sábado, 24 de enero de 2026

HOMBRE DE MIMBRE, MEJOR LIBRO DE POESÍA EN ESPAÑA EN 2025



El premio de la PPT reservado al Mejor Libro de Poesía en España fue compartido ex aequo por Vicente Muñoz Álvarez, autor de Hombre de mimbre. Antología Poética (1999-2025), editado por Páramo, y Laura Giordani, con Micelio (Ril Editores). Según el fallo del jurado, “son dos obras magnas, inteligentes y repletas de belleza, de dolor y de experiencias vitales”.

Vicente Muñoz Álvarez (León, 1966) es uno de los nombres más representativos de la literatura alternativa española contemporánea, vinculado a la poesía de la conciencia y a corrientes como el llamado nuevo realismo o el afterpop. Desde sus inicios ha combinado la poesía, la narrativa y el ensayo, construyendo una obra marcada por la autobiografía, la reflexión sobre la identidad. Como poeta, ha publicado numerosos poemarios que recorren más de dos décadas de escritura, entre ellos títulos como Canciones de la gran deriva, Privado, Estación del frío o Parnaso en llamas.

Por su parte Laura Giordani (Córdoba, Argentina, 1964) reside en Valencia y es autora de una poesía que atraviesa la experiencia del exilio, el desarraigo y la memoria por la que atravesó su familia. Entre sus poemarios destacan, entre otros, Cartografía de lo blando (2005), Celebración del brote (2009), Materia oscura (2010), Noche sin clausura (2012), Una lengua impropia (2014), La infancia que nos aguarda (2016), Monte adentro [imantaciones] (2018), Manca terra (2020) y Micelio (2025).

Además la aragonesa María Bastarós recogerá el 7 de marzo el premio al Mejor Libro de Prosa en Español con Criatura (Seix Barral), “un libro brillante, ágil e inteligente que lleva al lector a una profunda reflexión sobre lo que somos en una época líquida”.

El jurado de los II Premios de la Crítica en Aragón convocados por la Plataforma de Poetas por Teruel ha estado formado este año por Alfredo Saldaña, Cristina Giménez, Chema López Juderías, Natalia González, Marisol Julve, Mario Hinojosa y Nacho Escuín.

Los ganadores fueron seleccionados a partir de un listado de los que, en opinión del jurado, han sido los mejores lanzamientos editoriales de 2025. Como el año pasado, se concedió un premio para prosa y otro para poesía, tanto dentro de Aragón como en el contexto general de España, además del premio honorífico a título póstumo.



jueves, 22 de enero de 2026

VICENTE MUÑOZ, PREMIO DE LA CRÍTICA DE ARAGÓN EN POESÍA



La antología poética del leonés, galardonada ex aequo con 'Micelio', de Laura Giordani, según el fallo hecho público por la Plataforma de Poetas por Teruel.

El escritor y gestor cultural leonés Vicente Muñoz Álvarez, director del Festival Híbridos, ha sido galardonado con el Premio de la Crítica de Aragón al Mejor Libro de Poesía publicado en España en 2025 por su poemario Hombre de mimbre. Antología poética 1999-2025 (Editorial Páramo), ex aequo con Micelio, de Laura Giordani, según el fallo hecho público por la Plataforma de Poetas por Teruel. El jurado ha concedido este reconocimiento dentro de los Premios de la Crítica en Aragón 2026, unos galardones que distinguen obras de poesía y prosa publicadas el año anterior.

El acto de entrega de los premios está previsto para el sábado 7 de marzo de 2026, a las 11:30 horas, en el Salón de Plenos del Ayuntamiento de Teruel, según ha señalado la organización en una nota de prensa.

Hombre de mimbre, el libro premiado, reúne una significativa selección de poemas de Vicente Muñoz Álvarez desde 1999 a 2025, extraídos de sus ocho libros de poesía publicados hasta la fecha, y un poemario inédito con poemas recientes.

Sobre él, la crítica ha dicho: Hombre de mimbre es un lugar de encuentro entre autor y persona lectora, es esa esquina del verso donde festejamos y celebramos esa complicidad enorme que tienen los grandes poetas, estos que escriben desde el margen, con y por la otredad (Enrique Villagrasa en Librújula).
Para Javier Mateo, de El Imparcial, «hay autores cuyo universo zarandea al lector, dejándole una marca indeleble. Uno de ellos es, por su fuerte personalidad, Vicente Muñoz Álvarez. Por su poesía, se ha ganado a pulso pertenecer a ese olimpo de escritores marginales, salvajes y malditos de la literatura española actual».

«Volver (siempre) a la poesía de Vicente Muñoz Álvarez es toparse de frente con uno de los poetas más auténticos de su generación. «Hombre de mimbre», la antología que acaba de publicarle Páramo, es una excelente oportunidad para leer la obra de este imprescindible, injustamente invisible, afortunadamente clandestino poeta», Enrique Cabezón.

»Como decía el gran Hank, lo más importante es saber atravesar el fuego, y Vicente Muñoz Álvarez ha demostrado que sabe cómo hacerlo. Un salvaje y eterno on the road y un privado Ave Fénix", se puede leer escrito sobre Muñoz en Culturamas firmado por Julia Roig.

Por su parte, Rafael Morales, en Turia, escribe que «tiene el lector, por consiguiente, una buena oportunidad de leer una poesía apartada del hermetismo y lo fragmentario, propia en sus imágenes e imaginario, muy personal y alejada de los trabalenguas que parecen decir más de cuanto cuentan».
Para Nacho Escuín, autor del prólogo, «hay quien acaba ocupando un lugar que no le gusta o donde no se identifica y hay quien ha trabajado ese espacio y eso que llamamos identidad desde la honestidad y la autenticidad absoluta. Ese es el caso de Vicente Muñoz Álvarez».

O las palabras de José Ángel Barrueco en el epílogo: «Vicente Muñoz Álvarez constituye un ejemplo de lucha poética y de resistencia personal, de entrega sin condiciones y sin rendiciones a la literatura y a las combustiones que esta nos depara. La presente antología nos vuelve a demostrar que estamos ante un poeta honesto y necesario, que huye de la falsedad, de las promesas de quienes se venden al circo editorial: alguien que, psicoanalizándose de continuo a sí mismo, nos enseña un espejo».

Y ya dijo aquí el propio Vicente Muñoz: "26 años de poesía, 568 páginas, lo mejor de mis ocho anteriores poemarios más un nuevo poemario inédito, un prólogo de Nacho Escuín y un epílogo de José Ángel Barrueco, más mi corazón al desnudo». Eso es Hombre de mimbre.



miércoles, 21 de enero de 2026

UN POEMA de EL OUTSIDER por ANTONIO JAVIER FUENTES SORIA




Vierto
una cucharada de miel
sobre un vaso de leche,
y es un otoño
derramándose en la nieve.
Recuerdo a mi madre,
siempre trabajando,
sentada frente a la máquina de coser.
El mueble barnizado de su vieja Singer
también tenía ese brillo.
Afuera, como mis recuerdos,
una liviana niebla se diluye,
y los padres,
imperturbables cumplidores,
antes de acudir
a sus puestos de trabajo,
llevan a los niños
al colegio.


Antonio Javier Fuentes Soria 


martes, 13 de enero de 2026

SOBRE HOMBRE DE MIMBRE




PREMIO DE LA CRÍTICA DE ARAGÓN AL MEJOR LIBRO DE POESÍA 
PUBLICADO EN ESPAÑA EN 2025

Hombre de mimbre es un lugar de encuentro entre autor y persona lectora, es esa esquina del verso donde festejamos y celebramos esa complicidad enorme que tienen los grandes poetas, estos que escriben desde el margen, con y por la otredad.

Enrique Villagrasa en Librújula

El poemario más ambicioso del leonés Vicente Muñoz Álvarez. Son sus versos, escritos desde 1999 hasta 2025, los que protagonizan las 568 páginas de la publicación.

Camino Díez en La Nueva Crónica

Hay autores cuyo universo zarandea al lector, dejándole una marca indeleble. Uno de ellos es, por su fuerte personalidad, Vicente Muñoz Álvarez. Por su poesía, se ha ganado a pulso pertenecer a ese olimpo de escritores marginales, salvajes y malditos de la literatura española actual.

Javier Mateo Hidalgo en El Imparcial

Hombre de mimbre no es solo una recopilación, sino una revelación de su corazón y su forma de entender la literatura, entre clásica y futurista. Muñoz utiliza esta metáfora para describir su personalidad y su estilo de vida.

Pacho Rodríguez en Diario de León

Este libro, entre otras muchas cosas, es el manual del buen anarquista, de quien nada tiene que demostrar y ni se vende ni trata de comprar a nadie; sirva el bagaje de más de treinta años en el tajo de las letras, como verdad y marco donde contemplar al hombre, al de mimbre, con un gran corazón latiendo dentro.

Tomás Soler Borja

Volver (siempre) a la poesía de Vicente Muñoz Álvarez es toparse de frente con uno de los poetas más auténticos de su generación. “Hombre de mimbre”, la antología que acaba de publicarle Páramo, es una excelente oportunidad para leer la obra de este imprescindible, injustamente invisible, afortunadamente clandestino.

Enrique Cabezón

La poesía amada y respetada con total honestidad: he aquí el tributo de Vicente, como un auténtico hombre de mimbre.

Julia Navas Moreno

El escritor y gestor cultural leonés Vicente Muñoz Álvarez acaba de presentar su nueva obra, Hombre de mimbre. Antología poética 1999-2025, un volumen de 568 páginas que reúne textos de ocho de sus poemarios publicados y un conjunto inédito que da nombre al libro.

El Heraldo de León

Como decía el gran Hank, lo más importante es saber atravesar el fuego, y Vicente Muñoz Álvarez ha demostrado que sabe cómo hacerlo. Un salvaje y eterno on the road y un privado Ave Fénix.

Julia Roig en Culturamas

Poca gente eriza la piel con su forma de escribir como él.

Raúl Merino

Tiene el lector, por consiguiente, una buena oportunidad de leer una poesía apartada del hermetismo y lo fragmentario, propia en sus imágenes e imaginario, muy personal y alejada de los trabalenguas que parecen decir más de cuanto cuentan.

Rafael Morales en Turia

Hombre de Mimbre es un recordatorio de que la poesía puede ser resistencia, lucha y celebración al mismo tiempo. Un libro que deja huella y que confirma a Vicente como una de esas voces que no se callan ni se doblegan.

Felipe J. Piñeiro

Editada de manera exquisita por la Editorial Páramo, rara vez una antología es tan coherente y necesaria. Desde el primer poema, todo un emblema, hasta el último, la demoledora calidad literaria de Vicente Muñoz Álvarez mantiene un pulso incorruptible contra la realidad de Babilonia y sus verdugos. Absolutamente imprescindible.

Javier Vayá Albert

No olvidaré, nunca, que gracias a Vicente, como tantos, no me avergüenzo de escribir. No lo olvidaré y hoy lo dejo por escrito. Mientras tanto, me sumerjo de nuevo en el ritmo furioso de los tiempos que el bardo, desde hace años, nos ha venido narrando con su voz de rapsoda alucinado.

Pablo Cerezal en Vislumbres del Dorado

A estas alturas, lo que está claro es que este Vicente que conocemos se nos ha hecho imprescindible. Sus palabras y los vacíos que las sostienen son ya un poco también las nuestras. Hacedme caso, devorad esta antología porque os va a llevar muy lejos.

Roberto R. Antúnez

Los poetas isla pagan su búsqueda y denuncia de la verdad con cierto aislamiento. Aunque tienen gran prestigio entre aquellos que les leen, la pena es que no puedan tener acceso a los grandes medios de distribución literaria, pues su literatura está a la altura de los encumbrados por el canon.

Pablo Malmierca

Muchísimos aspirantes a poetas debemos a Vicente Muñoz Álvarez que nos haya guiado a la hora de escribir y en cómo estar siendo lo más libre y honesto en esto de coser versos. Esta antología poética editada por Editorial Páramo deja constancia de una obra mayúscula que ha dejado huellas en toda una generación.

Jorge M. Molinero

Por fin en casa esta maravilla de Vicente Muñoz Álvarez, una parte de su poesía, de su alma y su pensamiento. Ganas siempre de volver a este gran Maestro, uno de los mejores poetas españoles del momento, por lo que anticipo el deleite de cada página, de cada verso, de cada palabra.

José G. Cordonié

Una magnífica obra en la que un yo outsider y vulnerable, figura de mimbre con el corazón ardiendo, convierte su biografía en materia lírica mediante un realismo confesional, existencial y a menudo pesimista, pero a la vez combativo, que se rebela contra la inutilidad de la poesía y contra el circo editorial, apostando por una voz desnuda, sin máscaras, que se psicoanaliza a sí misma y ofrece al lector un espejo ardiente donde vida y literatura se confunden. ¡Enhorabuena también por su bellísima edición!

Joaquín Piqueras

Hay quien acaba ocupando un lugar que no le gusta o donde no se identifica y hay quien ha trabajado ese espacio y eso que llamamos identidad desde la honestidad y la autenticidad absoluta. Ese es el caso de Vicente Muñoz Álvarez.

Nacho Escuín

Vicente Muñoz Álvarez constituye un ejemplo de lucha poética y de resistencia personal, de entrega sin condiciones y sin rendiciones a la literatura y a las combustiones que esta nos depara. La presente antología nos vuelve a demostrar que estamos ante un poeta honesto y necesario, que huye de la falsedad, de las promesas de quienes se venden al circo editorial: alguien que, psicoanalizándose de continuo a sí mismo, nos enseña un espejo en el que también nos reflejamos muchos de nosotros.

José Ángel Barrueco

Solicítalo en tu librería habitual o en la web de la Editorial Páramo:


Booktrailer: 


lunes, 12 de enero de 2026

ENTRE EL ASFALTO, LA GASOLINA Y LA CARRETERA



Reconozco, tengo que admitirlo, mi debilidad por el autor de este libro, Felipe J. Piñeiro, tanto a nivel humano como literario. Afinidad como persona, por su independencia y elegancia, dos cosas que valoro especialmente en cualquier individuo, y admiración por su obra, capaz de trascender de lo particular a lo universal, haciendo que el lector se identifique plenamente con ella.

Ya en 2014, hace ahora diez años (cómo pasa el tiempo), prologué El ladrón de sentimientos, su segundo poemario, haciendo hincapié en esa capacidad suya para hacernos encarnar sus versos, y vuelvo hoy a insistir en ello porque me parece algo básico y necesario de cara al lector, y una premisa que, como poeta, he tenido siempre en cuenta: escribir sobre lo particular, intentando hacerlo universal, y transformar la experiencia propia en algo de todos.

No solo es cuestión, para mí al menos, de demostrar lo bien que uno escribe ni lo mucho que sabe y ha leído y vivido, sino de lograr que se identifiquen con tus versos los demás.

Esto es lo que yo pienso y opino, que por supuesto es cuestionable, pero que a mí al menos me sirve como faro y guía a la hora de escribir y decidir leer a unos u otros poetas. No me interesan ya, a estas alturas, los fuegos de artificio ni los ejercicios de estilo y de retórica, sino la poesía auténtica que me llega al corazón. Y la de Felipe J. Piñeiro, lo reconozco, siempre me lo atraviesa.

Más que nunca ahora, con este nuevo poemario, Cáncer, cuyo mero título, como diría Leopoldo María Panero, hace temblar el aire. Un libro nacido del dolor (de estar vivo) y la pérdida (del padre muerto), de la frustración y el desengaño, y un canto de cisne por lo que pudo haber sido y no fue (Suenan mis huesos como casa vieja / y quito importancia a esas canas / como pintura caída), que estremece y pone los pelos de punta, al tiempo que sorprende por su belleza y ferocidad.

Por no hablar ya del subtítulo, Opus Sinistrum, y la cita en latín que lo acompaña, Crucifixus in judiciis tuis, ego, qui nec credo in Deum, nec sum deus, ignosco tibi (Crucificado por vuestros juicios, yo, que ni soy un Dios, ni creo en ellos, os perdono), toda una declaración de intenciones y principios, que el que sepa leer entre líneas comprenderá.

Quizás convendría señalar al respecto que Felipe desapareció voluntariamente del mapa literario de esta ciudad (lejos de ruidos, / lejos de extraños, / lejos de todas esas monedas que tejen los / traidores), hoguera de las vanidades siempre encendida, hace ya mucho tiempo, puede que unos seis años, tras otros tantos de febril e incesante actividad mundana y poética, y que reaparece ahora con este desasosegante poemario/ajuste de cuentas, que dejará a muchos de los que lo conocen boquiabiertos.

Yo fui, me consta, uno de los pocos que durante todo ese tiempo supo de él y lo vio algunas veces, muy pocas, encaramado en su moto al más puro estilo Easy Rider (De nuevo me encuentro entre el asfalto, / la gasolina y la soledad), libre de versos y ataduras, buscando en la velocidad y la carretera su destino (todo ello muy beat) y huyendo del incesante diluvio de la tontería humana (que diría el bueno de Huysmans en Al revés). Y uno de los pocos, también, a los que él confió los motivos de su desaparición (son esas ventanas / las que me resguardan de vosotros, / es la distancia / la que obtiene mis días), harto de la fatuidad de los egos y cenáculos literarios.

Así que reencontrarme de nuevo con él en este libro, después de tantos años y una terrible pandemia, y estremecerme y maravillarme a la vez con sus versos, es para mí un motivo de celebración, por muy desoladores y siniestros que sean.

Por desgracia, como bien sabemos los poetas, la mejor poesía surge del dolor y los momentos duros, de la tristeza y la desesperación, de las pérdidas y las ausencias, y de eso habla mucho Felipe en este nuevo y tremendo poemario.

Suya, ahora, es la palabra: pasen y lean.

Vicente Muñoz Álvarez,
prólogo a Cáncer. Opus Sinistrum,
de Felipe J. Piñeiro
(Ediciones La Crítica, 2025)


sábado, 10 de enero de 2026

EN LOS DÍAS DE LLUVIA por NICOLÁS CORRALIZA




En los días de lluvia
apostado como un francotirador,
suelo mirar a través de los cristales
la vida en las gotas de agua.
Mientras, bandadas de pájaros
ajenos a mi sentir,
dibujan en el cielo la elipse de tu rostro.
Hoy no hay más partitura
que la que dicta el viento
en el mover de los árboles.
Sucede que volví a recordarte
saltando charcos con botas Katiuska.

Nicolás Corraliza, de La huella de los días (Norbanova 2014).


viernes, 9 de enero de 2026

UN CAPÍTULO de SILENCIO por PEPE PEREZA



Después de un buen rato deambulando he terminado en el cementerio. Aquí el aire está cargado de un aroma mustio de flores muertas y césped recién cortado. Camino por pasillos flanqueados de cruces hasta llegar a la tumba de mi padre. Por el ramillete que hay encima de la lápida sé que mi madre ha estado aquí hace poco. Me pregunto con qué asiduidad viene a visitarle. Yo es la primera vez que lo hago. Me siento frente a la sepultura y me enciendo un cigarro. Después de días sufriendo el ruido de las obras se agradece dar con un poco de silencio. Miro la tumba con tristeza y pienso en mi padre. Recuerdo que después de jubilarse se pasaba el día viendo la televisión. Y claro, según transcurrían los meses fue ganando kilos. El médico le aconsejó que diera paseos para mantenerse ejercitado. No hizo caso y continuó anclado al sillón. Por eso, mi madre se las ingenió para hacerle andar. Empezó a encomendarle algunos recados. Por ejemplo, ir al supermercado. A su regreso, mi madre le mandaba de vuelta porque necesitaba lejía para la colada y no lo había apuntado en la lista de la compra. Mi padre, refunfuñando, volvía a por lejía. A su llegada, mi madre se disculpaba por haber olvidado mencionar que también trajese detergente. Y a él no le quedaba más remedio que ir a por el detergente. Podían tirarse así toda la mañana. Cuando pasaba a visitarles, mi padre me llevaba aparte y mostrándome su preocupación me decía que mi pobre madre estaba perdiendo la cabeza. Yo tenía que disimular y aguantarme la risa para no delatar la fullería. Otra de las cosas que me viene a la memoria es la imagen que tengo de mi padre cuando estaba ingresado en la UCI. Aunque su cerebro se había apagado a él le mantenían con vida enchufado a una docena de máquinas y monitores. La típica parafernalia que se ve en las películas de hospitales. Pero claro, aquello era real, demasiado real, y dolía. Uno de esos días fui testigo de una de las escenas más entrañables que he presenciado en mi vida. Mi madre, en un intento desesperado por traerle de vuelta a este mundo, se puso de puntillas e inclinándose sobre la cama le besó en los labios. Era la primera vez que veía a mi madre besar a mi padre en la boca. Había visto cómo le besaba en la cara o en la frente, pero nunca en la boca. En medio de la angustia, del dolor, la confusión, el miedo… en medio de toda esa tristeza, pude encontrar un poco de consuelo contemplando aquel beso. Más tarde, cuando los médicos apagaron las máquinas y mi padre murió, yo dejé a mi madre a solas con él para que pudiese despedirse y fui a fumarme un cigarro. Salí por urgencias y crucé la carretera hasta un pequeño aparcamiento que hay enfrente. Mientras fumaba sentí algo extraño que no he vuelto a sentir desde entonces. Por alguna razón, la muerte de mi padre potenció todo rastro de vida que me rodeaba. Casi podía sentir cómo las plantas hacían la fotosíntesis, el pulso de cada insecto, el aliento de los pájaros, el latido de todo ser humano que andaba por allí. Incluso podía notar la sangre que fluía por sus venas. Todo rebosaba vida, el aire, las nubes, el propio asfalto que pisaba. Vida en contraste con la muerte de mi padre. Vida, vida… Me llama la atención un grupo de hormigas que entran y salen por una pequeña grieta que hay en el mármol de la lápida. Mi primer impulso es prenderles fuego con el mechero. Lo que hago es acercarme y echarles por encima una bocanada de humo. Al momento se rompen las dos hileras que habían formado y huyen en todas las direcciones. Adiós a la disciplina, llega el caos.

Pepe Pereza, de Silencio
(Editorial Páramo, 2025)


miércoles, 7 de enero de 2026

MANIFIESTO por NATACHA G. MENDOZA



Quería que mi protagonista estuviera obsesionada con Schopenhauer, que transmitiera inconformidad y una cierta inclinación hacia el suicidio. Llevaba días creándola en mi cabeza, vistiéndola de mil formas distintas. Durante ese tiempo no logré visualizar su rostro; aún faltaban cosas que solo aparecerían al comenzar la historia.

Debía vivir encerrada, odiar la luz del sol. Detestar a su madre y enterrar con vida a ese padre que la ignoraba. No quería belleza exterior ni dulzura. Necesitaba que desprendiera rudeza y, al mismo tiempo, una fragilidad que no cualquier lector sabría encontrar. Debía arrancar algunos llantos de compasión, incluso el mío.

Quería llorar con ella, desahogarla por completo, vaciarla de todo ese maldito peso al que iba a someterla. Llorar, sí: incluso ese mundo que aún no le había creado, llorarlo todo, hasta empapar mis papeles en blanco.

Debía matarla antes de nacer.

Natacha G. Mendoza


martes, 6 de enero de 2026

LAS PUTAS por DAVID GONZÁLEZ




¡David, no corras, ven aquí!,


gritó mi viejo desde la puerta
de Automáticos Rodríguez,
el salón de juegos recreativos.

Esa noche sobé en un descampado,
en una caseta metálica prefabricada.
Había dos colchonetas de espuma.
Una la compartíamos el Yago y yo,
mientras que la otra
era propiedad exclusiva de Paulino,
alias el Lin,
un canoso chulo putas
que si esa noche dormía con nosotros
era debido precisamente
a que a una de ellas, a una de sus lumis,
una gallega que se le había puesto farruca,
la tenía encerrada,
atada de pies y manos,
en el baño del cuarto del hostal
en el que habitualmente se alojaba.

Lleva así tres días, nos dijo.
A pan y agua la tengo, comentó.
Y chupando hostias cada poco, añadió.

Entre las dos colchonetas,
había dos latas de conserva furruñosas.
En una de ellas, el Lin aplastó
la chicharra del flai que estábamos fumando

Ya veréis cuando salga,
lo suave que va a andar,

dijo, y después, por último,
apagó la llama de una vela
que ardía de vergüenza en la otra lata,
se dio la vuelta
y al momento ya estaba roncando,

como mi padre.

Antes de que me duerma yo también,
he de admitir que el Yago y yo
nos buscábamos la vida (y la ruina)
levantando radiocasetes de los tequis,
pegando palos en los pisos
y xirlando a la gente por la calle,
y que Paulino, el Lin, era el encargado
de darle salida a todo el material.
Después, a la hora de echar las cuentas,
nuestra parte era siempre la más pequeña,
aunque él tratara de arreglarlo, de compensarnos,
llevándonos de compras, o al bingo,
o pagándonos la entrada a la discoteca
más todas las consumiciones que quisiéramos.
Pero así y todo salíamos perdiendo nosotros.
Era evidente que nos estaba tangando de mala manera,
o por decirlo de otro modo: nos estaba
chuleando,
pero bueno, creo haberlo dicho antes ¿no?,
creo haber dicho ya
que Paulino, el Lin, era un canoso chulo
putas.


David González, de Algo que declarar. Poesía de no ficción (Bartleby, 2007).

lunes, 5 de enero de 2026

QUE ME DUELAS por MIGUEL ÁNGEL BERROCAL




Que me duelas como cicuta a medias
Como noches mirando fotografías
Como aquel último güisqui
sin tu marca de labios en el vaso
Que me duelas entre renglones
entre tus piernas que no toco ahora
entre labios mordidos
Que me duelas como todas las drogas
y ninguna
Como cuando se fue todo
y no quedaban ni las colillas a mis pies
Que me duelas siempre para saber que estás
Que me duelas como sólo duele sonreír
a solas
contigo
en ti
por ti
Que me duelas como sólo duele ser feliz
Me da igual cómo
Pero que me duelas

Miguel Ángel Berrocal

sábado, 3 de enero de 2026

EL ACTO IMPÚDICO DE LA MASTURBACIÓN EN PÚBLICO



No creas todo lo que lees,
no hagas caso de todo lo que te cuentan;
ni soy todo lo que escribo,
ni escribo todo lo que soy,
ni puñetera falta que hace.

Los poetas
somos
tan...
exagerados.

Si buscas realidad,
bucea en libros de auto-ayuda,
en novelas basadas en hechos reales,
en tochos de texto, religión, filosofía, historia,
pon la tele, la radio,
ojea el periódico,
haz caso a tu mejor amigo,
confía en tu jefe,
vete al psiquiatra,
saca a tu perro a pasear...

pero nunca
en un poeta, no,
nunca busques realidad
en la poesía.


Francisco Soto