lunes, 2 de noviembre de 2015

MAMÁ por Luis Artigue.



El inquietante cementerio en el que jugaba de niño. El pueblo. El rito y un beso en la cara del viento. Uno para ti. Una rosa blanca regada con mis mejores lágrimas. El nudo de la corbata negra en carne viva. Una plegaria. Eso. Las complejas posibilidades de enunciación de quien visita tu tumba y te recuerda entonces, con tu mata de rizos rojos y hablando por los codos, y siente que el dolor se compacta; se materializa. El hueco. El hijo en busca de sentido -nos hemos querido tanto que cómo cesar-... Y seguir. Y casi sentirme culpable por ser feliz al disfrutar de lo que tú te estás perdiendo. Magma. Unas palabras dentro de un reloj de arena. Una promesa. Sigo intentando hacerlo mejor por ti. El desgarro. El nomadismo interno que da origen a la poesía y a la espiritualidad... ¿Esto es una oración o se trata de la necesidad d verificación de quien, al despertar sabiendo que no estás, no se reconoce?

Luis Artigue