martes, 30 de abril de 2019

HÍBRIDOS 2019: Primera Jornada.




ON EL FUNAMBULISTA

Compañía: Luz, Micro y Punto

Patricia Toral, Chantal Franco y Verónica G. Galán

‘On el funambulista’ es un teatro de sombras analógico y artesano, que utiliza como lenguaje narrativo la imagen proyectada y la música en directo. Su peculiaridad es poder ver, durante el espectáculo, el montaje de cada una de las escenas que componen la historia.

On es una marioneta con su sombra que te llevará a descubrir paisajes sonoros e inesperados avatares. Podrás viajar a su interior y acompañarle en la búsqueda de su equilibrio

Decorados hechos a mano, materiales de un solo uso para cada función y melodías compuestas desde el corazón para acompañar a On a lo largo de toda la obra. En un espacio escénico íntimo, títeres, música y espectadores, compartirán algo más que las sombras…

Luz, micro y punto es una compañía femenina nacida en 2013, formada por Chantal Franco, Patricia Toral y Verónica R. Galán, creadoras e intérpretes que centramos nuestro trabajo en la experimentación y la creación de historias visuales y sonoras enmarcadas en el teatro de sombras. Tres artesanas de la imagen y la música narramos, sin palabras, historias para todos los públicos.

En la parte visual, utilizan tecnología analógica y distintos formatos para la puesta en escena, que van desde el teatro de sombras más clásico al más experimental, siempre creando imágenes en directo de manera poética y artesana.

El alma de estas imágenes es la música, creada e interpretada específicamente para cada pieza.


Martes, 30 de abril, 20.30 h. Salón de Actos ‘Alfonso V’ 
Ayuntamiento de León (entrada C/ Alfonso V)
Entrada gratuita


lunes, 29 de abril de 2019

RED HOT & BLUE: Danny Romero Mas.




Carpaccio

«La mejor venganza es vivir y ponerte a prueba a ti mismo»

Vedder

Es irónico, y curioso, cómo podemos tener a una persona en la cabeza cuando esta ya te ha olvidado. Lorena le recordaba. Le recordaba pero sin nostalgia alguna. Un día se fue y no volvió. Nadie sabía nada de él. Ni su familia ni sus amigos ni sus compañeros de trabajo. Ni la Policía Nacional ni la Guardia Civil ni la Europol, era como si se lo hubiera tragado la tierra. A su marido le dieron por muerto tras dos años desaparecido. Le dieron un certificado de defunción e hicieron un entierro con un ataúd vacío. Lorena era oficialmente viuda.

Lo que nadie sabía, ni los hijos ya emancipados de aquel matrimonio, es que Lorena fue una mujer maltratada. Su marido le pegaba y ella callaba. Cada vez que ella entraba en su casa encontraba el horror entre esas cuatro paredes de las que el hombre hizo su castillo.

Era un tipo afable y bueno con todo el mundo, pero tras aquellos muros era un déspota sádico que desfogaba sus traumas y frustraciones con ella. Fueron muchos años de sufrir en silencio la lacra del maltrato. La mujer había sufrido mucho, nunca dijo nada a nadie por vergüenza, por miedo o, simplemente, por no saber qué hacer o a quién recurrir.

Desde hace algún tiempo la vida vuelve a brillar en el rostro de Lorena. Se está reencontrando consigo misma, con quien era antes de tomar aquel equivocado camino. Ahora se siente libre, pero disfruta de esa nueva libertad despacio, como el reo que ha pasado toda la vida en la cárcel y un día le abren la puerta y le dicen que ya puede salir, es algo tan desconocido que abruma. Ella saborea el sentimiento de saberse libre de un secreto que la humillaba y sometía.

Ahora pasea por las mañanas, sale con sus amigas y charla con sus vecinas y, lo mejor, se ha aficionado a la alta cocina. Es una forma de distraerse y de sentirse realizada, tras años cocinando insulsa verdura y pescado a la plancha. Para Lorena es otra forma de saborear esa nueva libertad. Le encanta probar las muchas formas que hay de preparar la carne. Al horno, guisada, a la piedra, estofada, a la plancha, a la brasa o carpaccio; con guarnición, con salsas, sazonada, ahumada, con especias o a la sal.

Lorena sabe bien que del cerdo se aprovecha absolutamente todo y que aún le quedan reservas de carne en el enorme congelador que compró hace dos años. Lorena cocina y seguirá cocinando ricos platos de carne que degustará cada noche con un buen vino tinto a la luz de unas velas. Esos manjares le saben a victoria, a liberación y a dignidad. Hay que ver el precio que se paga por la maldad intrínseca de un ser insustancial, de un hombre despreciable.

Lorena le recordaba. Lorena decidió que mejor sola que mal acompañada, y el cuchillo de cocina hizo el resto. Lorena sabía que sólo había una forma de no ser descubierta —si no hay cadáver no hay delito— y que con cada bocado de ese cabronazo saciaba su venganza.

Vengar una humillación, eso sí que es perseverancia, grandeza incluso.

*

Hereditario

«Separar al hombre de la naturaleza como si no tuviera nada
que ver es un error. La naturaleza está en nuestro ADN»

Nadine Gordimer

«Los niños contemplan para admirar, admiran para
aprender y desarrollar lo que llevan por herencia»

Thomas Mann

Desconocía por completo el porqué de aquellos impulsos que le llevaban a apedrear perros, matar gatos, desollar pájaros, desmembrar lagartijas, asfixiar peces o incluso maltratar a niños más pequeños que él. Se estaba metiendo en problemas en el colegio y en la calle. En casa, con sus padres y sus hermanos, todo eran reprimendas y castigos, pero era algo que no podía controlar, lo albergaba en su interior, era superior a él.

Un día, de vacaciones en el pueblo, visitó el viejo caserón que había pertenecido a su abuelo, al padre de su abuelo y a todo un linaje que se perdía en la noche de los tiempos. En una pared, un cuadro le llamó poderosamente la atención. Era un lienzo oscuro, sórdido, con atmósfera gris y nubes tormentosas en el calaje. Se sintió atraído por su aura, como un polo magnético del que no pudiera escapar.

Representaba una ejecución. El sentenciado subía los escalones hacia el cadalso mientras el verdugo, con vestimenta negra y encapuchado, sostenía una enorme hacha en la mano. En su dedo anular, el pintor había dibujado con precisión un anillo dorado, con un escudo o blasón muy particular.

El mismo anillo, herencia familiar, que lucía en su ahora temblorosa mano.

*

¡Aleluya!

«La maldad no es algo sobrehumano, es algo menos que humano»

Agatha Christie

Mi mujer y yo vamos de vacaciones a la Costa Blanca. En la radio del coche llevo puesto un cd de saetas de cantaores de Huelva. La imagen de la Virgen de la Macarena que cuelga del retrovisor se ladea ligeramente siguiendo la fuerza de la prolongada curva en la que acabamos de entrar. Desde nuestro coche observamos cómo el autobús que tenemos delante toma la curva temerariamente, se sale de la vía y da varias vueltas de campana hasta estrellarse contra la ladera del monte. Detengo el coche y vamos corriendo hacia el lugar del accidente. Allí está el autobús desparramado de lado. La escena es dantesca, un escalofrío recorre mi espalda. Hay cuerpos mutilados, sangre, esquirlas de cristal, trozos de piel, miembros amputados, fuego y humo. Al ver el cuerpo sin vida de una mujer en la calzada nos arrodillamos y nos santiguamos: que el señor la tenga en su gloria. ¡Hay que hacer algo con toda esta gente! ¡Deprisa, por Dios!, me grita mi mujer. Es cierto, toda esta gente aquí herida, medio muerta o muerta, ¡hay que actuar ya! Asiento con la cabeza y le digo que vaya cogiendo las maletas que han salido despedidas del autocar y las meta en nuestro coche. Yo, mientras, entro en lo que hasta hace poco era un autobús y voy rebuscando entre los cuerpos, ya sean cadáveres o gente inconsciente, anillos, relojes, cadenas de oro, alhajas o carteras. ¡Socorro, ayuda!, grita un supervivientes atrapado entre el amasijo de hierros. No alcanzo a verlo. Mejor, él no nos ha visto a nosotros tampoco, nunca sabrá que pudo sobrevivir. No cuentes tus penas, hermano, los buitres se abalanzan sobre los animales heridos.

A lo lejos se escuchan las sirenas. Mi mujer ha llenado el maletero y la parte de atrás del coche con las bolsas de mano y maletas que mejor pinta tenían: si son Loewe, Cartier o Blueberry hay más posibilidades de que contengan cosas de valor. Yo llevo los bolsillos llenos de carteras, joyas y relojes. No ha ido mal, tampoco nos lo esperábamos. Hay que agradecer las oportunidades que el buen Dios nos pone en el camino.

Arrancamos y salimos disparados. La cortina de humo va quedando cada vez más lejos a nuestra espalda. Por el camino hacia Peñíscola, mi mujer y yo vamos rezándole al Señor, dándole las gracias. Él, que siempre nos provee y nos cuida… ¡Alabado sea Dios! Cambio el cd de saetas por uno de salmos e himnos. Alabado sea Dios, Jesucristo y la Virgen María.


Danny Romero Mas, 
de Red hot & blue: 70 relatos de lo insólito 
(Boria Ediciones, 2019)


A Danny hace tiempo que se le quedó pequeña nuestra dimensión (puede que de ahí su inquietud) y anda siempre buscando portales por los que trascender hasta otro tipo de hechos nada cotidianos. Puertas que nos llevan a otros tiempos, o a otros lugares sobre la misma baldosa. Caminos por los que circulan voces, seres y objetos que atraviesan agujeros de gusano y de cuyos actos apenas quedará más registro que un rostro desencajado atrapado para siempre en una camisa de fuerza.

No falta el humor, negro e irreverente casi en su totalidad, en forma de hilarantes conversaciones post-coitales o increíbles giros finales en la resolución de crímenes. Y tampoco la mirada social que (y como editor creo firmemente en esto) todo texto publicado debe contener: las dietas milagro, el egoísmo de la sociedad de consumo, el capitalismo salvaje, la hipocresía, la religión, el acoso escolar…

Luis Sánchez Martín

3 POEMAS de MÓNICA MANRIQUE DE LARA




Como un ascua elevada y mecida
hasta el fin del incendio,
aprendí de la madera quemada
el desalojo necesario del tronco,
el océano de azul desprendimiento,

retornaré al bosque tras el viaje
para ser árbol vivo
o una mínima sombra de su aliento,
la espesura continua de la savia
me hará legado en la tierra tenaz
y en las luces del día,
entrego al fin mi infancia en el fruto
estrellado en el suelo
para envolverlo en la ternura
de su tiempo,
envío signos de nostalgia
con el polen
en el rizo encendido de los pájaros
y en los picos alados del viento,
luego repliego mis ojos al comienzo.

*

Soy el sonido más alto de la luz,
soy la radiante distancia del miedo,
abro la suave intrepidez
de los insectos
y alzo el fruto en la hierba,
voy eligiendo del color, la mariposa,
soy el sol en el bosque, soy el fuego,
soy el viaje veloz de la tormenta
y el viento abigarrado que la aleja,
soy esa música incansable
tras el baile,
soy el ala en el sueño de la seda,

los animales rápidos vuelan
conmigo,
los más lentos custodian mi tronco, conocen mis raíces,
todos viven fugaces en mí
y en todos soy eterno,

desconozco mi nombre,
hay quien me llama amor,
sé que soy un tallo indemne del silencio.

*

Esta honda maleza del bosque
que a duras penas ha visto la luz,
recoge y pacifica en su regazo
el temblor de los animales huidos,
este amor que no teme a las sombras,
este fondo de abrazo en el frío
se sostiene en el más húmedo
silencio y la ceguera,
este fondo de madre en el bosque
lo ha dado todo en el nido de tus ojos,
dame del hambre la largura de sus tallos.


Mónica Manrique de Lara


domingo, 21 de abril de 2019

3 POEMAS de LOIDA RUIZ RODRÍGUEZ




Escribíamos versos por necesidad
como quien respira tras contener la respiración un minuto
escribíamos versos donde se decía todo y no se decía nada
yo los leía y me dormía con ellos en la boca
y con Bukowski o Juarroz
o con Bolaño y Cortázar rodeando las esquinas de mi cama
los mezclabámos con alcohol y creíamos en ellos con la misma fe a la que se agarra el condenado esperando la llamada del alcaide de la prisión
los maullábamos en las noches de celo
los consumíamos con fiebre
a cucharadas
otras veces
escribíamos versos como quien recita los ríos de la cornisa cantábrica
titubeando
los pronunciábamos y los interrumpía continuamente
el ruido ajeno de una respiración
y escondidos en ellos

las palabras
aún envueltas en su caja
en celofán

¿qué haremos con ellos?

versos para el ebay
versos de segunda mano
versos para comerciar
versos en subasta

*

LA SONRISA DE DUCHENNE

es abril y en el sur
frío
aunque daría igual que fuese mayo o junio o
todos quieren brindar
dicen
brindemos con las jarras bien frías
en la ropa ya seca, cagadas de paloma
los trapos sucios se lavan en casa
ellos ríen y brindan y cantan
brindemos brindemos
hay trapos que no merece la pena lavar
con las manos te palpan la boca para que rías
brindemos
con las jarras bien frías
yo sigo pensando en la ropa limpia y sucia
a la vez
en el frío
en abril
en el sur
en las palomas que siguen posadas en los cables de la luz
el mundo es un sumidero de detritos

*

A TODO AQUEL QUE ESCUCHE UNA JAURÍA DE PERROS LADRAR EN EL ADSL POR CABLE

la suela de las horas descalzas
los dientes caninos que tiznan
mordiscos púrpuras
el rechinar
el rechinar
del eco calcinado con salitre
en la palabra y el rumor de nadie
el viento huele a níquel y a siempres
yo soy un mito entre agujas
yo soy boliche de plumas
el cosmos palpita y se desangra en sus garras
los tendidos eléctricos aúllan
feroces
me remastican
cierro los pies los ojos los cierro
los pájaros no tenemos pestañas


Loida Ruiz Rodríguez

https://www.facebook.com/loida.ruizrodriguez

CORREDORES SALVAJES



El libro de cuentos Corredores salvajes (2016) de Rubenski es un acercamiento a historias escritas a lo largo de veinte años. Ahora salen al público como entes reclusos que encuentran libertad al final del túnel. Son historias de ciudad, los personajes habitan los lugares más sórdidos y recónditos. Los manuscritos son una sobredosis de palabras corrosivas que al lector nunca podrán dejarlo inmune.

Sobre el autor:

Rubén Campos Arias “Rubenski” (México, D.F., 1977). Licenciado en Lengua y Literaturas Hispánicas, UNAM. Maestría en Letras Modernas por la Universidad Iberoamericana. Ha publicado: La obscuridad es la reina. México, Ed. Letras Vivas, 2003. Perduración de la palabra (Antología de jóvenes poetas), UNAM, 2008. Coffee Shop Amsterdam. México, Ed. Letras Vivas, 2011. Tocan a la puerta. (Antología de escritores mexicanos), Ed. Colectivo Entrópico, 2012. Un claro en la ciudad. (Antología de escritores mexicanos), Ed. Fridaura, 2013. Hostal Entrópico. (Antología de escritores mexicanos), Ed. Fridaura, 2014. Sobre la brecha (Antología) Ed. Fridaura, 2015. Las voces de los faunos (Antología) Ediciones Fridaura, 2015. Se derrama la fuente. Antología de literatura mexicana moderna. Ed. Fridaura, 2016. Ha sido traducido al Bengalí. Además de participar en revistas de México, India y Argentina.


jueves, 18 de abril de 2019

3 POEMAS de ANDREA CAMPOS




Caí sobre las nubes de enero
como lápida en mis ojos
como a pozo con escombros...
Caí sobre cemento pavimentado con sangre de otras locas,
como payaso sin aplausos
como si
nunca
hubiera
pasado
lo que
siempre
estuvo
aquí.

*

Porque asiduamente sangro
bajo las uñas
y lloro a los pasillos infinitos
mientras muerdo las cuchillas
que se han quedado sin afilar.

Porque solo pienso tumbada
sobre dunas de lava,
de rescoldos,
de llamas.

Porque exhalo hacia las tumbas
de los cuerdos
empañando sus pestañas
mientras subo las escaleras
hacia esa fosa
con mi nombre en la ventana,
ventana siempre cerrada.

Descanso.
Ya
no
extraño
mi 
cama.

*

Hablo sola,
tiendo a la soledad de los espejos rotos
a los que me asomo con perpetuación
y caigo en su profundidad
y dibujo líneas,
líneas quebradas,
recorridos sin destino,
rayas
y estrías en reflejos sin mi piel.

Hablo sola,
vuelvo a la reiteración de incongruencias,
coherencia de mis sentidos
sobre ese mármol pálido y frío.

Tengo frío
Tengo mucho frío
Muero de frío

Hablo sola.


Andrea Campos


A RAÚL NÚÑEZ por RAMÓN GUERRERO




Que de polvo de oro hay hoy en la ciudad.
Bandadas de gatos y mendigos huelen
a los niños y a los ciegos de atar.
Los borrachos siguen en la plaza como patos de hígados hinchados y productivos.
Beben en los canales y en las macetas
de los mercados de flores donde muchachas
rubias con cazadoras negras preguntan
como se fuman las grandes pipas de hash.
Raúl muerde hasta los huesos. Tiene hambre de labios, de piernas, de bocas grandes y saliva y costillas 
que suenan al viento.
Esta ciudad se desnuda. 
Sale la luna aullando.
Va despacio entre los parques, 
busca sus dátiles,
a las parejas atornilladas, 
los bares donde siempre se ama demasiado
y hay ratas y sueños,
sueños incumplidos 
que pasaron a mejor vida
y vuelven al calor del décimo gin-tonic.
Los ángeles no suelen 
hablar nuestro idioma.
La muchachas se estremecen 
en nuestra presencia.
Raúl, con la cara partida 
en mil pedazos de amor sigue creyendo
al igual que yo 
que, a veces, se envidia a la muerte.


Ramón Guerrero

lunes, 15 de abril de 2019

ANIMALICÉMONOS por DAVID G. LAGO




ANALICÉMONOS

Comencemos:
analicémonos.

Emergimos como primates
—eruditos e incultos,
desmañados y unidos—.
Y así, como los locos,
fuimos creciendo.
Y así como fuimos cayendo
nos fuimos levantando.

Nuestras manos crearon el planeta,
tallaron herramientas fraternales,
dieron luz al progreso
                              y dieron lumbre al arte.
Pero también crearon jaulas
y campos de exterminio.
Tallaron herramientas fratricidas.
Sometieron a sus hermanos.
Aquellas manos primitivas
olvidaron de dónde venían.
Se volvieron estúpidas,
codiciosas y crueles.

Al principio no fuimos así.
Levantémonos del subsuelo.
Emerjamos de nuevo.

Animalicémonos.
Icémonos como animales.


MIRADA DE HOMO SAPIENS

Mirémonos ante un espejo. Hemos
de traspasar la superficie. Hemos
de contemplar nuestra animalidad.
Hemos sido imprudentes.
Debemos entenderlo pronto: somos
menos libres que las hormigas. Hemos
soportado artefactos en el cuello,
yugos que dificultan la fricción,
lastre que nos impide que bailemos.
Y que comamos. Y cerrar los ojos.
Y ver la realidad sin filtros sucios.

Formamos una yunta planetaria.
Aramos el futuro
tan juntos que no somos
capaces de sentirnos.

Los espejos no mienten —o eso dicen—;
los ojos desfiguran su reflejo
(mirada: distorsión de lo tangible).
Mirada de homo sapiens,
amnésica de su animalidad.


BUKOWSKI LLEVABA RAZÓN

Bukowski llevaba razón.
No somos más que ratas,
un puñado de ratas malolientes,
efímeras y grises
—igual que nubarrones—.
No somos más que ratas inquietantes,
eternamente condenadas
a malvivir en avenidas subterráneas
o a divagar perdidas sobre el asfalto
—la condena es hacer filosofía
en la cima de algún estercolero—.

Soñamos desde el ostracismo.

Comemos de la mano del verdugo
—esa misma mano que nos alimenta
con una dieta de abundante veneno—.
¡Hagan caso a vallas publicitarias!
No somos más que ratas consumistas
que buscan libertad en lo podrido.

Bukowski nunca dijo estas palabras.
Y, sin decirlas,
llevaba toda la razón.


David Lago, de Animalicémonos (Boria Ediciones, 2019)


EL LATIDO Y EL VASO por CRISTINA FLANTAINS




Se llena
se colma
rebosa
luego se
derrama
sobre las palmas de las manos
corriendo por los dedos
como si fuesen su casa
como si fuese la sangre
de esas manos o el latido del mismo
que desde el epicentro del pecho
se llena, se colma, rebosa y luego se
derrama
cayendo, al fin, en la hoja blanca
que, ya cáliz, espera.
Toma. Bebe.

Cristina Flantains, de La quilma del sembrador (y la clemencia de Maldoror) (Eolas ediciones, 2019)