miércoles, 25 de junio de 2014

PISTOLERA, por LULA SOUTO MÉNDEZ


Hay días en los que deberías salir de casa sintiendo el peso de una pistola en cada cadera para ser capaz de encajar los golpes sin perder las formas. Son días en los que te cierran las puertas de una esperanza en las narices – entiéndase literalmente – y te lanzan a miles de kilómetros de los sueños que, alguna vez, has tenido. Son días en los que te encuentras con alguien del pasado, de ese pasado que tanto dolor y lágrimas ha costado enterrar, y te acuchilla las entrañas con un puñal de nostalgia por lo que fue, por lo que no fue, por lo que pudo haber sido. Hay días en los que, antes de salir de casa, deberías calarte bien el stetson, dando sombra a una mirada impenetrable, y echar a andar sintiendo el peso de una pistola en cada cadera. Echar a andar con paso lento y decidido, como si estuvieras dentro de un western, sabiendo que eres la más rápida en disparar.