viernes, 20 de julio de 2012

Un comentario a cuenta de Raúl Nuñez


Aquí va un comentario anónimo recibido en un viejo post (este) de este blog que no merece la pena que pase desapercibido. Un comentario, pues, con galones (ascendido de comentario a post) y con historia: 

Buenas noches a todos lo que la quieran tener, y a los que no, pues también. Voy a contaros un episodio real que me pasó en mi tierra: Zamora (España), con referencia al primer libro de Raúl.
Conseguí ese libro como regalo de un colega alcohólico, que me recomendó que lo leyera entre trago y trago de vino guarro, y además, escribía también, sí le invitabas a un tubo, te regalaba un poema. Leí el libro y me encantó, lo tuve como un tesoro. Con el paso del tiempo conocí por medio de una yonqui que curraba conmigo en una fábrica de congelados, a otra yonqui amiga suya. Cuando le hablé a las dos de la existencia del libro con el único propósito de follármelas, se mostraron muy atentas, y me rogaron que les dejara tal ejemplar para disfrutarlo, qué no tardarían en devolverlo. Conociendo el tema, le pase la joya a la que veía con más frecuencia, y a la que más me moría por tirármela. El maestro siempre dijo en sus libros, que los polvos estaban por encima de la literatura; o por lo menos, deberían estarlo.
Para dar un final a todo este acontecimiento, les diré que ni volví a recuperar el libro, ni me tiré a ninguna de las dos. Una de ellas se juntó con un jeringa y tuvieron un crio en buena o mala hora... a saberse. Y la otra no volví a saber ni una sola palabra de su ruina existencia.
Yo perdí la virginidad a los ventitantos, y siempre me acordaré de ese libro, y por las míseras manos que fue pasando. Las más miserables las mias.

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