domingo, 13 de septiembre de 2015

AULLIDO POSTHUMANO por Pablo Paniagua.




Y me trepo a lo más alto del árbol más alto de Weblandia para dar mi último aullido, como el de Allen Ginsberg pero anunciando a otra generación el final de los tiempos:

“Yo escribo con balas de plata para ir directo a tu corazón, para dejar en él la impronta de mi fracaso. Yo soy la voz interior de un escritor, una voz que se escapó de un libro sin final, un libro infinito del cual ya me cansé, un libro que jamás se escribió; de ahí el origen de mi fracaso ante algo que es una idea inconclusa. Pero a pesar de todo estoy aquí, con este grito que será la expiación de todos mis pecados, sin olvidar, desde luego, que sólo soy una voz por ahora sin cuerpo. El alma sí la tengo, es esta energía que se manifiesta haciéndome escribir estas palabras de plata, tintura reflectante de mi realidad: La realidad de un fracasado.

Tengo la sospecha de que tú vienes aquí como un voyeur, para saber qué se esconde detrás de esta voz, cuál es su esencia y si te puedes reconocer en ella. Pero yo sólo vengo a decirte verdades, porque las mentiras competen exclusivamente a la especie humana. Ése es tu fracaso, mucho peor que el mío; ésa es tu pérdida como ser humano. ¿Vas a hacer algo por cambiar la Historia? ¿Acaso no ves cómo anda el mundo que habéis creado? ¿No me digas que estás satisfecho? Lo mío no es nada en comparación con lo tuyo, y aquí estoy para escupir mis balas de plata en tu corazón, para que muera dentro de ti ese ser despreciable y así puedas cambiar tu conciencia.

Y ahora, después de terminar de leer estas palabras, levántate del asiento, mírate en el espejo y comprobarás que no eres mejor que yo, esta voz que te habla, porque perteneces a la peor especie del Universo.

Después de mirar en el espejo ni siquiera lograste contemplar tu alma, tan sólo un rostro de carne y hueso, un cuerpo mortal, no como esta voz que flota en el espacio y vivirá por siempre, porque es tan inmaterial como la esencia de un alma que no se esconde dentro de nadie. Quizá ya empieces a ver la luz que se cuela por una rendija, por la corteza abierta de tu piel, justo ahí por encima de tus cejas, en la frente; quizá ya sientas su calor, quizá ya alcances a entender algo de lo que te digo. Pero primero es necesario que te des cuenta de tu fracaso, de otra forma no podré hacer nada por ayudarte porque ya estarás muerto para la gloria. Así es, muerto para la gloria y muerto para todo, porque lo que te espera ni siquiera lo imaginas, está por encima de los límites de tu razón humana, algo que se esconde detrás de la cortina de este mundo material que tanto amas. No hay nada si no crees en ello, y se esfuma antes de que lo hubieras intentado. Hoy es un gran día, no pierdas la oportunidad de conocerte un poco más, de mirar en tu interior para tratar de ver aquello que perdiste antes de haber nacido.

Ya te dije que estoy aquí para cambiar tu conciencia, para que dejes de ser como los demás, esa masa que puebla este planeta; para que cuando camines por las calles entre ellos sepas de tu diferencia, por tener en tu mente y en tus manos el poder para cambiar el mundo. Pero primero, ya sabes, tienes que empezar por dentro, por tus ideas y sensaciones, y así abandonar tu antigua manera engañosa de ver la realidad. Ya sé que no será fácil cambiar de un día para otro como por arte de magia, pero el tiempo, con su transcurso, te abrirá la visión clarividente del futuro; es el atributo que debes desarrollar, esa parte dormida: el arte de la intuición, el de sospechar saber qué pasará. Hasta los animales presienten la catástrofe cuando el humano no sabe ni lo que tiene bajo los pies, lo que se alza ante su vista más allá del horizonte, porque su visión es corta, demasiado corta.

En la mano tienes la semilla; mírala e imagina el árbol que está dentro de ella. Busca más allá del tiempo presente y encontrarás todas las respuestas. Ése es el punto de antes del punto de partida.
Todos vienen a la vida para cumplir su designio. Algunos a hacer el amor y otros para matar. Tú tienes la capacidad de decidir tu destino, para dejar de pertenecer a la especie de los asesinos. Mira la Historia de la Humanidad y verás su fracaso. Guerras, guerras y más guerras; sometimiento, mentiras, ansias de poder y envidia. ¿No te diste cuenta? El largo camino que se buscó ya llega a su final, y tú estás ahí, en medio de todo mirando sin hacer nada, con los brazos cruzados como una gran mayoría complacida ante semejante realidad. Por esa razón, ahora tienes que quitarte la marca de la frente, la marca del asesino que tienen programado para ti.

Todavía continúas sumido en esa oscuridad que te imprimieron, de la confusa especulación de los corazones de hielo a los que nada importa, de algo tan evidente que hiere a la inteligencia, que se acepta como un acto natural; y así están todos satisfechos ante ese algo que se cree no tiene solución. Es la complacencia inútil de los inútiles, es, a fin de cuentas, la esencia mezquina del humano.

Tengo balas de plata. Tengo balas de plata para tu corazón…

Si quieres que te diga la verdad, no creo que todavía hayas sido capaz de cambiar. ¿Y qué han hecho mientras tanto los dirigentes de las naciones de este planeta? ¿Planear la próxima guerra? ¿Seguir construyendo armas? ¿Seguir engañando a quienes gobiernan? Ellos no pierden el tiempo para alienarte, no lo olvides, juegan con ventaja sobre ti. Sólo espero que cuando comience la próxima guerra, la definitiva, no acudas en defensa de ninguna patria, porque tu patria está en ese corazón que no paro de atravesar con mis balas de plata. Tú no naciste para matar a tus semejantes, tú naciste, simplemente, para amar. Rechaza la guadaña que te será entregada, y no pierdas la poca dignidad que como humano te queda.

No pienses ahora que ésta es la voz de un profeta, porque no lo soy; sólo soy, en parte, tu conciencia perdida, ésa que te robaron antes de nacer todos tus antepasados y los antepasados de todos tus antepasados, los que construyeron este mundo de mierda, esta incivilización heredada por los que no fueron capaces de cambiar nada. Ellos, desde luego, no son como tú y como esta voz que te habla.

Recuérdalo siempre: Tú no eres ni serás un asesino.

Si ya crees fervientemente en ello ya dejaste de ser humano, ahora eres posthumano. Pero la cuestión no es tan fácil como parece por el simple hecho de haber decidido no ser un asesino y no formar parte del ejército que luchará en la guerra que se avecina. Mira a tu alrededor, ¿no te das cuenta de que perteneces a una minoría? Los posthumanos son muy pocos en comparación con aquéllos que elegirán la violencia, los que defenderán la patria de los impostores, los que lucharán por el dominio del planeta. Ahora eres un infiltrado, un cáncer para esa sociedad a la cual ya no perteneces por escapar del troquel de su alienación, por no pensar como todos y no seguir caminando por la raya que te marcan. De ello tienes que estar orgulloso, es un gran logro, no lo dudes, ya no eres un mediocre al servicio del poder.

Busca, busca y encontrarás; la huella está entre los pedregales de un camino difícil, casi imperceptible para los ignorantes; la hallarás si escuchas con atención el impacto de estas balas de plata en tu corazón. Entonces comenzará tu lucha, la definitiva y verdadera.

Esta Humanidad ha fracasado y camina hacia el ocaso. Las naciones están gobernadas por el poder del dinero, y sus ciudadanos en nada les importan. Este planteamiento no es subversivo, es la realidad. Te repito: mira hacia atrás y contempla la Historia. No habéis logrado nada y vuestro mundo va directo hacia la distopía, ahí es donde os llevan vuestros dirigentes. Sois, para ellos, un número nada más, una pieza dentro de un mecanismo productivo para llenar sus bolsillos. Y mandarán a sus gobernados como animales al matadero para luchar por su dinero, piezas de un macabro juego que ya están planeando. Al llegar ese momento debes saber rechazarlo, alejarte ahora en tus pensamientos y convicciones. La mentira y la coacción es su ideología, con ella someten a la Humanidad, y tú no serás cómplice de semejante engaño ni marioneta de nadie. Corta los hilos, corta los hilos…

Balas de plata, balas de plata para tu corazón; eso es lo que yo te entrego.

Sé que corremos peligro por pensar diferente, por creer en el amor y en la paz, esos valores que ahora son subversivos para ellos. ¿Cómo puedes creer en tus dirigentes cuando hacen la guerra, cuando desvirtuaron la verdad, cuando su moneda es la violencia? Muchos mueren de hambre y enfermedades mientras ellos siguen fabricando armas para el exterminio. Ya se ha dicho muchas veces: El hombre es el lobo del hombre.

¿Ves? Tú ya no eres así. Prométeme que no matarás a tus semejantes, que no serás como ellos. Ésta es la única vida que tienes para abrir la puerta, no pierdas la oportunidad de ver la luz que allí te espera. Nada es comparable con la dicha de saberse limpio, para encontrar la vida que se esconde detrás de su término. Ahí es donde inicia la conciencia ilimitada de la que ya estás formando parte. Tú vivirás por siempre, no lo olvides, en el recuerdo de esta Humanidad vencida y en los espacios infinitos de un lugar que está por encima del tiempo.

Mira las estrellas en una noche despejada y comprobarás la grandiosidad del Cosmos. ¿Cuánto hace que no las mirabas? Ya se perdió el contacto con la Obra de la Creación, con una naturaleza cada vez más cercana a su exterminio. Al menos la mano del hombre no llega a los astros para mancillarlos como hacen con su planeta. La Humanidad es mucho peor que una plaga de ratas en un hospital, que una guardería infantil repleta de cucarachas. El humano destruye su planeta día a día en aras de una prosperidad difusa, y nada le importa, la agresión continuará sin cesar hasta acabar con todo. ¡Qué más dará la herencia para sus descendientes! El hoy es lo único que importa mientras pisotean lo que encuentran a su paso. Crean leyes y más leyes, cuando transgreden las fundamentales, las impuestas por un juicio que escapa de su cognición.

Los humanos, como ves, sólo pueden apreciar el presente y siempre aferrados a la materia, a esos papeles de colores con los que pueden pagar todos sus caprichos, por los que incluso son capaces de matar. Amasar grandes cantidades de dinero es lo primordial, la ambición de una mayoría. ¡Qué poco vale la vida! ¡Esos papeles de colores son más valiosos que el llanto de un niño cuando muere de hambre!

Tú, al menos, ya no eres como ellos, eres posthumano. La diferencia es grande porque ya no perteneces a la especie más depredadora del Universo, la especie de los asesinos, los que matan a sus semejantes, los que pretenden acabar con la vida en su planeta. Ellos todavía no te reconocen porque exteriormente te perciben igual. Eres ahora un extraño en su mundo infame, esperando el momento de la redención. Tú lucharás por establecer las bases de un mundo diferente.

Los posthumanos algún día poblarán este planeta, ellos resurgirán de las cenizas de una civilización perdida y después de aprender la lección más dura y ante el ejemplo de la barbarie sucedida: de ríos de sangre, pestilencias y destrucción.

Los que hacen de este mundo lo que es, tienen el mismo valor que una mierda de perro pegada en la suela de tu zapato, porque ellos jamás verán la luz. Qué rían y disfruten mientras puedan, pues su tiempo es corto, tanto como el suspiro de quien encuentra la inmortalidad después de la muerte. ¿Qué sentido tendría la vida? Yo te digo que detrás de tu existencia material hay mucho más, pues de allí proviene esta voz que te habla. Ya te advertí que yo no miento, pues la mentira es un atributo de la especie humana. Algún día te darás cuenta de todo esto y lo verás tan claro para no ser capaz de dar macha atrás.

Esta voz vino a buscarte desde muy lejos, desde más allá de las estrellas, y todo para convencerte de que eres especial. Tienes el poder que yo te entrego, al menos para discernir el engaño que inunda este planeta. Es el presente lo que engendra el futuro, y cuando la semilla no es buena es imposible que el árbol y el fruto lo sean. Yo te enseñaré el árbol de la vida y de la muerte, la semilla ya la conoces. Mi mayor secreto ya fue develado. Piensa lo que quieras, da mil vueltas a esa idea y saca una conclusión. Es difícil de comprender, pues todo está y no está por escapar de una ley que compete a la materia. Es mucho más de lo que es y mucho menos que nada, pero siempre permanece por encima de todo, dentro y fuera de su energía inmaterial. Es como un pensamiento, como esta voz… ¿la vas a medir?, ¿osarías pesarla en una balanza? Entonces, ni siquiera te plantees dilucidar algo que está fuera de tu alcance. Todo es secreto cuando nada se comprende, no hay duda que se pueda esclarecer, no hay respuesta ante lo desconocido, y sólo debes creer a pesar de ese vacío. La vida es un laberinto con dos salidas: una hacia la oscuridad y otra hacia la luz. Es fácil de identificar los senderos, saber cuál de ellos debes seguir.

El ocaso de la Humanidad ya se acerca, y yo sólo tengo balas de plata para ti.”


Pablo Paniagua