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lunes, 17 de abril de 2023

LA POESÍA COMO MATERIALIZACIÓN DE LA EXISTENCIA por PABLO MALMIERCA



El ya de por sí amplio universo literario de Vicente Muñoz Álvarez se ve agrandado por su último libro de poemas, La poesía es un arma que carga el diablo. Un libro que se caracteriza por hacer santo y seña de la Verdad como bandera de identidad; digo Verdad con mayúscula porque para el autor leonés queda claro que lo importante es hablar sin tapujos de las taras de nuestra sociedad: políticas, educativas, sociales, vitales e incluso las poéticas. Es difícil encontrar un o una poeta que se arriesgue, sin miedo a perder lectores o a ganarlos, a diseccionar el mundo que nos está tocando vivir de una manera tan clara, con un lenguaje directo, próximo al aforismo, que en un ejercicio de decantación cada vez mayor de su poesía ofrece la Verdad desnuda, vital, pero también social y política.

Nacho Escuín, en el prólogo que tan acertadamente ha titulado “Poesía contra la hipocresía”, en un guiño hacia el gran poeta ético del siglo XX, Claudio Rodríguez, dice: “… la honestidad «Siempre es un don» como diría Claudio Rodríguez, otro poeta de los de verdad, y al mismo tiempo una responsabilidad y una pesada carga que el poeta porta”. Con estos mimbres Vicente nos ofrece un tríptico que avanza desde los tiempos de la pandemia hasta las más recientes pérdidas de personas muy queridas para él: Rodrigo Córdoba y David González. En ocasiones, se ha etiquetado a la poesía de nuestro autor como autorreferencial, pero siempre va un paso más allá: tomando como centro su propia experiencia, a modo de microcosmos, la expande hacia el macrocosmos de nuestra experiencia vital, la de todos. Una visión que a muchos puede incomodar, pero que no nos debería dejar indiferentes a ninguno de nosotros.

El libro se abre con “Primavera sin luz”. Aquí la experiencia del confinamiento, que se define como: “días sin huella / lágrimas que anegan / nuestro corazón”, se hace más llevadera gracias al amor, que es visto como un grito de libertad frente a los hogares que en el libro se convierten en “celdas”, una experiencia que nos ha convertido en muertos en vida. En este lugar quiero marcar un espacio que nos define y en este libro se abre como hábitat necesario: el “entre”. Con este concepto me refiero al lugar que por ejemplo llena el amor entre dos personas o que se marca como muerte en vida o vida en la muerte en los siguientes versos: “yo estoy vivo / y vosotros / estáis muertos /… / o era al revés / yo estoy muerto / y vosotros / estáis vivos”. Sin embargo, esta visión que parece personal se abre hacia lo político y lo social, con críticas hacia el sistema que abocó a lo privado a la crisis y que nos confinó a todos en “celdas”. La solución la ofrece la dicotomía que marca la obra de Vicente, que no es otra que la ensoñación de la literatura frente a la desilusión de la vida. En este libro las antítesis, casi siempre relacionadas con el dos en el resto de su obra, se abren hacia el número tres, pues serán tres los elementos que ofrezcan estos juegos de opuestos: “… la desilusión / el desencanto / la angustia /… / el sosiego / la magia / la ensoñación”. Pero si hay una novedad formal destacable en este texto es la estructura del poema abierto; muchos de los poemas se cierran con un interrogativo que deja al lector y a la voz poética expectante por el futuro: “a ver / me pregunto / qué sale de ahí”; pero también como invitación ética a la acción, como en el poema “La conciencia es una enfermedad”: “hacer bien / las cosas / en la vida / … / y los demás / me pregunto / qué”. Esta apertura que enriquece al poema y a la propia poética del autor lanza el poema hacia el futuro lector creando ese “entre” al que me refería con anterioridad, se obliga al lector a contestar, aunque sea inconscientemente a esas preguntas, y ese movimiento ocupa ese lugar específico que existe entre las personas y que sólo la ética puede ocupar, un moveré que nos impele a actuar si es que todavía queda en nosotros algo de empatía por los demás. Esta empatía es otro de los temas fundamentales que gravitan sobre el libro; en “Remember” encontramos los siguientes versos, que la voz poética pone en boca de sus padres: “las becas / las ayudas / las prestaciones / las subvenciones / son para los que / las necesitan”. La acerada crítica sigue con referencias a la manipulación mediática en la que nos encontramos insertos, la mentira en la que vivimos instalados, el autor diferencia “la palabra” de “el ruido” en el poema “Reina el caos”. Encontramos frente a estas nuevas formas de poetizar lugares comunes en la poética de Vicente, como el desplazamiento de la voz poética respecto a su lugar en el mundo, ese sentimiento de no pertenencia que tantas veces se apunta en su poesía, en “Títeres”: “hay piezas en él (mundo) / que no encajan / seguramente yo /cuál es mi sitio”. Aparece una solución cercana al pensamiento libertario, anarquista, antisistema, fruto de esas mentiras y ese engaño continuo, en el poema “Presión”: “lo que te mete / el Sistema / en la sangre /y el corazón / qué daño hace”; sin embargo, hay soluciones como el amor, la ensoñación o la literatura que aparecen en forma de luz “disipando / las tinieblas”.

La segunda parte, “Bosque de Weir”, ahonda en la crítica política y social, que amplía hacia la poesía social y su función en la sociedad. Se abre este bosque con un poema foucaultiano, donde la metáfora de la casa como cárcel se hace extensible a los medios de control del estado, en este caso la escuela que aquí se identifica con “presidio” o “celdas”, donde “los curas” educaban con “las amenazas / los castigos / los deberes” . La voz poética se rebela contra ese sistema y el control que ejerce el “Poder”, se augura una sociedad “que agoniza / con distintos bozales” a causa del miedo. Una sociedad donde las personas nos hemos convertido en “la mercancía” que mueve el mercado libre. La única solución es ir contracorriente frente a, como nos dice el poema “Giallo”: “hipocresía / todos los colores de / la oscuridad”. Vivimos una distopía en la que el “deber / como poeta / es contarlo”, por tanto, poesía de denuncia, que como dice el libro es su deber denunciar “lo injusto y aleatorio / de cada sistema”. Frente a la hipocresía del positivismo impostado “rebelarse contra / un sistema de Poder / o contra todo / sistema de Poder / sin ataduras”. Incide en la vacuidad de las formas de relacionarnos por medio de las redes sociales donde todo es impostura, por ello el lugar del poeta es “al filo de la navaja / bajo el volcán/ … / frente a la mansedumbre / contra el adoctrinamiento / frente a la conformidad”. Siempre hay esperanza frente al adoctrinamiento que se define como “pienso / para las bestias”. Termina esta segunda parte con un claro “dejadnos ser” que defiende el individualismo como solución, “tierra de nadie / mi único reino”; ese “entre” como único lugar donde el individuo se puede desarrollar fuera de manipulaciones y mentiras.

Se cierra el libro y este tríptico con “La poesía es un arma que carga el diablo”. Vicente mete el dedo en la llaga de la poesía, plantea dos caminos “para evadirnos / para anestesiarnos / para complacer “; o bien “para conocernos / para interrogarnos / para comprender”. Tampoco se olvida de los críticos literarios que tantas carreras han cercenado con sus valoraciones. Sin olvidar a todos los poetas anónimos que el canon ha dejado de lado. Para ofrecernos su propia poética donde la vida y la poesía se confunden, una poesía de la luz que “ilumina / o abrasa”, con sus exigencias y sus dudas, que pueden llevar al artista a su propia destrucción; en el poema “Cómo puede destruir el arte los artistas” leemos: “cómo se aíslan / obsesionan / y distorsionan / sus vidas / hasta / la extenuación / y el caos / por qué “. Como dije al principio, en esta parte se habla de los amigos desaparecidos, de aquellos que en otras ocasiones Vicente ha denominado “perros de lluvia”, David González y Rodrigo Córdoba, que aquí tienen su merecido homenaje.

Debo señalar que este libro además de expandir la poética de Vicente Muñoz Álvarez con el uso de poemas abiertos y la ampliación de las antítesis hacia el número tres, se caracteriza por la creación de ese lugar “entre” que todos deberíamos buscar y que nos podría definir en lo personal, “ese lugar / dentro de mí / que lo ilumine todo ”, ese poema, “la trinchera / y la guerra / la sangre / y el corazón / justo en el medio / el poema”. Pues esa es la búsqueda de este libro de poemas que, aunque nos ofrezca una crítica feroz de lo político, lo social, lo literario, lo humano, no es más que una búsqueda de la luz, de esa esperanza que nos permita seguir sobreviviendo a un mundo hostil, y como dice la voz poética “sigo caminando / aunque no sepa / hacia dónde / al amanecer “.

Pablo A. García Malmierca,
Aldealengua, 9 de abril de 2023.



domingo, 2 de abril de 2023

NO HAY LUGAR EN ESTE MOMENTO PARA LA DISIDENCIA



"No hay lugar en este momento para la disidencia"

Vicente Muñoz logra con ‘La poesía es un arma que carga el diablo’ su libro más político, una crítica sin metáforas de la sociedad distópica que nos ha tocado vivir.

Joaquín Revuelta /La Nueva Crónica /22/03/2023

Todavía reciente la publicación de ‘Regresiones’ (Editorial LcLibros 2022), una edición corregida y ampliada de su emblemático libro de 2015 publicado por Lupercalia, que además de ser una novela autobiográfica es también una crónica del León subterráneo y alternativo de los años ochenta que vivió una verdadera eclosión cultural, Vicente Muñoz regresa al terreno poético con ‘La poesía es un arma que carga el diablo’ (Editorial LcLibros 2023), que cuenta en el prólogo y en el epílogo con las firmas de Nacho Escuín y Gsús Bonilla, está dedicado al poeta recientemente fallecido David González y reúne la producción poética de Muñoz desde la pandemia hasta hoy. Sobre la alternancia de géneros literarios que encontramos a menudo en sus frecuentes incursiones en el mundo editorial y la distinta repercusión que sus libros pueden llegar a tener en el público, el poeta, escritor, editor y gestor cultural es consciente del carácter minoritario que siempre ha tenido la poesía, «aunque esa minoría que lee poesía es bastante más fiel que la del resto de los géneros», asegura Muñoz, que se considera en general un autor poco comercial, «escriba lo que escriba», al que nunca le han preocupado demasiado las ventas. «Como autor de poesía, tengo mi puñado de lectores y la verdad es que me he sentido siempre por encima de todo poeta. Mis textos en prosa son a veces muy poéticos. En ocasiones no sé muy bien qué formato elegir a la hora de expresarme, porque me manejo más o menos fluidamente en todos y depende del mensaje que quieras transmitir utilizas uno u otro formato. A mí me gusta mucho la hibridación de géneros. De hecho no es la primera vez que combino en el mismo libro, como por ejemplo en ‘Días de ruta’, poesía y prosa. Hay gente que me dice que mi prosa es muy poética, que mi poesía es muy narrativa, y yo creo que esto es porque soy un escritor todo terreno que me manejo más o menos bien en cualquier género y según el mensaje que quiera transmitir opto por uno u otro formato».

Como creador reconoce que le gusta simultanear todos estos registros. «No suelo estar nunca centrado en un solo libro. Yo soy un escritor autobiográfico, y entonces mi literatura se va formando a medida que voy viviendo, por decirlo de alguna manera. En un periodo de dos o tres años estuve escribiendo dos o tres libros a la vez. Uno normalmente es en poesía, otro en formato narrativo y un tercero en formato de ensayo. Entonces voy acumulando material, que a veces cambia de uno a otro libro, etc, y llega un punto en que tengo el suficiente material de uno u otro estilo literario para montar un libro. Y ahí es donde decido qué selecciono, qué orientación le doy y hacia quién lo quiero dirigir y monto los libros. Muchas veces combino en el mismo libro prosa, poesía, pero normalmente siempre suelo estar trabajando en varios frentes a la vez. Ese es mi proceso de escritura».

En el prólogo de ‘La poesía es un arma que carga el diablo’, Nacho Escuín señala que «no es un poemario fácil», a lo que su autor quiere matizar que se refiere más bien al mensaje que transmite que al propio estilo. «No me gusta la poesía ni la literatura hermética y mi obra entera es perfectamente transparente», reconoce Muñoz, para quien esa dificultad está asociada a la temática que trata. «Desde la pandemia para aquí estamos viviendo en un mundo en el que nadie en este momento quiere ser crítico con la sociedad en que vivimos. Todo el mundo quiere ser políticamente correcto. La poesía social ha enmudecido. Este es un libro realmente muy político, donde yo me posiciono no hacia ningún bando en concreto sino contra todos los bandos en general. En este sentido es un libro de poesía social y de crítica hacia el sistema, hacia el poder, hacia el Gobierno actual. Más que difícil de leer, puede ser un libro molesto de leer para gente que sea políticamente correcta», declara el autor, descontento con los tiempos que estamos viviendo. «No me gusta que me controlen, no me gusta que me impongan lo que tengo que pensar, lo que tengo que decir y mucho menos todavía lo que tengo que escribir. Entonces en este libro yo me he mojado hasta el fondo a la hora de exponer cuál es mi punto de vista, sin decantarme por supuesto hacia ninguna orientación política porque soy un poeta que he criticado en mis libros, de una forma más o menos explícita o implícita, a todos los gobiernos que han pasado por este país. He criticado a los gobiernos de derechas, he criticado a los gobiernos de izquierdas, etc. Lo que pasa es que ahora estamos viviendo unos tiempos donde parece que la libertad de expresión se ha visto muy mermada. Cualquier cosa que se dice es susceptible de censura, de alguna manera. Hay que andar con pies de plomo hasta con el propio lenguaje, cosa que para un escritor y cualquiera que se maneje con el lenguaje y con las palabras pues es muy triste realmente. Y en este sentido es en el que se habla de un poemario difícil, pero más que difícil es un libro comprometido. Lo que tiene que hacer un poeta social en cualquier momento histórico, gobierne quien gobierne», sostiene Muñoz Álvarez, para quien el hecho de que la poesía social en estos momentos haya enmudecido es una manera de sugerir que se ha impuesto la autocensura por parte de los creadores. «Exacto. Eso es lo que yo opino y de hecho no es exactamente lo que yo opine sino que es exactamente la realidad. Es curioso que a lo largo de los cuarenta años de la democracia haya existido la poesía social, en momentos dependiendo de cómo se haya gobernado al pueblo, con más o menos intensidad, dependiendo de las injusticias, de las desigualdades económicas, sociales, etc, pero siempre ha existido poesía social. Desde la pandemia para aquí sin embargo los poetas sociales efectivamente han enmudecido o en todo caso han cambiado su discurso. Han pasado de escribir una poesía clara a escribir en todo caso una poesía hermética que encubre con metáforas la realidad que estamos viviendo. Y yo he sido testigo de esto, entre otras cosas porque me he movido toda la vida en círculos y con poetas colegas del gremio que han practicado este registro y que ahora o bien han dejado de practicarlo por autocensura, por miedo, porque no quieren quedar de políticamente incorrectos, o han simplemente cambiado su forma de escribir. Entonces han comenzado a cambiar la claridad anterior de sus poemas por un hermetismo que pueda de alguna manera disimularlo», sostiene Muñoz Álvarez.

El libro está dedicado al también poeta David González, fallecido recientemente y con el que Vicente Muñoz mantuvo una larga y estrecha relación de amistad, además de ser uno de los mejores representantes de esa poesía social que ahora brilla por su ausencia, por lo que este tributo en forma de libro trasciende lo meramente personal para ir a la esencia literaria. «La conexión entre David González y este libro existe al cien por cien. David González fue durante tres décadas mi compañero, uña y carne, tanto en poética como en ideología, como en la forma de entender el acto poético. La poesía de David y la mía es muy semejante. No tanto quizás en el estilo, que también, pero sobre todo en el fondo y en la forma, pues somos poetas autobiográficos, poetas realistas y utilizando una expresión que él mismo acuñó ‘poetas de no ficción’; es decir, poetas que utilizamos nuestra propia vida y el mundo que nos rodea para escribir poesía, sin necesidad de utilizar ni ficciones ni hermetismos que puedan de alguna manera distorsionar el mensaje de fondo que queremos transmitir. Yo estaba terminando este poemario cuando David ha fallecido y el libro está dedicado a él por varias razones, por identificarme cien por cien con su poesía, por reivindicar por supuesto su figura y su importancia como poeta y de alguna manera también por dar la cara un poco por la hipocresía del mundo en que vivimos. Él mismo se denominaba un ‘poeta maldito’, que tenía una obra inmensa, más de treinta poemarios publicados, y el ‘establishment’ no le permitió nunca acceder a los circuitos comerciales, a la editoriales, a los suplementos literarios canónicos, y sin embargo en el momento en que murió todos esos suplementos, todas esas editoriales, toda esa gente que en vida le ninguneó realmente por lo incómodo de su mensaje poético, ahora se ha lanzado a hacerle tributos, lo que tanto a mí como a amigos comunes nos ha parecido bastante patético y lamentable».

Sobre el título del libro, que tiene un cierto aire cinematográfico y no poca carga de profundidad, Vicente Muñoz reconoce que quiso jugar con dos conceptos. «Por una parte, como te estaba comentando, yo soy básicamente un poeta social y este libro es más social que los anteriores que he escrito, más comprometido que ninguno. Entonces utilicé los famosos versos de ‘la poesía es un arma cargada de futuro’, pero dándole una vuelta de tuerca porque a la vez que es un arma cargada de futuro –un arma para transformar de alguna forma la sociedad– también es un arma por supuesto para criticarla. La carga el diablo en el sentido de que las balas pueden ir dirigidas a ciertas dianas en concreto del poder, como es el caso, pero también en un doble sentido porque aparte de hacia dónde pueden dirigirse las balas hacia afuera, las balas, la pistola o la bomba puede explotar en las manos del propio poeta. Cómo ciertos escritores que se comprometen demasiado, que escriben una poesía incómoda, una poesía no complaciente, se han visto de alguna forma mediatizados y hundidos por su propia poética».

‘La poesía es un arma que carga el diablo’ es un libro que puede decirse que es la antítesis de ‘Regresiones’, la anterior publicación de Muñoz Álvarez. «De hecho son como la cara A y la cara B de la misma realidad. Yo escribí ‘Regresiones’, que es un libro digamos optimista, como un ejercicio de nostalgia y de rememorar los años posteriores a la dictadura, los primeros años de la democracia, la Transición, los años ochenta y noventa, donde existió una libertad creativa hoy en día impensable. Con este libro quise contrastar, porque este es un libro centrado en el aquí y en el ahora, que ha sido escrito en estos dos últimos años y que termina de hecho el día que falleció David hace un mes y medio. Y quiere contrastar de alguna manera aquella realidad que vivimos tan ilusionante, tan creativa, tan libre y tan intensa con este mundo tan distópico que estamos viviendo. Realmente una distopía que pasa por ser una democracia pero que para mí es una sociedad de censura y de control, la mayor que he vivido, pues la franquista no la sufrí porque era un niño, pero en los cuarenta años largos de democracia que llevo viviendo nunca había existido un momento de tal control del poder, de censura, de lo políticamente correcto y todo lo que se sale de ese canon es malo o está mal visto y hay que enterrarlo o ningunearlo. No hay lugar en este momento para la disidencia, que fue lo que precisamente ensanchó la época de la Transición».




lunes, 27 de marzo de 2023

LA POESÍA ES UN ARMA QUE CARGA EL DIABLO



El autor leonés presenta ‘La poesía es un arma que carga el diablo’. 
Prólogo de Nacho Escuín y epílogo de Gsús Bonilla

Diario de León / Pacho Rodríguez / 26 de marzo de 2023

«Mi principal diana soy yo mismo -mi enemigo íntimo, que diría Herzog- y siempre habrá balas y flechas para mí, aunque no quede nadie más sobre el plató». «Nunca he sido un escritor estrella, todo lo contrario. No lo he pretendido nunca, ni aunque lo quisiera ser lo hubiera conseguido, porque mi literatura no es comercial, no escribo novela histórica, erótica, romántica, de ficción ni de evasión, y siempre he sido un escritor para minorías». «No concibo mi vida sin leer, por supuesto, pero tampoco sin escribir, porque para mí la escritura es mi forma de ser y estar en la Tierra». Y así. Con todos ustedes, Vicente Muñoz Álvarez, leonés de 1966, que regresa ahora con un nuevo libro, en este caso de poesía, y que ha hecho de la literatura, su literatura, un fortín del que sale en su curiosa vida para encontrar el sustento, como él mismo simplifica, vendiendo zapatos.

Pero primero hablemos de su libro: La poesía es un arma que carga el diablo, con prólogo de Nacho Escuín y epílogo de Gsús Bonilla, y a la venta en LcLibros.

El propio autor explica el lugar al que el libro le ha llevado: «Como todos mis libros, al fondo de mí, siendo congruente con mi ética y mis principios. Vivimos un momento histórico extraño y distópico, sobre todo desde la pandemia, donde bajo la apariencia de sociedades democráticas estamos más controlados y mediatizados por los gobiernos que nunca. Se nos impone cómo tenemos que estar y pensar, lo que es políticamente correcto o no, lo que tenemos que decir y hacer, intentando reeducarnos y uniformarnos constantemente como individuos y sin dejar margen a la discrepancia y la libertad de expresión y de pensamiento, en función de los intereses del poder. Y contra esa dinámica y política me rebelo. De todo ello y más habla este libro, que para mí era necesario escribir. Siempre he sido crítico en mi escritura, y callarme precisamente en este momento no sería coherente conmigo mismo. Así que justamente a eso me ha llevado este libro: a ser fiel a mi poética y forma de entender la literatura y la vida», sostiene Vicente Muñoz.

El primer inciso tiene nombre propio en la figura del recientemente fallecido poeta asturiano David González, todo un francotirador de la palabra con halo de maldito y que tras muchas vicisitudes vitales había alcanzado un lugar de privilegiada lucidez. Este asunto es para Vicente Muñoz algo que supera lo literario y alcanza el nivel de la amistad eterna. Así, casi todo lo ultimísimo del leonés va dedicado a González. «Para mí, desde luego, David González es el mejor poeta de mi generación, además de mi compañero de versos y aventuras durante casi tres décadas. Él mismo se consideraba un escritor maldito, no reconocido en vida, ninguneado por el establishment y el canon, y no tuvo reparos en mostrar su lado salvaje y polémico, de ahí ese halo que comentas. Lo que sucede, como suele pasar con este tipo de escritores, es que ese halo legendario y excesivo suele empañar su obra, que es lo verdaderamente importante y lo que a la larga y de cara a los lectores queda. David era ante todo un Poeta, un escritor de casta, que vivía por y para la literatura, y todo lo demás es secundario y no debería ensombrecer su obra», relata.

De regreso a la obra de Vicente Muñoz, su análisis está cargado de reflexión, y eso que a la hora de escribir no se somete a dictámenes ni propios ni ajenos: «Mi poética y forma de entender la escritura es la autocrítica y la búsqueda, una vía de conocimiento y superación personal, y nunca he tenido reparos en desnudarme y hacerme preguntas, aunque me hieran, para intentar comprender qué hago aquí y hacia dónde deseo ir. Para mí la literatura, la que de verdad me interesa como lector y escritor, es un arma de transformación de la realidad, y debe cuestionar el mundo, tanto interior como exterior, para intentar hacerlo más habitable. Y eso solo se puede conseguir con un espíritu crítico y no desde la mansedumbre ni el adocenamiento», remarca, pero dejando claro que estas razones surgen en el conjunto de su forma de pensar y no en una actitud literaria impostada.

Por eso se puede extraer ese acertado «sobre la marcha» al que alude cuando indica que «soy un escritor autobiográfico, que escribe según lo que va viviendo, y no suelo planificar demasiado mis libros. Este en concreto lo comencé a escribir durante el confinamiento, donde se nos privó de la noche a la mañana de todas nuestras libertades y derechos, y describe el proceso de transformación social que se ha impuesto subliminalmente desde entonces hasta el día de hoy, donde apenas hay lugar para la disidencia, y el espíritu crítico, que hasta ahora era indispensable para cualquier pensador, se considera políticamente incorrecto y subversivo».

A vueltas también con el supuesto éxito, Muñoz Álvarez tiene claro que «nunca me ha interesado tampoco la farándula y las servidumbres que implica ese modo de vida, éticas, sociales y políticas, sino el acto creativo y el oficio de la escritura en estado puro. Para mí la literatura es algo sagrado y tiene que ser fiel a mi filosofía y forma de entender el mundo, y nunca he estado dispuesto a venderme en este terreno. Ya lo hago a diario, para ganarme la vida, con otro trabajo, vendiendo calzado, que es lo que me da de comer, pero no con la literatura, que es mi Santo Grial y debe ser innegociable y auténtica, guste o no, venda o no, tenga o no tenga repercusión y éxito».

Si hubiera que definir a Vicente Muñoz por lo que le mueve como consumidor de cultura, algo que le interesa tanto como crearla, él mismo es el mejor guía: «En primer lugar, los libros que mis colegas del gremio me envían casi a diario, que son muchos y acaparan gran parte de mis lecturas. Afortunadamente, he sido y sigo siendo testigo de la literatura de mis contemporáneos, en parte por mi trabajo como antólogo y gestor cultural, y también por el blog literario que gestiono desde hace quince años, Hank Over, donde doy cuenta de todo ello. Y en segundo lugar, cuando me queda tiempo, en la literatura que me sigue interesando, la que cuestiona el mundo en que vivimos, hace preguntas y da respuestas, sean o no acertadas y correctas. De los beat a Castaneda, grandes maestros y mentores para mí, pasando por Thomas Bernhard, Céline, Henry Miller, Carver, Varlam Shalámov (cuyos Relatos de Kolimá convendría leer más que nunca ahora), Sartre, Camus, Huxley, Lowry, etcétera, etcétera.

La mejor forma de conocer a Vicente Muñoz es leerle y vislumbrar su destino. Si tuviera que definir su edad poética lanza una especie de órdago: «En la Edad de Hierro, imagino: más afianzado que nunca en mis principios y filosofía», asevera.




sábado, 18 de marzo de 2023

LA POESÍA ES UN ARMA QUE CARGA EL DIABLO: Prólogo.




POESÍA CONTRA LA HIPOCRESÍA

Es difícil no vincular la poesía de Vicente Muñoz Álvarez, dada su temática, a aquello que algunos impostan y muy poco tienen: la honestidad. “Siempre es un don”, como diría Claudio Rodríguez, otro poeta de los de verdad, y al mismo tiempo una responsabilidad y una pesada carga que el poeta porta.
Vicente Muñoz Álvarez es un poeta radical, un poeta de verdad, y rompe el lenguaje si eso va a generar el efecto que desea. Tiene a su servicio unos cuantos años de oficio poético y un sinfín de lecturas que van de la mejor literatura beat al realismo más descarnado.

Conocí a Vicente Muñoz a través de otro poeta fascinante, David González, que nos acaba de dejar huérfanos de poesía y realidad, y aún recuerdo esos poemas recitados como balas contra todo aquello que o no le gustaba o no podía soportar. Es algo más que una estética que ambos comparten, por supuesto, se trata también de una sensibilidad excepcional y que en ocasiones los deja desprovistos de todo abrigo ante el frío y los disparos de los otros.

Vicente Muñoz Álvarez es un poeta extraordinario, de los que cada vez hay menos, y ha tomado un camino, seguramente, más complejo pero mucho más interesante y ético. Cada vez que me pongo ante uno de esos poemas, cortados los versos, en ocasiones, como si fueran aforismos, no puedo hacer más que cerrar los ojos y querer ser exactamente como él: alguien importante que todo lo que dice es desde la verdad.

Este, amigo lector, no es un poemario fácil. Se trata prácticamente de una confesión. Es posible que en estos tiempos en los que nadie quiere mojarse demasiado, la lectura del libro pueda parecer rotunda y contestataria. Y lo es, por supuesto que lo es.

Puedo aseverar que en este libro no hay menos compromiso que el de grandes como Celaya, Machado, Blas de Otero o Miguel Labordeta. Y ese compromiso es también con el lenguaje y la búsqueda de las palabras justas. Eso hacen los buenos poetas, retiran todo aquello que sobra en el poema para dejarlo en lo esencial, en aquello que de verdad define una vida.

Pronto tomará de nuevo la carretera y recorrerá España observando atento todo lo que sucede en todos los lugares que va a visitar. Con un poco de suerte nos lo encontraremos o veremos esto mismo desde sus propios libros (ya publicados y los que han de llegar).

Nada tiene más fuerza que la verdad y la verdad es mirar de frente a la vida y afrontar todo lo que venga con valentía y sin perder nunca el verdadero objetivo: ser un poeta por encima de todas las cosas y un individuo que da ejemplo cada vez que abre la boca.

Quizá un día nos lo crucemos en nuestras vidas o caiga en nuestras manos una de estas joyas. Mientras tanto lo que nos queda es pensar en estos poemas como balas que no rehúyen un posicionamiento político ni buscan ser blandos o muchas cosas a la vez.

A mí lo que me queda es intentar parecerme un poco a él, y ser así: honesto, radical y un pedazo de poeta.

Nacho Escuín, 
prólogo a La poesía es un arma que carga del Diablo,
de Vicente Muñoz Álvarez

Ya a la venta en LcLibros:


Booktrailer:


domingo, 5 de marzo de 2023

LA POESÍA ES UN ARMA QUE CARGA EL DIABLO: Ya a la venta en LcLibros.



Conocí a Vicente Muñoz a través de otro poeta fascinante, David González, que nos acaba de dejar huérfanos de poesía y realidad, y aún recuerdo esos poemas recitados como balas contra todo aquello que o no le gustaba o no podía soportar. Es algo más que una estética que ambos comparten, por supuesto, se trata también de una sensibilidad excepcional y que en ocasiones los deja desprovistos de todo abrigo ante el frío y los disparos de los otros.

Vicente Muñoz Álvarez es un poeta extraordinario, de los que cada vez hay menos, y ha tomado un camino, seguramente, más complejo pero mucho más interesante y ético. Cada vez que me pongo ante uno de esos poemas, cortados los versos, en ocasiones, como si fueran aforismos, no puedo hacer más que cerrar los ojos y querer ser exactamente como él: alguien importante que todo lo que dice es desde la verdad.

Este, amigo lector, no es un poemario fácil. Se trata prácticamente de una confesión. Es posible que en estos tiempos en los que nadie quiere mojarse demasiado, la lectura del libro pueda parecer rotunda y contestataria. Y lo es, por supuesto que lo es.

Puedo aseverar que en este libro no hay menos compromiso que el de grandes como Celaya, Machado, Blas de Otero o Miguel Labordeta. Y ese compromiso es también con el lenguaje y la búsqueda de las palabras justas. Eso hacen los buenos poetas, retiran todo aquello que sobra en el poema para dejarlo en lo esencial, en aquello que de verdad define una vida.

Nacho Escuín

Ya a la venta en LcLibros:


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LA POESÍA ES UN ARMA QUE CARGA EL DIABLO: Booktrailer.

martes, 28 de febrero de 2023

LA POESÍA ES UN ARMA QUE CARGA EL DIABLO: Portada.



En un par de semanas saldrá a la venta en LcLibros mi nuevo poemario, La poesía es un arma que carga el diablo, con prólogo de Nacho Escuín y epílogo de Gsús Bonilla, y esta será la portada.

Tengo, además, el honor de abrir la colección de poesía de LcLibros con este título, un poemario de 206 páginas, que reúne mi producción poética desde la pandemia hasta aquí, y cuenta lo que ha pasado y nos han hecho, cómo ha cambiado y en qué se ha convertido el mundo, con el estilo crítico y conciso que me caracteriza.

157 poemas inéditos dedicados a mi hermano de carretera y poesía David González y al oficio de la escritura, don y maldición a la vez, y mi corazón, como siempre, al desnudo, para el que quiera escucharlo.

Vicente Muñoz Álvarez