miércoles, 27 de agosto de 2008

DUBLÍN by Safrika.


Cruzando el Liffey hablaban de Wilde.

Ella le explicaba algunas cosas de las que él no había
Oído nunca hablar

también de Beckett

Esperando a Godot

y el purgatorio.

Fue cuando él pasó el brazo sobre sus hombros

y ella lloró, lloró durante cuarenta minutos. Sin poder parar.

Por el tímpano acabado, por la malicia del sucedáneo de amor

que creía estaba viviendo y la poca pasión que había en su vida

y por el aire frío en Dublín. Y

porque la poesía no es nada, no es más que mierda

hay que estar loco o lanzarse al vacío, suicidarse

o caer en una espiral demente de drogas y abusos familiares.

-¿Sabes? Yo no sé hacer otra cosa- le decía ella-

sé hacer eso y sé amar.

Y ninguna de las dos cosas se me da del todo bien.

No tengo suerte.

Él sonrió (sabía ser muy adulador y miraba muy fijamente)

y dijo-

A mí me parece que eres maravillosa.

Ella bajó la vista y lloró más.


Safrika, de Pills ( Fácil ). Poemas de la última semana en casa ( Baile del sol, en prensa ).

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