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martes, 31 de mayo de 2011

VISCERALES en La Crónica Virtual.

«Hay días en los que / no puedo escribir. / Entonces vomito / y luego corrijo...». Esta cita de Mario Crespo que abre Viscerales es toda una declaración de intenciones de este volumen en el que Crespo y José Ángel Barrueco reúnen cuarenta textos que proponen el vaciamiento como motor creativo. Los dos antólogos reúnen a figuras tan conocidas y reputadas en el panorama literario actual como Enrique Vila-Matas, Montero Glez o Karmelo C. Iribarren con nuevas promesas como Déborah Vukušić y escritores noveles y bloggers que comparten esa visión de la escritura como desahogo como Marta Fernández La Bohe.

En esta literatura visceral que proponen Crespo y Barrueco predomina la narrativa breve, pero también hay hueco para pequeñas piezas teatrales de un acto (“En el hotel” de Roxana Popelka) y la poesía (sin duda, una de las mejores piezas del libro es el melancólico poema de Iribarren “Los días normales”). Asimismo, se convierte en punto de encuentro de distintas influencias que van del movimiento beat (“All my friends were vampires” de Javier Esteban) al realismo sucio (“Barrizal” de Kutxi Romero) pasando por la escritura confesional (el espléndido “Alta tensión” de Vicente Muñoz Álvarez).

Pese a la irregularidad del conjunto, no se puede despreciar la heterogeneidad de Viscerales ni su intento de alejarse de los convencionalismos literarios. Como afirma Barrueco en el epílogo del volumen, la escritura visceral consiste en «desatar los instintos, en escribir desde el estómago y el corazón, arriesgándolo todo a un naipe», por lo que no es de extrañar que muchos de los relatos parezcan escritos a vuelapluma. La escritura automática y el monólogo interior son algunos de los recursos utilizados en unos relatos que huyen de la neutralidad y de lo racional en busca de ese vaciamiento literario que conduce a la escritura visceral.

La voz de estos autores es un grito que sale de sus entrañas, un grito que utiliza un lenguaje crudo y que no respeta convenciones sociales ni gramaticales. Así, la escritura se presenta como una experiencia liberadora y catártica, un desahogo y una forma de ajustar cuentas con el pasado (“Porque okupé en Londres” de Ana Pérez Cañamares), la sociedad (la violenta anarquía de “Casadas con Hollywood” de David Refoy) o el amor (el elíptico “15 apuntes para la autodestrucción o la autodestrucción de D. V.” de Déborah Vukušić). La furia con que estos autores escriben sus relatos se traduce en un vigor narrativo que deja sin respiración al lector, como el rabioso y brillante in crescendo final de “La gaviota” de Francesco Spinoglio o el trepidante y lisérgico “Reliquias y jorobas”, en el que Patxi Irurzun revisita al Hunter S. Thompson de Miedo y asco en Las Vegas.

Los autores de la antología de Crespo y Barrueco no intentan justificar a sus personajes, que aman y odian, se enfurecen y se desesperan desde el corazón. Esa es la esencia de una antología que transita por caminos ya recorridos, pero marginados por el actual mainstream de lo políticamente correcto. Si bien es cierto que no toda la escritura visceral es buena (más bien al contrario), Viscerales es una buena invitación al lector a sumergirse en esta colección de pequeños apocalipsis íntimos, desgarros del alma y rabia desatada.

Ricardo Hernando, La Crónica Cultural.

http://lacronicavirtual.com/index.php/cultura/critica-de-libros/22492-viscerales

martes, 12 de abril de 2011

Qué está pasando. De la rabia al asco. Vicente Luis Mora


En su Diario de lecturas, Vicente Luis Mora escribe un interesante artículo en el que habla de la offbeat generation, del underground español, los caníbales italianos, los viscerales... Os dejamos dos fragmentos (los que más cerca nos tocan) y aquí podéis leer el artículo completo


Los viscerales

Hace poco se ha publicado una antología llamada Viscerales (Ediciones del Viento, 2011). En una de las entrevistas realizadas a sus editores, Mario Crespo y José Ángel Barrueco, contestaron: “Estábamos hartos de la literatura de postal”. En un reportaje[3], los dos responsables reivindicaban a autores que escribían “con las tripas”, como Bukowski, David Foster Wallace o Fante, y declaraban explícitamente que “hemos hallado la rabia que necesitábamos (…) es un ataque antisistema. Nos venden libros huecos, quizá muy bien escritos, bien vendidos, pero son cáscara, forma que come fondo”. La autora del reportaje, la poeta y periodista Rebeca Yanke, apunta: “esta teoría de la literatura visceral aboga por el desahogo, por sacar la letra de la entraña, por utilizar el rencor, el desamor y la rabia”. Y algo parecido dice la publicidad de la editorial en su web: “Viscerales es sobre todo rabia, sinceridad, corazón, hígado, riñones, calor y desnudez: un libro que contiene cuarenta ejercicios de honestidad literaria, cuarenta desahogos, cuarenta vaciamientos, cuarenta vomitonas”. Barrueco acaba además de publicar un libro titulado, significativamente, Asco.

El underground literario español: Vicente Muñoz Álvarez como ejemplo.

Hacer un mapeado del underground en cualquier sitio es inútil, entre otras cosas porque si hay algo propio del underground es su resistencia a cualquier tipo de control, etiqueta o cartografía, y su persecución de una parcial invisibilidad. Ni siquiera los miembros de la memoria del subsuelo se conocen todos entre sí. Pero la esfera alternativa de cualquier país tiene también zonas de claroscuro, que pueden ayudarnos a dar una idea de sus propósitos (teniendo en cuenta que pueden ser muchos, diferentes e incluso contradictorios). Una de esas zonas solares es Vicente Muñoz Álvarez, un narrador y poeta muy activo y que está detrás de buena parte de las mejores cosas que la literatura alternativa española ha dado en los últimos años. Él mismo describe su trayectoria en una entrevista: “Vinalia fue en su origen un fanzine de relatos ilustrados para adultos que comenzamos a editar en 1995 en León con la idea de dar salida a un tipo de literatura subterránea, alternativa y políticamente incorrecta que no solía encontrar hueco en publicaciones de corte oficial, pese a la calidad indiscutible de sus propuestas. Conocíamos ya de aquellas a un montón de escritores de talento ninguneados por el sistema y el canon, y nos propusimos crear para ellos una plataforma de expresión al tono, con una estética pulp y underground, fusionando la literatura con otras ramas paralelas, como el cómic y la ilustración, la música, el cine independiente, etc. Sacamos nueve números del fanzine y cinco libros de bolsillo entre los años 1995 a 2001 y regresamos en el 2007 con un libro homenaje, Tripulantes: Nuevas Aventuras de Vinalia Trippers, que coordiné con David González para la editorial Eclipsados. El año pasado editamos otro número con formato de libro, Plan 9 del Espacio Exterior, y un suplemento de poemas dedicado al malogrado escritor argentino Raúl Núñez. Y ahora estamos a punto de editar el número 11, que llevará por título Trippers from the Crypt. Por decirlo de algún modo, Vinalia ha sido el germen de muchos otros proyectos en los que he trabajado estos últimos años, antologías como Golpes: Ficciones de la crueldad social (que coordiné con Eloy Fernández Porta), Resaca/Hankover: Un homenaje a Charles Bukowski (con Patxi Irurzun) o 23 Pandoras: Poesía alternativa española, además, claro, de Beatitud. Fue, en suma, un punto de encuentro para diversos creadores, que nos ha servido de ensayo y cantera para lo que ha ido viniendo después”. Son muchos libros y compilaciones, pero recuerdo que en varios de ellos las referencias a una literatura hecha con las entrañas, cruda y a la contra del mainstream, así como la defensa de un realismo estético que reflejase los conflictos de la sociedad, eran partes centrales de los sucesivos proyectos.

sábado, 12 de marzo de 2011

LOS CHICOS DEL OTRO LADO (II): Viscerales.


Acabo de leerme La cámara de niebla, de Alfonso Xen Rabanal y estoy impactado. Bajo la apariencia de una vomitona narrativa se esconde una defensa contra el mundo. El mundo es una mierda, la gente se deja manipular y nada cambia aunque pasen los años. El espíritu del borrego nos posee, y la alternativa es vivir al margen de la sociedad. Pero la soledad pudre los cerebros acostumbrados a luchar y, además, no es una solución de vida.
Bufa escribe desde las entrañas para preguntarse a sí mismo qué hacer cómo actuar frente por frente a lo que le ofrece el mundo. Simpatizo inmediatamente con su filosofía kamikaze. Hostia a hostia se derriban los muros, y alguien tiene que decirlo.

Una semana más tarde me llaman Jose Ángel Barrueco y Mario Crespo: están preparando una antología y cuentan conmigo. ¿De qué va?, pregunto. Se titula Con dos cojones y tiene que ver con lo que se escribe desde las tripas. Flipo. Les digo que está hecho, que ya tengo el texto en mi cabeza, que acabo de leer la novela de Bufa y lo tengo claro. Claro clarísimo. Blanquito.

Hace unas semanas que el libro está rodando por las librerías de este país. Ya se han hecho algunas presentaciones y habrá muchas más. Ya no se llama Con dos cojones. Hubo una especie de votación entre los que participábamos en él y se impuso Viscerales, que es un título tan contundente como el anterior, pero menos explícito.

Mario y José Ángel han conseguido reunir a 40 autores que escriben un texto visceral. Algunos de ellos, por sí son viscerales; otros son viscerales por momentos y alguno de ellos vomita sólo en contadas ocasiones. En cualquier caso, la nómina es envidiable, y cuenta con autores de primera línea. Pero lo que viene al caso es que muchos de esos autores participan también en Beatitud y participarán de nuevo en Narrando contracorriente, la antología que prepara sir Bonilla desde Al Otro Lado del Espejo. Son los chicos del otro lado, los malos de la película en esto de la narrativa, los insobornables, los inconformistas. Creadores de fanzines, siempre dispuesto a dar alternativas de vida, asociales peligrosos para sistemas institucionales. A corazón descubierto se beben la vida mientras escriben para sus lectores fieles. No son parte del sistema, así que es difícil que el engranaje les promocione mucho más allá. Sin embargo, estoy seguro de que serán los autores que se nombraran en el futuro como la gente que aportó algo nuevo, que cogió el relevo de la rebeldía y lo transmitió a otras generaciones.

Para comprobarlo sólo hay que leerse sus textos, ver su alma al desnudo, sentir el aguijonazo de sus propuestas narrativas. Viscerales permite eso, descubrir lectores jóvenes y rabiosos a los que arropan maestros como Karmelo Iribarren, Montero Glez o Enrique Vila-Matas; constatar que desde los 20 añitos de Adriana a los 50 de Salem, el camino de la rabia está perfectamente señalizado, y la furia narrativa lo transita arañando el asfalto. Esas huellas, precisamente esas, serán las que con el tiempo verán las nuevas generaciones cuando busquen un referente, cuando se pregunten: “Sabiendo lo que estaba pasando, ¿nadie hizo nada?”.

De esta antología se han autoexcluido todos aquellos autores que reniegan de la escritura confesional, que la aborrecen y la prohíben según sus sagrados mandamientos. Algún día se enteraran que, aun creando ficción, todo parte de sentimientos internos próximos a la visceralidad. Aun el más fantástico de los relatos.

El resultado final es un puzzle narrativo bastante completo, un microcosmos que refleja la realidad de la escritura de hoy en España; de la escritura marginal, claro, la de la umbría. El totalitario sol editorial español es suficientemente potente y peligroso para dejar que estos relatos se ofrezcan a él sin menoscabo de su frescura. Sabiendo esto, solo nos queda disfrutar de unas lecturas que raramente encuentran imprenta.

Viscerales
Colección: Viento Abierto ISBN: 978-84-96964-76-1
Formato: 14 x 22 cm Encuadernación: rústica
Número de páginas: 216 Precio: 18.00 euros
Edición: Mario Crespo y José Ángel Barrueco

Viscerales es sobre todo rabia, sinceridad, corazón, hígado, riñones, calor y desnudez: un libro que contiene cuarenta ejercicios de honestidad literaria, cuarenta desahogos, cuarenta vaciamientos, cuarenta vomitonas. Diferentes estilos, diferentes tendencias, diferentes etiquetas, diferentes generaciones, diferentes autores, pero un único denominador común: la visceralidad sobre el papel.

Nómina de autores:

Enrique Vila-Matas, Marcelo Luján, Marta Fernández La Bohe, Alberto Haj-Saleh,Safrika, Carlos Herrero, Tomás Sánchez Santiago, Carlos Salem, Gsús Bonilla, Lucía Fraga, Adriana Bañares, Vicente Muñoz Álvarez, Javier Esteban, David Murders, Joaquín Piqueras, María Couceiro, Sonia Fides, Manuel Vilas, Jorge Espina, Brenda Ascoz, Roxana Popelka, David Refoyo, David González, Francesco Spinoglio, Patxi Irurzun, Iñaki Echarte Vidarte, Julio Valdeón Blanco, Alejandra Zina, Esteban Gutiérrez Gómez, Inma Luna, José Manuel Vara, Mario Crespo, Daniel Ruiz García, Ana Pérez Cañamares, Estelle Talavera Baudet, Kutxi Romero, José Ángel Barrueco, Montero González, Karmelo C. Iribarren, Javier Das y Alfonso Xen Rabanal.

Esteban Gutiérrez Gómez

viernes, 18 de febrero de 2011

VISCERALES EN MADRID


Martes 22 de febrero
a las 18:30 horas Fnac - Preciados n° 28
28013 Madrid

Presentación de
VISCERALES

Intervienen Mario Crespo, José Ángel Barrueco, Eduardo Riestra
& los autores Déborah Vukusic, Carlos Salem, Alberto Haj-Saleh,
Adriana Bañares, Gsús Bonilla, Francesco Spinoglio, Julio Valdeón Blanco, Sonia Fides,
Iñaki Echarte Vidarte, Esteban Gutiérrez Gómez,
Ana Pérez Cañamares, Alfonso Xen Rabanal, Inma Luna, Marta Fernández La Bohe, Marcelo Luján & Roxana Popelka.

VISCERALES: El corazón en las manos.


Tengo ya latiendo en mis manos desde hace días Viscerales, recién salido de imprenta y aún calentito.

Lo voy saboreando poco a poco, a pequeños sorbos, como los vinos de las cepas más viejas, y me reafirmo en la idea de que, por muy diversos motivos, será, es ya un libro de referencia y de culto.

Mario & Jab se han dejado en él la sangre y la piel, han creado ambiente de equipo, generado expectación y mimado a los autores y cada detalle al máximo, haciendo de nuestras (y sus) vísceras un estandarte y convocando a un montón de escritores de genio y talento para la causa.

La labor de los seleccionadores y antólogos es frecuentemente ingrata, a menudo son más los recelos de los que se sienten injustamente excluídos que el apoyo de los que están dentro... Pero es, desde mi punto de vista, necesaria y básica para la oxigenación del sistema, para configurar nuevas corrientes y unificar criterios, para dar a conocer nuevas tendencias y voces, para renovar estéticas y modos de escribir, pensar y sentir.

Mario & Jab han hecho con Viscerales, sin duda alguna, un trabajo impecable, creando un libro con espíritu y fuerza (con dos cojones, como ellos dirían), con el que me identifico plenamente, como escritor y antólogo, y del que me siento orgulloso.

Algunos de los (a mi juicio) mejores narradores españoles de la actualidad y otros casi inéditos (pero no menos valiosos) han volcado sus vísceras y obsesiones sobre el papel a petición de Mario & Jab, por y para ellos, alumbrando este libro magnífico e imprescindible, lleno de relatos palpitantes y buenos latidos.

A vuestra salud
compis
con el corazón
en las manos


Viscerales
Edición: Mario Crespo y José Ángel Barrueco.
Viscerales es sobre todo rabia, sinceridad, corazón, hígado, riñones, calor y desnudez: un libro que contiene cuarenta ejercicios de honestidad literaria, cuarenta desahogos, cuarenta vaciamientos, cuarenta vomitonas. Diferentes estilos, diferentes tendencias, diferentes etiquetas, diferentes generaciones, diferentes autores, pero un único denominador común: la visceralidad sobre el papel.

jueves, 10 de febrero de 2011

VISCERALES: Prólogo & Epílogo.


Mario Crespo
PRÓLOGO: MI DESAHOGO
 
La idea inicial de esta antología era compilar en ella textos de autores viscerales, de esos que suelen vaciarse sobre el papel. Queríamos hacer un libro que fuera pura dinamita. Vísceras, entrañas. Apuntamos nombres conocidos y buscamos otros nuevos. A lo largo de esta fase nos dimos cuenta que había autores que parecían viscerales y en realidad no lo eran y que había otros aparentemente cerebrales que tampoco eran tal. No estábamos encontrando escritores viscerales, sino textos viscerales. Esto nos permitía abrirnos a otros ámbitos, escuchar otras voces y poder elegir nombres con mayor libertad.
Hicimos una preselección y contactamos con los autores para explicarles nuestras motivaciones y pedirles su colaboración. Muchos no tenían claro qué era exactamente lo que pretendíamos. Entonces decidí redactar un borrador de prólogo que contuviese, entre otras cosas, una declaración de intenciones. Una especie de arenga para que los seleccionados escribiesen con pasión sobre alguna inquietud que necesitaran expulsar a modo de purificación, independientemente del género y el estilo que cada uno emplease para ello. Les propusimos que no escribieran un texto para una antología, sino que viviesen una experiencia liberadora, una catarsis; en resumen: que se quedaran a gusto.
Para darle solidez al prólogo me puse a buscar información sobre la literatura visceral. Pero la documentación que encontré resultó ser escasa. Busqué en Google y en la Biblioteca Nacional. Había muy poco material sobre el tema y casi todas las pistas me conducían a Bolaño y sus Detectives Salvajes. Tal vez debido a esto inicié aquella versión haciendo referencia a la definición que da la R.A.E sobre la palabra visceral e intenté relacionarla con una forma de escribir. Fue una de las pocas cosas coherentes que escribí en ese prólogo.
Para apuntalar la estructura del texto necesitaba apoyarme en la poca documentación obtenida. Y así lo hice. Pero la mezcla del material quedó suelta y deslavazada. Cuando leí el borrador por primera vez me dio la impresión de que la historia de la literatura visceral se reducía a reventar recitales de autores consagrados, como hacía el grupo fundado por Roberto Bolaño y Mario Santiago, los realvisceralistas. Pero yo no quería decir eso. Algo no funcionaba.
En aquella primera versión citaba un sinfín de escritores (tres de ellos aparecen en esta antología: Montero Glez, David González y Alfonso Xen Rabanal) que yo consideraba viscerales. Y tras ese párrafo volvía a incidir en nuestras intenciones, repitiendo así la misma información que en la introducción, aunque de manera desarrollada. Las partes no formaban un todo, era obvio, pero, por más que lo intentaba, era incapaz de encontrar las palabras adecuadas para decir lo que realmente quería. Tanto en el fondo como en la forma, el prólogo era un lío. Una chapuza. Me sentía como uno de esos jugadores de fútbol que driblan a todos los contrarios y cuando llegan al área no son capaces de chutar a gol. Había hecho un texto barroco, con mucho adorno y poco contenido. Sin darme cuenta, me había empeñado en hablar del visceralismo como si fuese un ismo, hablaba de ello como un crítico que analiza la Generación del 27 o el Renacimiento florentino. Estaba totalmente equivocado.
A medida que iba corrigiendo el texto, me daba la impresión de que la confusión iba en aumento. Había mezclado lo visceral con el realismo sucio y otras etiquetas literarias. Notaba que mis pies se hundían en el barro y, aunque de vez en cuando avanzaba unos pasos, no conseguía salir de la arena movediza donde me había metido. El tiempo pasaba y, a pesar de no estar contento con lo que había hecho, nos vimos obligados a enviar el borrador por correo electrónico a todos los autores de la primera selección. La fecha de entrega se acercaba y muchos de nuestros colaboradores no tenían claro lo que debían hacer. Tras la lectura del prólogo algunos consiguieron aclarar sus ideas, pero otros no. Hubo correcciones y objeciones. Hubo nuevos cambios.
A última hora decidimos ampliar la nómina de autores. Y llegaron más incorporaciones. Una de ellas, la de Enrique Vila-Matas, me hizo reflexionar. Tras leer una frase de su texto ("Por eso existe el suicidio y lo visceral, y hasta las vísceras, y lo demás es literatura") pude por fin encontrar el principal error: no necesitaba construir una teoría sobre lo visceral, sino presentar un libro lleno de textos pretendidamente viscerales. Así que volví a remozar el prólogo entero en pos de darle unidad sin caer en contradicción.
Al leer por primera vez esta nueva versión creí que el texto había mejorado. Pero tras un par de lecturas más profundas me dio la impresión de que la estructura seguía siendo igual y que, con otras palabras, estaba contando lo mismo que en el primer borrador. Seguía perdido. Desesperado. Y entonces apareció ella: Mirian, mi pareja.
"Déjame leer el prólogo", dijo. Y accedí. Después vino con el texto impreso y un par de post-it llenos de pequeñas notas y algunas flechas. "Tenemos que comentar el prólogo", dijo. Y accedí. "Son como ideas sueltas. Se entiende lo que quieres decir, pero no está bien estructurado", dijo. Al principio me enfadé un poco. Intenté defender mi texto a cualquier precio (estaba cansado de dar vueltas, estresado), pero al ver que ella tenía razón, cambié el discurso y me cabreé conmigo mismo. Me puse en pie impulsado por la fuerza de una pataleta infantil, rompí los folios y los tiré al suelo. Me fastidiaba el hecho de no ser capaz de escribir lo que pretendía. Cuando uno se encuentra impotente ante una situación saca el orgullo como mecanismo de defensa. En aquel momento, nada más levantarme, como una especie de auxilio divino, se me ocurrió de repente una idea: escribir algo completamente nuevo, un texto de vaciamiento que narrase el calvario que me estaba suponiendo enfrentarme al maldito prólogo. En ese mismo instante dejé de ser un antólogo neutro para convertirme en uno más de los autores de esta obra. Necesitaba extirpar el grano infectado que tanto dolor me estaba produciendo. Por fin estaba en el camino adecuado. Tras recoger los folios del suelo, me senté frente al ordenador y me dispuse a desahogarme. Una hora más tarde había escrito este texto. Sólo faltaba corregirlo.
El vaciamiento es la verdadera esencia del libro. Era más lógico y más fácil ejemplificarlo que teorizarlo. Pero no pude verlo claro hasta última hora, tan sólo unos días antes de enviárselo a la editorial. Con este texto no sólo he conseguido ser visceral, sino también, y más importante, quedarme a gusto tras acabar de escribir. Después de tres versiones distintas, de marear a mi compañero con tanto cambio y de reescribir el texto más de cincuenta veces, he podido huir de esa extraña querencia a la erudición a la que me había acostumbrado para, finalmente, terminar vomitando las malas digestiones de todos estos meses.
Al igual que yo, los autores que colaboran en esta antología han hecho su vaciamiento particular, cada uno en su estilo y a su modo. Lo que el lector va a encontrar en este libro es un compendio de cuentos, poemas, prosa poética e incluso fragmentos de obras teatrales, marcado por un denominador común: el desahogo.
 
José Ángel Barrueco
EPÍLOGO: CON DOS COJONES
 
Introito a esta aventura
Empecemos por el final: en tus manos está el resultado de la primera antología visceral en lengua española. Si has llegado hasta aquí, ya conoces la función y supongo que te habrá gustado. Así que tal vez te interese saber cómo se gestó el proyecto. Volvamos, pues, al principio.
Durante años estuve escribiendo columnas de opinión para un periódico de mi ciudad. Siete días por semana. Sin vacaciones. Sin contrato. Cobrando lo justo. Recibiendo acusaciones en las cartas al director y en los comentarios anónimos de los blogs. Cuento todo esto porque, a veces, son síntomas que estimulan la furia. Y sin furia no siempre hay escritura visceral. Yo corregía los artículos eligiendo una de estas dos maneras, tras dejarlos reposar unas horas (desde por la mañana hasta la sobremesa):
–El método visceral
–El método cerebral
El primero consistía en desatar los instintos, en escribir desde el estómago y el corazón, arriesgándolo todo a un naipe, acusando a éste o a aquel sin tapujos; con furia, pero con sutileza. Este método me sirvió para estimular el rencor de algunos lectores y de muchos mangantes (políticos, vividores del tres al cuarto, empresarios jetas…), e incluso me granjeó unos cuantos tirones de orejas de mi director. No muchos. Quizá tres o cuatro. Los suficientes para "recomendarme" suavizar este o aquel texto. La escritura visceral suele hacer daño a numerosos lectores. Pero uno queda muy satisfecho, como después de una vomitona.
El segundo consistía en coger ese artículo, una vez reposado, y, ya fuera visceral o más sutil, o más amable, aplicarle el sentido común, lo cerebral. A veces por prudencia, a menudo tras pensar: "Uf, me he pasado". Si había tacos, mejor limarlos. Si había acusaciones muy directas, mejor que fueran veladas. Si había elucubraciones, mejor sustituirlas por datos puros y duros. Por supuesto, este método causa menos estragos, contenta a los directores y no depara tantas cartas de lectores jodidos. Es el método que hoy día se prefiere. El que no da problemas. El que utilizan las señoras que escriben novela rosa y algunos novelistas cuando ya tocaron el éxito.
Nosotros preferimos el primero.
Creemos que otra escritura es posible. Que los que están al margen también deben ser escuchados, también deben ser leídos. Que son las voces de la conciencia de la sociedad, algo que interesa poco en los medios de comunicación al uso.
Creemos en ambas escrituras, pero la segunda (la del método visceral) está infravalorada y nunca entra en el canon (mejor que así sea) y las grandes editoriales tienen miedo de esta clase de prosa.
Porque muerde.
Porque incomoda.
Porque la utilizaron algunos de los escritores que ha mencionado Mario Crespo al principio de este libro, escritores feroces que no se callaron y unos cuantos más que yo añado: Charles Bukowski, Thomas Bernhard, Louis-Ferdinand Céline, Varlam Shalámov, David Foster Wallace, Hulbert Selby Jr., Irvine Welsh, Nelson Algren, Virginie Despentes, Thom Jones, William T. Vollmann, Phoebe Gloeckner, Henry Miller, John Fante, Hunter S. Thompson, Mohamed Chukri, Cormac McCarthy, Chuck Palahniuk, Kathy Acker, William S. Burroughs, Agota Kristof, Jack Kerouac… A propósito de Kerouac: su primera versión de On the Road, la primigenia, la más pura (editada hace poco), es también la más visceral; con los años, al texto que siempre hemos conocido se le aplicaron los filtros de la prudencia, el decoro, el temor de los editores a las posibles represalias y, desde luego, la censura. He leído ambas y ambas son buenas. Me quedo, sin embargo, con la pureza de la primera, el río de palabras repletas de furia y sin cortes.

Gestación
Un día, mi madre me dijo algo que me estuvo rondando meses por la cabeza. Le había regalado algunos libros de poetas y escritores españoles "cañeros". Alguien le prestó una novela de uno de mis autores favoritos de este país (que no es cañero, ni mucho menos, pero al que guardo devoción sin límites: es famoso y no diré aquí su nombre, por respeto a él y a mi madre). Es cierto que en esa novela reciente está en horas bajas, aunque a mí me gusta. Me comentó ella:
–Estoy leyendo este libro y no tiene fuerza. No me hace ni fú ni fá. ¿Sabes lo que pasa? Que, después de leeros a vosotros… lo demás parece flojo, ya no impresiona. No es tan contundente.
Con "nosotros" se refería, principalmente, a casi todos los autores reunidos en Resaca / Hank Over. Entendía que otros escritores no se jugaban los cuartos en cada frase, que no golpeaban al lector, que carecían de riesgo y firmeza. Así que pensé: "Deberíamos hacer una antología con todo eso".
Y poco después sostenía con Mario Crespo esta charla, al amparo de unas latas de cerveza:
–Tú y yo deberíamos hacer una antología.
–Pues a eso mismo le estoy dando vueltas. Sería una antología de gente cañera. Ya sabes: sólo escritores viscerales. Incluso tengo el título: Con dos cojones.
Los dos habíamos hablado a menudo de los dos métodos citados. Al ver que se coordinan muchas antologías de autores cerebrales, o mezclando a ambos, pero nunca de autores viscerales a secas, decidimos comenzar el proyecto cuanto antes.
Luego elaboramos una lista de posibles autores.
De esa lista, y con gran dolor, tuvimos que ir tachando nombres por razones lógicas. No se le puede presentar a un editor un tocho de mil páginas. Uno debe ser prudente. Eso nos obligó a despojarla de muchos amigos y ojalá esta decisión no los convierta en nuestros enemigos.
También se dieron los casos de dos o tres personas que no respondieron a la llamada de los e-mails y de dos que, por motivos que no vienen al caso, rehusaron participar (y nos hubiera gustado tenerlos a bordo). Y, finalmente, ampliamos el abanico de posibilidades, incluyendo a quienes, en principio, tenían sus dudas o no se consideran viscerales o quizá los lectores crean que no lo son.
Tras la conformidad y las dudas, sometimos el título a votación. A la mitad le gustó eso de Con dos cojones. Prosa visceral española. La otra mitad lo detestó. Tras darle numerosas vueltas y escuchar las sugerencias, Mario salió con lo de Viscerales. Breve, preciso, contundente. Igual que una sentencia de Varlam Shalámov.

Internet: La caravana avanza
Lo que has podido leer en este libro es tan sólo una muestra de esto que llamamos "escritura visceral". A unos los reclutamos porque conocíamos ya su obra y habíamos leído sus libros. Pero a otros, quizá a la gran mayoría, los encontramos rebuscando en internet, en esa telaraña de enlaces que te lleva de uno a otro. Y en internet, en sus blogs, en algunas frases breves de sus muros y perfiles de Facebook, es donde hemos hallado esa rabia que necesitábamos. Que necesita el mercado editorial. Muchos de ellos escriben como forma de protesta, como desahogo, lo cual no les impide trazar cuentos largos, novelas rigurosas, poemas llenos de música, ensayos certeros o artículos bien elaborados y medidos. Es en esos post y en esas diatribas donde pudimos admitir: "Éste tiene la fuerza y la tensión que necesitamos; éste otro, no".
Incluimos al final un Apéndice donde se mencionan otros autores que escriben con las tripas en la mano, desde la rabia y la protesta, desde lo políticamente incorrecto. Recomendamos bucear en sus bitácoras, leer lo que hayan publicado, si lo han hecho (no todos estos bloggers se dedican a la escritura de forma profesional).
El propósito de esta antología consiste en agrupar a varios escritores con denominadores comunes, pero también demostrar al sistema editorial que otros mundos son posibles. Que también existen lectores para las obras de quienes están al margen, pese a quienes luego nos critican con el único argumento de que somos soeces o nuestro lenguaje es rudo o que no nos andamos con rodeos ni tapujos.
Truman Capote, otro que no se mordía la lengua ni frenaba su mano, puso al inicio de uno de sus libros este proverbio árabe: "Los perros ladran, pero la caravana avanza". Se lo dijo André Gide.
Aunque los perros ladren, aunque estos autores sean incómodos para los suplementos y las revistas al uso, aunque resulten mordaces para el sistema, aunque las agentes editoriales se asusten un poco cuando leen tantos tacos o tanta furia o tanto desbordamiento de vísceras literarias, ahí están, ahí estamos, subidos a la caravana, avanzando, sin miedo, sin cuartel. Así: con dos cojones.
 
Prólogo & Epílogo de Viscerales (Ediciones del Viento, 2011).

viernes, 28 de enero de 2011

'VISCERALES' MAÑANA EN ZAMORA


Lectura de textos y presentación de la antología Viscerales, con las intervenciones de:

Choche
David Refoyo
Mario Crespo
David González
José Angel Barrueco

Sábado, 29 de enero. 22:00 horas. Ávalon Café. Zamora.

sábado, 15 de enero de 2011

VISCERALES según Mario Crespo (y 2).


Golo ha muerto (1994-2009)
Manuel Vilas nos deleita con un texto pasional y tierno que le escribió a su perro, Golo, tras fallecer éste en 2009. Vilas mezcla dos géneros en esta suerte de elegía: comienza escribiendo en prosa y termina en verso, haciendo una alusión espiritual que parece no caber en el tono del texto, pero que, gracias a la maestría del autor, encaja con todas las cosas, con lo celestial y lo mundano. Dicho esto, me gustaría destacar una de las frases del texto por ser tan genial como rotunda: "Era el mejor de los hombres".

Derrotas
Jorge Espina nos trae desde Baleares un relato que contiene la brisa del Mediterráneo y esa extraña mezcla de razas, nacionalidades, idiomas y culturas que hay en Mallorca. El protagonista es un empleado de un hotel que está hasta los cojones de los guiris y su elitismo. Pero entabla una relación especial con un cliente inglés que le hace recuperar su humanidad. Aunque, al final, vemos que no todo es como parece. "Derrotas" se estructura en torno a una excelente paralelismo con la Guerra Civil que el autor es capaz de establecer con precisión.

Parque grande
En el relato de Brenda Ascoz se atisba un impulso suicida. Con ternura, sensibilidad y una prosa que, no sé por qué, me recuerda a la mía propia, Brenda, con deliberada ingenuidad naïf, se lamenta porque el mundo que conoce le duele; le duele tanto que, por momentos, desearía no haber nacido para no tener que pensar en morirse.

Casadas con Hollywood
David Refoyo nos narra la historia de una broma pesada. Y no me refiero a la que le gastan los protagonistas del relato a su víctima, sino a la crítica que el autor hace de la frivolidad de la televisión del capitalismo. "¿Quién vive ahí?", "Casas de ricos" y otros títulos de programas similares son un ultraje a la ética. Los programas, a diferencia de Refoyo, no nos muestran el retrato objetivo de estas élites, sino el edulcorado punto de vista con el que pretenden que sintamos envidia. No me extraña que los reporteros que protagonizan el cuento terminen por hacer lo que hacen…

Derrota
Sáfrika nos trae uno de los pocos poemas de la antología. Es un poema donde, en algunas partes, los versos se transforman en oraciones. Una de las cosas más curiosas de "Viscerales" es que, en ese ejercicio de vaciamiento que buscamos los antólogos, se atisban las preocupaciones e inquietudes de cada uno. El tema de las relaciones de pareja es uno de los más recurrentes, sino el más. Sáfrika es otra prueba de ello. Si manipulara este poema y pusiese que su autor es otro, un hombre, el lector se daría cuenta rápidamente que algo falla. Sáfrika posee la sensibilidad femenina que ya hemos visto en autoras precedentes. Es tierna, dulce y ama. Ama por encima de todas las cosas. Incondicionalmente y, sobre todo, ama sin reaccionar. Como nos dice Brenda Ascoz en su relato: "mientras tanto, yo sigo aquí, esperando sin esperar. A ver qué sucede".

Cierto olor a mierda
Iñaki Echarte es otro de los autores que nos muestra que el ser humano, llevado al límite, no siente nada especial ni al morir ni al matar. Se trataba de ser viscerales, ¿no? En este libro hay mucha acción-reacción. Son situaciones de la vida. A veces pensamos que todo se reduce a vivir o morir. Y entonces tenemos que elegir… El relato de Iñaki es uno de los que más me gustó desde el principio. La historia me atrae y el autor es capaz de hacer sentir al lector lo que pretende. Asco y repugnancia. Otra forma de empatía. En "Cierto olor a mierda", un escritor principiante mantiene una extraña relación con eminente novelista. Y juntos, el novelista se convertirá en mito...

La sangre
Para mí, el relato de Alejandra Zina es uno de los más enigmáticos de este libro. Se trata de una historia de mujeres, de hermanas, una historia de recuerdos de adolescencia que dice mucho más de lo que un lector no avezado pueda entender. El relato de Alejandra le pone a este libro un punto, si cabe, más elevado, un punto de inteligencia que obliga a leer entre líneas y a ver que lo que sale del interior de nuestros cuerpos, no son sólo vísceras, sino también… letras.

Llorando mercurio
Esteban Gutiérrez Gómez, además de abogado, es profesor de creación literaria. Una vez leyó una texto que le pasé y me dijo que le había gustado mucho, pero que para narrar un drama así hubiese sido mejor emplear un monólogo interior. Lo que hace Esteban en este texto es dar una clase maestra de monólogo interior. Habla con su Blanquito con una prosa que a mí, personalmente, me recuerda al Beckett de la trilogía. El centro y la entidad de algo que no necesita del cuerpo para existir. El relato de Esteban, además, tiene una particularidad: bajo una apariencia cerebral se esconde uno de los ejercicios literarios más honestos del libro.

París
Si hablo de David González es posible que no sea objetivo. Casi todo o todo lo que he leído de él me ha gustado. Este texto no podía ser menos. David, por momentos, roza la más alta excelencia poética con frases tan literarias como: "Y un cinturón marrón cuya hebilla está corriendo, a punto ya de llegar a la última base". ¡Guau! ¡Brutal! "París" es un relato pesimista en el que el autor, explícita e implícitamente, establece un paralelismo entre su vida y la de su idolatrado Amedeo Modigliani. La palabra sajona loser, título de uno de los libros del poeta, sin llegar a aparecer en el texto, está constantemente presente. El poeta se sentía invisible cuando escribió su texto. Expresa lo que siente sin adornos ni rodeos, recurriendo a esa no-ficción en la que tanto cree. Es sincero y va de frente. Una vez más, se vacía escribiendo.

Porque okupé Londres
Conocía a Ana Cañamares por su faceta poética, pero desconocía la prosística. Y, la verdad, me he llevado una grata sorpresa. Ana nos sumerge en su juventud en Londres. ¿Quién no ha estado en Londres en su juventud? En Inglaterra la ocupación está permitida. No es necesario pagar tasas de vivienda, si uno no quiere. Ana fue a Londres y pretendió integrarse: vivir como los ingleses, beber como los ingleses. Y de esa experiencia nace este relato en el que, en sus propias palabras, nos cuenta, con el impulso propio de unas tripas que rechazan una comida en mal estado, una aventura que vivió y que para ella fue la consumación de la imitación; la imitación de un tipo de vida para la que no había sido educada ni estaba formada.

All my friends were vampires
Tuve por primera vez referencias de Javier Esteban cuando mi compañero Barrueco me pidió que fuera a un tienda friki de Alcorcón para comprarle elúltimo libro de Javier, "El principio antrópico". La tienda estaba cerrada y me quedé sin poder leerlo. Al relacionar a Javier con la tienda friki, por pura y estúpida asociación de ideas, pensé que su literatura era otra, más cercana al género fantástico, si se quiere. Pero nada más lejos de la realidad. Al recibir su relato "All my friends were vampires", descubrí a un escritor particularísimo. Un autor que, manejando con oficio el lenguaje y la sintaxis, es capaz de mezclar en un mismo texto elementos de lo más diverso, como la religión y Belén Esteban.

Bajarse de la nube
Estelle Talavera hace una crítica al aburguesamiento literario (derivado, por supuesto, del aburguesamiento/aborregamiento social) con una sutileza que poca gente tiene el privilegio de tener. Puño de hierro en guante de seda. Es fina pero apunta a matar. Y se queda a gusto, la frase final del texto, "he dicho", así lo atestigua. Tomando como referencia a Félix Francisco Casanova, Estelle, en pocas palabras, establece una analogía entre el antes y el ahora, entre la lucha y el sofá con Digital +. Delicioso estoconazo el tuyo, Estelle.

Burofax
Quizá después de Roberto Bolaño, el autor visceral por excelencia sea Alfonso Xen Rabanal. Ambos han sido autores desconocidos para el gran público. Alfonso lo sigue siendo y Roberto dejó de serlo ya en el final de sus días. Rabanal no se anda por las ramas. Parece que ni siquiera corrige, aunque puedo certificar que lo hace. Él ha inventado la Cámara de Niebla, incluso la niebla en sí misma, ese estado onírico y resacoso en el que el autor se pierde deliberadamente esperando encontrarse a sí mismo en un lugar más íntimo que el que la sociedad del bienestar le ha otorgado. "Burofax", dedicado al gran pintor y artista del renacimiento Jens Peter Jensen, es un monólogo en el que la voz parece dirigirse a alguien impersonal: un estado, un sistema, una forma de vida; mostrándole su renuncia al borreguismo, haciendo gala de una anarquía encomiable, puesto que se pasa el sistema por el forro, incluso permitiéndose el lujo de vivir al margen ("porque soy escritor, sí, eso que no da rédito ninguno pero me exime de vasallajes"). Rabanal nos cuenta todo esto mediante una prosa que en su retórica no se olvida de las cartas y el azar. ¿Qué mejor metáfora?

Trueque a la puerta de casa
El texto de Inma Luna, en esencia, me recuerda mucho al de David González. Ambos tienen una edad similar y se plantean cosas parecidas, aunque, al mirar hacia atrás, cada uno vea una cosa. La muerte de Saramago, el adiós, el olvido, el legado de sus libros anchos de lomo, le sirven a Inma para hacer desarrollar su preocupación nihilista y llevarla hasta sus últimas consecuencias. Inma se muestra tan vehemente consigo misma como valiente respecto al mundo. Dice así: "A lo mejor ya pronto puedo sacar los cuernos al sol y colocarme en la casilla de salida". Eso es: un trueque a la puerta de casa.

Los días normales
Karmelo C. Iribarren fue una de las últimas incorporaciones. Sobran presentaciones, es uno de los grandes y ambos antólogos queríamos contar con él. Pero en la idea inicial no admitíamos poesía. Finalmente, entraron varios poemas, no sólo el de Karmelo. "Los días normales" es un poema tan breve como contundente. Un estilete afilado que entra y sale del cuerpo a la misma velocidad. Como una herida limpia que no causa destrozos. Pero al bajar el cursor y ver la página en blanco, el veneno hace su efecto y la herida duele como duelen esos días en los que no pasa nada: los días normales.

La fotografía
De Javi Das había leído uno de sus poemarios. Es un tema monográfico sobre la enfermedad y muerte de su padre. Es un libro durísimo que cuesta leer del tirón porque es difícil sortear los sentimientos sin que nos afecten, aunque no sean nuestros. Empatía, se llama empatía. "La fotografía", el relato que ha escrito para "Viscerales", es como uno de esos poemas llevados a la prosa y desarrollados en su parte más descriptiva. Javi nos hace sufrir casi tanto como él sufrió, se desahoga, nos lo cuenta y, lo más importante, nos emociona. Un ejercicio magnífico de sinceridad ante el papel.

Alta tensión (una catarsis)
Lo que ha hecho Vicente Muñoz Álvarez para esta antología, como el propio título indica, es una catarsis. Vicente no se ha vaciado para criticar, lamentarse o cambiar las cosas, lo ha hecho para limpiarse por dentro, para purificarse. Como dice su amigo y paisano, Alfonso Xen Rabanal, ser escritor, siempre que se esté fuera de la industria, exime de vasallajes. Los que escribimos tenemos la suerte de poder usar esta arma para desahogarnos, para pasar un trauma, incluso para vivir con mayor intensidad sin salir de siquiera de la habitación (este libro está lleno de textos que buscan seguir deliberadamente esta filosofía de la escritura). Y con ese afán, Vicente Muñoz Álvarez nos narra una relación de pareja que se debilitaba y que acabó somatizándose hasta el punto de desembocar en una enfermedad física que se confundía con la psicológica. Este texto es uno de los que más me impactaron. ¡Chapó, Vicente!

Madrilian
Marta Fernández La Bohe, no deja indiferente a nadie. Cuando la leímos por primera vez en las insondables páginas de la red de redes, nos cautivó su destreza técnica y su humor ácido y afilado. En "Madrilian", su relato (o su cuento, porque al final aplica esa compensación divina que podemos resumir en el refrán castellano "arrieros somos y en el camino nos encontraremos"), la junta directiva de unos importantes grandes almacenes decide tratar en una reunión uno de los problemas más acuciantes de la empresa: la presencia de un negro en su puerta. Un negro que pide limosna y "molesta" al personal. Los altos mandos deciden que hay que encargarse de él. Repaso mordaz a la falta de humanidad que existe en las altas esferas empresariales, "Madrilian" es uno de los textos más certeros del libro. ¡Brutal!

Barrizal
Kutxi Romero me parece un gran escritor. Pero él, deliberadamente, juega a ser un escritor no-erudito, un tío de la calle que, sencillamente, tiene cosas que contar. Y las cuenta. La grandeza de este libro, a mi entender, reside en que en él pueden convivir escritores de todo tipo y todo estilo. Eruditos o no, todos pueden ser viscerales. Porque todos, de una manera u otra, comenzamos a escribir para contar algo que nos desahogara. Luego viene la técnica y el oficio, la pérdida de frescura, lo políticamente correcto y demás circunstancias. Pero la esencia está ahí, y todos la tenemos, y es lo que hemos pretendido recuperar y compilar en esta obra. En "Barrizal", Kutxi nos cuenta una historia de gitanicos y chabolas, de gente marginada con la que el protagonista se mezcla con la certece de que él no pertenece a ese mundo, aunque conozca bien sus lindes.

Los bastardos, la internet y la puta que los parió a todos
Montero Glez nos ha cedido un post de su blog. En él reflexiona sobre la revolución de Internet, una de las más importantes de la historia. Como siempre en Montero, el lenguaje es puro y deja una esencia que me atrevería a llamar quejío. En él hay alma, hay sangre, hay duende. Montero da su opinión sin rodeos ni tapujos, no le importan las modas ni le interesan las etiquetas. Se ríe sin pudor de los intelectuales y de los académicos y reivindica una literatura de la gente sencilla, sin iluminados al mando. Sin llegar a estar del todo de acuerdo con él (aunque sí bastante) admiro su valentía y su personalidad. Montero no es un escritor visceral, es una persona visceral. Y tenía que estar en este libro.
 
 
Mario Crespo, del blog El viento que agita la cebada.

viernes, 14 de enero de 2011

VISCERALES según Mario Crespo (1).


Viscerabiliavilamatiana. Ay, mi estimado señor
Enrique Vila-Matas nos presenta un texto con el que todo escritor, y todo ser humano, ha de sentirse identificado. Todos hemos sufrido un rechazo. Digo esto porque "Ay, mi estimado señor" no habla sólo del rechazo editorial. Con su habitual ironía nos sumerge en un texto ensayístico con el que se empatiza nada más comenzar a leer. Por si fuera poco, ha añadido una introducción al texto en la que nos habla de las vísceras, la literatura y la vida.

15 apuntes para la destrucción o la autodestrucción de D.V.
Deborah Vukusic nos habla de las relaciones de pareja desde el punto de vista de la mujer. Desde la sensibilidad y la necesidad de cariño. Desde la queja y la súplica. Articula su relato en quince puntos narrados con una prosa elevada que establece vínculos con la alta poesía y que la lleva al vaciamiento total ("Me exploto un grano en el espejo del copiloto sin que tema su cara de asco.").

Anchura tan suya
Tomás Sánchez Santiago nos escribe uno de los textos aparentemente menos viscerales. Y digo aparentemente porque bajo ese estilo de maestro elegante, se esconde una crítica bestial a los estamentos de poder que dominan las capitales de provincia. Tomás, con su impecable uso del lenguaje, no se mancha las manos con tacos y expresiones de jerga, se lleva la visceralidad a su estilo educado y sutil. Pero sus palabras queman como la brisa del mar, que parece agradable hasta que escama la piel.

Ulises, un puto turista japonés
Carlos Salem nos habla de escritores, editores, libros y libreros. Todo aderezado con una gota de humor que, por contra a lo que pudiera parecer, no le resta sinceridad. Porque al acabar de leer el texto, el lector se da cuenta de lo que ha hecho Carlos: cagarse en todo lo que se mueve…

El macho icónico
Lucía Fraga me ha impactado. He de reconocerlo. Su texto, "El macho icónico", es uno de los ejemplos de vaciamiento más flagrantes de libro. Las frases parecen haber sido escritas en una especie de trance psicótico que se refleja perfectamente en el papel. La colaboración de Lucía es una de las que, por muchas razones más me agrada.

En todas las parejas hay peleas
Alberto Haj-Saleh nos presenta un excelente texto, con una cuidada forma, en el que nos habla, desde las vísceras, de una tormentosa relación de pareja. Cuando una mujer tiene dotes de manipulación y da con un hombre honesto, puede llegar a hacerle la vida realmente imposible. Aunque unos recientes estudios dicen que la inteligencia del hombre y la mujer es similar, tenemos naturalezas muy distintas. Desconozco si Alberto ha vivido una situación parecida, tampoco tiene demasiada importancia, pero escribe desde lo más profundo de sus entrañas. El final lo dice todo…

Moderación
El relato de Carlos Herrero es uno de los que, personalmente, más me ha gustado. Es distinto, valiente y arriesgado. Es un experimento con un trasfondo espiritual y filosófico que a mí, por lo menos a mí, me interesa sobre manera. No desecha el humor Carlos cuando, vestido de Nietzsche, se carga en pocas líneas toda la espiritualidad católica.
 
Reliquias y jorobas
El navarro Patxi Irurzun y su amigo Glez al cuadrado nos llevan hasta el Monasterio de Yuste en un road trip surrealista por la España más profunda. Paxti narra esta historia, como es habitual en él, en tono de humor. El lenguaje es directo y seco, del norte, sin eufemismos ni zarandajas, de cara, de verdad. Y el final… el final sí que es visceral…

Con amigos así
El argentino Marcelo Luján nos deleita con una de las piezas más trabajadas, interesantes y trascendentes del libro. Es un texto teatral con varios personajes: un traductor, una editora, un novelista, la mujer de éste y un estudiante crónico. "Con amigos así" es una crítica velada a un famoso escritor, muy muy famoso; pero una crítica argumentada, por los personajes…

Por qué la niña de las naranjas
Adriana Bañares es el benjamín del grupo; nació en 1988, cuando yo tenía nueve años. Su relato sí que es una vomitona en toda regla. Me recuerda (entiéndase el símil) a la secuencia de "Los Goonies" en que los malos, los hermanos Fratelli, torturan a Gordi para que les diga dónde están sus amigos. Entonces Gordi les cuenta, con gran capacidad de síntesis, toda su vida en el colegio. Con una prosa contemporánea llena de referencias que Eloy Fernández Porta consideraría "Afterpop", Adriana Bañares nos cuenta el porqué de la Niña de las Naranjas. Lo que más me asombra del texto es la capacidad narrativa de nuestra joven autora. A su edad, yo no sabía ni escribir….

La flema (un poema en deconstrucción)
Gsús Bonilla se marca un texto en prosa poética ciertamente original. Un poema en deconstrucción que hubiese firmado el mismísimo Ferrán Adriá si en vez de ser cocinero fuera escritor. Nos habla de algo muy visceral o algo que, al menos, sale de muy adentro: una flema, la flema. Pero no se refiere a la mucosidad, sino a algo más, mucho más… Gsús es poeta hasta cuando escupe.

Pliego de descargo
Daniel Ruiz García era un autor desconocido para mí antes de empezar a trabajar en este libro. Y, la verdad, me alegro mucho de que mi compañero Barrueco me lo haya descubierto, porque es un prosista excepcional que maneja el tempo narrativo con una maestría propia de un novelista de más de sesenta años. Es capaz de sintetizar en poco espacio una historia que en otras manos requeriría muchas páginas de descripciones y desarrollo narrativo. Daniel nos habla de una relación tormentosa y una caída desde el ricoprontismo hasta el umbral de la pobreza. Un texto de actualidad que retrata con agudeza la sociedad española de finales del S.XX y principios del XXI.

Inertia Satanás
David Mardaras nos sorprende con un relato atrevido, corto, directo y agudo en su final, para mostrarnos con su prosa los bajos instintos que siempre, de alguna manera, sacamos a relucir los humanos. Me gusta el texto porque en él el lector ha de poner de su parte, hacer un esfuerzo. Y no por comprender, sino por sentir. Y esa es una de las cosas que más valoro de la literatura.
 
Vidas paralelas
El relato de Joaquín Piqueras comienza a una velocidad endiablada y no aminora hasta el final. Su texto no sólo no tiene ni un solo punto, sino que también es formalmente impecable. Por otro lado, hay una referencia a las "Coplas a la muerte de su padre", de Jorge Manrique, que, tanto explícita como implícitamente, acompaña el discurrir de todo el relato. Joaquín nos habla de un Dios burlón que maneja, tan injustamente como la vida que crea, a dos títeres…

La gaviota
Francesco Spinoglio nos habla de un escritor underground mantenido por su mujer y aprovecha para despacharse a gusto contra el mainstream de Babelia y demás suplementos culturales, aquellos que nos dicen lo que se va a leer la próxima temporada. Pero el relato no es la historia de la pareja, sino la de una gaviota herida que el protagonista encuentra. La gaviota es la excusa perfecta para hablarnos de lo frívolo de esta sociedad de móviles y Facebook, de amigos y peces virtuales. Y es verdad, nos preocupamos por gilipolleces dejando de lado lo que de verdad importa. Y una vez desvirtuado lo que más importa ¿por qué no matar?

Miedo
María Couceiro escribe con la sensibilidad propia de una mujer sensible (perdón por la redundancia). En pocas líneas, y estructurando el texto en torno a unas frases que funcionan como versos, María es capaz de hablarnos de algo profundo: nos enseña que la vara de medir la importancia de la personas, debería utilizar otra métrica menos superficial, más profunda. Tan profunda que tenga que toparse con el miedo.

El vídeo
Julio Valdeón Blanco, que reside en Nueva York, comienza el texto comparando la sociedad americana con la española en lo respectivo al trabajo. Cualquiera que haya trabajado con americanos sabe de la profesionalidad de éstos. Valdeón compara un país de vagos hedonistas con el país del dinero y la ilusión. Aquí nos quejamos, allí trabajan. En mi opinión, los americanos curran demasiado; lo ideal es el punto medio alemán, ni lo nuestro ni lo de los yanquis. Pero volvamos al relato de Julio, no quiero irme por las ramas: el personaje de Raúl, con su mentalidad americana, cree ver el negocio definitivo. Lo ha leído en un blog y está dispuesto a llevarlo a cabo. Pero necesita dinero..."El vídeo" es una inteligente crítica al capitalismo extremo, porque, como se ve en el relato, para mucha gente el dinero está aún por encima de la muerte en un supuesto orden de prioridades. Como dicen en "El padrino": "Es business". Su relato me recuerda al de Daniel Ruiz García, que a su vez me recuerda al de Alberto Haj-Saleh, que a su vez me recuerda que, a veces, los hombres, cuando caemos en manos de una víbora, también sufrimos malos tratos. Menos mal que nos queda la escritura para desahogarnos.

Genética
Sonia Fides nos presenta un pequeño fragmento en prosa ciertamente original. Está compuesto por frases largas donde escasean los signos de puntuación. Esto lleva al lector a una sensación de ahogo comparable al momento en que alguien recibe una bronca tan fuerte que no es capaz de articular una palabra en su inexistente turno de réplica. Sonia ha vomitado como si fuera una reacción, una reacción a algo que el lector desconoce. Pero lo que el lector sí puede conocer es la motivación del personaje de "Genética". Y merece la pena.

Rojo pesadilla
José Manuel Vara se ha convertido, por derecho propio, en un visceral especial. Su llegada a la antología, como él mismo sabe, estuvo provocada por una dosis de casualidad. Como para mí el azar no es el elemento que dirige nuestros designios, le dije a JAB: "si ha llegado a nosotros es porque tiene que estar aquí". Y así era, porque Vara se ha convertido en un colaborador activo y en un miembro importante de "Viscerales". Sus reinterpretaciones fotográficas forman parte de la intrahistoria de esta antología. Y lo más importante, su texto "Rojo pesadilla", como ya dije en una entrevista: es de lo más personal y original. Vara camina hacia lo onírico, y también hacia lo gore, tiñendo todo de rojo, rojo visceral, rojo pesadilla.

En el hotel
Cuando Roxana Popelka nos presentó los textos (nos presentó cuatro similares y tuvimos que elegir uno), ambos nos quedamos sorprendidos. No nos esperábamos este tipo de escrito, este híbrido entre el teatro y el relato dialogado que nos cuenta la relación de dos personas jóvenes en la habitación de un hotel. Dos puntos de vista, dos naturalezas, dos tópicos que no son tal: el hombre y la mujer.


Mario Crespo, del blog El viento que agita la cebada.

viernes, 7 de enero de 2011

VISCERALES

Viscerales es sobre todo rabia, sinceridad, corazón, hígado, riñones, calor y desnudez: un libro que contiene cuarenta ejercicios de honestidad literaria, cuarenta desahogos, cuarenta vaciamientos, cuarenta vomitonas. Diferentes estilos, diferentes tendencias, diferentes etiquetas, diferentes generaciones, diferentes autores, pero un único denominador común: la visceralidad sobre el papel.

Próximamente en
Ediciones del Viento

jueves, 23 de diciembre de 2010

VISCERALES: Próximamente en las librerías.


Esta es la estupendísima portada de Viscerales,
la antología de Mario Crespo & José Ángel Barrueco,
que verá la luz en enero de 2011
de la mano de Ediciones del Viento.

Una nómina de lo más visceral & tremenda
& una antología que promete emociones fuertes.

Salud & Suerte,
hermanos

los Hijos de Satanás
os saludan.

sábado, 27 de noviembre de 2010