jueves, 10 de abril de 2008

1 poema de Safrika


DERROTA

Los pájaros no quieren mi comida. Las manos me huelen
(y es un perfume que aprendo a odiar)
a pan duro y agua.
Lanzo las migas desde el
tercer piso. Desmenuzo ese trozo
de pan
con una ilusión nefasta, buscada
hasta la extenuación
Ellos vienen, de uno en uno y se las llevan muy rápido
pero cuando él
se asoma para verlo, ningún pájaro baja del naranjo y
él dice que
los pájaros no quieren mi comida.

También dice que como demasiados dulces, bollería
industrial.

Hoy todo es más difícil tratar conmigo es arriesgarse
porque me hiere como me hiere un pez muerto y envasado en el
supermercado, con esos ojitos abiertos mirando la nada.
Cadáveres horribles.
Y ahora las calles me parecen la guerra con sus señoras y
esos niños recién nacidos y feos.
Los bares atestados de hombres
y de ancianos que comen calamares.
Que recogen con el dedo húmedo un resto de
rebozado sobre la mesa y se lo llevan
a la boca.

Ahora voy andando y pienso en meter la cabeza por el agujero que
tienen los contenedores para vidrio,
en no mirar a los lados cuando
cruzo la carretera, en la posibilidad de un atropello y voy andando y pienso
en ocultarme en la trastienda de un
comercio y cerrar la persiana metálica
y en no escuchar nada, en no ver nada
y voy andando y pienso en la carne descompuesta
en el perfume de mis genitales
en el cabello sin brillo
en la triste desidia de los edificios a medio construir y en sus manos que
apartan
las mías será que ya no estoy alegre y no soy rechoncha y saludable si no
gorda
y
enferma.

Ahora por primera vez tomo pastillas y me avergüenzo de mis
pensamientos negros, del puño estallado en la pared con poca fuerza por miedo a
dolerme a no empezar de verdad a dejar ir esta locura poco práctica
la vulnerabilidad de un espejo.Y todo tiene la sangre espesa e incluso quiero que todo acabe, toda esta presión
saben, de tantos pascales y dentro de mi cabeza, una atmósfera de autolisis
negra y bastarda. Bailando con
el enemigo. Bailando sola.
Si de lo que hablamos es de mantener la cordura y la calma.

Pero están esos pájaros que no quieren
mi comida y está toda la basura mezclada y el forzarme
a hacer cosas como
un beso
una bonita mirada.

No puedo
respirar.

Él abre la puerta mientras yo escribo este poema, la puerta
del cuarto y me mira insatisfecho, hace esa mueca.
Yo temo hacerle daño como temo aplastar un animal recién nacido.
Porque le amo y pese a todo lo que se tambalea, es como si quisiera
mantenerle ahí afuera, no dejar que
algo en él se muera.

Preferiría mil veces verlo todo
morir
en mí.

[Extraído de su blog]

1 comentario:

Rafa dijo...

Sencillamente...genial¡¡¡¡¡¡¡