martes, 17 de enero de 2012

REALITY SHOW by Trevor Kusuhara.


Había una fiesta electrónica en Tokio, y Jenny me insistió insoportablemente una semana previa para que la acompañase. Bien, fuimos allí, y pronto nos vimos rodeados de adolescentes y jóvenes igual que ella. Menos yo, porque ya estoy viejo y rezagado y mis distracciones vitales no van mas allá de un buen colchón y una taza de café.

Nada más llegar, sonaba un clásico de Erasure, a todo dar, a todo volumen. En la vereda de la entrada del local, una pareja de cabellos largos indistinguidamente sexuales, se estaban devorando a besos. Jenny estaba espléndida con su vestido blanco. Me tomó de la mano y me lanzó esa sonrisa hermosa y traviesa que me hizo pensar que tramaba algo malo.

Luces intermitentes y multicolores alumbraban nuestras caras y las caras de todos los jóvenes, bailando y frotándose. La vida en ese lugar era muy simple, bailar y frotar. Casi no podíamos ver nada por el humo de los cigarrillos, ni siquiera las caras definidas del dúo de Djs que estaban moviendo sus cuerpos como si tuvieran un anfibio adentrándose por sus cálidos culos.
Solamente pensaba en dos cosas: la primera era bebidas y la segunda era bebidas. Quería beber un rato, matar algunas neuronas y evacuar aquel campo de concentración nazi evolucionado.

—Sentémonos allá –dijo ella, soltando mi mano y señalando un asiento al fondo de la discoteca.

Fuimos allí, y al llegar sentí que olía a marihuana pura. Nada mal para comenzar. Supongo que lo más probable es que a los chicos de hoy no les importa la calidad les importa la cantidad. Luego llegaron algunas amigas de Jenny, me las presentó:

—Bueno, ésta es William, aquella es Joyce y ésta otra es Ana.

Me quedé sorprendido con el nombre de la primera, William. ¿Pero qué mierda pasa aquí? Le conté mi incertidumbre a Jenny en susurros:

—Recién se ha operado, aún no ha pensado en un nuevo nombre – Me contestó.

Lo irónico es que Willy tenía el trasero más grande de todo el local. Aquel culo podía hablar cualquier momento, y cuando eso pase, los chicos le van a dar duro contra la pista de baile.

Entonces pasó. Le estábamos dando como media hora a la cerveza, bueno, en realidad yo le estaba dando a la cerveza. Jenny solo toma whisky con agua, dice que es para no engordar y que es más saludable. Así que ella, mi-chica-toma-whisky-saludable se emborrachó y ya se había meado dos veces en los pantalones. Esas cosas suelen pasar. Las mujeres siempre traen sorpresas cuando pasan del nivel de sobriedad. Me llevé las manos al rostro. Y decidí que era hora de marcharse. Las amigas de Jenny, de alguna forma se emborracharon más temprano que ella y se fueron con el primer chico que las sacó a bailar.
Jenny, tenía el rostro inclinado y los ojos semiabiertos, parecía endemoniada. Miraba el suelo. Pensé en recriminarle lo de la meada de los pantalones por décima vez, ¡Por el amor de dios! ¡Ya somos grandes para estar orinándonos encima! Pero no fui capaz de ello. Y pensé en el Internet, en los libros, en escribir un libro en Internet, en los mensajes que mando a las editoriales. Luego ella puso sus ojos sobre mí:

— ¿Sabes por qué no te responden las editoriales?
—Realmente no lo sé, me he partido el culo escribiendo esa novela.
—Pobre de ti, amor. —dijo
— ¿Por qué no me responden las editoriales?
— ¡Porque sos feo y viejo y encima estas acabado! No sé qué hago con vos esta noche, debería escupirte en la cara y revolcarme con los chicos que me de la gana.
—Bien, ya has bebido suficiente, es hora de irnos.
—Yo no voy a ninguna parte. —gimió ella.
— Nena, escucha, estoy cansado de estas cosas. Vamos a casa.

La sujeté de los brazos.

— ¡Suéltame! ¡Mierda, déjame en paz, hijo de puta!

Le solté. Miré hacia los lados por si alguien estaba mirando mi reality show, todo el mundo bailaba. Resignado, di media vuelta, sin mirarle, y me dirigí a la puerta de salida.
Uno trata de ser buen chico y lo único que consigue es ver cómo una chica se mea en sus pantalones y te llama hijo de puta.
Salí a apretujones del local. Di a la avenida. La pareja de pelos largos estaba apoyada a un auto, estrujándose, les escucho jadeando frenéticamente. Lo están haciendo en la calle. El amor está sobrevalorado hoy en día. Di la vuelta en la esquina siguiente dirigiéndome al parqueo.
Entonces escuché que alguien corría detrás de mí, unos tacos femeninos estaban tintineando sobre la calle. Escuché mi nombre, Dios mío, es ella, Jenny, la borracha.

— ¡Josh! ¡Esperá!
Aceleré el paso, ella siguió corriendo, luego comencé a correr, fue cuando recibí un botellazo en la espalda. Caí instantáneamente al pavimento. Ella se me acercó.
— ¿Mi amor, estas bien?
No contesté.
—Perdón, no quería lastimarte, es que estabas caminando muy rápido.
— ¡Claro! —Grité— y tenías que estamparme un botellazo, ¿verdad?
—Tú tienes la culpa por dejarme sola en la discoteca. —Me dice en un tono tierno.
—Si mal no recuerdo, me dijiste que te deje en paz.
—O sea que si te digo que te tires desde un puente, ¿Lo harías?

Y allí vamos otra vez. Ella y sus contrapreguntas estúpidas que me quieren enredar.
Uno de estos días me va a matar.


Trevor Kusuhara


http://lanuevamierda.blogspot.com/