miércoles, 18 de mayo de 2016

PARIS ERA SU COÑO por MANUEL MOLINA




París era su coño,
mi lengua como una guadaña
que segaba la luna del Sena.
Mi lengua dándote los cuartos menguantes,
cuando en las bajas mareas menguabas con mi lengua,
y mi lengua era un corazón salivado con boina y anteojos.

Mi lengua en París.
Mi lengua afrancesada,
lamiendo champaña en el museo,
restaurando la vagina de la ‘Venus sin manos`.

Mi lengua maldiciendo el Motín de Aranjuez,
y todo lo que significa,
lamiendo las heridas de Pepe Botella,
el día que volvió con la bandera entre las piernas.

Mi lengua lamiendo la guillotina,
mi lengua afilada lanzando gargajos
como proclamas en la torre de la bastilla
por una Francia libre de babosos.

¡_________,________,________ !
(rellene estos tres espacios como considere),

Mi lengua lubricando a las masas,
que lamían las escaleras de Montmartre,
tras una noche paladeando botellas de Ricard.

Mi lengua bohemia recitando a Rimbaud,
después de lamer el opio de Verlaine,
mezclado con helado de grosellas,
como en un musical de franceses serios.

París era su coño.
Mi lengua como una góndola,
bajando el flujo del Sena
hasta llegar al reposo: la orilla,
los jardines del palacio de Versalles.

Mi lengua fuera,
entrando victoriosa por los arcos del Triunfo,
como los republicanos de la Novena,
al liberar París de los bocas secas nazis,
toda la resistencia con la lengua fuera,
haciéndole burla al fascismo.

Saludo a las vírgenes de Orleans.
Lamo los croissants de las panaderas,
recién horneaditos para el pequeño desayuno.

Los hijos de la campiña
lamen las cerraduras de Palacio,
para que entren sus sueños y sus inviernos.

El hombre blanco aristócrata lame la declaración
de sus nuevos derechos universales, mientras una mujer negra,
escupe mantequilla en sus leotardos normandos de franela.

La lengua de un argelino
golpea los labios de una pequeño- burguesa,
y le roba un tequiero y la plusvalía
y los periódicos de los salones y el olor de la colonia.

Las musas deberán estar deshidratadas.

Los feriantes de ganado,
llegando a París cada 5 años,
sacan sus lenguas a las jóvenes de la Sorbona,
pero acaban lamiendo el sexo de sus reses,
hasta llegar al orgasmo de la vaca:
el rostro de una conocida firma de quesos.

Las lenguas en Moulin Rouge alborotadas,
todo el mundo sabe lo que pasa
cuando hay una cámara grabando.

La lengua del poeta hispanoamericano,
lame las tiza en el suelo que dejó la 'Rayuela'
para poder escribir otra nueva novela definitiva.

Saludo a las gárgolas con sus clítoris de piedra
y su orgasmo decadente de media luna.
Las gárgolas lamiendo las heridas de Dios
como mi lengua lame esta ciudad.
Mi lengua anunciando que Dios ha muerto
cuando los poetas hacen chin-chin en las buhardillas

y lamen los últimos sorbos de Moët & Chandon.

La ciudad está lúbrica de versos,
algunos hombres y mujeres libres
lamemos los días de gloria que al fin llegaron.

Las campanas de Notre Dame lamen el nuevo día.

París abre las piernas,
mi lengua resucita,
mi lengua hecha hombre,
emerge desde el sepulcro,
de mi boca de piedra
y dientes de marfil,
-traídos desde las colonias-.

Me relamo.
Al fin en París, al fin en su coño,
lamiendo esta ciudad.

Coño,
Soy Dios, soy poeta.
Soy la lengua de dios.


Manuel Molina, del blog Marqués de la ciénaga.