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sábado, 15 de octubre de 2022

ÉTER según MANUEL COVA TENARDD



UNA PELÍCULA DE GÉNERO MAD DOCTOR
QUE SE EMBORRACHÓ CON METAFÍSICA

KRZYSTOF ZANUSSI es un cineasta polaco que a lo largo de su dilatada carrera (hoy en día es octogenario) se ha granjeado una merecida fama de artista complicado. Por sus películas pululan científicos e intelectuales que perennemente intentan domeñar los secretos de la existencia humana. Él mismo es un hombre de ciencia: físico. Y además, sin temor a estrellarse contra la incongruencia y la paradoja, es un contumaz católico.

Se diría que en él podríamos encontrar a un discípulo de Swedenborg: ese místico tardío -reconvertido con casi 60 años- que abandona su carrera de científico tras la visita de lo que el creyó reconocer como un prodigio celestial que le convirtió en el trasunto de Fausto que, según cuenta Jorge Luis Borges, fue el artífice de la abrupta epifanía que este recibe, y que le lleva a "describir", con conocimientos ilimitados, las bondades de la fe en Jesucristo.

Habría que decir que tanto Zanussi como Swedemborg pueden ser valorados por una obra de extraordinario brillo intelectual propiciada por la vasta cultura que en ella se refleja, que les aleja del vulgar charlatán fanático religioso, otra cosa sería decir que su propuesta sea incontroveritble.

FAUSTO: DE GOETHE A THOMAS MANN

Con esta sapiencia que abarca lo humano y lo divino, los secretos del alma humana propia de un Fausto, construye su trama el cineasta: un film imbricado de referencias literarias que quedará irresoluble si no se tienen en cuenta.

En este alegato de Zanussi contra lo que considera actividades científicas deshumanizadas, encontramos un pacto diabólico con un Mefistófeles ensoberbecido que se verá diseccionado por la lupa moral del cineasta; asistiremos a la exoneración del malvado Doctor -tras librarse de una condena a muerte por el asesinato de una mujer-.Y a su retiro en Siberia con honores militares y carta blanca para proseguir sus experimentos, pero más que con el personaje de Goethe, sería preciso indicar que la devoción y el asombro que demuestra su potencial ayudante (y cobaya!!) encuentra mayor semejanza con el demoníaco esplendor de Adrian en Doktor Faustus de Thomas Mann percibido y relatado por Serenus Zeitblom, el amigo que en la película encuentra un equivalente en un muchacho que acepta aportar el cadáver de su propio padre para que el doctor austro-húngaro progrese en sus pesquisas mientras transcurre la primera guerra mundial.

LA ESTRUCTURA DEL AGUA

Será en ese epílogo inesperado (Zanussi se refiere a el como La Historia nunca contada) que encontremos más diáfanamente la estela del teólogo y científico sueco; ese plano final con el rostro del médico, por primera vez, sonriente y resplandeciente, es el se un hombre transmutado según la tesis central de la obra datada en 1758 de Emmanuel Swedenborg: la sorprendente De caelo et ejus mirabilibus et de inferno, ex auditis et visis. 

Será más allá de la muerte, en un limbo ultraterrenal que el film encuentre el sentido propuesto por el cineasta polaco. En un ritornelo alterado que evoca una de sus primeras películas: la evocadora La estructura del cristal. Esta vez será la del agua; un elemento imprevisto propondrá la clave del enigma. La intrincada línea que separa una sustancia sedante como el éter y un exorcismo por posesión diabólica.

Manuel Cova Tenardd


martes, 2 de febrero de 2021

INLIMBO EDICIONES



En tu interior habita esta certeza: si te dan a elegir, escoges siempre el camino oscuro que atraviesa el bosque. Ese que serpentea entre la niebla. El sendero que se adentra por regiones que desconoces. Te pones de parte de lo antiguo. Te decantas por lo nocturno. La luz está muy bien, sí, pero es para otros. Tú eres más de aquelarres y heridas y venenos y delicadas damas difuntas. Eres más de las cosas que acechan y reptan y espían en la madrugada. Nosotros también y por eso tenemos toda una colección de oscuridades. Echa un vistazo. Trae tu pala.


lunes, 31 de octubre de 2016

LIBRO DE LAS INVOCACIONES



Con el Diccionario de símbolos de Juan Eduardo Cirlot como guía, el ilustrador y escritor Pablo Gallo propuso a 131 escritores españoles de todas las edades, procedencias, condiciones y estilos que seleccionaran una frase de un autor muerto. Durante cinco años el pintor y dibujante Pablo Gallo ha invitado a 131 escritores en lengua española a invocar a aquellos de sus maestros que ya han cruzado la frontera de la vida. El resultado es este libro con 262 retratos que pretenden abrir una puerta al diálogo entre dos mundos: el de los vivos y el de los muertos. Incluye también 131 ilustraciones por cada una de las 131 citas, que funcionan a modo de conjuros, como fórmulas mágicas que animan a la invocación mediante la energía de las palabras.



lunes, 29 de julio de 2013

3 BORRACHOS por Carlos Salcedo Odklas.


A las 3 de la mañana
me dio por salir.
No iba a hacerlo
pero llevaba horas
solo,
encerrado,
escribiendo,
y creía merecer algún tipo
de recompensa.

Me metí en un garito con buena pinta
y al poco
se me juntaron
3 tipos
borrachísimos
y feos
como el culo de una oruga.
Siempre atraigo
a esta gente.

Uno de ellos era inteligente,
muy inteligente.
Aún con su pedo
podía analizar a la gente
de forma locuaz
y precisa.
El cabrón
podía ver.

Otro,
el más feo de todos
(y ya es decir)
me contó sus penas.
El pobre
solo necesitaba
amor.

El otro
solo bebía
y bebía
y bebía.

Miraban a las chicas
con lujuria
y con tristeza
como a monolitos erigidos
a una supuesta dicha
negada por el destino
de forma cruel
e inmerecida.

Inmerecida

ya que puedo corroborar
que estos 3 borrachos
eran más nobles
humanos
y
a su manera
BELLOS
que la mayoría de personas
a las que la sociedad
enferma
admira.

El caso es que yo no estaba tan pedo
como ellos
ni soy ningún redentor
ni tengo las respuestas
así que dije que iba a fumar
y también
los deje

tirados.


Carlos Salcedo Odklas, de Underground Boys.

martes, 4 de octubre de 2011

Robert Stone: Recordando los sesenta


Robert Stone nació en Brooklyn (Nueva York) en 1937. Su madre sufría esquizofrenia y su padre los abandonó poco después de nacer, por lo que Stone pasó largos períodos de su infancia en centros de beneficencia y orfanatos católicos. Pese a las constantes ausencias de su madre, que había trabajado como maestra, ésta fue una influencia determinante para Stone y despertó su interés por la lectura.

A los diecisiete años, y tras abandonar el instituto —«no recuerdo si fue cosa mía o si me echaron, pero el caso es que un día dejé de ir»—, Stone se alistó en la marina. Durante aquel año, participó en una expedición antártica y presenció el bombardeo de Puerto Said por parte de los franceses en el contexto de la guerra de Suez: una matanza de civiles fruto de la «ignorancia y la avaricia» que lo marcaría en adelante, tanto en su vida como en su obra.

También en aquella época fue cuando Stone se metió de lleno en la lectura de los clásicos y descubrió a los que iban a ser sus maestros: Dos Passos, Melville, Conrad, Hemingway, Fitzgerald. De vuelta en Estados Unidos, vivió durante dos años en Nueva Orleans con su mujer. Allí empezó a concebir la que acabaría siendo su primera novela, Una galería de espejos, mientras trabajaba descargando barcos en el muelle y realizando el censo de la ciudad barrio por barrio y casa por casa: una experiencia, afirma, que es el sueño de todo novelista.

Presentó los primeros capítulos de Una galería de espejos para optar a una beca que le fue concedida y que le permitió estudiar en el taller de escritura de Wallace Stegner en la Universidad de Stanford. Aquél fue, sin lugar a dudas, el primer punto de inflexión de su vida. Stegner se convertiría en su mentor y le prestaría un gran apoyo, tanto personal y académico como económico, ya que fue gracias a su beca y a sus cartas de recomendación como Stone consiguió completar Una galería de espejos y, más tarde, Dog Soldiers.

También en Stanford entró en contacto con Ken Kesey, que lo introdujo de inmediato en la naciente escena psicodélica de la costa oeste de principios de los sesenta. Kesey traía de la mano todo un mundo que Stone abrazó con absoluto entusiasmo. Con él y sus Merry Pranksters entró en contacto con la escena beatnik, con Ginsberg, Cassady y Kerouac, con los alucinógenos, con los conciertos de John Coltrane —«una vez vi su música»— y con las primeras conversaciones literarias serias de su vida. Para Stone, que siempre había sido un autodidacta y se había formado «a la vieja usanza, leyendo», éstas tuvieron un efecto radical y le llevaron a transformar el manuscrito de su primera novela para dar cabida a otras formas de percepción, otros niveles de realidad: «Entendí que entre el realismo y el no realismo no había diferencias realmente importantes».


Stone vivió los sesenta como una prolongación de la cultura beat de los cincuenta, una especie de fiesta privada que, en su opinión, terminó de forma tajante en el famoso Summer of Love del 1968: «Éramos esnobs al respecto. Nos sentíamos directamente conectados a los beats, sus herederos, de algún modo. Cuando estaba en el instituto, y también en mi época en la marina, admiraba a los beats, y finalmente llegué a conocerlos. Creíamos que formábamos parte de un conocimiento arcano sobre el funcionamiento de las cosas más allá de la máscara de la realidad convencional».

Sus recuerdos de aquel período dieron forma a las memorias Recordando los sesenta, en las que nos presenta a un Kerouac, por aquel entonces, bastante intratable y reacio a relacionarse con la generación más joven; a un Cassady sumido en pleno proceso autodestructivo, y a un Kesey lleno de energía que fue la auténtica fuerza motora de aquellos años: «Era como si creyera que pulsando el botón adecuado podría cambiar el mundo. Yo nunca creí algo así. No era un revolucionario cultural en ese sentido. Nunca creí que el mundo fuera a ser nada más que lo que es».

Kesey, por su parte, hablaba así de Stone: «Bob solía colocarse, se plantaba desnudo sobre un suelo de cristales rotos, miraba al cielo y gritaba. Alguien que hace eso tiene que mantenerse ocupado o podrán con él. Es un guerrero, no sólo un escritor». O también: «Stone es un paranoico profesional. Detecta fuerzas siniestras detrás de cada galleta Oreo»; una etiqueta, la de paranoico profesional, que resulta cuando menos llamativa si tenemos en cuenta todos los personajes que se dejaron caer a lo largo de los años por La Honda, el rancho y cuartel general de Kesey y los Merry Pranksters.

Stone reconoce que podría haberse perdido en este ambiente de locura general de no ser por la escritura: «Era mi disciplina. Nunca tuve mucho ego, lo aplastaron cuando era niño. Escribir era lo único precioso que poseía, la única cosa que me justificaba. Sin eso, no habría sido más que
otro tipo que bebía demasiado, que se drogaba demasiado y que hablaba demasiado. Sin eso no era prácticamente nada».

Una galería de espejos se publicó finalmente en 1967, con excelentes críticas, y ganó el William Faulkner Foundation Award y una beca Guggenheim. Paramount Comedy compró los derechos para una adaptación cinematográfica: la película, con la que el autor no quedó demasiado satisfecho, se estrenó con el título de WUSA y fue protagonizada por Paul Newman, en adelante gran amigo de Robert Stone.

Poco después, Stone y su mujer se mudaron a Gran Bretaña, donde éste comenzó a trabajar en un manuscrito llamado «Paracaidista acrobático devorado por pájaros hambrientos», uno de los titulares pretendidamente escritos por el personaje de Converse y que, en realidad, como muchos otros que aparecen en el libro, están tomados de los escabrosos artículos que escribió el propio Stone en los sesenta durante su época de redactor en un periódico sensacionalista. Afortunadamente, el título final del manuscrito sería Dog Soldiers: «Sentía que los personajes debían estar en Vietnam, pero no sabía cuál debía ser su relación con la guerra». Para decidirlo, se trasladó a Saigón como corresponsal del semanario contracultural Ink (que cerró al poco de la llegada de Stone a Vietnam, por lo que sus artículos acabaron publicándose en otros periódicos). Pero Stone no encontró el material que andaba buscando para su novela en el campo de batalla, sino en la propia ciudad, donde descubrió una corrupción sin límites y un mercado negro de tráfico de drogas en los que estaban implicados desde los militares hasta los periodistas destinados para cubrir el desarrollo de la guerra.

Sus vivencias en Saigón, junto con el shock del regreso a Estados Unidos, dieron al libro su estructura final: «Era el inicio de la era post-Vietnam. Tenía la sensación de que, con la guerra, la explosión de las drogas, todas esas cosas salvajes o como quieras llamarlas, el mundo era totalmente diferente al de antes de la guerra. Era como vivir en las secuelas de una revolución».

Como apuntaba un crítico del New York Times, en tan sólo unos años el país había completado la transición de «Martin Luther King y los Students for Democratic Society a Angela Davis y la Symbionese Liberation Army [responsables del sonado secuestro de Patty Hearst], de Dylan y los Beatles a Alice Cooper y Charles Manson, de Laos y Vietnam a Grecia y Chile, de Nixon a Exxon, de los disturbios de Watts a los de Boston».

Unos acontecimientos que «resultan tan irreales y que sobrepasaron en tal medida la imaginación de la mayoría de novelistas que fueron los representantes del Nuevo Periodismo como Michael Herr o Hunter S. Thompson los que crearon los retratos más viscerales de aquellos
tiempos». Stone fue uno de los primeros en adentrarse desde la ficción en ese terreno, y uno de los primeros también en llevar a Estados Unidos la degradación y el desastre absoluto de la guerra de Vietnam. Una «vietnamización de la tierra madre» —en palabras de Jonathan Lethem— que llega a su punto culminante en el apocalíptico enfrentamiento que tiene lugar en la montaña de Dieter hacia el final de la novela.

«Vietnam nunca será un tema desfasado para mí. Pero Irak, en cierto sentido, es mucho peor. Esos tipos han ido adonde Nixon nunca llegó, adonde Lyndon Johnson no quiso llegar. Soy un patriota a mi manera. Menosprecio constantemente a Estados Unidos como lo hago conmigo mismo, pero no me gusta ver nuestra reputación completamente destruida.»

Dog Soldiers llamó de nuevo la atención de Hollywood y también de nuevo acabó convertida en un fiasco. Según afirma Stone, el resultado final de las dos películas no guarda más que un parecido accidental con los tratamientos que entregó a la productora. Véase, por ejemplo, la
transformación de Marge en una mojigata totalmente ajena a los trapicheos de su marido con la droga, a su padre —Elmer Bender— convertido en un sensato librero y ese final rebosante de moralina que poco tiene que ver con el de la novela. Estas decepciones con el mundo del cine quedarían reflejadas más tarde en su novela Children of Light.

Con Dog Soldiers llega además el perfeccionamiento de ese estilo tan personal de Stone que algunos han dado en llamar «realismo alucinatorio» y que, como ya hemos dicho, debe mucho a sus experiencias de la década anterior con Ken Kesey y los Merry Pranksters, cuya herencia es aún mayor en esta novela. Y es que Stone ha reconocido que siempre crea a sus personajes a partir de personas que conoce, y muchos han visto una clara relación entre Neal Cassady y
el personaje de Hicks, entre Ken Kesey y el gurú y ex Dios Dieter, entre La Honda y El Incarnaçion del Verbo, entre los Merry Pranksters y Los Que Son.

En los años siguientes, Robert Stone siguió ganándose un prestigio que le ha llevado como profesor a las más importantes universidades norteamericanas —como Princeton, Stanford, Harvard, Nueva York, Johns Hopkins o Yale— y le ha valido varias nominaciones al National Book Award, al Pulitzer y al PEN/Faulkner. Actualmente es jurado de este último premio y miembro de la Academia de las Artes y las Letras.

Considerado uno de los mayores escritores vivos de la narrativa norteamericana, cuenta con la admiración del público, de la crítica y, muy especialmente, de sus colegas escritores. Entre sus amigos y admiradores se cuentan Don DeLillo, Al Alvarez, John Banville, Madison Smartt Bell, Frederick Busch, Frank Conroy, Joan Didion, Annie Dillard, James Ellroy, Michael Herr, Ward Just, Wallace Stegner, Joy Williams, William Gibson, Tobias Wolff o Jonathan Lethem.

De hecho, el propio Stone se lamentó una vez de ser uno de esos «escritores para escritores», una reputación que se sacudió de encima con el progresivo éxito de sus obras. Además, conviene tener en cuenta la influencia que ha ejercido sobre las generaciones posteriores: desde El poder del perro, de Don Winslow —que Ellroy elogió comparándola con Dog Soldiers—, hasta la herencia de sus villanos disfuncionales que puede encontrarse en las películas de Tarantino, o la más directa relación que señalan algunos entre la visión de la guerra de Vietnam de Stone y la de Denis Johnson en Árbol de humo (ganadora del National Book Award en 2007).


Reportaje y fotografías cedidas por la editorial Libros del Silencio. Texto de Inga Pellisa.

miércoles, 8 de diciembre de 2010

LS6: Análisis de Esteban Gutiérrez Gómez


LS6
Mario Crespo
(Bohodón Ediciones, 2010)


Intención de ser inmortal

Uno de los mayores riesgos de una primera novela es ser demasiado ambicioso. Independientemente del resultado, ese es un riesgo que admiro, porque la experiencia me demuestra que aquel que tiende a experimentar hasta el límite con su primera obra literaria, acaba aportando algo diferente al manido panorama literario actual. Sólo el que juega, gana, aún a riesgo de perder.

Este es el caso de Mario Crespo y su LS6, una gran novela llena de atisbos de inteligencia y espiritualidad que roza el paraíso de lo perdurable. No ha querido Mario Crespo dejar nada al azar y nos ofrece un juego, un puzzle cortaziano, que el lector debe ensamblar. LS6 es una novela de vidas cruzadas, de personajes insertos en una sociedad, la actual, llena de contrastes, y de preguntas sin respuesta. Aprovecha el autor la situación política y social para ejercer una mordaz crítica al sistema económico dominante, el capitalismo, y su antecedente sociopolítico, el liberalismo económico a ultranza thacheriano que se exportó a Estados Unidos por Regan y que continuó Bush. Como ha sabido ver y trasmitir el autor, la noticia del año 2008 no fue que un negro (llamémosle afroamericano, si consideran ofensiva la palabra “negro”) alcanzase la presidencia del país más poderoso y racista del mundo. No, esa es una gran noticia, pero no es la más importante del año 2008 o de lo que llevamos de siglo veintiuno. La noticia ha sido que el sistema capitalista se ha derrumbado, como hace años se derrumbó el sistema comunista. La noticia ha sido que la libre economía de mercado llevada hasta su límite por los apóstoles del liberalismo económico y la mundialización de la economía ha traído la mayor crisis mundial conocida, cuyos efectos todavía están por percibirse, pero que ha conseguido empobrecer mucho más a miles de millones de personas.

Así pues, Mario Crespo nos presenta a una serie de personajes actuando en un escenario de crisis. Pero estos personajes, cuyas vidas se cruzarán durante la evolución de la novela, son prototipos de la gente corriente de hoy: inmigrantes, jubilados, jóvenes desempleados, trabajadores de sueldo mínimo, todos ellos aún cautivados por la promesa de un futuro mejor en una sociedad sin Estado donde la valía personal, y no el dinero o los padrinos, ponen al alcance de todos una posición social mejor. El cuento que tantas veces nos han contado y del que conocemos su final, pero que una y otra vez nos cuelan y escuchamos porque no queremos mirar a la realidad de frente, porque no queremos asumir que hay lo que hay.

Vidas cruzadas y riesgo hasta el límite, varios desenlaces que se suceden para una novela que no deshecha pretensiones metaliterarias, que alterna ficción y realidad de modo elíptico de forma que el lector acaba en una espiral en la que todo puede ser posible.
Además, o sobre todo, podríamos decir, el placer de comprobar cómo Mario Crespo busca en su inconformismo literario para barajar narraciones en presente y pasado, para pasar de la acción a los recuerdos, para mezclar hechos y deseos y, vuelvo a repetir, presentarnos en el mismo envase, tan sólo indiciadas, apenas apuntadas sus diferencias con una sutilidad de maestro, unas píldoras blancas que pueden ser realidad o ficción. Eso se debe a que Mario Crespo es capaz de trasformar una en otra y viceversa, tal como el mismo narrador hace en el capítulo clave del libro que debería ser el final pero, oh juego máximo, oh amante del riesgo, oh buscador de satélites invisibles (porque sabes que están allí, aunque no se puedan ver), ese capítulo final se encuentra inserto en medio del libro. Dice así: “Los protagonistas acabaron la obra desafiando el arte dramático. Morir representado una muerte. Las paradojas de la realidad llevan al debate sobre la ficción. ¿Existe la ficción o sólo es una maqueta de realidad que construimos por piezas?”; o, en el mismo capítulo: “Los libros eran su lugar de acogida. Su realidad paralela. Su madurez [...] Asumió que cualquier ficción es buena para explicar la realidad y empezó a entender el mundo y sus verdades [...] sin necesidad de entrar dentro del canon social impuesto.” O la definitiva: “Tampoco sabemos si lo que vemos es la verdadera realidad. Por eso me encanta crear ficciones y compartirlas”.

Ese juego permanente lo llevará Mario Crespo hasta las ultimas consecuencias y, digo bien, últimas consecuencias, en plural, porque tras el final (el de las historias cruzadas) el lector verá que existe otro (el de la narración que cuenta la historia) y luego otro (el de la narración que en realidad está dentro de la historia) y después otro (la firma del último capítulo del libro por parte de un personaje... –hasta aquí puedo decir–) y otro (... personaje que en realidad está...–ídem de ídem–). No les cuento ese quinto y no definitivo final, para no desvelarles más misterio y evitar que dejen de saborear uno de los clímax literarios que esta novela posee.

Así que, recapitulando, tenemos una novela de personajes, cuyas vidas se cruzan en una ciudad, Leeds (Inglaterra), plagada de descripciones distintas, cada una por su narrador, en la que los personajes en plena crisis económica se preguntan por el sentido de la vida y por la necesidad de huir de ella cuando descubren el hilo pegajoso de la red de araña que trata de atraparlos. Tenemos historias dentro de historias y tenemos un hecho determinante, el nudo donde todo (personajes y narración) se encuentra. Y, ¿por qué? Porque el autor, ambicioso como pocos y deseoso de mostrarnos otra realidad literaria, va más allá y transgrede la norma de lo literario para obtener de otras realidades, puede que ficciones pero a estas alturas no debemos estar seguros de ello, otras artes que influyen y se influencian de la literatura. Y tratándose de Mario Crespo, director, realizador, guionista y productor de cortos cinematográficos, no puede ser otra que el cine. Aquellos 21 gramos o la oscarizada Crash le sirven de homenaje para trasformar las imágenes en palabras al modo que el cine neorrealista italiano influyó en decenas de escritores de la segunda mitad del siglo veinte (mi admirado Ignacio Aldecoa entre ellos). La deconstrucción de la novela, la dinamización de estructuras formales que se produjo en esa época (Cortázar y su Rayuela al frente, pero no únicos en este aspecto) tardó muchos años en trasformarse en imágenes digeribles desde una sala de proyección. El efecto inverso en muchas ocasiones todavía no se ha logrado. Es digno de elogio afrontarlo, y más con una primera novela.

El cóctel es, pues, explosivo y el regusto en la boca es agridulce porque el resultado es una buena novela que podía haber sido una obra excepcional, única, de culto. Mario Crespo ha iniciado un camino solitario, apartado de las masas de lectores consumistas del best seller, a la búsqueda de lo auténtico y novedoso, y no puedo más que alegrarme por ello y alentarle desde estas líneas recordando las palabras de WILLIAM FAULKNER : "El mérito de una obra se mide por los riesgos de fracaso que el autor afronta, entre lo efímero de su esfuerzo y la intención de ser perdurable."

Esteban Gutiérrez Gómez , 2010
.
[Fuente: Blog de Esteban]

miércoles, 9 de junio de 2010

Clan Art Café: Oviedo: Jueves: 10 junio 2010: David González & Emilio Alarcos:

Nuestro hermanito, Dav, está que se sale: no para el tío. ¿Se habrá caído en la olla de Obelix?
El cartel lo hemos cogido prestado del cuaderno de bitácora de la poeta Ana Vega: El cuaderno griego.


viernes, 28 de mayo de 2010

Alfabeto de cicatrices: nuevo poemario de Ana Pérez Cañamares

A la grandísima poeta Ana Pérez Cañamares acaban de editarle su nuevo libro de poemas: Alfabeto de cicatrices. Los hijos e hijas de Satanás le damos la enhorabuena y le deseamos mucho éxito con esta nueva colección de poemas, del que os dejamos con una muestra:




ETIMOLOGÍA

Antes de que cremaran
a mi madre, mi hermano
cogió el micrófono
que ningún cura iba a usar
y dijo: "Si una madre
es la verdadera patria,
hoy nos hemos quedado
sin patria y sin madre".
(La etimología no está
siempre de parte
de la verdad.)

Desde entonces he intentado
llevar dignamente el exilio:
vigilando que se mantenga viva
la lengua que hablamos
los expulsados del paraíso.

Ana Pérez Cañamares. ALFABETO DE CICATRICES. Ediciones de Baile del Sol, Tenerife, mayo de 2010.

domingo, 9 de mayo de 2010

K-MALEON: Cultura Libre.

K-MALEON es un festival de cultura libre organizado por artistas que se celebrará en León en la primavera del año 2010.

K-MALEON es un evento que reivindicará y gritará bien alto que nos hemos hartado de que las entidades de gestión y algunas instituciones culturales nos utilicen como excusa para cercenar los derechos fundamentales de los ciudadanos.

Y como nos hemos hartado, lo vamos demostrar haciendo lo que sabemos hacer: CREANDO.

Manifiesto: http://k-maleon.org/manifiesto

Programa:
http://k-maleon.org/programa

miércoles, 17 de marzo de 2010

MIENTRAS EL MUNDO CAE: 50 nombres de la nueva escena cultural leonesa.


Ediciones magnéticas, la editorial responsable de la publicación cultural Azul eléctrico, presenta el próximo 19 de marzo, en la Sala Studio 54 a partir de las 22:30 hs., un libro-homenaje con algunos de los nombres más destacados de la escena cultural local de los últimos años.

Mientras el mundo cae es un texto singular, único en su género, escrito y coordinado por Julio César Álvarez (co-fundador y director editorial de Azul eléctrico). El libro cuenta, además, con magníficos y personales retratos fotográficos del joven Hugo Alonso. El diseño corre a cargo de Diego Chamorro (Impresión Punto y Seguido).

Mientras el mundo cae. 50 nombres de la nueva escena cultural leonesa (2001-2009) se presentará con las actuaciones en directo de algunos de los músicos leoneses más renombrados de la última década: Phoneless, Super Chinese Fuzz, la nueva “superbanda” leonesa Lester & The Bangs y el meteórico regreso de Trigger con nuevo vocalista, Jonny Spencer, ex líder del grupo británico Psicodelia Smith.
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Cita generacional-histórica en León.
Te arrepentirás si te lo pierdes!