jueves, 6 de octubre de 2016

EL VIGILANTE DE SEGURIDAD por ISIDORO IRROCA



Con el tiempo había adquirido un olfato especial para detectar a los ladrones. Por eso, aquel día de gran afluencia de clientes en el centro comercial, cuando aquella mujer de ropas holgadas entró en la sección de tecnología, supo que podría dar problemas. Comunicó al puesto de control para que la siguieran con las cámaras y, en cuanto recibió el aviso de que la mujer se había guardado un objeto bajo la ropa, se acercó y le pidió que le acompañara. Como si estuviera acostumbrada a estas situaciones, le siguió en silencio hasta la habitación de incidencias. Al no reaccionar a su petición de que dejara sobre la mesa lo sustraído, siguió el protocolo establecido y a los pocos minutos se personó una agente de policía para proceder al registro. En el cacheo palpó sin dificultad objetos contundentes bajo su ropa. No llegó a darle tiempo para pedirle que se descubriera. La explosión se hizo oír en toda la ciudad.

Isidoro Irroca