lunes, 24 de abril de 2017

BREVE HISTORIA DEL CIRCO por PABLO CEREZAL



Con Breve Historia del Circo, Cerezal nos regala, en un diario compuesto de prosa poética, poesía prosaica y fotografías urgentes, el desnudo frontal de su persona y sus sentimientos durante los más de dos años que vivió en Bolivia, como responsable de una pequeña ONG orientada a proporcionar un futuro plausible a niños que vivían y/o trabajaban en las calles de la ciudad de Cochabamba. La ya de por sí compleja vivencia del autor se vio afilada por la realidad de una paternidad en desarrollo. El fruto literario de dicha experiencia es una obra de indudable cariz poético e ineludible sentir solidario que enfrenta, con verbo y latido, la quietud egoísta de estos tiempos que vivimos.

Pablo Cerezal

Nació en Madrid en 1972. Es escritor, articulista y guionista. Ha publicado la novela Los Cuadernos del Hafa (2012), hoy considerada novela de culto, y, junto al escritor boliviano Claudio Ferrufino-Coquieugniot, el volumen de crónicas Madrid-Cochabamba (cartografía del desastre) (2015). Entre 2013 y 2015 participa en antologías literarias como Erosionados, El Descrédito. Viajes Literarios en torno a Louis-Ferdinand Céline, y Hey Bob! Asesor de guion en el documental Quinuera (2014), coguionista de los documentales Madrid-Cochabamba (2015) y Geometría del esplendor (2016) y colaborador en numerosos medios escritos, como Frontera D (España), La Razón (Bolivia), y Red Marruecos (Marruecos). Mantiene los blogs Postales desde el Hafa y Vislumbres de El Dorado.


OTROS AUTORES HABLAN DE LA OBRA

“Como las grandes novelas confesionales, Breve historia del circo engancha de la primera a la última página con una brillantísima prosa poética, un montón de suculentas anécdotas y un análisis de la psicología humana tan emotivo, solidario y sincero, que os sentiréis (pongo la mano en el fuego por ello) plenamente identificados con él.

A caballo entre la poesía y la prosa (de hecho, intercalando ambos géneros, y también un puñado de estupendas fotografías), el ensayo y el diario, lo intimista y lo reflexivo, lo privado y lo público, Pablo nos sumerge en la caótica vida de Cochabamba, con sus coloristas mercados, injusticias y contradicciones.”

Vicente Muñoz Álvarez

“Cerezal es un escritor que tiene mucho que contar y que lleva algo más que cultura libresca en el equipaje de narrador, que está en pie de guerra con su tiempo, en tensión. Escritor vagabundo más que viajero, hoy en Bolivia, ocupándose de niños de la calle, ayer en Marruecos, vete a saber dónde parará este hombre. Vida leída la suya, y vida vivida o soñada, el mejor terreno literario: entre lo vivido y lo imaginado. Escritor que cambia de piel y se la deja en el empeño. Toda una lección, cuando todavía las recibes, te gusten o no.”

Miguel Sánchez-Ostiz

“Leer a Pablo Cerezal, es hacer un ejercicio vertiginosamente pulmonar. Su ritmo lingüístico es una caída libre hacia los abismos sustanciales de la salud y de los sentimientos más extremos. Como estar en un pozo iluminado por un millón de ráfagas de fuego. Impresiona. Vuelves y vuelves a leer. Lo apartas. Pero no se va. Pleno de una poesía fulminante.”

Isla Correyero

“Pablo Cerezal es el poeta que escribe en prosa. El feliz e improbable encuentro entre Umbral y Burroughs en una voz tan encendida de prodigio que estremece. Pablo escribe como lo haría Henry Miller de haber nacido en Vallecas y haberse llamado Pablo Cerezal, porque su voz única bebe de las entrañas de la verdad.”

Javier Vayá


BREVE HISTORIA DEL CIRCO: Booktrailer

Breve historia del circo (booktrailer 1) from José Ramón da Cruz on Vimeo.

ROSAS AMARILLAS PARA COMBATIR EL DESPRECIO por MANUEL ONETTI




Rosas amarillas para combatir el desprecio

anoche ella quería ver una
película de Godard. por alguna
razón yo sentía algo raro al
respecto. dentro de la misma
película Fritz Lang intentaba
filmar la Odisea. pero el productor
era un incordio. Lang ya sabía todo esto.
contrataban a un nuevo guionista que
tenía una mujer preciosa.
y hablaron y discutieron
más de treinta minutos en su
apartamento. ella entonces le dijo:
-tú eres el que has cambiado;
desde que conoces a toda esa
gente del cine. te prefería
cuando escribías novelas policíacas-
y ella se rió y me miró.
y yo la miré y me reí.
ahora yo soy uno de esos tipos
que gritan: «¡silencio, motor!».
y conozco a mucha gente.
y me emborracho y hablo
sin parar con todo el mundo
en las fiestas de fin de rodaje.
pero yo le intento explicar,
que prefiero aún
las rosas amarillas al
desprecio.

Manuel Onetti, de Sol eléctrico amarillo (Baile del sol, 2017).

jueves, 20 de abril de 2017

HÍBRIDOS 2017: Let it Happen.



María Cabeza de Vaca

Let it happen

PIEZA DE DANZA PARA UNA INTÉRPRETE 

‘Si sientes dolor puedes refugiarte, pero la guarida puede convertirse en una trampa’
L. Bourgeois 

Let It Happen es una pieza de danza creada e interpretada por la bailarina y coreógrafa María Cabeza de Vaca, donde la plasticidad y la palabra se entrelazan con la sobriedad y el recogimiento. Un estilizado collage repleto de inquietudes, textos y cadencias que dialogan sobre el aislamiento, la identidad y las relaciones sociales. María M. Cabeza de Vaca cuenta con una larga trayectoria que inicia como intérprete en destacadas compañías de danza y teatro. En 2001 presenta su primera creación propia para la inauguración del Festival Internacional de Danza de Itálica, continuando con la creación de nuevas piezas como He disappeared into complete silence (2004), Try to be happy (2007), Una forma fácil de acabar con todo, premio mejor espectáculo de sala 2012 otorgado por la Asociación de Profesionales de la Danza en Andalucía (PAD). Como docente ha impartido cursos en el Centro Andaluz de Danza y en diversos conservatorios y universidades de Andalucía. Como asistente coreográfica y directora de movimiento escénico ha trabajado para el Centro Dramático Nacional (CDN) y para la Compañía Teresa Navarrete, entre otras.

Miércoles, 26 de abril,  21.00 h
Palacio del Conde Luna. Plaza del Conde Luna. León
Entrada libre hasta completar aforo
Organiza Concejalía de Cultura Ayuntamiento de León
Coordinan Silvia D Chica y Vicente Muñoz Álvarez
La imagen puede contener: 1 persona, interior

domingo, 16 de abril de 2017

QUE LO SEPAS: Charlas tiernas.



Quizá silencio es sólo un nombre,
un nombre acostumbrado aunque inexacto,
una palabra errónea que habla, en realidad,
del sonido terrestre
que está perdido
en un espacio ajeno y despoblado
donde nadie lo escucha.

El silencio no existe.

(La idea
ya es un dardo que está cruzando el aire.
Su vuelo es pensamiento.
Mis palabras lo empujan y lo frenan.)

Antonio Cabrera

- A Leo le encanta ir sentado en el carrito del supermercado. Hemos llegado al pasillo de los yogures… 
- ...
- Mira Leo, ¿de qué los quieres, de fresa o prefieres de plátano? 
- … 
- A mí de pequeña me encantaban los de plátano. Sabes que el color rosa de los yogures de fresa lo hacen con un colorante que viene de la cochinilla… 
- … 
- Es un bichete que vive en las plantas. 
- … 
- ¿Qué tal en el cole hoy? 
- … 
- Ven aquí, eres tan lindo, mamá te quiere. 

Y le beso mucho, porque cuando Leo va sentado en el carrito de supermercado, en esa silla pequeña en la que casi ya no cabe, yo me inclino y le abrazo fuerte y le beso y él se ríe. Vamos rodando hasta el pasillo de las rosquilletas y los panes. Le encantan esos que llevan arándanos incrustados, y los señala. 

- Pero ¡cómo te gustan estos panecitos! A mamá nunca le ha gustado demasiado el pan, en eso debes haber salido a tu padre… 
- … 
Yo hablo, pero al otro lado no hay palabras. Hablo mucho desde el principio, desde antes del diagnóstico. Hubo unos meses en que dejé de hacerlo, creo que perdí la esperanza o si acaso no sabía enfrentarme a la ausencia de respuestas. Leo tiene cuatro años y autismo. Aún no habla. Lo hizo, pero las palabras se perdieron como lágrimas en la lluvia.

Este libro es muy especial para mí, porque concentra toda una filosofía de vida y pensamiento en las conversaciones que la autora mantiene con sus hijos. Fantasía, acción, ideas, verdad, sueños, proyecciones de futuro, el poso del pasado y los ancestros, familia, relaciones, enseñanzas. Todo ello bidireccional, y ahí está Su Gran Belleza; esta radica en la naturalidad con la que fluye el discurso, cargado de amor, de preguntas que obtienen respuesta en ambas direcciones. En este libro los niños tienen espacio propio, no se pretende adoctrinar, sólo dejarse ser, eso me parece que hace Silvia, dejarse ser, estar presente, darse a conocer como una mujer además de como una madre, una lección preciosa para quienes mañana ya no serán niños. 

Siempre me fascino ante la impavidez de algunos padres y madres que miran el teléfono móvil mientras sus hijos les hablan, les quieren contar algo, les estiran de la manga. ¡Esos padres les piden, les ordenan a sus hijos que se callen! No consigo entenderlo tal vez porque me cuesta ponerme en su piel, pero aún consiguiéndolo por un momento sigue sin gustarme. ¡Ah! Es que muchos no saben valorar lo que dan por hecho, no hubo oportunidad de aprenderlo, algo que de todas formas puede derrumbarse en cualquier momento y entonces la lección se abalanza sobre nosotros y primero nos hace daño. Después podemos ver lo que aprendimos. Y yo, creo que hago este prólogo porque su autora intuye bien lo que las palabras significan para mí, la importancia y el valor precioso que les doy a estas conversaciones que yo no puedo tener con mi hijo. Pero también, porque como ella sabe “ Con la gente con la que mejor estás, la mayoría de las veces no necesitas decir nada, porque te entiendes con la mirada, o con la música, o con la manera de estar…

La mirada de los niños suele ser radicalmente original. Sorprendente. Creo que, entre otras cosas, por estar desprovista de todo aquello con lo que la sociedad, su forma, y la propia experiencia van lastrando nuestras opiniones y nuestro modo de ver la vida con el paso de los años, en ocasiones contribuyendo a uniformar las corrientes de pensamiento, casi siempre despojándonos de esa formidable espontaneidad, tan presente en las palabras de Martín y Nicolás; esa autenticidad que merece la pena preservar y registrar, también para que podamos recordar, recuperar esa visión limpia y sin aditivos, valiosa en más de un sentido, de cuando nosotros éramos también niños. 

De ahí el valor añadido de estos diálogos, tan recurrentes en la filosofía postsocrática. Es Wittgenstein quien escribió que la respuesta a una pregunta filosófica será esencialmente errónea si no representa una nueva pregunta. La filosofía y el pensamiento, algo tan dinámico no casa bien con respuestas indubitadas a modo de punto final. Nico y Martín, como pequeños sabios que son cuestionan la realidad enunciada por su madre con puntos de vista que enriquecen el particular y multiplican las posibles interpretaciones. 

Esta lectura ha sido para mí un sortilegio esclarecedor, me invita a seguir hablando con mi hijo aunque no obtenga, por ahora, respuestas habladas. Me sugiere que el dolor irá cediendo, que no ha de confundirme todo aquello que espero porque debía dárseme y no ha llegado todavía. Silvia ha compartido conmigo todo esto, que ahora también, es un poco mío. 

Y no sabe la autora cuánto, una mujer como yo, una madre tan particular, me reconstruí al leer el haiku con el que termina este libro. Gracias.


Safrika Patricia R. Calpe, prólogo a Que lo sepas: Charlas tiernas, de Silvia D Chica (PiEdiciones, 2017).


sábado, 15 de abril de 2017

TERCER ASALTO por MAYA MUKTI



Le gustaba Serge Gainsbourg. Y Calamaro. Y Miles Davis, El Concierto de Aranjuez, lo primero que escuché en su coche aquel 27 de agosto. Lo seleccionaba torpe y nervioso, lo ponía para mí pero no quería que se notara. Había tardado un ratazo en encontrar el coche. Ni se orientaba ni recordaba casi nunca dónde lo había dejado.
Tenía debilidad por lo francés. Cuando decía Francia o francés, lo hacía con acento. Su autor de cabecera, Céline. Su tipo de mujer... ésa decía que era yo. Contaba que, al verme, sufrió un coup de foudre. Y así seguía, aún después de haberlo yo dejado a los pocos meses de intentarlo, a la vuelta de un viaje al sur penoso para los dos. Estaba intentando no fumar y se mostraba sin chispa, desorientado, como faltado del más elemental sentido común. Irritable. No acertaba a razonar ni las cosas más sencillas. Decía que veía caras por la calle que le daban miedo. A la vuelta, desde el aeropuerto, horas para orientarse y encontrar, cargados con las maletas, el local de fumetas donde celebraban el patético fin de año sus amigos. No aguanté mucho. Me quise ir. En el metro, abarrotado, casi me asfixio. 
Un mes, dos meses, gloriosos. Poco a poco, decepcionante. Fumar y fumar… fumar y fumar… “Yo sé cuándo tengo que dejarlo” decía. “Yo me conozco”. Sin hacer casi nada. Sentado en el sofá, youtube y porros. Dejando un reguero detrás cada vez que hacía cualquier cosa. Flipado, a 40 por la carretera, quejándose de que los otros corrían demasiado.
Pero era mi devoto amigo y amante. Cualquier cosa, buena o mala que yo hiciera, la aceptaba y la celebraba como proveniente de alguien único y especial. Y bastaba que abriera la boca para intentar, intentar… complacerme.
Olvidaba lo más básico pero me traía pastelillos del moro y batido de granada porque me gustaban. Y garrafas de agua para que bebiera bueno y no me cansara trajinando.
Cuando volvía de su casa, venía siempre con alguna cosa: un cuadro de autor, un salero, un jarrón, un resto de ensalada…
Y me llamaba. Aún después decía que lo nuestro era un combate y que estábamos en el segundo asalto. Que tenía que volver con él. Y se buscaba la manera de estar por aquí y pedirme que comiéramos juntos, que le dejara dormir en casa. 
Como aquel 14 de septiembre. Me contaba mientras yo tomaba despreocupada el sol, sobre la marcha de su novela, como siempre exagerando el entusiasmo de los otros y las expectativas de lo que estaba haciendo y nunca acababa. Que se iría al sur un tiempo a trabajar con un librero, que si nos podíamos ver el próximo sábado, que estaba por aquí y podía traer algo para comer... lo de siempre. Y yo, como siempre últimamente, dando largas, contándole mis peripecias con el negocio en que andaba y el estropicio que le hice a uno en el pelo intentando adecentarlo . Y se reía admirado “Cómo una mujer tan pequeña y pizpireta puede ser tan tremenda…”
Nos despedimos. “Ya hablaremos. Ya veré si estoy el sábado”.
Y fue a dormir y se murió. Con la tele encendida. Con la gata encima. Sin destaparse ni moverse. Ya. Se acabó.
Y recordé el día que me encargó que no hubiera flores en su entierro. Ni parafernalias ni movidas. Y que se hubiera molestado si me hubiera puesto triste por una cosa tan normal y natural como morirse. Y recordé aquello tan especial, tan humilde y generoso que vi en él la primera vez. Y vi que no había sido una fantasía. Y que, quizá como a veces le decía en los momentos en que me enternecía recordando, lo nuestro era un amor platónico, en el que sobraban los cuerpos y todo lo que comportaban. 
Y se me ocurre ahora que quizá el muy tuno tuviera más razón de lo que parecía y esto no sea más que el tercer asalto. Y me esté esperando, ya sin cuerpo como yo necesitaba, a ver si así…

Maya Mukti


viernes, 14 de abril de 2017

CALOR INDUSTRIAL por IVÁN ROJO


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Acuérdate de la sombra del promontorio,
la que viste cavar con las manos.
Acuérdate de aquella cosa que escarbaba la caliza,
aquella cosa que hablaba y gritaba allí arriba,
hace treinta veranos,
mientras te tomabas una pepsicola en Nerja.
Llévala siempre contigo.
Cuélgate su recuerdo del cuello y jamas te lo quites.
Cuando tengas que citar a los sabios,
cuando tengas que citar a los mejores poetas
calla o reproduce sus alaridos.
Cuando tengas hambre imagina la oscuridad de sus tripas.
Cuando tengas sed imagina su garganta,
oscura y polvorienta como una mina de Atacama.
Recuerda la alimaña de la montaña.
Recuérdala en la fiesta de la playa,
bailando entre las hogueras y las chicas,
mitad negra, mitad roja,
como un huracán de güisqui, hollín y humo.
Recuérdala en la quinta ciudad,
en plena estampida de la hora punta,
siguiéndote desde las cornisas,
riéndose.
Recuérdala en la oficina,
saltando de archivador en archivador,
mitad orangután, mitad monstruo.
Recuérdala sobre la techumbre de la Repsol de Morella,
un 1 de enero,
derritiendo la nieve bajo sus pezuñas.
Recuérdala en el futuro,
la noche en que el amigo americano te diga
Toma un poco
y te ofrezca Alaska en la palma de la mano.
Recuerda las palabras de la cosa la primera vez,
las que te llegaron entre el jolgorio de los bañistas:
Soy calor industrial.
Soy la ola sahariana.
Soy una duna y me muevo.
Te seguiré a todas partes.
Te freiré los sesos.
Porque te quiero.
Y alégrate.

Iván Rojo