanecieron de ellos mismos sin darse cuenta, diluidos en la masa compacta del sistema nuevo opio, paralizados y dispuestos a vagar voluntariamente en la celda portátil que nace de la mano al ojo.

Tú eres tu cárcel.

Mentes, que se postraban ante el latido mercancía.

Que se estrellaban sin leer el tratado definitivo del desastre que tenían ante sus ojos.

“Quién reventó sus cráneos y devoró sus cerebros y su imaginación?” preguntaba Ginsberg.

De paraísos artificiales a inteligencias artificiales, Baudelaire, resucita, te rogamos

Ahora que la rabia es tendencia. Ahora que el genio de la lámpara no cumple tus deseos, te los dicta. Ahora que ser intensos es mostrar nuestro egoísmo sin vergüenza.

No hay vértigo en esas ventanas de seis pulgadas de falso cielo azul a máximo brillo, espejo de miseria. No hay vértigo porque no hay salto.

Lo que sí hay son poetas optimizando verso viral, músicos y su riff viral, rostros con su gesto viral, bocas con su insulto viral, puesta de sol viral, enfermos todos de falsa autenticidad.

Tu insomnio a un servidor oculto, entregado. Todo lo que vemos es un anuncio interminable.

******

No a una ternura burocrática. Se trata de postergar el fin del mundo. Lo Sagrado siempre será un cuerpo que no renuncia a su temblor.

Millones de ventiladores rezan el mismo salmo eléctrico: enfriar a los corazones de la máquina.

El óxido no descansa, dijo el gran Neil, el algoritmo tampoco.

Los mendigos piden batería.
Compárteme tu ubicación aunque estés a mi lado porque no te siento.
El apocalipsis llegará en una actualización automática.
Virales o inmortales, esa es la cuestión

¿Conectarse es encontrarse? "Lo siento, no he entendido la pregunta”, responde el asistente de voz.

En este instante mercancía, los filósofos redactan solicitudes de financiación para demostrar la utilidad económica de la duda. Los revolucionarios pendientes de la analítica de audiencia. Ay del contenido sensible, ay del pezón, eso nunca y la guerra editada en formato vertical, no lo olvides.

Compartir antes de leer. Condenar antes de saber. Responder sin pensar. Ser sin existir. Así se conjugan ahora los verbos.

No es la tecnología, nunca fue la tecnología, es el antiguo deseo de adorar ídolos hechos de materiales nuevos. No más becerros de oro, dame cobertura, no incienso y que nadie sospeche que toda religión comienza cuando dejamos de hacernos preguntas.

En esta misa interminable a uno mismo, cementerio de perfiles y epitafios actualizados cada diez segundos, del dresscode aplaudido, del storytelling manido, que tu dios no tiene rostro, tiene interfaz, que ya no hay paraíso solo experiencia mejorada, te digo.

La revolución es morir sin haber optimizado esa dichosa experiencia, amar sin dejar pruebas, viajar sin dejar rastro, comer sin dejar evidencia, en este siglo que todo registra, ese es el último acto verdaderamente herético.

Somos animales sacrificados y la obscenidad de nuestro siglo es haber perdido la capacidad de ser atravesados por algo. Guárdate tu Tomahawk, que a este cuerpo mío ya le sacaron toda la sangre.

Que los corazones parecen campanas enterradas, que la palabra se acantila y yo caigo sin saber a dónde. Mientras aún una palabra tiembla como un pájaro en mi garganta. Mientras el sol se cose al horizonte con un hilo rojo que hiere. Y unas pestañas llenas de gasolina y polen aprenden a mirar bajo el esmalte rojo de un semáforo. Que la belleza lleva una rosa en la boca y un universo escondido en el silencio. Que lo importante se anuncia en la carne.

¿Quién eres tú? ¿en qué espesura existes?
Ser omnipresente, verlo todo, escucharlo todo, opinar siempre...
Como diría el gran Bartleby: PREFERIRÍA NO HACERLO.

A mí dame la oscuridad donde brillan las luciérnagas.


Julia Roig, del blog Miss Desastres Naturales.

domingo, 28 de diciembre de 2025

FOTOGRAMA DE UN INSTANTE por MAICA BERMEJO MIRANDA



La mano, pequeña y blanca, descansa laxa entre los dedos morenos del hombre que viaja a su lado. Los dos, relajados, se dejan mecer por el suave traqueteo que les imprime el convoy. Es hermoso contemplar su abandono, el ensamblaje rítmico de los cuerpos, la tranquilidad amorosa que transmiten, su confianza, su entrega, su armonía.

Nada hay que perturbe el lánguido reposo. Se saben en buen puerto, a salvo. Son, no cabe duda, la imagen de la complicidad que dan los años.
Miembros únicos de un club particular, desconectados de todo lo que no sean ellos, transitan en paz. Conscientes de que el tiempo que les queda por disfrutar es más corto que el que han vivido, no desperdician en dimes y diretes la generosa oportunidad que les brinda la existencia.

Compañeros de vida y aventuras, sufrimientos y alegrías, buenos y malos momentos, han aprendido que cada instante cuenta, incluido éste, sentados muy juntos en un vagón abarrotado, de una línea saturada, en un furgón de metro que atraviesa los túneles negros del viejo Madrid.


Maica Bermejo Miranda,
del blog Al sur de los tambores


sábado, 13 de diciembre de 2025

EL HEMISFERIO DÉBIL por PABLO CEREZAL



De vez en cuando desempolvo álbumes de fotos, de aquellos en que las instantáneas eran material sensible también para los dedos. Andaba buscando un pasaporte que quedó detenido en su atropellada inauguración de trasiegos urgentes. Lo encontré en un altillo que ni recordaba de estos escasos metros cuadrados que se disfrazan de hogar sabiendo que, en ocasiones, lograron serlo. Un altillo en que habitaban regalos sin fecha de caducidad y un álbum de fotos que tenía olvidado.

El caso es que he asomado mi ojo derecho a esa cerradura que es un álbum de fotos y me he mareado. Tengo fiebre, me he dicho. Después, poco después, he asomado el mismo ojo a la cerradura de otra colección de instantáneas, digital en este caso y como intervenida por Jesucristo en su multiplicación de panes y peces. Sobre todo peces, que es de lo que más hambre tengo siempre. A pesar de las espinas. Una se me quedó atravesada un día en la tráquea y casi me asfixia. En vez de ayudarme del pan para intentar tragarla, decidí trocarla en orquídea. Ya he adoctrinado a las espinas para que esquiven las llagas que el hambre esculpió en mi garganta.

El hambre. Y el alimento. Y la fiebre. El pescado aglutina aromas de travesía y sabe a refrán recién inventado, al tacto es pétalo jugando a ser labio, embriaga la mirada como una natación detenida y vierte en tus oídos ritmos del salitre que pulió todas sus escamas. De nuevo, me he mareado, mucho más que en la anterior ocasión, como si este pasado digital supusiese más pasado que aquel analógico de sonrisas en Bahía, Suwon, Monnickendam, Sefrou, Gwalior, Estambul o Berlín. También Cochabamba y Aguas Calientes, pretérito futuro en que se adivinaba la vida de peluche que me habría de recomponer los huesos. Al contrario que en Ollantaytambo, donde una sonrisa amarga intentó quebrar alguno de ellos.

Engaño de los relojes detenidos a esa hora en que todas las sonrisas eran otras. Mujeres que claudicaron ante mi torpeza. Que huyeron en pos de un mejor postor. Y bien hicieron. Mujeres, lolitas ya cuando las miro retratadas en ese álbum que me acabo de inventar. Mecanismos de la fiebre o la melancolía mal diseñada. Porque melancolía de aquellos labios, no. Aunque sí de mi torpe manera de intentar leerlos. La edad te hace más viejo. Algunos dicen que más sabio. No sé, no pongo la mano en el fuego ya por nadie. Menos por quien intente dirigirme el raciocinio sin prestarle oído a mi piel. La piel. Ahí el lenguaje que sigo aprendiendo a pesar de ser consciente de que viene urdido de antaños.

Una ciudad norteña. Al norte de qué. Medianoche y aún gaviotas. Un enclave septentrional se congrega a tus pies mientras desorientas valses cíngaros entre los muslos, acunados por el compás redundante del oleaje, arando idiomas que nunca nadie comprenderá, húmedos vergeles de lo sagrado, sobre el pergamino de arena recién borrado por la mar a la que los dedos de tus pies extirpan poemas hechos de puntos suspensivos. Una ciudad norteña y la música que no dejas de danzar al son lejano de la tempestad cuando engulle otro Pequod. A esa cerradura se ha asomado, de mis ojos, el derecho. Y me ha dolido. Es mi ojo débil, debo decirlo. Toda mi fisiología es débil en su flanco derecho. Mi pierna derecha es más corta que la contraria. Mi pecho carece de vello en su triste musculatura diestra. La barba es sfumato sin pericia en el perfil derecho de mi rostro. Mi falo aparenta más sanguíneo cuando vierte latidos a la izquierda de mi cuerpo, a pesar de llevar más de medio siglo vistiéndose del revés. Y así le va.

Creo recordar que mi pupila derecha lleva a cuestas mayor carga de dioptrías. Algo parecido a una verruga tatúa sus bajos como una lágrima indocumentada. Escribo con la diestra y aún no he aprendido a sostener con ella lápiz ni bolígrafo. De pluma no hablemos, porque la tinta me recuerda siempre la muerte de un pulpo al que prefiero deglutir sin imaginar su sacrificio. La cuestión es que aún no he aprendido a escribir con la mano derecha, a pesar de ser la que uso, sin emborronarlo todo. En ocasiones he tenido que dedicar libros, y ha sido un suplicio. «¿Pero qué ha escrito este? Si está todo manchado». Intenté suplir el estropicio sonriendo. Pero me salió la comisura diestra de los labios nadando sin destreza alguna hacia arriba, como un pez que solicita eutanasia. Sé que no logré convencer a quien me pedía una dedicatoria. Aunque tampoco entiendo para qué la quería.

Firmo con la mano derecha también, obvio, y por eso nunca idéntica grafía. Carece de consistencia. Me engaño pensando que puedan llegar a creer, quienes la intenten desentrañar, que es cuestión de personalidad. Dispersa, disfuncional, pero al fin personalidad. Ni una firma igual a la otra, qué desastre. Así me fue, durante años, mientras recorría las cochambrosas dependencias de las oficinas de migración en Bolivia. Que si intenta suplantar identidad y eso es delito, que si ha debido tomar demasiado, que si unos pesitos y aquí no hemos apreciado nada sospechoso. Cómo explicarles a aquellos funcionarios del hambre que sólo se trataba de mi insistencia en rubricar utilizando la extremidad superior de mi flanco deteriorado. Y sí, ya puestos, por qué no decir, como iracundo le espeté a uno de ellos, que también me masturbo con la derecha. Mayormente para comprender que ni eso me sale bien con esta.

Así que abro de nuevo este álbum digital de fotos. Asomo mi ojo derecho a la cerradura y todo se me aparenta velado, como un presagio de presente que rueda hacia un futuro maltrecho. Después, utilizo mi ojo izquierdo y todo se enjuaga de luz, y me invade la calma. Porque las pupilas tienen memoria y no es la de los peces. Al menos en mi caso. Pienso en mi flanco izquierdo y recuerdo que mi pie siniestro resbaló sobre el mármol de un cementerio en Oporto antes de profanar un cuerpo vivo en la ingravidez de lo aún no escrito, coronó un ochomil de escaleras tras un caminar de milagro en mudanza que después haría juego con las cumbres de Sierra Nevada y sostuvo el equilibrio en las aguas del Atlántico a pesar de acribillado por la risa invertebrada de una sirena. Mi mano izquierda, por otra parte, depositó el primer sendero en el rostro recién inaugurado de mi hijo y caminó de puntillas sobre tu pecho contrario. Que cualquier tiempo pasado fue mejor, dicen. Que cuando miras un álbum de fotos puede parecerlo. Que, en mi caso, tal vez sólo sea mejor si asomo a él mi ojo izquierdo.

Acerco la pupila derecha a la cerradura y comprendo que la llave, tal vez, sea el iris de la izquierda. ¿Qué tanto he leído con mi ojo derecho? Novedades y antiguallas. ¿Qué me resta por leer con el izquierdo? Tal vez sólo la vida que cada vez más me anida en este hemisferio que tú supiste recorrer para recordarle que es donde hace nido el corazón. Me asomo a este álbum y recuerdo que incluso le diste sentido a mi perfil derecho descubriéndole el ahora en una cartomancia de inviernos sin frío y veranos frescos, un desentrañarle las entrañas al animal que, en este hemisferio débil, auguraba batallas en que se perdían vidas. Incluso la mía. Daños colaterales. Hasta que tú, como cuadrúpedo inventado vinieses a inventarlo de nuevo pastando el vello inexistente de mi pecho derecho.

Dice la ciencia que el hemisferio cerebral derecho es responsable de las emociones, la destreza artística, la creatividad y la comunicación no verbal. Todo eso que siempre defendí como raíz de este mi burdo estar en la tierra sin raíz alguna. Al final, va a ser verdad, tan consciente de la debilidad de todo lo que en mi cuerpo queda a la derecha, que soy un impostor, perdóname, hijo. Para no flagelarme demasiado, me digo que las pupilas, cuando tan cercanas a otras que casi las muerden, equivocan el punto de vista logrando abolir derechas e izquierdas.

Mientras me pregunto qué pupila será la que asomas tú a la cerradura, he decidido que mañana me calzaré un parche, a lo Joyce. Lo haré, como él, para frenar las flaquezas de mi contemplar borroso todo aquello que me ha conformado. Pero al contrario que él, lo colocaré sobre mi ojo derecho. Nueva certificación de que jamás podré escribir un nuevo Ulises. Me quedo con el sueño de aprender a escribir cuando mirando las fotos con el ojo izquierdo. Y ya puestos, con el de aprender a firmar con la mano derecha. Y sí, el termómetro lo constata, tengo fiebre.

Pablo Cerezal, 
del blog Postales desde el Hafa


sábado, 6 de enero de 2024

TIEMPO MÁS TIEMPO MENOS por PABLO CEREZAL



Nada se compara a esa leyenda de semillas que deja tu presencia
A esa voz que busca un astro muerto que volver a la vida

Vicente Huidobro

Resulta que en estos precisos instantes tañen apócrifas campanas y la ciudadanía ejerce, esta vez en mayoría, eso que llaman democracia entregada a brindis y pellejos de uva malgastada. Que se pasó 2023 y quedará para muchos como un tintero volcado sobre la página en blanco de los días soñando escribir en ellos un futuro que ya es pasado.

Se ha pasado el año, tan crujido tan aullando y tan lejano, tan oriente tal vez, pero siempre presente, tal cual como cuando escuchaba Ghosteen y caía y brillaba/vibraba/volaba transformando lo que soy al borde del fin del poema y donde lo hondo emerge. No caía solo. Sin red o tropel de dedos que te anuden al barranco no hay línea de flotación. Lo saben los marinos, las sirenas y los gatos.

Parpadea el fragor de los petardos, y los fuegos artificiales asustan a los animales, que no saben de celebraciones más allá de la que enjuaga y preña de saliva, cuando el alimento, sus fauces de breve jauría. Aún así es año nuevo y podemos ignorar su miedo tras el cortinaje falso de la algarabía. Como olvidamos el pavor de perros, gatos y el resto de bestias a las que creemos haber domesticado.
Avaricia del año nuevo y, con el trago postrer, los deseos: montemos una tienda de campaña en el salón, paredes de piel y alarido de sangre acuchillando el parqué mientras inventamos constelaciones y tricotamos nubes de THC.

Se ha pasado el año pero aún somos cuatro pies rubricando tildes diacríticas y gloriosas, el parto inverso de un animal mitológico seccionado en rosa, el rizo del viento que se busca a sí mismo y el cabello en galopada, la noche que no va a la oficina y el desayuno de la rana, los vagabundos del cristal de la ventana y el beso hecho hueso a morder por canes de fiebre bajo el dorso de las sábanas.

Quedan atrás 365 días que revelamos y trocamos inmortales en el cuarto oscuro de nuestro abrazo. Somos la clarividencia de un duende escapado de todas las navidades sin regalo para barajar ritmitas de marea que expliquen qué hacer con el tiempo que aún nos queda, una suerte de Nostradamus despaciosos forjando todos los sueños hermosos, el latido en las encías y la locomoción ferroviaria de las costillas. Se pierden 365 días que nosotros hemos ganado. Porque somos los tigres de Blake afilándose las zarpas en el vientre del dragón: símbolo de este año nuevo que ya avanza.

Ahítas las botellas de cava que tantos llaman champán para mejor simular una vida en que todo, como para los millonarios, puede ser despilfarro, se hacen promesas y se lanzan los dados pensando en números y fechas.

Inauguramos 2024 y dos por dos son cuatro, y dos por cuatro: ocho y las cifras son miradas que se saben raíz en los designios de la cábala. Así que ningún deseo más allá de que sigan fluyendo los acontecimientos mientras acontece la alquimia de los astros como telequinesis que desordena las distancias. Seguiremos inventándole al calendario Días tranquilos en Clichy para tatuarnos en la tráquea sílabas diccionadas con certeza de mantra tibetano.

La ciudadanía brinda y sumerge deseos dorados en copas aflautadas olvidando que superstición y religión son términos contrarios. Por eso yo, ciudadano al fin y al cabo, ateo vengo a rezarte sonrisa clamor, mente universo, divinidad matarife, luz inaudita que le florece poemas al verso.

Ha sido milagro este año, y más lo será el siguiente, poder ver la vida de este lado.

Pablo Cerezal, 
del blog Vislumbres del Dorado


viernes, 17 de noviembre de 2023

DIGNIDAD por JOHNNY RAY



La dignidad del hombre
hace equilibrios
sobre un delicado filo
bajo el que dormita
un abismo,
cuanto más estima
su dignidad
más delicado es el filo,
más profundo el abismo,
cualquier leve corriente
puede hacerla quebrar
y caer.

El mundo no admite del hombre
dignidad,
no necesita
del hombre dignidad,
el mundo solo admite
cuanto necesita,
no necesita que el hombre
sea hombre
sino mundo,
dignidad tutelada,
limitada,
prevista,
estrictamente necesaria
para que el hombre
ocupe su lugar.

No hay dignidad
en una vida de trabajo
para lograr
permanecer con vida,
no la hay
por más que sea necesario
que la haya,
no hay dignidad
si el hombre no se ocupa
en ocuparse del hombre,
respetar,
formar,
invitar
al hombre a pensar,
sentir,
a su espíritu
manifestarse,
cada paso
propio,
no hay dignidad
si el mundo no es
lugar para el hombre,
si el hombre no es
lugar para el mundo.

De la suma de hombres
preocupados por el mundo
no resulta
un mundo digno,
de la suma de hombres
preocupados por el hombre
resultará
aun sin pretensión
un mundo digno,
producto
de una suma de dignidades,
quien trata de alzar
la voz de la dignidad
no es escuchado,
el mundo necesita
no escuchar
a pesar de que no es capaz
de erradicar la miseria
pero sí de crearla,
erradicar la injusticia
pero sí de crearla,
la enfermedad y la muerte
innecesarias
pero sí de crearlas,
no es capaz de ver
a un semejante
en su semejante,
de cuidar de sí mismo,
amarse,
confiar.

La sociedad incapaz
de respetar,
formar
a los individuos que la componen
no está legitimada
para juzgarlos,
la sociedad carente de valores
no está legitimada para juzgar
los actos carentes de valores,
la sociedad sin compasión
no está legitimada para juzgar
los actos sin compasión,
la sociedad que no vela
por la vida humana
no está legitimada para juzgar
los actos contra la vida humana,
lo mismo es asesinar
que dejar morir,
la sociedad injusta
no está legitimada para juzgar.

No hay deidad que juzgue a quien juzga,
solo el hombre se juzga a sí mismo,
no hay palabra
por encima de la suya,
no hay conciencia,
duda,
proceso,
conclusión,
no hay responsabilidad
superior,
no es posible la tarea de juzgar
sin haber asumido antes la de formar
una sociedad justa,
individuos que no necesiten
juzgar
ni ser juzgados.


Johnny Ray


domingo, 23 de abril de 2023

RODAJE por MAICA BERMEJO MIRANDA



Años de rodaje han necesitado mi piel
mis entendederas, mis neuronas.
Años de contactar, entender, palpar
aprender, digerir, procesar.

Camino de conocimiento gradual
lascivo, interior, emotivo, intelectual
terrenal, mundano, diferente a mí.

Diferente a la esencia de la cual
yo me componía:
frágil, emotiva, palpitante, sensual
crisálida transparente, vulnerable.

Años de discernir, descomponer
fragmentar, calibrar, sopesar
lo que esconde un ser humano
detrás de la fachada que muestra.

Coraza de autodefensa.

Años de rodaje por senderos de vida
acumulando experiencias.

Dosificando pareceres, cuestionando
separando la paja del trigo
cayendo y levantándome una y otra vez.

Años de rodaje, como un coche de estreno
suavizando las marchas
reteniendo velocidades, observando el paisaje.

Sin ese rodaje, mi amor, sin ese entreno
no habría sido posible haber llegado hasta aquí.

A este presente continuo que desenredamos
cada día, ladrillo a ladrillo, paso a paso
tropiezo y esperanza conjugados en el verbo querer.


Maica Bermejo Miranda,
del blog Luces y Sombras.


jueves, 18 de agosto de 2022

SATORI, ASALTO Y RESIDENCIA por JULIA ROIG



¿Dónde puedo hallarlo? ¿dónde el pozo?

Satori húmedo que bendiga esa mezcolanza de hembra turbia y algo inanimada que me estoy siendo.

Es el calor, dirán los eruditos en materia. Este sí es un verano invencible en el peor de los sentidos sin imperio. Me quedan dos barras rojas de vida y tantas pantallas, tan poca piel, tan pocas capas... A un tris del trash. Me voy a Formentera y sé que no hay nadie más en toda la isla leyendo el Ponche, tal vez sí, como yo, releyendo, aunque es complicado, convendremos en que es una isla pequeña, sí. Cenaré en un restaurante que se llama Macondo y me llevará a una de esas novelas animal que me visten. Digo animal porque ahora está mal visto, pero me veo bien, siendo quien quiero. Mis pieles son lo que he leído. Mis pieles son lo que he vivido. Están mal vistas tantas cosas. Será la perspectiva. Todo pasado se analiza cruelmente. Qué mal reaccioné, qué mal contesté, qué mal conquisté, qué mal escribí, qué mal amé, me traté, me toqué, me escuché, me sentí.... Aquí estamos, en nuestro presente de perfección y futuro, con todas las respuestas... Antes la Influenza era algo horrible, ahora también, necesitaremos perspectiva para verlo.

Garabatearé por la noche, palabras sobre fantasía/refugio. En una habitación con el aire a 25 y el resto, cámara acorazada de infierno. The floor is lava. Sí.

Y en mitad de la noche, Penang, la isla que no es isla, en mi mente, y mi madre, allí, con siete años, intentando entender qué significa ese no mama, no papa, no rice que cantan sus nuevos amigos. Lo dijo Loriga, la memoria es un perro tonto, le tiras un palo y te trae cualquier cosa. Yo añadiría: o no. Quizá sabe lo que trae en ocasiones. Te trae un cristal que celebra un trago único. Un tramo de calle con abrazo. La desembocadura de una mirada. La liturgia de una terraza que iluminan los Led (Zeppelin!). Una clavícula esclava. Un cabello salado. Una Alhambra bien fría. O un golpe de realidad. No mama no papa no rice. El mundo se está haciendo un selfie pero aún no lo ha visto. A lo mejor se cae por atrapar las vistas que nadie verá, que nadie está viendo.

En mi mente hay un terciopelo. yo decido cuándo lo acaricio. Soy mi dueña. Un latido honesto y ardiente, propio y eléctrico. Una vibración genuina y ver el interior de las personas. Alguien dijo: La fantasía del momento. Sí. Está aquí, la siento moverse en mis manos y la hago posible.

Julia Roig,
del blog Miss Desastres Naturales


miércoles, 28 de julio de 2021

COSAS QUE PASAN EN LOS PUEBLOS QUE NO LLEGAMOS A ENTENDER por JOSÉ PASTOR GONZÁLEZ



nos cerráis las escuelas y nos abrís cuartelillos de la guardia civil
echáis abajo los viejos molinos los viejos cortijos
los lavaderos los chozos
los recuerdos las palabras
y nos construís modernos centros de interpretación
hoteles con encanto
miradores
nos robáis las tierras comunales las semillas el agua los sueños
nos quitáis los trenes los autobuses las bibliotecas
las fiestas las verbenas las canciones
la ilusión el silencio los árboles
y nos dais consejos alternativas
subvenciones y ayudas a fondo perdido
nos cerráis los centros de salud y nos ponéis cajeros automáticos
precintáis alambiques maquinas de tabaco bares sin licencia
y nos tanteáis para colarnos
parques eólicos urbanizaciones macrogranjas macropuertos cementerios nucleares
nos pagáis una miseria
por el trigo la leche la aceituna
los corderos los boquerones las patatas
y nos vendéis veneno comida basura transgénicos
tecnología progreso turismo y cuentos chinos
nos hincháis a impuestos leyes decretos políticas agrarias
normas higiénico-sanitarias para producciones agro-alimentarias …
todo son trabas papeles impedimentos y prohibiciones
permisos y multas
estamos cansados
estamos vacíos
de todo
excepto de recuerdos
somos pocos y viejos
y estamos solos
además
no damos el perfil
no cumplimos las expectativas
no somos lo suficientemente ecológicos
lo suficientemente emprendedores
lo suficientemente cultos y leídos
no somos sostenibles
hemos perdido
pero
ese mundo que existió
es de donde venís
aunque queráis olvidarlo
y aunque no tenemos futuro no tenemos miedo
y aunque no hay esperanza no desesperamos
no esperamos nada
no tenemos prisa

José Pastor González, del blog Libros y aguardientes.


Foto de José Ramón Luna de la Ossa

sábado, 27 de marzo de 2021

1 POEMA de JULIA GUTIÉRREZ



Ella que nunca se rinde,
es una valiente
Wonder Woman
del día a día.

De su arsenal de las armas
destaco el Lazo de la Verdad
y una Aguja Mágica
con la que sigue cosiendo
la paz
puntada a puntada.

Impera la libertad
en su hogar -que es de todos-
donde volver a casa
es más que una expresión,
donde solo ondean
banderas de ropa limpia
recién lavada.

Ella atesora todas
las competencias
que puedas imaginar,

lleva el peso ella sola
de todos los ministerios
sin sueldo alguno,
sin derecho a vacaciones
ni baja laboral,

y sabe que no se puede
gobernar nada
sin la ética del cuidado
sin la constitución del amor.

Ella conoce y ha reescrito
los estatutos de una vida feliz.

Y así lo creo firmemente
-que tome nota España,
Europa o el mundo entero-:

siendo la gallina
de los huevos de oro,
koro koko, kiri kiki,

si mi madre
hubiera sido presidenta
del gobierno,
otro gallo
-con más arte-
cantaría en este país.


Julia Gutiérrez, del blog A la cola del viento.


miércoles, 10 de marzo de 2021

WALT WHITMAN Y EL HOMBRE NUEVO por PABLO CEREZAL



para Isabel, que respira humanidad y natura

Me canto a mí mismo
y lo que yo acepto tu aceptarás
pues cada átomo de mí es también parte de ti

Walt Whitman

Con todo lo erróneo que pueda parecer a los grandes próceres de las letras y aledaños, siempre he considerado a Whitman el padre todopoderoso de la lírica norteamericana. Whitman, y su canto al hombre nuevo y libre del que enseguida se adueñaron los líderes/dueños de esa nación mundial que, si alguna valía tiene es, justamente, la de ser mundial y carecer de esas raíces que hoy, unos y otros, ensalzan para revivir el lodo en que deberían haberse hundido, hace tiempo, las nacionalidades. Me enredo, cuando sólo quería decir que Whitman cantó al hombre (o mujer, u «hombra», vete tú a saber a qué vericuetos lingüísticos nos llevará esta corrección política actual, que nada corrige y todo lo impone), inventándole un lenguaje nuevo en que explicarle como ración esencial del gran banquete de la naturaleza, advirtiendo de la inevitable comunión de ambos. He ahí, en dicha comunión, según el bardo, la esencia del hombre nuevo.

Whitman sabía que el hombre desorienta las mariposas que andan prestas a enredarse en la barba desaliñada del que nada tiene que hacer más allá de vivir y sentirse vivo. Whitman no entendía de sexos ni correcciones políticas. Así, le brotaba un zagal entre las piernas, suturando ladridos de esperma con la aguja de descoser sonrisas, o una sonrisa de algodón, entre los labios nervio negro, rimando ¡aleluya! con el crujir del látigo que anticipaba nuestro mantel de mediodía con usuras de maíz tostado. Whitman, y aquel canto a mí mismo que nos canta a todos nosotros, por más que nos empeñemos en olvidarlo. Después el hombre, para serlo, aprendió que no le quedaba más remedio que ir pagando, a lo largo de su vida, diversos peajes. O alguien se lo enseñó, y él aceptó de buen grado tan perversa docencia.

Hoy, a falta de una Venus de las pieles dispuesta a tricotar franelas con las propias, me monto un Sacher-Masoch imbécil y casero mirando la "información" televisiva, y así descubro que uno de esos automóviles que ya nos advierten del futuro inmediato, uno de esos que no necesita conductor, ha atropellado, con resultado defunción, a una ciudadana norteamericana. No han dado el nombre de la fallecida, al fin y al cabo es norteamericana, y no ha sido violada ni violentada ni asesinada a sangre fría, como esos niños que, aquí, en esta España de crucifijo y guadaña, rellenan los noticiarios y alimentan la voracidad mala baba de bocas desastrosas y contabilidades políticas. Sólo han dicho, en televisión, que la fallecida era ciudadana de un pueblo de Arizona y... ¿dónde coño (perdón por la incorrección) está Arizona? El caso es que la industria automovilística avanza inventando coches que no necesitan conductor, y que la presentadora de los informativos patrios ha advertido que el atropello se considera, por parte de la industria, un peaje tecnológico... sí, así, lo cursivo para llamar la atención sobre la capacidad lingüística de quien quiera haya inventado la expresión. ¡Qué hallazgo!, pura poesía: peaje tecnológico. Bravo por la lengua, sus avances y su lírica de arritmia. La televisión nos especifíca la poca importancia que tiene la muerte de dicha mujer atropellada, pero lo hace reinventando el lenguaje, como lo hiciese Whitman para cantar al hombre nuevo. La televisión, siempre, corrobora lo que Sartre avanzase en los periódicos de su tiempo. Que la vida no es esencia, o sea, sino sólo existencia... hasta que desaparece bajo los errores de frenado inepto de la tecnología, y muere atropellada. He ahí la esencia, sobre el asfalto.

Después, el noticiario, ha dado paso a las mentes pensantes del I+D+I (investigación y tal, pero debidamente adaptado al lenguaje actual) automovilístico, permitiéndoles cantar las bondades de ese futuro que ya es hoy, un futuro en que los coches no precisarán chófer de levita ni de traje corbata. No precisarán conductor alguno. El progreso, ¡albricias!, el progreso. Y esa mujer atropellada ya sólo es silueta de tiza que floreció en el asfalto como una primavera temprana. Igual que aquellos ciudadanos con que los grandes emporios germanos del automóvil experimentaron los efectos del dióxido de nitrógeno. A ellos, les floreció una puñalada de gasóleo en los pulmones y, ahora, descansan junto a la mujer atropellada, en los arcenes de la historia. ¡El progreso! El progreso recaudando sus peajes tecnológicos, qué grandiosa creatividad la del lenguaje humano, ahora que lo pensábamos oxidado tras dar con aquel otro brillante hallazgo de los daños colaterales.

Pienso en Whitman, y me pregunto si no estaría equivocado, el poeta, si la verdadera comunión del hombre nuevo no habría de ser con la máquina, en lugar de con madre natura. Así, al igual que los cuerpos de nuestros ancestros son peaje que fermenta la tierra que nos dará de comer, hoy serán los cuerpos de atropellados y enfisémicos los que alimenten la máquinaria que viene para hacernos la vida más cómoda, más nutritiva. Y esos daños colaterales, vestidos de metralla cuando debieran hacerlo de primera comunión, por ejemplo, considérense necesarios peajes tecnológicos. De hecho, hasta el propio Whitman lo comprendió. En caso contrario, jamás hubiese exclamado:

¿Te han dicho que era bueno vencer?
Digo, también, que es bueno caer… las batallas se pierden
con el mismo espíritu con que se ganan

¿Con qué espíritu estamos perdiendo esta batalla?, lo sé, preguntará alguno. Pero, qué más da, cuando están en juego el progreso y el albor del hombre nuevo.

Pablo Cerezal,
Postales desde el Hafa


viernes, 29 de enero de 2021

DE LA RONDILLA CONOZCO HASTA LAS CALLES DONDE LLEGA EL SOL EN INVIERNO por JOSÉ PASTOR GONZÁLEZ




en este barrio obrero
pasé la mitad de mi vida:
[la niñez cuando todo se curaba con mercromina y un beso
la adolescencia cuando todo se curaba con unas risas y unos morreos
la juventud cuando aprendimos que no todo se cura
ni con todos los besos
ni con todos los sueños]
conozco sus calles
jugué en ellas
corrí caí levanté bebí robé amé peleé chupé sufrí renegué y odié
este barrio con toda mi alma
y escapé
cuando vuelvo
todavía sé los bares donde ponen un buen clarete de Cigales
o la mejor oreja rebozada
o los mejores carajillos (quemados)
sé donde pillar buen hachís
buen pan buen queso
puedo acompañarte a la ribera del río
y decirte donde hay alisos
donde hay arces
o donde ver gaviotas reidoras
podemos ir a merendar al parque
a cenar marisco
a bailar
al mercado
o de librerías
o a que te arreglen la bici
y si quieres saber del infierno
también lo conozco
estaba aquí:
heroína violencia atracos paro pobreza
ignorancia frustraciones
calles-patios
bajos húmedos y fríos
descampados ratas
barro charcos
trabajos de mierda
pisos de mierda
el barrio te las podía hacer pasar putas
si no andabas espabilado
o si la suerte no te acompañaba
yo tuve algo de suerte.
echo de menos
las verbenas
los cines
las huertas
algunos bares
algunas tiendas
y a alguna gente
ya no están
pero están vivos en mis recuerdos
quizá todo sea pasado
quizá todo sea un espejismo.
y mañana
que marcho de aquí
dejo estas letras
para cuando vuelvas por aquí
no olvides

José Pastor González, de Cuando los trenes paraban en todas las estaciones (Versátiles, 2020)


jueves, 12 de noviembre de 2020

HORMIGAS por MAICA BERMEJO MIRANDA




Con este ardor de hormigas rojas que recorre mi cuerpo es imposible dormir, el desvelo se adueña del instante temprano enganchado a las manecillas del reloj.

Todo se queda quieto, el aire gordo del verano madrileño acorrala la certidumbre en pausa del pensamiento.

Escucho el apenas perceptible recorrido de la sangre por el cuerpo, la lumbre que reverbera caliente, que aplasta la voluntad y el movimiento.

Nada se puede hacer, salvo permanecer estática como la tortuga en la roca, sin mover una pestaña, para ahuyentar cualquier signo de combustión.

Tórrido verano que cerca como un amigo incólume al desaliento.

Batalla por ganar en el resistir diario que a veces desorienta y duele como una herida vieja.


Maica Bermejo Miranda


miércoles, 8 de julio de 2020

ES PRECISO por MAICA BERMEJO MIRANDA



Se desliza el tiempo sigiloso ocultando el paso de los días. Nada rompe la monotonía salvo el vuelo libre de los pájaros surcando el cielo. Es preciso reconducir los pensamientos y volar tan alto como ellos hasta donde las alas nos den. Hasta donde el espíritu nos provea del alimento esencial. Volar al país de praderas verdes y cascadas blancas. Caminar desnudos entre los árboles y bañarnos en playas doradas al sol del estío. Es preciso, mi amor, recuperar los sueños. Ahora, que el embate de la vida nos roba las horas que nos pertenecen en este último contar de los años. Preciso es alzar la cabeza y no rendirse. Precisó acunar al niño interior entre los brazos y mitigar sus miedos. Preciso descubrir cada amanecer tu sonrisa junto a la mía y marchar de la mano hasta donde el corazón nos lleve. Preciso es permanecer.

Maica Bermejo Miranda,
del blog Al sur de los tambores.


martes, 21 de abril de 2020

BLANCANIEVES VIOLADA EN LOS SERVICIOS DEL INSTITUTO RONDILLA por JOSÉ PASTOR GONZÁLEZ



Jane, con 16 años, es sometida, en el hospital psiquiátrico Benito Menni a un tratamiento de electrochoque para curar su mal comportamiento y su mal carácter, a escondidas, escribe, todas las noches, un diario, no quiere perder los recuerdos, no quiere perder los sueños, no quiere perder la rebeldía

Antoni*, 15 años, se mira en el espejo y no le gusta lo que ve, no le gusta su cuerpo, no le gusta su sexo, con la propina de 20 euros semanales que le dan sus padres, compra aldactone 100 mg a un yonqui del barrio y se mira en el espejo y no es feliz

Marina, 16 años, pasó de ser la chica más guapa del instituto, a ser la chica más dura del instituto, ha dejado atrás los juegos, el amor, los estudios, los porros y el kalimotxo, ahora la vida va en serio, ahora es el momento de la benzedrina, el sadomaso, la violencia, el exceso, la heroina y la autodestrucción, antes que sea demasiado tarde

La pequeña Alba tiene un tumor, está con la quimioterapia, los niños del barrio se ríen de ella porque se ha quedado calva, los niños del cole no se quieren juntar con ella, sentarse cerca de ella. Alba ya no tiene lágrimas, Alba ya no tiene amigas, Alba ya no tiene ganas de seguir luchando, pero no se lo dice a nadie

Eva, 18 años, cuando va puesta de alita de ángel, es la reina de la noche, la reina de la fiesta, la más divertida, la más juguetona, la más salvaje, pero si se queda sin coca es una perra, la más perra y se deja magrear por una raya o la chupa por medio gramo, ya no no no no hay aplausos, ya no no no no hay risas, ya no no no hay diversión

Sonia, 16 años, se marca los brazos con cuchillas de afeitar, se corta hasta que la sangre huele, se raja para olvidar un amor, para olvidar que ya no la quieren, para olvidar el dolor

A Patricia, siete años, dios la ama y ella ama a dios, reza cuando sus padres discuten, reza cuando sus padres se emborrachan, reza cuando sus padres se marchan de fiesta y se queda sola en casa y reza, reza cuando se mea en la cama, reza pero dios no la escucha


José Pastor González


viernes, 3 de abril de 2020

TODO LO QUE SE QUEDÓ FUERA DEL VOYAGER I por JULIA ROIG



El cinco de septiembre de mil novecientos setenta y siete yo tenía diecisiete meses y dos días cuando se lanzaba una sonda espacial de setecientos veintidós kilogramos desde Cabo Cañaveral a explorar el espacio interestelar. Lo que más me atrae de ese episodio de la historia espacial, no es ya lo que nos ha podido mostrar el Voyager I, que así se llama, sino lo que iba y va en el corazón de esa sonda. Esa botella y su mensaje dentro del océano cósmico, tal y como la han descrito, alberga saludos en cincuenta y seis idiomas, además de una sección de sonidos de la tierra que incluyen desde un volcán, la lluvia, un pozo de lodo (¡), latidos, risa, fuego, un perro manso, el aserrado, la sirena de un barco, un caballo, un tren y un beso entre otros. A toda esa poesía le quedan unos diecisiete mil setecientos dos años para salir de la Nube de Oort, en la que entrará dentro de unos trescientos años…. /La próxima vez que te diga que te abrazo inmenso, no quiero que olvides lo que pretendo describir al decir inmenso y menos aun lo que abarca un te amo infinito, simplemente piensa en el Voyager I/

Fue a Carl Sagan a quién encargaron ese listado de elementos definitorios de la humanidad para enviar al espacio exterior en un intento de explicar quiénes somos y en ese equipo se hallaba una jovencísima Ann Druyan. Cuentan que Sagan y Druyan estaban enamoradísimos. A la audaz científica se le ocurrió grabar sus ondas cerebrales por si una avanzadísima civilización tecnológica llegara algún día a descifrarlas. Dicen que Druyan colocó su cabeza y su corazón enamorado en la Voyager.

Ciento dieciséis imágenes también viajan en esos discos de oro que acompañan al Voyager. Desde la hojas de un árbol, una madre amamantando, dunas de arena, el ADN, un supermercado, Mercurio, Júpiter, la página de un libro, un cuarteto de cuerda, el Taj Mahal, la demostración de lamer, comer, beber, velocistas, una cosecha de algodón, el río Snake y la Cordillera Teton, interior de una casa con un artista y fuego….a priori una selección muy random, después mientras las miras te sumerges en una especie de nana del tiempo y te llenas de paz y algo más que de momento soy incapaz de definir.

Todo ello con su banda sonora que va desde sonidos aborígenes, folklore mexicano, jazz, ópera….incluso Chuck Berry y su Johnny be good rasgando la eterna noche cósmica.

Sin dejar de lado el lema motivacional en latín que se envió en código morse: Per aspera ad astra, que significaría a través del esfuerzo, el triunfo, o por el sendero áspero, a las estrellas, que nos lleva a Séneca y su Non est ad astra mollis e terris via, No hay camino fácil a las estrellas.

A mí toda esta sobredosis de información me fascina. Algo así como un selfie de la humanidad, del mundo conocido en mil novecientos setenta y siete. Un curriculum vitae para el más allá, gustos, aptitudes, conocimientos…

Y sin querer.... imaginar que ese Voyager I está enterrado en un lugar inaccesible de nuestro propio planeta, y en ese pensamiento me pierdo y empiezo a hiperventilar a lo Augusto Monterroso…


Julia Roig,
del blog Miss Desastres Naturales


sábado, 28 de marzo de 2020

COPIA DE SEGURIDAD DE PARIS por ÁNGEL GONZÁLEZ GONZÁLEZ



Dame un minuto o dos más, Helena
en la barra del bar junto a estos amigos.
Otra forma no veo de escapar,
en momentos tan turbios
del asedio mortal
de esta ciudad contenida
donde cada flecha que se lanza
donde cada pelota de brea,
cada yelmo, cada espada
la casa, o tal vez los sueños
se deshacen ante la atenta mirada
de alguien todopoderoso y gris.

Ángel González González

sábado, 15 de febrero de 2020

MALA MUERTE por JOSÉ PASTOR GONZÁLEZ




alguna vez alguien debería escribir
sobre la gente que muere en las pensiones
de José Manuel Llorente, 73 años, en la Pensión Covadonga
esperando ansioso -como todos los domingos noche-
la llamada telefónica de su hijo
para -por fin- hablar con alguien
y contarle todas las historias felices que ha inventado durante la semana
para que su hijo no sepa y no se preocupe
por su salud su soledad su dinero su tristeza
de Antonio Muñoz, 62 años, en la Fonda Suiza
metido en la cama -como todos los días- despues de comer
viendo las películas que pasan por 13 TV y Paramount
esperando que llegue la oscuridad de la noche
y tomarse dos temazepam para que el miedo no despierte en sus sueños
de Sonia Manrique, 23 años, en el Hostal El Camal
metiéndose un chute de heroina
para darse un descanso
antes de volver a la calle y a los clientes
de Ramiro Reyes, 49 años, en el bar del Hostal España
cociéndose a fuego lento con vino de la casa
antes de volver a una habitación vacía que le devora
de Esteban Jiménez, 59 años, en la pensión La Estación
peleándose en silencio y a dentelladas
con todos sus fantasmas
abotargándose a Orfidal
para matar el dolor y la desesperanza.
alguien debería escribir
sobre el olor de miles de cigarrillos
en las sábanas en las cortinas en las alfombras en las paredes
y sobre ese olor pegajoso de los cuerpos derrotados abandonados
como de flores marchitas
como de polvo viejo
y de las comidas del menú del día de todos los días
y las cenas con las sobras de la comida de todos los días
y los desayunos sin que nadie te mire a los ojos
y de los ruidos de la muerte
de los crujidos de los somieres de las toses de los televisores encendidos
de la cisterna del agua de los lavabos de los pedos de los ronquidos
de los gruñidos y los quejíos de dolor y desesperanza
y del arrastre de sillas pies y vidas
unas vidas que caben en dos cajas de cartón y dos bolsas de plástico
y que transcurren tras unas puertas que no queremos abrir
para no enfrentarnos a escribir
sobre el zumbido del silencio de la mala muerte


José Pastor González, del blog Libros y aguardientes.


Cover by Andrés Alarcón