martes, 22 de febrero de 2011

ACANTILADOS DE HOWTH


Cuando en el siglo XV nuestro gran poeta Jorge Manrique escribió sus «Coplas a la muerte de su padre», ya nos legó unos versos inmortales sobre la esencia humana: “cómo, a nuestro parecer / cualquiera tiempo pasado / fue mejor”.

Y es que siempre que evocamos alguna etapa anterior a nuestro presente, especialmente si hace referencia a cuando éramos más jóvenes, el paraíso se extiende por nuestros recuerdos, borrando lo peor e idealizando los buenos momentos. Estas evocaciones comienzan a hacerse habituales, sobre todo, cuando pasamos la barrera psicológica de los 30 años.

Esta es la base sobre la que David Pérez construye esta novela. El viaje interior que realiza Ricardo, el protagonista, tras un momento de crisis (el abandono de su mujer apenas un año después de haberse casado) ilustra ese situarse frente al espejo para empezar a comprenderse a uno mismo, pues, lo que en un principio podría resultar un problema se convierte, casi sin darse cuenta, en una liberación.

Porque Ricardo acude a su memoria para encontrarse, y por encima de todos sus recuerdos, está Irlanda. Buscando entre sus experiencias en Irlanda, en un ir y venir que se refleja en los títulos de cada capítulo (que hacen referencia a las ciudades donde transcurren), Ricardo se da cuenta de lo que quiere:

"Fue algo gradual. Isabel no estaba en casa y yo me evadía, sobre todo al irme a dormir en la cama agrandada; y, como otros cuentan ovejas, yo contaba los días en Dublín, unos días edulcorados tal vez por el paso del tiempo” (p.178).

Y a esto ayuda también el recuerdo de la cima de su felicidad irlandesa, la mañana de domingo en los acantilados de Howth, pues aquella mañana supondría el culmen de la alegría y el inicio de un final.

Así, lo que en un principio podría considerarse una historia pesimista, a veces trágica, otras emotiva, se transforma en un mensaje positivo y optimista, que recuerda a aquel otro de Albert Einstein que consideraba las épocas de crisis como oportunidades para evolucionar. El “cualquier tiempo pasado fue mejor” pasa a ser un “lo mejor está por venir” en la vida de Ricardo.

Novela perfectamente en sintonía con su tiempo, que refleja de forma minuciosa y efectiva una parte de nuestra sociedad actual muy interesante, el lector que acompaña a Ricardo se ve forzado a realizar las mismas auto-reflexiones del protagonista, algo que siempre resulta saludable.


Raúl Rubio Millares, de La Biblioteca Imaginaria.

1 comentario:

Marc Abras dijo...

me gusto bastante, soy un novato en esto, pero le ruego que visite mi blog:

http://hentai-kempo.blogspot.com/