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sábado, 3 de mayo de 2025

LA CARRETERA MUERTA en DIARIO DE LEÓN


Gabi Oca, la semana pasada en la cafetería de San Marcos,
durante la entrevista. Pacho Rodríguez

Gabi Oca: «León en los años 80 era un reguero de heroína»

El autor leonés rescata 'La carretera muerta' (Papelillo Editorial), 
en donde narra de manera literaria los duros años 80

Pacho Rodríguez, Diario de León 30.04.2025 | 08:48

Esta historia no será como aquella canción de los años 80, veré a las chicas pasar... que cantaban Los Piratas, de Vigo, otra tierra sacudida a mansalva por la heroína y las drogas que representó casi como definición la generación perdida por el narcotráfico. Pero sí es la historia de los 80 en León en la que varios grupos de edad sucumbieron al caballo, se estamparon contra el sida y pocos lo pudieron contar. Uno de ellos lo contó y hasta lo escribió: Gabi Oca. Está ahora sentado en la cafetería de San Marcos y es un reposado conversador. Se libró de todo aquello pero ejerce la memoria como si fuera responsabilidad en la que quiere transmitir que ni ante la peor de las pesadillas la droga es opción, bálsamo o solución. Porque ya avanzado el encuentro cuenta este ejemplo revelador: «Llegó el sida. Lo llamaban el bicho. Sí, el bicho... Cayeron tantos que aquello frenó a muchos. Porque León en los 80 era un reguero de heroína, era una infección. Los que tuvimos suerte nos dimos cuenta de que eso era el final. Pero muchos aunque lo sabían, era tal el mono que tenían que les daba igual coger una jeringuilla de cualquier sitio y de cualquiera. Un día, a un amigo le dije: mira aunque sea por respeto a los que cayeron no uses esa jeringuilla. La había cogido del suelo. Perdí una amistad. Le pareció fatal. Me dejó de hablar y hasta hoy».

De todo esto ha escrito Gabi Oca. La carretera muerta (Papelillo Editorial) recoge seis historias que relatan las vivencias a finales de los ochenta del protagonista, Gabi, un buscavidas enganchado al caballo. «Genuino hiperrealismo sucio leonés, puro, sin adulterar», he aquí la definición que luego el propio Oca puede resumir en «éramos unos desgraciaos...». Textos autobiográficos y sin cortes, surgidos de la calle y de las entrañas de Oca Fidalgo. A pecho descubierto.

En definitiva, el otro León que coexistió frente al ochentero del Berlín, el Jazz y Nona, Century, el Equilbrio, Dimitri... cuando la noche de la ciudad era un lugar luminoso, florecían talentos artísticos y los crápulas pedían paso. Los Cardiacos, en la tele y el artisteo, ardía. A la vez, cuenta el autor, en Villanueva del Árbol se vende heroína en una roulotte como si no hubiera mañana. Y en Villaquilambre. O a las afueras de León. La realidad es lo que tiene, que no se pierde ni uno de los extremos. Y en medio, este Gabi Oca. Que va a ser un gran escritor pero todavía no lo sabe. Porque va a caer en el caballo como un jinete suicida, como tantos. Ansiedad, Una novela quinqui o este La carretera muerta, reeditado ahora por Papelillo (nueva editorial que merece un capítulo aparte) son su testimonio convertido en literatura. «Hay ficción y realidad porque ambas se necesitan para contar las cosas», afirma. Es el trabajo bien hecho de Gabi Oca, que resucitó entre los muertos que no fueron escritores. No sale la palabra yonqui en esta conversación porque, lo va dejando claro, eran personas. «Yo era un desastre, un chaval que no acabó ni la EGB. Aprendí a leer libros mucho tiempo después. Eso sí, los cómics del Víbora me los había leído todos. Era camarero. Lo narro bastante bien en Ansiedad. Yo empecé de camarero en el Plaza, lo que era el Cantábrico. Según entrabas a mano de derecha estaba la cafetería y a la izquierda, el salón de juegos, como en El Golpe. Iban abogados, médicos, el alcalde... Y de noche ya venía un grupo selecto a jugar al póker. Ahí jugaban mucho dinero. Yo pegaba la oreja y oía al día siguiente: pues fulanito ayer se levantó seis kilos...», prosigue. «En mi caso, mi caída es de cliché. Porros, tripis, caballo y catapún...», afirma sin ningún tipo de disculpa. «Lo que te digo: León estaba infectado de caballo como todas las ciudades de España». Gabi Oca va contando peripecias de esa época en la cafetería de San Marcos, en un confort en el que se le ve a gusto. No tiene nada que ver con ese pasado pero lo tiene siempre en la cabeza.

Recientemente, Gabi Oca ha hecho aparición en Un abrazo fuerte, libro homenaje al poeta asturiano David González y publicado en 2024 por Pregunta ediciones. Ahí comparte sitio con Vicente Muñoz Álvarez y Carlos Salcedo Odklas (representantes también del hiperrealismo sucio leonés), con el mismo Paco Gómez Escribano o con el autor Montero González entre muchos otros. Esos nombres de Vicente Muñoz y de Carlos Salcedo son fundamentales en la trayectoria de Oca, puesto que comparten cierto ideario literario y, como asegura el mismo autor de Una novela kinki, «Yo en realidad escribo pero no sé definir lo que escribo. Cuando Vicente me dice que es tal o cual, pues eso será».

Sobre el autor también comenta Gómez Escribano en el prólogo de La carretera muerta lo siguiente: «Valiente es Gabi Oca, por lo que escribe y por cómo lo escribe. Según declara, la literatura es Louis-Ferdinand Céline más Thomas Bernhard, y un tipo que declara esto es un elemento. Pero es que además su escritura recuerda a un Bukowski aumentado como si el americano hubiera sido un yonqui en vez de un borracho». En el caso del leonés, Vicente Muñoz fue el detonante para que aquello que escribía sin vocación de libro sea ahora el contenido de títulos de culto y que retratan un León que todo el mundo sabía que existía pero se guardaba bajo la alfombra. Con Gabi Oca emerge pero sin demagogia.




miércoles, 24 de mayo de 2023

ENTREVISTA A NURIA VIUDA EN EL ILC



- Vicente Muñoz: Lo primero que me ha venido a la cabeza al comenzar a leer tu Crónica de los días que pasan es la figura del flâneur, que en castellano podría traducirse como paseante o callejero, y que tanto ha cultivado la literatura francesa, entendido el término como un vagar y dejarse llevar sin rumbo en la ciudad, observando atentamente el entorno y la gente, y absorbiendo todo lo que bulle alrededor, para poder luego escribir sobre ello. ¿Te identificas con esa literatura y término?

- Nuria Viuda: Sí. Totalmente, porque soy una observadora del exterior sin poder evitarlo, y como ves necesité escribir sobre ello. Las crónicas nacieron así, aunque conscientemente no pensé en los flâneurs.

- De alguna manera, el libro es un mosaico y retrato psicológico de nuestra ciudad, León, al igual que la película que estamos proyectando, Un hombre que duerme, lo es de París. ¿Qué es lo que has pretendido hacer? ¿Un retrato humano, geográfico, sentimental?

- Un retrato casi fotográfico de lo que se ve en las calles, del pulso de la vida en la ciudad, campo o costa. Como has leído en las crónicas, hay diversidad de espacios. Espacios siempre reales a los que yo me trasladaba en tiempo real y continuaba escribiendo. En realidad es un diario de la vida cotidiana y lo que la contiene.

- A mí, al leerlo, me ha parecido que lo que básicamente has querido es captar el espíritu de la ciudad en abstracto, no de la nuestra en concreto, sino de todas las ciudades del mundo, con una vocación universal, nada localista. De hecho, los verdaderos protagonistas del libro son la ciudad y sus gentes, y sobre todo la climatología, cómo el tiempo y las estaciones influyen sobre la psicología de los ciudadanos y el paisaje urbano

- Sí. Lo que ocurre en una ciudad es extrapolable a todas las ciudades. Aunque su paisaje y cultura sean diferentes en lo fundamental, en los ires y venires de sus gentes y en sus grandezas y miserias, siempre es lo mismo. Italo Calvino recreó una fantasía maravillosa en Las ciudades invisibles. Un libro bellísimo que me ha marcado mucho, aunque no tiene nada que ver.

- En ese sentido, y esta es una de las peculiaridades que lo caracteriza y hace muy especial, es un libro muy sensitivo, lleno de colores, olores, texturas, sonidos y visiones, que componen un maravilloso mosaico urbano. Un libro, diría yo, para los cinco sentidos. ¿Estás de acuerdo?

- Sí, esa sinestesia flota en el libro al compás del cambio de las estaciones, de los frutos y flores que nos regalan y el tiempo atmosférico. También constituye un elemento lírico y es una característica de muchos diarios comenzar con un apunte sobre el tiempo atmosférico del día. Yo escribí muchos diarios en mi adolescencia, digamos que junto con el epistolar es un género que me ha marcado.

- He tenido también la sensación al leerlo de que no te ha importado demasiado el dato específico, ni personal, ni geográfico, ni monumental, ni cronológico, ni histórico, ni político, sino captar, como una especie de receptor o cámara oculta, el alma de la ciudad, de cualquier ciudad, y los cambios que va experimentando con el paso de las estaciones.

- Sí, pero si te fijas siempre existe una crítica muy solapada en algunos de los textos. A la sociedad de la indiferencia y del consumo, etc. Hablo mucho de mendigos porque he visto demasiados tirados en nuestras calles.

- Desde mi punto de vista, tu libro es prosa poética pura, uno de los géneros literarios más complicados, en cuanto que el autor debe manejar a la perfección, para que funcione, tanto la poesía como la prosa. El propio título, Crónica de los días que pasan, es ya de por sí muy poético, con un tono melancólico y crepuscular. ¿Te has sentido más poeta o prosista al escribirlo?

- La verdad es que yo quise y quiero ser prosista, pero no puedo evitar el tono poético porque me parece que le confiere más belleza al texto. No concibo una novela sin cierto lirismo. Se queda sin alma y para mí la literatura ha de contener alma, de lo contrario los textos son fríos y periodísticos, y entonces estamos hablando de redactar bien, no de literatura.

- Y luego está el asunto de en qué género literario encuadrarlo, porque a mí me parece un híbrido de todos, a caballo entre la poesía y la prosa, como decíamos, pero también el diario, la crónica, el ensayo, etc. Y ahí reside parte de su encanto. Tú lo llamas diario, y lo es, básicamente por su estructura, mediante entradas fechadas en el calendario, pero en cualquier caso es un diario atípico, porque en él no se habla apenas de ti, de tu vida y circunstancias, ni de casi nadie en concreto, no hay tampoco nombres propios ni lugares específicos de la ciudad, ni siquiera, apenas, datos históricos o políticos que lo contextualicen en el tiempo, cosas todas que suelen caracterizar a los diarios. ¿Cómo lo definirías tú?

- Es cierto, aunque sí existe algún texto que lo contextualiza, como cuando hablo de la feria del libro o de las elecciones, o de la semana santa, o de la muerte de algún personaje público. Para mí es crónica lírica, si es que puede catalogarse en algo. Aunque huyo de etiquetas. Para qué clasificar los textos. Yo te he leído a ti y también has escrito reflexiones poetizadas. Prosas líricas. Mi vida aparece encubierta y solapada en algunos fragmentos. Algunas circunstancias de mi vida las he disfrazado, pero están.

- ¿Qué autores te han influenciado más a la hora de escribirlo? Me hablaste en su día de Julio Ramón Ribeiro y sus Prosas apátridas, y del Spleen de París, de Charles Baudelaire, que sin duda están de un modo u otro presentes en tus crónicas. Aunque yo encuentro también paralelismos con Las ensoñaciones del paseante solitario de Rosseau, por ejemplo, un libro pionero en su género, con El hombre de la multitud, de Allan Poe, con El Paseante, de Robert Walser, con los ensayos de Walter Benjamin, etc. ¿Hasta qué punto la obra de un escritor, opinas, es fruto de lo que lee?

- Cuando eres lector te influye todo el bagaje que la mente acumula sin darte cuenta. Yo he intentado recrear la realidad que me rodea. Lo que cuento en las crónicas es verídico, está sacado del natural, pero poetizado. Me ha influido Pessoa con el Libro del desasosiego, Cernuda con Occnos o Juan Ramón Jiménez con Platero. También a los 11 años leí el diario de Ana Frank y fue para mí una revelación y una conmoción. Por eso el formato de diario me es tan atrayente. Yo empecé a escribir diarios en la adolescencia como tanta gente. Supongo que Ana Frank me animó a ello inconscientemente.

- Otra de las corrientes, tanto pictórica como literaria, que de algún modo me parece que está presente en tus crónicas es el impresionismo. De hecho, yo calificaría así su estilo, de técnica impresionista, porque me parece que lo que consigues es capturar el instante y plasmar la impresión, es decir, crear sensaciones y conformar tu propio paisaje emocional. De tus crónicas emanan olores, luces, sabores, colores, con pinceladas sueltas, como las perciben tus ojos con un golpe de vista. Conrad, Joyce y Henry James, escritores impresionistas, utilizaron una técnica semejante. ¿Qué opinas al respecto?

- Captar el instante como una fotografía, sí. Yo me quedo con momentos puntuales, con pinceladas cuando salgo al exterior, como un fotógrafo, sólo que transcribiéndolo después, cuando lo rememoro y me siento a escribirlo, no es instantáneo y pasa por una criba interior que supongo que lo idealiza. La realidad es más objetiva. El impresionismo sublima lo que el ojo ve, lo poetiza, los pintores impresionistas crean una atmósfera que no es real. La cubren de un velo que embellece el paisaje.

- Otra de las influencias que para mí es clara en tu libro es la de Guy Debord y los Situacionistas, y sus teorías sobre el paisaje urbano, la deriva y la psicogeografía, que a su vez influyeron mucho en el Mayo del 68 francés y en la arquitectura posterior. Según iba leyéndolo, pensé que lo habrías tenido en cuenta, y sin embargo cuando te lo pregunté me dijiste que no fue así. Es curioso, porque tu libro responde a su estética y filosofía: cómo influye la ciudad en la psicología de sus habitantes. ¿Qué opinas ahora?

- Es cierto. Uno escribe sin pensar de antemano hacerlo así o asá, ya que la voz interior de cada uno está ya interiorizada. Yo he sido una gran caminante y cuando paseas piensas y observas y después plasmas lo visionado. El ambiente y el clima influyen sin duda en el estado de ánimo y la psique. El paisaje es determinante en las patologías del individuo. Sólo tenemos que fijarnos en las ciudades industriales y con climas adversos donde las tasas de depresión y suicidio son alarmantes, o en los países nórdicos donde la luz es un factor muy peligroso para entrar en melancolía. Lo reflejan muy bien las pinturas de Louise Bourjeois: esas cabezas en forma de edificios que colonalizan al hombre y sólo muestran las piernas.

- A este respecto, te recomendé hace unas semanas ver la película que estamos proyectando, Un hombre que duerme (1974), de Bernard Quyssane, basada en una novela de Georges Perec. ¿Qué te ha parecido? ¿Encuentras, como yo, paralelismos con tus crónicas?

- Me ha parecido una obra impactante y muy crítica. Existencialismo puro. Desencanto del vivir. Un personaje que se distancia y vaga atrapado por la ciudad. Me viene a la cabeza La náusea de Sartre, y una película que me impacta mucho, El nadador, sobre un relato de John Cheever. Seguro que estás de acuerdo.

- ¿Qué hay de crítica social en tu libro? ¿Has pretendido con él denunciar o reivindicar algo?

-Mucha. Sí. Todo el libro es una crítica a la sociedad adocenada en la que estamos inmersos. A la falta de educación y de piedad. Al despilfarro, a lo que me chirría.

-Otra de las cuestiones que siempre es complicada en un libro de estas características, construido mediante fragmentos, es cómo estructurarlo. Tú lo has hecho mediante los meses del año, siguiendo un orden cronológico y haciendo una descripción poética de su clima y sus días, y has salido muy bien parada. ¿Lo escribiste por ese orden, mes tras mes y día tras día? ¿O esa estructura la decidiste luego, una vez terminado el libro?

-La estructura ha sido muy sencilla porque es un diario.

-También me ha resultado curioso, dado el orden cronológico que el libro sigue, estructurado según los meses del año, que después de agosto pases a marzo, y vuelvas luego a septiembre. ¿Por qué?

- Quise hacer un apartado con los meses de transición hacia la primavera y el otoño, donde el clima va poco a poco cambiando. Son meses de tránsito, de ahí su título. En el norte las estaciones podemos sentirlas muy definidas y apreciar casi a diario el descenso hacia el frío o el aumento hacia la claridad.

- Cierras el libro con un capítulo que no corresponde, como los demás, a ningún mes del año en concreto, Del tiempo fuera del tiempo, y dos apartados, Palabras-Luz, dedicado al mar, y Palabras-Hielo, dedicado al frío, que rompen deliberadamente la estructura cronológica de la obra. ¿Qué significado tienen?

- Son textos que tenía recopilados con una temática concreta y son un homenaje al mar y al frío. Me pareció buena idea y los incluí al final como homenaje a lo efímero y lo vital de la vida. A la decadencia y la plenitud.

.- Y respecto al proceso y modo de escribirlo, ¿cómo ha sido? Porque, según se va leyendo, parecen apuntes de campo, tomados directamente del natural, sobre la marcha según paseas. ¿Escribes en la misma calle, tomas notas, o ya en casa cuando procesas lo que has visto y oído?

- Escribo en casa después de procesarlo y rememorarlo. A diario. De otro modo sería inventar mentiras.

- Desde que empezaste a publicar los primeros fragmentos de este libro en tu muro de facebook, hasta que ha sido publicado, ha pasado mucho tiempo, tres años al menos, que yo recuerde. ¿Ha sido un libro en construcción, es decir, lo has escrito sobre la marcha, publicando en facebook cada entrada según la escribías, o ya lo tenías terminado desde un principio y fuiste poco a poco publicándolo?

- No. Este libro se fraguó como un diario. Escribo todos los días. Iba subiendo alguna crónica y empecé hace siete años.

- En cualquier caso me consta, porque me pediste hace ya bastante tiempo que te lo presentara, que han pasado muchos meses desde que lo que diste por terminado hasta que al fin se ha publicado. Coméntanos como ha sido el proceso. ¿A qué se debió tanto retraso? ¿Problemas con la editorial?

- No está dado por terminado. Lo que ocurre es que publicarlo todo es inviable. Desde que lo envié al editor y me dijo que sí, han pasado dos eternos años. Subió el precio del papel y el editor tuvo mucho trabajo con otros autores.

- De todos modos, y lo digo por mi propia experiencia, estos periodos de dejar descansar un libro cuando se ha terminado de escribir, suelen servir para pulirlo mucho, mejorando ostensiblemente la versión que al final se publica. ¿Ha sido así?

- No he dejado de escribirlo, ya que se trata de un diario infinito. He reunido los textos que más oportunos me parecieron. Otros los descarté.

- Finalmente, te ha quedado un libro bastante largo, de casi 300 páginas. ¿Has incluido en él todo lo que has escrito y publicado en facebook durante estos años? ¿Y cómo ha sido la selección?

- En facebook no está todo lo que contiene este libro. La selección ha sido larga porque he tenido que elegir. Date cuenta de que al escribir a diario se hace inviable publicar todo. Necesitaría otros dos tomos y tuve que decir: ¡hasta aquí! Y empezar a pensar en las divisiones y capítulos. También lo pasé bomba poniendo títulos, que es algo que me encanta.

- ¿Qué periodo temporal abarca el libro, es decir, entre qué fecha y qué fecha fue escrito, de cara a poder contextualizarlo?

- Contiene varios años. Comencé en 2016 y aún continúo. Aunque con algún lapso, porque ahora me he embarcado en una novela corta que no sé cuando acabaré.

- De momento, el libro está teniendo una estupenda acogida de público y lectores. Imagino que estarás contenta con el resultado.

- Agradecida, sí, por la buena acogida y apoyo de muchos escritores y amigos. En estos tiempos en los que no se lee, cada persona que compra un libro es un héroe romántico, y hay que agradecer siempre que inviertan su dinero en la obra de uno. Es un regalo y un reconocimiento, porque cuesta mucho trabajo ganarlo, y al escritor llegar a publicar.


Extracto de la presentación de 
Crónica de los días que pasan, de Nuria Viuda, 
en el Instituto Leonés de Cultura 
(23-5-2023)

Foto por Marlus Leon


miércoles, 3 de agosto de 2016

GABRIEL OCA FIDALGO: Entrevista en Diario de León.



Gabriel Oca Fidalgo Escritor

«El que más vocea suele ser el que no tiene ni puta idea»

Lugar: Bar Belmondo, León
Hora: 21.30.

ALEJANDRO RODRÍGUEZ | DIARIO DE LEÓN

«En sus páginas te esperan, montados en el buga, la puerta abierta, ¿entras?» Así es como quiere llamar la atención del lector el escritor leonés Gabriel Oca Fidalgo en la contraportada de su nueva novela. Tras sus primeras obras autobiográficas —La carretera muerta en 2008 y Ansiedad. Vida de un yonqui en 2014—, presenta hoy su primera novela de ficción, Una novela quinqui. Lo hará a las 21.30 en el bar Belmondo y durante el acto le acompañará el narrador y poeta leonés Vicente Muñoz, al que le une una gran amistad.

—En esencia, ¿sobre qué trata su nueva novela?

—El título lo expresa, y en la contraportada viene el argumento: quinquis, droga, los años ochenta, la heroína, la madera, la música y un taco de etcéteras. Denuncia social también creo que le llaman... Relato en primera persona, aunque siempre se deja caer algo de lo que pueden llamar moralina, pero la mía, claro. El narrador equisciente y todo eso...

—¿Por qué razones elegiste ese título en concreto?

—La verdad es que la novela estaba prácticamente acabada y no tenía título todavía, puedes creerlo. Así que después de mucho tira y afloja se quedó en eso. En principio iba a titularla Quinqui a secas. Finalmente quedó en Una novela quinqui.

—¿La novela guarda algún tipo de relación con León o tiene algo que ver con la ciudad?

—Se hace alguna referencia a León, y queda visible el viaje a Madrid. Pero la ciudad es lo de menos... Más grande o más pequeña, en todas las ollas se cuece con los mismos ingredientes. Pasa que Madrid, Barcelona, Bilbao y las grandes capitales se llevaron la palma, pero el caldo de cultivo estaba en todas por pequeñas que fueran, la heroína, la delincuencia, la madera... Yo doy mi opinión en el libro, luego cada cual puede pensar lo que quiera, hacer debates televisivos y toda la pesca, en los que por regla general el que más opina y el que más vocea suele ser siempre el que no tiene ni puta idea.

—¿Qué intenta hacer llegar al lector con esta novela?

—En principio nada. Es la primera novela que escribo como tal, las dos anteriores eran autobiográficas. Esta es novela de ficción. Así que en principio solo era eso. Escribir una novela. ¿El tema? ¡Pues el que conozco! El mundo en el que me he desenvuelto, recordar todo aquello, lo que fueron los años ochenta la nostalgia de aquella época por un lado, y por el otro poner sobre la mesa ciertos datos, no denuncia en sí misma, solo volver a recordarlo. Que los que la vivieron se sumerjan en ella, y los que no lo hicieron tengan una referencia.

—¿Va destinada a un público objetivo, específico?

—Va dirigida a todo el que se acerque a ella. En esta plaza ya está todo el pescado vendido. Ya se sabe la tirada que pueden tener estos libros. La novela, mi estilo, tiene un vocabulario concreto, escribo como hablo, y mucho argot, jerga de ahora y jerga de entonces. Yo, por ejemplo, no leería las memorias de Aznar, por más que me guste la autobiografía, o el género epistolar de Escrivá de Balaguer, si es que lo tiene, por poner un ejemplo... Pasa que el que vivió lo que yo viví, el que lo entiende todo todito, ese es más difícil que se acerque, algunos porque no están vivos y otros porque el anuncio no les llegue. De todos modos, y como digo, está abierta a todo el público, no hay nada enrevesado ni mensaje oculto entre líneas.

—¿Tiene relación con sus libros anteriores?

—Mis dos anteriores novelas son autobiográficas. Ésta, como digo, es una novela de ficción, con argumento, nudo y desenlace. El tema, eso sí, es el mismo, lo que he vivido, la nostalgia de esos años. Dejando a un lado, o al menos así lo pienso, que en toda autobiografía se puede adornar o fabular, y que en toda obra de ficción puedes meter algo realmente tuyo o reflejar un álter ego o arquetipo. Pero novelas de ficción, al fin y al cabo. Es mi primera novela con casi cuatrocientas páginas. Estoy muy orgulloso de ella, del trabajo, y te aseguro que es algo que no suele sucederme.

—En la presentación que llevará a cabo esta tarde en el bar Belmondo le acompañará el poeta Vicente Muñoz Álvarez. ¿Por qué esa decisión?

—Vicente ya me acompañó en la factura de las otras dos... Hace dos años, un 25 de julio, ya presentaba también en el Belmondo con él de maestro armero. Pero eso es lo de menos... Vicente tiene mucho que ver en todo lo que he escrito, en que siga haciéndolo. Fue él el que me puso en contacto con Eclipsados en su día para sacar La Carretera, y fue él el que me puso en contacto con Lupercalia para sacar Ansiedad. Con Ricardo, el editor de Lupercalia, la relación ha sido más fructífera. Después de editar Ansiedad le pasé el borrador de ésta, me dio el visto bueno y ha sido en estos dos años en los que la he dejado cerrada. Pero siempre diré que fue Vicente Muñoz el que me dio la confianza suficiente para seguir adelante y que no lo dejase.

—Cualquier persona que quiera leer tu libro, ¿dónde puede conseguirlo?

— En Ediciones Lupercalia. La página en Internet es genial, ahí te detalla los puntos de venta y las librerías en las diferentes ciudades del territorio. Que yo sepa la tiene de continuo Elektra Cómic y las librerías Artemis y Alejandría también. Pero lo mejor sería que el que la quiera venga hoy que así se la firmo.


miércoles, 23 de septiembre de 2015

ENTREVISTA A CARLOS SALCEDO por Manuel Cuenya.



Carlos Salcedo: 
"Los relatos breves me parecieron algo más sencillo para empezar"

Manuel Cuenya | 22/09/2015

El narrador y músico Carlos Salcedo Odklas, autor de 'Malos tiempos', está en la actualidad dándole forma a su primera novela, 'Los cuadernos negros', que tiene previsto publicar el próximo año.


"...Ahí fue donde empezó todo.

Ahí fue donde empezó el viaje, el juego. Ahí fue donde vine al mundo, llorando, desnudo, asustado, como todos. Sigo mi camino en este día frío y lluvioso, el primero que nos pone en nuestro lugar y nos recuerda que el temido invierno leonés se acerca implacable para envolvernos de nuevo. Final y principio. Paso por el comedor social, al lado de la catedral, lugar que me ha puesto en contacto con todos los vagabundos de la ciudad.

...León. Ciudad de nacimiento y enclave estratégico en mi vida.

...Ya he dicho que aquí empezó todo. También aquí fue donde, en mi primera juventud, decidí que quería ser dibujante de cómics. Junto a mi colega Ernesto pasaba días y días dibujando sin parar. Soñando ambos con historias y personajes, buscando influencias y descubriendo tesoros. Hoy Ernesto está comido por la esquizofrenia y pasa los días mirando al infinito en la terraza de algún bar, dejamos de dibujar hace años.

También aquí decidí que quería ser estrella de rock y obligué a mi madre a comprarme una guitarra eléctrica en una tienda de música ya desaparecida. Nunca lo logré, pero sigo tocando en casa cuando me siento abatido.

...Yo suelo referirme a esta ciudad como La Telaraña. Una ciudad hermosa y acogedora pero a la vez un agujero, sobre todo para los jóvenes que están deseando largarse debido a sus escasas posibilidades de trabajo. Una ciudad que es imposible no amarla y odiarla a un tiempo. Un pozo. Una cárcel en definitiva. Una cárcel como la del juego de la oca (que según la teoría templaria simbolizaría a León), lugar de encierro y redención. Una cárcel, como la antigua e imponente cárcel de San Marcos, símbolo de la ciudad, situada tan cerca de donde vivía ella, a la que también perdí y por la que llevo días jodido.

Siempre nacemos en una cárcel, luego toca escapar como sea.

Y se cierra el círculo. León, cárcel, agujero y llanto. Recuerdos, regresiones que vienen y van y un cofre donde guardarlas. Aullido en papel. Nacemos (aquí o allí) asustados y confusos, llorando y gritando, algunos seguimos así".

(Texto escrito por Carlos Salcedo para el epílogo coral del libro 'Regresiones' de Vicente Muñoz Álvarez)

Carlos Salcedo Odklas es un narrador y músico leonés cuya vida ha transcurrido a saltos entre León y Madrid; si bien reconoce que León, al ser una ciudad bastante menos estresante que la capital de nuestro país, le ha inspirado mucho desde un punto de vista artístico y reflexivo. "Aquí fue donde decidí por primera vez escribir y también intentar hacer música", aclara este artista que toca la guitarra eléctrica desde hace veinte años, formando parte de varias bandas en su época madrileña. En realidad, a Carlos le gustaría ser estrella del rock, su "sueño frustrado", señala con cierta nostalgia. En todo caso, comenzó a escribir sus propias historias a resultas de la decepción que le produjo el mundo de la música, que no es fácil, como nada en esta vida, al menos para algunas personas. En la narrativa -un mundo que le interesaba explorar desde hacía tiempo-, ha encontrado una buena herramienta a través de la cual poder expresarse. Cuenta que le llamó poderosamente la atención el hecho de que la literatura es una lucha de un solo hombre, al contrario de los grupos musicales, "en los que tienes que poner de acuerdo a varias personas para seguir un objetivo en común, lo que puede llegar a ser muy frustrante y agotador". Y después de leer mucho durante algún tiempo, todo lo que caía en sus manos, asegura él, pensó que podría escribir algo válido y se puso manos al asunto. En sus comienzos intentó escribir una novela, pero se dio cuenta de que le faltaba formación, de modo que decidió dedicarse a escribir relatos cortos con el objetivo de desvelar los entresijos de la escritura. "Los relatos breves me parecieron algo más sencillo para empezar", sintetiza el autor de 'Malos tiempos' (Lupercalia, 2014), que es un compendio de sus mejores relatos, escritos durante un periodo que abarca unos cuatro años. Todo surgió de un modo espontáneo, sin premeditación. Se trata, en su mayoría, de relatos autobiográficos, que reflejan una época muy importante de su vida, "esa parte biográfica a grandes rasgos es como un diario novelado, y me alegro de tenerlo ahí para la posteridad", añade este autor, que se siente muy satisfecho con su ópera prima, "una obra capital", no sólo por la carga personal que tiene este libro, sino porque en él expone todos sus intereses temáticos, el germen sin duda de otros libros, que a buen seguro escribirá; "podría ser mi único libro y así estaría bien, desgraciadamente ya ando escribiendo otro", especifica Carlos, quien cree que literatura es una de las formas artísticas más puras y claras a la hora de expresar las inquietudes de alguien, "que se presta bastante a todo tipo de juegos y exploración debido a su amplitud"; aunque también está convencido de que, "debido a que a priori cualquiera puede ponerse a escribir, favorece bastante el que haya muchas obras mediocres, sobre todo en poesía"


Realismo y autobiografía en la literatura

La literatura que más le interesa, "la mejor", es la realista y autobiográfica, sin embargo, reconoce que existe muy buen material en otras ramas como la fantástica o la ciencia ficción. Reivindica, por un lado, al filósofo alemán Arthur Schopenhauer y, por otro, al escritor americano Charles Bukowski como a sus maestros literarios. Aunque también reconoce la influencia de escritores como Dostoievski, Fante, Céline, Carver o Houellebecq, entre otros. Del autor de 'El mundo como voluntad y representación' le interesa sobre todo su forma de ver el mundo y la manera en que reflejó en sus escritos profundos dilemas filosóficos con una escritura directa y sencilla, "haciendo que la lectura sea agradable y alejándose de la pedantería de otros filósofos". Del maestro del 'realismo sucio' y creador de 'La senda del perdedor' rescata su ritmo y sus temáticas. "Es increíble que, partiendo de cosas tan mundanas como hablar sobre sus borracheras y penurias, consiga reflejar tan bien el mundo que le rodea". Le sorprende y a la vez le atrae que tanto uno como otro, siendo ambos autores tan profundamente pesimistas, dominen con maestría el humor. "Que en una historia por oscura o cruel que sea haya partes que te saquen una sonrisa es algo al alcance de muy pocos, y para mí marca la diferencia y hace que las lecturas, especialmente de ese tipo, sean mucho más llevaderas".

Asimismo, Carlos siente un cariño especial por autores de la tierra, por escritores cercanos, como es el caso de Gabriel Oca o bien Vicente Muñoz, además del astur David González. A Vicente Muñoz, "un tipo tremendamente agradable y cercano", a quien conociera en el CCAN, lo considera como su padre literario, que siempre le ha apoyado y aconsejado sobre su narrativa. "En lugar de decirme que lo dejara en paz le echó un vistazo a mis cosas e incluso subió uno de mis relatos a su blog... por lo que le estoy enormemente agradecido". También fue Vicente Muñoz quien le presentó a David González y a Gabriel Oca, aunque Carlos ya había leído a David González, habida cuenta de que es uno de sus poetas favoritos. Respecto a Gabriel Oca le resultó un fascinante descubrimiento. Desde que los descubriera, Carlos mantiene muy buena relación con los tres, "nos seguimos mutuamente y nos contamos nuestras penurias. Son unos escritores cojonudos y aún mejores personas, no tengo otra cosa que buenas palabras hacia ellos y, desde luego, recomiendo a todo el mundo sus obras ya que son de bastante calidad", sostiene este creador leonés, que coordinara, junto a José Manuel Vara, una antología titulada 'Underground Boys', en la que participa, entre otros, el todoterreno leonés Felipe Zapico. Una buena manera de dar a conocer a autores nuevos y marginales. La idea, según Carlos, fue de Vara, que quiso lanzar un libro digital de descarga gratuita para que cualquiera pudiese bajárselo y usarlo de referencia. "El resultado creo que está a un buen nivel y me alegra que algunos autores de aquella aún inéditos como Iván Rojo o Mikel García hayan luego publicado sus libros con bastante buen resultado", agrega Carlos, quien participó de un modo activo en esta antología, y que ahora está dándole forma a su primera novela, 'Los cuadernos negros', que tiene previsto publicar el próximo año. "Es algo distinta de 'Malos tiempos', un rollo más pulp", aunque gira en torno a temáticas ya vistas en su anterior volumen, "así que supongo que a la gente que le ha gustado ese también disfrutará con el siguiente", concluye.

Entrevista breve a Carlos Salcedo

"Todo es una broma de mal gusto"

¿Qué libro no dejarías de leer o leerías por segunda vez?

'Parerga y paralipómena', de Arthur Schopenhauer, merece ser leído con bastante asiduidad.

Un personaje imprescindible en la literatura (o en la vida).

Arthur Schopenhauer.

Un autor o autora insoportable (o un libro insoportable).

Demasiados como para decidirse.

Un rasgo que defina tu personalidad.

Marginalidad.

¿Qué cualidad prefieres en una persona?

Inquietud.

¿Qué opinión te merece la política actual? ¿Y la sociedad?

Me parecen cúmulos de errores que se están alargando por demasiado tiempo.

¿Qué es lo que más te divierte en la vida?

Tocar la guitarra.

¿Por qué escribes?

Porque no puedo evitarlo.

¿Crees que las redes sociales, Facebook o Twitter, sirven para ejercitar tu estilo literario?

El estilo lo dudo, pero son muy útiles como herramienta promocional.

¿Cuáles son tus fuentes literarias a la hora de escribir?

Arthur Schopenhauer y Charles Bukowski.

¿Escribes o sigues algún blog con entusiasmo porque te parezca una herramienta literaria?

Intento seguir con asiduidad los blogs de algunos escritores que respeto y de los que creo que puedo aprender algo.

Una frase que resuma tu modo de entender el mundo.

Todo es una broma de mal gusto.


jueves, 17 de septiembre de 2015

ENTREVISTA A SILVIA D CHICA por Manuel Cuenya.



Silvia D. Chica: "Me encanta toda la trayectoria de Toño Benavides como ilustrador y también como poeta"

Manuel Cuenya | 15/09/2015

Poeta, fotógrafa, ilustradora y especialista en yoga, Silvia D. Chica, autora de 'La Tierra Pura', está ahora explorando las posibilidades del haiku, porque le resulta un formato muy interesante.

Poeta, fotógrafa e ilustradora, artista en definitiva, Silvia D. Chica fue asimismo fundadora y editora de la emblemática revista 'Vinalia Trippers', que ella reivindica como una criatura que naciera de la llamada "movida leonesa" de finales de los ochenta, incluso a principios de los noventa, en aquella buhardilla del CCAN, en el barrio húmedo, en los locales donde se celebraban conciertos, y aun en el extrarradio, "una fiesta... el arte en forma de letras, imagen y música, con entusiasmo ferviente". Así lo recuerda la autora 'La Tierra pura', a quien le encantaba seleccionar relatos para este fanzine en el que otro grande de las letras, Vicente Muñoz Álvarez, realizaba (sigue realizando) una magnífica labor en cuanto a movilizar y reunir a un buen número de escritores e ilustradores. Un experto en rescatar y subir a gente a la "Tripulación Vinalia", añade Silvia, que reconoce la constancia y buen ojo de Vicente Muñoz, así como su relación con él de camaradería, concordia, amistad y colaboración. En su día 'Vinalia Trippers' dio respuesta a lo que bullía en León, que, con el transcurso de los años, esta revista ha crecido, convirtiéndose en una "señorita", según esta creadora leonesa. Lo que comenzara siendo un proyecto de cuatro personas ha pasado a ser una realidad consolidada, en la que están involucradas, más de cien personas en el último número, siempre de una manera independiente y sin ningún tipo de subvención ni publicidad, "por amor al arte", apostilla Silvia, lo que representa un gran logro, todo un éxito para la cultura leonesa. Por tanto, sería conveniente apoyar y potenciar este tipo de actividades. En este sentido, esta artista leonesa, a quien no le gustan nada los nacionalismos exacerbados, confiesa que ha tenido la suerte de contar con muy buenos amigos y de relacionarse con muchos artistas, desde diversas disciplinas, desde escritores hasta músicos pasando por cortometrajistas, ilustradores, bailarines, entre otros. Cuenta que el haber nacido en León -"pequeña ciudad de provincia acogedora, burguesa y en el círculo de engaños y tramas políticas, como todas... (Me permito una ironía... o dos)"-, es aleatorio porque podría haber nacido, por ejemplo, en Granada o en Oviedo. En realidad, no es la ciudad o el sitio donde naces lo que te marca y determina como persona ni como artista sino las personas con las que te relacionas y lo que haces, matiza ella a la vez que rememora aquello de que "Sin León no hubiera España", le suena muy rancio. En todo caso, sí es consciente de que León, como ciudad y aun como provincia, es un nido de artistas, "muy prolífico y generoso", donde existe mucha actividad a muchos niveles, entre ellos el literario (con una excelente calidad literaria actual) quizá a resultas de que podría haber "algún punto telúrico lleno de poder bajo la ruina de alguno de los monumentos leoneses", apostilla con cierto humor.

Como poeta y fotógrafa, Silvia no entiende la poesía sin la fotografía, ni ésta sin la otra, y de este modo lo expresa en su poema, 'Fotopoesía Pura', perteneciente a su libro 'La Tierra Pura': "La fotografía es poesía/ la poesía surge de la foto/ del momento captado/ hay una fusión/ un entramado/ una razón/ la poesía sin la foto está desnuda, deslucida,/ sin color/ basta un click/ para retener el arte en movimiento de la naturaleza,/ de un gesto,/ del momento,/ retenerlo, apropiarse de él,/ tenerlo para conservarlo/ para volver a él./ Y guardar la humedad persistente penetrando en la madera/ y lo vivo/ y lo sano/ y lo que se encarga de vibrar".

'La Tierra Pura', con prólogo de la poeta Ana Pérez Cañamares e ilustrado por el artista leonés Toño Benavides, es, en opinión de su creadora, como un trozo de madera en un bosque, donde puedes leer la edad, el clima, los ciclos... Algo vivo. "Un poemario orgánico" impregnado de belleza y escrito con sensibilidad artística, porque Silvia es, ante todo, una artista.


Se siente orgullosa de que el ilustrador y poeta Toño Benavides, quien ha colaborado con 'Vinalia Trippers' como artista estelar, le ilustrara su poemario. "Me encanta su línea, toda su trayectoria como ilustrador y también como poeta. Le conozco desde hace muchos años y nos vemos menos veces en persona de las que me gustaría. Cuando me hablaron de publicar poesía, pensé inmediatamente en él como ilustrador. Me gusta mucho lo que hizo. Las hojas, la tinta, el trazo. Toño es un jefe". Asimismo, le entusiasma que la poeta Ana Pérez Cañamares, a quien lee casi todos los días en red social, prologara su libro, "un prólogo precioso... comparto con ella muchísimos de los pensamientos que tan magníficamente expresa. Me gusta su punto de reflexión y análisis. También su poesía. Es una de las grandes voces actuales... No nos conocemos en persona, pero todo es cuestión de tiempo...", aclara Silvia que intenta expresarse con absoluta libertad, haciendo realmente lo que desea, hablando de lo que siente, de lo que tiene a su alrededor, siempre en búsqueda constante.

El yoga como vida, origen de toda creatividad

Silvia D. Chica dirige un centro de Yoga en León, 'Iyengar', desde hace ya más de veinte años. El pasado año, para celebrar el veinte aniversario de su centro, que toma su nombre de uno de los maestros de yoga más importantes del mundo, contó con la presencia de dos expertos en la materia: Marta R. Mahou, y el filósofo y abogado de origen nocedense Emilio García Buendía.

Cuenta Silvia que el yoga forma parte de su vida como camino de exploración y búsqueda y como origen de toda creatividad, como "océano inmenso en el que sumergirte lleno de matices y de aprendizaje".

El yoga, además, es un arte, "es la poesía de tu cuerpo, el ritmo del corazón, el fluir y el movimiento de la respiración, es estar presente y descubrir la vida entera en una postura...mi vida". El yoga enriquece, según ella, lo que hay de arte en sí misma, y todo el arte y el arrebato impregnan también su práctica o su enseñanza. "Todo uno", sintetiza Silvia, que en actualidad está explorando el haiku, porque le resulta un formato muy interesante. "Me gusta esa concisión, el límite de medida, el escribir una imagen, o hacer una foto de un pensamiento", concluye.

Entrevista breve a Silvia D. Chica

"Aborrezco el 'feísmo' de maneras y comportamientos..."

¿Qué libro no dejarías de leer o leerías por segunda vez?

'Los Vagabundos del Dharma', de Kerouac, por mostrar otra manera de vivir, en contacto con la Naturaleza y con el interior.

Y me prometí que iniciaría una nueva vida.
Vagabundearé con una mochila,
seguiré el camino puro.
Jack Kerouac

'Mente Zen, Mente de principiante', de S. Suzuki. Imprescindible para mí.

Un personaje imprescindible en la literatura (o en la vida).

Mis hijos. Son mis dos grandes maestros, y en literatura y cine... un montón.

Un autor o autora insoportable (o un libro insoportable).

Prefiero no entrar ahí pero seguro que esas 'Memorias de Aznar' ocuparían el primer puesto...si llegara a leerlo.

Un rasgo que defina tu personalidad.

¿Eso no lo tienen que decir otros...?

¿Qué cualidad prefieres en una persona?

El saber estar, la honestidad.

Aborrezco el "feísmo" de maneras y comportamientos...

¿Qué opinión te merece la política actual? ¿Y la sociedad?

En dos palabras: DE VERGÜENZA

En tres: DE CENTRO COMERCIAL. No me gusta lo 'mainstream' normalmente...

¿Qué es lo que más te divierte en la vida?

Muchas, muchísimas cosas, algunas por supuesto inconfesables...

Salir sola con la máquina de fotos por un lugar a descubrir y tiempo por delante.

¿Por qué escribes?

Para entender, o como progresión y cuaderno de mi vida, o para no olvidar, como catarsis, como modo de expresión directo del alma, sin filtro.

"La poesía es la respuesta mejor,
la única respuesta posible de los hombres a la ambigüedad esencial,
irremisible del lenguaje humano."

"La poesía es un erizo que está
arrojado al margen del camino, de la
autopista, que se cierra sobre sí mismo y, a
la vez, se expande; que está expuesto a la
muerte y lucha contra el olvido..."

(Jacques Derrida)

¿Crees que las redes sociales, Facebook o Twitter, sirven para ejercitar tu estilo literario?

Las redes y los blogs. Hemos vivido el nacimiento, desarrollo y auge de todo esto y lo puedo asegurar.

Es un cuaderno, como el de antes, sólo que ahora interactúa quien tú quieres en él. Es buen arma de tanteo y de selección. A veces también se pierde mucho tiempo. Hay que filtrar.

¿Cuáles son tus fuentes literarias a la hora de escribir?

Habrá un substrato de todo lo que llega.

Devoré literatura y novela. Ahora he perdido el gusto por la novela, lo cual me fastidia un poco, pero todo no se puede. Leo más poesía, y sobre todo no ficción, leo a maestros espirituales, literatura religiosa budista, hinduista, R. Maharshi, BKS Iyengar, N. Maharaj y a Kobayashi Issa, y libros de amigos.

¿Escribes o sigues algún blog con entusiasmo porque te parezca una herramienta literaria?

Gestiono el blog 'La tierra Pura' desde 2006 http://silvidchica.blogspot.com.es/

Ha sido una buena herramienta.

Sigo varios blogs, 'Mujer en Tierra Firme', 'Missdesastresnaturales', 'Mi vida en la penumbra', 'El lenguaje de los puños', 'El alma disponible', 'Bebiendo versos', 'Hankover'...

Una frase que resuma tu modo de entender el mundo.

Salud y pura vida.




viernes, 19 de diciembre de 2014

ENTREVISTA A JULIO CÉSAR ÁLVAREZ




Hay que ser muy valiente para mostrar un diario en el que se reconozcan los miedos propios y ajenos. Eso es lo que ha hecho Julio César Álvarez en el recién publicado ‘Diario de un escritor cobarde’ (Ediciones Lupercalia). Un libro de introspección, realidad y ficción para tiempos inciertos. Acompañamos al autor en el diván.

Por David Acosta.

Agitador cultural incansable y escritor de merecido y creciente prestigio, Julio César Álvarez (León, 1978) vuelve a deleitarnos con su recién publicado ‘Diario de un escritor cobarde’ (Ediciones Lupercalia). Un libro en el que se descubren sentimientos y vivencias reales sazonadas, eso sí, con algo de ficción. Este psicólogo de profesión es ahora el que se acomoda en el diván. Y su diario, un espejo en el que mirarse en tiempos de cambio e incertidumbre. Este viernes 19 de diciembre, a las 20 horas, el autor presenta su nueva obra en Madrid, concretamente en la vermutería Pop Up de THE HOVSE (General Arrando 40, Metro Rubén Darío). Antes del evento, le sometemos a nuestro interrogatorio. 

-El título de uno de sus libros recogía la frase ‘El tiempo nos va desnudando’. En esta ocasión parece que se ha querido usted adelantar a los acontecimientos porque nada es más íntimo que un diario…

-Exacto. El diario es el género íntimo por excelencia. Y los desnudos, entre más naturales, mejor. Aunque luego hay muchas trampas en estas nuevas páginas. Elegir qué se muestra y qué no es todo un arte.

-Sabemos de su admiración por determinados escritores que han publicado sus reflexiones más personales. ¿Por qué sumarse a esa línea en este momento de su obra? ¿La deformación profesional ha tenido algo que ver?

-Creo que en el diario se mide la calidad de un autor, su estilo y sus rasgos literarios. Algunos de los escritores que más admiro, en el fondo, nunca han dejado de hacer un continuo diario. Y pienso en Henry Miller, por ejemplo. Por otra parte, mucha de la literatura contemporánea es puramente psicológica. Casualmente soy psicólogo. Pero la literatura, como la psicología, son herramientas para conocerse. Esa es su única función.

-Realidad y ficción se dan la mano en ‘Diario de un escritor cobarde’. Difícil hablar de porcentajes en literatura pero, ¿quién gana el pulso en este libro? ¿Cuánto hay de verdad y cuánto de invención?

-Creo que en esa deformación entre realidad y ficción está la sustancia de este libro. Al igual que Woody Allen, juego con mi personaje-ficción de escritor y con mi propia vida personal. Por supuesto hay algo de ambos. Aunque creo que al lector sólo le interesa reencontrarse consigo mismo en los libros. Es más, lo entiendo y lo estimulo.

-Conociéndole a usted como le conozco (recordamos a nuestros lectores que usted colabora en esta santa casa) me cuesta imaginarle asustadizo. ¿Por qué lo de “escritor cobarde”?

-Creo que todos somos cobardes, en mayor o menor medida. Y un escritor no es una excepción. Permitimos que todo siga igual. De hecho, intentamos acostumbrarnos a la injusticia y las desigualdades. Incluso nos esforzamos en ello. Lo contrario, nos dicen, es ingenuo. Cuando lo cierto es que la vida se convierte en algo desagradable porque todos nosotros lo permitimos.

-Admito que últimamente tengo la sensación de necesitar un diván con urgencia. ¿Leer las experiencias de otro puede ayudarle a uno a conocerse mejor?

-Por supuesto, creo que en la vida de otros es donde mejor reflejamos la nuestra. Somos prácticamente ciegos a nuestros propios errores. Nos parecen naturales, inevitables. En los otros nos reencontramos a nosotros mismos. Sus errores son los nuestros. Y un diario es el terreno perfecto para experimentar eso.

-Oiga, su carrera literaria ya contiene libros para todos los gustos y géneros. ¿Le da repelús lo de repetirse?

-(Risas) Supongo que es un riesgo, claro. Aunque también creo en el instinto de escritor. En el modo de aventurarse en nuevos caminos y perspectivas. Aunque no hay que olvidar, como decía alguien, que uno siempre está escribiendo el mismo libro, una y otra vez. Mejorándolo, claro.
“Creo que en sus diarios es donde se mide la calidad de un autor. La literatura, como la psicología, es una herramienta para conocerse”

-¿Qué ha cambiado en Julio César Álvarez durante la precrisis, la crisis y la postcrisis? ¿Se reconoce usted a sí mismo en el espejo?

-Creo que todos hemos cambiado. La etapa de bonanza económica fue un espejismo. Lo natural es estar en crisis. Absolutamente todos nos acomodamos, la literatura incluida. A los libros también les toca reflexionar sobre el presente y el futuro que deseamos. Las palabras siguen teniendo un enorme poder.

-¿Y qué me dice de esta sociedad en la que vivimos? ¿Tan mal estamos como algunos dicen?

-Decía Bertolt Brecht que “la crisis se produce cuando lo viejo no acaba de morir y lo nuevo no acaba de nacer”. En esas estamos. Creo que detrás de todo hay una crisis generacional. Nuestros padres no confían en nosotros para un relevo. Cuando lo cierto es que su modelo ya no funciona.

-¿Hay esperanza hoy día para los contadores de historias, o los escritores comienzan a ser héroes olvidados?

-Creo que toda cultura necesita ser contada. Y la nuestra no es una excepción. Recientemente se ha dado un repunte de la poesía. Y no me parece casual. La gente necesita sentir su vida como algo épico, quizá para compensar el desgaste y la decepción. Lo que está claro es que necesitamos ser contados. Sobre todo para comprendernos y que nos comprendan. Y eso no lo consigue ninguna forma de arte como la literatura, en todas sus posibilidades.

-Lo de la música es mucho más que una droga para usted. Digo yo que en este libro no faltarán referencias o vivencias sonoras…

-Por supuesto, mi vida está hecha de música. Y un libro así tenía que reflejarlo. Hay mucho eclecticismo. Desde The Smiths que abren el libro, pasando por Black Rebel Motorcycle Club, Pulp, Spacemen 3, The Cure, Depeche Mode o Jeremy Jay. No entiendo una vida sin música.
“Todos somos cobardes, en mayor o menor medida. Y un escritor no es una excepción. Permitimos que todo siga igual”

-Si le pongo en la disyuntiva de elegir tres bandas o músicos favoritos y tres escritores idolatrados, ¿cuáles me diría?

-Siempre es difícil responder a eso. The Pastels, The Jesus and Mary Chain o The Smiths me parecen imprescindibles. Y en cuanto a autores de referencia, nunca he dejado de admirar a Norman Mailer, Bret Easton Ellis o Francisco Umbral.

-Siendo usted inquieto por naturaleza, me atrevería a aventurar que anda ya metido en algún nuevo proyecto. ¿Acierto?

-Así es. Aunque tengo varios proyectos en el cajón, todavía no tengo decidido por cuál decantarme. Ya digo, creo mucho en el instinto literario. Todo aparece a su tiempo.

-La última. ¿Qué vivencia o experiencia futura le gustaría escribir en su diario?

-Me gustaría escribir la experiencia del fin del mundo. Sería un honor ser el último escritor. Y hacer con ello algo de cierta calidad. Aunque nunca nadie lo fuera a leer.



lunes, 1 de diciembre de 2014

ENTREVISTA a GABRIEL OCA FIDALGO por Manuel Cuenya



Gabriel Oca Fidalgo: 
"La literatura ha sido el encofrado de mi alma"


El narrador Gabriel Oca Fidalgo, autor de 'Ansiedad', está escribiendo una novela de ficción a la que espera darle carpetazo y verla publicada

Autor de las autobiográficas 'La carretera muerta' -en realidad una colección de relatos- y 'Ansiedad', basadas en su propia experiencia con las drogas y encuadradas dentro del llamado realismo sucio, Gabriel Oca Fidalgo dice estar marcado, más que por su tierra leonesa, por la nostalgia de lo vivido -aunque "la nostalgia puede llegar a ser peligrosa si se escarba demasiado en ella, si te regodeas demasiado con tiempos pasados que nunca volverán"-, que fue en León, pero "pudo haber sido allí", aclara este narrador que ha leído, aparte de a Julio Llamazares, a gente de su quinta, como Vicente Muñoz Álvarez, Xen Rabanal, "el otro Julio", en referencia a Julio César Álvarez, "pasa que estos no están en el circuito", señala Gabriel, que reconoce que la literatura es su vida, la cual le sirve como catarsis, como terapia.

Además de algunos autores leoneses, Gabriel se siente deudor de Dostoievski, que "es dios", y otros grandes de la literatura como Céline o Bernhard, aunque también Bukowski, Kerouac o Fante. Y por supuesto nuestros Cervantes y Quevedo. Asimismo, recuerda 'El Víbora' como una de sus fuentes de inspiración. Y muestra su descontento ante los Ken Follet por un lado y los Raúl Núñez por el otro. "Lo demás es enredar, encabronarse, quedarse con ganas de ligar la antorcha y montar una hoguera guapa, de esas que no se apagan".

La literatura ha sido –asegura- su enseñanza y el pilar de su cultura, "el encofrado de mi alma. Sin ella, la vida no tendría sentido, no sería lo mismo, no sé siquiera si estaría aquí". En este mismo sentido, está convencido de que la lectura es imprescindible para escribir de un modo literario, porque no cree que nadie se ponga a escribir sin haber leído antes, "y leído mucho... Creo que es imprescindible, que sientes primero esa pasión por la literatura y que llegado un momento hay algo que te empuja a escribir, tus vivencias, el simple hecho de experimentar.... Pero sin haber leído antes no lo veo factible".

Si bien es consciente de su pasión por la literatura, "tardía", porque empezó a leer a conciencia, o con conciencia, a los diecinueve o veinte años, leyendo también mucho cómic, el cine ha influido de un modo definitivo en su formación. "Era cinéfilo antes de que supiese de esa palabra, ahora soy un enfermo del cine. De hecho le dedico pocas horas a la literatura en comparación con el cine que trago a diario". Y en su caso, tanto el cine como la literatura, le han enseñado a narrar, una con la palabra y el otro con la imagen. Y en este sentido a Gabriel le parece que eso de que una imagen vale más que mil palabras es una falacia. "La narración toma imagen en tu mente, tú le das forma a esas palabras, pero en cada mente se forma una imagen diferente. En el cine, la imagen, está ahí, formada ya. Por supuesto que luego cada cual sacará sus conclusiones si el tema se presta a ello. Pero de hecho no hay peli basada en libro que lo pueda superar, hay pelis geniales, por supuesto, pero ninguna podrá condensar todo lo que encierra el libro de verdad". En todo caso se trata de lenguajes diferentes, aunque complementarios.

Toda novela es autobiográfica. 

Además de sus novelas, ha cultivado la narrativa breve con tres relatos, 'Los colegas del barrio', 'El fin' y 'Parada cardíaca'. Tiene la impresión de que el relato corto es un género muy difícil, si bien debe contar con todos los ingredientes que ofrece una novela pero en un breve espacio.

Gabriel confiesa que todo lo que escribe es autobiográfico, lo que hace recordar aquello que escribiera Llamazares en 'Escenas de cine mudo': "toda novela es autobiográfica y toda autobiografía es ficción". Lo que escribo –agrega él- no son novelas de ficción con planteamiento, nudo y desenlace. "Pero esto, el planteamiento-nudo-desenlace, aunque sea lo básico, lo elemental, o lo más general, no es absolutamente necesario. Ahí está Carver sin ir más lejos: cuentos breves que parecen párrafos extirpados de lo que podría ser una novela, sin inicio y sin fin cotidiano, pero absolutamente geniales de la primera a la última palabra".

Gracias al escritor leonés Vicente Muñoz Álvarez, Gabriel ha podido publicar no sólo sus relatos en 'Vinalia Trippers', "una gozada", sino sus dos novelas. "Es una vergüenza que a peña como a Vicente o a David González no se les reconozca como merecen... Pero a Vicente le da igual y sigue adelante, no es tan derrotista como yo en ese aspecto, no le vence el desencanto".

Su segunda novela, 'Ansiedad' (vida de un yonqui), al igual que su primera obra, abordan el tema de la droga desde un punto de vista autobiográfico, con ironía, con un humor que impregna todas sus páginas, escrito además en la jerga, porque Gabriel escribe como habla.

En la actualidad, está metido con una novela de ficción a la que espera darle carpetazo y verla publicada. Está hecha por completo en su armazón, y aunque se desarrolle en un mundo que conoce bien su autor no deja de ser ficción y eso le está costando más trabajo.Cuenta que cuando salió su primera novela, 'La carretera muerta', se llegó a decir que "el autor te adentra con la jerga en el mundo de la droga". Pero él no tiene nada de lo que avergonzarse, ni arrepentirse. "Que se avergüencen ellos, esos cabrones que están en el púlpito, que dejen de robar un rato y me den curro, que se saquen la cabeza del culo de una puta vez y legalicen las drogas si tanto les preocupa". Asimismo, Gabriel confiesa sin pudor que él se siente satisfecho de publicar, aunque sea en editoriales que están fuera del circuito comercial, "lejos de los planetas, los alfaguaras y los asteroides... En fin. Eso que llaman Vía Láctea y que no es otra cosa que un chorrazo de lefa del que traga mucho bujarrón a dos carrillos, si es que me permites la metáfora".

Entrevista breve a Gabriel Oca Fidalgo

"Naces, creces y desapareces. El tío ese de Cucal sabía de lo que hablaba"

¿Qué libro no dejarías de leer o leerías por segunda vez?

Por segunda y tercera he leído muchos...Pero bueno. 'Viaje al fin de la noche', de Céline, y la pentalogía de Bernhard. Imprescindibles. Para estar leyendo toda una vida.

Un personaje imprescindible en la literatura (o en la vida).

Joder. ¡El Quijote!

Un autor o autora insoportable (o un libro insoportable)

Todos los infumables, los 'enrevesado-complicados', los que hacen difícil lo fácil, el Burroughgs que pasa de Yonqui para meterse en Nova Express. Y bueno.... Los capullines del karma-online en plan Paulo Coelho, sacándose pelotillas del ombligo como un buda de palo.

Un rasgo que defina tu personalidad.

Harto. Ahora mismo estoy cansado de todo. Pero así a grandes rasgos, insatisfecho.

¿Qué cualidad prefieres en una persona?

A falta de sinceridad y honestidad, me quedo con la coherencia.

¿Qué opinión te merece la política actual? ¿Y la sociedad?

Jajajaja... Joder... En fin... ¡Vomitiva! Vamos a dejarlo así.

¿Qué es lo que más te divierte en esta vida?

Esta vida sin drogas no la aguanta ni dios... Debo reconocer que estas preguntas de a cara o a cruz me dan bastante por el culo.

¿Por qué escribes?

Buena pregunta. Cuando tenga una respuesta rotunda tomaré televisión a punta de pistola y se lo haré saber a todo el mundo.

¿Crees que las redes sociales, facebook o twitter, sirven para ejercitar tu estilo literario?

Yo soy muy torpe con el tema, me raya. Pero es un hecho irrefutable que ha abierto una ventana a mucha gente. Tanto es así que a esos cabrones que nos llaman pueblo soberano les molesta la corriente que genera y quieren cerrarla. Les molesta que la gente revuelva su mierda y se la unte en la cara.

¿Cuáles son tus fuentes literarias a la hora de escribir?

Mi experiencia, escribo sobre lo que viví. Y escribo tal cual hablo.

¿Escribes o sigues algún blog con entusiasmo porque te parezca una herramienta literaria?

Me parece un arma, una herramienta muy válida, pero que soy muy torpe, y muy vago... tengo abierta una cuenta en el 'fais', y un colega me abrió un blog... pero me cuesta ponerme con ello.

Una frase que resuma tu modo de entender el mundo.

Naces, creces y desapareces.

El tío ese de Cucal sabía de lo que hablaba.


martes, 26 de agosto de 2014

TOÑO BENAVIDES: Gran Sur.



Por Camino Sayago

Primero fueron los cómics, luego la ilustración de prensa y de libros. Y en los últimos tiempos la poesía se ha colado en su vida. Toño Benavides (León 1961) escribe y dibuja, dibuja y escribe con la misma tozudez, y quizás parecida pasión. El resultado de su aparente juego con las palabras le ha dejado recientemente una sorpresa con aliento de reconocimiento: el XVII Premio de Poesía “Eladio Cabañero”, por “Gran Sur”, dotado con 4.500 euros y, por supuesto, la edición de la obra, de la que se encargará “Reino de Cordelia”. En este poemario, qué presentará en septiembre en la galeríaRafael Alberti de Madrid, acompañado por Luis García Montero, Toño Benavides amplifica desde un ángulo surrealista vivencias y sentimientos, y evoca a Neruda.

“Soy el niño que rompió la caracola y huyó con el mar bajo las alfombras…”, así irrumpe Toño Benavidesen la escena poética. Con un sencillo lamento con sabor salado, como sus poemas, tristes, tiernos, crudos y angustiosos y a veces felices y ensoñadores sobre una realidad no impostada.

—Como ilustrador lo tuviste claro desde un principio, pero en cambio tu faceta como escritor y poeta ha surgido no hace mucho. En 2009 publicaste “Paraíso”, tu primer libro, más tarde “El sótano en Llamas” en 2011, y “Los chicos del Vertedero” en 2012. ¿Cuándo decides sumergirte en la escritura? ¿Por qué escribes? ¿Es una forma de reconocerte?

—Para uno mismo y para los demás siempre está más o menos claro quién dibuja bien y quién no. Escribir ofrece más dudas. Podrías pensar que estás reescribiendo el “Ulises”, y en realidad no llegas a un siete en la redacción del colegio. Siempre he escrito pero no siempre he considerado salvables mis textos hasta que me planteé “Paraíso”. Para empezar no podía adjudicarles un formato literario al uso, relato, poesía… era algo a medio camino con la ilustración y trataba de reflejar sensaciones para las que necesitaba palabras además de imágenes gráficas.

En mi caso, la mayoría de los poemas fluyen como un discurso, como una búsqueda, lo que Neruda llamaba “el desarrollo en la oscuridad”. Comienzo identificando el objeto poético sobre el que quiero escribir. Sé que hay algo contenido en el que no se muestra y trato de sacarlo a flote. De ahí que algunos textos tengan un tinte surrealista, porque escribo como un paranoico desde la sospecha de que hay algo en la realidad que no se muestra, y se trata de buscar lo que subyace debajo de ella. Por ejemplo en esos barrios del sur de Madrid, barrios que son ciudades dormitorio y que yo llamo “Gran Sur”, la vida cotidiana, el aspecto paisajístico, remiten a un desarrollo placentero de la vida, despreocupado, y sin embargo yo no puedo evitar ver a toda esa gente como víctimas.

Escribo para conocerme, escribo porque no lo puedo evitar, porque he descubierto que es una forma de dar mi versión de la realidad con más rapidez y exhaustividad que dibujando. Porque cuando dibujo estoy dando una versión bajo un estilo completo, acrisolada durante muchos años, y eso me llevaría a dar una versión estilística, preciosista, que en estos momentos no me interesa. Me interesa más la precisión que puedo dar con las palabras y el juego de las sugerencias.

—Alguna vez te he oído decir que cuando dibujas también haces poemas… la imagen, como la palabra, muestra tu propia cosmovisión de la realidad…

—Si pero el dibujo es más antiguo, como dibujante a la vez tengo dos facetas, una la comercial y otra de autor, ambas están marcadas por un mismo estilo que al ser tan definido a mí no me satisface a la hora de reflejar otras realidades que descubro ahora. La propia lógica del lenguaje te lleva a percibirlas de tal forma que tú mismo te das cuenta de que no caben en otro canal que no sea el de las palabras. De todas formas no he dejado nunca de experimentar, y de hecho una buena parte de los poemas de “Gran Sur” están pensados como caligramas.

—Comenzaste con cuentos cortos y desembocaste en la poesía, ¿perdiste el miedo a enfrentarte con tu voz interior?

—Fue precisamente la voz interior la que me impulsó a escribir y al principio lo hacía despreocupadamente, sin reparar en el formato de poesía o de prosa. Escribía casi de forma automática, sin pensar, sin la menor intención de darle una lógica que los hiciera comprensibles como un relato. Era una especie de magma poético que me limitaba a volcar ideas con la intención de despertar sensaciones en el lector, más que de hacer una narración al uso. Más tarde me plantee la versificación, porque comencé a asistir a recitales poéticos. Mis propios textos leídos me dieron la clave de qué música y qué ritmo necesitaban y allí es cuando empiezo a escribir poemas, y a estructurarlos en versos, en estrofas, a buscar una unidad temática en cada poema.

—En los últimos años, la poesía ha ocupado un lugar preferente en tu vida, casi se podía intuir un cierto descuido hacia la ilustración, a pesar de que continuabas con tus trabajos para editoriales… ¿Cierto hastío hacia la imagen?, o bien ¿curiosidad por indagar en otros lenguajes?

—Curiosidad sobre todo y también necesidad. La ilustración ha cubierto una gran parte de mis aspiraciones en ese terreno y continuamente descubro cosas que quiero contar y para las que necesito el lenguaje. Para mí, ambos canales cumplen funciones diferentes y con cada uno de ellos busco satisfacer una determinada necesidad. De hecho, me ocurrió algo muy curioso: más que ilustrar mis textos con mis propias ilustraciones lo que me apetecía era dar una versión escrita de esas imágenes. Tenía la impresión de que había mucho que se me había quedado en el tintero.

—Luis Alberto de Cuenca, que conoce bien tu obra gráfica, ha señalado que en “Gran Sur” se percibe la influencia de Neruda. No parece tan obvia…

—Neruda es una influencia definitiva para cualquier poeta posterior. Concretamente los poemas de “Residencia en la Tierra” revisten el mismo ambiente sombrío que impregna “Gran Sur”. También “Hijos de la ira” de Dámaso Alonso y “Poeta en Nueva York” de Federico García Lorca. De todas formas, lo que a mí me aparta de cualquier autor no es una pauta estilística a seguir, sino el descubrimiento de todo lo que es posible con las palabras, de los límites del lenguaje.

—¿Qué otros autores te interesan?

—Mis influencias son muy variadas y dispares. Cuando empiezo a escribir poesía no lo hago tanto por la influencia de otros poetas, como de cineastas o músicos. Desde los clásicos como Orson Wells y David Lean, hasta los más recientes, como David Lynch, Polanski o Ridley Scott. En cuanto a la música estoy emocionalmente ligado a toda la música de los ochenta y el post punk, como Psychedelics Furs, The Chameleons o New Order.

—¿Qué ha supuesto para ti este premio de poesía, el primero que recibes?, ¿cómo decides presentarte?

—Es difícil conseguir darle una cierta difusión a un libro de poesía. Obtener un premio es una forma de crear un foco de atención sobre el libro, de que se publique y se distribuya. En definitiva de conseguir lectores. De alguna forma, mi segundo libro de poesía “Los chicos del Vertedero”, es un libro que llega a partir de poemas que iba recitando en las distintas sesiones de poesía, por lo que los textos ya eran conocidos. La publicación de este libro fue una consecuencia natural, en cambio “Gran Sur”, es un libro escrito durante los dos últimos años en completa soledad y aislamiento. Llega un momento en que uno necesita recibir una respuesta, que alguien te diga que no está mal de todo, recibir esa respuesta necesaria para la autoestima, en forma de premio, está muy bien.

—En “Gran Sur” describes experiencias personales, enraizadas en un escenario urbano que has pateado y sitúa al lector en las ciudades dormitorio del Sur de Madrid. “No fluye el agua de Cibeles bajo el cemento del Gran Sur….” pertenece al poema “Tierra baldía” y es una buena pista para situar al lector…

—Este escenario es el telón de fondo de toda la acción, es el paisaje urbano. De hecho el poema se titula así “Tierra baldía”, el mismo que el de Eliot, porque da una clave de la naturaleza esencial de ese entorno. Es tierra baldía, gente baldía. No quiero hacer una recreación gráfica, sino reflejar la frialdad y la sordidez del entorno urbano y humano.

—La inmersión en la ciudad, a través del primer poema “Donde cesan las mareas” conduce hacia un desalentador ambiente, en el que se alojan la rutina, los sueños frustrados, la soledad… ¿De verdad vivimos una intemperie de ciudades deshabitadas?

—“Donde cesan las mareas”, es un poema que hace referencia al fenómeno de contestación ciudadana, sin embargo lo que yo quería era llamar la atención sobre el hecho de que el gran público permanece ajeno a estas cuestiones. Creo que en España siempre ha habido esa aceptación fatalista de las desgracias, que hace que seamos un país abocado históricamente a fracasar como tal. En este sentido, sí es una intemperie de ciudades deshabitadas.

—¿La realidad es tan tremenda como la reflejas o es tu estado de ánimo el que la transforma en desánimo? Dices, “ahora vivo en la ciudad del cuerpo cansado”

—Hay mucho de eso. Uno escribe desde la subjetividad, no puedo evitarla ni traicionarla, siempre somos un tamiz y cualquier fenómeno externo acaba poniéndose al servicio del estado de ánimo. Sin embargo ese estado de ánimo llega como consecuencia directa de la observación de la realidad. De hecho, la mayor parte de las notas que tomé llegaron mientras me movía en trenes, metros, autobuses, tiempos de espera.

—Siempre has vivido en el centro de Madrid, sin embargo ahora los paisajes que se ven desde la ventanilla son otros, los edificios, las zonas de obras…

—Hasta el 2012 vivía en el centro de Madrid y a partir de ahí, cuando me traslado a un barrio del sur de la ciudad, comienzo a viajar con frecuencia en trenes de cercanías y a observar desde esa plataforma el escenario y la gente, y ahí es donde van surgiendo todos los poemas. Era como escuchar una determinada música que había que traducir.

—Destacan varios poemas visuales: Reloj de arena y Pirámide, Sísifo, Un traje de Piel, La memoria de los peces.

—Cada uno es diferente. En principio, lo que quería era componer esos poemas de tal forma que no tuviera que alterar artificialmente el espaciado entre palabras, y conseguir paulatinamente, a través de la extensión de cada verso, la forma visual externa del poema. Hay un doble juego, por una parte el contenido y por otra la forma visual que adquiere. “El reloj de arena” es el poema más complejo de todos, aparte de conseguir con la duración de cada verso las dos ampollas que forman el reloj, está la dificultad añadida de hacer que en cada una de ellas las palabras hagan referencia, por una parte a la fugacidad del tiempo, de los recuerdos, al olvido, y por otra, al peso del pasado, a la imposibilidad de volver atrás.

En “Pirámide”, el juego es más claro, se trata de una pirámide truncada y se hace evidente en el verso final conforme al discurso que desarrolla el poema. El verso final dice “a golpes de miedo construimos la pirámide truncada de nuestros padres”.

“La memoria de los peces” cierra el poemario, todo el poema está componiendo la figura de un pez del coral. Estos peces tienen una memoria muy corta, apenas tres segundos y es el único poema en el que trato el tema del amor, que no me resulta cómodo.

—No te olvidas de tu hijo en este paseo que tiene mucho de biografía. “Enmiendas a la vida” y “Mario” son dos poemas intensos: “Eres la mitad de ti contra el espejo empañado”, le recuerdas.

—Me causa cierta angustia observar los detalles de su personalidad, en contraste con la mayoría de sus compañeros de colegio, más interesados en el deporte o en una cuenta de resultados satisfactoria en los estudios. Observo en él esa imaginación que solo puede traducirse en insatisfacción, en inconformismo y en un país como este no lo va a tener fácil. Y esto se refleja sobre todo en el segundo poema que le dedico.

—Por último, que planeas ahora, ¿hay algún proyecto concreto?

—A corto plazo planeo la presentación del libro, el próximo mes de septiembre, probablemente en la librería Rafael Alberti de Madrid, con Luis García Montero.
Toño Benavides, ilustrador

En 1989 se traslada a Madrid, y desde entonces ha publicado sus dibujos en Diario 16, El Mundo, The New York Times y El Economista. Su estilo, caracterizado por la elegancia y la síntesis expresiva, ha sido durante años habitual en la mayor parte de las editoriales españolas. The Society for News Design (SND) le ha concedido varios premios, entre ellos cuatro medallas de plata y una de oro por sus trabajos publicados en el diario El Mundo, desde abril de 1991. Ha ilustrado numerosos libros, una veintena, entre ellos “El amadísimo Rolando”, de Jacob y Wilhelm Grimm (Rey Lear, 209) y como autor ha publicado “El viaje de la Luna” (Edit-in, 2000) y “Paraíso” (Eje Ediciones, 2009).

Reproducimos un poema de ·“Gran Sur”:

QUIERO LEERTE POR DENTRO

Quiero leer lo que escribas
cuando eches las cuentas a oscuras,
cuando se descuelguen tus muros, cuando caigas.
Cuando te aniden serpientes en el hígado y la memoria,
cuando ladren mutilados los perros de tu infancia.
Quiero leerte por dentro
cuando bebas en el charco de tus ojos,
cuando rieguen tus zapatos descosidos
los fatigados camiones del alba.
Cuando te abracen tus hermanos
en el humo de la ruina, cuando duermas
borracho de quimeras, vacío de esperanzas.
Cuando vayas dando tumbos, coronado
por los golpes del combate con tu sombra.
Cuando vuelvas a tu casa
flanqueado de silencios, escoltado por extraños