miércoles, 2 de julio de 2014

RITOS DE INICIACIÓN por José Ángel Barrueco.


ahora que soy independiente
no quiero olvidar los escenarios tempranos
donde nos iniciábamos en los juegos eróticos,
todos aquellos lugares donde corrías siempre
el riesgo de ser sorprendido

he aquí esos parajes:
los cines, en cuya penumbra las manos
tanteaban la piel como lo harían los ciegos,
el asiento trasero del coche y los polvos de urgencia
que incendiaban las ventanillas y las surtían de vaho,
ése o aquel portal, con los culos desnudos
sobre el hielo de sus peldaños,
ese pub sórdido en el que ella se atrevía
a palpar tus ingles para procurarte alivio,
ese bosque o ese parque por el que desfilaban
los mirones, los locos y los borrachos
pero tú le decías “te voy a lamer el clítoris
aquí mismo” y el desafío mojaba sus bragas,
ese recodo o desfiladero entre basuras, condones
viejos, jeringuillas y litronas vacías cuyo detritus
alimentabas con un chorro de esperma,
esa tienda de campaña quemada de deseo
por donde vagaban moscas, orugas y hormigas,
y los callejones sucios, las aceras mojadas de
lluvia, las riberas del río y los aledaños del
ferrocarril, sitios en los que el paisaje no
te importaba porque tenías a la chica

y quiero confesaros que no guardo nostalgia
de esos escenarios de negrura y soledad
no deseo volver a ellos
no quiero regresar allí
llamadme burgués, si os place,
pero ahora, además de la chica,
me quedan
la almohada, la música
y un orgasmo sin sobresaltos,
sin prisas, sin miedos, sin mugres,
sólo la paz y la poesía del sosiego.


José Ángel Barrueco, de El amor en los sanatorios (Canalla Ediciones, 2014).