lunes, 31 de diciembre de 2018

MUÑECA DE NIEVE por SILVIA RODRÍGUEZ




Y más triste que un cortejo de caballos sonámbulos

VICENTE HUIDOBRO


De niña hubiese hecho cualquier cosa
por ser la reina de los hielos

no sabía entonces que un día
me quedaría helada sin reacción
ante la muerte de papá
que sería un gélido maniquí
en una pista olímpica

ese frío duele más que la pubertad
duele más que el dolor
punzantes estalactitas te inmovilizan
son puñales dardos y tú la diana

soy una muñeca que no se derrite
que no puede sonreír bailar
amar y sudar hasta el amanecer


Silvia Rodríguez, de Padresueño ( Tragacanto Ediciones, 2018 )



jueves, 27 de diciembre de 2018

CULT MOVIES 1: PELÍCULAS PARA LLEVARSE AL INFIERNO: Epílogo.




UN FARO EN LAS TINIEBLAS DEL EXCESO DE INFORMACIÓN

(Epílogo de José Ángel Barrueco) 


¿Qué tal la experiencia, amigo? 

Espero que tu lectura haya sido tan gratificante como lo fue la mía. 

Acabar de leer este libro de artículos y reseñas no es muy distinto a salir de la penumbra de un cine y afrontar la luz de la realidad, que a la postre resulta más incómoda y, desde luego, más inhóspita que cualquiera de las ficciones que Vicente Muñoz Álvarez propone en este repertorio de títulos anómalos, argumentos enfermos y ambientes espeluznantes. En estos tiempos de internet tal vez tú lo compares al visionado nocturno de una película en casa, en el sofá, a oscuras y abrazado a tu chica, o solo, con el gato en el regazo: ese momento en el que se encienden las bombillas y todo cobra otra dimensión. 

Me refiero a que leer Cult Movies. Películas para llevarse al Infierno es una experiencia próxima a la de disfrutar de unas cuantas obras de serie B en una de esas sesiones de programa doble en cines de periferia: uno se levanta de la butaca, sale a la calle y añora la calidez del interior y el cobijo de la oscuridad. Con este libro me ha sucedido lo mismo: concluí su lectura y me hubiera gustado que continuara. Me sentía a gusto entre sus páginas. 

Para quien aún no lo conozca, el leonés Vicente Muñoz Álvarez es ya un símbolo para muchos de nosotros, un gurú de las vanguardias del siglo XXI, capaz de sacar de las catacumbas del olvido a poetas y escritores y directores de cine a los que pocos recordaban, hábil para emprender proyectos instalados siempre en los márgenes de la cultura oficial, puntual en el rescate de autores españoles inéditos y artífice de algunas de las antologías de culto de los últimos años: 23 Pandoras: Poesía alternativa española, Golpes. Ficciones de la crueldad social (junto a Eloy Fernández Porta), Tripulantes. Nuevas aventuras de Vinalia Trippers (junto a David González), Resaca / Hank Over. Un homenaje a Charles Bukowski (junto a Patxi Irurzun), Vinalia Trippers. Plan 9 del espacio exterior (junto a Alfonso Xen Rabanal) o Beatitud. Visiones de la Beat Generation (junto a Ignacio Escuín). 

Pero Vicente es todo eso y mucho más: autor de varios libros de relatos, de poemarios y de una novela que yo considero, de momento, la cumbre de su trayectoria (me refiero, por supuesto, a su libro El merodeador); y cicerone cultural que siempre tiene las puertas abiertas de la bitácora que coordina (el blog Hankover). 

Vicente no se arredra ante nada. Si un autor al que nadie conoce, que no ha publicado jamás, le envía sus textos y él los considera buenos, los postea sin ningún problema. 

Por estas y otras razones muchos lo encaramamos hace tiempo en un pedestal. Es una referencia indiscutible. Y ahora nos ha presentado este libro necesario. 

¿Por qué creo que este libro es necesario? 

Porque hemos alcanzado un punto lamentable en el que las generaciones más jóvenes, pese a ser afortunadas porque gozan de un acceso ilimitado a archivos en avi o mp4 gracias a las nuevas tecnologías, solo suelen bajarse de internet las películas de reciente estreno (lo último, lo más nuevo, lo in, lo que está de moda), mientras que, en los canales de televisión pública, prácticamente han dejado de programar ese cine clásico con el que, cuando Vicente y yo éramos unos niños, nos educaban cada noche de lunes o cada sobremesa de sábado. Para los muchachos de ahora, una cinta como Matrix ya es arcaica, una gloria del pasado, un filme antiguo. De modo que esta apetitosa guía de VMA nos sirve (y espero que les sirva a ellos) como faro en las tinieblas de este mundo de datos tan ensordecedor, donde nos abruman con información y con películas a menudo olvidables, blandas e infames, que Hollywood cosecha con frecuencia y nos vende junto a su catálogo de perlas (porque Hollywood, pese a quien pese, sigue brindándonos las obras de los grandes: Martin Scorsese, Clint Eastwood, Woody Allen, Quentin Tarantino, etcétera). 

Libros como este se deberían aconsejar en los programas de estudios. Porque con el cine también se aprende. Nos motiva, despierta nuestras mentes y nos obliga a reflexionar. 

En las mismas fechas en las que leía Cult Movies estuve enfrascado en la lectura de un libro titulado 500 Essential Cult Books. The Ultimate Guide (de Gina McKinnon, por ahora sin traducción en España), que compré en la sección anglosajona de una librería de Berlín. Con ambas guías no solo he descubierto joyas ocultas del cine (en el caso de Vicente) y de la literatura (en el caso de McKinnon): también me he recreado en las obras que conocía. Ambos nos traen a la memoria títulos emblemáticos, y nuestra mente se refresca al recuperarlos. Placer y aprendizaje a la vez. Goce y descubrimiento a partes iguales. 

Vicente contagia su entusiasmo por el cine, ese entusiasmo que le lleva a confiar en proyectos a priori descabellados y ese entusiasmo con el que empuja y sostiene y difunde esos mismos proyectos cuando se han convertido en realidad. Esa es una faceta que no debemos obviar. 

En este libro hay numerosos ejemplos de algunas de mis películas favoritas de todos los tiempos, que Vicente recomienda con pasión cinéfila y fervor poético, y su reseña me ha servido para recordarlas y regodearme con sus escenas inolvidables: Días sin huella, La noche del cazador, Los amantes de Montparnasse, Sed de mal, Vidas rebeldes, Punto límite: cero, La matanza de Texas, Quiero la cabeza de Alfredo García, Jo, qué noche, El hombre que pudo reinar, Taxi Driver, Henry, retrato de un asesino, Inseparables, Reservoir Dogs, eXistenZ... 

El autor se aparta de la cultura oficial del mismo modo que la citada McKinnon: no es una lista de las películas habituales del canon oficial, ni de las más premiadas, sino que es propia de las filmotecas caseras y de los espectadores que no se atienen a lo establecido. VMA se deja llevar por su intuición y, entre líneas, aconseja al lector que haga lo mismo: que se guíe por su olfato y no por lo que estipule la crítica. 

Además he hallado, aquí, ejemplos de películas que no he visto o de las que jamás había oído hablar: Los ojos sin rostro, Operazione Paura, Ni el mar ni la arena, Una vela para el diablo, El asesino de muñecas, Encuentros con hombres notables, Calvaire, Entre vivos y muertos, Eden Lake... Lo que demuestra que Vicente es un gourmet de la serie B y un descubridor de rarezas con atracción por esos abismos malsanos en los que con frecuencia cae el hombre. 

No olvido que, no obstante, le gustan algunas obras que exigen mucha paciencia del espectador, y un estómago a prueba de venenos (sobre gustos...). En concreto, de esta lista yo detesto dos de ellas o les tengo cierta manía: La gran comilona y Anticristo. En ninguno de esos casos el espectador permanecerá indiferente. Lo que Vicente Muñoz Álvarez recomienda siempre nos sacude y perturba. 

Mientras uno lee este libro absorbente, siente dos impulsos opuestos (dado que no puede satisfacerlos al mismo tiempo): seguir leyendo, fascinado por la sabiduría cinéfila del autor; y dejar el libro para ver esas películas que no conoce y revisar por enésima vez las que ya amaba. 

Si, como espero, has concluido la lectura, es conveniente que vayas buscando estas gemas ocultas. Tarde o temprano se lo agradecerás al autor.


José Ángel Barrueco, epílogo a Cult Movies 1: Películas para llevarse al infierno (Eutelequia, 2011 - LcLibros.com, 2018).



Booktrailer:


miércoles, 26 de diciembre de 2018

PRINCIPIO(S) DE INCERTIDUMBRE por GEMA FERNÁNDEZ




INOCENCIA

Perdí la inocencia
el día que corté todas las cuerdas
a golpe de incisivo,
cuando dejé de criopreservar 
las despedidas
y en la palabra adiós 
tembló todo el futuro
congelado,

la primera vez que ningún pájaro
escogió mi despiste de alimento
y no hubo un grillo pródigo
que volviera a cantarme 
dentro de la cabeza.

Perdí la inocencia
cuando dije: 
No más, hasta aquí,
au revoir, totsiens,
sayõnara, arrivederci,

cuando me sentí estúpida 
abrazada a algún árbol, 
cuando todas las alternativas 
que inventaba
le sirvieron de excusa 
al conductismo
para convertir mi sueño 
en diagnóstico.

Perdí la inocencia 
cuando Kobayashi 
dejó de susurrarme:
"Simplemente confía.
¿No revolotean así 
también los pétalos?"

cuando me tuve lejos
y el tiempo se detuvo 
audaz e insobornable 
dentro de una promesa,

cuando me tuve cerca
y no tuve el valor
de conocerme. 

Y perdí la inocencia 
en cada noticiario,
en cada mujer muerta 
con la que muero un poco,
en toda la tristeza 
que pernocta en los ojos
de la gente sin nombre
que se abriga los miedos 
con una manta vieja 
y expatriada,

en las urnas, las cenizas,
los votos, los rebotes,
las crudas decepciones, 
todas las acepciones 
que escondemos a un tiempo 
debajo de la manga
y de la lengua
para buscarle al miedo
otro significado,

en el fuego de Alepo,
en la piel consumida
lentamente,
en la sangre que mana
como savia
y es moneda de cambio
entre los ignorantes
que nunca han conocido
cómo ruge el amor
y no saben vivir
sin arrasar consigo
la vida de los otros.

Perdí la inocencia
cuando una Frida Kalho
mercantilizada
lloró su identidad 
en la ropa de Berskha, 
cuando mi desconcierto
no sonó a libertad
en la cámara gris
de todos mis neumáticos,
cuando al fin comprendí
que un beso de verdad
no se planea nunca
aunque alguien lo proyecte
como una bala húmeda
al centro de los labios.

Perdí la inocencia...

pero puedo sentirla
pellizcando mis nalgas
debajo de las sábanas
sólo con que susurres
a mi oído: 

- Creo en ti
y te traigo dos grillos del jardín
que cantan como nadie
"La Bohéme" de Puccini.

Puedo tolerar la ausencia 
de mi fe,

la tuya no.

*

EN MI DEFENSA

Y fue por eso, señoría,
que ahogarme, sumergirme, 
zambullirme de lleno,
bullir, hervir,
calarme hasta los tuétanos,
rebanarme los huecos,
los abismos,
sentir húmedo el húmero
y tibia la prudencia,

por eso
que empaparme, empañarme,
empacarme y lanzarme
como un maletín roto
al fondo del oceáno,
hundir el corazón, los pies,
las manos,
urdirme hasta los planes,
multiplicar las penas
y los los peces,
perder casi el aliento,
beberme hasta acabar
con la marea,

por eso
que asfixiarme, atracarme,
sumergirme la piel y el
archipiélago
debajo de su piel y su
archipiélago,
con predemeditación, alevosía
con este mareaje tormentoso,
este malaje hídrico y perverso,
este batir de olas y de adioses,

terminó convirtiéndose
en algo inevitable.

Por eso...señoría,
soy culpable,

por el regusto a sal
en las encías,

porque cuando mordíamos
las orillas del cielo
sabíamos a-mar

*

HUIDAS

Me dicen que a 32 kms,
al Oeste de la isla Smith,
en la bahía de Bengala
está la isla Norte de Centinela.
72 kms cubiertos de bosques
y finas playas
habitados por el único 
pueblo 
desconectado 
del resto del mundo.

No les agradan mucho las visitas,
cuentan,
son celosos de su intimidad,
poco comunicativos,
hostiles con los desconocidos,
un núcleo celular de bichos raros
que rinden pleitesía a la cigarra
y se comen la hormiga
de un bocado,
un paralelepípedo
plantándole la cara y las aristas
a toda globalización
que se le acerque.

Me lo cuentan a modo 
de advertencia,
¡Menudos salvajes!
gritan,

pero tú y yo no somos,
no lo hemos sido nunca,
unos aventajados
en eso de cumplir a rajatabla
las costumbres comunes
de los otros,
ni los "saber estar",
ni el protocolo exacto
en cada situación
o proceder,
no somos, en resumen,
víctimas potenciales
para la ingeniería social
y sus masivos métodos
de experimentación,

así que se me ocurre que,
tal vez, si te parece bien,
podríamos tratar de llegar 
hasta allí,
la remota e ignota isla 
desconocida,
y desnudar el miedo
hasta desconocernos
por completo,
volarnos, desaparecernos
evitar perecernos si algún día 
nos da por parecernos
al proyecto de ser inexistente
que habitamos detrás 
de los espejos.

Podríamos soñar con nuestra 
huida,
eso se nos da bien,
podríamos jugar al escapismo,
tú serías Houdini,
yo Dorothy Dietrich
y tendríamos un perro
que se llamara fuga
y no acudiera nunca
a la llamada.

Podríamos jugar,
deberíamos...

porque si no jugamos,
si no jugamos mucho,
todo el tiempo, siempre,
terminaremos haciendo
esas cosas odiosas
que esperan de nosotros,

aunque luchemos, 
aunque enseñemos los dientes,
aunque nos escurramos,
nos rebelemos, nos retorzamos
como un par de balletas,
dentro del fregadero,
aunque cambiemos 
de nombre y domicilio,
de piel incluso,
terminaremos haciendo
las mismas putas cosas 
que esperan de nosotros.

No nos engañemos, 

ya nos habían "decidido"
mucho antes
de que nos decidiéramos
a ser
y saldaramos a tiempo
las primeras dudas.


Gema Fernández,
de Principio(s) de incertidumbre
(Suburbia Ediciones, 2018)


lunes, 24 de diciembre de 2018

TEJER UNA BANDERA por ÓSCAR AGUADO



Podríamos mantener una discusión. Formar un pensamiento en base a una palabra con distintos significados. Tejer incluso una bandera. Yo olvido todas las acepciones de blanco y me quedo solo con la que me interesa. Tú coges el blanco y lo pintas de morado, por ejemplo (tienes todo el derecho a hacerlo). Pero después me dices que el blanco es morado por naturaleza, ahí ya me estás empezando a tocar los huevos. Después me cuentas la historia del blanco e insistes en que mi blanco no existe, que tal vez transparente, pero blanco no. Yo me bebo un trago de cerveza y te dejo con tu dislexia y tu jodido daltonismo.

Óscar Aguado


viernes, 21 de diciembre de 2018

HISTORIA DE LA SALVACIÓN EN BENAVENTE: 2 Poemas.




FULL MAYOR EN EL CAMPEONATO MUNDIAL DE PÓKER

Mi sueño es convertirme en un blanco que nunca escribe y que jamás habla.
Un blanco con gafas polarizadas y zapatos monstruosos que solo piensa cosas valiosas y
precisas y duraderas.
Un blanco que se bebe sus buenos litros y cuya unión con la tierra es poder puro.
Pienso en policías a caballo que viven la vida de Lars von Trier hundidos en el bosque.
Yo quiero pudrirme encima de los padres del poeta australiano Jas H. Duque, como el tatuaje
del Che Guevara se pudre en el torso de Mike Tyson en un barrio de Los Ángeles llamado Little
Armenia.
Cuando estuve en América unía cervezas de la mañana a la noche. Tuve una casa. Bebía en esa
casa y después salía a beber.
Entraba en los bares y me volvía loco; después entraba en punto muerto al casino Silver Star
porque amo los milagros encadenados.
Llévame al desierto y adórame.

LA EXPANSIÓN DE LA IDENTIDAD EN JOY DIVISION

Yo siempre aparecía a lo lejos.
Yo vengo de la nada como una historia del instituto.
Seducir con palabras es sencillo. Seducir con la inocencia es sencillo. Pero seducir con dinero es
inolvidable.
He leído hasta el último trozo de papel de los hombres. Los hombres siempre me dan la mitad
de lo que pido.
Todo conduce a mí cuando no cambio ni una letra de mi historia.
A mí lo que me gustaba era ir a fumarme un porro con mi caballo a las doce de la noche.
Ojalá este año mueran todos los músicos y todos los cineastas de la Tierra, y quede yo solo.
Quedar al final como el sheriff que barre su casa a oscuras y cruza palabras con el monte.
Ser el elegido atravesando el corazón de los elegidos.
Dulce gente, no os rindáis hasta que vuestros coches y vuestros hijos huelan igual que yo.
Mi padre y yo somos los viajeros del súper soul. Nuestras esquelas estarán llenas de delirios.
Arizona, 4976 d. C.

Víctor Pérez, de Historia de la Salvación en Benavente
(Canalla Ediciones, 2018).

miércoles, 19 de diciembre de 2018

HISTORIA DE LA SALVACIÓN EN BENAVENTE: Víctor Pérez.



Un auténtico oopart, eso es la Historia  de la Salvación en Benavente que tienes en tus manos. Un «objeto fuera de lugar». Una obra fuera de su tiempo. Como un astronauta en un bajorrelieve precolombino, como una huella humana en un estrato fósil de hace cien millones de años, la poesía de Víctor Pérez desafía y trasciende las coordenadas del espacio-tiempo. Este libro nos revela un tipo de belleza, un tipo de arte, una sensibilidad y una sabiduría revolucionarios. Mesiánicos. Porque Víctor nos escribe desde el futuro de la poesía. Es este libro un salto evolutivo en la literatura española. Y esto no es una opinión; es una verdad apabullante, la verdad con mayúsculas que impregna cada verso de Víctor Pérez. Este libro es un mensaje enviado desde el estadio creativo al que todo poeta quisiera llegar, y no puede.

Bien, pues allí está Víctor, respirando hondo el calor y el frío y esperándonos en vano. Surfeando las eras y escribiendo, siempre escribiendo. Transmitiendo infatigable como una antena de carne y hueso plantada en mitad de todo y nada. Escribiendo por si se mata o le matan. Escribiendo por si mañana el sol explota. Escribiendo por su bien y por el nuestro.

Y es que la poesía de Víctor Pérez existe porque hay cosas que es necesario dejar por escrito. La poesía de Víctor existe porque existen los revólveres y las horcas, los detectives, los padres y el divino fulgor metálico de un coche de cuarenta años. Las cosas capaces de llevarse a uno por delante. Porque en cada rincón del mundo existe un salvaje Oeste. Porque en el corazón de todo hombre se alza y alzará una majestuosa y terrible Benavente.


Iván Rojo

martes, 18 de diciembre de 2018

AMOR LÍQUIDO por SILVIA D CHICA



Creo en la gente que va de frente, creo en la amistad y en las relaciones largas que se construyen poco a poco, creo en las confidencias al sol en una plaza, creo en los que llegan y se quedan, creo en la complicidad que no se desvanece con el tiempo, creo en las largas charlas tumbada mirando hacia arriba, creo en la infancia y en su larga y rica pérdida de tiempo, creo en las personas que están ahí, a tu lado, cuando te caes, creo en los ciclos que se cierran como suaves puestas de sol y en los amaneceres prometedores, creo en el poder de las plantas y de la Madre Tierra, creo en las sincronicidades y en lo que sucede los días 12 o 21, que siempre pasan cosas, son como el inicio de algo... creo en la observación, en la perseverancia, creo en las artes y en mi intuición, creo en mis favoritos, mis propósitos y mis instintos, creo en los maestros, en muy pocos... creo en mis benditos animales, creo en los proyectos que surgen de la nada con frescor que te involucran, y en la energía succionadora de la creación, creo en la cooperación y en la renovación, creo en el poder de la risa, creo en la pura pasión, en la seducción y en el magnetismo, creo en los sueños y en los caminos de transformación, creo en el horno de Atanor, creo en la misericordia conectada con el amor y los vínculos que crea, creo en los largos paseos y los viajes en solitario, creo en la inspiración, creo en mis hijos, creo en la fluidez y en el amor, sólido y líquido, creo en el cambio y en la preparación de semillas, creo en el futuro y en la gente que hace la vida más ancha...

Silvia D Chica


lunes, 17 de diciembre de 2018

EL NORTE SALVAJE DE JAPÓN EN MI FUNERAL por IVÁN ROJO




He pensado mucho en la muerte. He pensado en la muerte a lo largo de toda mi vida.
Recuerdo el colegio, aquella profesora de religión, sus discursos de fuego amenazante: vais a morir todos.
Supongo que no está bien decirles esas cosas a los niños un lunes de buena mañana, pero ¿qué es el bien?
Lo que sé es que por la noche soñaba con ella, se me aparecía: flotaba desnuda en horizontal sobre mi cama,
su cara amarilla de aceite a un palmo de mi aliento dulce, me susurraba latinajos, me agarraba la picha y decía: Oh.
Se reía a carcajadas en mi sueño, la bruja santa, y yo también;
me despertaba riendo como un loco después de haber mirado a la muerte a los ojos, con ganas de cantar o jugar con el spectrum,
con ganas de encender el aire de mi casa con la reverberación de la música y la luz. Y lo hacía.
Le perdí el miedo a la muerte antes de comprender su esencia, pero no el respeto, por eso pensé tanto en ella.
Pensé en la muerte igual que los astrofísicos más insignes pensaron en el final del Universo: imaginando.
Imaginé planicies nevadas donde mis seres perdidos aguardaban mi llegada cubiertos por el hielo, hechos cristal.
Imaginé a mis seres perdidos convertidos en antorchas humanas, iluminando el horizonte al que me dirigía.
Imaginé sus voces hablándome desde la oquedad del tiempo, siempre acompañándome.
Pensé en la muerte de compras, mientras abastecía mi vida de zapatillas Nike, Fairy y lomos de cerdo.
Pensé en la muerte mientras derramaba mi progenie en el suelo de la ducha, en la sima húmeda del misterio.
Pensé en la muerte en el trabajo, bajo el zumbido de los fluorescentes de la supervivencia.
Pensé en la muerte en las playas, bajo el silencio omnipotente del sol del hemisferio norte.
Pensé en la muerte en Lyon, comiendo un kebab junto al río, a los veinte años, puro músculo, ni un átomo de grasa.
Pensé en la muerte en Helsinki, escribiendo un poemario titulado León de Invierno que hablaba de la vida.
Pensé en la muerte en Fez, bebiendo té abrasador en pleno verano, con el témpano indestructible del desamor en la garganta.
Pensé en la muerte en las terrazas de todos los bares de España, leyendo el futuro en las manos de la gente.
Leyendo poesía, leyendo prosa, leyendo la letra pequeña de mi contrato de tarjeta bancaria, sentí la muerte.
Sentí su caricia en el pescuezo cuando el teléfono sonó un jueves a las cuatro y tres de la madrugada.
Sentí su olor dentro de aquel TAC, un tufo de madriguera, de animal subterráneo, imantado por el rozamiento.
Sentí su zarpazo viendo los grandes documentales de La 2 tirado en el sofá, el verano sentado sobre mi pecho, ahogándome.
Vi la muerte en el fondo de las piscinas municipales; tenía forma de pendiente, de aro dorado.
La vi debajo de las camas, dentro de los armarios, la vi ágil como una araña.
La vi en los aseos del aeropuerto de Fiumicino, Roma, con una sonrisa blanquísima y rasgos filipinos.
La vi entre las flores de las rotondas urbanas, la vi en bikini en los parques acuáticos.
La vi en la gasolinera de Alaquàs, con los labios rojos al volante de un Ferrari, y le llené el depósito.
La vi en la peluca que cubrió la cabeza calva de mi madre, y la peiné con amor, con devoción.
La vi con mis ojos mágicos dentro de todos vosotros, amigos míos, comiéndose a bocados vuestro tiempo, vuestro hígado.
¿Cuántos de vosotros habréis conseguido firmar la paz con ella? ¿Cuántos de vosotros estaréis escuchando esto?
No lo sé, espero que todos, pero lo dudo. Escribí estas palabras para mi funeral hace muchísimo tiempo. En concreto:
quinientos años.
Amé a la muerte como solo se puede amar a un hijo criminal, a un padre bestial: de manera inevitable.
Y le di la mejor vida que supe.
Abrid la caja, abrid mis párpados, y comprobadlo.


Iván Rojo, de Oclajoma (España) (Canalla Ediciones, 2018).


sábado, 15 de diciembre de 2018

OCLAJOMA (ESPAÑA): Iván Rojo.


 


«Todo lo que sabemos sobre lo que de verdad nos importa está en este libro. Oclajoma (España) es el acercamiento final de España y Norteamérica. Yo he tenido a Iván a un metro de mí. Cuando camina parece una banda de negros. Cuando escribe, escribe poemas que fulgen. Poemas que son pura energía. Poemas que marcan un punto de ruptura con toda la poesía que hayamos leído antes. Estos son poemas de verdad. Poemas que quieren a los que lo arriesgan todo. Iván Rojo se posó en la fila interminable de los hombres en septiembre del 76, y desde entonces todos le debemos algo. Dicen que Iván Rojo fue expulsado de la guerra del Golfo porque tenía proyectos para la humanidad demasiado grandes. Y me lo creo. Leyendo este libro parece que todo sea posible. Estos poemas deberían ser enviados a Dios como si fueran la palanca de la cuenca del Misisipi. No hay en el mundo un humor más santo que el suyo. Pero hay más. Hay astucia. Hay compasión. Hay amor. Poemas que se quedan entre ceja y ceja al instante. Estos poemas son una mancha terrestre que se puede divisar desde el espacio. Estos poemas son un balonazo en los huevos de la poesía que se hace en España».

VÍCTOR PÉREZ


jueves, 13 de diciembre de 2018

TRAVESÍA: Entrevista en La Nueva Crónica.



El escritor leonés Vicente Muñoz lleva este jueves su nueva publicación a El Gran Café. | MARLUS LEÓN

La Nueva Crónica / Emilio L. Castellanos / 13/12/2018

Vicente Muñoz: "Mis heridas son también las de muchos otros"

‘Travesía’ es el título de la nueva publicación del escritor y gestor cultural leonés, segunda entrega de la trilogía ‘La llama encendida’ que este jueves verá la luz en El Gran Café

La realidad del leonés Vicente Muñoz Álvarez se significa por su condición poliédrica. Son varios los universos que se citan en una vida intensa y colmada de sensaciones y sensibilidades y de la que él ha ido extrayendo numerosos paisajes para dictar esa literatura emocional que le enmarca y cuyo trazo ha quedado moldeado en los numerosos libros que persiguen su biografía literaria. Una nueva publicación,‘Travesía’, suerte de exorcismo autobiográfico, se añade al bagaje creativo de un escritor de voz y luz propias que se deja mecer por sus propias contradicciones y que convive, precisamente bajo el amparo de aquellas, con sus luces y sus sombras. ‘Travesía’ (Chamán Ediciones), segunda entrega de una trilogía, ‘La llama encendida’, que arrancó en 2014 con ‘Días de ruta’, conocerá su puesta de largo este jueves (21:00 horas), en El Gran Café en el transcurso de un acto en el que intervendrá Fátima Ramos del Cano, directora del magazine digital Leotopía. 

– De todos los Vicentes que nutren tu existencia, ¿cuál prefieres? 

– Al escritor, sin duda, que es mi verdadera pasión y apuesta. Aunque tenga que cargar con el resto de ocupaciones y personalidades para poder comer, claro está. 

– Disfrutas de la capacidad de afrontar sin agobios numerosos oficios y ocupaciones. ¿Cómo eres capaz de conciliarlos? 

– Afortunadamente, aunque con sus complicaciones y servidumbres, cada vez mayores debido a esta crisis perpetua que nos asola, tengo un trabajo, el de representante de calzado, que me deja bastante tiempo libre. Muy intenso y absorbente durante unos meses al año, primavera y otoño, pero seguido de otras dos estaciones, verano e invierno, que aprovecho para escribir. Lo que yo llamo mi mundo de ensoñación, creativo e introspectivo, frente a la vorágine de los meses de ruta, siempre en la carretera, de ciudad en ciudad y de uno a otro cliente, en el corazón mismo del capitalismo. Una pura dicotomía, mi vida, llena de contrastes y extremos. 

– ¿Qué tipo de viaje propones en ‘Travesía’? 

– El de una vida cualquiera, la mía en este caso, como reflejo de la de los demás, sus luces y sombras, cielos e infiernos, penas y alegrías, amores y desamores, visiones e iluminaciones... 

En palabras de Pablo Cerezal, prologuista del libro: «Travesía, a pesar de su nombre, no es un libro de viajes. Es un libro que narra el viaje de una vida, el de cualquier vida, el de la tuya o la mía. Y la del autor, por supuesto, con todo lo que de audaz tiene el acto de asomarse a uno mismo para dolerse y alborozarse, para comprenderse y malinterpretarse, para sorprenderse incluso al ver que la imagen que devuelve el espejo nada tiene que ver con el propio rostro». 

– ¿’Travesía’ constituye una especie de ajuste de cuentas con tu realidad? 

– Sin duda. Es un libro, a caballo de la prosa, la poesía y la filosofía, absolutamente autobiográfico y reflexivo, donde me he despachado a gusto con mi realidad: esa dialéctica entre mis dos oficios y ejes sobre los que gira mi vida, el calzado y la poesía, el capitalismo y la creación. Estamos siendo testigos de un momento histórico de crisis socio económica y política sin precedentes, casi apocalíptico, según yo lo veo, que creo que debe ser contado y recordado, venga lo que venga después. Y eso es exactamente lo que yo he hecho en este libro: reflejarlo con un espíritu analítico y crítico. Desde mi punto de vista y enfoque, por supuesto, siempre subjetivo, pero analizando la sociedad y el mundo que nos ha tocado vivir. Siempre he pensado que la buena literatura confesional y autobiográfica es la que, hablando de uno mismo, logra reflejar la de la colectividad. Y con esa filosofía e intención intento siempre escribir. 

– ¿Te sientes cómodo en el uso de la introspección como vía de expresión?

– Sí, la verdad, creo que es en el registro en el que más cómodo estoy y el que de hecho más practico. Quizás debido a que cultivo tanto la prosa como el ensayo y la poesía, y tiendo a fusionar de un modo u otro siempre los tres géneros, y en parte también porque ese registro es precisamente el que más me gusta leer, el de mis autores favoritos, Thomas Bernhard, Céline, Kerouac, Miller, Lowry, etc, y el de la literatura con la que más me identifico. 

Portada de la publicación

– ¿No te da rubor desnudarte, al usar tu vida como fuente de inspiración, frente al lector?

– No, porque no lo hago nunca de manera gratuita, como mera exhibición, sino todo lo contrario, intentando reflejar el mundo que nos rodea, lo que toca y representa a los demás, que es lo que realmente me interesa. Muestro mis heridas, porque sé que son también las de muchos otros, o muy parecidas, y a todos nos duelen de igual o semejante manera, y doy una visión del mundo que sé que también ven los demás. 

– ¿Por qué en tu obra huyes de la falsa retórica y el fuego de artificio?

– Supongo que porque soy un escritor de corte realista, en primer lugar, que da mucha importancia a las ideas y al contenido, no solamente a la forma, y para ello es básica la claridad de la palabra, no el artificio. Son caminos y apuestas literarias diferentes, ni mejores ni peores, dos formas distintas de expresarse y contar. 

– ¿Huyes de la etiqueta? Aun sin disimular tus influencias, ¿crees que dispones de una voz propia y singular?

– Obviamente, eso intento. Nunca me han interesado demasiado las etiquetas, efectivamente, porque no soy en absoluto un escritor purista y me gusta la fusión e hibridación de estilos y géneros, y por otro lado no me gusta condicionarme con nada a la hora de escribir ni seguir ningún tipo de normas establecidas. La voz singular es lo que queda cuando un escritor ha asimilado muchas voces y experiencias, y lo desmonta todo en su cabeza, influencias y estilos, para expresarse a su modo y manera. Yo lo hice hace ya tiempo, mejor o peor pero lo hice, y sí, reconozco cada vez más mi propia voz, y por supuesto el eco de otras muchas que también me interesan como referente en mi escritura. 

– ¿La trilogía donde se integra ‘Travesía’ es un punto de inflexión en tu trayectoria o una consecuencia más de la misma?

– Supongo que sea un punto de inflexión, sí, aunque no sé aún muy bien hacia qué otro lugar... Como soy un escritor básicamente autobiográfico, salvo en algunos libros concretos, imagino que sean mis propias experiencias, pasadas, presentes o futuras, las que vayan dándome material para mis próximos libros. Lo que sí tengo claro es que en esta trilogía, ‘La llama encendida’, que comencé con ‘Días de ruta’ en 2014, he continuado con ‘Travesía’ y terminaré con un tercer volumen algún día, quería hablar de lo que ya antes señalé, mis dos oficios, el calzado y la poesía, y sus servidumbres y circunstancias, como metáfora y reflejo del momento histórico que me ha tocado vivir. Y en ello justamente estamos.

– ¿Qué le pides al lector cuando se mide con tu obra, en general, y en particular con ‘Travesía’?

– Básicamente, que se involucre en lo que lea, medite, lo juzgue y saque sus propias conclusiones. La mía no es una literatura de mera evasión, aspira a hacer pensar al lector y, aunque sea en mínima medida, transformarle, y está llena de preguntas y claves que él debe analizar. De nuevo, dos formas o caminos distintos de enfocar la literatura. 

– ¿Cómo te enfrentas al hecho creativo? ¿Padeces el síndrome de la página en blanco?

– Con total libertad y espontaneidad y sin estar mediatizado por nada en concreto: escribo lo que siento que debo escribir y cuando el corazón me pide escribirlo, sin más, no mecánicamente ni condicionado por ningún plan u objetivo. Esa, la literatura escrita así, cuando quema por dentro, es la que me gusta leer y escribir. 



miércoles, 12 de diciembre de 2018

EL MEJOR POETA DEL MUNDO por JAVIER VAYÁ ALBERT




El mejor poeta del mundo

se sentaba en un pupitre junto al mío,

escribíamos versos furtivos e ingenuos

para la misma chica.

Era el mejor en todo lo que hacía

era un endemoniado ángel

en un mundo de demonios angelicales.

Ahora lleva muerto toda una vida

yo llevo vivo toda su muerte.

Hoy recordaré una promesa que le hice

y por supuesto no he cumplido.

No creo en Dios ni en nada parecido,

pero a menudo me pregunto

si pese a lo mucho que nos duelen los muertos

no les doleremos a ellos -mucho más- los vivos.


Javier Vayá Albert, de Ascendiendo a lo hondo (El petit editor, 2017).


ERROR DE CÁLCULO por SUSANA BARRAGUÉS




Mis labios no saben pronunciar la sagrada invocación de la escritura.
Si formulo la necesidad de un clavel, caen cien aves del cielo.
Si formulo la necesidad de una canción, rebota el sordo eco.
Si formulo la necesidad de un beso, florece una orquídea en un terraplén.
Si formulo una promesa, una lila se troncha por el tallo.
Me equivoco, yerro en mis escritos, y mi ondulada caligrafía
apenas atrae la caída de una o dos hojas parduzcas.
Mis canciones al atardecer no convocan la hora del suceso.
Los soporíferos augurios que enuncio no adelantan en sabiduría al vuelo de las moscas
y los momentos de la revelación que padezco apenas dan para dos o tres suspiros.
Poesía, viniste convocada para las tres y cuarto y yo nací a las cinco.
Mi instante de iluminación vendrá siempre en el momento equivocado
porque hubo desfase entre mi nombre y mis poderes el día de mi nacimiento
confusión entre mi llanto y el imperio ofrecido a mi destino.
No hubo acta magnífica, secretario eficaz ni hada mágica
arco de recibimiento a mi llegada cuajado de flores silvestres
los vientos de mi inspiración no fueron soplados por un cisne de oro
no vino mi corazón envuelto en una sábana de seda
ni transportado mi cuerpo sobre una carroza de caballos azules.
Llegué al mundo sin poesía, y así es como habré de irme
por mucho que me empeñe en invocarla.


Susana Barragués Sainz


lunes, 10 de diciembre de 2018

LABERINTOS por MJ ROMERO



VII

Los cuerpos cansados cuando llega la noche no saben cómo desprenderse de los brazos, o si dejarlos estirados en paralelo al resto del cuerpo o doblados. Cómo y dónde colocar las piernas que no se molesten una a otra. Cómo disponer la cabeza. Qué hacer con este disco blando interior que no desconecta nunca. Cuando estoy muy cansada ni siquiera pienso en ese discurrir rápido de bites cerebrales que no dejan a la luz oscurecerse en la noche. 

Por la mañana la luz del sol da claridad a esta ciudad gris. 

Ciudad cercada por ratas. Ciudadela insomne. El último muro rojo lejos de Berlín. Las alimañas lamen nuestros muros para derruirlos. Son constantes, persistentes, con la paciencia de la mentira. La ciudad resiste. Abrimos nuestros corazones para que nuestra sangre alimente alimañas por nacer. 

Ciudades desangradas. Rojo sobre blanco.


MJ Romero, de Laberintos (Eolas Ediciones, 2018).


domingo, 9 de diciembre de 2018

MIEDO Y ASCO EN EL BARRIO DE SALAMANCA por CARLOS DE LA CRUZ




He bajado al antiguo barrio
en el que pasamos 5 años
desde que caímos en Madrid
sin trabajo y con
un par de ovarios
del tamaño del zócalo de la ciudad de México.

El viejo barrio
caniches sin incisivos arrastran el hedor a almizcle
de sus amos con resignación
y odio
mean y cagan como metralletas
las rodillas de los hijos y las hijas de puta
suenan como pisar grillos
cuando doblan el lomo
para recoger la capillita de excrementos
de los únicos que con correas rojigualdas
acompañan su derrumbe

Cabelleras diseñadas para espantar a los comanches
zapatillas de paño y collares de perlas.

Junto al parque
cachorros de hiena entrenan
la huida o el asedio
en el estanque los peces con obesidad mórbida
en los paseos los negros de la marihuana
y entre los setos kleenex lacrados con semen y mierda.
Mi antiguo barrio.

Niños vestidos como padres o seminaristas
padres acolchados Bibendums con patillas
rubias con botas de montar
a caballo
a filipinas
a dominicanas
al peluquero amanerado
al plomero con bigote
al negro que cuida los caniches a la puerta del Hipercor
Abuelos flacos calvos limpios aceitosos
incienso y orina
ternura y horror
asco y una cita a las dos en la peluquería
del barrio.


Carlos de la Cruz


jueves, 6 de diciembre de 2018

CULT MOVIES 1: PELÍCULAS PARA LLEVARSE AL INFIERNO: Prólogo.




Fascinación & Arrebato
(a modo de prólogo) 


En el verano de 2007 la editorial Caballo de Troya aceptó publicar la antología Resaca/Hankover: Un homenaje a Charles Bukowski, que Patxi Irurzun y yo habíamos coordinado y que incluía textos de 37 autores españoles contemporáneos exponiendo su visión personal sobre nuestro admirado Hank, visceral y maldito entre los malditos. 

La fecha para su publicación se fijó no obstante en abril de 2008, casi un año después, y para promocionar previamente el libro e ir calentando motores abrimos el blog Hankover: Hijos de Satanás (título de uno de los libros de Bukowski y metáfora del tipo de literatura -realista, autobiográfica y no complaciente- que habíamos seleccionado para la antología). 

Fue entonces cuando, para diversificar y amenizar el contenido del blog, decidí empezar a escribir reseñas breves sobre las películas que más me habían impactado en una sección personal que titulé Cult Movies y que he mantenido sin periodicidad fija hasta el día de hoy.

No soy crítico de cine, soy narrador y poeta, y por lo tanto nunca me planteé escribir ensayos técnicos ni concienzudos sobre las películas seleccionadas, sino más bien comentarios apasionados de las mismas que impulsaran a los lectores del blog a videarlas sin complejos. 

Muchos colegas del gremio (entre ellos José Ángel Barrueco, autor del epílogo a esta edición y cinéfilo empedernido) me han sugerido y animado desde entonces a compilar estas reseñas en un libro, y aquí está, tres años después, el resultado: una guía de películas imprescindibles para llevarse al Infierno, abordadas desde la fascinación y el arrebato (que diría el maestro Iván Zulueta).

No son, en cualquier caso, las que yo considero las cien mejores películas de la historia (que requerirían otra lista aparte), sino las que por una u otra razón, desde mi punto de vista, merecen realmente el calificativo de películas de culto. 

Tanto en la literatura como en el cine (y en todos los demás ámbitos creativos) me interesan las obras que cuestionan el mundo en que vivimos, que remueven las vísceras y las conciencias, que aceleran la sangre y el corazón, mostrando sin filtros éticos ni políticos la realidad (sin duda violenta y cruel) que el hombre ha creado. 

Este es, en última instancia, el criterio de fondo que he utilizado para confeccionar este top 100 de películas de culto: lo epatante, lo crítico, lo atípico, lo raro, lo provocador, lo grotesco, lo perverso, lo magnético, lo deshinibido, lo incómodo, lo hiriente, lo hipnótico, lo fascinante, lo arrebatador. 

Aunque no menos importante, también, ha sido el punto de vista y enfoque literario con que las reseñas han sido ideadas, la conexiones de todas estas películas con libros y escritores que admiro y he leído intensamente en el transcurso de mi vida adulta, igualmente básicos y determinantes para mi formación.

Más que una guía cinéfila al uso, pues, este manual está concebido como un diario personal de cine, donde me he despachado a gusto con muchas películas que yo opino que nadie debería dejar de ver. 

De las aproximadamente 150 reseñas que con el paso del tiempo he ido publicando en Hankover, he seleccionado 100 para este libro, las de las películas que realmente me parecen necesarias e imprescindibles en cualquier videoteca. Aunque el trabajo no ha sido, desde luego, meramente recopilatorio: todas ellas están ampliadas y reescritas ex profeso para la ocasión, descontextualizadas del blog y adaptadas a la idea y espíritu de este volumen, lo cual me ha llevado en el fondo más tiempo del que utilicé en su día para escribirlas. 

El fruto de todo ello, en suma, es este listado de cult movies que ahora tenéis en las manos, con el que, os lo aseguro, disfrutaréis de inolvidables veladas y emociones extremas frente a la pantalla.

Felices pesadillas, queridos drugos,
& cuidado con los Bichos Malos.


Vicente Muñoz Álvarez,
prólogo de Cult Movies: Películas para llevarse al infierno
(LcLibros, 2018, 2ª Edición)



Booktrailer:


miércoles, 5 de diciembre de 2018

VIVE EN MÍ UN MANDRIL HISTÉRICO por ALBERTO MASA




Vive en mí un mandril histérico que no cesa de poner caras a los transeúntes que se acercan a su jaula. Si pudiera estrangularía cuellos de aves, mordería tripas de ratones hasta notar en la punta de su lengua la última respiración del mamífero en el momento en que uno de los ojos se le descoyunta. Hay algo en mí de mirarse un viernes en el espejo de perfil y medirse la barriga con las diferentes etapas que ha sido durante mi vida. Hay en mí una parálisis de niño hebefrénico en medio de un circo. Lo veo, me percibo en mi agorafobia, encerrado en una pantalla que hace las veces de la jaula del mandril y poniendo gestos, invitando a cada nervio a hacer su movimiento por leve que sea. Hay en mí un hombre serio que come solo y luego se pone un café mientras observa el techo de la cocina y también oye, desde una especie de más allá, noticias que llegan desde un televisor que truena en su apabullante encendido. Hay en mí una hoguera donde un animal sonríe y me he acercado, en algún momento, a acariciarle. Pero se retira. Prefiere arder junto con todas esas cosas que viven al otro lado de mi vida.

Alberto Masa


martes, 4 de diciembre de 2018

EQUILIBRIO ÁUREO por CRISTINA FLANTAINS




Lilas, lavandas, un gato negro...
y subiendo por la escalera empedrada del jardín
un caracol se estira sobre el rescoldo
de una tarde de primavera y lluviosa.
Todos ellos responden a un plan, igual que yo:
¿dónde está en la irracionalidad de mi espectro
numérico el decimal que me salva de ti?

Cristina Flantains


lunes, 3 de diciembre de 2018

ESCORPIÓN por MANUEL MOYA




el escorpión avanza sobre la arena suelta
su aguijón oscuro recorta el aire
quienes cierran los ojos fingen no verlo

quienes lo siguen creen estar
ante un dios ungido por la tierra
el escorpión avanza y tú no has hecho nada

has llegado a casa te has sentado
has puesto tu huevo tu cabeza has hundido tus ojos en la inopia
has apartado del fuego tu ración tus tripas

mientras el escorpión cruza la calle los suburbios
mientras el escorpión se planta en tu rellano
mientras el escorpión derriba la puerta de tu casa

y por fin lanza su aguijón sobre la blanda carne
y aún sigues creyendo que tal vez no
que esta vez no porque ya hemos aprendido


Manuel Moya, del libro en preparación El abedul quemado ( infernum).