NO HAY MÁS por Iván Rojo.



Olvídalo.
Todo.
El plan.
La estrategia.
El esfuerzo.
La recompensa.
Todo lo que
te prometieron.
Olvídalo.
Atravesamos
el gran desfiladero
a horcajadas
sobre un
caballo muerto
rumbo
al único
final posible
mientras el sol
sale o se pone
ajeno
a tu dolor
a tu alegría
a tus ganas
de ser mejor.
Olvídalo.
Todo.
Simplemente
acaricia
el lomo
de tu bestia.
Agárrate
a sus crines
ásperas.
Respira
su sudor
su obstinación
su fuerza
Clava
en sus costillas
tus espuelas.
Siente
el viento
el calor
el frío
la polución
enredándose
en tu pelo.
Rompe
el aire
con tu galope
imperfecto.
Olvida
todo
lo demás.
Y cabalga.
Disfruta
del viaje
hasta que
te despeñes.
No hay más.

Iván Rojo

https://www.facebook.com/ivanrojorelatos

ENJAMBRE por Ricardo Moreno Mira.


Enormes y monstruosos buldóceres de metal y caucho, pintados de amarillo, grandes como un edificio de 3 plantas, alimentados con gasolina, rugiendo y avanzando, grúas, excavadoras con potentísimos brazos hidráulicos y grandes máquinas de perforación en la cantera… la montaña entera estaba fileteada en rodajas, cortada, quirúrgicamente rebanada y destripada… aquellos temblores, aquel ruido infernal, sierras de diamante cortando la roca. Era como si estuviésemos rompiendo (fracturando, cortando) los huesos de la tierra. Al cabo de diez años no quedaba ahí. Nada. Habían desplazado un millón de toneladas de roca, la habían cortado, empaquetado, embalado y transportado un millón de pequeños pedazos y repartido en un millar de lugares diferentes. Todo para levantar otras montañas, grandísimos rascacielos. En Taiwán. En Arabia Saudí. En Dubái. Colosos de hierro y hormigón de un millar de metros de altura. No es raro, si lo piensas bien. Las hormigas hacen lo mismo. Y nosotros somos un Enjambre.

Ricardo Moreno Mira

LA MITAD DE MÍ por Carla Badillo.


La mitad de mí, la otra de mí, está muy contenta, y triunfa sobre un caballo que no se agita en el Apocalipsis. Pero me faltan brazos para abrazar a las otras que ahora lloran dentro, donde nadie puede ver, ni siquiera yo. Tengo una necesidad tremenda de recibir una carta, con pulso y letra de quien me quiera bien. Tengo necesidad de un cartero que silbe a mi ventana y me diga ¡carta!. Quiero una carta sin final que me desee buena salud y vida eterna. Hoy dormiré con los ángeles, me digo, mañana será otro siglo. Pero eso mismo dije ayer y antes de ayer y también el viernes. Y sólo sigo soñando en el infierno. Estoy llena de grietas. Mi amor es líquido.

Carla Badillo Coronado

OLA DE CALOR por Velpister.


verano
ola de calor
silencio
las ventanas abiertas
a oscuras
en completa soledad
se escuchan
como si estuviesen aquí mismo
en mi jardín
a la puerta de mi casa
a punto de entrar
unos perros jadeantes
es época de celo
la hembra delante
el macho la persigue
con la lengua fuera
otro más pequeño
rezagado
agitado
también sin resuello
y me recuerdan tanto
los perros
y cada una de esta líneas
a mí
y a ti

Velpister


viernes, 16 de agosto de 2013

LOS IMPACIENTES by Ni Gara.


Los impacientes, aferrados a su reloj de pulsera.
Algunos son fumadores y consumen un pitillo tras otro
esperando al tren, al autobús,
o a esa cita a la que llegarán con el soplo pestilente.

Muchos no humean y podrás notar en ellos algún tipo de espasmo,
los escucharás resoplar
contagiando su prisa al resto de las órdenes,
sí, incluso al conejo blanco.

Ni Gara


miércoles, 14 de agosto de 2013

POESÍA en POZOS


Gsús Bonilla, Eloísa Otero, 
Toño Morala, Felipe Zapico, 
Vicente Muñoz Álvarez 
& Abel Aparicio

16-8-2013

Pozos de Cabrera

POLVO CÓSMICO by Javier GM.


Toda la vida creyendo que eran estrellas y resulta que son restos de polvo cósmico que entran en contacto con la atmósfera. Qué desilusión. Borro todos los deseos que pedí y me los guardo solamente para ti, ya buscaremos un sitio oscuro donde formulemos otras cosas más carnales en menos espacio, donde cometa venga del verbo cometer, donde polvo sea barrer para casa de estranjis, donde estrellas sean el verdiazul de tus ojos, donde firmamento sea lo que firmemos a partir del primer roce de labios, donde la lluvia nos pille desnudos mirando el cielo.

Javier GM

martes, 13 de agosto de 2013

¿QUIÉN ES RAFAEL NARBONA?




Nací en un barrio acomodado, pero a los doce años ya era un criminal y estaba orgulloso de mis delitos. Había robado coches, había destrozado cabinas de teléfono, había participado en peleas tumultuarias, había escupido a la policía. Algo me empujaba a la violencia y no experimentaba ninguna clase de pesar o escrúpulo. La moral me parecía un invento de los curas y ni siquiera las lágrimas de mi pobre madre, que se desvivía por mí, frenaban mi tendencia a saltarme las leyes y apropiarme de lo ajeno. Mis robos y actos de vandalismo me costaron varias multas y condenas en un centro de menores. He de reconocer que allí aprendí muchas cosas. Al pisar la calle de nuevo, ya no era un pardillo, que se conformaba con pequeños hurtos. Por fin estaba preparado para cosas más serias.

No me ayudaba ser bajito, pero recuerdo dos incidentes que me libraron de cualquier complejo. En un bar, un idiota ofendió a un amigo que intentaba averiguar quién era el propietario de una pluma aparentemente extraviada. El propietario era un matón con un tatuaje en la mano. Era un dibujo hecho con tinta y aguja. El tatuaje de un ex presidiario. No era un fulano cualquiera. Por eso, actúe con rapidez. Apoyé el pulgar en el plumín y se lo hundí en el cuello. La sangre brotó de inmediato. Le tendí una zancadilla y cayó al suelo. Me arrodillé sobre su pecho, inmovilizándolo. Hundí el plumín una y otra vez, hasta perder la cuenta. El tipo lloriqueaba como una niña. Por el sonido, noté que se estaba ahogando en su propia sangre, pero eso no me detuvo. La rabia se había apoderado de mí y me sentía feliz. Perdí la noción del tiempo. Cuando nos marchamos, el matón gimoteaba sobre un charco de sangre y orina. Mis colegas me felicitaron. Algo más tarde, empecé a realizar ajustes de cuentas. Un tío duro de una banda rival cometió un robo en un burdel de carretera. Se llevó doscientas mil pesetas y mató a una chica. Los jefes, que eran los propietarios del burdel y de la chica, me pidieron que hiciera un escarmiento. Encontramos al tío duro y nos encerramos con él en una nave destartalada. Era un tío duro de verdad. Durante dos días, le hicimos de todo, hasta clavarle un picahielos en los huevos, pero no cantó. Queríamos saber el nombre de los que habían participado en el asalto. Nunca me ha faltado ingenio. Pensé que si le metíamos la cabeza en una prensa industrial, se cagaría en los pantalones. Sus sienes notaron el acero frío. Temblaba como una hoja, pero no se rendía. Nos mandó a tomar por culo. Yo hice girar el torniquete y le reventé un ojo. Gritó un par de nombres y nos pidió que lo matáramos. Un amigo se encargó de rebanarle el cuello. La verdad es que ese tipo me caía bien. Había aguantado como un hombre y no se había derrumbado hasta el final. Siempre es un orgullo cargarse a un tío con dos cojones. Si el rival te lo pone fácil, las cosas pierden gracia y tu reputación se resiente.

Los jefes estaban contentos conmigo. Yo soñaba con ocupar su lugar. No sospechaba que un rutinario control de carretera me enviaría al trullo. Al registrar el coche, dos picoletos encontraron una escopeta, dos pistolas y medio kilo de caballo. Me esposaron y me interrogaron en comisaría. Me dieron unas cuantas hostias, pero yo me reí en su cara. Ni siquiera cuando me patearon con saña dejé de soltar carcajadas. Pasé diez días en un calabozo. El tiempo necesario para que desaparecieran los hematomas y tuviera un aspecto presentable en la sala de juicios. El juez me condenó a diez años por tráfico de estupefacientes, resistencia a la autoridad y posesión ilícita de armas de fuego. Cuando entré en la cárcel, sentí la misma expectación que un estudiante en su primer año de universidad. Había pasado mucho tiempo fantaseando con ese momento y sabía que estaba preparado. Además, no estaba solo. Teníamos gente dentro, que me recibió con mucho respeto. Amigos con los que había pasado muy buenos ratos. Amigos con los que me había reído, hasta sentir que nada podría pararnos. Éramos grandes y teníamos estilo. No tardé en hacerme un hueco en la cárcel. Una pelea en las duchas agravó mi condena. Pinché a un capullo en los riñones, con un cepillo de dientes afilado hasta conseguir una punta letal. Hablaba mal de mí. Decía que era un ladrón de poca monta y que siempre tenía problemas con mis compañeros de chabolo. No podía consentir que me faltara el respeto. En el trullo, un hombre vale lo que vale su reputación. No lo maté de milagro. No voy a mentir a estas alturas. Disfruté cada vez que traspasaba la carne y salía un chorro de sangre. Me aplicaron el FIES 1. Una putada. Controlaban todo lo que hacía. Todas las noches me despertaban cada dos horas para registrar la celda. Me cambiaron de centro penitenciario en varias ocasiones. Comencé a leer para soportar las 22 horas que pasaba entre cuatro paredes inmundas. El aislamiento es muy jodido. Cada minuto parece inacabable. Sólo podía tener dos libros y una muda de ropa. No había muebles ni espejo. Siempre me ha gustado leer. Pedí que me trajeran algo de la biblioteca. El funcionario atendió mi petición, escogiendo los títulos al azar y, en este caso, el azar me fue propicio. Descubrí a Jean Genet, Burroughs, Maquiavelo, Nietzsche. Me gustaba la idea del superhombre. Yo me sentía un superhombre. Por otro lado, estaba enganchado al caballo y Burroughs me enseñó que se puede ser yonqui y poeta. Escribí mis primeras poesías sobre mis chutes y el placer de sentir el caballo golpeándote la cabeza con una estaca. El caballo me estaba jodiendo la vida, pero también me hacía sentir cosas alucinantes: euforia, tranquilidad, indiferencia por todo, paz interior. Sin embargo, no dejaba de perder peso, los dientes se caían uno tras otro, estaba estreñido y tenía callos en los dos brazos. Venas obstruidas tan largas como un lapicero nuevo. Me pinchaba en los tobillos, la ingle, los genitales, el cuello. Mis colegas se morían con la jeringuilla colgada del brazo. Yo estaba tan pillado que no pensaba ni en follar. La filosofía me salvó la vida. En régimen FIES 1, es casi imposible lograr caballo. Ni una puta micra. Los funcionarios se negaron a apuntarme en el programa de metadona. Cuando protesté, me ataron a la cama durante una semana. Pasé un mono terrible: escalofríos, náuseas, mareos, vómitos cada veinte minutos, insomnio, diarreas que me dejaban el esfínter anal estragado, una sed incontrolable, que no se apagaba con nada. Todo lo que bebía salía de mi cuerpo en el acto. No dejaba de lagrimear y sudar. Explotaba por cualquier chorrada. Mi irritación era incontenible, pero no podía hacer nada. Estaba atado, con las piernas manchadas por la orina y los excrementos.

Cuando el dolor y el malestar cedieron, sentí que me había convertido en un muñeco de trapo. No tenía fuerzas para nada. No me importaba nada. Después de esa crisis, vinieron las semanas donde el cuerpo ya se había acostumbrado a pasar de la heroína, pero no la mente, que me recordaba continuamente los chutes. Meterse caballo es una experiencia alucinante: sientes que no tienes cuerpo, que el placer se extiende por toda tu piel, que el mundo ya no puede herirte y que por fin has logrado el perfecto equilibrio entre tu mente y lo que hay fuera de ella. El mundo se pone a tus pies y las inquietudes desaparecen. Eres el puto amo. Estás en la cima y sientes que vuelas. La filosofía me ayudó a pasar el mono a pelo. Nietzsche velaba a mi lado, recordándome que la debilidad es la enfermedad de nuestra cultura. Salí del régimen FIES 1 a los cinco años. No me había reformado. Simplemente, estaba harto de problemas. Empecé a estudiar. Obtuve el título de bachillerato y la licenciatura. Salí del trullo, después de una década a la sombra. Sobreviví con trabajos cutres. Los antecedentes penales me cerraban todas las puertas. Tuve que conformarme con cualquier cosa. Fui reponedor, mensajero, albañil, pero en mis ratos libre seguía leyendo a Nietzsche, Bataille, Burroughs, que se convirtieron en una inagotable fuente de autoestima y superación. Pasaron diez años, no reincidí y pude solicitar mi expediente para destruirlo y empezar de cero. Volvía a ser un ciudadano honrado. Mi pasado había desaparecido por un desagüe. Tenía 38 años. No estaba orgulloso de mis fechorías. Juré que algún día lo contaría todo, comprobando qué amigos eran dignos de confianza y cuáles no. Considero que ha llegado ese momento.

Me presenté a las oposiciones de enseñanza secundaria y obtuve una plaza. En la exposición oral, logré la calificación más alta. Siempre he sido bueno dándole al pico. Una amiga me decía: “Eres la hostia. Dominas el castellano como pocos”. Nunca he olvidado ese comentario. Esas palabras de aliento me han llevado hasta aquí. Ahora estoy jubilado. Superé la adicción al caballo, pero no el trastorno bipolar. De hecho, creo que los picos contribuyeron a desarrollar esta puta enfermedad. ¿Tengo algo que decirles a mis antiguos alumnos? No voy a citar a los griegos, que hace 4.500 años ya se quejaban de la impertinencia de los jóvenes, pero sí me atrevo a afirmar que no hay generación que no adquiera la deplorable costumbre de poner a parir a los que vienen detrás. Desconfiad de todo el que haya cumplido treinta años. No hagáis caso de sus monsergas. Sin embargo, voy a cometer la temeridad de sugeriros unas cuantas cosas: no os dejéis intimidar, no os echéis atrás cuando las cosas se ponen difíciles. La adversidad es un poderoso estímulo. La enemistad nos obliga a ser exigentes con nosotros mismos. Si alguien te parte la cara, no descanses hasta devolver golpe por golpe. No evites al que te amenaza. Hazle saber que no vas a parar hasta que uno de los dos no pueda levantarse. Siempre hay que tener un recurso a mano, un argumento definitivo, que no permita réplicas ni discusiones. Lo importante no es tener razón. Lo importante es hacer callar a los necios. Sólo os pido que me recordéis con indulgencia. Hice lo que pude, pero tal vez no fue suficiente. Eso sí, evitad pareceros a vuestros profesores. Los profesores son gusanos burocráticos. No saben nada. ¡Ni siquiera soñar! Os lo dice el primer poeta de España. Y ya sabéis: con un arma siempre se llega más lejos que con una sonrisa. Eso es todo.


RAFAEL NARBONA

Extraído del blog del autor http://rafaelnarbona.es/?cat=6
(Y además de todo eso, Rafael Narbona, como habéis visto, es un grandísimo escritor)

lunes, 12 de agosto de 2013

Y EL VERBO SE HIZO CARNE por Joaquín Piqueras.


y el verbo se hizo carne,
pero carne senil
de muchacha impura,
redimida por los pecados
del pasado,
carne de sueño
de puta complaciente
y sincera,
con síndrome de abstinencia
y abundante corazón,
con la indulgencia roñosa
de los que han vivido
demasiado,
pero con la seguridad resignada
de los que están dispuestos
a cambiar euros por pasión,
y después olvidar,
limpiarse su seso y su sexo
y sentir la satisfacción
del trabajo bien hecho

Joaquín Piqueras


viernes, 9 de agosto de 2013

EL PARAÍSO Y EL INFIERNO por Pepe Pereza.


Se miró en el espejo. Tristeza. Forzó una sonrisa. No sirvió de nada, sus ojos siguieron reflejando la misma amargura. No estaba triste, de hecho, en esos momentos se sentía más bien contento, pero por muy feliz que se sintiera su rostro siempre reflejaba lo contrario. Forzó aún más la sonrisa, hasta que el gesto pasó a ser una mueca. No había manera. Su cara era la de un amargado hiciese lo que hiciese. Abrió el grifo y se enjabonó el pene. Lo frotó expandiendo el jabón por el glande y eliminó la espuma vertiendo agua con las manos. Se secó y salió del baño.

Allí estaba ella. Sobre la cama. Esperándole con la falda levantada por encima de las caderas: exhibiendo su joven culo. Fue como morirse y entrar en el paraíso. Aquella visión hizo que su podrida existencia hubiera merecido la pena. Todas sus frustraciones, castigos, miserias, días mediocres… Todo cobró un sentido místico, casi divino. Se postró de rodillas y besó aquellas nalgas. Luego se incorporó y buscó sus labios. Las lenguas se retorcieron. Ella cogió su pene. Lamió y chupó. Él la observó anonadado. Registró en su cabeza cada movimiento. Supo que cuando le llegase la hora recordaría esos momentos de éxtasis. Con esos recuerdos podría mirar directamente a la muerte sin temor. El juicio final iba ser un juego de niños. Ella siguió succionando un rato más. Luego montó sobre él. Inmediatamente y sin poder evitarlo, eyaculó. Fue breve. Demasiado breve. La sangre que mantenía erecto su pene fluyó a otras partes del cuerpo. Se levantó de la cama y se vistió. Estaba decepcionado consigo mismo. Dejó unos billetes sobre la mesilla y salió de la habitación. Esta vez sí, con el ánimo en sintonía con su careto. No iba a ser tan fácil reírse de la muerte.


Pepe Pereza, de Esquinas (Lupercalia Ediciones, 2013).

*

Pepe Pereza, Guijuelo (Salamanca), 17 de Julio de 1964, que ya publicó Relatos del humo (y hachís) en 2012, ha escrito ahora, Esquinas, un libro de relatos sobre mujeres; mujeres duras, mujeres tiernas, mujeres apaleadas y humilladas, mujeres fuertes, mujeres-puta, y los hombres que las rodean. La jodida condición humana. Y nada como el sexo crudo para ver esa condición.


jueves, 8 de agosto de 2013

EL INDIFERENTE por Felipe Zapico Alonso.


A Isla Correyero


Ese que mira para otro lado

o

que aunque esté en el epicentro de la catástrofe

afirma no ver nada

ese

que se encoje de hombros

y silba

ese que

no siente

más que sus intestinos

ese

que dice ser apolítico

no meterse en líos

no buscar problemas

ese

el indiferente

ni

siquiera temblará

la

madrugada

en

que

llamen a su puerta

y

por supuesto

no

será

el lechero

quién vaya a por él.


Felipe Zapico Alonso,


lunes, 5 de agosto de 2013

SPANISH QUINQUI en GARA by Patxi Irurzun.


Cine y literatura quinqui, puro underground 

La revista underground «Vinalia Trippers» rinde tributo a las películas de navajeros con relatos e ilustraciones de más de cuarenta autores, con un especial homenaje al desaparecido realizador de Zarautz Eloy de la Iglesia. 

Patxi IRURZUN 

Los supermiriafioris, la música de los Chunguitos o Burning, los chutes en primer plano, las películas de delincuentes juveniles convertidos en mitos (el Torete, el Pirri, José Luis Manzano...). El último número de la revista para adultos «Vinalia Trippers» homenajea el cine quinqui de directores como el zarauztarra Eloy de la Iglesia, José Antonio de la Loma o Carlos Saura en un monográfico titulado «Spanish quinqui» en el que más de veinte escritores y otros tantos ilustradores recrean una época de tirones, sirlazos, heroína y miedo a salir de noche. Otra de las caras b de la transición, que dejó un reguero de cadáveres bonitos (o, al menos, jóvenes). 

Es el tercer monográfico que edita «Vinalia Trippers», en esta segunda etapa de la revista, tal y como nos cuenta el escritor leonés Vicente Muñoz Álvarez: «Vinalia nació en 1995 en León. Hasta 2001 sacamos nueve números de la revista y en el año 2007 editamos una antología en formato de libro titulada `Tripulantes: Nuevas aventuras de Vinalia Trippers', que era en principio un homenaje con el que pensábamos despedir el fanzine. Dos años después, sin embargo, el diseñador Rodrigo Córdoba se interesó por el proyecto y nos propuso continuarlo. Con él hemos editado otros tres números, `Plan 9 del Espacio Exterior', dedicado a los marcianos y la ciencia ficción, `Trippers from the Crypt', un tributo a la revista norteamericana `Tales from the Crypt', y recientemente, hace unas semanas, el número 12, `Spanish Quinqui', dedicado al cine quinqui». 

«Vinalia Trippers» ha vuelto, pues, y en formato monográfico. Cada nuevo número es un homenaje, una recreación de universos y temas que obsesionan tanto a los artífices de la revista (Silvia D. Chica, Alfonso Xen Rabanal y H. Valdez, además del propio Vicente) como a sus colaboradores, que participan en ella con cierto sentimiento de grupo e incluso de clase, de tripulación o banda, con afinidades estéticas y un recorrido por los márgenes de la creación y de los canales convencionales. «Somos una revista subterránea por vocación», dice Vicente Muñoz. «Para publicar literatura convencional ya hay cientos de editoriales y revistas, pero no para publicar el tipo de literatura, visceral, independiente y crítica, por la que nosotros apostamos. Nacimos con esa pretensión y como no hacemos esto para ganar dinero, no nos hemos rendido ante el mercado ni las exigencias de nadie. Editamos `Vinalia' por amor al arte, sin más, y por compromiso con un tipo de literatura que no tiene demasiada buena prensa ni facilidad para encontrar su hueco en otros lugares». 

En «Vinalia Trippers» participan escritores como David González, Eloy Fernández-Porta, Kike Turrrón, Mario Crespo, Carlos Salcedo Odklas, Esteban Gutiérrez, Felipe Zapico, Pepe Pereza, Cisco Bellabestia... e ilustradores como Miguel Ángel Martín (que una vez más ha hecho la portada), Juan Kalvellido o Toño Benavides. Los relatos, por otra parte, se han nutrido tanto de las referencias cinematográficas de películas como «Deprisa, deprisa», «El pico» o «Perros callejeros», como de experiencias propias, pues buena parte de los autores vivió y sobrevivió en primera persona a aquella época. «La lucha de clases existe, por supuesto, y afecta también, obviamente, a nuestro gremio: hay escuelas, élites, grupos de poder, presiones, vetos, tapones, etc. que por lo general vienen siempre de arriba, nunca de abajo... Que cada uno saque las conclusiones que quiera. Lo cierto es que nosotros, habitualmente, publicamos a autores de la calle, o relacionados con ella, porque son los que nos interesan y los que necesitan, además, una plataforma digna de expresión», señala Vicente. 

La revista viene acompañada, como es habitual, con una separata de poesía, esta vez dedicada a El Ángel, uno de los iconos de la época, autor del mítico «Los planos de la demolición», en la que participan tres poetas vascos (Karmelo Iribarren, Iñaki Estevez y Garazi Gorostiaga). Y además de los relatos, una entrevista con un miembro del grupo «Los Calis» y otra con el actor Bernad Seray, protagonista habitual de películas quinquis. Y un póster desplegable de El Pirri. «Vinalia Trippers»: puro underground. 


viernes, 2 de agosto de 2013

QUERIDA MILDRET por Javier Vayá Albert.


Noviembre, 10-1895

Querida Mildred:

Le escribo esta carta aún con la certeza de que usted no querrá saber nada de mí tras los penosos hechos acaecidos hace unos meses en nuestra primera cita. Sin embargo me veo en la obligación de hacer lo que esté en mi mano por aclarar lo sucedido, no ya por lo que el resto del mundo pueda opinar de mi persona si no más bien con la esperanza de que en su corazón se despejen las tenebrosas sombras que a buen seguro alberga al acordarse de tan descabellada jornada.
Sabrá usted la profunda impresión que me produjo ver por primera vez su hermosa y delicada figura paseando grácilmente por las calles de nuestro Northomb y la alegría inmensa que invadió mi alma al aceptar usted ser cortejada por mí tras numerosas cartas. Cuando tras varios divinos paseos ya me permitió apoyar mi mano en su brazo y convino gustosa acudir una tarde a mi finca a tomar el té con la compañía de su Tata, mi corazón no cabía en sí de gozo.

Querida Mildred si supiera usted como me afané en preparar una velada perfecta para que usted se sintiera como una reina al honrar mi hogar con su presencia, yo mismo corté las mejores rosas de mi cuidado jardín y dispuse un hermoso ramo para ofrecerselo en cuanto llegara, ordené al señor Worthy y al resto del servicio que cuidara al mínimo cada detalle y la señora Barrymore cocinó sus deliciosos Sandwiches y dulces que son la envidia de la comarca. Pedí a Worthy que nos preparara la mesa en el quiosco del centro del jardín, el mejor lugar de toda mi propiedad y en el que una flor tan bella como usted se sentiría como en su propia casa.
Y entonces ocurrió. Comprendo que esta parte le será muy difícil de creer, pero le doy mi palabra de que fue así como se sucedieron los hechos. Yo paseaba a un lado y otro del pasillo con el corazón en un puño esperando verla llegar desde mi ventana por el delicioso camino empedrado que lleva a mis dominios, cuando de pronto algo llamó mi atención. En un rincón junto a la escalera principal pude observar que algo oscuro se movía, me acerqué curioso pensando que se trataría como en otras ocasiones de algún desorientado pájaro que por error se había colado en la casa. ¡Más cual no sería mi sorpresa al descubrir que se trataba ni más ni menos que de un Holshöt!
Repito que puedo comprender su incredulidad ante esta parte de mi narración, pero no estoy loco, era un Holshöt auténtico, justo delante de mis narices. Lo reconocí de inmediato gracias a los grabados de mis antiguos libros de antropología y mitología y mi corazón se aceleró al acariciar la posibilidad de convertirme en el primer hombre capaz no solo de demostrar la existencia del Holshöt, sino de poder exhibir a uno vivo. Me acerqué con todo el sigilo que pude, pero justo cuando estaba a punto de atraparlo con mis manos la criatura revoloteó sobre mi cabeza y se perdió pasillo arriba. Justo en ese momento las vi a usted y a su tata girando la curva que emprendía el final del camino hacia la casa.
Tal vez comprenda ahora mi nerviosismo y extraño proceder, avisé de inmediato a Worthy de la presencia del Holshöt en la casa exigiendole que le dieran caza en la mayor brevedad y por supuesto sin que ustedes, mis invitadas, sufrieran algún tipo de molestia durante su estancia. Por esa razón yo mismo les abrí la puerta de la casa, sudando y excitado y las acompañé hasta el quiosco en el que se había dispuesto la deliciosa merienda. Por eso no cesaron ustedes de escuchar ruidos y golpes provenientes de la casa durante el camino que yo fingia ignorar. Y, sí, esa fue la razón de que al llegar a la glorieta yo tratando de agradarla y sin reparar en el desaguisado le ofreciera aquel ramo de rosas mordisqueado y destrozado sin duda por el Holshöt, el mismo terrible y voraz demonio que había devorado las viandas de la señora Barrymore, volcado y roto en añicos el juego de té de plata de mi abuelo y dejado huellas y arañazos por todo el mantel.
Recordará usted, querida Mildred, que ante el horror que se dibujaba en sus rostros yo estaba a punto de confesarles lo que ocurría cuando Worthy hizo acto de presencia visiblemente afectado, el rostro cubierto de arañazos y la ropa hecha jirones. Que aún en ese estado el pobre mayordomo no perdió la compostura y me rogó con mil disculpas acompañarlo por un asunto urgente y que yo les supliqué que no se marcharan con la promesa de explicarles todo.
Lo que usted no sabe, querida Mildred, es el dantesco espectáculo que me aguardaba en la cocina a la que Worthy me llevó tembloroso; no describiré el desorden de platos rotos y cazos volcados ya que entonces ya era lo de menos, lo horrendo era el cadáver de la señora Barrymore con el cuello abierto de lado a lado como una grotesca segunda boca tirado en el suelo, lo demencial fue el joven cuerpo de Miss Tender, la doncella, tumbado boca abajo sobre los fogones y desgarrado por miles de arañazos mortales. Miré a Worthy quien solo acertó a balbucear "el Holshöt" antes de que una sombra oscura se lanzara sobre su cara emitiendo los chillidos más sobrecogedores que un hombre ha escuchado jamás. Apenas reaccioné eligiendo el cuchillo más grande que pude encontrar y blandiendolo contra aquella bestia que tras arrancar la cara de mi fiel sirviente se volvió contra mí.
Luché como pude contra él, zafándome de sus mortales garras pero recibiendo varios y profundos cortes que me destrozaron la ropa, ya casi lo había acorralado cuando en una rápida maniobra se dirigió hacia la ventana abierta. Yo me encaramé también con presteza al alféizar y por un segundo estuve a punto de agarrarlo por la cola, pero de pronto un grito a mi espalda me sobresaltó y el Holshöt huyó volando valle arriba.
El resto ya lo conoce, al girarme las descubrí a ustedes tapándose la boca ante la infernal escena, sin duda alarmadas por el alboroto habían decidido comprobar qué ocurría en la casa y ahora descubrían los tres cadáveres y a mí semidesnudo, cubierto de sangre con un enorme cuchillo en la mano y encaramado en la ventana como si tratara de huir. Pude comprobar que habían tenido tiempo de alertar al comisario Spencer que al parecer se hallaba en su ronda habitual con dos de sus agentes por la zona.
En ese momento comprendí que no valía la pena intentar explicarme, que lo que dijera iba a sonar tan inverosímil como ridículo, de ahí mi silencio y mi aceptación de la condena sin inmutarme. Sin embargo ahora, tras estos meses de reclusión la echo de menos y no puedo permitir que usted se quede con esa imagen tan abominable de mi persona, tal vez ahora que conoce la verdad de lo ocurrido comprenda que todo fue un desgraciado malentendido en el que yo solo fui otra víctima. Espero que ahora podamos reanudar nuestra relación en el punto en que la dejamos y me de la oportunidad de demostrarle la persona decente que soy y el amor que le profeso. Anhelo su respuesta que entre estas cuatro paredes no serán sino un rayo de esperanza.

Suyo siempre.

Mister Richard Doumbury.
Prisión para reclusos mentales Santa Mónica.
Northomb, Inglaterra.


Javier Vayá Albert, del blog Actos Invisibles 3.0.

DESPUÉS DE AÑOS por Felipe J.Piñeiro.


Miré tu imagen por última vez
y al despertar
no recordaba ya tu rostro,
cara triste de la cicatriz.

Ahora, recubierto de edad,
toda ella ingrata y desafiante
prefiero seguir olvidando,
renunciar a la impaciencia
y agotar la sombra.


Felipe J.Piñeiro, del poemario A partir de aquí y punto.