sábado, 14 de junio de 2008

EL PARAÍSO Y EL INFIERNO, por Pepe Pereza.


Se enjabonó el arrugado miembro, lo frotó extendiendo el jabón y eliminó la espuma vertiendo agua con las manos, se secó y salió del cuarto de baño. Entró en la habitación y allí estaba ella, esperándole en la cama con la falda por encima de sus caderas, mostrando su joven culo. Fue como morirse y entrar en el paraíso, aquella visión hacia que su podrida existencia hubiera merecido la pena, todas sus frustraciones y castigos, todos sus pecados, sus miserias, sus días mediocres, cobraron un sentido casi religioso, casi divino. Se postró de rodillas junto a ella y beso sus nalgas. La habitación se llenó de lujuria y ansiedad. Ella se incorporó y buscó sus labios, sus lenguas se retorcieron sedientas de besos. Se arrancaron las ropas y pasearon sus manos por todos los rincones secretos de sus cuerpos. Ella se acerco a su polla y percibió un suave olor a jabón. Lamió y tragó. Él la observaba sin creerse lo que estaba viendo, intentando guardar en su cabeza cada movimiento que ella ejecutaba. Supo que cuando le llegase su hora, recordaría esos momentos de éxtasis, entonces miraría directamente a la cara de la muerte y se reiría sin miedo. Con aquellos recuerdos el juicio final era un juego de niños...
Ella siguió succionando un rato más, luego montó sobre él y él entró en ella. Inmediatamente después y sin poder evitarlo, eyaculó. Fue breve, demasiado breve. Él no tenía más que ofrecer, la sangre que mantenía erecto su pene se dirigió a otras partes de su cansado cuerpo. Ella se sintió tremendamente insatisfecha y él tan avergonzado que estuvo a punto de echarse a llorar. No iba a ser tan fácil reírse de la muerte.

Pepe Pereza, del libro inédito Amores Breves.
Ilustración by Miguel Ángel Martín.

2 comentarios:

VUK dijo...

ufff, tremebundo! el juicio final... sería éste el juicio primero? pobre muchacha, te entiendo, siempre nos pasa lo mismo...

pepe pereza dijo...

como diría nick cave: muchas gracias, señorita.