lunes, 27 de marzo de 2023

LA POESÍA ES UN ARMA QUE CARGA EL DIABLO



El autor leonés presenta ‘La poesía es un arma que carga el diablo’. 
Prólogo de Nacho Escuín y epílogo de Gsús Bonilla

Diario de León / Pacho Rodríguez / 26 de marzo de 2023

«Mi principal diana soy yo mismo -mi enemigo íntimo, que diría Herzog- y siempre habrá balas y flechas para mí, aunque no quede nadie más sobre el plató». «Nunca he sido un escritor estrella, todo lo contrario. No lo he pretendido nunca, ni aunque lo quisiera ser lo hubiera conseguido, porque mi literatura no es comercial, no escribo novela histórica, erótica, romántica, de ficción ni de evasión, y siempre he sido un escritor para minorías». «No concibo mi vida sin leer, por supuesto, pero tampoco sin escribir, porque para mí la escritura es mi forma de ser y estar en la Tierra». Y así. Con todos ustedes, Vicente Muñoz Álvarez, leonés de 1966, que regresa ahora con un nuevo libro, en este caso de poesía, y que ha hecho de la literatura, su literatura, un fortín del que sale en su curiosa vida para encontrar el sustento, como él mismo simplifica, vendiendo zapatos.

Pero primero hablemos de su libro: La poesía es un arma que carga el diablo, con prólogo de Nacho Escuín y epílogo de Gsús Bonilla, y a la venta en LcLibros.

El propio autor explica el lugar al que el libro le ha llevado: «Como todos mis libros, al fondo de mí, siendo congruente con mi ética y mis principios. Vivimos un momento histórico extraño y distópico, sobre todo desde la pandemia, donde bajo la apariencia de sociedades democráticas estamos más controlados y mediatizados por los gobiernos que nunca. Se nos impone cómo tenemos que estar y pensar, lo que es políticamente correcto o no, lo que tenemos que decir y hacer, intentando reeducarnos y uniformarnos constantemente como individuos y sin dejar margen a la discrepancia y la libertad de expresión y de pensamiento, en función de los intereses del poder. Y contra esa dinámica y política me rebelo. De todo ello y más habla este libro, que para mí era necesario escribir. Siempre he sido crítico en mi escritura, y callarme precisamente en este momento no sería coherente conmigo mismo. Así que justamente a eso me ha llevado este libro: a ser fiel a mi poética y forma de entender la literatura y la vida», sostiene Vicente Muñoz.

El primer inciso tiene nombre propio en la figura del recientemente fallecido poeta asturiano David González, todo un francotirador de la palabra con halo de maldito y que tras muchas vicisitudes vitales había alcanzado un lugar de privilegiada lucidez. Este asunto es para Vicente Muñoz algo que supera lo literario y alcanza el nivel de la amistad eterna. Así, casi todo lo ultimísimo del leonés va dedicado a González. «Para mí, desde luego, David González es el mejor poeta de mi generación, además de mi compañero de versos y aventuras durante casi tres décadas. Él mismo se consideraba un escritor maldito, no reconocido en vida, ninguneado por el establishment y el canon, y no tuvo reparos en mostrar su lado salvaje y polémico, de ahí ese halo que comentas. Lo que sucede, como suele pasar con este tipo de escritores, es que ese halo legendario y excesivo suele empañar su obra, que es lo verdaderamente importante y lo que a la larga y de cara a los lectores queda. David era ante todo un Poeta, un escritor de casta, que vivía por y para la literatura, y todo lo demás es secundario y no debería ensombrecer su obra», relata.

De regreso a la obra de Vicente Muñoz, su análisis está cargado de reflexión, y eso que a la hora de escribir no se somete a dictámenes ni propios ni ajenos: «Mi poética y forma de entender la escritura es la autocrítica y la búsqueda, una vía de conocimiento y superación personal, y nunca he tenido reparos en desnudarme y hacerme preguntas, aunque me hieran, para intentar comprender qué hago aquí y hacia dónde deseo ir. Para mí la literatura, la que de verdad me interesa como lector y escritor, es un arma de transformación de la realidad, y debe cuestionar el mundo, tanto interior como exterior, para intentar hacerlo más habitable. Y eso solo se puede conseguir con un espíritu crítico y no desde la mansedumbre ni el adocenamiento», remarca, pero dejando claro que estas razones surgen en el conjunto de su forma de pensar y no en una actitud literaria impostada.

Por eso se puede extraer ese acertado «sobre la marcha» al que alude cuando indica que «soy un escritor autobiográfico, que escribe según lo que va viviendo, y no suelo planificar demasiado mis libros. Este en concreto lo comencé a escribir durante el confinamiento, donde se nos privó de la noche a la mañana de todas nuestras libertades y derechos, y describe el proceso de transformación social que se ha impuesto subliminalmente desde entonces hasta el día de hoy, donde apenas hay lugar para la disidencia, y el espíritu crítico, que hasta ahora era indispensable para cualquier pensador, se considera políticamente incorrecto y subversivo».

A vueltas también con el supuesto éxito, Muñoz Álvarez tiene claro que «nunca me ha interesado tampoco la farándula y las servidumbres que implica ese modo de vida, éticas, sociales y políticas, sino el acto creativo y el oficio de la escritura en estado puro. Para mí la literatura es algo sagrado y tiene que ser fiel a mi filosofía y forma de entender el mundo, y nunca he estado dispuesto a venderme en este terreno. Ya lo hago a diario, para ganarme la vida, con otro trabajo, vendiendo calzado, que es lo que me da de comer, pero no con la literatura, que es mi Santo Grial y debe ser innegociable y auténtica, guste o no, venda o no, tenga o no tenga repercusión y éxito».

Si hubiera que definir a Vicente Muñoz por lo que le mueve como consumidor de cultura, algo que le interesa tanto como crearla, él mismo es el mejor guía: «En primer lugar, los libros que mis colegas del gremio me envían casi a diario, que son muchos y acaparan gran parte de mis lecturas. Afortunadamente, he sido y sigo siendo testigo de la literatura de mis contemporáneos, en parte por mi trabajo como antólogo y gestor cultural, y también por el blog literario que gestiono desde hace quince años, Hank Over, donde doy cuenta de todo ello. Y en segundo lugar, cuando me queda tiempo, en la literatura que me sigue interesando, la que cuestiona el mundo en que vivimos, hace preguntas y da respuestas, sean o no acertadas y correctas. De los beat a Castaneda, grandes maestros y mentores para mí, pasando por Thomas Bernhard, Céline, Henry Miller, Carver, Varlam Shalámov (cuyos Relatos de Kolimá convendría leer más que nunca ahora), Sartre, Camus, Huxley, Lowry, etcétera, etcétera.

La mejor forma de conocer a Vicente Muñoz es leerle y vislumbrar su destino. Si tuviera que definir su edad poética lanza una especie de órdago: «En la Edad de Hierro, imagino: más afianzado que nunca en mis principios y filosofía», asevera.




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