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lunes, 6 de mayo de 2013
lunes, 25 de febrero de 2013
Esa ansiada letrina: Charles Bukowski en “Evergreen Review”, por Abel Debritto
El hasta ahora eterno director de Evergreen Review, Barney Rosset, aceptó este artículo el 1 de mayo de 2010. Al cabo de dos semanas, arguyendo que se había producido un “error de cálculo” por su parte, lo rechazaron y me dijeron que el plazo para el número de mayo ya había vencido. No tenía prisa alguna, así que les sugerí que lo publicasen cuando les fuera posible, pero la negativa era firme y me desearon suerte. Todo aquello me parecía muy turbio y, tras indagar un poco, averigüé que Rosset y los otros editores habían llegado a la conclusión de que el artículo podría ser “dañino” para la imagen y el legado de la revista. En un ejercicio de prudencia un tanto desmedido, se deshicieron de un artículo que ya habían aceptado. No me queda más que preguntarme si simplemente anduvieron con pies de plomo o si se trató de un traspiés del todo inevitable. Juzgad vosotros mismos.
Leer artículo en Revista de Letras
martes, 30 de octubre de 2012
lunes, 29 de octubre de 2012
jueves, 18 de octubre de 2012
La fórmula perfecta
Fotogalería de ilustraciones de Robert Crumb para relatos de Bukowski. La fórmula perfecta.
martes, 9 de octubre de 2012
lunes, 2 de julio de 2012
BUKOWSKI SOBRE BUKOWSKI
Escritos de un viejo indecente, Essex House, edición de bolsillo, 255 pp. con prólogo del autor. 1,95$. Escrito por Charles Bukowski, reseñado por CHARLES BUKOWSKI
La otra noche bebía con un amigo que dijo, o igual fui yo el que dijo: «Es terriblemente difícil que no te guste el olor de tu propia mierda.» Hablábamos de mirar nuestros zurullos después de una hazaña y sentirnos, de alguna manera, orgullosos de nuestro logro.
Bueno, con un comienzo así tendrán suficiente los escritorzuelos, los chicos de la hiedra venenosa, los chicos de las universidades de élite, así que se lo doy pronto para aplacarlos primero. Vamos a quitarnos de encima a los parásitos y a empezar a hablar como es debido. Ya he tenido suficientes pesadillas con la universidad y Creeley como para aguantar 44 vidas y vidas de ensueño venideras.
Vale. Kirby me envió un par de ejemplares de muestra. Así que uno saca el libro del buzón y lo mira.
Me acosté: me gustan las camas, creo que la cama es el invento más grande del hombre, la mayoría nacemos ahí, morimos ahí, follamos ahí, nos la machacamos ahí, soñamos ahí...
Yo soy más bien cascarrabias y descreído, así que me metí entre las sábanas donde me la meneo, solo, con la esperanza de que Kirby y Essex hubieran sacado lo mejor, aunque no sabía nada respecto de Kirby ni Essex House; sólo hablaba de mis experiencias con el mundo. Tío, hojeé el libro y lo habían dejado todo: los desvaríos, lo literario, lo antiliterario, el sexo, la falta de sexo, el saco entero de gritos y experiencias con todo lujo de detalle.
Fue un honor.
Me gusta el honor. Y estaba pulcramente presentado con una cubierta inmaculada: Escritos de un viejo indecente, 0115.
Me metí en la cama y leí mis propios relatos o lo que fueran y disfruté. Una vez he escrito un poema y lo releo, lo único que tengo es sensación de vómito y desperdicio. Y la gente me cita versos, tal cual, de poemas antiguos y no sé de qué demonios me hablan. Es como cuando me dicen cuando estoy en plena resaca: «Ahuyentaste a 23 personas de mi casa e intentaste follarte a mi mujer.»
Ya sabes, parece una enorme gilipollez.
Pero los relatos, mientras estaba tumbado en la cama, me gustaron mucho. Qué asco de comentario, ¿eh? Supongo que fue la espectral acumulación de experiencia entre las sábanas lo que me entrampó. Mientras leía los auténticos días y noches de mi vida me pregunté cómo era posible que siguiera vivo y coleando ahora.
¿Cuántas veces puede pasar un hombre por la trilladora y conservar la sangre, el sol estival dentro de la cabeza? ¿Cuántas celdas chungas, cuántas malas mujeres, cuántos cánceres diversos, cuántos pinchazos de rueda, cuántos tal o cual o tal o cual o tal?
Lo cierto es que leí mis propios relatos con un asombro natural, olvidándome de quién era, casi, casi, y pensé:
Hmmm, hmmm, este hijoputa sí que sabe escribir.
Recuerdo a otros escritores. Quedar muy decepcionado con Chéjov, G. B. Shaw, Ibsen, Irwin Shaw, Gógol, Tolstói, Balzac, Shakespeare, Ezra Pound y demás. Ellos, todos ellos, daban la impresión de anteponer la forma literaria a la realidad y el vivir la vida en sí. En otras palabras, o quizá más claramente, todos y cada uno de ellos se dignaban reconocer que la vida podía ser funesta pero eso estaba bien siempre y cuando pudieran apañárselas y contarlo a su particular manera literaria.
Lo que está bien. Si te gustan los jueguecitos.
Y creo que ahora los profesores se están dando cuenta de que los propios estudiantes están hartos de juegos.
Vale, volvamos a Escritos de un viejo indecente.
Al releerlos, relatos y fantasías, me parecieron maravillosos y llameantes. Pensé: joder, no ha habido un autor de relatos breves tan bueno desde Pirandello. Por lo menos desde entonces.
Es cutre decirlo, pero creo que merece la pena leer el libro. Y que las vírgenes bibliotecarias aún por nacer, dentro de 200 años, se correrán en las bragas de flores al reconocer la intensidad, después de que mi maldito cráneo mudo se haya convertido en un comedero de mierda para gusanos subnormales, ardillas y demás criaturas infernales.
Ah, otra cosa.
Dentro de diez años tu ejemplar de 1,95$ valdrá 25$. Y si vives lo suficiente y la Bomba no lo revienta todo, igual puedes pagar un mes de alquiler con el libro.
Hasta entonces, déjate los cojones leyendo yengulle y madura todo lo que puedas.
De 'Ausencia del héroe'
Extraído de El Cultural
jueves, 5 de enero de 2012
Bukowski antes de Bukowski
Paula Corroto en Público
La editorial Anagrama publica 'Ausencia del héroe', un volumen de ensayos y relatos inéditos en español que muestran la semilla literaria del escritor
De Charles Bukowski (1920-1994) uno puede pensar lo siguiente: realismo sucio, lenguaje obsceno, frase corta, improperios. Putas. Borrachos. Cerdos. O bien, puede bucear un poco más y hallar a un gran intelectual y crítico literario, un pacifista imbuido de dulzura y un acérrimo buscador del amor. Un defensor de los derechos de los animales ("Igual las corridas de toros no son precisamente correctas", escribió en el relato inédito hasta ahora ¡Ah, liberación, libertad, lirios en la luna!) e incesante fustigador de la violencia en la infancia.
Desgraciadamente, el riego de imitadores de Bukowski y el hecho de que las primeras traducciones de su obra en España fueran de su producción más descarnadamente sexual (y más mediática), ha ocultado parcialmente su imagen más afectada. Sólo ahora con la reciente publicación de parte de su poesía desconocida Visor editó en 2009 La gente parece flores al fin y del volumen Ausencia del héroe. Relatos y ensayos inéditos 1946-2002, que Anagrama lanzará en unos días, el lector puede acercarse a un escritor que, si bien tenía matrícula de honor en palabrería soez, también era capaz de ponerse cursi: "Paseaba y era como si llevara el sol en mi interior", según escribió acerca del enamoramiento en su columna Escritos de un viejo indecente (1974).
Precisamente, aunque su relación con la Generación Beat (Ginsberg, Burroughs, Kerouac, entre ellos), no era muy estrecha, según recuerda Iriarte, los lazos literarios son ineludibles. La frase corta, la fragmentación y la presencia continua del cuerpo son rasgos de la escritura en Bukowski y los Beat. La diferencia es que el autor de Mujeres era contrario al capillismo y por eso se permite algún que otro zarandeo a la obra beat, como hace en la reseña de Espejo vacío, de Allen Ginsberg ("se pone tan dulce como para que te entre dolor de muelas"), a pesar de que finalmente le redime: "Sin su paso ninguno estaríamos escribiendo tan bien como lo hacemos ahora".
"[Bukowski] se desnudaba para mostrar su vulnerabilidad, sus heridas, en un intento de recuperar por medio del amor lo que perdió en la infancia", resalta Calonne en el prólogo. De ahí las cursiladas de algunos de sus primeros relatos (y de los últimos) pasada ya la ebullición sexual del tipo duro. "Esa es la imagen que nos ha quedado, y también por la que resulta un escritor atractivo en la adolescencia. Pero es mucho más. Y estos relatos nos ofrecen la posibilidad de conocerle mucho mejor", resume Iriarte de esta nueva traducción. Un regalo más para los fans del escritor, que sigue ofreciendo su prolífico (e incesante) legado.
Desgraciadamente, el riego de imitadores de Bukowski y el hecho de que las primeras traducciones de su obra en España fueran de su producción más descarnadamente sexual (y más mediática), ha ocultado parcialmente su imagen más afectada. Sólo ahora con la reciente publicación de parte de su poesía desconocida Visor editó en 2009 La gente parece flores al fin y del volumen Ausencia del héroe. Relatos y ensayos inéditos 1946-2002, que Anagrama lanzará en unos días, el lector puede acercarse a un escritor que, si bien tenía matrícula de honor en palabrería soez, también era capaz de ponerse cursi: "Paseaba y era como si llevara el sol en mi interior", según escribió acerca del enamoramiento en su columna Escritos de un viejo indecente (1974).
"Muchas escenas aparecieron en obras posteriores", dice su traductor
"En estos relatos y ensayos que se publican por primera vez en español se puede ver muy bien la evolución estilística e ideológica del escritor. En realidad, muchas de las escenas son las originales que luego fue retocando para otras obras, por lo que aquí tenemos a un autor mucho más descarnado, confesional y sincero", comenta a este periódico Eduardo Iriarte Goñi, traductor del reciente libro de Anagrama y de otras obras bukowskianas como los poemarios Lo más importante es saber atravesar el fuego y ¡Adelante!. En los cuentos hay, en ocasiones, una imagen tierna, hasta cursi
Estamos, por tanto, ante un Bukowski sin máscara. En estos relatos, que en su día aparecieron en pequeñas publicaciones, y que si han sido recuperados ha sido por la ardua labor de olfateadores de la obra bukowskiana, se observa al escritor despojado de la pose rebelde que desarrollaría, sobre todo, en los sesenta y setenta. Este es un Bukowski seminal con una pluma que no se queda en la superficialidad de los temas que le preocupan, como puede suceder en Factotum, y que acude a lo esencial. Un escritor "capaz de lograr una sinceridad sin caricatura, cosa que no han logrado sus imitadores", añade Iriarte. De hecho, hay dos relatos en los que aparece por primera vez la semilla de su alter-ego, Henry (Hank) Chinaski: en 80 aviones no te dejan fuera de toda sospecha (1957) el protagonista es un tal Hank y en La razón detrás de la razón, la trama gira, curiosamente, en torno a un hombre apellidado Chelaski. Denuncia de los abusos
Es un Bukowski sin máscara, despojado de su imagen de tipo duro y rebelde
La sinceridad de Bukowski consigo mismo queda plasmada en los cuentos La historia del violador y ¡Ah liberación, libertad, lirios en la luna!. La biografía del escritor señala con crudeza los abusos que sufrió durante su niñez por parte de su padre. De hecho, en numerosas obras ha tratado este amargo episodio de su vida lleno de palizas, gritos y alcohol. No obstante, en estos dos relatos hay una denuncia tangible de la violencia hacia los niños. En el primero, escrito en 1952 (tres años antes que Lolita, de Nabokov, según reconoce en el prólogo David Stephen Calonne), el protagonista es acusado de violar a un niña. Cierto es que hay algunas escenas explícitas ("Ya lavo yo al gusano", dijo la pequeña, y agarró otra pastilla de jabón y se puso a frotar (...) "Eh, está creciendo", gritó la niña, "¡se está haciendo enorme"), pero su tesis final es el rechazo absoluto hacia un acto indiscriminado tan atroz. En el segundo relato, la denuncia del maltrato hacia los niños es mucho más evidente. Además, Bukowski se permite el lujo de vapulear a los que se creen moralmente superiores por el mero hecho de exigir su dignidad en grupo: "¿Se te ocurre algún otro grupo con menos derechos que los niños? Se los maltrata, se los escolariza, se los deja a un lado (...) Mientras exiges libertades, lo esclavizas todo (...) ¡Maldito cerdo fascista!".Paz y amor
El nihilismo que aflora en ocasiones en el escritor, conocido seguidor de las tesis de Nietzsche (llevó a rajatabla eso de fustigarse en el proceso creativo), deja paso en ocasiones a un curioso idealismo dickensiano. En el cuento Es difícil vender la paz, tío, el escritor reflexiona sobre la persistencia de la guerra hasta en las acciones más cotidianas del ser humano. Como si fuera imposible evitarla. Como si, prácticamente, estuviera en nuestro ADN. Pero el planteamiento del escritor es no dejarse llevar por lo inevitable.El nihilismo del escritor deja paso al idealismo de la contracultura
Como sostiene David Stephen Calonne, Bukowski se quita la careta del macarra y abraza el paz y amor contracultural: "Es hora de milagros mayores y mejores y de hablar de ellos, de ver cómo hemos andado errados durante tanto tiempo..., esto es un comienzo, no una súplica. La paz no suplica nada salvo cumplirse", escribe. En los años sesenta, hasta Buwkoski creía que después de la bomba atómica era hora de parar de una vez con la escalada de violencia.Precisamente, aunque su relación con la Generación Beat (Ginsberg, Burroughs, Kerouac, entre ellos), no era muy estrecha, según recuerda Iriarte, los lazos literarios son ineludibles. La frase corta, la fragmentación y la presencia continua del cuerpo son rasgos de la escritura en Bukowski y los Beat. La diferencia es que el autor de Mujeres era contrario al capillismo y por eso se permite algún que otro zarandeo a la obra beat, como hace en la reseña de Espejo vacío, de Allen Ginsberg ("se pone tan dulce como para que te entre dolor de muelas"), a pesar de que finalmente le redime: "Sin su paso ninguno estaríamos escribiendo tan bien como lo hacemos ahora".
A pesar de su distancia con los Beat, reconoce su calidad literaria
La temática sexual que creó la imagen imperecedera del escritor está también en estos relatos. Calonne resalta en el prólogo los problemas que Bukowski tuvo para ligar en su adolescencia y su juventud. El acné no le hacía muy propicio a las miradas de las chicas, una deuda que desde luego años después se cobró con creces. No obstante, en estos escritos, más que el sexo, en primer plano aparece la búsqueda del amor. El deseo de ser querido por las mujeres, con títulos tan francos como Amor, amor, amor. "[Bukowski] se desnudaba para mostrar su vulnerabilidad, sus heridas, en un intento de recuperar por medio del amor lo que perdió en la infancia", resalta Calonne en el prólogo. De ahí las cursiladas de algunos de sus primeros relatos (y de los últimos) pasada ya la ebullición sexual del tipo duro. "Esa es la imagen que nos ha quedado, y también por la que resulta un escritor atractivo en la adolescencia. Pero es mucho más. Y estos relatos nos ofrecen la posibilidad de conocerle mucho mejor", resume Iriarte de esta nueva traducción. Un regalo más para los fans del escritor, que sigue ofreciendo su prolífico (e incesante) legado.
martes, 29 de marzo de 2011
EL PADECIMIENTO CONTINUO. CHARLES BUKOWSKI. Por A. Saenz de Zaitegui

EL CULTURAL. 11/03/2011
Nadie gana. Es sólo que unos pierden más despacio. Dos cosas que Roland Pryzbylewski tiene en común con Charles Bukowski: las cuatro últimas letras de su apellido, y razón.
Hay hombres que devoran épocas. Si en el siglo XX la locura humana se hizo mayor de edad, Bukowski (1920-1994) demostró que incluso la demencia más psicótica sigue un método. Y que ese método es él. Nacido alemán, es América en carne y hueso: nadie como él ha puesto voz y rostro a la tragedia del paria, el cero a la izquierda, el pobre del primer mundo. Tuvo que elegir entre ser funcionario o convertirse en dios, y eligió el destino más grande. Para sobrevivir al fracaso, la miseria y a su propia inteligencia, consumía alcohol y generaba poesía en cantidades igualmente masivas. Murió a los 74 años. Tal vez la poesía sea más útil de lo que dicen.
Sesenta y dos poemas inéditos, El padecimiento continuo no da tregua. Es Bukowski cien por cien puro, no procedente de literatura concentrada: violento, obsceno, generoso, irónico, desagradable, arduo, honesto. Se presenta a sí mismo como se sentía: hundido. Sabe que no es justo culpar al mundo de todas nuestras desgracias, básicamente porque ningún mundo tiene la capacidad de salvarnos o condenarnos. Un Bukowski ebrio, cantando a pleno pulmón, encerrado en el WC de un hotel, “porque sabía que no/ pertenecía a ningún sitio/especialmente al ser reconocido como un/gran escritor/americano”, es un Bukowski autocreado, no una manufactura corporativa. Habla un inglés agramatical en el que parece imposible mentir. Le interesa esa curiosa costumbre humana de escribir a veces mayúsculas, a veces minúsculas. Habla siempre de sí mismo porque es su tema favorito. (Nuestro tema favorito: nosotros mismos.) Tiene una pésima opinión de las mujeres, los objetos y los hombres, pero no es ni misógino, ni espiritual, ni misántropo. Es caótico, pero jerárquico: “las viejas/cintas de/Bobby Dylan/ retumban/ como/ un trueno/ por encima/ del paraíso/ de/ tu Dante/ allá abajo”. Y entre vientos de cambio y divinas comedias, inmortaliza por igual a pobres diablos anónimos y a los héroes de nuestra historia reciente: Kerouac, Ginsberg, Burroughs, Salinger y su guardián. Ficción, realidad: todo está en la mente.
Matrioshka de contradicciones, la métrica de Bukowski se inspira en el ritmo del rock y en las pausas de la televisión, pero suena, más que ancestral, ucrónica. También imita los intervalos del comic, género que él mismo cultivó. A Bukowski conviene leerlo en voz alta, para percibir la teatralidad de nuestros pensamientos más íntimos. Pensar: un diálogo, aunque sea con uno mismo. Y cuando el diálogo implica a otros, lo denominamos guerra: “no/ pero mierda/ me quieres,/ ¿recuerdas?”. En ritos sociales apenas participa, y el mínimo que la comunidad exige le acerca, más que a la civilización, a la barbarie. Lo que nos hace humanos por fuera nos deshumaniza por dentro: “no resulta honroso sentarse aquí/ mirando estas paredes”, haciendo tiempo en un bar hasta que nos llegue la hora de morir. Pero no hay otro sitio. Ni tampoco otra opción.
Genio más allá de lo concebible, Bukowski es el hombre de los caminos menos transitados, un fraude a conciencia, nuestro ídolo. Poesía de belleza atroz, El padecimiento continuo se resume en una sola y única palabra: Bukowski. Desde la postración del más débil, un poeta destruye a golpes de realidad el imperio de los fuertes. Sus versos son las ruinas de América: “Las tropas del infierno desfilan/ a través de/ mí". La única ciudad eterna está en el corazón humano. Bukowski por los siglos. Rey Charles forever.
Hay hombres que devoran épocas. Si en el siglo XX la locura humana se hizo mayor de edad, Bukowski (1920-1994) demostró que incluso la demencia más psicótica sigue un método. Y que ese método es él. Nacido alemán, es América en carne y hueso: nadie como él ha puesto voz y rostro a la tragedia del paria, el cero a la izquierda, el pobre del primer mundo. Tuvo que elegir entre ser funcionario o convertirse en dios, y eligió el destino más grande. Para sobrevivir al fracaso, la miseria y a su propia inteligencia, consumía alcohol y generaba poesía en cantidades igualmente masivas. Murió a los 74 años. Tal vez la poesía sea más útil de lo que dicen.
Sesenta y dos poemas inéditos, El padecimiento continuo no da tregua. Es Bukowski cien por cien puro, no procedente de literatura concentrada: violento, obsceno, generoso, irónico, desagradable, arduo, honesto. Se presenta a sí mismo como se sentía: hundido. Sabe que no es justo culpar al mundo de todas nuestras desgracias, básicamente porque ningún mundo tiene la capacidad de salvarnos o condenarnos. Un Bukowski ebrio, cantando a pleno pulmón, encerrado en el WC de un hotel, “porque sabía que no/ pertenecía a ningún sitio/especialmente al ser reconocido como un/gran escritor/americano”, es un Bukowski autocreado, no una manufactura corporativa. Habla un inglés agramatical en el que parece imposible mentir. Le interesa esa curiosa costumbre humana de escribir a veces mayúsculas, a veces minúsculas. Habla siempre de sí mismo porque es su tema favorito. (Nuestro tema favorito: nosotros mismos.) Tiene una pésima opinión de las mujeres, los objetos y los hombres, pero no es ni misógino, ni espiritual, ni misántropo. Es caótico, pero jerárquico: “las viejas/cintas de/Bobby Dylan/ retumban/ como/ un trueno/ por encima/ del paraíso/ de/ tu Dante/ allá abajo”. Y entre vientos de cambio y divinas comedias, inmortaliza por igual a pobres diablos anónimos y a los héroes de nuestra historia reciente: Kerouac, Ginsberg, Burroughs, Salinger y su guardián. Ficción, realidad: todo está en la mente.
Matrioshka de contradicciones, la métrica de Bukowski se inspira en el ritmo del rock y en las pausas de la televisión, pero suena, más que ancestral, ucrónica. También imita los intervalos del comic, género que él mismo cultivó. A Bukowski conviene leerlo en voz alta, para percibir la teatralidad de nuestros pensamientos más íntimos. Pensar: un diálogo, aunque sea con uno mismo. Y cuando el diálogo implica a otros, lo denominamos guerra: “no/ pero mierda/ me quieres,/ ¿recuerdas?”. En ritos sociales apenas participa, y el mínimo que la comunidad exige le acerca, más que a la civilización, a la barbarie. Lo que nos hace humanos por fuera nos deshumaniza por dentro: “no resulta honroso sentarse aquí/ mirando estas paredes”, haciendo tiempo en un bar hasta que nos llegue la hora de morir. Pero no hay otro sitio. Ni tampoco otra opción.
Genio más allá de lo concebible, Bukowski es el hombre de los caminos menos transitados, un fraude a conciencia, nuestro ídolo. Poesía de belleza atroz, El padecimiento continuo se resume en una sola y única palabra: Bukowski. Desde la postración del más débil, un poeta destruye a golpes de realidad el imperio de los fuertes. Sus versos son las ruinas de América: “Las tropas del infierno desfilan/ a través de/ mí". La única ciudad eterna está en el corazón humano. Bukowski por los siglos. Rey Charles forever.
Traducción: Silvia Barbero. Visor. 151 páginas, 10 euros
viernes, 15 de octubre de 2010
HENRY

Henry
Jodido llorica
puto borracho anónimo
Chinaski de los huevos.
Buscare algún bar
en el que no te vea
y tengamos
que salir
a pelear a la contra.
Unidos por la misantropía
y la barra de bar
contra la sociedad
tu a tu forma
y yo…
a la mía...
http://estomagovacio.blogspot.com/
lunes, 1 de febrero de 2010
Jódete, Buko, por Albert Piodos

Me sale el lado canalla, estoy harto de publicar en una página supermelindre y mojigata. Para ello saco a pasear, como un elefante por una cacharrería, a mi admirado poeta Charles Bukowski.
Joder, me has pillado en un día tonto pero te
pensaba poner a caer de un burro, Charles.
Mira, te he dejado, con toda intención, en la proa
de esta piltrafa de blog por cuarenta y ocho horas y no
has conseguido que nadie haga un comentario a tu
poesía.
Teniendo en cuenta que la mayoría de l@s que se
acercan por aquí son damas, eso supone para ti un
doble fracaso.
Tú que siempre te las dabas de machito conquistador,
resulta que ahora no tienes ni pizca de
interés para ellas.
Entonces te las llevabas a la cama (y luego
presumías de ello) porque eras un icono, ahora en
cambio...
estás hecho una pena Buko...
Yo te diría con gusto: BUKOWSKI, ¡JÓDETE! …
pero ya te digo...
me pillas desarmado,
enternecido
por la brutal sensibilidad
que en ocasiones nos invade.
Disculpa colega,
un mal día lo tiene cualquiera.
pensaba poner a caer de un burro, Charles.
Mira, te he dejado, con toda intención, en la proa
de esta piltrafa de blog por cuarenta y ocho horas y no
has conseguido que nadie haga un comentario a tu
poesía.
Teniendo en cuenta que la mayoría de l@s que se
acercan por aquí son damas, eso supone para ti un
doble fracaso.
Tú que siempre te las dabas de machito conquistador,
resulta que ahora no tienes ni pizca de
interés para ellas.
Entonces te las llevabas a la cama (y luego
presumías de ello) porque eras un icono, ahora en
cambio...
estás hecho una pena Buko...
Yo te diría con gusto: BUKOWSKI, ¡JÓDETE! …
pero ya te digo...
me pillas desarmado,
enternecido
por la brutal sensibilidad
que en ocasiones nos invade.
Disculpa colega,
un mal día lo tiene cualquiera.
Este poema pertenece al libro Crónicas de un blog libertino, de Albert Piodos que se puede descargar íntegro en http://albertpiodos.bubok.com
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