lunes, 27 de octubre de 2014

LOS DORMIDOS: Rodrigo Garrido Paniagua.




CLANDESTINOS


Primero nos asignaron un sueldo
manchado de sudor y enfermedad
y la necesidad de tatuarnos en las manos
la oscura posesión de las cosas.

Después llamamos voluntad
a las vallas clavadas en la tierra,
trabajamos para los cartógrafos del dolor,
y delatamos, sin miramientos,
a exploradores que cavaban
túneles en la sombra.

Nos acostumbraron al cautiverio.
Nos acostumbramos al cautiverio.

Un maquillaje torpe
enmascara
miradas que tiemblan.

Algunos respiran lento
para poder llamar a las cosas
por su nombre.

Dormimos de pie y por turnos,
nos sabemos presas,
intuimos que una vez fuimos
hermosos animales salvajes.


REVELACIONES


Hay poemas que provocan orgasmos
en el pecho de los enamorados
porque inventan un cuerpo de palabras luminosas.

Hay poemas que dejan ventanas abiertas
para observar la ropa interior de sus versos,
y nos descubren luces encendidas
y trazan erecciones desordenadas.

Hay poemas con alma adolescente,
aprendices del asombro
y poemas con manos viejas de tanto cerrar heridas.

Hay poemas blancos como el silencio
con que cubre la nieve
o rojos como la sangre de una cabeza cortada.

Hay poemas que son el vino de un eterno brindis,
poemas que llevan a cuestas el rostro
de aquel que los posee.

Hay poemas como el tiempo de los árboles,
como la cueva profunda de un bosque antiguo.

Hay poemas que todavía nos aguardan
dormidos
en el interior de esta gran tormenta blanca.


Rodrigo Garrido Paniagua, de Los Dormidos (Origamin, 2014)


En Los dormidos, el poeta nos cuenta una historia que, no por universal y repetida, deja de ser más actual y contemporánea: el amago de revolución, las ganas de cambio desde el burladero con el ansia de ver sangre, incluso de nuestro bando si así hay diversión o se gana la apuesta más vil.

Leer a Rodrigo Garrido Paniagua me requiere sosiego y silencio para no perderme las tonalidades escondidas entre sus versos. No me malinterpreten, su poesía no es nada difícil de entender y disfrutar, simplemente es que Los dormidos tiene la enjundia de la sencillez, el desasosiego de la piedra contra los cristales y una mirada muy particular, más ahora que está encontrando el equilibrio tan difícil entre su voz personal y la emoción.

Jorge M. Molinero