martes, 22 de septiembre de 2015
LAS FLORES DEL MIEDO
jueves, 30 de julio de 2015
sábado, 8 de noviembre de 2014
martes, 1 de octubre de 2013
XIII JORNADAS CULTURALES LETEO
martes, 8 de enero de 2013
IMÁGENES DE MI MEMORIA
martes, 27 de noviembre de 2012
miércoles, 18 de abril de 2012
DUERMO EN LA CALLE. Toño Benavides / BAJO EL PUENTE. Maite Hernández Mateo
con aquellos que ahora son mis hermanos,
a los que no hurto la mirada,
que no son transeúntes de baño diario y desayuno continental.
Me arropan de injurias cuando están más que borrachos
y me agreden con su ternura húmeda y maloliente
desde sus ojos nublados donde aún vuelan los pájaros
de la infancia más lejana que podáis imaginar.
Me buscan, millonarios de tabaco y litrona, filósofos, adivinos, poetas
para enseñarme el secreto de su éxito y de paso
el sentido mismo de la vida y por qué
el barro mal cocido de los hombres que pueblan las oficinas
las aceras, el metro, los tanatorios.
Velan por que no me vaya mal en la vida, se desesperan
y veo un terror suplicante en su rostro vencido
cuando sonrío como si no escuchara
desde los pájaros perdidos
de mi propia infancia.
pero aprendo los trucos de la huida
y me escondo en los agujeros que evitan mis vecinos,
donde el sufrimiento se hace más pequeño-cucaracha que escapa
por la poca sombra que van dejando sus mejores intenciones,
como el perro apaleado que ya no se fía
del afeitado y las camisas limpias, dientes en línea
en paz con Dios, calculadora inocencia con gafas
con que nos abruman los planes de negocio
el seguro de vida y el funeral pagado
del buen samaritano.
porque son demasiados golpes y mi pecho
no es un yunque,
aunque a veces lo parezca y así estoy dispuesto a jurarlo, pero
he dejado de hacer planes
para ser, tener o buscarme
allí donde sé que no estoy
ni estuve nunca y cómo aventurar
bajo qué lámpara rota de sueños
despertaré mañana,
en qué cuarto desordenado, qué intemperie,
sonámbulo por un calendario que cuenta los días por tropiezos,
dando tumbos entre sarna de gatos, esquinas de azufre
y bomberos que riegan el adiós de la madrugada.
como un duende en lo alto de la cabeza de un niño
que abre los ojos sin temor al vértigo y se inclina sobre el vacío
dispuesto a reír en la cara del lobo y sé
que no hay nadie que tenga menos y pueda pedir más.
Tengo tantas magulladuras por todo el cuerpo
que tomo lo que llega como un regalo inmerecido
y disfruto del paisaje envuelto por el mismo aire
que brama en las orejas del suicida
cuando, poco antes de saltar, sonríe.
miércoles, 7 de marzo de 2012
'LITERATURA DE BAILE'+'FRIDA LAPONIA' GRATIS
domingo, 4 de marzo de 2012
Las influencias literarias de The Joy Division, por Jon Savage

La tapa del desplegable es una pintura del artista neoclásico Jean-Francois Jamoul, en la que se ve un ermitaño de túnica contemplando desde la cima de las montañas los valles oscurecidos por las nubes. Adentro hay un collage de una figura solitaria que desciende a las profundidades de la tierra, una foto de Anton Corbijn que muestra al grupo bajo una luz fluorescente en la estación Lancaster Gate. Y además está el texto.
En el ensayo titulado Licht und Blindheit (Luz y ceguera), Jean-Pierre Turmel se coloca lo más lejos posible del cliché del crítico de rock. Citando entre otros a Pascal, Heinrich von Kleist y Georges Bataille, profundizó en su intento por explicar el efecto que Joy Division le produjo: “En el corazón de los sufrimientos cotidianos y del castigo, en la rueda misma de la mediocridad cercenadora, se encuentran las llaves y las puertas del mundo interior”.
El single fue recibido con éxtasis por los seguidores del grupo. No sólo porque eran las dos mejores canciones que jamás habían grabado, sino porque era un reconocimiento al fanatismo, casi religioso, que rodeaba al grupo. Ian Curtis estaba encantado con el package , pero sobre todo, sabía mejor que nadie que las palabras y los libros son el umbral para otras dimensiones.
No se trata de legitimar las letras de Curtis como obra literaria, sino de dejar en claro que en los años 60 y los 70, la cultura pop actuaba como centro de intercambio para la información que estaba literalmente oculta como la esotérica, o era degradada, impopular y estaba por debajo del radar de la literatura. Y existía toda una subcultura y un mercado que sostenían estos intentos de clandestinidad.
Joy Division continúa inspirando nuevas generaciones de oyentes, pero sin duda fueron el producto de un tiempo y un lugar. Ian Curtis era un ávido lector que se convirtió en escritor fecundo. En el noroeste de Inglaterra, a mediados de los años setenta, encontró los materiales que necesitaba para escapar, pero sólo para descubrir, como era evidente en muchas de sus lecturas, que escapar era imposible.

Como los Doors y The Fall, Joy Division tomó su nombre de un libro. No se inspiraron en Huxley o en Camus, sino en una pieza relacionada con el Holocausto. The House of Dolls de Ka-Tzetnik (su verdadero nombre es Yehiel Feiner) cuenta de zonas en los campos de concentración en las que se forzaba a las mujeres a la esclavitud sexual: no era la División de trabajo forzado (Labour Division) sino la División del placer (Joy Division). En 1978, cuando el grupo adopta el nombre, la novela había vendido millones de copias en edición rústica.
Desde principios hasta mediados de la década del setenta, fue la época dorada de las publicaciones en rústica, fueran buenas o malas. Aparte de Penguin, con su fuerte línea de ciencia-ficción, que incluía autores como Philip K. Dick, Olaf Stapledon y J. G. Ballard, estaba Picador, Pan, Mayflower y Paladin, este último con una amplia lista que incluía a Jeff Nuttall y Timothy Leary. Con sólo 50 peniques, cuando un disco LP costaba 3,25 libras, estos libros estaban al alcance de los jóvenes.
Estaban las tiendas manejadas por David Britton y Mike Butterworth: House on the Borderland, Orbit y Bookchain, en Manchester. Como recuerda Butterworth, las tres eran “modelos de dos librerías de la época en Londres, Dark They Were y Golden Eyed en Soho, que vendían historietas, ciencia-ficción, material relativo a drogas, afiches, y una cadena que se llamaba Popular Books”.
Con su amigo Steven Morris, Ian Curtis visitaba con frecuencia House on the Borderland. Butterworth los recuerda como “jóvenes disparatados, alienados, atraídos por almas con mentalidad semejante. Querían algo poco convencional y fuera de la vía tradicional, y la tienda ofrecía eso. Probablemente la veían como un faro de luz en la sombría Manchester de principios de los 70. Ian compraba tomos de segunda mano de New Worlds, la gran revista literaria de los años sesenta editada por Michael Moorcock, que promocionaba a Burroughs y a Ballard. Mi amistad con Ian comenzó hacia 1979: hablábamos sólo de Burroughs.”

Curtis era autodidacta, abandonó la escuela a los 17 años, y siguió el ejemplo de la cultura pop de la época. En 1974 la Rolling Stone le hizo una entrevista a David Bowie con William Burroughs. La charla en sí no significó nada, pero dejó sentada la conexión, especialmente cuando Bowie se mostró en el documental de TV de Alan Yentob Cracked Actor, y Burroughs proyectó una gran sombra en todo el punk y post punk británico.
A mediados de los años 70, había una sensación de que ya habían arrojado la bomba, reforzada por el estado vacante y marginado en que se encontraban las ciudades del interior de Inglaterra. Con su brutalidad casual y humor negro, la prosa acelerada de Burroughs, lo que su biógrafo Ted Morgan llamó “estilo nuclear”, combinaba con este humor apocalíptico.
Joy Division muy rara vez daba una entrevista. En enero de 1980, sin embargo, le dieron una audiencia al joven escritor y cantante Alan Hempsall. Esta sería la única vez que Curtis habló de sus lecturas. Mencionó Naked Lunch y The Wild Boys como dos de sus libros favoritos. Curtis comenzó escribir en serio durante 1977 cuando él y su esposa Deborah se mudaron a Barton Street en Macclesfield, al sur de Manchester. En sus memorias Touching from a Distance, Deborah Curtis recuerda que “la mayoría de las noches Ian se encerraba a escribir en el cuarto azul, interrumpiendo solamente para beber una taza de café entre las volutas de humo de un Marlboro. No me importaba la situación: lo encarábamos como un proyecto, algo que debía hacerse”.
Sus primeros intentos muestran al escritor luchando por establecer un estilo. Una de las primeras grabaciones más impactantes de Joy Division, No Love Lost, tiene una parte recitada con un párrafo completo de The House of Dolls . Canciones como Novelty, Leaders of Men y Warsaw eran regurgitaciones apenas digeridas de sus fuentes: grumosas páginas de frustración, fracaso e ira con un trasfondo militarista y totalitario. Como una estocada de Burroughs, las letras cambian de una dirección concreta a la descripción de una situación, con frecuencia horrorosa o perturbadora: “todos los asesinos agrupados en cuatro filas”, sellado con una confesión en primera persona de culpabilidad o indefensión: “Hice todo lo que quise / dejé que te usaran para sus propios fines”.
En los ensayos de Joy Division, Curtis actuaba como director, detectando fraseos y trabajando con Bernard Sumner, Peter Hook y Stephen Morris para convertirlos en canciones. Cuando terminaban con la música, escarbaba en la bolsa plástica donde guardaba sus notas y comenzaba a ponerle letra a la música. Como lo recuerda Sumner en el documental de Joy Division, “sólo sacaba algunas palabras y comenzaba a cantarlas, era bastante rápido”. Entre 1978 y 1980 no dejó de escribir letras, tenía para más de tres álbumes. Curtis no buscó narrativas convencionales, pero creó una situación en la cual la emoción surgía como respuesta al narrador. Mientras la letra pasaba de lo universal a lo personal, el “yo” se encontraba con frecuencia atrapado, como en una tragedia griega, por fuerzas que no podía controlar. “Vivimos bajo tus reglas, eso es lo que nos mostraron” (Candidate).
Como muchos jóvenes, los sentimientos de Curtis oscilaban entre la omnipotencia y la protesta, esto se reflejaba en sus letras. La sensación de luchar en vano, tal vez, contra un sistema laberíntico es un tema recurrente en Kafka, Gogol y Burroughs, entre otros. Es fácil seguir una línea temática entre los agentes de control en El Castillo de Kafka y las teorías del control en Burroughs, o en el fatalismo de los rusos del siglo XIX a la ciencia-ficción de posguerra.

La exquisita tecnobarbarie de Ballard ofrece una variante. La ciencia-ficción muestra una alternativa y Curtis empleó este lenguaje en el primer álbum de Joy Division, Unknown Pleasures. Canciones como Interzone ubican a una juventud desesperada y olvidada, como los Wild Boys, en paisajes desiertos de Manchester. Al mismo tiempo, había una preocupación por las imágenes religiosas y el martirio, combinados con una actitud nietzscheana.
Las letras eran sólo una parte del paquete. Joy Division era una obra de arte total, hasta la carátula del disco, el vestuario y los afiches. En vivo eran brutales y demasiado intensos: como cantante, Curtis se ubicaba completamente en el momento con un personaje que, intencionalmente o no, se acercaba a la visión de un profeta: “He viajado a lo largo y a lo ancho de muchos tiempos diferentes” (Wilderness).
No es difícil darse cuenta cómo Curtis se identificó con el funcionario público, el héroe de Memorias del subsuelo de Dostoievski con su desdén nihilista por el “hormiguero humano”: Nacimos muertos. El problema con la música rock es la idea de autenticidad, requiere que el cantante actúe, caracterice las letras y el estado de ánimo. En la medida que Joy Division despegaba, él quedó atrapado en sus propias letras. Curtis escribe para Atrocity Exhibition: “para divertirse miran como se retuerce su cuerpo/ Detrás de sus ojos dice ‘todavía existo’”. Aunque se refiere a la novela de Ballard, el clima de la canción es más parecido a El Lobo Estepario de Hermann Hesse. En 1980, cuando Alan Hempsall le preguntó al respecto, Curtis dijo que había escrito la canción mucho antes de leer el libro. “Sólo vi el título y me pareció que encajaba con las ideas de la letra”.
Está claro que Curtis utilizaba sus libros para generar un estado de ánimo. Al mismo tiempo su esposa pensaba que “todo eso culminaba en una obsesión enfermiza, con sufrimiento físico y mental”. Hace poco escribió: “Pienso que la lectura de esos libros realmente alimentó su tristeza”.
Entre 1979 y 1980, el humor de Curtis se hace más negro. Dead Souls era una porción del horror de H. P. Lovecraft, viejo y frío, que ponía los pelos de punta. Canciones de la época del álbum Closer muestran cómo lo que escribe se vuelve directamente una angustiada confesión. Nadie vio las señales obvias. Tony Wilson, a quien entrevistaron en el documental, dijo que creyó que se trataba “sólo de arte”. Las últimas letras de Curtis In a Lonely Place (en un lugar solitario), son el eco de la descripción que Jean-Pierre Turmels hace de la obra de Bernini, el Extasis de Santa Teresa: “el mármol, mortalmente pálido, sorprende al cuerpo en un momento específico, entre carne y cristal, justo antes que desaparezca lo tangible y el alma eche a volar”. El gran logro de las letras de Curtis fue captar la realidad subyacente de una sociedad convulsionada y mostrarla tanto en el ámbito universal como personal. Las emociones son la esencia de la música pop y así como Joy Division se ubica perfectamente entre la brillante luz y la oscura desesperación, también las letras de Curtis oscilan entre la desesperanza y la posibilidad, casi la necesidad, de contacto humano.
Casi 30 años después de su muerte, Joy Division ingresó su música en el mercado masivo de las telenovelas, o bandas sonoras para programas de deportes de la BBC. Me alegra que las canciones reciban su mérito, pero también vale la pena recordar que la banda y su letrista fueron productos de una época muy particular de la historia de la cultura, cuando existía una urgente demanda de literatura para intelectuales y cuando inteligencia no era una mala palabra.
Publicado en la revista Ñ, 20/12/2008. Originalmente publicado en The Guardian.
martes, 21 de febrero de 2012
TRES POEMAS DE MICHEL GAZTAMBIDE
FEDERICO Y GIULETTA
Cuando Federico vio a Giuletta
pensó que no era guapa
pero que nunca había visto nada
tan hermoso.
Con palabras
y traspiés la hizo suya
y la llevó a su casa
donde le dio historias fabulosas
y disgustos.
RATONCITO PÉREZ
Uno de estos días
voy a escribir ese poema de amor
que me reclamas.
Sé que más que un poema
quieres una bandera
pero no me importa,
tú también minimizas
mis catástrofes con olvido.
Será un poema de amor
que retirará a Neruda
(no sé si podré con Gala).
Escrito con la sabiduría
de mis años
y con la suave tersura
de los tuyos.
Si tiene alguna arruga
será la de una sábana.
Y si lleva piedras
serán de azúcar.
Y te lo daré un día oscuro
porque serás más sensible
al calor.
Mi amor.
Inéditos, extraídos de El céfiro
TELEGRAMA
Tú estás en tu cama
Yo en la mía
No es la misma
Algo estamos haciendo mal
De 'Moscas en los incunables' (Huacánamo, 2011)
Extraído de Pequeña posibilidad de honestidad
jueves, 2 de febrero de 2012
domingo, 22 de enero de 2012
CONTRAFÁBULAS. Francis Novoa Terry
“Las Contrafábulas de Francis, decía, se desprenden de su carácter metafórico y se transforman en cuentos realistas, naturalistas, son otra vez el espejo de Stendhal al pie del camino. Si el mundo está lleno de cerdos, de tiburones despiadados que nos muerden la cartera y el corazón cada día, de buitres que los avalan y hacen del despojamiento ley, de ovejas asustadas que cagan votos sobre los que esos carroñeros se suben, de perros policías, perros guardianes, perros con porra para proteger el cortijo a cambio de un currusco de pan, si el mundo se ha convertido en una finca particular, un establo, una jaula, qué mejor que escribir sobre los seres humanos cómo lo que realmente somos: animales”.
(Del prólogo de Patxi Irurzun)
Francis Novoa Terry (Perú, 1973) ha ganado varios concursos de cómics y ha publicado en diversos fanzines y revistas del medio. En el 2000 huyó de su país y se refugió en España, país en el que vive actualmente y donde escribe relatos cortos para las revistas Heavy Rock y Kerrang.
Ya disponible en el ISSUU y en el SCRIBD:
http://es.scribd.com/doc/78865286/CONTRAFABULAS-DE-FRANCIS-NOVOA-TERRY
http://issuu.com/revistagroenlandia/docs/contraf_bulas__de_francis_novoa_terry
miércoles, 9 de noviembre de 2011
PODEMOS SER HÉROES. Martín Roldán Ruiz
seguir leyendo
lunes, 7 de noviembre de 2011
UN POEMA DE ANTONIO ORIHUELA
pensaran y vistieran lo mismo,
pero es en este mundo donde vivo.
Yo no podría vivir en una sociedad
donde todos cantaran las mismas canciones,
canciones que hablan de gente predestinada a ganar o a perder,
pero es en este mundo donde vivo.
Yo no podría vivir en una sociedad
donde no se pudiera ser viejo,
feo, gordo, flaco, bajo, alto o negro,
pero es en este mundo donde vivo.
Yo no podría vivir en una sociedad
dominada por el cálculo material,
donde las cartas estuviesen marcadas
y las reglas del juego prefijadas desde antes de nacer,
pero es en este mundo donde vivo.
Yo no podría vivir en una sociedad donde la política
hubiese quedado exclusivamente en manos de los políticos
y el único principio moral fuera perro come perro,
pero es en este mundo donde vivo.
Yo no podría vivir en una sociedad
hecha de vacío y telerrealidad,
de banners, links, mails, sms, facebook y demás,
pero es en este mundo donde vivo.
Yo no podría vivir en una sociedad donde los amigos fueran
puntos de luz en una pantalla,
cuerpos que no olieran, no tuvieran sabor,
no pudieran abrazarse ni hacerles cosquillas,
pero es en este mundo donde vivo,
en este mundo
donde vivo.
Antonio Orihuela. Todo el mundo está en otro lugar. Ed. Baile del Sol, 2011.
jueves, 27 de octubre de 2011
CONSIGUE LOS SINGLES DE "NEGRO", EL NUEVO DISCO DE 'EXPERIMENTOS IN DA NOTTE'
miércoles, 14 de septiembre de 2011
PARA CUANDO TE MUERAS. Consuelo García del Cid

Para cuando te mueras no seré yo quien hable. No seguiré homenajes fariseo-farsantes, orinaré el veneno de todos los brebajes, sobre tu esputo último escupiré, rendida, la muerte de un poeta que vivía entre sombras, barrotes y esperpento. Tu seguro cadáver será expuesto a las masas, y el hombre que en su día se alejaba entre sombras de tanta aparición, será sin duda un mito desgranado a conciencia, un reconocimiento incómodo postrado en su basura.
Para cuando te mueras yo ya habré escrito esto, y te diré que el limbo es el paso al infierno, el peaje maldito, la impaciencia salvaje, el discurso rendido ante un último traje que algún maestro docto colocará en tu cuerpo para dignificar lo que nunca fue digno, para librarte a cuestas de la angustia, el delirio, la sodoma incesante y el sexo que te queda como reflejo crítico, espasmo de la lengua, brutalidad flagrante que habrá pasado en vano con varias reverencias. Por eso, Leopoldo, me anticipo a tu muerte antes de que suceda. Serás expuesto en público en un lugar sagrado, tus derechos de autor se quedarán cobrados en manos de cualquiera que pudo atragantarte. La sangre de tu sangre, la poca que te queda, hablará de quien fuiste, de la horca y la terma que ha arrugado tu piel hasta desvanecer. Un desmayo infinito, una boca que yerra, una concreta luz que ya no será humana. El muerto que se muera se alzará sobre todos, los perdidos, los locos, la generación puesta y el peso de las sombras, fantasmas de tu engendro, fin de saga, marmotas, ratas que aún reposan sobre el libro arrugado, tu tabaco, el pulmón, el admirado estrecho, atajo entre tus venas con la señal prohibida por ser el mejor malo, el molesto, imposible, retorcido Satán.
Descansarás en paz maldiciendo las flores, los barrotes de un hierro que no arderá jamás, y una cruz sin sentido empeñará tus joyas, los libros que has escrito, la mente demencial. No te harán boca a boca, no pulsarán tu pecho escuálido y caquéctico, fingirán que tus dientes han mordido el estrecho y varios algodones colocados muy dentro del rostro que te ocupa pretenderán entonces dignificar lo indigno. Aullarán cien mil lobos, se pintarán los indios y un féretro de roble acogerá ese seno, maternal, desalmado, abandonado, perro. Para cuando te mueras, Leopoldo, yo ya habré escrito esto.
http://www.adamar.org/ivepoca/node/1195
http://consuelogdelcid.blogia.com/
martes, 13 de septiembre de 2011
CHICA EN RESTAURANTE DE CARRETERA. Jack Kerouac

La chica delante de mí
con jersey verde labios
rojos tirándose con delicados dedos
finos & fríos del cabello & está
explicando (del cabello rígido &
hueco como los peinados
de África) explicándole a
una amiga cuya sonrisa
veo reflejada en el lustroso
espejo detrás de la Caja Registradora
del Restaurante en Jamaica
Ave. 5 de la tarde de
una tarde de octubre, el
joven mostrador, atractivo &
sin afeitar gandulea
luciendo palmito & medio sonriendo
mientras finge estar ocupado con
cuentas en la ventanilla.
Un viejo trabajador griego cansado
con ojos hinchados que pasa
las noches de sábado en baños
turcos de NY
mirando americanos &
maricas en plan de héroe juvenil de
la parte sur de la Segunda Avenida entra
tras el final de la jornada para meterse
una emocionante comilona de Croquetas de Pollo
con Salsa & llehará el
Día de Acc. de Gracias para el enorme
Pavo con guarnición:
triste a vivir, rápido a
comer, temprano a trabajar,
lento a dormir, largo a
morir. Así que ahora la
chica ajena a los viejos
& el dolor tiene el índice
contra la sien
mientras escucha a la otra chica
hablar & por tanto al ir
asintiendo con seriedad se ha
enmarañado toda la piel de la
cuenca del ojo en una máscara
de fea arruga arqueada,
el destino no guarda relación
con el brillo color avellana,
el misterio almendrado de
sus dulces ojos & labios
lamebeso & larga cara
echada de tontería fracaso distorsionada
por posteriores arreglos
de caraenjuta sobre la palma;
en su delicada oreja
comestible una cosilla mate de metal;
sus labios carnosament pintados
& curvados como Cupido &
manchan la taza de café;
la mirada fija en su amiga
fría, atenta, reservada,
fingiendo curiosidad,
¡como que hará la
historia-parodia de este
chismorreo esta noche en
sueños tijereteadores en
sus fragantes sábanas de
muslos! fiuu…
Extraído de http://buenosairespoetry.com
jueves, 1 de septiembre de 2011
ZOMBIS NAZIS. Antonio Orihuela
Los zombis no sólo llenan las pantallas,
también las casas, las calles y los centros comerciales
están llenos de zombis
solitarios, angustiados, desconsolados,
taciturnos, inconscientes, maquinales,
envueltos zombis en sus harapos de última moda,
balbuceando palabras podridas por el dinero,
alargando sus brazos en pos de la mercancía,
todos los zombis juntos
hacia la gran nada prometida por los creativos del fingimiento,
con una sola idea en la cabeza,
un solo objetivo,
millones de zombis tambaleantes camino del mercado,
pero
como en las películas, también en el mundo real
sobreviven pequeñas células resistentes,
asamblearias,
organizadas,
ellas intentan lo imposible en el mundo de los zombis,
romper el silencio,
reconocer al otro,
constituirse,
movilizarse,
vivir en la palabra horizonte, tibieza, encuentro,
juego, laberinto, grieta, sueño,
amanecer
junto a vosotros,
en el tiempo de los zombis,
pero
nunca más solos
de vínculos,
de afectos,
de la sombra gratis de los árboles.
Antonio Orihuela. Todo el mundo está en otro lugar. Ed. Baile del Sol, 2011.
Extraído de http://vocesdelextremopoesia.blogspot.com
miércoles, 31 de agosto de 2011
UN POEMA DE RAMÓN IRIGOYEN
PARA ESTA HORA
Decir adiós, cuando uno aún no es viejo,
es como oler un perfume de hierbas
por la mañana, antes de ir al trabajo.
El baño se convierte en una sierra
anticipadamente fatigada.
El frasco de perfume es el emblema
de la montaña con tufillo a tinta
y en el espejo aletea un nardo
con las alas pisadas por la lluvia.
En el lavabo se ahogan unos tordos
que no pueden soltarse la corbata.
Decir adiós, cuando uno aún tiene ganas
de seguir por ahí a ver qué ocurre,
es respirar un humo que enamora,
por más que el humo, cuando es augurio
feliz, siempre lo es a corto plazo.
Aspirar hasta dentro el humo ese
es zambullirse en un río de soles
y sacarse un pañuelo del bolsillo
y alzar la mano a un árbol ya maduro
y limpiarle a la fruta los venenos
ante el asombro de las mariposas
que estaban ya poniéndose mohínas
al presentir en ese gesto
la tristeza de toda despedida.
Decir adiós, cuando uno tiene amor,
es imposible, pues los pies se agarran
a unos brazos con piel de golondrina
y uno se pierde en esos ojos grandes
y se esconde en el cielo de la boca
y siente que le nacen mil raíces
tan pobladas de pájaros y pájaras
que quiere aquí quedarse para siempre.
Decir adiós, estando enamorado,
es algo falso que la sangre niega.
Por eso hoy que estoy bien afincado,
nada puedo decir para esta hora,
aunque presiento oscuramente que
si muero en casa y alguien me acompaña,
le haré esta simple súplica:
por favor, abre bien esa ventana.
lunes, 29 de agosto de 2011
QUE DE LEJOS PARECEN MOSCAS. Kike Ferrari

I. PERTENECIENTES AL EMPERADOR
1
El señor Machi se apoya en el respaldo del sillón, hunde su mano en la melena rubia que se mueve rítmicamente entre sus piernas y cierra los ojos. Los primeros rayos de sol de la mañana se cuelan en forma de triángulo por la ventana y avanzan sobre el escritorio iluminando a su paso la lapicera, los dos vasos semi-vacíos, la miniatura del Dodge de Fontanita, el teléfono antiguo, el papel abierto, la pila de merca, la tarjeta de crédito con los bordes blanquecinos por el uso y el cenicero sucio, para derramarse finalmente sobre el cuadro con la foto familiar en la que el señor Machi, diez años más joven, sonríe junto a sus dos hijos y su mujer en una playa del Mediterráneo. Cuando el vértice del triángulo de luz alcanza la cabellera rubia, los movimientos de ésta empiezan a ser menos rítmicos y a acompañar los estertores del cuerpo del señor Machi que cierra su mano sobre un puñado de pelo rubio y vocifera su orgasmo en un ronquido ahogado. Después se desploma en el sillón, se afloja el nudo de la corbata, saca un Dupont de oro del primer cajón del escritorio y prende un Montecristo mientras la mujer acomoda su melena, se limpia la comisura de los labios y se arma una línea.
Querés, pregunta.
Tiene un rostro joven ligeramente avejentado y el rímel corrido bajo el ojo izquierdo, lo que le da cierto aire de dejadez, de abandono, de desesperanza.
El señor Machi piensa en sus problemas cardíacos y en la pastillita azul que tomó hace poco menos de una hora y que garantiza que su sexo, aún ahora enhiesto, tenga una retirada lenta y altiva.
No, no, contesta con el humo del tabaco en la boca, soltándolo luego para que se mezcle con el creciente triángulo de luz que ingresa por la ventana y dibujen –la luz y el humo- figuras en el aire que nadie va a mirar.
La mujer joven de pelo rubio jala -una, dos, tres veces- y putea, gustosa y engolosinada: a la calidad de la merca, a su suerte, al triángulo de luz que anuncia otro día hermoso -maldición- y al sabor del semen del señor Machi en su boca.
Me voy, Luís, anuncia.
Cerrá la puerta, yo tengo que quedarme un rato más. Que Eduardo y
Pereyra se ocupen de que estén todos temprano esta noche, eh, acordate
que vienen los mexicanos…
Tranquilo, arreglo todo con ellos; nos vemos esta noche, corazón, se despide la mujer joven con un beso en el cuello. El señor Machi se deja besar y sigue jugando con el humo del Montecristo, como si ella ya no existiera, como si vaciado de deseo, aquella chica de melena rubia y nariz ávida no fuera ya más que una molestia. Después, cuando ella se da vuelta y se va caminando hacia la puerta, moviendo las caderas dentro de la pollera verde, le mira el culo.
Mañana se lo rompo, piensa.
Una vez solo en la oficina va hasta el baño y se mira al espejo.
Ve éxito en el espejo, el señor Machi.
¿Qué es el éxito para él?
Sonríe al espejo y piensa que el éxito es él.
Éxito es una pendeja rubia chupándote la pija, Luisito –piensa sonriente frente al espejo-, el sabor de un Montecristo. Éxito es la pastillita azul y diez palos verdes en el banco.
Vuelve a darle fuego al tabaco que lo espera en el cenicero sobre el escritorio y marca un número en el teléfono antiguo. El triángulo de luz ya se hizo dueño de la oficina y no deja dudas sobre la llegada de la mañana.
Holá, contesta la voz somnolienta y brumosa de la mujer, acentuando la a.
Hola, recién termino, en un rato salgo para allá.
¿Recién terminás?, se burla ahora la mujer con afán de pelea, qué amable en llamar, ¿te lavaste antes, al menos?
No me rompas las pelotas, Mirta, ¿querés?, prepará algo para el desayuno que en una hora más o menos estoy en casa, retruca el señor Machi con más aburrimiento que enojo.
Bueno, le puedo pedir a Gladis que prepare algo si querés, la voz de la mujer parece desperezarse tras la malicia de la frase, ah, no, a Herminia le puedo decir…
Otra vez con eso, Mirta, se queja el señor Machi. Piensa, mientras le da una nueva pitada al Montecristo, por qué no le habrá dicho a la chica de melena rubia y pollera verde que se quedara y le rompió bien el culo, si por lo visto la pastillita todavía está trabajando.
¿Y a qué voy a deber el honor de desayunar con vos, si se puede saber?, la voz de la mujer, Mirta, pierde somnolencia y gana ira con cada palabra, puede sentirse el temblor nervioso en las vibraciones de las s, pronunciadas como un siseo de serpiente.
Es mi casa, ¿no?, replica el señor Machi, que siente que se le acaba la paciencia, sos mi mujer, ¿no? Bueno, hacé algo rico de desayunar, dale… En una hora, más o menos, llego.
Corta.
Rompepelotas, piensa.
Así arranca la nueva novela del argentino Kike Ferrari, autor de Operación Bukowski. La publica Amargord ediciones. Y este es el blog de Kike: http://quedelejos.blogspot.com/














