miércoles, 23 de marzo de 2016

OVNIS EN LA NOCHE AMERICANA




Autodestruirse
es sentarse a esperar
en el edificio abandonado
el inicio de la demolición.
Al atravesar el umbral,
inhalar
el fulgor negro de los escombros
y cerrar los ojos
para recordar la ternura
con la que los seres unicelulares
se amaban asustados
bajo la tierra.

Cuando todo caiga,
las pupilas sucias por el polvo sistemático de las cosas,
la detonación salvaje de los colores,
como si un cuadro de Chagall
fuese cosido a puñaladas por un perturbado.
Embadurnarse los cuerpos sobre la cama chirriante
para la resurrección sosegada de los pájaros.
Cuando todo caiga,
caminar
por los campos amarillos
hacia un crepúsculo de luces arrasadas
donde gente delgadísima,
en los huesos,
muere sonriente en la cruz
en un videoclip de Nirvana.

Lo dijo Burroughs “no hay nada, solo conflicto”
mientras soñaba
con revólveres y manzanas intactas.
Kurt Cobain después de visitarlo en su casa de Lawrence (Kansas),
se llevó bolsitas naranjas, llenas de heroína, a su caravana.
Al rato
llamó a su madre por teléfono
para contarle
que todas las noches
soñaba
con el vestidito azul de Judy Garland.

*

Es
difícil
horadar la tierra
con las manos
y buscar
a Kurt
entre las piedras y las lombrices
que nunca han visto el sol.
Cavar y cavar
con el estribillo de “All Apologies”
metido en lo más hondo de la cabeza.
Esos dibujos animados de cuando eras niño
tal vez eran propaganda subliminal del gobierno
y todos lo permitieron.
¿Ellos saben respirar en lo profundo?
¿Aquí abajo llega el calor incierto del resucitado?
¿Dónde van
los salmones
que subían
por el cauce rojo de tus sueños?
Los recuerdos
de toda la gente que ya no está,
yacen embalsamados
en los latidos incomprensibles de un bebé.
¡No hay futuro!
gritaban los Punks
de ojos enrojecidos
bajo una aurora conmovedora
que se destruía cada amanecer (...)
Millones y millones de kilómetros
para llegar
al centro de la tierra.
Todo es silencio.
No hay noticias de Kurt. 

*

George Bush
quería incluirte
en la lista de terroristas más buscados.
¿Qué número ocuparías?
Lo más probable
es que utilizaran para tu ficha personal
esa fotografía casi reciente
en la que miras a cámara
como si el mundo se estuviese yendo a la mierda
y no te importara lo más mínimo
y con gesto tranquilo
te ajustas
la estrecha corbata negra.
Desecharían
las fotos con sombrero,
porque no se apreciaría
el extraterrestre
que vive anudado a tu cuello.
Siempre fuiste un tipo peligroso,
un salteador de caminos
que se postraba a beber
en los arroyos contaminados de la elegía.
Hubieses dado tu alma
por ver a Nikita Kruschev paseando en un Lincoln descapotable por Disneylandia.
William S. Burroughs, incluso con algún error tipográfico,
pondrían tu nombre
en esa lista,
tal vez
entre
Sendero Luminoso
y el Partido de los Trabajadores de Kurdistán.


Roberto R. Antúnez, de Ovnis en la noche americana (La penúltima editorial, 2016).