sábado, 9 de abril de 2016

VANG!: Prólogo.




TODOS ESOS MOMENTOS SE PERDERÁN... EN EL TIEMPO... COMO LÁGRIMAS... EN LA LLUVIA


No sé para ustedes, pero para mí el futuro comenzó el 8 de enero de 2016, cuando Roy Batty, el replicante Nexus-6 de la película Blade Runner, vio la luz. Aquel futuro desangelado de un mundo en el que llovía de forma perenne, en el que los bajos de los edificios en las megaciudades (edificios vacíos, en su mayoría) eran continuos mercadillos atendidos por asiáticos, y en el que los robots de última generación parecían más humanos que la propia especie humana (por eso su vida duraba solamente cuatro años).

Así que, ya estamos en el futuro. El clima desde luego se ha alterado, no es necesario ir a Asia o África para descubrir que las ciudades son extensos mercados abiertos veinticuatro horas y los humanos tienen la posibilidad de volver a nacer, de tener otra vida. De eso se encargan empresas privadas en colaboración con los gobiernos de los distintos Estados Comerciales. Borrar la mente y otorgar una nueva identidad fue la primera opción para evitar la masificación en las cárceles y así lograr una plena reinserción de los penados. El gasto que se economizaba era tan grande, que nadie se opuso a ello. Luego surgieron otros asuntos que extendieron la visión salvadora de la nueva neurotecnología. La implantación de sueños o el desapego de la mohosa realidad diaria, podían convertirse en verdad vivida. Más tarde llegaron las cargas de conocimientos y aptitudes para obtener el máximo desarrollo del intelecto humano. La consecuencia es fácil de advertir: nos hemos convertido en las máquinas autómatas que previó Philip K. Dick en su novela ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?, obra en la que se basó la película. Deliciosa. 

La felicidad inducida domina la sociedad. Tal como Huxley pronosticó en su novela Un mundo feliz, el soma del capitalismo nos ha vuelto esclavos. Felices, pero esclavos. Phi se encarga de ello. Exquisita.

Tal como Orwell escribió en 1984, las cámaras dominan el mundo, la seguridad ha logrado fagocitar a la libertad, el Gran Hermano nos domina. También me las comí. Muy sabrosa.

En este futuro que vivimos, los controladores del poder tan solo temen una cosa: la Literatura. La invención ha dejado paso a la previsibilidad y es penada con gravedad en casi todos los Estados Comerciales del mundo. Los libros son el material más peligroso que existe, capaces de contaminar mentes con el simple hábito de la lectura. Tal como Ray Bradbury auguró en su novela Fahrenheit 451(que también me alimentó), los papeles de conocimiento son destruidos cuando se localiza una madriguera de letras. A pesar de que los recién nacidos no cuentan entre sus aptitudes con el desciframiento y comprensión por lectura y que desde hace años la escritura manual dejó de enseñarse en los centros de doctrina e inducción, hay insurgentes que persisten en el traspaso del hábito de generación en generación. 

Aún a riesgo de obtener denuncia y persecución, nuevos autores se aventuran creando material calificado como intolerante. Los ciudadanos tienen la obligación de señalamiento y acusación. Los ejemplares descubiertos se trasladan en furgones de seguridad hasta los vertederos, y nos los entregan a los lotófagos, para que los devoremos y acaben destruidos.

No sé los demás, pero mi trabajo me apasiona. Soy uno de los pocos privilegiados que puede leer y retener por un instante la sabiduría. No sé los demás, pero Phi no funcionó conmigo, y yo sé lo que tengo que hacer. Conozco mi destino.

El recuerdo impreciso es reinventado por la mente”. Es una frase llamada paremia o refrán. Pertenece al libro titulado VANG! del autor denominado José G. Cordonié. Apunto la frase en cada una de las hojas, antes de introducirlas en la boca. La tinta yodada y la pasta de papel es mi único alimento. La anoto para poder leerla y procesarla, para memorizarla por el método de la repetición. He detectado en esta novela diseños narrativos de la más altísima ilegalidad, ultradelitoAlpha, por lo que considero imprescindible conservarla. 

El autor denominado José G. Cordonié ha vulnerado el derecho al secretismo y no ha guardado el deber de silencio respecto al proyecto Metamorphosis. Eso me gusta. Lo anoto en cada una de las hojas antes de introducírmelas en la boca. No estoy muy seguro, pero temo que la dirección por poder haya ordenado mudez para evitar que los ciudadanos sepan la realidad.

El pasado se construye en el presente” es otra de esas frases condenadas con despersonalización para el delictivo autor denominado José G. Cordonié. Su lectura podría causar revoluciones. Los insurgentes darían toda la sustancia antiPhi que tuviesen con tal de tener una copia del texto. Los gobiernos asegurarían estancias en la escasa naturaleza virgen a quienes le descubriesen y revelasen la auténtica identidad del autor.

La denuncia sobre el renacimiento, sobre la nueva vida guiada, queda anotada en cada hoja de papel que me introduzco en la boca. Al igual que al autor denominado José G. Cordonié, a mí también me gusta el juego. Alguien tiene que decir que la realidad en este futuro que vivimos, es una gran mentira. Alguien tiene que decir que no hace mucho existían lazos vinculares llamados afecto, que nos unían y hacían de nosotros, los ciudadanos, un poder más fuerte.

Anoto los personajes y esbozo el dibujo de una sirena sentada sobre una media luna. Contemplo, memorizo y trago sin masticar. Compruebo metaliteratura en la narración. Phi se menciona, descubro mensajes subliminales, multilíneas de narración, paradojas por Amor. Aparecen los dúplices y los recuerdos falsos insertados. Hay desaparecidos y fantasmas en el libro titulado VANG!, hay violencia, y ejerce un continuo estímulo sobre las capas básicas del cerebro ahora extirpadas o dormidas en la mayoría de ciudadanos. Detecto vuelos de la imaginación y traslados mentales a tierras antiguas en las que todavía existía la magia y podía contemplarse un mar lleno de vida. 

Escribo cada frase del ensueño VANG! y la leo antes de introducir el papel en la boca. Voy despacio, pero nadie aquí sabe medir el tiempo. El fruto del olvido tiene eso, que nadie recuerda nada. Voy despacio y, cuando llegue el momento, cuando todo esté en mi cabeza, fingiré desarreglos próximos a la locura. Me sacarán de aquí y me trasladarán a su taller de regeneración de cerebros. Pero los insurgentes ya estarán avisados, procurarán acercarse a mí antes de los reimplantes. Entonces yo les contaré y todos los papeles que me nutren ahora, sin duda, alimentarán su sueño de verdad. 

El futuro es ahora.


Esteban Gutiérrez Gómez, Enero 2016