viernes, 18 de mayo de 2018

NEREA MAGNESIO: La seda también arde.



Y A QUE NO ME DEJAS

Habrá alguien
algún día
que me pregunte por

mi técnica de escritura
las fuentes de inspiración o
las lecturas que han marcado
mi carrera literaria...

Entonces,
me ajustaré las gafas,
cruzaré las piernas y
contestaré muy seria

que no hay nada como escribir
sentada en las aceras,
tener un novio periodista y
jugar.

Jugar a que matas
a todos los espacios en blanco,
a que despelotas a las palabras más audaces y a que ganas
-por goleada-
un masaje
-de cuerpo entero-
sin
faltas
gramaticales.


BUSCO UN CENTRO DE GRAVEDAD PERMANENTE

Hay hormigas en mi casa.
Dentro también.
No lo entiendo.
Los pedacitos más dulces
ya están en el cole y
el más seductor,
se ha ido a currar hace como
media hora.

Vienen y van,
suben y bajan y
creo, que me miran y
hasta me huelen.
Y parecen contentas.
Mucho.
Yo también.
Debe ser el amor.
Y el sexo.
Y su amor con sexo.
Y su sexo con mordiscos.
Y sus mordiscos
como las tortas de anís:

suaves
crocantes y
                     deliciosos.


ME ENCANTA CUANDO TUS GARRAS

Tiene
manos pequeñas
dedos finitos
uñas sin casi trayectoria y
anillos varios
a los que yo daba vueltas
-y más vueltas-
cuando estaba nerviosa
ahogada
o semiperdida.

Un día,
probé y
pude girarlos al sentido contrario.

Ahora,
todo eso forma parte de nuestro
lenguaje:

virar
saber que hay diferentes direcciones
y
                sobrevivir.


LA SEDA TAMBIÉN ARDE

Yo me duchaba y los veía.
Dos mosquitos, dos.
Otro día y ahí estaban.
En el mismo azulejo. Mirando a la inopia.
Al sexto o séptimo,
me acerqué un poco más.
Estaban muertos. En el mismo azulejo.
Y pensé:
cuánta gente hace eso... disimular que vive.

Luego,
me sequé bien todos los huecos y
                        recovecos y
me largué a currar.


Nerea Magnesio


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